Disclaimer: Los personajes son exclusivos de Kishimoto, pero los tome prestado para hacer esta historia n.n


N/A:Lamento mucho el tiempo que me he tomado para subir este capítulo, y para cuando me dí cuenta no era nada emocionante y estaba bastante cortado, pero también necesario para la historia. Próximamente empezara la verdadera trama. Muchas gracias por sus comentarios y siento no poder responderlos ahora porque tengo muy poco tiempo. Bienvenidas a las nuevas lectoras y gracias por su apoyo *-*


Capitulo Tres

Choques


Efectivamente, Fugaku Uchiha llego con hematomas por todo el cuerpo, un ojo morado, su orgullo en el suelo nuevamente y siendo cargado por Shibi, quien no paraba de repetirle cuan idiota había sido por insultar a Kushina. Se lo había advertido cuatro veces durante el viaje y cinco cuando acamparon el primer día. Pero el tipo no le hacia el mínimo caso y él no gastaría sus palabras en ayudarlo, y cuando la bomba estallo, lo único que hizo fue ignorar los gritos de sus compañeros de equipo y prefirió observar a los insectos.
Sin embargo, la golpiza no solo había perjudicado a Fugaku, sino también a la misma Kushina que se había esforzado dos semanas en no arrancarle la cabeza al amargado Uchiha con todos sus comentarios y sus monosílabos. Una parte de su plan estaba jodida, lo que ella pretendía era solamente tratar bien a Fugaku para que este le platicara más de Mikoto, de esa manera podría conocer a su enemiga y cuan enamorado estaba su amigo, aunque no tuvo demasiado éxito. El azabache se la pasó toda la misión frunciendo el ceño y mirándola como si estuviera loca, observando cada movimiento con recelo. Pero el ultimo día fue cuando la gota del vaso rebalso por completo: Él la acuso de ser una vil ninja renegada que se había transformado en la marimacho de su compañera de equipo, y aseguro que no dejaría engañarse a través de esa fachas de una Kushina dulce y alegre cuando en verdad Kushina Uzumaki no era más que una muchacha escandalosa, violenta y sin nada de feminidad.
Kushina no tardo en golpearlo y Fugaku reconoció esa fuerza brutal.
—Lo que es hablar de más —pensó Shibi.
Delante de este se encontraba la Uzumaki con los brazos cruzados y las mejillas inflamadas de aire infantilmente mientras que aun seguía sosteniendo a su compañero herido y mallugado. Suspiro y se preguntó cuándo en su vida le tocaría un equipo normal, pero viéndole el lado positivo, de alguna manera escalofriante, le gustaba ver a Fugaku ser golpeado por la Habanera sangrienta y como esta colocaba un pie sobre el cuerpo malherido de su compañero, riéndose ante su victoria.
Definitivamente, no los cambiaría por nada.


—¡Mikoto! — exclamo una voz masculina a sus espaldas.
La peliazul giro sobre sus talones para encontrarse con su mejor amigo, quién salía de la librería acompañado por su sensei. La Uchiha sonrió y alzo la mano para saludarlo. Minato pareció decirle algo a su maestro e hizo una pequeña reverencia para luego trotar hacia su lado.
—Hola Minato-kun — saludo la muchacha, aun manteniendo su sonrisa. —¿Estabas comprando con Jiraiya-san?
—Si, es que su nuevo libro salió a la venta y he venido a comprarlo — contesto alzando el libro y mostrándoselo —Jiraiya-sensei es un gran escritor y... ¿Por qué esa cara, Mikoto?
La joven negó con la cabeza y suspiro. No entendía como Minato siendo tan amable e inocente podía leer libros del sannin pervertido. No sabía cuál le daba más escalofríos, el tipo ese u Orochimaru. Realmente prefería pasar tiempo con el sannin de las serpientes que al depravado de Jiraiya.
—Olvídalo — aleteo ella la mano, volviendo a sonreír — Voy hacia la entrada, ¿me acompañas?
—Claro —asintió el rubio.
Fue una suerte que no haya preguntado por qué se dirigía allí, seguramente si le decía que iba a ir a buscar a su novio (quién le aseguro por medio de uno de sus halcones que llegaría a una hora aproximada) no se atrevería a acompañarla, después de todo, también significaría que Kushina volvería a la aldea después de dos semanas de misión. Con lo torpe y tímido que se volvía Minato era obvio que saldría corriendo, en cambio, si le ocultaba aquella información tal vez hallaría la manera en que cruzaran palabras.
Mikoto tenía decidido dos cosas: la primera era que deseaba que Minato actuara de una buena vez, tenía que lograr que la pelirroja lo mirara con otros ojos que indiferencia o desprecio, sino tendría que desistir de su amor no correspondido y buscar una buena chica, y ella lo ayudaría. Lo segundo era que para lograr lo primero se volvería íntima amiga de la Uzumaki. Pocas veces habían hablado, siempre eran en las reuniones o cuando sus compañeros de graduación organizaban alguna cena para todos. Sabía que no era precisamente una dama, para nada femenina, no era paciente, su temperamento era explosivo, era caprichosa e hiperactiva, comía excesivamente ramen y siempre estaba golpeando a Fugaku; pero también sabia por su novio que ella era leal, decidida y optimista. No le importara como fuera, pero Kushina Uzumaki sería su mejor amiga.


