Disclaimer: Los personajes son exclusivos de Kishimoto, pero los tome prestado para hacer esta historia n.n
N/A: No subí hace dos semanas porque no tenía inspiración :c Siento la demora y espero que les guste n.n
Capitulo Ocho
Doble cita, doble problema
Fugaku fue el primero en llegar al restaurante donde almorzarían aquel día. Estaba afuera cruzados de brazos mientras esperaba a que los demás llegasen. Había querido pasar por Mikoto, pero esta había estado ocupada ayudando a su madre y a las otras mujeres con el festival que se estaba acercando, por lo que ella le aseguro estar allí en cuanto saliera de sus tareas.
Se sentía inquieto, a pesar de que el plan era bueno y estaba todo fríamente calculado, los nervios le estaban jodiendo la existencia porque sabía bien lo espontanea que era Kushina y que podría salir con cualquier cosa que pudiera estropear ese día. Fugaku estaba seguro que su amiga lo intentaría, sin más él no se dejaría vencer por nada del mundo.
—Fugaku-san —volteo a un costado y vio a Minato acercándose a pocos metros de él, levantando la mano y sonriéndole amigable —Buenos días. ¿Llego tarde?
—Al contrario, llegaste temprano, solo que yo aún más —contesto secamente y desvió la mirada de él para centrarse en otra cosa que no fuese al odioso rubio.
—Es que no me gusta hacer esperar a las personas, así que siempre llego antes —dijo rascándose la cabeza, aun sosteniendo su sonrisa amigable y los ojos cerrados.
Fugaku noto como algunas mujeres volteaban a ver al rayo amarillo de Konoha y como se sonrojaban cuando él las miro y les sonrió amigable.
—Lo odio —pensó con envidia y lo miro de reojo, fulminándolo con la mirada —¿Qué tiene él de atractivo? Solo porque es rubio con ojos celestes y tiene una carrera formidable como shinobi. Pues yo soy un Uchiha y eso me hace mucho más irresistible que Namikaze. Hmph, de todas formas, esas simples mujeres no se merecen a un tipo como yo, Mikoto es afortunada —pensó asintiendo con la cabeza repetidas veces.
—Fugaku-san ¿sucede algo?—pregunto Minato con una gota resbalándose de su cabeza al ver al azabache tan extraño.
—Hmph —contesto Fugaku aun cruzado de brazos y apartando la mirada.
—¡Fugaku-kun, Minato-kun! —ambos chicos miraron hacia donde provenía aquella dulce voz que ambos conocían.
Fugaku se sonrojo al ver a su novia correr en cámara lenta, Mikoto vestía con un sencillo vestido azul oscuro que le ajustaba en el pecho, con finas tiras sosteniéndose por sus hombros; era suelto comenzando debajo de la cintura y llegando hasta unos diez centímetros de las rodillas. El cabello lo llevaba suelto, salvo por un pañuelo que lo llevaba en el cabello con el pequeño nudo hacia arriba, dándole un aspecto inocente y dulce.
—Sin dudas mi novia es la mujer más hermosa de todo el País del Fuego —Fugaku tuvo suerte de ser inexpresivo o de lo contrario se vería la cara de bobalicón que tenía adentro de sí.
—¡Te ves preciosa, Mikoto-chan! —exclamo Minato en cuanto la peliazul estuvo enfrente de ellos. Fugaku le dirigió una mirada fulminante que el rubio ignoro.
—Gracias, Minato-kun. Tú también te ves bien —comento la muchacha levemente sonrojada.
Minato iba vestido con un pantalón negro, una remera blanca con capucha hacia atrás y las mangas llegando a pocos centímetros de los codos. No tenía puesto su banda ninja, por lo que su cabello parecía más largo de lo común.
El azabache observo al Namikaze como iba vestido y luego se fijó en él, vistiendo también unos pantalones negros, salvo por su remera que negra, de mangas largas y con cuello buche.
—Yo me veo más apuesto que ese rubio idiota —fulmino con la mirada a los dos que ignoraban su presencia y sin evitarlo bufo.
—¡Fugaku-kun! —sonrió Mikoto acercándose hacia él. —¿Qué tal me veo? —pregunto dando una vuelta sobre si, provocando que el vestido se levantara en la caída.
