Hola a todos. Esta vez no tardé tanto en actualizar este fic, ojalá siga con este ritmo. Espero que les guste el capi, donde sigo utilizando narrador en primera persona para entrar en la mente de los personajes (de Takeru, Toshiro y Hidemi, respectivamente). Quizá les parezca un poco enredoso, pero estoy en la etapa de enredar las cosas, luego me las arreglaré para que la situación se clarifique.
Este episodio trata sobre la familia Takaishi, así que va dedicado a los fans de Seiyuro, Toshiro, Tk, Hikari y Min.
Sin más, los dejo con la lectura, espero sus comentarios. Espero no haya errores de dedo -.- de nuevo no pude releer por mi falta de tiempo.
O
A p Ó c r I f O
Por CieloCriss
3.1
P.O.V. Takeru Takaishi
Aunque la redacción se revolvía en actividad, estuve silente toda la tarde, con el estómago turbio y la cabeza pesada. Delegué todas las páginas que tenía por editar y sólo me encargué de hacer la agenda de la revista.
Mi hermano había llamado a las seis. Yamato me había descrito que sus hijos habían encontrado a un digimon herido en el subterráneo y que de momento la criatura estaba siendo atendida por Jou.
Por años estuvimos esperando una señal de los digimons, que me reviviera la esperanza de volver a ver a Patamon, sin embargo, este nuevo descubrimiento no fue suficiente para hacerme sonreír. Estaba demasiado preocupado por mi Seiyuro.
Mi inquietud no eran los litros de licor que se había zumbado Sei en los últimos días, sino el rostro de desesperanza que mostraba al hacerlo. Era como si de repente a mi hijo le hubieran arrancado la simpatía y se la hubieran dado de comer a los muertos.
-Jefe, ¿se encuentra bien?- preguntó una de las coeditoras de la revista.
-No es nada- expresé –Sólo un poco de melancolía.
-Jefe, si no se siente bien, nosotros nos haremos cargo del cierre de la edición, usted trabaja muy duro, debe descansar de vez en cuando.
Desde hacía décadas me dedicaba a escribir. La gente creía que redactaba ficción, pero la verdad era que mis escritos estaban inspirados en hechos reales.
Ahora trabajaba en "Fusión Prohibida", donde trataba de rescatar las aventuras de mis hijos y mis sobrinos.
-Tiene razón, Kyoko, creo que sí necesito descansar- reflexioné después de que sentí que la mirada de mi subordinada trataba de averiguar mis problemas.
Las preocupaciones de casa era sólo mías y de mi Kari, no podía compartirlas con mis colaboradores.
-Sólo tomaré aire fresco, pero estaré disponible en el celular- casi nunca me iba temprano a casa cuando teníamos cierre editorial. Me sentía con remordimientos, pero Seiyuro era más importante que el trabajo.
Antes de irme, encendí el televisor por mera costumbre. Mi revista era sobre literatura, pero casi siempre revisaba los reportajes del noticiero de mamá.
Detestaba las noticias. Había sido reportero en mi juventud, pero lo único que amaba era escribir novelas.
Aunque, algo enganchador tenía el periodismo, porque la necesidad de estar informado a veces podía más que mi amor por la literatura.
También influía que mi madre seguía siendo periodista y conducía el noticiero vespertino.
"En Odaiba se registró la aparición de monstruos", Natsuko Takaishi, con más de 60 años de edad, apareció en el televisor. Mi coeditora y yo la observamos, mientras a mí se me entumían las manos por culpa de la nota, "no es la primera vez que estas criaturas aparecen. De acuerdo con reportes de la televisora Fuji y aunque los archivos desparecieron, hay registro que en años como 1999 y 2002 hubo apariciones de esos animales, que al parecer tienen una estructura electrónica".
-Seguramente se trata del digimon que mencionó mi hermano… quizá debería ir a casa de Joe…- me dije mientras mi asistente miraba absorta la nota, sin escucharme.
"Uno de estos animales, cuya descripción no fue precisada por los testigos, apareció en el metro, a la altura de la Estación No. 701", dijo mamá, "El otro fue un enorme dragón que se dejó ver en el lago artificial del parque de Odaiba… Adelante con las imágenes".
Puse atención. Las primera toma mostraba a gente que salía del subterráneo. Corrían despavoridos y una gruesa capa de niebla salía de la estación, como si adentro hubiera un incendio.
Pero las imágenes que siguieron fueron las que me impactaron más.
Un Dragomon, que parecía ser el que había enfrentado en mi infancia junto a Hikari, se había dejado ver en el lago del parque de mi colonia. Ahí, en el primer plano del video, mi hijo Toshiro aparecía corriendo junto con Yuriko Hida.
A través de la TV, Mamá también palideció al ver esa toma.
Saqué el celudigital de la chamarra. ¿Pero por qué no me había hablado Toshiro? ¡Lo había atacado un digimon! ¡Uno muy poderoso!
-Toshi, contesta- rogué, pero nadie respondió.
¿Estaba bien?, ¡demonios, mi chico!
Estaba consciente de que mi relación con Toshiro no era del todo buena y no podía ser igual a la que tenía con Seiyuro, pero no avisarme del ataque de un digimon era una terrible muestra de que todavía no era un padre digno para él.
Insistí con la llamada, pero no obtuve resultados, por lo que estrellé las palmas de las manos en el escritorio y me levanté inmediatamente.
-¡Jefe!- se asustó la asistente -¿Era uno de sus hijos el del video, cierto?
Asentí.
-Por favor, encárguense de todo, necesito ver a mi familia.
Todo se estaba desmoronando. Sin embargo, en el fondo de mi ser comprendí que lo que estaba pasando tenía que ver con digimons y, de alguna manera, se solucionaría.
FIN P.O.V. Takeru Takaishi.
O
P.O.V. Toshiro Takaishi
No pude evitarlo. Compré la cajetilla con una credencial falsa, una de las que había conseguido Seiyuro con una de sus exnovias. Siempre llevaba en la cartera ese carnet de mayor de edad, a pesar de que había prometido a Yuri que iba a dejar de fumar desde hacía un año.
