Gracias por de nuevo entrar a mi fic. Espero les agrade la lectura (disculpen si hay errores por ahí). Saludos

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A p Ó c r I f O

Por CieloCriss

3.1

Odaiba, en la noche

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P.O.V. Seiyuro Takaishi

Me descompensé de un jalón.

Me sentí como un balón ponchado mientras Toshiro me ayudaba a sentarme en una de las butacas y Hidemi me tocaba la frente. Sudaba frío, traía la camiseta empapada en ese vómito negro y el espíritu desarmado al mero estilo de un rompecabezas.

Seguramente al Caballero de Pardaillan no le pasaban cosas como éstas. Mi héroe legendario no era capaz de tocar fondo, pero yo finalmente lo había hecho, y enfrente de mi mejor amigo y de una chica a la que consideraba mi heroína.

-No sé si traiga fiebre, antes era su principal síntoma- recordó Hidemi Yagami, después de retirar su mano.

-Al menos está deshidratado, ¿me puedes oír, Sei?

No había rastros de mi la oscuridad. Aunque Toshi había dejado de brillar, la plasta de mis entrañas había desparecido.

-Para mi desgracia no he perdido el conocimiento, unas buenas cervezas me ayudarían a olvidar esto- comenté echándome aire con la palma de mi mano.

-Así que por eso papá-Takeru te encontraba en bares…- dijo Toshi para sí mismo.

Me cubrí el rostro cuando caí en cuenta de lo repulsivo que era. Había comprado una docena de ratas de laboratorio y las había matado sólo para satisfacer a las tinieblas que habitaban en mí.

Era un asco. Me indigné conmigo mismo, sobre todo porque Hidemi lo había visto… ella no pensaría nunca más que yo podía ser un caballero. ¿Cómo podría siquiera considerarlo, si había bebido sangre de animales inocentes?

Uno puede ser más cruel de lo se supone.

-Toma- me dijo la dama Hidemi, ofreciéndome un envase con agua, que sacó de su bolsa –te hidratará un poco, ¿será que debemos llamar a una ambulancia?

-No. Le he pedido a Kyo Motomiya que nos recoja- respondió Toshiro de manera cortante. Me lanzaba una mirada de halcón difícil de evitar.

Conocía perfectamente a mi hermanito. Sabía que estaba enojado y sentido conmigo. Lo más probable era que pensaba que no confiaba en él, pero era todo lo contrario.

Sabía que podía sincerarme con Toshi, pero no quería hacerlo. No quería confiar en mi hermano del alma, no quería involucrarle.

Toshiro Yagami, bueno, ahora "Takaishi", era una persona que había lidiado horrores con situaciones de posesión y de oscuridad en el Digimundo. Yo nunca había hecho nada por él, salvo observarle y verlo superarse, y ahora quería que sucediera lo mismo, pero al revés.

-Kyo llegará en unos minutos, le he dicho a papá-Takeru que se dirija al hospital, creo que necesitarás suero y descanso- regañó.

-Toshi actúa como todo un hermano mayor, aunque es menor que yo por casi cinco meses- me burlé con Hidemi, pero al hacerlo se me volvió a estrujar el vientre.

No me estaba permitido relajarme.

-Por ahora ahórrate las bromas, Sei- pidió Toshiro –Cuéntanos lo que ha pasado, ¿cuándo te empezaste a sentir mal por culpa de la mordida que te dio LadyDevimon?

Di un largo suspiro, todavía tenía la cara cubierta con mis manos. Me descubrí los ojos. Me quedé callado y observé la enormidad de esa sala de cine.

Si llegaba a ser mayor, mi sueño era ser director de cine, justo como mi fallecida mamá. En esos momentos, con el sabor a oscuridad escociéndose mi garganta, vi que mi meta se volvía un microbio en el universo… diablos. Era la peor analogía que había hecho jamás.

-Seiyuro-san, por favor, yo también quiero saber lo que te pasa- rogó Hidemi –Entiendo que no quieras contarnos, talvez creas que me siento asqueada, pero todo lo contrario, yo te admiro y…

-¿Qué admiras, Hidemi-chan? ¿qué soy un vampirito frustrado que ni siquiera tiene colmillos filosos?

-¡SEIYURO!- me reprendió Toshiro. Estaba más alterado de lo común… y no era a causa de su preocupación por mí. Quizá sí tenía un secreto más emocionante que el mío y estaba inquieto por el mismo.

-Lo lamento, preciosa- admití –No quiero ser mordaz contigo, aunque te voy a rogar que no me admires. Se le admira a los héroes, a los artistas, a los líderes, quizá hasta a los políticos o guerreros, no a mí, y menos ahorita.

Podía delimitar la figura de Hidemi justo frente a mí. Era como una heroína de cuento de hadas, con cintura angosta, caderas y piernas firmes. Morena, como el sol; de ojos grandes, como el mundo.

-Cualquier persona que enfrente a la oscuridad es digno de mi admiración- terqueó ella -… Seiyuro-san, creo que no puedes decidir quién me puede gustar y quién no. Si te refieres a lo de la sangre, creo que si escucho tu explicación podré entenderlo.

-Sei, lo prometiste. No quiero más mentiras- exigió Toshiro.

-Se me dificultan las mentiras como no tienes idea… - dije –así que lo intentaré, sólo ténganme paciencia.

Les narré brevemente que a raíz de lo del ataque de LadyDevimon me daban fiebres ocasionales, pero no hacía mucho caso de eso.

-"Pensé que era hasta cierto punto normales después de haber sobrevivido al ataque"- expliqué, mientras Toshi suspiraba y los ojos de Hide se llenaban de lágrimas, que aunque estaba oscuro, podía ver –"Fue hace algunos meses que empezaron los vértigos, de ahí le siguieron etapas de confusión terribles, en las cuales me poseía la ira por cualquier cosa".

