Les traigo una nueva actualización de Apócrifo, espero les guste. Gracias por leer, no tienen idea de los ánimos que me dieron para seguir escribiendo estas historias.
o.o.o.o
A p Ó c r I f O
Por CieloCriss
Odaiba, Japón, de tarde
P.O.V. Mayumi Ishida
No me gustaba escuchar las conversaciones que mi hermanito tenía con los taxistas.
Kotaro tenía una fastidiosa habilidad para hacerse amigo de los conductores. Casi siempre les decía que era el hijo de Matt Ishida y terminaba regalándoles boletos de conciertos.
No me molestaba que los taxistas resultaran viejos fanáticos de Los Lobos Adolescentes, pero la actitud de Kotty sí. Parecía necesitar la aceptación de los extraños para sentirse feliz.
El taxi iba lento por el tráfico. Sugerí que tomara la vía libre, pero el sujeto insistió en que ese camino estaría más cargado de autonaves.
Suspiré. En ningún momento me atreví a mirar el paisaje citadino a través de la ventanilla del auto. Tenía la vista dedicada al pequeño digimon que yacía en mi mochila.
Éste tenía unos ojos verdes que me recordaban a mi propio digital. Me recargué en el forro de mi guitarra.
-… ¿En serio eres hijo de Ishida-sama?, admiro a ese hombre, pequeño. – decía el taxista, con todo y radio prendida -Hay muchos cantautores, hay muchos astronautas, pero creo que es el único astronauta que canta...
-Sí, mi papá es el mejor, físicamente no me parezco, porque soy igual a mamá- insistía Kotty, aunque esta vez su simpatía con el conductor parecía fingida. También, a intervalos volteaba a ver la mochila.
'Caluuuu', soltaba el digimon. Estaba impresionada por la estructura interna del monstruo. La masa de oscuridad que nos había atacado en el metro le había desaparecido una pierna entera, pero en la herida no había gota de sangre alguna, sino un agujero negro.
-Tranquilo…- susurré al Calumon. Hacía mucho que no usaba ese tono de voz con nadie. Pyokomon, mi digital, se había llevado todas mis frases de ternura, ya ni siquiera recordaba lo que se sentía hablar así.
Volví a suspirar. Saqué mi celudigital y volví a mandar un mensaje a Taiki, Hidemi y a mi primo Seiyuro.
"¿No les llegó el otro mensaje?, ¡Hemos encontrado un digimon después de tantos años!, comuníquense, vamos a casa del doctor Kido".
Pero ninguno de los tres contestaba. De antemano sabía que Taiki abandonaba su móvil por dondequiera porque estaba en contra de su uso, pero Seiyuro y Hidemi eran atentos con sus llamadas. Me preocupé un poco.
-¡Aquí es, señor taxista!- soltó de repente Kotaro.
El tipo frenó abruptamente. Yo por fin me permití mirar por la ventanilla y delimité la residencia de los Kido, una casa de dos plantas, donde sólo habitaban tres personas.
Sin decir las gracias, me bajé del automóvil. Como siempre, Kotty le dio boletos de los conciertos de papá al conductor, además de una foto autografiada y la promesa de que le pasaría el celular de la disquera Ishida. Para "no" variar, el taxista no nos cobró por la emoción de la oferta de mi hermano.
En cuanto cerró la puerta de carro, Kotaro observó la casa de los Kido, miró de reojo a Calumon y corrió a la entrada del hogar e hizo sonar el timbre.
-Vas a sanar- le dije al digimon.
'Calú calú', respondió el chiquito.
Sacudí la cabeza, fue una suerte que nadie me escuchara hablar en ese tono de voz. Tampoco era que yo tuviera instinto maternal. Eso a los 15 años es impensable. Al menos no cuando se trata de mí.
Caminé hasta Kotty y en ese momento abrió la puerta la señora Kido. Traía la cara llena de harina y una sonrisa escalofriante. Al contrario de ella, la casa estaba impecable y tenía un nuevo decorado.
-¡Pero si son los hijos de mi Matt!- exclamó al vernos. De buena fuente sabía que esa mujer, que era hermana del tío Daisuke, también era admiradora ferviente de mi padre, incluso le había perseguido cuando eran adolescentes, pero eso parecía estar en el pasado.
-¿Su Matt?- preguntó Kotaro, arrugando el rostro.
-Pasen, pasen- nos rogó la mujer, cuyo nombre era Jun -¿Han venido a visitar a mi Solecito?
-¿Usted se refiere a su hijo Doguen, señora Kido?- indagó con inocencia mi hermano.
-En realidad estamos buscando al doctor- comenté con algo de prisa. Me estaba exasperando. –Es una emergencia.
Calumon salió de mi mochila y la señora Kido soltó un chillido que ofuscó mis tímpanos.
-¡Wooo!, un digimon; pensé que no ya no había digimos en la Tierra- mencionó con toda la calma del mundo.
-Acabamos de hallarlo en la estación del tren… - comenzó a decir Kotty.
-Señora Kido, este digimon está herido y requerimos ver a su esposo, ¿está en casa?- interrumpí en un tono antipático, pero que realmente no me importó.
-Mayumi, Kotty, ¿qué hacen aquí?- vi a Doguen bajar las escaleras de su casita feliz con una interrogación en el rostro.
No visitaba la residencia Kido con frecuencia. A mí me desesperaba mucho la pulcritud del cuarto de Doguen y su insistencia en que no desordenáramos sus cosas.
Aunque, en realidad, y a pesar de que era un poco obsesivo, Doguen era un buen chico y me simpatizaba.
Apenas tenía un año más que yo, pero lucía como una jirafa. Contrario a sus días de niño no se encorvaba. Seguía llevando gafas y su cabello oscuro relamido.
¿Cuánto mediría esta vez?, ¿1.80? ¿Dos metros?
Kotaro también se impresionó con la estatura de Doguen por la forma en que se le quedó mirando.
-Ay, Solecito, tus amiguitos han venido a visitarte, estoy preparando galletas- anunció la señora Kido –Ah, también traen a un digimon herido, así que llama a papá, ¿quieres?
-¡¿Qué? ¿Un digimon herido? ¿En serio?, ¡Dios!, ¿se dan cuenta? ¡Un digimon!- Doguen notó a Calumon, se acercó apresuradamente y sacó al pequeño de mi mochila. Se puso pálido al notar que no tenía una pata -¡Vamos al consultorio de papá!
-Pero no podemos llevar a un digimon al hospital- se quejó Kotaro.
-Por supuesto que no, pero mi papá, además de ser el subdirector del hospital más importante de la Ciudad, tiene un consultorio aquí en la casa para atender a los vecinos, antes incluso atendía a digimons- lo dijo como si fuera obvio. Al parecer, Kotaro no era el único con obsesión por su padre.
-¿Está tu papá ahí?- cuestioné.
Doguen y su madre asintieron.
-Entonces llévanos, ¿quieres?, estamos perdiendo tiempo- ordené.
-Esta niña cada día se parecer más a Matt- soltó la señora Kido –una muchacha tan hermosa y con carácter es lo que necesitas, Solecito, ¿y si te haces novio de ella?
-¡Mamá, no digas esas cosas!- Doguen palideció.
A mí me pareció un comentario de mal gusto, pero por suerte eso apresuró las piernas de Doguen y fuimos hacia el consultorio de su padre, que estaba en el patio trasero de la casa.
Había visto esa pequeña casita en el patio de los Kido con anterioridad, aunque siempre había creído que era una especie de cuarto para los tiliches. Ahora comprendía que en sus tiempos había sido un hospitalito para digimons.
Eso nos caía como anillo al dedo.
El doctor Kido nos atendió inmediatamente. Tenía algunas canas, pero se mostraba más jovial que antes. No hizo preguntas, sólo tomó en sus brazos a Calumon y fue a atenderlo a su consultorio.
-Vamos, Doguen, te necesito de enfermero para que tranquilices al digimon, está muy asustado- pidió apoyo.
-Pero papá, sabes que soy torpe para eso - dijo Doguen muy nervioso.
