A todos los lectoras y lectores: FELIZ y PRÓSPERO Año Nuevo. A través de este escrito les mando mis buenos deseos para este 2011. Que sean meses de paz y de superación para todos ustedes.

Y sí, parece que decidí aparecerme de nueva cuenta para publicar. Para compensar mi ausencia les traigo dos partes de esta saga, que espero les siga gustando.

Le agradezco su apoyo, sus lecturas y su compañía digital. Espero les guste este regalito de año nuevo.

O

A p Ó c r I f O

Por CieloCriss

4.2

P.O.V. Soji Miyagi

¿Así viajaba una familia normal?

Eso me pregunté desde el instante en que subí a la camioneta que la familia Izumi había rentado.

La señora Mimi tenía alti-bajos mientras conducía. De momento lanzaba piropos al aire para sus hijos, que no le ponían atención, pero segundos posteriores les estaba regañando.

"Ay, me confundo, estas calles no son iguales a cuando era joven", se quejó varias veces.

Estaba revestida de arreglos florales en el estampado de su una blusa, que tenía tirantes delgados y de color rosado. Ella portaba un rostro fresco, como si las desveladas carecieran de tiempo y desgaste para su cuerpo maduro.

Para mi suerte, era una mujer que por lo menos no se alteraba de que en Estados Unidos el asiento del conductor estuviera del lado contrario que en Japón.

Los hijos eran otro cuento.

El copiloto de la aeronave, Benjamín Tachikawa, estaba absorto en la música del estéreo. Parecía obsesionado con escuchar una canción que no tocaba ninguna de las estaciones de radio en ese momento.

Sin importarle las quejas de su madre, los gritos de su hermano y el silencio de la Muñeca, Ben-kun tenía todos sus sentidos atorados en el minicomponente.

"La programación es de insectos", repetía constantemente, como para que todos le compadecieran.

En ocasiones, Mimi-san bajaba el volumen del estéreo, pero inmediatamente después, Benjamín volvía a instalar los máximos niveles de audio.

Durante todo el camino en autonave, Tulo Izumi dedicó su tiempo a repetir los diálogos de una película. El disco estaba rayado de tantas veces que el chiquillo de cinco años había visto la grabación, que hasta a mí me alteró la paciencia.

Era una cinta vieja sobre un agente de una unidad de inteligencia norteamericana y el estelar era el galán otoñal más popular de todo Hollywood.

La Muñeca, por su parte, se veía más tiesa que nunca. Se había encimado una chaqueta de mezclilla que ocultaba sus hombros delgados y pálidos. El cabello color ladrillo lo llevaba suelto, con apenas una diadema que le quitaba los mechones de la frente.

Ella también llevaba un mundo a cuestas. Un mundo del que yo no tenía interés alguno y se llamaba Digimundo.

Cuando Osen hablaba, era para anunciar algo que había descubierto en su computadora o para dar noticias de sus conocidos de Japón.

Alertaba continuamente, a pesar de que su madrastra y sus hermanos tenían sus propias ocupaciones.

Por supuesto, el lamento superficial de todos ellos me tenía sin cuidado, y mientras los acompañaba al Puerto de Los Ángeles, mi único propósito era escaparme de ellos.

Tenía que irme lejos para que mi padre biológico desistiera de buscarme; para que me olvidara y se quedara con el otro chico que era igual que yo, pero estaba bien construido. Yo ya no tenía edad para necesitar una familia o para ansiarla.

Lo que requería era seguir mi camino y arreglármelas con el sudor de mi frente.

El señor Miyagi, quien me había adoptado a los 10 años, ya estaba muerto. Estaba hecho polvo en un contenedor que tenía en el cuarto que rentaba. Desde entonces me había hecho independiente y tenía la vida que tanto había buscado de pequeño.

Era la soledad lo que me hacía ser lo que era. La soledad era mi yo verdadero: eran las tardes en el orfanato sentado en una banca mientras los otros niños jugaban; eran mis huidas de la casa-hogar, en las cuales siempre terminaban encontrándome aunque no me querían ahí; eran las melodías que dejaba salir de mi guitarra; o los libros aquellos que me había obligado a leer para ser el mejor de la clase.

Yo no era parte de nada más. Ni de un padre o de un hermano. Yo era el viento que corta un avión, o una camioneta como la que en ese momento me transportaba.

Escapar de la familia Izumi no era imposible. Los ojos de águila de Benjamín estaban demasiado absortos en la programación de la radio y en sus peleas imaginarias con su madre. La Muñeca tampoco iba a resultar un impedimento.

Era tan frágil que imaginé que no podría correr tras de mí... y su computadora de ninguna manera iba a detenerme.

En el pequeño ni siquiera pensé. Era una pequeña pulga traviesa que no sabía nada de mí, ni de quien era.

"Tomaremos un atajo", anunció Mimi-san, "El free-way está atascado, eso dice el G3, ¿cierto, Benji?".

"No estés tomando rutas desconocidas, bella madre", pidió el muchacho. Vestía una playera color melón y un pantalón caqui.

"¡A la carga, sargento, su fin ha llegado!", dijo Tulo, siguiendo los diálogos de la película que veía.

Un alto se interpuso en las decisiones de la familia. Ahí fue donde me decidí.

Me dolió imaginar que no vería más a la Muñeca, pero me consoló pensar que era de esas niñas frías a las que el amor les viene sin cuidado.

No era que yo me fuera a enamorar de una japonesa que me confundía con mi supuesto gemelo, ¿cierto?

No. Claro que no. Yo no necesitaba convertirme en un Yagami. Necesitaba seguir siendo el viento y la nada que circula a través de él.

Desabroché el cinturón de seguridad con sigilo, luego, sin más, abrí la puerta. Bajé de la autonave en medio de la luz roja del semáforo y otros vehículos… me eché a correr.

"¡Espera, Soji-kun!", escuché el grito despavorido de la señora Mimi entre las decenas de autonaves que hicieron sonar el claxon en medio de la avenida, porque ella no había avanzado con la luz verde.

O

Respiré el aire contaminado pero nunca me supo más fresco. Era el aroma de la libertad. Me había librado de esa familia cuyo plan era reunirme con Taichi Yagami esa misma tarde.

El señor Izumi justo se había separado de su familia para ir a recoger a mi presunto progenitor al aeropuerto de L.A., mientras que Mimi y sus hijos se habían ofrecido a cuidarme y a arrastrarme con ellos al puerto de la Ciudad, donde Benjamín tenía que despedir a su papá biológico, que se iba de Luna de Miel.

Salté un par de bancas y seguí corriendo sin parar. Me crujió la herida del abdomen. La navaja apenas me había hecho un arañazo, sin embargo yo estaba débil y ansioso.

Me detuve varios minutos después, en la estación de autobuses. Iba a tomar el camión para downtown, de ahí buscaría la manera de sobrevivir sin tener que llegar al departamento de Miyagi nunca más.

Koushiro Izumi era un genio, eso me había quedado claro la noche anterior. El sujeto parecía un perro sabueso dispuesto a rastrear todo California si yo me perdía.

Mi plan era cruzar la frontera, cruzar la línea del sur no era ningún problema, sólo había que conseguir un aventón en la carretera.

Inspeccioné mis bolsillos. Traía puesto un pantalón negro que pertenecía a Ben y una playera rayada, que probablemente también era del chico.

Traía dos dólares en cambio, lo suficiente para transportarme al centro.

Me senté en la banca que se había dispuesto para la parada. Todo el entorno me daba vueltas y la sangre de mi herida había vuelto a traspasarme la ropa, aunque ligeramente.

"Fuck..." dejé salir mientras suspiraba. 'Ojalá la vida fuera tan fácil como me supongo que es morir', dije para mis adentros, pero mi boca fue incapaz de evocar a la muerte como una salvadora.

