Capítulo 16
"Bill Cipher"
De vuelta en Club Penguin, Gary, después de mandar a Rojín a que les avisara a todos en la isla sobre la dimensión 1, siguió estudiando el portal, tratando de reactivarlo y cerrar los de las demás dimensiones para que nadie más los pudiera usar. No obstante, sus intentos fueron en vano.
Sin embargo, comenzaba a tener un comportamiento muy extraño: se había encendido, pero no por sus acciones, sino por un factor externo; le era imposible apagarlo, y comenzaba a darle miedo que se saliera de control y empezara a engullirlo todo. "Parece como si alguien estuviera manteniéndolo encendido desde el otro lado," pensaba, "pero, ¿para qué?"
Aún estaba indagándose sobre eso cuando el portal se salió completamente fuera de control. El espiral rosado comenzó a dar vueltas con una velocidad inmensa; el portal creció en tamaño y, como el de Steven, comenzó a absorber lo que había alrededor (más específicamente, las herramientas que Gary había dejado dispersas por la habitación).
Justo cuando perdía la esperanza de poder controlarlo, y tan repentinamente como empezó, se detuvo. Pero la calma no duraría mucho. Un momento después, hubo una pequeña explosión y todo se cubrió de polvo. En medio de todo, apareció un ser muy extraño: era un triángulo amarillo, con brazos y piernas negros y delgados, y un único ojo; no tenía boca. Se parecía bastante al Ojo de la Providencia. No llevaba ropa, aparte de un sombrero de copa y un moño negros. Estaba flotando, en una pose parecida a la meditación.
Gary tuvo la sensación de que se había desmayado y eso sólo estaba pasando en su imaginación, porque incluso se habían desvanecido todos los colores en la habitación, excepto los del triángulo y él, dejando todo en tonos grises.
La criatura se estiró, abrió su ojo y volteó a su alrededor, observándolo todo como si quisiera memorizar todos y cada uno de los objetos que había ahí.
-Vaya, vaya. Dimensión 34… Nada mal para ser habitada por pingüinos –dijo el tipo, sacudiendo el polvo de su sombrero. Se escuchaba muy siniestro. En primer lugar, porque no tenía boca, así que daba la impresión que se comunicaba por telepatía. En segundo lugar, porque parecía que varias voces hablaran al mismo tiempo o como si tuviera un eco, y era odioso.
»Oh, Gary, lo siento. No te vi ahí tirado –dijo, volteando a verlo –. Sé que tienes muchas preguntas, pero lamentablemente yo no tengo tiempo. Tengo un universo completamente nuevo frente a mí, así que tengo que irme pronto.
»Por cierto, mi nombre es Bill Cifra, pero puedes llamarme tu amo y señor por el resto de la eternidad. ¡Adiós! –en ese momento, los ojos de Gary se cerraron, y cuando los volvió a abrir ya había desaparecido el triángulo raro. Había despertado como de un trance, de vuelta al mundo colorido.
-¡¿Qué fue eso?! –exclamó Gary ya que se hubo recuperado –¿Acaso fue sólo un sueño?
Se dirigió a su computadora, al esquema de las dimensiones, para ver que, efectivamente, el número 1 se había unido a los demás. "¡Esto es malo, esto es malo!," se repetía. "Tengo que encontrar la manera de sacar a todos de aquí." Como el portal se había cerrado cuando llegó Bill, entonces ahora tenía que empezar a abrirlo desde cero. Por otra parte, al parecer ese ser era el que estaba inutilizando la energía del lugar, porque en cuanto se fue comenzaron a funcionar las computadoras nuevamente.
Rojín, casi en esos mismos momentos, se dirigía al Hotel para Puffles. Ya que le había avisado a Patito, Moñito y Davín, ahora tenía que avisarle a Rojito.
El Hotel estaba lleno de puffles y sus dueños, como siempre. Una vez ahí, no podía sólo llevarse a su puffle y dejar a los demás; tenía que evacuarlos a todos. Así que se dirigió con el recepcionista y le ordenó:
-Oye, amigo, necesito que evacúes el edificio –el otro se le quedó viendo raro.
-¿Qué? –dijo, después de un momento.
-Tengo… dinero –le enseñó el manojo que le dio Gary.
-Lo siento, no aceptamos sobornos.
-¿Como por qué no? Los sobornos son muy buenos para hacer que los demás hagan lo que quieras… Y en este momento ocupo que saques a todos de aquí –el pingüino siguió viéndolo como si fuera un maníaco –… En serio, si no evacúas el edificio todos vamos a morir –exclamó, perdiendo la paciencia –. Mira, pasó al-Agh, ¿sabes qué? Olvídalo. Lo hago yo solo –y presionó el botón de la alarma contra incendios en la pared.
Inmediatamente, comenzó a sonar una alarma en todo el Hotel. Rojín tomó el micrófono para dar anuncios del escritorio del recepcionista y comenzó a hablar:
-¡Esto no es un simulacro! ¡Por favor, vayan a sus iglús a-!
-¿Qué haces? –lo interrumpió el otro, arrebatándole el micrófono.
