-¡Vamos amor!…, será divertido- dijo el chico mientras deslizaba sus labios por el cuello de su adorable novio. Siguió el recorrido que iba trazando con su boca mientras suaves jadeos llegaban hasta sus oídos

-Es mala…idea…- contestó aquel que se deshacía entre sus brazos. Las caricias que su novio le propinaba hacían que sus piernas se sintieran cual gelatina – Nos matarán…- siguió, intentando sacarle esa estúpida idea de la cabeza al chico, mientras bajaba el rostro para encontrarse con aquel maravilloso verde esmeralda que le hacía volar el mundo

-Mi vida, amos sabemos que esto funcionará, simplemente tenemos que esforzarnos- contestó Harry luego de que separó los labios de su chico, mirándole fijamente a los ojos color platino. Hacía ya dos años que vivían juntos y no había lugar en su casa que no usaran para poder demostrarse el amor que sentían al estar con el otro, siendo aquel preciso momento uno de ellos, estando sentados en una de las bancas que tenían en su humilde jardín trasero.

-Harry, no la conoces, no tienes ni la más mínima idea de lo que es capaz de hacer. ¿Es que acaso no valoras mi vida?- preguntó Draco sacando a flote toda su vena dramática, alejándose aún más de su pareja, y es que no podía entender en que puto minuto se le había metido aquella estúpida idea entre ceja y ceja

-Amor, valoro tu vida más que la mía- amonestó el azabache, mientras tomaba aquellos apetecibles labios con los propios delicadamente, tratando de transmitirle todo el amor que sentía por su amado rubio- pero ambos sabemos que ellos dos tienen que estar juntos. La verdad es que al principio, cuando lo pensé la primera vez, imaginé que me estaba volviendo loco, pero siendo sinceros, son el uno para el otro-

Draco volvió a posar sus ojos en los verdes brillantes frente a él, sabiendo que no habría nada en todo el puto mundo que lo hicieran olvidar esa mierda que quería hacer, pero le amaba tanto, que sabía que terminaría cediendo a todo al final de cuentas

-Vamos amor, di que sí- pidió Harry, colocando la misma mirada de perrito abandonado que siempre le mostraba a su rubio cuando quería conseguir alguna cosa difícil

-Te odio- escupió escuetamente el platinado, devorándose la boca de su pareja, sintiendo como solo por aquella sensación de sus labios chocando, podría entregar completamente su alma al mismísimo Voldemort, aunque gracias a su suerte, aquel maníaco estaba más que muerto

-Sabes que me amas con todo tu ser…- respondió Harry mientras retomaba el camino en el cuello pálido que había dejado anteriormente sin terminar su cometido.

No hubieron más palabras hasta que se encontraron completamente exhaustos y sudorosos sobre el césped de su jardín -¿Cómo se supone que lo haremos?- preguntó finalmente Draco luego de recobrar su aliento –No será fácil Harry, ambos son más testarudos que la mismísima herencia que los carcome-

-Pues para nuestra suerte, nosotros también tenemos en la sangre de la misma herencia que tienen ellos- respondió el aludido dejando un tierno beso en el hombro de su amante –Lo que haremos será lo siguiente-

-o-

Al otro día por la mañana, dos cartas eran enviadas a las víctimas de su tórrido plan, citando a uno de ellos a las afueras del Caldero Chorreante a las cuatro de la tarde, siendo la misma hora que se citaba a su contraparte, pero en la entrada de las Tres Escobas.

Cuando solo quedaban cinco minutos para el encuentro, ambos jóvenes se habían aparecido en los lugares establecidos, tan ansiosos cada uno por su lado, esperando que todo saliera como el ojiverde había planeado tan minuciosamente.

La hora llegó y cada chico por su lado recibía a su cita, estrechándolos en amorosos abrazos y llevándolos al interior de cada local.

