Disclaimer: Los personajes son exclusivos de Kishimoto, pero los tome prestado para hacer esta historia n.n
N/A: Mis patéticas y para nada creyentes excusas están al final. Pido disculpas desde ya por este horrible cap T.T
A favor de la campaña "con voz y voto" porque agregar a favoritos y no dejar comentario es "como manosearme una teta y salir corriendo". Un review nunca esta demás si la historia te ha sacado una sonrisa.
Capitulo Diez
El Gran Gran Bosque
Jiraiya despertó en mitad de la noche al escuchar extraños ruidos de animales cada vez más insistentes, pero aquello era considerado imposible para el gran sannin. Su departamento quedaba en el centro de Konoha y allí no se escuchaban los búhos, los aullidos ni demás ruidos que perturbaban sus sueños.
Abriendo los ojos y lanzando un bostezo, tuvo toda la intensión de llevarse una mano sobre su boca para cubrirla, pero se sorprendió al no poder lograrlo. Se removió un poco más moverse sin éxito, y allí fue cuando el sueño y la fiaca se quedaron atrás y abrió en grande sus ojos mientras su mandíbula se desencajaba a lo largo.
—¡¿Qué es esto?! —grito espantado, abajo de él había un terrible precipicio de veinte metros de altura y su cuerpo estaba enredado en una cuerda que lo sostenía desde la rama de un árbol que había crecido en el principio del precipicio.
La noche estaba oscura y la luna se hallaba en el medio del cielo más grande de lo común. Jiraiya miraba hacia abajo con terror ante la oscuridad desconocida debajo de sus pies, se podía notar a la gran altura donde se hallaba, y no dudaba que moriría si caía.
—Sensei —volteo su cabeza al instante para observar a su alumno estrella sobre la copa del árbol, en cuclillas y sonriéndole amigable.
—¡Minato, ayúdame, ayúdame! —exclamo con desespero mientras se movía intentando liberarse.
—Sensei, si sigue moviéndose así entonces la cuerda se romperá —comento el rubio con calma.
—¡¿Qué esperas, Minato?! ¡Sácame de aquí, soy demasiado atractivo para morir así!
—Antes quiero hacerle una pregunta —Minato cerro sus ojos expandiendo nuevamente una sonrisa en su rostro —¿Es cierto que usted espió a Kushina en las aguas termales?
Los ojos de Jiraiya reflejaron terror al mismo tiempo que incredibilidad. ¿El buenazo de su alumno le había hecho tal cosa? ¿Enserio era el vil y cruel humano que lo amarrado a un precipicio cuando podía caer y morir en cualquier momento?
—Y yo pensaba que Orochimaru era cruel. En lo que me metí por esa pelirroja —comenzó a sudar frio, dio un respingado cuando Minato abrió los ojos y se mostró serio —¡Pe-pero n-no era mi intención! ¡E-ella estaba a-ahí cuando y-yo iba! —río con nerviosismo, esperando a que su alumno le perdonase —Ya sabes que Kushina no es de las de mi tipo.
—¿Las de su tipo? —pregunto Minato con indiferencia.
—S-sí, ya sabes, machorras, violentas y groseras. Podrá tener un buen cuerpazo pero... ¡¿Qué haces, Minato?! ¡Soy tu sensei, por el amor a lo que más quieras! —grito desesperado al ver al muchacho sacar un kunai y llevándolo hacia la cuerda que lo sostenía.
—Sensei, jamás juzgue su manera de ser ni tampoco el tipo de pasatiempos a los que se dedica, pero usted ya estaba advertido que Kushina Uzumaki no sería un objeto de su perversión —dijo el rubio con tranquilidad y seriedad, asustando más a Jiraiya —Tampoco permitiré que hable así de ella, es una dama y no merece tales palabras hacia su persona.
—¡Co-comprendo! ¡Por favor, Minato, suéltame y arreglemos esto como el sensei y alumno que somos! ¡Como el padre e hijo que hemos llegado a hacer en todo este tiempo!
