Una tarde lluviosa, por la acera caminaba una mujer buscando una dirección en un papel arrugado. Con sus pies casi arrastrándolos llego al punto exacto, no toco la puerta ya no había necesidad, podía verlo por el otro lado de la ventana… cargaba un pequeño en brazos… su corazón se apretaba al verlo, comenzó a faltarle el aire y se sintió sin el cuándo vio a una mujer que se le acercaba para abrazarlo y darle un ligero beso en los labios. No se lo podía creer o tal vez si… quito la vista de esa ventana, gimoteaba mientras soltaba el papel y avanzaba sin rumbo conocido. La tinta de las palabras del papel comenzaba a unirse con las gotas de lluvia que comenzaba a caer más fuerte así como sus lágrimas en ese momento.
Nadie hablo, el padre oficializo la boda con el ya conocido ahora los declaro marido y mujer, puede besar a la novia. La beso, mientras el los miraba, como esos labios que fueron suyos hace dos días se iban para siempre con ese hombre, la feliz pareja sale de la iglesia ante el bullicio generado por las familias de ambos y amigos mientras Zoro se hundía en la oscuridad personal.
Dentro de él todo era silencio, se puso de pie y con paso firme salió hacia la puerta quería ver a Robin una vez, aunque sea ahora la esposa de otro y hace unas horas su mujer.
Robin… -Su vista comenzaba a nublarse al igual que sus piernas flaqueaban desvaneciéndose en las puertas de la iglesia.
La mayoría de los invitados que salieron a despedir a los novios, voltearon un momento al ver que el joven de cabello verde se había desmayado, pero el que salto delante de todos apresurado por la salud de Zoro era uno de sus jóvenes amigos, se llamaba Marc, que apurado había cogido el mobil para llamar una ambulancia, mientras la esperaba pedía a los presentes si se encontrase un Doctor que le ayude a saber algo sobre el estado de su amigo.
Una señorita de cabello azul oscuro, ojos marrones, un físico un poco envidiable y gafas rectangulares de color rojo; entre los presentes se acercó informando que es enfermera y podría proporcionarle los primeros auxilios hasta que llegasen los doctores en la ambulancia. Primero, reviso los signos vitales… estaba respirando, lo cual alivio al joven que estaba muy preocupado por su compañero que olvido de todo a su pareja que se encontraba mirando atónita tal escena. Cuando se propuso a continuar revisándolo, la ambulancia llego y rápidamente lo subieron informando que lo acompañase la señorita que lo atendió.
El joven Marc pidió el lugar donde lo llevaban, a lo cual respondió un paramédico al Hospital Kureha. La ambulancia se llevó a Zoro y a la misteriosa enfermera que lo atendió.
-Ah… -Expulsando el aliento, Zoro había recuperado la conciencia, no era algo grave, observo a la mujer que tenía al costado preguntándole – ¿tú eres? –Aún confuso de donde estaba.
-Tashigi… -Un poco nerviosa al verlo, pensaba "que voz tan varonil" – Estamos en una ambulancia, sufriste un pequeño desmayo, te llevamos a un hospital para que te revisen, pero creo que será rutinario… -Miraba como intentaba levantarse cosa que lo impidió, tenía que guardar reposo. – Tranquilo…
-Ok. –Intento cerrar los ojos el peliverde, aún en sus recuerdos estaba Robin, la forma de su cuerpo, sus labios, su voz, la perfecta forma de ser que tanto le gustaba y ahora, ese cuerpo, los labios, la voz y la forma de ser estaban siendo disfrutados por otro hombre.- Tsk… - Maldijo internamente.
-Marc ¿Qué paso? Te vi correr y ya no estabas a mi lado – Preguntaba una joven considerablemente alta, de cabello negro largo, tez blanca, con un vestido de igual color dejando ver casi el inicio de la espalda descubierto y unos lentes de color lila.
-Nov… - aún con el celular en la mano, la miraba aun preocupado por la salud de su compañero –Fue… mi amigo, Zoro se lo llevaron en la ambulancia… Hospital – se llevaba el brazo a su boca en señal de preocupación, colocando sus labios contra las mangas.
-Si tienes que ir, ve. – Respondiendo tranquilamente – yo tengo que ir a la fiesta de Robin un momento… - acercándose a él, pasando los dos brazos por su cuello- soy la madrina de la novia…
-Gracias Nov… - acercándose para darle un beso ligero en los labios, mientras ella se aferraba a él para que lo profundizara.
