Por la mañana, ambos Black despertaron abrazados el uno al otro, sin tener en claro que era lo que había cambiado realmente en su relación. Por la parte de Bellatrix, sentía como un ligero sentimiento de familiaridad y añoranza se empezaba a formar dentro de su corazón, el cual ciertamente había extrañado desde que se había separado su camino del de su primo y por parte de Sirius, podía ver como su prima, aquella que le había llenado su infancia de alegrías, volvía con él, pero siendo sincero, sentía que además empezaba a verla con los ojos de un hombre, lo cual le hizo sentir un poco acongojado y agobiado, puesto que dentro de sus principios e ideales, los cuales había creado al momento de dejar su casa siendo un adolescente, se veían puestos en jaque.
Bajaron a desayunar luego de que ambos se bañaron y se vistieron, dando gracias a que los ineptos que los habían metido en ese embrollo se hayan dado el tiempo de hacer que sus ropas estuviesen limpias por la mañana, incluso la ropa interior que llevaban puesta.
A diferencia de lo que habían estado haciendo desde que llegaron, Bella y Sirius comenzaron a conversar más, a decirse aquellas cosas que habían tenido que pasar una vez que salieron de Azkaban y lo que tenían en mente cuando la guerra se estaba librando, conociendo mucho más los miedo del otro y las fechorías que cada uno había cometido, ya que Sirius tampoco era una santa paloma, teniendo en cuenta que ya no se aislaban por su lado en el rincón que habían reclamado como suyo, sino que ya eran capaces de poder estar sentados uno frente al otro sin intentar matarse, aunque Bellatrix seguía siendo tan brusca como siempre, y eso entendió Sirius después de que ella le tiró uno de los cuadros que estaban colgados en la sala de estar por la cabeza, luego de que ella le había gritado que no la estaba escuchando cuando le hablaba.
Almorzaron y cenaron con tranquilidad sin que grandes altercados pasaran dentro de aquellas horas, Bella había seguido dibujando como si fuera un niña pequeña, lo que a los ojos de Sirius fue un regocijo, además de sentir que su prima, por muchos trastornos que padeciera, seguía siendo la niña dulce y tierna que conoció, pero en el despampanante cuerpo de una mujer, y aquel pensamiento fue el que lo empezó a volver loco.
Llevaban dos semanas dentro de esa casa, recibiendo comidas a horas destinadas, pero sin haber tenido una sola gota de whisky más en sus cuerpos. Solían conversar de diferentes temas y cada vez se daban cuenta de que se parecían mucho entre ellos, solo que ella tenía pensamientos un poco más extremistas que el castaño, sobre todo a la hora de planear una venganza, y es que una de las cosas que habían estado haciendo era eso, planear su venganza contra Harry y Draco, pero para la desgracia de Sirius, cada vez veía en su prima a una mujer y ya no a la loca de Bellatrix.
Ante sus ojos podía dilucidar que la mayor de las Black se había convertido en una mujer hermosa, con una pálida piel cual porcelana, rodeada de una melena azabache que delimitaba y acentuaba sus facciones aristocráticas, unos pozos oscuros que cada vez que los veía comenzaban a llevarlo hasta la perdición máxima. Podía ver que jamás había deseado tanto unos labios como deseaba los de Bella, sin contar que el cuerpo de ella había comenzado a causar estragos en su mente y en sus partes bajas, ya que cada vez que ella se le aceraba para mostrarle alguno de sus tórridos dibujos, llenos de sangre y vísceras, él se perdía dentro del pronunciado escote de la oscura ex mortífaga.
