O

A p Ó c r I f O

Por CieloCriss

4.3

O

P.O.V. Sora Ishida

"Ya veo", dejó salir Iori, con la cabeza en alto.

Le había explicado los últimos acontecimientos: el ataque de Dragomon, la aparición del Calumon, el problema de Seiyuro y la misteriosa llegada de la madre de Taiki.

Por supuesto, había omitido el embarazo de Yuriko-chan.

Me había escuchado con Noriko a su lado, quien parecía muy sorprendida de que nosotros todavía tuviéramos contacto y vínculos con el Mundo Digital.

A cada rato yo miraba hacia la puerta porque sentía la necesidad de alcanzar a Toshiro y a Yuriko. Me apenaba mucho la situación de esos dos niños y el miedo que sentían ante la llegada de un bebé inesperado.

Pensé que esa noticia consternaría a Cody del mismo modo que su segundo matrimonio le había impactado a su hija.

Mi plática con Yuri había sido una de las tareas más difíciles que había tenido en la vida. Yo había tenido la fortuna de ser madre dos veces y adoraba a mis pequeños, pero sin duda alguna habría sido muy difícil embarazarme a los 16 años, con mi madre recién fallecida y mi padre casándose de nueva cuenta.

"¿No sería pertinente tener una junta al respecto, Sora?", me preguntó el portador de los DigiEgg del Conocimiento y la Sinceridad.

"Sí, estamos en eso", le dije, "aunque no hemos coincidido porque las cosas sucedieron ayer. Según me comentó Miyako por teléfono, el plan es que todos los elegidos nos mudemos temporalmente a un solo sitio para estar monitoreándonos, sobre todo porque el blanco de los ataque son nuestros chicos esta vez".

Cody asintió, parecía afectarle el hecho de que Yuri no le hubiera avisado del ataque de Dragomon.

"Me siento terrible porque no estuve con Yuri cuando ese digimon oscuro le atacó, por suerte mía Toshiro estaba con ella y los dos están a salvo", reconoció.

"Es culpa mía", soltó Noriko, "te entretuve en casa por lo de la mudanza".

"No, es culpa mía porque tuve el celular apagado... a decir verdad, Yuriko y yo no tenemos muy buena relación desde que decidí que volvería a casarme".

Me quedé callada, sin saber que aportar al nuevo matrimonio.

Personalmente tenía muy buenos recuerdos de Noriko-chan. En nuestra aventura del 2002, cuando la Tierra y el Digimundo hicieron alianza, rememoro que la tuve abrazada todo el tiempo.

Poco quedaba de aquella niña frágil, aunque seguía tenido la misma mirada melancólica y el cabello con el mismo corte.

"Sora-san, muchas gracias por compartir la situación de los elegidos conmigo", sinceró.

"Descuida, tú eres una niña elegida, ¿lo recuerdas?", ella asintió, "Y si Cody y tú son un matrimonio es importante que comprendas esta situación".

"Sí, haré mi mejor esfuerzo para proteger a mi marido, a Kaede y a Yuriko", entonó de manera afable.

Cody conectó su celular para que comenzara a cargarse, fue y vino a la cocina, pero lo único que encontró fue una lata de atún en la alacena.

"Lo lamento, Sora, no hay nada en la despensa que pueda ofrecerte", comentó desolado por quinta vez.

Yo me puse de pie.

"Descuida, Cody, de cualquier manera tengo que irme".

"¿A dónde ha ido mi hija, Sora?, quiero ir por ella cuanto antes", manifestó, pero yo le negué.

"Iré por ella y la traeré contigo, es mejor así, porque la chica está resentida", atiné a decir.

"Entiendo", murmuró Cody, "Sé que toda esta situación es también inverosímil para ti, Sora, Miyako incluso intentará ahorcarme... pero desde que me reencontré con Noriko en ese congreso de abogados pude sonreír nuevamente, pude encontrar la paz que perdí con la partida de Hiromi".

"Yo en cuanto vi a Iori de nueva cuenta supe que debía envejecer a su lado", agregó Noriko. Asentí, porque después de todo, yo no tenía derecho a juzgarlos.

Me sentía incapaz de rehacer mi vida si perdía a Yamato, porque era el amor de mi vida, pero los sentimientos de Cody y de Noriko parecían honestos.

