Disclaimer: Los personajes son exclusivos de Kishimoto, pero los tome prestado para hacer esta historia n.n


N/A: ¡Holis! Siento haber tardado en subir, pero estuve enferma con una gran gripe y apenas y podía levantarme de mi cama. En estos días he podido sentirme un poco mejor y terminar el capítulo. Contiene un poco mas de acción que los anteriores y espero que sea de su agrado. Gracias a todos aquellos que comentan, siguen la novela y les colocan el favorito; también a los lectores fantasmas. Una vez mas, gracias.


Capitulo cuatro

Interviniendo


Era su quinto tazón de miso ramen y su estómago se sentía más que feliz, pero no comprendía el por qué había una angustia y molestia en su pecho cuando recordaba a Mikoto arrodillada al lado de un mallugado Fugaku.

–Fugaku-baka hasta el ramen me echo a perder – gruño molesta y termino su tazón bebiéndolo con un gesto poco femenino y se limpió la boca con el brazo.

La pequeña Ayame apareció detrás del mostrador y se subió arriba de un pequeño banco que le permitía estar a la altura para atender la tienda y ayudar a su padre. Observo a la pelirroja y una gota resbalo de su cabeza al observar el fuego que desprendía de ella. No sabía si llamar a su padre para advertirle que preparara otro tazón más grande y más delicioso que el anterior si es que no quería ser el saco de golpes de la muchacha.

– Kushina-san – llamo la pequeña, captando la atención de la muchacha. La niña se tensó al recibir la mirada asesina y se contuvo para no echarse a llorar – ¿Qui-quisiera o-otro?

Pero la pelirroja solo bajo la cabeza y asintió mientras se desviaba en sus pensamientos. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué esa horrible sensación la perseguía? ¿Por qué esa tristeza?

– Kushina-chan – su nombre fue pronunciada por una dulce voz femenina. Kushina giro su cabeza sobre su hombro y se encontró con la dulce Hana Hyuga, su mejor amiga; la única niña que no le hizo el desprecio por golpear a los niños que le molestaban por su cabello.

Hana era una muchacha de unos diecisiete años y de rango chunnin, su cabello era negro con reflejos azules, sus ojos blancos como la luna y siempre traía una sonrisa dulce marcada en su rostro.

– Hana-chan – murmuro la pelirroja y luego le regalo una sonrisa sincera – ¿Vienes a comer ramen conmigo? Mira que ya te llevo cinco tazones por delante, ttebane.

– Dame uno, por favor, y el mismo que ella – le pidió a la pequeña Ayame que había vuelto de darle la orden de la pelirroja. Esta asintió y volvió a correr hacia la cocina. – ¿Cómo has estado, Kushina-chan? – pregunto mientras se sentaba en la banqueta al lado.

– Hambrienta, dos semanas fueron mucho sin el Ichiraku. Imagíname en un bosque con Shibi-kun y Fugaku-baka y luego una aldea que no sabe lo delicioso que es el ramen. ¡Fue una pesadilla! – sus lágrimas salieron de sus dos ojos como cascadas a la vez que mordía una servilleta y la estiraba mientras Hana la observaba con varias gotas en la cabeza.

– Pues qué bueno que ya estés devuelta.

– ¿Y qué tal has estado tú? – Hana se encogió los hombros y bajo la mirada, mostrándose triste. – ¿El amargado de tu novio no te ha dado problemas? Ya sabes que puedes contar conmigo – ante esto último, Kushina tomo las manos de Hana y esta le sonrió con dulzura y cerrando los ojos.

– Gracias, Kushina-chan, pero no es Hiashi quien me preocupa... es Hizashi. – la pelirroja frunció el ceño ante ello.

– ¿Qué paso? – inquirió la muchacha con preocupación.

– Su pedido – dijo Teuchi dejando los tazones enfrente de las muchachas y regalándoles una sonrisa, pero se espantó en cuanto noto el aura demoniaca de Kushina.

