Powerpuff Girls no me pertenece.

Capítulo V

''Antiguas relaciones''

—¿Quién fue el estúpido que salvó a una Powerpuff Girl a la vista de medio mundo? —Rezongó abobado un joven de rubios cabellos mientras lanzaba una pelota por encima de su cabeza, atrapándola con una mano cuando ésta caía tras la fuerza empleada sobre ella. Repitiendo la acción una y otra vez de modo monótono. Al pasar a su lado Butch estampó una amplia mano contra su frente causando un ruido en seco.

—Verás, lo caballero está en mis genes. A diferencia de ustedes, pestes. —Apuntó a sus dos hermanos presentes con dedo acusatorio mientras se peinaba por detrás de las orejas sus rebeldes negros cabellos en falso galanteo. —Yo llevo sangre de la realeza. Uno no puede evitar comportarse como el príncipe que es.

—¿Heh? ¿con qué fraternizando con el enemigo? —Boomer ahora con una frente entornada en rojo se carcajeó posando una pierna sobre una antigua mesita de madera grabada dejando la pelota de lado, ignorándola. El moreno asintió con su cabeza frenéticamente con la nariz extendida por mentiroso. —Eres un imbécil. No te las vas a ganar salvando a esa estúpida rubia.

—Mi querido hermano, no lo podrá parecer. Pero estoy desesperado.

Con Butch ligeramente inclinado, en posición principesca el rubio se rascó la nuca con movimientos consistentes, repentinamente incómodo por el comentario elaborado por su hermano mayor, el ambiente se transfiguró más pesadamente. Desvaneciendo su sonrisa durante el trayecto. —Bueno, ellas ya demostraron ser unas inútiles, estamos jodidos.

Brick que tenía entre sus manos una revista arrugada por la presión, apretó la mandíbula mientras observaba al moreno lleno de perforaciones caminar trayecto en dirección a un closet de madera, rebuscando entre los estantes y después ponerse una camisa sobre su torso desnudo. En el cuerpo Butch contaba con una quemadura reciente que alcanzaba desde el inicio de sus oblicuos hasta el nivel de su cuello. Ésta tenía una apariencia espantosa con la piel viva expuesta.

—Que asco, tápate eso.

El moreno se detuvo en su acto. Volteó a ver al dueño de aquel comentario con ojos astutos y porte orgulloso aún con su lamentable presentación. Boomer alzó el dedo corazón derecho en su dirección.

En un movimiento veloz se quitó nuevamente la camisa y con dos rápidas zancadas se detuvo frente al menor de los tres viéndolo desde arriba con la barbilla al cielo. Colocó una mano firme en su nuca y jaló con fuerza su cabeza, chocando el rostro del rubio contra su herida abierta. Éste balbuceo arcadas al contacto, lanzando puñetazos inútiles. Su voz sonaba amortiguada por el estómago del moreno.

—¿Eh? ¿que dijiste? no te escuché-e-e. Creía que a los rubios de tu especie les encantaban las cosas asquerosas. Ya vez aquella preciosura que le gusta comer cucarachas.

Brick hizo una mueca de disgusto por el recuerdo, más por el hecho de haber iniciado él aquella conspiración contra el pobre Boomer femenino. Con manotazos que no tenían ni pies ni cabeza, el joven acorralado alejó finalmente su rostro con gesto asqueado. —¿Por qué demonios no sana tu puta herida? se ve bastante desagradable.

Butch tardó unos largos minutos para responder las cuestiones exigidas, vistiendo ahora una camisa nuevamente durante ese tiempo. En tono divertido mientras se carcajeaba respondió: —Por lo visto fui el conejillo de indias para esa mierda.

Curiosamente, la radiante mueca empleada no coincidía con su rostro serio. Su presunto alborozo no correspondía tampoco con la mirada furiosa que tenía plasmada en su cara. Una cólera contenida en su sistema que ansiaba por liberar. Sí, se reía, pero sus puños apretados alcanzaban un descolorido tono por la fuerza empleada. Mismos que deseaban hasta los huesos arremeter contra quien le usó como un peón.

Su severa apariencia exaltó al rubio, dejándolo mudo. Probablemente de los tres, Butch es el que se encontraba más furioso por su situación. El pelirrojo en un murmullo apático mencionó desinteresado:

—Se supone que debutó anoche.

Boomer abrió sus ojos una fracción, boqueó en respuesta como si de un niño extasiado se tratase, siendo ajeno la manera de cómo el moreno frunció sus labios ligeramente ofuscado. —¿Eh? ¿en serio? ¿y que tal?

—Butch debería estar feliz por continuar vivo —Una sonrisa mordaz e impertinente acompañó sus palabras.


