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—Capítulo 4—

El que no debe ser nombrado


1

Qué agotador era convivir con un par de pánfilos, adeptos a perdonar y a comportarse a la altura de la situación. Para recibir sermones tenía a sus madres y a sus hermanas. No necesitaba más. Renegó.

Estaba encerrado en el cuarto de baño. Se despertó a las 4:11 a. m. sin sueño, aunque fuese muy natural para él tener el horario alterado por su profesión. Miró las paredes otra vez, aburrido de estar lejos de su casa en Kanagawa y de su vida amorosa también. Su cólera había menguado, pero aún tenía la idea de vengarse. Le había dado vueltas al plan en esas dos horas y ya sabía por dónde picarle a Daiki gracias a la plática de ayer con el dúo romántico. De algo había servido la charla sobre los valores morales.

Sacó su celular y buscó el contacto de Kazunari. Su amigo seguía desaparecido y le intrigó que inclusive estuviera fuera de línea desde el sábado. Era momento de alarmarse y de pedir información del halcón. Kazunari lo perdonaría. Era una emergencia y no conocía a otro que frecuentara tanto a su amigo. Le escribió a Tatsuya y se asombró que le contestara en unos minutos. Al parecer el tipo madrugaba.

+ Hola, Kise-kun ¿Qué sucede? Es extraño que me escribas.

- Así soy ¡Aparezco y desaparezco! Es que me acordé de Takaocchi y me vino a la mente… y hablando de él, ¿usted sabe dónde vive o dónde está? ¡Lleva casi una semana desaparecido!

+ No tengo su dirección, se mudó hace dos meses, pero tiene clases hoy.

- ¡Páseme su horario por favor! Lo buscaré en la U.

+ OK ¿Me puedes avisar en caso lo encuentres? Me has dejado un poco preocupado.

-¡Claro, yo le aviso! Pero nunca le diga nada de esto a Takaocchi, me prohibió escribirle por "cosas nuestras" y si se entera, se molestará conmigo ¡Esta conversación nunca existió!

+ … ya veo, ¿puedo saber por qué te prohibió escribirme?

Ryōta alejó el móvil al erguirse. Tatsuya le volvió a escribir.

+ Me ahorrarías el preguntarle, así será más fácil pretender que esta conversación nunca existió y evitarte problemas con él. No sé si lo sepas, pero Falconcito es muy rencoroso. Tú lo conoces, ¿no? Le encanta jugar al sr. Tenebroso desde que se juntó contigo. Piénsalo y hacemos un trato.

—Cocodrilo del mismo pozo —murmuró y rio nervioso.

Se mordió el pulgar, pensando qué inventarle para acallarlo hasta que se le ocurrió una excusa.

- Le voy a contar, pero le advierto que su trato me sonó a amenaza y así no se empieza una amistad, Himuro-san. Verá, soy muy celoso y usted conoce cómo es Takaocchi de "atrevido" y por eso le prohibí ser amigo de Aominecchi, y él en "venganza" me prohibió hablar con usted. Fue un trato justo.

Cruzó los dedos y esperó. Himuro se demoró en contestar.

+ Qué extraño. Kazunari alguna vez me comentó que, le gustaría ser tan seguro como tú que no te atormentas por dejar solo a tu novio… por ser piloto comercial y ausentarte a veces por días.

Siseó. Tatsuya tenía información y la culpa era de Takao por no saber ahorrarse los comentarios. Habría que endulzar el contexto y echarse flores. No le convenía pelearse con Kazunari, era su chaperón.

- Soy vanidoso, pero no estúpido y Takaocchi tiene el appeal en la boca. Es mejor prevenir, ¿no cree?

+ … creo que me estás mintiendo. No entiendo la relación entre Aomine-kun y yo. Sería más lógico que te prohibiese hablar con Midorima-kun. Se supone que profesa su Shinchanismo, ¿no?

- ¡No sé, Himuro-san! ¡Takaocchi es complicado! ¡Eso ya escapa de mí!