– ¡No interrumpa que estamos hablando de algo importante, ttebane! – le grito logrando que el hombre se encogiera de tamaño por el miedo y asintiera repetidas veces mientras sudaba muchas gotas a la vez.

–Debí hacerle caso a Ayame. Hoy Kushina-chan esta de muy mal humor – pensó Teuchi. – L-lo sient-o, la casa invita je-je

– ¡Gracias, ttebane! – exclamo Kushina sonriendo – Ve a prepararme otro, y Hana, si tú quieres pide otro que Teuchi nos invitara a partir de ahora.

– Kushina-chan, creo que eso no es lo que quiso decir Teuchi-san, sino que...

– Ya sé, ttebane – asintió fastidiada – solo será por hoy todo lo que podamos comer. ¿Verdad, Teuchi?

¿Qué le rompan los huesos o perder dinero?

– Por supuesto – afirmo el hombre y se escabullo a la cocina antes de que Kushina siga aprovechándose de él y su profundo miedo a despertar la ira.

– Ahora sí, dime.

Hana suspiro antes de comenzar su relato.

– Ya sabes los problemas del clan entre las dos ramas, y eso comenzó a afectar ahora la relación entre ellos...

– Pero si Hizashi siempre dijo que Hiashi era el bebito de mamá y le rompía la tarea en la academia – dijo Kushina y se encogió los hombros – No sé qué tipo de relación tendrán ellos, pero siempre vi que no eran muy buenos hermanos entre ellos.

– Pero siguen siendo hermanos, Kushina-chan, y lo que me preocupa es como Hizashi nos evade o nos trata de esa manera tan... respetuosa... Creo que esto de la rama primaria y secundaria es más grave de lo que siempre pensé que fuese.

– No te desanimes, Hana-chan – la pelirroja le brindo una sonrisa dulce y sincera – Verás que es solo por un breve periodo. Aparte Hizashi no es ningún amargado como su tonto hermano, de lo contrario no me caería tan bien.

Hana sonrió encerrando los ojos. – Gracias Kushina-chan

– Su pedido – dijo Teuchi dejando dos tazones de ramen gigantescos delante de ellas, lo que hizo que el ojo derecho de Hana tuviera un tic, preguntándose como un ser humano podría terminar aquello. Podría jurar que su cabeza era mucho más pequeña que el gran tazón que había frente a sus ojos.

– ¡De esto hablaba, ttebane! – exclamo la Uzumaki y se dispuso a tragar los fideos.

– Bueno, ella si puede – pensó la ojiblanco y de dispuso a imitar a su compañera, solo con movimientos más delicados y sin tanta ansiedad.


Era hermoso día, realmente hermoso como para aprovecharlo junto con su novio recién salido del hospital. Mikoto se encontraba frente al espejo de su habitación terminando de arreglar su lizo y suave cabello. Presentía que aquel día iba a ser genial con su amado Fugaku, después de todo había tenido que suspender su cita debido a los inconvenientes con Uzumaki Kushina, pero finalmente podrían disfrutar un momento para ellos dos.

Se retiró de su hogar no sin antes de agarrar dos bentos para el almuerzo. Se había levantado temprano para poder cocinarle algo rico a su novio, incluso se encargó de aprender recetas nuevas que incluyeran el tomate, ya que Fugaku amaba mucho esa fruta.

Se encamino hacia el lugar donde habían acordado encontrarse, Fugaku la esperaba en la entrada del distrito Uchiha con los brazos cruzados y la mirada perdida hacia un punto perdido.

– Se ve tan sexy con esa expresión – Mikoto sonrió con las mejillas sonrojadas. Corrió hacia su novio y este capto su presencia cuando estuvo a unos pasos de ella. – Buenos días, Fugaku – dijo una vez delante del Uchiha, este le dedico una mueca que se interpretó como una pequeña sonrisa.