Si en algún punto de su vida, la forzaran a elaborar una escala de ''maldad'', probablemente La Banda Ameba se hallaría en el último puesto de su lista. Claro, sus pensamientos no son con intención de menospreciar sus acciones. Y mucho menos burlarse de los ahora muertos criminales.

Pero quizás, simplemente eran los bufones de los villanos. En su momento, podría casi jurar con su vida acerca de que fueron la burla de muchos. Por no decir de todos.

Las probabilidades de ser considerados como una amenaza, desde su perspectiva, no eran nulas, pero sí bastante bajas. Por desgracia en su momento no contaban con una excepcional inteligencia. O bien, un descomunal poder con el cual podrían tallarse un renombre conocido. Pésimamente solo eran afamados por incompetentes y atolondrados.

Por lo mismo, eran los menos merecedores de verse perjudicados a éste nivel.

Alzó ligeramente su humeante taza de café, elaboró un brindis silencioso en su recuerdo. Después le dio un par de pequeños sorbos a la deliciosa bebida, en ese desolador día con interesante clima deprimente, el líquido le abrazó conciliador conteniendo ésta bastante leche y azúcar. Sus mejillas se tornaron rosas.

Navegó su perdida vista hacía el frente, tres ataúdes de madera con diseño demasiado sencillo se hallaban colocados de manera vertical unos al lado de otros. Éstos mantenían la tapadera alzada, no obstante, Bubbles no se sintió lo suficientemente intrépida como para darles un vistazo; el descaro de observar los cadáveres por mero morbo, le parecía bastante descortés.

Agregando bastante peso en su consciencia el hecho de ser visitados por posiblemente una de las personas que más odiaron en vida. Debe ser lamentable y además, humillante para su memoria.

Reclinó aún más su sombrero hacía abajo con movimientos inconsistentes, escondiendo gran fracción de su rostro con pena. La rubia se sintió bastante estúpida e infantil por esa acción. Resopló contrariada distrayendo sus pensamientos con el cubierto que tenía en mano, soplándole de manera leve. La banda Ameba no le pueden juzgar sus acciones, es imposible. Además, no es como si le tuviera miedo a los muertos.

Pero sí a los vivos.

¿Es osado y además, imprudente de su parte presentarse en el funeral de La banda Ameba? Efectivamente. Fue un día antes cuando se enteró gracias al periódico transportado por el Profesor acerca del fallecimiento de éstos, en su momento, le sorprendió verse por enterada que fueran a recibir velorio, ya que, ningún familiar se presentó a demandar sus cuerpos. Lo usual sería que terminaran en una fosa común.

De manera interesante, el Alcalde simplemente argumentó que merecían una despedida digna. Sin dar mayor explicación, se hizo cargo de los costos que ésto conlleva. Escondió su mohín dándole otro sorbo a su bebida. Sí, le costearon el velatorio, pero aún así, la habitación se encontraba vacía. En ese caso, fue prácticamente un desperdicio de dinero. No había diferente entre darles una despedida formal a simplemente aventarlos con otros cuerpos desamparados, metería las manos al fuego que absolutamente nadie se daría cuenta de la inexistencia de sus lápidas en los panteones. Es bastante crudo para su gusto, pero era la realidad en esos momentos.

Allí solo eran los tres cadáveres y Bubbles.

Le causó especial intriga que llevaba dos horas presente y ninguna alma apareció por la puerta. Se brindó incluso el atrevimiento de cuestionar de modo clandestino al guardia de la entrada si con anterioridad había arribado gente. Familiares, amantes, amigos, lo que sea que le brindara una idea acerca de la vida de aquellos tres, recibir cuando menos un resultado menos deprimente, cualquier cosa que pudiera disipar tormento. Para su miseria recibió una negativa como respuesta, hasta ese momento, nadie además de ella asistió.

Ni siquiera Blossom deseó presentarse, rechazando su invitación con amargura mal disimulada, contrario a Buttercup que les maldijo en muerte, perpleja cayó en cuenta que ninguna le negó la salida. Le desagradó la reacción por parte de sus hermanas, ellas bien saben que La banda Ameba no fue ninguna amenaza en vida, nada les costaba presentarse en el velorio, por respeto.

¿Ellas no sabían de qué se trataba el respeto?

¿Eh?

La rubia tomó en cuanto lo anterior reflexionado, en un balbuceo confundido mencionó

—Hmm... ¿Quizás por lo mismo no quisieron venir?

¿Es irrespetuoso de su parte presentarse allí? No lo sabía con seguridad. Quizás deba platicarlo con la señorita Bello.

Volvió a pasar sus ojos afligidos por las cajas de manera frente a ella, volviéndose parte de su monótona rutina durante ese rato. Ni siquiera sus camaradas criminales fueron a decirles un último adiós. Siempre creyó que entre ellos existía una alianza implícita. Por lo visto tenía un pensamiento erróneo.

