Literalmente Kirishima me encerró en su cuarto con llave junto a Bakugou. Y aunque chillé y patalee, él solo justifico el encierro con una excusa.
— Hasta que no hayas tenido tu masaje y te relajes no saldrás de ahí.
Yo solo quería morirme en esos instantes.
— Kirishima, por favor…
— No supliques, Deku — dijo Kirishima — no saldrás de ahí.
Vaya que mi compañero a veces podía ser un cabezota y odiaba plenamente cuando era así.
— No puedes dejarme encerrado aquí toda la vida.
— Claro que no lo haré, pero ahora tu tendrás tu masaje y yo me iré.
— Me debes estar tomando el pelo — susurré.
— Katsubro, te lo dejo a tu cuidado — contestó él al otro lado de la puerta.
— Está bien, pelos de mierda — contestó el cenizo detrás de mí — te lo dejare como nuevo.
Kirishima rio y escuché como sus pasos resonaban hasta volverse un fino eco en la lejanía.
— ¡Kirishima, no me puedes hacer esto! — chillé mientras llamaba al pelirrojo desesperadamente.
Solo hasta que el sonido de un portazo no se escuchó en todo el apartamento, me resigné. Pegué mi cabeza a la madera de la puerta del pelirrojo y sentí un tirón en el estómago.
— Bien, ahora empecemos a lo que vine — dijo Bakugou.
Yo solté un respingo al sentir la cercanía de su voz. Me voltee para darle la espalda la puerta. Pero en el mismo instante me arrepentí. Bakugou estaba casi encima de mí, inclinado un poco para mirarme fijamente con sus ojos de carmesí. Volví a sentir ese espasmo de emoción atenazarme la piel, pero le vergüenza podía más conmigo y sentí que me sonrojaba delante de él.
— Venga, Deku — dijo él mientras se alejaba.
No me había dado cuenta que entre el amplio espacio que dejaba la puerta y la cama de Kirishima había una camilla desplegable de piel. Bakugou se acercó a ese gran bolso que había traído consigo y empezó a sacar un par de botes de crema y aceites junto a algunas toallas.
— ¿Algo en particular que desees? — empezó a decir mientras aplicaba un poco de crema entre sus manos.
No podía hablar en esos instantes que me estaba dando la espalda. Pero me pude dar cuenta de que esa misma espalda que miraba era demasiado amplia, con los músculos flexionándose ante el movimiento de las manos de Bakugou. No sabía porque, pero mis ojos no dejaban de mirarle.
— ¿Tal vez un masaje tailandés, japonés, hawaiano? — prosiguió sugiriendo el más alto — O quizás hacer un masaje balsámico y pasar directo a un masaje sueco.
— La verdad… — empecé a decir apenado — yo no sé nada de eso.
— No te preocupes, solo fueron sugerencias por si te querías arriesgar a probar algo nuevo — sus ojos brillaron y sonrió de medio lado.
— Yo no suelo arriesgarme.
— No me extrañaría de un Nerd como tú.
Mis ojos se abrieron como platos por un momento.
— ¿Disculpa?
— Kirishima no sabe cuándo callarse sí hablamos de ti — respondió el rubio cenizo — no habla más de lo dedicado o lo malditamente aplicado que era su compañero de piso.
— ¿Kirishima?
— Al parecer eres medio retrasado, pero sí — estiró sus brazos y después me miró — y por lo que veo no me equivoqué contigo cuando pensé que eras un Nerd.
— No tienes que ofenderme — dije yo cruzando lo brazos.
— No lo haría si no balbucearas tanto, tuvieras ese jodido complejo de mojigato y dejaras de chillar como un niño — dijo él mientras me tendía una toalla.
Le arrebaté la toalla de entre sus manos con el ceño fruncido. Pero después miré aquella tela esponjosa y no supe que más hacer que contemplar su blanco impoluto.
— ¿Qué? ¿Ahora hay que enseñarle al señorito como hay que desvestirse? — soltó socarrón el rubio.
— ¿Cómo? — mi expresión en ese momento fue un poema.
— ¿No me digas que no sabes que hay que desvestirse para recibir el masaje?
Sentí una sensación de calor subirme por todo el cuerpo hasta posarse en mi rostro. Mire a Katsuki con una expresión de confusión. Él solo me dedico una risa. Yo solo pude boquear y sentir cierto enojo por su risa.
— Dios y yo pensaba que lo mojigato les quedaba más a las viejas de la iglesia — se calmó el chico.
Mi expresión de enojo se acentuó en mi rostro. Esta vez Bakugou no me estaba cayendo para nada bien.
— Oh vamos — su silueta se acercó a mi — solo era una broma.
— Pues tus bromas son muy pesadas.
— ¿En serio te vas a molestar? — me dedicó una mirada de fastidio — que problemático.
— Deberías disculparte — sugerí yo.
— Sí, sí, lo haré — dijo él — después de hacerte tu masaje.
— Pero… — chillé
— Nada de peros — me interrumpió el — mientras más rápido te desvistas, más rápido terminaremos esto y me disculparé.
Yo me quede estático en mi lugar mientras el terminaba de sacar algunas cosas. El volvió la mirada hacia mí y chasqueo la lengua.
— Vamos, nerd — urgió él.
— ¡No me digas así!
— Bueno hazlo o yo terminaré por desvestirte.
— No lo harías…
— ¿Me estas retando? Porque de entre nosotros dos yo soy el más fuerte y alto — dijo él con una sonrisa burlesca — además de que estamos encerrados aquí hasta que peli teñido vuelva.
