¡Estoy contenta!, no pasaron años antes de que actualizara este fic y me han mandado reviews geniales que me han animado a seguir con este proyecto. No tienen idea de lo que me entusiasma que aún recuerden a mis viejos personajes, que de ser niños pasaron a ser unos adolescentes conflictivos. Esta es la primera parte del capi cuatro, la segunda parte estará mejor, pero espero que esta no les decepcione mucho.
Este capítulo lo dedico a todas aquellas personas que leen y escriben sobre sus versiones de los hijos de los elegidos. Gracias, pero gracias por leer.
O
A p Ó c r I f O
Por CieloCriss
4.1
Había sido una noche larga para Toshiro.
A Seiyuro le habían dado un medicamento que le había hecho perder la conciencia, así que había dedicado su tiempo en explicarle a Takeru todo lo que había acontecido en el cinema. No había omitido detalle alguno, situación que sabía que más adelante causaría cierta molestia en su hermano.
Tk se lo había tomado con tranquilidad. Había escuchado atentamente sin interrumpir y sólo al final del relato había dejado salir un suspiro larguísimo.
A excepción de Mina, a quien habían dejado en casa de los Ishida, toda su familia había pasado la noche en la sala de urgencias. Mientras Takeru la había pasado velando el sueño intranquilo de Sei, Hikari no se había despegado de Taiki y de Hidemi, porque el tío Tai se había ido de viaje sin avisarle a nadie y la madre biológica de sus primos estaba hospitalizada.
Sólo cuando el sol estuvo visible, Toshiro se animó a salir del hospital para comprarse un cigarro y revisar un puñado de folletos que le habían dado en el área de prevención a la salud.
Para despistar, había pedido folletos sobre todas las enfermedades crónicas que existían, pero su única preocupación eran los volantes sobre embarazo en adolescentes.
Un embarazo en una chica que no había llegado a la etapa adulta tenía mayores riesgos que el de una mujer en edad productiva. El aumento de presión arterial en las chicas durante la gravidez era frecuente, lo mismo que la diabetes en la gestación y un sinnúmero de complicaciones que Toshiro desconocía.
Los bebés generalmente nacían prematuros y de bajo peso.
Por el momento, a Toshiro lo que más le preocupaba era que Yuriko siguiera practicando artes marciales y que no hubiera ido al ginecobstetra, ¿no debería estar tomando ácido fólico o hierro o algo de eso? ¿No debería estar en reposo? ¿Estaba todo bien?
Se puso pálido mientras fumaba, incluso sintió remordimientos, como si Yuri estuviera a su costado, aspirando el humo de su cigarrillo y afectando a su bebé.
Le había llamado por celular varias veces, pero su novia no le había contestado. La preocupación por Sei le impedía ir a verla, eso era verdad, pero también omitía esa acción por mera cobardía.
El que la oscuridad del Digimundo hubiera hecho aparición en digimons y en Sei tampoco ayudaba a su ánimo.
Se sentó en una de las jardineras de la entrada principal del hospital, para clarificar lo que debía de hacer. Sobre todo, quería encarar con Yuriko la situación del bebé y de cómo debían resolverla.
Había poca gente en el hospital debido a que era la Golden Week, una semana en la que las personas se dedicaban a descansar y no a acudir al médico. El área de Urgencias era la única que trabajaba con fluidez, ya que en los otros servicios parecían apagados.
No pudo respirar aire puro en un buen rato después de deshacerse de la colilla de su cigarro. Dedicó un minuto para llamar a Yuri en el celudigital, inclusive intentó llamar a la casa de los Hida, pero no hubo respuesta.
Le aterró que su chica fuera víctima de algún otro altercado del Mar de la Oscuridad, aunque se consoló pensando en que Iori, su suegro, seguramente la había protegido.
-¡Toshi-onissan!- gritó Minagawa. Toshiro alzó la mirada, escondió la cajetilla, los trípticos; luego enfocó a su hermanita, acompañada de la tía Sora y de Kotty Ishida.
Frente a él, su hermana se aferraba a la mano morena del hijo de la mejor amiga de su tío Tai.
La chiquilla corrió hacia Toshiro y le abrazó. Sora y Kotaro se acercaron, pero con mayor lentitud.
-Mi nena, ¿cómo estás?- preguntó Toshiro de manera cariñosa, la niña se restregó en su camisa del instituto y alzó una carita llorosa que le causó ñáñaras.
-Bien, pero… ¿y tú, Toshi-onissan? ¿Y mi hermanito Sei?- indagó Mina, sin soltarle, se notaba a leguas que para la niña habían pasado siglos desde la noche anterior.
-Los doctores lo van a poner bien pronto para que nos cuente chistes- la animó Toshi.
-¿Los doctores pueden curar la oscuridad?- Mina hacía preguntas de chica grande siempre que podía, Toshiro se quejaba a menudo de eso, pero Hikari aseguraba que él era igual cuando chico.
-Si los doctores no le curan, entonces le curaremos nosotros- dije con firmeza –así que no te pongas a llorar, Mina; Sei se pondrá bien y entre los tres buscaremos el sombrero de Wizardmon para que no se te olvide cómo sonreír.
-Toshiro-kun, buenos días- saludó la tía Sora. Kotaro alzó la mano en señal de saludo y el canelo le respondió con un gesto.
-Buenos días, tía- contestó con cordialidad. –Mina, ¿por qué no vas a echarle un vistazo a los juegos del hospital?- apuntó la pequeña área de juegos infantiles que estaba a un costado de la entrada del hospital. Había una alberca de pelotas y un enorme pasamanos.
Min negó inmediatamente. Kotaro entonces se aclaró la garganta.
-Min, debes ir a jugar- pidió el pelirrojo –al mal tiempo hay que darle buena cara. Si eres buena chica te prometo que te llevaré a ver al Calumon y él nos ayudará a que todo se solucione.
Minagawa miró con admiración a Kotty, como si todo lo que dijera su primo fuera una ley que no se debiera desobedecer.
-Primo Kotty, ¿y el pequeño Calumon conoce a Wizardmon?
-Seguro que sí- sonrió Kotaro, como si fuera un adulto –ahora ve a jugar, velo como un entrenamiento, Min, intenta pasar el pasamanos tú solita, recuperar el sombrero de Wizardmon puede requerir de todas tus habilidades y estoy seguro de que a mi primo Sei le gustará verte en forma.
La niña asintió casi con frenesí y se lanzó a los juegos inmediatamente. Toshiro notó un halo de tristeza entre ese ímpetu de su hermana. La imaginó cruzando el pasamanos, pero con la mente triste por los hechos de la noche anterior y sus pesadillas.
-Probablemente Min tuvo muchas pesadillas anoche, espero los haya dejado dormir- hizo la observación a los Ishida.
-Durmió muy poco- admitió Sora –pero le animó mucho que Kotty estuviera con ella.