"Quiero que la casa se llene de luz nuevamente", agregó de pronto Iori, "que huela a sopa miso por las mañana y haya risas... Yuri y yo estamos sumidos en una depresión que no nos hace bien, por lo que creo que Noriko y Kaede pueden unirse a nuestras vidas y salvarnos".

Me dio pena la situación, las ganas de defender los sentimientos de Yuri no me faltaron, pero me quedé callada.

Desde la muerte de su primera esposa, Cody dejó de frecuentarnos con regularidad; siempre lucía apagado.

Ahora, aunque su rostro denotaba preocupación, parecía renovado, pero más nostálgico que nunca.

"La casa está enorme, ¡caben tres apartamentos completos aquí!", chilló la hija de Noriko, corriendo hasta la sala.

"Kae-chan, compórtate, por favor", pidió su madre.

"¿Y voy a vivir aquí? ¿No es mentira?", cuestionó expectante.

"Por supuesto", le contestó su padrastro.

Yahooo!", gritoneó, "eh, ¿y Yuriko-san?".

"Ha tenido qué salir, Kae-chan", explicó Cody.

La niña se contentó con la respuesta, luego cayó en cuenta de que yo también estaba presente; al parecer no me había notado la primera vez.

"¿Y quién es esta señor tan, pero tan linda?", preguntó.

Sonreí ante su pregunta. Era muy extraño que una chica de la edad de mi hijo menor creyera que era linda.

"Soy Sora Ishida, mucho gusto, Kaede-chan, soy amiga de Yuriko y de Iori", saludé, extendiéndole la mano. Ella apretó mi mano con entusiasmo y me observó largamente.

"Es usted muy guapa... un momento, ¿ha dicho Ishida?", mencionó, "Además también es pelirroja".

"Kaede, compórtate", reprendió nuevamente Noriko, dirigiéndose a mí, "Me disculpo, Sora, generalmente mi hija es tímida, por lo menos en la escuela, pero desde que me casé con Cody anda eufórica".

La pequeña rebuscó en su bolsita, sacó una cámara de fotos y la encendió. Con su dedito abrió imágenes y me enseñó una de mi Kotty jugando soccer.

"Ah", dejé salir yo, "¿Tienes una foto de Kotty?".

"¿Usted es la mamá de Ishida-kun?", indagó, "es decir, de Kotaro Ishida-senpai?".

Afirmé con la cabeza. Kaede se sonrojó completita.

"Es el niño más guapo del mundo", manifestó, "vamos en la misma escuela ¿sabe?, yo en un grado más bajo… soy muy seria y pues me apena hablarle", ¿seria? ¿Esa niña era SERIA?, "pero le adoro, incluso le he confesado mi amor en una carta".

¿Mi hijo tenía ese tipo de admiradoras?, ¿a los 12 años ya tenía fans detrás de él, como su padre?

Era un mal genético seguramente.

La idea no me gustó ni poquito. Mi deseo era preservar a Kotaro en vinagre, hecho niño para siempre, con su rostro ingenuo y dulce dedicado a su familia y no a otras mujeres.

"¡Kae-chan!", regañó Noriko nuevamente, "¿Por qué no vas a elegir tu habitación?".

"Sí, mamita", obedeció la niña, "con permiso, señora mamá de Kotaro-kun".

No era que estuviera celosa, eso quise repetirme a mí misma.

FIN P.O.V. Sora Ishida

O

P.O.V. Koushiro Izumi

Estuve en el departamento de Inmigración de L.A. casi toda la tarde tratando de resolver el caso de Soji. Sabía comunicarme en inglés e incluso solía escribir artículos de informática a menudo, pero hablarlo con estadounidenses era otra cosa, de alguna manera me intimidaba con facilidad y mi pronunciación era pobre.

La situación se resolvería porque Taichi era un diplomático influyente, Ken un policía de fama mundial y además contábamos con la prominente ayuda del padre de Ben, era un empresario conocido.

Después del desayuno en el hotel y de tener un enlace con Yamato para que me pusiera al día con las novedades en Japón, tomé un taxi rumbo a distintas oficinas con una carta de recomendación de Michael Tanner para que se pudiera procesar la patria potestad de Soji y llevarlo a Japón junto a su padre.

