Capítulo 8
"The New Dimensions"
Había pasado más o menos una semana desde el intento fallido de colonización de Metal Sonic. Al parecer, una batalla con seres interdimensionales no pasa desapercibida tan fácilmente para la población, por lo que rápidamente se comenzó a divulgar lo sucedió en el incidente fuera de la Estación Pingüi-Fónica. La parte buena es que no hubo testigos oculares, así que, para evitar que se enteraran de la existencia de la EPF, o peor, del portal, Gary tuvo que borrarles la memoria a todos los habitantes de Club Penguin, menos a Amarillín y sus amigos y algunos agentes de la EPF, para que nadie recordara lo que pasó.
Hablando de ellos ocho, se habían vuelto muy buenos amigos y seguían juntándose. Al parecer, envolverse en una crisis interdimensional estrecha los lazos de amistad más que cualquier cosa. Además, eran los que más aportaban en la EPF. …Aunque para ser honestos, Rojín y Patito se lo tomaban un poco en broma. Gary les borró la memoria a todos los agentes que no aportaban nada, pero algunos de los que se habían salvado se enojaron mucho con su jefe cuando no les quiso contar lo que en verdad sucedió y dimitieron.
En fin, Club Penguin seguía siendo la isla pacífica y armónica de siempre; nada había cambiado y parecía que así iba a seguir… Hasta ahora.
Los ocho amigos estaban reunidos, platicando como siempre. Ellos también seguían igual, sin contar el hecho de que ahora eran grandes amigos. El único que había cambiado de apariencia era Rojín, que reemplazó su sombrero con una cachucha que decía "I LOVE EPF," con mayúsculas y con letras llamativas. Eventualmente, los demás se cansaron de decirle que los iba a delatar, así que al final lo dejaron.
Era temprano, y la brisa matutina traía mucha paz y calma a todos los habitantes. Gary había citado a Amarillín para ir a la EPF ese mismo día, así que estaba pidiendo la hora.
-Mmm –dijo Amarillín –… Creo que ya es hora. …Tengo que ir a la EPF, Gary me dijo que tenía una misión para mí. ¿Quieren venir? –les preguntó.
-Nah –le contestó Rojín, negando con un gesto de la mano –, pero gracias. …Huh. Qué raro. A mí no me ha citado nunca. Sólo me dijo que fuera cuando quisiera.
-A mí me dijo lo mismo –dijo Patito.
-Y yo ni siquiera soy una agente –dijo Moñito –. No quería que descubrieran la asociación por mi culpa. …Aunque Rojín ya se está encargando de eso –le lanzó una mirada a su cachucha.
-Muy bonita mi cachucha, ¿verdad? –contestó, riendo –Bueno, al rato voy también a la EPF y te llevo un helado o algo, Amarillín.
-Bien –respondió Amarillín. Luego se dirigió a sus puffles y cambió su voz a una extremadamente formal: –. Señores puffles, Ártico y Artiquito, ¿os gustaría acompañarme en esta misión?
-¡Puf! (¡Sí!) –le contestaron los dos, y los tres partieron a la EPF.
-Bueno –dijo Moñito, ya que se había ido. Luego, dirigiéndose a Patito: –… ¡Patito! ¡Compré un vestido hermoso que creo que te va a quedar DIVINO!
-¡¿En serio?! –contestó Patito, emocionada –¿Cómo es?
-Oh, no –dijo Rojín, sintiendo el verdadero terror –. ¡Plática de pingüinas! …Creo…que…sobro…aquí –tomó a Rojito y le dijo: –. Rojito, será mejor que te lleve al Hotel para Puffles.
-Puf puf-puf (No me abandones) –le susurró Davín a Rojito. Él sonrió con malicia.
Entonces, Patito, Davín y Moñito fueron al departamento de ésta última, Rojín y Rojito al Hotel, y Amarillín y sus puffles a la EPF.
Ya en la EPF, fueron a buscar a Gary. Estaba en la habitación del portal, sólo que ya lo había desarmado y había traído el equipo que usó para monitorearlo. En ese cuarto, además de unas pocas computadoras alrededor, sólo había un objeto circular pequeño, como un botón, ubicado al centro en el suelo.