-Mamá, no me digas "Kotty", ya tengo 12 años- reclamó el chico –ayer ayudé al doctor Kido a salvar a Calumon, eso me convierte en adulto… habría pasado la noche siendo el enfermero del digimon, pero papá y tú me obligaron a volver a casa... en cambio a May sí la dejaron quedarse.
Sora le revolvió los cabellos a su hijo. Los tenían del mismo tono, igual que Kari y Toshiro.
-De verdad eres increíble, Kotaro-kun, ¿ayudaste al tío Jou como enfermero?
Kotty Ishida asintió con orgullo.
-Doguen no pudo entrar, así que me auto-propuse; lo hice bien, incluso descubrí que quiero ser enfermero.
-¿Quiere decir que deseas ser doctor?
-No, no, enfermero. El trabajo que hacen los enfermeros es impresionante, con su acompañamiento animan más al paciente que si lo curaran físicamente… digo, quería ser astronauta, pero la física se me da mal, y ni se diga las matemáticas- comentó, con su voz todavía de niño –pero eso no importa ahora, Toshi-san, ¿cómo está Seiyuro?
-No ha hablado desde la noche pasada, le han puesto una especie de sedante- expliqué –supongo que papá les comentó al respecto.
-Un poco- comentó la diseñadora de modas con preocupación.
-Miren, ¿ahí no viene la tía Hikari?
En efecto, Kari salió del hospital en esos momentos. Con la mirada observó a Toshiro y a Sora, pero lo primero que hizo fue ir hasta Min para besarla.
Dejó a la niña en la misma zona de juegos; luego se acercó con unas ojeras enormes en sus ojazos rojizos.
-Sora, ¡muchas gracias!- le saludó con un abrazo que decía a gritos que eran muy buenas amigas.
-Todo estará bien con tus pequeños, Kari- aseguró la mujer pelirroja –Quería retrasar la visita para no importunar a tempranas horas, pero Min y Kotty insistieron en que querían saber más sobre Sei… la situación de los mellizos también me tenía preocupada.
-Ha sido terrible. Taiki se proclama criminal y Hidemi no para de llorar; Ken estuvo aquí por la madrugada y nos confirmó que las cámaras del área de Vialidad comprobaron que aunque mi sobrino iba en el jeep que atropelló a esa mujer, él no iba conduciendo. Ya localizaron el vehículo y al chico involucrado, las cosas parecen estar en paz con ese respecto, a excepción de que Taichi salió corriendo como loco a California después de que Izzy encontró a un chico que es igual que Taiki- Toshiro y Kotaron abrieron más los ojos, ninguno de los dos parecía tener conocimiento de eso.
-¿Otro chico igual a mi primo?- preguntó Toshiro.
-No tiene caso ocultar información por el momento- suspiró Hikari -, al parecer Akane Fujiyama no dio a luz a dos bebés, sino a tres.
-Oh, ¿eso quiere decir que fueron trillizos?- soltó Kotty, impresionado.
-Entiendo- comentó Toshi –esto será muy duro para mis primos…
Otro problema se sumó a la lista de preocupaciones de Toshiro. Su madre le notó tan demacrado, que anexó:
-Cariño, ¿por qué no vas a casa a descansar?- le pidió –Tienes que refrescarte un poco, Min se quedará en la guardería y más tarde Miyako prometió llevarla a jugar con Satoru.
-Acá te haremos guardia- dijo Kotaro –No pienso irme de aquí hasta que mi primo Sei esté mejor.
Asentí. Kyo Motomiya también había prometido que que iría a ver a Sei a media mañana. Al verse reforzado, Toshiro sintió la urgencia de darse un baño y de ir a ver a Yuriko.
-¿Te parece si te doy un aventón, Toshiro-kun?- propuso Sora Ishida –Iré a recoger a Mayumi y a Yamato a casa de los Kido, pero después iremos a casa.
-Gracias- dijo el castaño tras asentir. Sabía que el propósito de su madre y de su tía era que no se quedara solo, porque podría aparecer el Dragomon o algún otro símbolo de oscuridad
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Durante el camino al estacionamiento, Sora notó que Toshiro-kun no estaba bien.
Generalmente, el chico era cordial y educado. No sonreía a menudo, pero tenía un brillo de amabilidad en los ojos igual al de Hikari cuando era una niña.
En cuanto subieron a la autonave, el muchacho comenzó a ponerse pálido y no hizo comentario alguno sobre nada.
Se le veía ansioso, moviendo las manos de un lado a otro, como si con ellas quisiera deshacer algo.
Sora descubrió que Odaiba había amanecido gris. Y Toshiro Takaishi, su sobrino, estaba inmerso en esa niebla.
-Toshiro-kun, ¿quieres que pasemos a comprar algo para que comas?, estás muy pálido.
-No gracias, tía Sora... -soltó desganado -sólo estoy un poco cansado.
Sin más, la señora Ishida dejó de cuestionarlo mientras se dirigía a la casa de Joe Kido, pare recoger a su esposo y a su hija mayor.
Toshiro seguía moviendo las manos de un lado a otro, hasta que no pudo más con su alma, sacó el celudigital y marcó insistentemente en éste.
La falta de respuesta del móvil le hizo al chico soltar el aire de manera ruidosa, mientras Sora le veía de reojo, preocupada.
-Toshiro-kun, ¿de verdad todo está bien?- preguntó cuando ya no pudo más con la incertidumbre del muchacho.
Toshi se quedó callado sólo unos segundos y terminó negando.
-Yuriko no me responde las llamadas, ni las de su celudigital, ni las de su casa... temo que algo le haya pasado.
-Yuri-chan estaba contigo cuando sucedió el ataque de Dragomon, ¿cierto, Toshiro-kun?
El canelo asintió. No frenéticamente, pero sí con una precisión que Sora nunca había visto en el alma madura que habitaba en el cuerpo de un niño recién crecido.
-Sé que el señor Hida está con ella, pero... - se silenció -Tía Sora, ¿podría bajarme en la estación de trenes para ir a casa de Yuriko?
Sora sonrió.
Amor. Ésa era la respuesta a la ansiedad que vivía su sobrino.
-Qué va, yo te llevaré a su casa- comentó la señora.
-Pero, tía, ¿no tenías que pasar por el tío Matt y por May a casa de los Kido?
-Sí, pero ellos pueden esperarme o tomar un taxi-, dijo Sora, -me atrae más la idea de quitarte esa palidez de la cara, esa tendría que ser mi misión como tía.
Por primera vez desde que había subido a la aeronave de los Ishida, Toshi se permitió una sonrisa de agradecimiento.
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Los cinco miembros de la familia Ichijouji estaban sentados en la sala del departamento de donde vivían.
Era una sala desgastada, que Satoru se había encargado de destruir con sus juegos de química y sus intentos de desarrollar la pintura para parecerse a su hermano mayor.