—Déjalo aquí, ttebane — le ordeno la pelirroja al Aburame.
Recién habían llegado a la aldea y su humor era de perros. Enserio que estaba enojada con Fugaku, después de todo ella había querido ser amable con él (aunque tenía sus propias intenciones) y el muy idiota la había ofendido con las palabras que le grito. Debió haberlo golpeado aún más, de esa manera no estaría tan furiosa.
—Pero es la entrada y...
—Su noviecita lo vendrá a buscar en cualquier momento —interrumpió la Uzumaki —Además solo está fingiendo, ni que le hubiera pegado tan fuerte.
—¡Es porque tu no mides tu propia fuerza, bestia!— balbuceo el Uchiha en la espalda de su compañero.
Shibi tiro a Fugaku al suelo y este lo maldijo por el dolor. Estaba a punto de gritarle lo estúpido que había sido al dejarlo caer así, pero en cuanto noto el aura maligna y vio los nueve mechones en el aire del cabello de su compañera se dio cuenta por qué Shibi lo había dejado tirado: no quería ser masacrado como Kushina lo haría con él.
El Aburame observo la pelea, o mejor dicho, los golpes que la muchacha repartía al pobre Uchiha mientras meneaba con la cabeza.
Le dije que no volviera a insultar a Kushina a menos que su cuerpo este recuperado. Ahora tendrá que quedarse más tiempo en el hospital.
Sintiendo unos chakras cerca, giro la cabeza sobre su espalda y diviso a lo lejos dos personas familiares acercándose. Se preguntó que reacción tendría Mikoto al ver a su novio en tales aprietos, pero lo que le parecía interesante era que el mismo Minato Namikaze la acompañaba. ¿Acaso había cambiado a Fugaku por aquel rubio? Le echo un vistazo a su compañero aun siendo golpeado por la pelirroja y no le extraño en lo más mínimo, pero lo que si podía llegar a extrañarle era si realmente era Minato quien estaba con Mikoto. Después de todo, él tenía un extraño enamoramiento hacia su compañera de equipo, algo que no era un secreto para nadie.
—¡Y con eso que te quede claro, ttebane! - exclamo Kushina colocando un pie sobre el cuerpo desgastado de su compañero. — ¡Shibi-kun! —el nombrado se sobresaltó al escucharla y se puso derecho —Ve a entregarle al Hokage el informe. Yo iré a comer ramen.
Su compañero tan solo asintió la cabeza mientras por reojo observaba a sus compañeros acercarse.
—¡Fugaku! —chillo Mikoto horrorizada al ver a su pobre novio en ese estado tan lamentable. Corrió hacia el azabache ignorando a los demás y se arrodillo ante él, saco un pañuelo de su bolso y limpio la sangre que tenía en el rostro —¿Quién pudo ser tan cruel para hacerte algo así?
Kushina solo revoleo los ojos ante el drama que estaba haciendo la peliazul. Ya, ni que tampoco le haya desfigurado la cara. Después de todo ese baka se lo merecía, ¿o no? Ella tenía el derecho de defenderse de las palabras tan insensibles de su compañero de equipo.
—Ku-ku... —murmuro el Uchiha, señalando con su dedo índice a la pelirroja—...shin-na...
Mikoto volteo sobre su hombro y le echo una mirada fulminante a la pelirroja. Esta no se quedó atrás y trueno sus dedos. ¿Así que la noviecita quería defender el orgullo de su amado novio? Tal vez ella también tenía que ligar un par de golpes para hacerla entender que con ella no se metía nadie.
Pero antes que pudiera abrir la boca, Mikoto le sonrió. Shibi y Kushina se miraron entre si y se preguntaron qué demonios le sucedía a la tipa. Ósea, una típica reacción seria que se echara encima de la pelirroja y esta la hiciera morder el polvo como había hecho con su novio, pero solo sonreía.
La Uchiha se levantó y se inclinó ante la muchacha: —Seguramente Fugaku dijo algo fuera de lugar. Te pido disculpas, Uzumaki-san.
Kushina se sorprendió aún más, pero luego sus ojos se entrecerraron con desconfianza y examino nuevamente la sonrisa de la peliazul. Había algo que no le gustaba para nada de su actitud, su sonrisa era demasiado forzada y falsa, no se notaba a simple vista, pero ella había aprendido a distinguir la sinceridad y la mentira en las personas, y obviamente Mikoto estaba actuando simpatía y pena con ella. Definitivamente esa chica no le gustaba para nada.
—Fugaku-baka siempre dice algo fuera de lugar — expreso fríamente. No quería tener demasiado contacto con ella, sin embargo, de inmediato llego a su mente el plan que había estado desarrollando. No era momento de ser dura, si la peliazul actuaba falsamente ¿por qué no podía hacerlo ella también? Le sería más útil a la hora de joderle las citas, por lo que se esforzó y sonrió lo mejor que pudo —Lamento que haya dejado a tu novio como saco de basura.
—No te preocupes, unos días en el hospital y estará como nuevo. —replico con amabilidad Mikoto —Oh, no te he presentado a mi amigo, Minato Namikaze.
El brazo de la Uchiha se estiro largamente espantando a Kushina y a Shibi, y tomo del brazo al rubio que había estado hipnotizado por la pelirroja. Tiro de él hasta colocarlo al lado suyo.
—Minato ¿Qué modales son esos? ¡Saluda! — insistió la muchacha.
—Ho-o-l-la —balbuceo el chico con la cara completamente roja.
Kushina lo observo detenidamente. Shibi observo a Kushina. Mikoto también observo a la Uzumaki y Minato no podía dejar de mirar a la mujer más hermosa delante de él. Todos esperaban ver la reacción de la pelirroja delante del chico que siempre había estado enamorado de ella, solamente que ella era lo bastante distraída como para darse cuenta. Bueno, no todos, Fugaku aún seguía sufriendo y maldiciendo por ser ignorado incluso por su novia.
—Lo conozco, ttebane. —hablo después de segundos de silencios, los cuales fueron tensos para todos menos para ella —Fuimos a la academia juntos...
—¡Exacto! —Mikoto junto las manos y se alegró por su amigo —Pensé que no te acordabas de él.
—En verdad no lo recordaba, ttebane. —Kushina se encogió de hombros. Prefirió guardarse el comentario de lo que pensó en el pasado respecto de él.
La peliazul tenía una vena hinchada en su frente mientras de su ojo izquierdo aparecía el tic que se formaba cada vez que estaba furiosa, y vaya que lo estaba. ¡¿Como no podía acordarse de él?! ¡Hace dos meses había sido el cumpleaños de Hana y todos habían asistido! ¡Todos! ¡Incluido Minato y Kushina! ¡¿Cómo pudo ser que no se haya fijado cinco segundos en lo atractivo que era su mejor amigo?!
Esto ya era personal. Costará lo que le costara iba a lograr que Kushina Uzumaki se arrepintiera de haber estado tan distraída para no fijarse en el hombre que tenía justo enfrente de ella.
—En fin, me voy a comer ramen —dijo mientras comenzaba a caminar —Shibi-kun recuerda lo de llevar el informe al Hokage, y de paso tira a Fugaku al hospital. Odio que se haga el muerto. ¡Adiós, ttebane! —se despidió con una sonrisa y corriendo hacia el Ichiraku para poder satisfacer su deseo de un buen ramen.


