Capítulo 17
"Out Of Service"
Justo después de que Bill voló por los aires el Hotel para Puffles, se apareció en la EPF. Ahí, Gary seguía trabajando en el portal, pero aún no lograba encenderlo. Todo se ensombreció al momento que llegó.
-¡Hola, Gary! Cuánto tiempo sin verte –lo saludó Bill –. ¿Cómo has estado?
-¿Qué haces aquí? –lo abordó Gary en cuanto lo vio, dejando lo que estaba haciendo para que no se fuera a ir como la otra vez –¿Quién eres? ¿…Estás en mi imaginación? ¿Eres…?
-Wow, wow… Son muchas preguntas –lo interrumpió –; pero supongo que tendré que contestarte si quiero tu ayuda. "¿Quién soy?" Soy Bill, ya te lo había dicho. "¿Estoy en tu imaginación?" No, esto es muy real. Sólo que yo vengo de otro plano, el Reino de las Pesadillas, y tú estás en el mundo real. Para que ambos logremos coexistir, tenemos que ingresar a otro plano que esté entre los dos, un tipo de plano astral.
-¿Y a qué viniste?
-Bueno, necesito un favor. Resulta que tu isla es muy rara (justo me acabo de encontrar con un "Hotel para Puffels"). Así que me vendría bien algún pingüino…ya sabes…al que pudiera esclavizar para que me sirva de guía…
-¡¿Qué?! –Bill estaba loco, y Gary nunca iba a dejar que eso pasara.
-Y tú tienes toda una gama de agentes secretos –continuó –… No te preocupes, puedes darme el que menos te sirva. …Pero tampoco que sea tan inútil, por favor.
Gary automáticamente pensó en Rojín, pero no iba a decir su nombre.
-Todos me sirven, Bill, así que no te puedo dar a nadie –le contestó.
-Tus pensamientos no dicen lo mismo –dijo Bill, mirándolo fijamente –… Tranquilo, no tienes que decírmelo; puedo verlo yo solito, y así no serás un traidor.
»Veamos –el color de su cuerpo comenzó a cambiar, mostrando diferentes objetos y personas, como si fuera una pantalla. Después de un momento, se detuvo en la cachucha de Rojín –… Ohh, es él, ¿cierto? …Mmm… Lamentablemente, le acabo de tirar un edificio encima, así que…
-¡¿Que hiciste qué?! –exclamó Gary.
-Debe haber alguien más –siguió Bill. El pingüino ahora pensó en Patito; trató de alejar ese pensamiento, pero en vano. De nuevo su color comenzó a cambiar –… Ohh, ya veo… Sí, creo que ella está disponible.
»Bueno, gracias por el apoyo, Gary. ¡Adiós! –y su cuerpo se desapareció, pero su ojo se quedó. Le dijo:
»Ah, por cierto. ¿Por qué no tratas ingresando la información genética de Amarillín y buscas casualidades a través del Multiverso para luego abrir un portal directo a él? Te ahorrarías mucho tiempo.
Después de eso, se desapareció completamente. El lugar se volvió colorido de nuevo y Gary despertó de un trance, como la otra vez.
-No, no, no –se repetía –… Primero Rojín y ahora Patito. ¡…Y este portal que no sirve!
»¿Pero podría hacer lo que dijo Bill…? –ingresó la información de Amarillín en la computadora. Unos momentos después, el portal se abrió, aunque se cerró inmediatamente –… Funcionó… Bueno, sólo necesito mejorarlo un poco… Si no puedo salvar a esos dos, espero poder salvar al resto de la población –y siguió trabajando en ello.
Después de irse de la EPF, Bill se apareció justo donde estaba Patito. Ella había llegado al iglú de Rojín, pero no estaban ni él ni Rojito dentro, por lo que decidió ir con los demás al Hotel. Iba en camino cuando el color se desvaneció en ese lugar.
-¿Pero qué…? –se preguntó, atónita. Se detuvo en seco y escuchó una voz que habló detrás de ella:
-Hola, Patito. Es un gusto conocerte al fin.
-¿Quién está ahí? –se volteó sólo para encontrarse con Bill justo a sus espaldas –… Oh… Hola… Err… Verás, no puedo hablar, estoy en un apuro… ¿…Pero puedo ayudarte en algo? –su reacción fue algo inesperada, ya que no se asustó ni sobresaltó en absoluto –… Oye… No eres de por aquí, ¿verdad? ¿Viniste por el portal de Gary?
-Mmm… Uno pensaría que la gente se asustaría si se les aparece un demonio enfrente, ¿no? –dijo Bill.
-¿Eres un demonio? Bueno, tal vez de dónde vienes, porque aquí tenemos otra imagen de demonios. …Ya sabes, como un pingüino, pero con cuernos y cola.
-Soy Bill, pero llámame amo –le dijo, ignorándola.
-¿Por qué te llamaría así? –le preguntó, poniendo los ojos en blanco.
-Una sorpresa –contestó, simplemente –. …Bueno, dime, ¿y qué estabas haciendo?
-Iba a encontrarme con mis amigos…en el Hotel para Puffles. Resulta que se derrumbó, y creemos que ahí estaba nuestro amigo –contestó.
-Ahh, sí… Casualmente sólo había dos personas en ese lugar. …Un tipo llamado Rojín y su puffle.
-¡¿Ellos estaban ahí dentro?! –exclamó Patito –¡¿Cómo sabes?! ¿Estás seguro?
-Digamos que… yo también estaba allá.
-No…No… …Tenemos que ir allá, rápido. …Ven conmigo, hay que ayudarlos.
-¿Estás segura de que quieres que yo vaya? Recuerda que todo se puede malinterpretar –le parecía muy extraño que no le tuviera ni un poco de miedo, o que por lo menos tomara sus precauciones, pero era su problema.