Había dejado a mi novia en su casa media hora atrás. No hablamos ni del digimon que nos había atacado, ni del embarazo.
Sólo habíamos caminado en silencio, con las manos enlazadas, mientras de reojo yo miraba que las lágrimas de ella no dejaban de salir de sus ojos.
Al final yo estaba tan en shock como Yuri. No podía pensar nada en específico y mis ojos sólo podían enfocar su vientre plano, donde mi bebé estaba creciendo.
-No le digas a nadie- fue lo que me rogó, estrujando mi camisa entre sus dedos -… por favor, tengo mucho miedo.
Por supuesto que iba a quedarme callado lo más que pudiera. No tenía idea de lo que pasaría si le decía a mis padres que había embarazado a mi novia a los 17 años, no sabía el nivel de decepción que iban a sentir y no estaba dispuesto a tantear ese terreno. Al menos todavía no.
Además, la decisión de todo este lío nos competía a Yuri y a mí. Sólo a nosotros. Por un momento deseé que Seiyuro pudiera aconsejarme, pero recordé que en estos momentos él estaba en problemas más serios que los míos.
Entre los ojos sin esperanza de mi hermano del alma y la gestación de un hijo inesperado, yo estaba perdiendo el camino. No sabía hacia dónde ir, ni como ayudar a Yuriko a salir adelante, después de todo ella era la más afectada.
¿Qué se hacía en estos casos?, ¿pedirle matrimonio a la novia?, ¿decirle que todo estaría bien?, ¿incitarla a tomar la decisión que desee, aunque eso incluya aborto o adopción?, sacudí la cabeza. No creía que Yuri fuera capaz de considerar cualquiera de esas dos últimas opciones.
-Sólo hablaré del ataque de Dragomon- suspiré cuando me despedía.
Ella se cubrió los ojos. Me sentí como un parásito de su sufrimiento.
-No diré nada- reafirmé -pero debemos decidir lo que hay que hacer…
Ella asintió, y cuando sus ojos esmeralda me miraron, sentí que la había perdido para siempre.
A pesar de que nos habíamos acostado, a pesar de que de nuestro sexo había un pequeño creciendo, a pesar de que la quería, tuve la sensación de que había perdido a Yuriko Hida para siempre.
La había encadenado a mí. Muy en el fondo, eso no acababa de agradarme.
No hablamos más del asunto, ni le besé cuando me despedí. A mi regreso a casa lo único que había acatado era a comprar cigarrillos y fumarlos en el jardín trasero de los condominios, donde generalmente no pasaban ni mis padres ni mis vecinos después del atardecer.
Tenía que enfriarme la cabeza y el viento de la noche recién nacida me ayudaba a ventilar la desazón, junto con el humo caliente en mis pulmones.
Me detuve cerca del arenero, el sitio de juegos favorito de mi hermana menor. Zangoloteé los cigarros, para que se asentara bien el tabaco.
Luego abrí la cajetilla, dispuesto a sacar una pieza para comenzar a fumar, para que las 4 mil sustancias tóxicas que contiene el cigarrillo se llevara mi ansiedad.
-Mira lo que me encontré, ¡una cajetilla de cigarros!, me pregunto cómo habrá llegado esto a las manos de mi hijito de 17 años- sentí la sombra de Takeru atrás de mí.
Él me sujetó la muñeca, me quitó el cigarro y yo dejé salir el aire –todavía puro- de mí mismo.
Me giré hasta quedar de frente a Takeru y le cedí con desagrado la cajetilla. Él aplastó la caja con fuerza y la tiró a la basura sin dejar de mostrarme una sonrisa siniestra, dentro de la cual parecía esconder una profunda decepción.
Seiyuro, su hijo mayor, parecía ahogarse en alcohol diariamente. Y yo… y yo seguía fumando a escondidas cuando el estrés se volvía uno conmigo.
-Lo lamento- admití, alcé la vista hacia nuestro departamento, vi que había luces encendidas.
Papá-Takeru tenía cierre de revista, y cuando eso sucedía, llegaba pasadas las 24:00 horas. Seguramente hoy había derivado sus deberes porque estaba preocupado por Seiyuro.
Resoplé nuevamente con desesperación, ansié –más que nunca- poder fumar algo para neutralizar el vértigo de mi cuerpo. Las palabras de Dragomon comiéndose mi luz, las lágrimas de Yuri haciendo lluvia en mi cabeza, el brillo de un bebé carcomiéndose mi valentía y la lejanía abrupta de mi hermano y mi familia, me estaban volviendo loco.
Takeru me sujetó de los hombros, me miró de arriba a abajo, como si quisiera revisar que estuviera completo. Deseé que fuera incapaz de verme la palidez y de escucharme el corazón hecho una locomotora; sin embargo, desde que se había casado con mamá, Tk se tomaba en serio su papel de padre.
-Si estás asustado ven a casa, que tu madre y yo te escucharemos, los cigarrillos no escuchan- comenzó a decir.
-Lo sé- El tabaco no escuchaba a nadie, pero mareaba al alma. Yo no quería ser escuchado, sólo quería algo de serenidad, de olvido.
-¿Estás bien?- indagó con prisa, revisando mi cuerpo, mi cabello, mis brazos. Yo tenía 17 años recién cumplidos, pero no había crecido tanto como Sei, entonces mis padres creían que era mucho menor de lo que realmente era.
Asentí. Mi cuerpo estaba bien. Takeru me abrazó entonces, aliviado.
-¿Por qué no me avisaste que te atacó un digimon, Toshiro?- preguntó.
Ah. Sus ojos de preocupación se debían a que estaba enterado del ataque del Dragomon.
-¿Cómo supiste…?
-Te vi en las noticias- expresó –Mayumi y Kotty también encontraron a un digimon, pero a uno aparentemente benigno.