Harry sabía que todo sería perfecto. Quizá no era como habría querido hacer las cosas, pero ya estaba harto de tanta discusión sin sentido, por lo que simplemente dejó que su mente volara para llevar a cabo aquel suicidio. Sabía que las peleas serían lo mínimo que tendrían que soportar, pero esperaba que todo se lograra antes de que tuviera que volver al trabajo. Había pedido sus vacaciones para poder descansar de tanto ajetreo por un mes, por lo que estar con su rubio en medio de aquel desastre no era más que una nimiedad, no se quedarían escuchando como sus víctimas se sacaban los ojos. Aquella mañana luego de enviar las cartas, se habían aparecido en una de las casas desocupadas que poseía la familia de su novio a las afueras de Italia, teniendo más que claro que era el lugar perfecto para poder encerrarlos hasta que dejaran su puta guerra de lado de una buena vez. Habían sacado todo lo que pudiese ser peligroso a manos de uno de los secuestrados, porque eso era lo que harían, secuestrarían a dos adultos que cada vez que se tenían cerca se gritaban como niños, pero uno de ellos era realmente letal. Habían decidido hacerles aparecer las comidas para que ninguno se acercara a la cocina, donde no había quedado nada. Siendo justos, la casa había quedado casi vacía al ver las potenciales armas que podría haber allí, solo habían dejado cucharas, puesto que los cuchillos y tenedores no estaban en discusión y hasta los candelabros se habían llevado, dejándoles lo mínimo a la mano para matarse

Volviendo a la realidad, Harry estaba sentado ya en una de las mesas del local viendo como su acompañante le miraba con cautela y preocupación

-Necesitaba conversar contigo de algo muy importante, pero no puede ser aquí- comenzó el chico viendo los dulces ojos plata frente a él, sintiéndose podrido al saber lo que haría, pero sin retractarse en ningún momento- ¿Podrías acompañarme a un lugar más cómodo?- peguntó recibiendo por respuesta un "¡Claro!".

En otro lado, Draco pensaba que en cualquier momento su corazón se le saldría por la boca, y es que a él le había tocado la parte más difícil de todas. No podía ni imaginar lo que haría con él su cita una vez que se fueran del lugar. Al ver a la persona llegar, le indicó que se sentaran mientras les servían a los dos un vaso de Whisky de Fuego, puesto que aunque fuera temprano, necesitaba el alcohol en su cuerpo como nunca antes.

-Tengo problemas graves…- comenzó mirando fijamente a los oscuros pozos que trataban de amedrentarlo cada vez que el aire entraba y salía de su cuerpo- Sé que no suelo contarte sobre mi vida, pero realmente necesito de tu ayuda…, por favor- terminó dejando que su angustia se tradujera como la ayuda que le estaba pidiendo a la persona a su lado, sin darle a entender que aquel sentimiento era simplemente por estar ambos tan cerca. Poniéndose de pie luego de tragarse todo el contenido de su vaso, le tendió una mano a su acompañante sin decir más.

Ambos chicos se aparecieron dentro de la casa de veraneo de los padres de Draco, pero en lugares diferentes. Habían puesto hechizos anti aparición para aquellos que se quedarían en ella y lentamente entraron al vestíbulo para poder encarar a sus destinos, siendo acompañados por unos adultos llenos de incertidumbres y preocupación en sus miradas ante el escueto dialogo que sus familiares les habían dado. Una vez que llegaron al salón, Harry y Draco encontraron sus miradas llenas de nervios y ansiedad, al momento en que sus acompañantes les pedían explicaciones

-Harry…, ¿Me puedes explicar que mierda está pasando aquí?-

-Draco, te juro que si no me dices que sucede te cuelgo de los putos huevos-

El rubio por instinto se llevó las manos para tapar sus genitales, sabiendo que la amenaza iba en serio, mientras Harry abría los ojos de par en par