-Te gusta ¿cierto?- preguntó Bella cuando veía que Sirius no estaba apreciando el dibujo que había hecho de Harry y Draco con sus intestinos fuera de sus cuerpos mientras se desangraban
-Es precioso- contestó el castaño sin mirar la hoja que tenía en sus manos, sino que perdiéndose dentro de los oscuros orbes que brillaban ante él
-Pero cómo puedes decir eso, si no lo has visto- amonestó ella, soltando una pequeña risa por lo bajo- te la pasas mirándome a mí en lugar de hacer otra cosa, hasta casi siento que hablo sola-
Sirius sentía que su corazón palpitaba al nivel de su boca, sin ser consciente de lo que estaba sucediendo exactamente. Sacudió la cabeza con cierta ligereza y bajó la mirada para poder ver lo que su prima había hecho. Era realmente bueno, los intestinos que salían de los cuerpos de los chicos eran ciertamente casi reales e incluso sintió un poco de nauseas al ver el realismo con el que había dibujado aquello, preguntándose a su vez como es que podía hacer todos esos dibujos con unas putas crayolas, "esas mierdas no se usan para dibujar así" pensó. Miró fijamente a su prima a los ojos, sintiendo orgullo de que esa mujer tan maravillosa fuese sangre de su sangre –Eres fantástica- dijo
-Ay Siri, eso lo sé, pero muchas gracias por decírmelo- contestó ella mientras se sentaba a su lado y hacía galantería de su humilde ser- la verdad es que muchos me han dicho lo mismo, pero jamás después de ver un dibujo mío. No suelo mostrarlos-
Sirius ya no escuchaba nada de lo que salía de la boca de ella y simplemente se extasiaba al verla hablar. La forma en que sus labios se movían, en como sus pechos subían y bajaban con cada respiración que ella realizaba, como su lengua salía de los confines más oscuros para poder lamer los secos labios que amortiguaban aquel húmedo y flexible músculo, llegando a un punto en que no soportó más y acortó el pequeño espacio que había entre ellos.
Sus labios se encontraron con los de Bellatrix, siendo un beso torpe y lleno de nervios al saber que su prima podía rechazarlo. Tenía más que claro que las relaciones entre primos se daban desde siempre entre su familia, pero jamás pensó que él sería uno de los Black que sentiría atracción por una familiar, mucho menos por aquella mujer que siempre repudió y que la catalogó de enferma y loca, pero allí estaba, viendo como su corazón saltaba como loco mientras perdía el juicio por completo.
Ambos estaban en el salón que usaban para poder relajarse durante los días que había estado allí, sentados sobre la alfombra, una de rodillas y el otro con sus piernas estiradas, siendo este último agradecido de no haber estado de pie, ya que sus piernas no habrían sido capaces de aguantar aquel escueto y casto beso. Se separaron lentamente, siendo que el ósculo no fue más que un simple topón de ambos, simple y llanamente un beso casto y limpio, casi como se niños que demuestran el cariño a su contraparte de la misma edad
-Sirius…, ¿q-qué haces?- preguntó Bellatrix una vez que ambos separaron sus labios y volvían a verse a los ojos
-Yo…, no lo sé- contestó Sirius mientras dejaba que su impulsividad tomara parte del acto. Acercó una de sus manos hasta el rostro de su prima y lo acunó con ella, volviendo a acercarse a sus labios para devorarlos con pasión y necesidad. Bellatrix correspondió el beso con hambre y lujuria, dejando que toda preocupación y miedo se fuese por unos minutos de su mente mientras disfrutaba de las sensaciones que estaba experimentando. Dentro de su vida, había estado con muchos hombres además de aquel que había proferido ser su esposo, por lo que tenía vasta experiencia en el asunto, pero jamás en todos aquellos años había sentido aquel calor que se había alojado en su pecho después del día en que había conversado con su primo, encontrando nuevamente aquel compañero que tanto extrañaba sin ser ella consciente de ello, pero en este caso, el sentimiento había crecido muchísimo más, mezclándose con el anhelo y la necesidad de envolverse en la calidez y desesperación de sentirse protegida, y es que nadie más que el hombre que tomaba posesión de sus labios podría entregarle eso.