—Créame, Jiraiya-sensei —esa sonrisa amigable de Minato lo hizo temblar y juro que estaba a punto de hacerse en los pantalones —Si usted hubiese sido otra persona, si yo no tuviera cierta consideración por usted ni fuera un padre para mi, ya estaría en un peor lugar. Adiós, sensei.
El rubio se marchó de allí dando un gran salto hacia arriba, una vez en tierra se giró y saludo con la mano a su sensei, obsequiándole una dulce sonrisa. Se marchó, dejando a Jiraiya aterrado.
—Menos mal, pensé que iba a tirarme —suspiro el sabio de los sapos, pero abrió sus ojos en grande al notar una detalle que no podía pasar por desapercibido —¡Minatooo! ¡Desátame! ¡No puedes dejarme aquí! ¡Minatooo! —chillo removiéndose una y otra vez. Se quedó quieto cuando escucho un crujir, levanto la vista hacia arriba y vio que la cuerda estaba a punto de cortarse —¡Noooooo! ¡Auxilio! ¡Ayúdame, Kami-sama! ¡Ayúdame y prometo ser un buen hombre, un buen shinobi y no volveré a...—pero la cuerda se cortó y él comenzó a caer, perdiéndose en el vacío del oscuro precipicio, soltando un gritito de niña.
En la oficina del Hokage se encontraban tres personas, esperando a la cuarta para que les asignen la misión por las cuales fueron llamados. Pero la kunoichi no aparecía hacía ya veinte minutos y estaban retrasándose, sin mencionar la poca paciencia que se perdía por algunos integrantes del equipo.
Shikaku Nara estaba cruzado de brazos mientras bostezaba constantemente y pequeñas gotas salían de sus ojos. A su lado, estaba Hiashi Hyuga con una seria expresión en el rostro y completamente fastidiado. Fugaku Uchiha, quien estaba recostado en la pared de la oficinal con los brazos cruzados, ligeramente enfadado pero acostumbrado a las tardanzas de su compañera. La ultima integrante del grupo, pero que aún no llegaba, era Kushina, la pelirroja hiperactiva que provocaba desesperación allí a todos.
La puerta se abrió de golpe y dejo ver a la kunoichi con la respiración agitada y tomando aire con dificultad.
—¡Lo siento, ttebane! ¡Pero me quede dormida, mi despertador no funciona!
—Hmph.
—¡Deja de molestarme, Fugaku-baka! ¡Siempre tienes que exagerar mis tardanzas! —le grito acusándolo con el índice. A todos se les resbalo una gotita en la cabeza ante la escena.
—Ya que Kushina está aquí, podre asignarles la misión —hablo el Hokage, tomando la atención de todos allí. Le tendió un pergamino a Shikaku que lo tomo y lo abrió para leerlo —La aldea de las flores nos ha pedido ayuda a Konoha y confió en que ustedes podrán ayudarlos.
—¡Por supuesto que sí, ttebane! —exclamo Kushina con una gran sonrisa —Pero no entiendo que hace el amargado de Hyuga aquí y el perezoso de Shikaku —los nombrados la miraron con mala cara —Mejor si llamamos a Shibi-kun.
—Shibi Abúrame está en una misión, Kushina —contesto el Hokage —El líder de la misión los estará esperando a la entrada de la aldea. Es importante que tengan éxito en esta misión, el futuro de la Aldea de las flores está en sus manos —esto último hizo que todos se pusieran serios y asintieran con la cabeza. —Pueden irse —y sin esperar, todos se marcharon para recoger lo necesario para la misión.
—Así que por eso Shibi-kun no estaba para ayudarme en la cita con Minato-kun —pensaba en voz alta Kushina mientras caminaba hacia la entrada de Konoha —Y yo que pensaba golpearlo por haberse escondido, y resulta que estaba de misión. Debería limpiar su cama, después de todo le deje todos sus bichos muertos por venganza y se los deje debajo de sus cobijas para cuando llegara sufriera, ttebane. Pero en fin, no tengo tiempo.
