La dinámica de los chats se mantie en su forma más sencilla:
Bakugou
Persona que no es Bakugou
CANCIONES PARA CANTAR EN LA DUCHA
Bakugou's POV
No debió haber consultado nada con sus padres.
Él ya era dueño de sus propias decisiones y darle un aviso a su madre de que pensaba mudarse era una de esas situaciones donde te salía el tiro por la culata, como rezaba el viejo refrán. Lo había hecho más por deferencia a ellos que porque le apeteciera. Quizá para ahorrarles un poco el ridículo de ir a buscarlo a HEAVEN Tower cuando él ni siquiera estaría allí. Nunca había sido un hijo muy filial, pero al menos esto lo sintió como un deber. Pero quizá debió habérselo pensado mejor. Su padre estaba embalando en cajas y con mucho periódico los objetos que él consideraba frágiles —en su perspectiva, casi todos— y su madre revisaba sus cosas, decidiendo qué merecía tirar a la basura y qué no. Ni siquiera tenía tantas posesiones, maldita sea.
—¿Y te irás a vivir solo? —inquirió su madre. Era una pregunta que le había hecho al menos 15 veces en los últimos 3 días.
—Ya te dije que sí.
—¿Pero dejas este departamento para irte a un lugar peor para seguir viviendo solo? ¿Qué hay allí que no puedas tener aquí?
—Paz y tranquilidad —respondió, sin pestañear.
—¿Y tu novia? —terció su padre, cerrando fuertemente una caja de cartón—. ¿Va a quedarse aquí?
Katsuki ni siquiera dignificó eso con una respuesta.
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Solo había un reducido número de personas que sabían la nueva dirección de Katsuki y esos eran Eijiro, Kyoka, el administrador de su agencia y Rie; Denki estaba más o menos vetado porque solía tener la boca floja. A sus padres les había prometido que él mismo les visitaría. A ver cuánto le duraba el gusto, su madre más temprano que tarde descubriría su nueva dirección; lo sabía.
El nuevo edificio no era espectacular, sino más bien todo lo contrario. Era de un color mantequilla rancio, más parecido al orín que a la mantequilla. Contaba con cinco plantas y cuatro departamentos por piso. Era de agradecer que tuviera ascensor y cajón para estacionamiento. Si no fuera porque quería tomar dos departamentos para sí mismo, Bakugou hubiera elegido la última planta, pero tuvo qué conformarse con la cuarta.
La cuarta planta había tenido un problema con las tuberías que se había prolongado hasta que los anteriores arrendatarios decidieron marcharse. Un par se mudaron a la tercera y primera planta y otro se marchó del edificio. El departamento más cercano al elevador del piso pertenecía al dueño, por lo que no se encontraba en renta. Además de eso, casi nunca pasaba por el lugar puesto que ahora vivía en Las Filipinas.
El trabajo de remodelación se lo había dejado a una agencia especializada. Le habían mostrado diseños y él aceptó sin muchos miramientos la distribución espacial que le agradó más. Solo necesitaba lo básico y después lo llenaría con el resto de sus cosas, como lo hizo en HEAVEN Tower.
Aunque había elegido los dos departamentos del fondo, la constructora le advirtió que, por la forma en la que el edificio había sido edificado y contando la cantidad de espacio que él necesitaba, era mejor que tomara los dos departamentos del medio, los más amplios, y así lo hizo.
No puso mucho empeño en la decoración. Dejó cosas por aquí y por allá, enfocándose más en los electrodomésticos y en su gimnasio personal. Cuando terminó lo sintió algo vacío, pero tampoco le tentó desempacar el resto de las cajas para comenzar a colgar sus reconocimientos o fotos de momentos importantes de su vida. En su lugar solo dejó el cuadro de la generación de UA en un pasillo que daba a su habitación y le dedicó una repisa completa a All Might en su pequeño estudio.
Podría no decirlo en voz alta, pero las personas y las experiencias que vivió en la Academia durante su adolescencia fueron las mejores. A pesar de los gritos y los gruñidos que solía proferir de forma constante en aquellos días, sabía que encontrar un grupo tan variopinto y especial era difícil, ni siquiera mencionaba el peculiar cariño que se había formado entre todos los miembros de la Clase A. Ahora, como héroe, muchos de los nexos que formaba eran por pura formalidad o interés. Cuando joven había escuchado que la cima podía ser solitaria, por lo que estaba agradecido de que Eijiro jamás lo hubiera soltado, incluso cuando después de graduarse él no mostró particular interés en aferrarse a los vínculos que le unían a su pequeño grupo de amigos.
Una de las razones por las que había elegido ese viejo edificio en los suburbios de Tokio se debía a las personas que lo habitaban, la mayoría eran ancianos pensionados, gente a la que no le interesaría lanzar chismes sobre su vida para ganarse unos cuantos yenes extras. Incluso cuando Rie le mostró edificios más agradables en mejores y peores zonas de la ciudad, se decidió por la fachada de color orín por los beneficios a largo plazo que este podría consentirle. Así que cuando escuchó que habían encontrado un nuevo inquilino para el departamento del fondo y se mudaría tan pronto como comenzara agosto, Katsuki estuvo de mal humor. Le gustaba tener el piso para sí mismo, empero, más que eso, esperaba no tener a alguien entrometido. En HEAVEN Tower solían meter las narices en sus cosas por el placer de creer saber algo.
—También es un héroe —Brela, la guardia de seguridad, le comentó. Katsuki le estaba sacando información a cambio de unas rosquillas con cubierta de fresa, pero no estaba funcionando muy bien—. Está en el top 20 o 30, lo olvidé; quizá hasta se conozcan y todo.
Por razones de privacidad, Brela se negó a explicarle nada más. Ya la conocería, le había asegurado. Y ese había sido su único indicativo de que era una mujer. ¿A quién demonios conocía que estuviera en el top 30 que fuera mujer y no fuera una boca floja?
En realidad, esperaba no conocerla.
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Solo supo que la mudanza de la nueva vecina ya había terminado porque dejó de ver cajas apiladas afuera de su puerta. De alguna manera se alegró de no habérsela topado en ningún momento y esperaba que no fuera de esas personas que tenían la necesidad de saludar a sus nuevos vecinos porque creían tener el deber.
Después de haber tenido un día particularmente agitado, Katsuki lanzó su chaqueta al sofá y descansó la cabeza en el respaldo. Lo último que quería era convivir con alguien nuevo. Solo deseaba sumergirse en el agua de su tina de baño y no salir de allí hasta que algún álbum de Queen terminara de sonar.
Dejó la bañera llenándose mientras respondía algunos correos del trabajo en su portátil, sin embargo, su chasco fue grande cuando escuchó música al otro lado de la pared. Y no cualquier maldita música, sino Ariana-Te-Chillo-En-Los-Oídos-Grande. ¿Por qué a las mujeres les gustaba esa cantante rompe-tímpanos? A su madre le gustaba, a Rie le gustaba, a Eijiro le gustaba y, ¡diablos!, incluso Jiro coreaba sus canciones, la cereza del pastel era su nueva vecina. Joder, ¿cómo se podía tener tan mal gusto?
Como no estaba de humor para tolerar cosas que despreciaba, Katsuki hizo lo único que se le antojó adecuado sin que le obligara a tener una conversación después: golpeó la pared con furia, con suerte la mujer captaría el mensaje. Alcanzó a escuchar cómo el sonido se ahogaba para luego volver a resurgir. Repitió el procedimiento una segunda y una tercera vez hasta que terminó su suplicio y Somebody that I Used to Know de Gotye sonó.
Eso sí podía escucharse.
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Habló con el dueño de los departamentos por teléfono al día siguiente, con el cólera a raya en su voz. Sabía que era tarde para este tipo de reclamos, pero al menos le diría lo que pensaba así tuviera qué pagar una llamada internacional.
—¿Quién mierda renta departamentos con unas paredes tan delgadas como el papel? Si hubiera sabido que se escucha cuando tiro de la palanca del baño en el otro departamento jamás hubiera hecho las reformas. ¡Me hubiera largado a otro lugar!
—Ah, pero nuestro lado lo mencionó. Usted fue el que tenía la urgencia de mudarse y no prestó atención cuando firmó el contrato.
Katsuki masculló mil maldiciones y luego colgó.
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La siguiente llamada fue a la constructora. Pidió que engrosaran las paredes que colindaban con los dos departamentos contiguos tan pronto como fuera posible. La respuesta, aunque no fue una negativa, Katsuki la tomó como tal.
—Ahora mismo nuestros arquitectos y trabajadores están ocupados —lamentaron al otro lado de la línea—. Sin embargo, en cuanto estén disponibles nosotros nos comunicaremos con usted.
—¿Y cuándo se supone que estarán "disponibles"? —cuestionó con voz ácida.
—Nuestros proyectos más urgentes tienen fecha límite para los últimos de septiembre —a lo dicho, Katsuki gruñó como perro rabioso al teléfono—. Pero buscaremos darle una fecha para inicios del mes —se apresuró a añadir un nervioso trabajador.
—Más les vale.
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Katsuki no se pasó por casa hasta el sábado. Una de sus —malas— costumbres consistía en dormir en las habitaciones predispuestas de la agencia cuando no le apetecía ir a casa o terminaba muy tarde el trabajo. También solía quedarse a dormir allá en temporada alta. Su agencia, al estar en el centro de Tokio, se encontraba al servicio las 24 horas del día, a diferencia de otras más pequeñas que laboraban las 8 horas reglamentarias por la mañana y solo abrían en casos de emergencia por las tardes o noches. Existían también algunas que reclutaban usuarios cuyo poder se incrementaba o era más versátil en la oscuridad, por lo que se ocupaban de los delitos únicamente cuando el sol se ocultaba. Esas agencias normalmente tenían asociaciones con otras para cubrir los turnos de las 24 horas del día en ciertas zonas de la ciudad.
Fue una grata sorpresa para él darse cuenta de que su vecina no estaba en el cuarto contiguo —el cual ya había adivinado que era su baño luego de escuchar el característico sonido de descarga esa mañana—, por lo que podría escuchar a Scorpions en paz.
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Jeff llamó a Bakugou el domingo a mediodía para confirmar su aparición en Heart to Hero, el programa del cual era productor, el próximo viernes. Como técnicamente ya había hecho espacio en su horario y se lo había prometido tanto a Jeff como a Rie, no podía decir que no, pero aun así lo intentó.
—No voy a ir.
—Vamos, sé que lo harás. Llamé ayer a tu agencia y me confirmaron que pediste la tarde libre.
—Pues cancélalo porque no iré. Prefiero atrapar al ladrón de las cloacas y llenarme de mierda todos los viernes por la noche durante el próximo mes que volver a pararme en un programa de esos.
—Sí sabes que al final vas a ir, ¿verdad?
Derrotado, Ground Zero respondió sin ganas—. Lo sé, maldición.
—El viernes desde las 5 de la tarde te necesito en el estudio para volver a repasar las preguntas.
—Lo sé, ya lo tengo todo en la puta agenda.
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En consideración a que la noche anterior la vecina le había dejado escuchar a Scorpions en paz, esta vez él le permitió que escuchara su música pop pegajosa sin reclamos. Por eso y en un silencioso agradecimiento por no meterse en su vida desde que se había mudado.
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A Katsuki no le costó mucho comprender la nueva rutina de ducha en la que se había sumergido: él y su vecina se duchaban a la misma hora, con algunos minutos más o menos de diferencia, por lo tanto, quien entrara primero, elegiría qué escucharían ambos los siguientes 20 minutos. Era un sistema simple, pero infalible. Lo mejor es que ni siquiera habían tenido qué hablarse para establecerlo.
En realidad a Bakugou le había tentado la idea de cambiar su horario de duchas, sin embargo, tozudo como era, consideraba que era un duelo de voluntades y que retirarse del horario de las 8 de la noche se consideraría una derrota y él, en ningún caso, iba a ceder una victoria sin luchar.
Lo que agradecía, asimismo, era que la odiosa de Ariana Grande no había sonado ni una sola vez desde aquel primer día.