-Bueno…, pues es bastante simple- empezó su explicación el azabache al momento en que su novio desarmaba a las víctimas- Estamos cansados de que siempre estén intentando matarse entre ustedes, y no entienden que sus discusiones afectan a todos los que los rodean y estamos hartos. Los queremos y no vamos a consentir que esto siga más allá de lo que ya ha llegado-

-Por eso mismo es que se van a quedar aquí hasta que puedan comportarse como los supuestos adultos que son- terminó Draco, tomando de la mano a su novio mientras emprendían una carrera desmedida hacia la puerta, para luego cerrar todas las ventanas plásticas que habían colocado y las salidas de la casa con magia. Una vez que estuvieron fuera, se escuchó un estruendo que suponían eran patadas contra la entrada principal, mientras sus nombres eran gritados a los cuatro vientos. Se miraron aliviados al ver que cada uno había salido sin heridas, dejando dentro a Bellatrix y a Sirius completamente solos.

-o-

En el interior de la vivienda, Bellatrix corría por todos los pasillos que tuvieran salida buscando por si alguna de ellas se había quedado abierta. Estaba comenzando a sentir la desesperación y se había podido fijar que las ventanas de toda la casa, incluidos los baños, habían sido cambiadas por un tipo de material que no podía romperse, no eran de vidrio. Corrió hacia la cocina buscando algo con que abrir el material, pero solo habían cucharas. Durante una hora no había sido capaz de encontrar absolutamente nada que sirviera como cuchillo y la habían despojado de su varita. Aquella tarde antes de salir al encuentro de su sobrino, había dejado su daga en el mueble que se situaba al costado de su cama, al haber pensado que no iba a necesitarla, pero en estos momentos se arrepentía, por último podría haberle cortado el cuello a su acompañante.

Por su lado, Sirius se había sentado en el sillón que se encontraba en la sala de estar, mientras veía los cuadros que estaban colgados, notando que en todo el lugar no había más que eso como decoración. Había estado anteriormente en aquel sitio, pero lo recordaba mucho más lleno de ornamentación y mucho más lujoso, algo completamente diferente de donde se encontraban. Podía escuchar los gritos desesperados de su prima por todo la casa, pero no le daba mucha importancia a lo que pudiese estarle ocurriendo, puesto que tenía que pensar cómo salir de esa infernal situación en la que su ahijado lo había metido tan amablemente

-¡¿Por qué estás tan tranquilo?!- preguntó una histérica Bellatrix al momento en que entraba en la estancia agitando los brazos -¡No hay una puta manera de salir de aquí!-

-Mira Trixie…, con tanto grito no puedo pensar, así que por favor cierra la puta boca- contestó Sirius mientras le dedicaba a la mujer una mirada asesina

-¡No han dejado nada! ¡NADA!- siguió su alegato la fémina, mientras se acerba hasta quedar frente a frente del hombre -¡Y NO ME LLAMES TRIXIE MALDITO ENFERMO!-

-No entiendo cómo es que Harry puede odiarme tanto como para haberme dejado aquí contigo loca de mierda- dijo el castaño arrastrando las palabras mientras se levantaba de su lugar

-¿A dónde crees que vas?-

-A ver si hay algo para beber- respondió Black mientras salía de la habitación sintiendo unos pasos tras él

-Pues suerte con encontrar algún vaso- siguió la de cabello rizado de manera burlesca- Ya he recorrido todo este maldito lugar y no han dejado nada más que cucharas y unas cosas transparentes en la encimera de la cocina-

Sirius miró a los ojos de su prima con estupefacción y salió corriendo a la cocina de la casa, comprobando que la mujer tenía razón- No nos han dejado vasos de vidrio Trixie, pero sí unos de plástico- comentó mientras levantaba el utensilio transparente para mostrárselo –Deben haber pensado en que si dejaban algún material que podrías convertir en arma, no dudarías en matarme-

-Les doy el crédito por eso- contestó Bellatrix levantando los hombros como si fuese lo más normal del mundo