Deteniendo sus pensamientos, se dio cuenta que estaba en una calle muy familiar y levanto la vista hacia un costado para mirar al Ichiraku abierto. Sus ojos brillaron y sonrió en grande.
—No puedo ir a la misión con el estómago vacío. Comprenderán —se dijo a si misma sonriendo zorruna y entro al Ichiraku —¡Buenos, días! ¡Un tazón, por favor, y rápido que debo irme de misión, ttebane!
Al finalizar su quinto tazón de ramen miro la hora en el reloj que estaba colgado en la pared del restaurante y abrió en grande los ojos. Saco de su bolsillo los cupones de ramen gratis y los dejo arriba de la mesa.
—¡Debo irme, adiós Teuchi, Ayame-chan! —grito al salir corriendo del puesto.
—¡Suerte, Kushina-chan! —exclamo Teuchi saliendo de la tienda con la pequeña Ayame y saludándola con la mano.
Kushina les devolvió el saludo de igual manera mientras sonreía. Subió arriba de los techos y comenzó a aumentar la velocidad, pues ya tenía cuarenta minutos de retraso y bien merecido tendría el regaño, claro que si no era parte de Fugaku-baka. Todavía seguía molesta con él por la manera en que había defendido a la Uchiha pero no le decía nada cuando supo que había intentado matarla. Eso era traición y se las pagaría.
Llego al punto de encuentro con la respiración agitada, todos estaban allí con los brazos cruzados, mirándola fulminante y frunciendo el ceño.
—Parecen un trio de amargados, ttebane —comento con una sonrisa nerviosa mientras se rascaba la cabeza por detrás.
—¡Cuarenta minutos! ¡No puedo creer que te hagas llamar kunoichi con una tardanza así! —exclamo Fugaku molesto y Kushina se cruzó de brazos y miro hacia otro lado, ignorándolo. Esto hizo que al Uchiha le saliera una vena en la frente —Kushina...
—¡Tenia hambre, ttebane! ¡No podía ir con el estómago vacío!
—Tu justificación no tiene validez, Uzumaki —comento Hiashi con severidad —La aldea de las Flores queda a dos días de aquí, están en una situación crítica y no tenemos tiempo para perder en ti.
—¡Pero...!
—Ya está bien —interrumpió una voz conocida. Kushina miro hacia un lado y allí estaba Minato, con una sonrisa amable en el rostro que siempre le dirigía —Kushina-san está aquí y eso es lo que importa, vayámonos ahora.
—¡Minato-kun! —exclamo sorprendida —¿Qué haces aquí, ttebane?
—Es el líder del grupo —le contesto Shikaku a la pelirroja —Y tiene razón, hay que irnos. Ya perdimos suficiente tiempo.
Sintiéndose apenada, Kushina prefirió cerrar la boca y salir de la aldea a toda velocidad acompañada de sus compañeros. Tal vez no debió parar a comer en el Ichiraku, ellos también podrían estar hambrientos y no perdieron tiempo en reunirse para salir de misión. Además debía recordar que la pobre gente de la aldea la estaba esperando.
—Soy un desastre —agacho su cabeza con depresión mientras iba saltando de rama en rama, pero luego la levanto y miro con decisión hacia enfrente —¡Daré lo mejor de mí en esta misión, ttebane!
Estaba anocheciendo por lo que Minato dio la orden de acampar y buscar todo lo necesario para pasar la noche. Shikaku fue a buscar leña para la fogata, Fugaku agua, Minato inspecciono el lugar mientras que Kushina y Hiashi se las empeñaban en armar inútilmente la carpa.
—Ese caño no va a ahí, Uzumaki —dijo por quinta vez Hiashi, quien estaba más que molesto porque lo habían puesto a trabajar con ella.
—Claro que si va, ttebane —replico Kushina intentando colocar el caño sin éxito —Solo hay que darle un empujoncito.
—Vas a romper la...
