Powerpuff Girls no me pertenece.

Capítulo III

''Inconsistencias''

De manera repentina, una descarga eléctrica recorrió todo su cuerpo, agudizando cada uno de sus sentidos. Una alerta azotó directamente hacía su subconsciente anteriormente adormecido, de este modo sus memorias volvieron a desarrollarse en sus recuerdos, tomándole de imprevisto como si de un balde de agua helada se tratase.

Sus párpados le pesaban lo suficiente como para no querer abrirlos; acompañado de un nauseabundo sentimiento que visitó su estómago amenazando con arrasar con todo alimento que se atreva a entrar en su organismo. Por lo visto, su cuerpo no le obedecía como usualmente.

Tonterías.

Aún con sus ojos sellados, comenzó a patalear desesperada por debajo de la tela que le cubría su cuerpo, aprisionándola. En claro intento de quitárselo de encima.

Debía buscar a Bubbles. Obviamente esa es su prioridad en esos momentos. Encontrar a la rubia mujer es lo primero que desea hacer, incluso por encima de respirar.

Se detuvo en su arrebato nervioso y rabioso al momento de reparar que algo le impedía moverse con normalidad, un tubo conectado directamente en la mitad de su antebrazo, una intravenosa. Suspiró buscando una inexistente tranquilidad, una la cual pueda mantenerla cuerda, mientras se quita aquel aparato cuando menos.

Imposible.

Abrió los ojos finalmente, viéndose repentinamente cegada por la chillona luz que la habitación contaba, recorrió el ajeno cuarto, el pulso incesante que taladraba contra su cráneo, le impedía pensar con claridad y de manera mínimamente cuerda.

¿Dónde demonios se encontraba?

Navegando sus verdes ojos alarmada por cada esquina de aquel lugar, invirtiendo segundos en analizar cada cama que se ubicaba en el mismo espacio, siendo en total seis, tres de ellas por delante de dónde se encontraba acostada.

Seis camas, y en ninguna estaba Bubbles.

Frunció los labios mortificada acariciándose el puente de la nariz con falsa parsimonia. Debía buscarla, y a juzgar por la pintura que le brindaba el marco de la ventana, debía ser aproximadamente media noche. Aspecto que no le dificultaría ni un poco su labor.

Además no podía permitir darse el lujo de mantenerse calmada, no cuando no tenía la menor idea cómo y dónde se encontraba su hermana menor.

Se irguió, recostandose contra la pomposa almohada que se hallaba en el respaldo de la cama. Para su desgracia y disgusto, su cuerpo no reaccionaba como ella deseaba, respondiendo irritablemente lento a como acostumbrada actuar.

Se sentía como si hubiera sido aplastada y pisoteada por un ser masivamente pesado.

Oh, cierto.

En realidad, lo fue.

Con un eficiente jalón, el tubo transparente que transportaba un fluido de un interesante color abandonó donde anteriormente estaba posicionado con un pedazo de cinta especial, dejando como consecuencia un punto rojo en su piel.

Se removió nuevamente entre patadas y puñetazos, mandando a volar la manta que le cubría. Tomó en cuenta por debajo de ésta que no vestía el mismo atuendo que cuando perdió la memoria, siendo ahora una común bata de hospital, la que suelen portar los pacientes.

Y para acabar con su racha de pésima suerte, éste dejaba al aire su culo. No puede buscar a Bubbles con su trasero a la vista de todos. Ella no va con las de montar espectáculos nudistas.

Se giró sobre su cuerpo, permitiendo que sus ahora inútiles piernas colgaran desde la cama.

Sospechaba desde que dio la primera patada que la derecha no funcionaba como usualmente trabaja. Confirmando su teoría un enorme hematoma de colores variados que nada se desenvolvía con normalidad en su anatomía. Agregando que su estreñida no contaba con la misma silueta anterior. En ésta resplandecía lo que lucía como un hueso mal colocado.

Ignorando aquello, sin más preámbulo, intentó apoyar todo su peso sobre las palmas de sus pies. Para infortunio de la morena sus rodillas no respondieron y cayó de lleno contra el suelo, emitiendo un golpe en seco.

Lo que faltaba.

