Capítulo 37
"The One-Eyed Demon"
Lordbug y Artiquito estaban en la zona de los iglús, donde se encontraban todas las plantas, escondidas. Esa zona era la que menos daño había recibido con la batalla, ya que estaba en la costa, muy lejos del centro y los lugares donde se desenvolvió el conflicto.
-¿Están bien todas? –les preguntaba el puffle a sus plantas –¿Lanzaguisantes, Girasoles? ¿Todos?
Tras una rápida inspección, se dio cuenta que todas las plantas seguían vivas. Fue un alivio, tomando en cuenta todo lo que habían pasado.
-Me encanta lo que pudiste hacer con tu ejército –le dijo Lordbug a Artiquito –. Sin todos ustedes no lo habríamos logrado. Gracias.
-¡De nada! –le respondió –Este será posiblemente su hogar, sólo que…ya sabes…algo menos destruido…
-Oh, tienes razón. Es hora de hacer el Miraculous Lordbug –contestó él –. ¡Lucky Charm! –presionó el botón de Sonic, aunque en realidad no le importaba el objeto, sólo ocupaba algo para lanzar al aire.
Las catarinas constructoras le depositaron el objeto en las manos, y automáticamente lo tomó para arrojarlo en el cielo. …Sin embargo, justo antes de hacerlo, Lordbug detuvo su mirada en él y se sobresaltó al ver lo que había resultado: era un señalamiento de alto. Normalmente no le importaría, pero los Lucky Charms siempre daban señales.
-¿Una señal de alto? ¿Se supone que debes hacer algo con ella? –le preguntó Artiquito, también algo confundido.
-No lo sé… Puede que nos esté dando un aviso –contestó Lordbug. Tenía miles de pensamientos –. ¿…Tal vez quiere que nos detengamos? –prosiguió a destransformarse (el Lucky Charm no desapareció) para pedir consejos a Tikki.
Y si a esto le sumábamos el presentimiento de Pac-Man y la advertencia de Garnet, algo debía ir mal. Volviendo a esta última, todos se le quedaron viendo sorprendidos tras decir esas palabras.
-¿A qué te refieres? –le preguntó Connie, perpleja.
-Oh, no –exclamó Pac-Man, dándose cuenta de lo que pasaba –… ¿Cómo pudimos ser tan tontos? Ya derrotamos a Metal Sonic, pero él no era el único que quería conquistar Club Penguin. Aún queda…Bill.
Efectivamente, tras pronunciar esas palabras, el color desapareció de todo Club Penguin, dejando sólo sombras grises. Un único ojo gigantesco apareció en el medio de todos, y unos segundos después, apareció el cuerpo completo de Bill, observando a los Guardianes. Ellos, por otro lado, se quedaron completamente atónitos.
-¡¿Otra vez tú?! –gritaron Metal, Shadow y Meta Knight al verlo.
-¡¿Bill?! –exclamaron Kirby y Rena Rouge, igualmente.
-¡El mismísimo! –exclamó él. Parecía estar disfrutando de ese momento como nunca en su vida –Se veía muy divertido y entretenido todo lo que estaban haciendo, así que decidí unírmeles. Ahora yo seré el jefe final.
Soltó una carcajada cínica que resonó en toda la isla. Los Guardianes no sabían qué hacer. Metal Sonic sólo era un robot muy astuto, pero ahora se estaban enfrentando al dios de la guerra, a un demonio que podía desbaratar la realidad en un abrir y cerrar de ojos y a quien las armas tradicionales no hacían ni un rasguño. Asimismo, no tenían forma de pedir auxilio, ya que Gary se había encargado de cerrar todos los portales. …Aunque claro que no sería un impedimento para alguien tan poderoso como Bill; con un chasquido de sus manos podría viajar a cualquier rincón del Multiverso. Lo único que podían hacer era detenerlo ahí y ahora, pero…¿cómo?
-¡Gary! –exclamó Tails por su auricular –¡Si estás escuchando esto, no actives los portales por nada del mundo!
-¡C-Claro que no! –escucharon su voz, bastante entrecortada por la frecuencia –¡Bill es mucho más poderoso que Metal Sonic!
-¡No, que abra los portales! –exclamó Metal, irguiéndose –¡Yo tengo que volver a mi mundo! ¡Este monstruo y esta patética ciudad no tienen nada que ver conmigo!
