Capítulo 12
"Gems"
Justo en ese momento, pero lejos de ahí, fue la caída del Tornado. Metal Sonic creó el portal exitosamente; apareció en el lugar exacto donde se encontraba Sonic y lo llevó al Null Space. Sin embargo, también absorbió a Amy, pero con ella sucedió la excepción del 10% de la que habló Gary: inmediatamente al entrar al portal, llegó a una nueva dimensión.
La dimensión 14, al igual que la 15, era la Tierra. Pero ésta era la dimensión original, no un universo paralelo. La diferencia es que aquí no había tanta magia, y no se encontraban ni las plantas ni los zombis que tenían vida. Además de eso, la mayoría de las cosas seguían igual.
El portal del que salió Amy apareció en una costa, cerca de una montaña muy singular; tenía grabada en ella la figura de una mujer gigante, sosteniendo una pequeña cabaña de madera en construcción en sus manos. …Entre un par de manos; tenía dos pares de brazos extendidos, pero con el tiempo se habían roto y ahora sólo quedaba una mano en ellas. Afuera había unas escaleras para poder llegar a la casa.
Justo en el momento en que Amy cayó, el portal desapareció, dejándola varada ahí sin poder volver a su mundo.
-¡¿Qué acaba de pasar?! –exclamó, ya que se hubo recuperado, volteando a ver todo lo que había alrededor –… ¿…Ese era un portal de los que Sonic y Tails me hablaron? ¡…Creí que estaban bromeando! ¿Pero…dónde está? Según ellos, el portal en Green Hill nunca desapareció.
»¡Agh! ¿Por qué a mí? –se lamentó –… Supongo que lo único que puedo hacer es esperar a que Sonic o alguien venga a rescatarme.
Y se sentó en la arena a observar la marea. Un momento después, la puerta de la cabaña se abrió y salieron un niño y una niña de ahí.
-¡Ya nos vamos! ¡Volvemos enseguida! –gritó el niño a alguien dentro de la casa. Él de la estatura de Amy, unos centímetros más o unos centímetros menos. Su tez era blanca, sus ojos negros y su cabello negro y rizado. Llevaba unas sandalias y una camisa color salmón, con una estrella amarilla en el centro; y unos jeans azul marino. Se veía muy joven, de unos ocho años, y era algo robusto, pero sin caer en la gordura.
En cuanto a personalidad, el niño era muy alegre, optimista y amable, siempre buscando ayudar a los demás, fueran amigos, desconocidos o enemigos. Era muy inocente, pero también muy maduro, ya que su infancia inusual le obligó a crecer muy rápido.
La niña, por otra parte, era más alta que él, incluso más alta que Amy, tal vez de la estatura de Sonic. Era de tez morena, sus ojos eran negros y tenía cabello negro corto. Llevaba una blusa celeste, una falda azul marino y unas botas cafés; mientras que el niño no tenía más ropa (literalmente todas sus camisas eran así), la niña siempre estaba cambiando de atuendo. Además, cargaba una espada en la espalda: era muy larga; tenía un pomo dorado con una estrella en él, una empuñadura morada, y la hoja, rosa cristalino.
Ella también era muy alegre y optimista, pero más que eso, era crítica y analítica. Era muy inteligente, y también muy valiente, algo que no se veía comúnmente. Al principio era muy tímida y reservada, pero juntarse con su amigo le ayudó a convertir sus inseguridades en determinación.
Al escuchar lo que dijo el niño, Amy se sobresaltó y se volteó para verlos. Ellos, por otra parte, no se percataron de su presencia y siguieron hablando.
-Connie, no tenías que traer tu espada ahora –le dijo el niño, mientras bajaban las escaleras, señalándola.
-Uno nunca sabe con qué nos podemos encontrar –le contestó ella, que al parecer se llamaba Connie –. Ya no tenemos que preocuparnos por una invasión, pero ¿qué tal que quedaron más gemas corruptas allá fuera?