Sin dejarse inundar por la agonía, navegó su fuerza hacía sus brazos, flexionandolos para recargarse en ellos, alejando su rostro de la fría baldosa. Ya que no podía caminar en esos momentos, no tendría de otra más que volar en un lugar cerrado.

De todas maneras, no se encuentra allí Blossom para regañarla.

Elevándose de manera inestable en el aire, emprendió camino hacía la pulcra puerta de hierro, única en la habitación. Alzó su mano para alcanzarla, en intento de quererla abrir, a centímetros de lograrlo, alguien, al otro lado de la pared, se le adelantó.

Sintió como un objeto sólido chocó contra su frente, abandonando un ardor que dolía como el infierno. Se permitió caer en el suelo, sobándose la cabeza con temblorosos movimientos.

Perfecto. ¡Malditos sean!

—¡Buttercup! ¡corazón!

Un agudo chillido alcanzó a sus oídos, el tono mortificado con el que fue elaborado le sabía bastante cercano. El hombre colocó sin cuidado alguno los alimentos de máquina que portaba en el suelo, con clara intención de ayudar a la desvalida joven en pro a levantarla, disculpándose en el trayecto bastante avergonzado por su descuido y haberla golpeado con la puerta.

Acababa de herir a una paciente que hace algunas horas debatía entre la vida y la muerte. Sus músculos se congelaron en reacción. ¡Acaba de hacer algo horripilante!

Horrorizado el hombre recargó a la morena contra su pecho, acunandola con culpabilidad a flor de piel. Recibió en reacción una ajena timidez en la joven. Buttercup, decidiendo pasar por alto el estruendoso encuentro, tomó de las solapas al Profesor con más fuerza de la que se requería, ante sus ojos estrechó la figura del hombre que se hallaba por delante con atención.

Algunas canas se asomaban inútilmente disimuladas en su oscuro cabello que a pesar de los años, su cuero cabelludo parecía ser tan fuerte como un roble, portando aún una gran mata de cabello, algo nevado pero completo; y en su rostro algunas arrugas enmarcaban sus facciones, dando muestra que se encontraba en sus cuarentas; no obstante, su mirada que desprendía alivio e inquietud lucía igual de joven como cuando lo conoció.

Agradeció su presencia internamente, al parecer no se encontraba sola en aquel asfixiante desamparo, abrió la boca buscando las palabras correctas para comunicarse. Boqueando de modo cómico pero desesperante.

Por su parte, el Profesor tomó a la chica de los hombros observándola a un brazo de distancia a la vez aplicó presión proporcionalmente a la capacidad de la brusca Powerpuff Girl, en intento de llamar su atención este modo, deteniendo así el arrebato de balbuceos que Buttercup se encontraba presentando con exaltación de una modo un tanto patético y mediocre.

—¡B-bu-bu...!

El Profesor le zarandeó los hombros ligeramente, buscando que sus ojos se posaran ante él.

—¡Bubbles!

—Buttercup.

—¡La ciudad!

—Buttercup, cariño.

—¡Trío de imbéciles! —Rugió con furia la Powerpuff Girl de color verde con torpes movimientos de cabeza, que iban de aquí para allá, en ineptos intentos de querer atender todos los aspectos a la vez en abrumadora desesperación. —¡Bubbles! ¡¿Dónde está la pequeña Bubbles?! ¡Profesor!

El hombre que cumplía la función y papel de tutor para aquella heroínas, abandonó sus hombros para colocar sus manos sobre las mejillas de la morena, aplastandolas hasta el punto que las palabras no puedan ser pronunciadas de manera correcta, solo permitiendo quejidos como de un animal indefenso y la gesticulación de su rostro se vio notablemente afectada.

El frío tacto comparado a su elevada temperatura llamó su atención, situando su vista a los ojos oscuros de su padre, impidiendo que continuara su exaltación.

—Bubbles se encuentra bien.

Tras la frase murmurada en confidencia, la morena se detuvo totalmente de toda acción que iba a ocasionar, observando con cuidado a la persona delante de ella buscando una pizca de mentira en sus palabras, no encontró serenidad le abordó el alma.

¡Bubbles estaba viva!