"Me comenzaron a molestar cosas que antes me robaban sonrisas… si Min sacaba un 10 en el preescolar no me daba gusto, si una chica me coqueteaba, sentía deseos de hacerle daño… a eso le siguió la sed… aunque tomaba agua todo el día no se calmaban las ganas de beber.

"A veces sentía tal desesperación que quería maltratar a todos en casa, eso suena a cobardía, lo sé… me enardecía especialmente el sombrero de Wizardmon, había noches en que quería levantarme y arrebatárselo a Min y hacerlo trizas".

Me detuve ahí, tomé un sorbo de agua, pero la escupí porque mi cuerpo no la aceptó. Toshiro me arrebató la botella y dejó caer el agua en mi cabeza, lo que me tranquilizó y refrescó un poco. Desvié la mirada.

-"En una de esas noches, después de reflexionar sobre lo terrible que me estaba volviendo, terminé haciéndome daño… de la desesperación me hice una cortada en el brazo después de rasurarme, y en cuanto me vi la sangre, al instante la succioné y sentí que recuperé un poco de cordura y estabilidad.

"Siempre fui un poco positivo"- Toshiro y Hidemi alzaron la ceja –"Bueno, muy positivo, entonces me reconfortó sentirme bien otra vez, no me gustaba sentir que todo el tiempo estaba de bajada en una montaña de skullgreymon.

"Por supuesto, asocié que todo se debía al ataque de la digimon esa, así que me contuve lo más que pude, pero los días que siguieron fueron difíciles, por la mañana vomitaba, el estómago se me revolvía cuando veía a cualquiera de mis conocidos, a mis novias, a mi familia.

-¿Por qué…?- interrumpió la hija de Taichi Yagami -¿Por qué no se lo comentaste a nadie?

-"Podría decirte que por vergüenza, porque pensé que lo tenía controlado, pero la verdad fue porque no quería; podríamos concluir que por estúpido".

"Hace un par de semanas comencé con mi plan, decidí hacer un experimento bebiendo sangre de animales; le inventé a papá que iba a tomar un curso de cine y así fue como comenzó todo.. he matado a esos pobres roedores a sangre fría, pero fue poca la sangre que bebí, al final me rehusaba y escapaba a los bares a olvidar el intenso olor a oscuridad de mis reflujos y vómitos… debo decir que echaba fuera esa masa de oscuridad que salió hoy, pero lo que arrojaba ciertamente era diferente a lo que comía, supongo que he soltado muchas tinieblas ya…

"Papá descubrió lo de los bares esta tarde, me castigó y me sentí atrapado, con las peores náuseas que he tenido en mi vida, sin contar la sed; las cosas empeoraron cuando mi hermana entró esta tarde a mi habitación. Tuve un deseo enorme de probar su sangre, para el colmo, llevaba puesto el sombrero de Wizardmon, fue ahí que me descontrolé, me dije 'si me quedo en casa le haré daño'… y bueno, Toshi ya sabe lo demás.

"Me apena muchísimo que se hayan enterado, me siento como un cobarde sin esperanza".

-Así tenía que ser, Sei- observó Toshi, yo le asentí, cubriéndome el rostro de nueva cuenta. Tenía dolor de cabeza . -¿Pero no te habló la voz?

-No; para nada. Al menos no lo detecté. Las cosas terribles que hice… fueron cosa mía.

Como respuesta, Hidemi se me lanzó a los brazos.

-Todo estará bien, buscaremos la manera de que te liberes de eso- susurró. Ella olía muy bien, diferente a mí.

Con su contacto se me había estremecido el cuerpo entero, me pregunté por qué, pero no le di mucha importancia, menos en esos momentos, cuando yo estaba viviendo un mar de emociones encontradas.

Con seguridad, al Caballero de Pardaillan le gustaría recibir un abrazo así, eso fue lo que pensé. Quise corresponderle y enlazarla con mis brazos, aunque no tenía muchos ánimos.

-Toshi, ya no estés enojado conmigo- le rogué a mi hermano.

Él me ofreció una sonrisa tranquilizadora. No supe lo que ésta quería decir. El celudigital de mi canelo hermano sonó, él se fijó en el mensaje del móvil.

-Kyo y Kurumi-chan están afuera del cine.

-¿Kurumi también?- renegué. Si la mayor de los Ichijouji me veía así, mi problema se difundiría en un instante. Solté un bufido y me alegré de haber escondido las partes más "darketas" de mi relato.

FIN de P.O.V. Seiyuro Takaishi

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P.O.V. Kurumi Ichijouji

-¡Espera, déjalo! ¿Qué crees que haces?- le grité al imbécil de Kyosuke.

-¿Cómo que qué?, le he dado un puñetazo que lo dejó noqueado, eso mero- me respondió el bobo con orgullo.

-¡Pero si no estaba haciendo nada malo! ¡Eso no te pidió mi papá!

-El señor Ichijouji me contrató como tu guardaespaldas, me dijo que si algún delincuente juvenil se te acercaba debía alejarlo bajo cualquier circunstancia- se defendió Motomiya, con su cuerpo de fortachón, pero también de idiota.

-¡Sólo me pidió la dirección de celudigital!- chillé. Estábamos en una tienda de autoservicio, a la cual había ido para comprar ingredientes para cocinar un pastel porque mi hermano Zetty estaba de visita.

-Sí, aparentemente, pero te miraba de manera lujuriosa por esa minifalda que no va con el clima fresco y que hace que todos babeen por ti innecesariamente.- pagó los alimentos y se despidió alegremente de la despachadora, como si fuera cosa de todos los días dejar a un hombre tirado en piso después de haberle daño un puñetazo al mero estilo de una fiera.

