Capítulo 41

"This Is Not A Farewell"

Y de esa forma es como todo en Club Penguin y las demás dimensiones volvió a la normalidad…

Pff, ¿a quién engaño? Nada fue lo mismo después de eso. Los pingüinos de la isla siguieron con sus vidas rutinarias y normales, eso sí, pero se respiraba un ambiente mucho más fresco y esperanzador: a pesar de que no sabían nada de su historia, sí sabían que contaban con unos superhéroes que los protegerían pasara lo que pasara. Comenzaron a idolatrarlos a todos, claro, pero en especial a los Miraculous; eran pingüinos como ellos, así que era una señal de que todos podían hacer el bien y ser el héroe de cada día del prójimo.

En cuanto a nuestros héroes, ellos habían ganado incontables y duraderas amistades. Todos volvieron a sus hogares después de eso, pero eso no significaba que no se dejaran de ver: de vez en cuando viajaban a la dimensión de otro amigo para pasar el rato, o simplemente para saludar. Algunos de los comentarios que se podían escuchar rutinariamente eran:

-¡Steven! ¿Me regalas algo de azúcar, por favor? Iba a hacer un pastel para Sonic, pero me di cuenta que ya no había.

O incluso algo más raro como:

-Hola, Artiquito. En la escuela nos dejaron de tarea llevar una planta exótica, ¿crees que me puedas prestar una?

(No creo que haya problemas sabiendo de quién es cada diálogo.)

Hablando de Artiquito, él transportó todas sus plantas a un invernadero en Club Penguin, y se la pasaba ahí todo el tiempo. Estaba abierto al público general, así que era muy raro que aún nadie se hubiera dado cuenta que él era un Guardián del Multiverso.

En cuanto a los demás pingüinos y puffles, todos siguieron sus vidas normales, por lo menos de cara a los demás. Tenían que mantener sus identidades secretas, así que no podían hacer ninguna actividad fuera de lo normal. Incluso Moñito, quien se cansó de tantas preguntas y encuestas sobre el conflicto que estuvo a punto de renunciar a ser modelo.

Los científicos, por otro lado, se hicieron grandes amigos, y casi todos los días se les veía en el Null Space o en la EPF, experimentando y creando inventos muy locos; incluso les daba miedo a los demás preguntar qué estaban tramando. De estos, Pac-Man y Kirby son los que más tiempo pasaban en Club Penguin, ya sea con Gary o con los otros pingüinos… Al parecer no tenían mucho que hacer en sus mundos.

A los mobians y a las Gemas de Cristal no se les veía tan seguido en el Null Space como a los demás, pero se les veía muy activos en sus mundos: Sonic corriendo todo el tiempo y Amy esperando su regreso; Knuckles guardando la Master Emerald; y las Gemas de Cristal al fin terminaron de reconstruir la casa de Steven.

Para regular el viaje entre dimensiones, los científicos le dieron un control remoto al jefe de cada dimensión, para que nadie se quedara incomunicado; y, para más seguridad, sólo el dueño podía activar el control por medio de la voz, por si alguna vez los llegaban a robar. Aun así, le daban un control a cualquier Guardián que quisiera tener uno propio, pero preferían no tener tantos circulando por ahí.

De la misma forma, todos los Guardianes estuvieron de acuerdo en una estrategia para cuidar el Multiverso: si una amenaza llegaba a alguno de sus mundos, no pedirían ayuda a los demás, sino que cerrarían los portales para contener a su enemigo ahí. Sin embargo, si alguien era una amenaza para todo el Multiverso, como Metal Sonic o Bill, es cuando entrarían en acción todos los héroes.

En fin… En pocas palabras, todos seguían con sus vidas normales, pero juntos como los grandes amigos que eran. Nada de eso iba a cambiar. …Excepto una cosa.

Pocos días después del enfrentamiento, una vez que determinaron la posición de Metal Sonic gracias a Shadow y Meta Knight (apenas vivo y bajo el cuidado de Orbot y Cubot), supieron que ya no había nada que temer. Aunque eso también significaba despedirse de sus kwamis…

-Supongo que ya saben para qué los reunimos –les dijeron los científicos, una vez que todos los pingüinos, puffles y kwamis estaban en el Null Space.

-¿E-En serio esto es necesario? –preguntó Amarillín.

