Powerpuff Girls no me pertenece.
Capítulo VII
''Lazos''
—¡Que estupidez! —Exclamó con furor a la vez que jugueteaba con baratijas de segunda mano sobre un escritorio viejo de madera, podrida por el uso y su palpable longevidad. Ace farfulló entre gruñidos mal disimulados maldiciones contra la mujer sentada con las extremidades abiertas a la par de modo vulgar (y poco propio para una heroína).
En su sala.
Y sin invitación.
—¿Cómo sabes dónde vivo? —Cuestionó mientras tomaba su guitarra receloso entre brazos como si de un delicado bebé se tratase y la escondía con descaro lejos de las destructivas manos de la Powerpuff Girl con cabellos rebeldes y mirada severa.
Buttercup se alzó de hombros ante la cuestión, restando importancia a banalidades con un ademán, como si echara aire al espacio. Cuando alguien amablemente te visita, tú solo te limitas a ofrecer una taza de café, un exquisito bocadillo y una buena charla. Por cordialidad.
—¿Y mi café?
—Vete.
El hombre de gafas señaló con dedo acusatorio la puerta de entrada, ahora con la chapa dañada a causa de la fuerza empleada. La mujer hizo caso omiso a su petición con oídos sordos, la morena simplemente se puso de pie de un eficaz salto para emprender dirección al lado contrario de la salida. La improvisada cocina, misma que compartía área con la sala, tenía un aspecto descuidado y sucio. Abrió el refrigerador sin permiso.
—Hmm, te hace falta una mujer por aquí. —Murmuró al darse cuenta de la escasez de alimentos, agachándose para estar a la altura, solo se encontró dentro un par de latas de cerveza frías, un chocolate mordisqueado y un limón seco. La nevera estaba completamente vacía, con el contorno congelado con escarcha. Se aventuró a la alacena con manos tentativas, quizás podría encontrar lo que buscaba sin preguntar.
—Deja de ver en cocinas ajenas, maldita sea.
—No quiero. —En los estantes había unas cuantas bolsas de pasta, y una barra de pan a medio terminar, juzgando por la apariencia verduzca en el centro y los alrededores, probablemente el último ya estaba caducado desde hace semanas. En el fregadero, los platos sucios atraían cucarachas de todos tamaños, definitivamente Bubbles se desmayaría por tal escena. Se alejó de la insalubre cocina, para tomar una cerveza del refrigerador y cerrar la puerta de un hincapié.
Se aventó nuevamente sobre el único sillón del patético cuarto, antiguo y polvoso con manchas de distintas tonalidades oscuras con dudosa procedencia. Frunció los labios con gesto asqueado mientras abría su lata y se la empinaba con una sed voraz. La bebida de los Dioses. —Tu casa es una mierda. —Concluyó tras su breve inspección.
Ace suspiró derrotado. No tenía la capacidad para imponerse sobre una mujer con fuerza sobrehumana y voluble personalidad. Es imposible, solo si desea continuar con vida, o sus huesos en el orden y estado correcto. Se tumbó a su lado para arrebatarle la bebida y darle un trago para ahuyentar preocupaciones. De todas maneras, Buttercup no lo arrestará, lleva años sabiendo de sus variados paraderos y nunca ha tomado manos en el asunto. Y tampoco ha informado a sus superiores al respecto.
También es consciente de las comunes caminatas por los barrios bajos de la superheroína. Por lo visto, a escondidas de sus hermanas. Nadie en sus cinco sentidos deambularía por lugares de tal calaña, y de mala muerte. Nadie que no esté orgulloso y satisfecho por su capacidad defensiva y ofensiva. Tampoco ningún ser que desee meterse o causar en problemas.
Aún así, Buttercup por sí sola es un problema descomunal.
—¿En qué estás metida ahora?
—No, tú en qué estás metido ahora.