Suspiró con apaciguamiento, se tomó su tiempo para meditar lo anterior dicho por el Profesor, sacando suposiciones apresuradas.

—¡Esos malditos idiotas! ¡de seguro ellos causaron la explosión!

El hombre expectante ante los rugidos, decidiendo dejarla actuar por su cuenta, alzó la vista hacía el reloj que pendía en la inmaculada pared.

Faltaban veinte para las dos de la madrugada. Habían pasado solamente unas cuantas horas desde la singular aparición de los exóticos monstruos.

Y para su sorpresa, dos de sus hijas ya habían abierto los ojos en ese lapso. Es fantástico la efectividad de los anticuerpos en la rubia y la excelente condición física de la morena. Evitándose un posible coma, su anatomía y sus sistemas trabajaron exhaustivamente al momento de haberse desmayado.

A pesar de tener rota una pierna, Buttercup fue lo suficientemente osada para atreverse a levantarse por sus propios méritos. Al médico le dará un infarto si ve a unos de sus pacientes con situación de las más críticas haciendo ademán de irse de la habitación. Coincidiría con el profesional, por supuesto, incluso a él le parece bastante deprisa.

Examinó a la joven, tendiendole la mano, invitando a que se recargara en él es pos de ayudarla a tomar reposo nuevamente.

La mujer al tomar en cuenta las intenciones de su padre, negó la ayuda con un meneo de cabeza en negación.

—¿Dónde está Bubbles?

El Profesor decidió mantenerse quieto un momento más, quizás podría dar su brazo a torcer a causa de su delicada situación. Suspiró parsimoniosamente, no lograría absolutamente nada obligando a que descansara. Tampoco podía impedir que la Powerpurff se colocara en la posición de madre rabiosa, prácticamente nacieron con el código de protegerse. En términos estrictos de condición y raza, solamente existían ellas para darse apoyo.

Y los Rowdyruff Boys. Quizás.

Se levantó sobre sus piernas, la tomó de la muñeca con cuidado después, ésta se elevó en reacción. Dando unos pequeños tirones con su brazo, la estaba invitando a acompañarlo.

Caminaron en silencio por los desolados pasillos del hospital, lográndose escuchar solamente las pisadas del Profesor. Buttercup recorría los pasillos con nervioso interés, en el reflejo de las ventanas alcanzó a ver una imagen cansada, sus cortos cabellos se encontraban alborotados, en su rostro y cuerpo se hallaban numerables hematomas, cortés limpios y raspones a la vista de todos y bajo sus verdes ojos bolsas oscuras que le daban una apariencia desaliñada. Lo que causó que se removiera incómoda en su lugar, fue un beso de color rosa plasmado en su mejilla.

Acercándose a la escaleras que te guiaban a la planta de bajo, cuestionandose por qué Bubbles no se hallaba en la misma habitación que ella, tenía bastante cosas que pensar, y un tema en particular le incomodaba bastante la consciencia, el mismo que desde que abrió los ojos, le impedía sentirse con total calma.

—Profesor.

El aludido le vio de reojo, asintiendo en su dirección. Con mayor valor, Buttercup prosiguió.

—¿Dónde están los Rowdyruff Boys?, ¿que eran esos monstruos?

El hombro se quedó callado, no porque no deseara responder todas las dudas de su hija, si no más bien, no tenía las respuesta a aquellas. El Rowdyruff Boy verde, después de que las dos chicas hayan sido sacadas de la lucha, éste desapareció. Al igual de los monstruos, destruyeron totalmente uno que otro edificio, sin meterse directamente con la población.

Se detuvo delante de una enorme puerta doble de pesado hierro, le hizo ademán de la morena de que finalmente habían llegado. Ésta asintió en su dirección, un mudo permiso de continuar.

Las abrió a la par. Para encontrarse con la Señorita Bello recargada sobre la cama de la rubia, velando por su sueño, al verlo entrar, una sonrisa inundó su rostro. Se apresuró en levantarse y tomar a Buttercup entre sus brazos, acunandola como si de una bebé se tratase, un ligero sonrojo se pintó en las mejillas de la morena, cada trato así de cariñoso le parecía bastante fuera de lo común. Además, le incomoda un poco.

