Había pasado un largo y difícil día y cuando llegó a casa la noche anterior solo había deseado hablar con Tikki, la extrañaba muchísimo más en días horribles como ese. Se sentía sola.

Tikki estaba en la caja de los Miráculous junto a los otros Kwamis y ella la extrañaba muchísimo.

Tratar con modelos prepotentes, una jefa irracionalmente exigente y que su novio volviera a cancelar su cita de la noche pasada la habían dejado agotada física y mentalmente.

Era tan comprensiva como podía pero esa noche se sentía sola y había esperado al menos un abrazo de Adrien para sentirse mejor. Pero no había podido ser, el tenia una sesión de fotos de imprevisto y ella estaba francamente decepcionada.

Habia sonreído falsamente mientras le decía por teléfono que estaba todo bien y que se esforzará en su trabajo antes de dirigirse a su casa y encerrarse en su cuarto.

Se había dado una larga y tibia ducha antes de ir a su habitación y buscar en su armario su pijama rosa y mientras buscaba sus dedos tocaron suave algodón blanco y sonrió al ver la playera de Luka.

El se la había dado mientras salían un día en la playa para que la usara sobre su traje de baño cuando las miradas de algunos pervertidos la habían estado haciendo miserablemente incómoda.

A ella ese gesto la había hecho sentir amada y protegida, además usar la playera de un alto y atlético chico que además tomaba su mano con delicadeza marcaba un límite a los pervertidos de una manera que las miradas fulminantes que intentaba lanzar por si misma no lograba.

Sonriendo se vistió con la playera y sonrió mientras se acurrucaba en las mantas de su cama. Le envió un mensaje a Adrien que no respondió y sonrió al ver llegar una selfie de Luka en pleno concierto de despedida en Londres, su rostro sonriente y el público sosteniendo sus móviles con las linternas encendidas al fondo.

Se durmio con una pequeña sonrisa mientras la rodeaba el calor de sus mantas como un abrazo protector y el aroma a pan horneado que se aferraba a cada rincón de su hogar.

Horas después cuándo desperto bajo a beber un café muy dulce y se sorprendió un poco al ver llegar a su novio radiante y perfecto como salido de una portada de revista a horas impías de la mañana.

A veces una pequeña parte suya, la que trabajaba largas horas y dormía poco provocando que se viera ojerosa y cansada casi todo el tiempo, odiaba la imagen tan prístina y perfecta de su novio.

Era injusto que se viera como el modelo que era tan temprano y ella fuera un desastre, despeinada, descalza y con marcas de almohadas en el rostro.

Le sonrió y se apresuró a vestirse, no había esperado su visita tan temprano pero no se quejaría de pasar tiempo con el antes de la fiesta de esa noche.

Se había arreglado solo un poco manteniéndose cómoda para salir a almorzar y una película antes de volver a su casa y arreglarse para la fiesta en el bote de los Couffaine.

Se había decidido por su nuevo diseño, un vestido rosa en corte imperio cuya falda fluía suavemente a su alrededor y había dejado su cabello suelto caer sobre sus hombros.

Adrien la esperaba en la sala, el siempre perfecto no había necesitado cambiarse, simplemente usaba un saco sobre su camisa y estaba listo.

Le había sonreído y besado cuando la llamo bonita y se habían marchado charlando sobre pequeñeces y sus respectivos trabajos.

Marinette soltó la mano de Adrien cuando vio a Luka, su querido amigo Luka a quien tenía más de un año sin poder ver en carne y hueso.

Lo abrazó con fuerza unos segundos antes de separarse y se miraron, no tenían mucho que decir en palabras. Los ojos azules como el mar le decían "Estoy en casa" y sabía que Luka podía ver claramente cuanto le alegraba que volviera.

A la mañana siguiente Marinette desperto baste feliz, tarareando la nueva canción de Luka se marchó a su trabajo donde nada, ni siquiera las constantes excentricidades de su jefa, logró cambiar su animo.

Adrien y ella tenían una cita para cenar juntos en el departamento del rubio, él le había pedido reunirse esa noche y ella esperaba impaciente verlo.

Desde luego que llego unos minutos tarde y se sentaron en la sala, el se sentó en el sofá frente a ella en lugar de a su lado y eso la confundió bastante pero cuando Adrien comenzó que hablar Marinette solo pudo escuchar con la boca abierta.

No podía creer que a pesar de todo lo que habían pasado juntos, de todo lo que habían luchado y de las muchas pruebas que superaron juntos Adrien estaba terminando con ella.