Miyako fue la última en llegar a la reunión que había organizado su esposo.
Ken era jefe de la policía, y, entre sus locuras de jefe policiaco, hacía reuniones en su hogar de la misma manera en que juntaba a sus agentes para resolver algún caso retorcido de Tokyo.
-¡Traje jugos!- anunció con voz chillona Yolei, mientras se apretaba la bata de dormir al cuerpo delgado y estirado que tenía desde la adolescencia -Mira, Zetty, te traje tu jugo favorito.
-Gracias, madre- dijo Zetaro, el hijo mediano, con mucha calma.
Kurumi vestía un short corto con una playera de la idol de moda. Tenía la cara un poco hinchada, como si a sus 18 años cargara con demasiados desvelos.
Satoru tenía los ojos entreabiertos, pero estaba echo bolita en el sillón más pequeño y ninguno en esa estancia habría podido asegurar si estaba dormido o despierto.
Zetaro usaba una pijama a rayas impecable, en tanto que Ken traía puesto ya un traje, con corbata y saco, como si para él la noche no hubiera existido.
-La situación está complicada- empezó a decir el patriarca de los Ichijouji, mientras Miyako se sentaba a su lado -todo parece indicar que los ataques de los digimons se harán más continuos y certeros.
-Toshiro y Yuriko fueron atacados por un Dragomon ayer- informó rápidamente la esposa.
Kurumi asintió, porque ya sabía sobre esta situación, pero Satoru terminó de despertar, se sentó de un jalón en el pequeño sofá y se empinó el jugo de naranja que le había traído su madre.
-¡Wooooo! ¡Yahoo!- dejó salir -¡Estupendo!
-Sato-kun, el Dragomon es un digital muy peligroso, lo que ha pasado no es cosa de risa- regañó Zetaro, cruzando los brazos.
-Además,los Ishida encontraron un digimon llamado Calumon- agregó Ken -No es un digimon maligno, más bien es un tanto ingenuo, pero las escrituras afirman que es un digital que lleva consigo el secreto de la digievolución.
-Ohhhhh- volvió a decir Satoru, esta vez bebiéndose el jugo de Kurumi.
-Sin contar lo que le está pasando a Sei, ¿verdad papá?- quiso participar la muchacha.
Ken Ichijouji asintió.
-¿Pero qué es lo que le ha pasado a Seiyuro-kun?- preguntó Miyako -A mí no me ha quedado claro lo que me explicaste anoche, querido; tampoco Hikari supo darme muchos detalles, la noté tan desgastada por teléfono.
-El chico todavía está en revisión, pero ha sido víctima de la oscuridad- dijo el detective. -pero así como Seiyuro fue víctima de las tinieblas, nadie puede desechar que éstas ataquen a otros elegidos... existe el riesgo con Zetaro, porque en su cuerpo ya estuvo alguna vez la semilla de la oscuridad.
Zetaro quedó más silente que antes. Le cedió su jugo a Satoru, quien de la impresión también se lo tomó, mientras los ojos azules le crecía tras sus pequeñas gafas grises.
-¡No, no podemos permitir que le hagan algo a nuestro Zetty otra vez!- chilló Yolei.
-No va a pasarme nada, mamá- aseguró Zet -Entonces, papá, ¿qué nos sugieres hacer?
-Sí, papá, dinos - agregó Kurumi.
-Estuve platicando con tu madre, creemos que lo mejor es que todos los elegidos nos resguardemos en un sólo lugar.
-¿Y qué sugieres, irnos de campamento?- interrumpió Kurumi -O sea, eso es una pésima idea, papá, en el campo la conexión a internet es limitada, además es incómodo y sólo tenemos una semana de vacaciones, ¡yo tengo mis clases en la facultad!
-Kurumi, no interrumpas a tu padre - regañó Miyako.
Ken continuó.
-Como dices, hija, el campo podría ser contraproducente. Tampoco podemos instalarnos en una sola casa, porque somos muchos y la idea de contratar un hotel pondría en riesgo a otras personas- el hombre hizo una pausa y sorbió su jugo de zanahoria, luego, al ver los ojos inquietos de su Satoru, le pasó el vaso y el chiquillo, de pura ansiedad, también se lo bebió -Así que Miyako pensó en que podríamos utilizar las instalaciones del museo de los digimon que están en construcción. Hay una réplica exacta de una mansión de la Isla File, en donde muchos años atrás los primeros elegidos pasaron una noche.
-Según recuerdo esa mansión era una trampa de Devimon, ¿no?- recordó Zetaro.
-Bueno, sí, pero aquí es sólo una réplica preciosa- se enorgulleció Miyako, quien era la directora del museo del Digimundo que estaba en construcción gracias a recursos de los mismos elegidos.
-¿Entonces nos iremos a vivir allá?- preguntó Satoru.
-Así es- respondió Ken -He hablado con Joe de la posibilidad de adaptar un pequeño sanatorio para que Seiyuro siga recuperándose, lo mismo que el pequeño digimon Calumon, que está en nuestro poder.
-¡Bingo!, eres un genio, mi amor- chilló de la emoción Miyako.
-¿Pero y si tenemos qué vivir ahí hasta la eternidad?- preguntó Satoru, hipeando de tanto jugo que se había tomado. Parecía un pequeño borrachito de siete años.
-Cariño, no te preocupes, lo resolveremos antes, ¿no ves que papi es un genio?, y ni que los digas del resto de los elegidos, somos unas súperestrellas.
-¡Eminentemente que sí, mami! ¡todos saldrá excelso!- dejó salir Satoru, como si fuera lo más natural del mundo utilizar palabras difíciles.
-¡Sato-kun, ¡ya te dije que no debes leer tanto el diccionario!, y ni siquiera sabes usar esas palabras... te han de creer un nerd freak en tu escuela, qué vergüenza- se quejó Kurumi.
-No, para nada, soy popular porque soy el que mejor lee y las niñas dicen que soy muy guapo- dijo él con seguridad, aunque luego se puso algo ansioso -Ahhh, ahora vuelvi ¡voy a hacer pipí!
Los otro cuatro miembros de la familia lo vieron correr como torbellino y dejaron salir un suspiro.
-Todas esas ocurrencias las sacó de ti, Miya- se apresuró a decir Ken.
-Pues tengo mis dudas- agregó Miyako.
-¿En qué quieres que te ayudemos, papá?- cuestionó Zetaro.
-Bueno, por ahora queremos que estén juntos, no se separen. Nosotros apenas vamos a plantearle eso a los demás elegidos, su mamá irá al museo a adaptarlo para todos y después daremos las indicaciones.
-Yo les pediría de favor que vayan a casa de Joe a preguntar qué va a necesitar para mudar su enfermería al museo- agregó la pelimorada.
-Cuenta con eso, Zetty, Sato y yo nos encargaremos en cuanto nos pongamos guapos- aseguró Kurumi.