La morena le vio de reojo. Buscando alguna reacción que pueda ser significativa ante su respuesta. Pero a causa de las gafas oscuras, no sabía con certeza si Ace se hallaba con los ojos abiertos o no. Estrechó su apariencia impávida e indiferente. El hombre bufó por la nariz, quitándose las gafas, se acarició el puente de la nariz con gesto cansino, sabiendo de antemano las razones por las que Buttercup se hallaba allí.
—¿Qué es lo que quieres saber?
Buttercup pasó su brazo por los hombros del hombre a su lado, el otro tensándose ante el repentino contacto.
—¿Sabes? Mi querida hermanita ahorita debe estar en el funeral de la Banda Ameba. ¿Los conocías? me imagino que sí. —Le dio un apretón de hombro con su mano. Palmeando su espalda con fuerza después, causando un ruido seco que causaba eco en el desolado cuarto. Acercó sus labios hacía el oído del jóven y susurró —No sabía que los cretinos se deshacían de la mierda.
—No me das miedo, Buttercup. —De un empujón, quitó su brazo de encima, intimidarle no funcionará de nada en esos momentos, Buttercup parpadeó confundida al verlo levantarse del sillón, emprendiendo camino hacia la única puerta, además de la principal, invitando a la mujer que le acompañara con un ademán de cabeza. Ésta le siguió sin rechistar. —Tu raza es toda una amenaza. Y eso todos lo saben. — Confesó con tono irónico, casi adulador. La morena alzó sus cejas al cielo ante la pulcritud de la nueva habitación que encontró tras el marco, ignorando sus palabras prácticamente absorta por la ''elegancia'' del lugar, la cama tendida y sin ropa tirada por los suelos. Incluso tenía cuadros colgados de sus camaradas. Contrario de la suya que parecía como si un tornado haya pasado por allí, y ella tenía posters.
Lo único bonito de su habitación, eran las flores que Bubbles cambiaba todos los domingos por la tarde.
—Ajá, soy fantástica. Que chulada, uno viene por información y lo reciben con piropos. ¿Qué más tienes para mí? —Le preguntó a la vez que movía sus pies de aquí por allá pestañeando con exageración, ahora ya sentada sobre la cama de su ex pareja con una confianza no otorgada. Miró el cómo Ace removía cosas del cajón más alto de su armario negro con el entrecejo fruncido y balbuceando frases que no alcanzaba a escuchar de manera correcta. Buttercup se brindó la oportunidad para curiosear la ropa y accesorios en el closet sin vergüenza alguna, notó que todas sus camisas eran idénticas. —Y... ¿Dónde guardas tus boxers?
—Que graciosita eres. —Le juzgó con una nota brava, ahora con una caja de cartón entre manos, la joven lo miró con expectativa, la cabeza inclinada de manera ligera y un tono inocente en sus ojos a causa de los extraños diseños de ésta. El hombre le brindó una sonrisa altanera y sardónica. —Como dije, tu raza es una amenaza. Por eso, los barrios bajos están tomando medidas.
Buttercup asintió ante sus palabras, sin comprender realmente lo que significaba. —Eh, así que... ¿lo están?
—Sí, lo están. —Colocó el contenedor al lado de la superheroína, por encima de la cama, y se sentó en el suelo para estar a la altura. Alzó la vista hacía los ojos verdes, éstos lucían extasiados por simple y mero morbo. Sonrió en respuesta. Abrió la caja de tonalidades moradas y verdes con lentitud, por arriba de todos los objetos, una tarjeta metálica con un estampado peculiar que Buttercup nunca había visto se robaba toda atención por su llamativa apariencia. —Antes, no había nadie que nos dijera que hacer, ¿sabes? actuabamos cuándo y cómo quisiéramos.
Ace alzó la tarjeta para que la morena la viera, ella con una incógnita plasmada en su rostro. —Pero ya no más, Buttercup.
Ella, recelosa por el trayecto que la que se estaban entornando las confesiones, lanzó un tarascón a la tarjeta, Ace la alejó por inercia lejos de su mano. —¿Qué es eso? ¡dámela!