– Buenos días, Mikoto – respondió él observando su novia de los pies a la cabeza, se veía hermosa con ese vestido blanco y adornado con flores azules.

Noto detrás de la muchacha ciertas miradas hacía ella, por lo que no tardo en mostrar su sharingan hacia aquellos idiotas que se creían privilegiados por echarle miradas a su novia sin que él hiciesen nada. Los espectadores sintieron los escalofríos al ver el sharingan del heredero del clan, por lo que se marcharon con rapidez antes de que fueran cazados uno por uno.

– ¿Sucede algo, Fugaku? – inquirió la peliazul con el ceño fruncido, preguntándose porqué su novio tenía activado el sharingan.

Fugaku desactivo el poder ocular y solo tomo la mano de su novia –Nada, no te preocupes.

Mikoto se encogió de hombros y se dispuso a seguir a su chico, sintiendo sus mejillas enrojecer en cuanto noto lo perfecto que se veía su mano siendo estrechada con la de Fugaku.

– Definitivamente, hoy será un gran día.


Mikoto y Fugaku se encontraban sentados sobre una pequeña colina donde se podía observar perfectamente toda Konoha en su resplandor del día. Mikoto había colocado una manta de color blanco y rojo con cuadros y ambos se sentaron. Le tendió en bento que le había preparado a Fugaku y este se sonrojo violentamente al notar el gesto de su novia. Él ni siquiera había pensado en almorzar al aire libre, tenía en mente llevarla a almorzar a un restaurante, pero ella había insistido con ir allí y notaba el por qué. Le había preparado un almuerzo con todo aquello que a él le encantaba.

– Hmph... Gracias – murmuro con la vista hacia abajo y las mejillas aun sonrojadas.

– No es por nada, puedo hacerte el almuerzo cuando desees – respondió la kunoichi con las mejillas rojas también.

El amor rodeaba a la pareja mientras los pajaritos cantaban y la brisa era ligera y cálida. Ambos estaban felices de pasar tiempo juntos, Mikoto porque adoraba estar con él y Fugaku por la misma razón, además de que podía permitirse ser más demostrativo al estar delante solo con su novia.

– ¿Quieres? – Mikoto levanto una pequeña salchicha en forma de pulpo con sus palillos y Fugaku asintió tímido aun con las mejillas sonrojadas.

La peliazul acerco los palillos hacia Fugaku y este abrió la boca para recibirlo, pero de un momento a otro su cuerpo fue impulsado hacia el sentido contrario de donde estaba su novia y choco contra uno de los árboles. Tomo su cabeza con fuerza y maldijo en voz baja el terrible golpe que se había llevado. Levanto la vista y fulmino con el sharingan a quien había osado a hacerle tal cosa, pero se impresiono al encontrar a Kushina masticando la salchicha que Mikoto le había dado a él (o esa había sido la intensión)

– ¿Qué demonios hace Kushina aquí? – pensó con los ojos abiertos, luego los entrecerró para mirar molesta a la pelirroja.

– ¡Esta muy rico, ttebane! – exclamo Kushina con las mejillas sonrojadas y los ojos cerrados. Mikoto por un momento desvió su mirada molesta para evitar sonreírle ante su alago. No, si tenía que sonreírle, ayudaría a acercarla a Minato.

– Muchas gracias, Kushina-san – sonrío cerrando los ojos – Que no se note que la detestas.

– Que sonrisa tan forzada, ttebane – pensó Kushina con una gota en la cabeza, pues se notaba en las comisura de los labios de la peliazul estaban temblando. Sonrió con victoria – Sufrirás, Uchiha. Nadie hace infeliz a Fugaku–baka más que yo.

– ¡Kushina! – grito Fugaku enojado. Se levantó con rapidez y quito de su cabello las hojas que habían quedado.

– ¿Qué? – inquirió la pelirroja mirándolo sobre su hombro.

– ¿Qué haces aquí? – Fugaku se cruzó de brazos y espero la respuesta de su amiga. Esta solo se encogió los hombros.