-Gary, ya llegamos –lo saludó en cuanto lo vieron.
-Muy bien, te estaba esperando. Supongo que te preguntas por qué te mandé llamar.
-Sí –luego volteó a su alrededor –. Siento que hay algo diferente aquí… Pero no sé qué es…
-Es el portal. Lo desarmé.
-Oh, cierto… ¡Qué bien! Ese portal sólo nos causó problemas.
-Puf puf puf puf-puf (Destrucción parcial de la isla) –enumeró Artiquito.
-Puf-puf puf puf puf (Una amenaza de más destrucción) –siguió Ártico.
-Bueno, es por eso que te mandé llamar –continuó Gary –. Destruí este portal para poder crear otro, uno mejor.
-Espera-¿Qué? –eso tomó por sorpresa a Amarillín. Suponía que después de lo que había pasado había renunciado a sus planes –Habíamos quedado que lo mejor era apagar ese portal de una vez por todas. Metal Sonic amenazó con venir a conquistarnos, y todo por ese portal.
-No importaba que cerrara este portal si los demás seguían abiertos, y es por eso que seguí estudiando su funcionamiento. Logré cerrar los dos portales en la otra dimensión, y Metal Sonic va a tardar mucho en descubrir el funcionamiento de los viajes interdimensionales él solo.
»Así que usé esos nuevos conocimientos para crear otro portal, uno mejorado –señaló por primera vez el círculo en el suelo –Ahora vamos a poder cerrar los portales que hagamos a control remoto y vamos a tener más control sobre ellos.
-Pero lo que yo digo –replicó Amarillín –es que ¿por qué hacer otro portal? ¿Por qué no abandonar este proyecto? … … ¿Y qué tengo yo que ver con esto? –añadió después de unos segundos.
-Creé el portal por el puro propósito del conocimiento. Después de varios años de estudio, me di cuenta que no sabemos nada, que hay muchas más cosas que aprender. Incluso (no se me ocurrió hasta que empecé a estudiar la grieta interdimensional) que esta dimensión era muy básica. Supe entonces que teníamos que salir para investigar y no quedarnos sólo con lo que creemos saber.
-¿Qué? –dijeron Amarillín, Ártico y Artiquito al mismo tiempo, confundidos.
-Deja darte un ejemplo. Nuestro universo es de tres dimensiones: largo, ancho y alto, ¿verdad? –empezó con su explicación –Imagina… que haya un universo en que sólo haya dos dimensiones, largo y ancho. La gente ahí viviría feliz, sin siquiera pensar en la existencia de una tercera. ¿Qué tal que eso nos pasa a nosotros? ¿Qué tal que hay universos en que existen cuatro, cinco… o diez dimensiones? Es lo que quiero decir. Si no salimos a investigar, no nos daremos cuenta de lo que hay más allá.
-Bien… Entiendo eso – "Wow, primera vez que entiendo algo de lo que me dice Gary," pensó Amarillín –… Entiendo que todo esto es por conocimiento… Lo que no entiendo es…¿qué tengo yo que ver? –repitió su pregunta. Ya sabía la respuesta: ahora que no había agentes secretos, él tendría que hacer ese trabajo…
-Esperaba que, como la otra vez, fueras el primer pingüino en probarlo. Pero –vio que Amarillín iba a empezar a replicar de nuevo –ahora va a ser más seguro. No quiero que vayas a investigar ni nada, por ahora lo que necesitamos es buscar un ejército para defendernos de Metal Sonic.
-Pero… –comenzó a replicar –… Oh, chanclas. Quiero negarme, pero en serio necesitamos protección.
Gary le dio todas las indicaciones (que explicara su situación a quien se encontrara, pero sólo si se veía de fiar) y las precauciones (que no se alejara del portal, que entrara si se sentía amenazado), y al final, Amarillín aceptó. También le dijo que él se encargaría de que volvieran a Club Penguin y no a otra dimensión. Gary presionó el círculo-botón del suelo y apareció un portal, sólo que éste era más un holograma que una máquina. Luego, los puffles les hicieron señas de que querían ir también.