+ Fingiré creerte, Kise-kun, pero ten presente que me debes una. Algún día tendrás que retribuirme el favor y avísame cuando encuentres a Kazunari por favor. Yo también hace días que no sé de él.

A ese paso, le debería favores hasta al emperador. Ahora entendía mejor la advertencia de Midorima: la naturaleza de un Escorpio es clavar el aguijón. Al menos Kazunari no pedía dinero en retribución.

Amplió el horario de estudios que le acababan de enviar. La primera clase del halcón iniciaba a las 19:00 y eran recién las 5:30 a. m. Mañana tenía vuelo a primera hora, no era prudente desvelarse. Consideró doparse tal vez en la tarde para compensar así sueño de la noche. Era una señal divina del destino para aprovechar la mañana y armar la venganza, para después encontrar a su varita de sauco y ejecutar.

Salió del baño con una sonrisa traviesa y sacó de su maletín ropa deportiva. Iría al gimnasio de Riko. La castaña era un contacto valioso en el mundo de la publicidad. Bajó con sigilo las escaleras, pero Taiga lo detuvo en el umbral. Qué pesadez le entró de repente. No había sido broma el ayuda-con-la-casa.

—¿No te olvidas de algo?

Ryōta fingió no acordarse y se quedó pensativo. Tanteó al pedirle disculpas por adueñarse de su lado de la cama, en vez de él dormir en el sofá. Taiga plantó el brazo con fuerza en la puerta. No bromeaba.

—A mí no me gusta ni lavar los platos, Kagamicchi, Aominecchi era quien se encargaba de todo eso.

—Y yo no soy tu novio para soportar que no hagas nada, Kise —le aclaró—. Aquí entre Tetsu y yo nos dividimos las cosas. La lavandería lo hace él mientras que de la limpieza y de la cocina me encargo yo.

—Me parece genial, Kagamicchi ¿Entonces qué hago yo? ¿Contesto llamadas? —dijo entre dientes.

—No. Elige, trapeas todos los días la sala o preparas el desayuno.

Las carcajadas se le escaparon. Ni en su casa había trapeado la sala, de las labores domésticas siempre se había ocupado su mamá. Taiga no cedió. No podría salir de allí sin decidir. Se miró las manos más de dos veces y negó. No trapería. Pensó en cocinar, pero eso implicaba apestar a comida y ensuciarse las manos con esos menjunjes. Tampoco le apetecía hacer de chef, no era su pasatiempo preferido.

—¿No hay otras opciones? —preguntó con pereza.

—Limpiar el baño.

—El desayuno, Kagamicchi —dijo de inmediato. Una escobilla de wáter era lo último en su lista—. Voy a preparar el desayuno todos los días. No soy muy buen cocinero, pero algo podré hacer.

—Bien, la refrigeradora está llena, así que no tendrás problemas con eso.

Cocinó algo rápido y fugó apenas Kagami subió al segundo piso. No tenía tiempo para hacer de chacho, además detestaba los quehaceres. Cerró la puerta despacio y tomó un taxi para ahorrar tiempo.

El gimnasio Aida quedaba a solo 20 minutos y lo bueno es que abría a partir de las 5:00 a. m. Entró con su maletín y le sonrió a la recepcionista. No era socio, pero consiguió pasar al encontrarse con el dueño del local. Saludó amigable al señor Kagetora y le preguntó por su hija. Riko estaba de entrenadora en el área de la piscina, la encontró recogiendo algunas bollas. Se acercó y le pasó la voz sonriendo.

—Kise-kun —se sorprendió—. Qué raro verte.

—¿Pero por qué siempre dicen eso? —se quejó con un mohín—. Soy piloto, Aida-san, paro más tiempo en las nubes que aquí abajo —le aclaró. Era frívolo, no ingrato. Ella rio—. Bueno, pero la buscaba para pedirle un gran favor —le dijo y apegó las manos en un gesto de súplica—. Espero pueda ayudarme.

Aida sonrió y puso las manos en sus caderas.

—Un día de estos me voy a ganar líos ajenos —dijo divertida. Intuía que era alguna travesura—. Dime.