-Lleven el móvil y llamen si están bien o está mal- insistió Miyako -Zetty, si te sientes mal, avisa...
-Descuida, no va a pasarme nada- comentó el chico con algo de decepción.
-Todo saldrá bien- aseveró Ken.
Las dos mujeres de la familia asintieron, recogieron los vasos sucios y se levantaron de la sala roída por Satoru.
De nuevo Ken quedó frente a su hijo mediano, quien no reflejaba una expresión fina en su rostro, que antes solía estar lleno de ternura.
-Zet...- llamó Ken -lo dije en serio, todo saldrá bien.
-Yo también lo dije en serio, papá, a mí no va a pasarme nada que no hayan visto antes- susurró el adolescente de 14 años, con melancolía.
Los dos soltaron aire. Ken no pudo evitar caminar hasta el sillón donde estaba su hijo, quien sólo se le quedó mirando.
Zetaro tenía los mismos ojos de él. Ken sentía a veces que su chico era un espejo de sí mismo con el que se quería curar el pasado.
Se inclinó levemente y le acarició el cabello como si fuera pequeñito. Zet frunció el ceño por la sorpresa, pero luego se sonrojó levemente, dejando salir un poco de la ternura que siempre tenía oculta desde que la semilla de la oscuridad le había robado la inocencia.
-Zet, no te escondas tanto, los eclipses no duran para siempre.- ordenó el papá.
Zetaro Ichijouji se tapó las orejas que ya estaban rojas por el cariño con que le hablaba su papá. Negó con fuerza.
-No me escondo de nada- consideró -son todos los demás los que se esconden de mí.
Le sonrió a su papá con algo de angustia. Ken suspiró y le asintió, porque sabía que no había qué asustar más a su chico.
Ya lo descubriría a su tiempo, justo como a él le había pasado en la juventud.
Satoru regresó a la sala tocándose la pancita inflamada. Se había puesto las gafas en la cabeza y los ojitos le lloraban.
-Ya no vuelvo a tomar jugos, son repulsivos- renegó, luego miró que la junta familiar ya no estaba en funciones, su padre se estaba poniendo el abrigo y Zetaro ya se había levantado de la sala y acomodaba los cojines. -pero ¿y la junta?
-Se ha acabado- declaró Zet.
-Pero ¿y qué pasó?
Zetaro sonrió.
-Oh, eso es un secreto, Sato-kun- bromeó -¿Verdad, papá?
Ken asintió.
-Es un secreto que sólo escucharon quienes se quedaron en la junta sin echarse a correr al sanitario para hacer pipí por haberse tomado todos los jugos de toda la familia.
-No, todos no, ¡me ha faltado el de mamá!- reclamó el infante -Hermano, dime el secreto...
-Nah, es un secreto y esos no se dicen, con su permiso, iré a mi habitación- dijo Zetaro, abandonando la sala.
Sato se giró para buscar a su papá, pero éste acababa de marcharse.
-¡Mamita, tienes que decirme el secreto!- exigió Satoru, poniéndose las gafas y corriendo hacia la cocina.
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Sora aparcó la autonave frente a la casa de los Hida.
Era una casa amplia en los suburbios de Odaiba, donde hacía años Cody había instalado una escuela de kendo que ya no funcionaba.
El jardín estaba un poco descuidado, a pesar de que a Iori Hida le gustaban los pastos y los árboles podados.
Sora sabía que se debía a que ni padre, ni hija, habían superado aún la muerte de Hiromi.
Cody se había enfrascado en su trabajo. Laboraba como juez día y noche. Yuriko se había vuelto aún más callada, pero siempre amable y dulce con sus semejantes.
Toshiro se quitó el cinturón de seguridad.
-Tía Sora, si gustas Yuri y yo luego te alcanzamos en los condominios- propuso el joven con precaución.
-No quisiera dejarlos solos...- fue la respuesta de Sora, ya que después de ver el descuido de la casa, un sentimiento de ansiedad le había invadido el cuerpo -no veo el auto de Cody y desde ayer no ha respondido nuestras llamadas. Creo que es importante que él se entere de lo que está sucediendo.
-Probablemente Yuri le ha contado lo de Dragomon- creyó Toshiro, bajándose del automóvil.
-Sí, lo sé.
-No te preocupes, tía Sora, sé que mi mamá te ha pedido que no me dejaras solo, pero estaremos bien.
-Ni hablar, te esperaré- insistió Sora.
El castaño entonces se dio por vencido y asintió.
-Quizá sea mejor así- susurró para él mismo, luego miró a la ex portadora del Amor y le asintió. -Muchas gracias, tía, te aseguro que no tardaré.
La pelirroja le asintió.
De alguna manera y aunque nunca antes le había pasado, sentía que no podía platicar con su sobrino, con quien ordinariamente tenía diálogos muy elocuentes y profundos.
A Sora le gustaba Toshiro. Era un muchacho inteligente que siempre le daba buenos consejos a sus dos hijos. Ahora, sin embargo, lo veía como un niño pequeño y desamparado.
Aunque no tenían el físico, ni el carácter parecido, de alguna manera Toshi le recordaba un poco al Yamato de la infancia, aunque Sora no sabía por qué, ya que la paternidad de Takeru era un simple rumor.
Toshiro caminó hacia la casa de los Hida. Sora lo observó, pero enseguida se bajó de la autonave, porque descubrió que la puerta de la casa estaba abierta de par en par y las luces estaban encendidas como si todavía fuera de noche.
-Algo no anda bien- se dijo la mujer, y en breve alcanzó al muchacho.
En el recibido no estaban los zapatos de Cody y los de Yuriko estaban enlodados y desordenados. -Lo lamento, Toshiro-kun, es que me he preocupado...
Toshi se quitó el calzado y se mordió los labios.
-Yuri nunca desordena sus zapatos- dijo -pero no siento energía maligna de los Digimon.
La señora Ishida asintió.
-¡Yuri-chan!, ¿estás bien?- llamó el chico a su novia de tres años.
Luego se abalanzó a las alcobas, pero en ninguna de éstas parecía arrojar indicios de que Yuriko estaba ahí.
No había sido un robo, porque Sora notó de inmediato que las cosas de valor estaban en su sitio; nadie las había revuelto.
Toshiro regresó alterado de las habitaciones, con las mejillas un poco más sonrosadas.
-No está, su celudigital estaba en su habitación... quizá esté en el dojo.
-Vamos, te acompaño.
Sin invitación alguna atravesaron la casa. Sora notó que el pasillo estaba deteriorado, pero limpio. En un recoveco estaban los altares de Hiromi, el abuelo Hida y Hiroki, el abuelo de Yuri.
Sora caminó con nostalgia, siguiendo los pasos de su sobrino.
Llegaron hasta un pequeño patio, donde anteriormente la familia tenía un estanque que ahora estaba seco.
