Powerpuff Girls no me pertenece.

Chapter VIII

''Mentores''

Se acurrucó entre las enormes y esponjosas almohadas de color púrpura, mismas que hacían juego con los oscuros, elegantes y cómodos sillones de la sala de espera de la secretaria del alcalde. Todo el ambiente tenía un tenue olor a sandía, y más allá de la puerta contraria a la pared tras sus espaldas, provenía una luz amarilla, acentuando las sombras de los muebles.

Abrazó el antebrazo por inercia, recargando su mejilla hasta aplastarla, soltando un suspiro después.

¿Qué podía hacer?

Absolutamente nada lucía estar a su alcance.

Había pasado una semana de no saber nada acerca de la presencia de su hermana mayor, sin mencionar lo distante que se encontraba Blossom. Tras la fuerte discusión, la pelirroja se encerró en su habitación sin mencionar palabra alguna, para no ver su presencia por el hogar durante los siguientes tres días después, tras esa noche fatídica.

Una mañana mientras desayunaba, la pelirroja simplemente abrió la puerta de su habitación de un puntapié bastante masculino y emprendió vuelo hacía un lugar que desconocía en su totalidad. No volvió hasta en la tarde, con un edificio de papeles entre manos

Después de todo, no cambió de actitud, pero solo parecía que la evitaba en su totalidad, como si de veneno se tratase. Sus conversaciones se limitaban a un ''buenos días'' y un ''buenas noches''

¿Era ese un método para no tomar culpabilidad de que Buttercup se haya ido?

¿O no tenía las suficientes agallas para encararla después de clamar que la muerte de la Banda Ameba no importaba en lo más mínimo?

Tampoco deseaba sacar a flote el puntiagudo tema de la discusión, ni de los secuestros y mucho menos del asesinato de las tres miserables Amebas. Tenía suficiente con lo que escuchó aquel día y no se encontraba de ánimos para ponerse a debatir si sus vidas fueron de valor o no.

Bubbles frunció los labios por inercia, las cosas se encontraban muy tensas en el hogar, el Profesor llegó a mencionar que Buttercup regresaría, pero hasta ese momento, no había noticia alguna sobre ella. Ni una sola. Incluso podría valerse de osada y clamar que desapareció en su totalidad.

Muy interesante. Últimamente la palabra ''desapareció'' pasaba por su mente con mayor habitualidad.

Se giró panza arriba, perezosa y hastiada por toda la irritante situación. No le encontraba ni pies ni cabeza, no comprendía en lo más mínimo lo que sucedía en la ciudad, se sentía como si todos estuvieran de acuerdo para mantener cosas en secreto y ello le molestaba bastante.

Nunca ha sido una fanática de mantener el control de todo lo que sucede, a diferencia de Blossom; sin embargo, todo se estaba extendiendo hasta puntos extremistas dónde estaba a punto de perder la cordura, ni siquiera el Profesor lucía con ánimos para ponerles un alto, ni a Bubbles, tampoco Buttercup, y mucho menos a Blossom.

Todo era bastante extraño... Sin mencionar que no tenía la menor de idea por dónde comenzar para solucionar aquello.

¿Se comienza buscando a Buttercup o irse directo con el asesino de las amebas?

Aún así, no sería descabellado encontrar un nexo entre éstos dos sucesos.

Dirigió su mirada preocupada al bonito candelabro de la sala de estar, en ésta se reflejaba su imagen distorsionada de un cómico modo. Si tan solo pudiera solucionar cada problema existente en la ciudad... Con una pierna desnuda colgando del descansabrazos del sillón, la movió insistentemente hasta que su zapato azul con un lazo en la parte delantera volara unos cuantos metros lejos.

La señorita Belo soltó una sonrisa condescendiente ante aquel acto y a sus pies, el calzado perdido. Con una patada leve, lo movió hacia un lado y se abrió paso en la habitación, con un plato lleno de galletas entre manos con exquisito olor. Por fuera de su departamento, la luna se deslumbraba orgullosa.

—¿Una mala semana?