-Aww, Metal Sonic. ¿Tienes miedo? ¡Qué tierno! –Bill se acercó un poco –Tranquilo, yo te doy permiso de que te vayas. Pero quiero que sepas que, una vez que les quite las Esmeraldas del Caos a estos niños, tú y tu tonta dimensión serán la primera que arrase.
Metal no se inmutó, pero sólo porque no quería parecer débil. En cuanto a los demás, volvieron a reagruparse, y Pac-Man y Steven trataron de acercarse para hablar con él.
-¡Bill! ¡No tienes que hacer esto! –gritó Steven –¡Puedes divertirte haciendo miles de cosas, no sólo destruyendo mundos!
-Sé que no eres malo, Bill. Nos ayudaste en nuestra pelea contra Metal, ¿por qué no nos ayudas ahora a reconstruir esta ciudad? –le dijo Pac-Man.
-¡Oh, claro! Amistad y compasión, ¿huh? ¿Cómo soy tan tonto para no darme cuenta? –contestó él, con la voz más sarcástica de la que fue capaz.
»Sigh… Supongo que tendré que brindarles mi ayuda, como dices… ¿Qué les parece unos…cinco minutos para que se preparen? –soltó otra gran carcajada y, con un movimiento de la mano, acomodó los escombros de unos edificios para hacerse un trono.
-Esto es malo, esto es malo, esto es malo –se repetía Amarillín, aún resguardado con Tikki, Artiquito y todas sus plantas –… ¿Qué vamos a hacer?
-No desesperes, Amarillín –lo calmó Tikki –. Cuando todo parece ir mal, recuerda que está en ti devolver la esperanza a la vida.
-¡¿Entonces nos lanzamos a morir junto a los demás?! –exclamó Artiquito, asustado.
-No. El Lucky Charm es muy claro: tienen que esperar el momento para atacar, sino perecerán junto a los demás –dijo Tikki.
De vuelta con los demás, ninguno se animaba a decir nada, ni frases de aliento, ni para hacer un plan; nada.
-Bueno, damas y caballeros, este es el fin de los Guardianes del Multiverso –dijo Chat Noir al fin –. Fue un placer conocerlos.
-Si vamos a morir –dijo Stevonnie, refusionado –… ¡Moriremos luchando!
-¡No vamos a morir! –exclamó Rena Rouge –Aún tenemos mucho que dar. Este tipo debe tener alguna debilidad secreta…
-Metal Sonic –lo llamó Sonic, acercándose a él –. No puedo creer que esté diciendo esto, pero…si queremos acabar con Bill, tendremos que unir fuerzas. Sé que incluso tú lo entenderás.
-Es lo único que puedo hacer si quiero seguir con vida –contestó él –… Pero me quitaron mi fuente de energía. No puedo hacer nada en este estado.
-¡Agh! ¡Ten esto y deja de quejarte, cobarde! –exclamó Knuckles, arrojándole su Chaos Emerald morada.
-Ocuparemos toda la ayuda posible –dijeron Meta Knight y Shadow juntos, tomando las demás Esmeraldas de Knuckles –. Nosotros iremos por los otros robots.
Y así lo hicieron. Mientras Bill sólo los veía emocionado, pero sin hacer nada, los dos mercenarios corrieron hacia la costa, donde habían dejado los cuerpos inertes de los robots supremos de Metal; les devolvieron sus Esmeraldas y, al ver a Bill, Tails Doll les ordenó a sus compañeros unirse a los Guardianes. Una vez de vuelta, Shadow se quedó la Chaos Emerald verde y Sonic se quedó la amarilla, la que anteriormente pertenecía a Tails. Todos los Guardianes y los robots se pusieron en posición de ataque.
-¡Jefe! ¿Ahora estamos con los buenos? –le preguntó Doll a Metal en cuanto lo vio.
-¡No digas eso! Sólo es una tregua temporal –contestó él.
-Bien, bien, bien –dijo Bill, levantándose de su trono en cuanto los vio tan preparados –… Que empiece la diversión.
Los héroes se dejaron ir sin más hacia el demonio, pero, para su sorpresa, Bill no reaccionó; sólo movió sus dos manos, como levitando algo. Entonces todos los héroes, excepto las Gemas de Cristal se quedaron suspendidos en el aire, casi sin poder moverse.