—Hmph —expreso Fugaku mientras trataba de controlar el sonrojo y desvió la mirada hacia otro lado. Mikoto se sonrojo y sonrió porque sabía que significaba eso.
Minato sonrió a la pareja. A pesar de que sabía que él no era del agrado para el azabache, le sentaba bien ver a su amiga tan feliz con su novio. Pero pronto su atención se desvió hacia una cabellera rojiza que danzaba en el aire. Quito su sonrisa y profundizo su visión de vista para solo concentrarse en la persona que se estaba acercando, aquella que le estaba cortando la respiración con solo tenerla cerca o escuchar su nombre.
El Uchiha noto la expresión en los ojos perdidos del rubio, por lo que volteo a ver que tanto le era atrapante. Sus ojos se abrieron en grande y algo se volcó de repente dentro suyo al ver a Kushina tan... linda.
—¡¿Qué carajos estoy pensando?! —golpeo con fuerza su frente y se giró para que nadie lo mirase —Seguramente es porque viene de vestido y nunca, enserio, nunca había visto a Kushina usar vestidos. Decía que era para niñas estúpidas que querían mostrar sus bragas o que le metieran mano. No entiendo porque esta vestida así —un sonrojo se extendió en sus mejillas y los nervios se intensificaron.
Mikoto era la única que no entendía que era lo que les sucedía a su novio y a su amigo, no fue hasta que desvió su mirada hacia la misma dirección y abrió los ojos en grande al igual que la boca mientras miraba con horror y odio a Kushina, y no era porque esta usaba un vestido; no, claro que no.
—¿Cómo me veo? —inquirió la Habanera y dando una pequeña vuelta, logrando cabrear más a Mikoto.
—¡Ese es mi vestido!—chillo indignada apuntándola con el dedo en cuanto la pelirroja estuvo enfrente de ella. Los otros dos salieron de su transe y miraron a Kushina una vez, prestando más atención al vestido.
—Supongo que lo compramos en el mismo lugar, ttebane —sonrió fingiendo inocencia que Mikoto y Fugaku sabían que no tenía, pero Minato solo sonrió.
—Kushina se ve muy hermosa con ese vestido —pensó el rubio y miro de reojo como Mikoto quería asesinarla con la mirada, también como Fugaku la miraba con reproche. La sonrisa del rubio se esfumo en cuanto noto algo en los ojos de Fugaku —Creo que él no se ha dado cuenta...
—Oye, ¿tú eres Namikaze, cierto?—la dulce voz de la pelirroja lo distrajo y la miro con nerviosismo mientras asentía con la cabeza repetidas veces. Entonces su corazón se paralizo cuando Kushina le sonrió amigable —¡Un placer, ttebane! Nos han presentado antes, pero soy un poco olvidadiza. Tendrás que perdonarme pero tu apellido es lo único que recuerdo. Soy mala para recordar nombres.
—Eres mala incluso para respirar. ¿Por qué no te mueres de una buena vez? —pensó Fugaku con pesadez mientras suspiraba, sin mas no se atrevía a decirlo en voz alta.
—Un gusto, Kushina-san —Minato se inclinó respetuosamente.
—¡Se lo presente hace menos de un mes! ¡Tiene que estar jodiendome! —una vena se marcó en la frente de Mikoto mientras se cruzaba de brazos y fulminaba con la mirada a la pelirroja —¡Y usa mí mismo vestido! ¡Con lo que me costó comprármelo, ella va y compra el mismo! ¡Esto no es una coincidencia! ¡Solo quiere parecerse a mí para conquistar a mi Fugaku-kun!
Fugaku noto el rostro satisfecho que tenía Kushina al ver a una Mikoto muy furiosa, por lo que, antes que surgiera alguna pelea, aclaro la garganta para llamar la atención de todos, lo que logro efectivamente —Será mejor que entremos.
—¡Cierto, ttebane! ¡Estoy hambrienta! —exclamo Kushina y enrollo su brazo con el del azabache que la miraba molesto —¡Vamos, Fugaku-baka!
—¡Suéltame, Kushina, yo puedo solo!
—¡No seas amargado, ttebane! —Kushina arrastro a Fugaku hasta la entrada, dejando atrás a Mikoto y a Minato.
—La odio —dijo Mikoto fulminando a la pelirroja. Minato sonrió con una gota en su cabeza.