¿Con qué así acaba la vida de los malos? ¿No existe el compañerismo?

Meneó la cabeza, en negación. Lo brindaba más a un tipo de desolación implicada.

Elevó sus ojos y se sintió ligeramente agitada al ver las fotografías en atractivos marcos localizados vecinos a los cuerpos. Mientras husmeaba con falsa inocencia los archivos al respecto, se encontró con las repugnantes imágenes de la escena del crimen, una desgracia.

Levantó una mano en dirección a las cajas como si pudiera acariciarlas. Unos simples metros a distancia y podría verlos, pero tenía miedo. Temía darles un vistazo ya que posiblemente no los reconocería.

Le aterraba descomunalmente la idea y le helaba los músculos solo pensarlo. Era el pavor de ver a las víctimas que no logró salvar.

Según por las evidencias, a kilómetros era notable el delito por atentado; se atrevería incluso, a considerarlo como un asesinato personal. De todas maneras, las autoridades no se iban a dar la tarea de seguir el caso del homicidio de tres criminales, archivando el expediente sin mayor ansia. La rubia en el momento no mencionó nada en defensa. Por miedo.

¿No era su trabajo evitar los crímenes?

Siempre la más débil de las tres. Continuamente solo dulce, jamás valentía.

Estrechó los ojos acojonada ante el ardor y el nudo que se acomodó en su garganta. Quien sea que haya sido el culpable, por su parte, Bubbles lo consideró como una amenaza no formulada. Una advertencia para su resguardo. Pero no deseó articular sus temores.

Perpetuamente la bonita, nunca la audaz.

Se levantó de su asiento con solo una posible dirección, asintió con la cabeza a los cuerpos en forma de despedida. Lo más seguro es que no se darían cuenta que en ningún momento fueron visitados por nadie, tampoco se darán por enterados de su patética huida a causa las asfixiantes emociones que le atormentaban.

Ellos no quieren la pena de nadie.

Dio un paso con dirección a la salida, dos, tres más. Se detuvo, insegura. Respiró desde la barriga, sus fosas nasales se expandieron con dificultad.

¿Es correcto?

Se dio media vuelta en un arrebato, acercándose a los ataúdes con desmesuradas lágrimas brotando de sus ojos. Sorbió la nariz azotando las manos en dos de las cajas con mayor solidez y ruido del que era permitido y además, ético, en un velorio.

Y finalmente los vio. Aunque no lo deseara, aún en contra de su internas amenazas que su subconsciente le brindaba cual espinas. Abrió los ojos alarmada, su boca se secó en reacción y su estómago se revolvió ante la vista mientras la vertiginosa sensación se acomodó en su garganta.

Lo sabía de antemano.

Sabía que la banda Ameba murió a base de quemaduras por ácidos e intoxicación, la exploración física y los datos de laboratorio se lo hicieron saber, no lo comprendía en su totalidad al ser ramas tan ajenas a las que solía acostumbrar, pero era consciente de que eran resultados poco esperanzados.

Aún así no se esperaba ésto.

Tapó sus labios con una mano veloz, evitando guacarear sobre el pulcro suelo, bufó iracunda intentando serenarse. Un puño tembloroso chocó contra el cristal a la altura del rostro de Amiba Slime, incluso si mantuviera su vida, lo más seguro es que estuviera desprovisto de la vista.

Los tres hubieran quedado invidentes tras el contacto con las tóxicas sustancias. Los profesionales no garantizaron sus cinco sentidos intactos de todas maneras.

Ah, fatídico. Demasiado crudo. ¿Es esto a lo que llaman crecer? ¿Es lo que hacen los adultos? ¿Ver cómo la gente a su alrededor muere?

—¡Lo sien-n-n-to mucho!

Bubbles sollozó con desasosiego. Se lamentó por el fallecimiento de aquellos inocentes y lagrimeó por las posibles muertes futuras. Imploró perdón en secreto por su incompetencia prometiendo la búsqueda del culpable en reconciliación. Absolutamente nada le aseguraba que aquello no iba a ser el inicio de una cadena de desgracias.

Era una corazonada. Quizás sin bases sólidas y sus mortificaciones no tenían sentido alguno pero no podía evitar que su corazón se estrechara como si del inculpado se tratase. De cierto modo existía una amenaza implícita en las todo lo que ha sucedido las últimas semanas.

Suspiró derrotada. Si a causa de sus dudas sale gente herida. En ese caso, simplemente tendrá que detener esos pensamientos.

Sonaba bastante fácil. ¿No?


