Otro día de trabajo. Otro día en que mi cuerpo fue puesto a prueba en contra del estrés. Otro día en el que comenzaba a dudar completamente de si ese puesto en verdad me hacía feliz. Era otro día en donde todo mi cuerpo gritaba de incomodidad.
Llevaba al menos una semana aguantando un terrible dolor en la espalda y ligeros espasmos en los músculos de los brazos. Pero eso era lo de menos para mí. Ya haría ciertos ejercicios de estiramiento para calmar un poco el dolor y poder seguir trabajando.
Volví mi vista a los documentos que tenía sobre el escritorio de mí cubículo. Debía leerlos antes que mi propia jefa. Ambos estábamos trabajando justamente con la cuenta de Saicom, la cuenta más grande que le pudo a ver tocado Kamui Media Publicity. Era esa cuenta la que me iba a impulsar a un reconocimiento en el master que estaba cursando.
Era simplemente irreal que estaba trabajando en esa cuenta en conjunto con mi jefa, aunque más que jefa...
- ¡Pi-Chan!
Apareció ella desde el umbral de su oficina. Llevaba un blazer y una falda de tubo purpura ceñida al cuerpo, junto a una sonrisa resplandeciente en su rostro. Oh, no. Esto no estaba nada bien.
-Ka- Kayama-san – balbucee desde mi lugar.
- ¿Ya tienes el presupuesto preliminar?
- ¡Justo aquí, señora! – me apresuré a entregarle el folio que estaba leyendo.
- ¿Los contratos preliminares? – siguió interrogando mientras leía el presupuesto.
- Enviados a Saicom.
- ¿Algo importante que tenga hoy?
-Una reunión a las dos con el señor (...) y otra con el señor Akemi de la cuenta Yoshin a las 5.
-Reprograma la reunión de las 5, necesito resolver algunas cosas – respondió sin verme.
-Pero, Kayama-san, el señor Akemi...
- Pi-chan – por un momento sus ojos azules se fijaron en mí, inquisidores y amenazantes – reprográmala.
Después con aire imponente cerró el folio entre sus manos y camino directo hasta el ascensor que había al final del pasillo. Suspiré de frustración y me hundí en mi silla. Mi jefa era un ser frío y agobiante, era tan mezquina que parecía más una dictadora que una jefa. Solo faltaba que me tuviera encadenado a la silla y me lanzará un pedazo de pan.
Hice algunas llamadas en donde recibí muchas quejas al respecto. A veces odiaba que mis pasantías de maestría fueran siendo asistente de una mujer intransigente y sádica como lo era Kayama-san. En verdad solo sentía que a penas aprendía algo gracias a las constantes reuniones que asistía junto con la mujer. Sin embargo, el trago amargo que suponía ser un asistente en vez de un ejecutivo junior en la empresa de publicidad más rentable del último año, solo hacía que las prácticas fueran más agobiantes.
A penas terminé de re-programar las citas y de reorganizar la agenda de mi jefa, me levanté de mi cubículo para dirigirme a la cafetería de la empresa a almorzar. Deseaba con suma necesidad un buen plato de tonkatsu para apaciguar esta sensación de cansancio interminable que mi cuerpo esfumaba.
Para mi mala suerte, el tonkatsu se había acabado y me tuve que conformar a penas con una hamburguesa y un refresco. Sentía que ese no era mi día.
-Ganarías un Oscar con esa cara de tragedia que te traes, Midoriya – me saludó socarrón Denki.
-Anda ya, idiota ¿No ves que lo que tiene de jefa no es más que una dictadora? – aseveró Mina mientras señalaba al rubio con sus palillos.
-Hey, no me quejaría si tuviera a semejante mujer de jefa.
-No tiene caso, Mina – comentó Ochako mientras daba un sorbo a su bebida – estás hablando con alguien que no piensa más que con la cabeza de abajo.