Sirius bufó y se encaminó hasta el lavabo para poder sacar algo de agua. La bebió de un solo trago sintiendo un pequeño alivió al sentir como el frío líquido se deslizaba por el interior de su cuerpo – ¿Ya has revisado las habitaciones?-

-No- contestó escuetamente Bella, saliendo de donde se encontraba para poder revisar dónde se quedaría mientras esa pesadilla duraba. Llegó hasta el segundo piso que era donde estaban las habitaciones y se aproximó a la más cercana, encontrándose con que estaba cerrada. Pasó a la segunda viendo que estaba en las misma condiciones, y pasando a la tercera y cuarta que estaban igual. Llegó a la última logrando abrirla, observando que dentro solo había una cama de dos plazas y absolutamente nada más -¡LOS VOY A MATAR!-

Sirius al escuchar el grito corrió a las escaleras subiendo los peldaños de dos en dos hasta llegar a donde estaba la mujer -¿Qué pasó?-

-¡PASA QUE ESOS MALDITOS CRIOS NOS DEJARON UNA SOLA HABITACIÓN!- gritó totalmente desaforada, sintiendo como la sangre le hervía por todo el cuerpo

-Mierda…- Sirius estaba cayendo lentamente en agonía, viendo que la cosa iba en serio, sin saber qué hacer y encerrado en aquella casa con esa loca mujer.

Llevaban ya varias horas en aquella situación y se sentían mentalmente agotados y aburridos. No había nada que se pudiera hacer y ambos estaban tirados en el suelo de la sala de estar, pero cada cual en su esquina, bien lejos del otro. Sintieron una leve brisa de magia cerca de ellos y levantaron sus cabezas para ver que sucedía. En medio de la alfombra que cubría el suelo, aparecieron hojas y crayolas de colores

-¿Piensan que tenemos cinco años?- preguntó Sirius mientras se sentaba en el piso

-¡Crayolas!- gritó Bella como respuesta a la pregunta hecha por su primo, mientras se acerba gateando por el lugar hasta coger varios colores y un montón de hojas, para luego devolverse a su rincón. Se acostó sobre su vientre con las piernas levantadas mientras dibujaba y golpeaba sus glúteos cada vez que balanceaba los pies desde el suelo hacia arriba. Sirius rodó los ojos sin poder creer que su prima fuese tan infantil, pero cuando vio esa sonrisa de niña pequeña, sintió un ligero sentimiento de ternura. Se acostó nuevamente en su lugar cerrando los ojos, tratando de olvidar que estaba hasta la mierda con todo ese asunto.

Luego de varios minutos, percibió como una mano movía su hombro, por lo que abrió los ojos y ladeo la cabeza para encontrarse con Bellatrix a su lado sentada sobre sus talones

-¡Mira!- le dijo mientras le tendía uno de sus dibujos con una sonrisa hermosa en su rostro

Sirius se incorporó y tomó el dibujo que le ofrecían -¿Qué se supone que es esto?-

Bella se acercó más a él quedando apoyada sobre sus rodillas y una de sus manos, mientras con la otra le señalaba lo que iba describiendo- Esta soy yo- dijo mostrando a una mujer en medio de la hoja con el cuerpo muy bien trazado –Y estos son Harry y Draco- terminó su explicación mostrando las cabezas que colgaban de las manos de la mujer en el dibujo. Sirius no podía negar que era bastante bueno, la sangre se veía real mientras colgaba de los cuellos cercenados y a su vez se podían distinguir completamente que eran Draco y Harry tomados por los cabellos. Luego se detuvo en el auto retrato que había hecho su prima. No podía entender cómo es que con una simples crayolas había conseguido hacer un bosquejo tan bueno

-Tienes talento Bella, ¿pero por qué te hiciste los pechos tan grandes?-

-Eso es obvio Siri…, tengo los pechos grandes- contestó mientras se tomaba los senos con ambas manos y los apretaba ligeramente

