Bellatrix se despertó completamente relajada, lo cual no era algo común en ella puesto que normalmente no solía dormir bien después de haber estado tantos años en Azkaban. Sentía como los rayos del sol calentaban ligeramente su rostro y pensaba que se sentía agradable. Lentamente comenzó a abrir los ojos aclimatándose al nuevo día que comenzaba, pero cuando fue consciente de su cuerpo, sintió que algo se cargaba contra su cintura, rodeándola por todo el contorno, por lo que comenzó a deslizar sus ojos hacia el origen del calor que sentía y vio un brazo que la tenía firmemente agarrada. Siguió el sendero de la extremidad para ver de dónde venía hasta que se encontró con un fibroso hombro, el cual daba camino hasta un cuello delicado y subía hacia un rostro apacible completamente relajado a su lado, del que no se había dado cuenta que estaba casi a un palmo de sus labios. La imagen de Sirius durmiendo con ella abrazada le hizo sentir un calor que jamás había experimentado, y desde la punta de sus pies, un hormigueo comenzaba a tomar parte de su cuerpo. Realmente nunca lo había visto dormir así y pudo recordar cuando de niños dormían juntos en la pieza de él, abrazados como en ese mismo momento, pero como con ella nada era normal
-¡QUÉ HACES!- gritó mientras con ambas piernas botaba de la cama al castaño, pero cayendo ella a su vez por la fuerza que hizo sin medir su territorio y al haber estado en el borde del colchón
Sirius se tocó la cabeza por el duro golpe que se dio al caer de la cama -¡¿QUÉ HACES EN MI CAMA?!- preguntó desaforado viendo como la mujer se levantaba del suelo
-¡¿QUÉ HACES TÚ EN MI CAMA?!- gritó de vuelta sobándose la espalda baja con ambas manos
Ambos se quedaron callados al recordar en dónde estaban, maldiciendo mentalmente al Salvador del Mundo Mágico y al Heredero de los Malfoy. Luego de salir del estupor, se miraron el uno al otro directamente cargados de odio, hasta que se dieron cuenta que estaban casi desnudos
-¡Morgana! ¡VISTETE EXIBICIONISTA!- demandó Bella mientras ponía sus manos en ambas caderas
-¡EL EXIBICIONISTA SOY YO Y LA QUE ESTA CASI MOSTRANDO LAS TETAS Y EL CULO ERES TÚ!- respondió Sirius mientras colocaba sus manos frente a sus partes íntimas tratando de cubrirlas sobre el bóxer, sintiendo como un rubor se asentaba en sus mejillas
-¡Por Salazar!- contestó ella mientras cubría sus pechos con uno de sus brazos y con la mano trataba de tapar el triángulo que formaban sus calzones
Sirius no sabía que era peor, si estar casi pegado viendo los pechos de su prima o sentir como se empezaba a formar una erección entre sus piernas –Voy al baño- dijo luego de salir de su calvario
-¡YO LO PEDÍ PRIMERO!- dijo la azabache mientras corría hacia la ducha luego de haber tomado su vestido y las botas que estaban en el piso
-¡NUNCA LO PEDISTE!- gritó finalmente el castaño mientras se volvía a meter dentro de la cama esperando que la mujer desocupara el baño.
Luego de que ambos estuvieron aseados, bajaron las escaleras empujándose, intentando llegar primero que el otro hasta la cocina, sintiendo el exquisito olor que provenía de ella
Se sentaron a comer el desayuno que les habían aparecido, sin contar con que los cafés estaban dentro de vasos entrenadores térmicos para niños y que nuevamente todo tenían que comerlo con cucharas.
Estuvieron el resto del día sin dirigirse la palabra ensimismados en sus propios pensamientos, uno de ellos con la clara imagen de como despellejaría a los malcriados que los habían metido allí y la otra pensando en cómo sería la vida si hubiese sido un unicornio volador. Y es que la verdad era que los pensamientos de Bellatrix no tenían nada que ver con su carácter.
Volvieron a almorzar de la misma forma, sin hablarse y sin mirarse, con las cabezas agachadas casi tocando la comida con sus narices para luego volver a sus rincones cual niño pequeño castigado, pero a la hora de la cena, no había aparecido comida, sino que había una extraña caja en la encimera.