-Ya déjenlo chicas, ya sabemos que Denki no ve más allá de sus números y un par de pechos – contesté mientras me sentaba y daba el primer mordisco a mi almuerzo.
-Gracias por la defensa, hombre – susurró Denki sarcástico.
-De nada, aunque te hace falta defenderte solo, no estaré para ti cuando estés solo.
El rubio soltó un gesto exagerado de indignación. Las chicas delante de mí rieron y yo solo sonreí ante las chulerías de mi compañero.
-Mucha alegría por aquí – se unió Kirishima con una sonrisa resplandeciente.
- Ni que lo digas – contesté.
Nos enfrascamos en una conversación sobre lo que había acontecido en los departamentos del otro. Kirishima hablaba de como esta mañana casi envían el contrato equivocado en finanzas, las chicas hablaron de un pasante nuevo en el departamento de recursos humanos y Denki no paraba de hablar de una chica de apellido Yayoruzou que lo había enamorado con sus pechos.
Por un momento estiré la espalda ante la incomodidad de las sillas de la cafetería y sentí que un punzón bajaba desde mi cuello hasta mi espalda baja. El gemido de dolor que solté hizo que mis amigos voltearan a verte.
- ¿Estás bien, Izuku-kun?
-Sí, sí – respondí restándole importancia.
-No nos mientas, brócoli – urgió Denki con una mirada acusadora -, sabemos que te la pasas hasta tarde trabajando para la bruja esa.
-Tranquilos, en serio, no es nada.
-Izuku, sabemos que las prácticas te apasionan, pero debes descansar correctamente – siguió Mina – entre las prácticas, las clases nocturnas y tu obsesión por el ejercicio te van a hacer más daño.
-Chicos están exagerando – respondí mientras masticaba otro pedazo de hamburguesa.
-En verdad, las chicas tienen razón, Midoriya – contestó Kirishima a mi lado – últimamente te veo más tenso que de costumbre.
- ¿Tú también, Eijirou?
-Seguro tienes los músculos atrofiados y tensos por el poco tiempo que duermes.
-Para su información he dormido bien la última semana – me defendí.
-Midoriya, te escuché trabajar en la sala a la Medianoche – refutó Kirishima.
-Traidor – murmuré con un puchero.
- ¡Izuku, debes dormir correctamente! – me reprendió Ochako con una mirada enojada – a este paso si nos descansas bien tendrás el cuerpo muy tullido.
- A penas te moverás – siguió Denki.
-No podrás hacer ejercicio – prosiguió Mina
- Y no olvidemos...
-Bien – les detuve con un mohín – entiendo su punto.
- ¿Desde cuándo no te acuestas con alguien, Midoriya? – interrogó Denki.
Sentí que me ahogaba con la comida. Kirishima me palmeo la espalda con fuerza para calmar la insistente tos.
-Muy sutil y discreto, Denki – le reprendió sarcástica Mina.
- ¿Qué? Estamos entre amigos – se excusó el rubio – yo llevo tres meses sin...
-Para el caballo, vaquero – le detuvo Ochako – no necesitamos saber información demás sobre ti.
-De verdad eres patético, Kaminari – rió el pelirrojo.
- Hey, yo no tengo suerte como tu Kirishima – se defendió y berrinchó el rubio en su lugar – tienes a la jefa de tu departamento comiéndote la mano.
-Eres un idiota – reprochó.
- ¡Por dios, hombre! Una rubia, esos pechos, esa figura, amable... es una ganga.
-Dices una cosa más, Kaminari y te juro que te castro – advirtió Ochako con una mirada fría.
Denki se calló y Kirishima agradeció con la mirada a la castaña. A veces el rubio podía ser un poco cretino con las mujeres, incluso podía llegar a ser molesto. Sin embargo, era la persona más amable que había conocido cuando entre en la universidad. Y casualmente nos encontramos haciendo unas prácticas.
-Tienes una lengua muy larga, rubio – dije mientras terminaba de almorzar – algún día te vendrá un karma si no aprendes a controlarla.
