Capítulo 2
"EPF"
Los cuatro pingüinos siguieron hablando durante un rato ahí mismo. Tras interactuar con Moñito, descubrieron que acertaron pensando que sería humilde una vez que la llegaran a conocer… En lo que cabe.
Después de un rato ahí, Patito pidió la hora, diciendo que pronto se tenía que ir. Entonces Amarillín puso cara de "rayos," comenzó a saltar en las puntas de sus pies como quien está muy apurado y se le escapó decir:
-¡Ufas trufas de chocolate! ¡Tengo que irme, o llegaré tarde a la EPF!
-¿La EPF? –repitieron los otros tres pingüinos, atónitos con las siglas incomprensibles que acababan de salir de su boca.
-Sigh…no debí decir eso –dijo Amarillín por lo bajo, golpeándose la frente, molesto consigo mismo –… Ah... Err... ¡Olviden que dije eso! –y simplemente se fue corriendo.
Los otros se quedaron desconcertados. ¿EPF? ¿Qué era eso? Normalmente no les importaría algo tan insignificante como una palabra, pero Amarillín había actuado tan extraño que los dejó muy confundidos.
-¿Usualmente hace eso? –les preguntó Moñito.
-Nah. Suele inventar frases o palabras cuando se presiona –respondió Rojín –, pero nunca así; parecía más bien un secreto…
-¿Y si es un pirata y va a ir con Rockhopper? –opinó Patito –…Hmph… No, creo que no, Rockhopper ni siquiera está en la isla.
-O tal vez sólo vaya a dar un tour –propuso Rojín.
-O vaya a tomar un tour –opinó Patito.
-No creo que nos ocultaría eso –dijo Moñito.
-O… ¡¿O qué tal que es un agente secreto?! –exclamó Rojín, emocionado ante el mero pensamiento –¿Se imaginan? ¡Qué genial sería eso!
Patito y Moñito se le quedaron viendo un momento, a punto de soltar una carcajada, pero se contuvieron lo suficiente para decir:
-No hay agentes secretos en Club Penguin.
-¿Quién sabe? –respondió, riéndose. Estaba consciente que era algo tonto, pero era una posibilidad –La historia tiene muchos giros argumentales que ofrecernos.
Amarillín, aunque pareciera el pingüino más común y corriente de la isla, tenía un solo secreto: Rojín había acertado en su deducción apresurada y aparentemente tonta, pues la EPF, cuyas sílabas en inglés significaban "Elite Penguin Force," era efectivamente un grupo de agentes secretos. Sus instalaciones se encontraban bajo tierra, debajo de la Estación Pingüi-Fónico (otro acrónimo conveniente para EPF). El lugar era muy extenso, y estaba lleno de habitaciones variadas: había laboratorios, talleres, salas de entrenamiento y todo lo que pensarías encontrar en una instalación como esta.
Para qué existía la EPF, no estaban seguros. Gary, el Pingüino Artefacto, era el actual líder de la agencia. Se la pasaba todo el día en los laboratorios haciendo experimentos o en los talleres construyendo máquinas. Los agentes, por otro lado, o servían como sus ayudantes, o se entrenaban para una labor más social, es decir, mantener la paz en la isla, como si fueran policías.
Amarillín era de los mejores agentes secretos que existían, aunque tampoco era mucha cosa, pues había muy pocos; la mayoría había encontrado la entrada por accidente y no aportaban nada a la agencia. Sin embargo, no lo podemos negar, Amarillín era muy enérgico y entusiasta, y transformaba esa energía en el trabajo, dando lo mejor de él aunque resultara perjudicial para su integridad física. Prácticamente, Gary lo podía usar como conejillo de indias y Amarillín no proferiría ni una queja (bueno, era obvio, no tenía ningún otro trabajo o medio para sustentarse).
Gary había citado a Amarillín ese mismo día para probar un experimento nuevo. Cuando llegó, el pingüino ya lo estaba esperando frente la entrada para darle su misión especial. Era un pingüino azul rey, que llevaba una bata de laboratorio blanca sobre una camisa formal turquesa y una corbata marrón; además, llevaba unos lentes redondos que, a diferencia de los de Patito, eran opacos.