-En estos momentos iba a comentárselos a ti y a mamá- excusé –sólo estaba tratando de tranquilizarme, estoy preocupado por la aparición de ese monstruo digital, además, lo de Seiyuro me tiene algo frustrado…
-Debiste haberme llamado, Toshi, sabes que traigo mi celudigital día y noche - insistió Takeru -¿tienes idea del terror que me dio verte en las noticias, mientras te perseguía ese Dragomon que le causó tantas pesadillas a tu madre?, ¿qué tal si te hacía algo a ti? ¿Y Yuri está bien?
-Lo lamento- repetí. No supe por qué, pero el recuerdo de toda la situación hizo que se me saliera una lágrima. Takeru lo notó desconcertado.
Dulcificó su rostro y dejó de sujetarme con fuerza. Me había gustado su abrazo, él siempre hacía todo lo posible para verse paternal ante mí. De alguna manera quería componer todo el tiempo que había estado ausente, aunque, siendo sincero, yo nunca lo había necesitado como figura paterna.
Además, aunque mamá y él no estuvieron juntos por 10 años, Takeru siempre estaba cerca de mí.
Esa cercanía y esa sonrisa me las regalaba por la probabilidad de que yo fuera su hijo biológico, según me había enterado un par de años atrás, pero, por el momento, yo no quería comprobar nada y sólo me había limitado a tomar el apellido de la familia.
En realidad a mí no me importaba si una gota de sangre o un cabello mío le gritaban al mundo quién era mi padre. Lo primordial era que Takeru estaba a mi lado e intentaba con todas sus fuerzas ser papá para mí, y eso yo se lo agradecía.
Me secó la lágrima como si yo fuera pequeño todavía.
-Tranquilo – pidió –las cosas mejorarán… ahora dime, Toshi, ¿qué te sucedió?
Habría querido con todas mis fuerzas decirle que había embarazado a mi novia y no sabía qué hacer, pero me contuve.
-Lo que te he contado.
-No me refiero al ataque del digimon, ni siquiera a lo Sei, quiero saber lo que te pasa a ti.
Negué con fuerza y me separé un poco.
-Es muy complejo y por ahora no voy a decirte nada más- admití.
Él pareció desinflarse ante mi declaración. Sus ojos azules entrebuscaron un secreto en los míos.
Fue en ese momento preciso cuando se me nubló la vista y perdí el equilibrio. Me sostuve de uno de los tubos del resbaladero. Segundos después, al volver a enfocar la mirada, percibí a un bebé envuelto en una sábana blanca, con las manitas rodando por el viento y una mirada de color azul turquesa que se dirigía a mí.
Estiré mis brazos, para alcanzar esos pequeños dedos, pero sencillamente no podía llegar hasta el bebé.
-¡Toshi! ¿qué tienes?, ¡Toshi!- me llamó Takeru con obstinación. Noté que me sostenía de uno de mis hombros, mientras trataba de reanimarme.
-Va a tener los ojos azules- susurré, regresando a la realidad. No sabía si era niño o niña, pero esa visión me había mostrado a mi hijo, eso yo lo sabía.
¡Tendría los ojos azules, como Takeru!... como mi papá. Si eso pasaba, una prueba de ADN no iba a ser necesaria para nada.
-¿Qué sucede, Toshi?, ¿de qué hablas?- preguntó algo nervioso Tk. Yo me erguí, mis pisadas volvieron a tener fuerza.
-Cuando me decida a hablar de lo que me sucede, serás el primero en saberlo, papá-Takeru- comenté aliviado; aquellos dos pares de ojos celestes me habían animado a seguir adelante: los del bebé y los de papá. –incluso te lo diré antes que a Seiyuro y a mamá.
-¿De verdad?- cuestionó ilusionado.
-Claro- aseguré –Por ahora, lo importante será revisar si la aparición de digimons se debe a algún problema de la oscuridad y…
Me silencié al ver de nuevo hacia el balcón del departamento, de donde escuché gritos.
-¡No, hermano Sei, no hagas eso!- chilló mi hermanita Mina. Papá-Takeru escuchó que el cristal del balcón se hizo pedazos.
-Mi artista, no te pongas así…- decía Hikari, mi mamá –no puedes salir, lo siento, pero escucha, le hablaremos a tu padre...
-¿Qué diablos está pasando?- me preguntó Tk, yo sólo pude encoger los hombros.
Seiyuro gritó, como si la ira hubiera echo pedazos su risa. Yo no pude más y me interné al edificio, seguido por mi padre.
Takeru y yo tomamos el ascensor al sexto piso, donde vivíamos. Cuando llegamos abrimos la puerta, luego corrimos al estudio, donde estaba el balcón.
Seiyuro traía un bat de béisbol en su mano derecha y en con izquierda cargaba el sombrero de Wizardmon, del que fuera el digimon de Minagawa.
Mina había recibido el sombrero por paquetería unos meses después de nuestra última aventura, y desde entonces, la pequeña era inseparable del gorro.
Lo llevaba todo el tiempo. De alguna manera, el sombrero de Wizardmon era nuestra única conexión con el Digimundo.
-Maldición… -gorjeó Seiyuro al vernos a Takeru y a mí –así será más difícil salir de aquí.
-Suelta ese bat, hijo- pidió Takeru.
-No- dijo Seiyuro –No lo dejaré hasta que me dejen salir de casa… necesito salir de aquí y Hikari no me lo permite… no quiero lastimarla ni a ella ni a Min, ni nadie… sólo necesito irme esta noche, así que hazte a un lado, papá.
-No digas tonterías, te lo dije en la tarde, estás castigado.
Yo estaba mudo. El rostro de Seiyuro me tenía en total estado de admiración. Estaba deformado. Sus exnovias incluso no le reconocerían.
Estaba sudado, la esclerótica del ojo la tenía llena de vasos de sangre, como si se hubiera drogado, el estómago se le retorcía, debajo de la camiseta verde que vestía.
Respiraba aprisa, parecía que había corrido decenas de kilómetros.
Di un paso al frente.
-Está bien, papá-Takeru, yo saldré con Sei adonde necesite ir- dije con el objetivo de neutralizar la situación.