-No me quieras tanto – respondió sarcástico.
Yo solo sonreí.
- ¿Aún te sigue doliendo la espalda como me dijiste el otro día? – preguntó casualmente Kirishima.
-Solo un poco, pero como te dije, estoy bien – respondí con una sonrisa.
Kirishima se me quedo mirando con una ceja enarcada y con ojos inquisidores, pero no volvió a tocar el tema en todo lo que quedaba de la hora del almuerzo. Sabía que Kirishima tenía ese complejo de mama gallina desde que empezamos a vivir juntos como roomates, así que estaba conforme mientras no tocará el tema.
Cuando la hora de almuerzo terminó todos nos levantamos de las mesas y nos despedimos con un ademán.
-Hoy llegaré un poco tarde – me avisó el pelirrojo.
- ¿Cita caliente? – pregunté pícaro.
-Uh, sí, será jodidamente caliente con Sally arreglándome la espalda – contestó socarrón.
Yo solté una carcajada ante la situación. Sally era nuestra vecina de en frente, una señora mayor que era fisioterapeuta y tenía una tienda de spa y masajes. Kirishima tenía como costumbre ir una vez a la semana a darse un masaje después de entrenar.
-Salúdamela cuando la veas – contesté en modo de despedida.
-Claro, Izuku.
Caminamos hasta los ascensores. Él tomo uno que lo llevaba a su departamento que estaba más abajo y yo subí el único piso que me crispaba los nervios.
A penas llegue a mi cubículo una llamada me recibió. Yo solo suspiré de fastidio mientras volvía de nuevo al trabajo. Vamos Midoriya, solo te queda medio año y podrás aspirar a cualquier puesto.
El fin de semana llegó como una brisa de verano. La semana había terminado fatal cuando Kayama-san, el día en que estudiábamos su agenda, me había avisado que teníamos una reunión para el lunes con una de las cuentas adjuntas a ella- que por no decir son cuentas valoradas en siete cifras-, en donde debía hacer una presentación para la propuesta estratégica y publicitaria en menos de dos días.
¡Dos malditos días para hacer una presentación convincente para unos tiburones de los negocios! Y justamente el fin de semana que más deseaba visitar a mi madre.
-Lo siento mucho, mamá – murmuré al celular mientras me hundía en mi cama – te prometo que el siguiente fin de semana te visitaré.
-Tranquilo, cariño – contestó ella con calma – sé que te estas esforzando por la maestría y en verdad me siento orgullosa de que lo hagas.
-Gracias, mamá – mi madre era la cosa más dulce que había en el mundo – siempre sabes que decir.
Mi mama río al otro lado de la línea.
- ¿Y Eijirou-chan? ¿Cómo ha estado?
-No ha llegado a casa, mamá, dijo que iba hacer algunas cosas...
- ¡Salúdalo de mi parte hijo!
-Está bien.
-Izuku...
- ¿Sí, mamá?
-Te quiero un montón hijo.
Esas últimas palabras me hicieron tener un cosquilleo satisfactorio y liberador. Sonreí.
-Yo también te quiero mamá.
-Nos vemos el próximo fin de semana, cariño. Te haré Katsudon.
- ¡Sí! ¡Eres la mejor mamá!
Ella soltó una risa antes de despedirse y colgar la llamada. Me sentí bien por un momento y la sonrisa no salió de mi cara, pero debía volver a trabajar rápidamente en esa presentación. Así que puse manos a la obra.
En menos de tres horas ya tenía una fase preliminar convincente, una propuesta minimalista, estadísticas basadas en los estudios de mercado y algunos story telling de las ideas que planeábamos hacer. Era simplemente arrollador trabajar en tiempo récord.
Le envié la presentación a mi jefa a su correo. Era agotador trabajar. Sentía el dolor de los músculos nuevamente carcomerme el cuerpo. Así que decidí ir al baño y tomarme un baño caliente para relajar los músculos y despejar la mente.