Bella fue la primera en verla luego de sentir la leve magia a su alrededor, por lo que sin saber que era y sin querer arriesgarse a que fuera algo mortal o algún objeto maldito, llamó a su primo
-Oye perro- dijo ella cuando había llegado al lado del hombre que yacía acostado en el suelo con un brazo tapándole los ojos
-No molestes Bella- contestó el castaño sin moverse
-Han dejado una caja en la cocina y quiero que vayas a verla- ordenó la azabache
-¿Cómo que una caja?- la curiosidad era más grande y Sirius por fin se había levantado dando rumbo a sus paso hacia donde estaba el objeto
Al llegar, vio que se trataba de una caja rectangular la cual tenía una pequeña tapa en la parte de arriba. Se acercó a ella y luego de tomarla sintió que había líquido en su interior. La abrió lentamente y acercó su nariz hacia la abertura que había quedado, abriendo los ojos como platos al notar aquel exquisito olor que tanto conocía
-¡Es Whisky!- dijo por fin llevándola inmediatamente a sus labios sacando del contenido un gran sorbo
-¿Cómo que whisky?- preguntó Bella sin poder creerlo, por lo que se acercó y olfateó desde donde se encontraba, encontrando un rastro del aroma en el aire -¡Dame!- dijo quitándole de las manos la caja a su primo y bebiendo como si la vida se le fuese en ello
-¡No te lo acabes toda viciosa!- amonestó el hombre arrebatando de nueva cuenta el licor a su prima y bebiendo nuevamente
-¡Te lo vas a tomar todo!- se quejó Bella mientras le pegaba un puñetazo en las pelotas a su primo haciéndolo doblarse y así poder tener la caja para ella, llevándosela a los labios mientras corría hacia el segundo piso sin quitar la boca de la apertura
Sirius al verla salir del lugar, corrió tras ella dejando su dolor de lado y con el miedo de que no le quedara nada para beber a él. Cuando la encontró, pudo ver que se había sentado en una de las esquinas de la habitación, mientras empinaba la caja como poseída
-¡Bellatrix! ¡Déjame!- gritó mientras se sentaba al lado de la bruja y tomaba la caja en sus manos, bebiendo nuevamente completamente feliz de tener alcohol en el cuerpo.
Así estuvieron durante media hora, peleando por quien debía beber nuevamente, sin embargo, no se dieron cuenta de que se habían acabado todo el contenido de la caja en un abrir y cerrar de ojos
-Quiero más…- dijo Bella mientras volteaba la caja viendo como no caía ni una mísera gota de licor
-Te lo acabaste todo- contestó Sirius con pesar al verse despojado de lo único que lo podía hacer feliz
-Tú no te quedaste atrás perrito-
-Tú tampoco loquita-
Se miraron fija y severamente por varios minutos, hasta que soltaron sendas carcajadas, dándose cuenta de lo absurdo de la situación. Se quedaron sentados en aquel lugar con las cabezas apoyadas en la pared que sostenía sus cuerpos, solamente escuchando el sonido que hacían sus respiraciones
-Sigues siendo la misma malcriada de siempre- dijo el castaño curvando sus labios en una breve sonrisa
-Tú sigues siendo el maldito dolor en el culo que tenía encima siempre que iba a tu casa- devolvió la azabache
-Te gustaba estar conmigo enferma-
-A ti te gustaba estar conmigo pulgoso-
-Pedías ir a verme-
-Pedías que me quedara a dormir contigo-
-Y tú no te oponías a ello-
-Seguro me iba a oponer si te ponías a llorar cuando llegaba la hora en la que tenía que irme-
Nuevamente se quedaron callados sabiendo que esa discusión no llegaría a ninguna parte
-¿Crees que tengan razón?- preguntó finalmente Sirius, rompiendo el silencio que se había formado en el lugar
-¿Quiénes?- devolvió la pregunta Bella, mientras posaba sus ojos sobre los grises del hombre
-Draco y Harry…, ¿crees que tengan razón?, quizá le hacemos daño a los que están alrededor de nosotros cada vez que estamos juntos y echamos a perder todo en menos de un minuto-
-¿Razón?, no me hace ni una puta gracia que me engañen y luego me dejen encerrada en este lugar. Ya estuve en una situación parecida hace años, pero sin tan mala compañía- contestó ella soltando un bufido