Seiyuro Takaishi no era violento. Siempre sonreía, SIEMPRE. Siempre animaba a la familia, SIEMPRE. Lo que le pasaba debía ser algo sobrenatural, pero yo no podía percibir exactamente lo que era.
-Toshi, si te acercas un paso más destruiré el gorro de Wizardmon- rugió. Entonces me detuve, al notar la desesperación de Mina ante la declaración de su hermano mayor.
-Sei-nissan, ¿por qué estás así?- preguntó la niña –Wizardmon es tu amigo, hermano, a todos nos gusta su sombrero, ¡un día nos llevará al Digimundo!
-Saquen a Min de aquí, no quiero que ella me vea así- rogó Sei. Mi madre también estaba estática.
-Mi artista, explícanos qué está pasando- rogó.
-Sei, suelta ese bat- exigió Takeru –Los digimons han vuelto y debemos hablar al respecto, no apruebo tu comportamiento, nunca creí que fueras capaz de amenazar a tu madre y a tu hermana, ¡mis hijos no son cobardes! ¡te desconozco!
Sei se mordió los labios. Le dio un batazo al único cristal que estaba intacto.
El ruido de los cristales hizo llorar a Mina, quien sólo tenía seis años.
-Perdóname, Min- dijo Seiyuro, luego aventó el sombrero de Wizardmon por la ventana.
-¡Wizardmon!- chilló Min, corrió hacia el balcón. Mamá fue tras ella, para detenerla.
-¡Está lleno de vidrios, cuidado, nena!
Seiyuro aprovechó que las dos se distraían y las pasó de largo con apremio. Takeru y yo, que estábamos en la entrada de departamento, le bloqueamos la salida.
Mi padre desconocía a Sei, al igual que yo. La única diferencia era que a éste también lo poseía la ira.
¿Era que sentía la oscuridad en Seiyuro?
Sí. Eso era: tinieblas. Los Takaishi no aceptaban a la oscuridad, por el contrario, la rechazaban al punto de odiarla, por eso Takeru no podía creerse el comportamiento de Sei.
-No te voy a perdonar si no te retractas- le dijo Takeru a Seiyuro.
-Necesito irme, entiéndeme, papá, no puedo más- gimió Seiyuro, alzó el bat en posición de amenaza.
-¡Has lastimado a tu hermanita, le has tirado su sombrero!, ¡has amenazado a Kari!
-… lo sé… también puedo lastimarte a ti, papá- luego Sei volteó hacia mí – y a Toshi… así que deja que me marche, es urgente.
-¡¿A dónde?- pregunté –Sei, dinos lo que sucede.
Estiré las piernas y los brazos en el marco de la puerta, para impedirle el paso.
-Baja el bat, mi Seiyuro- pidió papá-Takeru, mientras trataba de diluir su ira –Si nos cuentas, te prometo que entenderemos… además, tú sabes que no golpearías a Toshiro.
Para poder salir, Sei tenía que darme un batazo o dejarme fuera con sus puños. Noté que eso lo detuvo unos segundos, así como el cambio de ánimo de su padre.
Al fondo los llantos de Mina se intensificaron después de que los cristales rotos le habían hecho una cortada.
-¡Min, no te muevas! - mamá sujetó a la pequeña en brazos, pero ella se revolvió hacia el balcón, pidiendo el gorro de Wizardmon –Tranquila, nena, el sombrero está en el patio de los condominios.
-Se lo llevó el viento- lloró Min –Ya no… ya no está…
Takeru no supo si correr hacia su niña o quedarse con nosotros. Minagawa era la debilidad de todos en casa.
Del pie de mi hermana resbaló una gota de sangre directo hacia el suelo. Seiyuro entonces se cubrió la boca y las pupilas de los ojos se dilataron.
-Lo siento, hermano del alma, no tengo opción- me dijo antes de abalanzarse hacia mí, con el bat extendido directo hacia mi abdomen.
Sentí un golpe certero en mi vientre y me dejé caer a suelo, por la pérdida de aire. No quedé inconsciente, nada más me encogí en el suelo, en tanto mi madre se llevaba una mano a la boca y con la otra sujetaba con más fuerza a Min, quien quería ir a auxiliarme.
-¡Seiyuro-kun, reacciona!- pidió mamá.
Takeru no podía creer que Seiyuro me había pegado. Honestamente yo tampoco, aunque no reflexioné al respecto, ¿no había actuado peor yo cuando me había poseído la oscuridad?
Mientras me sujetaba en vientre me hice la promesa de rescatar a mi hermano de esas mismas tienieblas, que no iban acordes al emblema de la esperanza de Seiyuro.
-Toshi… - Sei cayó en cuenta de que me había golpeado, soltó el bat y ya sin obstáculos se dio a la fuga. Salió del departamento con apremio, papá no pudo moverse en esos instantes, se debatía entra auxiliarme a mí o detener a mi hermano.
-Estoy bien, papá, ve tras él- pedí, tratando de pararme.
Takeru asintió, lanzó una última mirada a mamá, y comenzó a perseguir a Seiyuro.
-¡Hermano!- gimió Min, cuando ella y mamá llegaron hasta donde estaba.
-Toshiro, ¿estás bien?- Hikari se inclinó hacia mí con Minagawa en brazos. Nunca vi a mi mamá tan pequeña como en esos momentos, me pareció una niña pequeña cargando con una muñeca.
-Mamá, la herida de Min es más importante- consideré, segundos después me incorporé.
El golpe no había sido fuerte, parecía que Sei había medido el impacto antes de tocarme. En el fondo estaba seguro de que no quería herirme, sino sólo escapar del departamento.
Recordé a Dragomon y al lago del parque convertido en el Mar de la Oscuridad. El vientre plano de Yuriko me llenó la memoria, así como los ojos del bebé que había visto en mi visión.
-No llores, Mina- rogué a mi hermanita, acariciándole los rizos dorados que llevaba peinados en dos coletas –Seiyuro sólo está confundido.