Dediqué breves segundos a Taichi Yagami. Delineé la silueta de ese hombre en mi mente. Rememoré todas las veces que le vi salir en las noticias de la tele cuando era embajador y diplomático.

Recordé a la persona que me había dicho que Taichi era mi padre y me había abandonado.

Por instantes deseé ser otra persona… o al menos el hijo completo y bonito de Yagami, no la refracción del mismo.

"Are you trying to run away from your destiny, stupid bug?", la voz de Ben resonó en mis oídos.

Deseé que ese timbre insolente y a la vez delicado fuera una alucinación, pero al levantar mi rostro pude enfocar a Benjamín Tachikawa a la perfección.

"¿Tanto valgo la pena como para que me persigas, Ben-kun?", bromeé.

"Mira, insecto, no tengo idea de qué mosco te picó para que te comportes de esa manera tan ingrata, pero de ninguna manera podrás escapar de mí aunque lo intentes, ¿te enteras?".

Ben tomó mi hombro, chamuscó la lengua al ver que mi herida había vuelto a sangrar.

"¡Estás desangrándote otra vez!, ¡Osen, ve nomás lo que ha hecho el clon de Taiki!".

La preciosa Muñeca llegó entonces con las mejillas coloradas y la respiración igual de agitada que la mía. No pude evitar sonreír con altanería.

"Soji-kun, no vuelvas a intentar escapar, por favor", rogó la pelirrroja, analizando mi herida desde lejos, "Ni hablar, Ben, tendremos que decirle a mama-Mimi que lleguemos al hospital antes que al puerto, ¿a qué horas sale el crucero de Michael?".

"A las siete de la tarde, pero a mí me vale un comino si voy o no a despedirle", renegó.

Me silencié unos instantes y después permití que el par de falsos hermanos me condujera a la autonave.

La señora Mimi había aparcado en una callejuela que yo no sabía que existía. Su bebito, Tulo, había dejado de ver la película y miraba expectante mi aparición y la de sus hermanos.

Lo primero que hizo fue saludarme con extroversión.

"¡Lo tenemos, comandante!", chilló el niño, eufórico.

"Así es, mi rey", comentó Mimi, "Chicos, suban a Soji en medio de los asientos, no quiero que vuelva a escapar de esa manera".

"¡Los Yagami sólo saben dar problemas!", me reprendió Ben, a pesar de que yo no quería ser de esos sujetos o de esa familia.

"Soji, la verdad es que no puedes huir de nosotros", me explicó la Muñeca muy seria, "Te he puesto un dispositivo para no perderte de vista. Además, fue lógico que acudieras a la parada del autobús, te podemos seguir la pista con base a asociaciones totalmente factibles".

"Y yo soy perseverante cuando me lo propongo", hizo la observación Ben, "¿cierto, mamá?".

"Claro, Benji", sonrió Mimi.

"¿Y yo, mamá?", preguntó Tulo, jalando el vestido floreado de su madre.

"Tú también, cielo", respondió.

"Niño, ¡deja de robarme mis protagónicos!", reprendió Ben, dándole un coscorrón a Tulo.

"Mamá-Mimi, la herida de Soji se abrió otra vez, ¿crees que podemos ir al hospital primero?", cuestionó Osen, sentándose a mi lado y tomando mi mano brevemente sin darse cuenta.

Toda ella olía a césped recién cortado. A madera, a mar y a miles de aromas al mismo tiempo.

Tulo acomodó su sillita a un costado mío. Se sentó en ella, apagó la pantalla plana y también tomó mi mano, para imitar a su hermana.

Ben acomodó el retrovisor para no perderme de vista y subió a su sitio de copiloto.

"Ya no nos dejes, ¿quieres, lindo?", pidió Mimi, antes de arrancar de nueva cuenta la camioneta.

FIN P.O.V. Soji Miyagi

O

P.O.V, Taichi Yagami

Tuve la sensación de que el avión se caería a medio vuelo.

Un MetalGreymon me habría parecido unas quinientas veces más seguro que ese par de alas robotizadas.

La sensación de eternidad me acompañó todo el recorrido. Influyó que fuera la avioneta de un político amigo mío y sólo llevara a bordo a una sobrecargo muy alta y de origen europeo que no sabía comunicarse en japonés.

Pedí cuatro tazas de café y todas me supieron insípidas. Para relajarme, también opté por un té verde, pero la única respuesta de esas bebidas fue el vaivén de mi persona hacia el inodoro.

No era para menos, iba a ver a mi hijo.

A un hijo que no conocía y que probablemente me odiaba. Eso lo intuía, por contrario a lo que había sucedido con Hidemi y con Taiki… no sentía que la sangre me llamara o que él requiriera de mí.

Tampoco había ayudado mi comportamiento, ya que en cuanto había conocido el resultado de la investigación de Ken y el descubrimiento de Koushiro, me había embargado una angustia superior a todas mis fuerzas y lo único que había hecho había sido subirme a un avión sin pensar en lo que iba a hacer y sin contactar a mis mellizos, que en realidad habían sido tres.

Hidemi debía estar asustada por mis ausencia y Taiki, podía jurarlo, estaría enojadísimo.

Mi pobre hermana estaría cargando con mis locuras y mi insensatez, pero ella bien sabía que ser consanguínea de Taichi Yagami no era sencillo.

A media noche me pude conectar a Internet. Tenía docenas de mensajes nuevos por parte de Sora y Yamato.

Hablaban de que había aparecido un Digimon en Odaiba, hablaban de muchas cosas que no quise leer.

Tampoco me detuve a leer los mails de Hikari. Es más, ni siquiera los abrí.

Fue el correo de Hidemi, mi princesita, el que único que saqué de la bandeja de entrada. Su contenido me rompió el corazón.

¿Debía decirle a mi chica que Akane había regalado a otro niño, que era su trillizo? ¿Qué debía decirle a mi princesita de apenas 15 años?

Le di clic a la computadora portátil que tenía mi brazalete digital mientras me aseguraba a mí mismo de que no era momento de confesiones... no sin antes haber conocido al niño personalmente.

"Papá, no sé dónde estás, ¿pero podrías venir al hospital cuanto antes?", rogaba mi princesa en su correo. Mi cabeza se llenó de más signos de interrogación. ¿Hospital? ¿Por qué estaba Hidemi-chan en el hospital?... pensé que a lo mejor había tenido una lesión en sus clases de danza, o imaginé que Taiki había tenido otro accidente en su patineta.

"Mamá, quiero decir, Akane Fujiyama, ha aparecido... se ha accidentado y mi hermano está involucrado. Estamos muy asustados, papá, ven, por favor", decían sus letras, que por primera vez en todo el tiempo que llevaba de conocerla no tenían simpáticos íconos de florecitas o caritas felices alrededor.

"Seiyuro-san también está hospitalizado", continuaba la nota, "dicen que está muy mal y es a causa de una LadyDevimon que le amenazó en el pasado... a mi primo Toshi lo atacó un Dragomon... todo estamos asustados, pero más yo, porque no sé dónde estás y mi tía Hikari sólo sabe decirme que estás de viaje".

Me di coscorrones para ver si mi cerebro reaccionaba. De chico tenía la costumbre de golpear las máquinas cuando se descomponían y en muchas de las ocasiones los aparatos resucitaban sin importar qué virus les acogían.

Con el golpe de un Yagami todo parecía solucionarse.

Pero para mi pesar, el efecto de los golpes no tenía el mismo efecto en mi cabeza., la cual sentí más pesada que nunca. Quise partir el avión en dos, para seguir con mi viaje y a la vez regresar con mis hijos.

¿Cómo estaba eso de que la madre de mis chicos había aparecido y había tenido un accidente en el que mi Taik había estado involucrado? ¿qué era eso de que un Digimon oscuro habían atacado a mi sobrino favorito? ¿Y cómo era que un muchacho tan sano como el hijo de Tk estaba en el hospital?