—Necesito urgente que me publicite con su contacto en Sagami —pidió. Riko tosió—. Quiero modelar para ganar dinero extra y sé que puedo conseguir una sesión de fotos exclusiva con ellos.

—¡¿En Sagami?! —le preguntó sorprendida—. Kise-kun, no quiero tener problemas con tu novio.

Ryōta negó con las manos de inmediato. No le detalló que Daiki no era más su novio, pero sí le aseguró que nadie le haría un escándalo. Tenía libre albedrío. Además, él se exhibía como quisiese, por algo era dueño de su cuerpo. Moría de hambre para no engordar y se ejercitaba en sus ratos libres. Era tiempo que la inversión en sí mismo retribuyese con dinero, que como estaba su realidad, necesitaría contratar una muchacha del servicio por horas. No quería más estrés, con la tensión de pilotear era suficiente.

Aida le recordó que, si lo recomendaba con su contacto, luego no habría posibilidad de retractarse. Él lo sabía perfectamente. Le juró por sus hermanas no defraudarla ni darle una mala imagen.

—Está bien —aceptó—. Voy a llamar a mi amigo, se comunicará contigo en un par de días asumo. Ten presente que deberás coordinar fechas, evita los cruces. —Ryōta asintió emocionado.

—¡Genial! ¡Gracias, Aida-san! —Su plan se estaba formando y el hambre también. Había salido solo con un vaso de agua en el estómago. Riko se rio al oírle las tripas rugir—. ¿Desayunamos juntos?

—Me gustaría, pero ahora no tengo tiempo, Kise-kun —le dijo apenada y señaló la piscina—. Quiero terminar de arreglar aquí para irme al hospital ¿Tú ya visitaste a Takao-kun? —le preguntó.

Ryōta sintió escalofríos, como si sus sospechas y su preocupación por el halcón cobraran sentido. Riko le comentó la razón de la inactividad de Kazunari. Su amigo había sufrido un infarto y si bien ya estaba estable, seguía hospitalizado. Empalideció por la sorpresa y se le quitó el hambre de repente.

—Ayer fui al médico y me enteré —le contó—. Midorima-kun fue quien lo operó.

—¡¿Qué?! ¡¿Midorimacchi sabía y ni me avisó?! —preguntó indignado—. Es el colmo, él sabe que salgo todos los meses con Takaocchi, subo fotos con él, ¡tengo un álbum con solo fotos nuestras!

—Lo siento, Kise-kun, pensé que lo sabías… Yo también pensé que les habría informado.

—No, no nos informó y posiblemente ni lo haga así le den de alta a Takaocchi. En fin, la acompaño.

Aprovechó que Riko se demoraría unos minutos y pasó al restaurante del gimnasio por un batido. Con eso entretendría el estómago un buen rato. Desayunaría allá. Al fin había encontrado al halcón.


2

Nada más satisfactorio que madrugar. Atsushi bostezó por enésima vez y se acurrucó en el sofá afuera del consultorio. Era el precio por pagar. Seijūrō de verdad estaba enojado con él. No lograría su perdón solo con aparentar. Eso lo preocupaba. Comenzaba a pensar que debía emplearse sí o sí.

Kotarō los recibió con una gran sonrisa. Se dejó caer en la nueva silla y cruzó los brazos. Tatsuya sonrió con amabilidad, como era su costumbre. Él no. Él no fingiría estar feliz cuando era un fastidio estar allí.

—¿Saben que demuestran mucho solo con estar aquí? ¡Los felicito! —Kotarō les dijo animado. Tatsuya asintió por no dejar al muchacho colgado. Él no habló—. Muy bien, Akashi ya me había adelantado que necesitan motivación para integrarse al mundo laboral. Cuéntenme, ¿por qué no les gusta trabajar?

—… yo solo vengo de acompañante —Tatsuya detalló para excluirse de ese saco.

Kotarō se centró en Murasakibara, que mantenía la mirada pesada y aburrida.

—Yo no he venido por motivación, he venido porque quiero que Aka-chin me perdone~~. —Él también precisó—. Si tú me dices cómo conseguirlo, bien~~~~~.