Ella asintió con valentía.
-Lo sé- afirmó –Sei-nissan no quiso hacerlo; me lo dijo Wizardmon.
-Le ayudaré a papá-Takeru con la búsqueda, mamá – avisé a la elegida de la Luz –y traeré de vuelta tu sombrero, Mina.
-No- dijo Min, su piecito aún sangraba y sus mejillas tenían surcos de lágrimas –se lo ha llevado el viento, pero a Sei-nissan no se lo ha llevado el viento todavía.
-Ni se lo llevará- aseguré, luego miré a mi madre –Hoy me ha atacado el mismo Dragomon que te capturó años atrás, mamá, me ha pedido que fuera su hijo…
Mamá abrió los ojos rojizos todavía más, por impulso me acogió con su brazo libre en un abrazo, como cuando era niño.
-Pero mi único padre es Takeru- le expresé, sabía que eso la fortalecería –Aún así, si ese monstruo ha vuelto, podría buscar a mi hermana o a ti, por eso no quiero que estés sola, ¿estarás bien si voy por Seiyuro?
-Estaremos bien, Toshi- Hikari Yagami era tan valiente con mi tío Tai.
-Volveré pronto con tu artista- agregué; besé a Mina y salí de casa.
O
Minagawa Takaishi.- Es la hija menor de Hikari Yagami y Takeru Takaishi. Tiene 6 años y le apodan "Min", aunque Toshiro le dice "Mina". Físicamente se parece a Kari, pero es rubia, con cabello rizado y sonrisa de Takaishi. Min nació poco después de la fusión prohibida, pero durante las memorias borradas tuvo un rol activo a pesar de que era una bebé de meses. Es alegre, pero misteriosa; coqueta, pero discreta, en ocasiones habla en clave y tiene pesadillas todo el tiempo. En casa es la favorita, porque la chiquean sus dos hermanos mayores y su papá. Se lleva de maravilla con Tulo Izumi; también tiene amistad con Satoru Ichijouji y admira a su primo Kotaro Ishida.
O
No corrí cuando salí del condominio.
Cuando llegué al jardín, revisé si el sombrero de Wizardmon estaba entre los juegos, pero así como advirtió Minagawa, no había rastros del gorro.
Me dio tristeza que el único vínculo que teníamos con el Digimundo se hubiera perdido para siempre, justo como las lágrimas que había gastado mi hermanita.
Pensé en Seiyuro. ¿Por qué lo había arrojado? ¿Por qué quería de salir tan desesperadamente de nuestro hogar?
Me toqué el vientre, si ese batazo le hubiera tocado a Yuriko, mi bebé habría salido herido… no me pude quitar esa imagen de la cabeza, aunque sabía que no tenía relación con nada de lo que estaba pasando en casa.
Después caminé por la colonia, preguntándome dónde podría estar mi hermano.
No podía imaginarme nada, sólo que no estaba en nuestra casa del árbol en el parque, ni en los lugares que frecuentaba.
Papá-Takeru seguramente había ido a los bares donde días atrás se había topado con Sei en brazos de mujeres mayores y tragos amargos de licor.
Saqué mi celudigital. Tenía tres mensajes de Mayumi Ishida, donde me informaba que había encontrado un nuevo digimon; también había otro mail de Kyosuke Motomiya.
Tomé un autobús, a pesar de que no sabía hacia dónde dirigirme, deseé tener mis poderes sensitivos funcionado, pero traía la cabeza pesada. No había podido despejarme en todo el día y todos los problemas comenzaban a girar entre mis pensamientos.
El mar de la oscuridad estaba cerca de nosotros, más cerca, incluso, que el Digimundo y todos nuestros vínculos con el mismo. Si tuviera a Salamon, mi digimon, las cosas habrían sido más sencillas.
Si Salamon estuviera conmigo, tal vez ya se hubiera convertido en un Gatomon… aunque en el fondo lo dudaba. Había crecido muy poco espiritualmente en los últimos años.
Todas las noches me aferraba a no hacer caso de las visiones que me ofrecía el emblema de la Luz, que todavía brillaba en mí cuando se lo permitía.
Cerré los ojos unos minutos, mientras me sentaba en el bus. ¿Dónde buscar a Sei, si ya me llevaba la delantera?... ¿cómo podría ayudar a Yuri, si la mitad de la culpa era mía?
Recordé nuestra primera vez y la nostalgia se apoderó de mí, por lo que me sacudí el cabello varias veces.
-¡Primo Toshi!- escuché de pronto. En los asientos de atrás distinguí a mi prima Hidemi Yagami, quien al notarme caminó hasta mí y se sentó a mi lado.
-Hi-chan - saludé abriendo los ojos y sonriéndole. De seguro ella había percibido mi turbación, la había notado con sus enormes ojos color chocolate.
-¿Estás bien?- preguntó con dulzura.
La hija de mi tío Tai era hermosa y admirable. En cinco años se había impuesto a todos nosotros, además había sabido reintegrarse a la escuela y había recuperado la movilidad total de su pierna.
Al verla me sentí fortalecido. Quise abrazarla y contarle todos mis problemas, ain embargo, me contuve, aclaré la garganta y le sacudí el cabello que llevaba recogido en una cola de caballo.
-Podría estar un poco mejor- admití -¿Vas a clase de baile?
Negó.
-Recibí un mensaje de May, dice que ella y Kotty encontraron un digimon, así que iba a la casa de Doguen Kido, porque ni mi hermano ni mi papá me respondieron, pero primo, ¿qué ha sucedido?, no te ves bien.
No dije nada los segundos posteriores, pero después decidí confesarle parte de mis preocupaciones.
-Creo que… creo que tendremos unos días difíciles porque… el mar de la oscuridad del Digimundo o algo similar nos está atacando- comenté –pero ese no es el problema…- ella esperó con paciencia a que ordenara mis ideas –Lo que pasa es que Sei no está bien.
Eso la alteró. Bajó la mirada y asintió.