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Ground Zero llegó puntual a su cita del viernes en el estudio de Heart to Hero. Había estado un par de veces en el programa hacía tiempo y sabía exactamente por qué no le gustaba. Se lo había dicho a Jeff, se lo había dicho a Rie y, en general, se lo había dicho a todo el staff, sin embargo, allí estaba otra vez, repasando las idioteces que le preguntarían una vez más.
Nada era nuevo y ni siquiera entretenido. Sabía que su carrera como héroe era solo una excusa para su aparición en el programa y la verdadera razón por la que estaba allí era por los chismes de los tabloides. Si estuviera en su poder, jamás estaría parado en ese estudio ni en ningún otro, sin embargo, en su agencia le habían explicado que, como miembro de la nueva triada que representaba el símbolo de la paz en la era moderna, una de sus misiones era verse cercano y amigable con la gente. Lamentablemente en sus esfuerzos Katsuki se había desviado del camino y acabó siendo más parecido a una celebridad de lo que le gustaría. Siempre había esperado que ese camino lo tomara Todoroki, pero la vida daba muchas vueltas y a él lo había cogido por el culo. Ahora mismo estaba intentado retomar las riendas de su imagen pública, pero esta era un de esas entrevistas a las que no se podía negar.
Heart to Hero era un programa poderoso, el más visto en la industria del entretenimiento, y necesitaba ese tipo de atención. Hacía poco más de una semana, sabría el diablo dónde, Busted! había revelado al público unas viejas fotos suyas con Rie. Viejas no eran exactamente el término adecuado, pero cuando menos eran de mayo. Jeff le había ayudado a eliminar los artículos más tendenciosos de internet y Rie le había pedido que se encargara de hablar con el público en esta ocasión, a lo que no se pudo negar. Él también estaba interesado en hacer que las personas dejaran de meter la nariz en su vida privada.
Katsuki leyó las preguntas rápidamente y no pudo evitar el descontento que sintió al notar que se demorarían más de lo que le gustaría en aclarar aquel asunto de su relación con la actriz, mas Jeff le había asegurado que respetarían sus palabras al final de la noche. No podían deshacerse simplemente del tono del programa porque a él le disgustara y estaba desagradablemente consciente de ello.
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Kamidiota; chat
Negaste ke salias kon rie xke es vdd o pa ke no t molesten
Vete al diablo
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Con toda franqueza, a Bakugou no le interesaba quién era su vecina. Podría ser un híbrido entre perro y mujer, para lo que le importaba. Sin embargo, cuando la escuchaba tararear canciones de Katy Perry o Taylor Swift tenía un sentimiento de inquietud en el estómago porque juraba, en serio juraba, que la conocía de alguna parte.
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Fue gradual la manera en la que su vecina comenzó a meterse en su piel. No solo por la consideración de nunca poner a Ariana Grande en su presencia, sino por verdadera curiosidad de con quién estaba compartiendo las duchas. ¿De verdad era una heroína? ¿De qué tipo? ¿Dónde trabajaba? ¿Alguna vez habían combatido juntos? Y, peor aún, ¿ella sabía quién era él? Las preguntas rondaban en su cabeza durante los momentos más inoportunos del día.
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La llamada de la constructora llegó de repente, una tarde de jueves a finales de agosto. Habían priorizado su petición y podían comenzar a trabajar en su departamento en algún momento del final de la primera quincena de septiembre. Incluso ya habían contactado al dueño del edificio y estaban en trámites con la oficina de gobierno para obtener el permiso de las remodelación. Katsuki meditó la información por largos segundos, pero se decidió cuando vio el reloj en su muñeca, a punto de marcar las 8 de la noche.
—Estoy bien así —tragó pesado—. Si necesito la reforma después volveré a contactarlos yo mismo.
Cuando entró a la ducha, no pudo evitar silbar Versace on the Floor que sonaba del otro lado.
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Ese sábado, mientras Katsuki se secaba el cabello sacudiendo la cabeza al ritmo de Feel invincible de Skillet, escuchó la voz casual de su vecina en un amigable "buenas noches".
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Aquel "buenas noches" no salía de la cabeza de Katsuki desde el sábado. Pensó en ello toda la noche y parte de la mañana, inclusive cuando se encontró con Rie para desayunar y exponer los esfuerzos de sus agencias para detener los artículos de internet referentes a su relación. No era una jugada muy inteligente verse en persona, pero Katsuki aceptó disfrazarse e ir hasta la casa de campo de la actriz, a una hora de la ciudad. Usaría el auto de su padre, como había estado haciendo los últimos meses desde que se mudó. Se vistió con la ropa que encontró más seca en el balcón y dejó el resto allí. Ya las descolgaría cuando volviera.
Fue en casa de Rie, cuando —sabiendo lo mucho que lo molestaba, ella puso Into You de Ariana Grande a todo volumen— un destello de brillantez atravesó su cerebro.
—Es la que flota las cosas —dijo para sí mismo en medio de un sobresalto.
—¿Perdón? —la mujer intentó seguirlo—. ¿De qué hablas?
—Es Uraraka. Tiene qué ser ella.
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En el viaje de regreso, Bakugou siguió dándole vueltas a su conjetura de la identidad de su vecina. Trató de pensar en lo que sabía de Uraraka de antes y no de ahora, que, de cualquier manera, no era mucho. Aparte de que escuchaba música pop y era incapaz de oír algo del siglo pasado —la mejor música, para variar— a menos de que la obligaran —él— no había más.
Aunque compartieron 3 años en la UA juntos, realmente no habían sido cercanos. Su mayor impresión se dio en el festival deportivo en el primer año, cuando lo había obligado a utilizar todo su potencial en un determinante ataque defensivo. Le guardaba cierto aprecio por haber formado parte de sus mejores años de la preparatoria, pero no había más.
Existían otros fragmentos de convivencia, la mayoría eran pequeñas discusiones sobre Deku, respecto al trato que él le daba. En realidad, si hurgaba más en sus memorias, podría jurar que ella estaba enamorada de Deku, pero algo allí había fallado a lo largo del camino, no estaba seguro de qué. Sin embargo, esos dos todavía eran muy amigos, no podría haber sido algo grave. Además, ¿no estaba ese idiota saliendo con el bastardo de Todoroki?
Trató de rememorar, también, cuándo había sido la última vez que había visto a Uravity. ¿En Heaven TOWER cuando él todavía vivía allí? Aquellos dos también eran inquilinos en el edificio e íntimos amigos de ella, por lo que tendría sentido. Pero no, si lo pensaba bien se habían visto en mayo —o, al menos, él la había visto de lejos, puesto que no se habían acercado a saludarse— cuando pasó brevemente a Okinawa a ver el primer performance de Kyoka como DJ novata en un festival de música electrónica en la playa.
Esa información, de cualquier manera, no le servía para nada, por lo que Katsuki dejó el tema por la paz. Al menos en ese momento.
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Según una breve investigación en internet, Uraraka, mejor conocida en el mundo de los héroes como Uravity, trabajaba como heroína en una agencia llamada Smile Sunshine en los suburbios de Tokio, se especializaba en rescates durante siniestros y se encontraba en el puesto número 18 en el ranking de héroes para el año 2018. Había estado escalando lenta, pero firmemente posiciones hasta llegar a los 20 primeros. Destacaba por su rapidez de respuesta y arrojo, siempre con un plan en marcha. Algunos comentarios en su perfil de héroe hechos por los internautas concordaban que, sin importar qué tan fuerte era Uravity, la mejor parte de ella como heroína era su buen humor, alegría y preocupación por las personas.
En otra búsqueda por los portales de noticas de Yahoo! Japan, Bakugou pudo notar no sin cierta envidia que todos los titulares de Uraraka estaban relacionados con sus servicios a la comunidad. Rescates, reconstrucciones, robos y secuestros frustrados eran los titulares con los que se relacionaba su nombre. Solo existían unos pocos donde la ligaban con otros héroes como Geele —su jefe—, Froppy, Deku y Shoto. Nada amarillista. Los periodistas hablaban de ella con respeto, casi con aburrimiento, mientras intentaban hacer noticia una foto de Instagram, un tweet en Twitter o una foto tomada por casualidad por un transeúnte.
Uraraka llevaba una vida tranquila y sin sobresaltos. Katsuki no supo sin sintió admiración o envidia al final de su investigación. Lo que sí entendió es que era demasiado internet por un día.
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Solicitaron rescatistas de forma urgente a la agencia de Bakugou, Burning Moon, después de que las noticias de un tsunami en la costa este de Japón se esparcieran como pólvora entre la población. Katsuki se ofreció inmediatamente como voluntario, sin embargo, su salida tuvo qué ser coordinada con la agencia de Midoriya y Todoroki. Eran los símbolos de la paz y, aunque era un esfuerzo positivo darle esperanzas a las personas en desgracia, Tokio no podía verse desprovisto de sus 3 héroes insignia. Shoto fue quien se ofreció voluntariamente a permanecer apostado en la capital y Bakugou se dirigió de inmediato a Sendai.
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Bakugou siempre había preferido la acción de derrotar a un villano a la satisfacción de rescatar a las personas. No era que no le interesara ayudar a los demás, todo lo contrario, pero prefería la adrenalina de las batallas, sabiendo que podía ganar si ideaba una estrategia ideal o si empleaba la fuerza suficiente, no como ahora, en medio de los escombros de lo que alguna vez fueron edificios y casas, cuando ya no había nada que pudiera hacer por las personas que murieron irremediablemente aplastadas bajo el concreto.
Aun así, Katsuki se forzó a sí mismo a seguir cavando, a seguir ayudando personas y ofrecerles los primeros auxilios a pesar de tener las manos manchadas de sangre y la urgencia pitando en sus oídos.
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La primera noche en Sendai, Bakugou se encontró con Kirishima y Hagakure en los pasillos del hotel. Estaban bajando a cenar y decidieron marcharse todos juntos para compartir anécdotas. Fue una sorpresa —aunque no realmente— encontrar a Deku reunido con su usual grupo de amigos en el restaurante.
—¿Tu nuevo departamento está bien? Es lamentable que HEAVEN Tower ya no fuera cómodo para ti —apuntó el heredero de All Might y Katsuki aprovechó el tópico para echarle un vistazo a Uraraka. Al ver la falta de reacción de la chica, asumió que no sabía o no era ella su vecina de al lado.
Por otro lado, Ingenium le miraba como si deseara preguntarle algo, pero Hagakure se adelantó y mencionó que otros de sus excompañeros se encontraban en un hotel en la siguiente manzana.
—Tal vez deberíamos pasar a visitarlos —sugirió Kirishima.
El resto estuvo de acuerdo, incluso él, pero en seguida añadió—: Iré a tomar una ducha, los alcanzaré más tarde.
Eso lo dejó de camino al elevador en un ambiente silencioso junto a Uravity, quien lucía mucho más miserable que él al punto de declinar la invitación de los demás. Bakugou notó que la chica comenzó a tararear desde el fondo de su garganta la canción de Sam Smith que habían puesto en el restaurante antes de marcharse y fue en ese momento que estuvo seguro por su puto quirk que era ella. Definitivamente era ella su vecina.
—Te ves como la mierda —le dijo en cambio.
—Solo necesito volver a dormir ocho horas para verme mejor —sonrió.
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Prescindieron de los servicios de Ground Zero la mañana del séptimo día, cuando se inauguró oficialmente la reconstrucción de la ciudad. Entendió que no era el mejor para la tarea y recogió sus cosas del hotel sin chistar. Se presentó el momento de las despedidas y pudo notar que Uraraka no se marchaba con ellos.
—¿Va a quedarse? —le preguntó en un murmullo a Kirishima.
—¿Por qué?
Se encogió de hombros—. Creo que somos vecinos.
—Ah, fenomenal. Debe ser bueno tener a una amiga cerca —bromeó Red Riot—. Pero sí, solicitaron expresamente a Uraraka para la reconstrucción de Sendai, va a estar aquí al menos otra semana.
Asintió con la cabeza y, cuando fue su turno de despedirse, se esforzó por decirle—: Lo estás haciendo bien.
Más que bien, incluso había llegado a considerarla admirable, pero él no estaba acostumbrado a decir halagos, por lo que no supo expresarse. Admitía que la había estado observando de más en los trabajos de rescate, reconciliando su imagen de Uravity de la UA, la de su vecina que cantaba canciones de Rihanna desnuda en el baño contiguo al suyo y la de ahora, que se dejaba la piel por ayudar a otros.
