El domingo era día de las compras. Uraraka llenó la despensa con comida chatarra y el refrigerador con comida saludable y se aseguró de que el fondo de las frutas tuviera zanahorias y tomates frescos. Lavó la ropa y fue a colgarla al balcón trasero del departamento, procurando que su ropa interior no estuviera a la vista.

Desde hacía días estaba curiosa. Quería conocer a su vecino que odiaba a Ariana Grande pero silbaba las canciones de Bruno Mars. Tenía poco más de un mes desde que se había mudado y seguía sin haberlo visto una sola vez. Pensó en salir casualmente cuando el reloj estaba a punto de dar las seis, pero se había echado para atrás como una cobarde. Parecían tener una dinámica en la ducha y en los últimos días incluso había mejorado. Cuando había una canción que le gustaba y le pedía a su vecino que subiera el volumen él de verdad lo hacía. Incluso parecía que sus tiempos para lavarse se habían sincronizado al doble. Entraban casi al mismo tiempo y salían a la par. Sabían que después de cinco canciones era momento de despedirse.

La noche anterior a Uravity incluso se le había escapado un "buenas noches" que podría o no podría haber sido respondido con un gruñido de asentimiento. Temía que un encuentro en vivo arruinara la magia de las duchas y sinceramente no estaba preparada para saber qué clase de tipo era el vecino.

No le había contado a nadie de su pacto musical con él tampoco. Probablemente otras personas encontrarían asqueroso que se duchara al mismo tiempo que un desconocido y disfrutara de la invisible compañía mientras estaba vulnerable, sola y desnuda en el baño. Ni siquiera Tsuyu soportaría tanto sin aconsejarle con amabilidad que dejara de hacer eso, así que se mantuvo en silencio.

Pero había cosas que podía hacer sin romper el hechizo, como echar un vistazo a la ropa lavada en el balcón de su vecino. Playeras predominantemente en colores oscuros —aunque había algunas prendas color arena o rojo brillante que cambiaban un poco el panorama—, demasiado casuales y demasiado genéricas para decir nada. Algunas camisas y pantalones holgados con más estilo que el resto de la ropa. Algunos de mezclilla visiblemente más pequeños que los otros. No vio su traje de héroe, pero eso no significaba nada. Uraraka lo dejaba en la oficina, lo lavaba y lo secaba allí mismo.

Su vecino, concluyó, era alguien que le gustaba el rock viejo y la ropa cómoda, algo gruñón, pero con sentido común. Siguió creyendo que estaba en sus treintas aunque ya no tardíos, pero podría equivocarse. Podría ser más joven. Como alguien en sus veintes. Su ropa sugería una complexión similar a la de Todoroki, quizá algo más fornido como Iida, pero definitivamente no tan alto.

Podría buscar héroes con ese tipo de características en la red de héroes conectada a su computadora de la agencia, pero lo que tenía era tan vago que probablemente no llegaría a nada, así que lo dejó pasar y dejó su ropa en el balcón.

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Hubo un terremoto con tsunami en la costa este de Japón y Uraraka tuvo qué desplazarse hasta Sendai para ayudar en el rescate de las personas heridas como heroína especializada. Fue un viaje de una semana en el que se reencontró con muchos de sus ex compañeros de la UA pero, debido a la magnitud de la tragedia, ni siquiera tuvo la energía de estar feliz de que su escuadrón de amigos (Iida, Deku y Tsuyu) por fin salieran por ese café que habían prometido hacía meses y que le daba nombre a su grupo de chat, cuando a la cuarta noche bajaron al hotel para subirse los ánimos entre ellos.

Fue extraño ver a Deku sin Todoroki, quien se había quedado en Tokio por si surgía algo —siempre surgía algo, aunque fuera rescatar un gato de un árbol—. Esos dos siempre estaban juntos, incluso vivían en departamentos al lado del otro, pero por las pocas ocasiones en las que Uraraka había tenido la oportunidad de visitarle a su departamento, Todoroki siempre estaba allí adornando la sala o la cocina de Deku. Había visto su cepillo de dientes una vez también.