Bubbles le vió de reojo con pupilas dilatadas a causa del alimento que le llamaba a comerselo.

—Ni te lo imaginas... Ha sido, ¡terrible!

—Ya veo... —La mujer pelirroja colocó con cuidado el plato hondo lleno del delicioso postre horneado por sí misma para después sentarse en el asiento contrario a la rubia, clavó su mirada en la jóven desganada, admirando la manera del que ésta se movía cual lombriz en la cómoda superficie. Carraspeó su garganta para atraes su atención, Bubbles se detuvo para verle de vuelta, le sonrió haciéndole un ademán de tomar un snack.

Con torpes movimientos de manos agarró una galleta y la evalúo con ojo crítico, definitivamente, la señorita Belo tiene un excelente gusto culinario.

—Últimamente ha habido un desastre en la ciudad —Comentó la mujer mayor, mientras servía una taza de té, proveniente de una jarra ya ubicada anteriormente en la mesita de estar. —Pero tengo la confianza de que todo mejorará. Solo debemos esperar, al fin y al cabo, las tenemos a ustedes.

Bubbles le escuchó con desesperación disimulada ante aquel comentario tan confiado, después le dió una mordida a su galleta, masticando con lentitud para retrasar su respuesta todo lo posible, si es que esperaba una. De todas maneras, compartía su pensamiento, después de todo, era una persona positiva por naturaleza ante la cuestión de que todo mejoraría, mantiene la esperanza en ello. Pero de lo que no estaba segura...

—Me pregunto si aún nos tienen a las tres. —levantó una taza a la altura de sus labios, escondiendo su mohín receloso y desilusionado. —Siento como si solo estuviera yo, señorita Belo. —confesó más para sí misma que para su interlocutora. —Para serle honesta, no sé qué creer y mucho menos cómo actuar.

La secretaria del alcalde pareció meditarlo por un par de segundos y soltó una carcajada apenada, escondiéndose tras un elegante movimiento de mano. —Ay Bubu, a una edad tan joven, es bastante usual sentirse confundida. Más aún en una situación tan desesperanzadora como esta. ¿Deseas hablar de lo que te atormenta?

La adolescente de ojos bonitos se quedó callada mientras evaluaba la respuesta, su gesto se contrajo y una mueca triste se plasmó en su rostro; bien le dolía que Belo dijera cosas como ''situación tan desesperanzadora'' pero le hería más el alma saber que tenía razón en ello y no era para nada una exageración, además de no estar enterada en lo más mínimo acerca de que Buttercup se fue de su hogar hace algunos días. Si esta noticia llegara a oídos tanto de civiles como de villanos, ardería Troya. —Blossom dijo que...

—Blossom suele decir muchas cosas.

Bubbles volvió a guardar silencio. —Pero ésta vez, definitivamente cruzó la línea. Fue muy grosera, es como si hubiera sido una desconocida. No lo sé, siempre ha sido una mandona, pero últimamente...

—¿Más? —La señorita Belo levantó una ceja intrigada.

—Algo así.

—Bueno, Blossom tiene su caracter, como todos, pero no creo que sea razón para no saber qué hacer sobre...

Bubbles apretó los ojos con fuerza, respiró hondo y balbuceando palabras una sobre otras rezó —Y por lo mismo, Buttercup se ha ido de la casa-y-no-sabemos-dónde-ésta.

—¿Eh? —El ojo descubierto de la mujer se abrió una fracción con pánico y su quijada se vino fuerza abajo por la sorpresa.

—Por-favor-no-le-diga-nada-al-Alcalde.

—Dices... ¿Qué no saben dónde se encuentra Buttercup?

Con miedo, la powerpuff girl azul le vio con ojos de cordero degollado y asintió con miedo por la reprimenda que se acercaba. Tampoco fue la razón número uno de su partida, pero se sentía responsable por no detenerla. Belo exaltada por la noticia recién enterada tomó una bocanada de aire, pasó una mano por su falda y tomó nuevamente la compostura, no tenía sentido perder los estribos en un momento tan delicado como ese. La muchacha con el don de hablar con animales, al verle más tranquila se aventuró nuevamente.