-¡Ah!- escuchó de pronto Sora, a la exclamación le siguió una sombra que rompía las ráfagas del viento.
Subió la mirada y vio a Yuriko Hida entrenando Kendo en el dojo de los Hida.
Blandía una espada como si su vida dependiera de ello. Llevaba el traje tradicional para entrenar, así como un casco que no podía ocultar el espeso cabello chocolate que tenía la ojiverde.
-¡Yuri, NO!- exclamó Toshiro. Para sorpresa de Sora, el chico no pareció animado de ver a su novia.
Al contrario, lo notó alarmadísimo y con consternación observó que el muchacho se había echado a correr hasta el dojo.
Sora también apremió sus pasos, no entendía lo que estaba pasando... Yuriko-chan siempre solía entrenar kendo, incluso desde el preescolar su papá le daba clases.
-¿Pero qué estás haciendo? ¡no puedes hacer eso ahora!- reclamó Toshiro, quitándole el casco a la muchacha.
La sujetó de los hombros con fuerza.
-¿Qué haces aquí, Toshi?- preguntó la chica con exasperación.
-¡No me cambies el tema, sabes que en tu estado no debes hacer esta clase de ejercicios!- volvió a regañar el canelo. -Te va a caer mal y también a...
Sora se detuvo al notar que de alguna manera las cosas no marchaban bien entre la parejita.
-Toshi, tú hiedes a tabaco- reprochó la muchacha, sujetando la mano derecha del joven, la olió y luego sacó la cajetilla de cigarros de la bolsa del pantalón -¿Cómo crees que puedes ordenarme que hacer a mí si tampoco me haces caso y sigues fumando?
-Ese no es el punto, Yuri, no respondías mis llamadas, han pasado muchas cosas y estaba preocupado por ti, tampoco he podido comunicarme con tu padre... por favor, no practiques kendo ahora, es un ejercicio peligroso en los primeros meses y... y...
Para sorpresa de Sora, Yuriko empujó a Toshiro, la niña derramaba llanto por las dos las mejillas.
-¡Estar embarazada no implica dejar de hacer las únicas cosas que me gustan!- reclamó.
-Espera, Yuri...- indicó Toshiro, recordando que su tía Sora estaba presente.
-Tú no lo comprendes, pero... ¡Ay, no!- exclamó la muchacha, descubriendo a la señora Ishida -So-Sora-san...
Sora no supo que decir. De la impresión se llevó la mano a los labios.
Yuriko se tapó los ojos. La espada de madera se estrelló en el piso y sin decir nada se echó a correr hasta encerrarse en el sanitario.
-Yuri, tranquila, no pasa nada- Toshi la siguió, pero la chica enllavó el baño que tenían en la sala de kendo.
No volvió a decir una sola palabra; lo único que podía oírse eran lloriqueos de resignación y vergüenza.
Toshiro se sentía igual que su novia. Nunca antes había discutido con Yuricon tanta intensidad, y menos enfrente de alguien.
La paternidad le estaba aterrando. No tenía valor para decirle nada a Sora, por lo que desvió la mirada sin saber qué hacer.
-Toshiro-kun... - llamó suavemente Sora. Cuando el chico se atrevió a subir la rojiza mirada, notó que la señora Ishida estaba justo frente a él y le veía con una comprensión que le resultaba un laberinto.
-Lamento mucho que hayas tenido que ver esto, tía Sora...
-¿Es verdad lo que ha dicho Yuri-chan?- preguntó con preocupación.
Toshiro asintió. Desvió la mirada nuevamente.
-De verdad lo lamento, tía Sora, qué pena me da contigo... Yuri y yo no nos llevamos así, nunca íbamos más allá de discusiones, es sólo... sólo es que estamos asustados, apenas me he enterado ayer.
La pelirroja le asintió. Puso una de sus manos en el hombro del hijo de Hikari y le ofreció una sonrisa reconfortante.
-Lo entiendo a la perfección, ahora mismo no saben que hacer- adivinó ella, acariciándole el cabello lacio y del color de la nuez.
-Yuri no quería que nadie lo supiera todavía...
-¿Han ido al ginecobstetra?- cuestionó Sora.
Toshiro negó.
-Lo lamento, de verdad lo lamento mucho- fue lo que pudo repetir.
-No te preocupes, Toshiro-kun, si Yuri no quiere que nadie más lo sepa guardaré su secreto hasta que los dos estén listos para confiárselo a sus padres, ¿de acuerdo?, ahora lo que importa es visitar al doctor y que los dos se tranquilicen un poco- la mujer tomó aire -Ve a la cocina y prepara un poco de comida para ti y para Yuriko-chan, yo hablaré con ella, que entre chicas es más sencillo hablar de estos temas.
El chico asintió.
-Gracias, tía Sora.
-De nada- dijo inmediatamente la señora. Entendía la desesperación de los dos chicos y quería apoyarlos tanto como se pudiera. -Sólo dime una cosa más, Toshiro-kun.
-Dime, tía.
-A lo mejor no es momento más adecuado, pero si de verdad Yuri-chan está esperando un bebé, hay más cosas para estar alegre que para estar triste.
-Lo sé, tía- dijo rápidamente Toshi -pero... es difícil, y más ahora, no sé por qué, pero más ahora- el joven levantó la cabeza -aún así, lucharé contra quien sea por el bien de ese pequeño.
La pelirroja sonrió con más fuerza.
-Tienes el espíritu de tu tío Tai contigo, sin duda alguna.
El muchacho asintió más animado y se encaminó a la cocina, como se le había indicado.
Sora tomó aire, tocó la puerta.
Y con todo su empeño, rogó a la hija de Cody que le dejara pasar.
Al tercer intento la puerta se abrió.
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Satoru entró a la habitación de su hermana Kurumi con una enorme mochila y unos mapas en la mano.
Sus padres se habían marchado hacía unas horas para atender la situación de alarma por la nueva guerra contra los digimons, por lo que él también se había preparado.
-Kuru, tengo todo listo para mudarnos al museo- dijo el pequeño -Y ahora que mamá nos ha mandando a casa del doctor Kido, he descubierto unos atajos geniales para que vayamos allá sin que nos ataquen los nunemons.
Kurumi se estaba peinando cuando su hermanito apareció en su habitación. Sonrió al espejo e inmediatamente se volvió para encarar al chiquitín de la familia, cuyas ocurrencias siempre la ponían de buen humor.
Contrario a su relación con Zetaro, Satoru y Kurumi eran cómplices. Constantemente la chica entrenaba al niño para que le ayudara a conseguir permisos o a escapar de casa. Sato aceptaba por mera curiosidad, en tanto que Zet se negaba, y casi siempre estaba ausente.
-¿De dónde sacas que nos van a atacar los nunemons, Sato-kun?