—Entremos. Yo también tengo hambre. —le brindo el brazo a su amiga y le dedico una gran sonrisa mientras cerraba los ojos. Mikoto suspiro y sonrió, a pesar de sus celos, tenía a Minato para tranquilizar sus ganas de asesinar a cierta pelirroja.
Enrollo su brazo con el de su amigo y juntos entraron al restaurante.
El tic en la ceja de Mikoto era evidente, por lo que los dos hombres en la mesa estaban concentrados en la carta del menú, sintiendo desprender de la peliazul un aura pesada y negra.
—¿Porque a mi Kami-sama? ¿Por qué? —pregunto Fugaku con lágrimas en forma de cascada que se ocultaba atrás de la carta. —Maldita Kushina, me obligo a sentarme a su lado...
—Espero que Mikoto-chan se calme, hace tiempo que no la veo así de enojada —pensó Minato con una gota resbalando de su cabeza.
La única que no parecía afectarle el tenso ambiente era a Kushina, quien repasaba la carta del menú una y otra vez con una enorme sonrisa.
—Cuando le cuente a Hana-chan seguramente me va a regañar porque hice que me reformara un vestido para que quedase igual que el vestido que tiene la Uchiha, y como también es su amiga le va a joder que la cabree, pero sé que me quiere más que a ella. De lo contario le hubiese dicho sobre mis planes maléficos. Es una suerte que se le haya escapado que la Uchiha esperaba usar ese vestido para una ocasión especial —una sonrisa socarrona se formó en su rostro y miro desafiante a la peliazul, quien no tardo en devolverle la mirada.
—Esto es una guerra. Una de las dos será la que acabe más jodida y esa no seré yo —pensó con decisión Mikoto.
—¿Ya ordenaron? —pregunto el mesero amigable, de pronto dio dos pasos atrás con miedo al notar a las dos muchachas desprender fuego de su alrededor con los ojos lanzando rayitos entre ellas mientras los dos chicos enterraban sus narices en las cartas.
—Me gustaría la especialidad de hoy— Minato sonrió amigable y al mesero se le resbalo una gota en la cabeza al ver como ignoraba a esas dos mujeres
—Lo mismo —pidió Fugaku con sequedad y el chico anoto en su libreta, viéndolo también como un loco al no huir de las muchachas.
Las miradas de ambas dejaron de ser fulminadoras para pasar a ser una desafiante y ambas colocaron una sonrisa socarrona en su rostro, como si hubiesen hecho un desafío en silencio.
—Esto no será bueno —pensaron Minato y Fugaku al mismo tiempo.
—Quiero unos Onigiri, brochetas de pollo, también se me antoja el carne y pescado fritos con salsa de soja, un plato de mariscos y una ensalada. Oh, y ramen. —Kushina sonrió al dar su orden y todos la miraron con una gota en la cabeza. La pelirroja le echo una sonrisa zorruna a la peliazul y esta entrecerró los ojos.
—Quiero lo que pidió ella, solo sácate ese asqueroso ramen —Kushina quito su sonrisa y miro con los ojos entrecerrados a su rival. Esta sonrió socarrona —Cámbialos por un Tsukemen. —esto último hizo sacar una vena en la frente de Kushina.
El mesero se fue corriendo mientras se llevaba las cartas de menú. Minato y Fugaku se dieron cuenta que ya no tendrían una herramienta para distraerse, por lo que comenzaron con una charla entre ellos sobre cualquier otra cosa que distrajera a las dos femeninas de su duelo de miradas.
—Y así fue como el huevo fue primero que la gallina —termino su explicación el rubio, mirando disimuladamente a la pelirroja. —Enojada o no, se ve muy mona hoy —pensó sonriendo mientras cerraba los ojos.
—Comprendo —asintió Fugaku con la cabeza mientras se cruzaba de brazos. Noto que Minato desviaba su mirada hacia la Uzumaki —Ciertamente, me da pena. Kushina ni lo pela y él parece un perro fiel a su abusivo amo.
—Así que dime, Kushina-san —hablo Mikoto hacia su rival que estaba justo enfrente de ella, los chicos sintieron un escalofríos recorrerle cuando oyeron ese tono de voz tétrico —¿Cómo es que Fugaku-kun y tu terminaron en el mismo equipo?