Ya era un adulto, o por lo menos más viejo que los otros cuatro pingüinos. Incluso medía veinte centímetros más que Amarillín, lo que medía un adulto promedio. Asimismo, su ropa era muy formal comparada con las extravagancias de los cuatro amigos, y decía mucho de sí: era un científico muy sabio y astuto que buscaba el orden y la perfección… y el conocimiento, por supuesto.
-Hola, Gary, ya llegué –saludó Amarillín al verlo.
-Muy bien –contestó él, quien ya comenzaba a desesperarse –. Llegas un poco tarde, ya te estaba esperando. Ven, sígueme. Empecemos de una vez.
Caminaron por el pasillo principal, muy largo por cierto, hasta llegar a una habitación al final. Era una sala pequeña circular, donde sólo había una pantalla y una máquina circular metálica, poco más grande que un pingüino, que proyectaba un espiral rosado giratorio en su centro. Era hipnótico.
-Wow –reaccionó Amarillín, atraído por el espiral –… ¿Q-Qué es esto?
-Voy a ir directo al punto: es el prototipo de un portal para viajar a otras dimensiones –contestó Gary al instante.
-¡Genial! ¿…Y para qué? –Amarillín seguía desconcertado.
-Es para viajar…a otro universo, por así decirlo. Se entendería mejor con la práctica. Por eso te traje, necesito a alguien que lo pruebe; ¿quieres ser el primer pingüino que lo use?
-¿Huh? ¿Yo? –preguntó él, atónito por la repentina petición –¿…E-Es seguro? ¿Cómo lo hiciste?
-Es más sencillo de lo que parece. En pocas palabras, existen pequeñas fisuras en el espacio-tiempo, esparcidas por todos lados, y encontré una aquí mismo, en la EPF. La he estado estudiando durante mucho tiempo. Al principio quise aprovecharla como una fuente de energía infinita, pero después me di cuenta que daba para más: ¿te imaginas todos los conocimientos que podríamos adquirir y todo lo que podríamos descubrir con esto?
»Así que creé una máquina que me permitiera expandir y canalizar la fisura en un portal. Lo he probado con objetos, como cámaras o micrófonos, y funciona… Aunque, para serte honesto, pierdo el contacto con ellos en cuanto entran; pero no están aquí, así que tienen que estar en otro lado.
-Pero… ¿que no debería haber muchas consecuencias físicas por la construcción de un portal de estos? ¿Como la distorsión de la gravedad? –lo había visto en una película y se sentía muy inteligente al mencionarlo.
-Exacto –dijo Gary, orgulloso de su pupilo –. Eso es lo más raro. Pero después de algunas reflexiones llegué a la conclusión de que no estoy creando un portal, sólo utilizo la energía de una de las miles de fisuras que existen naturalmente. Siempre han estado aquí y nunca ha pasado nada de eso, ¿cierto?
-Entonces –comenzó Amarillín. Se quedaba sin preguntas y verdaderamente quería ver a dónde lo llevaba ese portal. "Pff. Otras dimensiones. Sí, cómo no. Gary siempre exagera, así que posiblemente sólo me aparezca en mi iglú o algo así," pensaba –… ¡Sí, sí quiero ir!
-Bien. Cuando entres al portal llegarás a un tipo de vacío o, como me gusta llamarlo, Null Space. Es una dimensión hecha de portales. No te preocupes por los peligros, tengo todo listo para monitorearte en la otra habitación –le entregó un brazalete plateado.
»Ponte esto. Funciona como cámara y micrófono y, en caso de que se corte la comunicación con la EPF, te protegerá de casi cualquier cosa allá fuera. …Es sólo por si acaso, ya que no te pido que te quedes ahí mucho tiempo, sólo que entres, camines un poco y regreses.
-¡Bien! ¡Por la patria! –exclamó Amarillín después de ponérselo y, sin más, saltó dentro del portal.
¡Fantástico! ¡Realmente funcionó! –exclamó Gary, rebosante de alegría –Ahora tengo que ir a monitorearlo –y salió de la habitación.
Amarillín cayó en un extraño lugar en el que todo era rosado hasta donde alcanzaba la vista, con partículas flotando por el aire. Estaba flotando en su lugar, y vio que había millones de portales repartidos por todo el lugar, cada uno con un número. También había algunos pedazos de cámaras volando cerca de él, seguramente las que había lanzado Gary. Bueno, claro, no podían moverse como para meterse a un portal o regresar por el mismo.