Antes de que Hiashi terminara la oración, el caño que Kushina intentaba pasar termino por rajar gran parte de la carpa, dejando a la pelirroja y al ojiblanco en silencio.
—Podemos dormir viendo las estrellas, ttebane, je je —rio nerviosa la Uzumaki mientras se rascaba la cabeza y tenía una gotita en ella.
Hiashi miro la carpa y luego a Kushina con un tic en uno de sus ojos, pero antes que pegara el grito al cielo apareció Fugaku dejando a un lado el balde con agua que había traído, este se sorprendió al ver la carpa destruida y de inmediato dirigió su mirada hacia la pelirroja, que trataba de hacerse la desentendida.
—Genial, Kushina. Lo haces tan bien —soltó con sarcasmo y se dio media vuelta para alejarse.
Hiashi soltó un suspiro y le dio la última mirada fulminadora para comenzar a caminar hacia donde se había ido su amigo. Ella se quedó allí, sintiéndose un estorbo. Estaba haciendo todo mal.
—Kushina —se dio vuelta para mirar hacia Minato, quien se acercaba a paso lento y con una sonrisa tranquilizadora —No te preocupes, el tiempo está perfecto para dormir al aire libre.
—Pero es que...
—¿Qué te parece si hacemos la cena? —Minato cerró sus ojos y le brindo una linda sonrisa que la hizo sonrojar por un momento. Asintió devolviéndole el gesto.
—¡Les encantara mi comida, ttebane! —aseguro la pelirroja con entusiasmo. Minato le pareció extremadamente hermosa —Por cierto, Minato-kun, me has llamado "Kushina" —agrego con sorpresa.
—¡Lo siento! N-no fue mi intensión —balbuceo el rubio con las mejillas sonrojadas. Kushina lo observo por un momento y sonrió cerrando los ojos.
—No te preocupes, Mina-chan, me gusta así.
—¿Mina-chan? —el sonrojo se intensifico en el rostro del Namikaze.
—¿Puedo llamarte así, ttebane?
—S-si —asintió el muchacho con nervios. Kushina le volvió a sonreír.
—¡Entonces, manos a la obra, Mina-chan!
—¿Esto es comestible? —pregunto Shikaku a Hiashi, quien observaba desde su tazón de madera la extraña sopa verdosa que parecía tener vida propia.
—Tengo miedo de comerlo —admitió el Hyuga y el Nara le dio la razón asintiendo con la cabeza.
—No sé cómo Minato y Fugaku pueden comerlo —mascullo Shikaku mirando al pelinegro y a Minato cenar lo más tranquilos alrededor de la fogata.
Kushina cenaba mirando de reojo a sus dos amigos que estaban comiendo lo que tanto le había costado preparar. Por otro lado, noto que Shikaku y Hiashi no le había dado ni una sola cucharada, pero suponía que era porque se habían dejado llevar por las apariencias.
—¿Qué sucede, ttebane? —les pregunto, de inmediato estos se pusieron tensos y se miraron de reojo.
—No tenemos hambre —respondieron al mismo tiempo.
—¡Claro que sí! Estuvieron todo el rato molestándome para saber cuándo cenaríamos ¡Vamos, denle una oportunidad!
—Esto es un atentado a la vida, Uzumaki —replico Hiashi con sequedad y con una mueca de asco en el rostro al ver la sopa en su tazón —Moriré si lo pruebo y quiero seguir viviendo.
—Exageras, ojitos. Solo pruébalo —Kushina lo fulmino con la mirada, empezaba a enojarse.
Shikaku se quedó callado, pensando si debía o no comerlo, pues sabía que su vida corría peligro de todas maneras, si lo comía o no. Si lo hacía, se moriría de intoxicación, y si no, Kushina le rompería todos sus huesos. Ah, que problemáticas que eran las mujeres.
Fugaku los miro sin muchos ánimos y hablo después de dar otra cucharada más.
—Su sabor es mucho mejor de lo que se ve —aseguro, sorprendiendo a Hiashi y Shikaku. —Coman.