—No puedo. Ya se me soltó la lengua demasiado. —En cuclillas, colocó una mano sobre el muslo de la superheroína, apretandolo. Se comenzó a alzar de poco en poco. —Deberías mandar a la mierda a tus hermanas, a diferencia de aquellas inútiles, tú eres realmente prometedora. —Se inclinó sobre la jóven, poniendo las manos a sus costados, apresando su cuerpo. —Sería una lástima que te vinieras abajo junto al régimen.
Buttercup frunció los labios ante aquella mano larga, tomando una bocanada de aire para evitar soltar un puñetazo que le rompiera todos los dientes y lo mandara a volar hasta el infierno. En vez de ello puso sus brazos alrededor del cuello de Ace para colgarse a él, acercó su rostro, el aliento gélido cosquilleandole las pestañas. —¿Que tal si me dices todo lo que sabes?
—No puedo, preciosa. No puedo soltarte toda la información y dejarte ir así como así.
—¿Ah? ¿dejarme ir? ¿qué te hizo creer que tienes la mínima oportunidad de detenerme?
La mujer puso más presión en su abrazo, su rostro a milímetros del de Ace. Éste puso una expresión engreída. —No sabes en lo que te estás metiendo.
—Si me quedo aquí, ¿me lo dirás?
—Absolutamente. Te prometo protección Buttercup y un futuro maravilloso.
—¿Puedo confiar en tí? no eres muy fuerte que digamos.
—¡Pero no estoy solo! ¡En unos meses, los de abajo estaremos encima de todos!
—Ah... —Una sonrisita se coló en Buttercup por lo poco prudente que era el hombre, dándole toda la información al enemigo. Ante su mirada perdida Ace le dio un casto beso, de piquito. Tímido y engañoso. —Déjame pensarlo...
De modo veloz le dio la vuelta a la situación, ahora Ace estaba recostado sobre la cama, y ella encima. Frunció los labios ante la desagradable sensación anterior, pero la orgullosa Buttercup también sabía de auto control. Queriendo evitar cualquier otro encuentro vergonzoso, sin pensarla demasiado se levantó de un estirón y emprendió camino fuera de la habitación, antes que las cosas se salieran de control.
Como un brazo roto, por ejemplo.
Mierda.
Escuchó los pasos apresurados de Ace detrás de ella, siguiéndola. —No tienes mucho tiempo Buttercup, mañana a más tardar debo tener tu respuesta. —Tomó un abrigo de una silla alta que se encontraba en la esquina, queriendo acompañar a la joven. —Ya sabes demasiado, y es muy peligroso... Si arriba se enteran que filtré información...
Quizás unas costillas incapaces de ser reestructuradas.
La superheroína se detuvo de modo repentino, el hombre chocó contra su espalda sin comprender. Se dio la vuelta, encarando a su ex pareja, con una tonalidad furibunda le cuestionó. —¿Qué sucederá, Ace?
—Ya sabes, tendremos el mismo destino que aquellos retrasados de las Amebas.
Mierda.
—Lo sé, lo sé, ¡no lloriquees Ace!, no pienso morir.
—Ellos tienen la capacidad para hacerte cambiar de opinión. —El hombre detuvo sus pasos, solo viendo como la mujer se acercaba a la entrada nuevamente, ahora inservible. La abrió y de reojo le miró con una expresión ligeramente perturbada.
—Tonterías. —Azotó la puerta intencionalmente detrás de ella, abandonando una capa de polvo en su camino y una aplanadora soledad.
Mierda.
Probablemente Ace no lo estructuró de manera literal. Pero Buttercup lo comprendió a la perfección. Miró por ambos lados de la lejanía, buscando a un posible intruso que la haya visto entrar allí, sería un escándalo si la prensa se enterara. Se adentró entre los arbustos y el arbolaje de modo rápido, estar en un espacio libre sería muy peligroso según su situación actual.
Los putos anarquistas ahora tienen un rey.
Y ella, una oportunidad para filtrarse.
—Debo decirle a Blossom.
Sorbió de su pajilla con aire perdido. Buttercup continuaba comiendo su sándwich con mordidas hambrientas y desesperadas. Justo como un perro.