Me recorrió un escalofrío. Quise pensar en soluciones, pero las palabras sólo vomitaban en mí en frases cortas y pesadas; eran palabras muy frías que sólo podían calentarse con una flama bebé de Agumon.

'Si Agumon estuviera a mi lado todo sería mucho más sencillo', pensé con una sonrisa.

Pregunté a la sobrecargo si podía enlazarme a Japón para poder hablar con Hikari.

Ella asintió y utilizó el móvil que llevaban en el avión porque mi celular no tenía muy buena señal durante los vuelos.

Apagué mi brazalete digital y mientras la mujer enlazaba la llamada, me dediqué a mirar la avioneta con desdén.

Tenía los asientos de piel, eran tan oscuros como mi cabello y por más horas que uno pasaba en ellos no podían emitir un grado de calor agradable.

El avión tenía la cabina del piloto, con quien no había platicado y una cocineta que estaba cerca unos sanitarios enormes que me hacían recordar a los baños de mi oficina.

La azafata se limitó a darme el móvil cuando le conectó la llamada, le asentí a modo de agradecimiento y emití una ligera sonrisa.

"¿Tiene algo de whisky?", le pedí para que se alejara. Patricia -como decía su gaffete- asintió y se dirigió al barecito que tenía la cocina. Yo lancé un Moshi-moshi desaforado, pero al otro lado de la bocina no me respondió Kari, sino su esposo.

"Tai...", fue lo que dijo él, con la voz quebrada, "Al fin te comunicas".

"Takeru, ¿qué diablos está pasando en Japón?", fue mi respuesta.

"Tu hija no ha parado de llorar y tu hijo quiere que se lo lleve la policía por un crimen que no cometió, ¿entiendes que fue irresponsable de tu parte lanzarte a L.A. sin avisarle a la familia?".

"Bueno, le he dicho a Ken", traté de arreglar; era pésimo dando excusas.

"Tampoco es que le hayas dicho mucho a Ken", se quejó mi cuñado, se oía muy desconcertado, "No vuelvas a hacerle esto a tus hijos y a tu hermana, por favor".

Recordé que en el mail de Hidemi, ella decía que Seiyuro estaba internado.

"¿Qué tiene Sei?", pregunté para cambiar de tema.

Escuché suspirar a Takeru.

"Un tumor", soltó Takeru, se le escuchó tan roto como un secreto, "un tumor... de datos malignos de digimons...".

Me quedé helado.

Sí, me había ido de Japón por una horas de manera irresponsable, pero no imaginaba que en mi ausencia caería de peso la gravedad de los digimon y la aparición de mi ex amante.

"Take..."

"Estoy bien, Tai", mintió el escritor, "Sei es la esperanza hecha vida, así que debo confiar en su fortaleza, ¿vendrás pronto a desearle ánimos?".

"Iré pronto", acoté, "Y tienes razón, Seiyuro estará bien, ¿qué diablos le pasó, Tk?".

"Si te soy franco, no lo sé... tampoco sé lo que sigue".

"Lo lamento", bufé.

"Eso ya lo sé", se rió unos segundos, "Sólo vuelve pronto de Estados Unidos con tu hijo, ¿quieres?".

"¿Cómo?, ¿es que ya sabes a lo que voy?", pregunté.

"Ken nos explicó que hay tres niños en lugar de dos, y que ibas por el tercio de corazón que te faltaba ¿o me equivoco?", susurró él, con esa voz de poeta que le caía como anillo al dedo.

"En verdad comprendo por qué eres escritor", sonreí.

"Kari no está conmigo, creo que está con Min en el área de juegos del hospital, ¿voy a buscarla?".

"No, contigo me basta. Sé que ella también va a regañarme... lamento haber dejado Odaiba sin avisarles lo que pasaba", admití.

"Descuida, ya te conocemos. Siempre haces las mismas cosas", comentó, tratando de sonar casual, "cuidaremos que Hidemi no llore tanto y que Taik entre en razón, ellos están aquí en el hospital y también han pasado la noche en vela".

"¿Y Akane Fujiyama?", indagué, expectante.

"Viva y sin posibilidad de escaparse. Ken se está haciendo cargo de eso... tú asegúrate de regresar pronto y de preparar a tus tres hijos para lo que sigue".

"Gracias, Tk", dije, "¿Y Toshiro? ¿Es cierto que le han atacado?".

"Sí, aunque parece que está bien...", respondió, aunque no pareció muy seguro, "Creo que los digimons han vuelto, pero no de la manera en la que los anhelábamos. Para serte sincero no tengo idea de lo que está pasando, no nos hemos reunido y yo no he tenido cabeza para encarar la situación".

"No tienes que excusarte, lo entiendo completamente", comenté.

"Le diré a Matt que te mande un correo extenso de lo que está pasando, por ahora mi plan es mover a Sei del hospital, porque Joe cree que los oncólogos no van a dejar salir a mi chico por nada del mundo... y lo que tiene Sei no se cura como un cáncer tradicional", el suspiro prolongado de Takeru hizo que el corazón de Taichi se estremeciera.

"Esperaré a que Yamato se comunique", expresé.

"Sí... Tai, te dejo, me llama una enfermera".

"Espera, cuñado", pedí. Oí que él me respondía con un 'Mh' desvalido. Yo tomé aire y le di a mi rubio amigo el mismo consejo que siempre me daba Agumon en las situaciones más difíciles:

"Takeru", le dije, "Demuestra ese valor".

"Así lo haré, sólo falta que me sigas dando el ejemplo", contestó él con el mismo entusiasmo que tenía desde los 7 añitos.

FIN de P.O.V. Tachi Yagami

O

P.O.V. Toshiro Takaishi

No supe preparar un desayuno.

No es que no lo hubiera hecho antes, pero en cuanto entré a la cocina de los Hida, simplemente no pude tocar nada.

Me limité a abrir el refrigerador y revisar que estaba casi vacío. Sólo había un par de nabos y una pieza de col; una botella de leche a medio usar y un ramen viejo en una vasija de plástico cerrada.

Me invadió un sentimiento de tristeza. Era un hecho que ni el señor Hida, ni Yuri, comían a menudo en casa.

Sabía que la muerte de Hiromi-san era un evento que la familia no había podido superar. Yuriko nunca había sido especialmente simpática, pero desde que cargaba con la muerte de su mamá se había convertido en un robot. Yo no había mejorado la situación, sólo le estaba causando más pena al haberla embarazado.

Me recargué en la barrita que había a un costado de la estufa y escondí mi rostro entre los brazos.

¿La tía Sora habría logrado hablar con mi novia?, ¿Yuri me odiaba? ¿Por qué su casa estaba tan descuidada? ¿Había peleado con su papá?

Todos esos pensamientos me llenaron de un vacío indescriptible, que ni siquiera pude sosegar con el recuerdo de mi visión de que el bebé tendría unos ojos azules tan hermosos como los de Takeru o los de mi medio hermano Seiyuro.

Y Sei... mi hermano del alma ¿habría despertado ya? ¿seguiría la oscuridad consumiéndole la esperanza?

Sacudí la cabeza y sentí que toda la oscuridad que había dentro de mi ser se desparramaba como el vértigo que me había causado mi primera vez con Yuri.

No tuve idea de cuánto tiempo estuve en esa nube de desolación, hasta que mi tía Sora apareció en la cocina y me llamó con dulzura, tocándome la espalda con suavidad.

Levanté la cabeza y le miré lo más normal que pude.

Ella lucía jovial, como siempre. Su cabello parecía nacer del color de las mandarinas y caía hasta sus hombros.

"Toshiro-kun, ¿estás bien?", indagó con preocupación.

"Sí, tía", me apresuré a responderle y a enderezarme. Tampoco era opción dejarme ver tan débil con una persona tan buena.

No quería que Sora-san se diera cuenta de lo oscuro que podía llegar a ser a pesar de tener como emblema a la luz. "¿Has podido hablar con Yuri-chan?".