Kushina lo miro por breves segundos y sonrió contenta, volviendo a su cena. A veces Fugaku-baka no era tan baka.
Minato observaba todo de reojo con una expresión seria hacia Fugaku y Kushina.
Hiashi y Shikaku se miraron una vez más y luego tragaron saliva cuando su mirada se dirigió hacia el tazón que tenía cada uno. Tomo la cuchara y la metieron en el contenido, llevándose a la boca un poco de ese coso verde que les aterraba. Cuando sus papilas gustativas comenzaron a saborear el sabor, sus ojos brillaron y miraron incrédulos el tazón.
Kushina carraspeo, atrayendo la atención y sonriéndoles mofa.
—¿No que esta para chuparse los dedos, ttebane?
El equipo liderado por Namikaze está en una de las salas sentados enfrente del jefe de la aldea de las Flores, a su lado están su hija menor de lado izquierdo y del lado derecho esta su hijo mayor, quien no ha parado de darle ojitos a Fugaku, haciéndole salir un tic en el ojo izquierdo por más que su rostro se muestre serio. Kushina se muerde la lengua para no reírse, Shikaku está observando con atención la imagen dibujada de la flor que necesitan conseguir para el medicamento y salvar a la aldea de la extraña enfermedad, Hiashi ignora a la hija del líder que parece estar coqueteándole descaradamente y para nada apropiado. Minato era el único que estaba escuchando al líder de la aldea, quien le relata cómo comenzó la infección.
—Al principio parecía una simple gripe con fiebre, mucosidad y cansancio en el cuerpo, pero luego nos dimos cuenta que la fiebre cada vez subía mas y más hasta que finalmente las personas comenzaron a morir —relataba el hombre con cierto pesar, ignorando como su hijo mayor, Shota, comenzaba a mandarle besos a Fugaku y su hija, Tsubaki, se intentaba descubrir un pecho a la vez que Hiashi desviaba la mirada, recordándose que era un hombre fiel —La mayor parte de la aldea está muriendo y no hay suficientes médicos que den abasto, además que ellos también comenzaron a enfermarse.
—¿Usted cree que esa flor podrá salvar a su aldea? —inquirió Minato con seriedad. Detrás de él, Kushina tenía las mejillas infladas y se aguantaba las ganas de reírse, pequeñas lágrimas se contenían en sus ojos al ver la cara de su mejor amigo. Shikaku seguía mirando el pergamino.
—Sí, es una muy antigua y rara especie de flores que se encuentra en el mundo. Tiene el poder de curar cualquier enfermedad, mis ancestros la han usado para las pestes y les ha servido.
—¿Dónde podemos encontrarla? —cuestiono Shikaku, levantando la mirada. Enseguida se le coloco una gota en la cabeza al ver a sus compañeros siendo acosados y Kushina riéndose de su suerte.
—Está en el Gran Gran Bosque.
—¿El "Gran Gran Bosque"? —murmuro Kushina, prestándole atención de una buena vez. —¿Porque es ese nombre?
—Verás, jovencita, las criaturas allí son el diez veces más grandes que su tamaño que normalmente vemos —contesto el jefe. —Si ves una hormiga, no será tan pequeña...
—Bien, ¿hay algo más que debemos saber antes de ir allí? —Fugaku hablo para distraerse, quería vomitar y el tipo no le dejaba de hacer señales obscenas.
—Tengan cuidado, muchos no han regresado con vida.
Los cinco shinobis asintieron con seriedad, el jefe de la aldea se levantó y les agradeció, finalmente marchándose. Fugaku y Hiashi comenzaron a correr para estar lejos de sus acosadores. Kushina sonrió con malicia y se acercó a los dos hermanos, feliz por la propuesta que les haría.
Les tardo poco mas de medio día en llegar al terrible Gran Gran Bosque, Minato les hizo detenerse para comenzar con el plan que había trazado con Shikaku. El Nara saco el pergamino con imagen de la extraña flor, mostrándoselas a Fugaku, Kushina y Hiashi, quienes la miraron con interés e impresión.