Observando la habitación y después a él, me di cuenta que tenía razón. Estábamos en un espacio reducido, podía atraparme y después… Mejor no pienso en eso. Suspiré resignado.
— Daté la vuelta — ordené.
— No me dirás que…
— Que te des la vuelta — respondí seco.
Bakugou alzó las manos en son de paz y se puso de espaldas a mí. Con un retortijón en el estómago y la pena esfumando por cada poro de mi piel, empecé a quitarme las pocas prendas que tenía. Primero la camisa de tirantes y luego el short que usaba para estar en casa. Cuando abrí la toalla que hace unos momentos Katsuki me había dado solo pude boquear de la sorpresa.
— Esto tiene que ser una broma — la toalla era demasiado pequeña.
— ¿Pasa…? — Katsuki trató de voltearse.
— Ni se te ocurra voltear — le grité, sentí los nervios carcomerme vivo.
— Está bien, está bien — respondió mientras volvía a su posición inicial.
Observé la escasa tela que la toalla tenía. La enrosqué a mis caderas y solo pude ver que a penas me cubría hasta los muslos ¿Enserio tenía que usar esta cosa? Era demasiado vergonzoso. Sentía el viento pasar por mi trasero y en verdad eso solo me lleno más de tensión.
— ¿Listo?
Él solo se volvió hacia mi sin yo poder protestar. Sentí la pesadez de sus ojos recorrerme la piel expuesta. Su iris rojizo delineaba estudiosamente mi figura. Mi cuerpo se estremeció ante la atenta mirada y ese espasmo de nervios y satisfacción se instaló en mi piel como una ola de electricidad.
Bakugou soltó un silbido mientras ponía sus manos dentro de los bolsillos de su chándal.
— Vaya — logró decir él.
Yo solo me cohibí en mi lugar y evité mirarle. Era humillante, pero al mismo tiempo crecía una sensación arrolladora de deleite por el cumplido seco del rubio.
— Bien, ahora que ya estas listo — se acercó a la camilla de piel y la palmeo con tranquilidad — vamos a empezar.
Yo no me moví. Sentí un nudo enredarse en mi garganta mientras la mirada de Bakugou no me perdía de vista.
— Vamos — me animó él — no muerdo, solo doy masajes.
Yo sonreí ante lo estúpido y simple de su comentario. Así que me acerqué lentamente hasta poder estar al lado de Bakugou.
— Recuéstate — me ofreció él.
Me recosté boca abajo en la camilla mientras sentía la fría textura de piel que esta tenía. Escuché como Katsuki se empezaba a mover, tomando entre sus manos un bote de crema y echándome un poco por mi espalda. Un escalofrío hizo temblar todo mi cuerpo.
— Quiero que te relajes — empezó a susurrar tranquilamente el rubio muy cerca de mi — quiero que te olvides del trabajo, de la computadora, de todo aquello malo que has tenido esa semana.
Sus manos se deslizaron tranquilamente por mi piel. Respiré profundamente para calmar los intranquilos nervios que sentía y me carcomían. Los dedos firmes y largos empezaron a deslizar con tranquilidad la crema sobre mi espalda.
— Solo piensa que somos tu y yo — murmuró, el tono de su voz era aterciopelado.
Cuando sus dedos empezaron a masajear toda la piel de mi espalda, una sensación de alivio me recorrió tan deliciosamente que solté una exclamación de desahogo. Sus manos apretaban y masajeaban mis hombros, mi espalda y mi cuello con una fuerza tranquila. Tocaba los puntos donde sentía más dolor. Los espasmos de mi cuerpo se envolvían en una dulce satisfacción que me hacía sentir cosquillas cuando sus dedos apretaban y amasaban.
— Tienes demasiados nudos en la espalda — susurró el más alto mientras hacía presión — debes estar jodido en ese trabajo.
— Un pocooo… — gemí sin pensarlo cuando Bakugou hizo presión en mi espalda.
Soltó una risa. Una risa profunda. Casi como si tratará de ser sensual. Una ola de calor me atenazó el cuerpo al escuchar lo profunda que era.
— ¿Cómo conociste a pelos de mierda? — prosiguió el chico mientras vertía un poco más de crema en sus manos y volvía a masajearme.
— Conocí a Kirishima de casualidad — contesté mientras sentía como las firmes manos de Bakugou me hacían delirar de la satisfacción — nos tropezamos en uno de los pasillos de la universidad y de ahí somos amigos.
— ¿Desde hace cuánto son amigos?
— Desde hace más de seis años — contesté tratando de ahogar otra exclamación de alivió.
Escuché un crack sonar en mi espalda y yo solté otro gimoteo de satisfacción.
— Debes ser sumamente obsesivo y quisquilloso — comentó Katsuki.
— ¿Por qué lo dices?
— Tienes el cuerpo demasiado tenso — sus manos siguieron hasta presionar en mi espalda baja y escuchar un leve crack —, estas acumulando demasiado estrés y los nudos que tienes los músculos son demasiado duros.
Me mantuve en silencio mientras él seguía masajeando obedientemente mi espalda.
— ¿Me equivoco?
— Solo en lo obsesivo — admití.
Volvió a escucharse su risa profunda. Las yemas dedos empezaron a delinear con cierta presión la curvatura de mi espina y sentí un temblor delicioso electrizarme toda la piel. Demonios Bakugou sabía tocar demasiado bien.
— Ser así no es bueno.
