Powerpuff Girls no me pertenece.

Capítulo XI

''Desconfía, incluso de ti mismo''

Se quedó asimilando la situación en la que se encontraba, probablemente apoyar a la policía se encontraba en el aspecto menos inteligente que había hecho los últimos días.

Sin contar otros errores que no deseaba recordar. Para su escala de equivocaciones, esa era una vara bastante alta, simplemente en esos momentos aspiraba el no re catalogar por milésima vez el modo en el que está haciendo las cosas. Pasando con una velocidad mortificante de lo ''correcto'' a lo '' desacertado'' y a nada de acariciar lo ''estúpido''

En esos momentos, incluso esperaba escuchar un ''te lo dije'' de Buttercup y un ''no pasa nada, todos cometemos errores'' de Bubbles. Deseaba escucharlo, aunque eran algunas frases que más le llegaron a irritar en el pasado.

Con cuidado pasó de página nuevamente, tallando sus cansados ojos en el proceso, hinchados a causa del cansancio y morados por los constantes desvelos que se ha estado presionando al trasnochar buscando un método de poder comprender todo lo que sucede, y es que repentinamente, los secuestros empezaron a tornarse en algo terriblemente más, serio y preocupante.

Le fue complicado el lograr que le permitieran estar presente durante el proceso de la autopsia, tomando muestras en el proceso para identificar que clase de desagradable hibrido era. Su alma se vino al suelo tras enterarse que compartía un cierto porcentaje de ADN con uno de los casos de desaparición. La policía decidió simplemente abandonarlo como la ''muerte de un animal por accidente'', las cuestiones de la vida salvaje no se relacionan a los humanos, al fin y al cabo.

Detuvo sus ojos para levantarlos a la ventana frente a ella, a sus narices un guardia militar le devolvió la mirada con notoria desconfianza, por su parte brindó una sonrisa inocente. Se encontraba dentro de la bóveda dónde se encontraban todas aquellas actas de defunción antiguas, encontrándose con papeles con fechas de hace más de quince años, después de todo, era ilegal deshacerse de ellos, sin embargo, debía felicitar a la administración del departamento de censos de la ciudad. Felicitarlos por esconder información, si ésta se hubiera encontrado en el edificio que destruyeron Buttercup y Bubbles su trabajo se hubiera vuelto aún más complicado.

Muchos papeles se encontraban amarillentos por los años, algunos acercándose a un estado de descomposición total.

Lo que sí le sorprendió, al estar metiendo sus narices dónde no debía, es que las desapariciones no iniciaron hace meses como se empezó a creer. Éstos llevan sucediendo desde hace tres años para ser exactos, comenzando con un hombre sin hogar de los barrios bajos dónde Buttercup solía pasarse el tiempo. Uno llamado David Jones.

''Hace años que nadie menciona su nombre, incluso él estando en vida; probablemente para el gobierno era una simple basura, una que hay que ignorar, pero para mí, era mi único amigo y el amor de mi vida''

Fue lo único que dijo un señor que lucía entrado en la vejez a pesar de en realidad tener solo la edad de treinta dos jóvenes y bien vividos años, mismo que se dedicaba a merodear por las calles, comiendo de la basura, vistiendo lo que encontrara, y con un VIH bastante avanzado, siendo éstos sus últimos meses con vida. Willim era el amante de David Jones.

A Blossom se le achicó el corazón, y el caso de David Jones no era el único, solo fue el comienzo de una fila de desapariciones, llegando hasta ahora a los ciudadanos con voz y nombre en la sociedad, que fue cuando ella se enteró de los terribles casos.

Lo único que podía hacer para ayudarle, era costearle la comida, un techo y una atención médica decente para que no muriera en el olvido, abandonado y en la fría intemperie.

''Niña, algo te están escondiendo, si yo fuese tú, no confiaría ni en mis pensamientos, no es la primera vez que veo esas cosas asquerosas… Esa marranada en la que se convirtió mi David, ¡ay mi querido David! Mira cómo terminaste, a ti que no te gustaban las babosas, pero moriste cómo una.''

Hablando más para sí mismo, que para la powerpuff girl, Blossom se despidió con un nudo en la garganta, hace meses le hubiera parecido un lunático, pero en esas cuestiones, incluso les encontró sentido a sus tristes palabras.

Confiando en el criterio de William, Blossom decidió que era un hombre al que valía la pena escuchar.

Y allí estaba ella, buscando coincidencias al caso que presenció hace algunos días en las concurridas calles de la ciudad, dónde ofrecieron todo el dinero posible para mantener la compostura en los medios. Sus manos no podían evitar temblar cada vez más, al toparse con casos similares, que en su momento le arrancaron importancia.

Justo como William dijo.

