Capítulo 19

"Null Space"

De vuelta con los pingüinos y compañía, ellos seguían explicando lo que pasó en Club Penguin con Bill. Después de un rato de larga explicación entre todos, al fin terminaron.

-…Y, pues, henos aquí –concluyó Rojín.

-A ver…si entendí bien… ¿Otro tipo-un demonio o algo-llegó a Club Penguin para destruirlo todo? ¿…Exactamente como Metal Sonic, pero más poderoso? –preguntó Sonic al final.

-Lo que yo no entiendo es… ¿quién es este Gary y para qué creó un portal? –se preguntó Amy.

-Es exactamente lo que yo pienso –contestó Moñito –. Un portal, no lo acepto pero te lo paso. No obstante, dos…

-El problema es que, una vez aquí dentro, es imposible regresar –dijo Amarillín.

-Puf puf puf puf puf-puf puf puf-puf puf-puf puf (Y no creo que Gary esté teniendo mucho éxito controlando el portal) –dijo Davín.

-Bueno, supongo entonces que nuestra única opción es esperar aquí –dijo Sonic.

-Puf. Puf puf puf puf. Puf puf puf puf-puf puf-puf puf. …Puf puf puf puf puf-puf-puf puf puf (Genial. Lo que me faltaba. Ahora tengo que quedarme aquí con estos fenómenos. …Sabía que la diversión no iba a durar mucho) –dijo Rojito, malhumorado. Rojín y Patito se le quedaron viendo.

-En momentos como este me alegra que nadie más le pueda entender –dijo su dueño.

-Yo tengo una duda –dijo Steven, dirigiéndose a los pingüinos –. Tal vez suene insensible, pero… ¿sería muy extraño si les dijera lo…tiernos…y…adorables…que son? –ellos se le quedaron viendo.

-Err… Sí, muy extraño; pero está bien, tú puedes expresar lo que quieras –dijo Moñito, claramente pensando que lo decía específicamente por ella –. ¿…Y tú eres…?

-Oh, vaya –contestó el niño, afectado por la belleza singular de Moñito; sin embargo, en él se manifestaba como ternura y nada más –… Soy Steven –dijo al fin, y todos se presentaron.

-Bueno, si voy a pasar el resto de mis días en este lugar colorido, no pienso hacerlo en esta precisa habitación –dijo Amy, dirigiéndose a la puerta por la que salieron Pac-Man y Kirby –. …Tal vez, en este inmenso lugar, pueda encontrar un altar para casarnos, Sonic; aún hay mucho tiempo para que lo decidas –le guiñó un ojo.

-Burb –a Sonic le dio un escalofrío.

-Pero, en serio, deberías ir conmigo –siguió la erizo –. Jamás te había visto tanto tiempo en un mismo lugar; me sorprende que no te esté dando un ataque ahora mismo por reprimir tus ganas de correr.

-Yo sí voy contigo, Amy –le dijo Steven, yendo detrás de ella.

-Bueno, nosotros tampoco tenemos nada que hacer aquí, así que… –dijo Patito. Todos los demás también fueron tras Amy.

-Ah, sí. Por cierto, ¿dónde están Ártico y Artiquito? –preguntó Rojín.

-Ellos también se fueron a investigar qué más había –contestó Amarillín –. Pero no recuerdo si se fueron por esta puerta…o la otra… –"La otra," confirmó Sonic.

Llegaron al lugar adonde habían ido Pac-Man y Kirby. Era un pasillo exageradamente largo, con puertas a ambos lados. Comenzaron a abrir y cerrar puertas, explorando el interior de cada una. No habían comido en el tiempo que llevaban ahí, así que se alegraron mucho cuando encontraron una habitación llena de postres y frituras, que iban desde galletas convencionales, helados y papitas, hasta sustancias y productos repugnantes que no habían visto en toda su vida. No era una comida de verdad, pero era algo.

-Yaaawn –bostezó Steven después de un rato investigando cuartos –. ¿Alguien sabe qué hora es? Olvidé mi celular en el Templo.

-Yaaawn –también bostezó Patito –. Sí, ¿qué horas son? Ya tengo muuucho sueño.

-Ah, sí. Lo malo es que no tengo celular, porque cierto señor Rojito le lanzó el mío a un maníaco interdimensional –le reprochó Amarillín. Él le lanzó una mirada asesina, que obligó a Amarillín a decir: –. …Aunque…claro…si no hubiera hecho eso, no hubiéramos podido derrotarlo.