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Ground Zero tenía al criminal apresado contra el suelo, intentando ponerle su nuevo modelo de esposas que limitaban la intensidad del quirk del usuario. A lo lejos, Shoto ayudaba a los niños que trabajaban en la fábrica de droga como esclavos. A lo lejos, Deku peleaba contra el jefe del negocio clandestino. Un par de patadas y el trabajo estuvo hecho. Aparte de los héroes, la policía, los niños y los mismos villanos, no había civiles alrededor. Bakugou se tragó el nudo que tenía en la garganta al ver a un niño en condiciones deplorables, tan cansado de la vida que ni siquiera podía llorar o sonreír con alivio.
Caminó directo a la ambulancia que tenían preparada para los héroes, donde tratarían sus heridas menores. Todoroki estaba recibiendo primeros auxilios de manos de una diestra enfermera a la que poca atención le prestaba.
—Esto apesta —empatizó Bakugou. No hablaba de sus heridas o de las del otro héroe, sino de los pequeños—. Desearía acabar con toda esta mierda de una vez para que nadie tenga que volver a vivirla.
Shoto asintió solemnemente, luego recibió una llamada.
—No —respondió el héroe de los dos quirks—, está ocupado en un arresto —pausa—. Yo le diré a Deku. ¿Cuándo vuelves de Sendai?
Katsuki esperó a que terminara la llamada y dejó que la curiosidad que lo había tomado por asalto se apoderara de él. Sabía con quién hablaba.
—¿Era Uravity?
Desinteresadamente, Shoto asintió. Su vendaje estaba listo, la enfermera procedió a atender a Bakugou, desinfectando algunas heridas que tenía en la pierna.
—¿Cuándo vuelve? —no pudo creerle a su propia voz. Estaba preguntando por ella.
—Mañana.
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Bakugou pudo escuchar a Uraraka arribar a su departamento la noche del sábado cuando la heroína lanzó una especie de gruñido cansado que se coló hasta su departamento. Él se dirigió a la ducha, eran casi las 8 de cualquier forma.
Su celular reproducía a Led Zeppelin cuando escuchó una puerta cerrarse con demasiada fuerza que ciertamente no era la suya. Entendió que Uraraka era quien había entrado a su propio baño y paró su música. Le dejó poner lo que quería y se marchó dos canciones después.
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La única razón por la que Bakugou tuvo qué ir al baño más tarde ese día fue debido a que tenía ganas de orinar. Había estado pasando las últimas dos horas viendo la trilogía de Batman de Christopher Nolan —bueno, partes de ella— en su reproductor de Blu-ray cuando la necesidad fisiológica lo asaltó. Al entrar pudo escuchar una canción de Ed Sheeran e inmediatamente se puso en alerta, incluso los vellos de la nuca se le erizaron.
¿Uravity seguía allí? Con el estómago revuelto por las terribles posibilidades, golpeó la pared para ver si causaba alguna impresión en ella y también tanteó para, en el peor de los casos, saber cuánta intensidad ponerle a una explosión para volar la pared sin destruir toda la maldita planta. No tenía tiempo para correr hasta la puerta.
Fue un alivio cuando un "¡Estoy despierta!" se hizo eco desde la otra habitación.
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Para Katsuki, ya era 99% seguro que Uravity era su vecina. Solo necesitaba verla entrar en su departamento o algo así para obtener la certeza completa.
Esa certeza llegó cuando regresó de visita de casa de sus padres, la obligatoria de la quincena pactada con su madre. Estaba en su cajón del estacionamiento apagando la ignición del Chevy de su padre cuando vio en carne y hueso a Uravity entrar en el edificio con una caja de rosquillas de la tienda de en frente.
Fue tanta su sensación de victoria que sonó el claxon por error.
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Estaba de buen humor.
Su madre no había averiguado todavía su dirección, su padre no le había preguntado por "la novia" y la prensa no había sacado ningún artículo nuevo de él y Rie, aunado a eso, un hito más se sumaba a su lista al confirmar que Uravity era su vecina misteriosa. Así que, cuando What's Up de 4 Non Blondes sonó en el baño contiguo le fue inevitable cantar a todo pulmón.
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Deku; chat
Hola, Kacchan
Sé que esto puede ser un poco repentino
Y no tienes qué decir que sí si no quieres
Por favor, no te sientas presionado
Es solo que Uraraka va a hacer una fiesta en su casa
En realidad no es una fiesta, solo una pequeña reunión
Y estábamos pensando que sería agradable volverla algo así como un reencuentro de la UA
¿Te interesa venir?
Será este sábado
No puedo
Quizá la próxima
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Salió de la entrevista de radio aproximadamente a las 9 de la noche. Jeff le mandó un mensaje para preguntarle por qué lo había traicionado con otro programa —el cual ignoró— y Denki le insistió por chat que dejara botado el trabajo y se reuniera con ellos a tomar unas copas en casa de Uraraka.
No iba a ir. Incluso si no hubiera tenido la entrevista en el medio, no iría.
Había estado pensando en ello los días pasados. Lo meditó mucho sobre las duchas, las canciones y Uraraka. Llegó a la conclusión, después de cavilar mucho, que sería mejor no encontrarse. Su excompañera podría terminar teniendo un ataque de pánico, molestia o rechazo, el cual deseaba evitar. Al inicio asumió que se trataba de exceso de interacción humana la que intentaba evitar, más tarde se dio cuenta de que no era eso. Le gustaba su rutina en la ducha, la manera en la que elegían canciones y cantaban juntos. Era una especie de amistad silenciosa que apreciaba y si existía la mínima posibilidad de que terminara destruyéndose, él la evitaría.
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Eijiro; chat
Por q no le dijiste a Uraraka q es tu vecina
?
Eso no es de hombres, Baku
Mierda
Sí, mierda. Debió suponerlo. Y pensar que todo el secretismo con Denki no había servido para nada mientras existiera Eijiro.
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Uraraka actuó justo como él creyó que lo haría, pues Bakugou se duchó solo el lunes y la escuchó hacer lo propio la mañana del martes. Ella no solía tomar duchas por la mañana. Era evidente que ahora sentía rechazo.
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El miércoles Bakugou llenó la tina de baño. Le apetecía descansar y siempre había considerado que el mejor lugar para hacerlo era la bañera. Esa era una de las razones por las cuales había elegido uno de los diseños donde el baño principal ocupara casi el mismo espacio que una recámara para invitados, con la ducha y la tina en diferentes lugares de la habitación.
Comprendía lo que estaba sucediendo. Uraraka estaba incómoda y no habría más sesiones de canciones en la ducha. Lo entendía, así que actuaría en consecuencia. Para evitar otra situación incómoda llamaría a la constructora y, aunque tuviera que pagar el doble del trabajo estándar, tendría paredes a prueba de sonido para la próxima semana.
La idea la desechó, empero, cuando escuchó el grito de una emocionada Uravity exclamar—: —OH, POR DIOS. ¡Es la canción de la película de "10 cosas que odio de ti"!
En la lista de cosas inevitables en la vida de Bakugou, cantar Can't Take My Eyes Off You de Muse junto a su vecina se convirtió en un reglón nuevo.
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Conversaba en el grupo de chat que tenía con sus amigos, poniéndose de acuerdo para asistir al RockFest a finales de enero del próximo año. Jiro estaba que le reventaba las notificaciones de tanto spam que enviaba de cada una de las bandas que se presentarían cuando tocaron a su puerta.
No esperaba a nadie. Todavía mantenía su domicilio en privado, su madre no parecía tener interés en averiguar su dirección aún y tanto Eijiro como Rie tendrían la delicadeza de llamarle antes de aparecer porque sabían que no le gustaban las sorpresas. La única persona que se aparecería de repente era Brela para recordarle sobre la renta o preguntarle sobre el estado de las tuberías, cosas que el casero le había encargado. Esperando verla a ella, abrió la puerta sin asomarse por la mirilla, pero a quien encontró fue a Uraraka con un ramo de flores, plantada frente a su puerta.
—Buenas tardes, vecino. Soy Uraraka Ochako, tu vecina favorita.
¿Estaba de broma?
Se recargó en el marco de la puerta, sin recibirle las flores.
—Obviamente sé quién eres —dijo.
—Kirishima me dijo que vivías aquí, así que pensé en venir a saludar.
Bakugou resopló suavemente. Tomó las flores con una sola mano y entró a su departamento dejando la puerta abierta, esperando que lo siguiera.
Iban a tener esa conversación y, por primera vez en mucho tiempo, tendría que ser honesto sobre ello.
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—Te ves más feliz, hombre.
El comentario de Kirishima lo descolocó. Salían del arcade después de pasar la última hora matando zombis en un juego viejo. Jugar tanto videojuegos como juegos de destreza eran cosas que le entretenían desde siempre, feliz no era la palabra más indicada, pero la aceptó en ese momento.
—Me refiero en general —continuó Kirishima—. ¿Ha pasado algo bueno en tu vida de lo que no sepa? ¿Una promoción? ¿Una transferencia a América?
—Nada de eso.
—No seas mentiroso, puedo oler la felicidad en ti desde kilómetros.
—La felicidad no huele, no seas imbécil.
—Cuando viene de ti, sí lo hace.
—Métete en tus propios asuntos.
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Bakugou mascullaba algo parecido a "Gente inculta que no respeta los clásicos" cuando recibió una llamada de Rie. Necesitaba hablar con él de algo urgente. Se puso la chaqueta y salió en el auto de su padre a la casa de vacaciones de Rie en las afueras de la ciudad, lugar donde solían encontrarse con frecuencia últimamente, porque era la única residencia —esa y la casa de Bakugou, pero ambos habían acordado que era mejor no exponer su domicilio— que los malditos reporteros de la prensa rosa no habían encontrado. Cafés, restaurantes y hasta el mismo HEAVEN Tower estaban baneados.
La petición de Rie era sencilla: quería comenzar a ser más abierta al público, para dejar de jugar a esconderse y quería su aprobación. Katsuki no estaba seguro de que fuera la mejor decisión, después de todo, ella misma fue la que había estado luchando los últimos 15 años en mantener todo lo relacionado a su vida privada en secreto, sin embargo, tampoco le dio argumentos de peso para detenerla. Ella le estaba avisando, no le estaba pidiendo permiso.
—¿Estás segura?
—Lo estoy.
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Entre villanos, entrevistas, encuentros y canciones en la ducha llegó diciembre. Le provocaba jaqueca el mero pensamiento de saber que tenía la agenda llena. Más llena que en noviembre: apariciones públicas, alfombras rojas, actos de beneficencia, entregas de premios... Aunado a eso, estaba preocupado por la decisión de Rie. Si hubiera sido honesta desde el principio, no con este noviazgo, sino con todos los que había tenido anteriormente, ahora tendría un tipo de imagen diferente con el pueblo de Japón y, quizá, revelar uno más sería tan fácil como sacar una pieza de Jenga al inicio de la partida. El frío de la temporada no ayudaba, su madre ya sabía dónde vivía, sus descansos se acortaban y se estaba poniendo cada vez más irritable.
En el medio de sus crecientes desgracias, Bakugou encontró una más para añadir a su pila de mierda: como en un drama matutino, Uraraka había cortado la única cosa buena que le pasaba en el día a día, pues dejaría sus sesiones de karaoke a las 8 de la noche.
La entendía, de verdad que sí: su departamento era una heladera y era mejor ducharse cuando el sol todavía iluminaba las calles, pero eso no le provocó menos molestias. Aun así, no pudo decir más que un simple "Está bien" en respuesta. ¿Qué se suponía que hiciera? ¿Detenerla?
Quería hacerlo, pero también era consciente de que era bastante absurdo.
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Kyoka se pasó el fin de semana a saludarle. Se encontraba de visita en la ciudad y vio como buena idea pedirle cita para salir juntos y ponerse al día con sus vidas, aparte de intercambiar playlists en Spotify, no interactuaban demasiado. Katsuki no era fan de responder en los chat y ella no era asidua a que le gruñeran por teléfono.