Ay. Lo odiaba. Maldito mocoso. Hacía un par de días papá había contratado a Kyosuke Motomiya para que vigilara hasta a mi sombra. Al detective Ken Ichijouji le desagradaba que saliera de noche e hiciera mi vida, así que su maravillosa idea fue arruinarme la existencia en lo que más me dolía.

Me refiero a arruinar mi vida social y amorosa. Lo peor era que Kyo no necesitaba dinero y hacía ese trabajo por mosquearme la vida.

¿Cómo iba a necesitar trabajo un muchacho heredero de las empresas Motomiya, dueños de la cadena de comida rápida más famosa de Japón?; Kyosuke era un tonto.

Salimos del supermercado. Él iba entretenido con su móvil mientras yo pensaba en la manera de destruirle de la manera más dolorosa posible.

En un par de días había arruinado tres citas de pretendientes mayores, y me había seguido hasta un antro, a pesar de que él aún era menor de edad.

-Toshi dice que necesita ayuda- dijo de repente Kyo.

-¿Y a mí qué? ¿qué puede necesitar Toshiro-kun?- renegué. Kyo cargaba con todas las bolsas, pero parecía que sólo llevaba un par de peluches.

-No sé, creo que es algo serio- comentó.

-Yo ya quiero ir a mi casa- rugí –Quiero saludar a Zetty, casi no le veo y mamá ha hecho que lo expulsen durante esta Golden Week, tengo que aprovecharlo lo más posible.

Se recadeó otro rato, mientras descendíamos a un estacionamiento subterráneo. Yo le iba despotricando cosas; debo admitir no me prestaba demasiada atención.

-Mira, Kyo, entiendo que estés enamorado de mí y que estés buscando la manera de pasar tiempo conmigo, pero como un guarura-gorila no vas a lograr nada; te he dicho mil veces que no me van los niños menores y…

Se detuvo en medio de las escaleras.

-¿Me estás escuchando siquiera?

-'Yumi dice que hay un digimon en la casa de mi primo Doguen- murmuró.

-¿Te refieres a Mayumi? ¿Dices que halló un digimon? ¡qué bien!- dejé salir.

-Sí, eso parece- refirió –Pero también mis camaradas necesitan ayuda, Toshi dice que Sei está enfermo y que hay que llevarlo al hospital, ¿crees que podrías darme un aventón al cine abandonado de Odaiba?

Pestañeé los ojos. Me hice para atrás el cabello. No entendía nada de lo que decía ese idiota.

-Ush, ni modo que te diga que no. Para nada que me tienes contenta, pero si Toshiro lo sugiere, es por algo.

Apresuramos el paso hasta la camioneta. Era de mi mamá, pero me la prestaba para hacer mandados. Era la única del grupo de amigos que sabía conducir y que tenía carnet, aunque la verdad era que todos abusaban de mi buena disposición y me traían de chofer.

Kyo encajó las uñas en el asiento de copiloto. Era un miedoso, se atrevía a decir que manejaba como loca. Arranqué con fuerza, tenía que darme prisa para llevar a Sei al hospital y correr a casa para avisarle a Zetty que habíamos encontrado un digimon, quizá eso lo podría animar a dejar ese odioso internado al que acudía.

-Gracias, Kurumi- dijo Kyo a pesar de que le noté mareado por las vueltas policíacas que había aprendido de mi propio padre.

-Olvídalo, ya me las cobraré todas, ¡estoy ideando una estrategia para que me dejes en paz de una buena vez!

-No funcionará- aseguró él, yo di un frenón y doblé a la izquierda aunque había luz roja –bueno, te dejaré en paz ya que nos casemos.

Era un ridículo. Para nada que me gustaban sus músculos, su ropa de deportista, su barba nacida y su cabello de malhechor. Por mí que se fuera a ser el "perro guardián" de otra más.

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Kurumi Ichijouji.- Con 18 años, es la mayor de los hijos de los Elegidos. Sus padres son Miyako y Ken; sus hermanos menores: Satoru y Zetaro. Kurumi es extrovertida, ingeniosa, gritona y también algo. Tiene admiradores a montones y es muy popular en su facultad. Físicamente tiene el cabello largo y negro azuloso, como Ken, aunque sus facciones más bien son como las de Miyako. Lleva una relación algo apartada con la mayoría de los hijos de los elegidos por considerarse mayor y más madura que los mismos. Es buena para la mecánica, para hacer juicios de valor y para rechazar el amor de Kyo Motomiya. Aún así, Kurumi tiene gran corazón y siempre apoya a los demás cuando hay necesidad de hacerlo, especialmente en el caso de sus hermanitos. Era la poseedora de la Pureza en las pasadas aventuras.

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Llegamos a un cine de mala muerte, donde nos topamos a Toshiro, Hidemi y Seiyuro con pinta de que acababan de ir a un velorio. Seiyuro estaba sentado en la banqueta, con sus brazos ocultaba su cara y la mayor parte de su cuerpo. Hidemi estaba a su lado, erguida como una garza, mientras que Toshiro, más lívido que de costumbre, caminaba en círculo con la mano en la barbilla.

Me estacioné en línea amarilla y apagué los motores; Kyo se bajó de la camioneta sin decir una palabra y yo le seguí después de apagar las luces, porque ya era de noche.

-Camaradas –saludó Kyosuke, mirando a Sei con una preocupación de líder que en el fondo me gustaba, pero que decía aborrecer. -¿qué pasó?, ¿estás bien, Sei?

Seiyuro alzó la cabeza y yo sentí que veía a un fantasma. Parecía como un zombi malhecho, sin su sonrisa perturbadora y llevaba unas ojeras de hiena. Tenía la camiseta hecha mierda y embadurnada con algo que hedía al centro de oscuridad del Digimundo.

-Kyo, estoy bien, Toshi ha creído que debo ir al hospital, pero agradeceré más si me llevan a casa- comentó desganado, parecía que le costaba trabajo respirar.

Hidemi tenía los ojos llorosos.