Pateó con frustración una roca de tamaño considerable que se hallaba en su camino, importándole poco si ésta salía volando. Sus manos nerviosas escondidas en sus bolsillos se movían constantemente con ansiedad. Quizás su mirada perdida le daba un aspecto un poco intimidante. Después de todo, el par de niños que antes estaban localizados frente de dónde iba a pasar, se apartaron con un grito sordo. Frunció los labios en reacción emprendiendo un ligero trote por la acera, alejándose de los infantes con enfado.

—Estúpidos niños. Yo no doy miedo. —Gruñó irritada Buttercup. No era la primera vez que le sucedía, por supuesto que no, pero no acababa de acostumbrarse al habitual concepto acerca de su persona.

Nadie podría sentirme familiarizado con la sensación de ser observado con el mismo temor de si vayas a morderle el culo al primero que se te presente al frente.

—Yo no muerdo culos.

Giró ligeramente su muñeca para alcanzar a ver el reloj en ésta. Tres de la tarde, hora de salida. Otro día más sin entrar a clases. Nunca fue muy fanática de ir a estudiar realmente. Prefería perder el tiempo en cosas más interesantes, como peleas callejeras, patear traseros, ver la lucha libre. ¡Sí! ¡cosas de héroes! Una sonrisa brotó en su rostro, orgullosa.

Sin mencionar las exquisitas recompensas como ser admirado. Justo como un Dios. Un ser todo poderoso. Fantaseando en vida, la morocha continúo su trayecto con ojitos encandilados por las ensoñaciones.

—¡Descuiden ciudadanos! ¡Yo, la maravillosa Buttercup los salvará!

Unas carcajadas abandonaron sus labios sin intención.

Únicamente para reparar al escuchar unas risas cantarinas mal intencionadas que le acompañaron entre risas, que no era la única presente entre las calles. En realidad estaba parada en el medio de la acera gritando estupideces.

De nuevo ese mal hábito de pensar en voz alta. Con las mejillas ardiendo por vergüenza junto a una sonrisa estática ignoró a la pareja de ancianos presentes en su arrebato imaginativo y se alejó lo más decentemente veloz que sus piernas le permitieron. Con el peso de la dignidad abandonado entre la acera para huir con mayor rapidez, por supuesto.

Buttercup continúo fantaseando, ahora en silencio. ¿En qué momento se supone que le darán su propia estatua de oro por ser una heroína de calidad?

Se estremeció por lo hipocresía de sus pensamientos. Además la sonrisa en su rostro tambaleó en reacción, volviéndose una ahora fina línea seria, sus ojos se oscurecieron en despecho. Escupió saliva en una maceta cercana para después murmurar en mala gana:

—Maldita banda Ameba, ¿por qué demonios debían morir? Eso pone en duda mi capacidad.

Frunció los labios por la noticia. La muerte de un villano, ¿eh?

Que curioso, por lo general, los criminales son los últimos perjudicados en cuestiones de homicidios, siendo los ciudadanos los de tasa de mortalidad más alta, todo influenciado por parte delictiva. Eso en ciudad Saltadilla, claro. Ya que el régimen que se llevaba a cabo desde el inicio de su presencia siempre fue un riguroso pacto no formulado en su contra. Un trato a base de rencores y frustraciones pasadas.

En ningún momento se había visto algo como aquello. ¿Dónde quedó la técnica de Villanos en contra de las Powerpuff Girls? ¿Lo de ahora es criminales en contra de los de su especie?

Bueno, Buttercup ha vivido lo suficiente como para creer en casualidades. ¿Es absurdo de su parte suponer una conexión entre las condiciones por las que han pasado?

Ahora una sonrisa arrogante y engreída sus mejillas se extendieron en una dentadura de tiburón. De un débil tirón, pero eficaz, se quitó la capucha que escondía su enmarañada cabeza. Se acomodó sus rebeldes cabellos con sus dedos.

Definitivamente sabe quién le puede dar respuestas a sus incógnitas. ¿Espera recibir información gratis? por supuesto. Los métodos poco ortodoxos son lo de menos cuando tratas a un criminal. Tronó sus nudillos mientras se daba una vuelta con sus talones.

Quizás ya va siendo hora que le de una visita a su dulce ex novio.

Líder de la banda Gangrena, Ace.


NA: Oh sí, pueden buscar quemaduras por agentes químicos en google para darse una idea de la apariencia de La banda Ameba, son unas fotos relativamente fuertes, si eres de estómago débil, yo recomendaría que no lo hagas (supongo)

Saludos, estoy con una asquerosa resaca, peeero, es mi único día libre para actualizar. Unas por otras, jajaja.

Ah, respondo todos los comentarios desde privado, pero no le entiendo mucho a ésta página, así que no sé si realmente llegan mis respuestas: (