El encuentro se dio en un bar, en medio de vasos de whisky y cocteles de colores estrambóticos. Era un lugar pequeño, oscuro y de tragos baratos, lo suficientemente repelente para no llamar la atención.
—Escuché de Kaminari que sigues juntándote mucho con la actriz aquella.
—Kaminari habla mucho.
—No lo niegas.
—No hay nada qué negar.
Ella se encogió de hombros, como restándole importancia al asunto. Bakugou bebió otro trago de licor—. Sabes que no termino de entender su relación, pero, por favor, sea lo que sea no nos lo hagas saber por medio de un titular. Al menos haz un tweet tú mismo y nos etiquetas.
—Voy a tomar en cuenta tu consejo —sonrió de medio lado.
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Llegó temprano, antes de la medianoche, ligeramente ebrio; escuchó sonidos extraños en el departamento de al lado, pero los ignoró, estaba tan harto que simplemente se tiró a la cama y no despertó hasta que recibió una llamada urgente de la agencia. Se acababa de dar una situación de rehenes en una pequeña financiera y él era el héroe más cercano a la zona. Saltó de las cobijas directo al baño principal para lavarse la cara y enjuagarse la boca. Le urgía salir, pero necesitaba dar una imagen confiable a los civiles. Esperaba que el negociador hiciera bien su trabajo y nada explotara hasta que él lo decidiera así. Escuchó terribles sonidos de alguien vomitando y adivinó con facilidad que se trataba de Uraraka. Sonaba muy mal.
Quiso ir a verla y asegurarse de que no era tan malo como lo creía, que, quizá, solo era una simple resaca que estaba cobrándole una factura muy alta, pero una nueva llamada le hizo apresurarse. Al parecer algo ya había explotado y él no había sido la razón.
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Destrozado después de una larga negociación fallida, persecución y aprehensión de los secuestradores, Katsuki volvió a casa muy tarde por la noche. Lo primero que hizo, sin embargo, fue tocar en la puerta de su vecina, pero nadie le atendió.
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Cuando volvió del trabajo por la tarde se encontró en la entrada del edificio a la guardia de seguridad charlando con un anciano del que Katsuki nunca se tomó la molestia de aprenderse el nombre.
—¿Estará bien?
—Seguro que ya lo está, Señor Kito. Es una heroína después de todo.
Su conversación disparó el sentido de alerta de Ground Zero, era evidente que estaban hablando de Uraraka y, antes de que fuera consciente de sus acciones, una inusitada preocupación le llevó a indagar más sobre ella.
—¿Qué pasó?
Brela se sobresaltó por el intenso interés de Bakugou, pero respondió igualmente—: La inquilina del cuarto piso estaba enferma. Anoche llamó a su amiga para que la llevara al hospital, pero ya está de vuelta.
Una rabia ciega nació en la boca del estómago de Katsuki. Si estaba enferma desde la noche anterior ¿por qué no lo había llamado? Literalmente él vivía a unos pasos de ella. Si se hubiera comunicado, si le hubiera dicho tan pronto como comenzó su malestar, se hubiera ahorrado un día completo de agonía.
Eran héroes. Si le llamaba a medianoche para asistirla, él entendería y lo haría sin rechistar. ¿Por qué a esa idiota no se le había ocurrido? Sin embargo, él tampoco había actuado a su favor cuando la había escuchado durante la mañana.
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Estuvo con la cabeza en ello la mitad del día, recordando el desastre que era la alacena de Uraraka el día anterior cuando fue a verificar que ya no estuviera vomitando. Que se hubiera intoxicado por haber comido quien sabe qué no era algo que le sorprendiera después de haber presenciado el espectáculo que era su refrigerador. Se sintió moralmente responsable por ella, tanto que buscó en su lista de contactos el teléfono de Yumiko, la mujer que amablemente preparaba comida casera para él todas las tardes.
—¿Podrías empacar comida para dos hoy? Te depositaré el extra con una transferencia.
—Sabes que no hay problema.
Katsuki estuvo a punto de colgar, pero, añadió—: Si es posible, algo sin picante. Para que no moleste a alguien que se haya intoxicado estúpidamente por comer basura.
—¿Comiste basura? ¡Cómo se te ocurre! —gritó Yumiko escandalizada, al igual que lo haría una abuela al ver que no has comido lo suficiente.
—No es para mí, sino para alguien estúpido.
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Rie lo llamó al día siguiente. Quería que fuera a comer a su casa. Estaba en una nueva faceta donde quería aprender a cocinar y, según ella, esta vez la lasagna sí le había quedado buena.
—No puedo —respondió en automático.
—No se me ha quemado nada. La probé yo misma y está bien.
—No es eso —insistió—. Voy a ver a alguien.
—Está bien —cedió con facilidad la actriz.
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Jeff había invitado a Katsuki a beber un fin de semana, un poco consternado por las noticias. No exactamente noticias, pero pronto lo serían. Rie también se encontraba en su casa, vestida con cómoda ropa deportiva en tonos celestes. No estaba estilizada y sin tanto maquillaje no era tan despampanante, pero seguía siendo preciosa.
Se había vuelto cercano a él después de numerosos encuentros en eventos televisivos como festivales de fin de año, galas y eventos de caridad. En realidad, Katsuki pensaba que Jeff era un imbécil la primera vez que lo vio en el estudio de Heart to Hero. Mitad australiano y mitad japonés, pasando los 180 centímetros y un rostro capaz de protagonizar un drama, Jeff solía fanfarronear por su aspecto y conseguía las miradas que buscaba. Rondaba los 37 años y, a pesar de que le gustaba la atención, jamás pensó en ponerse delante de los reflectores. Ahora mismo se encontraba en un momento de su vida en el que deseaba dejar de hacer chismes de espectáculos y conseguirse el alimento de otra forma; escribiendo guiones para películas independientes, por ejemplo. Rie y él eran amigos de mucho antes en una anécdota que Bakugou no se sabía muy bien. En realidad, se decía que Jeff era una de las personas que había invertido esfuerzos en mantener la imagen pública de la actriz como intachable.
—¿Por qué no dices algo para detenerla? 29 años es muy pronto para arruinar su carrera.
—Eres un exagerado, no va a arruinar mi carrera —desestimó Rie—. Una relación no puede destruir los 15 años que llevo actuando, ¿o sí?
—Es Japón —señaló Katsuki—. Un gran país con una de las economías más prósperas y los mejores héroes del mundo, pero los otakus todavía obligan a las idols a raparse en disculpas si se consiguen un novio. Tú dirás.
Ella pareció pensárselo de verdad, mordisqueando su labio inferior. Para alguien con un trayecto artístico tan prodigioso e intachable como ella, cualquier desliz podría significar un declive en su carrera.
—No importa. Estoy cansada de hacer papeles de mujeres desvalidas y virginales solo por mi imagen. Me molesta tener que ponerme pelucas o encontrarme en lugares remotos con mis conocidos solo para evitar un escándalo. Estoy decidida y nada va a detenerme.
—¿La oíste? Nada va a detenerla. Ni tú ni yo.
Derrotado, Jeff tuvo qué aceptar la decisión de su amiga y sumarse a la rendición de Katsuki.
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Yumiko había preparado pescado salteado con vegetales esa particular tarde de diciembre. Katsuki tocó a la puerta de Uraraka como en cualquier otra ocasión y esperó a que la heroína le abriera. Ella le recibió con una sonrisa amable, como siempre, y en un pijama en tonos blancos y grises, diferente a los pijamas infantiles en los que había abierto la puerta días anteriores. Tenía el cabello húmedo, recién lavado, y copiosas gotitas de agua mojaban la tela sobre sus hombros.
—Ve a secarte —le ordenó.
—¡Sí, señor! —hizo un gesto militar y cerró la puerta tras de él, para luego desaparecer hacia lo que él sospechaba era el cuarto de baño.
Habiéndose pasado solo por allí unos cuantos días, Katsuki se había familiarizado con el departamentito de Uraraka. En tamaño le recordaba al primer piso que se había rentado cuando comenzó a ser independiente. No era muy apretado, pero tampoco espacioso. Ella estaba metiendo todos los servicios y comodidades que él ponía en dos. Se notaba el esfuerzo porque las habitaciones evidenciaran que alguien vivía allí, tan diferente a su propio piso, donde imperaba el minimalismo y una estética fría, parecida a la soledad. No supo cuándo su casa se convirtió en un lugar de reclusión tan desolador, él no solía ser así, pero, a medida que pasaba el tiempo, se sentía más y más distanciado de las personas. Debía dejar la maldita farándula. Pronto.
Con suma familiaridad, Bakugou sacó sartenes, ollas y platos para recalentar la comida. Siempre había sido bueno en la cocina, aunque llevaba ya mucho tiempo sin preparar algo él mismo desde cero.
—¿Qué hay de comer? —Uraraka apareció de repente, preguntando, apoyando los codos en la barra y la cabeza en sus manos. Su cabello castaño ya no goteaba sobre sus hombros.
—Salteado de pescado —ella pareció feliz con la respuesta.
Uraraka era una persona simple, le gustaba la comodidad, la música pop, las cosas hogareñas y un plato de comida podía ponerle a brillar las pupilas como si estuviera viendo una costosa joya. Su aspecto y personalidad dicharachera podía engañar a los enemigos, quienes con facilidad podrían confundirla con alguien frágil, mas él sabía cuán equivocada era esa suposición.
Ella sirvió el jugo de una jarra en un par de vasos y un paquete de galletas de la alacena.
—Tsuyu me recomendó una repostería nueva hace unas semanas y hoy fui saliendo del trabajo. Vi que vendían galletas de chocolate picantes y pensé que seguro las querías probar.
Bakugou no esperó esa consideración. O que hubiera galletas de chocolate picantes.
—¿Segura que no vas a intoxicarte si las pruebas tú?
Uraraka le dirigió una falsa mirada desdeñosa antes de dirigirse a su lugar usual en la sala. Bakugou le siguió, cargando la bandeja con la comida.
—Espera, puedes poner lo que quieras —le ofreció el control del televisor—. Creo que dejé enchufada la secadora en el baño.
En un asalto repentino a sus pensamientos, Katsuki echó de ver que jamás había pisado el baño de ese departamento. No sabía cómo era, su amplitud o su color, pero eso no fue lo que le inquietó. La idea de Uraraka desnuda bajo el chorro conciliador de la regadera le cortó el aliento por un instante.
—¿Pasa algo?
—Nada —aseguró, desviando la vista de la figura de la chica, que venía apresurada desde el aseo.
Evitó mirarla en todo momento mientras encendía la televisión, ponía un documental sobre All Might y masticaba su comida.
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La fiesta de Navidad de su agencia iba a ser exactamente el 24 de diciembre. Katsuki recibió la invitación por medio de un correo, mientras tecleaba furiosamente el informe de los acontecimientos heroicos del día. Irían a comer, intercambiarían regalos y poco más. No podían beber mucho porque Navidad sería una fecha ocupada.
—¿Vas a traer a alguien? —Akiro, de recursos humanos, preguntó—. Necesito asegurar la cantidad de personas para saber qué lugar reservar.
Automáticamente pensó en su vecina, pero lo descartó de inmediato. Había mencionado que quería visitar a sus padres. Si su agencia daba días libres, seguramente los utilizaría para encontrarse con ellos.
—No. Iré solo.
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Se reunió brevemente con Kirishima en medio de un patrullaje por la ciudad, ambos estaban en sus trajes de héroes, aguzando la vista y el oído a posibles problemas.
No trabajaban en la misma agencia, pero estaban en sectores relativamente cercanos de la ciudad, por lo que no era raro encontrarse en situaciones como esa. Cuando había tiempo, Red Riot se pasaba a la agencia de Bakugou a la hora del almuerzo y Bakugou hacía lo mismo, pero eran las menos.
Caminaron juntos un par de manzanas con Eijiro haciendo la mayor parte de la conversación sobre poco y nada—. Recientemente me he estado encontrando con Mina —confesó casi al final del recorrido, con un ligero sonrojo en las mejillas—. Nos volvimos a poner en contacto luego de la reunión en casa de Uraraka.
—¿Esto por qué necesito saberlo?
Kirishima hizo aspavientos, casi negando—. Por nada. Cuando sea un hombre de verdad, te contaré el resto de la historia.
