Capítulo 30
"Battle Preparations"
Casi había pasado una semana desde que nuestros héroes llegaron al Null Space, y durante este tiempo, hacían sus vidas normales en ese lugar, esperando la llegada de Metal Sonic a Club Penguin. Pac-Man, a su vez, se la pasaba todo el día en la sala donde había visto a Bill, tratando de invocarlo para que le comunicara sobre el robot. En uno de los Diarios que hablaban sobre él venía una frase para invocarlo, pero también había una advertencia que decía que no lo invocaran a toda costa, así que el chico decidió esperar.
Por otro lado, Metal y sus esbirros no habían estado descansando todos estos días. Si no habían ido a Club Penguin, era porque aún no estaban listos el ejército de Rubíes y el ejército de robots; y, mientras tanto, Shadow y Meta Knight aprovechaban para entrenar.
Ese día, Metal Sonic se encontraba en su sala de mando haciendo lo suyo, cuando Tails Doll entró para darle una noticia.
-¡Señor, acaban de completarse los dos ejércitos que nos pidió! –le dijo él.
-¿En serio? Ya era hora –contestó Metal –. Tengo que ver esto.
Y Doll lo dirigió a la sala de control, al lado del taller de robots. Ahí se encontraban ya Orbot y Cubot, analizando unos datos en las computadoras. En cuanto vieron que entró, dejaron lo que estaban haciendo y se le acercaron.
-¡Maestro! ¡Ya terminamos los robots! –le dijo Cubot.
-Sí, para eso estoy aquí –contestó Metal. Entonces volteó a la ventana que daba al taller y vio que estaba vacío, salvo por sus tres robots supremos, apagados –. …Pero veo que los movieron.
-Sí, no esperaba que los dejáramos aquí a todos, ¿o sí? –dijo Orbot –Los acomodamos en la sala de entrenamiento.
Y los cuatro se dirigieron ahí. Era una habitación enorme, casi igual a la que había en el Null Space. En ella se erguían filas y filas de Egg Pawns y, más allá, Rubíes, todos inactivos.
-Perfecto –dijo Metal admirando todo su arsenal –. ¿Cuántos son?
-Demasiados como para contarlos –dijo Cubot.
-Las Rubíes…¿también son robots? –preguntó, viendo que estaban apagadas como los otros.
-No, tienen las mismas propiedades que una gema de verdad –dijo Doll –. Pero hicimos que se pudieran desactivar…porque si no, se la pasarían dando saltitos por ahí como las originales.
-Un momento –dijo Metal, volteando alrededor –… ¿No deberían estar aquí Shadow y Meta Knight entrenando?
-Cuando empezamos a traer los robots, dijeron que mejor se iban a su habitación para no molestar –explicó Orbot. Metal Sonic se les quedó viendo fijamente, como los tontos que eran.
-¿Hace cuánto que no los ven? –preguntó.
-Pues –comenzó Doll, dándose cuenta del error –…como…tres días…nomás…
-¡Nomás! Argh… ¿Por qué no me sorprende? –renegó Metal, volteándose para salir de la habitación –Los veo en la sala de mando en cinco minutos.
Y se fue, camino a la habitación de sus mercenarios. Ni siquiera tocó, sólo entró. Ahí dentro, se encontraban Shadow y Meta Knight, jugando a votar una pequeña pelota en la pared.
-Mira quién vino –dijo Shadow en cuanto abrió –. Nuestro gran amigo Metal Sonic.
-Nos tenías preocupado, Metal –dijo Meta Knight –. Creímos que ya te habías olvidado de tus pequeños mercenarios.
-Justo estábamos hablando de ti, ¿no es cierto, Meta?
-Claro, Shadow. Es muy aburrido estar atrapado, ¿sabes? Si no te apurabas, íbamos a tratar de escaparnos.
-¿Crees que puedas derribar la puerta a las Chaos Emeralds con tu Galaxia? –le preguntó a Meta Knight.
-Mmm… Me parece que sí. ¿Crees poder sacarnos con el Control Chaos…?
-Tenemos un acuerdo –los interrumpió Metal –. …No pueden salir porque: 1) Dijeron que se iban a quedar; y 2) Es imposible que entren a la cámara de alta seguridad.
Shadow soltó una risita, y ambos salieron de la habitación. Cuando pasaron al lado de Metal Sonic, Shadow sacó y le puso en la mano la Esmeralda del Chaos verde. El robot se sorprendió demasiado (por suerte no tenía boca, porque hubiera sido muy obvio que estaba boquiabierto), pero no dijo nada.