-¿Puedo ayudarlo yo, doctor Kido?- preguntó de repente Kotty –Me preocupa mucho Calumon, se va a asustar mucho… no sé nada sobre ser ayudante de doctor, pero apoyaré en lo que pueda.
-De acuerdo, pasa entonces- sonrió Joe, luego nos miró a Doguen y a mí –Chicos, avisen a los demás elegidos, por favor.
-Claro, papá… lo siento, debí decir que sí inmediatamente cuando me mandaste a cuidar al chiquito- se arrepintió Doguen –también pasaré al quirófano.
-No, con Kotty-kun será suficiente. No debes sentirte mal por pensar en voz alta, hijo, ¿cuántas veces tengo que rogarte que no seas como yo en mi adolescencia?
Doguen terminó asintiendo sin saber que más hacer.
-¿Estará bien el digimon?- pregunté.
-Lo han traído a tiempo, lo que me preocupa es la invasión de la oscuridad- explicó -¿los han atacado?
-Sí, pero huimos- admití.
El doctor asintió y después cerró la puerta de su consultorio. Doguen y yo quedamos silentes en medio del césped. Mi viejo amigo apuntó unos columpios y por inercia nos fuimos a sentar ahí, a esperar.
Pensé en que Kotaro tenía un gran corazón y por alguna razón lo imaginé de adulto, con una bata blanca de doctor.
El viento estaba fuerte ese día. Podía notar que las copas de los árboles se movían. Mi celular, por otra parte, no parecía tener ganas siquiera de vibrar.
Qué raro. ¿Por qué no me llamaba Seiyuro?, o bueno, Hidemi. De Taiki ni hablar. Nunca me ponía la atención que merecía, menos ahora que andaba con esas ondas de su pandilla. Parecía que cada día le importaba menos nuestra amistad. Me dolía el orgullo por eso.
-¿A quién llamamos primero, Mayumi?- me preguntó Doguen Kido.
-Ya avisé a mi padre, creo que le hablaré a mi tío Takeru, los Izumi están en Estados Unidos… quizá deberíamos intentar con los Motomiya o con los Ichijouji- propuse.
Justo cuando terminé la frase, de la casa de Doguen salió papá, seguido por la señora Kido, a quien no le paraba la boca. Mi padre lucía bastante incómodo, como siempre que veía a esa mujer.
-Como te iba diciendo, Matt, nuestro destino no era el de casarnos- mencionaba, mientras Doguen bajaba la cabeza algo avergonzado por el comentario de su mamá –Lo siento, pero además de que amo a Joe he descubierto la verdadera razón del por qué nunca formalizamos nuestra relación…
Papá cruzó el jardín trasero de los Kido con el entrecejo arrugado, las manos en el bolsillo y su chamarra de cuero arrugada. No se molestó en responder.
-¿No vas a preguntarme por qué?... es simple, he decidido que mi Doguencito debe casarse con tu Mayumi.
-Trágame tierra, ¿por qué mamá no se calla?- le oí decir a Doguen, todavía cabizbajo. Yo no sentí nada. Era sencillamente imposible que sintiera atracción por ningún muchacho que no fuera Taiki Yagami, eso estaba claro y no tenía caso mentirme.
Sin embargo, sabía que Taiki y yo seríamos sólo amigos. Lo aceptaba, no me quedaba de otra. Tampoco iba a rogarle al muy idiota para que se fijara en mí. Todavía tenía honor. Y la gente creía que tenía carácter fuerte. Así que más me valía seguir conservando mi fama.
Papá se detuvo al oír las últimas frases de la señora Kido y le miró con unos ojos de predador.
-No juegues con eso, Jun- rugió, girándose de nuevo hacia mí. A Doguen ni lo miró, cosa que supuse que mi amigo agradeció por su carácter tímido.
–Hola, May- agregó mi padre tratándose de tranquilizar. Me gustó que quisiera celarme. –por favor, cuéntame lo que ha pasado.
Salté del columpio, llegué hasta papá y lo jalé hasta el otro lado del patio.
Ahí empezó a fluir nuestra historia.
Fin de P.O.V. Mayumi Ishida
Doguen Kido.- Tiene 16 años. Es obsesivo con la limpieza, el orden y los estudios, más aún que su papá, quien es Joe Kido. Su madre es la hermana mayor de Daisuke Motomiya, Jun. Hasta el momento, ninguno de los elegidos sabe cómo fue que Joe y Jun se casaron. Doguen es hijo único, está muy consentido y de pequeño lloraba a menudo. No es muy amiguero y pelea continuamente con el hijo de Takeru, pero casi siempre es amable y educado. Durante las aventuras de Fusión Prohibida y Memorias Borradas, Doguen tenía el emblema de la Sinceridad y su digimon era Bukamon.
Long Beach, California, de noche.
P.O.V. Soji Miyagi
Suavidad. Eso sentí cuando recobré el conocimiento, pero no abrí los ojos, me dejé llevar por la comodidad del colchón donde me habían acostado. Respiré hondo y profundo, sentí lentamente la textura de las sábanas y de la enorme almohada de plumas de ganso en donde me descansaba la cabeza.
También olí mi sangre, aunque no sentí dolor.
Lo último que recordaba era el navajazo que me habían dado y el rostro de ese chico, mitad yanqui-mitad japonés, que me había salvado.
-Doctor, le agradezco mucho sus atenciones, es una suerte que estuviera en la boda de Michael, de no ser por usted hubiéramos tenido que correr a un hospital- dijo la voz calmada de un hombre. Hablaba en un inglés tieso, que parecía no practicar a menudo.
-¿Estará bien?- interrumpió con soltura la voz atiplada de una mujer. Apreté los ojos, no me animé a abrirlos.
No tenía idea de dónde estaba, pero lo más probable era que aquel chico me había ayudado. De hecho, la habitación olía a hotel. A uno lujoso.
-El muchacho traía consigo la medicina para que le coagulara la sangre, así que la herida dejará de sangrar, pero sufre de un mal congénito parecido a la hemofilia que no se cura, en estos momentos se le ve débil, así que necesita reposo, mucho reposo- respondió el médico –Mister Izumi, le dejo mi número de celudigital en caso que lo requiera, mi consejo es que contacten a los padres de este chico y lo lleven a un hospital cuanto antes para que le hagan una revisión completa.
-Así lo haremos- afirmó el hombre que había hablado primero –Lo acompaño a la recepción, doctor. Mimi, Ben, le dan mis disculpas a Michael… yo debo llamar a Japón… Osen, hija, quedas a cargo un momento, ¿quieres?
Escuché algo inquieto la conversación. Tenía que buscar la manera de huir de ahí, definitivamente no me convenía que intentaran contactar a mis 'padres', no quería que me deportaran o me reenviaran al orfanato, como si fuera un cartón más de la paquetería.
Me aterraba haber caído en manos de esos extraños, que aunque a leguas se veía que tenían buenas intenciones, con eso no era suficiente para mí.
La puerta de la habitación en donde estaba se cerró. El lugar se cubrió de silencio y pareció oscurecerse. Abrí mis ojos al creerme en soledad.
Estaba en una especie de suite, casi podía asegurarlo. Parecía un viejo camarote de barco, pero bien arreglado, de primera clase. La iluminación estaba muy tenue, por lo que tardé en examinar la decoración del lugar y en avispar la puerta para escapar.
La herida del navajazo estaba curada y no me estaba sangrando. Me toqué la frente, descubrí que tenía fiebre, hacía días que no comía y eso me había debilitado.
-… ¡yo quiero jugar también!... zzzz… dame… la pelota… Ben… –escuché de repente; me incorporé del susto.
Al lado de la cama donde estaba había otra más, y sobre ésta descansaba la pequeña figura de un niño. Era entre pelirrojo y castaño, de piel rosada y rasgos orientales. A intervalos se metía el dedo a la boca, luego lo sacaba y vociferaba como si estuviera despierto. A ratos se quedaba quieto, como un angelito.
-Me sacaste un susto, crío- murmuré.
Me puse de pie y descubrí mi cuerpo temblaba, como si la debilidad se me hubiera venido de golpe.