La charla no había sido una muy buena; habían visto mucha tragedia y el número de muertos sobrepasaba los 100, al menos de manera oficial. Los heridos estaban por encima de los 300. Uraraka era sensible en las misiones de rescate donde había tantas bajas, como si fuera su culpa, y el sentido de responsabilidad de Iida en ese tipo de situaciones también era apabullante. El ambiente mejoró cuando vieron a Kirishima entrar, a su lado caminaba un ceñudo Bakugou y una tímida Hagakure también los acompañaba. Probablemente se habían encontrado en un pasillo. Tsuyu había saludado con ánimo y Uraraka se había alegrado sinceramente de compartir con ellos momentos cotidianos como disfrutar la cena, diferentes a las labores de rescate que habían estado haciendo todos los días.

Charlaron un poco. Bueno, Kirishima hizo la mayor parte de la conversación y Deku estuvo contento de ver a Kacchan; le preguntó por su nuevo apartamento, si estaba viviendo bien e Iida tuvo la decencia de no mencionar a Rie Harin, aunque mandó un mensaje al grupo de chat donde preguntaba si sería de mala educación formular tal pregunta —mensaje que todos vieron demasiado tarde—. Hagakure les contó sobre su trabajo en Fukushima y les informó que Mina, Tokoyami, Jiro y Koda estaban en el hotel de la siguiente manzana.

—Tal vez deberíamos pasar a visitarlos —sugirió Kirishima y Toru hizo una llamada a Jiro.

Era cerca de la medianoche, Ochako se dio cuenta y entendió por qué se sentía tan cansada. Había estado despertando a las cuatro de la mañana desde que llegó y terminaba a las nueve, cuando algún superior la mandaba a casa. Educadamente pasó de la visita y le pidió a Tsuyu que saludara a sus amigos, Kirishima lamentó que no fuera y Bakugou mencionó que los alcanzaría después de tomar una ducha. Lo que los dejó a ambos en el ascensor.

Uraraka y Bakugou nunca habían sido íntimos, aunque ella nunca había sentido timidez de entablar una conversación con él, sin embargo, estaba demasiado cansada y Bakugou simplemente fue silencioso de camino al elevador. Ella comenzó a tararear desde el fondo de su garganta una canción de Sam Smith que habían puesto en el restaurante del hotel antes de irse. Inmediatamente sintió la mirada de Bakugou sobre ella y, cuando estuvo a punto de preguntar si tenía algo qué decir, llegó el elevador.

—Te ves como la mierda —dijo Bakugou mientras se cerraban las puertas. Era una observación, aunque las palabras parecieran un insulto.

—Sólo necesito volver a dormir ocho horas para verme mejor —sonrió ella. Evidentemente esas ocho horas no las iba a conseguir hasta que las labores de rescate hubieran terminado.

El elevador paró en el segundo piso, Uraraka se despidió con un cortés buenas noches y Bakugou respondió con un gruñido que su cerebro no alcanzó a registrar.

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La mañana del séptimo día, se inauguró oficialmente la reconstrucción de la ciudad. La ayuda de Uravity había sido solicitada nuevamente, por lo que sólo Tsuyu regresaría a la agencia. Se despidió de sus amigos en la entrada del hotel con un beso en la mejilla y a Kirishima le dio un apretón de manos.

—Fuerza, Uraraka —le animó el pelirrojo con un cariñoso apretón en su hombro. Iida le revolvió el cabello como si fuera una niña pequeña y Deku comentó que ahora cambiaría el nombre del grupo de chat.

—Nos vemos, Ocha.

—No dudes en visitarme en Fukushima.

Sorprendentemente, Bakugou también le dio palabras de ánimo.

—Lo estás haciendo bien —le había dicho. Parecía que tenía atoradas algunas palabras más en la garganta, pero no las dijo.

Entonces se fueron.