La esposa de Yamato Ishida afirmó levemente, me tomó del brazo e hizo que me sentara en la sala de los Hida.

Los sillones tenían un poco de polvo, pero estaban bien conservados. Parecía ser el único sitio de la casa en el que nada había cambiado a cuando vivía Hiromi-san.

"Hemos platicado y ahora ha ido a darse una ducha, no te preocupes, sobrino", me explicó, "haré un poco de té verde para ti, estoy segura de que te hará bien".

"Gracias, tía, ¿puedo ayudarte?", dije por compromiso.

"Mejor reposa un poco", aconsejó.

"No puedo reposar", comenté, "más bien, no quiero hacerlo... lo único que ansío es resolver todo esto... ¿Yuriko-chan me odia, tía?... no entiendo lo que está pasando".

"No, claro que no te odia, sólo tiene tanto miedo como tú", me respondió, "Tú y ella deben hablar con calma, la he convencido de ir al ginecólogo; en cuanto se aliste iremos a ver a una doctora".

"Pero Yuri no quiere que nadie se entere del... del... de nuestro bebé, si vamos al hospital de Odaiba el doctor Kido terminará sabiéndolo todo, además, Sei está internado ahí y nos descubrirán mis papás".

"No te preocupes, conozco a una ginecobstetra que labora en otra zona y tiene fama de ser excelente. Fue mi compañera en el instituto, así que yo los llevaré a que la vean, ¿te parece?".

"No sé qué habríamos hecho sin ti, tía", agradecí, "¿pero qué pasará con tío Matt y Mayumi, ¿no tenías que pasar por ellos a casa de los Kido?".

"Bueno, ellos puede desplazarse por sí mismos, o bien pueden esperarme un poco", manifestó con tranquilidad.

Volví a agradecerle; ella me respondió con otra sonrisa. Comprendí por qué llevaba consigo el emblema del Amor. Esa mujer, definitivamente, expedía ese sentimiento.

De alguna manera me aliviaba la miseria.

Se levantó para hacer té.

Le vi fruncir el ceño al notar lo descuidada y vacía que estaba la cocina, probablemente ella tampoco comprendía el desabasto de despensa que tenía la casa.

Yuriko salió de su habitación media hora después.

Traía su largo cabello castaño húmedo y liso. Olía a jazmín. Se había puesto una falda azul marino que le llegaba a medio muslo y una blusa clara y ancha, con botones.

Su abdomen quedaba cubierto por esa tela suave y de algodón que ocultaba al bebé.

Quizá no fuera necesario, eso pensé, porque el vientre de Yuri seguía -para mí- estaba tan plano como siempre.

Dejé la taza en la mesita y me puse de pie.

"Yuri-chan...", saludé, tratando de enmendar la expresión atormentada de mi propio rostro.

El de ella estaba vacío, o por lo menos yo no supe precisar si estaba feliz, triste o enojada.

Sus ojos verdes, enormes, dulces, me miraban simplemente y su boca mostraba un gesto que no supe si era de Monalisa o de desprecio.

Mi tía Sora excusó que iba a al sanitario y nos dejó solos.

Yo me apresuré a llegar hasta mi novia de tres años y le abracé.

"Lo lamento", admití, "Lamento mucho que sufras tanto".

Y era verdad: lo lamentaba.

No era que no deseara a ese bebé, porque en realidad quería conocerlo, pero lamentaba profundamente ver a Yuri tan lejana y tan incierta.

Dolía saber que la quería y que la manera de demostrárselo había sido negativo para ella porque le frenaba las aspiraciones.

Si Yuri iba a tener un bebé, ¿acaso podría seguir estudiando en la universidad?, al menos no de forma inmediata.

Acabaría su preparatoria con un globo en el vientre y bajo la mirada de todos sus compañeros que la creían perfecta.

"Toshi", dijo ella. Me devolvió el abrazo. "No quise ser grosera en el dojo, ¿me perdonas?".

La apreté un poco y al soltarla nos asentimos mutuamente. Fue como si en ese instante se prendiera, pero de manera intermitente, la luz de una veladora.

"Sora-san ofreció a llevarme con una doctora, ¿estás de acuerdo?", me cuestionó.

"Claro, Yuri, quiero ver cómo están tú y el pequeño", susurré.

Me sonrió, pero la velita de su entusiasmo pareció apagarse cuando el motor de una autonave irrumpió en la cochera de su casa y se apagó abruptamente.

Yuriko se alejó de mí. Caminó a la ventana, recorrió las cortinas y se mordió los labios.

"Llegó mi padre", dijo.

"Oh", respondí, y me embargó un nerviosismo que no di crédito.

Me había sentido igual de tenso que cuando me había declarado a Yuri en segundo se secundaria; en esa ocasión su padre me había analizado con ojos de juez.

Ya imaginaba lo terrible que iba a ser cuando le dijera a Iori Hida que había preñado a su única hija.

"Y no sólo mi padre", anexó mi novia, endureciendo el rostro.

Se acercó nuevamente a mí y agarró mi mano. La cogió con una fuerza descomunal.

Sora Ishida salió del sanitario.

"¿Les parece si nos vamos, chicos?", preguntó con amabilidad, "compraremos algo de desayunar en el camino".

La puerta de la casa de abrió.

Cody Hida entró al recinto de la mano de una mujer de cabello y ojos oscuros. Una niñita de unos 11 años entró tras ellos.

"¿Sora-san?", fue el saludo de Iori-san, quien parecía desconcertado de que su amiga de la infancia estuviera en su casa.

Hubo un minuto de silencio que me explicó muchas cosas.

Por la manera en la que el señor Hida sostenía a esa mujer, adiviné que era su nueva pareja.

Probablemente Yuri lo sabía y no estaba de acuerdo con esa relación... a lo mejor por eso estaba tan triste… tal vez no era sólo el embarazo lo que la atormentada.

"¡Qué monada de casa, papá!", gritoneó la chiquilla que los acompañaba, "¡Quiero ver el cuarto de artes marciales que me dijiste, ¿puedo, puedo?".

"Kaede, tranquila, ya habrá tiempo", regañó la señora. Tenía la voz tímida. Los ojos, negros oscuros y abiertos, no me parecieron tan desconocidos.

"Kae-chan, puedes ir a revisar toda la casa", concedió Cody, "No te preocupes, Noriko, sabes que esto deseaba la niña, aunque antes quiero que conozcas a Yuri, ¿quieres, Kaede?".

Iori Hida sonrió a su hija, quien le mostró el mismo rostro vacío. Sora-san y yo nos sentíamos desorientados.

"Sora, me alegro que hayas venido, hay mucho que quería contarles a todos, ¿te ofrezco algo de tomar?".

"No hay nada en casa, padre", adelantó Yuri.

"Es verdad, lo lamento, he estado ausente los últimos días", Cody no parecía especialmente afectado por la respuesta fría de Yuri.

Me sentí perdido. Mi novia había estado envuelta en líos y yo no estaba enterado de nada. Mi relación con ella había sido insuficiente para que confiara en mí.

"Hemos tratado de comunicarnos contigo desde ayer, Cody", mencionó Sora, "Tuvimos que venir a buscarte".

"Entiendo...", dijo Cody. Nos indicó que nos sentáramos. A mí me saludó con la mirada.

Le obedecimos, mientras él y esas dos mujeres se acercaban junto a él.

"Yuri, quiero presentarte a Kaede-chan", dijo Cody, "Kae, esta es mi hija Yuriko".

"¡Es preciosa!", consideró la niña, "nunca había visto a nadie tan bonita antes, ¡voy a tener una hermana súper kawai!".

Yuri siguió apretándome la mano.

"Mucho gusto, Kaede", fue su contestaciónn. La chiquilla brincoteó y volvió a pedir permiso para husmear la casa.

Desapareció al instante, como una pequeña ráfaga de viento.