Apartándose de las muestras de cariño, se acercó a su hermana menor de manera veloz, tomando su mano entre las suyas soplando ligero aire, queriendo calentar su frío tacto. Lucía más pálida de lo normal, y los rulos de su cabello se encontraban enredados entre sí, aún con deplorable apariencia, en su rostro bailaba una tranquilidad abrazadora, en su profundo sueño, se hallaba totalmente en calma.

Alzó un poco su vista, en su frente exactamente, un beso rosado marcado idéntico como el que ella portaba en su mejilla.

Oh, lo comprendió automáticamente.

Torciendo su cuello ligeramente y sin intenciones de soltar a Bubbles, se dirigió hacía los adultos que se encontraban en la habitación e indagó.

—Profesor, ¿Dónde está Blossom?


Caminó entre los escombros abandonados, numerosos papeles de registro se alcanzaban a identificar entre el suelo que pisaba, éstos bastante arrugados y maltrechos, algunos faltando en su mayoría trozos y otros calcinados casi en su totalidad. El recuperar la información sería bastante tedioso para los encargados de la documentación.

Le carcomía bastante la conciencia el no haber estado presente al momento que sus hermanas menores la necesitaron, abatiendole las condiciones en las que las encontró.

Rodeando el área donde horas anteriores dejaron fuera del ring a dos de las Powerpuff Girls, Blossom se hallaba buscando alguna pista que pueda ayudarle a encontrar el paradero de los tres Rowdyruff Boys, si las cosas transcurrieron como le contó el Alcalde, el sospechar un nexo entre aquellos abominables monstruos y el trío de criminales no sería bastante descabellado por dónde lo viera.

Si realmente habían llegado en plan de ''conversar'', eso solo podría significar que volverían a visualizar sus rostros por esos rumbos tarde o temprano. No obstante, ellos de manera directa no se llevaron nada entre sus manos, incluso pasaron por la exhaustiva labor de investigación secreta del gobierno de la ciudad sin poner pero alguno.

Bufó hastiada con la situación. Le parecía bastante extraña para dejarse confiar y llamarlo una casualidad.

Cuando menos las bajas de la ciudad no contó con vidas de civiles, extendiéndose a solo destrucciones de edificaciones y una paliza brutal a sus hermanas.

Lo segundo podría interpretarse según la sugestión de cada habitante. Después de todo, ese es su trabajo, recibir palizas, je.

El terreno por sí solo no daba alguna muestra de encontrar las intenciones de los seres anteriormente llegados, tendría que basarse solamente en la información que les brindarán Bubbles y Buttercup cuando recuperaran la consciencia.

Por mientras, allí no tiene nada que elaborar. Alzándose en el cielo, Blossom abandonó una estela rosada con su partida.


Unas lágrimas amenazaron en su rostro con soltar en llanto en cualquier momento, mentiría si dijera que éstas eran de una culpabilidad mezclada con muchas emociones más, pero justo en ese momento se sentía solemnemente agradecida de la presencia de aquellas figuras. Se talló su rostro con movimientos temblorosos, mientras sorbía la nariz y tocia disimulando sus descomunales ganas de gritar a los cuatro vientos la felicidad que le inundaba en todo su ser.

Alzó sus brazos, pescando a Buttercup y a Blossom en un abrazo asfixiador., sin intenciones de soltarlas comenzó a balbucear frases como ''Las amo'' ''Muchas gracias por estar aquí'' ''Lo siento bastante'', perdiendo la batalla con su corazón de pollo y estallando en lágrimas y mocos mientras se aferraba fervientemente a sus dos hermanas mayores; la líder acariciando sus rubios rizos y la mediana simplemente dejándola ser, permitiendole que la ahorque todo lo que deseara, de las dos, probablemente Bubbles fue la que más desesperación sintió con todo aquello.

Tras largos tranquilizadores minutos de a lo que ellas lo llamaban un tribrazo, finalmente, la más joven las soltó, rematando la situación al sonarse la nariz con el suéter de Buttercup entre pequeñas lágrimas y armoniosas palabras de agradecimiento.