—Verás, Fugaku-baka y yo, junto con otros estudiantes más como Shibi-kun, nos graduamos con apenas diez años, por lo que nosotros formamos el equipo siete —sonrió amigable y Mikoto imito la sonrisa, ambas falsas y los dos hombres lo notaron —Supongo que tu terminaste la academia a los doce años, pero no te preocupes, se entiende al no ser tan especial como nosotros —agrego con una sonrisa socarrona y Mikoto la fulmino con la mirada.
—Tú también te graduaste de la academia a esa edad ¿Verdad, Namikaze?—pregunto Fugaku para distraer a las muchachas.
—Exacto, también me gradué con ustedes —asintió con la cabeza mientras mantenía una sonrisa amable.
—Vaya, hasta Namiza...
—CofcofNamikazecofcof —Fugaku fingió toser para corregir a Kushina.
—Namikaze se graduó con diez años, ttebane —corrigió la pelirroja con una gotita sobre la cabeza. Volviendo a tomar su actitud egocéntrica, miro a Mikoto como si fuese una pordiosera —No te apenes, Mikoto-san, no es tan malo graduarse a los doce.
—Por supuesto que no, después de todo no todas las personas somos anormales, sin ofender Minato-kun y Fugaku-kun.
—¡¿Ósea que a mi si me ofendes, ttebane?! —grito Kushina golpeando la mesa con sus manos mientras se paraba.
—¡Pensé que necesitaría hacerte un dibujito para que entendieses, Kushina-san! —exclamo Mikoto imitando a la pelirroja.
Ambas se miraron fulminantes y con rayitos chocando que salían de sus miradas. La clientela miraba a las dos como si estuviesen locas y apartaron la mirada con miedo de que les salten encima.
—Po-por favor, v-vamos a calmarn-nos —tartamudeo Minato levantando las manos a la altura de su pecho. —La comida ya está por llegar.
—Namikaze tiene razón, Mikoto, Kushina —dijo con seriedad Fugaku, pero se notaba las gotas de sudor que caían en su cabeza —Estas mujeres son aterradoras.
Haciéndoles caso a los chicos, se sentaron sin dejar de mirarse con odio. El pedido llego y la mesa se vio rodeada de todo tipo de platillo. La Uchiha y la Uzumaki tomaron sus respectivos palillos y un desafío se volvió a plantear en sus miradas. Comenzaron a comer de todo un poco y cada vez más rápido, casi sin masticar y ensuciando todo su rostro, lo bueno es que ambas habían colocado la servilleta en el cuello para no mancharse, aunque Kushina coloco el largo del mantel para cubrir sus piernas, pues esta comía aun mas bruto que la peliazul.
Minato y Fugaku las miraron incrédulos sin poder creer todo lo que ambas estaban ingiriendo. Tenían estaturas pequeñas, curvas delicadas y parecían tan frágiles (o al menos para el rubio, Kushina era frágil al igual que Mikoto) y toda esa cantidad estaba cabiendo dentro de ellas.
De pronto ambas pararon de comer para levantarse de golpe y correr hacia el baño, dejando a todo el restaurante mirándolas como locas.
—No podemos dejarlas solas —dijo Fugaku levantándose de su asiento y tirando la servilleta en el plato. La cita había resultado todo un fiasco, Kushina solo se la había pasado jodiendo a Mikoto y ni siquiera había interactuado con el Namikaze.
—Estoy de acuerdo, vamos.
—¡Señores! —voltearon a observar a un camarero que tenía una vena hinchada en la cabeza —¡Miren el desastre que dejaron!
Mirando hacia la mesa, se dieron cuenta que las femeninas habían tirado todo en la mesa cuando se levantaron con brusquedad. El fino mantel blanco estaba hecho un asco, y más en la punta donde estaba sentada anteriormente Kushina.
En un retrete estaba cada una de las muchachas, arrodilladas y expulsando todo lo que habían comido a las apuradas. Estaban en un cubículo individual y cada una podía escuchar a la otra devolver todo el almuerzo, entrándole mas nauseas.
—No volveré a comer a lo bestia, ttebane —juro Kushina con lágrimas en los ojos.
—Esto es culpa de la Habanera —pensó con rencor Mikoto. Débilmente se levantó del suelo y abrió la puerta del cubículo con brusquedad, al mismo tiempo lo había hecho Kushina y ambas se fulminaron con la mirada. —Ya no pienso fingir más. Te detesto, Uzumaki.