Sus labios comenzaron un lento reconocimiento, mientras empezaban a hacerse uno parte del otro, casi como una marca a fuego, de aquellas que por más que intentes, no puedes despojarlas de ti. Cada uno por su lado, sentía que su mundo se acababa y renacía con cada movimiento que su contraparte daba, mientras sus labios chocaban y se deslizaban en los del otro, encontrando sus lenguas en una danza maravillosa llena de sueños y esperanzas, llenas de una petición de salvación. No querían decir palabras, solo querían sentir el cuerpo del otro pegado al suyo propio, viendo como ambos se unían en una desesperada carrera sin meta.
Sirius deslizó su mano a la cadera de Bellatrix, pegando su torso al de él, mientras ella caía de sus rodillas quedando en una posición incómoda, sentada en uno de sus muslos y su cadera. Él se dio cuenta de aquello, por lo que se levantó cortando el tan apasionado beso y viendo a la mujer a los ojos desde la altura que había conseguido. Bella se puso de pie frente a él y el castaño pasó una de sus manos por debajo de sus rodillas y la otra la posaba en su espalda baja, alzándola en el aire mientras la apegaba más a su cuerpo. Unieron sus bocas de nueva cuenta, sintiendo como sus respiraciones se mezclaban junto con sus lenguas, que se arremolinaban con fuerza y necesidad. Sirius comenzó a caminar hacia la escalera de la casa, dando camino a sus pasos hasta la habitación y una vez llegando a ella, depositó el maravilloso cuerpo que yacía en sus brazos sobre la cama, con sumo cuidado y delicadeza, como si de un cristal preciado se tratase.
Bellatrix, quien tenía los ojos vidriosos gracias a la lujuria y necesidad, miró fijamente a los ojos grises que recorrían su cuerpo con vehemencia, sintiéndose completamente deseada y querida. Sirius se acercó a ella y la besó con dulzura y pasión, mientras bajaba más su cuerpo sintiendo sus corazones latir desaforados, casi tocándose entre ellos. Dejó aquellos carnosos y bellos labios rojos para dar paso hacia el elegante cuello de la fémina, dejando un sendero de besos armoniosos y delicados en la piel, haciendo acopio de toda su paciencia para no hacerla suya en aquel mismo instante. Lentamente llevó sus manos hasta los tirantes que estaban en la espalda de ella mientras lograba que levantara ligeramente su cuerpo, tirando uno de ellos para poder desligar la prenda que le impedía poder sentir más de aquella tersa piel. Bajó las mangas que cubrían los hombros con parsimonia, dándose el tiempo de poder admirar la belleza que ella poseía, mientras se maravillaba del espléndido espectáculo que sus ojos recibían solamente y de manera exclusiva para él. Se situó entre las piernas de Bellatrix, logrando que levantara las caderas y sacando por completo la prenda que llevaba puesta, para darle paso a la ropa de encaje negro que había visto de reojo desde que habían llegado.
Siendo sinceros, ante los ojos de Sirius jamás había estado un cuerpo tan espectacular como el de su prima a pesar de que le había dicho lo contrario semanas atrás, sintiendo que debía morderse la lengua por la blasfemia que había cometido, y es que aquellos llenos pechos eran más de lo que podía imaginar. Su blanca y tersa piel era algo inimaginable, por lo que posó sus manos en el sujetador y despojó aquel ansiado cuerpo de él, dejando que los senos vieran la estancia en la que se encontraban, pero sin permitirles entrar en frio.
Bellatrix soltó un leve gemido cuando Sirius tomó con sus labios uno de sus pezones y apretaba el otro con sus dedos. Dejó que su garganta hiciera sonidos que jamás habían salido de ella, puesto que no dejaba que sus aventuras supieran si estaba disfrutando o no. Se vio inmersa en sensaciones de placer y regocijo cuando el castaño endurecía aquellos sensibles botones, haciendo que por su espina dorsal pasara una descarga eléctrica que la dejaba en un estado catatónico.