-Recuerda, -hablándole al oído- como me dejaste – haciendo énfasis en la última palabra mientras dirigía su mirada hacia la unión de sus piernas delatando una sonrisa picara, dejando a Marc con un ligero tono rojizo en la cara, haciendo que ambos se miren – Me hubiera gustado quedarme en el confesionario… - soltándolo y empezando a caminar hacia las demás personas que se dirigían a la fiesta de matrimonio de Robin y Law. Antes de subir a la movilidad, se da la vuelta para darle una sonrisa, a lo cual Marc responde haciendo lo mismo para luego partir rumbo al hospital.
Un poco cansado llegaba Marc al hospital Kureha, se dirigía a paso semi-rápido a la sala de recepción buscando información acerca de su amigo, obtuvo respuesta de que ya había sido dado de alta y lo acompañaba la enfermera Tashigi a su casa.
Un poco confundido respondió con un gracias, dubitativo que iba hacer ahora. Saco su celular de su bolsillo tratando de comunicarse con Zoro.
–Zoro, hola, estas bien… me dijeron que ya habías salido.
-Aló Marc… - se escuchaba la voz de una mujer al otro lado. –Estoy bien tío, gracias por preocuparte.
-Zoro, me alegro – respirando con más tranquilidad de la cual había salido de la iglesia – sabes… regresare con November… -al otro lado se encontraba Zoro con una cara seria que sorprendió un poco a su compañera, asentaba de vez en cuando – Me despido Zoro, luego nos vemos…
Zoro presentaba el semblante de tristeza debida la mención de Robin en una conversación, recordar el sexo por la mañana y un pequeño desmayo por la tarde. Se había separado del mundo en ese instante, no podía oír a Tashigi que le decía por donde debía de girar el automóvil para llegar a casa.
En la mente de Zoro, sólo estaba una persona y sólo una; Robin, Robin, Robin, Robin, Robin, Robin, Robin, Robin…
Zoro, - Deteniendo el vehículo para dirigirle la palabra y sacarlo de sus pensamientos a lo cual reacciono – ¿por dónde?
El peliverde volvió en sí, recordando donde estaba y con quien estaba. – De esa calle a la izquierda.
Una vez que llegaron a la casa de Zoro, ambos bajaron del auto, ella se apoyó en el auto viéndolo marcharse. – Gracias por todo – le sonrió para luego abrir su puerta y darse cuenta que la mayoría de sus cosas aún seguían regadas por el suelo.
Ella se acercó con una tarjetita, tomándole del brazo, sin intención observo el interior como estaba –Es mi tarjeta, esta mi numero en caso necesites llamar por algo.
-Paso un huracán… uno fuerte… - Sonriéndole mientras recibía la tarjeta y entraba para acomodar sus cosas. – Gracias.
-Cuando quieras. – Cerrando la puerta, dejando a Zoro en su casa y entrando a su auto para dirigirse rumbo a la suya.
1 mes después
Law era una autentica eminencia en su campo. Tanto, que ni siquiera le dejaron en paz el día de su boda. Un mes después del enlace, Robin se encontraba en la cama cuando su teléfono sonó, despertándola. Lo agarro, y el extraño número que aparecía en la pantalla le indico que era su marido, llamándola desde Los Ángeles.
El pobre estaba que se subía por las paredes. Sabía que su carrera era importante, y que hacer ese viaje era imprescindible para ascender posiciones. Pero cada maldita noche pensaba en su ahora mujer y le mataba tenerla tan lejos… ni siquiera había podido tocarla después de la boda, ya que tuvo que marcharse de urgencia.
Robin reía y le intentaba tranquilizar, diciéndole que tenían todo el tiempo del mundo a su vuelta. Se levantó y fue hacia la cocina mientras Law se lamentaba, cogiendo una mandarina y comiéndola con calma.
Dónde se ha visto… un mes y aún sin consumar el matrimonio –El médico rio un poco y Robin también.
Eso es un poco retrogrado, Law. Como si no lo hubiéramos consumado antes de que fuera matrimonio siquiera… Pero sí, capto tu punto.
Te tengo ganas, Robin…
Sólo dos semanas más. Pasarán volando, no te preocupes… -Mientras hablaba, sintió una punzada en el estómago-. Oye… voy a empezar a hacer unas cosas, ¿vale? Llámame por la noche si quieres.
Claro, preciosa.
Nada más colgar, Robin dejó el teléfono sobre la mesa y corrió al baño. Se arrodilló frente al váter aguantando las náuseas hasta que vómito, apenas los gajitos de mandarina que acababa de comer, el resto sólo los propios ácidos del estómago.
Devolver sin devolver, valga la expresión, era una sensación muy desagradable de buena mañana. Las náuseas eran fuertes; y las contracciones, dolorosas.
Y sin embargo… siendo el tercer día consecutivo que le ocurría… no era por eso que le llenaron los ojos de lágrimas…
"Joder… joder, Zoro…"