— Tal vez – susurré — pero solo será hasta dentro de seis meses.
— ¿Piensas irte a otro lado? — interrogó mientras sus manos se deslizaron hasta mis omoplatos.
— Sí. No quiero quedarme en ese puesto — confesé — en verdad solo espero obtener la carta de recomendación de mi jefa para irme directo a All For One Media.
— ¿Ese es tu sueño?
— Sí.
Katsuki empujó un poco los músculos.
— Oh, joder — siseé al sentir un increíble alivio — tienes unos dedos…
— Me lo dicen todo el tiempo — el tono de su voz fue extraño.
No le tomé importancia al principio, pero, al leer entre líneas lo que había dicho, sentí el bochorno volver a correr por mis venas.
— Yo no quise…
— Tranquilo, Nerd — respondió él empujando nuevamente sus manos sobre mi espalda y haciéndome sisear de nuevo.
No dije nada. Sus manos siguieron deslizándose y haciendo presión en toda mi espalda mientras el cosquilleo de placer me invadía como un bálsamo en todo mi cuerpo. Sus manos se encajaban con pericia y tranquilidad, tocando puntos que no sabía que me harían temblar. Yo solo suspiraba de satisfacción y cerraba los ojos de puro descanso. Jamás me había sentido tan liberado o tranquilo desde que empecé la maestría.
Sus manos se resbalaron firmes hasta caer sobre la espalda baja, donde sus manos se removieron en círculos y me hicieron sentir una lengua de fuego. Una sensación atronadora me hizo temblar y de repente sentí la suavidad de sus dedos muy cerca de mi trasero. Me mordí los labios para no soltar el resoplido de placer que sus dedos me hicieron sentir. Se había sentido tan bien.
Pero la vergüenza que sentía por haber reaccionado de esa manera me hizo caer en cuenta. Me sentí inseguro en ese momento. Las manos de Bakugou se deslizaron férreamente hasta que, sin yo esperarlo, pasaron por encima de la tela y fluyeron por la piel de mis muslos. Di un respingo de sorpresa y volví la mirada hacia él.
— Que…
— Oye, quédate tranquilo — demando mientras apretaba sus dedos.
El calor que estos emanaban me hizo boquear tenuemente. Era una sensación eléctrica, cálida; desee que sus manos empezaran a moverse.
Volví a recostarme. Los dedos del más alto empezaron a amasar mis piernas con suma diligencia y yo solo podía sentir el calor y la fuerza que estos emanaban. Joder.
Un irrefrenable deseo por que sus manos me tocaran me empezó a invadir el pensamiento. Su toque era fuerte, firme, caliente. Quería tomar sus manos y ponerlas nuevamente en donde había tocado. Tenía deseos de repetir esa caliente sensación.
Un inquietante calor empezó a sofocarme y sentí que mi entrepierna empezaba a despertar. Me removí ante la incomodidad y los nervios me inquietaron. Demonios, no debía ponerme acalorado en estos momentos.
— Te estas moviendo mucho — susurró el más alto a mi espalda.
— No es nada — titubee rápido, no quería que se diera cuenta de mi excitación.
Un silencio tenso se instaló entre nosotros mientras sus manos volvieron a lo suyo. La intensa satisfacción que sentía en los muslos solo incrementaba más el anhelo de sus dedos. En un momento, hizo presión en un músculo, liberando una ola de placer que yo ni sabía que tenía.
— ¡Ah! — gemí.
Me tapé la boca apenado, sintiendo los colores subirse hasta mi rostro. Otro silencio aún más tenso se instaló en la habitación. No sabía qué hacer. Se sentía una incomodidad irrisoria en ese silencio que había entre nosotros y, a penado, no me atrevía a verle.
Sus manos se habían detenido cerca del filo en el que se unían mis muslos y mis nalgas. Un deseo irrefrenable e inesperado me atacó el cuerpo. Un anhelo que suplicaba dentro de mi que subiera sus dedos y me tocará el trasero sin ningún escrúpulo. Que las amasara, las acariciara, que las azotara.
Estuve a punto de implorarle que me tomará. Pero esa sensación inexplicable de tensión me detenía.
— Nerd — me llamó él.
— Ya te he dicho que no me llames así — le reprendí.
— ¿Desde hace cuánto no te acuestas con alguien? — interrogó sin flaquear.
Un tirón bajo desde mi garganta hasta mi estómago como un peso muerto. Mi corazón empezó a latir rápido y sentí la pesada mirada ajena como plomo. Boquee por unos segundos sin saber que responder realmente. Me había tomado de sorpresa.
Sus manos subieron hasta tocar la parte inferior de mis nalgas y las apretó. Solté un gemido de placer cuando sentí aquel calor introducirse en la toalla y ese apretón firme sobre esa zona. Era una sensación tan increíble que sentí que me derretiría con ese leve toque.
— Haz estado temblando y removiéndote como un jodido gusano — dijo mientras sentía que sus manos amasaban con destreza mis nalgas — te contraes y te remueves cuando te toco…
Gimotee al sentir que sus manos me abrían el trasero y una electricidad subía por mi pelvis.
— He estado tratando de aguantarme — susurró mientras sentía que la camilla se hundía levemente —, aguantar estas jodidas ganas que te tenía después de verte en esos shorts tan cortos.
— Bakugou… — suspiré mientras sus manos seguían amasando.
Maldición. Se sentía tan bien.
— Y ahora andas gimiendo y suspirando, bastardo provocador — su voz gruesa solo me hacía sentir que caía en una hoguera.