-Eso lo había notado ya- dijo -… él… él no parece estar bien desde hace varias semanas.
Seiyuro llevaba un mes sin salir con chicas en el colegio, tampoco estaba conviviendo lo suficiente con los demás, sólo salía del escuela y se perdía en un supuesto curso de cinematografía que en realidad era una farsa.
-Se ha puesto violento en casa y prácticamente se escapó, las últimas tardes se la ha pasado bebiendo,- el autobús hacía un ruido chirriante cada vez que frenaba -¿Te ha dicho algo?
Hidemi negó con premura.
-Sólo que estaba ocupado- lamentó. Sus mejillas se pusieron coloradas.
-¡Espera, ya sé!- grité de pronto, poniéndome de pie -¡Sé dónde está Sei!, ¿quieres acompañarme a buscarlo?
Ella asintió. Yo la tomé de la mano, pedí la parada y bajé con rapidez. Hidemi no me retrasó, me siguió el ritmo.
Corrimos en el centro del distrito, entre bares, negocios y karaokes. Nos detuvimos en una avenida para coger algo de aire, fue entonces que Hide me preguntó.
-¿A dónde vamos, primo?
-Sei no es bueno mintiendo… aunque ahora tenga un problema y parezca que está lleno de oscuridad, no es bueno con las mentiras- aseguré –nos ha dicho a todos que va a un curso de cinematografía, ¿no es así?, entonces debe de estar en un lugar relacionado con el cine.
-Justo estamos cerca del cine abandonado, ¿cierto?- asoció de inmediato Hidemi.
Le asentí. Seiyuro decía a menudo que de grande compraría el viejo cinematógrafo para adaptar una sala de cine independiente para exhibir las películas de su madre, una cineasta del género alternativo, Yoshisaki Yinbe.
-Vamos- le rogué a Hide, quien incluso me tomó la delantera, mientras yo, de manera intuitiva, me tocaba el vientre, para olvidar el golpe y regular mi respiración.
El cine abandonado estaba a un costado de una boutique que había cerrado temprano y de una librería de libros antiguos, donde de vez en cuando compraba novelas de Albert Camus, mi escritor favorito.
El sitio tenía décadas abandonado, desde los años 80 o 90 del siglo pasado. La gente de los alrededores decía que el edificio estaba embrujado y un sinnúmero de rumores corrían alrededor del cine, como si sus películas hubieran matado a cientos de personas.
Abandonado o no, tenía pocos accesos. Las puertas estaban selladas, lo mismo que la mayoría de las ventanas.
-¿Estás seguro que Seiyuro-san está adentro?- preguntó Hide -¿Lo puedes presentir?
-Hace tiempo que mis presentimientos no son certeros, Hi-chan- dije cariñosamente. Me gustaba llamarla así.
-Pues yo siempre creo en ellos- me animó.
-Las entradas están cerrados…
-No todas, ve esa ventana- señaló la chica de 15 años –Parece que alguien la ha roto.
Nos acercamos al ventanal, para eso entramos a un callejón con mala pinta, pero Hidemi.
Había vidrios y manchas de sangre molida. Hide se inclinó.
-Esto tiene pinta de que no fue hoy.
-La sangre se ha secado, aunque mira- recogí un pedazo de camiseta verde –esta es la ropa que está usando hoy Sei.
Ella se horrorizó ante la posibilidad de que algo le hubiera ocurrido a Seiyuro.
-Entraré.- dijo, - si trepo a tu espalda seré capaz de alcanzar la ventana, luego te ayudaré a subir.
-Hi-chan, de ninguna manera, yo soy un caballero e iré primero, no sabemos lo que pueda haber ahí- fui hacia un contenedor de basura y comencé a empujarlo hacia el ventanal.
Hidemi me auxilió y entre los dos arrastramos el enorme cesto, hasta que lo usamos de escalón.
Adentro estaba oscuro. Yo encendí la luz de mi celudigital; aproveché para enviarle un mensaje a mis padres para adelantarles que probablemente había encontrado a Seiyuro. También le escribí a Kyo Motomiya; le conté que necesitaba su ayuda.
No tenía idea de lo que iba a hallar ahí, pero tras encontrarme a Hidemi en el autobús, había comprendido de que de ahora en adelante las cosas iban a funcionar sólo si trabajábamos en equipo, como en los viejos tiempos.
FIN de P.O.V. Toshiro Takaishi
O
Hidemi Yagami.- Tiene 15 años y es hija de Taichi Yagami. Esta chica de cabello castaño y ojos de chocolate vivió con su madre, Akane Fujiyama, toda su niñez, a pesar de que ésta se dedicaba prostituirse. Taichi no sabía que la tenía de hija hasta las aventuras de las memorias borradas. Es gemela de Taiki y su digimon solía ser un BlackWargreymon. En la actualidad Hidemi es soñadora, valiente, simpática y está enamorada de Seiyuro Takaishi.
O
P.O.V. Hidemi Yagami
Esto no era un cine. Era una cueva. Esa sensación me dio cuando entré. Las paredes tenían un tapiz café, con rombos negros, pero a la luz del celular de mi primo parecían estalagmitas de una caverna.
Toshi me tomó de la mano, eso me ayudó un poco a caminar sin tropezarme.
A decir verdad, no entendía lo que estaba pasando, pero si Seiyuro-san estaba mal, mi deber era estar a su lado, aunque en realidad siempre estuviéramos lejos.
Seiyuro-san y yo no habíamos hablado mucho las semanas pasadas… al contrario de siempre, él se había mostrado muy distante conmigo.
No se había hecho novias nuevas, lo que me tenía contenta por una parte… pero al mismo tiempo había sonreído muy poco.
-Él está aquí, y si no es él, definitivamente hay alguien más- Toshi interrumpió mis pensamientos, yo me sonrojé, pero la oscuridad lo ocultó, luego me quedé callada, oyendo cómo se escuchaban las ratas y unos bufidos humanos que nos regalaba un eco.
-Es por allá- apunté una de las salas de cine, Toshiro no me soltó la mano y seguimos avanzando con cautela.