Se separaron en la siguiente intersección.
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Jiro; chat
¿Una canción que conozcas que una chica sin habilidades para entonar agudos pueda cantar de manera aficionada y que sea del tipo ñoño?
Hey hey hey
Para el carro
Quien es la chica?
Te quieres burlar de ella?
Responde
Mr Sociable ataca de nuevo
No tengo idea
Pero descarta a Celine Dion y Mariah Carey
No estás siendo de ayuda
Esperabas que lo fuera?
Algo
Oh
Me has dejado sin palabras
Si pienso en una te contacto
No quiero decepcionarte
*Emoji riendo*
*Emoji de ojos tiernos*
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Estaba malditamente molesto. Quería arrancarse el cabello a mechones y ya le había gritado a al menos 15 oficiales de policía en la última media hora. Quizá recibiría otra amonestación, pero a la mierda. Deberían amonestarlos a ellos. Si le hubieran hecho puto caso cuando lo dijo el jodido jefe de los villanos no se les hubiera escapado y las 27 personas que reportaron en la televisión como heridas y en camino al hospital estarían en sus endemoniadas casas comiendo ramen. Para más mierda, las noticias le echarían la culpa a él y a su agencia cuando había aplastado a 12 de los secuaces él solo. Ahora estaban rastreando al bastardo, pero ¿cuánto tiempo tomaría?
Redactó el informe con una rabia tan tremenda que el teclado de su ordenador se quebró un poco. Envió el documentoa Shie, quien se encargaba del archivo de la agencia y otros papeles, así como ayudaba a corregir el estilo —es decir, eliminar el exceso de improperios— en los reportes antes de enviarlos a la oficina de gobierno encargada de procesarlos.
—Si te vas temprano nadie va a molestarse, en serio —ofreció medio burlonamente Akiro.
¿Salir temprano? ¿De qué hablaba ese imbécil? Su hora de salida había pasado hace 20 minutos.
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Cuando tocó la puerta del departamento de Uraraka incluso le dolieron los nudillos. Estaba molesto todavía y no podía sosegarse. Ella le recibió sobresaltada, algo molesta incluso, ataviada con uno de sus ridículos pijamas de animalitos; pero la cara se le llenó de preocupación al verle el ceño tan fruncido de Katsuki, uno que hasta él creyó que podría conseguirle una parálisis facial de una vez por todas.
—¿Estás bien? ¿Pasó algo?
Sus ojos rojizos se hundieron en los castaños de ella, gentiles, preocupados. La molestia abandonó el cuerpo de Katsuki al darse cuenta de que ese no era el lugar para exponer su ira y se sintió exhausto; harto a tal punto que las energías le abandonaron por completo. Lo único que quería hacer era apretar a Uravity contra sí mismo y hundir el rostro en el hueco de su cuello hasta serenarse. Pero no lo hizo. Apartó esos pensamientos a un lado y se concentró en su razón para estar allí: la comida.
—Un día de mierda en el trabajo. Solo comamos.
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—¿Tienes algo qué hacer el próximo miércoles? —preguntó Uraraka ese mismo día, poniendo la cuchara con la que estuvo comiendo curry la última media hora en el plato vacío—. Ya sabes, aparte de trabajar.
—¿Por qué? —respondió con otra pregunta. La película que estaban viendo se habían terminado y se sentía como un estúpido al darse cuenta de que no había podido adivinar hasta la recta final que el lobo era el padre de la rubia Caperucita.
—Porque, ya sabes, tengo esta fiesta del trabajo donde les voy a patear el trasero a todos y acostumbramos a llevar a un invitado. Entonces pensé: "Hey, Uravity, ¿por qué no cantas tu famoso dueto de The Monster con Ground Zero que te ganó los aplausos de todas las regaderas del mundo"? —Katsuki lo pensó brevemente. El próximo miércoles sería 26 y tenía una tonta gala a la que asistir y que había aceptado desde noviembre. En teoría no debería añadir un compromiso extra para esa misma velada, pero si hacía unos cuantos ajustes en su agenda…—. No tienes qué hacerlo si no quie…
—No voy a cantar —la interrumpió—. No The Monster. Yo terminaría ganando tu concurso.
—¿Debería sentirme ofendida?
—Te confirmaré el lunes —ignoró el comentario de puya de Uraraka. Se levantó con sus platos vacíos y recogió también los de la anfitriona—. Y elige otra canción. Una que sea buena.
Adiós a la sugerencia de Jiro de sugerirle una canción de Selena Gomez, ahora tendrían qué buscar duetos.
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Ese sábado, su padre repetía su tonta pregunta de siempre. Llevaba 2 años enviándole señales sutiles de que quería un nieto cuando ni siquiera estaba casado ni nada que se le pareciera.
—¿Qué tal con esa actriz de la que eres tan cercano?
—¿Puedes cambiar la puta pregunta por una vez en tu vida?
Su padre tuvo la decencia de avergonzarse. Esta conversación era exactamente una de las razones por las que no era asiduo a visitar la casa de sus padres.
—Apenas va a cumplir 26 años —intercedió su madre a su favor—. Recién aprendió a no cagarse en los pantalones ¿y tú quieres que críe un niño?
—Ser padre joven es lo de hoy —se defendió tímidamente su padre.
—Te equivocas —gruñó Katsuki. Aprovechó ese momento en el que su madre discutía con su padre sobre sus dudas acerca de su habilidad para controlar sus esfínteres para revisar su celular.
081 578 XXX XXX
Hoy cocinare. ¿Puedes venir a las 3?
Recibido 10:09 AM
Se preguntó quién le enviaría un mensaje de texto tan casual. No tenía el número registrado… Pensó en ignorar el mensaje, pero en su lugar revisó si el número estaba registrado con una cuenta de Line y revisó la foto de perfil. Cuando se dio cuenta de quién era, preguntó a su madre—: ¿Ya me puedo ir? Ya hice mi deber filial por esta quincena, ¿no?
—Si quieres que vaya más tarde a tu departamento a llevarte la comida que me prometiste que te tragarías entonces puedes largarte —la sonrisa pasivo-agresiva de su madre fue letal.
Envió una respuesta rápida.
Yo
No creo poder
Enviado 12:27 PM
Su madre servía la comida cerca de las 3. Tardaría al menos 40 minutos en llegar hasta el edificio de departamentos. Imposible. A menos que…
Yo
Quizás más tarde. ¿A las 4 está bien?
Enviado 12:28 PM
Ah, comería dos veces ese día.
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—Sé que querías que llegáramos juntos —le explicó a Rie—. Pero llegaré tarde.
—No hay problema. Al menos irás. Siempre puedo llegar con Jeff —se encogió de hombros—. ¿Pero puedo preguntar por qué?
Katsuki vio su cena, fría y de supermercado, reposando todavía sobre la mesa del departamento de la mujer en HEAVEN Tower. Se había colado en el edificio para tener esa conversación de frente. Creyó que la actriz sería más dramática, pero se había equivocado.
—Iré a una fiesta de Navidad.
—Pero a ti no te emocionan las fiestas de Navidad.
—Bueno, pues iré a esta.
Una mirada suspicaz iluminó el rostro de la chica.
—¿Te invitó esa chica de la que me hablaste? ¿Uravity Ochako? Revisé su perfil de Wikipedia y te apuesto 500 yenes a que puede patearte el trasero —Katsuki no quiso responderle—. ¿No vas a comerte eso? —señaló el bento de supermercado.
—Quizá si lo hubieras al menos calentado en el microondas podría hacerlo.
—Quizás —acordó.
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El maquillaje, el programa de radio y la aprobación final-final-final de parte de su estilista no oficial —Kirishima— de su traje para el evento de TV Stars se demoraron más de lo saludable. Al menos ya le había advertido a Uraraka que no podría llegar a la cena.
Esa misma tarde había recogido uno de sus autos, el Lexus, de la casa de sus padres y les regresó de una vez por todas el Chevy que estuvo utilizando los últimos meses. A la gala pensaba utilizar un auto alquilado, sin embargo, cambió de idea cuando decidió que a Uraraka la llevaría en su propio auto. Pensaba comenzar a alejarse de los reflectores a partir del año siguiente, cuando sus compromisos preprogramados ya estuvieran completos; sin importar lo que hiciera, dejaría de alimentar estúpidos medios de comunicación amarillistas con negaciones o explicaciones. Comenzar ahora era solo una prueba de lo que se vendría. Después de todo, él jamás buscó ser demasiado discreto, todo lo había hecho por la imagen de Harin. Estaba mejor pasando algo desapercibido en todo lo que no fuera referente a la vida de héroe, pero nunca tanto como para disfrazarse para ello. Al menos nunca más.
Buscando en el GPS el camino más corto para llegar rodeando el accidente que divisaba frente a él, Bakugou aceleró hasta llegar al límite de velocidad, lo justo para no ser multado y tener un retraso extra por discutir con un oficial de policía. Consultó la hora en el tablero del auto y masculló una retahíla de maldiciones. Ya habían transcurrido los 15 minutos en los que prometió llegar.
Al arribar al lugar indicado, Bakugou se apresuró a estacionar frente a la chica, quien estaba sola esperándolo en la acera.
Mierda.
Bajando del auto, se disculpó por la tardanza—. Perdón, hubo un accidente cinco manzanas al sur. Tuve qué rodear para llegar.
—No importa —aseguró ella con una de esas bonitas sonrisas que ponía cuando estaba de buen humor, usualmente frente a comida deliciosa—. Ya estás aquí.
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En el estacionamiento del karaoke, Bakugou pudo reconocer el auto de Todoroki estacionado, resaltando tanto como un pulgar hinchado, entre el resto de carros clase media del lugar.
—¿Mitad y Mitad va a estar aquí también? —fue su pregunta retórica.
—Sí —respondió ella tímidamente—. Tsuyu lo invitó.
—Asumo que Deku también estará adentro. Esos dos son como un paquete —ya había considerado que se los toparía, ahora solo estaba confirmando sus sospechas.
La respuesta de Uraraka le tomó por sorpresa—. En realidad, no.
¿Deku no estaría allí? Estaba preparado para ser cordial con ambos —por ella— y mantener los gritos e insultos tan a raya como pudiera, pero con Deku fuera de juego era más fácil lidiar con Todoroki. No odiaba a ninguno de los dos per se, ni siquiera le caían mal, pero siempre habían tenido una relación difícil, así que tanto como decir que eran amigos estaba lejos de su vocabulario.
—Como sea, entremos.
Ella asintió y caminaron con las manos llenas del pollo frito que les habían encargado hasta encontrar la sala de karaoke donde todos estaban reunidos. Mientras tanto, Katsuki cavilaba acerca del significado oculto de las palabras de Uraraka. No había que ser un genio —y él lo era— para darse cuenta de que, si la chica ra… es decir, Tsuyu Asui había llevado a Todoroki, lanzar la invitación a Midoriya debería ser cosa de Uraraka, no obstante, quien estaba allí con ella era él y no Deku.
No pudo evitar el henchir de su pecho de pura satisfacción.
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Uraraka conversaba en un rincón del karaoke con Shoto mientras él intentaba zafarse de la gente que quería un autógrafo, una charla o un apretón de manos, para volver con ella. La heroína, aunque vestida casual con un suéter de lana, falda, medias y unos botines altos, emitía un aura que le obligaba a regresar su vista hacia sus mejillas redondas.
Bakugou ya tenía bien asumido que su vecina era una heroína admirable, pero ahora estaba terminando de caer en cuenta lo bonita que de verdad era. Quizá se trataba de la manera en la que había peinado su cabello o en la que el frío de la noche sonrojaba sus mejillas, pero estaba vergonzosamente consciente de lo linda que se veía.
Cuando al fin pudo liberarse de la masa de gente que lo acaparaba, reclamó inmediatamente su atención—. Tienes compañeros muy intensos.
—Gracias por no gritarles. Y por los autógrafos —algo tímida le dijo, aplaudiendo todavía al compás de la canción que el bastardo de Todoroki cantaba. Y, maldición, la hacía condenadamente bien.
—Sí, lo que sea.
Bakugou se estiró, poniendo sus brazos en el respaldo del sofá y exhalando una bocanada hacia el techo. Entonces Todoroki alcanzó una nota especialmente alta y toda la habitación comenzó a gritarle y aplaudir emocionados.
