Había pasado tanto tiempo, años desde que conocía a Marinette y aún lograba confundirlo, era su novia desde hacía un año y estaba seguro que lo amaba.

Habían luchado tanto, habían peleado por estar juntos tanto que era imposible dudar de su amor por él o del suyo por ella. Eran mitades de un todo y estaban destinados a estar juntos.

El ying y el yang para darse estabilidad y balancearse mutuamente.

Y quizá solo eran tonterías, quizá era solamente su inseguridad hablando pero había algo, una pequeña voz en su mente que día a día ganaba fuerza diciéndole que Marinette no eran tan feliz a su lado como decía ser.

El notaba como sus ojos azules se perdían viendo el atardecer con una nostalgia casi dolorosa muchas mas veces de lo saludable.

Sus ojos verdes no perdían detalle de la manera en la que cerraba los ojos con fascinada emoción cuando ciertas canciones sonaban en la radio.

No podía evitar fruncir el ceño cuando ella saltaba emocionada ante el distintivo sonido que le indicaba un anhelado mensaje en su teléfono móvil y la enorme sonrisa que se tatuaba en sus labios al comenzar a leer.

Adrien no era ciego, sabía que ella se negaba a vivir juntos por que no estaba convencida aún de que podrían estar juntos.

El la había amado como Ladybug desde el día uno y la había querido también como Marinette de manera especial, deseando su bienestar y felicidad.

Pero no podía olvidar que al principio, antes del incidente del paraguas ella lo había odiado, por un malentendido que se aclaró pero lo odió. Y como Chat Noir nunca llego a sentir nada más allá de compañerismo y amistad.

Lo había rechazado tantas veces como héroes que no podía evitar pensar que realmente no lo podía amar, no cuando la parte más honesta y real de él no le gustaba.

Y luego estaban los días como ese, donde había llegado temprano a la casa de sus padres para sorprenderla y la encontró adormilada bebiendo café usando unos pantalones cortos rosados que apenas se asomaban un poco bajo una gran playera blanca con diseño de Jagged Stone que el conocía muy bien.

Adrien odiaba tanto esa playera, la odiaba por que le recordaba que su novia había salido con Luka Couffaine por un largo tiempo antes de separarse como amigos y que el chico partiera a Londres en busca de cumplir su sueño como músico.

Adrien odiaba esa playera por que Marinette la usaba en los días duros como una forma de confort y no es que ella se lo dijera, el la había observado mucho y podía notar sutilezas que antes, en su adolescencia le pasaban desapercibidas.

Quizá era la manera en la que Marinette y Luka rompieron su relación, ambos con una sonrisa y continuaron como los mejores amigos sin problemas aparentes y no era tampoco que desconfiara de ella, la conocía y jamás lo engañaria.

Pero la forma en la que Luka y Marinette podían pasar horas en silencio y aún así se conocían como nadie más lo hacía sentir incómodo, qur años después de separarse y aún recordaban cosas pequeñas como el platillo favorito del otro, la manera perfecta de una taza de café para Marinette o que Luka prefería el té, lo llenaba de celos y lo hacía sentir inseguro.

Sabía que era una tontería comparar su relación con la que ella vivió con Luka pero había algo en el brillo alegre en los ojos azules de Marinette cuando escuchaba una canción de Luka en la radio o veía algún video o entrevista que le decían que quizá ella aún mantenía un afecto especial por el músico que nunca lograría igualar.

O quizá era la culpa, le dijo una pequeña voz interior que sonaba sospechosamente igual a la de plagg, quiza solo te sientes culpable por que algo en tu querida amiga Kagami te atrae.

Suspiro mirando a Marinette subir a su habitación a vestirse para su cita apresurada, le molestaba un poco su impuntualidad pero era parte de ella y definitivamente nunca cambiaría ese aspecto de si misma.

Se sentó en la sala y recorrió con la mirada el lugar, había muchas revistas de moda en la mesita, la mayoría lo tenían en la portada pero también estaban muchas revistas donde el protagonista era Luka. Obviamente eran de Marinette y sin entender por qué volteó algunas para dejar de ver la confiada sonrisa del músico.

La imagen de otra confiada sonrisa llegó a el de golpe y le robó el aliento. Kagami siempre le sonreía así durante sus encuentros de esgrima, ella sabía que era una esgrimista excelente y Adrien disfrutaba mucho cada encuentro. Se veía obligado a mejorar, a dar todo de si y aún más para ganar.

Kagami no tenía miedo de retarlo, de luchar con el o pelear cuando sus puntos de vista eran diferentes y si era honesto era encantadora cuando estaba molesta, sus ojos brillando de furia, sus mejillas sonrojadas y sus sorprendentemente delicadas manos apretadas en puños la hacían ver sumamente adorable.

