Disclaimer: Los personajes son exclusivos de Kishimoto, pero los tome prestado para hacer esta historia n.n
N/A: 20 paginas. 5.386 palabras! Hace bastante tiempo que no escribo un capitulo tan largo. ¡Gracias por todos sus reviews, fav&follows! Se los agradezco muchísimo, y sin más charla, les dejo el capitulo.
Capitulo Seis
Semana de travesuras
Martes
Mikoto seguía bastante enojada por lo sucedido con el cuadro y el portarretratos, tanto que Fugaku termino pagando los platos rotos por culpa de la pelirroja.
El azabache le molestaba que Mikoto le echara la bronca solo porque Kushina era su mejor amiga, pero ¿qué culpa tenía él? Nunca eligió a la chica para que ocupase ese lugar, sino que ella misma se había ganado el puesto y fue demasiado tarde cuando se dio cuenta. Pero ya, Kushina estaba haciéndole la vida imposible, aún más desde que empezó su relación con Mikoto. Podía soportarla una que otra vez, pero que le arruinara una relación que tanto le costó construir... eso no podía permitirlo.
Decidido a tirar su orgullo nuevamente por la mujer que amaba, fue hasta la florería Yamanaka y le encargo a la madre de Inoichi un ramo de rosas que tanto le gustaban a Mikoto. Por supuesto, no iba a pasearse con un ramo de rosas hasta llegar a el barrio Uchiha y en el camino todos los aldeanos lo miraran raro, además él tenía que presentarse en la oficina de su padre para llevarle unos papeles al Hokage. Gracias a este motivo, llevo a su sobrino Obito Uchiha. Era el hijo de su primo, un gran amigo y mentor cuando era niño, por eso mismo aguantaba al inútil de su hijo, de lo contrario se hubiera asegurado que la primera orden fuese desterrarlo de los dominios Uchiha.
La desgracia es que el renacuajo no se callaba.
—¡Detesto a ese simplón de Kakashi! — exclamo el niño de aproximadamente ocho años. Sus rasgos infantiles se mostraban llenos de bronca y simulaba golpear a alguien en el aire — ¡Juro que algún día le voy a dar una paliza y...!
—Cállate —le envió una mirada fulminante que logro intimidar al niño y se felicitó por dentro— Tengo que hacer esto más seguido, me ahorraría escuchar sus patéticas historias.— pensó con soberbia y evito colocar una sonrisa arrogante en su rostro. Pararon de caminar en la florería Yamanaka — Quiero que recojas unas flores que encargue en una hora. Te esperare en la entrada del barrio Uchiha, y asegúrate que Mikoto no te vea.
—¡A la orden, jefazo! —exclamo el niño con una gran sonrisa y colocando su mano en su frente como saludo militar.
Fugaku revoleo los ojos y se marchó, esperaba que ese pequeñajo no le arruinara las cosas o iba a golpearlo.
Tenía el ramo de rosas en sus manos, y aunque había encontrado a Obito durmiendo detrás de un árbol, las flores por suerte no sufrieron algún daño. Camino por el barrio con la cabeza abajo mientras los de su clan lo observaban sorprendidos y murmurando entre ellos. El futuro jefe del clan con un ramo de rosas para su novia. Algunos lo envidiaban, las mujeres suspiraban, otros apostaban que le pediría matrimonio y cierto porcentaje aposto que se le negaría. Fugaku ignoro todo esto porque de lo contrario terminaría acabando con su propio clan.
Se presentó delante de la casa de Mikoto y golpeo la puerta. Segundos después, una muchacha de cabellos azules abrió la puerta encontrándose a su novio con sus flores preferidas.
—¡Fugaku-kun! —chillo emocionada y las tomo de inmediato para inspirar su aroma.
—¿Te gustan? —susurro el Uchiha con un sonrojo en sus mejillas. Coloco una mano detrás de su nuca y masajeo esa parte mientras evitaba mirar a su novia.
—Si —contesto Mikoto con las mejillas enrojecidas al igual que su novio.
De las rosas salió una abeja que dejo a Fugaku petrificado. Él era alérgico a las abejas.
De un manotazo, tiro las rosas de Mikoto y salto arriba de ellas para matar a la estúpida abeja, pero no se dio cuenta del aura maligna que desprendía su novia, por lo que, cuando lo noto, ya era demasiado tarde: Mikoto quería asesinarlo.