-Seiyuro-san, debes ir al hospital- precisó la niña. Kyo llegó hasta sus mejores amigos, se inclinó ante el rubio y suspiró, como si reviviera algo.

-Me prometiste que nunca más tendría que verte en ese estado, camarada- reclamó a Sei Takaishi, quien bajó la cabeza.

-Lo sé, creo que te he fallado- aceptó Seiyuro sin dudarlo siquiera. –Al final parece ser que soy yo quien ha revivido a la oscuridad en mi ser…

-Dejaremos la plática para después, chicos- pidió Toshiro –Sei está mal, me parece que delira.

-¡Estoy bien! ¡Te he dicho que estoy bien!- reclamó Sei, poniéndose de pie como una jirafa jorobada. Se tambaleó al instante. Kyosuke lo sostuvo y volvió a suspirar.

-¿Es por esa digimon que estás así?- le indagó al rubio.

Hidemi asintió, pero Sei no dijo nada. Toshi tomó a Seiyuro del otro hombro y entre los dos más grandes arrastraron al chico hasta la autonave de papá.

Abrí la puerta y lo acomodaron en el asiento trasero.

-Hola, Kurumi-chan- saludó Seiyuro. Trató de darme una buena expresión, pero yo estaba aterrada por su pinta.

¿El regreso de los digimons significaba también el regreso de los problemas?

-¡No me digas hola en ese estado!- renegué, volteando a ver a los todos por segundos -¡mejor díganme lo que está pasando!

-Tengo sed- fue la respuesta de Sei, se cubrió el estómago como si de ahí le proviniera un dolor capaz de alterarle la buena vibra que siempre proyectaba.

Aún así, con esa desesperanza, lo noté más guapo que nunca, con su cabello rubio desparpajado y sus manos largas.

-No sé si sea apropiado darte agua, pero el hospital del tío Jou está cerca, así que sé paciente, no te daremos ni agua ni alcohol… ¿sería una molestia si nos llevas hasta allá, Kurumi-chan?

-Claro que los llevo, pero es justo que me cuenten lo que está sucediendo.

-Lo haremos durante el camino- dijo Hidemi. Le asentí mientras me subía al asiento del conductor.

Manejé con más rapidez de lo usual, me pasé varios altos. Conforme avanzaba, Seiyuro seguía retorciéndose, se ocultaba en el regazo de Hidemi, quien no se había separado de él.

Toshiro les miraba de manera ausente, como si estuviera pensando varias cosas a la vez, mientras que Kyo me contaba que años atrás a Seiyuro lo había mordido una LadyDevimon.

-Creo que sólo Hidemi presenció el ataque, pero Yuri y yo le ayudamos a derrocar a esa vampira- describió –No sé lo que ha pasado ahora, ¿podrías decirnos, Toshiro?

-Sei guardó el secreto de que se sentía mal y al parecer dentro de su ser se fue gestando una masa de oscuridad, hoy arrojó tinieblas de su cuerpo y eso lo puso mal- comentó Toshi, pero no supimos sacarle nada más en esos momentos.

Estacioné la camioneta en Urgencias. Yo traía los ojos bañados en lágrimas cuando me detuve y mis amigos salieron disparados de la autonave con Seiyuro en brazos.

Si la negatividad podía hacerle daño al chico que representaba la Esperanza en el Digimundo, ¿qué expectativas podríamos tener los demás? ¿Por qué sólo cosas malas tenían que hacernos volver a ver a los digimons?

No era justo, lloriqueé dentro de mí. Me bajé del auto y los seguí.

-¡Sei, te prohíbo que pierdas esa lucha que llevas dentro de ti!, ¿quién va a fingir que es mi cupido, si no?

A Sei lo subieron a una camilla, soltó una sonrisa ennegrecida e inconforme; luego me vio.

-Manejas como loca, Kurumi-chan- dijo antes de que se lo llevaran los paramédicos y me dejara un nudo en la garganta.

FIN de P.O.V. Kurumi Ichijouji

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Kyosuke Motomiya.- Es hijo de Daisuke Motomiya y una mujer llamada Makoto. Solía ser atolondrado, imprudente, valiente y busca pleitos; pero ahora, con 17 años, es un chico centrado con cualidades de líder que está profundamente enamorado de Kurumi Ichijouji. Le apodan Kyo. Es deportista, dirige un equipo infantil de fútbol y lleva una buena relación con la mayoría de los chicos del grupo. Seiyuro y Toshiro son sus mejores amigos. Kyosuke es uno de los líderes de los niños elegidos; su emblema es el del Valor. Tenía un Demi-Veemon en Fusión Prohibida y Memorias Borradas.

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P.O.V. Taiki Yagami

-¿Está muerta?- fue lo que pudo preguntar uno de los gemelos Yamada.

Mientras veía que mi pandilla se volvía loca dentro del jeep, yo permanecí mudo. Era ella. En el asiento del copiloto me quité el cinturón de seguridad. Se me retorcía todo por dentro.

-¡La maté, la maté!- gimió nuestro conductor, Negishi-kun, un sujeto fatal que se había unido a mi clan la semana pasada.

-¿Qué hacemos, jefe?- me preguntaron.

Abrí la puerta; olí a muerte.

No no no, no abra, hay que huir! ¡Taik-sama, suba!- chilló el otro Yamada.

-¿Acabamos de atropellar a una mujer y lo que quieren es huir?- les reclamé, pero ellos quedaron silentes.

Bajé del auto y les miré.

-Si creen que largarse es lo correcto, pues váyanse al demonio, puñado de ovejas imbéciles- refuté.

Pise el asfalto de la callejuela. No era yo quien me había impactado contra ella, pero había aceptado que mi pandilla consiguiera ese auto y navegáramos la ciudad sin permiso.