Blossom tomó el rostro de la menor, prestando atención a sus cegatones azules ojos; a juzgar por la fina tela que cubría sus globos oculares, es bastante probable que su vista se haya visto empeorada a causa de la variedad de venenos que su sistema consumió. La rubia giró su rostro ajena a ésto, mirándole de manera inocente, Blossom suspiró y le abrazó nuevamente a la vez que besaba su frente. Pobre Bubbles. Preocupada, la pelirroja agregó.

—Perdón por no haber estado para ustedes.

Buttercup frunció el entrecejo, si hubiera sido más fuerte y hubiera atrapado a los tres Rowdyruff Boys, probablemente aquello no hubiera ocurrido y no tendrían tantas incógnitas volando por sus cabezas en esos momentos.

Suspiró. Que se le podía hacer, se elevó de hombros en respuesta.

—También, lo siento por la presión por la que pasaste, Bubu.

La morena asintió con aquello, demostrando que estaba de acuerdo. Se abrazaron nuevamente. Es bastante palpable que no acostumbraban a estar separadas nunca, con la ausencia de una de ellas, se sentía bastante extraño las mañanas al momento de decir buenos días, o en las tardes cuando comparten comidas juntas.

La rubia les perdonó ligeramente avergonzada, quizás sí debió haber marcado a Blossom en su momento.

El Profesor, presente en todo momento, aplaudió llamando la atención de las superheroínas, ya había hecho los tramites para poderse llevar a sus hijas a su casa, recibiendo la aprobación por parte de los doctores con solo algunos requisitos respecto a los medicamentos, horarios, una estricta dieta para Bubbles acompañado de variedad de productos que no podría usar durante un tiempo y una lista de acciones que Buttercup no podría desarrollar hasta que se aliviara totalmente de su pierna rota.

Ya tendrían todo el tiempo del mundo para conversar.


—Quizás suene como una locura, pero yo no siento que ellos hayan sido los causantes de la explosión. —La rubia murmuró mientras jugueteaba con su pajilla dentro de su vaso que contenía leche con chocolate. La morena le miró con desdén y una sonrisa burlona bailó entre sus labios.

—Bueno, si suena como una locura.

Bubbles hizo un mohín receloso en respuesta y puntualizó sabionda:

—Mírenlo de esta manera, no tendría sentido que acataran cada orden por toda la evaluación por parte de los detectives del Alcalde si tuvieran la intención de atacar la ciudad.

—Quizás las neuronas de aquellos imbéciles comenzaron a funcionar y ahora incluso tienen planes que involucra distracción.

Blossom, expectante ante la discusión entre sus hermanas, tomó silencio, analizando lo que mencionó cada una. Lo más exasperante es que las dos podrían tener razón, todos las evidencias del momento de los acontecimientos se contradecían bastante, no podía juzgar a Bubbles de no considerarlos como una amenaza después de que uno de ellos, aunque le duela bastante en su orgullo decirlo en voz alta, prácticamente le salvó la vida.

Y de algún modo u otro, deberá agradecerlo; o bien, devolverles el favor en la misma escala.

Alguien con la retorcida mentalidad de enemigo, hubiera sacado provecho y hubiera terminado de matar a sus hermanas allí mismo en sus momentos de vulnerabilidad.

Habían pasados tres semanas desde el acometido por parte de aquellos misteriosos seres que definitivamente no parecían ser parte de la Isla de los Monstruos. Sin haber luces de ellos, y mucho menos de los Rowdyruff Boys.

Sus hermanas se sanaron con tan solo diez días de reposo total, siendo las secuelas de los accidentes prácticamente inexistentes. Además, de no tener de otra más que continuar sus vidas como si no hubiera sucedido nada, siendo las pruebas limitadas, siendo para su desgracia imposibles de localizar, horas de arduo trabajo buscandolos se lo recalcó.

Agradeciendo el desayuno, se levantó de su asiento, abandonando a las otras dos Powerpuff Girls, las cuales últimamente desarrollaron el hábito de debatir acerca de la posición de sus contrapartes, la pelirroja evitando involucrarse en éstas.

Después de elaborar su rutina que consistía en ducha, vestimenta, desayuno y cepillarse los dientes, la líder de las Powerpuff Girls tomó su mochila con una mano, despidiéndose de su familia con una mano, negando la invitación de Bubbles de darle un aventón hacia el colegio; siendo de su preferencia irse caminando, después de todo, quedaba bastante cerca.