No había tiempo para discutir si eso era trampa o no, así que las gemas corrieron a atacar al demonio, pero Bill era muy ágil y muy fuerte para ellas: cada golpe que le daban Garnet y Bismuto, él lo anulaba con uno de sus puños; Amatista, Perla y Stevonnie no podían ni tocarlo con sus estocadas (Amatista con los cortes de su látigo) porque era muy veloz para reaccionar y podía deformar su silueta para confundirlos; y Peridot… ella manejaba a sus drones de ataque, pero los disparos no le hacían ni cosquillas. En cuanto a León, ni siquiera se molestaba en tratar de esquivar sus rugidos, ya que al parecer no le afectaban. Lapis era la única que tenía una oportunidad de ahogarlo, pero en cuanto comenzó a usar su hidrokinesis, le dijo:
-¡Woah, woah! ¿Quieres usar tu agüita contra mí? ¡Pues no, mi gema! –se burló él.
Justo antes de que un puño gigante de agua lo golpeara en la cara, Bill chasqueó los dedos y toda el agua del océano se convirtió en sangre. Lapis no podía controlar esa sustancia, así que en ese momento toda el agua que estaba usando se vino abajo y por poco los empapaba. Privada de su arma principal, tuvo que conformarse con sacar la poca agua que tenía guardada en su gema para crear sólo dos puños visiblemente menos letales.
-¡Tranquilos! –les dijo Gary por los auriculares –¡Nada de lo que hace es real! ¡Él mismo me dijo que están en un tipo de plano astral!
-Oh, vaya. Descubrieron mi secreto –contestó Bill, triste –… Pero ¡¿acaso esto no les parece real?!
A diferencia de Lapis, él sí podía controlar todo lo que quisiera, así que sacó unos picos de la sangre, como los que hacía la gema; los congeló (o los coaguló, es difícil saber el término correcto) y se los arrojó a todos los robonoides de Peridot, destruyéndolos en el acto.
-¡Mis robonoides! –gritó ella, viendo desaparecer su única forma de ayudar.
-¡No te preocupes, c-creo que aún puedo hacer algo! –exclamó Le Paon, suspendido en el aire, y, como pudo, arrancó una pluma de su abanico y la cargó de energía. Su Miraculous estaba casi vuelto loco, debido a la desesperación entre los héroes, así que fue un alivio cuando al fin le arrojó su amok a Peridot.
El amok se metió en su tableta, con la que había estado controlando sus robots. Ni siquiera hablaron, sólo lo aceptó. Entonces de la tableta salió la sombra azul que se posó a su lado y se transformó en un robonoide gigante, ahora personalizado con los nuevos lentes de Peridot. Inmediatamente, Peridot le ordenó que atacara a Bill. Le tiró un gran disparo en la espalda.
-¡Ja! ¡Eso no me detendrá! –se burló el demonio. Entonces dio un gran aplauso y todas las Gemas de Cristal salieron volando.
Con un movimiento de las manos, detuvo a las gemas en el aire y bajó a los Prodigiosos, a Pac-Man, Kirby y Meta Knight.
Ahora les tocaba a ellos salvar el día. Chat Noir, Rena Rouge y Hawk Moth sólo lo tajaban con sus armas por donde pudieran; de la misma manera, Queen Bee trataba de enlazarle los brazos o piernas con su trompo, pero, al ver que era en vano, decidió usarlo como mayal. Por otro lado, Carapace le arrojaba tanto su escudo como los dos hologramas como frisbees, Hawk Moth brincaba y caía con estocadas contra Bill, y Le Paon trataba de aturdirlo haciendo viento con su abanico, pero no le afectaba en lo mínimo.
En ese momento llegaron Pac-Man, Kirby y Meta Knight por detrás de él y le saltaron encima, distrayéndolo un poco para que lo pudieran atacar. Se los quitó fácilmente, pero eso les dio una idea.
-¡Tenemos que distraerlo! –exclamó Queen Bee –¡Tal vez así los suelte a todos!
-¡Yo me encargo: Mirage! –gritó Rena Rouge, activando su poder.
Apuntó la bolita de luz hacia Bill, y al desvanecerse dejó ver muchas copias de ella misma que saltaban alrededor de Bill, pero sin tocarlo para no desaparecer, muy parecido a su ilusión anterior para ayudar a Kirby.
Asimismo, a Chat Noir se le ocurrió otra brillante idea, y bastó sólo una mirada con sus amigos para comunicárselas. Extendió su bastón para hacerlo muy grande, y Queen Bee le pasó su trompo a Carapace y amarró el hilo a un extremo del bastón de Chat Noir. A continuación, Carapace invocó su Shell-ter; ahora tenían un mayal enorme con Carapace como la cabeza.