"Cinco, cuatro, tres, dos…", no tuve que llegar al uno para que ellos cerraran la puerta y huyeran. Era yo quien generalmente arreglaba las cosas.

Vi el jeep desaparecer. El cuerpo de la mujer se estremecía en vida, a pesar de que yo lo daba por muerto. Me acerqué; me agaché ante ella y le miré con la mayor indiferencia que pude.

-Vas a vivir… tú también me diste esa oportunidad después de todo- le susurré a Akane Fujiyama. Había sido mi grito de desconcierto al verla lo que había desconcentrado a Negishi. Era mi culpa. Después de años de abandono, aún me causaba ansiedad el mirarla entre las calles con ropa ligera, con sus ojos profundos y su cabello ondeante por el viento.

Saqué el celudigital que mi padre me obligaba a usar. Vi que tenía varios mensajes de May Ishida, pero ni siquiera eso me consoló. En lugar de leerlos, le llamé a Urgencias.

-Acabo de atropellar a mi madre… aún respira- les dije, antes de pasarles la dirección.

Me dejé caer al lado de ella. La mujer pestañeaba los ojos y me miraba. Me pregunté si me reconocería. Yo no me reconocía en esos instantes… deseé nunca haber nacido.

Que se pudra el mundo. Que me pudra yo.

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Taiki Yagami.- Hijo de Taichi Yagami y una prostituta llamada Akane Fujiyama. Taik tiene 15 años, lleva la melena castaña rebelde, como su padre, y es un adolescente rebelde y sensible a más no poder (a pesar de que de pequeño era muy dócil y juguetón). El chico tiene mucho rencor acumulado hacia sus padres. Siente culpa de que mientras que él vivió una vida feliz, su hermana gemela Hidemi sufrió al lado de su madre, quien lo abandonó a él de pequeño. En el fondo, Taiki es un mar de emociones y su emblema es la Unión. Le encanta la comida chatarra y anteriormente tenía un Koromon.

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Los paramédicos envolvieron a mi madre con collarines, oxígeno y primeros auxilios. Le limpiaron la sangre de la cara y del abdomen. La subieron a una ambulancia, pero no les dio por llamarle a la policía.

-La he atropellado yo- reclamé, cuando uno de ellos pidió que me subiera a la ambulancia.

-Eso lo arreglarás después, aunque no veo ningún automóvil- terqueó una enfermera joven, que no se asustaba de mi ropa negra, ni de mis manos bañadas en la sangre de Akane -¿has dicho que eres su hijo, no? ¿quién la acompañará si no lo haces tú?

Terminé subiéndome a la ambulancia. Me hicieron ir junto a la que me trajo al mundo, para que les diera datos del "accidente". No dije mucho, salvo que la había machucado yo. Ni un alma lo había visto, ni siquiera las aves, ni los insectos, ni las cucarachas de esa maldita urbe de globalización.

Algo en mi cara les enternecía, pero era una realidad que si yo hubiera tenido que atropellar a alguien en mi vida, habría escogido a esa maldita mujer.

-Llama a casa, chico- pidió la enfermera entrometida.

No tenía ánimos de hacerle caso. Hidemi se iba a despedazar en llanto, no quería que debatiera entre odiarme y no hacerlo. Papá terminaría sacándome de prisión con sus contactos y me daría el peor castigo de mi vida.

Yo tenía deseos de ir a la cárcel. Más que nunca, quería perderme en una correccional, aunque no supe por qué.

Llegamos al hospital en el atardecer. Me dejaron en la sala de esperas y les pedí que llamaran a la policía, aunque sabía que iba a salir exonerado con Ken Ichijoiji al mando.

Bastaría con una investigación corta para descubrir que quien había atropellado a Akane Fujiyama era un joven llamado Negishi. Descubrirían que yo iba de copiloto y que le habíamos "pedido prestado" el jeep al hermano mayor de los gemelos Yamada.

Aún así insistí en hacerme sentir más culpable entre el silencio de la sala y la atención de las enfermeras, quienes afirmaban que yo estaba en estado de Shock.

Las muy perras no entendían cómo me sentía. Pero no necesitaba que nadie lo entendiera. Maldición. Maldición. Maldición.

Estaba en el hospital donde trabajaba Joe Kido, uno de los mejores amigos de Taichi Yagami. Las cosas no podían ser peores.

-Chico, ven acá- pidió la misma enfermera de la ambulancia, que me había seguido todo el tiempo –tengo noticias de tu madre, la señora Akane.

-¿Está muerta?- dije, encarándole mis ojos.

-No, está estable. Sólo la mantendremos en observación por una hemorragia interna.

-Ah.

-¿Quieres verle?

-No, claro que no.

-Tienes qué comunicarte con tu familia, con tu papá.

-Lo haré- gruñí –pero no lo comprendo, le he dicho que yo atropellé a esa mujer, incluso le odio, ¿por qué no llaman a la policía de una buena vez?

-No le odias. Tienes unos ojos que dicen que la amas- aseguró, eso hizo que se me revolviera el estómago más que nunca.

La puerta de la sala de emergencias se abrió de un solo golpe. La voz de mi hermana gemela destacó entre la de decenas de personas que se agolpaban en esa pecera de enfermedad.

-¡Con cuidado, por favor!- chilló. Giré el cuerpo de manera mecánica, mientras una camilla ingresaba a la sala con Seiyuro Takaishi en ella.

-¿Seiyuro?- dejé salir, con admiración. Se veía mal, olía de manera atroz, como si se hubiera podrido por dentro –Hide, ¿qué pasa aquí?

La enfermera metiche notó nuestro parecido. Al fondo de la habitación vi a Toshiro pegado al celudigital y a Kurumi y Kyosuke con cara de cachorros perdidos.

-Sei-san se puso muy mal- soltó Hidemi, tenía los ojos empapados en lágrimas –pero esa no es la pregunta, hermano, dime lo que haces tú en el hospital.