Su hermana mayor no parecía con ansias de saber cómo le había ido en el funeral. Y ella tampoco se encontraba con ganas de confesarle lo miserable que se sintió en su momento. Ahora, simplemente compartían comedor, disfrutando la compañía de la otra en silencio. Cada una ensimismada en sus propios pensamientos.
Bubbles había preparado dos deliciosas malteadas para hacer el ambiente más ligero, chocolate para Buttercup y de vainilla para ella. Le sorprendía que la copa de la bebida de su hermana no se hiciera trizas a causa de la fuerza empleada que parecía estar poniendo en sus manos. Lucía como si se estuviera conteniendo de explotar en su presencia.
Suspiró con pesadez. Esto será complicado.
—¿Te pasa algo?
Buttercup continúo comiendo en silencio, ignorando su presencia con ladridos y el entrecejo fruncido hasta el punto de causar arrugas en su frente. Ensimismada en su odio,, solo detuvo su rutina de desprecio para responder con voz ronca y en bajito.
—No.
—¿Por qué estás tan furiosa?
—Que te importa.
Bubbles entornó los ojos, fastidiada. Intentar conversar con una Buttercup enojada era más complicado que conversar con una Buttercup burlesca. Solo se limitó a seguirla viendo en silencio. Hasta que ésta diera su brazo a torcer.
—¿A ti te pasa algo?
—¿Eh? no.
—Ahí está, ninguna quiere hablar al respecto. —Puso una mano sobre la de Bubbles, dándole un apretón. —No tiene nada de malo.
Bubbles decidió dejarlo ser ante la insistencia de la otra por no conversar, por esa tediosa tarde cuando menos. De todas maneras, no iba a saber cuanto se arrepentirá en meses próximos no haber puesto más presión por la gruñona morocha.
—¡Que no! ¡Entiende Buttercup! ¡así no funcionan las malditas cosas! —Un grito encolerizado y lleno de desesperación le despertó durante la madrugada. Era la voz de Blossom. —Nuestra prioridad ahorita son éstos secuestros.
La sangre de Bubbles se heló ante los gritos que provenían de la habitación vecina. Con manos temblorosas y movimientos lentos se talló los ojos ante la común ceguera que le abordaba cuando despertaba.
—¡Buttercup esto! ¡Buttercup esto otro! ¡escúchame, maldita sea!
La rubia se quitó la sábana que la cubría con sentimientos encontrados, con pasos silenciosos se acercó al ruido. Asomó la nariz por la puerta, con temor. La pelirroja le rugía a una morena acostada, y en su cama, un cuadernillo grueso con pasta de color rojo, a su lado, una fotografía arrugada. Entró a la habitación, confundida por la situación.
—¿Blossom? ¿Buttercup? ¿qué sucede? —La líder pegó un brinco ante su comentario con nota interrogativa, le hizo un ademán apenado. La superheroína con cabellos negros apartó la mirada, irritada.
—Ah, Bubbles...
En las ventanas no se colaba luz alguna, ni la de la luna. A diferencia de la morena, Blossom continuaba portando ropa para salir. ¿Llegó a esas horas de la noche a la casa?
—¿De qué discutían?
—De nada hermanita, vete a dor-
—Mira esto. —Buttercup le tendió unas hojas enmarcadas. A esa distancia, la blonda no lograba percibir bien que decía. Se acercó con pasos tentativos, sus hermanas tenían expresiones que rondaban entre lo furioso a lo avergonzado. Tomó entre sus delicadas manos lo que le ofrecían— Blossom no quería que fueras parte.
—¡Buttercup! —La otra le reprendió por su falta de tacto. —Mira, Bubbles, no es para que te sientas mal o algo así
—Eh. —comenzó a ojear el contenido, cada página constaba con una fotografía tamaño infantil, y variados datos descriptivos que iban desde estatura, hasta características específicas como marcas de nacimiento o formas peculiares de caminar. También, en el centro del papel, un sello con tinta roja en el que se leía un ''desaparecido'' en letras mayúsculas. Alzó la vista ante las dos presentes, consternada.