-Cierto –entonces volteó a la playa y vio a Amy –… Y…hablando de eso… Creo que ahí hay una –la apuntó.
-Bien, Steven –dijo Connie, empuñando su espada –. Pongámosla en una burbuja y llevémosla con las Diamantes para sanarla.
-Sí –le contestó el niño, de nombre Steven. Su ombligo comenzó a brillar debajo de su camisa, extendió su mano y apareció un escudo rosado con un espiral en él, con el borde azul celeste –. Es una suerte que nos hayan dejado la nave de mamá.
Amy, viendo que se aproximaba un combate, se colocó en posición de batalla, estiró su mano, y extrañamente apareció de la nada su Martillo Piko Piko. Era rojo, con el mango y las caras amarillos.
-Nunca había visto una que aún pudiera invocar su arma –dijo Steven, asombrado.
Ambos corrieron al encuentro de Amy. Connie se abalanzó a atacarla, pero ella la bloqueó con su martillo. Amy pudo zafarse y dirigió un ataque hacia la niña, pero Steven pudo bloquearlo.
-¡No veo dónde está su gema! –exclamó Connie, atacando a Amy de nuevo.
-¡¿De qué están hablando?! –les gritó Amy, enojada, quitándoselos de encima. Entonces Steven se detuvo y tomó a Connie de un brazo.
-Espera… Que yo sepa, las gemas corruptas no hablan –le dijo, desvaneciendo su escudo.
-¡Yo no soy ninguna gema corrupta! –dijo Amy, aún en posición defensiva.
-¿Entonces qué-quién eres? –le preguntó Connie, volviendo a colocar la espada en su espalda y acercándose lentamente.
-La verdadera pregunta es: ¿quiénes son ustedes? ¡No pueden ir por ahí atacando a la primera persona que se encuentren! –les reprochó, aunque también bajó su arma.
-Sí, tienes razón –le dijo Steven –. Lo sentimos. Mi nombre es Steven Universe –se presentó –. Vivo aquí. Y ella –señalando a Connie –es mi amiga, Connie Maheswaran.
-Mmm… Pues yo soy Amy Rose –dijo ella, algo más confiada.
-Amy Rose –repitió Connie, pensativa, y luego se dirigió a Steven –… Steven, podría ser una Rose Cuarzo corrupta… pero con otro nivel de corrupción.
-Ni siquiera sé qué es eso de gemas corruptas de las que hablan –exclamó Amy, volviendo a alzar su martillo.
-Bueno… ¿por qué no le preguntamos? –dijo Steven, volteando a ver a Amy –Si no eres…una gema corrupta… entonces… ¿Qué…eres? –le parecía grosero preguntar eso, pero no encontró otra forma de interrogarla.
-Oh, pues –no sabía cómo explicarlo, y menos a unos extraños –… No soy de aquí… es lo que les puedo decir.
-Por aquí… ¿dónde? –inquirió Connie.
-Ya saben –respondió Amy –… De aquí, de este…planeta –"Una gema," susurró Connie –… De esta…dimensión…
-¿De esta dimensión? –preguntaron los dos, confundidos.
-Sí… Es una historia divertida –contestó ella –. Entré a un portal, y…pues…llegué aquí.
-Un portal –repitió Steven, más confundido –… Bueno, hay muchos portales por aquí…
-Perfecto –lo interrumpió Amy –. Llévenme a uno para que pueda volver a mi dimensión.
-No creo que estemos hablando del mismo tipo de portal –dijo Connie –. Los de aquí sólo los pueden activar las gemas y sólo te llevan a lugares en la Tierra.
-Sí –dijo Steven –, hablamos de unos paneles en el suelo –comenzó a trazar unos círculos con las manos –, que te llevan a otros paneles en otro lugar del mundo.