"Sora...", explicó el señor Hida, "la verdad es que me he vuelto a casar".

Sora Ishida avispó sus ojos rojizos. La nueva señora Hida miró con interés a la pelirroja.

"Fue todo muy apresurado", informó el menor del grupo de los elegidos, "y quizá es algo que desaprueben ustedes, por eso no he dicho nada... a mi Yuri no le gusta la idea, lo sé, y todo ha sido en menos de dos meses, pero... pero era algo que yo realmente deseaba".

"Nos conocimos en una conferencia en Kyoto", comentó la señora Hida, "En cuanto le vi le reconocí, supe que era un niño elegido original... me causó nostalgia, ahora que puedo verte, Sora-san, también puedo sentirme igual, ¿te acuerdas de mí?", indagó, "Soy Noriko".

"¿Noriko-chan?", cuestionó Sora, "¿La misma Noriko que conocimos en el 2002?".

"La misma", sonrió ella. En los libros de papá-Takeru nombraban a una niña llamada Noriko, la cual era enfermiza y fue infectada por una semilla de la oscuridad. Eso recordé, aunque fugazmente.

Otros chicos habían sufrido ese destino, sin embargo, Noriko era una de las niñas de quienes más se hablaba en el relato.

Sora y Noriko terminaron abrazándose. Cody terminó de reseñar un efímero romance, que más que pasional, parecía estar lleno de melancolía y paz.

Yuriko era la única que no había cambiado su mirada; estaba muda.

Hiromi-san tenía dos años de muerta; quizá se le hacía muy poco tiempo para que su padre rehiciera su vida. Tal vez no estaba de acuerdo con tener a una mujer extranjera en su casa, creyéndose su madre.

"Nos hemos casado hace un par de días y he ido por Noriko y su hija Kaede ayer", señaló mi suegro, "A Yuri le servirá tener compañía, en esta casa por fin habrá orden y un ambiente familiar que todos merecemos... creo que así lo habría querido Hiromi".

Yuriko se puso de pie de manera abrupta y me arrastró con ella.

"Tenemos que irnos, padre, Toshiro y yo debemos ir a ver a Seiyuro-san, que está hospitalizado", dijo, atropellando sus propias palabras.

"¿Seiyuro hospitalizado?", preguntó Cody, sorprendido.

"Sí, los digimons han vuelto, padre", carraspeó Yuri, "ayer me atacaron a mí y a Toshiro, Seiyuro también tuvo problemas relacionados con la oscuridad del Mundo Digital".

"¿Es eso verdad, Toshiro-kun?", preguntó el señor Hida.

"Sí...", pude responderle yo.

"Yuri-chan, ¿es tu novio?", preguntó Noriko.

"Sí, y es hijo de Hikari y Takeru", anexó Cody, como si de pronto -y por primera vez- le diera gusto que su hija estuviera de novia conmigo.

"Sora-san, ¿podrías explicarle todo a mi padre mientras Toshiro y yo nos adelantamos?", preguntó Yuri.

Mi tía nos miró desconcertada, pero asintió. No parecía resuelta a dejarnos ir solos, pero algo debió ver en el rostro de Yuriko, que lo aceptó después de unos segundos.

"Le enviaré los datos por celular", entonó. Seguramente se refería a la dirección del consultorio, "y pasaré por ustedes. Sólo que tengan mucho cuidado, sobre todo por la situación que estamos viviendo".

Le asentí con seguridad y segundos después salí con el estómago revuelto de esa casa.

O

Caminamos a la estación de trenes. Sora-san nos había enviado la dirección de su vieja amiga ginecólogo y además nos había agendado una cita. El consultorio estaba retirado de la casa de los Hida e incluso teníamos que salir de Odaiba. Yuri y yo no protestamos.

Apenas y podíamos con nuestra propia respiración, así que no hablamos hasta que abordamos el tren y nos sentamos uno al lado del otro.

Ella quedó a un costado de la ventanilla y por breves segundos, mientras el tranvía avanzada, se dedicó a mirar el paisaje.

Mi paisaje se convirtió en ella.

"Sabes que puedes llorar en mi hombro, ¿no?", aclaré.

"Sí, lo sé", murmuró.

"¿Y qué estás esperando?".

"No sé", sinceró, sin soltar una sola lágrima en todo el transcurso.

FIN P.O.V. Toshiro Yagami

O

P.O.V Mayumi Ishida

Yamato Ishida, mi padre, colgó el celular encabronado.

Resopló todo el aire que fue capaz, mientras revolvía su equipaje de mano.

"Sora no viene por nosotros, tomaremos un taxi, May", me dijo, incómodo.

Calumon abandonó su camita, o más bien la incubadora en la que había pasado la noche en la clínica de digimons de los Kido. Flotó hacia mí con sus orejas extendidas.

Joe Kido le había operado el día anterior, aunque no había sido capaz de regresarle la piernita que le había absorbido la oscuridad en el metro.

El agujero negro que había ahí estaba cubierto de vendas, pero a Calumon ya no parecía importarle porque ya no le dolía. O bueno, al menos no se quejaba.

Mi padre y yo habíamos pasado la noche en vigilia para ayudar a cuidar al digital, porque Kido-san había tenido que irse de guardia a su trabajo, donde atendía el puesto de subdirector.

Papá me había hecho compañía a pesar de que detestaba estar cerca de la señora Kido.

A decir verdad, las últimas horas habían sido difíciles, pero no por Calumon o por Doguen o su madre (quien realmente sí era una pesadilla). Ese tiempo fue complicado porque yo sabía que mi primo Sei estaba hospitalizado y la causa era la energía oscura del Digimundo.

A como había entendido, estaba infectado por datos malignos de digimons y yo entendía muy bien lo horrible que eso podía resultar, porque cinco años atrás había sido víctima de la semilla de la oscuridad.

La noche en vela entonces no sólo había sido para cuidar de Calumon, sino para estar al pendiente de mi primo. El hecho de imaginármelo hecho trizas me trastocaba el corazón, porque Seiyuro era la persona más alegre que conocía.

"Llévame contigo, calú", pidió Calumon, yo le acaricié.

"No te preocupes, regresaré", afirmé, "vendrán a cuidarte otros amigos, ¿no quieres tener más amigos, Calumon?".

Me asintió y voló alrededor de mi papá.

"¿Tú también volverás?", preguntó.

"Sí, lo haré", respondió papá.

Aunque la señora Jun me había ofrecido la habitación de huéspedes, yo había insistido en pasar la noche despierta y en la pequeña clínica que tenía Joe Kido en el patio de su casa.

Era un lugar acogedor… además, siendo sincera, no me hacía gracia dormir sola en la recámara de huéspedes.

Doguen Kido tocó la puerta del hospitalito.

"¿Puedo pasar?", preguntó de manera educada. Papá dijo otro "sí" tenso.

El muchacho entró a la habitación, estaba tan alto que tuvo que inclinarse un poco para no chocar contra el marco de la puerta. Ya no vestía pijamas y parecía recién bañado.

"¿Han pasado buena noche?", preguntó. Era bastante cortés y se quejaba menos que cuando era niño, aunque a mí me daba la impresión de que se censuraba.

"Calumon está mejor, ¿lo ves?, se lo hemos reportado al doctor Kido por la red social, pero ahora a papá y a mí nos urge ir a ver a Seiyuro", le expliqué.

"Entiendo. La verdad es que yo también quiero ir a verle, pero ya ves que no nos llevamos demasiado bien", hizo la observación, "recuerdo la última vez que vi a Sei desmejorado y se me hace ñáñaras en el estómago", hizo una pausa para acariciar a Calumon, quien había volado hasta él.

Doguen soltó un comentario de que la piel blanca de ese digimon se parecía a la del Gomamon de su padre.