—¡Fugaku-san! ¡Fugaku-san! ¡Ocurrió algo!—entre los golpes que le proporcionaba su novia, escucho el griterío de Obito y pensó en advertirle que la dulce Mikoto se había convertido en todo lo contrario. Por suerte, esta había cesado cuando llego el niño —¡Lo siento, señor! —Obito hizo una exagerada reverencia ante el azabache que seguía tirado en el suelo —¡No pude evitar que Kushina-san le colocara esa abeja y me noqueo antes que pudiese hacer algo! ¡Mi padre me dijo que usted es alérgico a las abejas y vine tan pronto como sea posible para advertirle!
—Hubieses llegado cinco minutos antes, Obito —mascullo con una ira creciendo dentro de sí.
—¡Por Kami! —chillo Mikoto cubriendo su boca con sus manos.—¡Lo siento mucho, Fugaku-kun! —ayudo a su novio a ponerse de pie y le sacudió la ropa. Levanto la cabeza y lo miro completamente arrepentida. Fugaku no se molestó en lo absoluto, no podía enojarse con ella después de lo que había hecho (sin querer, obviamente).
—Está bien —asintió el azabache y dejo que Mikoto lo mimara, pues le gustaba aunque nunca lo admitiría en voz alta.
Sintió un pinchazo en su brazo derecho y gruño por ello, cuando miro el brazo noto la maldita abeja clavada en su piel y se marchó volando por el aire, desapareciendo en cuestión de segundos.
Un tic en el ojo de Fugaku se hizo presente al igual que la terrible hinchazón que hizo a Mikoto y a Obito chillar.
Lo llevaron a urgencias donde Tsunade lo atendió y pregunto qué era lo que había sucedido. Mikoto iba a explicarle con sencillez que Fugaku había sido picado por una abeja y era alérgico, pero Obito se ocupó de una hora y media contándole como había empezado su día hasta llegar al momento donde habían picado a su tío. Para ese entonces, Fugaku estaba agonizando de dolor y su brazo estaba completamente deformado.
—No hay nada que no pueda solucionarse —dijo Tsunade con una sonrisa en su rostro y saco de un cajón una gran jeringa —Solo te aplicare esto. Obito, será mejor que salgas afuera, pídele a una de las enfermeras que te de una paleta.
—¡Gracias, Tsunade-sama! —exclamo el niño y se marchó.
—Bien, Fugaku, bájate los pantalones.
Los colores de la pareja se subieron en el rostro. Para Fugaku no podía ser nada más humillante que lo pincharan en el trasero mientras que Mikoto se juró vengarse de la pelirroja.
—¡Kushinaaaaaaaaaa! —grito el azabache cuando sintió el pinchazo.
Miércoles.
A pesar de que le había insistido a Fugaku que se quedara en su casa a descansar, este insistió en llevarla a los botes de los enamorados que estaban disponibles esa tarde para las parejas. Mikoto no iba a negar que estuviera muy feliz de que su novio se arriesgara por ella, pero también estaba muy preocupada.
Fugaku, por el contrario, estaba hirviendo de la rabia. La maldita de Kushina no había aparecido en ninguna parte por más que la buscase, ninguno de sus compañeros habían dado con ella, ni siquiera Hana o Shibi. Iba a gritarle un par de cosas cuando la viera. Pero por ahora se ocuparía de hacerle pasar un buen día a su novia.
Ambos se subieron en uno de los botes en figura de cisne blanco y pusieron sus pies sobre las palancas. Comenzaron a mover sus pies para lograr el efecto de que el bote también se moviera. Había algunas parejas también allí, Fugaku logro divisar a Jiraiya con otra chica que no era la que estaba aquel día del retrato y la fotografía. También estaba Tsunade y Dan a unos metros de ellos.
—Gracias por traerme, Fugaku-kun —dijo Mikoto, atrayendo la atención de su novio. Este se sonrojo y miro hacia otro lado.
—Hn.
Las mejillas de la peliazul se volvieron rojas y pensó que no había nada más lindo que su novio. No fue hasta que escucho el ruido del agua y volteo a mirar a su lado, abrió en grande los ojos al ver a Fugaku en el agua y mirando fijamente hacia atrás. Mikoto estiro el cuello y logro ver a Kushina con una sonrisa zorruna en su rostro.
—¡¿Qué crees qué haces?! —le grito el azabache moviendo un brazo en alto y con el otro apoyándose en el bote.