Pasé al menos una media hora en la bañera mientras sentía que los músculos se liberaban de tensión. Una sensación de agradable satisfacción me llevó a sentirme más liberado y tranquilo antes de volver a mi habitación y ponerme una playera de tirantes junto a un short para estar en casa.
- ¡Midoriya, ya llegué! – escuché desde el corredor.
Yo me dispuse a caminar hasta la puerta para recibir a mi amigo. Traspasé el umbral de mi habitación para ir al corredor, atravesar la sala que estaba unida al comedor y al balcón de la casa en un amplio espacio de mármol para caer luego en el vestíbulo del apartamento.
-Bienvenido a...
Mi rostro se congeló al ver a Kirishima junto a un invitado que desconocía. Era igual de alto que el pelirrojo, con un rostro marcado, los ojos carmesíes y el cabello cenizo ¿para peor de males? ¡Tenía un cuerpo de puta madre! Llevaba una camisa de tirantes negras que resaltaba el fibroso cuerpo y los brazos, pantalones de chándal deportivos y unas zapatillas.
-...Casa- terminé de decir.
-Mha ¿Por qué tan mudo? – interrogó él.
Yo por un momento solo me pude fijar en su acompañante. Llevaba un bolso deportivo gigantesco en uno de sus hombros y su ceja enarcada me estudiaba con suma observación. Sentí un cosquilleo en el estómago y después un sentimiento incomodo al sentirme tan observado.
-No... no sabía que traías visitas – atiné a decir.
- ¡Ah! – contestó el pelirrojo dándose cuenta – lamento no haberte avisado – se rascó la nuca apenado.
-No, no, tranquilo.
-Oye, pelos de mierda, ¿No te enseñaron a tener unos buenos malditos modales? – objetó el rubio cenizo con una voz profunda y rasposa.
Joder que ese hombre era una virilidad.
- ¡Perdón, Perdón! – contestó sonriente mi compañero de piso – Izuku, quiero presentarte a mi mejor amigo y mi bro, Katsuki Bakugou. Katsuki, este es mi compañero de piso y de prácticas, Izuku Midoriya.
-Un placer – fue lo que alcancé a contestar para alzar la mano.
Él no dijo nada. Solo tomo mi mano y la apretó a modo de saludo. Una electricidad me recorrió por todo el brazo hasta caer en mi espina dorsal. Una sensación inesperadamente deliciosa.
-Bien... - contestó Kirishima mientras se dirigía a la sala – ¿no quieres nada de beber Katsubro?
-Cualquier cosa que tengas estará bien – contestó él mientras me dejaba solo en el vestíbulo del apartamento.
Yo solo me dediqué a ver la familiaridad con la que Kirishima y Bakugou se hablaban. Parecían que tenían mucho tiempo conociéndose.
-Nunca me contaste de tu mejor amigo, Eijirou – le dije mientras me acercaba a él en la cocina.
-No te preocupes por eso – contestó el rubio cenizo desde la sala – el muy bastardo piensa más pajaritos preñados* que en sus amigos.
- ¡Hey! No seas odioso – le reclamó divertido el pelirrojo – siempre hablo de ti.
-Pues al parecer tu compañero de piso no sabía de mi existencia.
-No tengo que hablar todo el tiempo de ti, bro – sonrió mientras le daba un vaso de agua a nuestro invitado.
-Bueno, yo debo volver a trabajar – dije mientras me alejaba al corredor.
- ¡Ah, no, no, no, no, caballero! – empezó a decir Kirishima, aprisionándome con sus brazos y alzándome hasta la sala.
- ¡Kirishima, suéltame! ¿Qué estás haciendo?
-Ayudándote a descansar – me lanzó encima del sofá.
- No vengas a fastidiar...
-No me importa – dijo él mientras me ponía en la mano el control del televisor.