—Solo no creí que sea un caso que puedas sobrellevar, solo es eso.
—¿S-son desapariciones, de nu-nuestros ciudadanos? —Una delgada línea adorno su fino rostro. Su mente perdiéndose a la lejanía de su presente.
La banda Ameba.
Como si de un resorte se tratase, aplicó fuerza en el libro, decidiendo ignorar lo que dijeron sus hermanas, en pro a no crear más discusiones. Con ilusión, cuestionó. —¿Tendrá algo que ver con la muerte de las amebas?
Tomó a su hermana mayor de las muñecas, acercando sus rostros con ilusión melancólica. Las desgracias seguían ocurriendo. Ésta le vio con el ceño fruncido y consternado.
—A Blossom no le interesa la muerte de esos imbéciles. —Buttercup se volvió a meter en la plática, escupiendo veneno con cada palabra que soltaba, quizás sea a causa de las pocas horas que durmió, no le causaba gracia en lo más mínimo ser despertada a altas horas en la madrugada.
—¿Que dices Buttercup? no entiendo.
—Le dijo al comisario que no meteremos las manos al fuego por unos criminales.
—¿Qué?
La mujer con el moño rojo en su coronilla apretó las manos, sus nudillos perdiendo el color. Definitivamente Buttercup estaba enredando todo para mal, le arrebató el objeto a la menor y señaló las numerables hojas con las fotografías impresas con el dedo índice. —Debemos hacernos cargo de ésto. No deseo sonar grosera, pero Bubbles, debes comprender que eran gente que hacía cosas malas. Ahorita nuestra prioridad es...
¿Gente que hacía cosas malas?
¿En qué momento asesinaron a alguien?
La rubia se sintió ligeramente perdida y ofuscada. No había necesidad que le hablara en un tono lento y monótono. Como si se tratase de alguien de lento aprendizaje. Parpadeó numerosas veces para que su vista que se comenzaba a tornar borrosa volviera a la normalidad.
No podía creerlo. La estaba dejando de fuera ya que no la creía apta para el caso.
Puso atención nuevamente a sus hermanas.
—Tú —Escudriñó recelosa la figura de la otra. —Buttercup, va siendo hora que te comiences a comportar, éste es un tema serio, le prometí a los oficiales que nos haría...
En un impulso, y con una entonación medianamente arrogante la joven se adelantó nuevamente, interrumpiendo el sermón de la pelirroja— ¡No! tengo un plan, Blossom ¡creeme! no es una estupidez o algo así, verás, hoy fui con Ace...
—¿¡Ace!? ¿y qué hacías con Ace?
—¡Es lo que te intento explicar! ¡por Dios! ¡Cállate y escucha por primera vez en tu vida!
Recibió como respuesta una mueca de enfado por haber sido silenciada de esa manera tan vulgar. Ahora con rabia le rugió —¡Tú siempre haces lo que quieres! ¿¡No entiendes lo incorrecto que es el ver a un criminal como camarada!?
—¡Pero hermana! ¡maldita sea! —El tono casi suplicado de Buttercup le enchino la piel a la rubia, las dos ajenas a su presencia, se sentó en la orilla de la cama con una sábana de una tonalidad oscura, le dio un tirón para arropar sus desnudas piernas pálidas. Sin reales ansias de entrometerse en la discusión, bajó la mirada, escuchando de manera atenta lo que decían sus hermanas mayores en sus comunes peleas de poderío. —¡Algo los está matando desde adentro!
En los rosados iris de la mujer que se denomina cómo la líder de las Powerpuff Girls, se plasmaba impaciencia total con un frenético bombardeo de sangre alterada, acompañado de una escrupulosa y estricta ideología sobre los villanos. Una combinación fatal.
— ¿¡Y eso a los civiles, qué!? ¡¿crees que no sé que te las vives por los barrios bajos?! ¿eres realmente una heroína Buttercup? ¡De heroico no tienes nada!