-¿En serio nadie aquí tiene-yaaawn-un reloj? –preguntó Amy.

-Yo sí –dijo Moñito, sacando su celular –. …Y…sí, ya es muy tarde… casi medianoche.

-Bueno, pues están de suerte –dijo Sonic, señalando una habitación que acababa de abrir –. Dos dormitorios, uno de hombres y otro de mujeres.

-¿Qué son hombres y mujeres? –preguntó Rojín.

-Creo que se refiere a pingüinos y pingüinas… pero no sabría decirlo –dijo Patito en voz baja –… Tal vez así se diga en otras dimensiones.

-Un momento… ¡¿Entonces sólo se dice pingüino y pingüina porque esa es nuestra especie?! ¡¿No es el término correcto?! –exclamó Rojín –¡Viví engañado toda mi vida!

-Mmm… Con razón mis puffles se extrañaban cuando les decía que eran pingüinos –dijo Amarillín.

Se despidieron y entraron a los dormitorios correspondientes. Estaban llenos de hileras e hileras de camas, aunque no necesitaran tantas. No tenían que preocuparse por los colores raros del Null Space, porque simplemente apagaron la luz y todo se volvió oscuro.

Por otra parte, en ese momento, muy lejos de ahí, Gary seguía despierto, y se encontraba probando el portal, viendo si conseguía poder viajar al Null Space.

El consejo de Bill le había ahorrado mucho tiempo. Ahora ya tenía un portal abierto que llevaba directamente a donde estaban todos. Sin embargo, había encontrado otros problemas: no lo podía usar aún, porque tenía que asegurarse primero de que, una vez dentro, pudiera volver a abrir otro portal. El segundo problema era que el portal era muy inestable y tenía miedo de que lo mandara a una dimensión aleatoria, así que tenía que buscar la forma de controlarlo para poder ir a donde él quisiera.

Para solucionar ambos contratiempos, comenzó a desarrollar un control remoto, como el de Metal Sonic, que, independientemente de la dimensión donde estuvieran (incluso el Null Space, que catalogó como la dimensión 0), pudiera crear un portal que llevara a cualquier región del Multiverso, ingresando coordenadas específicas del lugar. No pensaba descansar hasta que lo terminara, y aun así, no creía poder terminarlo hasta el día siguiente.

Muy temprano a la mañana del día siguiente (No sabían con certeza qué hora era, pero debían ser como las seis de la mañana), todos en el Null Space despertaron gracias a Sonic, quien, como había dicho Amy, estaba harto de estar en ese lugar y tenía demasiada energía que quería gastar corriendo por todos lados.

-¡Despierten! –exclamaba Sonic, vuelto loco, saltando en las camas –¡Ya empieza otro día enérgico lleno de diversión!

-¿S-Sonic? ¿Por qué haces tanto alboroto? –se desperezó Amarillín.

-Sonic, ¿cómo puedes estar despierto tan temprano? –le preguntó Steven, muerto de sueño –No sé ustedes, pero los humanos deben dormir mínimo ocho horas diarias.

-Yo tengo que dormir como doce –balbuceó Rojín, aún con los ojos cerrados.

-¡Vamos, ¿dónde está su espíritu aventurero?! ¡Mírenme, lleno de energía como siempre! –gritaba Sonic. Entonces volteó a la "cámara:"

»¡Público, recuerden esta moraleja y aprovechen su libertad mientras tienen la oportunidad! ¡Se siente horrible estar encerrado! –a continuación, fue al dormitorio de las chicas a despertarlas.

Aunque hubieran querido, no hubieran podido dormirse después del escándalo de Sonic; además, el hambre, calmado con los postres de la noche anterior, regresaba con más furia y no tuvieron más remedio que salir de los dormitorios.

-Oigan-yaaawn-, ¿ustedes no tienen hambre? –dijo Moñito, desperezándose y saliendo de la habitación.

Yo me mueeero! –exclamó Patito –No podemos seguir vivir de postres, aunque queramos. Empiezo a olvidar cómo sabe la comida de verdad.

-¡Nooo! –exclamó Amarillín –Tenemos que encontrar comida, rápido.

-¡Yo encontré la cocina en uno de mis viajes! –exclamó Sonic, dando saltitos en su lugar. No dudaban que hubiera inspeccionado todas las habitaciones del Null Space durante la noche –¡Síganme, está lleno de todo tipo de comidas! ¡Yo me desayuné unos deliciosos chili dogs!