Pero cuando eso ocurría el intentaba desviar su mente, alejarse de esos pensamientos y enterrarlos en las profundidades de su cerebro y pensar en si novia. En Marinette mordiendo sus labios nerviosamente cuando discutían y sus ojos grandes acuosos por la frustración y amenazando con el llanto desgarrador que sabía que daría por finalizado el argumento.

Adrien odiaba verla llorar, se sentía miserable por lastimarla y evitaba discutir para no verla llorar. Claro que no discutían a menudo, Marinette siempre solía acoplarse a sus horarios y era extremadamente comprensiva cuando llegaba tarde o cancelaba de último minuto.

No podía negar que ella siempre estaba dispuesta a hacerlo feliz, ya fuera viendo las películas que el amaba o teniendo citas en lugares discretos pues los paparazzis aún lo acosaban bastante.

No negaría que era feliz, por que lo era pero al mismo tiempo había algo, un deje de algo que le decía que esa felicidad no era completa.

Esa tarde habían decidido salir con sus amigos, Juleka estaba organizando una fiesta de bienvenida para su hermano que estaba regresando a París luego de terminar su gira por Europa.

Había besado dulcemente a Marinette al verla vestida con un etéreo vestido rosa y la había llamado bonita con una sonrisa coqueta, estaba bastante adorable con el sonrojo ligero en sus mejillas y su sonrisa tímida.

Habían llegado al barco donde estaban casi todos reunidos, incluso Kagami estaba allí enfundada en un impresionante vestido rojo. Adrien sacudió su cabeza alejando sus pensamientos traidores y tomó fuerte la mano de Marinette.

Un chillido de felicidad escapó de los labios rosas de su novia al ver al mayor de los hermanos Couffaine y soltó su mano para correr al chico alto que ya la esperaba con los brazos abiertos.

La suave tela del vestido ondeando con el viento, su cabello suelto y esa sonrisa que Adrien odiaba por que era para Luka, ella era su novia pero sonreía así para su ex novio y lo mataban los celos.

Apreto la mandíbula un momento al ver a la ex pareja abrazarse un momento antes de separarse mucho antes de que se considerara inapropiado, pero las miradas estaban allí, la relajada felicidad en el rostro de su novia, la ternura en los ojos de Luka y la lastima brillando en los ojos de Juleka y Rose, ellas también veían el reencuentro y sentían pena por él.

Por qué aunque mi Luka ni Marinette se daban cuenta ellos jamás se habían separado del todo. Adrien no se mentiría más a si mismo, el amaba a Marinette pero a pesar de lo que todos pensaran el y ella no eran la pareja perfecta.

El no lograba que Marinette alcanzara esa imagen serena y feliz. El no lograba que ella se sintiera tan feliz y en paz que eso fuera lo que desbordara su rostro.

En ese momento viéndolos charlar y ponerse al día lo supo. Su tiempo con Marinette se estaba agotando, ella tarde o temprano se daría cuenta de lo que él ya había notado.

Marinette aún amaba a Luka. Adrien no era el indicado para hacerla feliz y se habían estado cegando con la idea de la pareja predestinada durante mucho tiempo, pero si algo comprendía en ese momento viendo a la ojiazul mirando a Luka era que el destino era la suma de nuestras elecciones y ese día Adrien estaba dispuesto a elegir.

Amaba a Marinette, tanto como el primer día que la vio como su Lady, pero no negaría que sentía algo, una atracción por Kagami también y era simplemente ridículo aferrarse a algo como ser la pareja destinada cuando aún eran tan jovenes y ninguno se sentía plenamente feliz estando juntos.

Apenas tenían veintiún años, eran jóvenes y si estaban destinados a estar juntos entonces volverían a estarlo, pero si no era así entonces encontrarían la felicidad por separado.

Adrien sonrió. Una vez tomada la decisión se sintió extrañamente en paz y decidió unirse a Marinette, Kagami y Luka para ponerse al día, probablemente el día de mañana tendría una charla incómoda con su Lady pero esa noche era la vuelta a casa de un buen amigo y estaría condenado si no lo disfrutara.

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Esta história esta dedicada a Manu quien creo recordar cumple años en octubre y realmente esta locura de historia nacio hace apenas veinte minutos de no se donde pero las musas mandan y aqui esta.

se que no es un Adrigami pero este escrito sirve para abrir la puerta a una nueva historia para Adrien y Kagami. Asi que no prometo nada pero podria tener algo sobre ellos en el futuro.