Kotarō no se molestó y tampoco borró la sonrisa. Era usual que allí llegase gente arisca. Prendió la TV y les pidió que prestasen atención unos minutos. El video hablaría por él. Después les daría la charla.

Atsushi bostezó una vez, dos veces, tres veces. Perdió la cuenta de cuántas veces bostezó. Fueron los diez minutos más largos de su vida. Seijūrō ya le había repetido miles de veces cuáles eran las ventajas de ser un ciudadano activo. Cambió de posición, incómodo. Tenía entumecidas las piernas.

—¿Y bien? ¿Qué les pareció? —Hayama les preguntó.

—Aburridísimo~~~~. ¿Ya nos podemos ir? Me duele la cabeza~~~ —dijo y volteó hacia su amigo que se mantenía en silencio—. Muro-chin~~~~, tengo hambre.

Kotarō suspiró. Murasakibara Atsushi era un paciente difícil.

—Guarda silencio, Atsushi. —Tatsuya le llamó la atención, incómodo y molesto de su malcriadez—. Te estoy alojando en mi casa, pagándote todas las comidas, los servicios, ESTA terapia —enfatizó—, y he madrugado también por ti, para apoyarte y ayudarte a que tu novio te perdone. Responsabilízate, esto no es un juego. Me conoces demasiado y sabes que tengo un límite, y que lo estás alcanzando... Y a mí no me sobra el dinero como a tu novio.

Murasakibara lo observó un lapso, con el ceño fruncido, y volteó encaprichado hacia Kotarō. Cruzó los brazos. Escucharía. No volvería a interrumpir a menos que quisiera decir algo de verdad importante.

—Creo que fue una antesala perfecta —Hayama dijo para disipar la tensión y rio—, pero empecemos.

Hayama ya tenía algunos datos por boca de su amigo Akashi. Atsushi era un tipo infantil que obedecía solo a la gente que estimaba, pero era poco tolerante con las órdenes de los demás. Ese muchacho no servía para ser obrero ni empleado, menos a los 28 años, donde la edad laboral lo comería por la fuerte competencia que había en el país. Un joven de 22 años recién graduado lo eclipsaría en un chistar.

Eligió una propuesta diferente para él. Al diablo el contrato y las empresas. Murasakibara se adecuaba más al perfil de jefe, así la gente lo viese como un niño caprichoso. Sonrió y le entregó una hoja donde había el dibujo de un hombre encima de una montaña de dinero. Atsushi prestó curioso atención.

—¿Te consideras una persona inteligente, Murasakibara? —le preguntó.

—Sacaba notas más altas que Muro-chin~~ —dijo divertido. Tatsuya sonrió torcido, cómo le encantaba pincharle—. Tengo buena memoria~~~, eso decía mi abuelita. De niño vivía en una granja con ella~~~, y siempre le ayudaba con sus abejas~~~, ahí aprendí a ser muy observador~~ —contó.

—¿En serio? Qué genial y es bueno que sepas cuáles son tus capacidades de aquí —Kotarō le contestó y se señaló la cabeza—. ¿No crees que sería también genial tener tú tu propia empresa?

—Mmm~~~~, ¿y estar como Aka-chin todo el día ocupado~~~?

—En realidad Akashi trabaja las 24/7 porque es raro —Hayama dijo riéndose. Atsushi se contagió.

Kotarō le pintó el cuadro de otra manera. Era más fácil convencerlo si le resaltaba los beneficios de un proyecto empresarial, que a futuro le arrojaría utilidades. Entre más ganase, más ampliaría la planilla a tal punto de él solo presenciar la empresa para decisiones importantes y nada más.

Por primera vez, Atsushi se concentró en sus palabras. Había atinado en el clavo. Al principio le causó algo de pereza, pero poco a poco fue cayendo ante esas palabras tan envolventes y enérgicas. Crear una microempresa sería el camino al éxito, al dinero y al perdón de Akashi. Se quedó impresionado de todo lo que podía conseguir. No dependería de nadie. No aguantaría a un odioso jefe, él lo sería.