-Son unos digimons tipo babosas, son muy resbaladizos y pueden ir por el drenaje- consideró Satoru -como ahí hay aguas negras, se pueden nutrir con popó y hacerse más fuertes. Me he leído la base de datos de los digimons y esos nos representarían una batalla muy asquerosa.
La chica de 18 años soltó la carcajada.
-¡Eres lo mejor, Sato!- se rió. -Pero no te preocupes, que iremos en carro y ahí no se nos colará ninguno. Tampoco es necesario que lleves ese equipaje tan cargado, porque no vas a poder correr si nos "atacan".
-Buen punto, no pensé en eso- dijo el menor de los Ichijouji, poniéndose la mano en la barbilla.
-Además nos nos harán nada los digimons, tú ni siquiera sabes cómo funcionan las cosas, Sato-kun.
Satoru terminó asintiendo con inconformidad.
-¿Y si Kyo-san viene a protegernos, hermana?- preguntó de repente Satoru, agarrando el vestido de Kurumi con preocupación.
-¿Estás asustado de verdad?- interrogó la mayor. El nene asintió.
-Es penoso porque mi papá es un superhéroe detective- dijo -pero es que tengo miedo de que le hagan algo a mi hermano Zet y se lo lleven los malos otra vez...- Kurumi se hincó. Ciertamente ella comprendía ese temor de su consanguíneo. -Sé que yo era muy chiquito aquella vez y que no sé nada... pero, pero si le hacen algo a mi hermano, él va a quererme todavía menos, yo he sido bueno, oneechan, no he roto sus dibujos, pero él no quiere venir a vernos por esa escuela fea... y... y... ¿si le atacan más y ya no quiere volver ni tantito?
Los gimoteos de Satoru enternecieron a Kurumi.
-¡Eres tan kawaiii!- soltó sin poder remediarlo. Satoru se restregó la carita y puso un gesto valiente, la hermana le quitó la pesada mochila que cargaba y se incorporó.
-Zetty sí nos quiere, Sato- aseguró -y nos encargaremos de protegerle... antes yo no podía hacerlo bien porque estaba sola, pero ahora que tú ya creciste y eres tan listo, podremos con el paquete.
-¿De verdad?
-Claro claro, eso es seguro- insistió -además, ¿no eres tú el que tiene más coeficiente intelectual de los tres, según averiguaste?
-¡Sí!- recordó entusiasmado el niño, reacomodándose las gafas que siempre llevaba o entre el cabellos o colgadas en el cuello de la camiseta.
-No se diga más del asunto, empezaremos la aventura- la chica tomó el brazo de Satoru y corrieron a la habitación de Zet.
Los Ichijouji ya no vivían en un departamento. Tres años atrás, cuando Satoru había desarrollado sus ocurrencias, Ken y Miyako habían decido mudarse a una casa más amplia que tuviera un jardín y mantuviera a su hijo menor fuera del estudio y del resto de las habitaciones.
El plan no había funcionado del todo, porque Satoru se las arreglaba para estar en todas partes preguntando cosas e intentando aprender prematuramente lo que fuera que le llegaba a la cabeza.
En la única habitación en la que el niño no entraba a menudo era en la de su hermano mayor.
Zetaro vivía en un dormitorio escolar y acudía a casa sólo en vacaciones, pero el cuarto del adolescente siempre estaba con llave y cuando se encerraba en él, nadie se atrevía a molestarlo.
-Zetty, ¿ya estás listo?- preguntó Kurumi, pero el chico de la Bondad no le respondió -¡Oye, Zetty, se hace tarde para ir con el doctor Kido, además quiero ir a ver a Seiyuro al hospital!, ¿Zet?
Kurumi soltó la manita de Satoru y sin más empujó la puerta, que de milagro estaba entreabierta.
-No está mi hermano- dijo Sato.
-Seguramente se ha ido a duchar- comentó la chica. -¿revisa, quieres?
Sato-kun asintió. Corrió hacia el servicio y volvió agitado segundos después.
-Sí, se está bañando, Zet dice que tardará unos cinco minutos.
-Ah, órale- respondió Kurumi.
Para ese entonces, la mirada de la chica estaba concentrada en el interior de la habitación de su otro hermano.
Para sorpresa de ambos, Zetaro había quitado todos los dibujos y pinturas de la pared y las tenía en una caja a medio cerrar.
La pieza estaba ordenada y lo único que brillaba de ahí dentro era el monitor de la portátil del pelilila.
-¡Se va a ir, incluso empaqueta sus obras de arte!- chilló Satoru.
-Shhh, te va a oír- regañó Kurumi -Vamos a hacer una cosa, Sato-kun, tú espiarás por el pasillo y yo mientras buscaré pistas de lo que planea Zetty, ¿de acuerdo?
-Pero papá nos regañará por no hacer caso al código de ética de los Ichijouji.
-Al diablo con eso, Sato, tú nunca has hecho caso de esa norma ridícula que inventó papá para mantenernos tranquilos, ¿recuerdas cuando te robaste mi diario?
Satoru enrojeció.
-Vale, vale, yo vigilo- soltó con resignación.
La muchacha se internó en la habitación y la analizó una vez más, para buscar pistas, pero, de nuevo, lo único que le llamó la atención fue la computadora.
Zetaro nunca había sido muy adicto a la computación, incluso era promedio a la hora de programar. Sin embargo, en los últimos meses se la pasaba pegado al monitor, como ido.
Sin pensársela mucho, Kurumi abrió el monitor y comenzó a teclear.
Revisó las carpetas, checó los programas y las herramientas de trabajo de su hermano, las cuales se limitaban al uso de software de diseño y de dibujo.
Fue hasta que abrió el historial de internet cuando descubrió que Zetaro usaba otra cuenta de correo a la que ella y su familia conocía.
No tuvo problemas para hackear el sitio y entrar a la página, de hecho, Kurumi siempre había sido la segunda mejor en computación de todos los niños elegidos, justo después de la hija de Koushiro.
La bandeja de entrada sólo tenía mails de la dirección .
-¿No es esa la dirección de Osen-chan?- se preguntó Kurumi.
Con sólo revisar tres correos, la muchacha se dio cuenta del lío en que se había metido su hermano.
O
Cuando ya no tuvo más remedio, Seiyuro se animó a abrir los ojos.
Traía los párpados tan resecos, que el rubio pensó que estaría incapacitado para llorar por el resto de sus días.
Justo como lo había supuesto, su papá estaba a su lado. Sei lo sabía porque Takeru llevaba horas sujetándole la muñeca de la mano donde no tenía suero.
Eso mismo había impedido que el chico se incorporara y se confirmara consciente, simplemente no quería encarar a su padre.
No ahora, no nunca. Pero al final las ganas de despertar lo habían vencido.
Traía la garganta quemada por el vómito de oscuridad que había expulsado la noche pasada. Le dolía todo, y a la vez nada.