Sus manos me tomaron de las caderas y las alzaron hasta dejar expuesto mi trasero. La toalla salió volando y yo solo pude sentir que la excitación me atravesaba rápidamente por mis venas.
Bakugou siguió amasándome a su conveniencia. Abría, cerraba, apretaba. Era una sensación delirante y caliente con la que mi excitación crecía con cada toque.
Ya no importaba aguantar los gemidos o los jadeos. Solo deje que mi voz saliera con cada toque que el me dedicaba.
— Tienes un culo — afirmó hambriento.
De súbito una humedad se introdujo en mi entrada. Yo me retorcí al instante cuando un placer abrazador me hizo temblar y gritar ante lo inesperado del toque. Sentía la respiración de Bakugou y su lengua recorriendo mi perineo y mi entrada con glotonería ¡Maldición, su lengua me estaba comiendo vivo!
Instintivamente, ante la oleada de estremecimientos que me hacía la ávida lengua del rubio, moví mis caderas con ansias. Escuché la risilla que Katsuki soltó en su lugar. Una de sus manos me dio un azote y sentí aquel ardor como la gloria.
— ¿Estas muy necesitado, Deku? — interrogó y yo sentí aquel sobrenombre como un canto de impulso.
Acepté entre gemidos mientras el volvía a recorrerme con su húmeda lengua. La excitación que sentía en esos momentos me había endurecido y yo solo quería sentir más, ahogarme en él, sentir que me agobiaba, probarlo.
Traté de alejarme y verle, pero sus brazos se enroscaron en mis caderas e impidieron que me moviera.
— Ah, ah — negó divertido.
— Pero…
— Chis — trató de silenciarme.
— Quiero probarte — jadee.
Su agarré se relajo por un momento. Pero volvió a enroscarse y después vi como deslizaba su cuerpo debajo de mí. Sentí un excitante tirón irse a mi miembro y un hambre inexplicable cuando sus caderas estaban en frente de mí, cubiertas por la tela del chándal. Un bulto sobresalía de ellos y sentí una sensación apremiante en la garganta.
Katsuki volvió a comerme el culo con pericia mientras sentía esa inevitable sensación de tocarle. Una de mis manos se posó encima de aquel abultado miembro. Se me acumuló la saliva y tragué duro. Lo empecé a frotar con suma tranquilidad y a besarlo por encima de aquella tela. Escuché un gruñido animal venir de su garganta y yo solo sonreí para mis adentros.
— Eres un maldito provocador — su voz sonó pastosa y ronca
Pase lentamente la lengua por encima de la tela de su hinchazón. Escuché como ahogaba una exclamación. Sentía como me mordía levemente y solté un gemido. Sí así íbamos a jugar, aceptaba el reto.
Tomé sin ningún resquicio de pena la cinturilla de su chándal y la de su bóxer hasta bajarlos a sus rodillas. Me tuve que relamer los labios cuando saque y tome su miembro. Era grande, con un surco de venas, la pelvis con una fina capa de vello y una punta rosada. Sentí un punzón de hambre y deseo recorrerme como una chispa explosiva.
Lamí con suma tranquilidad todo el cuerpo del falo. Katsuki tembló debajo de mi y soltó un gemido gutural que me hizo sonreír. Empecé a dejar besos y a delinear con mis labios todo el cuerpo de su miembro mientras el trataba de ahogar sus exclamaciones de placer y disfrute.
— Joder, Nerd — suspiró, por primera vez no me molestaba que no me dijera así.
Seguí provocando a Katsuki con mis besos y una que otra lamida. Instintivamente él movía las caderas para introducirse en mi boca, pero yo me apartaba.
— Mételo — susurraba deseoso.
— No — susurré sugerente.
— Bastardo — reprochó el rubio.
Yo solo me reí mientras volvía a tentar a mi acompañante con mis besos. Escuché un chasquido y después un frío bajar por mi parte trasera. Volteé un poco y pude ver como un líquido transparente caía de un bote hasta mi entrada. Katsuki la frotó sobre mi entrada y una nueva sensación de placer me envolvía en sus garras. Jadeé y me retorcí en mi lugar al sentir ese incesante toque volverme loco de placer.
— Eso es, pequeño nerd — susurró el mientras sus dedos se frotaban en mí —, gime para mí.
Esa sensación intensa que su voz me dio fue el impulso que necesitaba. Me introduje la punta de su miembro en mi boca y pude escuchar un gemido de desahogo de Katsuki. Su sabor caliente y salado incremento aquella incesante hambre que llevaba a cuestas desde hace mucho tiempo.
Lamí, bese y chupe todo su miembro con glotonería. Bombeaba hasta la mitad de su dotación. Joder, era demasiado bueno. Sus caderas se movieron tranquilamente para introducirse más dentro de mi boca. Yo deje que lo hiciera. Estábamos desenfrenados, deseosos y locamente cachondos.
Hubo un momento en donde sus caderas se alzaron y yo me detuve hasta la base de su miembro. Sentí que tocaba mi garganta y el estremecimiento de su pelvis junto a un gimoteo alucinante. Solté un par de lágrimas por el esfuerzo y luego unas arcadas. Lo saque de mi boca rápidamente mientras tosía insistentemente
— Demonios, perdón — soltó Katsuki tratando de sostenerse, pero yo le impedí que lo hiciera.
— Ha sido bueno — susurré.