-¿Estaría bien que los lleve? –preguntó Amarillín.
-Supongo –le contestó –… Son muy listos, ya los vi en acción.
-¿Puf puf puf-puf? ¿Puf puf puf puf? (¿En serio quieres ir? ¿No te da miedo?) –le preguntó Ártico a su hermano.
-¿Puf, puf? ¡Puf puf puf! (¿Miedo, yo? ¡Claro que no!) –exclamó Artiquito. La verdad es que en el fondo sí tenía miedo, pero eran más sus ganas de ir.
-Bien –dijo Amarillín, mientras se acercaban al portal –. Gary, avísale a mis amigos dónde estoy, no quiero que se preocupen –y entraron al portal.
Los tres cayeron en el Null Space. Pero esta vez, no los atrajo el portal de la dimensión 16, de Mobius, sino que a cada quien lo atrajo un portal diferente. A Amarillín, el 2-56, uno de los únicos infiltrados del grupo 6; a Ártico, el 6-05; y a Artiquito, el 6-15.
Amarillín cayó en un mundo lejano, llamado Pac-World, específicamente en un pueblo llamado Pac-Land. Era un planeta muy extraño y muy variado, incluso más que Mobius, diría él. En ese mundo dominaban dos especies: las pac-personas y los fantasmas; aunque, además de ellos, había varias especies menores, como los pookas, las hadas y más. Los fantasmas vivían en otro pueblo, en Ghost Land, y eran los enemigos mortales de las pac-personas.
Las pac-personas tenían una inteligencia bastante afinada y una sociedad moderna muy avanzada; hablaban en un extraño dialecto, pero aun así conocían la mayoría de los idiomas existentes. Tenían dos brazos y dos piernas, dos ojos, una nariz y una boca, pero ahí terminaban las similitudes con otros seres antropomórficos: no tenían torso, así que sus extremidades estaban conectadas a la cabeza, la cual era esférica u ovalada; y podían ser de colores muy diversos. Su cabeza era bastante grande, comparada con la de otros seres: junto con las piernas, les daban una altura de un metro a un metro y medio, generalmente.
Los fantasmas, por otra parte, eran entidades ectoplásmicas semi-intangibles, con formas mucho más diversas que las de las pac-personas; tan diversas que era imposible redactar una generalidad sobre sus cuerpos. Al ser enemigos mortales de las pac-personas, siempre los estaban acosando, pero ellos tenían una defensa especial: los Power Pellets, que, como su nombre lo indica, eran píldoras de energía que les daban el poder de comerse a los fantasmas y regresarlos al lugar de donde vinieron.
Amarillín estaba admirando todo el lugar (era verdaderamente pintoresco, sin abusar de ningún color o textura) cuando vio que, por encima de él, pasaban volando unas figuras extrañas de colores (fantasmas, sin duda). Al momento siguiente, vio a una pac-persona que venía corriendo a él.
-¡Waka! (¡Cuidado!) –le gritó, tratando de frenarse.
¡BANG!
Chocó contra Amarillín y ambos cayeron al suelo.
-Discúlpeme, señor –le dijo Amarillín, ayudándolo a ponerse en pie. Esa pac-persona tenía el cuerpo amarillo y la única ropa que llevaba eran unas botas rojas y unos guantes de boxeo naranjas. Era algo bajo, medía lo mismo que Amarillín.
-Oh, ¿waka waka? (¿hablas español?) –le preguntó.
-Amm… Lo siento, pero no entiendo lo que me dice –le contestó Amarillín, apenado.
-No te preocupes –le dijo –. Yo también sé español. ¿Cómo te llamas? Mi nombre es Pac-Man.
-Err… Amarillín –le respondió. Se veía buena persona, así que por lo pronto podía renunciar a huir despavorido por el portal –. …Señor Pac-Man, en serio discúlpeme, por mi culpa ya perdió el rastro de esas…cosas…voladoras.