-No vamos a ir a ningún lugar, Metal –le dijo –. No nos interesa nada tu pequeño plan, pero queremos hacer algo interesante para variar.
-¿Adónde quieres que vayamos? –preguntó Meta Knight –¿A la sala de mando como siempre? –y los dos se fueron, seguidos de un Metal Sonic muy confundido.
Llegaron a la habitación y encontraron a Tails Doll, Orbot y Cubot dentro. Ellos se aliviaron mucho al ver que los dos no se habían escapado, pero no se atrevían a decir nada delante de su jefe.
-Tienen mucha suerte de que estuvieran aquí, porque si no… –comenzó Metal, pero lo interrumpieron los otros dos:
-...Porque si no hubieran estado, les juro que los desarmo y me construyo otros asistentes –imitando la voz de Metal.
Los demás se querían reír, pero no podían con él presente sin exponerse a una muerte lenta y dolorosa. Entonces Tails Doll cambió de tema para evitar que Shadow y Meta Knight siguieran poniendo sus vidas en riesgo:
-Entonces, maestro… ¿Por qué nos quería ver aquí?
-Bueno, viendo que ya están listos nuestros dos ejércitos, mi escuadrón de robots y mis dos mercenarios, entonces deberíamos comenzar con la invasión y terminar con esos pingüinos de una vez por todas –contestó él –. Lo único que hace falta es traer a los zombis y a los fantasmas de las dimensiones 15 y 256.
-Así que, Orbot y Cubot, háblenme sobre ellos –los dos se sentaron en las computadoras y se pusieron a investigar.
-Así que hablabas en serio con traer a los muertos de vuelta… –dijo Meta Knight.
-¿Qué le hicieron esos pingüinos que los odia tanto? –le preguntó Shadow a Doll.
-Yo tampoco lo entiendo –le susurró él. Pasaron un rato en silencio.
-¡Lo encontramos! –exclamó Orbot finalmente.
-Dice que los fantasmas de la dimensión 256 son, efectivamente, fantasmas –explicó Cubot.
-Pero no son sólo espíritus como los conocemos –dijo Orbot –. Son criaturas ectoplásmicas, con masa y capaces de pensar.
-Huh. Esperaba que no fueran seres inteligentes, porque así será más difícil convencerlos para que nos ayuden… –murmuró Metal.
-Pero los zombis sí son así –dijo Cubot –. Son humanos zombificados que sólo buscan comer cerebros.
-Esos sí nos servirían –opinó Doll.
-Pues…de hecho, también los otros. Ya traje a estas dos causas perdidas –dijo Metal, señalando a sus dos mercenarios – y a las Rubíes, puedo hacerlo de nuevo (y no, no pasará como con Bill) –añadió al ver que iban a replicar –. …Pero en ese caso necesito saber quiénes son los enemigos mortales del héroe Pac-Man.
-Err… Es un grupo llamado la Pandilla Fantasma –leyó Orbot –. Conformado por cuatro fantasmas que siempre están persiguiendo a Pac-Man.
-Tráelos –ordenó Metal –, y terminemos con esto lo antes posible.
Y así lo hicieron. Presionaron unos botones y activaron un rayo hacia el cielo, seguido de otro en dirección al suelo. Cuando se desvaneció, dejó ver a cuatro fantasmas de diferentes colores: rojo, azul, rosa y naranja. No eran como se los habían imaginado: eran criaturas algo pequeñas (como del tamaño de Kirby) y ni siquiera parecían fantasmas realistas, sólo como si alguien se hubiera puesto una manta encima.
A diferencia de los otros reclutas, estos no comenzaron a atacar en cuanto salieron, sólo parecían sorprendidos o, si acaso, nerviosos.
-Wooow –dijo el naranja. Se veía algo perezoso –. Qué lugar tan extraño.
-Espera… ¿esto significa que nos secuestraron de nuevo? –preguntó el azul. Era el más temeroso de los cuatro.
-Cálmense –les dijo el rosa. …O mejor dicho, la rosa, pues tenía voz de mujer –. Ellos no son ni fantasmas ni pac-personas, así que no tienen nada contra nosotros –dijo, volteando a verlos a todos.
-Debería hablar con ellos –opinó el rojo; parecía muy serio y el líder de los cuatro. Entonces avanzó hacia los demás.
»¡Exijo que me digan quiénes son ustedes y qué es este lugar!