Mientras todos los puffles y pingüinos en el edificio salían a la calle, Rojín y el recepcionista seguían peleándose por el micrófono. Sin embargo, Rojito no se veía por ningún lado.
-¡Ño! ¡Es mío! ¡Aléjate, tú, pingüino genérico que no tiene un modelo propio porque no es importante en la historia! –gritaba Rojín. Luego de un largo rato de pelea ininterrumpida por el micrófono, Rojín pudo hacerse con él, pero rompió el cable en el proceso –… Err… Disculpa… Me lo agradecerás después –y luego comenzó a buscar a su puffle por el Lobby.
»¡Rojito! ¡Tenemos que irnos! ¡Antes de que este señor llame a la policía! –gritó, pero sin respuesta –¿Dónde estará? ¿Seguirá arriba?
Entonces corrió por las escaleras buscando a su puffle. Ya no había nadie dentro del Hotel, así que era fácil buscar. Lo encontró varios pisos más arriba, casi en el último, durmiendo plácidamente sobre una camita.
-¡Rojito! –le gritó al verlo –¡Qué bien que estés bien! –el puffle sólo abrió un ojo, pero lo cerró inmediatamente al ver que era él.
-¿Puf puf? (¿Ahora qué?) –soltó, enfadado.
-Tenemos que ir rápido a nuestro iglú… Es muy peligroso que sigamos aquí-¿Por qué no bajaste cuando sonó la alarma?
-Puf puf puf, puf puf puf puf puf-puf puf-puf (Reconocí tu voz, así que supe que no era nada importante) –le contestó.
-¡Pero sí lo es! –exclamó –Mira, estaba con Gary, y me dijo que iba a llegar un dios todopoderoso por el portal, que va a destruirnos a todos y cada uno de nosotros y que tenemos que resguardarnos en nuestras casas.
-Puf puf puf puf puf puf-puf (Estoy seguro que no te dijo eso).
-¡Bueno, no exactamente! Pero sí que tenemos que irnos de aquí.
-Pff… Puf (Paranoia) –le dijo, para luego voltearse en su camita a una posición más cómoda.
-¡Por favor! ¡Vámonos! –trataba de sacarlo de la cama, pero él se mantenía agarrado con los dientes.
Justo en ese momento, fuera del Hotel, el color se desvaneció, dejando sólo gris: Bill. Primero apareció sólo su ojo, y después se formó completamente. Igual que en la EPF, se estiró y volteó alrededor.
-Veamos, ¿qué tenemos aquí? –dijo, viendo el Hotel –Uhh, un Hotel para Puffles. No sé qué sean, pero se ve muy destrozable. Y está vacío, es lo mejor. No quisiera hacerme notar antes de tiempo –pasó su mirada por la construcción, como si la escaneara –. …Bueno, hay dos personas, pero no importa.
Entonces apuntó una mano en forma de pistola al edificio, haciendo que se tambaleara y volaran por los aires pedazos de escombros de las paredes. Después de eso, se desapareció.
Dentro, Rojín y Rojito seguían peleando. No vieron cuando Bill apareció fuera de la ventana, ya sea porque estaban muy distraídos o estaban demasiado lejos. Es decir, Gary estaba más o menos en lo cierto cuando dijo que eso sólo pasaba en su imaginación, porque Bill era una criatura bidimensional, así que no podía estar en el mundo real; tenía que proyectarse en un plano astral, en la mente de las personas cercanas a él, para poder interactuar con los objetos
En ese momento, el Hotel comenzó a tambalearse, con pequeñas explosiones aquí y allá y pedazos de escombros volando por el lugar.
-¡Un terremoto! –gritó Rojín.
-¡Puf! ¡Puf! (¡Sí! ¡Explosiones!) –gritaba Rojito, maravillado.
-¡El edificio se va a caer! ¡Tenemos que hacer algo! –exclamó, viendo que no se detenía el movimiento –A ver… En la EPF me enseñaron algo de un triángulo de la vida… ¡Pero no me acuerdo qué es! ¡No puse atención!
-Puf puf puf puf-puf puf (Simplemente cúbrete con cojines y ya) –dijo Rojito, metiéndose en una pila de peluches y almohadas.
-¡Cierto! –y también Rojín se lanzó a una pila de cojines. Y ahí se quedaron a esperar a que acabara el temblor o a que se desplomara el edificio, lo que pasara primero.
-Rojito –salió la voz de Rojín de las almohadas –… ¿Crees que aquí se acabe todo? No somos exactamente protagonistas como para no morir, así que…
»Si aquí se acaba todo… Quiero que sepas que siempre te quise como si fueras mi hijo…
-Puf puf puf puf puf-puf puf puf puf puf puf puf puf puf-puf puf-puf (Yo quiero que sepas que uso tu cepillo de dientes para barrer cuando no encuentro la escoba) –le confesó Rojito.
Rojín iba a gritar "¡¿QUÉ?!," pero su voz quedó ahogada por el súbito derrumbamiento del Hotel.