—Lo siento, me equivoque de bote, ttebane —se encogió de hombros y desapareció de repente dejando el humo por donde estaba.
—¡Kushinaaaaaaaaaaa!
Jueves
—¿Estas segura que quieres cuidar a Fugaku?—pregunto Yuuki Uchiha con preocupación. Estaban en la sala con los dos padres de su novio y solicitaba el permiso de cuidarlo para que ellos pudieran ir a sus compromisos. Se sentaron en el suelo mientras tomaban té en la pequeña mesa.
—Fugaku es algo difícil cuando se pone enfermo —comento Kenshin Uchiha con seriedad mientras le daba un trago de té.
—Puedo asegurar que daré lo mejor de mí para cuidarlo —dijo Mikoto con determinación y Yuuki le sonrió en grande.
—No lo dudo, querida. Pero Fugaku es muy berrinchudo cuando se enferma, ni siquiera yo puedo con él...
—Tal vez deberíamos llamar a Kushina-chan, ella si sabe controlarlo.
Mikoto frunció el ceño al escuchar el nombre de la pelirroja. ¿Es qué era ella quien se encargaba de cuidar a su novio cuando se enfermaba? Bien, eso era pasado, porque Fugaku ya tenía a alguien que le diera amor y atención. ¿Y cómo es eso que Kenshin-san, un hombre frío y severo, más que Fugaku, usara el sufijo "chan" en Kushina?
—Gracias, pero no creo que se necesite a Kushina-san. No quiero molestarla cuando yo puedo hacerme cargo.
Kenshin y Yuuki se miraron y se encogieron de hombro.
Fugaku estornudo y maldijo en voz baja a su compañera de equipo por decimoséptima vez en el día. Iba a vengarse lenta y dolorosamente, se juró. No iba a permitir que el gran Fugaku Uchiha siguiera siendo la burla de toda Konoha porque él era un gran shinobi, iba a ser legendario, el más apuesto y fuerte jefe que alguna vez los Uchiha hubiesen tenido. Sería temido incluso peor que Madara Uchiha.
—Cariño, ¿cómo te encuentras? —dijo Mikoto con preocupación mientras colocaba un trapo sobre su frente para tratar de bajar la fiebre.
Fugaku sonrió bobalicón ante los mimos de su novia, pero de inmediato quito esa estúpida expresión de su rostro. Si llegaba a mostrarse así sería el desprecio de su clan y todos los años que se pasó siendo un jodido amargado serían en vano.
—Me siento mejor —murmuro con la voz algo ronca.
Mikoto sonrió con dulzura al ver a su novio intentando hacerse el fuerte. Pobrecillo, había insistido en seguir con la cita y se había terminado enfermando. Por suerte, no era más que un resfrió. Se le había bajado bastante la fiebre y se veía grandes mejoras, y como no si se la paso mimándolo y cuidándolo toda la mañana y gran parte de la tarde.
—Fugaku-kun, tengo que ir a hacerle las compras a mi madre. Volveré en una hora ¿Si?
Fugaku asintió sin más, Mikoto se marchó no sin antes darle un beso en la frente que hizo que el rostro del azabache se pusiera rojísimo. Decidió echarse una siesta antes que Mikoto volviera, pero sintió una brisa en su espalda provocando un escalofrió. Cuando miro hacia la ventana la vio abierta y sobre ella estaba Kushina sonriendo maliciosamente.
—Ahora yo seré tu enfermera, Fugaku-baka.
Mikoto entro a la residencia principal de los Uchiha. Aún le daba un poco de pena tener esas libertades, pero la mamá de Fugaku insistió en que lo hiciera, pues ella estaba ayudando con el festival y su padre estaba trabajando.
Fue hacia la habitación de su novio para anunciarle su llegada, pero al entrar a la habitación se encontró con algo que no le gusto para nada: Kushina estaba arriba de Fugaku.
—¡Quédate quieto, ttebane!
—¡Odio esa maldita cosa! —replico Fugaku tomando los brazos de Kushina.
Mikoto reacciono a tiempo antes de echarse arriba de la pelirroja, pues viendo bien la escena, Kushina tenía una especie de crema en sus manos e intentaba pasarla por el pecho desnudo de su novio mientras este ponía resistencia. La pregunta era ¿por qué necesariamente debía colocarle crema en esa posición?
