¡Nueva historia para Better Together!
Tercer fic
Título: El ciclo
Pareja: Sorato.
Rating: M
Tema: Sora visita a un Yamato Ishida que ya no es su novio pero que todavía -a su manera- quiere.
Año: 2006/2007. Era parte de un longfic que no tenía futuro y que transcribí hace poco de mi vieja libreta. Me decidí por cortarlo y hacer varios oneshot con ese ex proyecto.
Advertencia: Es una Lemon, pero no demasiado explícito, creo. Advierto también que es un escrito muy raro, sin trama… quizás los personajes no están tan bien delineados, ¡pero bueno!, me gusta imaginar que dentro de un personaje hay infinidad de facetas.
El ciclo
Por CieloCriss
Eran las nueve de la mañana cuando me detuve en la puerta del departamento de Yamato Ishida. Llevaba un vestido amarillo, liso, de una sola pieza. Suspiré un par de veces. El ciclo se estaba repitiendo y lo sabía. En unos segundos, Yamato abriría la puerta, no llevaría camisa y tendría el rostro desvelado. Nuevamente estaba a punto de tentarlo y seducirlo, lo peor era que ya sabía cómo.
Toqué. Volví a tocar. Sabía que Yamato tardaba en abrir los ojos una eternidad, le fastidiaban las visitas a media mañana después de un concierto finalizado en madrugada.
Volví a tocar. Era la quinta vez.
—… ¿quién?
—Soy yo, Yamato, Sora —exclamé.
—Voy.
Como ya sabía que se trataba de mí, Yamato tardaría menos en abrir de lo acostumbrado.
Se me hizo agua la boca. El estómago se me retacó de nervios. Yamato Ishida había sido mi primer novio y todavía recordaba sus caricias. Ese chico rubio, con los ojos de aguamarinas y la voz de arcángel, había sido el primero en hacerme el amor, y yo todavía no podía deshacerme de su recuerdo. Por ese "todavía" se repetía el ciclo, porque Yamato siempre me ha quemado el corazón.
Abrió la puerta, estaba despeinado, con el pecho descubierto, el pantalón estaba recién puesto porque seguramente había dormido desnudo… ¿estaría acompañado por alguien?
—Descuida, no hay nadie —me dijo, cediéndome el pase a su departamento —. Adelante, puedes pasar.
—Gracias, Yamato —susurré, mientras tomaba asiento en la sala de cuero que tenía.
Se sentó frente a mí y por largo rato se me quedó mirando. Se veía hermoso, sus mechas doradas se desparramaban en su frente.
—¿Algo de beber, Sora?
—Mh, no.
—Iré por algo para mí.
Se levantó y fue directo al servibar que tenía en la cocina. Sacó del refrigerador una bebida energética y se la bebió de un jalón.
Tenía meses sin verlo así de lindo, en ese estado somnoliento que tanto me gustaba. A Yamato lo seguía queriendo mucho, él también me tenía cariño, por eso mismo habíamos terminado nuestro noviazgo años atrás. Yamato me había dicho que me quería, pero que no confiaba en él mismo, ni en su carrera, que no creía en la fidelidad, que no quería herirme.
Le contesté que también lo quería, pero que no podía seguirlo en su música, yo tenía mis propios caminos… tampoco quería salir herida.
Por eso dejamos las formalidades atrás… deshicimos el noviazgo de secundaria… nos vimos algunas veces después, aunque nos tratamos desde otra perspectiva… ahora a lo mejor "hoy" era una de esas veces.
Ishida se sentó frente a mí de nueva cuenta; se veía un poco más despierto por el endulzante de la bebida.
—¿Qué tal el concierto?
—Bien —me respondió —. Pero Sora, no has venido a preguntarme eso, ¿no es así?, ¿te sucede algo?
Por breves instantes, Yamato puso una expresión de preocupación en su rostro, yo me mordí la lengua, se veía más divino que nunca. Y ahí estaba yo, nerviosa y estimulada. No podía responderle con palabras que había reiniciado el ciclo… No pude.
Lo único que pude hacer en esos momentos fue abrir mis piernas lo más que pude. Para Yamato Ishida eso fue suficiente.
Se levantó de su asiento sin quitarme la mirada de encima; su rostro somnoliento se volvió sensual, activo. Me pareció más despeinado que nunca, con los ojos misteriosos, demasiado azules, demasiado ansiosos. Caminó hacia mí, se inclinó hasta tocarme y me tomó la barbilla con la mano izquierda mientras que con la derecha me acarició los muslos.
Paseó sus dedos por encima de la ropa interior. Así de rápido. Yo no lo detuve, de alguna manera nunca podía detenerlo, era porque estábamos inmersos en ese ciclo de amor… en el fondo, de verdad nos queríamos. Se fue recostando sobre mí, sin soltarme, los dos nos pusimos ansiosos.