Tatsuya miraba de rato en rato hacia su amigo, le parecía increíble que Atsushi estuviese concentrado.

—¿Y ahora? ¡¿Cómo te sientes, Atsushi?! —Kotarō le preguntó extasiado de haberle vendido la idea.

—Con muchas ganas de tener una empresa~~~~ —contestó animado.

—¡¿Y qué harás para conseguirla?!

—Juntar dinero ya~~~~ para poder invertir en un local~~~.

—Bien eso es todo, un gusto haberte tenido en mi consultorio hoy —Kotarō dijo más sereno—. Te voy a dar una cita para la próxima semana y para ese día ya deberías tener un avance importante.

Boquiabierto, así se había quedado Tatsuya al escuchar a su amigo contestar con tanta convicción en sus palabras. Quien lo viese no lo reconocería con esa actitud atípica. La terapia había servido.

El consultorio de Hayama quedaba en Taitō, a unas cuadras de la universidad de Tokio. Tatsuya le pidió a su amigo desviarse un momento para visitar a un colega. Atsushi asintió sin problemas, aunque a las dos cuadras se detuvo en una tienda. Sin dulces no había caminata. Himuro le prestó dinero y esperó.

Recordó la conversación con Ryōta. Aún le daba vueltas al tema de la prohibición. Kazunari era extraño con algunas manías, su obsesión por coleccionar cartas era una de ellas. Metió las manos a los bolsillos, pensativo. Era evidente que Kazunari les había ocultado a sus demás amigos que ya no existía ninguna amistad entre ellos. Podía interpretarlo como esperanza. Si el halcón hubiese tirado los recuerdos a la basura, lo hubiese echado de cabeza con todos. Suspiró. Esperaba solucionar eso pronto.

Murasakibara salió con una bolsa llena de chucherías, sonriente. Estaba feliz, aunque saltaría en un pie el día que Seijūrō lo perdonase y lo admitiese de nuevo en la casa. Bostezó del sueño que aún guardaba y le preguntó a Himuro ideas para armar las bases de su empresa. Mantendría la ilación de la terapia.

—¿En serio vas a convertirte en empresario, Atsushi? —Tatsuya le preguntó con cierta sorpresa, pero le sonrió cuando su amigo asintió—. Mis respetos para Hayama-kun, ha motivado a un parásito.

—No me estás ayudando, Muro-chin~~~~.

—Solo era un comentario —le dijo y pensó recién. En la terapia había estado con la cabeza volada—. Creo que puedes empezar por descubrir de qué sería esa empresa exactamente.

—Mmm~~~~, yo he estudiado repostería~~~, podría abrir una cadena de pastelerías~~~.

—Eso es una buena opción, una pastelería, pero para eso necesitas capital y no me digas: Aka-chin me prestará, porque estoy seguro de que no lo hará —le avisó—. Primero pon un negocio sencillo, que no cueste tanto dinero e ir juntando con eso una buena caja chica para después poder alquilar tu local.

Murasakibara se quedó pensando un buen rato hasta que cayó en una abrupta epifanía.

—¡Ya sé, Muro-chin~~! —le dijo animado—. Puedo ir a la granja de mi abuelita~~. Ella cosecha limones y se dedica a la apicultura. Ha ganado varios premios por los mejores limones con miel del pueblo —le contó y se embelesó al acordarse de la miel tan deliciosa que producían sus abuelos maternos—. Vive a las afueras de Tokio, casi por Saitama. Ella tiene una carretilla para comida callejera, que la utiliza en las ferias, pero ya hace unos años que no sale por su edad. Yo lo podría utilizar, es un negocio fácil.

Sonaba espectacular la idea. Los productos le costarían por debajo del precio de mercado e incluso les promocionaría el negocio a sus abuelos. Podía a su vez vender los potes de miel en ese mismo puesto.

Tatsuya no se molestó por aplazar el visitar a su colega y cambió de ruta. La estación de trenes estaba a unas cuadras. Atsushi sabía cómo llegar a la granja de sus abuelos, los visitaba los jueves sin falta. Su abuela se alegraría de verlo de sorpresa. Es más, a Atsushi se les estaba ocurriendo asociarse con ellos.