—¿Qué harías si así fuera?

—¿Eh?

En el patio delantero de su hogar, Buttercup que colocaba una llave en el candado de su bicicleta con intención de quitarle la cadena se tomó su tiempo para volverle a preguntar a la rubia. Reformulando la cuestión.

—¿Qué harías si realmente aquellos tres idiotas se volvieron repentinamente buenas personas?

A través de la ventana del coche la menor de las hermanas pareció meditarlo durante segundos mientras se abrochaba el cinturón del asiento.

—Bueno, no podemos juzgar a nadie por su pasado. —Mencionó con un tono que denotaba obviedad, para después sonreírle a su interlocutora mientras apuntaba un aspecto ético. —Y tampoco podemos negarle una vida tranquila a quienes desean purgar sus malas acciones.

Buttercup hizo una mueca de disgusto en respuesta, más por el hecho que su vida se basaba en ideologías más secas en comparación a la de la dulce Bubbles. Para ella un villano siempre será un villano, fin.

De una patada quitó el seguro de su transporte, subiéndose en la bicicleta, aprovechando la rampa natural que el suelo le brindaba. Se despidió de su hermana menor con la mano sin darle el tiempo para que pueda replicar por la dirección que tomó, siendo ésta contraria de dónde se hallaba su colegio.

Honestamente, Buttercup ese día no encontraba las ganas de estudiar.


Apretó los puños, clavando sus uñas contra las palmas de sus manos, su sangre congelada no podía evitar la furia contenida en ese momento. Aplastó el trozo de papel que tenía entre manos, convirtiéndolo en una mediocre bola que se le consideraría basura. Aún así ella no, no clasificaría de esa manera al amarillento material, que en vidas pasadas probablemente fue una hoja de cuaderno escolar. No podía permitirse el lujo de subestimar una simple nota que podría ser una bomba en detonación.

Ven a verme al bar. Sola.

RRB

Aquello definitivamente acarrearía bastantes problemas.

Después de arder en cenizas con su característica visión dónde lanza rayos capaces de consumir objetos. Desgraciadamente, aquella era una oportunidad que no se le brindaría siempre que sus caprichos quisieran, del modo que no tendría de otra más que faltar a sus primeras clases.

Volando entre los aires, decidió que lo más prudente sería no tener al tanto a sus hermanas al respecto, después lo haría.

¿Aquello era un trampa?

Lo más probable.

¿Le importaba?

Por supuesto que no.

Con bar, solo podría referirse a uno, sin tener variedad para elegir solo podría estar presente en uno en especifico. El mismo que se hallaba en los barrios más peligrosos de la ciudad, área dónde no existían las reglas, mismo el cual los policías no podían imponer autoridad, y la cruda vida se basaba en un régimen creado por los mismos criminales que si no fuera por ellas, se hubieran hecho con la ciudad a su antojo.

También, un terreno peligroso dónde probablemente todos le tenían un personal rencor a las heroínas.

Sus pisadas resonaron entre las abandonadas calles, durante día, las probabilidades de encontrarse a gente vagar por el asfalto eran escasas.

Se detuvo frente un maltrecho local, con ventanas sucias, la renegrida madera con la que fue construida daba apariencia de abandonado, además la puerta no contaba con picaporte, siendo solamente un agujero de dónde jalar para lograrla para poder abandonar la taberna.

Era allí.

Ignorando su pulso desenfrenado, metió presión en la entrada, abriéndose paso no si antes voltear a ambos lados de la calle, en caso de que alguien la viera entrar en aquel fétido lugar.

A pesar de todas las amenazas que su cerebro le lanzaba, las ignoró para continuar con su trayecto, pese a ello, no estaba mentalmente preparada para encontrarse con una sonrisa de tiburón y un par de intensos rojizos ojos como el infierno.

—Justo a tiempo, rosadita.

Quizás no fue tan buena idea el responder el llamado.

NA ¡Realmente muchas gracias por leerme! no tienen idea lo feliz que me hacen el darme por enterada que a algunos les agrada leer lo que escribo