El rostro angustiado de mi primo me había caído de sorpresa. Le sudaban los dedos y estaba más pálido que de costumbre. ¿Qué había pasado entre él y Seiyuro-san, si nunca peleaban?, ¿cómo estaba eso de que se había portado 'violento' y había escapado de casa?
En la mitad de la pantalla del cinema se veía una enorme grieta. Los asientos estaban rotos y muchos de éstos ya no tenían respaldo.
Después de atravesar las últimas filas, lo vimos.
Seiyuro estaba en uno de los asientos, el de la mera esquina. Estaba agachado y no vimos qué hacía, pero se oían los chirridos de las ratas como si se tratara de ranas en un pantano.
No nos notó, sus propios suspiros eran más ruidosos que nuestros pasos. Toshi apagó la luz de su móvil y me indicó que permaneciera callada.
Nos acercamos más, hasta que vimos lo que hacía.
Fue entonces que las rodillas me temblaron y Toshiro me apretó la mano como nunca alguien lo había hecho.
Seiyuro tenía una navaja en su mano derecha. Con la izquierda sostenía a una rata, a la que le había rajado la garganta para desangrarla.
El líquido rojo del roedor caía en un botecito. Cada gota de sangre era como una respiración de nuestro amigo.
Terminé hincada, sin comprender lo que ocurría. Me vinieron unas náuseas terribles cuando la rata dejó de chillar y Sei la arrojó y tomó el frasquito con sangre, para llevárselo a los labios.
-No… - susurré, pero no me salió la voz.
Toshiro me soltó. Seiyuro-san se llevo el vaso a la boca, pero no parecía decidirse a tomar el contenido.
-¡Eso no! ¡No permitiré que hagas algo como eso!- gritó Toshiro, yo no pude ponerme de pie. Vi que mi primo corría hacia el rubio, mis ojos lo veían todo a detalle a pesar de que el lugar estaba oscuro.
Sei no supo cómo reaccionar, no imaginaba que se iba a encontrar a su hermano ahí, en mí ni siquiera había reparado, porque seguía en el suelo, sin poder ponerme de pie.
Sólo una palabra me vino a la mente, "LadyDevimon".
-Toshiro, ¿qué… qué haces aquí?- reclamó Sei-san.
Toshi le quitó el vaso con sangre a Seiyuro y lo arrojó a la alfombra.
-¡Es sangre de rata, Seiyuro! ¡Ibas a beber sangre de rata en un cine abandonado después de haberte escapado de casa! ¡Las estabas matando para beberles la sangre!- exclamó Toshiro, perdiendo la paciencia.
Le sujetó los hombros al mayor, que era más alto y aparentemente más fuerte.
-¿Te doy asco, cierto?- cuestionó Sei, con aparente frialdad. Una que no iba con su personalidad.
-¡No digas estupideces!
Nunca había oído a Toshiro hablar con tal exasperación. Parecía que su carácter sereno nunca había existido. En esos momentos me recordó a mi hermano Taiki. Quizá eso fue lo que me animó a ponerme de pie y a ir hacia ellos.
-Seiyuro-san… - saludé con torpeza. Sei empujó a su hermano.
-¡¿Por qué está Hidemi aquí?- exclamó -¿Por qué precisamente la has traído a ella para que vea lo peor de mí?, ¡Lárguense de aquí! ¡Nadie tendría que haberlo visto! ¡Será la única vez que pase!
-¿Así que este es tu peor secreto, el que me ocultas?, pues te he descubierto- Toshiro se inclinó, notó que al lado de la rata muerta había al menos una decena más. La voz se le quebró –Ahora explícame por qué estás haciendo estas cosas.
-¿Qué quieres que te diga, Toshiro?- peleó con desgane Seiyuro, que no me quitaba la vista de encima a mí -¿Que tengo hábitos vampíricos?, tú puedes creer lo que quieras…
Toshiro pateó las ratas, se dio la vuelta y sujetó a Seiyuro de nueva cuenta.
-¡Confía en mí! ¡Dime lo que te ha hecho la oscuridad!
"LadyDevimon", recordé de nuevo.
-Seiyuro-san, ¿esto es por lo de LadyDevimon?- pregunté, aterrada. Recordé que en nuestra última aventura, una digimon vampira había mordido a nuestro rubio, dejándole una fiebre terrible.
-¡Por favor, cállate!- me rogó Seiyuro, dándole otro empujón a Toshiro.
-Hi-chan, ¡dímelo!- exigió el hijo de mi tía Kari.
-Tú ya lo sabes, primo, que Sei-san fue atacado por un digimon en el mar de la oscuridad… yo fui la única que vio… pocos supimos que quien lo atacó fue una LadyDevimon… después él nos rogó, bueno, a los que sabíamos del ataque, nos pidió que no dijéramos más al respecto, que porque él ya se sentía bien…
-¿Te mordió una LadyDevimon, Seiyuro?- preguntó -¿por qué no me lo dijiste?
-Eso no tiene nada que ver- Seiyuro-san se encogió, como si un torzón en el estómago le hiciera temblar –no soy un vampiro ni ninguna de esas tonterías, por si eso pensabas… sólo… sólo necesito hacer esto… es la primera vez que lo hago… pensé mucho, decidí herir a estos animales en lugar de… de...
-¡Sei, las personas que mordió Myotismon en 1999 murieron tras el ataque! ¿Te das cuenta de lo mucho que te has arriesgado al no comentarle a los adultos en todos estos años?, ¡nunca les precisaste a nuestros padres que fue una LadyDevimon!, incluso me lo ocultaste a mí…
Tras la última frase, el cuerpo de Toshi comenzó a brillar; desprendió una luz rosada que nos alcanzó a Seiyuro y a mí.
Nuestro rubio cerró los ojos y se apretó más el estómago.
Después una arcada de vómito le vino de pronto, como si Seiyuro fuera alérgico a la Luz de Toshi.
Me llevé las manos a la boca, por la impresión, mientras él expulsaba una sustancia que era espesa y más oscura que la misma sala de cine.