No puedo ser tan obvia, necesito que Fugaku-baka no se entere de mis intenciones – se dijo a si misma interiormente y luego sonrió – ¡Pues nada, ttebane! Tenía hambre y pensaba dirigirme al Ichiraku después de mi cansado entrenamiento, pero al verlos pensé en pasar a saludar.

– Si como no. Esa patética tan excusa la daría el mocoso de Obito – pensó el azabache, recordando las numerosas veces en que su sobrino se quería pasar de listo teniéndolo esperando por horas cuando lo único que necesitaba era que le llevara un recado a Mikoto. –Además no tiene siquiera un rasguño – se fijó en la apariencia de la chica y entrecerró los ojos – Pues ya nos saludaste, puedes irte.

– ¿Disculpa? ¿Acaso necesito tu permiso para marcharme? – dijo Kushina, enojándose y parándose, enfrentándose a su amigo, tirando rayos de ellos – Estúpido, seguro quiere quedarse con Mikoto para hacerle cochinadas.

– Ya, no se peleen – intervino Mikoto colocándose entre ambos y levantando las manos. Lo que menos quería era que la Uzumaki dejara inhabilitado a su novio nuevamente. – No le veo el problema en que Kushina-san pase el almuerzo con nosotros, he hecho bastante – volvió a mostrar una sonrisa falsa, pero esta vez estaba más disfrazada, puesto que la anterior la había tomado por sorpresa – Lo haré solo por Minato-kun. Después de todo lo que él ha hecho por mí, lo mínimo que puedo hacer es ayudarle a conquistar a Kushina-san, por más que me caiga pésimo.

– En ese caso ¡A comer, ttebane! – exclamo la pelirroja y se dispuso a comerse todo lo que había en el bento de Fugaku con desesperación y para nada de modales.

A ambos Uchiha se les resbalo una gota por la cabeza al ver tal escena.

– Supongo que deberé acostumbrarme. Después de todo, es la mejor amiga de Fugaku – pensó Mikoto, aunque muy por dentro se sentía un tanto insegura de que tan amigos eran.

Abrió los ojos en grande al darse cuenta de sus pensamientos. Dirigió la mirada hacia su novio y noto como este se contenía para no gritarle. No, era obvio que solo eran amigos porque estaban en el mismo equipo y la muerte de su sensei los había unido. Era estúpido pensar que Fugaku o Kushina tendrían sentimientos uno por el otro.

O tal vez no.


– Entonces Fugaku-baka en un acto heroico mostró sus calzones de corazones a las bandidas para que soltaran a Shibi-kun, pues eran mujeres que se habían criado en los bosques y se les hacía interesante Shibi-kun. En cambio, a Fugaku-baka le dieron una paliza tremenda, y por lo que entendí, eso fue un insulto hacia su persona y al hombre que ellas deseaban...

Mikoto escuchaba con los ojos abiertos y sin poder creer lo que Kushina le estaba contando. ¿Enserio su pobre chico tuvo que pasar cosas así? Aunque si era sincera, prefería que le den una y mil palizas a que le toquen un solo pelo de su hermoso ser.

En cambio, Fugaku estaba completamente rojo y mordiéndose el puño mientras de sus ojos salían cascadas de lágrimas al recordar el despreció que esas mujeres le hicieron.

– ¿Que tiene el raro de Shibi? Si, puede que los Aburame's sean dotados en ese sentido, pero los Uchiha tenemos dignidad y honor en nuestro clan. –pensó el muchacho y esperaba ansioso a que Kushina se dignara a cerrar la boca y dejara de avergonzarlo.

– ¡Oh, ttebane! Casi olvidaba – exclamo la Uzumaki golpeando su frente con la palma de su mano. Fugaku espero ansioso para que diga que tenía que hacer un recado o tirarse de un río, no importaba, cualquier cosa era genial para librarse de esa molestia – La mama de Fugaku-baka tiene fotografías de él con un vesti––

– ¡Suficiente! – exclamo el azabache y se apresuró a taparle la boca a su amiga. Mikoto se extrañó ante ello y no evito sentirse un poco celosa ante la cercanía que había entre ambos – Vamos a tomar un helado, yo invito.