Yamato nunca me hacía esperar; ese día estaba especialmente cariñoso. De alguna manera, su tacto llegaba a mis sentimientos… quizás era su manera grácil de moverse, su caricias.
Oh, dios, sus caricias.
Yamato llegó a mis labios segundos después. Con sus manos me delineaba, al mismo tiempo bajaba el zipper del vestido, para desnudarme. Yamato no tardaba en despertar su lado erótico, él sabía encenderse y contagiarme. Me contagiaba su cuerpo, el temblor de su voz y su sexo fuerte, intenso, los espasmos sin palabras.
—Oh, Sora… —me susurró al oído mientras me mordía la oreja —¿Segura…? ¿Segura que estás bien?
No le respondí porque me descubriría, no quería platicarle del ciclo en el que coexistíamos. Lo que hice fue besarle el abdomen y desabrocharle el pantalón. Él no volvió a dirigirse a mí con su voz.
Se levantó del sofá y terminó de desnudarse, yo hice lo mismo. Deslicé mi vestido hasta el suelo, me desabroché el sostén, durante todo el tiempo estuvimos mirándonos, a cada momento subiendo la intensidad.
Yamato me jaló con brusquedad a su regazo, me rozó los labios, pero estacionó su boca en mi cuello; comenzó a succionarme la piel mientras nos dejábamos caer al sillón, con prisa.
Por mucho es el amante más intenso que he tenido, él desborda pasiones, incluso es un poco brusco, da la sensación de que no piensa en su pareja, pero no es así.
Aunque se concentra en él, en su manera de moverse, en sus tiempos y en su fuerza, Yamato siempre está en sintonía conmigo, como si tuviera empatía con mis sentimientos, con mi manera de hacer el amor.
Nos acoplábamos muy bien.
Nuestros besos rebasaron la frontera de nuestra cordura. Sus dedos bailaron sobre mí, sus labios estrujaron mis pechos. Sentí su miembro punzante entre mis piernas. Sus cariños bruscos, tan excitantes… y toda la intensidad en silencio, mientras él entraba en mí de un solo impulso, mientras enlazábamos nuestras bocas.
Era la mejor parte del ciclo.
Enrollé mis piernas en su cintura, mientras él masajeaba mis pechos. Solté algunos sonidos cuando empezó a moverse, le rasguñé la espalda.
Nuestro ritmo se incrementó cada vez más. Adentro, afuera, más adentro, menos afuera, ¡en lo profundo!… y yo temblando ante sus movimientos, con mis manos entumidas y el placer sacudiéndome.
Yamato eyaculó al mismo tiempo en que me sonrió con ese rostro tremendo, como encantado. Salió de mí y se dejó caer en mi cuerpo, al mismo tiempo, siguió besándome el vientre, el ombligo, los senos. Yo a como pude lo envolví en un medio abrazo con uno de mis brazos.
—Ha sido una mañana estupenda —murmuró, incorporándose —. Me has quitado la resaca.
Contuve las lágrimas, asentí y me senté. Yamato se acercó y me dio otro beso.
—Sora, ¿por qué estás así de nerviosa?
—No, no pasa nada —dije, mientras el ciclo seguía ese ritmo injusto, que me desposeía, que lo alejaba a él, que me perdía a mí… los círculos no tienen salidas —. Estuve recordando cuando fuimos novios, ya sabes, nuestra primera vez.
—Yo también extraño las formalidades de nuestro noviazgo, Sora —admitió él. Se puso de pie, lo vi desnudo una vez más y, como siempre, me hipnotizó su espalda —. Aunque por ahora prefieres ser libre, ¿cierto?
—Sí —respondí.
—No estoy seguro de lo que quiero yo —sinceró —. ¿Te quedas a desayunar?
—No, no puedo, me tengo que ir.
—Ya.
—Yamato, sabes lo importante que eres para mí, lo sabes ¿verdad? —No lo dejé responderme, casi salté a taparle los labios con mi boca.
Enseguida corrí al baño para vestirme, totalmente extraviada. Cuando salí me despedí de Ishida de manera escueta, él me jaló cuando me iba y volvió a besarme.
—Estaré aquí, también lo sabes, ¿cierto?
Le asentí mientras salía del departamento, con los nervios y el placer en la punta de todo mi ser. Ya quería que esta situación volviera a dar la vuelta y se repitiera el ciclo.
Yamato sabía que iba a volver a tocarle a la puerta un día de estos, lo que ni él ni yo sabíamos era si decidiría quedarme.
FIN
Notas:
No hay mucho por decir, es quizás un escrito con porno de mala calidad… pero no quería dejar abandonadas estas letras. Lo escribí en 2006 y era parte de un proyecto muy ambicioso que deseché por escribir una historia llamada Digital Cuatro (que aún no he acabado).
Pude rescatar este fragmento y hacerlo un oneshot corto (¡Sí, corto!). Espero que al menos les haya entretenido, nunca está de más imaginar una escena sexy.
¡Gracias por leer, espero comentarios!
CC