Minato observo desaparecer a la pelirroja con un semblante triste y decepcionado. Sabía que Kushina no lo tenía en cuenta, pero... ¿era tanto lo que lo ignoraba? ¿Realmente era como su sensei decía, que perdía tiempo con ella cuando había más chicas que darían todo por estar con él? Pero si era así, ¿que importaba? A él solo le importaba y quería a una sola chica, pese a que ella apenas sabia de su existencia. Además, ¿cómo podía ser tan tímido y torpe cuando estaba con ella? Le hubiera gustado poder hablar más, preguntarle cómo estaba y que tal le había ido en la misión, sin embargo solo balbuceo un saludo y no fue capaz de pronunciar ninguna palabra más. ¿Porque ella lo ponía tan nervioso?
Mientras Minato seguía atormentándose, Mikoto miro a su amigo con una profunda tristeza y culpabilidad. Quizá no era el momento correcto y ella había metido la pata, pero pronto hallaría la ocasión para recompensarle el instante amargo.
—Disculpen —hablo Shibi, llamando la atención de los dos —Debo ir a entregarle el informe al Hokage —se inclinó ante ellos y salto hacia un tejado, desapareciendo segundos después por las casas de Konoha.
La peliazul reacciono cuando escucho un quejido de dolor y se dio vuelta, encontrándose con su pobre novio golpeado. Fulmino con la mirada hacia el lugar donde el Aburame se había ido. El muy maldito ni siquiera se había procurado de llevar a Fugaku al hospital, sino que les dejo a cargo a ellos.
—¡Pero qué demonios! ¡Ni siquiera les preocupa su compañero! —expreso con molestia.
—Seguramente pensaron que querías pasar tiempo con Fugaku —le aconsejo Minato con una gotita en la cabeza, tratando de calmar a su amiga. —Ayúdame a colocar a Fugaku a mi espalda, lo llevaremos nosotros.
Mikoto asintió y le regalo una sonrisa de agradecimiento que el rubio no tardó en responder.