—Hmm, y por eso no sé qué hacer.

No recibió respuesta por la otra persona presente en esa habitación, al contrario, tuvo que entretenerse momentáneamente admirando las flores que tenía como adornos. Éstas se encontraban en macetas, eran botones vivos, la rubia admiró el cómo el suelo no tenía rastro alguno de tierra.

-Ella puede irse a dónde desee.

Bubbles se ofuscó ante el comentario elaborado con completa tranquilidad. —Pero señorita Belo, verá, si ellas no están que será de...

—No es la primera vez que discuten. Son hermanas, pero ¿son idénticas a tí?

Bubbles consideró que responder a una pregunta un poco obvia. —¿Eh? no realmente. Ni siquiera físicamente. —Apreció la manera del cómo el cabello de la mujer frente a ella brillaba incluso con la tenue luz artificial de los focos y la mínima proveniente de la luna.

Justo como Blossom.

—Efectivamente lindura, no sé parecen en nada; deseo que me digas, corazón, éstos días solitarios, ¿haz desaparecido?

—... Tampoco. Pero es que nunca me había sucedido todo ¡ésto! —abrió los brazos señalando todo su entorno, sabía que Belo comprendía a qué se refería, a los Rowdyruff Boys, a la Banda Ameba y a sus hermanas. La rubia tomó un cojín y se tapó el rostro con él, acallando un grito agudo, no entendía para nada lo que quería decir lo más parecido que tenía a una madre. La secretaria sonrió con ternura y melancolía entremezclada.

Tarde o temprano las tres heroínas iban a tomar caminos separados.

—Cuéntame, Bubbles, ¿tú morirías por nosotros?

La powerpuff girl parpadeó tres veces seguidas, para después con efusividad responder —¡Por supuesto! ¡Amo ésta ciudad!

—¿No es lo mismo para tus hermanas? ¿Alguna vez te han dicho cómo actuar cuando luchan contra un monstruo?

—No...

—¿Al final todas no desean lo mismo?

Sus ojos se abrieron una fracción ante aquella incógnita. Tiene sentido. Nunca han actuado de modos parecidos. —Ehm, sí, creo que sí.

—No sé qué estará pasando por la cabeza de tus hermanas, pero estoy segura que también están buscando un modo de arreglar todo ésto.

Una sonrisita tímida se alojó entre las mejillas sonrojadas de Bubbles, aquellas simples preguntas fueron suficientes para desenredar los nudos en su corazón. Con ánimos renovados se levantó de un pequeño salto y comenzó a buscar sus zapatos perdidos. Ante su arrebato, se detuvo y volteó a ver a Belo. —¿Con qué debo comenzar?

—¿Qué es lo que deseas justo ahora?

—Hmm. Ver a Buttercup.

—Eso estará difícil, ¿no recuerdas alguna pista que te haya dejado antes de irse?

''No quiero que te vayas''

''Entonces, buscame''

La blonda vio al techo buscando una respuesta sincera. —Eso creo. Bueno, algo así. —sin permitirle a su madre que diera pie a otra conversación más se adelantó y la estrechó entre sus brazos con alivio de aún tenerla a ella. —Gracias... —dejó a una confundida Belo para después tomar su bolso de diseño de conejo y acercarse a la puerta de entrada. —Tengo cosas que hacer ¡besos!

—¡Pero es muy tarde! ¡Bubbles! ¡Quédate a dormir!

Bastante tarde, para ese punto, la jóven solo escuchó los gritos a lo lejos mientras volaba con extremo cuidado entre los pasillos del edificio departamental dónde vivía Bello. Éste sólo constaba de cinco sencillos pero refinados pisos. Saludó al guardar del turno vespertino con una sonrisa viva, éste simplemente le envió embobado por ver a la heroína inesperadamente.

No tengo la menor idea de dónde estará Buttercup, pero sé quienes pueden saber.