Chat Noir comenzó a balancearlo con toda la fuerza que pudo reunir, y prosiguió a golpear a Bill en la cara. Consecutivamente, Meta Knight y Hawk Moth se lanzaron a él a tajarlo con sus espadas.
-¡Agh! –exclamó Bill de dolor –¡¿Saben qué?! ¡Yo también puedo hacer eso!
Y entonces creó muchas copias de él, una al lado de la otra, rodeándolos; si eran ilusiones u otro poder más real, no podían decir. Al verse superados en número, los héroes se quedaron estáticos, decidiendo a cuál de todos atacar. Pero en ese momento, un Bill detrás de ellos aumentó el tamaño de sus puños y los golpeó con toda su fuerza, mandándolos a volar.
Se repitió el mismo proceso: los mantuvo suspendidos en el aire, mientras que los mobians y los robots descendían. Mientras estaban flotando, Patito, Ártico y Davín aprovecharon para destransformarse y darle de comer a sus kwamis, como pudieron.
-¡Tails/Doll! ¡Busca su punto débil! –les dijeron Sonic y Metal a sus respectivos compañeros.
-¡En seguida! –asintieron ellos, sacando cada uno su Miles Electric para escanear a Bill.
Mientras tanto, los demás fueron a atacarlo. Sonic, Shadow y Metal usaban sus Ataques Teledirigidos y lo atacaban por todos lados, tratando de descubrir si tenía alguna debilidad; además, Metal también podía dispararle con sus rayos, pero no tenía mejores resultados. Knuckles y su contraparte metálica ahora tenían que trabajar juntos para combinar sus fuerzas; y Bill, aunque no lo dijera, se veía levemente herido por estos dos equidnas. Asimismo, Hammy, Pengui-Nator y Puf-Bot habían desarrollado un estilo de ataque único, muy parecido a la forma en que peleaban: Hammy y Pengui-Nator chocaban sus martillos cerca de Bill para que la onda expansiva lo lastimara, mientras que el puffle le disparaba con su láser.
-¡Sonic, no hay lecturas! –exclamó Tails unos momentos después –¡Su energía es tan alta que bloquea la señal!
-Lo mismo me pasa a mí –dijo Doll –… ¡Pero probemos a darle en el ojo! ¡Funcionó la última vez!
-¡Es cierto, tarda mucho en regenerársele! –aportó Shadow.
-¡Tontos! ¡Ahora estoy mucho más preparado! –gritó Bill, cubriéndose la cara con sus brazos y creándose un antifaz.
-¡Pero ahora nosotros somos muchos más! –exclamó Sonic.
-¡Robots, sosténgalo firmemente de los brazos! –les ordenó Metal a sus esbirros.
Inmediatamente, Pengui-Nator, Puf-Bot y Metal Knuckles fueron hacia él. Los primeros sacaron garras de su brazo y su cabello, respectivamente, y fueron por el brazo derecho; por otro lado, Metal Knuckles era más fuerte y podía solo con el brazo restante.
Asimismo, Hammy y Knuckles se dirigieron a su cara y destruyeron su antifaz.
-¡Es nuestro turno de atacar! –les dijo Sonic a los cuatro que seguían con él.
Tails, Sonic, Shadow, Metal y Doll formaron una fila y se tomaron de las manos; entonces los cinco comenzaron a girar para hacer el Torbellino quíntuple y se lanzaron con una velocidad y una fuerza tremenda hacia el único ojo de Bill.
-¡Agh! ¡¿Acaso no saben cuánto duele esto?! –gritó Bill tras el golpe, llevando sus manos nuevamente a la cara para tallarse su ojo.
Al momento del golpe, se desconcentró y los poderes que estaba utilizando se desvanecieron, soltando y dejando caer a todos los Guardianes del Universo.
-¡Es nuestro momento de atacar! –gritó Garnet, y todos le hicieron caso.
Por primera vez, Bill se veía superado por sus oponentes: le llovían golpes, estocadas, disparos del sentimonstruo y los robots e incluso hechizos por todos lados, y eran demasiados como para quitárselos de encima (en especial a Kirby y Pac-Man, que parecía que lo único que sabían hacer era subírsele a la espalda). Aún sin haberse recuperado de su ojo, lo único que podía hacer era esquivar los golpes como pudiera o huir. La única forma de derrotarlo era quitarle sus poderes, y para eso, sólo tenían una opción: el Cataclysm de Chat Noir.
-¡Nyagh! –se quejaba él –¡Si tan sólo dejara de moverse, podría usar con él mi Cataclysm…! –pero justo al momento de decir eso, su habilidad se activó y comenzó su cuenta regresiva.