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Cuando volvió a casa, Uravity gimió con tristeza al ver todos sus muebles cubiertos con una fina capa de polvo. Eran las siete de la noche del sábado y de lo único que tenía ganas era de quedarse dormida hasta que fuera lunes por la mañana. Había pasado veintiún días fuera de su hogar durmiendo menos de cinco horas todos los días e incluso no durmiendo completamente. Limpiar estaba fuera de su lista de prioridades y lavar la ropa le provocaba querer llorar. Igualmente sacudió con el plumero lo mejor que pudo y tiró la comida vencida que quedaba en el refrigerador. Tenía hambre, pero quería descansar. Comenzó a llenar la bañera mientras se comía a cucharadas una ensalada de atún que se encontró en la alacena. Entró al baño con la bañera a punto de derramarse y a Led Zeppelin sonando… en el baño de su vecino. Uraraka vio su celular. Había dejado de revisar la hora desde hacía tiempo. Eran las ocho y cinco. La música cesó cuando cerró la puerta un poco demasiado fuerte —por error— y ya fuera porque había terminado demasiado temprano o por alguna clase de gesto de bienvenida, su vecino silenció su música.

Uraraka apreció el gesto fuera por la razón que fuera y colocó la lista de reproducción de Soft Pop Hits de Spotify y se hundió en el agua, disfrutando de la voz de Adele.

Cerró los ojos.

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Despertó por un par de golpes en la pared, asustada. El agua estaba peligrosamente cerca de su nariz debido a que se había a) dormido en la bañera y b) movido mientras dormía. Se asustó cuando se dio cuenta de que llevaba casi dos horas allí adentro. Estaba arrugada como una pasa y le provocó ansiedad verse las manos. Los golpes en la pared se repitieron y Uraraka gritó "estoy despierta" como autorreflejo.

Entonces los golpes cesaron y ella salió corriendo de la bañera.

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No pudo, de ninguna manera, dejar de pensar en su vecino toda la tarde de domingo. Había despertado pasado el mediodía, su cuerpo ya no estaba arrugado cual anciana. Había hecho un espagueti para almorzar y se puso al día con sus chats mientras se reía de los estropicios de Nailed it! —Deku había cumplido su promesa y cambió el nombre de su chat grupal de "vamos algún día por un café" a "fiesta en casa de Uraraka"—. Pero incluso cuando mandaba fotos malas de Deku como si fueran memes, seguía pensando en su vecino.

Estaba sonando Rihanna cuando despertó sobresaltada. A todos les gusta Rihanna. O puede que no a todos, pero cuando Uraraka había cantado Love on the Brain el mes pasado nunca recibió quejas. La única razón plausible en su cabeza era, por ende, que su vecino la había despertado a propósito asumiendo que ella estaba ahí porque la música había estado sonando sin parar por dos horas. Ellos tenían la regla implícita de cinco canciones por ducha, siete como máximo, de alguna manera el vecino debe haberse preocupado al no escuchar el final de la música —seguro porque había ido vaciar la vejiga o algo— a las diez de la noche.

Tenía un vecino terriblemente considerado a pesar de que no soportaba a Ariana Grande.

Quizás debería pasar a agradecerle más tarde. Algo como: "Hola, vecino. Nunca nos hemos visto en los más de tres meses que llevo viviendo aquí, pero me gusta escuchar música contigo cuando me baño y, oh, por cierto, gracias por salvarme de morir ahogada anoche. Por cierto, ¿por qué no te gusta Ariana Grande?".

O podría ahorrarse la vergüenza y fingir que nada había pasado.


okay, no iba a hacer notas de autor pero esta actualización es especial porque soy fan de exo desde hace tres años y hoy chen debutó como solista, así que estoy feliz y triste porque la canción es muy sad y quería compartir mi felicidad, así que aquí hay una actualización sdgkfsgkasas gracias a AyaMe mUraSaKi y a crisstinet por los reviews, espero que la actualización alcance las expectativas, lloro mucho