—Si te hace sentir mejor, la pareja del año pasó por lo mismo el año pasado.
—No, no me hace sentir mejor.
—¿Alguien te pidió firmar en un lugar raro? Deku tuvo qué firmarle un glúteo al hermano menor de alguien.
—Joder, gracias a todos los héroes que no.
Uraraka le ofreció una caja que todavía contenía pollo frito y Bakugou tomó una pierna sin mucha ceremonia. Se la terminó en dos bocados.
—Le falta salsa.
—Está por acá.
Otro muslo de pollo aterrizó en la boca de Bakugou, esta vez bañado en salsa picante. Uraraka se echó para atrás también y se recostó contra el respaldo del sofá cuando la canción de Todoroki terminó. El brazo de Katsuki seguía detrás. Si se trataba de ella, el contacto físico extra no le molestaba.
—¡Adoro las alitas de pollo! —dijo ella.
Una mujer se acercó a ellos en ese momento—. Hablando de alitas, compraste bastante, Uravity. Gracias. ¿Cuánto te costó? Para pagarte del fondo para la fiesta.
—Uh, yo no lo pagué, pero tengo el ticket por aquí mis…
—No es nada —la cortó él—. Así está bien.
—No, no —insistió la otra—. Esta fiesta es de la agencia, no permitimos que los invitados paguen.
—Sí, Bakugou —apoyó Ochako—. No tienes por qué pagar extra. Yo te invité aquí. Deja que nos encarguemos de esto.
Fue inevitable no dirigirle una fugaz mirada de fastidio, ¿no podía aceptar su amabilidad? Luego le habló a la otra con un tono que denotaba que su decisión estaba tomada y no había lugar a discusión—. Así está bien. Un regalo de año nuevo de Ground Zero para los compañeros de Uravity.
—Gracias —remarcó la mujer—. No sabía que Ochako tuviera un amigo tan bueno.
No le pasó desapercibido el tono que utilizó al final, pero lo ignoró porque tuvo la extraña sensación de que, si Uraraka le pidiera las llaves de su auto como obsequio de navidad, se las daría.
—Te debo algo —la heroína interrumpió su tren de pensamiento, jugando con el borde de su vaso.
—No me debes nada. Deja ya eso.
—No puedo. Pero sé que el dinero no servirá. ¿Algo que te guste en particular?
Katsuki no la miró cuando dijo—: Nada.
—¿Ni siquiera otra tarta de limón?
Oh, tarta de limón.
—Eso, Cara de Ángel, lo puedo aceptar.
No supo de dónde salió eso, pero se alegró cuando ella no lo confrontó por el mote y apuró su vaso de cerveza en su lugar.
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—¿Qué hora es? —preguntó a Todoroki más tarde.
—Faltan 23 minutos para las 11 de la noche.
—Mierda. Es tarde —masculló. Había informado al evento de TV Stars que llegaría alrededor de la media noche. Como técnicamente había aceptado ese compromiso primero, prefería evitarse crear una enemistad con ellos por un asunto tan trivial como no asistir después de toda su insistencia—. Vamos, Uravity. Es hora de que ganemos esta competencia.
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Llegó su momento de cantar Rewrite the Stars. Elegir la canción había sido toda una odisea, lo recordaba muy bien y él fue el principal obstáculo, estaba consciente de ello. Pero quería que Uraraka fuera quien brillara, al final de cuentas la fiesta, el premio, todo se trataba de ella, así que cada vez que sugería una canción en la que no estaba focalizada en lo que ella podría ofrecer, la rechazó con rudeza. Pese a ello, ahora lamentaba un poco no haber elegido la canción de Bruno Mars que le había propuesto.
—You know I want you. It's not a secret I try to hide —comenzó en un respiro; algunos silbaron desde sus asientos o aplaudieron y otros pidieron silencio para Ground Zero—. I know you want me. So don't keep saying our hands are tied.
Pudo notar de reojo que algunas personas sacaban fotos, pero no le pudo importar menos. Generalmente la opinión de otros sobre sí mismo era algo que no hacía mella en su autoestima, aunque ahora fuera prudente y moderara su lenguaje y ánimos para no volver enemigos a todos a su alrededor. Las relaciones públicas eran difíciles.
Entonces Uraraka comenzó a cantar su parte—. You think it's easy. You think I don't want to run to you…
Como habían ensayado, ella caminó más cerca con pasos cortos y deliberadamente lentos. No necesitaban leer las letras de la melodía porque ya se habían encargado de memorizar la canción de antemano, lo que era un extra.
En ese momento, incluso si lo hubiera querido, no habría podido apartar los ojos de ella. El momento fue igual a una revelación, como cuando un personaje menciona el título de la película y todo comienza a cobrar sentido. Entendió bastante bien por qué estaba allí, parado en ese karaoke barato cantando canciones frente a un montón de desconocidos, haciendo un dueto con su vecina después de haber cancelado a personas y retrasado otro compromiso.
Por ello, cuando su canción finalizó y llevó al rincón a Ochako para decirle que debía marcharse e inventó la excusa de que tenía salsa en un mechón de su cabello solo para tener un ínfimo contacto físico con ella, esta vez fue consciente de a qué se refería cuando volvió a llamarla Cara de Ángel.
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La gala de TV Stars era una excusa de premiación a las personas más ilustres del año, cuyo verdadero propósito era la fiesta que se realizaba después, una donde peces gordos del mundo del espectáculo establecían nuevos contactos con políticos, empresarios y productores. No era el primer evento de ese tipo al que había asistido y no estaba interesado en crear nuevos vínculos por interés, por lo que Bakugou se replegó hasta los rincones más solitarios del salón donde se llevaba a cabo el evento. Para su suerte, Rie lo localizó con facilidad y se acercó a conversarlo.
—Gracias a Dios que llegas. Jeff estaba hablando con un director de cine y no sabía cómo deshacerme de esos ejecutivos que me rodearon. ¿Están mirando para acá?
Katsuki echó un vistazo al grupo de sujetos a los que la actriz había dejado, quienes, efectivamente, le miraban con desdén disfrazado de cordialidad; luego se encogió de hombros.
A pesar de los cientos de contactos que poseía Rie Harin, de su reputación siendo una persona amable, graciosa y conversadora, no disfrutaba mucho de ese tipo de reuniones. Tenía un círculo íntimo extremadamente reducido y la amiga que apreciaba más era una chica con la que había crecido en su pueblo natal antes de convertirse en una estrella, y con la que Katsuki se había reunido en un par de ocasiones.
—¿Por qué no nos tomamos una foto? —propuso ella, emocionada.
—Siempre estás tomando fotos —rodó los ojos.
—Sí, pero esta la voy a subir a Twitter. Nunca lo he hecho. Ya tengo una con Jeff, falta la tuya.
—Como sea —aceptó.
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Bakugou estaba en medio de un descanso para una sesión de fotos al día siguiente cuando se dio un respiro y fue a abrir su celular. Tenía correos electrónicos del banco, una cantidad molesta de notificaciones en Twitter, cosas relacionadas al trabajo y el grupo de chat lleno de mensajes.
Comenzó a leer desde los más recientes.
Los 3 mosqueteros y bakugou; chat
Eijiro: le mande mensaje pero no responde
Eijiro: creen que esté bien?
Jiro: esperen
Jiro: En Twitter dicen que se desmayó?
Kamidiota: es normal en est trabajo
Kamidiota: igual fue spectakular
Kamidiota: c lanzo komo zi no le importara la vida
Eijiro: dberiamos mandarle flores?
Ground Zero: ¿De qué hablan?
Ground Zero: ¿Saben qué? No me interesa
Eijiro: que malo
Eijiro: *Emoji de carita triste*
Eijiro: Ni porque es tu vecina
Jiro: Uraraka es la vecina de Katsuki?
Kamidiota: URARAKA EZ VESINA DEL MAMON DE BAKUGOU Y NO NOS LO ABIA NICHO NINJUNO DE LOS 2
Kamidiota: ME CIENTO OFENDIDO
Jiro: Estoy de acuerdo con Denki
Jiro: Por primera vez en mucho tiempo
Eijiro: uuuuuuuhhhhhh_meme . jpg
Ground Zero: ¿Qué le pasó?
Kamidiota: AORA SI TE INTEREZA
Kamidiota: PUEZ KE TE DIGA TU MADRE
Eijiro: esta en todas las noticas y en internet
Eijiro: Uraraka se lanzo a un autobús en movimiento como en una de esas peliculas de accion
Kamidiota: XKE LE DISEN?
Jiro: jaja
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Llamó a Akiro y solicitó en medio de una voz muy amenazante que le averiguara en cual hospital habían admitido a la "Heroína Uravity". Akiro, dado a que le debía unos cuantos favores, aceptó sin emitir una queja ni una pregunta de por qué necesitaba la información. Realizó una llamada más al departamento de relaciones públicas de la agencia y avisó que no iba a asistir al resto de los eventos que tenía programados. Si querían podían retrasarlos o mandarlos a la mierda directamente. No le importaba. Un minuto después, Akiro le envió la información solicitada.
Todo el camino rumbo al hospital vio una y otra y otra y otra vez el video de Ochako lanzándose hacia el autobús de pasajeros con un nudo tirando de la boca de su estómago.
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Si bien no fue el primer visitante que se registró para ver a Ochako en el hospital, cuando preguntó por ella en la recepción, le informaron que se encontraba sola en ese momento. Eran cerca de las 5 de la tarde y entendió rápidamente que personas como Deku o Froppy seguramente estarían ocupados contra algún villano en esos momentos, lo cual justificaba su ausencia. Tan pronto como llegó a la tercera planta del nosocomio, exigió que lo dejaran verla. Una enfermera trató de tranquilizarlo, asegurándole que la paciente Uravity estaba fuera de peligro, los primeros auxilios y tratamiento extra ya habían sido proporcionados. Cuando preguntó entonces por qué diablos no despertaba un doctor afirmó que solo era un caso de agotamiento extremo.
—Forzó su quirk más allá de sus límites, sin embargo, debido a que fue durante un corto periodo de tiempo, aparte del cansancio y posibles dolores de cabeza y mareos estará bien, sin consecuencias a largo plazo —luego de la explicación del médico, lo dejaron pasar a su habitación.
Ochako estaba acostada en una habitación, sola, en un ala exclusiva del hospital. Vestía la misma bata genérica que el resto de los enfermos y una intravenosa se encontraba inyectada en su brazo. Después de revisar el rostro pálido, cansado de la heroína y quitarse quieto como una gárgola para poder escuchar el tranquilizador sonido de su respiración, pudo notar en una esquina del cuarto flores y obsequios varios. La enfermera que lo acompañaba le explicó—. Las personas vieron el video del accidente en redes sociales. Le han estado enviando regalos de agradecimiento y admiración. ¿Creo que también por su cumpleaños? —la mujer sacudió la cabeza y en seguida se retiró.
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Una hora más tarde, Deku llegó apresurado en compañía de Shoto, golpeando la puerta de la habitación. Bakugou le lanzó una mirada fulminante, pero cuando se cercioró de que Ochako continuaba dormida dejó el asunto por la paz.
—No esperábamos verte aquí —saludó Todoroki, reconociendo su presencia.
—Lástima que no pueda decir lo mismo de ustedes.
—¿Ella está bien? —Midoriya interrumpió el intercambio pasivo-agresivo de palabras con voz frenética—. ¿No ha despertado desde que vinimos a la hora del almuerzo? Sus padres están muy preocupados.
—Todavía no despierta.
Mientras Deku balbuceaba tontería y media a la heroína, Bakugou salió al pasillo a despejarse un poco. No obstante, procuró no alejarse mucho.
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La siguiente visita fue de la heroína Froppy y un tipo que recordaba haber visto vagamente en la noche de karaoke. La chica cargaba una bolsa de compras en sus manos. Ella también le miró sorprendida por encontrárselo apostado como un centinela en la silla al lado de la cama de Ochako.
—Buenas tardes, Bakugou —saludó.
—Un placer volver a encontrarnos, Ground Zero.
Él les dio un asentimiento de cabeza.