-No –negó Amy –, yo hablo de portales interdimensionales –comenzó a hacer unos círculos en el aire –… A lo que alcancé a ver, son rosas, con un espiral en el centro… Como el escudo de este niño –le dijo a Steven.
-No hemos visto nada así –dijo Connie.
-Agh… Entonces sigo varada aquí hasta que alguien venga a rescatarme –y se volvió a sentar en la arena.
-Bueno –dijo Steven –… Podemos…hacerte compañía –se acercó y se sentó con ella. Connie vaciló un momento, pero luego fue también.
-Entonces –dijo Connie, tratando de romper el silencio –… Otra dimensión, ¿huh?
-Sí –respondió Amy –. Se llama Mobius. A lo que veo, se parece mucho a esta dimensión; el paisaje es igual... ¿…Dijeron que este mundo se llamaba "Tierra"? Recuerdo…haber escuchado ese nombre...en la historia de Mobius… Creo…que mi planeta se llamaba así hace miles de años.
-Wow –dijo Steven –. No creo vivir tanto como para ver que le cambien el nombre a la Tierra; pero las gemas seguramente sí estarán para ese entonces.
-Hablando de eso –dijo Amy –, ¿qué son esas gemas de las que tanto hablan?
-Son mis amigas –le explicó –. Mi familia. Viven conmigo –señaló su casa.
-Las gemas –añadió Connie, viendo que Amy seguía con su cara de confusión – son…pues…eso, literalmente. Son una especie de piedras preciosas, pero (¿cómo te lo explico?)… Con un cuerpo. Aunque su cuerpo sólo es como un holograma.
-Como me lo explicó Perla –dijo Steven, y luego comenzó a imitar una voz desconocida para Amy –: "Nuestros cuerpos son proyecciones generadas por nuestra piedra preciosa. Piensa en ello como un holograma, pero con masa."
-Es decir –continuó Connie –, tienen una forma física, por lo que pueden interactuar con todo lo que está a su alrededor.
-Aunque también pueden dañarse –dijo Steven –. Si su cuerpo recibe mucho daño, vuelven a su gema por un tiempo, y luego se regeneran con un atuendo diferente. Pero si su piedra es dañada, tendrán problemas con su forma física. Y…si es quebrada…dejará de existir… –no sabría decirlo, pero Amy pensó que Steven parecía a punto de llorar.
-Bueno –dijo Amy, tratando de cambiar de tema –… ¿Entonces ustedes viven con un grupo de alienígenas? –preguntó, perpleja.
-Sólo yo. Connie sólo viene a visitarnos –contestó Steven –. Eso es porque yo no soy completamente humano –se levantó la camisa, dejando ver una piedra rosa incrustada en donde debía estar su ombligo, cortado en una faceta pentagonal –. Soy mitad gema.
-¿Como…un híbrido? –inquirió Amy.
-Err… Sí, algo así –le respondió –. Mi padre es humano, pero mi mamá, Rose Cuarzo, era una gema. Por eso tengo sus poderes –invocó de nuevo su escudo rosado –. Pero, aun así, tengo que comer y dormir, como un humano.
-Un momento –dijo Amy –… ¿Y me estaban atacando porque pensaban que era Rose Cuarzo? ¿…Tu mamá?
-No, no –dijo Steven –. Porque creíamos que eras una gema corrupta. Verás, hace miles de años, mi madre (en ese entonces llamada Diamante Rosa) inició una rebelión contra el Planeta Madre (el planeta de las gemas); aquí, en la Tierra. Entonces se convirtió en la líder de las Gemas de Cristal.
»Después de años de lucha, lograron ahuyentar del planeta a las demás gemas. Pero Blanco, Amarillo y Azul (las otras Diamantes) corrompieron a todas las gemas que se quedaron aquí. …Bueno, casi todas. Sólo quedaron mi mamá, Garnet, Perla, Amatista, Bismuto y Lapis.