"Los Ichijouji vendrán a ayudar en unos minutos, papá ha dicho que debemos mover la clínica a un museo, o algo así, y que debemos reunirnos todos a analizar la situación, porque al parecer a Toshiro y a Yuriko también los atacó un digimon llamado Dragomon la noche pasada, así que es probable que ocurran más ataques... según dijo mi padre, a Seiyuro también lo trasladaremos con nosotros, porque si se queda en un hospital ordinario no lo dejarán salir... sólo venía a decirles eso".

El chico sacó su tableta personal, que extendió a través de su brazalete.

"Otra información extraoficial es que la madre de los mellizos Yagami también está hospitalizada en el nosocomio de papá, por lo que Taiki y Hidemi también están ahí... y al parecer el señor Taichi está de viaje".

Papá no hizo un gesto de sorpresa, pero esa información provocó en mí turbación.

Pensé en Taiki, ¿estaría bien?... Taik era mi mejor amigo y sabía que nunca quería hablar de cosas de su madre… seguramente la estaba pasando mal, y yo sin saber nada.

¿Cómo era que esa mujer había parecido y encima de todo estaba hospitalizada?

Suspiré.

"Papá, ¿tú ya lo sabías?", le pregunté.

Él asintió.

"Takeru y Hikari me lo dijeron", expresó, "por eso quiero irme cuanto antes, ellos necesitan apoyo ahora que Tai está de viaje".

Los tres humanos presentes volvimos a suspirar.

"¡Matt!", gritó de pronto Jun-san.

Apareció detrás de la puerta. Calumon no voló hacia ella, sino que se hizo bolita en los brazos de Doguen.

"¡Matt, te he preparado un desayuno de ensueño para ti y tu linda hija!", exclamó con alegría, mientras mi padre fruncía el entrecejo.

Era verdad que esa mujer casi nunca estaba en sus cinco sentidos; también entendía que ella había perseguido a mi padre en su juventud, pero no comprendía por qué Yamato Ishida parecía tan incómodo a su lado.

"Madre, no es momento para desayunos de ensueño", regañó Doguen, "Ishida-san, discúlpela, por favor".

"Calú, calú", dijo el digimon, volviendo a inflar sus orejitas para planear en la habitación.

"Ay, qué aguafiestas eres solecito", se quejó Jun, "hasta el animalito ése ya está mejor, ¿cierto, criatura?".

Calumon asintió.

"Lo siento, Jun, pero May yo tenemos que ir a ver a mi sobrino", mi padre cerró su maleta y yo hice lo propio con la mía.

A decir verdad, ninguno de los dos nos habíamos cambiado de ropa, por lo que el el movimiento de las valijas era, por demás, simulado.

"Pero si el muchacho de Takeru ya está mejor, nos los dijo Joe a mí y a Doguencito, así que creo que desayunar no les quitará tiempo", opinó la señora, "Hay que ganar tiempo ¿sabes?, es tiempo de que formalicemos el compromiso de nuestros hijos, Matt...".

Doguen y yo alzamos una ceja, totalmente incómodos ante el comentario.

"¡Madre, deja el tema por la paz!", rogó Doguen.

"Ahora lo comprendo todo, no me casé con Matt Ishida porque mi destino era tener a Doguen con mi amado Joe, y que Matt tuviera a su hija... todo estaba tan claro, ¡Matt, el objetivo de nuestra vida es comprometer a nuestros hijos!, ¿te imaginas lo hermosos que saldrán nuestros nietos?, y heredarán tu voz y mi cabello, así que podrán ser los ídolos del momento".

Papá se puso lívido, me jaló y me puso atrás de él.

"De ninguna manera comprometeré a mi hija con tu hijo, ni con nadie de este planeta... honestamente te tengo paciencia por el respeto que le debo a Jou, pero ya esto el colmo, Jun", papá me sujetaba como si yo fuera su pertenencia y como si Doguen fuera, de repente, un lobo feroz.

Qué situación más ridícula, eso pensé.

"Lo lamento mucho, señor Ishida", rogó Doguen.

A la señora Jun no pareció importarle que mi padre fuera grosero. Ella buscó mi mirada y me sonrió, pero yo nomás desvié la vista.

Definitivamente entendía por qué a papá no le gustaba de manera especial la casa de los Kido.

"Nos vamos, May", insistió mi padre.

"¿Pero qué pasará con Calumon?", pregunté.

"Yo puedo hacerme cargo solo", Doguen estaba rojo de la vergüenza por el comportamiento de su madre, "Nuevamente les pido disculpas, papá dice que mi madre está en la menopausia y que por eso actúa así".

Le sonreí a mi viejo amigo. Debía tener una vida complicada con esa mamá.

Pero bueno, a decir verdad a mí me urgía partir cuanto antes, para ver a Sei, a Taik y Hidemi.

También quería darme un baño y refrescarme la cabeza.

"¿Entonces no hay desayuno?", preguntó Jun a su hijo.

"No lo hay", resolvió Doguen, "pero podrás hacer bocadillos, porque vienen los Ichijouji".

"Ah, eso estará bien, tesorito", consideró Jun.

Visualicé de nueva cuenta la clínica, pero no detecté a Calumon flotando por los alrededores. No oí su clásico "calú calú" en la habitación y me fijé que la incubadora estaba vacía.

"¡Calumon no está!", alerté.

Doguen se reacomodó los lentes.

"Debió haberse salido mientras discutíamos", dijo.

Papá soltó su maleta, se le endureció la mirada azul.

"Hay que buscarlo, por lo que le entendí a Joe, ese digital trae consigo el secreto de la digievolución, no podemos darnos el lujo de perderlo", ordenó. "May, Doguen-kun, vaya a buscarlo por los alrededores. Por favor, no se separen, porque es peligroso. Yo daré aviso a los demás y enseguida me uniré a ustedes".

"Roger", obedecí, "¡Vamos, Doguen!".

Salí corriendo sin esperar al chico, sólo oí que se golpeó la cabeza con el marco de la puerta. Papá salió detrás de nosotros al tiempo que accionaba su brazalete digital y encendía su ordenador.

"¿Entonces sí te quedas al desayuno, Matt?", fue lo último que alcancé a escuchar.

FIN P.O.V. Mayumi Ishida

O

P.O.V. Hidemi Yagami

"Pequeña, ¿no quieres que te traiga un poco de agua?", me preguntó la enfermera.

Le negué inmediatamente a pesar de que sentía muy seca la garganta.

Estaba en el pasillo que conectaba a la habitación de mi madre. Frente a mí había una ventana de cristal donde podía verla a ella. Dormía de manera pacífica y los doctores decían que estaba bien, aunque yo sentía una opresión en el pecho.

No me gustaban los hospitales y tampoco le gustaban a ella, por lo que recordaba.

A través del vidrio podía ver que seguía siendo igual de hermosa que cinco años atrás, cuando se había ido de mi lado sin siquiera decírmelo de frente.

En cuanto la había visto, todo el rencor que le tenía acumulado se había desaparecido de mis venas. Me sentía contenta con ello; mi tía Hikari decía que era mejor no guardar emociones negativas dentro de nosotros.

Mi hermano había pasado la noche en interrogatorios con la policía. De acuerdo con su versión, él había atropellado a su propia madre la tarde pasaba.

"¿Por qué dices eso?", le había cuestionado Ken Ichijouji.

"Porque le odio y si a alguien quisiera atropellar en este mundo, sería a ella", había gorjeado Taiki, sus sentimientos negativos le hacían redoble en su interior.

En contra de su voluntad le habían dejado libre.

"Hace tiempo Cody quiso hacer lo mismo que tú, chico", había dicho el detective, "se quiso echar la culpa e insistió en que él le había disparado a su mujer... ahora tú argumentas que atropellaste a tu madre a pesar de que los vídeos, los testigos y las investigaciones de mi departamento afirman lo contrario, ¿qué te quiere decir eso?".

"Nada", contrarió Taiki.