Aún así caminé hacia la salida. Si tenía suerte, podría escapar de mis bienhechores sin toparme con ellos.
Con zancadas torpes llegué hasta la puerta y estiré la mano para girar la chapa, pero alguien se me adelantó y la abrió del otro lado.
Retrocedí un paso, entre decepcionado y admirado. Las dos cosas al mismo tiempo.
-Oh… - dijo una niña pelirroja al otro lado del umbral.
Era una chica a lo mucho de 14 o 15 años. Menuda, muy menuda y bajita. El cabello lacio y rojo le llegaba a los hombros desnudos. Llevaba puesto un vestido sin mangas de color menta. Me pareció una presencia encantadora: los ojos negros intensos y enormes, tupidos de pestañas lacias y largas. Piel pálida, aunque llevaba algo de maquillaje en el rostro y un tocado verde entre el cabello.
Sacudí la cabeza, asustado por la atracción que me había causado esa chica, quien en el fondo probablemente sólo era una niña ordinaria. Sí, estaba linda, pero no tenía una belleza avasalladora, era más bien una presencia discreta.
-Etto… Ben said that you can speak japanese…
-Hai- respondí en esa lengua.
Tenía la voz suave, como las sábanas donde había estado recostado.
-Por favor, no te levantes aún- rogó en japonés –Pensabas irte, ¿no es así?
-Necesito irme- admití –agradezco tu ayuda, eres amiga del chico que me salvó, ¿cierto?, agradezco que no me hayan dejado en la calle, pero debo irme, mi… mi 'familia' me espera.
-Por eso debes quedarte- entonó ella, no comprendí su insistencia –no te dejaremos marchar por el momento y no quiero tener que hablarle a papá y a Ben para que te obliguen a recostarte.
-¿Qué sabes tú de mí, Muñeca?- me animé a tocar la punta de sus cabellos, ella se alejó algo consternada por el acercamiento. El pelo resbaló por mis dedos.
-No te haremos daño- ella aseguró, señalando la cama, para que me acostara otra vez.
-Yo tampoco, así que no te asustes.
En lugar de visualizar mi huida, imaginé que tocaba de nueva cuenta el cabello de la chica. Negué con la cabeza. Tener ese tipo de visiones ahora no me ayudaba mucho.
-No pueden retenerme aquí a la fuerza, Muñeca.
-Etto… no me llames Muñeca, por favor, mi nombre es Osen Izumi- pidió algo cohibida. Cerró la puerta tras de sí –sólo queremos ayudarte.
-Está bien, si me lo pide una niña tan linda como tú haré caso… por el momento- le dije olvidando mis ganas de huir de la habitación. La chica no se ruborizó, como normalmente lo hacían las mujeres a las que les coqueteaba, sólo siguió señalando la cama con inseguridad.
Al ver que no avanzaba, ella tomó la delantera y acomodó las cobijas. Era extraño, porque aunque no me quitaba la mirada de encima, parecía que al verme veía a alguien más. Me sentí ridículo.
Caminé hasta la cama y me senté en ella, mas no me recosté. En cambio la seguí mirando, ella estaba parada frente a mí, si estiraba las manos podía tocarle.
Era una tentación para mí la presencia de esa niña, algo bastante extraño, porque aunque estaba joven, había estado en compañía de mujeres más interesantes y nunca me había sentido como un imán con alguna.
-¡no… dame la pelota, Benji…!- de nuevo el pequeñito hablando en sueños. La chica volteó hacia el niño y sonrió. Abrió el cajón del buró que separaba las dos camas y sacó de éste una pelota de goma que cedió al infante que seguía en sueños.
-… Ariga…tooo- murmuró el niño, abrazando la pelota y metiéndose el dedo entre sus labios. Siguió dormido.
La Muñeca le acarició la melena desordenada. Deduje que eran hermanos por el color similar de sus cabellos y las cejas gruesas.
-Si habla dormido seguramente despierto es una pesadilla- comenté. La chica me miró con desaprobación, ¿cómo dijo que se llamaba? ¿Izumi? –Izumi-san, no lo dije con mala intención.
Ella asintió. Se sentó en la cama del pequeño y me miró de nueva cuenta como si fuera alguien más.
De verdad me parecía bonita. Su presencia había hecho que olvidara mi prioridad, que era salir de ahí a toda velocidad. No quería que me ayudara nadie; mi pasado era demasiado mío y demasiado complejo. Mi situación legal en Estados Unidos era un dilema, mi hogar no existía. Mi padre adoptivo estaba muerto y me había dejado problemas a su paso. Si estas personas terminaban metiéndose en mi vida, lo más probable era que acabara en una correccional.
Lo entendía, mis manos no estaban limpias.
Por eso la única solución era escapar de ese misterioso par de ojos negros que me miraba con incomprensión.
-Izumi-san, ¿por qué no hacemos un trato?
-Prefiero que me llamen por mi nombre, soy Osen.
-Osen-san, ¿me escucharías?
-Sí- dijo con timidez.
-Agradezco tu ayuda, ya no estoy sangrando… pero bueno, he vivido con la salud frágil toda mi vida y sé cuidarme, sé cuándo necesito mi medicina y puedo acceder a ella cuando quiero, sé cuidarme en estas calles y generalmente hago todo bien… hoy… hoy flaqueé un poco, por eso intervino aquel chico que imagino es tu amigo, se llama Ben, ¿cierto?, es un buen tipo.
-Lo lamento, sé que quieres que te deje ir, pero no puedo permitirlo- lo dijo con rudeza, su tono me causó algo de gracia.
Bien, yo era débil por mi enfermedad, pero el ambiente donde había crecido me había hecho fuerte. En el orfanato nadie había cuidado de mí con adoración y cuando me adoptaron, me había convertido en una marioneta que trabajaba para alguien más.
Eso me había hecho fuerte. Mucho más que esa Muñeca japonesa que me encaraba sus enormes ojos.
Toda ella se veía frágil, como si fuera de cristal. Sus hombros eran tan delgados que parecían los de un bebé, su lívida figura lucía como la de un fantasma; y además era mucho más baja que yo.
Era ahora o nunca. Por el silencio comprendí que el resto de su familia no estaba. Bien podía salir corriendo y si trataba de seguirme, podía darle un empujón.
Me puse de pie. Ella me imitó.
-Please- dijo en su inglés enflaquecido –Stay here.
-I… I need to go back to my house- excusé –My parents are waiting for me- mentí mientras apuñaba las manos y me preparaba para irme.
-That's a lie- aseguró Osen con dulzura.
Por supuesto que era una mentira, pero no había forma de que ella lo supiera.
No comprendí, a la chica se le llenaron los ojos de lágrimas.
Sus ojos de carbón mostraron una débil luz cristalina que me debilitó.
Aflojé las manos, pero no me dejé caer en la cama.
-Eres muy bonita, ¿te lo han dicho? - fue lo que sinceré y acaricié su cabello de nueva cuenta. Osen se puso tiesa, como una verdadera muñeca, pero no me importó, me acerqué y le besé la mejilla.
Lo sabía. Lo comprendía. Los japoneses no eran buenos actores cuando había contacto humano de por medio. Eran de naturaleza tímida y algo solitaria. Así solía ser yo cuando llegué a América, pero los años me habían trastornado lo suficiente para perder lo poco que admiraba de mi cultura.
-See you later, Dolly – la pelirroja no me detuvo y caminé con fuerza hacia la salida. Al abrir la puerta me encontré con un pequeño apartamento, parte de la suite, supuse.
Con mis ojos pardos delimité la última puerta. Era difícil enfocar las cosas y mis articulaciones no funcionaban bien. A lo mejor el doctor que me había atendido me había dado algún fármaco que me hacía lento y estúpido.
-¿A dónde crees que vas, insecto?- reconocí la voz de un muchacho. Era quien me había salvado. –Patético… típico de los Yagami.
Las luces de la suite fueron encendidas. En un sillón que estaba cerca de la televisión, la silueta del chico se fue convirtiendo en realidad.
Tenía la piel clara, demasiado clara para tratarse de un hombre. Tenía el entrecejo fruncido, pero los ademanes altivos y elegantes. Demasiado elegantes para mi gusto.