—Espera, Muro-chin —dijo deteniéndose. El celular le vibraba insistente—. Es Kise-chin, qué querrá~~.

Murasakibara contestó y se enteró del accidente que había tenido Kazunari el sábado. Miró a su amigo por defecto, le competía más a Tatsuya que a él. Supuso que la visita a su abuela sería el jueves como todas las semanas. Se despidió al aburrirse de la voz de Kise y colgó sin esperar respuesta.

—¿Qué quería? ¿Era algo importante? —le preguntó intrigado. Tatsuya esperaba esa llamada en sí.

—Mmm~~~, digamos que sí —dijo y suspiró. Se consideraba un desastre dando malas noticias—. Dice Kise-chin que le dio un infarto al feo cuervo ese —le avisó casi de paporreta. Tatsuya se atoró—. Pero no tienes de qué preocuparte porque parece que Mido-chin ya lo arregló~~~. Todo bien, Muro-chin~~.

—¿Todo bien? —Tatsuya le preguntó descolocado—. ¿Dónde está hospitalizado?

—Yo te llevo~~ —le dijo y continuó caminando. En la estación de trenes conseguirían ruta. Llamó a su novio para informarle. Era una buena excusa para conversar con él, aunque tal vez Seijūrō ya estuviese enterado. Quiso cortar, pero la llamada entró—. Aka-chin~~~~, ¿supiste lo que sucedió con Takao?

—Sí —afirmó—. Shintarō me lo comentó el día ocurrido.

—Aka-chin~~, qué malo~~~, yo no le tengo cariño, pero sí te he dicho muchas veces que Muro-chin se corta las venas con galletas de animalitos por él~~~ —exageró. Tatsuya se detuvo incómodo.

—Tu amistad con Himuro-san no me compete, Atsushi. Estoy ocupado.

—Malo~~~ —repitió—. Estoy yendo para el hospital, ojalá coincidamos~~~, nos vemos.

Seijūrō no agregó nada más. Atsushi colgó y guardó el móvil. Hace siglos que no pisaba un hospital. Le aburrían esos sitios. No se podía comer, ni hablar, ni hacer ninguna clase de ruido. Todo olía a lejía. Era una pesadez, pero debía retribuirle en algo la compañía a su amigo. Por un par de horas no se moriría, además era una excelente ocasión para enterarse qué había sucedido entre Tatsuya y el halcón.


3

Tres días en cama y sin celular. Estaba a punto de treparse por las paredes o idear una forma de hacer viajes astrales como su hermanita en sus momentos de bruja. Qué aburrimiento se le cocía allí.

También reconocía que una parte de él estaba extasiada. Después de años se rencontraba con su crush de preparatoria. Había sido un recuentro peliculero, donde las dos almas perdidas volvían a unirse con el ser amado. Se rio a carcajadas de sus pensamientos. Cielo de Amor le había arruinado la psique. Kise tenía razón: las películas románticas deprimían. Tanto idealismo le disparaba las expectativas.

Sus padres se habían marchado hace unos minutos. Lo visitaban todos los días y su papá no paraba de insistirle en regresar a la casa una temporada. Era incómodo negarse, su papá era muy querendón. Un día le pediría a su médico que prohibiese las visitas al cuarto. Estaba a punto de ceder a los ruegos, y le mosqueaba a su vez no haber recibido tarjetas o flores de recuperación de parte de sus amigos más cercanos. Él sí le compró un detalle a Miyaji Kiyoshi cuando este estuvo internado por una pierna rota.

—Ni más gasto un yen en esos ingratos… —dijo entre dientes y se sirvió un vaso con agua. Levantó la mirada cuando se abrió la puerta. Shintarō estaba allí. Se extrañó—. Shin-chan, ¿qué sucede~? Soy tan irresistible que no soportas la idea de tenerme lejos~ —lo fastidió. Midorima se enojó, aunque tuviese la cara roja como un tomate. Era un vacilón hostigar a un introvertido—. Qué cara~, solo bromeaba~.