»¡AHH! ¡AHORA SÓLO TENEMOS CINCO MINUTOS! ¡HAGAN ALGO RÁPIDO!
-Tranquilízate, gato, recuerda que el tiempo es relativo –dijo Bill, creando un reloj enorme encima de ellos, el cual giraba alrededor del doble de rápido que uno normal.
Viendo que levantaba las manos nuevamente para hacer otro truco (posiblemente algo para quitarle su Cataclysm a Chat Noir), las gemas fueron a sostenerle los brazos y evitar que usara otro poder. El pingüino aprovechó ese momento para acercarse y tocarlo con su poder, pero Bill seguía huyendo de él. El tiempo efectivamente iba más rápido, porque las huellitas de su anillo ya casi desaparecían por completo.
Asimismo, Peridot trataba de usar sus poderes metálicos para detener el avance del reloj, pero sin resultados. Viendo eso, Stevonnie de un salto subió hasta él para tratar de destruirlo, aunque ni siquiera lo podía tocar… Era más como una ilusión.
-¡Sostengan a Bill! ¡Es imposible paralizar el tiempo! –exclamó él.
-Paralizar –repitió Queen Bee para sí misma –… ¡…Paralizar! ¡Eso es! ¡Venom!
Se acercó a Bill y lo tocó con su trompo. Inmediatamente, tanto él como su reloj se paralizaron. Las gemas y los demás Guardianes lo soltaron y se pusieron alrededor de él, aún temerosos.
-Reamente funcionó…
-¡Ahora es mi turno! –exclamó Chat Noir, lanzándose con su brazo extendido hacia Bill.
Sus cinco minutos casi se agotaban, pero pudo llegar hasta el demonio. Sin embargo, justo antes de tocarlo, Bill abrió un hoyo en su centro, haciendo caer al pingüino por él. Entonces comenzó a carcajearse por su buena actuación.
-¿Q-Qué? –dijo el pingüino, atónito, tendido en el suelo. Entonces se le acabó el tiempo y se destransformó, haciendo salir a Plagg, agotado, de su anillo.
-¡A-Aún podemos acabar con él! –dijo el kwami, haciendo su mayor esfuerzo para volar hacia Bill –¡C-Cataclysm!
-JAJAJA. Me parece que no –dijo Bill, riéndose ante lo que iba a hacer el kwami. El demonio lo detuvo en el aire con un movimiento de la mano y lo lanzó al suelo –. ¿Acaso no se dan cuenta de que no tienen oportunidad contra mí? Hasta ahora sólo me he estado defendiendo, pero eso ha terminado.
Bill se elevó en el aire, lejos del alcance de todos… Excepto Hammy y los robots, que podían volar, así que Bill se encargó de quitarle su akuma a la primera e inutilizar los motores de los otros. Lo primero que hizo fue apuntar a Rojín con una mano, quitándole su anillo y quemándolo un segundo después; Plagg desapareció en el acto. Consecutivamente, apuntó a Rena Rouge y repitió el proceso: le quitó su collar y lo destruyó justo después de que Trixx saliera de él.
-¡¿Ah, sí, Bill?! ¡Aún puedo luchar! –replicó Patito, levantando una roca del suelo para lanzársela. Pero en ese momento llegó Kirby en su estrella y se la llevó volando con él.
-¡Cállate, Patito! ¡Vas a hacer que te maten! –le reclamó Kirby, llevándola a un sitio seguro.
-¡Sí, ustedes no pueden luchar en este estado! –les dijo Pac-Man, corriendo y cargando a Rojín con él.
Mientras tanto, Bill seguía yendo por los demás, uno por uno, así que tenían que hacer algo rápido para detenerlo. …Pero se encontraba tan alto que ninguno podía alcanzarlo, y no contaban con muchos ataques a larga distancia (los robots no podían apuntar tan bien, y el daño del sentimonstruo de Peridot era casi nulo).
-¡Necesitamos a alguien con mejor puntería que esos robots! –dijo Perla.
-Oye, P., ¿estás pensando lo mismo que yo? –preguntó Amatista.
Así, sin más, ambas gemas se pusieron a bailar: Perla hacía pasos de ballet muy armoniosos, mientras que el estilo de Amatista era algo más salvaje; sin embargo, el baile se veía de cierta forma sincronizado. Ambas se acercaron y se tomaron de las manos, y en una explosión de luz, se fusionaron en Ópalo.