Marinette cerró los ojos con fuerza y escucho la voz de su... de Adrien mientras le explicaba que la amaba, que ella era muy importante para él y que no deseaba perderla pero que sentía que su noviazgo no estaba funcionando.

Frunció el ceño al escucharlo hablar de cuán diferentes eran y como no encajaban tan bien como creían al principio. Y entonces nombró a Luka.

Le hablo de como estaba ligeramente celoso de la manera en la que ella le sonreía a Luka, de la manera en la que ella y su exnovio aún eran amigos cercanos y se conocían demasiado.

Le hablo de como se sentía un extraño cuando estaba con ellos y como pensaba que jamás podría hacerla tan feliz como la recordaba ser mientras estaba con el mayor de los Couffaine.

Marinette no podía negar que había sido feliz con Luka, su relación siempre fluía tan naturalmente como el agua del mar sin importar si eran amigos o pareja.

Habían sido novios mucho tiempo sin dejar de ser amigos. Luka era su mejor amigo y había sido un novio estupendo, amable, atento y caballeroso.

Luka había sido su primer novio, no su primer amor pues ese fue el mismo Adrien, pero Luka habia sido quien le mostró que amar era maravilloso cuando además de novios eran amigos y confiaban el uno en el otro.

Era natural para ella amarlo, de la forma que fuera, como su novio o como su amigo. Amar a Luka era simplemente fácil e inevitable cuando el chico era tan amable, tan atento, tan comprensivo y la trataba con un cariño especial que la hacía sentir querida y respetada.

Incluso en la intimidad de su mente podía aceptar que la conocía tan bien que sus manos expertas la tocaban con la misma agilidad y gracia que a su guitarra y aún se sonrojaba a veces al recordar la dulce y apasionada manera en la que había entregado a Luka su virginidad y las muchas veces que habían estado juntos a lo largo de los años.

Y en ese momento al ver a Adrien nervioso frente a ella enumerando las razones por las que no estaban funcionando como pareja estaba aún más feliz de su decisión de compartir con Luka su primera vez.

El recuerdo de esa dulce noche estaba a salvo, nada podría empañarlo. No una mala ruptura, no un corazón roto o una traición por que Luka era sin duda y antes que nada su amigo y sabia que siempre estaría de su lado.

Ella confiaba en él y él confiaba en ella de manera incondicional y Adrien no lograba entender que Luka era su verdadera alma gemela y no por eso quería decir que el romance entre ellos fuese obligatorio.

Luka y ella eran amigos y estaban felices de serlo. Para Marinette eso significaba ser almas gemelas, espíritus afines y que sus vidas estaban encadenadas firmemente la una a la otra. Para Marinette ese era realmente el hilo rojo del destino.

Adrien no entendía que los amaba a los dos de una forma diferente y definitivamente un amor no excluía a otro.

Adrien era su primer amor, el primer chico con quien soñó compartir su vida y una casa, hijos y mascotas. El rubio de ojos verdes que la miraba esperando su reacción era todo lo que había soñado, es decir no todo era perfecto pero ella había creído que si estaban juntos podían luchar por su amor y todo estaría bien mientras no se rindieran.

Marinette suspiro para calmar sus ganas de llorar y lo miro a los ojos mientras hablaba lento y claro al preguntarle si realmente deseaba terminar su relación.

El le dijo que si, que no creía que fuera el momento de estar juntos. Le dijo cuán jóvenes eran y como quizá estaban apurando un compromiso cuando no era lo adecuado. Adrien balbuceante le pedía que entendiera que si su destino era estar juntos entonces en el futuro sus destinos se entrelazarian de nuevo.

Marinette asintió con suavidad y apretó sus labios en una fina línea cuando aceptó. Su relación estaba rota, esa noche habían terminado y contrario a lo que Adrien pensaba no habría un futuro juntos.

Ella había estado dispuesta a luchar contra el mundo por estar juntos pero no había sido suficiente y ya no deseaba luchar más si el estaba dispuesto a rendirse así.

Se levantó y sin decir nada más allá de "Lo entiendo, me tengo que ir" salió del departamento de su ahora exnovio y mientras se alejaba al fin dejo salir el llanto que estaba conteniendo.

Era hora de avanzar y mirar adelante. No podía estancarse pensando en lo que no había podido ser y debía luchar por su futuro. Se secó las lágrimas y le envió a Alya un mensaje, necesitaba desahogarse y un poco de helado seria maravilloso.