El cabello le caía en gajos de color miel por su cuello. Parecía un príncipe, o al menos el hijo de algún emperador.
De dos pasos llegó hasta mí y me sujetó el brazo. Eso sí, parecía fuerte.
-¡Cerebrito, se supone que debías cuidarlo!- reclamó con voz firme hacia la recámara donde anteriormente yacía.
La Muñeca salió de la habitación con los ojos todavía vidriosos.
-Lo lamento, Ben- dijo acongojada. Me sentí mal por haber sido el causante de su mirada entristecida.
El llamado Ben notó la turbación en la chica. Inmediatamente me miró a mí.
-¿Qué le hiciste, 'Yagami'?- preguntó con seriedad.
-No me hizo nada- dijo la Muñeca –Sólo… sólo me descuidé y salió de la habitación, por eso me sentí mal… pensé que había perdido la oportunidad de sorprender a Taiki y a mi tío Tai.
-Bien, como sea, regresa a tu cama- me ordenó Ben con poca paciencia. Tomó mi camiseta y me arrastró tras él, Osen se nos adelantó y volvió a arreglar las cobijas –Menos mal que decidí quedarme en la habitación, Izzy no debió encargarte cuidar de este insecto, menos sabiendo la sangre que lleva dentro.
-¿Podrías dejar de hablar de mí como si me conocieras?- le dije una vez que volví a sentarme en la cama que me habían asignado –Te lo dije, chaval, no sé con quien me estás confundiendo, pero no soy 'Yagami' ni 'Taiki' ni ninguno de esos, ¿comprendes?, lo mejor será que me dejes marchar.
-Yo sé distinguir a un 'Yagami' cuando lo veo, ¿no, Cerebrito?
-Ben, lo estás confundiendo- comentó con dulzura.
-Qué va, sabes que tengo razón, es un clon de los mellizos- fanfarroneó él.
-A lo mejor, pero él no lo sabe, ¿qué no comprendes que lo vas a asustar?- Ella dirigió su mirada hacia mí, curiosa. Se tanteó la mejilla, justo donde la había besado. -¿Quieres que te lo explique? ¿O esperas a que lo haga mi papá?
-¿Tu papá?, menudo problema, preferiría que una muñeca linda me lo explicara en lugar de su padre.
-Cuidadito con flirtear con mi hermana, chico- gruñó Ben.
-Qué alivio, pensé que era tu novia.- bromeé. Por suerte ni siquiera había pensado en la relación de esos dos, pero definitivamente no parecían hermanos. Él tenía un toque occidental imposible en la chica. Probablemente eran hermanastros o medios hermanos.
-Lo primero es presentarnos formalmente. Somos la familia Izumi- dijo con educación Osen –Mi hermano Ben fue quien te encontró, luego te desvaneciste y le llamó a mi padre, por lo que decidimos traerte a nuestra habitación del hotel.
-Del Queen Mary…- interrumpí. El Queen Mary era uno de los lugares más famosos en Long Beach. Siempre que dejaba Los Angeles atrás y me refugiaba en esta playa, me gustaba pasar horas viendo cómo el enorme barco-hotel había quedo anclado para siempre en el muelle, convirtiéndose en una atracción más para turistas.
-Sí, vinimos a una boda que se celebró en uno de los salones del barco y nos hospedamos aquí porque…
-Al grano, Cerebrito, no tienes por qué explicar más de la patética boda.
Ben era algo rudo, al menos llamarle 'Cerebrito' a una niña tan linda debería ser un crimen.
-El caso es que cuando Ben te vio, te confundió con un chico que es amigo nuestro y se llama Taiki Yagami.
No respondí. Eso no importaba. Tener un espejo de mí mismo en el otro lado del mundo no tenía que importar. Quería largarme.
-¿Eso que tiene que ver conmigo?, para los occidentales, todos los asiáticos somos iguales. Y si tengo un doble es mi problema, no el de ustedes.
-Eres peor que un insecto, te estamos diciendo que a lo mejor tienes un hermano gemelo y lo único que haces es ignorar esta posibilidad, ¿estás demente o algo así?, además yo no soy americano, mi mamá es japonesa, ¿te enteras?
-Retener a alguien en contra de su voluntad se llama secuestro- opté por decir –no me interesan sus buenas intenciones; voy a tener que reportarlos.
-¿Con qué?- se rió Ben –te quitamos tu móvil y tu cartera. Izzy las tiene y las está revisando. Creo que si llamáramos a la 'justicia', ésta se pondría de nuestra parte.
Cerré los ojos. Sentí impotencia. No quería saber nada sobre un chico que se parecía a mí. No quería saber nada de familias biológicas.
-Estás portándote mal con nuestro invitado, Ben- interrumpió la voz del hombre que había oído con el médico minutos atrás. –Lamento el comportamiento de nuestro Ben- me dijo quien acababa de entrar a la habitación.
Era muy parecido a la Muñeca, sólo que ella era mucho más agraciada. Tenían los mismos ojos inquisidores y la cabellera rojiza. Incluso compartían la complexión menuda.
-Izzy, no me molestes, yo no estoy haciendo nada malo, ¡es más!, esta noche le salvé la vida a este insecto, así que él es quien debería mostrarse más amable conmigo.
-Tienes un punto ahí – el hombre suspiró. Seguro estaba por los 40, aunque su rostro se veía como el de un niño con un juguete nuevo. ¿Era yo ese juguete? –Hija, me gustaría hablar a solas con Miyagi Soji-kun- miró a Osen, luego a Ben –Vayan con Mimí a la fiesta, más tú, Ben, que Michael notará tu ausencia.
-Pero si este chico se pone rebelde no sé si puedas controlarlo solo, Izzy.
-Me parece que puedo con el paquete, Ben, pero en dado caso de que te necesite, te llamaré.
-Vamos, Ben- pidió la Muñeca jalando a su supuesto hermano. –Suerte, papá.
-¡Nos hablas!- exigió Ben, antes de salir de la habitación.
No nos quedamos solos. El niño de la otra cama seguía durmiendo feliz, arropado por sus cobijas y con su dedito en la boca. Había soltado la pelota, que había rodado hasta el suelo.
El hombre me miró intensamente, como si quisiera meterse en mi cabeza. No decía nada.
-¿Hablará de que tengo un mellizo o algo así?- me atreví a preguntar.
-Algo así…- admitió, llevándose la mano a la barbilla –es difícil hacer una cuestión que me trae tantos recuerdos.
-¿Perdón? ¿De qué me habla?
-¿Eres adoptado, Soji-kun?- preguntó de repente con una entonación metódica.
Definitivamente no me esperaba una pregunta tan directa.
Era una cuestión que me salaba la piel y que me incomodaba. ¿Qué quería que le respondiera?, ¿Que hasta los 9 años había vivido en un orfanato en la periferia de Tokio? ¿Que me había adoptado un japonés exiliado de la mafia y nos habíamos tenido que mudar a Los Ángeles?, ¿Que me había quedado huérfano nuevamente y debía mucho dinero? ¿Que mis papeles eran falsos y que me ganaba la vida haciendo apuestas por todo California?
Esa pregunta que me había hecho englobaba mi vida entera. Era una cuestión demasiado suspicaz.
-Supongo que ya sabe mi respuesta- comenté.
-Probablemente, pero me gustaría oírla de ti mismo.
-Me disculpará, pero ¿por qué habría de contestarle algo tan personal?, ni siquiera se ha presentado conmigo.
-Es verdad… te les pareces tanto a ellos que se me olvida que no me conoces, una disculpa, Soji-kun, soy Koushiro Izumi… creo que ya conociste a gran parte de mi familia, a Ben, a Osen – luego señaló al pequeño de la cama –y a Tulo; mi esposa vendrá pronto… le encantará platicar contigo.
-Izumi-san, si ya sabe la respuesta a mi pregunta, voy a rogarle que sea directo conmigo sobre lo que piensa hacer.
Izumi volvió a tocarse la barbilla unos instantes, luego accionó su brazalete digital y con su mano libre sacó mi cartera y mi celudigital.