Fugaku se sentía avergonzado, muy avergonzado. ¿Cómo siempre permitía que esa loca lo moliera a golpes cada vez que se le antojaba? ¡Él era el heredero del clan más poderoso de todo el País del Fuego! Y a Kushina parecía no importarle el estatus de gran prestigio que poseía. Quizá debió hacerle caso a su padre cuando le dijo que juntarse con la Uzumaki fuera de las misiones o entrenamiento no era buena idea, pero ni siquiera él sabía cómo había podido catalogar a esa bestia como su mejor amiga. Bien, había exagerado cuando le acusó de ser un espía y resalto los defectos, pero Fugaku no había hecho más que preocuparse por Kushina con la sola idea de que la hubieran atrapado y se hiciesen pasar por ella. Era una maldita desconsiderada y no iba a perdonárselo nunca. Nunca.
—Maldita Kushina —balbuceo, aun iba sobre la espalda del Namikaze—No puedo creer que me haya hecho esto.
—Habrá tenido sus razones, Fugaku-san —respondió Minato con seriedad y con cierta desaprobación en su voz; no le gustaba para nada que la insultase.
—No hice nada, solo preocuparme por ella —replico el Uchiha.
—Lo que no entiendo es como dejas que te haga eso, Fugaku —reprocho Mikoto, cruzándose de brazos— Comprendo que sea tu mejor amiga y tenga ciertos beneficios, pero Minato es mi mejor amigo y no por eso ando rompiéndole los huesos para demostrarle mi afecto. Siempre es ella la que tiene más libertad contigo.
Ambos chicos miraron con cierta sorpresa como la muchacha refunfuñaba en voz baja mientras cruzaba los brazos. ¿Acaso Mikoto estaba celosa? ¿Celosa por qué Kushina si lo machacaba y ella no? La frente de Fugaku se volvió una sombra violeta el solo pensar que su novia tendría la fuerza brutal de su compañera.
Minato sonrió levemente a su amiga, cerrando los ojos.
—¿Estas celosa, Mikoto-chan?
—Es que pareciera que a él le gusta Kushina —expreso con exasperación. Fugaku abrió la boca en grande, ¿cómo carajos podía llegar a esa conclusión? —¿Saben qué? Mejor me voy, recordé que me reuniría con Hana y ya he perdido bastante tiempo.
No espero respuesta de ninguno de los dos, sabía que había dicho una estupidez por pensar que su novio podía albergar sentimientos hacia la Uzumaki más allá de amistosos. Pero carajo, tenía muchísima rabia por las actitudes violentas de Kushina y lo poco que Fugaku se hacía respetar. No pensaba estar con un tipo que se dejara dominar por otra chica, al menos si fuera su madre estaría calladita y sin replicar nada, pero Kushina solo era su amiga y ella era su novia ¡Su novia! Creía que debía tener más privilegios, y aunque nunca pensaría en golpear tan grotescamente a su chico tampoco le agradaba que otra lo hiciera.
Paro su caminata cuando ya se encontró suficientemente lejos de los dos muchachos y suspiro. Debía calmarse y pensar las cosas bien. Lo que necesitaba ahora era llegar hasta donde quiera que estuviera su amiga Hana Hyuga y la ayudase con su plan de envolver a Kushina y Minato en una relación, aunque temía que lo tratara tan mal como trataba a su novio. Sin embargo, una vocecita en su interior la tranquilizo cuando le dijo que solo era en el caso de Fugaku por el cual se comportaba como una bestia, aunque también Hiashi se había ganado uno que otro golpe de parte de la muchacha.
Retomo su caminata, dirigiéndose hacia la mansión Hyuga. Hana se negaba a ayudarla, pero compartir sus pensamientos le sacaría un poco la frustración y el mal rato que había pasado. Muy pronto, Kushina Uzumaki sabría quién era ella.