—Yo sé que le gusta, ahora se aprovecha porque el pobre de Fugaku está débil y quiere toquetearlo —pensó la peliazul, mirando con odio a la pelirroja a punto de saltar sobre ella.
La Habanera se dio cuenta sobre la mirada sobre nuca y giro un poco la cabeza para encontrarse con la mirada fulminante de Mikoto. Esto provocó cierta satisfacción en su interior, que no evito ladear una sonrisa socarrona en su rostro.
—¡Odio la crema! ¡Odio la crema! ¡Odio la crema! —chillo Fugaku como un niño berrinchudo.
Mikoto frunció el ceño ante el tono de voz de su novio. En todo el día se había quedado serio y tranquilo, pidiéndole con su típica voz inexpresiva lo que necesitaba o quería, pero con Kushina era distinto. Él se mostraba realmente como era con ella solo porque le tenía más confianza.
—Si me dejas ponerte crema, prometo darte todos los dangos que tengo en mi mochila.
La peliazul se asombró al ver a su novio serio y tranquilo mientras Kushina posaba sus manos sobre el pecho de este y comenzaba a masajearle en la zona de los pulmones por unos breves segundos.
—Quiero mis dangos.
—Ya te los doy, baka —dijo Kushina con cierta diversión en su voz. Se bajó arriba de Fugaku y saco de su mochila una bolsa de dango— Te daré pocos porque tienes que cenar aun, ttebane.
—¡Tú me dijiste que me darías todos, mentirosa! —replico como un niño de cinco años y comenzó a patalear—¡Quiero mis dangos, quiero mis dangos!
—Ya, ya; te daré unos más, pero el resto los comes de postre —Kushina termino convenciéndolo con una sonrisa en el rostro.
Fugaku comió los dangos con alegría y felicidad como un bebe que come chocolate por primera vez. Cuando termino el último dango, fue entonces que se dio cuenta de la presencia de su novia.
—Mikoto —murmuro con las mejillas enrojecidas. Temía que haya visto todo el espectáculo.
—Oh, Mikoto-san —Kushina fingió haberla visto recién y le sonrió amistosa, obviamente fingida. —No sabía que estabas cuidando a Fugaku-baka.
—Volví de unas compras—contesto una seria Mikoto, ni se molestó en pasar desapercibido el desprecio hacia la pelirroja—Pero ahora que Fugaku está en tus manos, supongo que ya puedo retirarme.
—¡Esper-! —Kushina coloco una cantidad de dangos en la boca de Fugaku y le sonrió falsamente a Mikoto.
—Sí, supones bien. Fugaku-baka está muy bien conmigo. —la malicia en su voz no se hizo esperar al igual que su mirada— Ya sabes, cada cosa en su lugar, ttebane.
—Con permiso —y con una reverencia, Mikoto salió de la casa de su novio y camino hasta la suya con los puños apretados —Lo siento, Minato, pero Kushina me quiere robar a mi novio y por nada del mundo tampoco dejaré que te quedes con una tipa así.
—¡Mikoto! —lloriqueo Fugaku con lágrimas en forma de cascadas.
La Uzumaki revoleo los ojos mientras soltó un suspiro. No había nadie que lo aguantara cuando se enfermaba, pero ella siempre ponía toda la paciencia del mundo (algo que simplemente la impresionaba porque nunca la tenía) para atenderlo lo más bien. Después de todo, no podía darse el lujo que Fugaku estuviese enfermo y no pudiese molestarlo.
—Ya deja de llorar, ttebane —pero esto solo hizo que su amigo llorara aún más —Te haré una tarta de tomate si dejas de llorar. Por cierto ¿Quieres una chocolatada? Cuando estas enfermo te encanta lo dulce.
—¡Sí!—exclamo un feliz Fugaku y en unos minutos tuvo su chocolatada bebiéndola desde una pajita que Kushina le coloco. De repente sus ojos se abrieron en grande y se dio cuenta de una cosa: la había cagado con Mikoto. —¡Kushinaaaaaaaaa!
Viernes
Había buscado por toda la aldea a su novia, todo había sido en vano porque Mikoto no aparecía por ningún lado. Ya se había recuperado del resfrió, a decir verdad Kushina conocía tan bien su organismo que sabía cómo curarlo en un par de horas y por eso sus padres siempre lo dejaban a su cargo, además de que lo consentía en todo y jamás revelaba aquel terrible secreto que solo ella y sus padres sabían. No era su maldita culpa actuar como un niño caprichoso cada vez que se enfermaba.