—¿Ya despertó Ocha?
—No todavía.
Con un dedo en su barbilla, Tsuyu pareció meditarlo—. Traje un cambio de ropa nuevo para ella, espero que no se despierte sola más tarde. El horario de visitas terminará pronto.
—¿Llevas aquí mucho tiempo, Ground Zero? —le cuestionó curioso el compañero de Asui, Bakugou respondió vagamente consciente que no, sin embargo, su mente estaba en las palabras de la heroína.
Cierto, el horario de visitas era algo que no había contemplado.
—Saldré un rato.
Necesitaba hacer un par de llamadas.
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Su contacto respondió al séptimo timbre, él ya estaba impaciente.
—¿No es el dueño del Hospital General de Azabudai el hermano de Hiroto?
—Oh, wow, creí que me llamabas porque me extrañabas. Debí saber que necesitabas algo —respondió la voz femenina de Rie Harin—. Te escuchas molesto, me evitaré las bromas. Sí, ese hospital es del hermano de Hiroto. ¿Qué necesitas?
—El horario de visitas va a terminar —comenzó a explicarse algo contrariado de tener qué pedir un favor y de divulgar su estancia en el nosocomio—. Y quiero quedarme a pasar la noche.
—¿Quieres que el nepotismo te ayude a quedarte a dormir allí?
—Básicamente sí.
—Qué sincero. Llamaré a Ebisu directamente y veré qué puedo hacer. ¿En la habitación de quién piensas quedarte?
—Uraraka Ochako.
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Al volver a la habitación, una enfermera entregaba un nuevo paquete a Asui. Con el pasar de las horas, la mesa de regalos de Uravity se llenaba más y más. Era reconfortante saber que tantas personas la reconocían.
—Oh, Bakugou, no sabía que seguías en el hospital —Froppy intentó no parecer demasiado anonadada para no incomodarlo—. Alguien trajo las compras de Ocha, pensábamos llevarlas a la lavandería. Tenía algo que se rompió y ensució todo lo demás.
—Yo lo haré —se ofreció de inmediato—. Puedes darme eso.
—¿Seguro?
—Vivo al lado de ella. Será más fácil para mí entregarle el ticket para cuando quiera recogerlas.
—Está bien —obedeció.
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Para cuando regresó nuevamente al cuarto de Ochako, Asui ya se había marchado. No dejó dicho nada, pero asumió que tuvo una emergencia. No era tan tarde todavía y el horario de visitas terminaría hasta las 8 de la noche, asimismo, no tenía nada de qué preocuparse. Rie le envió un mensaje diciendo que su petición había sido hecha y aprobada. Al parecer, Ebisu mismo era fan de Uravity.
Katsuki se dio el tiempo de serenarse, repensar en todo lo que había transcurrido a lo largo del día. Estaba agotado mentalmente y la fatiga volvía cada vez que recordaba el video de Uravity, no obstante, había algo que estaba olvidando y era igual de importante. Descansó la vista en la mesa de obsequios y recordó lo que la enfermera le había dicho horas atrás. Era el cumpleaños de Ochako y él había enviado la información al fondo de su cerebro por la preocupación. Mierda. ¿Cómo se le podía haber olvidado algo tan importante? Empero, incluso aunque quería enmendar su estúpido error y salir a comprarle algo, cualquier cosa, tampoco quería dejarla sola. ¿Y si despertaba en un cuarto vacío? Aunque un poco tarde, se encargaría al día siguiente de conseguirle algo.
Supo que su decisión fue la correcta cuando la vio abrir los ojos lenta, pesadamente, minutos después.
—Por fin estás despierta —dijo. Ella, de todas las personas, también se sorprendió de encontrarle allí. Pronto, se aseguró a sí mismo, se convertiría en una presencia en su vida tan constante que le haría preguntar por él cuando no estuviera cerca en lugar de por qué estaba cerca.
Al verla luchar por mantener los ojos abiertos, Katsuki volvió a molestarse en automático.
—Mmmm…
Incluso para él, fue vergonzoso cómo explotó, pero no pudo parar. En ese segundo, la preocupación acumulada salió de él en forma de palabras duras y ásperas—. ¿Acaso eres estúpida? ¿Por qué demonios saltaste así contra el maldito autobús en movimiento? Pudo haberte arrancado el jodido brazo, maldita imbécil. ¿Y cómo demonios se te ocurre flotar un puto autobús de 27 mil kilogramos? Apenas y podías con el doble de tu peso ayer —a medida que pronunciaba cada palabra su tono se elevaba más y más, tanto que una enfermera entró para pedirle que bajara la voz y no alterara a la paciente o lo sacarían de la habitación. Ochako tuvo qué asegurarle a la mujer que no la estaba molestando antes de que se marchara con una mirada de advertencia a Katsuki.
Por otra parte, sabía que lo que él le decía no tenía sentido. Ella era una heroína, las situaciones extremas o de peligro no le eran ajenas en su día a día y en el de él tampoco. Es solo que estaba enervado por lo que pudo haber sido, tan estúpido como sonaba.
—Ayer no podía con el doble de mi peso —rebatió como si nunca los hubieran interrumpido—. Incluso cuando peleamos ya podía con 3 toneladas.
—Eso no cambia nada. No debiste saltar así, fuiste una imbécil. Debiste buscar la forma de ponerle obstáculos, de frenar esa mierda, no de verte como una payasa suicida lanzándote hacia él.
—No tenía muchas opciones y todos hemos vivido cosas peligrosas siendo héroes. Esta fue una entre mil.
Aunque Ochako pretendió tranquilizarlo, él solo se sintió alterar más, pero se contuvo. Dio vueltas en la habitación y se revolvió el cabello antes de volver a la silla y lanzar un poco amigable gruñido.
Lo siguiente que sucedió fue que Ochako, a tientas, buscó su mano y comenzó a dibujar figuras inentendibles en el dorso de su mano. Sus dedos, aunque algo fríos, lograr lo que sus palabras no alcanzaron en él—. Estoy bien, ¿lo ves? Todavía tengo todos mis dedos. Solo debo dormir tres días, como los osos, y estaré como nueva.
No le pareció gracioso, pero decidió concentrar sus sentidos en el gentil toque de ella. Giró la muñeca y atrapó la pequeña mano de ella, envolviéndola con la suya en un gesto reconfortante, llevándola sobre el colchón. No hicieron ni se dijeron nada por un largo instante; Bakugou concentrado en el frágil sentimiento de unión en sus manos se perdió la mirada de ella.
—¿Puedes quedarte otro rato? ¿Aunque esté dormida?
Ahora que se lo pedía, no se movería ni un ápice, aunque le obligaran.
Con su mano libre, Katsuki le revolvió suavemente los cabellos castaños y aceptó casi tan quedo, tan tranquilo como ella—: Lo que quieras, Cara de Ángel.
Una vez que estuvo dormida, besó con suavidad sus nudillos.
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Dejó ir su mano solo cuando se quedó dormido y la inconsciencia le impidió seguir sosteniéndola.
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Bakugou utilizó su hora del almuerzo para conseguirle un regalo de cumpleaños a Ochako y recuperar el resto de sus cosas. La había dejado en su casa, adormilada, durante la madrugada cuando despertó exigiendo salir del hospital. Era algo tarde para el obsequio, sí, pero el principal problema era que no tenía ni puta idea de qué regalarle. Le había pedido sugerencias a Jiro, a Rie, a otras mujeres de su agencia y, por un demonio, incluso a su madre —su peor error—, pero se había quedado tan en blanco como en el inicio.
—La estúpida bola de nieve —recordó que el hombre de la lavandería le comentó que la bolsa tenía los restos de una. Se había quebrado durante el incidente y, a falta de una mejor idea, decidió conseguirle una nueva. Era algo que quería después de todo, ¿no?
La mujer que atendía la tienda le preguntó si quería que se lo envolviera de alguna forma—. Con una bolsa está bien. Nada ostentoso —no quería abrumarla con algo que pudiera pensar era excesivo o que le hiciera sentir en deuda.
—¿Quiere escribir algún mensaje en la tarjeta o un genérico bastará?
—Yo mismo lo escribiré.
La empleada le tendió la pluma y la pequeña tarjetita a Katsuki, pero en seguida se sintió en blanco. Podría ponerle "feliz cumpleaños", pero ¿no era demasiado impersonal? Aún así lo escribió, pero insatisfecho con el resultado, hizo una bola de papel la tarjeta y pidió una nueva.
—¿Necesita ayuda? —ofreció amablemente la mujer.
—No.
"La próxima vez no intentes suicidarte", escribió, no obstante, tan pronto como separó la pluma del papel lo consideró horrible y solicitó una nueva tarjeta. Otra vez. "Me alegra poder estar a tu lado" fue descartado antes siquiera de terminar la segunda palabra.
—Lo que sea —murmuró y escribió lo más sencillo que se le ocurrió.
Pagó el regalo y se marchó de la tienda.
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Bakugou entró a la casa de Ochako con las llevas que ella misma le había dejado en la madrugada. Tenía las manos llenas de las cosas de la chica. Esperaba encontrar el departamento en silencio —a menos de que ella roncara—, pero no solo ella estaba despierta, sino que también Deku y Todoroki se encontraban allí.
Después de un intercambio incómodo de saludos entre los cuatro y una interrupción aun más inoportuna, Bakugou decidió marcharse de una vez. Estaba ocupado de cualquier manera.
—¿Vas a dejar eso? —le detuvo Todoroki casi al salir, señalando la bolsa con el regalo de Ochako.
—No, esto es mío.
Mentira.
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Debido a la breve conversación que tuvo en el departamento de su vecina, Katsuki decidió a revisar la sección de noticias de espectáculos. Puso su nombre en el buscador y sintió brevemente alivio al darse cuenta de que ningún artículo afectando la privacidad de la chica y enlazándolo con su nombre había salido. En realidad, lo último que había sobre él eran cosas relacionadas a la foto que Rie había colgado en su Twitter. Luego del alivio, empero, sintió genuina molestia al notar que alguien había elegido escribir tonterías de especulación de una relación de Ochako con nada más y nada menos que el bastardo de Todoroki. Si no fuera porque estaba seguro de que Shoto era la sombra de Deku y él se estaba encargando de eliminar toda esa basura de la red, hubiera repartido amenazas a unos cuantos reporteros.
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Volvió al departamento de Ochako ese mismo día en la tarde.
Era poco característico de él echarse para atrás en algo y no entregarle el regalo frente a Todoroki y Deku había sido una clara muestra de cobardía. No había querido hacerlo frente a terceros para que no sacaran sus propias conclusiones y le llenaran de paja la cabeza a Ochako; su interés era ella, no quería que otras personas se entrometieran con sugerencias. Podría ser catastrófico y él lo había visto suceder en una ocasión con Kyoka y Denki. Su razón, aunque válida en su mente, no le era ya suficiente. Así que tocó la puerta decididamente. Se había escapado en medio de un receso de otro programa de televisión, tenía pocos minutos.
—¡Bakugou! —exclamó Ochako tan pronto como le abrió, dándole paso para que entrara al departamento—. ¿Se te olvidó algo?
—No —no realmente.
—Es algo tarde, pero feliz cumpleaños.
Sabiendo que no podía ceder al impulso de tomarla del cuello y besarla, y que un abrazo era un gesto peligroso, se conformó con revolverle el cabello castaño a modo de felicitación y se marchó.
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Una vez más, Rie le pidió encontrarse. Sin embargo, el lugar de encuentro sería su departamento. No más colarse en HEAVEN Tower, ir a la casa de campo o encontrarse en lugares inhóspitos. Ella fue quien se esforzó para no verse en exagerado llamativa, no obstante, lo cual Bakugou agradeció.
La recogió esa noche de un café cercano a la residencia de la actriz. Ella subió en su Lexus y manejó en relativo silencio hasta su edificio de departamentos. No iban a verse durante algún tiempo, era más o menos la despedida, una mejor temprano que tarde, pues ambos sabían que con agendas tan apretadas —principalmente la de ella— sería difícil concertar una bonita reunión para decir adiós.