—¡Blossom! —Bubbles abrió los ojos alarmada por la grotesca frase formulada, se entrometió con los brazos cruzados, llamando la atención de sus hermanas mayores. —¡No le digas eso a Buttercup! ¡La Banda Ameba también fue una víctima! ¡no solo los ciudadanos están siendo afectados hermana!
La pelirroja vio el suelo con una mueca en labios. —¡A nadie le importa la Banda Ameba, Bubbles! ¡Ya abre los malditos ojos! ¡no todo es de color rosa! ¡Las dos pongan los pies en la tierra! ¡los seres humanos van primero! ¿es tan difícil de comprender?
Le vieron estupefactas ante su arranque histérico. Se le estaban yendo los tornillos de la desesperación por falta, pero Buttercup no iba a tolerar aspectos así, su tiempo estaba contado y no tenía planeado abandonar esa oportunidad de oro.
—¡Ya vete al demonio! ¿de cuando acá decides interesarte por el trabajo de los policías? ¡no me toques las narices, mujer! —Empujó a su hermana lejos, abriéndose paso en su habitación. Para éste punto, una luz salía desde la rejilla inferior de la puerta del profesor, probablemente se hallaba escuchando la conversación desde allá. Sin darse cuenta, cada intersección era una nota más alta que la otra, ahora las tres gritando de modo histérico.
La morena tomó una mochila del suelo de un tarascón iracundo, y comenzó a vaciar su closet sin tener un patrón en específico, simplemente estaba metiendo en el bolso lo primero que encontraba entre gruñidos. Blossom al comprender lo que hacía se apresuró para tomar el codo de la enfurecida joven y torcerlo sin cuidado, ésta le devolvió un puñetazo aventado al aire.
—¿¡Pero qué demonios haces!?
—¡Que te importa! ¡estoy harta de tí!
—¡No te irás! ¡Sabrás las consecuencias!
—¡Tú no eres mi puta perra líder de nada!
A Bubbles se le empezaron a humedecer los ojos ante los gritos, los cuales no les encontraba ni pies ni cabeza, con cada comentario mordaz, una llaga atravesaba su sensible estado de ánimo, causando una nube grisácea sobre la cabeza de su hogar. ¿Que haría la señorita Bello en una situación así? ¿Cómo se sentiría el Profesor en esos momentos?
—¿Pero qué dices? si no soy tu líder... En-entonces... ¡entonces estás fuera!
—¿Qué demonios te sucede? pero... ¿Adivina qué? aunque me eches a patadas, ¡eso no solucionará los putos problemas que hay en la ciudad! ¡Ignorarlos no los va a desaparecer Blossom! ¡La patética banda Ameba no volverá a la vida! ¡Y sus asesinos continuarán por ahí!
—¡Vete!
Buttercup dio unas zancadas con fuerza, parecían pisadas de elefante enfurecido, solo para acercarse a la blonda, colocar una mano sobre su cabeza agachada, y darle un beso tronado en la coronilla.
—Cuídate.
—No quiero que te vayas...
Le miró con sus usuales intensos par de ojos más tiempo del que es debido. —Entonces, búscame. —Le brindó una sonrisa pequeña y dio un giro de 180 grados sobre su eje, para tomar dirección hacía la puerta de salida de su propia habitación, se detuvo ante una asombrada mujer de cabellos largos y rojizos, ésta le vio con ceño fruncido y perplejo. —Tú, médicate, loca. —Le levantó el dedo corazón que llevaba un bonito anillo con forma de cabeza de dragón.
Para infortunio, Blossom no fue consciente que mientras observaba a aquella espalda fina que aún portaba su pijama desaparecerse por las escaleras que le dirigían a la planta baja, esa sería la última vez que la vería.
NA: Por sí no me di a entender, mientras Bubbles estaba en el funeral, Blossom se encontraba con el caso de la retención de los familiares de los secuestrados y Buttercup se hallaba con Ace, fufu.
¿Es imaginación mía o la discusión solo fue cuestión de falta de sueño y mala comunicación? ¿o es Blossom una dictadora? jojo