—Lo mismo digo, Uchiha. Por fin te quitaste ese disfraz de chica buena, ttebane.
—No sé qué tengas en mente, pero no voy a permitir que me robes a Fugaku-kun—Mikoto camino hacia el lavamanos y miro por el espejo que Kushina se colocaba en otro lavamanos, justo al lado de ella.
—Fugaku-baka no es una cosa de tu propiedad, es una cosa de mi propiedad —replico la pelirroja haciendo resaltar una vena en la cabeza de Mikoto, tomo un enjuague vocal de menta que había en un cajón de su lavamanos. —La suerte siempre está de mi lado, ttebane, así que vete despidiendo de Fugaku-baka —movió su mano con el enjuague vocal en forma de burla mientras le sonreía con superioridad.
—¡Yo también quiero enjuague vocal! ¡No te lo termines!—exclamo Mikoto cuando noto que quedaba poco y la pelirroja tenía la intensión de terminárselo.
—¡Es mío, ttebane!
—¡No es tuyo, está en el baño y es para todos los clientes!
—¡Los clientes son personas y tu pareces una suripanta!
—¡¿Qué?! —Mikoto ahogo un grito y la miro con odio —¡Dame eso, Kushina! —saco un kunai de su porta shuriken, pues lo llevaba debajo del vestido.
—¡Sobre mi cadáver, ttebane! —Kushina saco otro kunai de su porta shuriken escondido debajo de su vestido también y salió al ataque hacia la peliazul.
Minato y Fugaku estaban terminando de pagar la cuenta entre ambos porque lo que habían pedido las chicas había sido exageradamente caro y muy a duras penas habían llegado.
De pronto se escuchó una explosión en el baño y se alertaron al igual que toda la clientela. Corrieron ambos hacia el baño mientras la gente gritaba y salía de allí, asustados.
—¡Demonios, rompieron las cañerías! —exclamo Fugaku cuando vieron el desastre que había, en el techo había una gran abertura y los pocos pedazos se notaban desintegrados y negros.
—¡Mikoto-chan uso el katon! —Minato salto hacia arriba de la abertura en busca de su amiga y su amada antes que empeoraran las cosas.
—Hmph —Fugaku frunció el ceño con molestia, pues estaba seguro que Kushina fue quien provoco a Mikoto. Estaba por seguir a Minato antes que alguien lo agarrase del brazo.
—¡Sus mujeres hicieron todo esto, tiene que pagarlo, señor!—exclamo el gerente del restaurante aferrándose al brazo con más fuerza.
—¡No me molestes, idiota! —Fugaku lo noqueo y salto por la abertura.
Sobre un tejado estaban Kushina y Mikoto chocando sus kunai y ejerciendo fuerza para tirar a la otra al suelo. Se miraban con odio, ambas estaban empapadas, con el vestido desarreglado, sucio y roto a la vez que estaban despeinadas y con leves cortaduras en su mejilla y brazos.
—Aguante todas tus estúpidas bromas solo porque eres la mejor amiga de Fugaku-kun, pero ya me canse de ti, Uzumaki. Solo eres un estorbo en nuestra maravillosa relación.
—No me digas, ttebane. Ya sé lo que estás haciendo con Fugaku-baka, es todo parte de tu plan maléfico —Mikoto frunció el ceño sin comprender a que se refería —No te hagas la tonta, ya sé que aceptaste salir con Fugaku-baka para después humillarlo.
—¡No tienes idea de lo que siento, así que cállate! —Mikoto se separó de Kushina dando un salto hacia atrás y saco unos shuriken, lanzándoselos a la pelirroja que los desvió utilizando su kunai. Mikoto sonrió y tiro de unos hilos invisibles que sostenían a los shuriken con la intensión de incrustárselos en la espalda de Kushina. Efectivamente esto sucedió, sacándole un gemido de dolor a Kushina. Mikoto hizo con rapidez los sellos —¡Esto te enseñara a no meterte con mi Fugaku-kun y por ser una desconsiderada con Minato-kun!
—¿Quién es Minato-kun?—pregunto Kushina con el ceño fruncido y Mikoto casi cae anime, pero se apresuró a lanzar fuego de su boca hacia las cuerdas que daban directo hacia Kushina. La pelirroja abrió en grande los ojos para sonreír soberbia en el último segundo.