Tomé aire lo más hondo posible, pero mis pulmones y el aire negro de ese ambiente no eran compatibles. Endurecí las cejas.

-Acabo de atropellar a tu madre- le dije con crueldad, a pesar de que me dolía ver que mi declaración hacía que lloviera más sufrimiento en los ojos de Hidemi Yagami.

FIN del P.O.V. Taiki Yagami

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Long Beach, California, de día

P.O.V. Soji Miyagi

-Buenos días, holgazán- fue el saludo de Ben cuando entró a la habitación –por tu culpa dormí en el sofá de la suite apenas dos horas, me duele la espalda… la próxima vez haré que el Demonio de Tasmania que tengo por hermanito duerma con mis padres.

-Lo lamento- comenté. Yo tenía seguro peor pinta que él, pero sus ligeras ojeras se veían simpáticas en su perfecto rostro.

Me pregunté por la Muñeca, ¿dónde habría dormido ella? ¿Vendría a visitarme en mi nueva cárcel?

Ben gruñó y se acercó al pequeño Tulo, le aplastó la nariz y el chico se quedó sin poder respirar y despertó asustado, exhalando aire por la boca.

-¡Buaaaaaaaa!- gritó, manoteando a su hermano -¡Le voy a decir a mi mami!

-Largo de mi vista, infante loco- ordenó, cargando al chico y depositándolo en el suelo del camarote – ve y llora con mamá todo lo que quieras.

-¡Taiki está de testigo de que eres el malo! ¿Verdad?- me preguntó Tulo. Viéndolo de pie me pareció todavía más pequeñito, de hecho tenía muy buen vocabulario para su edad.

-Seguro, chico- le contesté.

Tulo sonrió, se secó las lágrimas de cocodrilo y salió de la alcoba a toda velocidad.

-Veo que con mi hermanito no niegas tu origen.

-Sería conflictivo explicarle todo a un niño de preescolar.

-Ese mocoso entiende todo gracias al intelecto que sacó de Izzy, ¡en fin!- Ben se sentó en la cama de Tulo –Espero que hoy estés de mejor humor.

-Me parece que tú eres el que está de malhumor, casi asfixias al pobre niño.

-Está acostumbrado a cosas peores- sonrió Ben –Nadie dijo que vivir bajo el mismo techo que yo era sencillo.

-¿Es una especie de amenaza, Ben-kun?

-Llámame Ben. Odio las terminaciones 'san' y 'kun'.

-Oye, Ben-kun, ¿en cuánto tiempo llega el hombre que reclamará su paternidad?

-Eso pregúntaselo a Izzy, ¡y llámame Ben!

-¿No es algo rudo que le llames así a tu padre?

-No es mi padre- se apresuró a decir Ben –Es mi padrastro, y no me malentiendas, Izzy es un buen sujeto.

-Ah- respondí.

-Mi papá se casó ayer- se apresuró a decir Ben – es de lo más bizarro, pero mis padres asisten a sus respectivas bodas con otras personas, suena enfermo.

Sonreí. El puso rostro de indignación.

-No le veo la gracia, te aseguro que no te gustaría estar en mi situación.

-Oh, no- dije con ironía –tomando en cuenta la situación de mis padres biológicos tu problema es el dilema más complejo de la humanidad.

Ben pareció reflexionar, se rascó el cráneo.

-Bien, de nuevo me hice la víctima, lo lamento… aunque tu situación es peor mil veces que la mía, estoy seguro que mejorará.

-¿Lo dices porque el supuesto padre biológico es un gran señor?

-Lo digo porque sí, no pongas en duda a Taichi, que es un gran sujeto.

-Ajá.

-Él no te abandonó por gusto- me retó Ben.

-Ajá.

-Izzy dice que no podemos decirte nada, pero no seas tan ingrato sin conocer tu historia, Hidemi fue mucho más sensata que tú, pero los varones Yagami son unos cabezotas.

-Escucha, preferiría no hablar de la familia Yagami, por el momento no quiero pensar en el señor Taichi, ni en el sujeto que se llama Taiki.

-¿Ni en Hidemi?

-¿Hidemi?

-Mejor que sea sorpresa- dijo entusiasta Ben.

-¡Benji!, ya te he dicho que no despiertes con brusquedad a tu hermanito- dijo la voz de una señora. La puerta de la habitación nuevamente estaba abierta. -¡Ah, pero si es el precioso de Soji-chan que despertó! ¡Hola!

-¿Cómo no va a despertar si entras gritando, madre?

-Soy Mimi Izumi, mucho gusto, ¡ay, pero si estás muy guapo!, siempre supe que un peinado más discreto le haría bien a Taichi, pero él no sabe de modas, lo bueno es que parece que tú sí- monologó con gracia la mujer.

Se veía aún más joven que Izumi-san y mucho más atenta. El cabello castaño nadaba por el cuello y no tenía arruga alguna en su cara. Definitivamente era una mujer hermosa y tenía qué admitirlo, se parecía mucho a Ben.

-Mucho gusto, señora.

-¡Ay no!, todo menos señora, ¿te parece si me llamas Mimi?.

-De acuerdo, Mimi-san

-Benji, pide servicio de habitación para Soji-chan.

-Pero mamá…

-Haz caso, el menú está en el comedor- Ben gruñó, pero obedeció.

-¿Qué quieres de desayunar?, si la comida del hotel no te gusta puedo cocinarte, ¿verdad Tuls?

Tulo asintió.

-¡Hagamos un pastel de espinacas con miel!

-Oh, es buena idea - dijo la señora –iré a buscar algo para cocinarte, algo nutritivo, siéntete como en casa, en un momento más te llevaremos con el doctor y…

-¿El señor Taichi, cuándo llega?

-Viene en camino, vas a ver que todo estará bien pronto… - sonrió Mimi-san -¡Vamos, Tuls, que la cocina espera!