Parecía petróleo.
Sei se secó con la manga, mientras el charco negro se movilizaba hacia donde estaba la sangre, como si tuviera vida.
Toshiro se acercó al vómito azabache, dispuesto a tocarlo, pero Seiyuro le empujó.
-¡No te atrevas!, ¿te das cuenta de que lo acabo de vomitar?- Seiyuro arrastró a Toshiro hasta donde estaba yo. –Escuchen, les explicaré todo, sólo márchense…
-¿Te está amenazando alguien?- pregunté yo. Sei no negó ni asintió.
-¿Crees que es coherente que nos pidas eso, Sei? ¿Eres tan ingenuo para pensar que no distinguimos que acabas de arrojar una masa de oscuridad con datos de digimons?, ¿creíste que podrías esconder algo tan importante de tu familia?
-Toshi, ¡sólo vete!
-¡Tengo un mejor secreto que el tuyo!- chilló Toshiro, perdiendo el control –El secreto que cambiará mi vida y no lo compartiré contigo por tu falta de confianza.
Eso fue lo último que dijo, antes de levantar el puño contra Seiyuro y echársele encima, con intención de golpearlo. Yo dejé salir un grito.
Los vi tumbarse en el suelo. Los dos apuñaban las manos y se lastimaban, a pesar de que eran mejores amigos y casi siempre se adivinaban el pensamiento.
Toshiro tenía el alma tan herida que podía pelear por ello. Seiyuro le respondía con ímpetu, sin considerar que su medio hermano era más bajo y menos robusto.
-¡Ya basta, ya basta los dos! ¡Son hermanos! ¡Son mejores amigos!- exigí. Sin pensarlo me metí en su pelea. Seiyuro estaba a punto de darle un puñetazo a Toshiro en el rostro, pero mi presencia lo detuvo.
Dejó caer el puño. Estando más de cerca noté sus ojos enrojecidos y su cara lívida, sin esperanza.
-Perdón- eso fue lo que dijo, antes de que su estómago revoloteara como olas del mar y él se soltara vomitando de nueva cuenta.
-Está echando fuera pura oscuridad, de la misma que me ha poseído a mí- me dijo Toshiro.
Seiyuro se abrazó a sí mismo, trató de alcanzar el vaso con restos de sangre, pero antes de que lo hiciera, y sin pensarlo mucho, lo abracé por la espalda.
-Nosotros te protegeremos, no necesitas a nadie más- le aseguré. Él se puso a temblar y no dejó de vaciar su estómago. Incluso, pareció que el contacto conmigo le incitó los vértigos
Vi de reojo que Toshiro intentaba tocar la oscuridad, pero la masa pastosa huía de su contacto y se iba conjuntando en una sola figura.
Sei-san dejó de regurgitar después de unos minutos.
-¿Por qué tuviste que ver esto tú, mi dama Hidemi?- me preguntó, queriéndose incorporar. Yo no lo dejé, lo abracé con más fuerza.
-¡No dejaré que resurjas y lastimes a mi familia!-Toshiro le gritó a la oscuridad, que se convirtió en un elemento parecido al mercurio.
Seiyuro hiperventilaba.
-Espera… espera, Toshi, no te acerques a eso- rogó.
La masa se arrastró por la sala de cine, absorbiendo toda la sangre que había, inclusive a las mismas ratas. Toshiro siguió brillando, su pecho emitía intervalos de luz, que hicieron que la sustancia se nos alejara.
-Iré tras la oscuridad y la iluminaré de una vez por todas.
-¡NO!- ordenó Seiyuro, deteniéndolo con su voz.
Toshiro se giró para encararlo, se veía sumamente misterioso cuando brillaba así y mostraba cuán grande era su poder como elegido de la Luz.
-Dame una buena razón- pidió.
-Te contaré todo lo que me ha pasado…
-No es suficiente con eso- dijo Toshi.
-Y te permitiré ayudarme-Sei bajó la cabeza, como si recibir apoyo de los demás fuera algo vergonzoso.
-Tampoco me basta.
Seiyuro deshizo el abrazo que yo le daba, pero me sujetó la mano.
-Haré brillar el emblema de la Esperanza más que el de la Luz- retó.
Toshiro Takaishi sonrió y se detuvo, mientras la oscuridad se perdía tras bambalinas.
FIN de P.O.V. Hidemi Yagami
Continuará en 3.2 …
O
¿Qué diablos le pasa a Seiyuro?... eso lo sabremos pronto. Uno de los comentarios que recibí pronosticó lo de LadyDevimon, agradezco tus predicciones, CarlieSperanza. En realidad, las consecuencias de que esta digimon mordiera a Sei (en Memorias Borradas) era plan con maña para esta secuela… aclaro que Sei no es un vampiro (la idea está tan trillada últimamente), pero de dentro de él se gesta algo que requiere de cosas terribles. Podríamos decir que a raíz de ese "beso" de la digimon oscura, algo se comenzó a desarrollar en su organismo, aunque ya después lo explicaré, supongo.
En este capi traté de entrar en la mente de Toshiro, en la relación de éste con Takeru… consideré que este personaje está realmente en apuros, así que quise reflejarlo... lo de la probable paternidad de Tk hacia Toshi... pues aparece en mi fic Intervalos, pero luego lo explicaré en esta historia.
La intención era que no solo Hidemi apareciera, sino también Taiki, Kyosuke y Kurumi, pero si seguía escribiendo, esto se iba a ser eterno, así que decidí partir en dos el episodio tres.
También quedará pendiente la situación de Soji, la parte de los hermanitos Ishida y la aparición de los adultos que faltan de salir (Sora, Daisuke y Cody, creo).
Muchas gracias por leerme y dejarme reviews, espero les haya gustado… creo que al menos no faltó acción y drama =D
Como aclaración, en este fic no ocurrirá lo que aconteció en mi historia "Agridulce", ya que la intención es crear nuevas situaciones de romance.
Saludos,
CieloCriss