Estaba enfermo y quería dangos ¿Quien podía culparlo de no darse cuenta que debió correr tras su novia? Ahora Mikoto lo odiaba y la perdería con todo lo que le había costado que lo aceptara. Y todo por culpa de Kushina, porque nada de esto pasaría si ella no se hubiese aparecido en su casa, si ella no lo hubiese tirado del bote, y no hubiese llevado a Mikoto para arreglar el asunto del ramo de rosas y el piquete de la abeja. Todo redondeaba a Kushina.
Encontró a Mikoto saliendo de una tienda con Hana Hyuga mientras ambas reían, pero cuando la mirada de su novia se centró en él, se volvió fría y distante. No tardo en ignorarlo y enredar su brazo con el de su amiga y alejarse de él. Fugaku se sintió completamente derrotado, pero no iba a dejar que eso lo venciera.
Aprovecho la oportunidad de aparecer detrás de su novia cuando Hana entró a una librería y Mikoto la esperaba afuera viendo unos estándares con libros.
—Mikoto —la llamo, pero esta lo siguió ignorando —Hmph.
—¡No te voy a perdonar! —le grito Mikoto atrayendo la mirada de varios —¡Eres un...!
Pero no pudo continuar por la expresión de Fugaku. Se notaba que estaba cansado y muy triste y eso le ablando el corazón. Él no tenía la culpa de lo sucedido ayer, era cierto que le molestara la confianza que había con Kushina, pero se suponía que ellos eran compañeros hace años y también mejores amigos. Era como él se enojara con ella solo porque Minato la conocía a la perfección.
Sin más, se paró en puntitas de pie y le dio un corto beso en los labios, este gesto hizo sonrojar al Uchiha y ladeo la cabeza hacia un lado para que no se notara el sonrojo, pero Mikoto lo noto y se sintió feliz por aquello.
—Lo siento, creo que estoy siendo demasiado paranoica —dijo apenada y Fugaku frunció el ceño.
—¿Por qué paranoica?
Se debatió si decirle o no los celos que tenía por Kushina, pero eso era ridículo. Se notaba en la mirada de Fugaku como a veces deseaba retorcerle el cuello a la muchacha, pero era lo bastante caballero como para no ponerle un dedo encima por más que ella lo hiciera picadilla.
—Olvídalo —la sonrisa de Mikoto lo convenció.
—Tengo reservaciones para mañana en un restaurante—le dijo Fugaku una vez más sonrojado.
—¡¿Enserio?! —exclamo la Uchiha con emoción.
—Pasare por ti mañana a las siete.
—Te esperare, Fugaku-kun.
Fugaku se quedó embobado con la sonrisa dulce de su novia, que no noto cuando una extraña mezcla callo sobre él. Se sintió asqueado y casi vomito del terrible olor que desprendía la mezcla. La gente se alejó de él e incluso su novia, cosa que le dolía bastante. Levanto su cabeza hacia arriba y se encontró con Kushina sonriéndole falsamente en modo de disculpa.
—¡Lo siento, ttebane!
Un hombre que tenía sus cerdos en un corral para vender no pudo controlar a los animales, pues estos se movían con brusquedad para salir al ser atraídos por el olor. La cerca se rompió y pronto Fugaku se vio perseguido por al menos veinte enormes cerdos con el propósito de devorarlo.
—¡Kushinaaaaaaaaaaa!
Sábado
No. No podía arruinarle esta salida. Simplemente no podía arruinarle un día como este tan especial para Mikoto y él. Era la primera vez que la sacaba a cenar y se gastaba gran parte de su sueldo como shinobi en traer a su novia al mejor restaurante de Konoha, y resulta que Kushina había cambiado su reservación de dos personas para seis. ¿Y quiénes eran las restantes personas?
—¡Te estas comiendo mi parte del cerdo, ttebane! —le grito Kushina a Jiraiya. Ambos agarraron con sus dientes la pata de cerdo gigantesca y comenzaron a forcejear entre ellos.
—¡¿Esto es una elegante comida?! ¡Tiene algo rojo adentro de mi ensalada!
—Es tomate, Tsunade —contesto Dan con una gota en la cabeza.
—¡Mas sake! —exclamo la rubia mientras golpeaba la mesa y tenía las mejillas sonrojadas por el alcohol.