Y todos lo siguieron hasta la habitación. Eran estantes y estantes llenos a rebosar con todo tipo de alimentos: frutas, verduras, carne, pescado, pan, cereales, dulces…incluso cosas que no habían visto jamás. Los demás no se hicieron esperar y entraron a saciar su apetito. Estaban tan hambrientos que no hablaron hasta que terminaron.

-Estoy lleno –dijo Steven –. No había disfrutado tanto comer desde que me secuestró Aguamarina.

-Alabada sea la habitación mágica llena de comida –dijo Amarillín, una vez que había terminado.

-Puf puf puf, puf puf puf-puf puf-puf puf puf (No es mágica, puesto que todo esto se hizo con ciencia) –lo corrigió Davín –. Puf puf, puf puf puf puf (Cómo pasó, eso no lo sé).

-Es obvio, el Null Space es el espacio entre dimensiones, así que recoge materia de todas ellas y crea todos estos recursos. Y no, no podríamos usar toda esta comida para acabar con el hambre en el mundo, porque es imposible sacar estos materiales del Null Space –contestó Rojín. Todos lo miraron boquiabiertos, ya que era una explicación demasiado inteligente para él (o para cualquier otro). Notó su perplejidad, pero no entendía de dónde venía.

»¿Qué? Necesitaban explicarlo, así que me dieron el diálogo a mí porque nadie más lo podía decir –dijo, como si fuera lo más obvio del mundo.

-Err… Sí… Una pregunta, ¿dónde quedó Sonic? –preguntó Moñito, cambiando de tema. Todos comenzaron a buscarlo con la mirada y lo localizaron en la misma entrada de la habitación, dormido en el suelo. Al parecer se había desmayado justo después de haberlos llevado a la sala.

-Pobre tipo –dijo Amy, yendo con su amado y recogiéndolo –. Era cuestión de tiempo para que se le acabara toda su energía.

-Puf puf puf puf-puf puf puf puf (Se lo merece por haber turbado mi sueño) –expresó Rojito –. Puf puf, ¿puf puf puf puf-puf-puf, puf puf puf-puf puf? (Como sea, ¿qué más se puede hacer aquí, además de comer y dormir?)

-Ohh, sí –respondió Rojín –. Ya sabemos que no podemos morir de hambre, pero sí de aburrimiento.

-Bueno, ¿recuerdan el auditorio que vimos ayer? –dijo Patito –Tal vez haya algo allá.

Y todos salieron de la sala, directo a una sala por la que habían pasado el día anterior, muy grande, a juzgar por el espacio entre las puertas de los lados (aunque no les sorprendería que incluso fuer más grande por dentro). En realidad, más que un auditorio de teatro, era…

-¡UN CINE! –gritó Steven, emocionado, al momento de entrar. Extrañamente, sus pupilas se le pusieron en forma de estrella –¡Eso significa que debe haber películas por aquí! –y se dirigió a una puerta hasta el fondo.

-En ese caso, yo voy por palomitas. Estoy llena, pero creo que podría comer un poco más –dijo Patito, yendo a la habitación de los postres y frituras.

-Bueno… ¡Hora de la función! –exclamó Rojín, yéndose a sentar. Rojito fue con él, y Amy dejó a Sonic, aún dormido, en un asiento y se sentó a su lado.

-Bueno, yo también voy a buscar una película, ¿vienen? –les preguntó Moñito a Amarillín y Davín, y los tres se fueron por la puerta del fondo.

Esa sala estaba llena de estantes y estantes con todas las películas o series de televisión jamás producidas en la historia. Era inmenso. Steven se encontraba en una computadora, posiblemente buscando la ubicación de una película.

-¡Hola, chicos! –los saludó Steven en cuanto los vio –Es grandioso este lugar. Hay millones de películas, pero lo bueno es que puedes poner el nombre de alguna película en esta computadora y te dice dónde está.

-Pero este lugar es inmenso, ¿qué pasa si la película que quieras está a kilómetros de distancia? –le preguntó Moñito.

-Por eso puedes filtrar por dimensiones –presionó un botón en la computadora y cambiaron de ubicación (aunque la vista era la misma, llena de estantes de películas) –, y por año de producción –presionó otro botón y volvieron a cambiar de ubicación.

-¿Y dónde está la película que quieres? –le preguntó Amarillín.

-Está más o menos –comenzó a buscar con la mirada, y señaló la parte más alta de una estantería –… por allá.

-Y ¿cómo piensas subir hasta allá para agarrarla? –inquirió Moñito.

-Fácil –dijo Steven. Entonces saltó muy alto y comenzó a flotar a la altura de los estantes, buscando su película.