-¡Sí, mamita!

Mimi se retiró casi corriendo de la habitación, nunca había visto una mujer de esa edad tan hiperactiva. Tulo en cambio me miró algo molesto.

-Papá ya me explicó… tú me dijiste que eras Taiki y resulta que eres su hermanito perdido- me reclamó.

-Lo lamento, ¿me perdonas?- le pregunté.

-Sólo porque cuentas cuentos muy bien- me dijo.

-Gracias.

-Deberías leer todos los cuentos- sugirió –así sabrás mucho de tu papito cuando venga.

La miniatura se fue con la misma energía que su madre.

Era curioso estar en esa suite. Nunca antes había convivido con una familia 'normal', pero era interesante. La forma en como ellos se relacionaban entre sí, la sonrisas en sus rostros eran ajenas a mis sentimientos y no envidiaba ese tipo de vida, pero… la intriga de conocer más sobre ellos me tenía absorto, creo que porque eso me ayudaba a no pensar en Taichi.

Me puse de pie y decidí salir de la habitación. Todavía me sentía débil y dolía caminar. Mi enfermedad maltrataba mis articulaciones y mi salud en general… esta vez me había descuidado demasiado.

En el salón de la suite, el señor Izumi, la preciosa Muñeca y Ben estaban viendo una computadora y no notaron mi presencia. La señora Mimi cantaba en la cocina, los coros los hacía su hijo menor.

-No puedo creerlo- soltó la Muñeca -¡Un digimon! ¡May y Kotty encontraron un digimon!- dijo con ilusión.

-Tenemos que volver a Japón, Izzy, mi papá se largará de luna de miel a las Islas del Caribe hoy y sería mejor llevar a Soji con Taiki y los demás.

-Me encantaría, Ben, pero no se puede. Primero necesitamos resolver la situación legal de Soji-kun, y de todas maneras Taichi viene en camino.

-¿Y qué pasará con el digimon?- preguntó Osen –May dice que está herido, a lo mejor te necesitan allá, papá.

-Joe es el médico de digimons- se adelantó a decir el señor Izumi –En la parte técnica están Ken y Yolei; desde aquí podemos investigar en nuestros ratos libres, hija.

-Oh, está bien- se resignó la chica.

-¿Qué son los digimons?- pregunté al aire. Eran las criaturas que se mencionaban en el cuento que le había leído a Tulo la noche pasada, pensé que todo era ficción, pero los Izumi hablaban de esos monstruos como si se tratara de seres humanos.

-Ah, buenos días, Soji-kun – saludó Izumi-san.

Osen desvió la mirada y volvió a tocarse la mejilla. Ben me miró con desaprobación.

-Lo que faltaba, que no supiera nada de digimons- gorjeó.

-Muy pocos humanos los recuerdan- se adelantó a decir Izumi-san –No puedes culparlo, es probable que no haya conocido a su digital.

Miré exasperado a mis interlocutores y di media vuelta.

-Yo puedo contarte sobre ellos- dijo entonces la Muñeca –Aunque probablemente sólo te parecerá un cuento, ¿está bien si le explico, papá?

-No estaría mal, Osen. Probablemente la aparición de Soji-kun está relacionada con el nuevo digimon que May y Kotty Ishida encontraron.

Volví a resoplar.

-Etto… yo te contaré sobre los digimons- Osen se acercó a mí, pero no me miró a los ojos. Esta vez vestía una falta de mezclilla y una blusa amarilla. Se veía igual de linda para mí, aunque no llevaba puesto el vestido de fiesta y el maquillaje en su pálido rostro.

-Gracias, Muñeca- me apresuré a decirle.

De reojo vi que tanto el señor Izumi, como Ben, desaprobaban mi manera de dirigirme a ella.

-Vamos a la habitación- pidió con amabilidad –Cuando esté listo el desayuno nos alcanzas, Ben.

-No te pases de listo con la Cerebrito, que te estoy vigilando, Yagami.

No le respondí. Mientras me llamaran Yagami no le iba a responder a nadie.

O

No caí en cuenta de que la dejé hablar por dos horas seguidas. Su voz sonaba ligeramente constipada, pero eso la hacía aún más grácil, más dulce.

-No crees en nada de lo que acabo de contarte ¿Verdad?- me preguntó cuando notó que mi atención sólo estaba en ella, no en las historias que relataba con tanto ímpetu.

Le di un trago al jugo de zanahoria que Mimi-san nos había traído tiempo atrás con el resto del desayuno. El chico llamado Ben nos había acompañado, pero finalmente la voz de la pelirroja lo había dejado dormido en la cama de al lado.

-Lo lamento- admití –pero me cuesta trabajo entender cómo es que hablas de fantasías con tanto entusiasmo, como si fueran reales.

-¡Lo son!- dijo algo molesta la Muñeca.

-¿Estás segura?, pareces una chica muy racional, pero creer que existen mundos alternos que albergan criaturas creadas por códigos binarios no es algo muy real, al menos no muy convincente.

-Al menos escuchaste la base- suspiró Osen –Si no te interesaba el Digimundo, pudiste ahorrarme todo este tiempo, así hubiera podido ayudar a mi padre a investigar sobre el nuevo digimon.

-No me interesan demasiado los Digimons, pero es un deleite oírte hablar- coqueteé.

Ella desvió su mirada a la velocidad de la luz, sus cabellos le cubrieron el rostro brevemente, por lo que no pude ver si sus mejillas se sonrojaban.

-Por favor, no digas esas cosas- me pidió algo temblorosa.

-Mh, ¿por qué?, las niñas bonitas como tú son mi debilidad, Muñeca.

-Es que es extraño- insistió ella.

Sonreí, ¿extraño?, esa no era la palabra en la que había pensando.

-No te preocupes, no voy a comerte si no quieres.