No dijo nada, fue Takeru el que pareció resplandecer de júbilo cuando le vio resucitar de tanta medicina que le habían puesto y tanto dolor que se le estancaba en el vientre.
-¡Mi Seiyuro!- fue lo que dijo el papá, pero para ambos fue suficiente por el momento.
Takeru se aferró a su hijo de 17 años, quien ya casi estaba más alto que él, pero que siempre sería un niño pequeño en sus recuerdos. Le abrazó con fuerza, con desesperación.
Sei no se quejó, incluso alzó la mano y correspondió el abrazo.
-Qué escena tan poco honorable, papá- susurró -¿qué van a pensar las enfermeras de mí?
-Que te quiero más que a todas ellas juntas y multiplicadas por un millón más- comentó Takeru, resoplando.
Le soltó y volvió a sentarse a un costado de su rubio pequeño. Cruzó las piernas y se cubrió los ojos, a los cuales Sei notó cristalinos.
-Qué situación tan miserable...- se quejó por fin el chico, aventando las sábanas y tratando de incorporarse -no sólo he hecho llorar a Min y a Toshiro, ahora hasta tú me lloras.
-No digas tonterías, mi Seiyuro- reprendió Takeru. -No te van las bromas cuando estás hospitalizado.
-No es broma, papá- declaró el muchacho -sólo es un consejo: llórame cuando me haya muerto, no ahora.
Takeru le arrebató la mano a Sei y se la llevó a su cara, justo a sus ojos celestes, los cuales soltaron las lágrimas que estaban estancadas.
Quería que ambos sintieran las emociones que soltaban esas gotas, eso creyó Seiyuro.
-No seas insolente, un hijo no tiene derecho a ordenarle al padre cuándo llorar y cuándo no- determinó el escritor Takaishi -Si me quieres valiente y sin lloriqueos, asegúrate de estar bien y no ocultarle problemas tan graves a tu papá.
-Lo siento- admitió Sei.
-Lo siento más yo, hijo- expresó el papá -a partir de hoy prométeme que no nos ocultaremos nada, ni siquiera las lágrimas.
-Caray, eso ha sonado tan conmovedor- ironizó Sei -ojalá pudiera llorar.
Después de eso hizo el intento de sacar alguna lágrima, pero las grietas de sus párpados volvieron a cerrarse.
Una enfermera entró a la habitación. Takeru se puso de pie y le anunció que Seiyuro había despertado.
-Le revisaré y luego pasaré con el director Kido- dijo la trabajadora.
-Yo le avisaré al doctor ahora mismo- escuchó Sei que decía su papá -usted hágase cargo de mi muchacho, quiero que el color le vuelva al rostro.
Sei volvió a pestañear.
-Te preocupas demasiado, papá.
-Misión de todo Takaishi- dijo Tk antes de abandonar la habitación.
O
Zetaro salió de ducharse con un mal presentimiento que confirmó al encontrar a su hermanito con los brazos extendidos frente a su habitación.
-¡Hola, hermano!- saludó nervioso el nene.
-Sato-kun, ¿por qué estás fungiendo de barrera humana para evitar que entre a mi cuarto? ¿has hecho travesuras otra vez?, no es tiempo para estar jugando, ¿sabes?, en un rato más tenemos que salir de casa.
-Es que... es que... ¡sólo pasaba por aquí!- mintió Satoru, al tiempo en que Kurumi abrió la puerta de la habitación y miró iracunda a Zetaro.
-Deja la farsa, Sato, no vale la pena.
Zet suspiró.
-Hermana, preferiría que no esculcaras mi cuarto.
-¡No queríamos hacerlo, oniichan, pero has quitado todos tus dibujos!- reclamó Satoru -¿por qué te quieres ir?
-No me quiero ir, Sato-kun, sólo cambiaba la decoración- confesó Zetaro.
-Satoru Ichijouji- mandó Kurumi -Ve a tu cuarto y cuenta hasta 3 mil y espera nuevas órdenes de mi parte, porque Zetty y yo tenemos que hablar cosas de mayores.
-No me gustan las cosas de mayores- renegó el niño.
-Haz caso, o le diré a papá que violaste el código de ética el otro día al tratar de abrir su caja fuerte.
Satoru palideció.
-Qué mala... prometiste que no dirías nada- reclamó, cruzó los brazos y se alejó con indignación.
Zet miró a Kurumi algo nervioso. Su hermana era más dictadora con Satoru de lo que había sido con él.
-¿Qué sucede, Kurumi?- preguntó.
-Eso tendría qué preguntarte yo, Zetty- gruñó. Le indicó que se sentara en la cama, ella se recargó en la mesa de la computadora.
-En realidad pensaba en deshacerse de los dibujos, son fuente de peligro ahora que vienen de regreso los digimons malignos, ¿no recuerdas que yo puedo materializarlos en vida con sólo carbón y papel?
-No me refiero a eso- riñó. -sino a lo que estás haciéndole a Osen Izumi.
Zetaro se sonrojó violentamente, pero segundos después recuperó la compostura.
-No sé de lo que hablas, Osen y yo ya casi no nos hablamos...
-¡Zetaro, la estás engañando vilmente!- increpó Kurumi -Te creaste una identidad falsa, en internet para coquetearle, vas por la web haciéndote llamar Óleo y la haces tu cibernovia sin confesarle quien eres, ¿por qué haces eso, Zetty?, siempre te creí un caballero.
-Por esas cosas no me gusta venir a casa, no tengo mucha libertad contigo y con Sato-kun espiando cada detalle de mi vida- dejó salir en bajito.
-A mí me vale madres que te quejes de eso, lo que te estoy preguntando es otra cosa, ¿por qué te creaste una falsa identidad para enamorar a una niña por la que has babeado toda tu vida?, ¡Dios, Zetty, qué poco hombre eres!, no es como que fuera un secreto que te gustara Osen, ¿o sí?, a ella eso le quedó muy claro desde que comenzaste a hablar.
Zet bajó la mirada.
-No lo entenderías.
-Toda la vida le dijiste que te gustaba en vivo y en directo, pero tras cumplir los 11 años apenas y le dirigiste la palabra, eso por autista, no cabe duda, ¿y ahora con qué me sales?, ¡con que la engañas!
-Bueno, ya sabré arreglar esto cuando llegue el tiempo, a mí es a quien va a odiar.
-No, esto no va a hacerse "cuando llegue el tiempo", le confesarás la verdad a Osen en cuanto su avión aterrice de su viaje a Los Ángeles, si no lo haces tú, lo haré yo.
El Ichijouji sacudió la cabeza.
-No lo entiendes, así la perdería para siempre.
-Con haberle mentido ya la perdiste, Zetty- recriminó la hermana -Entiendo que la posesión de la semilla de las oscuridad te dejó irreconocible, he sido muy paciente contigo y tus facetas serias y antisociales, ¡incluso te apoyé para que fueras a esa escuela horrible que te alejó más de casa!, pero no admito que hagas estas cosas con Osen, siempre pensé que eras el mejor de los tres hermanos, y ahora me sales con estas tonterías.
