Era bastante obvio ahora, ni siquiera necesitaba una confirmación para saber que era él, pero, por si las dudas, echó otro vistazo a su ropa tendida el domingo y se escondió tan pronto como escuchó ruidos cerca. No reconoció particularmente nada. Quizás aquella camiseta roja que le vio aquella noche en el hotel cuando todos se sentaron a cenar, pero era tan sencilla que no significaría nada para nadie. Lo que sí estaba matándola un poco era el hecho de que jamás, ni por un segundo, logró reconocer su voz ni sus gruñidos. Había sido una tonta.
Pero quizás en realidad no había sido tan obvio como se recriminaba. Es decir, ella y Bakugou no eran íntimos. Nunca lo fueron. Los tres años que pasaron en la UA se habían quedado atrás hacía mucho tiempo y salvo cosas relacionadas con su profesión de héroes —o Deku— no solían tener conversaciones fluidas tampoco. Los últimos seis años desde que se graduaron sólo se habían encontrado en el campo de batalla o en alguna zona de desastre, las charlas casuales eran poco recurrentes en ese tipo de situaciones y la frecuencia no era tanta como para que hicieran migas de viejos compañeros. Uraraka nunca había tenido nada particular contra Bakugou, pero tenían pocas cosas en común y ninguno de los dos mostró interés particular en ser amigo del otro. Si lo pensaba así estaba bien, de hecho, era razonable que nunca lo hubiera reconocido o que siquiera jamás se hubiera planteado que fuera él. Estaba el hecho de que ella creía que él vivía en un departamento más lujoso, en una zona de la ciudad más privilegiada. ¿Por qué dejaría HEAVEN Tower para pasar a un edificio donde vivían ancianos? Existían muchos otros edificios de prestigio como WINGED, STARLIGHT y MAGIC WORLD. Era un lugar realmente agradable y acogedor, pero una cosa no coincidía con la otra. Su trabajo también estaba lejos, más lejos que el de Ochako.
Por último, algo que no podía sacarse de la cabeza fue el último comentario de Kirishima sobre el asunto. Ellos dos todavía eran amigos íntimos. Uraraka seguía a todos sus excompañeros en Twitter y siempre había interacciones entre ellos dos —plus Kaminari—. No trabajaban en la misma agencia, pero sus trabajos sí que estaban cerca, teniendo eso en cuenta definitivamente eran muy cercanos todavía así que tenía sentido que Bakugou le hubiera mencionado que eran vecinos en algún momento, pero… ¿cuándo había sido ese momento?, ¿cuándo había notado Katsuki que era ella? ¿Sería por su voz?, justo ese departamento en el que ella le había fallado. ¿O la habría visto en algún punto? ¿Alguien le dijo que vivía allí?
Allí estaban las preguntas y, sin embargo, había una que le carcomía la cabeza más que todas: ¿Bakugou había hecho un dueto con ella sabiendo que ella era… ella?
Wow.
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Había pasado el domingo con sus amigos, así que no llegó a casa hasta pasadas las diez de la noche. Vieron una comedia vieja en el cine y se salieron a la mitad para llegar a tiempo al partido de baseball para el que Deku había conseguido entradas de último minuto. Comieron perritos calientes en el estadio y fueron por algo de mariscos a la salida. Pasaron una hora dando vueltas buscando una buena tienda de postres y comieron helado y pastel hasta hartarse y estuvieron viendo a los artistas callejeros bailar y cantar en el parque cuando las estrellas ya estaban encima de ellos. Había sido una buena salida e Iida se los hizo saber cuando se despidió en la estación.
Durante ese tiempo Uraraka no había pensado en su vecino ni en qué debería hacer con la información que había obtenido de Kirishima. Era sabio asumir que probablemente Bakugou ahora sabía que ella también sabía que eran vecinos, así que… ¿tal vez un saludo formal en su puerta y no volver a ducharse nunca a las ocho de la noche?
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El lunes no se había duchado por la noche, aunque había llegado a buena hora del trabajo; en su lugar entró a la ducha a primera hora de la mañana del martes y supo por los ruidos a través de la pared que su vecino —no, Bakugou—, se dio cuenta. Tampoco había puesto música mientras se lavaba porque no era un momento relajante así no podía desperdiciar tiempo bajo el agua. Todo estaba raro, no sabía qué hacer. No era una persona vergonzosa, pero se sentía con la guardia baja desde el sábado.
Durante sus horas de trabajo estuvo espaciando, de hecho, cometió algunos errores menores en unos informes que entregó y se lastimó el tobillo cuando estaban de misión atrapando a un villano. Nada importante, por supuesto, o la habrían mandado a casa en medio del rescate a los rehenes. Tsuyu le preguntó qué pasaba, por qué estaba tan distraída y a Ochako le costó darle respuesta, pero le prometió que luego le contaría. De camino a casa, sin embargo, tuvo una epifanía. ¿Por qué estaba teniendo sentimientos de rechazo por Bakugou? ¿Tenía 12 años acaso? Estaba por cumplir 25, por el amor de dios.