Caminaron hasta el ascensor del edificio y, cuando las puertas iban a cerrarse, divisó a Ochako en la entrada; no solo eso sino que ella también le vio con una expresión parecida a traición tan contundente que no le dio tiempo a reaccionar. Para echarle más leña al fuego, Rie señaló lo evidente—. ¿Estaba llorando?
Pensó en ir tras ella, pero no supo si era buena idea.
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Rie se acomodó en su sillón mientras él servía un trago. Solo había estado dos veces en el lugar, la primera antes de mudarse y la segunda el día de la mudanza. De hecho, Harin había sido quien le ayudó a encontrar el edificio por medio de un agente de bienes raíces que era amigo suyo.
—Acepté esa mini serie de Amazon Prime —le dijo, dándole un sorbo al vino tinto que Bakugou le ofreció en una copa—. Comienzo a rodar a finales de enero en Londres, pero me iré antes para conocer el lugar.
—¿El lugar? ¿O vas antes par encontrarte con tu señor?
—Eso es solo un extra.
Hiroto Suwabe, la pareja sentimental de la aclamada actriz y primer amor de Japón Rie Harin, era un empresario de traje y corbata que llevaba cuatro meses en el extranjero haciéndose cargo de una filial de la empresa que recién abría en Inglaterra. Presidente de un reputado conglomerado que incluía desde fabricación de astilleros hasta perfumería, era uno de los hombres más poderosos del país. A pesar de los muchos ceros en sus cuentas bancarias y la extensión de su poder e influencia en la economía de Japón, era un hombre sencillo, casi aburrido, al que le fascinaban nimiedades como salir de su casa a comprar sus propios cigarrillos o alimentar a las gallinas de la granja de la familia Harin. Se habían conocido hacía tres años, más tiempo del que Bakugou la conocía a ella, sin embargo, su relación no había comenzado hasta finales del año pasado.
Por lo que él sabía, al inicio Harin le había dado la misma atención que a cualquier otro ejecutivo, pero la insistencia y atenciones del hombre la acercaron paulatinamente a él. Sin embargo, durante aquella época la actriz estaba en una turbulenta relación con otro actor de renombre y nada había prosperado.
Fue después del incidente casi dos años atrás donde ella conoció a Bakugou que encontró uno de los apoyos emocionales más grandes en el hombre y, tiempo después comenzaron su relación, escandalizando a las personas a su alrededor. Llevaban un poco de razón, pues en ese entonces Harin tenía 28 años y Hiroto 41; con dos divorcios en su haber y una hija de 7 años producto de su segundo matrimonio, parecía que Rie aspiraba a ser solo una novia-trofeo, una niñera cara para la heredera. Pero nada estaba más lejos de la realidad. Hiroto amaba y respetaba a Harin, le daba su lugar en su vida y la consultaba en sus decisiones. Ver a la chica con un hombre tan mayor era algo a lo que Bakugou no se podía terminar de acostumbrar, sin embargo, si ella era feliz él no necesitaba entrometerse.
—También decidí que tan pronto me vaya de Japón vamos a anunciar nuestra relación.
—¿Vas a seguir con ese plan?
—¿De qué hablas? ¡Ya hasta le vendí la exclusiva a Jeff! La próxima semana iré a despedirme de él y a grabar la entrevista. Será solo entre él y yo.
La idea de revelar la relación había sido idea de Rie, quien se lo propuso a Hiroto hacía algunos meses. Él le permitió hacer su voluntad, aunque siempre se mostró preocupado por el futuro de su novia como actriz, en lo que dirían los medios de ella, si las personas la insultarían y las puertas que se le podrían cerrar en su carrera. Él, aunque escandalosamente rico y contar con poder, no era realmente una figura pública. Su nombre solo aparecía en artículos de economía y su contacto más directo a la televisión era cuando hacía de consultor de finanzas para algún canal de noticias por medio de una llamada telefónica. De alguna manera estaría a salvo.
—¿No te sentirás solo? ¿Quién va a molestarte ahora que yo me vaya?
—Nadie. Gracias a todos los héroes.
—Tengo la sensación de que serás tú quien vaya a molestar a alguien —jugó—. ¿Cómo se llamaba tu vecina? Uravity Ochako. ¿Pasaste una buena noche de sueño en el hospital?
Por esto mismo es que Bakugou odiaba pedir favores.
—No es de tu incumbencia.
—Pero podría serlo. Si te gusta, ¿te has molestado en pensar que tal vez leyó una de esas noticias que dicen que estamos saliendo y se la ha creído? Tenía muy mala cara en el pasillo.
Algo hizo pop en el cerebro de Bakugou.
Tan estúpido como parecía, tan tonto como sonaba, jamás lo había considerado. Realmente no daba muchas explicaciones de su relación con la actriz a terceros, después de todo, eran sus cosas, pero confiaba que haber negado por activa y pasiva en las entrevistas de televisión que estaban juntos fuera suficiente para todos, incluida Uraraka.
—¿No deberías llamarle para preguntarle si está bien? Pudo haber pasado algo.
Mientras Harin hablaba, el cerebro de Ground Zero comenzaba a hacer cortocircuito.
—Vamos a enviarle un mensaje.
Mierda, mierda, mierda, mierda. Mierda.
—Ya está —su propio celular siendo sacudido frente a él de manos de su amiga fue suficiente para sacarlo de su trance—. Le hablé tan gruñonamente como tú lo harías. Ahora hay que esperar a que quiera responderte.
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Cuando Uraraka le respondió, Rie ya estaba un poco pasada de copas, por lo que, cuando Ochako casi le invitó a ir al festival con ella, no tuvo otra opción más que rechazarla. Por muchas ganas que tuviera de pasar tiempo con ella y explicarle que él y Rie Harin no tenían ni habían tenido nada más allá de la amistad, no podía dejar a la celebridad sola.
Ella le había dicho hacía dos años cuando irrumpió en su departamento en HEAVEN Tower que era su ángel guardián. En realidad su historia con ella era bastante simple, pero acarreaba cicatrices que ella no estaba dispuesta a mostrar a cualquiera.
La razón por la que su relación había comenzado fue porque la salvó de una situación peligrosa. Su anterior novio, un actor importante y cuya carrera había sido hundida a inicios de año en los remanentes del movimiento #MeToo, abusaba físicamente de ella. Ambos inquilinos de HEAVEN Tower con la imagen al público limpia de todo escándalo nadie se dio cuenta o nadie quiso notarlo. Pero él sí lo hizo, Bakugou lo notó y le tendió su mano, como cualquier héroe en su situación lo habría hecho. Ella la aceptó en el momento, mas inmediatamente después se llenó de temor. Si lo dijera al público, si Ground Zero revelaba lo que vio e hizo aquel día su carrera estaría acabada. Sería señalada por las personas, por tener una relación y, peor aun, temía que las personas dijeran que se lo merecía. Que se merecía cada golpe e insulto que había recibido y no soportó siquiera pensar en ello. Le hizo prometer que no denunciaría, que todo quedaría entre los tres y, a regañadientes, el héroe aceptó incluso si estaba en contra de sus principios. De esa manera ella decidió mantenerse cerca de él, casi como una lapa, para asegurarse que no filtraría nada, pero al final la desconfianza se convirtió en una fuerte amistad. Harin se mudó de piso y el actor abandonó la torre por completo. Cuando Hiroto supo la historia fue quien se encargó de hundirlo en los tribunales, buscando a las víctimas y ofreciéndoles su apoyo, la antes estrella Kenshiro no saldría de la cárcel hasta que su cabeza no tuviera ni un solo cabello. Pero, a pesar del final feliz de la historia, Bakugou esperaba que en el futuro Harin se sobrepusiera lo suficiente para contar su historia y terminara de entender que ella siempre fue una víctima.
—¿Ya te respondió? —le preguntó Rie con un poco de lentitud al pronunciar las palabras.
—Sí.
—¿Y está celosa? Si está celosa puede ser tu pasa a la felicidad —ella se rió y acomodó la barbilla en su hombro.
—En realidad parece que no le importa —amargado, Bakugou bloqueó su celular.
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Le llamó el último día del año, esperando poder pasarlo con ella. Le había invitado al festival después de todo, ¿no? Solo le estaría tomando la palabra.
Si no estaba celosa, si no estaba interesada en él de esa forma, él lograría, incluso si se demoraba, que lo mirara de la misma forma que él sabía que la veía.
O al menos lo intentaría.
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Vio el ranking de héroes como primera cosa al despertar el primero de enero. Masculló maldiciones al notar que este año Deku le había arrebatado el primer puesto, pero sintió orgullo al ver que Ochako subió hasta el 14.
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Quiso llamarla para salir juntos a ver esa obra de teatro sobre hielo que una heroína en su agencia mencionó con mucha emoción, pero estaba demasiado ocupado y no sabía si lograría hacer lugar.
Prefirió no hacer planes en lugar de arriesgarse a cancelarla.
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Tocó a su puerta un miércoles. Compró un pastel de fresas para compartirlo con ella. Desde aquel día en el elevador no se habían visto y no le gustaba la existencia de esa brecha que comenzaba a abrirse entre ellos cuando vivían uno al lado del otro.
—¿Bakugou? ¡Hola! ¡Mucho tiempo! —abrió y le invitó a pasar con un ademán.
Katsuki, como siempre, llegó hasta su cocina con un par de gruñidos y sin muchas explicaciones, como si de su propia casa se tratase.
—¿Qué es eso?
—Pastel de fresas —explicó y destapó la bandeja. Los ojos de Ochako brillaron—. Pensé que…
El sonido de su celular le interrumpió. El héroe masculló una maldición y respondió. Fue una llamada breve, urgente. Habían encontrado al villano que acechaba afuera de los bares de Tokio.
—Tengo que irme.
—¿Y el pastel?
—Puedes comerlo.
—No sé —admitió antes de marcharse.
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Volvió a intentarlo otro día cuando consiguió tiempo libre, sugiriendo ir a patinar como ella le había deseado hacer por chat.
—¿Ese lago sigue congelado?
—Esperemos… —justo cuando creyó que podría tener una cita con ella en condiciones, Ochako se echó para atrás—. Eh, pero hoy no puedo.
—¿Por qué? —si no era algo lo suficientemente importante podría esperarla.
—Es el cumpleaños de Shoto.
Maldición.
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Despertó el 12 de enero con los mensajes del chat que mantenía con sus amigos de la UA.
los mas perrones; chat
Eijiro: felicidades
Eijiro: felicidades
Jiro: sí, felicidades Bakugou
Ground Zero: ¿Están en drogas?
Ground Zero: No es mi cumpleaños.
Kamidiota: t estamos felicitando xke todavia tiens amigos
Kamidiota: si la relacion ke akaba de revelar rie harin fuera kontigo ya no t ablariamos x apartado mal amigo
Ground Zero: ¿Qué se supone que tiene qué ver una cosa con la otra?
Jiro: Para ser tan inteligente acabas de hacer una pregunta muy idiota
Eijiro: *Emoji riéndose*
si se preguntan, Denki y Eijiro son los que les ponen el nombre a los grupos de chat de bakugou jajaja
DEPOSITEN TODAS SUS PREGUNTAS SOBRE LA PSIQUIS DE BAKUGOU EN UN REVIEW. TRATARÉ DE RESPONDER TODO LO QUE NO HAYA DEJADO EXPLÍCITO O NO SE HAYA ALCANZADO A COMPRENDER EN EL SUBTEXTO. SI NO CONTEMPLÉ ALGO DE LO QUE ME PREGUNTAN NO LES VOY A MENTIR Y LES DIRÉ: MIRA, LA NETA NI LO HABÍA PENSADO JAJAJAJA
Espero que no se haya hecho muy repetitivo este capítulo, pero creo que sirve de resumen para recordar todo lo que ha pasado hasta ahora que estamos a nada del final
Como siempre, agradezco desde el fondo de mi corazón los comentarios de SaEvo, Vionix2, Ana-Gami, Mich Rangel, Bluene Angel, Kionu Ritew, Alice Baskerville Redfox, EternalCrow, Sylvia2343 y fatcuntlicious.
NO ME ESPEREN HASTA ANTES O DESPUÉS DE AÑO NUEVO, FELIZ NAVIDAD DE ANTEMANO YEY!
ahora sí, como buena fan resentida de Game of Thrones, me largo a ver The Witcher jaja