Cuando llegaron al restaurante y preguntaron por su mesa, Kushina ya estaba allí con dos de los Sannin y Dan, con una comida para un batallón y varias botellas de sake que Tsunade y Jiraiya habían pedido. Mikoto se había arreglado de una manera que se veía tan hermosa, ya de por si era perfecta y no creía que podía ser aún más. Él se había comprado un caro traje para llevar a su cita a la mejor cena de su vida. Pero no, ahí estaba esa Uzumaki arruinándole la vida una vez más.
La cena termino en un desastre porque Tsunade comenzó a pelear con un tipo que le pedía que, por favor, dejara de gritar como si fuese una loca. Jiraiya comenzó a pervertir a unas pobres muchachas, Kushina comenzó a alentar a la legendaria perdedora mientras Dan contaba sus monedas para aportar con la comida, pues se había olvidado la billetera.
Fugaku estaba seguro que esa noche se quedaba sin novia y sin sueldo por unos meses.
Domingo
Había sido un desastre la cena de la noche anterior. Mikoto no había querido dirigirle la palabra en todo el día y él sabía que estaba tan jodido que creía que en cualquier momento iba a darle una patada en el trasero. Si lo odiaba después de aquella espantosa noche, entonces no debía porque culparla.
Estaba caminando hacia el lugar donde habían acordado encontrarse, iba con las manos escondidas en el bolsillo mientras pensaba cómo hacer para que ella terminara con su relación. Su cara de perrito arrepentido ya no le funcionaria, se veía ridículo haciendo pucheros y su voz no le salía con tristeza y dolor fingido. Diablos, debió aprender más trucos de Kushina.
Oh, y Kushina... Kushina estaba muerta para él. ¿Su mejor amiga? Eso era pasado, pasado viejo y enterrado. Nunca antes en su vida había sentido tanto odio y desprecio hacia una persona, ahora estaba seguro que Kushina era de lo peor y que se arrepentía tanto de haberla llamado alguna vez su amiga.
—Fugaku Uchiha —la voz de un hombre lo hizo detenerse y cuando volteo, se encontró con tres ambos que rápidamente lo inmovilizaron.
—¡¿Qué les pasa?!
—Tú sabes muy bien que pasa, niño travieso —dijo uno de ellos en modo de regaño.
—¡No entiendo nada!
—¿Ah sí? ¿Acaso no recuerdas lo que hiciste? —hablo otro molesto.
—¡¿Qué hice?!
—Pintaste los rostros Hokage. ¿Te parece eso poco? Es una gran falta de respeto, sobre todo viniendo del próximo líder del clan Uchiha — el Tercero le dio un cascarrón en la cabeza —¡Para colmo lo has firmado!
Lo llevaron a rastras hacia el monumento y observo con los ojos abiertos que efectivamente los rostros estaban pintados con diferentes colores de pinturas y de la manera más irrespetuosa. Diablos, a él ni siquiera se le ocurrió hacer algo así ni cuando era niño. No sino quería que su padre le diera unas buenas nalgueadas. Pero allí estaba, su supuesta firma.
"Fugaku Uchiha Hokage, ttebane!"
—¡Fue Kushina Uzumaki! ¡El "ttebane" solo lo dice ella!
—Eso pensamos, pero Kushina Uzumaki estaba en una misión, lo que lo hace imposible. El mismo Hokage dijo que él le había dado la misión.
—¡Acepta tus responsabilidades, Uchiha!
—¡No te iras de aquí hasta que termines de limpiar este desastre!
Fugaku definitivamente odiaba a Kushina.
—¡Kushinaaaaaaaa!
—Creo que se me fue un poco la mano, ttebane —murmuro la pelirroja al Tercero con cierto arrepentimiento.
—Míralo, Kushina, tan solo míralo — dijo el viejo mientras se acercaba a la ventana junto con la muchacha.
Ambos observaron con los binoculares al pobre de Fugaku limpiar el rostro del primero con dedicación y frustración. Kushina nunca antes lo vio fregar de esa manera. Fugaku pateo el balde, pero no midió su fuerza y el balde término cortando una de las cuerdas que sostenían el piso donde estaba y se sostuvo desde la baranda antes de caer.
Kushina y el Tercero se miraron para echarse a reír.
—Fue la misión más divertida, ttebane.
Fugaku llego cinco horas tarde al lugar de encuentro, pero obviamente allí no estaba Mikoto, así que con las pocas fuerzas que le quedaban fue hacia el condominio Uchiha. En el camino los aldeanos le tiraron piedras, tomates y otros objetos por su falta de respeto. Solo esperaba que su clan no se enterara o lo mollearían a golpes.