-Oye, cualquiera desearía tener que estar aquí conmigo- se quejó el castaño sintiéndose dolido
-Sí, cualquiera menos yo- amonestó ella, dándole un golpe en la cabeza con la mano a su acompañante y levantándose de su lugar para acercarse a la cama y tirarse sobre ella de forma estrepitosa
Sirius la siguió y se acostó a su lado colocando sus manos bajo su cabeza –Ambos la pasamos mal en esa mierda de cárcel Bella, no lo olvides- añadió con la vista pegada sobre el techo
-Eso no lo vuelto y sé que ambos lo pasamos horrible, nadie puede sentirse cómodo estando allí- dijo ella sintiendo un ligero apretón en el pecho –y quizá sea por eso mismo que no llevamos como la mierda-
-¿Por qué?- preguntó con curiosidad ladeando la cabeza y mirando directamente a la cara de su prima que veía a través de las pseudo ventanas
-Porque eres el único entre todos que puede entenderme en ese aspecto…- contestó con la mirada completamente perdida
Se quedaron callados sopesando la situación en la que estaban y sintiendo el suave mareo que les dejaba el alcohol sin haber comido nada antes
-Quizá por eso mismo es que nos odiamos- rompió el silencio nuevamente Bella, cerrando los ojos para poder disfrutar del agradable mareo que sentía
-Yo no te odio…- contestó Sirius observándola fijamente, pero al ver que Bella no lo veía y dudaba de si lo estaba escuchando, acercó su mano hasta la barbilla de ella y la giró lentamente logrando que los oscuros ojos se abrieran –yo no te odio- dijo nuevamente con mucha más seguridad
Bellatrix no sabía qué decir, por lo que simplemente se levantó y se sacó la ropa quedando nuevamente en interiores, para luego meterse dentro de la cama cubriendo su cuerpo. Se quedó callada por varios minutos hasta que sintió que Sirius también se acostaba a su lado –Yo tampoco te odio- dijo finalmente casi en un susurro, pero tan audible que el castaño había logrado escuchar.
No pudieron dormir y ya era de madrugada. Ambos sabían que el otro estaba despierto, pero eran demasiado orgullosos como para seguir demostrando sus sentimientos, aunque sea dicha la verdad, el alcohol siempre te da la valentía de decir todo aquello que sobrio te cuesta y esta no era la excepción, dejando de lado el hecho de que los efectos del whisky ya se les habían pasado
-Cuando salí de Azkaban, pensaba que Cissy estaría feliz de verme. Que podría estar nuevamente con mi hermana pequeña y que todo sería levemente tranquilo, pero me di cuenta que no sería así hasta que el Señor Tenebroso muriera…, siempre supe que no ganaría, pero creo que mi cordura no estaba muy bien como para darme cuenta de las cosas…- dijo Bellatrix con el rostro entre sus brazos
-Yo tampoco recibí grandes afectos cuando logré escapar- añadió Sirius- todos creían que era un asesino y mis amigos ya no estaban. Uno había muerto, el otro no me creía y el último era un malnacido, por lo que me vi solo por mucho tiempo…-
-La vida es una mierda realmente, pero no puedo quejarme si los errores los cometí yo. Por último tienes el consuelo de saber que eras inocente, en cambio yo no puedo decir lo mismo, lo único bueno es que Harry logró darme condena vigilada, creo que no habría soportado volver a ese asqueroso lugar-
-No habría permitido que te llevaran de vuelta Bella…, y sí, era inocente, pero nadie me creía, estaba solo y no servía de nada el saber que no había hecho las cosas por las que me habían encerrado. Logré escapar para estar enclaustrado dentro de mi propia casa- contestó el castaño con melancolía
-Al menos tenías tu casa Sirius…, yo no puedo decir eso. Llegué a la mansión de mi hermana para estar con el asqueroso de mi marido…, no podía soportar estar con él y esa era una de las cosas por las cuales siempre aceptaba las misiones que nos mantendría lejos por varios meses- dijo Bella bajando los brazos y mirando nuevamente hacia el techo
-Siempre pensé que estabas bien con él-