-¿Malinterpretarse? …Si hablas de que pareceríamos novios, entonces no es…
-No, no. Hablo de que ¿qué pensarían si te ven caminando con un demonio?
-Nada. O por lo menos eso pensaría yo –se le hacía tarde y esa conversación jamás iba a terminar –. …Mira, Bill, si no quieres ir, no vayas. Sólo digo que podrías ayudar a una buena causa y salvar a nuestros amigos. Entonces, ¿vas conmigo? –Patito le ofreció su aleta.
-Pues claro que sí –dijo, estrechando la aleta de Patito. Pero lo que pasó en ese momento fue muy raro: Bill jaló de su aleta y se metió en su cuerpo, poseyéndola. Los ojos de la pingüina se volvieron de un amarillo claro, con una franja como pupila.
-¡Genial! –dijo, una vez en el cuerpo de Patito. Aún seguía siendo su misma voz –Dije que iría con ella, pero no como dos entidades diferentes; ahora vamos juntos a ese Hotel, en forma de Bill-Patito… o mejor, Billtito.
»Nunca había estado en el cuerpo de un pingüino –maravillado, comenzó a caminar, pero apenas dio un paso cuando se cayó –… Agh. Piernas cortas. ¿…Cómo le hacen para no caerse?
Siguió caminando, a paso lento e irregular, dirigiéndose al Hotel. Desde lo lejos, alcanzó a ver a Moñito y a Davín, al lado de los escombros; se les acercó tan rápido como sus patas le permitían.
-Hola, chicos –los saludó Billtito, tratando de sonar como la pingüina –. ¿Están bien Rojín y Rojito?
-Hola, Patito –lo saludó Moñito –. Están bien, los están atendiendo allá –señaló a un grupo de paramédicos –. No tenían fracturas, ni nada.
-Puf, puf puf-puf-puf-puf-Puf (Afortunadamente, eran los únicos en el Hotel) –dijo Davín.
-Oh… Qué bueno –dijo Billtito. No le entendía a Davín, así que esperaba que no hubiera dicho nada importante.
Esperaron ahí unos minutos, hasta que los paramédicos se fueron y Rojín y su puffle se les acercaron.
-N-No vuelvo a subir a un edificio grande –dijo Rojín en cuanto se les acercó. Iba temblando de pies a cabeza –… Digo, e-era obvio que no í-íbamos a mo-morir, porque somos personajes p-principales, pero… –Rojito, en cambio, iba muy sonriente.
-Puf… ¿puf puf? (Rojito… ¿estás bien?) –le preguntó Davín, lentamente.
-¡Puf-puf! ¡Puf-puf puf puf! (¡Fue espeluznante! ¡Quiero hacerlo de nuevo!) –exclamó Rojito. Lamentablemente, sabían que su alegría no iba a durar mucho.
Se fueron los cinco de regreso al iglú de Rojín, mientras él les contaba todo. Decía: "y yo estaba como de '¡ÑO! ¡ES MÍO!'," y cosas por el estilo. Ya que llegaron a su casa, Billtito dijo:
-Bueno, amigos, los dejo, tengo cosas que hacer.
-¿Qué vas a hacer? –le dijo Moñito.
-Ya sabes… cosas en mi casa –contestó él.
-Puf, puf puf puf puf puf puf puf (Bueno, supongo que yo también ya me voy) –dijo Davín, yendo junto a Billtito.
-Yo también voy contigo –dijo Rojín, rápidamente –… No quiero quedarme solo en algún lugar por un tiempo.
-En realidad, me serían más útiles lejos… muy lejos –dijo Bill, saliendo del cuerpo de Patito. Todos se quedaron boquiabiertos, pero no tuvieron tiempo ni de gritar, porque en ese momento, Bill creó cuatro portales, uno para cada uno (excepto para Patito), que los llevaron al Null Space.
-¿Bi-Bill? –balbuceó Patito, recuperando la conciencia –¿Qué sucedió?
-Ohh, nada. Sólo me deshice de tus amigos, eso es todo –le contestó.
-¡¿Qué?! –exclamó, atónita –¡¿Qué les hiciste?!
-Los mandé por un portal. Y ahora están en un lugar del que no pueden salir.
-¿Por qué hiciste eso? …Y más importante… ¿por qué me dejaste sólo a mí?
-Me podrías ser de utilidad. …Claro, a menos que quieras terminar igual que ellos.
-Pues… ¡Claro que sí! ¡No puedo abandonar a mis amigos!
-Agh… Es por eso que odio la amistad. …Bueno, como quieras –y le creó otro portal para mandarla al mismo lugar.
Los cuatro cayeron en la misma habitación del Null Space que los demás. Ahí seguían hablando Amarillín, Sonic, Amy y Steven.
-¡Woah! –exclamaron al momento de caer.
-¡Más pingüinos! –exclamó Steven, en cuanto los vio.
-¿Amigos? ¿Son ustedes? ¿…Qué-qué sucedió? –preguntó Amarillín, extrañado.
-¡Un monstruo nos atacó, eso pasó! –gritó Rojín, ya que se hubo levantado –…Ah, sí, por cierto, ¡hola, mundo!
-¿Un monstruo? –preguntó Amy. En ese momento, apareció Patito por el portal.
-¡Nyagh! ¡…Bill está loco! ¡Tenemos que volver a Club Penguin, rápido! –exclamó Patito en cuanto se levantó.
-Err… Desafortunadamente…es imposible volver –respondió Amarillín –. Y por cierto: hola, Patito.
-Pero… ¿qué les pasó, chicos? ¿Qué está sucediendo en Club Penguin? –les preguntó Sonic. Ellos comenzaron a contarles todo.