Blossom estaba metiendo su nariz en aguas cada vez más turbias y profundas, a ese punto era imposible salirse del mar sin tragar litros y litros de salada responsabilidad. Si le obligaran a clasificar con palabras lo que el departamento de policía estaba haciendo, pondría las manos al fuego a que esto es a kilómetros una situación que están escondiendo del Alcalde, por no decir ilegal, que no cuenta con muy buenos abogados.

Incluso no podía sacar absolutamente nada de esa habitación, debía intentar recordar toda información posible para poder ir a comentarle su veredicto al anciano, rogándole a los cielos y a todo Dios existente que el señor no fuera parte de todo aquello, porque sin la ayuda del Alcalde, probablemente no pueda actuar demasiado, que sería totalmente desolador y las ganadoras no serían ellas.

Aquello era un simple pasivo-agresivo juego de ajedrez, confiaba en la genética de sus hermanas, aún sin saber sus movimientos, mantiene la confianza que será a favor de su gente. O eso desea creer.

Porque, aunque haya disputas, Bubbles y Buttercup siempre apuestan a su victoria en conjunto, y eso es lo que la mantiene cuerda en esos desesperantes días.

-o-


Inconscientemente había dejado de respirar por la nariz mientras pasaba por los oscuros pasillos subterráneos. Ahora comprendía el por qué nunca habían visto nada sospechoso, pero debió haberlo deducido al ya no frecuentar a los criminales de siempre en los últimos crímenes donde participó en su maravilloso trabajo cómo heroína.

A su lado, Ace caminaba encismado con sus pensamientos, estaban continuando el trayecto que la llevaría al médico de confianza de aquel recóndito lugar. Con prudencia y disimulo paseaba sus ojos curiosos en las celdas a sus lados, algunas se encontraban vacías, pero en otras había andrajosa gente con ojos perdidos, algunos le miraban con nauseabundo miedo y otros con rencor inyectado en sus iris. Pero en algo coincidían todos, delgadez rosando los huesos y un demacrado rostro que estaba a nada de convertirse en un simple cráneo de cadáver, muchos contaban con partes calvas en las cabezas, y el poco cabello que les quedaban tenía un aspecto opaco y descuidado.

Hombres, mujeres, de todas las edades. Apretó las manos con coraje, evitando irse a los golpes de inmediato con cualquier presencia de autoridad. Probablemente a Bubbles le hubiera roto el corazón aquella escena.

—Con el tiempo te acostumbras. —murmuró Ace mientras bajaba la mirada a las sucias botas de sus pies.

''De perder la empatía, supongo'' pensó Buttercup intentando recordar el libro que le enseñó Blossom la noche dónde abandonó su casa, había estado tan irritada y frustrada que no se tomó el tiempo en echarle un ojo a las imágenes que se encontraban acompañas de información de los desaparecidos. Sin embargo, si recordaba las facciones de la mujer en la fotografía que tenía por separado, misma que arrugó con sus propias manos.

Caminaron en silencio durante cinco minutos más, llegando al final del pasillo había una puerta iluminada por luces blancas, le recordaban a las de los hospitales.

—Es aquí.

Cerró los ojos por la diferencia de iluminación, casi cegada por la pulcritud del lugar, causando un abismal cambio de entornos, limpio, iluminado y cuidado, a diferencia de las celdas anteriores. Buttercup se tomó todo el tiempo posible analizando el civilizado lugar con asco.

—Ya la traje, Mojo.

El conocido mono salió de un inútil escaparate con vidrios oscuros y la morena nunca había sentido tanta pena ajena por su autoproclamado enemigo. En su rostro había numerosas arrugas que le daban un aspecto aterrado, además su cerebro se encontraba a la luz de todos, sin contar con su considerable calvicie, perdiendo el vello de su peludo cuerpo. Incluso ahora usaba lentes.

Buttercup evitó una arcada al ver su piel viva expuesta.

—Oh, ¡mi querida Buttercup! ¡cuánto tiempo sin verte! Nunca creí encontrarte por estos lugares.

El jubiloso tono ronco de Mojo Jojo resonó en la habitación, acercándose a la joven le tendió la mano, como un igual, sin darle tiempo de reaccionar, tomó la de Buttercup y le dio un apretado saludo. La palma de la chica cosquilleó al tocar piel rasposa y puntiaguda, justo como una barba.

—Pues, ya ve. Así actúa la vida.

El mono le dio ademán de que se acercase a su escritorio, invitándole a que se sentara frente a él, Ace se rascó la nuca, incómodo por la amabilidad de Mojo Jojo, rechazó un café que le ofreció y decidió abandonar la habitación con un ''Tengo cosas que hacer, al rato vengo por ti Buttercup''

A la powerpuff girl nunca le habían parecido tan agradables palabras provenientes de Ace, justo necesitaba tiempo a solas con el chango de su papá. Frente a ella y con la luz encima de sus cabezas logró apreciar con mayor atención el mediocre estado del criminal, no tenía nada que envidiar a la pobre gente de las celdas en cuestión de salud, Mojo Jojo se dedicaba a leer por encima algunas hojas blancas, buscando algo en específico.