Se arrepintió automáticamente de no haber aceptado la propuesta de quedarse a dormir en casa de la señorita Belo, el viento frío le calaba los huesos y su corta falda negra, de tela bastante delgada no ayudaba en lo más mínimo a cubrir sus paliduchas piernas. Con cabellos despeinados se tomó el tiempo de sacar entre sus raíces blondas ramitas de árboles y hojas secas.

El frondoso bosque no le permitía caminar a sus anchas, pero tampoco podía volar por las copas de éste, a altas horas de la noche, no se sabe quienes podrían encontrarse por esos lugares. Menos en uno de los tantos bosques pocos transcurridos por los ciudadanos. Dicen las malas lenguas que por ahí hay fantasmas.

Pero Bubbles a lo único que le tenía miedo, era a las cucarachas.

Y a reprobar materias.

Y sus hermanas peleadas.

Y muchas cosas más, pero fantasmas no.

Se acercó a un río que pasaba por en medio de las arboledas. El agua del riachuelo le daba vista panorámica de su apariencia. Una lindura despeinada. Acercó un poco más su rostro hasta el punto de que su nariz chocó contra la superficie mojada, agudizando su vista. Con tono agudo y bajito para no asustar a nadie, susurró en una lengua extraña.

''¿Hay alguien aquí?, ¿pecesitos? ¿podría alguien ayudarme?''

No recibió respuesta alguna. Decidió meter su mano en el agua congelada, ésta con la palma arriba, para que los animales vieran su disposición.

''Me llamo Bubbles, ¿me entienden?''

Ahora, metió una segunda mano al agua, y medio rostro también, aguantando la respiración.

''No deseo hacerles daño''

Tras poco tiempo, salió del agua, ahora con cabellos empapados. No es como si la estuvieran ignorando, más bien, no había quien le ignorara. Era un río abandonado en su totalidad. ¿Están todos escondidos? ¿O está hablando sola?

''¿Alguien me entiende?''

Recibió un silencio abismal como respuesta, sus mejillas se encendieron al rojo vivo al darse cuenta que probablemente lucía como una demente con esas pintas y conversando con absolutamente nadie.

''No suele haber humanos por aquí''

Bubbles pegó un brinco y alzó su vista hacía los cielos tras escuchar aquella voz, entre tantas ramas era difícil encontrar el dueño de aquella frase elaborada. Camuflado por su oscuro color un animal con ojos redondos le miraba en la cima del bosque, se trataba de un búho.

A la rubia le intimidó un poco su intensa mirada. Carraspeó y con pasos tentativos se acercó un poco para después presentarse en un tono alto sin raspar en los gritos.

''Oh, ¡hola! ¡me llamo Bubbles! y estoy buscando a una jóven que se llama Buttercup''

La joven se tomó el tiempo para explicar a detalle la apariencia de su hermana, su manera de caminar y de expresarse igual; y todo para recibir una negativa en respuesta y un ''aquí no pasan humanos'' con desilusión, tuvo que caminar kilómetros lejos para buscar por otra área del bosque, mismo que el amable búho con paciencia le informó sobre títulos y famas de los mismos. El primero que visitó se trataba solamente de una de las tantas orillas, si deseaba encontrar animales que sepan de paraderos de humanos, debía adentrarse en las profundidades.

Lo única desgracia, es que la ciudad era dueña de un total de doce bosques, éstos abarcando grandes terrenos de tierra de distintas magnitudes y desniveles.

Se le irá toda una vida preguntando.


Esa noche Bubbles no había vuelto a casa, lo sabía ya que no escuchó la puerta de la entrada abrirse en ningún solo momento. No tenía la menor idea de cómo conversar con ella sin que se volviera terriblemente incómodo. De momento no deseaba compartir palabra con su hermana menor. 1

Pasó con cuidado una hoja de su grueso libro. En la portada de piel se vislumbraba un completo título extraño. Se trataba de un tomo de universidades de criminología. Como una próxima química farmacéutica no llevaba consigo tanta información la cual iba a serle de provecho.