Golpeo la puerta de la casa de su novia, a los segundos la peliazul salió de su casa sin dirigirle la mirada o alguna palabra y camino hacia un lugar privado de la vista de las personas. Fugaku la siguió en paso lento, pensando si realmente se vería muy patético arrodillarse y suplicar su perdón. Obviamente lo era, pero él por Mikoto iba a hacer lo imposible por seguir estando a su lado.
Al llegar al lugar, ambos se quedaron callados mientras eran alumbrados solo por la luna. Fugaku sabía que lo próximo que vendría no le gustaría para nada.
—Escuche que pintaste los rostros Hokage.
¡¿Es qué todo el mundo se había enterado?!
—Hmph, no fui yo, fue...
—Kushina Uzumaki ¿Verdad?
El tono de desprecio de Mikoto refiriéndose hacia su compañera, en cierto modo le molesto. No entendió porque, hasta hace unas horas estaba seguro que jamás podría molestarse con su amada novia, pero ahora las cosas parecían cambiar.
—Hn.
—Ya estoy cansada, Fugaku —Mikoto largo un gran suspiro y se cruzó de brazos mientras le dirigía una fulminante mirada —Kushina-san no ha hecho más que molestarnos desde que empezamos a salir. ¿Acaso te parece que yo tenga que estar aguantando como ella hace lo que quiere contigo? Te golpea y no haces nada, usa tu dinero y no haces nada, te culpa de sus travesuras y tampoco haces nada. ¿Es qué estás enamorado de ella? Realmente me gustaría saber para poder decidir si darle una nueva oportunidad a esto.
—¡¿Qué?! —exclamo Fugaku con los ojos en grande —¿Realmente crees que yo podría fijarme en esa odiosa Uzumaki?
—¿Entonces qué explicación me das para tener que aguantar todas sus payasadas? —Mikoto odiaba el tono de su voz, parecía una psicópata celosa, pero enserio que estaba cansada de que Kushina arrasara con todo y él se lo permitiera—Fugaku... ¿tú me quieres?
Las mejillas del Uchiha se volvieron rojas y asintió con la cabeza mientras soltó uno de sus conocidos monosílabos. Mikoto no evito sonreír y acariciarle la mejilla, tomo su mentón y le obligo a mirarle a los ojos.
—Lo siento, Fugaku, pero vas a tener que elegir a alguna de las dos: Kushina o yo. Tienes tres días.
Mikoto se dio la vuelta para marcharse, no le gustaba para nada tener que hacerle algo así a Fugaku porque ella simplemente no podía llegar a elegir entre su novio y su mejor amigo, pero al menos Minato no era un entrometido que insistiera con destruir su relación. Fugaku debía decidir lo mejor para él, y si elegía a la Uzumaki, pues... si, le dolería, pero respetaría su decisión.
Por otra parte, el azabache se quedó de pie en donde se encontraba completamente paralizado por las palabras de Mikoto. Ella quería que eligiese entre su mejor amiga y su novia; entre la odiosa Kushina y su dulce Mikoto; entre las travesuras o a las caricias. Podía parecer muy fácil, hasta hace unos minutos decía odiar a Kushina con cada parte de su alma y juraría que en sus próximas vidas seguiría odiándola con la misma intensidad o incluso más. Pero la sola idea de una vida sin Kushina fue tan desgarradora.
No había un Fugaku Uchiha sin la Habanera Sangrienta, su mejor amiga.
—Entonces... ¡¿Elegiste a Kushina sobre la hermosa Mikoto?!
Fugaku dejó caer con fuerza su cabeza sobre la barra y Kizashi enseguida saco una bolsa con hielo molido y la dejo a un lado, solo por si quería bajarle la hinchazón al chichón que solito se había hecho.
Todos estaban mirando a Fugaku como si fuera el ser más estúpido de la tierra, excepto Shibi que sabía cuan profunda podía ser la relación entre Fugaku y Kushina. Todos veían el maltrato de parte de Kushina y las palabras hirientes de Fugaku, pero él y su sensei habían visto esa manera de combinar sus ataques, de ser un dúo invencible, de comprenderse con una sola mirada. Era obvio que Fugaku elegiría a Kushina.