-Bueno, primeramente, hola –los saludó Metal, sin hacer caso al fantasma –. Mi nombre es Metal Sonic y, efectivamente, no los estamos secuestrando. Los trajimos aquí para pedirles su ayuda en un proyecto.
-¡¿Por qué deberíamos confiar en us…?! –comenzó el rojo, pero la rosa lo interrumpió:
-¿Qué proyecto?
-Vayamos directo al grano –continuó el robot –. Encontramos una forma de viajar entre dimensiones, y nos topamos con una muy molesta que nos gustaría eliminar.
-Sin embargo, está protegida por un equipo de héroes interdimensionales, entre los que, si no nos equivocamos, se encuentra Pac-Man –continuó Doll –. Por eso los trajimos, queremos que nos ayuden a librarnos de él y los demás.
-¿Huh? Ah, sí, hace tiempo que no veo a Pac-Man… –dijo el naranja, distraído.
-¿Entonces esperan que les ayudemos a destruir un planeta? –preguntó la rosa –No es algo que hagamos usualmente…
-¿Y qué ganamos nosotros? –objetó el rojo.
-La satisfacción de vencer a su enemigo –dijo Metal, aunque, a diferencia de los mercenarios, los fantasmas no se veían convencidos con eso. Entonces Shadow lo interrumpió:
-Metal… Los estás perdiendo –lo reprochó.
-Miren, en realidad nadie en esta sala vamos a ganar nada con los juegos de este robot –les dijo Meta Knight –. …Sólo una cosa.
-No sé qué es lo que quieran hacer en su mundo –continuó Shadow –, sólo sé que tiene algo que ver con invadir a las pac-personas. Pues es justo por eso que tienen que venir: sin Pac-Man, ustedes y todos los fantasmas podrán hacer lo que se les antoje.
-Pero…jamás hemos logrado vencer a Pac-Man –dijo el azul –… ¿Qué nos garantiza que esta vez sí…?
-Sabemos cómo se sienten –lo interrumpió Meta Knight –. Y créannos que nosotros nos hicimos esa misma pregunta. Y la respuesta es que no estarán solos esta vez.
-Ellos tampoco están solos –agregó Shadow –, pero no podrán cuidarse en medio del caos de la lucha. Ellos no están muy acostumbrados al ambiente de una guerra de verdad.
-Mmm… Interesante –dijo el rojo, empezando a convencerse –… Aunque, bueno, prácticamente sería como cualquier otra vez que perseguimos a Pac-Man.
-Pero tienen razón –dijo la rosa, pensando –. Si analizamos nuestra situación… nos daremos cuenta que los héroes pelean para defender, mientras que nosotros atacamos; en ese caso, podemos acabar fácilmente con ellos si los separamos.
-Hmph… Entonces… ¡sí, hay que hacerlo! –exclamó el líder –¿Por qué no? No perdemos nada, de todos modos.
-Perfecto –dijo Metal, feliz por la facilidad con la que accedieron –. Los devolveré a su dimensión para que se alisten y los llamo cuando vayamos a comenzar… en…más o menos…una hora –le hizo señas a Orbot y Cubot para que encendieran el portal.
-Sí, por favor –dijo el naranja –. Necesito dormir un poco antes de-YAWN-irnos.
-Esperen, ¿en serio vamos a hacer esto? –exclamó el azul, preocupado.
-Claro –respondió el rojo –. Es la oportunidad perfecta para derrotar a Pac-Man y adueñarnos de Pac-Land.
-Está listo el portal –dijeron Orbot y Cubot, encendiéndolo.
-¡Se despide la Pandilla Fantasma: Blinky, Inky, Pinky, y Clyde! –gritó el rojo a la vez que el rayo del portal los envolvía. Para aclarar, Blinky era el rojo, Inky el azul, Pinky la rosa, y Clyde el naranja.
-Eso fue fácil –dijo Doll. Entonces se volteó con Shadow y Meta Knight y les dijo: –. …Tienen talento en esto de los mercenarios. Gracias.
-Demasiado –afirmó Metal –. Así como lo hicieron con esos cuatro, ¿creen poder hacerlo con los zombis? –ellos se le quedaron viendo, indignados –Es que yo tengo que hacer todos los preparativos de la invasión.
»¿Sí? Está bien, los veo ya que terminen. …Tails Doll, te los encargo –y salió de la habitación sin esperar su respuesta.
Todos lo observaron marcharse.
-…En serio lo odio –dijeron, pero igualmente llamaron a los zombis.