—Así qué… ¿Ahora tienen esclavos?

—Oh, más que esclavos, son experimentos, no sirven para nada más —le respondió desinteresado restándole importancia, a la violenta mujer le rechinaron los dientes, decidió distraerse observando que demonios miraba Mojo Jojo.

—¿Que buscas?

—Huh, nada importante… Solo no encuentro los análisis de mis chicos. Con tanto papeleo uno se pierde ¿sabes?

¿Sus chicos? La jovencita se inclinó sobre el escritorio y decidió aventurarse con un tono amistoso y despreocupado.

—Sí, sí, lo entiendo. Me sucede con la escuela, yyy ¿de qué son esos análisis?

Recibió de respuesta algunos balbuceos del mono, lucía estresado. —Los normales, médicos.

—Oh.

Sí claro, como entiendo mucho al respecto. Incluso podría aventurarse a declarar que el conocimiento médico del mono le hacía pelea al suyo, ya que según recuerda era casi nulo, a menos que se haya estudiado un doctorado justo ahí, Mojo Jojo pareció leer su expresión.

—No soy médico —soltó una carcajada tenebrosa. —Solo soy químico —aclaró sabiondo.

—Y, eh, ¿cuál es tu trabajo aquí?

—Solo el de experimentar —con el rostro pegado a las hojas intentado leerlos, Buttercup no lograba ver su rostro. —¡AJÁ! ¡Aquí están! De mí no escapan. —Separó tres carpetas delgadas en específico de sus montañas de papel y dejó libre su escritorio cuando de un manotazo guardó todo sin cuidado en uno de sus cajones.

La chica con ojos verdes identificó las fotografías de los hombres que se encontraban en los informes en el escritorio, se trataban de los Rowdyruff Boys, no prestó atención a Mojo Jojo mientras preparaba la aguja para sacarle sangre. Un requisito para que le dejaran formar parte era que iban a tener toda prueba sobre su persona, y también se iba a ver obligada a hacer un chequeo físico por parte de Mojo Jojo, también tenían permitido ser inyectada con sus medicamentos, en resumen, si así lo deseaban debía permitir que experimentaran con ella, o eso fue lo que Ace le dijo.

Prestó atención a la fotografía tamaño infantil de su contraparte, con los ojos hundidos y morados se le antojó más un examen toxicológico de un anexo. Pero como ojo crítico de una mujer, podría atreverse a catalogarlo como ''atractivo''.

—Así que, ¿los Rowdyruff Boys?

—Así es, ven. —Buttercup se acercó a la camilla y de un salto se sentó. —Oí que se encontraron con ellos hace algunos meses.

—Sí bueno, algo así. —Miró como se le desinfectaba el brazo para después colocarle una banda elástica a su alrededor. —Son hmn, ¿parte de esto?

—Podría decirse así. —Mojo Jojo no le encontraba la vena, frunciendo el ceño le cambió de tema —También escuché que se encontraron con algunos monstruos, ¿cómo eran? ¿fuertes? ¿veloces? ¿fantásticos?

El semblante malicioso del chimpancé no le causó buen augurio, decidiendo quedarse callada en cuanto a sus preguntas, el pareció notarlo y se aventuró a otra rama. —¿Cómo se encuentran tus hermanas?

—Allá andan. —Contestó con un tono severo asegurándose que el otro se de por enterado que en un tema que nunca estará en conversación. Teniéndolo tan cerca, no sería difícil alargar su mano y enrollarla alrededor del cuello de Mojo Jojo para después…

—¡Ya está! ¡listo! Ahora ve y ponte una bata.

Con un sobresalto Buttercup mantuvo sus manos quietas con ansiedad. No comprendía la fuerza de aquel ghetto, pero debía tenerla, por algo debe haber prevalecido. Con aprensión se apuró a irse tras unas cortinas para lograr desvestirse.

Más vale que salga algo bueno tras esa tarde siendo un experimento en las manos de Mojo Jojo.

-o-


No pudo evitar sentirse nerviosa e intimidada cuando su persona fue juzgada con escrutinio mientras pasaba de escalera en escalera, cada vez un piso más alto, ¿desde siempre han sido así de desconfiada la seguridad del Alcalde? ¿o simplemente estaba exagerando con su paranoia?

Con paso tambaleante se acercaba cada vez más a la oficina del mayor cargo de la ciudad, con la incertidumbre de no tener la menor idea que sucederá. Vislumbró la elegante placa en la que se leía el título de ''Alcalde'', tocó la puerta con su puño prestando especial atención que no sea un ruidoso golpe, esperó a la deriva, las ansias carcomiéndola cada vez más con sus bellos crispados.