-Muy raro- agregó la pelirroja para sí misma.

-¿Tienes novio?- le pregunté.

-Etto… algo así- afirmó.

-¿Mejor que yo?

-No lo sé- dejó salir –en fin… en vista que no te interesan los digimons, creo que iré con mi padre a investigar.

Alzó su rostro pálido. No, no estaban carmín sus mejillas, cosa que me hirió un poco. Generalmente era bueno tirando piropos. A lo mejor era demasiado tímida. Tal vez había sobrepasado el límite.

-Una cosa más, Muñeca.

-Es Osen- pidió.

-Osen-chan- dije con cariño -¿Por qué es extraño que te piropee un poco?

-No sé si deba decírtelo…

-Oh, vamos, nada puede ser más molesto que estar encarcelado en este hotel esperando por un supuesto padre biológico; dime, ¿Qué es hay de extraño en lo que te he dicho?

-Etto, lo que pasa es que… no estoy impuesta a oír ese tipo de cosas – comenzó a decir en su defensa –Además, es algo curioso oírte, siento como si Taiki estuviera diciendo todo eso y estuviera bromeando conmigo.

Eso fue un golpe bajo. Al parecer mi doble y ella tenían una relación muy cercana; eso me molestó, ya que a través de mis ojos ella sólo lo veía a él.

-Gomen…- suspiró Osen.

-¿Estás enamorada de ese chico?, ¿de Taiki?

Los ojos de la niña crecieron de asombro y susto.

-¡Claro que no!- explicó con seguridad, dejó salir una risita nerviosa –No tiene nada que ver con ese tipo de sentimiento, Taiki me enseñó a caminar, a reír, a hacer travesuras, es como mi hermano mayor y con él me crié mis primeros nueve años.

-¿Eh?

-Es mi hermano postizo, Soji-kun- aclaró – y como te le pareces tanto físicamente es algo incómodo que me digas ese tipo de cosas, además de que no estoy acostumbrada y de que ese tipo de piropos sólo te distraen de tu verdadera preocupación.

-Vaya, ese doble mío me va a hacer las cosas más difíciles contigo, cada vez que te trate de enamorar su imagen fraternal te causará nauseas- bromeé.

Si el señor Yagami no me hubiera abandonado probablemente hubiera crecido con esta niña a mi lado. ¿Me querría tanto como a mi doble?, ¿por qué me interesaba tanto esa chica?, no era demasiado romántica, más bien parecía algo evasiva y demasiado seria.

-No son náuseas, sólo que no comprendo por qué te distraes conmigo si puedes pensar en tu familia, en tu padre y en tus hermanos… ellos no sabían de ti y sé que te están esperando, ojalá pudieras abrirles el corazón, así como me lo abres a mí con esas palabras tan… elocuentes que dices.

-Y si mi doble no es tu novio- desvié el tema, por supuesto -¿Cómo se llama tu novio?

-Óleo.

-Ese no es un nombre real, parece un nick

-Es que aún no lo conozco.

-¿O sea que es un cibernovio?- pregunté, pero anexé inmediatamente -Los cibernovios son un engaño, creo puedo luchar contra alguien que no es de carne y hueso.

-Él es de carne y hueso, lo conoceré cuando regrese a Japón.

-¿De verdad?, te deseo suerte… si estoy por esos rumbos puedes venir a mí para consolarte.

-Creo que Taiki es mucho más amable que tú, con permiso- ella se sonrojó por primera vez, se puso de pie y salió de la habitación con paso firme, estrellando la puerta tras de sí.

Me quedé en silencio.

-Debes tener un don, hiciste enojar a la Cerebrito- se rió Ben, un bostezo salió de sus labios.

Seguramente el chico no había oído toda la conversación, porque probablemente estaría igual de molesto. No había que ser sabio para entender que Ben era celoso con sus 'pertenencias'.

-A que adivino: no crees en el Digimundo.

Sonreí.

-Ni una palabra.

-Pobre de ti- dijo con sorna –ya te arrepentirás.

-¿Tan grande y también crees esos cuentos?

-Es cuestión de perseverancia, no de edad- Ben no había abierto los ojos, por lo que se volvió a acurrucar en la cama donde había dormido Tulo la noche anterior.

-¿Desvelado?

-Sí, por tu culpa, insecto… así que duérmete, que no tengo ganas de hablar.

No llevaba el día con estas personas y lo curioso era que ya me sentía parte de algo.

FIN de P.O.V. Soji Yagami

O

Una capítulo más queda en línea… con este episodio ya se acabó mi guardadito de años pasados, pero trataré de escribir lo que sigue lo más pronto posible. Esta será la última tanda de Puntos de vista y narraciones en primera persona por un rato, porque quiero hacer diversa la narración. Ahora sí que ya metí más problemas en la trama… por lo menos a Taiki lo metí en líos (mira que "atropellar" a su mamá), el caso de Seiyuro sigue sin concluir y bueno, está el asunto de Soji… le podemos sumar la aparición de Calumon, los ataques de la oscuridad y todo ello. En este capi ya salieron todos los niños de los elegidos, me faltan algunos adultos, pero ya no quise alargar más este escrito.

Espero que les haya entretenido, a mí me divirtió narrar como Kurumi, es una loca, jaja… un día de estos intentaré narrar con Benjamín, seguro que me reiré horrores.

Gracias por leerme. Con los comentarios y su lectura me animan a seguir adelante con estos viejos escritos. Lamento los errores de dedo y mis repeticiones de palabras, de verdad que no tengo tiempo de releer nada por el momento.

A los lectores de Digital cuatro les informo que tengo pensado en actualizar ese escrito pronto.

Este fic está dedicado a todos los que han leído Memorias Borradas y Fusión Prohibida.

Quedo a sus órdenes para cualquier cosa, ¡hasta pronto!

Atte. CieloCriss