-No te preocupes, lo que quería era espantarlos del pueblo, y ya lo logré –Pac-Man era alguien muy amable y muy valiente. Había participado en muchas aventuras en su mundo y había salvado a su gente varias veces, por lo que se había ganado el título de héroe. A pesar de esto, lo que más quería era llevar una vida tranquila, aunque no dudaría en entrar en acción si fuera requerido
Ártico cayó en una de las regiones más grandes del planeta Popstar: en Dream Land (Tierra de los Sueños), específicamente en un bosque llamado Green Greens (Verde Verdes/Verduras Verdes). Popstar era un planeta muy singular ubicado en la Galaxia Gamble (Juego, Riesgo): por algún extraño fenómeno, si la veían desde el espacio tenía la forma de una estrella amarilla, atravesada por dos anillos. A pesar de su coloración desde el espacio, Popstar contaba con grandes océanos azules y vastas masas de tierra, que junto con su gran variedad de climas y recursos naturales sustentaban una abundante variedad de vida, como los puffs, los Waddle Dees y muchísimos más.
Dream Land contaba con una amplia gama de paisajes y habitantes. Éstos últimos eran en su mayoría Waddle Dees, por lo que el país se calificaba como pacífico y despreocupado. Era gobernado por el autoproclamado Rey Dedede, quien en realidad no tenía mucho interés en gobernar, por lo que todos hacían lo que querían.
Justo encima de donde Ártico cayó iba pasando una aeronave muy peculiar: el frente parecía una cabeza, ya que era como una máscara; y también tenía lo que parecían alas de murciélago a los lados. Lo que Ártico no sabía era que esa era la Halberd, una de las naves más poderosas en Dream Land, propiedad de un soldado sin igual: Meta Knight, el Guerrero Más Fuerte en la Galaxia, título que se había ganado al derrotar a Galacta Knight, quien anteriormente se autonombraba así. También ignoraba que en ese preciso momento estaba ocurriendo un enfrentamiento en la cubierta de la nave: Meta Knight contra Kirby.
Ambos eran puffs que vivían en Dream Land. Los puffs eran criaturas muy sencillas, ya que sus cuerpos eran esféricos, eran pequeños (unos ochenta centímetros), y sólo tenían dos manos, dos pies, dos ojos y una boca. Al igual que las pac-personas, no tenían torso. Se parecían bastante a éstos, aunque con extremidades más cortas. Además, sus cuerpos eran suaves y flexibles, permitiéndoles aplanarse o alargarse a su gusto. Sus facciones eran muy afinadas, lo que les daba una apariencia muy tierna.
Kirby era completamente rosa, con la excepción de sus mejillas rojizas; aludiendo a su color, era muy inocente y puro. Sus ojos eran negro-azulado y llevaba zapatos rojos. Kirby tenía una actitud positiva, alegre e inocente, siempre buscando ayudar a los demás, aunque no dudaba en entrar en combate si tenía que hacerlo para salvar a su mundo.
Por otra parte, Meta Knight era todo lo contrario. Era azul rey, muy intenso, pero no se veía mucho de él porque siempre llevaba la cara tapada con una máscara (la misma de su nave); además, usaba hombreras, guantes, zapatillas y una capa con alas retractables, parecidas a las de un murciélago, que lo asemejaban a un vampiro; todo en tonos que iban desde el índigo hasta el turquesa. Meta Knight era impredecible, ya que era muy misterioso y siempre mantenía ocultos sus motivos de hacer las cosas, aunque en general era un guerrero muy honorable y caballeroso que sólo buscaba hacerse más fuerte. Muchas veces sus ideas chocaban con la personalidad de Kirby, lo que los llevaba a enfrentarse, como ahora; pero a veces también eran aliados.
En ese momento, Ártico vio una figura que caía desde la Halberd. Era Kirby. Ártico corrió para atraparlo, pero entonces se dio cuenta de que no estaba cayendo muy rápido. Ya que se acercó más, vio que en realidad parecía estar volando: inflaba su cuerpo y lo desinflamaba para tener un pequeño impulso hacia arriba.