Minato y Fugaku iban saltando entre tejados divisando con la mirada a las dos muchachas, viendo los destrozos que habían causado en varios de estos. Apresuraron el paso, de lo contrario les echarían la culpa a ellos como había pasado en el restaurante.
A unos metros de ellos, se escuchó una gran explosión. Se miraron por un breve segundo para marchar hasta allí.
—¡Es imposible! —chillo Mikoto sin poder creerlo. —¡¿En qué momento hiciste los sellos, Uzumaki?!
—Hablas mucho, ttebane —Kushina sostenía con fuerza las cadenas que apresaban a Mikoto con fuerza y esta trataba inútilmente de liberarse. —Pierdes tu tiempo, deberías saber que los Uzumaki somos expertos en las técnicas de sellado, y déjame decirte, que te atrape como si fueses un animalito confiado y estúpido. Por cierto, deberías pulir más tus jutsus, fue fácil escaparme de tu patético ataque con un jutsu de reemplazo.
—¡Eres tan despreciable! ¡Ojala que te tires de un maldito puente y te mueras! —Mikoto mostro su sharingan de tres comillas en sus ojos, fulminándola con la mirada.
—¡Falta mucho para eso, ttebane! ¡Muajajaja! —rio maliciosamente sacando varias venas en la cabeza de la Uchiha. Su expresión cambio a una seria y saco un kunai —Ahora me voy a encargar de ti, Uchiha-baka.
Corrió con velocidad con el propósito de atacarla. Mikoto abrió en grande los ojos al notar que Kushina planeaba matarla y comenzó a forcejear con las cadenas, pero estas parecían apretar más su cuerpo y empezaba a quedarse sin aire.
—¡Sufre, ttebane! —Kushina solo estaba a tan pocos metros sosteniendo su kunai con firmeza.
Mikoto cerró los ojos por impulso, espero por segundos pero nada sucedía. Abrió uno de sus ojos y luego parpadeo con ambos al notar que Kushina estaba siendo detenida por Fugaku y Minato. El primero la sostenía desde atrás y el último tenía su mano sobre la punta del kunai, enterrándosela.
—¡Minato-kun! —chillo la peliazul preocupada al ver la sangre derramarse.
—¡¿Qué hiciste, Namikaze?! —grito como lo escandalosa que era y golpeo con el codo el estómago de Fugaku para que la soltase, pero no midió su fuerza e hizo que este se cayera del tejado.
—¡Fugaku-kun! —Mikoto miro preocupada por donde había caído su novio, pero suspiro de alivio cuando este volvió al tejado con un chichón enorme en la cabeza.
—¡¿Qué demonios...?! —pero se interrumpió a si mismo cuando vio con asombro la escena delante de sus ojos.
Mikoto frunció el ceño al verlo así y luego volteo a ver en dirección que su novio veía. Sus mejillas se sonrojaron al ver la escena. Kushina sostenía la mano de Minato con delicadeza y una expresión de pura preocupación y arrepentimiento mientras Minato estaba sonrojado y la miraba como si fuese lo más hermoso que haya visto alguna vez.
—No puedo creer que ella este sosteniendo mi mano —el rubio se pellizco en el brazo y sintió dolor. No era un sueño.
—¡¿Qué haces, ttebane?! ¡Estas herido! —lo regaño ella suevamente aun preocupada. Arranco un pedazo de su vestido y lo vendo en la mano herida.
—Se ven tan monos así —pensó la Uchiha aun sonrojada y observo fijamente a Kushina —Quizá no es tan malo que le haya enterrado el kunai en la mano pero... ¡¿Que carajos estoy pensando?!—se gritó a sí misma, pues la Uzumaki era una maldita desquiciada que había querido acabar con su vida sino fuese por su novio y su amigo. —¡Suéltalo, Kushina! ¡No voy a dejar que infectes a mi mejor amigo tu estupidez!
—¡Cállate, ttebane, que esto es por tu culpa!
—¡¿Mi culpa?! ¡Fuiste tú la que no quisiste prestarme el enjuague vocal! ¡Ni siquiera era tuyo! — una vena se formó en la frente de la peliazul.
—¡Pero yo lo estaba usando y estaba en el cajón del lavamanos que yo usaba! ¡Tú solo fuiste una envidiosa que lo quería!
—¡Y tú eres una jodida egoísta! ¡Y mira como dejaste mi precioso vestido!