Volví a meterme su miembro a la boca y volví a bombear, esta vez a un ritmo frenético que enloqueció a Katsuki. El rubio soltaba maldiciones, improperios y gruñidos que sentí cierta satisfacción en causarle eso. Era increíble ver como su cuerpo se retorcía por mis besos, por mis toques.
Aumenté el ritmo de los bombeos. Su cuerpo se estremeció y la sensación que me daba el incesante palpitó de su miembro me decía que estaba cerca.
— Demonios, estoy a punto de correrme — masculló entre dientes mi acompañante.
Eso solo fue otro aventón para incrementar mi bombeo y sentir como su cuerpo crispaba de placer. El palpitar de su miembro se hizo más rápido. Masturbé con frenesí siguiendo el bombeo agitado que tenía, porque deseaba con mucha fuerza probar su esencia.
Las caderas de Katsuki se alzaron con locura en mi boca y saboreé el primer disparo de su esperma caliente. Sentí una increíble satisfacción cuando su semilla me lleno la boca y el soltaba un suspiro de alivio. Su sabor era fantástico.
Gateé encima de la camilla y encima de él para poder mirarlo al rostro. Cuando lo tuve de frente observé que sus ojos estaban dilatados, con la expresión de letargo que causaba el orgasmo y las mejillas levemente coloradas. Pero no me importaba que estuviera cansado, quería que me mirara.
Le tomé las mejillas con una mano y lo obligué a mirarme. Su expresión al instante delató confusión. Abrí levemente mi boca para que lo viera y esa llama de perversión que hace poco lo había dejado volvió a brillar en sus ojos. Tragué su orgasmo y sentí un calor recorrerme desde la garganta hasta esparcirse por todo mi cuerpo.
— Sabes bien, Kaachan.
— Bastardo, provocador — sonrió mientras se reincorporaba conmigo encima — quien dijera que eres un pervertido de mierda.
Sus brazos me rodearon intensamente las caderas. El calor de sus músculos y la expresión divertida e impúdica me hicieron saber que todavía no había acabado.
Solté un gemido de sorpresa cuando sentí uno de sus dedos introducirse en mí.
— Oh, Dios — logré jadear.
— Eso es — gruñó él, triunfante y satisfecho.
Empezó introduciéndolo y sacándolo con mucha lentitud. Y aunque había cierta incomodidad al principio, sentí que de esa invasión afloraba el deseo más nefasto y llameante que hace tiempo no sentía. Con mis manos abrí mis nalgas dejando que los embates de sus dedos firmes me llenaran de placer.
— Mira cómo te abres, bastardo.
— Sí, joder — resoplé carente de cualquier vergüenza.
No podía dejar de jadear cuando la electricidad de sus dedos me hacía retorcer de placer. Ni siquiera cuando paso de ser uno a dos. Ni cuando paso de ser dos a tres. Entraba y salía como quería de mi mientras aquel cosquilleo enloquecedor me embebía de un delirio avasallante. No dejaba de gemir ni de retorcerme entre sus brazos.
Con mis manos tomé bruscamente su pelo y lo enrosqué entre mis dedos, sacándole un gruñido de satisfacción. Lo hice mirarme y sentí que boqueaba ante los ojos dilatados de deseo que me dedicaba. Yo me acerqué a su rostro y nos enzarzamos en un beso hambriento y demandante. Su lengua dominaba la mía y sus dientes me mordían el labio inferior con ansias. Este hombre me iba a quemar vivo.
— Kaachan — gemí.
— No sé de dónde demonios has sacado ese ridículo nombre — contestó mordaz y ronco, tomando entre sus dientes uno de mis pezones y haciéndome sentir un carbón encendido — pero si sigues así te romperé el maldito culo y te haré gemir eso hasta que quedes afónico.
La suciedad de sus palabras solo me puso más caliente de lo que ya estaba. Su lengua y sus dientes se dedicaron a mimar con diligencia mis pezones, llenándome de una deliciosa corriente de gozo indescriptible. Mis dedos se enroscaron más en su cabello para acercarlo lo más posible mientras me deshacía entre los besos y los embates de mi compañero.
Una de mis manos se deslizó hasta llegar a mi olvidada erección. Sentí un cosquilleo por todo el falo y solté un gemido a penas empecé a masturbarme.
Aquella vorágine de besos, embistes y placer me estaba carcomiendo vivo.
— Demonios ya no resisto.
Cuando me di cuenta, Katsuki había sacado sus dedos de mí y me había cargado entre sus manos. Instintivamente rodee mis piernas en sus caderas y mis brazos en su cuello. Nos miramos por un momento y se sintió infinito.
Su boca se encontró nuevamente con la mía en un beso demandante y necesitado. Nos degustábamos con ávido deseo. Sentí la presión de su pecho aún cubierto, firme y musculoso, mientras su lengua invadía mi boca. Me encantaba que fuera así, demandante y grande.
Me tiró encima de la cama y pude ver que, a pesar de que tenía el flácido miembro al aire, aún seguía vestido. Me incorporé hacia él. Sus ojos rojizos me miraron dudosos y con una ceja enarcada.
—¿Pasa algo?
Yo no respondí. Solo me acerqué y le saqué la camiseta de tirantes que tenía para contemplarle el torso. Todo en el estaba marcado, desde el pecho hasta los huesos en V que caían hacía su pelvis. Me mordí el labio ante que ella delicia de hombre.
— ¿Te gusta lo que ves jodido nerd? — preguntó él juguetón.
— Como no tienes una idea — rezongué seductor.