-Aguántame las carnes –reaccionó Amarillín, descubriendo que realmente funcionó. Rojín no mentía al decir que se inventaba frases sin sentido –…¡Gary hizo algo bien! ¡Su portal sí viaja entre dimensiones! …Esto debe ser el Nulspeis… o como sea que se llame. Pero… ¿y esos números? –volteó atrás y vio que el portal de dónde había salido decía "6-34" –Deben de ser el nombre de la dimensión.
Se fijó a su alrededor y vio que la mayoría de los portales cercanos comenzaban con "6-" (sin contar algún que otro colado con prefijo "2-" o cosas así), así que seguramente se tratara del grupo al que pertenecían.
En ese momento sintió una fuerza que lo arrastraba hasta el portal de la dimensión 6-16.
La dimensión 6-16, o 16 para abreviar, era un planeta llamado Mobius. En él vivían los mobians o mobo sapiens, una especie de animales antropomórficos, descendientes de especímenes mutantes, resultado de la explosión de una bomba genética hace alrededor de doce mil años en lo que antes era la Tierra, lo que los había llevado a evolucionar y desarrollar la habilidad de pensar. Habían adquirido caracteres dignos de las criaturas antropomorfas: caminaban con las dos patas traseras y sus patas delanteras o 'manos' ahora tenían pulgares para poder agarrar cosas mucho más fácilmente; además, habían desarrollado el habla.
Hablando políticamente, una parte de Mobius estaba conquistada por el Doctor Ivo Robotnik, aunque se referían a él más comúnmente como Dr. Eggman: era un humano científico muy inteligente (¡tenía un IQ de 300!), aunque con deseos de grandeza y una habilidad nata para crear robots. Sus planes eran convertir ese mundo en el Imperio de Eggman y hacerse el dueño de todo, pero, para su mala suerte, había un grupo de mobians que siempre frustraban sus planes, liderados por Sonic the Hedgehog.
Sonic the Hedgehog era un erizo con el pelaje color azul y la piel melocotón (la cual sólo se veía en sus orejas, su boca, su pecho y sus brazos). Como el erizo que era, tenía cinco grandes púas en la cabeza y dos en la espalda. Sus ojos (muy grandes comparados con los de otras especies) eran color verde esmeralda, y no era demasiado alto, aunque sí significativamente más que un pingüino… un metro y medio, posiblemente. Las únicas prendas de vestir que llevaba eran unas zapatillas rojas y unos guantes blancos. Pero lo especial de Sonic es que había nacido con la habilidad de correr a la velocidad del sonido, por lo que lo llamaban la cosa viva más rápida.
En cuanto a personalidad, Sonic era un líder nato, pero eso no significaba que fuera autoritario o serio; al contrario, era algo despreocupado y, si no estaba salvando al mundo, se le veía corriendo por todas partes. …Ah, sí, tenía tanta energía que no se podía estar quieto ni un segundo. Además, Sonic era muy amistoso y confiaba demasiado en sus amigos, siempre buscando el bien común con su filosofía del trabajo en equipo y el poder de la amistad; y era exactamente eso por lo que el Dr. Eggman siempre perdía.
Al tiempo que Amarillín llegaba al Null Space, Sonic se encontraba corriendo por un pintoresco campo verde con lagos azules, un lugar llamado Green Hill (Colina Verde). Saltó sobre unos muelles rojos (que eran unas cosas en el suelo parecidas a trampolines que te propulsaban y te ayudaban a llegar más lejos) para impulsarse por el aire y aterrizar un poco más lejos. Sin embargo, justo en ese momento sobre los muelles apareció un portal, del cual salió Amarillín, quien también se fue rebotando, justo detrás de Sonic.
-¡Agh, auch! –chillaba Amarillín, propulsándose con los muelles. Abrió los ojos por un instante y vio a Sonic delante de él, en el aire. Se sintió algo aliviado al descubrir que no era el único ser vivo en el lugar.
»Al fin –suspiró Amarillín al caer, un segundo después que Sonic. Él se detuvo en su lugar –… ¡Hola!