—¿Todo este lio solo por enjuague vocal? —pensaron Minato y Fugaku con una gota en la cabeza.
—¡El mío también esta echo un asco por tu culpa, ttebane!
—¡Ya párale con el "ttebane" que pareces retrasada!
—¡Retrasada tu abuela, ttebane!
—¡No metas a mi abuela, rojita, y suelta a Minato que ya bastante daño le hiciste!
—¡No fue mi culpa, yo solo...!
—¡Tu querías matarme! ¡Y ya sácame estas malditas cadenas!
—¡Yo no...!
—Kushina, quítale las cadenas a Mikoto y larguémonos de aquí antes que envíen a investigar que paso y nos metamos en problemas —Fugaku intervino en la pelea porque ya estaba harto de escucharlas.
La Uzumaki era consciente de lo que decía era cierto, por lo que deshizo el jutsu y de inmediato Mikoto se abalanzo sobre Minato para revisar su mano, empujando a Kushina que por poco se cae del tejado, pero logro sujetarse del borde y fulmino con la mirada a la peliazul.
—Hmph —miro hacia arriba y noto la mano que Fugaku le brindaba. La tomo sin dudar, a pesar de que este la miraba con reproche. Una vez en el tejado, se cruzó de brazos e inflo los cachetes, enojada — Tú estabas a punto de matarla, ¿cómo quieres que reaccione?
—¡Yo no iba a matarla, tu sabes que yo sería incapaz! —exclamo Kushina, siendo escuchada también por Mikoto y Minato.
—¿Entonces?
—Solo iba a asustarla —desvió la mirada hacia otro costado —Ella si planeaba asesinarme incrustando shuriken en mi cuerpo y prendiéndome fuego.
Las miradas volaron hacia Mikoto y esta se sonrojo de pena. Si, tal vez se había pasado, pero cuando estaba furiosa realmente su juicio era nublado.
—Hmph.
—¡¿Es que a ella no le vas a reprochar nada, ttebane?! —grito enojada la pelirroja y Mikoto sonrió triunfante. Fugaku suspiro y espero con gusto el golpe, pues él no pensaba que Kushina mostraría esa expresión de desconcierto, dolor y tristeza, logrando remover algo en su pecho —Supongo que cuando ya tienen novia olvidan a quienes siempre estuvieron a su lado —susurro, solo Fugaku fue capaz de escucharla y abrió los ojos en grande para luego fruncir el ceño.
—Yo no...
—Minato-kun —la pelirroja lo ignoro, lo que causo desconcierto en Fugaku y cierta amargura. Solo lo ignoraba cuando realmente estaba enojada con él. —Me ofrezco a llevarlo al hospital y pagar la factura.
—No es necesario, Kushina-san —sonrió amablemente Minato con un leve sonrojo en su rostro.
—Por favor, acepte que lo lleve —Kushina hizo una reverencia que dejo sorprendidos a todos.
—Está bien —sonrió el muchacho y se alejó de una Mikoto, que seguía sorprendida.
—¡Después de tantos años, Kushina está reparando su atención en Minato-kun! —pensó incrédula, pues ella misma había sido testigo como antes ella no recordaba su nombre y ahora era capaz de hacerlo, incluso de reparar en su existencia. —¡Pero aun así no dejare que se lo lleve, ella...!
—Mikoto, vámonos.
—¿Eh? —la peliazul parpadeo repetidas veces y se dio cuenta que Minato y Kushina ya no estaban y Fugaku estaba de brazos cruzados esperando a que ella reaccionase —¡No! ¡No voy a dejar que ella...!
—Ya hubieron suficientes problemas por hoy, Mikoto —le interrumpió Fugaku de forma brusca, lo que la hizo mirarlo sorprendida y luego bajo la cabeza apenada, seguramente estaba molesto por lo que ella y Kushina habían causado en el restaurante y la pelea hace unos minutos.
Fugaku salto del tejado hacia otro con la mirada fría, ni siquiera se dio cuenta que había partido sin su novia, pero estaba más al pendiente de esa sensación amarga y molesta que se desato al ver a la pelirroja y al rubio marcharse juntos.