—No quiero terminar con Mikoto, pero tampoco quiero acabar mi amistad con Kushina... —Fugaku termino de tomar la quinta botella de sake desde que comenzó su relato y ya estaba tan borracho que apenas y podía sostenerse de la barra. —Acepto que se haya vuelto una completa molestia desde que salgo con Mikoto, no sé tampoco por qué razón está interfiriendo...
—¿No crees que Kushina sienta algo por ti?—soltó Shikaku haciendo que Fugaku se atragantara con sake y Hiashi le escupiera todo su sake al pobre de Choza.
—¡¿Pero qué estupidez es esa, Shikaku?! —le grito Inoichi sin creerlo.
—Las mujeres son problemáticas, peor si están celosas.
—¿Dices que Kushina en verdad esta celosa? —inquirió Hizashi, colocando una mano sobre su barbilla y mostrándose pensante —Ahora que lo pienso, Hinako casi me arranca la cabeza cuando me vio abrazar a Hana, creyó que yo...
—¡¿Qué abrazaste a Hana?! ¡¿Con qué permiso?! —exclamo un Hiashi celoso.
—¡Es mi mejor amiga antes de que fuera tu novia, idiota, yo puedo hacer lo que quiero con ella!
—O tal vez le pase como a ellos —Shikaku señalo a los gemelos, quienes se apartaron del resto para seguir discutiendo. Fugaku vio con atención lo que le señalaba el Nara —Kushina solo esta celosa porque Mikoto le está robando a su mejor amigo. Lo mismo pasa con Hiashi, Hizashi y Hana. Hana y Hizashi siempre fueron muy buenos amigos desde que eran niños, pero cuando Hiashi empezó a salir con Hana, fue cuando Hizashi se molestó y por ello comenzaron las peleas entre ellos, hasta que, claro, Hizashi hizo a Hinako su novia y todo se equilibró.
—Si Kushina tuviera novio, no tendría tanta atención en ti, Fugaku —comento Shibi, pensativo.
—¿Estas sugiriéndome que le busque un novio a Kushina? —inquirió Fugaku sorprendido.
Toda la manada se miraron entre ellos y comenzaron a reírse a grandes carcajadas, menos Shibi. Él nunca se reía, o al menos lo hacía de manera más disimulada.
—¡No me jodas! ¡¿Quién querría salir con la Habanera Sangrienta?! —exclamo Inoichi secando sus lágrimas de la risa.
—Si los shinobis le tienen miedo, olvídate de encontrar algún pretendiente entre los aldeanos —dijo Kizashi limpiando las copas con un trapo seco.
—Kushina es atractiva, pero da muchísimo terror —hablo Choza con las mejillas sonrojadas.
—Harían una linda pareja —se burló Fugaku con una sonrisa socarrona. Al menos le habían animado la noche.
—Ya, pero enserio, si le consiguieras un novio a Kushina sería perfecto —insistió Shikaku, orgulloso de su idea.
—Debería ser alguien amable —comento Shibi.
—También alguien con mucha, pero muuuuucha paciencia —aporto Hizashi, quien dejo de pelear con su gemelo después de escuchar el disparate de Kushina con novio.
—Que sea más fuerte que ella, obviamente —dijo Kizashi.
—Y que no se te olvide que tiene que ser atractivo, las mujeres suelen ser más dóciles con tipos que le parecen apuestos.
—Estoy de acuerdo contigo, Choza. Pero tampoco nos olvidemos que tiene que ser intuitivo, tiene que saber percibir el aura maligna de la habanera —rio Inoichi con ganas.
—E inteligente. Podrían hablar todo el día del ramen y sus ingredientes — Hiashi contribuyo a la lista.
Fugaku pensó en todas las cualidades del supuesto hombre "perfecto" para Kushina. Debía ser alguien amable, paciente, fuerte, atractivo, intuitivo e inteligente. Oh, y que fuera tan estúpido para enamorarse de la Uzumaki. Fugaku río con ganas y de repente se cayó cuando se dio cuenta que ese personaje si existía: Minato Namikaze era perfecto para ser el novio de Kushina Uzumaki.
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Kushina es odiosa, lo sé, pero tengo una debilidad por los personajes así y definitivamente Kushina es mi preferida! Me divertí mucho haciendo estas escenas y más imaginándome al pobre de Fugaku soportar todo lo que Kushina le hacia jajajaa
El próximo capitulo finalmente saldrá el dulce de Minato n.n
¡Sayonara, ttebane!