Kushina lo empujo y elevo los brazos al aire – ¡Quiero de todos los sabores que tengan!

– Pero eso sería un dineral para Fugaku – comento Mikoto sin pensar.

– Fugaku-baka siempre me compra de los sabores que quiero – replico Kushina como si fuese una niña llena de alegría, pero por dentro estaba ella misma con los brazos cruzados y riéndose maliciosamente. – Puedes ser la novia y todo lo que quieras, pero Fugaku-baka siempre tendrá más privilegios conmigo.

– Oh, ya veo – murmuro Mikoto fingiendo una sonrisa, pero por dentro estaba ella misma con los puños encerrados y moviéndolos a sus costados como una niña molesta – ¡La odio, la odio! ¡Ni que piense que seguirá aprovechándose de MI Fugaku!

De pronto ambas empezaron a reír exageradamente y Fugaku se preguntó de qué rayos se había perdido mientras una gotita se hallaba en su cabeza.


– Lamento no poder acompañarlos a tomar un helado – dijo Mikoto haciendo una reverencia y mirando triste a su novio, quien tenía la mirada hacia otro lado y estaba cruzado de brazos. Sabía que estaba molesto, no con ella sino con su mejor amiga, pero había sido su culpa porque había invitado a la pelirroja a almorzar con ellos, y ahora tenía que ir a ayudar a su madre con los preparativos del festival que se acercaba en Konoha. Una de las muchachas se había enfermado y la mando a llamar con urgencia.

– No te preocupes, ttebane – Kushina le sonrió con los ojos cerrados y alzo el pulgar en alto – Será para la próxima.

– Sin dudas, Kushina-san.

Obviamente la actitud de las dos chicas tan amables y simpáticas era pura falsedad, ambas lo notaban y hacían lo imposible para hacerse las desentendidas, después de todo tenían intereses cada una y estaban dispuestas a hacer lo que sea para llegar hasta ellos.

Él único que no se daba cuenta era Fugaku, pero no era por despistado o porque era un baka como su amiga solía decirle, sino porque estaba más concentrado en retener sus impulsos de gritarle a la Uzumaki. Sabía que esta le daría una paliza y lo que menos quería era verse ridículo ante la mirada de Mikoto.

– Entonces, hasta luego – saludo la peliazul con la mano y le dedico una sonrisa en grande a su novio cuando este le dirigió una dulce y triste mirada que no solo ella noto, sino también Kushina.

La pelirroja se molestó a tal punto de morderse el labio por puro reflejo hasta que sintió el sabor metalizado de la sangre. ¿Qué le pasaba? Ya estaba cansándose de no saber porque tenía esas reacciones y sentimientos de angustia y tristeza cada vez que veía algo así entre la pareja. De seguro era porque Fugaku era tan patético que le daba lastima.

– Si, eso tiene que ser, ttebane – asintió segura y Fugaku frunció el ceño.

– ¿Y ahora qué le pasa? – Se preguntó a sí mismo y suspiro – Ahora que Mikoto no está – el azabache tomo una profunda respiración antes de continuar – ¿Se puede saber por qué interviniste entre nosotros?

– Ya te lo dije, fui a entrenar y tenía hambre – replico Kushina un tanto nerviosa y se encogió los hombros. Comenzó a caminar en sentido contrario de donde se había ido Mikoto, pero Fugaku se posiciono delante de ella, cortándole el paso, lo que la hizo sentirse más nerviosa.

– No pareces nada desprolija por tu entrenamiento – el Uchiha entrecerró los ojos y truenos sonaron detrás de él, asustando a Kushina ¡Estaba por ser descubierta!