—¿Es de oro, ttebane? —inquirió la pelirroja sin creerlo.
—Sus pétalos cerrados —murmuro Hiashi.
—Y el tallo de color plata —hablo Fugaku.
—Así es, deben tener en cuenta esas descripciones cuando la busquen, no olviden ningún detalle —dijo Minato con una postura seria —Tampoco olviden que estamos en un territorio peligroso, no sabemos con qué podemos encontrarnos, por lo que nos dividiremos en grupo. Fugaku y Hiashi irán juntos mientras que Kushina y Shikaku serán otro grupo.
—¿Y tú con quien iras, Mina-chan? —pregunto Kushina con curiosidad. Los demás miraron incrédulos por la manera de llamar al Namikaze. Fugaku, sin darse cuenta, había apretado sus puños.
—Iré solo, correré por todo el bosque y tratare de buscarlo por mi cuenta.
—¡Pero eso es peligroso! —exclamo Kushina —¡Mira si una serpiente grande y fea como las de Orochimaru-san te comen, ttebane! ¡¿Y cómo se supone que correrás todo el bosque?! ¡Te llevaría días!
—Kushina, no escandalices la situación —dijo el Uchiha con fastidio —No por nada le dicen "el rayo amarillo".
Hiashi y Shikaku asintieron cuando Kushina les miro para confirmar lo que el pelinegro le decía. No le gustaba para nada que Minato se vaya por ahí solo sin conocer la zona, pero nadie la estaba apoyando y al parecer confiaban demasiado en las habilidades del rubio. Era tonto que lo dejaran ir, parecía tan debilucho y torpe que dudaba que mataría a una mosca. Sin más, soltó un suspiro, decidiendo confiar en sus compañeros.
—Bien, ahora que está todo listo, vamos. —y los cinco desaparecieron entre los arboles
—Tks, que problemático —murmuraba Shikaku mientras con una espada cortaba las largas y gigantes hojas que los cubría. Ya se habían adentrado al Gran Gran Bosque. Los arboles comenzaban a ser gigantescos al igual que el resto de la fauna, el lugar los hacía sentirse tan pequeños y diminutos, como si fueran pequeñas hormigas. Aún no habían visto ningún animal o insecto, lo que agradecían, pero todavía no había rastros de la flor.
—Esto es muy agotador, ttebane —suspiro Kushina con pesadez, corriendo las ramas de su camino —A este paso jamás terminaremos ¡Es muy grande!
—Debemos terminar esta misión cuanto antes, recuerda que hay vidas que dependen de ello. —hablo Shikaku con seriedad.
La expresión de fastidio de Kushina cambio a una seria y preocupada. No evito mirar hacia la pobre gente en la calle que parecía morirse en vida por un poco de agua. La fiebre los estaba matando de apoco y no aguantarían por mucho.
Caminaron por unos minutos en silencio estando alerta a los ruidos a su alrededor para no verse sorprendido por las criaturas que habitaban el bosque, buscaban con la mirada la flor sin éxito alguno, era como buscar una aguja en un pajar.
Unas ramas quebraron a unos metros de ellos, Kushina y Shikaku se miraron entre ellos y pronto volvieron la vista hacia donde se había escuchado. Pronto no se escuchaba una rama quebrarse, sino un gran ejército de ellos comenzó a sonar, anunciándoles a los ninjas que algo se aproximaba. Sacaron ambos un kunai y se subieron a una de las hojas de la inmensa planta, listos para el combate. Ambos se quedaron atónitos cuando ante ellos se presentó una hormiga gigante.
—Estamos perdidos, ttebane —murmuro Kushina tragando saliva. Shikaku asintió con la cabeza, dándole la razón a su compañera.
Hiashi y Fugaku tampoco estaban en mejores condiciones que sus compañeros, pues ambos corrían como si su vida fuese a acabarse al ser perseguidos por un extraño insecto que se enrollaba hasta convertirse en una pelota y rodeaba hacia donde ellos se dirigían.