Dijo que se haría cargo de los secuestros, ¿pero cómo?

No tenían patrón alguno, eran como su palabra lo denotaba, desaparición en su totalidad, ningún rastro que seguir, ni tampoco sectas que estén relacionados a ésto.

¿Dónde se comienza a buscar alguien que no tiene presencia en la faz de la tierra?

Desde el encuentro de los cuerpos de la Banda Ameba, no se han hallado más cadáveres. Eso solo podría prestarse a que no fueron víctimas de intento de secuestro desde el principio. Frunció el entrecejo confundida, no es usual que criminales se maten entre ellos.

A menos que haya sido un policía el culpable.

¿Hmm?

—¿Éstas ocupada?

Dio un respingo ante la mención y su rostro perdió color repentinamente, giró su rostro para encontrarse con su padre, mismo que portaba su usual bata blanca.

—Oh, no no, adelante.

El hombre se acercó con tranquilidad a un banco de madera, sentándose cerca de su hija.

—¿Cómo vas? —tomó entre sus manos un tubo de vidrio que se hallaba en la superficie de la barra al lado. Evalúo el contenido con detenimiento. —Oí que te ibas a hacer cargo de los secuestros.

Dirigió su vida a la pelirroja que mantenía su largo cabello amarrado en una alta cola de caballo, continuaba con su lectura sin tomar en cuenta su presencia, pero sabía que le escuchaba. —¿Por dónde comenzaste?

Blossom cerró el libro de una, creando una nube de polvo a sus narices, suspiró cansada. —No lo sé, los pocos archivos existentes se perdieron con la catástrofe de la otra vez.

—Bastante curioso, ¿no lo crees?

—Un poco.

—Si es tan complicado ¿por qué no le pides ayuda a Bubbles?

—No creo que sea digerible para ella.

El Profesor comenzó a caminar entre su laboratorio, admirando todos sus artefactos que le llevó años acumular, ahora los compartía con su hija mayor. —Algunas veces los científicos necesitamos puntos de vista de terceros. Quizás creas que eres una genio, alguien singular y sin comparación. Tienes razón

Blossom hizo una mueca aprisionada ante ello. No se sentía cómoda hablando al respecto de ello.

—Pero tus hermanas también. Buttercup sabe hacer la lengua taquito.

La joven soltó una carcajada ante esto. —Quizás. —el padre colocó su brazo sobre los hombros de la pelirroja, ésta se apoyó contra su pecho buscando un anhelado abrazo. —Debería pedirle perdón a Bubbles por lo que dije, no he cambiado de opinión, pero a ella le importa mucho todo eso.

—A veces uno dice cosas crueles sin pensarlo. Bubbles se siente muy sola cuando ustedes discuten.

Blossom suspiró derrotada ante ello, lo tenía decidido. Esperará hasta que llegue su hermana menor y se disculpará por todo lo sucedido, y la invitará a que solucionen todo en conjunto, también tendrá que buscar a Buttercup, la cual probablemente esté en casa de Ace o algo así.

Con ánimo renovado se alejó de su padre, con una gracias exclamado con furor emprendió camino al piso de arriba, se dirigió hacía la cocina, esa noche le haría de cena a Bubbles y le contaría de su plan. No tenía sentido estar peleadas en un momento tan crítico como ese.

Prendió un sartén mientras tarareaba una canción, colocó tres platos en el comedor, más por costumbre que por otra cosa. Cocinaría unos deliciosos hot cakes.

Para desgracia de Blossom, su blonda hermana no se presentó en toda la noche, la cena se enfrió y sus felicidad decayó.

Pasó una semana, y Bubbles no ha vuelto.


''¿Eh? ¿un jóven rubio?''

''Sí, parece un humano muy tonto''

''¿Si me podría indicar por dónde lo suelen ver?''

''Está pasando por el centro del bosque, solo deberá caminar por un día y medio, es muy peligroso, será mejor que tenga cuidado señorita''

''¡No se preocupe! ¡muchas gracias de todas maneras ardillita!''


NA: Con cariño

MarshmallowB.