-He visto mejores- espetó el castaño relajadamente viendo con suficiencia a su prima

-No lo creo, nadie tiene un cuerpo tan hermoso como el mío- terminó mientras se levantaba arrebatándole de las manos el dibujo al hombre para luego salir del lugar. Sirius la siguió y pudo ver que se acercaba a la cocina

-Parece que se acordaron que era la hora de comer- añadió Bella mientras tomaba en sus manos una bolsa con envases blancos dentro, los cuales estaban calientes y desprendían un grato olor que hizo salivar su boca

Sirius miró hacia una de las ventanas comprobando que estaba anocheciendo y sintió su estómago rugir. Se acercó a la mujer y tomó la bolsa que ella tenía agarrada, comprobando que era comida y bastante apetitosa. Les habían mandado arroz con un guisado de carne y zanahorias en su jugo. Absolutamente nada sofisticado, pero que podían comer con los utensilios que tenían, además podía ver que era una buena porción para cada uno.

En silencio se sentaron a comer, sin ver a los ojos del otro puesto que estaban realmente hambrientos. Cuando terminaron, se sentían satisfechos y casi les costaba respirar, pero aquello había estado delicioso. Retornaron hasta el salón que habían estado ocupando y se dispusieron a descansar nuevamente, pero cada uno en su rincón.

Ya entrada la noche, Bellatrix se levantó y se fue hasta la habitación que estaba a disposición y se sacó el vestido que llevaba puesto y las botas, quedando solamente en ropa interior. Deshizo la cama y se metió dentro de las sábanas cubriendo su cuerpo con ellas. Luego de unos minutos, sintió como el otro lado del colchón se hundía ligeramente, por lo que se dio la media vuelta y pudo ver a Sirius quitándose los zapatos

-¡¿Qué mierda se supone que estás haciendo enfermo?!- preguntó ella mientras se sentaba y cubría su pecho con las mantas

-Me vine a acostar…, es lógico ¿no?- contestó Sirius mientras se quitaba los pantalones y la camisa, quedando solo en bóxer

-¡Tú no vas a dormir aquí!- gritó Bella escandalizada

-No pienso dormir en un sillón, si quieres hacerlo tú…, por mí está bien- dijo mientras levantaba las sábanas y se metía dentro de la cama, pero antes de que pudiera acostarse como corresponde, vio la pierna de Bellatrix salir de entre la tela y plantarse en su rostro, haciéndolo caer de la cama al suelo de espaldas -¡PERO QUÉ MIERDA TE PASA LOCA!- amonestó mientras se tocaba la nariz comprobando que no se hubiera quebrado

-¡No vas a dormir conmigo asqueroso!- replicó la azabache, cubriéndose nuevamente los pechos

-¡ESTÁS ENFERMA! ¡PUDISTE HABERME ROTO LA NARIZ!- respondió Sirius, mientras destilaba odio por los ojos -¡ES QUE ACASO NO SABES QUE UN ROSTRO ASÍ NO PUEDE SER RESTAURADO!-

-Aunque te arreglara el mejor cirujano Muggle del mundo o cualquier Medimago experto, jamás podrían dejarte bien…, si ya de por sí eres feo- dijo Bella mientras le sacaba la lengua

-¡JA!, ya quisieras decir eso Bella, si sabes que tienes al primo más hermoso del planeta- contestó el castaño mientras se volvía a meter en la cama –Cómo me vuelvas a patear, te juro por todos nuestros ancestros que te meto el pie por el culo- amenazó mientras apuntaba el dedo índice hacia el rostro de su prima

-Ya quisieras tú meterme el pie en el culo- espetó Bellatrix con desagrado mientras colocaba una almohada entre ambos para separarlos lo más posible

-Ya quisieras TÚ que te metiera otra cosa por el culo primita- respondió Sirius con sorna mientras se ganaba otra patada de la mujer en las piernas.