—¡Todo es tu culpa, Fugaku! —le grito Hiashi mirando de reojo de mala manera a su compañero.
—¡No sabía que era un insecto! —se excusó Fugaku con las mejillas sonrojadas —¡Tenía que ir al baño, no iba a dificultar la misión!
—¡Ya lo hiciste, Uchiha!
A lo lejos divisaron a Kushina y Shikaku tratando de escapar de la enorme araña que intentaba darles con una de sus extremidades hacia ellos.
Kushina noto a sus demás camaradas, lo que la hizo suspirar irritada. Nara intentaba contener a la bestia con sus jutsus de sombras, pero le era terriblemente difícil cuando no paraba de moverse una y otra vez.
—¡Parece que tendré que hacer todo el trabajo yo, ttebane! —soltó con frustración —¡Shikaku, mantén distraída a la hormiga!
—¡¿Qué crees que estoy tratando de hacer?! —exclamo el pelinegro esquivando los ataques.
La Uzumaki se posiciono arriba de un tallo de una flor y comenzó a hacer las posiciones de manos, salto hacia el suelo, cuando su palma choco contra la superficie grandes y diversas cadenas salieron de ella, enredando a la hormiga hasta dejarla inmóvil y deteniendo al "bicho bolita". Sin embargo, ambas bestias eran demasiado grandes para ella, lo que le sumaba un gran esfuerzo.
—¡Kushina! —Fugaku corrió hacia ella con preocupación, su amiga parecía que en cualquier momento iba a colapsar por su gran esfuerzo.
—¡Estoy bien, ttebane! —aseguro la pelirroja, claramente mintiendo —¡Traten de inmovilizarlos mientras tanto! ¡Debemos seguir buscando esa flor!
Hiashi no perdió tiempo y salto, dándole golpes al insecto que les había perseguido. Fugaku amarro las extremidades de la hormiga con sus hilos de chakra mientras Shikaku lo ayudaba con la tarea.
Kushina no soporto y finalmente colapso, dejándose caer en el suelo, pero antes que su cabeza pudiera golpearse en la superficie, Fugaku la sostuvo y la miro con reproche, ella se obligó a darle una sonrisa para tranquilizarlo.
—Eres una tonta temeraria ¿lo sabes?
—Déjame en paz, ttebane.
—Hmph, molestia.
El Uchiha le devolvió la sonrisa solo cuando ella cerró los ojos y soltó un suspiro de alivio.
—Si hubiera sabido que Mina-chan la encontraría en menos de una hora, no habría entrado a ese horrible bosque, ttebane —farfullo Kushina. Estaba recostada en un futon de la mansión del líder junto con Fugaku y Hiashi.
—Deja de quejarte, al menos el pueblo estará bien —le regaño Fugaku con seriedad.
—¿Y a ti quien te hablo, Fugaku-baka?
—Shikaku está preparando la medicina —comento Hiashi para evitar una pelea entre sus compañeros —Minato lo acompaño.
—Realmente no servimos para nada en esta misión —mascullo Fugaku con envidia.
—No sabía que Mina-chan era tan eficiente —murmuro pensante la pelirroja.
El Uchiha la miro como si fuese una vil traidora, pero bah, no debería sorprenderle que Kushina siempre estuviera en su contra por más que no fuese para joderlo. Ellos solo habían perdido tiempo en ese terrible bosque buscando esa extraña flor y tratando de huir de esas horribles criaturas.
—Y luego llega como si nada. Es un maldito arrogante —pensó mientras un aura oscura comenzaba a redondearlo.
—Tranquilízate, Fugaku-baka, pondrás toda la habitación negra —le dijo Kushina sin entender que le sucedía, pero un mareo le hizo olvidarse de su amigo y colocar una mano en su cabeza.
—¿Estas bien? —cuestiono el azabache, acercándose a ella para ponerle la mano en frente y comprobar su temperatura. —Tienes un poco fiebre. ¿Quieres tomar algo?