-¡Un pingüineitor! –exclamó Sonic, volteando y descubriendo al pingüino detrás de él. Sin duda lo había confundido con un robot de Eggman.
-¿Un pingüineitor? ¿Qué es eso? –le preguntó Amarillín, perplejo, pero Sonic no lo escuchó. El erizo brincó, se hizo bolita (por más raro que eso suene), y usó una de sus habilidades más conocidas: el Ataque Teledirigido, el cual lo propulsaba directamente hacia su objetivo; en este caso, contra Amarillín.
-Ay, caray mamá –dijo Amarillín al ver que Sonic venía hacía él.
Se cubrió la cara con las aletas y cerró los ojos, esperando el golpe. Pero justo en el momento en que se suponía que Sonic lo iba a golpear, un campo de energía salió del brazalete de Amarillín y lo envolvió en él. Sonic cayó hacia atrás, extrañado por lo que acababa de pasar. Cuando Amarillín volvió a abrir los ojos, Sonic ya se había ido.
-¿Q-Qué pasó? –se preguntó Amarillín, igual de extrañado –…Mmm… Supongo que Gary pensó en la frase de esa película rara: "si mueres fuera de tu dimensión no te regenerarás, game over." …Aunque…no tiene sentido, ni siquiera en tu dimensión te regeneras. …Pero –volteó alrededor en busca de Sonic –… ¿Dónde está el señor? Supongo que huyó…
Un momento después, vio que una figura extraña se dirigía a él desde el aire. Aterrizó justo enfrente y Amarillín se dio cuenta que era un robot, muy parecido a Sonic: era de la misma altura y del mismo color, salvo por extremidades y su boca, que eran plateadas. Sus zapatillas eran del mismo tono rojo, pero sus manos y sus orejas eran amarilla; en cuanto a sus ojos, por otro lado, su esclerótica era completamente negra y sus pupilas sólo eran dos círculos de luz roja. Además, no tenía púas, pero su cabeza se extendía por detrás, semejándolas; de la misma forma pasaba con su torso, sólo que éste tenía una función más práctica: parecía más un motor o propulsor.
Una vez en el suelo con el pingüino, el robot habló:
-Bienvenido a mi mundo –"Los modales primero," pensó Amarillín –. Te he estado observando, pingüino. Te rodea una energía muy extraña.
-Err –vaciló Amarillín –… …Hola… ¿Me ha estado observando? Pero llevo como cinco minutos aquí…
-Te escaneé y no eres de por aquí –añadió, ignorándolo. No era una pregunta –. De hecho, vienes de mucho más lejos de lo que cualquiera se pudiera imaginar. Y, además, pudiste derrotar a Sonic con tus ataques sofisticados. Te lo aplaudo.
-¿Sonic? –se preguntó Amarillín, no familiarizado con el nombre.
»Ah…ese sujeto… No lo derroté… Sólo…creo que lo lastimé…un poco… …Pero estará bien –se apresuró a añadir, esperando lo mejor –… ¿…cierto?
-Sí, lamentablemente volverá. ¿Pero sabes quién no volverá?
-No… ¿Quién? –algo le olía mal.
-¡Tú! –de las palmas de sus manos salió un campo de energía que envolvió a Amarillín en él.
-¡Carambolas! ¡No creo que el brazalete me salve de un secuestro interdimensional! –gritó Amarillín, mientras el sujeto se elevaba en el aire y lo llevaba flotando junto a él. Para volar, se propulsaba con motores que sacaban llamas de sus pies, mientras que con sus manos mantenía al campo de fuerza junto a él.
Después de un rato volando, Amarillín quiso ser amable con el sujeto (creía que tal vez así lo dejaría libre) y le preguntó:
-Señor, ¿cuál es su nombre? Yo soy Amarillín Nl.
-Soy Metal Sonic.
-¿Y a dónde vamos? Y, más importante, ¿por qué me lleva a mí?
-Hmph –parecía de cierta forma molesto por el comportamiento de su rehén. Aun así, había una parte en él que quería contar su malvado plan –… Sigh, ¿sabes qué? ¿Qué importa? Te lo puedo decir; de todos modos, no vivirás para contarlo.
Para aclarar, Metal Sonic era uno de los mejores robots creados por Eggman, si no es que el más poderoso, con el poder para igualar y derrotar a Sonic (que ya era mucho decir).