– E-es que y-yo...– balbuceo mientras se rascaba la cabeza y su sonrisa temblaba.

– ¡Kushina! – bramo Fugaku molesto y con el sharingan activado – ¡Lo hiciste para arruinarme el día con Mikoto!

– ¡¿Qué?! ¡¿Y qué intensiones tendría yo para hacer algo así, ttebane?! ¡¿Crees que eres un mundo en un ombligo?!

– ¡Es "ombligo del mundo"! ¡Y no viene al caso! – Fugaku se dio cuenta pronto que tenía algunos espectadores, por lo que carraspeo y se cruzó de brazos – Deja de meterte en mi vida, Uzumaki.

– ¡¿Y por qué crees que yo perdería el tiempo en ti, ttebane?! – espeto Kushina señalándolo con el dedo índice.

– No lo sé, solo no me jodas. Molesta.

Ese maldito apodo, uno que solo él solía decirle. Lo odiaba incluso más que el de "tomate". Con mucho odio contenido, le dio un puñetazo y que hizo que Fugaku se elevara hacia el sueño. Kushina se sacudió las manos mientras caminaba lejos de allí y escuchaba la maldición que soltó su amigo al caer arriba de un árbol. Se había salvado, al menos no había sido arriba de ella que estaba lista para seguir dándole golpes, pero prefirió ese día no hacerlo, no se encontraba demasiado de ánimos.


– Kushina Uzumaki – un anbu apareció de repente en su camino, asustándola. Iba tan sumergida en lo que sucedía dentro de ella que no noto que iba por un rumbo fijo y solo se paseaba una y otra vez por las calles de Konoha. Para colmo, Fugaku-baka no le había comprado su helado.

– ¡Ten más cuidado, ttebane! – le grito y el de la máscara se cayó hacia atrás del susto.

– S-si – asintió el hombre repetidas veces. ¿Por qué lo enviaban a él con ella si le daba terror?

– ¡Dime que quieres!

– ¡El Hokage requiere su presencia! – Exclamo con rapidez y se levantó, haciendo repetidas reverencias – ¡Lo siento, Uzumaki-san! ¡Con permiso!

Y sin más el anbu desapareció dejando humo en el lugar donde había estado anteriormente.


– ¡Entonces Fugaku-baka me grito y me dijo que dejara de entrometerme en su patética vida! ¡¿Quién demonios se cree?! ¡¿Es que no se da cuenta que yo en verdad me preocupo por él?! ¡Solo quería asegurarme que esa Uchiha no le rompiera el corazón, ttebane! ¡Maldito amargado!

Kushina caminaba alrededor de la habitación una y otra vez mientras le explicaba a gritos a la persona que estaba detrás del escritorio. No había podido aguantarse más después de la pelea con el Uchiha, pero a ella no le importaba si este la odiaba de por vida. No iba a permitir que nadie humillara así a Fugaku–baka sino era ella. Después de todo, hacía años su profesión, además de ser ninja, era molestar a su amigo ¡Pero no era cualquier amigo! Era su mejor amigo, su compañero de equipo, ese que también la acompañaba a comer ramen por más que odiara el ramen. ¡Ella no iba a permitir que le arrebataran a su estúpido mejor amigo para volverlo un bobalicón como lo estaba haciendo con la Uchiha! Y mucho menos si esta pretendía destrozarle ese cubo de hielo que tenía por corazón.

– Comprendo la situación, Kushina – comento el Tercer Hokage mientras le daba una calada a su pipa – Pero yo te estaba hablando sobre la misión que recientemente te he asignado.

– ¡¿Usted también, Hokage-sama?! – exclamo ofendida. Al tercero se le llenaron de gotas en la cabeza. – ¡Usted esta tan desinteresado por el pobre de Fugaku-baka! – le señalo con el dedo índice al viejo y este se retrocedió al sentir el tacto casi en su nariz – ¡A usted le importa un tonto pergamino que fue robado! ¡Seguramente es una estupidez como un jutsu que podría hacer viajes en el tiempo o lo que podría provocar sequias, terremotos o que los volcanes estallen! ¡Debería darle vergüenza!