—Agua —contesto, sentía la boca pastosa.
—Iré a buscarte.
Sin más, se levantó del suelo y camino hacia la salida de la habitación. Kushina lo miro curiosa mientras salía, sonrió al instante al percatarse que era de esas pocas veces que su amigo se preocupaba por ella.
Hiashi la miro con seriedad, confirmando sus sospechas que traía hacia años.
Minato apareció de repente con una de sus sonrisas amables.
—¿Cómo estas, Kushina?
—¡Mina-chan! —exclamo con emoción y le dedico una sonrisa, haciendo sonrojar al rubio y el castaño revoleo los ojos —Estoy bien, solo tengo un poco de fiebre, pero dormiré un poco y estaré mejor, ttebane.
—Me alegra oír eso —dijo con sinceridad el muchacho. —En cuanto te recuperes iremos a la aldea.
—¿Shikaku sigue preparando el antídoto? —pregunto Hiashi levantándose del suelo para caminar hacia la salida. Minato asintió con la cabeza —Entiendo, gracias.
La Uzumaki no comprendió porque Hiashi se había marchado, quizá porque quería ayudar a Shikaku con el antídoto o cerciorarse el mismo que estuviera haciéndolo.
—Maldito controlador. Pobre Hana-chan al aguantar semejante idiota —pensó por dentro a la vez que asentía con la cabeza y los brazos cruzados.
—Kushina —la voz de Minato le hizo prestar la atención, el rubio se había sentado en el suelo a su lado y la miraba con cierta culpa y tristeza en los ojos —Lo siento, debí haber llegado antes para que no te ocurriese nada.
—¡No te preocupes, ttebane! Soy muy resistible —Kushina le sonrió para tranquilizarlo, pero él parecía enserio muy culpable.
—Ya había encontrado la flor pero...
—Enserio, Mina-chan, no te preocupes.
Minato la observo, se veía preciosa con esa sonrisa cariñosa que le regalaba. Su corazón siempre latía con Kushina, pero esta vez latió tan fuerte que tuvo que pellizcarse a sí mismo porque creía que su corazón saldría de su pecho en cualquier momento. Kushina era... simplemente Kushina.
—¡Eso sí! En compensación, quiero que me des ramen. Aquí los amargados dicen que no me ayudara a recuperarme, pero al menos me dará una motivación.
Ella siguió parloteando mientras él solo la escuchaba con una sonrisa sincera en el rostro. ¿Quién iba a decir que algún día estaría tan cerca como ahora lo estaba de la mujer que amaba?
Fugaku estaba observando por la puerta entreabierta con un vaso en la mano como Kushina se reía con el Namikaze. No comprendió en que momento hizo tanta presión en el vidrio que termino de quebrarse, conteniéndose para no romperlo o notarían su presencia.
—Todo es tu culpa, Kushina —mascullo de manera que él solamente pudiera escucharse.
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Hola! Después de dos meses en que desaparecí, finalmente estoy de vuelta n.n
Bueno, debo decir que una de mis razones importantes por las cuales no subí fue por mi falta de inspiración. Estoy seca de ella y quiero shorarr T.T Odio no tenerla, me traba en todo mis proyecto. Este capitulo no esta echo por nada de inspiración, lo notaron, seguramente, en la mitad del capitulo u.u Lo siento mucho.
Otra de mis razones es que tengo problemas con el alcohol. Ajam, así como lo leen(?). Desde hace unos buenos meses he estado bebiendo dos o tres cajas de vino al día, y así ebria una no puede ponerse manos a las obras(?), sumándole el hecho que tengo problemas con mi familia por este vicio.
Perdón por no contestar sus reviews, tengo que aprovechar mi tiempo libre en seguir escribiendo para mis demás fics.
Una vez mas, lo siento muchísimo.
Gracias por su apoyo a todos y cada una de las personas que leen este humilde fic c:
Bienvenidas nuevas lectoras!
¡Sayonara, ttebane!