-Tu pasaporte es falso- fue lo primero que dijo –Tus IDs también, de ninguna manera un chico como tú puede tener 18 o 21. En todas tus identificaciones eres alguien diferente, con un domicilio que no existe… me sorprende que siendo tan joven seas tan astuto y tengas tantos problemas- Ese sujeto de verdad no era normal. -Hicimos una llamada oportuna a las autoridades y atraparon a los sujetos que te hirieron… lo sorprendente es que hayas estado involucrado con ellos, pues pertenecen a la mafia de L.A.
-Usted puede especular todo lo que quiera… no es de su incumbencia lo que yo haga.
-Oh, creo que lo es- se puso a teclear en la computadora que se formó con los datos digitales – Averigüé un poco de ti con ayuda de un amigo detective que tengo en Japón. Te adoptó Miyagi Takumi, un exiliado yakuza que se refugió en América… siempre quiso un hijo como tú, por eso te adoptó a pesar de que estás enfermo, pero ya estando en L.A. murió en una riña donde perdió la mayor parte de su fortuna… desde entonces, y esto es suposición mía, has tratado de saldar las deudas de Miyagi, pero te has metido en más líos de los de deberías.
Me quedé sin palabras. ¿Era una especie de genio este hombre?, era imposible que supiera todo eso si yo acababa de entrar en su vida y en la de su familia.
-¿Has oído hablar de Ken Ichijouji?
-¿El detective japonés que le hace la competencia a las aventuras de Sherlock Holmes?- bromeé con sorna.
-Yo diría que Ken es el mejor detective de todo el mundo- aseguró Izumi-san –Bueno, el caso es que su base de datos me ayudó mucho, además de que él estaba haciendo una investigación cuyo resultado eres tú.
-Disculpe, pero no lo entiendo.
-Lo entenderás cuando llegue Taichi, a él le corresponde explicarte todo, mi deber es tenerte de rehén aquí.
-¿Con las amenazas de que tengo un pasado turbio me tendrá encerrado aquí?
-No. Te mantendré a mi lado hasta que conozcas tu historia.
-¿Qué le importa a usted que sea adoptado?
-Soy adoptado también y me hubiera gustado conocer a mis padres biológicos- dijo con seriedad.
-¿Entonces usted me sentencia a conocer a la persona que me abandonó sólo porque no pudo vivir esto?
-Yo más bien pienso que te estamos ayudando a que tengas una mejor vida.
-¿Y ésa es al lado de quien me abandonó?
-A ti no te abandonaron. Pero no soy el indicado para contarte los hechos.
-Aunque no me haya abandonado, ¿qué pasa si no quiero saber nada de él?
-Eso lo arreglarás con esa persona.
-A lo mejor él y yo no tenemos nada que ver.
-Siempre existe una prueba de ADN para eso, Soji-kun, pero definitivamente eres un Yagami, te guste o no…
-Eso mismo dijo su hijo.
-Mh, ¿Tulo?
-No, su hijo Ben.
-Ah, Ben… a veces dice cosas que valen la pena.
-El presunto señor Yagami debe ser un buen amigo de usted, por algo me está encarcelando.
-Sí. Es como mi hermano. Eso te haría mi sobrino- apagó su brazalete y guardó mis documentos –Arreglaré tu situación legal, es una suerte que Mimi tenga tantos conocidos en Estados Unidos… por mientras descansa, mis hijos te harán compañía.
-Siempre hay una manera de escapar- dije con la mirada hacia el suelo.
-Lo sé, pero también hay siempre la manera de darte una oportunidad a ti mismo, por eso no te irás.
-¿Cree que esperaré a ése hombre porque quiero una nueva vida?- cuestioné.
-No. Pienso que la sangre de Taichi llamará a la tuya y eso hará que te quedes… por ahora descansa, no tienes las fuerzas para escapar y Ben es muy perspicaz en eso de vigilar a los demás.
-Usted no lo comprende- dije en voz baja mientras Izumi-san se retiraba –Pero desde que nací, mi sangre no sirve.
Lo dije suficientemente bajo para que no escuchara, aún así noté que se detuvo en la puerta de la habitación, justo antes de cerrarla. No dijo nada sobre mi comentario.
-No te asustes si Tulo habla- me informó –es algo inquieto cuando duerme…
-¿No le da miedo dejarlo conmigo?
-Es más bien un alivio que le vigiles- sonrió y entonces se fue.
Me quedé en silencio algunos minutos o segundos, realmente no supe decirlo. Tenía perdida la noción del tiempo.
Me recosté en la cama, siendo honesto su comodidad me llamaba a yacer en ella. Era verdad que estaba débil, era verdad que había descuidado mi enfermedad las últimas semanas, pensaba que con la última apuesta saldaría las deudas de Miyagi, pero las cosas se habían salido de control.
Tener 15 años y aparentar cinco más dolía. Era como si ese lapso de tiempo se lo hubiera comido el mismo corazón. Nunca había disfrutado ninguna de mis edades, ¿quién podría haberlas disfrutado en mi situación, si tenía que preocuparme por sobrevivir?
Probablemente estar aquí, esperando a mi padre biológico, era la solución a mis problemas. Por tantos años de abandono a lo mejor él podría darme algo de dinero, a lo mejor era rico… por supuesto que yo sabía que lo era.
Sabía de Taichi Yagami. Sabía que él me había abandonado. Lo había averiguado años atrás por simple casualidad y curiosidad, y había escondido esa información muy dentro de mí. Dolía recordar, por eso intentaba no hacerlo, aunque pensaba, por leves momentos, que enfrentarlo sería beneficioso.
Seguramente él no querría saber demasiado de mí, así como yo no quería saber de él. Si en verdad era mi padre, aceptaría mis peticiones. Probablemente seguiría siendo libre o podría emanciparme.
En el chico parecido a mí ni siquiera quise pensar. Me era indiferente.
-Taiki, ¿también viniste a la fiesta?- me interrumpió el niño que debía estar durmiendo. Me senté inmediatamente y miré a la criatura de probables cuatro o cinco años con indulgencia.
-Vamos, regresa a dormir- le dije. También él me había confundido con mi "doble".
-¿Y mami?
-Ella está en el salón…- fue lo único que pude decir.
-¡Era una fiesta en donde todos hablaban inglés y no me gustó!- admitió poniéndose de pie en la cama, donde comenzó a saltar. Con sus ojos oscuros entreabiertos por el sueño -¡hay que jugar a la pelota!
-Shh, mejor baja de la cama, es hora de dormir.
-¿Y me cuentas un cuento, Taiki?- preguntó con inocencia.
-No me sé ninguno.
-Eso no es cierto, Taiki, siempre te sabes alguno cuando nos los cuentas a Min y a mí- afirmó, luego me obedeció, se sentó en la cama, me miró -¿Es que ya se te olvidaron?, cuéntame uno de digimons.
-¿Digimons?
Tulo dio un salto al piso y corrió al closet de la habitación. Abrió la puerta y sacó un enorme libro con pasta multicolor.
-Mira, aquí están los cuentos de tío Tk, ¿me los lees?
Se sentó a mi lado y me dio el libro.
No recordaba haber leído ese enorme tomo, pero se me revolvió el estómago al tocarlo. La sensación que me rodeó fue la de un deja vú.
Abrí el libro. Me tembló un poco la mano derecha.
-¡Quiero que me leas el cuento de cuando mami era una princesa y encarcela a tío Joe y a tu papá!
-¿… a mi papá?- pregunté al pequeño.
-Es divertidísimo- se rió Tulo –Mami dice que no debo ser así como ella, ¡pero es divertidísimo!, mira, yo te digo donde- con sus pequeñas manitas pasó las hojas y llegó hasta la página 345.
-¿Aquí?- pregunté.
-Sí, ¡cuenta, Taiki!- se recargó en mí, como si me conociera de toda la vida. No me preocupé por quitarme al pequeño, dejarlo creer que era otra persona era más sencillo que explicarle quien era y lo poco que me importaban sus cuentos.
Lo que me inquietó fue la mención de su propia madre en la historia, y del supuesto padre mío. Por eso leí el cuento con interés.