Empecé a dejar besos en él. En su cuello y en sus clavículas, bajando diabólicamente por su pecho y abdomen, hasta llegar a su pelvis. Escuchaba como él gruñía deseoso y primitivamente.
— Me estas provocando — advirtió.
Yo froté mi rostro sobre su semi erecto miembro. Delinee con mis labios y mi nariz todo el falo, hasta llegar al escroto y darle una buena lamida. El cuerpo de Katsuki se tensó y yo solo pude removerme satisfecho.
Bese con glotonería los testículos mientras dejaba que el soltará esos gemidos guturales. Su miembro se endureció en mi rostro y sentí un anhelo innegable de volver a tenerlo en mi boca.
— Eso es lo que quiero — confesé mientras delineaba una vena del falo.
Chasqueo la lengua y me obligó a recostarme nuevamente. Se puso encima de mi a horcajadas, alzando mis piernas y uniendo su dureza con mi entrada. Ahogué un gemido cuando su caliente miembro se frotó en mi entrada y un calcinante deseo para que me hiciera suyo me atenazó.
— Te encanta tener uno así de grande o ¿No, Deku?
Su fricción me hizo soltar un jadeo de añoranza. Mis caderas se movieron ante el deseo de que se moviera, pero sus fuertes brazos me detuvieron.
— Ah, no — contestó él juguetón — me has provocado seductor de mierda y ahora vengo yo.
El empezó a moverse mientras yo sentía toda su dureza frotarse en toda mi entrada, lenta y parsimoniosamente. Era un maldito calvario.
No podía mover las caderas porque sus manos me mantenían fijo. Su miembro se movía tan lento que la impaciencia por sentirlo más fuerte y más adentro era inquietante. Solté un gemido de protesta por que lo quería dentro de mí. Lo deseaba dentro de mí. Que me hiciera suyo de una vez por todas.
— Kaachan — gemí en protesta.
— Dilo — ordenó pletórico.
Sus movimientos se hicieron más lentos y yo solté un sonido de lamento.
— Por favor — supliqué.
— Quiero que me lo pidas — demandó con voz aterciopelada.
Se detuvo. Y no pude resistirme.
— Quiero que estés dentro de mí — supliqué mirándole a los ojos.
Una sonrisa victoriosa surco sus labios. Sabía que había ganado.
— Eres un pervertido.
Se terminó de quitar el chándal y se alejó para buscar el mismo bote que uso hace unos minutos. Mientras yo me acercaba a la mesilla de noche que tenía Kirishima. Abrí uno de los cajones y de él saqué un condón. Era bueno conocer donde guardaba los condones tu compañero de piso.
Ambos nos acercamos nuevamente. Katsuki tomó el condón y volvió a recostarme. Abrió mis piernas, dejando expuesta mi entrada, y, vertiéndose un poco del líquido que usamos anteriormente, sus dedos volvieron a introducirse en mi con una deliciosa intromisión.
Sus dedos se introducían con diligencia dentro de mi y yo solo disfrutaba de la agobiante sensación placentera que me daba aquel toque. Me dilataba con cadencia, girando sus dedos o abriéndome deliciosamente.
Hasta que alzó sus dedos. Sentí que un hormigueo me recorría, que las piernas se me dormían y que los ojos se me nublaban en estrellas. Grité de placer ante aquella impactante sensación.
— Allí estaba.
Volvió a alzar los dedos y tuve que cubrirme la boca ante el nuevo grito que salió de mi garganta. Era maravillosa y densa. Algo que nadie había hecho desde que tenía vida sexual.
— Kaachan, por favor, métela — balbucee suplicante.
Sus ojos dilatados me miraron con un deseo irrefrenable. Sacó sus dedos dentro de mí, abrió el paquete del condón, se lo puso y se posicionó entre mis piernas nuevamente. El deseo era inconmensurable en ese punto. Yo solo estaba impaciente de que me penetrará de una vez.
Sentí como su dureza se introducía lentamente. Una incomodidad empezó a crecer en mi entrada y yo solo solté un lamento ahogado al sentir su calor ajeno. Era caliente, duro y me estaba llenando.
— Estas demasiado… apretado — jadeó el encima de mí.
Su rostro estaba cerca de mi y sus manos estaban a cada lado de mi rostro. Era la vista más erótica y sexy que jamás había visto. Su rostro cincelado apretaba su mandíbula, el sudor le perlaba el rostro y sus músculos estaban tensos.
Cuando se introdujo completamente en mí, se detuvo. No se movió. Estaba tratando de que me conformara a su intromisión, pero yo estaba ofuscado por que se moviera. Sin embargo, sus labios se posaron en los míos en un beso lento y sensual. Su lengua me delineaba los labios e invadía mi boca con destreza, mordía mi labio inferior y me deleitaba con aquel besuqueo ardiente.
Instintivamente, cuando no sentí nada de dolor, empecé a mover mis caderas. Necesitaba que se moviera.
Katsuki empezó a moverse lento y seguro. Sus caderas se movían introduciendo su dureza en mí, sintiendo como cada embate me golosinaba de un cosquilleante placer. Se sentía tan bien que rodee mis manos en su espalda.
No faltó mucho para que ambos nos conformáramos al otro. Bakugou aumentó el ritmo de sus embestidas a medida que soltaba gruñidos y jadeos guturales con esa viril voz que tenía. Yo solo podía gemir y engullirme de aquel placer eléctrico y glorificador que me hacía tener la virilidad Katsuki.