—Sabes que no es el lugar para bromas —le repitió por milésima vez. Kazunari lo miró burlón y bufó divertido—. Las enfermeras me informaron que te arden la zona de los puntos, ¿te provocan escozor?

—Sí, seguro~, apuesto que tú preguntaste por mí~.

—Takao.

—Qué genio~ —rio y dejó las bromas. Era cierto, le picaba en la ingle—. No sé, pero a veces me hinca.

Shintarō le destapó la zona pélvica y miró los puntos. Estaba irritada la cicatriz. Kazunari se desternilló y disculpó casi al instante. Le causaba gracia que su crush esté mirándole sin pudor la pelvis. Era como un sueño hecho realidad, aunque en el inconsciente él acababa gimiendo y con Shintarō encima.

Midorima se enojó, su amigo no podía tomarse nada en serio. Era médico y era parte de su labor hacer chequeos periódicos para confirmar que la operación haya sido un éxito, sea donde sea la incisión.

—Si no te callas les diré a las enfermeras que te ceden, Takao —le advirtió. Tenía el ceño fruncido.

—Es que eres tú, Shin-chan —contestó intentando tranquilizarse—. Admítelo, me estás tocando de lo más cómodo~. Primero invítame a cenar, ¿no crees? De ahí viene lo demás, pervertido —bromeó.

—¡Sabes que esto es parte de mi trabajo! —le gritó harto de eso. Kazunari alzó las manos, en inocencia, en rendición. No lo provocaría más. Shintarō era capaz de trasladarle el historial a un colega—. Tienes irritación y por la apariencia, sabes que no es una reacción alérgica ¿Has estado forzando la pierna?

Kazunari rehuyó la mirada y rio. Se declaraba culpable.

—Bueno… resulta gracioso… —dijo avergonzado y se le escaparon algunas risas. Shintarō se enojó.

—¡¿Cómo quieres que no te duela si haces todo lo que no debes hacer, Takao?!

—Es calambre, Shin-chan, yo tampoco tengo la culpa. En este cuarto hace mucho frío, es una reacción natural del cuerpo —se excusó—. Y yo soy el más interesado en salir de este encierro, créeme.

Midorima lo miró por el rabillo del ojo y salió de la habitación sin decirle nada. Volvió a los cinco minutos con unas gasas en la mano. Kazunari lo observó sin protestar hasta que Shintarō le comenzó a amarrar la pierna a las barandas de la camilla. Jaloneó y se ganó una mirada fulminante de su médico.

—Espero que con esto te pasen tus reacciones naturales. Sabes que tienes prohibido moverte, Takao.

—No te pases, Midorima, desátame —le dijo igual de serio que su amigo, pero Shintarō lo ignoró. Siseó al sentir la fuerza del nudo—. No puedes atarme como si fuese un perro, ¿y si quiero ir al baño?

—Llamas a las enfermeras, sabes que ellas te asistirán.

Con esa frase, consideraría no comer demasiado para no perder el orgullo utilizando una bacinica. Eso sería ya la cereza del pastel. Suficiente castigo era permanecer encerrado, arañándose en reposo.

Intentó buscarle conversación a Shintarō, propiciar algo más que los detalles de su cirugía. Todos esos años no lo había hostigado para no agobiar. No quería parecer un acosador, con un crush insuperable desde la preparatoria. Tampoco iba a degradarse a ese punto, pero el destino le estaba ofreciendo una oportunidad de oro para concretar lo que no pudo ser hace diez años. Era una coincidencia increíble si se basaba en estadísticas. Las probabilidades de que el cirujano sea justamente Shintarō eran menores al 5%. Eso debía significar algo más, aunque su amigo le aterrizara las esperanzas. Midorima ignoró las preguntas sobre asuntos personales y se fue. No sabía si tenía novio, amiga, conviviente, ni nada.