…
-Los cuentas mejor que antes, Taiki, ¿te enseñó cómo hacerlo Hidemi-neesan?
-Así es- le mentí.
Leí con tanto interés que después de que el niño se quedó dormido, yo no pude imitarlo.
Tomé al nene en brazos y lo dejé en la otra cama. Luego me senté y volví a abrir el tomo.
Era una ficción donde Taichi Yagami, mi presunto padre biológico, era el protagonista. Un cuento de hadas como cualquier otro.
Entonces, se hizo de día.
Fin de P.O.V. Soji Miyagi
Tulo Izumi.- Es hijo de Koushiro y Mimi, tiene cinco años. Es inquieto, travieso, preguntón, inocente y suele pelear mucho con su hermano Ben; por el contrario, con su hermana Osen es muy obediente. Le encanta cocinar con su madre. Físicamente es una mezcla de sus padres: pelirrojo, cejas gruesas, pero tiene ojos pardos y la piel rosada de Mimi. En su pasada aventura era recién nacido. Su digimon es Piximon y tiene el emblema de la Creatividad.
Odaiba, Japón, de tarde
P.O.V. Toshiro Takaishi
-Gomen, Yuri-chan- susurré a mi novia en el parque. Por primera vez en nuestro noviazgo, había llegado tarde a una de nuestras citas. –Hay problemas en casa, así que tampoco podré estar mucho tiempo.
Yuriko asintió. Sus ojos color esmeralda estaban turbios. Me apenó que necesitara de mí, porque mi mente no podía pensar en ella en esos momentos. Lo único que tenía impregnado en mis pensamientos era mi hermano Seiyuro con el rostro perdido en nuestra propia casa por causa del alcohol.
Me senté en la banquita del parque, tomé la mano de Yuri. Ella se estremeció levemente… las cosas no eran sencillas entre los dos desde que habíamos pasado eso.
Estaba seguro de que Yuriko Hida era el amor de mi vida. Haberla podido atesorar de esa manera me tenía muy impactado.
-¿Qué sucede, Toshi?- preguntó con dulzura.
-Sei tiene conflictos- admití. –no me refiero a problemas ordinarios, sino a situaciones más graves.
Yuri suspiró. No supe adivinar lo que estaría pensando. Sus ojos esmeralda brillaban, aún llevaba el uniforme de la preparatoria, que era la misma que la mía.
En el parque había pocos árboles, pero había toldos para proyectar la sombra. A la altura del lago artificial, que veíamos desde la banquita, la niebla parecía acumularse.
-Sólo una vez he visto a Seiyuro mal en una ocasión- dijo de repente –y juro que en ese momento sentí que la esperanza se desvanecía, no quisiera que volviera a estar así.
-¿Cuándo fue eso?- pregunté, lleno de curiosidad, a pesar de que en el lago, a pesar de que todavía no atardecía, la niebla se acumulaba en el agua y hacía que los patos huyeran.
-En el Mar de la Oscuridad, durante una batalla- comentó, su voz estaba queda.
-En esa ocasión le hirieron, ¿cierto? ¿Fue en esa ocasión?- indagué.
Yuri soltó mi mano, miró nostálgica hacia el lago. Mi novia se había vuelto una chica triste desde la muerte de su madre. No era fácil hacerla sonreír, ni siquiera para mí.
-Así es- dijo, dedicándome una sonrisa forzada -… Sei es un muchacho fuerte, no sé qué clase de problema esté teniendo y no te forzaré a que me lo digas, pero aunque sea fuerte y represente la esperanza, nunca dejes que se llene de oscuridad.
Esa tarde estaba más melancólica que de costumbre, pero contrario a otras ocasiones, Yuri traía las mejillas rosadas y su cabello largo y liso se lo intentaba robar el viento.
-… Le daré la luz que pueda a mi hermano- prometí a Yuri –pero si ni siquiera puedo iluminarte a ti, ¿cómo podría ayudar de alguien más?...
-Estoy bien, Toshi, sólo un poco aturdida- mencionó.
El sol se estaba comiendo nuestra sombra. La niebla en el lago comenzó a navegar por el vaso lacustre.
-Me preocupas- dije -¿Estás comiendo bien? ¿Pasó algo con tu papá?, Yuri-chan, necesitamos sincerarnos si queremos que nuestro noviazgo prospere, el próximo año me iré a la universidad y me da terror que me intercambies por algún kohai de nuevo ingreso.
Como seguía callada, resoplé.
Sabía que lo que le incomodaba a Yuriko era esa situación que había habido entre nosotros. ¿Pero acaso no era natural, después de más de tres años de ser pareja?... quizá no lo había hecho bien, pero en aquellos momentos ella no parecía desencantada, al contrario.
-¿Tu cuerpo está bien?- pregunté. Temí que la hubiera lastimado en aquella ocasión. Después de hacerlo no le había dicho nada en particular, salvo que la quería. Ella, en ese momento, me había respondido con un beso.
Quedó paralizada nuevamente. Sin mirarme a mí. Dio la impresión de que esta vez ni el viento pudo moverle el pelo y los vellitos de los brazos.
Empezaba a tener problemas para respirar, pero no hice caso. Una escena trivial de las telenovelas apareció en mi mente, me vino como una idea que me tocó el corazón.
-¿Estás embarazada?- pregunté al fin, dejando salir la duda que me había dado al verle tan desamparada. Me cayó de peso su cita en el parque. Si generalmente nos veíamos en nuestras casas o en las bibliotecas, no era normal que me hubiera pedido que fuera a verle ahí.
No me respondió. Tampoco me miró. Yo en cambio le tomé de las manos.
-Yuri, dime- le rogué –Si no hablas, ¿cómo podré apoyarte?
Sólo lo habíamos hecho un par de veces, no tenía idea de la fecha, pero habíamos suspendido esas reuniones por la cercanía de los exámenes de ingreso a la universidad.
Yo quería irme el primer año de carrera a Estados Unidos. Tenía buenas notas, pero mi inglés no era el mejor, por lo que solía estudiar por las tardes junto a Yuri, quien iba en segundo de prepa, pero era muy dedicada.
Le di un fuerte abrazo. Ella por fin salió de su trance y me rodeó por la espalda. Se desmoronó en uno de mis hombros y yo sentí que caía en un hoyo negro.
-Lo lamento mucho, Toshi, lo he arruinado todo- gimoteó, eliminando las pocas dudas que me quedaban sobre un embarazo.
No lo entendía. Había usado preservativo, pero aún así mi novia de 16 años me estaba confirmando que iba a tener un bebé.
No supe que pensar. Mis padres se volverían locos con una noticia como esa. El señor Hida podía incluso atentar contra mi vida por haber tocado a su niña.
Eso, por supuesto, era lo de menos. Si Yuri estaba embarazada, quería decir que tendría que suspender sus estudios temporalmente, lo que sabía que le afectaría mucho.
Por mi parte, mis intenciones de irme de Japón quedarían limitadas a un sueño. Más que estudiar, tendría qué dedicarme a criar a un niño y a conseguir dinero. ¿Qué pasaría entre Yuri y yo?, probablemente me detestaría por haberle formado un bebé.
Tampoco sabía si debíamos casarnos. No tenía idea de lo que pensaba Yuri.
La conmoción de todos los pensamientos me hicieron aferrarme a mi novia con fuerza. Parecimos, más que nunca, los protagonistas de una película romántica. Pero quizá el romance entre nosotros estaba hecho pedazos.
-Va a ser muy difícil- le sinceré, con los ojos cerrados –pero estaremos juntos, nadie ha arruinado nada, si pensamos o decimos, el pequeño lo presentirá… -entonces me incorporé de prisa, Yuri se asustó por mi acción –tenemos que ver a un especialista para revisar tu salud y la de… él o ella.
Ella asintió de manera dócil, parecía que había soltado un peso de encima al confesarme su condición.
Pero apenas salí del abrazo de mi novia. Percibí que algo no andaba bien en el lago.