¿Con qué así se sintió Bubbles?

Un animado ''pase'' la invitó a continuar, apoyando sus palmas contra las puertas, las abrió de dos en dos topándose con el pequeño anciano sentado en su imponente y autoritario escritorio, Sara Belo le sonrió maternalmente, brindándole paz.

Se sentó en un alargado sillón negro no sin antes de decir ''con permiso'' a la vez que pasaba por la oficina.

—Que novedad tenerte por aquí, niña. —el Alcalde saltó de su silla para acercarse a la pelirroja, Blossom sostuvo su mirada en la sonrisa cansada del Alcalde, éste viéndole perspicaz, con una sabiduría que solo años de vida te brinda. Misma que ella se encontraba lejos de alcanzar muy a pesar de sus conocimientos. —Me imagino que no fuiste bien recibida. —comentó con tono tranquilo mientras tomaba entre sus manos el té que su secretaria le ofreció.

La pelirroja abrió los ojos y el diminuto hombre soltó una carcajada, carraspeando la garganta, decidió no darle vueltas al asunto, bien, el Alcalde sabe, pero ¿de qué lado se encuentra?, tentó a la suerte.

—Así que ya sabe.

—No era así hasta hace poco.

Levantó los ojos hacía los del hombre, éstos lucían profundamente preocupados, sin abandonar su infantil y esperanzadora energía.

—No puedo ayudarte de mucho, yo no, cuando menos. En éstos momentos mi rango es solo una formalidad, pero quién diría que la gente del pueblo estaría detrás de todo. —mencionó a la vez que su expresión se volvía una inusual mueca, a Blossom le pareció ajena.

—Discúlpeme por no haberme dado cuenta antes.

—No te preocupes por el pasado. Ahora debes preocuparte por el presente, y por nuestro incierto futuro. —El tono paternal le dio ganas de llorar. —Sin embargo.

La ex líder de las disueltas Powerpuff Girls prestó atención a cómo su mueca se convirtió en una engreída sonrisa enseñando los dientes. —Esos idiotas creen que mi poder se limita a unos cuantos policías y químicos de cuarta. La verdadera calidad está sigue estando a mi mando querida. Solo es cuestión de encontrarlos.

Confundida la joven le miró sin comprender. Mirando de la señorita Belo hacía el Alcalde, la hermosa mujer pelirroja le explicó: —Al tener un puesto tan importante, el Alcalde se dedicó a reunir sus propio equipo militar, médico y químico, siendo un servicio personal, fueron los mismos que le hicieron las pruebas a los Rowdyruff Boys cuando se presentaron en el edificio.

Una temblorosa sonrisa se acomodó en el pálido rostro de Blossom, dándole vida nuevamente a sus muertas esperanzas.

—Efectivamente niña, y ahora es tuyo. Es menos probable poder asesinarte a ti, que asesinar a un viejo hombre que está más allá que acá. —explicó con un tono alegre. —Ustedes son mi pieza del juego.

Sintió una mano en su hombro, detrás de ella Belo le sonreía, su melena rojiza brillaba cómo una intensa llama de fuego. —Yo tampoco tengo la menor idea de dónde se encuentra Bubbles o Buttercup, pero sé que están luchando a su manera. —alargando sus brazos le dio un abrazo en sus hombros para después abandonar una placa en sus piernas, una dorada placa que le brindaba todo poder sobre las fuerzas privadas. —Estamos apostando todo a que ustedes ganarán. Encuentra quién está atrás de todo.

Por su parte, Blossom nunca se había sentido tan viva y con tantas ganas de luchar. —¡Much… hmn…

Con cuidado, la adorable mamá adoptiva de Bubbles le tapó la boca, pidiéndole que guarde el secreto en silencio, a causa de su posición. El Alcalde se adelantó y casi gritando dijo con porte enojado: —¡Así que, por favor, deja de molestarnos! ¡Que a la otra te mando a encerrar!

Sara Belo le pegó un manotazo a la mesita al lado de ellas a la vez que le guiñaba un ojo.

—¡Una disculpa Alcalde!

Blossom gesticuló un ''Gracias por todo'' y abandonó la habitación, con la placa escondida entre sus ropas. Fingiendo abatimiento cuando pasó al lado de los guardias.

Al igual que las Amebas, el Alcalde había quedado fuera del juego, pero le dio una relevante pieza y conocía de sobra a un inteligente científico que se podía hacer cargo de tal prominente poder.

Ahora simplemente debía encontrarle las herramientas.

NA: ¡Finalmente logré escribir un capi como se debía!, estaba releyéndolo y una enorme disculpa por mi escritura sosa, a la otra me aseguraré de checarlo más veces, no cómo los últimos episodios.