Él no tenía a nadie. Había tenido algunos romances fofos hace unos cuantos años, pero nada de verdad formal. Su papá incluso le había preguntado si era gay, mostrándose abierto, comprensivo y tolerante, pero lo despreocupó en el tema. No era homosexual, solo tenía muy mala suerte en el amor.

Saltó de la sorpresa cuando la puerta se abrió de par en par. Ryōta le sonrió y él también, cómplice. Al fin había llegado su rubio favorito. El reposo ya no sería tan aburrido. Tenía mucho que contarle.


4

Ese día entraba a trabajar a las diez. Podía aplazar la hora de bañarse, pero le preocupaba que Kuroko estuviese allí metido hace una hora. Tocó la puerta otra vez. Eran casi las 8:00, su novio estaba tarde.

—No me siento bien, Kagami-kun.

—Abre.

Tetsuya se apoyó en el borde del lavabo y sintió los ascos nuevamente. El desayuno le había asentado fatal. Respiró profundo y decidió abrir la puerta. Estaba con el rostro pálido. Taiga le tocó la frente, no estaba con fiebre. Intentó explicarle cómo se sentía, pero de nuevo le vinieron las ganas de vomitar.

—Llama a tu jefe y pide permiso para ir al doctor —le dijo y sacó su celular—. Kise está en el hospital donde trabaja Midorima, ha ido a visitar a un amigo —le avisó, pero no entró en detalles—. Podemos dar el encuentro, de paso hablo con él sobre su comida. —Kuroko se tapó la boca al recordar el sabor de esas tortillas—. Trata de vomitar, te sentirás mejor.

—¿Por qué dejaste que él preparara el desayuno?

—Ayer quedamos en que debía hacer algo —contestó, aunque no fuese idea proponerle la cocina.

Tetsuya no dijo más y salió del baño con el celular de su novio. Llamaría a su jefe para avisarle que iría al médico por intoxicación estomacal. Escuchó el sonido de la ducha, Taiga ya se estaba bañando. Bajó a la cocina mientras conversaba con el director sobre su falta y se sirvió un vaso de agua hervida.

Kagami suspiró. Había intoxicado a su novio por no pensar. Ryōta era un inútil para los quehaceres del hogar y si no había mojado un trapo en su vida, menos conocería de sazón culinaria. Hospedarlo le iba a sacar canas. No estaba dispuesto a permitirle a Kise haraganear, y disfrutar de casa y comida gratis.

Tetsuya pensó al principio que su novio había preparado la comida, por eso se ahorró los comentarios sobre el sabor para no herir sentimientos. Tragó con resignación y amor, pero justo al terminar Kagami le preguntó cómo habían estado el primer experimento de Kise Ryōta. Allí se le cayeron los palillos, el alma y la esperanza de seguir viviendo. Comprendió porque las tortillas estaban asquerosas, pasadas de sal y si no le traicionaba la lengua, con trozos de ajo, jengibre y rabanitos. Qué desabrido era Kise.

—No vuelve a cocinar, Kagami-kun —Tetsuya le dijo a su novio apenas salió del baño. Él entró a lavarse los dientes. Las náuseas le habían cesado, pero el estómago le burbujeaba.

—Pero si lo dejamos sin hacer nada, ese idiota se saldrá con la suya.

—No me importa —contestó y se enjuagó para acabar—. Como tú no comiste esas tortillas, no sabes cómo las había preparado. Es terrible en la cocina, que haga otra cosa ¿Por qué mejor no limpia?

Taiga negó con la cabeza y le explicó que sería demasiado difícil convencer a Ryōta de eso.

—Entonces que me ayude a lavar, Kagami-kun —dijo lo más ecuánime y práctico posible—. Creo que tengo un par de guantes que puede usar. Pero, por favor, no lo dejes que se acerque a la cocina.

Su novio asintió, no insistiría. Kuroko se cambió rápido. Su jefe le había dado permiso de dos horas. En caso de que consiguiera un descanso médico, tendría que volver a llamar. Se subió a la moto con Taiga y fueron rumbo al hospital. Deseaba de corazón que Ryōta y Daiki se amistaran de una buena vez.


N/F: Gracias por leer~