Una culebra enorme, o más bien un dragón, que se parecía a las olas del mar, comenzó a resplandecer frente a mí. Nunca lo había visto antes, pero supe que se trataba de un digimon… de un digimon que se llamaba Dragomon y se describía en el libro de papá-Takeru, libro que todos nos sabíamos de memoria.
Te llamo, ¿por qué no respondes se escuchó el eco una voz ronca, que provenía del enorme digimon.
-¡Dios, un digimon!- chilló Yuri, llevando por instinto su mano a su vientre.
Mi hijo. Ahí dentro estaba mi hijo. No importaba si tenía 50 o 17 años, el bebé seguía siendo mío y la chica que se estremecía detrás de mí era mi novia.
Tomé de la mano y Yuriko y la puse detrás de mí.
Mi madre se había enfrentado a un Dragomon en el Mar de la Oscuridad del Digimundo cuando era una niña de 11 años. En esa ocasión, Takeru y los digimon la habían ayudado.
No sabía qué hacía un digital en el lago y en medio del parque, pero nosotros no éramos los únicos que podíamos verle. Los niños y sus padres corrían despavoridos, las patrullas de la policía local acababan de llegar y evacuaban el espacio de esparcimiento.
-¡Muchachos!- nos dijo un oficial que nos encontró –Rápido, tenemos que evacuar el parque por la aparición de ese animal.
Señaló al dragón con determinación. El Dragomon, por su parte, me miraba a mí, a pesar de que nos separaban decenas de metros.
Ella nunca quiso ser mi esposa exclamó Pero tú, elegido de la Luz, ¿querrás ser mi heredero?.
No. No. No.
El Dragomon que aparecía en los libros de papá-Takeru quería que mi madre fuera su esposa, según recordaba. Ahora su víctima era yo. Sin embargo, no comprendía la aparición del mismo, porque desde hacía cinco años el espacio que unía al Digimundo de la Tierra estaba cerrado, nadie podía acceder ahí… la mayoría de los humanos había olvidado a los digitales…
Pero ahora, de la noche a la mañana, se aparecían en el parque cercano a mi casa y me hacían proposiciones que jamás iba a aceptar.
A pesar de que tenía muy claro eso, no podía mover las piernas. Yuri fue la que me jaló tras ella para alejarnos del sitio. Seguimos al oficial, que se fue perdiendo entre la bruma.
-Tenemos que encontrar a nuestros digimon- comentó mi novia mientras corría con más agilidad que yo. Las palabras de Dragomon se me adherían a la piel.
El lago se estaba oscureciendo. Sentía la brisa del agua, que ardía la piel. Cuando menos pensé. Me di cuenta de que el rocío que sentíamos era el aliento del digimon, que se había acercado.
Yuri gritó, yo volví a colocarme delante de ella. Todo lo que estaba pasando: Seiyuro perdido en el alcohol, mi bebé y la aparición de un digimon maligno tenía que ser un sueño.
Quiero que seas mi hijo, me dijo Dragomon. Era como un recordatorio de que yo iba a ser padre. Tenía que proteger a mi familia.
Me dio la sensación de que el Dragomon estaba hecho de pura oscuridad y que si me enfrentaba a él, ambos nos íbamos a colapsar.
Estaba tan cerca de él que si me esforzaba, podía tocar los bigotes de la bestia digital, que era tan larga como una muralla china en miniatura.
-Aléjate… - fue lo que dije. Le pedí a Salamon que viniera, sin embargo, mi digimon no pudo materializarse. Sólo se me agolpó un calor en mi pecho, pero descubrí que no se trataba de mi propio emblema.
-¡Ah!- soltó Yuri de repente, me giré para verla y descubrí que le resplandecía el vientre. Desprendía una luz que no tenía color, pero que cegó al Dragomon y disipó el humo.
No había duda ya. Mi bebé brillaba tan fuerte que se me encajó en el alma un deseo de protegerle, así como él me acababa de cuidar a mí. Con ese pequeño corazón que guardaba su mamá.
Cuando se despejó, esta vez sí pude tomar a Yuriko de la mano para huir con mi propia luz. Cada paso que dimos se fue convirtiendo en ocaso, y, por alguna razón, Dragomon se fue desintegrando.
Fin de P.O.V. Toshiro Takaishi
Yuriko Hida.- Es hija de Iori Hida y tiene 16 años. Su madre, llamada Hiromi, murió años atrás consecuencia de un coma que le causó un accidente que provocaron digimons malignos (para mayor referencia, pueden leer Memorias Borradas). Yuri es callada, educada, algo reacia cuando se trata de justicia, pero generalmente es amable y bondadosa. Siempre se distinguió por ser una de las más maduras del grupo. Tiene el cabello castaño claro, largo y sus ojos son verde-esmeralda… cuando era pequeña, Yuri le gustaba a Sei y Kyo, quienes peleaban por su amor, pero, al parecer, la chica siempre estuvo interesada el Toshiro, el hijo de Hikari. Practica artes marciales. Cuando fue niña elegida tenía un Upamon y su emblema era el de la Equidad.
Odaiba, Japón, de tarde
P.O.V. Ken Ichijouji
Miyako entró a mi oficina como si fuera mi secretaria. Siempre hacía eso, desde que éramos novios. Para ella su labor de esposa incluía jactarse de ser mi secretaria cuando iba a la delegación de policía o a mi oficina particular.
Tras ella entraron mis dos hijos varones. El menor, Satoru, iba tomando nota de todo lo que veía en la pequeña libreta que seguramente su mamá acababa de comprarle.
Podía imaginarlo describiendo en su pequeño cuaderno los objetos que había en la oficina de un detective. Lo segundo que haría, casi podía asegurarlo, sería redecorar su cuarto justo como este espacio.
Miré el reloj. Taichi Yagami no tardaría en llegar. Íbamos a tener una plática muy delicada, pero eso no se lo podía comentar a Miyako. Decírselo a ella significaba enterar a todos los elegidos y sus familias.
Los secretos de Tai eran de él.
Zetaro, mi hijo intermedio, arrastraba una maleta de rueditas. Le sonreí lo más que pude, hacía meses que no le veía, desde que había entrado a ese internado especial para artistas.
Pude notar que había crecido más. Iba a ser muy alto.
-¡Lo logramos, Ken!- gritó Miyako –Suspendieron a Zet todas las vacaciones.
-Generalmente a los papás les molesta que expulsen a sus hijos del colegio- renegó Satoru, de apenas 7 años -¿por qué se alegran de que mi hermano se haya peleado con otro chico y haya roto una obra de arte?
-Porque así lo tendremos en casa- informó Miyako. –Además, Ken, ya le dije a Zet que quiero que estudie en una secundaria normal, ¿verdad que es lo mejor para él?
-Es decisión de Zetaro, Miya- le dije a mi esposa.
Caminé hacia Zet para abrazarle. Era verdad que lo extrañábamos mucho en casa desde que se había ido a esa escuela para genios de las artes. Además, no me gustaba que me hijo hubiera dejado atrás la enorme sonrisa que mostraba a todos cuando era pequeño.
Extrañaba que mi chico de 14 años fuera feliz, pero era yo quien mejor que nadie lo entendía.
Extendí los brazos y Zet, quien continuaba siendo dócil y educado, me abrazó. Miyako tomó una foto con celular y Satoru apuntó algo más en su cuaderno.
-Aún así piensa en lo que te dijo tu madre, hijo- le sugerí –y aprovecha estos días con nosotros, ¿de acuerdo?
-Sato-kun tiene razón, ¿por qué no me regañan por lo que hice?, en realidad destruí una escultura milenaria por pelear con un chico- comentó Zet. Ya le estaba cambiando la voz, se le oía muy ronco.
-¡Pero tú nunca peleas con nadie, hermano!- opinó Satoru.
-El otro jovencito debió provocarte- agregó Miya –y tu expulsión me cayó como anillo al dedo porque te tendré en casa unos días.
Zetaro me miró, pidiendo un regaño.
-Lo siento, Zet, estoy de acuerdo con tu madre y tu hermanito en esta ocasión.
-Ya veo, padre- dijo con formalidad.
-¡Pero qué hijo tan serio tengo, eres igual a papá!- chilló entonces mi esposa, estirando los cachetes de Zetaro.