Me llenaba. Me hacía gritar, me hacía gemir. Sus labios dejaban rastros de besos en mi cuello y a veces me mordía con posesividad, mientras yo me derretía ante ese calcinador calor que sus embestidas y sus besos me hacían tener.
Era bueno. Demasiado bueno.
Enrosqué mis piernas a sus caderas y dejé que se introdujera más profundo en mí. Eso solo me hizo ronronear más de satisfacción cuando entró cada vez más.
— Mierda, Deku. Eres una delicia — logró decir él.
Su frente estaba perlada de sudor y su mandíbula estaba apretada ante ese indómito oleaje de delirio. Sentí un impulso atronador cosquillearme la piel.
No le dejé tiempo cuando lo obligué a voltearse. Cambiando los papeles. Yo ahora me encontraba encima de él, a horcajadas y sintiendo más profundo su miembro en mi entrada. Él solo mantuvo un gesto sorprendido cuando empecé a moverme encima de él.
Ambos nos embebimos de nuestros gemidos. Su miembro entraba y salía a medida que movía mis caderas encima de él, apoyando mis manos sobre su duro torso y sintiendo los escalofríos del gozo quemarme vivo.
Sentí la profundidad con la que llegaba y eso solo me obligaba a poner los ojos en blanco ante la imponente corriente intensa que su miembro me daba. Echaba la cabeza hacia atrás y gimoteaba deseoso.
— Eres tan grande — no pude evitar decir al sentir tanto calor.
Eso solo hizo hacer que Katsuki soltará un gemido largo y gutural que solo me prendió aún más. Pero sus intenciones eran otras.
Sus manos me tomaron las nalgas con suma premura y después movió sus caderas rápidamente. Solté un grito de placer ante lo frenético de sus embistes y de como me ahogaba en ese placer que me nublaba la vista.
— Kaachan, Kaachan, Kaachan — su nombre era como un dulce bebedizo.
— Eso es — respondió satisfecho y sonriente — gime para mí.
Sus caderas se siguieron moviendo con rapidez mientras yo me enloquecía. Demonios. Era como probar una exquisita droga.
Una de sus manos se deslizo por todo mi torso hasta llegar a mi cuello. Sus dedos largos y firmes me rodearon. Luego sentí un apretón. Yo solté un gemido satisfactorio ante esa nueva sensación de placer que su estrangulamiento me daba.
Mis manos fueron directamente a mi erección y empecé a masturbarme con fuerza. Con todo aquel montón de sensaciones que me ahogaban de placer, yo solo podía sentir los fuertes embates de Katsuki llenarme y sentirme sofocado por aquel éxtasis tan glorioso.
— Kaachan, ya estoy cerca — chillé mientras sentí una convulsión emerger de mí.
Eso solo hizo que Katsuki chistará. Rodó conmigo y volvió a quedar encima de mí, sin salir de mi interior, para volver a ensartarse con un frenesí vertiginoso que solo me hizo retorcerme en el colchón de la cama. Mis jadeos y mis gemidos sonaron erráticos ante esa vehemencia de Katsuki mientras yo sentía los espasmos del orgasmo burbujear desde mi pelvis.
Sentí un tirón de deleite borbotear de mí y después un cosquilleo eléctrico cuando el orgasmo llegó. Manchando mi abdomen de mi esencia y sintiendo el letargo del placer nublarme la mirada.
— Estas apretando demasiado — gruñó Katsuki mientras sus embestidas seguían su ritmo frenético.
Y aunque el éxtasis del orgasmo me había aturdido, el cosquilleo de las penetraciones del rubio me hacía jadear de locura.
— Ya estoy cerca, Deku.
— Hazlo dentro — gemí sin poder resistirme.
Su mirada animal solo se oscureció más y dejé que me embistiera deseoso. La profundidad con la que me penetraba era deliciosa y él jadeaba fogoso por llegar a su orgasmo. Sus labios me recorrieron nuevamente mi clavícula, mi cuello y mis hombros con glotonería.
Y solo hasta que sentí como su cuerpo se tensaba encima de mí, me mordió en mi hombro. Ahogó un gemido de alivió y yo solo resoplé gozo cuando un delicioso calor se instaló en mi interior.
Se mantuvo quieto y miré sus ojos, su rostro masculino enrojecido y la piel perlada de sudor. Estaba realmente guapo. Con mis manos le rodeé el cuello y lo acerqué a mi para volver a besarnos y degustarnos con voracidad.
Katsuki sonrió perversamente ante el beso y yo dejé que inclinará todo su peso en mí. Sentí el calor de su piel como un bálsamo tranquilizador, los besos furtivos en mi cuello como una droga y su peso encima de mi como esa evidencia de que todo fue real.
— Wao — suspiré
— ¿Sorprendido, Deku?
— Solo un poco — respondí para contrariar al rubio.
Sus dientes se clavaron en mí nuevamente y un delicioso cosquilleó me recorrió la piel. Sonreí. Enrosqué mis dedos en su cabello y empecé a mimarlo. Katsuki casi ronronea cuando mis manos se movieron en su cabello.
Era inesperadamente tranquilo ese momento. Él encima mío y yo acariciando su cabello. No se por cuanto estuvimos así, pero esa sensación de paz que ambos teníamos era apacible, complaciente.
Volteé por un momento a ver el reloj digital que había en la mesilla y vi que marcaban las…
— Carajo — exclamé mientras me levantaba rápidamente.
— Maldición — se quejó Katsuki —¿A dónde a vas Deku?