- Kirishima, joder no compliques las cosas – me paré del sofá, pero el pelirrojo me aprisionó.
-Ah, no, brócoli – se lanzó encima de mí y me mantuvo cautivo con sus brazos. El jodido pelirrojo era más pesado que yo – Katsuki, ve al cuarto y prepara todo.
Olvide por un momento que el rubio estaba ahí. Este nos miraba con ojos divertidos y una sonrisa de lado. Sentí un increíble calor comerme las mejillas antes la situación tan comprometedora.
- ¡Kirishima, quítate! – empecé a removerme avergonzado.
-Katsubro, ve antes de que no pueda controlarlo.
El rubio solo lanzó una risilla malvada.
-Te ves patético desde aquí bastardo.
- ¡Solo ve!
Bakugou desapareció por el pasillo que daba a nuestras habitaciones. Solo hasta que el sonido de una puerta no se escuchó, Eijirou relajo el agarre. Me zafé de él mientras entornaba los ojos.
- ¿Ahora qué demonios estas planeando?
-No estoy planeando nada malo, Midoriya.
- ¿Entonces por qué te lanzaste así encima de mí?
- Para que te mantuvieras quieto y no fueras a trabajar.
-Eijirou, en serio, no es momento para fastidiar. Tengo que ver si Kayama.
- Ese es el problema – gritó el pelirrojo -, joder, Izuku ¿Cuándo fue la última vez que te relajaste realmente?
- ayer por la noche cuando me pediste ver una maratón de Crimson Riot contigo – contesté de inmediato.
-No hablo necesariamente de eso – chasqueó fastidiado - ¿Cuándo fue la última vez que saliste? ¿Qué fuiste a comer, a un parque, a caminar? ¿La última vez que fuiste a ver a tu madre?
Me di cuenta que llevaba mucho tiempo sin saber que era realmente eso. En el último tiempo el trabajo de las prácticas y las clases nocturnas, a penas me daban tiempo para visitar a mi madre o hacer ejercicio.
-No... No lo sé.
- ¡Exacto! – exclamó el pelirrojo – Izuku, te estas dejando comer por el trabajo y cuando tienes un descanso casi siempre lo pasas aquí metido adelantando cosas o ejercitándote.
-En mi defensa... -empecé a decir.
-En tu defensa un pepino – me interrumpió Kirishima – me preocupa que te de artritis o algún problema muscular más adelante si no descansas bien. Izuku, sé que las prácticas son importantes porque tienes una beca, pero recuerda que si no te cuidas tú lo puedes pagar muy caro.
Me quede callado y mire la expresión preocupada y enternecedora del pelirrojo. No sabía que Kirishima estaba tan preocupado al respecto de mi salud. En verdad creía que todo estaba bien.
-Lamento si te hice preocupar – empecé a decir apenado.
-Hey, si no me preocupara no podría considerarme tu amigo – dijo él mientras me rodeaba uno de sus brazos en mis hombros y me apretaba a él-, además te tengo que contar algo.
- ¿Qué será?
-Es sobre Katsuki.
Mi cara expresó toda la confusión y la duda que esa confesión me hizo sentir. Kirishima solo rio ante mi rostro.
- ¿Y esa cara? – siguió diciendo entre risas
- ¿Acaso está en una pandilla?
-No, aunque podría estarlo...
- ¿Está metido en alguna organización?
-No, pero creo que podría dominarla.
- ¿Acaso es narcotraficante?
-No, pero podría llegar a ser líder de un cartel – siguió el chico repensando.
-Eso no me alivia nada, Eijirou.
- ¡Joder Deku! Le diste más trabajos de los que ha podido encontrar – se carcajeó el pelirrojo.
- ¡Kirishima, contéstame! ¿Qué hace él aquí?
-Está bien – respondió tratando de calmarse la risa -, porque, aunque le diste los mejores puestos para sus habilidades y actitudes, pues mi querido Izuku, Katsuki no es más que un masajista.