—No hay nada de qué preocuparse, la herida no fue tan profunda —dijo Tsunade terminando de curar la mano de Minato con sus manos —Aunque las fachas en que estas Kushina, me hace creer que esto fue más que un accidente en el entrenamiento y más si Minato es tan atento a ese tipo de cosas —Tsunade frunció el ceño observando a la pelirroja con un vestido azul todo estropeado y mojado. —Te vas a resfriar con esas pintas, espérame aquí que iré a traerte algo que puedas usar.
—Gracias, Tsunade-san —sonrió la pelirroja y la rubia le devolvió la sonrisa.
Se quedaron solos en cuanto la mujer salió de su oficina. Kushina se sentía avergonzada por haberle hecho daño (aunque no intencional) a alguien que no tenía nada que ver con su riña con la Uchiha.
—Siento mucho haberte dañado —expreso lamentándolo enserio.
—No es nada —sonrió Minato, se sentía un poco nervioso a su lado, pero también estaba ese cosquilleo en su estómago al tenerla cerca y verla preocupada por él.
—¡Aun así fui una tonta, ttebane! Tienes el derecho de molestarte conmigo...
—No, solo fue un accidente —insistió el rubio, la miraba con cariño y deseaba poder decirle lo mucho que agradecía que enterrase un kunai en su mano para tenerla cerca.
—De todas formas, voy a recompensarte —Kushina se acercó a la camilla donde él estaba sentado y Minato se sonrojo al tenerla cerca —¡Voy a llevarte a probar el mejor ramen del País del Fuego, ttebane! —exclamo con sonrisa de oreja a oreja y Minato correspondió de manera amigable y cerrando los ojos, pero sus ojos se abrieron de golpe al repasar en su mente sus palabras.
—¿Llevarme? —se sonrojo nuevamente y sintió aun mas nervios —¿Nosotros dos? ¿Salir?
—¡Por supuesto! Mañana mismo te llevare al Ichiraku ramen, te encantara.
Minato parpadeo sorprendido y aun sonrojado, pero sonrió nuevamente y asintió con la cabeza —Esta bien. Mañana será.
Shibi escupió toda la sopa del ramen por la impresión y volteo a mirar a Kushina mientras se pasaba una servilleta por la boca. Ella iba por su tercer tazón y sin prestarle atención a la reacción del Aburame.
—¿Invitaste a Minato-san a una cita? —pregunto sin poder creérselo. —¿Kushina haciéndose responsable de sus actos? Eso no parece propio de ella.
—Claro, la Uchiha odia que me acerque a su amigo y eso hare —sonrió zorruna.
—Eso es más propio de ella. —pensó con una gota en la cabeza.
—Por atacarme así se merece que le salgan unas cuantas canas verdes—se encogió de hombros y termino su tazón —¡Otro, Teuchi, por favor!
—¡A la orden, Kushina-chan! —asintió el hombre regalándole una sonrisa que ella correspondió y se dirigió hacia adentro de la cocina para prepararle a su clienta preferida.
—¿Estás diciendo que te agrado Minato-san?
—Sí, lástima que es amigo de la insoportable de la Uchiha —bufo revoleando los ojos y se cruzó de brazos —Parece ser un buen chico, aunque es un poco afeminado.
—¿Afeminado de dónde? ¡Tiene gran parte de las chicas sobre sus pies! —pensó Shibi incrédulo.
—De todas formas, voy a informarme bien de él, y necesitare tu ayuda.
—¿Por qué siempre me ponen en el medio a mí, Kami-sama? —Shibi volteo el rostro para que ella no viera como se mordía el labio y colocaba una mano convertida en puño a la altura de su barbilla mientras miraba hacia arriba.
—¡Mañana mismo buscare a Minato-kun y me hare su mejor amiga, ttebane! ¡Así la Uchiha sufrirá por haberse metido con Kushina Uzumaki! ¡Muajajaja! —rio maléficamente sacándole una gota de sudor a Shibi y a Teuchi que iba saliendo de la cocina con un tazón de ramen.
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Ame escribir este capítulo, aunque no pensé en un principio hacer tan desastrosa la cita (en todo sentido de la palabra).
Mikoto jura vengarse de Kushina, Kushina quiere joder más a Mikoto, Fugaku esta empezando a sentirse molesto al ver a Kushina con Minato y Minato es el único que no tiene intensiones ni pensamientos malvados(?) Pobre xd
Gracias por su apoyo a todos y cada una de las personas que leen este humilde fic c:
¡Sayonara, ttebane!