—No puedo creer que Mikoto tiene que me gusta esa loca —murmuro Fugaku, aun adolorido.
Minato solo gruño. No le gustaba que hablara así de Kushina.
El cielo se iba vistiendo de color naranja y pronto caería el anochecer, estaban cerca de un hospital donde podrían curarlo y volvería a su hogar para poder salir con su novia como le había prometido cuando se fue de viaje, pero desgraciadamente la pelirroja arruino sus planes y Mikoto se enojó con él porque creía que al permitir que su mejor amiga lo golpee significaba que tenía ciertos sentimientos especiales. ¡Por el amor de Kami! ¡Él nunca podría ser tan masoquista como para amarla a ella! ¡Sobre todo a ella! Prefería mil veces a la salvaje de Tsume Inuzuka antes que a la Uzumaki.
—Kushina solo es un grano en el culo —escupió con desprecio —No sé cómo se le ocurre pensar que yo podría verla como mujer con lo violenta que es.
Minato no soporto los insultos hacia la pelirroja y quito bruscamente a Fugaku de su espalda. El Uchiha soltó un gemido de dolor y trato incorporarse, levanto la mirada y con su sharingan fulmino al rubio, pero este no pareció intimidado ante los ojos rojos que lo miraban como si quisieran matarlo. Él lo mataría si el azabache seguía diciendo injurias contra la muchacha que quería.
—¡¿Qué te pasa, Namikaze?! —exclamo con rabia. Poco le importo que algunas personas voltearan a verlo, el rubio lindo lo había dejado caer sabiendo que tenía más de un hueso roto y solo faltaba una cuadra para llegar al hospital.
—No tengo porque cargarte si te atreves a decir esas palabras ofensivas contra Kushina-san —contesto con desdén.
—¿Y tú quién eres? ¿Su salvador? —mofo el Uchiha, sonriéndole socarrón.
—No, pero no permitiré que digas esas cosas en contra de ella, y más si no está presente.
—Se ve que estas muy coladito por ella —se burló y Minato entrecerró la mirada, debatiéndose si darle una paliza él mismo. Siempre fue un chico pacifico que veía las peleas sin un fin justificado como algo estúpido y denigrante, pero esta vez su juicio estaba en duda si se justificaba por darle una tunda al Uchiha, se lo merecía por hablar así de la pelirroja.
—Kushina-san es una gran chica y...
—Tu no conoces a Kushina, así que cállate— replico bruscamente el azabache, chocando sus ojos negros en unos azules -Yo soy su mejor amigo, yo sé cómo es ella realmente. Solo porqué estás enamorado de ella no ves ciertos aspectos negativos.
—¿Aspectos negativos? Por lo que sé, esa chica te salvo de la muerte más de una vez.— espeto el rubio.
—Lo sé y siempre le estaré agradecido, Namikaze. Pero no vas a negar que Kushina sea violenta, caprichosa y muy irritable —apoyo sus manos sobre el suelo para que lo ayudasen a levantar; tomo un palo que curiosamente se hallaba cerca de él y lo utilizo para apoyarse en el —¿Qué puedes saber tu si Kushina ni siquiera te recuerda? Solo estás perdiendo el tiempo.
Minato cerro sus puños con fuerza mientras miraba hacia abajo, repasando una y otra vez las palabras que el azabache le dejo antes de irse. Se sentía decepcionado, triste y bastante asustado porque por una parte su cerebro le decía que lo que Fugaku le había echado en cara era la única verdad. Minato no conocía realmente a Kushina, no sabía que color le gustaba, que pasatiempos solía hacer cuando no estaba de misiones o con sus amigos, si tenía algún vicio o si quiera si tenía algún hermano o hermana. Se sintió aún más fatal cuando el sentimiento de vacío persistió en él, sus piernas se movieron hacia el camino que apuntaba hacia su departamento, pensado una y otra vez.


Fugaku apenas había dado más de tres pasos cuando Minato se marchó. Lo maldijo en voz baja porque el muy carbón no había tenido en consideración que su "amor platónico" le había roto todas las costillas, y sin embargo se había marchado, como si le importase poco. Si, bien, se había pasado un poco por lo que le había dicho, pero nada fuera de la realidad.
—El muy maldito pudo haberme llevado una cuadra más —pensó con resentimiento, aun arrastrándose con ayuda del palo.

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¡Sayonara, ttebane!