Y le contó su historia: hace unos días, Metal Sonic estaba en su guarida, estudiando unas ondas electromagnéticas que había captado. Se dio cuenta, entonces, que no provenían de ese mundo, sino que eran producidas por una fisura del espacio-tiempo generada en otro universo. Supo entonces que alguien en otra dimensión trataba de abrir un portal; nunca había pensado en las infinitas posibilidades de viajar entre dimensiones y ese fue el incentivo perfecto para tener presente la posibilidad. Pero, a diferencia de Gary, lo que él quería no era adquirir conocimientos, sino conquistar esas dimensiones y adueñarse de todo el Multiverso.
Pero Metal Sonic hubiera tardado mucho en abrir un portal solo, ya que ocupaba una cantidad inmensa de energía y de investigaciones, por lo que trató de aprovechar el trabajo de Gary para sus propios fines. Así que siguió estudiando la señal y descubrió que provenía de la dimensión 34 del grupo 6, de una isla llamada Club Penguin, habitada por pingüinos y muy fácilmente conquistable. Lo que podría hacer para que no se le escapara esa oportunidad, era aumentar la energía de su dimensión, como un imán, para que cuando algo entrara al portal apareciera en su mundo y poder usar ese mismo portal para viajar.
Así lo hizo y funcionó. En cuanto se enteró que un pingüino había llegado desde otra dimensión, rastreó el portal, salió de su guarida y fue a buscarlo.
-Oh –reaccionó Amarillín, quien apenas había entendido algo de lo que dijo –... Pero… ¿a dónde dijo que me llevaba, señor Metal Sonic?
-Ya verás.
La guarida de Metal Sonic estaba algo lejos, y era una instalación muy grande, pero no lo suficiente para ser completamente visible. Apenas habían entrado cuando lo embargaron dos robots pequeños, muy parecidos entre sí, aunque uno era cuadrado y amarillo, y el otro, redondo y rojo.
-¡Maestro! ¡El zorro metálico reportó su estatus! –dijo el amarillo
-¡Jefe! ¡Tails Doll dice que…! –empezó el rojo.
-Orbot y Cubot –los detuvo simplemente Metal Sonic –, ya habrá tiempo para eso. Por ahora, necesito que preparen nuestra sala especial. Nuestro invitado –apuntó con la cabeza a Amarillín, aún atrapado en el campo magnético, y luego les guiñó (sólo apagó la luz de un ojo) –va a extender su visita –ambos afirmaron y se fueron.
Para aclarar, Cubot era el de cabeza cúbica y Orbot el esférico, y los dos habían sido creados por Eggman, como robots de asistencia.
Metal Sonic siguió caminando por la guarida y llevó a Amarillín a una especie de taller, donde parecía que se hacían los robots. Todo se veía muy parecido a la EPF, con partes de robots aquí y allá y habitaciones de diferentes tipos en todos lados. En esa sala había una gran equis roja pintada en el suelo, justo en el centro de la habitación. Metal Sonic hizo a Amarillín entrar. Cuando él entró, Orbot y Cubot apenas iban saliendo.
-Suerte –le murmuró Cubot al pasar por su lado.
-¡Cubot! ¡Se supone que no podemos hablar con los prisioneros! –y ambos salieron.
Pero Amarillín tenía tanto miedo como para prestarles atención. Entonces, Metal Sonic, que estaba en una sala aparte, le indicó por un altavoz:
-¿Puedes quedarte quieto ahí?
-¿Aquí en esta cruz roja? –preguntó Amarillín, parándose sobre ella.
-Sí, justo ahí.
Entonces unas especies de garras que sostenían partes de robots se acercaron a él por todos lados.
-Tranquilo, sólo te dolerá mucho –le dijo Metal Sonic, soltando una risa cínica.
Las garras lo cubrieron por completo y, aunque no dolía, Amarillín sintió que su mente se desconectaba de su cuerpo. Ya no tenía el control de su cuerpo, aunque tampoco sentía nada y ni siquiera estaba seguro de estar consciente. Era como si flotara en una especie de limbo, o como si se hubiera quedado profundamente dormido.
-Bienvenido, Nl-Bot –saludó Metal Sonic al robot que se erguía donde antes se encontraba Amarillín.