Moñito, Patito y Davín, después de colgarle a Rojín, se dirigieron inmediatamente al Centro, al lugar donde graban los programas de televisión. Pudieron entrar fácilmente, después de que Moñito aclarara a los de seguridad que iban con ella. Ya dentro, comenzaron a subir hasta donde grababan las noticias.
-¿Exactamente qué vas a decir? –le preguntó Patito, mientras corrían por las escaleras.
-Ya lo tengo planeado –contestó Moñito –. Sólo tengo una duda: ¿debería decir lo del portal? ¿O sólo digo que es un invento de Gary?
-Puf-puf (El invento) –dijo Davín –Puf puf puf puf puf-puf puf puf puf puf puf puf puf puf-puf (No se levantarán muchas sospechas y será más fácil borrarles la memoria si dices eso) –Patito tuvo que traducírselo y ella aceptó.
Siguieron subiendo e irrumpieron en la sala donde estaban filmando.
-¿Qué hacen aquí? –los abordó un policía en cuanto entraron –Les voy a pedir que se sal…
-Buenos días, señor. ¿Me preguntaba si nos podría dejar pasar un momento a mis amigos y a mí? –Moñito puso una voz melosa, esperando que sus encantos de niña bonita los salvaran. Vaya que era manipuladora. Sin embargo, él la detuvo y la tomó de un brazo.
-Mira, niña, no creas que ser modelo y hacerte la lista te va a salvar de todo, porque no puedes… –pero en ese momento, Davín se le acercó y le mordió un tobillo, haciéndolo tropezar y soltar a la pingüina.
Los tres corrieron al foro antes de que el guardia se levantara; interrumpieron a los presentadores y Moñito tomó uno de sus micrófonos.
-Hola, gente de Club Penguin –dijo a la cámara, hablando muy rápido –. Espero que estén teniendo un día productivo.
»Posiblemente la mayoría me conozca, pero para los que no: soy Moñito Elegancia, modelo de la revista ¿Cómo decorar tu iglú? Si se preguntan qué estoy haciendo aquí, es porque tengo noticias urgentes de último momento –todos los del staff estaban demasiado extrañados y curiosos sobre su intrusión y ya nadie trataba de sacarlos. Inclusive, en ese momento, el operador puso un mensaje de "NOTICIAS DE ÚLTIMO MOMENTO" en la transmisión.
»Bueno, lo que les voy a decir es difícil de explicar, por lo que ocupo que presten atención: nos acaban de informar que un científico loco de nombre Gary, el Pingüino Artefacto, realizó un experimento que posiblemente pueda resultar dañino. No sabemos exactamente en qué consiste, sólo sabemos que puede llegar a ser perjudicial en corto o mediano plazo; él mismo se encuentra en este momento controlándolo, pero de todos modos tenemos que tomar precauciones.
»Para nosotros, lo que más nos importa es su seguridad. Por eso, televidentes, les agradeceríamos que tomen las precauciones necesarias; pueden continuar con su vida común y corriente, pero necesitamos que estén alerta, para que… –pero Moñito en ese momento se vio interrumpida por una explosión lejana.
-¡¿Qué sucede?! –exclamó Patito. Voltearon a una ventana y vieron, más allá, la nube de polvo de un edificio que se acababa de derrumbar: el Hotel para Puffles.
-¡Chad, graba esto! –le ordenó Moñito al de la cámara. No se llamaba Chad, pero aun así filmó el Hotel a lo lejos.
»A eso es a lo que me refería –dijo, de nuevo a los espectadores –. No tienen que entrar en pánico. En un momento acudirán paramédicos para asegurar que no haya heridos de gravedad.
-Creo que fue el Hotel para Puffles –dijo Patito.
-Puf puf… ¡Puf-puf puf puf puf-puf Puf-puf-Puf! (Un momento… ¡Rojín había dicho que llevaría a Rojito al Hotel!) –exclamó Davín.
-¡Rojito! ¡Es verdad! –gritó Patito.
-No puede ser. ¡Tenemos que ver si está bien! –exclamó Moñito. Luego, dirigiéndose a la cámara: –Les recomendaría que se resguarden en sus iglús por lo que queda del día; a lo mejor fue todo lo que pasó con el experimento. Mañana podrán continuar con sus vidas normales, a menos que se les avise de lo contrario.
Y los tres salieron. Al parecer todos en la sala se habían quedado pasmados con la explosión y la noticia, porque nadie les dijo nada cuando se fueron (ni siquiera el policía). Ya fuera, a punto de correr al Hotel para Puffles, Patito los detuvo:
-Oigan, ¿qué tal que Rojito volvió a su casa antes del accidente? –dijo, esperanzada.
-Puf (Cierto) –dijo Davín –. Puf puf-puf puf (Espero que esté bien…).
-Bueno, de todos modos, tenemos que revisar allá –dijo Moñito.
-¡Ya sé! –exclamó Patito –Yo voy al iglú de Rojín, y si no está Rojito, me llevo a Rojín al Hotel.
Y se separaron; Moñito y Davín al Hotel, y Patito al iglú.