El chico pelirrojo sonrió y yo solo pude acentuar la confusión en mi rostro. No estaba entendiendo nada.
-Está bien... - dije lentamente y para nada convencido – trajiste a un amigo que es masajista, pero ¿ya no tienes a Sally?
-No traje a Katsuki para que me diera un masaje, Deku.
- ¿Entonces le hiciste traer sus materiales para nada? – le interrogué con un tono de reprimenda.
-No.
-Entonces...
-Vaya que si hablas – sus brazos se cruzaron encima de su pecho mientras me miraba fijamente – Izuku traje a Katsuki para que él te diera un masaje.
Fruncí el ceño por no entender. Mi cerebro proceso la última oración mientras miraba fijamente a los ojos rojizos de mi compañero de piso. Solo hasta que pude asimilar la última oración y pude darme cuenta de lo que aquella inesperada visita acontecí, mis mejillas se calentaron y una sensación inexplicable de incomodidad y emoción me carcomió el cuerpo.
- ¡Eijirou! – exclamé avergonzado.
-Sorpresa – dijo él tenuemente.
-Pero... ¿Por qué? ¿Cómo...? Y... Joder, Eijirou – fue lo que pude decir mientras me cubría el rostro.
-Sabía que te pondrías así – murmuró y sonrió triunfante el pelirrojo – nadie se resiste a mi bro...
-Debería castrarte – susurré avergonzado.
-Sí quieres hazlo – dijo él con tranquilidad – pero después de que recibas tu masaje.
Alcé la mirada de mis manos y le iba a reprender como jamás lo había hecho en ese entonces. Pero la figura que estaba posada en el umbral del pasillo me hizo callar.
-Ya está todo listo – dijo Bakugou recostándose en la pared y cruzando los brazos.
-Muy bien – se animó Kirishima – lo siento de antemano por lo que voy a hacer Midoriya...
- ¿Qué?
De súbito Kirishima me tomo de las caderas y literalmente me puso en uno de sus hombros como un saco de papas.
- ¡Bájame! – chillé de vergüenza.
Kirishima me ignoró olímpicamente. Camino con suma tranquilidad mientras que yo trataba de zafarme del agarre de mi compañero de piso. Maldije en esos momentos por no tener más fuerza o peso que Kirishima, si fuera el caso ya estaría huyendo hacia mi cuarto.
-Katsubro, espero que le arregles hasta la pituitaria.
Nunca había sentido tanta vergüenza como en ese momento. Mi trasero daba directamente con el rostro de nuestro invitado de cabello cenizo y yo solo deseaba que la tierra me tragará.
-Con gusto.
Su voz sonó tan aterciopelada que mi cuerpo sintió un espasmo de satisfacción. Dios mío, que he hecho yo para merecer tanta vergüenza...
Notas Finales:
HOLAAA, Aquí Mark de nuevo y con un lemmon que llevaba tiempo pensando y estructurando.
De verdad que esta cuarentena me ha puesto más creativo de lo que se imagina. Se podrán imaginar cuanto tengo planeado hacer - no solo para las novelas que ya tengo publicadas con varios capítulos que obviamente van a seguir - y les traeré más.
Pero por ahora quiero disfrutar de la vergüenza y la tensión que existe entre nuestro brócoli favorito y el chico explosivo en esta primera parte de esta historia. Porque son uno de mis OTP's favoritos de BNHA.
Así que sigan pendiente que la siguiente parte viene con un SMUT que tengo claro que les encantará. Espero sigan pendiente.
Dejen en los comentarios lo que creen que pueda pasar con nuestro brócoli y como hará nuestro masajista para convencer al tímido peli verde.
Los amo un montón.
BYEEEEEE, Mark fuera
*la frase "pensar en pajaritos preñados" es una expresión que aquí en Venezuela se usa para referirse a las personas que están pensando en otra cosa en vez de prestarle atención a lo que debería o que se olvida de cosas importantes.