-Lamentablemente sí. Los Prodigios sólo son temporales y, aunque no quisiéramos, tenemos que regresar a la Caja de los Miraculous –contestó Tikki.

-Sigh… Si no los entregamos voluntariamente, los Guardianes de los Miraculous vendrán por ustedes, ¿verdad? –dijo Ártico.

-Oh, sí. Y sus métodos son…algo tradicionales y bruscos –contestó Trixx.

-Les daremos un tiempo para que se puedan despedir –les dijo Pac-Man.

-Tikki, no sé ni por dónde empezar… –dijo Amarillín, a punto de llorar. Pero Tikki se le abalanzó y le dio un abrazo.

-No tienes que decir nada –contestó ella, y a ambos se les salieron las lágrimas.

-Eres la mejor kwami…y la mejor amiga…que podría desear, y siempre te recordaré así.

-Tú también lo eres, Amarillín. Tú y Marinette son los únicos portadores que me enseñaron el verdadero valor de la amistad, y jamás los olvidaré por eso.

-Jaja –Amarillín se limpió las lágrimas –… Recuerda que siempre te guardaré un frasco de galletas en mi iglú. …Si es que Artiquito me las da

-Jajaja. Te agradecería que les dijeras adiós de mi parte a los demás… Ah, y dile a Sonic que espero que se case con Amy, porque yo nunca me casaré con Plagg.

-Extrañamente específico…

-Apostamos para ver quién cedería primero ante su acosador –explicó ella.

-Jajaja. ¡Genial!

Cerca de ellos, se encontraban Rojín y Plagg, a quienes, por alguna razón, se les dificultaba más despedirse.

-Bueno, entonces…ya te vas –dijo Rojín, incómodo.

-Sip… Ya me voy –contestó el otro, igual de incómodo.

-… …

-… …

-¡…Plagg, jamás te olvidaré! ¡Nunca había conocido a alguien más que pudiera romper la cuarta pared! –soltó Rojín, lanzándose a abrazarlo y llorando.

-¡Aléjate, Rojín! ¡Me prometí que no lloraría!

-¡No me importa! Sniff… Este es el final de la historia, así que tienes que mostrar tus sentimientos por lo menos una vez.

-Sniff… ¡No, se contagia! ¡Escritor, aleja tus pensamientos de mí antes de que tengas que narrar que estoy llorando! –me dijo Plagg, así que tengo que hacerle caso.

Más allá se encontraban Patito y Trixx. La pingüina traía un pequeño regalo para él.

-Ten –le dijo Patito, entregándole el envoltorio. Trixx lo abrió, curioso.

-Oh, por dios –dijo él, asombrado y viendo en su interior una piedra roja –… ¿Es lo que creo que es?

-Es un piropo. Uno de verdad. Tú siempre estás halagándome con frases bonitas y piropos, así que ahora me tocaba darte uno.

-¡Gracias, Patito! –exclamó Trixx, abrazándola –No sé qué le pasará cuando entre a la Caja de los Miraculous, pero hasta entonces, me aseguraré de no soltarlo.

-En serio espero verte de nuevo, Trixx –le dijo Patito, ambos con lágrimas en los ojos –. Algún día, en alguna otra misión.

-Quisiera que otra amenaza llegara a Club Penguin para que nos manden de nuevo.

-Lo mismo digo.

-Un momento… Estamos deseándole el mal a Club Penguin.

-¡Ahh! ¡Justo lo que habíamos negado hacer!

Un poco más lejos, estaban Moñito y Pollen, demasiado elegantes y finas como para llorar.

-Mi reina, sin otro particular por el momento, me despido con grato aprecio y consideración. Atentamente: Pollen –se despidió la kwami, de forma exageradamente formal.

-En serio voy a extrañar tus saludos y tus despedidas extravagantes –contestó Moñito –… Incluso tus palabras inventadas.

-¡No me invento palabras! ¿Por qué nadie cree que hipopotomonstrosesquipedaliofobia es una palabra real?

-Jajaja. Extrañaré eso.

-Desearía tener algo tuyo, que cada vez que lo vea me recuerde a ti…

-Sé lo mucho que te gusta la moda, así que te voy a hacer un vestido, Pollen; te lo prometo. No me importa cuántas dimensiones tenga que visitar, pero te buscaré para dártelo.

-¡Moñito! ¡Será el mejor regalo que he recibido en mi vida! –y ambas se abrazaron.