-¿Estás bien? –le preguntó Ártico una vez que Kirby tocó el suelo. Él se le quedó viendo con una expresión curiosa. No parecía que fuera del tipo hablador.
-¿Poyo? –dijo simplemente Kirby, con un tono de pregunta. Ártico supuso que quería decir "¿quién eres?" o algo así.
-Soy Ártico, ¿cuál es tu nombre? –esperó un poco, pero no tuvo respuesta –No hablas mucho, ¿verdad? –nada –… ¿…Por lo menos me entiendes? –Kirby movió la cabeza afirmando. "Ya la hice," pensó Ártico, "le puedo explicar nuestra situación."
Artiquito cayó en la Tierra, un planeta del Sistema Solar. Era un planeta, sino muy grande, muy vasto tanto en recursos como en climas y paisajes, que sustentaba una gran biodiversidad en plantas, animales y otros seres vivos. La raza dominante eran los humanos. Éstos eran algo parecidos a los mobians, ya que eran antropomorfos con la capacidad de pensar y razonar. Aunque a diferencia de ellos, todos los humanos pertenecían a una misma especie, por lo que eran menos diversos.
PERO esta Tierra a la que había llegado Artiquito era un universo paralelo de la original, un mundo donde la magia era una pieza importante. Por lo menos en el lugar donde cayó Artiquito, la magia había afectado con dos diferencias mayores: algunas plantas tenían vida: tenían ojos y boca (la mayoría), aunque no podían hablar o razonar como los humanos, pero podían sentir, pensar, ver y esas cosas; la otra diferencia es que en esta dimensión existían los zombis, criaturas muy parecidas a los humanos, pero con piel grisácea y una afición extraña por los cerebros. El objetivo principal de las plantas vivas era derrotar a los zombis y proteger a sus dueños, así que, para esto, las plantas habían desarrollado muchas habilidades, tanto defensivas como ofensivas: había plantas que disparaban, plantas que explotaban, plantas potenciadoras, plantas de apoyo…
Justo eso estaba pasando en ese momento: una batalla entre las plantas de un jardín y unos zombis. Artiquito tuvo que esconderse detrás de una maceta para no salir lastimado. Ni en las plantas ni en los zombis había mucha variedad. Las más pegadas a la casa eran unos girasoles, pero con ojos y boca, quienes al parecer sólo generaban solecitos que curaban a las demás plantas. Después estaban unas extrañas plantas verdes, con ojos y una boca grande, con la que escupían guisantes a los zombis. Las últimas plantas eran lo que parecían nueces gigantes, formando una barrera protectora. Los zombis, por otra parte, eran todos iguales, sólo que algunos se cubrían la cabeza con conos o con cubetas.
Eventualmente, después de un rato las plantas ganaron y acabaron con todos los zombis en el jardín. Fue entonces cuando Artiquito salió de su escondite y les habló:
-¡Wow! ¡¿Qué fue todo eso?! –las plantas sólo se le quedaron viendo –…Oh, cierto. Disculpen mis modales. Mi nombre es Artiquito. ¿Y ustedes son…? –siguieron con la vista fija en él –… ¿…Pueden hablar? … … ¿…Me entienden por lo menos? –Nada. "Oh, no," pensó Artiquito, "Gary no va a estar feliz si no vuelvo con un ejército interdimensional que nos proteja de ese robot chiflado."
Entonces siguió un camino de piedra que estaba al lado y que llevaba hasta el jardín trasero. Era enorme. Había un letrero titulado "Jardín Zen," y ahí había muchísimas más variedades de plantas. Plantas carnívoras, cactus, patatas, cerezas, setas, coles, sandías… Incluso había otras versiones de las que había visto luchando: una escupe-guisantes (la bautizó así) de fuego, otra de hielo, otra enojada, otra con dos caras… Era un paraíso de plantas. "Si tan sólo me hicieran caso y pudiera hacerlas mi ejército personal," pensaba Artiquito.