Así que, como todo en su vida últimamente, Uraraka escuchó una canción para subirse los ánimos y darse valor.
Luego se preparó para entrar en la ducha.
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Entró tarde a la ducha mientras terminaba de ordenar su caos mental y aclarar su resolución. Sí, bueno, Bakugou era su vecino. Sí, lo había estado evitando —si es que se podría considerar como tal cosa—. Sí, era extraño pensar que era amiga de ducha de Bakugou con el que nunca había hecho migas cuando estaban cara a cara. Sí, habían cantado una canción juntos. Sí, Bakugou sabía que era ella y nunca había hecho algo al respecto. Sí, sí y sí. Otro día, otro dólar. El cielo es azul, Ground Zero es su vecino y las vacas mugen. El mundo sigue girando y ella todavía no se baja. Entonces tiene qué seguir sin darle mucha importancia. Justo como Katsuki. Así que entra y se desviste y evita pensar en todo momento que está desnuda escuchando al temible y formidable Ground Zero tararear bajo la ducha una canción de Muse que ella no conoce. También desnudo.
No piensa cosas lujuriosas, sólo cree que la desnudez no es el mejor estado físico para su primer enfrentamiento.
Abre la llave de la ducha, cierra los ojos y ahoga un jadeo cuando el agua fría cae sobre su piel antes de que comience a entibiarse periódicamente. Es un ritual al que nunca se va a acostumbrar y menos ahora que ha llegado noviembre, pero da lo mejor de sí para relajarse. Trata de concentrarse en la música mientras aplica su champú y-
—OH, POR DIOS —se le escapa un grito involuntario. Ella conoce esa canción. No, joder, ella adoraba esa canción cuando estaba en la secundaria; aunque la conoce con otro interprete—. ¡Es la canción de la película de "10 cosas que odio de ti"! —chilla a volumen más moderado, pero probablemente Bakugou igual la ha escuchado. Decide que no importa entonces que esté desnuda disfrutando las canciones de su vecino también desnudo que casualmente también es un excompañero suyo que gruñía a otros como desayuno, comida y cena en sus días en la UA. Ellos tienen algo allí que quizá nunca salga de la ducha (Bakugou lo dejó bien en claro cuando no intentó aclarar las cosas en el hotel ni en ningún otro momento), pero está bien. A ella le gustan las cosas tal y como están. Le gusta escuchar música, cantar en la ducha. Y lo más importante: necesita cantar esta canción.
Cantan juntos por segunda vez esa noche, aunque Bakugou se va después de una canción más y Uraraka podría o no podría haber dicho su apellido después del "buenas noches".
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Es mitad de noviembre y su rutina de baño se normaliza: quien gane la ducha gana la música, Katsuki sigue escuchando rock de los ochentas con algunas variaciones de bandas de los noventas y dos mil. Uraraka sigue apoyándose con las listas pop de Spotify y Katsuki tararea las baladas tristes mientras que ella canta a media voz. No se han visto ni una sola vez y Uraraka no sabe por cuánto tiempo más esa situación se va a sostener. Ya está lo suficientemente tranquila para no afectarse al pensar que se baña junto a Ground Zero y cree también estar mentalizada para encontrarse con Katsuki de una vez por todas. Cree que un primer encuentro es la cortesía mínima que se deben.
Lo que es un misterio es por qué Bakugou tampoco ha hecho nada para resolver su condición. Él es una persona mucho más directa a diferencia de ella, siempre dice lo que quiere, aunque sean con las peores palabras posibles. También es una persona brillante y a lo largo de los años ha podido madurar. No puede ser posible que lo esté deteniendo la vergüenza, ¿o sí?
Es viernes y pasan de las seis de la tarde, Uravity está recostada en su sillón con su echo dot de Amazon a un lado. Si es sincera no tiene a nadie con quién hablar del asunto. A Tsuyu sólo le ha dicho que descubrió que Katsuki es su vecino, pero no le dio detalles de sus encuentros en la ducha por lo incómodo que eso sería, sólo le queda hablar con la tecnología.
—Alexa —llama a la asistente de Amazon—, ¿debería encontrarme con Bakugou?
Espera unos segundos a que Alexa procese su pregunta. Pero la respuesta no le ayuda—. "Perdona, no lo tengo claro".
Lo intenta de nuevo.
—Alexa, ¿crees que Bakugou quiere encontrarse conmigo?
—"Perdona, no lo tengo claro". —repite.
Pone los ojos en blanco. Alexa nunca tiene nada claro. Qué desperdicio.
—Alexa, ¿crees que a Bakugou le moleste si lo voy a visitar?
En lugar de responder adecuadamente, el aparato le da una breve biografía de Katsuki Bakugou.
—Tomaré eso como un sí —murmura.
sin tiempo para nada, gracias por los reviews y nos leemos hasta el próximo fin de semana :)