-Pensaste mal. Nunca lo quise, de hecho jamás estuve de acuerdo con casarme con él, pero realmente lo que yo quisiera no importaba a los ojos de mis padres y creo que por eso mismo siempre los odié, hasta el día de hoy. No fueron capaces de ver por su hija, sino que siempre importó más la estúpida mierda esa de la sangre, sobre todo cuando me exigían traer al mundo a un heredero-
Hubo un gran silencio luego de esa sentencia, y que es ambos compartían el odio hacia sus progenitores, aunque por motivos diferentes. Nunca habían pensado en lo mucho que podían parecerse ellos dos, sobre todo porque cuando se veían comenzaba una batalla campal, pero si sopesaban las circunstancias por las que habían tenido que pasar y sobre todo las experiencias que los unían, eran bastante parecidos y podían regocijarse en el hecho de que al menos dentro de sus mundos habían alguien que los podía comprender, que entendería sus malas palabras sin llegar a más que eso, simples palabras y sobre todo el tener a alguien que te hacía sentir vivo por el simple hecho de tener con quien discutir sin tener el miedo de herir los sentimientos del otro, porque aunque ambos eran crudos y asquerosamente hirientes, sabían que su contraparte no se amedrentaría, sino que en lugar de echarle agua al fuego, le tiraría bencina
-Esos somos los Black…- dijo Sirius posando los ojos sobre los de su prima que ahora sí lo veía directamente
-Esos somos los Black- repitió ella dejándose llevar por los grises orbes que le miraban
Pasaron varios minutos perdiéndose en la mirada del otro, sin decir nada y a la vez diciendolo todo. Sabían que no era fácil para ninguno de los dos dar su brazo a torcer, pero si estaban allí podrían darse la oportunidad de sanar un poco la herida que cada uno tenía alojada y que nadie podría sanar más que aquel que tenían enfrente
-Quizá todo esto sea una puta mierda, pero ciertamente, sin esto jamás podríamos haber hablado sin tirarnos nada por la cabeza- comentó el castaño
-No, no habríamos podido, pero eso no significa que le daré las gracias a esos críos de mierda por habernos mentido- añadió Bella
-Yo tampoco dije que iría corriendo a sus brazos llorando para darles las gracias, esto lo van a tener que pagar, pero por lo menos puedo ver nuevamente a la niña que dormía conmigo en mi casa- dijo Sirius mientras acercaba una mano al rostro de la mujer que tenía los ojos brillantes gracias a la luz de la luna
-¿Te estás poniendo sentimental perrito?- preguntó de forma burlona- pero sí…, yo también puedo verte Siri- dijo con un rastro de añoranza en sus labios dejándose acariciar por aquel que había sido su compañero de juegos y maquinaciones de niña
-Siempre he extrañado el pasar el tiempo contigo Trixie, pero creo que con el pasar de los años, nuestras aventuras juntas solo subieron de nivel- añadió él, acercándose hasta el cuerpo femenino para atraparla bajo sus brazos sin querer dejarla ir
-Sí, llegamos al nivel de hacer que todo a nuestro alrededor empiece a arder en llamas- contestó ella, sintiéndose acogida y protegida bajo los brazos de su primo, y es que aunque sabía que eso era demasiado cercano y que hace solo unas horas habían estado peleándose por quien bebía más que el otro, por quien ocupaba el baño antes que el otro y de haberlo tirado a patadas de la cama en la que estaban ahora acostados, sencillamente se sentía bien estar así y le gustaba
-Con nuestras bellezas todo arde alrededor querida- acotó Sirius con una voz seductora y grave
-Querrás decir con MI belleza, porque la tuya aún no puedo verla- respondió la azabache doblándose de risa al sentir como el hombre movía las manos hacía sus costillas haciéndole cosquillas, dejándose llevar por las sensaciones que estaba adquiriendo y por la risa genuina que brotaba de sus labios así como lo hacía su primo, quien se maravillaba con verla riendo de esa forma gracias a él, encontrando nuevamente a su Trixie, rogando a todos los dioses por que no se la llevaran nunca más
Pasaron mucho rato así, hasta que ambos cayeron en los brazos de Morfeo con bellas sonrisas en sus rostros, aquellas que solo tenían guardadas para nadie más que ellos.