¿Enserio debería darme vergüenza preocuparme por un pergamino con un jutsu prohibido que por la relación entre Fugaku y Mikoto, sin mencionar los celos evidentes de Kushina? Esta chica está exagerando – El tercero siguió fumando de su pipa mostrándose siempre tranquilo mientras la Uzumaki seguía gritando y maldiciendo. En cierta parte le divertía todo aquello y le causaba curiosidad lo que Kushina haría con esos dos, después de todo era divertido para él escuchar las travesuras de la pelirroja.

– ¡No puede asignarme una misión cuando me he puesto una misión a mí misma! – Aseguro la Uzumaki, tocando su pecho – ¡Yo voy a impedir que esta aldea se hunda, ttebane! – el tercero frunció el ceño sin entender. Kushina revoleo los ojos – ¿Es que no lo ve? ¡Si esa Mikoto se casara con Fugaku, entonces sería el fin de Konoha! ¿No cree que la aldea entera se revelaría porque uno de los líderes de los clanes más poderosos está casado con una arpía como ella? ¡No se deje engañar, Hokage-sama! ¡Esa Uchiha es más astuta de lo que cree!

– Definitivamente está exagerando – soltó el humo que había contenido en sus pulmones para luego hablar– Bien, Kushina, tu misión entonces es averiguar las intenciones que tiene Mikoto con Fugaku. Pero si estas son sinceras y realmente quiere estar con él, entonces deberás respetar esa decisión al igual que toda Konoha.

– Pero si ella juega con él, entonces...

– Ya veremos luego aquello, aún es muy pronto. Mientras tanto podrías venir una vez por semana para darme tu informe acerca de sus movimientos.

– ¡Si, Hokage-sama! – exclamo Kushina poniéndose derecha y con la mirada llena de determinación – ¡Le prometo que pondré todo mi empeño en esta misión, ttebane!

Y así como el remolino que causo cuando llego, también lo causo cuando se marchó. El tercero miraba la puerta destrozada mientras la otra colgaba en el aire. Largo otro suspiro y sonrió ligeramente, no era buena idea mandar a Kushina a una misión de alto rango solo para que corriera peligro, estaría distraída y no era lo que necesitaba.

– No entiendo porque le seguiste todo ese juego a la mocosa, viejo – le dijo una voz muy conocida que provenía de la ventana.

– Kushina es alguien muy profunda y pasional. Ella haría lo que fuese por proteger a quienes quiere. Hay que dejar que luche en esta misión personal, y resolverla sea cual sea la respuesta – comento el Hokage con sabiduría.

– ¿Por qué definitivamente no le dices que está enamorada del Uchiha? – insistió Jiraiya, entrando de una buena vez a la oficina de su maestro.

– Porque sus reportes serán muy entretenidos...

– Maldito viejo, sabía que lo hacía para divertirse – Jiraiya entrecerró los ojos ante las verdaderas razones de su sensei.

– Además, a veces necesitamos pasar nuestras propias experiencias para descubrir nuestros sentimientos y podamos crecer por nosotros mismos.

– Mentira, solo lo haces para divertirte – le acuso su alumno.

El tercer Hokage no respondió y se fijó en la misión que la Uzumaki había rechazado.

– Jiraiya prepárate porque tienes una nueva misión.

– ¿Y yo por qué? Estoy en mi semana libre – refunfuño el peliblanco mientras fruncía el ceño.

– Tu semana libre estará en receso, te iras de misión.

– Maldito viejo aprovechado.

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Jejeje, Fugaku tiene a dos mujeres hermosas peleándose por él y no se da cuentaxd

Subiré próximamente en cuanto pueda. Mañana comienzo la universidad nuevamente y tengo que ajustarme con los horarios.

Sayonara, ttebane!