"Es muy claro, Taiki-kun, eso significa que quieres a tu madre tanto que prefieres ocultar tu dolor encontrando pecados ajenos", concretó. Yo había escuchado el argumento y me había parecido muy propio para la ocasión.

"Usted no sabe nada", terqueó, metiendo las manos en sus bolsillos.

"Por supuesto que lo sé, porque hace más tiempo todavía yo quise hacer lo mismo que tú y que Cody; no pude encarar la muerte de mi hermano Osamu y por años me sentí culpable de ella", susurró, "Pero cargar culpas ajenas y crear pecados que no existen no ayuda en nada, al menos no cuando te queda tanto por vivir".

Taiki se sentó entonces a mi lado y bajó la mirada, sin replicar.

"Señor Ichijouji, ¿sabe dónde está mi papá?", pregunté.

"Está de viaje en Estados Unidos, pero mientras él esté fuera, por ningún motivo permitiré que uno de sus hijos termine en una correccional de menores por un delito ficticio", había finalizado él, abandonando el cuartito de enfermeras que hacía de 'oficina' de interrogatorios.

Taiki y yo negamos al mismo tiempo.

"¿Te da emoción ver de nueva cuenta a Akane Fujiyama, Hide?", preguntó.

"Sí. Me ha hecho falta", admití.

"Entonces lo que pasó no está del todo mal", consideró él, vencido ante su fracaso criminal, "iré con mi tía Hikari a preguntar lo que tiene Seiyuro-kun".

En toda la noche no había vuelto a ver a mi hermano, pero tía Hikari me había dicho que estaba descansando en una habitación de visitas y que lo vigilaban las enfermeras.

Me había sugerido que yo también fuera a dormirme, pero yo quería estar en el momento en que mi madre se despertara.

Había muchas cosas que quería decirle, había tantos recuerdos que quería perdonarle y había cientos de propuestas que quería hacerle.

Le iba a pedir que se quedara en Odaiba. Seguramente podía encontrar un mejor empleo y podríamos vernos de vez en cuando. Por las tardes, ella podría ver mis ensayos de danza... quería presumirle que mi pierna estaba rehabilitada y que tenía talento.

Ansiaba que ella y mi padre no se odiaran, y que mamá pudiera crear una relación con Taiki, que los dos se volvieran dóciles al cariño que se sentían pero no querían admitir.

"Pequeña, estás muy pálida, ¿de verdad no quieres que te traiga algo?; no te hará bien tanta preocupación", insistió la enfermera. Sacó un espejito y me mostró mi imagen.

Traía ojeras. La coleta con la que me había sujetado el cabello estaba casi deshecha y las mejillas se me habían puesto amarillosas.

En realidad sentía mi corazón dividido, porque aunque me interesaba estar con mamá, mi mayor preocupación era la salud de Seiyuro-sama.

Sabía que por el momento no podía verle, sabía que si le dejaban recibir visitas serían la de sus padres o de su hermano.

Toshiro había pasado parte de la noche a mi lado, junto con Kurumi y Kyousuke, pero después de la medianoche ellos habían desaparecido.

El primero, según mi tía, la había pasado de nómada en el mismo hospital, deambulando por toda la clínica, mientras que los otros dos habían terminado marchándose a sus casas.

"Sí, me veo un poco desgastada", sinceré a la enfermera, "¿usted cree que a mi madre le parezca que me veo mal?".

La mujer se rió.

"Eres una niña preciosa; tu madre también es muy bella y luce tan jovial, ¿qué edad tiene?".

"Como unos 32; yo ya tengo 15", dije.

"Oh, se convirtió en madre siendo casi una niña de tu edad", asoció, revisando unos fólders, "no te preocupes, pequeña, que según el último reporte sobre Akane Fujiyama, ella va mejorando".

"¿De verdad?", me emocioné, "¡es genial!, muero porque despierte".

"Ya te informaré cuando eso suceda, ahora ve y atiéndete un poco, toma agua y desayuna algo, que tu tía, la señora Yagami, se va a morir de la preocupación, me ha pedido que te venga a ver, porque ha salido al jardín del hospital a recoger a su hijita".

"Le agradezco", me levanté, reverencié y después de ver de nueva cuenta a mamá, me alejé de ella.

Recordé las visitas que habíamos hecho a Hiromi Hida cuando todavía estaba en coma. Esa tristeza que sentía yo en esos momentos por mi madre debió haberla experimentado Yuri-chan por mucho tiempo.

Saqué una botella de agua de la máquina tragamonedas y la bebí de un jalón. Fue muy alentador, sentí que el agua se absorbía en mi piel como crema... caí en cuenta que todo ese tiempo había estado verdaderamente sedienta.

Entré al lavabo y me limpié la cara, me la sequé con un trozo de papel y desperecé los brazos.

Tenía que buscar a Taik; me daba temor que hubiera escapado del hospital.

También quería saber sobre Seiyuro-san. Quería verle al menos un ratito antes de volver con mi madre.

Pregunté por Sei en la recepción del área de urgencias. La recepcionista bostezó, revisó la base de datos de los pacientes y dijo con una voz muy gangosa.

"A ese chico lo llevaron al piso de oncología en la madrugada", comentó, como si Sei-sama fuera un muchacho cualquiera.

Sentí ganas de ser grosera, de reclamarle por algo, pero ella no había hecho nada malo en realidad.

Se me oprimió el pecho. Si mal no recordaba, el área de oncología era para atender cáncer. Y para mí eso se relacionaba con muerte.

¡Eso estaba mal!, Sei no tenía cáncer, no podía tener esa enfermedad... lo de él estaba más bien relacionado con el Mar Oscuro y con esa arpía de LadyDevimon.

Revisé en el directorio el piso de oncología. Corrí al elevador y pulsé el número seis.

Cuando se abrió, en el ascensor pude distinguir una montaña hecha de sábanas.

Más bien... era alguien cubierto de sábanas.

Me quedé con la mirada absorta por esa situación, aunque nadie más pareció darle importancia al suceso.

Yo rememoré todas esas historias de digimons y se me vino a la mente aquél digital que parecía un fantasmita.

"Eh, buenos días", dije sin saber qué hacer. El hombre-fantasma no me respondió, sino que se movió con torpeza a mi lado, queriendo salir del elevador para desaparecerse de mi vista.

Tardé en reaccionar, incluso di un paso dentro del ascensor cuando caí en cuenta de quién era.

"¡Seiyuro-san!", grité, saliendo del elevador antes de que se cerrara. Me puse frente a él y jalé las sábanas que fueron resbalándose de su cuerpo malherido, "¿Estás tratando de escapar, Sei-san?".

"Hola, dama Hidemi", soltó él, enrojeciéndose, aunque no supe cómo le había hecho para sonrojarse, porque en realidad su piel estaba entre blanca y azulosa.

Su boca tenía varias curitas. Llevaba puesta un pijama de hospital, con la camisa desabrochada. Ahí también le habían vendado.

"¡No me cambies el tema!", rugí, y los ojos se me llenaron de lágrimas, "¿Es que no has entendido lo mucho que nos importas a todos?".

"No, Hidemi, no llores", se apresuró a decir él.

Me tocó los hombros y sus dedos temblorosos se llevaron mi lágrima.

"¡Es que haces puras locuras!", reclamé, "Si yo hubiera hablado de LadyDevimon con mi tío Takeru con anticipación, no te habrían pasando todas estas cosas tan terribles".

"No voy a escaparme, solo quería un poco de sol y aire", bromeó, "es que soy como las iguanas y necesito baños de luz... y ya ves, como Toshiro no se ha aparecido y él es el rayo de luz oficial, pues...".

Se calló al notar que decía puras tonterías, yo negué un poco más tranquila. Si decía bromas sin sentido quería decir que ya estaba mejor ¿cierto?

"¿Cómo has podido escaparte?", pregunté, arrastrándolo a la sala de espera, "No creo que mi tío Takeru y mi tía Hikari te hayan quitado la vista de encima".