Se estaban perdiendo dentro de las nuevas sensaciones, ya que ninguno de los dos había puesto sentimientos a la hora de tener sexo con alguien. Ellos tenían sexo, no hacían el amor, pero en este caso era totalmente distinto, aunque ellos aún no lo supieran. Sirius dejó los pechos para seguir bajando hacia el vientre plano que yacía bajo su cuerpo, sintiéndose apretado por la ropa que aún llevaba puesta. Se alejó por unos momentos de la mujer para poder despojarse de todas sus prendas quedando completamente desnudo ante ella, viendo con satisfacción la femenina mirada, entendiendo que el brillo crecía aún más luego de ver su erección completamente erguida. El animago retomó su tarea y dejó besos a lo largo del vientre, mientas acariciaba cada trozo de piel expuesta, sintiendo sus dedos arder en cada toque que daba. Su boca encontró el borde de la última prenda que yacía en el cuerpo de su prima, siendo retirada con parsimonia con sus dientes, mientras sentía un leve temblor luego de su accionar. Pudo apreciar el delicado vello púbico que se mostraba orgulloso frente a sus ojos, lo que le hizo bajar aún más sus labios hasta depositarlos en la curvatura principal de la vulva. Dejó un pequeño beso en ella mientras deslizaba su lengua dentro de la piel, encontrando de inmediato el hinchado botón de placer. Comenzó a rodear el clítoris de la azabache con sus labios y a mojarlo con su lengua, trabajando en él casi como si de un esclavo dichoso de cumplir las órdenes de su ama se tratase, mientras más descargas eléctricas y temblores eran generados en el cuerpo de Bellatrix.
Luego de algunos minutos de deslizar la lengua en aquel botón de placer, Sirius, quien se encontraba maravillado al escuchar cada gemido y jadeo por parte de la azabache, introdujo dos dedos dentro de la hendidura de la mujer, logrando un gran sonido de satisfacción acompañado con un jadeo involuntario
-Sirius…- susurró Bellatrix mientras unos juguetones dedos se movían en su interior encontrando aquel punto rugoso dentro de ella, haciéndola gemir cada vez más alto
Sirius tenía una mirada llena de placer, por lo que simplemente se dedicó a sentir los fluidos que eran depositados en su boca y a su vez seguía metiendo y sacando sus dedos del cuerpo de la hermosa mujer que tenía en aquella cama. La dicha te sentía en su pecho no podía igualarse con nada y jamás podría hacerlo. Sintió como su cabeza era apretada por los delicados muslos mientras seguía el ritmo de sus dedos y lengua, sabiendo que la mujer llegaría a su cúspide dentro de poco, por lo que no dejó de hacer aquella tarea.
Logró que Bellatrix llegara al clímax, gritando su nombre como enajenada, pero sin darle espacio para un respiro, introdujo su necesitado miembro dentro de ella, sintiéndose completamente lleno y completo por primera vez en su vida. Juntó sus labios con los de su prima haciendo que el momento fuese aún más especial, mientras comenzaba un tortuoso vaivén infernal, puesto que sabía que aquello se convertiría en su condena por el resto de sus días.
Bellatrix sentía que su cuerpo pronto expulsaría su alma a través de su boca, ya que nunca se había sentido de esa manera, tan llena de vida y a su vez contrariada por la perdición a la que se había dejado llevar. Sentía como su cuerpo compaginaba de manera perfecta con aquel que la estaba haciendo suya, con aquel que la estaba reclamando sin previo aviso y sin dar tregua alguna. El miembro de Sirius empezó a tener una velocidad tortuosa, sacando desde lo más profundo de su ser, los más escandalosos gemidos y jadeos, casi haciéndole sentir y pensar que quedaría muda después de aquel maravilloso desplante de sus cuerpos. Sentía como su primo rozaba su punto de placer, haciéndola llegar hasta los más recónditos lugares del espacio mientras sus labios se reclamaban a cada segundo sin querer separarse.
Sirius siguió aquella acción por varios minutos, los que para ambos parecieron ser horas, mas el placer que él sentía se estaba haciendo tan grande, que la inminente eyaculación se hacía presente, derramándose por completo dentro de Bella, uniendo sus cuerpos y almas hasta el fin de los tiempos, ya que después de aquello, no había nada ni nadie que los pudiese separar.