-Wow… Empiezo a creer que somos los únicos aquí que no tienen poderes –dijo Amarillín, viendo cómo se alejaba flotando, impulsándose con las mismas estanterías.

-Puf… Puf puf-puf puf-puf puf puf puf…puf puf puf puf puf-puf puf, ¿puf? (Bueno… Si vamos a quedarnos aquí por mucho tiempo…creo que sería bueno ver algunos documentales, ¿no?) –dijo Davín, tratando de alcanzar la computadora dando saltitos –¿Puf-puf? (¿Me ayudan?).

-Ay, lo siento, Davín, pero no te entiendo nada –dijo Moñito, cargándolo.

-Te tocaron unos cuidadores bien mensitos –le dijo Amarillín, riendo. El pingüino se sentía ya más cómodo con Moñito, es decir, no lo afectaba su belleza sobrenatural, aunque aún no podía verla a los ojos.

-¡Lo tengo! –gritó Steven a la distancia, descendiendo con su película –Volvamos con los otros.

Salieron por la puerta y entraron a la sala, donde Sonic y Amy ya habían llegado y ya se habían sentado. Steven se puso al frente y les preguntó:

-¿Qué les parece un maratón del Perrocóptero? Se trata de un futuro apocalíptico conquistado por robots, donde sólo un perro con hélices de helicóptero puede salvar el mundo.

-Agh… ¿Puf puf puf puf? Puf-puf puf-puf puf puf-puf-puf-puf-puf-puf (¿Por qué me sorprende? Era obvio que el niño chiquito iba a escoger algo así) –dijo Rojito.

-¿Tienes alguna otra idea? –le preguntó Rojín. Comenzó a proponer películas de acción, y los demás también dieron sus ideas, pero no se ponían de acuerdo.

Al final, todos aceptaron a regañadientes la película de Steven, y él la puso.

… …

Cuatro películas después, todos estaban totalmente entrados en la trama.

-¡¿Cómo que sus padres son gatos?! ¡No tiene sentido! –exclamó Sonic, quien se había despertado poco después de iniciadas las películas.

-Puf, puf puf puf, puf-puf puf-puf puf puf puf puf puf… Puf puf puf-puf-puf puf (Bueno, no me sorprende, era algo que estaba presente desde la primera película… Sólo debíamos prestar atención al foreshadowing) –dijo Davín.

-¡Tenemos que encontrar a ese Perrocóptero, rápido! ¡Ese futuro apocalíptico de robots es justo lo que nos va a pasar en Club Penguin con Metal Sonic! –exclamó Patito.

-Err… Niña, olvidas que sólo es una película –le recordó Amy. "Mmm," dijo ella.

-¡Shh! ¡Puf! ¡Puf-puf puf-puf! (¡Cállense! ¡Una escena de acción!) –exclamó Rojito, maravillado con la poca violencia que había en las películas de niños.

-¡Sí! ¡Eso! ¡Dale con la silla! –gritaba Rojín.

-Bueno, si me disculpan, voy por más palomitas –dijo Moñito, levantándose.

-Voy contigo –dijo Amarillín, inmediatamente. Cuando habían salido de la sala, le susurró –. No le estoy entendiendo nada.

-Ni yo –le susurró ella de vuelta.

Fueron a la sala de postres por las palomitas y, como no había un horno por ahí, se las llevaron a la cocina para hacerlas. En eso estaban, cuando entraron Ártico y Artiquito a la habitación.

-¡Puffles! –gritó de alegría Amarillín, yendo a abrazarlos –Hace tiempo no los veía. ¿Ya comieron?

-¡Puf! ¡Puf! ¡Puf puf puf, puf puf puf-puf-puf! (¡Amarillín! ¡Sipi! ¡Ven con nosotros, te tenemos que enseñar algo!) –le dijo Artiquito.

-Puf, puf puf-puf puf puf puf-puf (Artiquito, creo que olvidas que no nos entiende) –le recordó Ártico.

-Las palomitas están listas –dijo Moñito, tomándolas –. Estábamos viendo una película, ¿quieren venir? –les preguntó a los puffles, y ellos aceptaron.

Volvieron a la sala de cine y se fueron a sentar. Pero antes de que llegaran a sus asientos, algo al frente del auditorio los distrajo. Apareció un portal justo en el centro de la habitación; un momento después, de él cayó un pingüino.

-¡Sí! ¡Funcionó! –gritó Gary, levantándose y tomando un control remoto que había caído al lado de él.