— Ya son las dos y no sé si Kayama ya envió los borradores — expliqué rápidamente mientras empecé a buscar en el piso mi ropa.
— Ven acá — demandó él.
Tomé la camisa de tirantes negra de Katsuki y me la puse encima. La tela me llegaba hasta por debajo de los muslos
— Hey...
— ¿Me la prestas? Gracias — respondí rápidamente mientras salía disparado hacia mi habitación.
Cuando llegué a ella y revisé mi laptop encontré la respuesta de mi jefa. Sentí el alma a los pies. Revisé el correo rápidamente y con una sensación de ansiedad empezando a subirme por la garganta.
Di un grito de felicidad cuando vi la satisfactoria respuesta de mi jefa en el correo y que me veía mañana temprano en la sala de reuniones. Estaba realmente feliz. Tanto que empecé a bailar y a saltar en mi cama como un adolescente.
— Te ves lindo así.
Me detuve y me volteé a verlo. Katsuki estaba recostado en la puerta con su torso perfecto al aire y con el chándal de sus pantalones colgándole de las caderas marcando cada forma de él. Se veía ardientemente guapo y sexy. Pero lo peor de todo fue su sonrisa seductora.
— ¿Gracias? — solté inseguro.
Sus ojos carmesíes no me quitaron los ojos de encima. Por un momento su deseo me traspaso hasta llegar a mi interior y así cosquillearme suculentamente.
Se acercó lentamente, como un depredador acechando a su presa. Su sonrisa seductora no se le quitaba de encima mientras yo veía como él se acercaba. Cuando estuvo cerca de mí pude ver que su rostro estaba cerca de mi abdomen.
Sus dedos largos se acercaron a la piel expuesta de mis muslos y deslizó con suavidad hasta hacerme temblar de deseo.
— Eres muy sensible — susurró lento y sensual — y no sabes cuantas ganas tengo de volverte a tomar por ponerte mi camiseta.
Sonreí. Sus manos me tomaron de las caderas y me bajaron sutilmente hasta tocar el piso. Su rostro quedó muy cerca del mío y pude sentir el olor a aceites y miel que tenía, un poco dulce y picoso.
Yo, sin resistirme, lo besé. Lo besé con anhelo, con ganas; lento y deseoso. Él se dejo mientras mi lengua invadía su boca y yo sentía como su sabor me enloquecía nuevamente. Lo degusté como quise, mordí y delineé sus labios con premura mientras sentía sus brazos acercarme con fuerza a él. Se sentía realmente bien.
Cuando nos separamos por falta de aire, un hilo de saliva quedo suspendido en el aire. Nuestras respiraciones estaban erráticas.
— Pero antes de eso, vamos por un poco de agua — le dije con una sonrisa.
— No — bufó el rubio.
— Venga, no me quiero morir de deshidratación.
Katsuki chasqueó la lengua a modo de fastidio, pero eso no me importó para tomarlo de la mano y salir hacia la cocina. Aunque no me esperaba ver lo que me encontré en la sala.
— ¡Ah, Midoriya!
— ¿Kirishima? — interrogué viendo al pelirrojo sentado en el sofá junto a un bowl de palomitas.
— ¿Qué haces aquí, pelos de mierda?
— Llegué hace como diez minutos — respondió él tranquilamente mientras masticaba un puñado de palomitas — como hacían mucho ruido y que iban a tardar un poco más, me puse a ver la serie de Crimson Riot. Lo siento, Midoriya.
Yo solo pude sentir una creciente vergüenza crecerme desde el fondo de mi estómago mientras un calor hervía mis mejillas.
— Kirishima, tú…
— Perdóname, Izuku — dijo él con preocupación — pero no podía resistirme a ver el siguiente capítulo.
Yo solo me cubrí el rostro ante la sensación de pena.
— De verdad que a veces eres idiota, bastardo…
— Hey, yo no tenía una comparsa montada en mi habitación — contrapunteó el pelirrojo, lo cual solo me cohibió más de vergüenza — pero debo agradecerte eso Katsubro, ahora Deku se ve mejor.
— Si vieras lo que me costó — comentó el con esfuerzo.
— Cállate — chillé mientras le golpeaba uno de sus brazos.
— No te pongas así, Midoriya — dijo el pelirrojo — ahora te ves más relajado y con la piel más brillante.
— Tú también, cállate — le grité con los mofletes enrojecidos.
— No te pongas así, Deku — contestó Katsuki mientras me rodeaba con los brazos.
— No, suéltame, Kaachan.
— ¿Kaachan? — interrogó divertido el pelirrojo.
— Tu no digas nada o te parto la boca.
Kirishima solo alzó los brazos con un gesto divertido en el rostro. Katsuki solo me apretó más a él y yo solo trataba de zafarme de su fuerte agarre.
Solo sé que ese día fue el principio de algo entre Katsuki y yo. Algo que se volvió tan caliente como arrollador. En donde los masajes solo eran el juego previo de ese masajista pervertido y sensual.
FIN...
NOTAS
Bueno y esto es todo amigos...
Espero les haya encantado tanto como a mí hacer este pequeño pero largo one-shot. Porque en verdad me lo disfruté.
¿Que opinan? Es la segunda vez que hago Smut ¿Les gustaría que hiciera más? ¿De que tipo?
Dejenmelo en los comentarios, los estaré leyendo.
Weno y como no hay más nada que decir, espero comenten y le den a favoritos y sigan pendientes de mis otras historias.
Les mando abrazos y besos virtuales.
BYEEEE, Mark fuera.