Más cerca de los científicos, se encontraban Davín y Wayzz, quienes aún mantenían su serenidad.

-Wayzz, jamás olvidaré toda la ayuda que nos diste… Todo lo que me ayudaste a crecer –le dijo Davín.

-No fue nada. Fue todo un honor ayudarles –contestó él.

-Nunca había tenido amigos en toda mi vida… Y mira ahora; te tengo a ti.

-Yo jamás había tenido un amigo como tú en mi vida. Mis portadores siempre eran o demasiado serios como para hablar, o temporales. Jamás me había divertido tanto con uno.

-Siempre te estaré esperando –le prometió –. Haré los cálculos y todo, para saber qué tan probable es que vuelvas con nosotros.

-Yo también siento que volveré a verte –contestó él, y se dieron un abrazo. Entonces volteó con los demás científicos.

»…Que los volveré a ver –se corrigió –. Gracias, a todos, por haberme dejado ser parte de este grupo –y les dio un abrazo a todos.

Más incómodos incluso que Rojín y Plagg, estaban Rojito y Nooroo.

-Maestro… –comenzó el kwami.

-Sé que es algo tarde para esto, pero no me tienes que llamar maestro –le dijo Rojito.

-¿Quieres decir que somos…?

-¡Sólo no lo digas! –dijo Rojito, demasiado avergonzado para afirmarlo.

-Rojito… Jamás había sido amigo de un portador… Pero nos queda tan poco tiempo juntos

-…Sí.

-¿P-Puedo darte…un…?

-Hmph. Rápido, antes de que me arrepienta –y Nooroo se acercó para darle un abrazo.

-Espero encontrarte de nuevo, Rojito. Sniff, sniff… Me hubiera encantado pasar más tiempo contigo…

-¡Agh, no llores! ¡Claro que me volverás a encontrar! Te necesito para que me transformes en Hawk Moth y me des mi espada súper genial –era lo más emotivo que podrías esperar de él.

Y por último, estaban Ártico y Duusu. Ésta última comenzó a llorar a cántaros mucho antes de eso.

-Ártico… Sniff, sniff… ¡Ártico! ¡¿Por qué la vida es tan cruel?! –exclamaba Duusu.

-No te preocupes, Duusu. No hay por qué llorar –la calmó Ártico. También quería llorar, pero alguno de los dos tenía que ser el sereno.

-¡Pero me voy a ir! Sob… Yo no quiero irme

-Pero esto no es un adiós; estoy seguro que, algún día, nos volveremos a encontrar. Y, mientras tanto, seguiré recordándote: te veré en las risas de mi hermano, en el canto de los pájaros, en las flores azules…

-¡Ártico! –Duusu se abalanzó a abrazarlo, llorando más que nunca –¡Te quiero-sniff-mucho! ¡Tú siempre me dejaste ser-sniff-quien soy y siempre-sob-me apoyaste en mis explosiones de emociones!

-Porque eres mi amiga, Duusu. No me importa si ya no podré ser Le Paon; lo que me importa es que mi amiga se irá muy lejos –no lo aguantó más y también a él le salió una lágrima.

-¿Están listos? –les preguntaron los científicos, después de un rato, ya que se habían calmado un poco.

Todos asintieron, tras enjugarse las lágrimas. Le dieron un control remoto a Wayzz y él ingresó unas coordenadas. Esa sólo era la primera parte, ya que además tendrían que viajar en el tiempo, pero ya se las arreglarían para eso; después de todo, había un kwami del Tiempo y otro del Espacio.

Entonces los pingüinos se quitaron los Miraculous; al parecer, ninguno de ellos estaba renunciando a ser superhéroe, y esa era la única forma de que el kwami no desapareciera al quitarse la joya. De esta manera, les entregaron los Prodigios a sus respectivos kwamis (en cuanto los tocaron, cambiaron a su forma cargada) y ellos los acomodaron en las siete cajitas de madera donde llegaron. Los siete se acercaron al portal, pero antes de entrar, se voltearon para despedirse por última vez, con ojos cristalinos

-Adiós, amigos. Jamás los olvidaremos –les dijeron los kwamis.

-¡Nos volveremos a encontrar, ya lo verán! –les dijeron los demás.

Y los kwamis atravesaron el portal de vuelta a su hogar, felices de haber sido parte de esta maravillosa aventura.

Y así es como esta grandiosa historia al fin llegó a su…

Fin