"Bueno, la verdad es que papá debía estar cuidándome, pero se ha ido a charlar con el doctor Kido sobre mis males... y a las enfermeras les distraje con unas técnicas de coquetería… muy eficaces, por cierto", comentó, como si coquetear fuera una actividad sin dificultad alguna.

Yo me sonrojé.

"Vamos, te ayudaré a regresar", atiné a decir.

"No quiero", renegó Seiyuro, "Detesto estar encamado y ya me siento mejor, puedo caminar ¿ves?, y me apetece irme a casa, también tengo que buscar la manera de limpiar mi nombre, quiero disculparme con Toshi, encontrar el sombrero de Wizardmon que le perdí a Mina y renovar mi identidad contigo... ¿No te has fijado, dama Hidemi, que siempre ves lo peor de mí?".

"¡No digas tonterías!", reprendí.

Ese chico estaba loco. ¿Que yo siempre veía lo peor de él?... era verdad que había visto cuando lo mordía LadyDevimon; en varias ocasiones lo había encontrado en situaciones incómodas en sus citas -para mi desgracia-, y ayer le había visto desfallecer entre la oscuridad e intentar beber sangre de roedor, pero Seiyuro-san era para mí un héroe.

Era mi héroe porque años atrás, al salvarme de morir estampada por un tren, me había devuelto la esperanza.

"Si hasta eres mejor que el caballero de Pardaillan que tanto te gusta", aseguré. Sei siempre sacaba a relucir las andanzas de ese personaje literario que era aún mejor que los tres mosqueteros, al menos de acuerdo con su opinión.

"¿Y sabes por qué, Seiyuro-san?, ¡porque tú eres real!".

Seiyuro sonrió.

De un impulso se colgó de mi cuerpo. Se sentía muy pesado y olía a esa sustancia negra del día pasado, pero nunca antes me percibí tan plena.

Sei no tenía idea de lo importante que era para mí.

"Dama Hidemi, eres lindísima", susurró en mi oído, "pero me pones muy nervioso, no sé por qué".

Se me separó algo cohibido. Parecía que una duda le había entrado en la cabeza.

"Incluso me han dado ganas de darte un beso...", sinceró, "y en los labios".

"¿EHHHH?", fue mi respuesta. Comencé a hiperventilar. ¿Esas cosas tan preciosas se las decía Seiyuro a todas sus novias?

Sei era muy popular y salía con muchas chicas, aunque sus noviazgos muy cortos. Mi primo Toshi llevaba registro de las novias de su medio hermano. Lo último que sabía era que había 19 muchachas en la base de datos.

Si Seiyuro decía esos piropos, comprendía la razón de que nadie podía resistirlo...

"¡Sei!", gritó entonces la voz de Taik, "¿Te estás fugando del hospital, cierto?".

El rubio se puso pálido, yo también.

"Tu hermano me pone aún más nervioso", susurró bajito, luego se levantó, "¡Hola, Taik!".

"Como diría Ben, eres un insecto", reprendió mi gemelo, "Es una suerte que lo interceptaras, Hide, el tío Takeru está hecho loco buscándolo por todo el hospital".

Taiki lucía normal, como si lo de mamá no hubiera pasado.

Caminó hasta Seiyuro y lo recargó en sus hombros.

"Taik, de verdad que estás intentando madurar", observó Seiyuro, pero acto seguido se soltó de mi hermano y sujetó con fuerza su abdomen, como si le hubiera dado un torzón.

Taiki y yo vimos que su panza se movía. Las vendas se le aflojaron, cayeron al suelo y vimos cómo una bola rodaba bajo su piel, ensombreciéndola.

"¡Diablos, qué es eso!", soltó Taiki, "¡Iré por un médico!".

"¡No!... yo estoy bien, en breve se me pasará", avisó Sei, deteniéndolo de la chamarra de cuero negro con la que siempre se vestía mi hermano, "regresaré a la habitación, Taik, no hace falta hacer escándalo... esto no es tan malo como se... ve".

"A mí no me engañas", declaró mi mellizo.

Las lágrimas volvieron a refrescar mis ojos. Taik lo notó y gruñó, mientras reforzaba con sus dedos morenos la mano pálida con la que Sei intentaba aplastarse la pelota de oscuridad.

"¡Hermano!", chilló Minagawa. Me giré y vi a mi tía Hikari, quien cargaba en brazos a mi primita. A su lado estaba Kotaro Ishida, el cual corrió hacia nosotros con cara de susto.

"¡Primo Sei, ¿qué haces fuera de tu cama?", regañó, al tiempo en que ayudaba a Taiki a sujetar a Sei.

El círculo de oscuridad parecía un rodillo que roía a Sei por dentro.

Tía Kari pidió auxilio a gritos y también se apresuró a llegar hasta donde Seiyuro había terminado hincado, con las manos en su vientre.

"Pardiez... no quiero que me vean así", fue lo que expresó.

Fue Min quien se lanzó a los brazos de su hermano con el llanto hecho realidad. Mi tía recostó a Sei en sus piernas.

"Tú no te preocupes por esas cosas, mi artista", le dijo, en tanto Sei apretaba los ojos.

"Min, mamá, perdónenme por lo de ayer", rogó. La oscuridad en su estómago se violentó cuando Min abrazó a mi héroe.

"Sei-oniichan, yo te quiero mucho, mucho", aseguró Minagawa con dulzura, "no importa nada más".

"Pero las voy a lastimar… Taik, Kotty, ¡quítenlas de aquí!", pidió.

La bola de tinieblas comenzó a crecer y a moverse muy rápido, como si la presencia de nosotros, especialmente deMin, le repugnara.

Taiki lo notó, pero Kotty Ishida fue quien tomó la palabra primero.

"¡Se mueve igual que la masa de oscuridad que nos atacó a May y a mí en el metro!", exclamó, "¡Lo tengo, hay que atacarla con el brillo de nuestros emblemas!".

El pelirrojo se inclinó, con sus manos atrapó a la bola de oscuridad que había bajo la piel de Seiyuro y una luz roja salió de sus manos.

"¡Amor!", expresó muy concentrado.

Mi tía Hikari hizo lo mismo, puso sus manos sobre las de Kotaro y una luz rosada se expandió por el vientre de Sei, quien se retorció del dolor.

"¡Basta!", rogó el Takaishi.

"Entiendo", comprendió Taiki. Él y Min también encimaron sus manos.

"Unión…", manifestó mi gemelo. "Min, di lo tuyo".

"Mi…milagros".

La burbuja bajo la piel de Sei serpenteó. Yo me apresuré a imitarlos, puse mis manos sobre las de todos ellos y el emblema de la Libertad que yo representaba salió como un disparado que penetró en Sei, quien se cubrió la boca para evitar gritar.

La oscuridad zigzagueó más, hasta poner la piel de Seiyuro roja y traspasarla.

Una serpiente de petróleo, pero con la estructura del elemento mercurio, salió del representante más joven de la Esperanza.

Taiki corrió tras esa cosa sin forma propia, seguido de Kotaro… los datos oscuros se revolvieron, la niebla invadió ese pasillo del hospital y cuando el espacio quedó despejado no había rastros de nada, ni siquiera de mariposas digitales.

Kotty Ishida se volvió para revisar que su primo estuviera bien, pero no, Sei no estaba bien.

Esa oscuridad le había hecho un agujero en el vientre y mi tía Hikari estaba desesperada, tratando de parar el sangrado.

Min y yo estábamos estáticas, sin saber qué hacer.

"¡Demonios, Hidemi, ¿qué esperas para hablarle a un médico?", preguntó Taiki; fue entonces que mis piernas intentaron moverse.

Afortunadamente, Joe-san y mi tío Takeru salieron del elevador y notaron a Seiyuro nuevamente desvanecido y con una herida en el estómago.

No. De verdad que las cosas no estaban bien.

FIN P.O.V. Hidemi Yagami

O

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