-¡¿El mejor de los tres?, Kurumi, no digas esas cosas!, ¿te estás burlando de mí?- se alteró Zetaro. Era de las primeras veces que su voz se alzaba y se oía por toda la casa.
Segundos después Satoru irrumpió el cuarto, asustadísimo.
-¡Zet!- llamó a su hermano -No te enojes, por favor, seremos buenos.
El de 14 años se tocó la frente y trató de serenarse.
-Todo está bien, no es como que sea un monstruo, Sato, a veces también me enojo y no necesariamente estoy poseído.
Para esas alturas, Kurumi ya estaba lagrimeando. Zetaro apagó su computadora de manera brusca, se puso la chaqueta y soportó el silencio incómodo de sus dos hermanos que eran parlanchines por naturaleza.
-¿No teníamos que irnos a casa de Doguen?- preguntó el mediano.
-Sí, claro- Kurumi se secó las lágrimas.
Satoru se mordió los labios.
-Quiero dejar las cosas claras con ustedes dos- dijo Zet, tomando la delantera -Son mis hermanos y les quiero, ¿te enteras, Sato-kun?, no soy un extraterrestre, soy un chico que comete errores... me enojo, como mamá; soy duro cuando hay que serlo, como papá; soy divertido, como Kurumi, e incluso puedo ser mimado, como tú. Sólo tenme paciencia.
-Es que no quiero que te vayas- rogó Satoru, abrazándose a Zet.
-Ahora mismo no voy a ningún lado sin ti - aseguró, luego miró a Kurumi -Hermana, arreglaré todo lo que he hecho mal.
-No entendiste lo que quise decirte, Zetty, yo lo único que quiero es que seas sincero contigo mismo y seas feliz, y con engaños nadie es feliz, ¡y no hay necesidad de hacer tanto teatro si siempre fuiste enamoradizo!... sé que es difícil con la pubertad y las hormonas y...
-¿Qué es pubertad?- preguntó Sato -¿y a qué te refieres con hormonas, neechan?
-Preferiría tratar ese tema después- rogó Zetaro, apenado -Ahora, Sato-kun, ve por tu abrigo, que ya es hora de irnos.
-¡Sí!- obedeció Satoru.
Kurumi y Zetaro le vieron corretear por el pasillo hasta la habitación del fondo, la que estaba tapizada de barcos y trenes.
-Te equivocaste, Kurumi, para nada que soy el mejor de los tres, ¿no crees?- dijo Zet, sonriendo y apuntando al pequeño.
-¿Quién iba a pensar que ese bebito iba a resultar tan encantador?- comentó la muchacha -Con él la competencia está dura para nosotros.
-Sin duda.
O
Jou Kido interceptó a Takeru en el pasillo, justo a la salida de la habitación donde estaba instalado Seiyuro.
-Ha despertado, ¿verdad? - el rubio asintió -Le revisaré después de que hablemos.
El Takaishi asintió y siguió a su viejo amigo sin chistar siquiera.
A esas horas de la mañana, el hospital de Odaiba parecía un lugar silencioso. No se oían sirenas de las ambulancias, ni lloriqueos de enfermos.
La noche anterior el área de urgencias había sido una terrible pesadilla, Takeru no se la podía quitar de la mente.
El consultorio de Joe era pequeño. Había un escritorio con papeles desordenados, una cafetera y un estante con libros obesos.
Tk se sentó y miró que el doctor Kido hacía lo mismo, no sin antes encender una luz y alzar un alto una radiografía.
-Es de Seiyuro- dijo Jou, tomando una pluma de manera temblorosa.
Takeru Takaishi apuñó las manos. No veía a su amigo de la Sinceridad temblar así desde que era un niño.
-¿Qué tiene, Jou?, ¡dímelo!
El doctor asintió, señaló una protuberancia en la radiografía. La redibujó.
-Este es el estómago de Seiyuro- explicó de manera queda -Aquí, justo al costado, hay un tumor enorme, que es lo que le hace vomitar.
Takeru se puso de pie.
-No entiendo- exclamó alarmado -¿un tumor? ¿qué clase de tumor?
Jou bajó la radiografía y sacó un tubo de ensayo. Dentro de él un fuego negro se revolvía.
-No lo sé, esta es la biopsia que hemos sacado- admitió -Sólo sé que no es el cáncer que los oncólogos le quieren curar desde que vieron el estudio... sin duda, esta sustancia está formada por bases de datos de digimons que son virus, pero no tengo idea de qué hacen dentro de Seiyuro...
Takeru se quedó sin palabras.
-Una LadyDevimon le mordió hace años, me lo ha contado Toshiro ayer, ¿eso clarifica más las cosas?- dijo el Takaishi.
Los lentes de Jou Kido resbalaron por la impresión de la declaración.
O
Continuará en 4.2
O
¿Qué les ha parecido?, espero que les haya agradado. Me dio por dramatizar con Toshi y con Sei, pero después trataré de hacerlos un poquito felices... no pude ahondar en muchos personajes, los trillizos quedaron pendientes y la situación de Calumon, por ejemplo, pero ya lo haré cuando redacte el siguiente episodio.
Me ha parecido interesante meter a Sora en el problema de Yuri y Toshi... de alguna manera me gusta que personajes diferentes convivan, además que la portadora del amor ayudará mucho a los chicos. ¿Qué pasará con ellos y su bebé?, ¿irán con el experto en ginecología y obstetricia? ¿El bebé estará bien?, ¿será niño o niña?, ¿nacerá o no nacerá?... hay muchas cuestiones por resolver... sobre todo, ¿qué pasará cuando Takeru, Kari y Cody se enteren?, ¿por qué Yuriko está tan frustrada y hace cosas que no debe, como andar practicando artes marciales?
También está el tema de Sei-sei, ¿qué diablos es ese tumor que tiene?, ¿cómo va a salir de esa situación y qué hará Tk para remediarla?, ¿podrá Joe curarle?
Para que hubiera menos drama, intenté ponerle un poco de humor y ternura al escrito con los Ichijouji... no tenía planeado hacer a Satoru-chan de esa forma, pero el personaje se ha salido de mis planes y se presenta como un niño súper despierto y a mi gusto, encantador. Lo de que Zetaro engaña a Osen con el internet (creándose una falsa identidad) se explicará luego con más profundidad.
Y bueno, sin más, le agradezco nuevamente. Gracias por comentar, en serio =D, gracias!
Ah, sí, lo olvidaba, si tienen una recomendación para lo del sexo, apariencia y nombre del bebé de Yuri y Toshi, acepto propuestas, aunque quien sabe cómo vaya a terminar todo =D
La única base que hay es que tendría los ojos azules, según Toshiro.
Saludos.
CieloCriss