-¡¿Y yo qué, mamá?- reclamó Satoru.
-¡Tú, mi pequeño detective, te parece al tío Osamu y estás guapísimo!
Miyako repitió el "cariño" de las mejillas en el pequeño, quien quedó enormemente complacido. Era verdad que mi hijo menor tenía un aire a su tío Osamu, sobre todo en su manera de ser, y en que recientemente le habían adaptado gafas.
Zet era taciturno, como yo. Y mi hija mayor, Kurumi, se parecía horrores a su madre.
-Papá, mamá se escapará de su trabajo del museo y haremos pastel en casa porque vino mi hermano de visita, ¿vendrás a cenar tempranito?- me pidió Satoru.
Llevé al pequeño a mis brazos y le sonreí.
-Papá aún tiene trabajo, Satoru-chan, pero me daré prisa.
-¡Sí!- exclamó gustoso el nene. Lo dejé en el suelo, mientras se revolvía y seguía explorando mi despacho, desacomodando las cosas. Di un resoplido.
Zet quedó hecho una gárgola y se puso a revisar su celudigital.
Miyako se permitió mirarme con calma por primera vez.
-¿Ha pasado algo, Ken-chan?
Asentí.
-Tengo noticias para Taichi de la investigación que me pidió que reabriera hace un par de meses.
-¿Te refieres a la de esa mujer?- preguntó mi esposa, yo le asentí.
-Lleva a los chicos a casa, me daré prisa para llegar a cenar.
Ella asintió, me dio un beso fugaz en la mejilla.
-Zet, Sato, nos vamos a casa para dejar a papá trabajar, sólo así podrá terminar pronto- fue y le tomó la mano a Satoru, luego salieron de la habitación.
Zetaro, por su parte, tardó más en reaccionar. Antes de darse la vuelta, me dijo:
-Papá, algo va a pasar en los próximos días, siento como si la oscuridad se hubiera salido del Digimundo.
-¿Por eso has hecho que te expulsen de tu colegio?- pregunté. Zet encogió los hombres antes de seguir a su mamá.
Me quedé pensando en el rostro serio de Zetaro. Todavía me costaba asumir que no sonreía como antes, ni desprendía ternura como cuando niño.
A Zet, la oscuridad del Digimundo le había robado su inocencia y era algo que seguía sin perdonarme. En eso estaba mi mente, cuando mi secretaria me anunció la llegada de Tai.
Entró apresurado, con la corbata mal hecha, el cabello hecho jiras y su maletín desgastado. Había tenido sesión en el congreso en la mañana, aún así llevaba barba de varios días y ojeras en los ojos.
-¿Todo esto es real?- fue su cuestión, mientras se dejaba caer en la silla que quedaba frente a mi escritorio.
-Sí.- respondí, pasándole la carpeta –Supongo que ya te habló Izzy.
Taichi frunció el entrecejo, como si con eso pudiera desahogar su impotencia.
-A veces quisiera matar a esa mujer.- gorjeó –agarrarla del pescuezo y retorcérselo hasta ponerla morada… me ocultó a los tres niños con todas sus garras de zorra.
Taichi había tenido un encuentro sexual con una chica de un burdel 15 años atrás. De esa relación de horas, mi amigo se había convertido en padre. En papá de más de uno. De más de dos.
-Lo lamento, Tai… tardamos demasiado.
-Ken, al contrario, agradezco mucho el que siguieras la investigación- dijo Taichi, soltando un suspiro –Estábamos buscando el registro del nacimiento de gemelos, por eso no hallábamos nada… al final de cuentas eran tres…
-¿Qué vas a hacer ahora?
-Tomaré un vuelo en cuanto salga de hablar contigo.
-¿Le dirás a Taiki y a Hidemi?- Tai negó.
-No sé nada. Sólo sé que quiero conocer a Soji.
Le pasé el archivo del caso a Taichi, donde había una foto de su hijo perdido, Soji Miyagi, cuando era niño.
-Es tan parecido a su hermano… - fue lo que soltó, antes de morderse los labios y enmudecerse.
Fin de P.O.V. de Ken Ichijouji
Zetaro Ichijouji.- Sus papás son Ken y Miyako. Le apodan Zet y tiene 14 años. Zetaro es el hijo del medio. De niño solía ser tierno, simpático y muy bondadoso, pero fue invadido por la oscuridad (como su padre) y después de superar esa fase se volvió más bien taciturno y callado. Zet tiene un don único para el dibujo y desde que es pequeño está enamorado de Osen Izumi. Ahora, en su adolescencia, estudia en una secundaria para jóvenes artistas y ve poco a su familia. Anteriormente poseía el emblema de la Bondad y su digimon era un Minomon.
Satoru Ichijouji.- Es el menor de los Ichijouji y cuenta con 7 años. Su emblema era el Destino y su digimon otro Minomon. Satoru es un chico muy despierto e inteligente, aunque tiene su toque de ingenuo. Es muy platicador, apunta todo cuanto ve, aprovechando que acaba de aprender a escribir. Le gusta enseñarle cosas a sus amigos más pequeños. Como dato característico, cuando va al Digimundo, Satoru crece.
o.o.o.o.
Parece que volví a escribir un capítulo kilométrico, como es mi costumbre, pero qué se le va a hacer, si así soy. La verdad es que varias de las escenas –por no decir la mayoría- ya estaban escritas, pero medio las adapté. Espero no haya estado tan peor, yo tengo que admitir que el escrito me parece entretenido y no me arrepiento de haberlo publicado.
En este cap ya le metí más drama a todo. Voy a tratar temas delicados en esta ficción, como el embarazo adolescente, paternidad, sexo y drogas, cosas de esas, porque aunque los hijos de los elegidos ya están más grandes, por seguro que también se pueden meter en líos.
La primera parte, la de May, pues es más relajada y hasta cómica, porque Jun comenzará sus planes para unir a su hijo con la de Matt… eso es medio cómico. En la segunda parte, pues conocieron más de Soji, su enamoramiento a primera vista y su rechazo a un padre biológico que al parecer rechaza. En la tercera, pues metí a Toshiro y a Yuri en un lío enorme y de pareja, además que salió otro digimon. Y en la cuarta parte recordé un poco a los hijos varones de Ken y salió algo sobre Tai. Ejemp!, a los fan de Sei, les adelanto que el próximo capi sabremos lo que tiene, también saldrán los personajes que faltan de salir a cuadro (Taiki, Hidemi, Kyousuke, Min y Kurumi, creo. Ah, y los demás adultos)… espero no estén hechos bolas y este episodio les haya gustado.
Gracias por leer, espero sus comentarios.
Por ciento, me disculpo si hay errores de ortografía o de 'dedo' en este escrito, la verdad es que ya no tengo tiempo de revisarlos.
o.o.o.o.
Personajes:
Hijos de los elegidos
Seiyuro Takaishi. 17 años. Hijo de Takeru.
Toshiro Takaishi. 17 años. Hijo de Hikari y presuntamente de Takeru.
Minagawa (Min) Takaishi. 6 años. Hija de Takeru y Hikari.
Kyosuke Motomiya. 17 años. Hijo de Daisuke.
Doguen Kido. 16 años. Hijo de Joe Kido.
Kurumi Ichijouji. 18 años. Hija de Ken y Miyako.
Zetaro Ichijouji. 14 años. Hijo de Ken y Miyako.
Satoru Ichijouji. 7 años. Hijo de Ken y Miyako.
Ben Tachikawa. 15 años. Hijo de Mimi.
Osen Izumi. 14 años. Hija de Koushiro.
Tulo Izumi. 5 años. Hijo de Mimi y Koushiro.
Mayumi Ishida. 15 años. Hija de Sora y Matt.
Kotaro Ishida. 12 años. Hijo de Sora y Matt.
Yuriko Hida. 16 años. Hija de Iori.
Taiki Yagami. 15 años. Hijo de Taichi.
Hidemi Yagami. 15 años. Hija de Taichi.
Soji Miyagi. 15 años. Presuntamente hijo de Taichi.
Vaya… son un chorro de chicos… menos mal que me limité y no inventé a más