-Las gemas corruptas –continuó Connie –eran como monstruos, sin recuerdos de su pasado; sólo con un instinto de atacar a las otras gemas. Pero eso ya acabó. Steven logró convencer a las Diamantes para que vinieran y las descorrompieran a todas.
-Wow –reaccionó Amy al final –. Mucha historia…gema. …Me pregunto si eso también pasó en mi planeta.
En ese momento, apareció un portal justo detrás de ellos, tratando de absorberlo todo, pero sin mucho éxito. Era muy débil, y lo único que pudo hacer fue tomar un mechón del cabello de Steven.
-Oigan, ¿no sienten una ráfaga de viento? –preguntó Steven –Creo que me está despeinando un poco –entonces se pasó la mano por su cabello, pero también se le quedó atrapada en el portal, que ahora lo estaba absorbiendo completo, aunque muy lentamente.
»¡Espera-¿QUÉ?! –al ver el portal, las otras dos lo tomaron, intentando sacarlo de ahí.
-¡Ese es el portal del que les hablaba! –exclamó Amy. Fuera del portal ya sólo quedaba la cabeza de Steven, un brazo y una pierna.
-Chicas, creo que mejor deberían pedir ayuda a las ge… –pero en ese momento el portal absorbió también la cabeza de Steven.
-¡Connie! –le dijo Amy –¡Ve por las gemas! ¡Pronto el portal se lo llevará completamente y alguien tendrá que ir con él! –Amy seguía agarrada de su mano, aunque ya estaba dentro del portal.
-Pero… –comenzó Connie.
-Me va a llevar a mí, de todos modos –dijo Amy, viendo que no podía sacar las manos –, pero necesitamos avisarles.
Entonces Connie soltó la pierna de Steven y Amy se dejó llevar por el portal. En cuanto ambos entraron, se cerró completamente.
Los dos cayeron en el Null Space, en el mismo lugar que los demás. Ahí seguían Sonic y Amarillín, platicando.
-Ugh –dijo Steven en cuanto cayó –… ¿Dónde estoy? …¡Connie! –la llamó, y entonces se dio cuenta de que a su lado estaba Amy –¡Amy! ¿No vino contigo Connie? –Amy hizo un sonido que se interpretaba como un no.
-¡Amy! –exclamó Sonic en cuanto la vio –¡Qué gusto que estés aquí! Me tenías muy preocupado.
-¡Sonic! –gritó Amy, emocionada, en cuanto se levantó, y corrió a abrazarlo.
-Bueno, creo que sobro aquí –dijeron Amarillín y Steven al mismo tiempo.
-Hola –lo saludó Amarillín –. ¿Y tú…de qué dimensión vienes?
-Wow –dijo Steven al verlo –. Un pingüino…que habla. …Fantástico.
-Ahh… Sí –contestó Amarillín –… Espera, ¿entonces no en todas las dimensiones los pingüinos hablan?
-Jeje… Creo que no –dijo Steven –. De igual manera, mi nombre es Steven –le tendió una mano.
-Yo soy Amarillín… Un gusto –le estrechó la mano –. ¿…Y ustedes cómo llegaron?
-Es una historia rara. Uno de esos "portales" apareció cerca de mi casa, y nos atrapó a Amy y a mí. ¿Lo mismo pasó con ustedes dos?
-Algo así –contestó Amarillín, pensando en una forma de resumir su historia. Pero en ese momento, Sonic gritó y se alejó de Amy.
-¡Amy, ya te di las gracias! –exclamó el erizo, yendo al otro lado de la habitación –¡No te debo ninguna obligación especial!
-¡Claro que sí! ¡No me explicaste lo peligroso que podían ser los portales, así que te tendrás que casar conmigo como pago! –exclamó Amy, y comenzó a perseguirlo por la habitación.
-Wow –reaccionó Steven –… Imagínate que Connie fuera así de acosadora.
-Imagínate tener una pretendiente, aunque no fuera tan acosadora –dijo Amarillín, tristemente.