Mimi y los niños fueron a despedir a su ex pareja, que partía en un crucero a Alaska, por lo que tuve qué hacer los trámites solo.

Era mejor así. Soji Miyagi no parecía muy entusiasmado con la posibilidad de tener un padre, pero así como había dicho Ben, el chico era un Yagami sin duda alguna.

Quizá no tenía el carácter parecido a mi amigo del Valor, pero había detalles del chico que me recordaban a Toshiro. En el físico era tan similar a Taiki que no podía culpar a Tulo por haberlos confundido.

A las 18:00 horas, luego de todas esas vueltas por oficinas y consulados, partí al aeropuerto a recoger a Tai.

Lo esperé en una sala particular, porque el Yagami se las había arreglado para conseguir una avioneta privada.

"¡Izzy!", gritó Tai, después de pasar su maletín por un rastreador.

Mostró su pasaporte a los guardias y al notar que era un diplomático, le dejaron pasar sin siquiera revisarlo.

"Me alegra que el vuelo haya llegado a tiempo", comenté, queriendo sonar casual.

Pero Taichi no parecía interesado en atenderme, más bien llevaba sus ojos-chocolate de un lado a otro. Estaba buscándolo, a su hijo.

"No, Tai, el chico no está aquí", le expliqué lo más cordial que pude, "Se ha quedado con Mimi y mis chicos, todos están en el puerto de la Ciudad".

"Koushiro", dijo Tai, noté que no había prestado atención a mis palabras, "¿Sabes lo que está pasando en Japón?".

"Sí, claro".

"¿Sabes que la madre de mis hijos ha aparecido y que mi hija no para de llorar? ¿Sabes que mi Taik quiere proclamarse criminal y que mi sobrino honorario Seiyuro es víctima de la oscuridad?".

Asentí. Taichi se enfureció y me tomó de la camisa, lo que puso alerta a los elementos de seguridad y a los mismos usuarios del aeropuerto.

"Sé todo eso", desafié.

"Entonces comprenderás que quiero ver a Soji cuanto antes para llevármelo a casa, ¿no?".

"¿Y te importa siquiera si el niño quiere verte o no? ¿Qué puedes saber tú de lo que siente él?", cuestioné, "Nos están mirando los guardias, Tai, relájate y suéltame".

Taichi Yagami me soltó. Él siempre tenía la costumbre de lanzar amenazas cuando estaba desesperado.

En nuestra primera aventura en el Digimundo había pasado algo similar cuando Kari había caído enferma y yo me había equivocado a la hora de buscar un hospital para conseguirle la medicina. Había ocurrido exactamente lo mismo.

Tai, siempre más alto y fuerte que yo, me había amagado alzándome de la ropa. Era una amenaza que le dolía más a él y no lo hacía siquiera para retarme, sino para compensarse a sí mismo.

Era, pues, su manera de enfrentar el dolor.

"Soy un idiota", confesó, "encuentras a mi hijo perdido y yo te agradezco con un berrinche".

"Tai… sé que estás pasando por una etapa difícil".

"Por tercera vez en mi vida encuentro a un hijo en las condiciones más estúpidas posibles, ¿por qué no le busqué antes, Izzy?, ¡es un tontería!, ¿cómo no lo descubrí antes?... ahora será peor, el chico probablemente me odiará porque es un adolescente".

"Tranquilo", pedí, acercándole los documentos que había arreglado de Soji.

"Taiki era un bebé cuando lo hallé, así que no hubo problemas, creció queriéndome aunque la pubertad lo tiene insoportable... a Hidemi la conocí cuando tenía 11 años, sólo porque es una princesita perfecta se dio espacio para quererme; pero un chico de 15 que ha crecido en un orfanato, que además tiene hemofilia y fue adoptado por un mafioso que lo corrompió debe odiarme", aseveró para sí mismo.

"En realidad es un buen muchacho", opiné, "La vas a tener difícil con él, pero es muy inteligente, físicamente es como ver a Taiki, pero más delgado y con el cabello más corto... a Mimi y a mi nos recuerda un poco a Toshi".

"¿De verdad?", preguntó, como si mi declaración le renaciera una ilusión.

"¿Acostumbro mentirte?"

"No, ya sé que no... Oye, Izzy, llévame a verlo, ¡muero por ver al chico!, no importa que me odie al principio ¿sabes?, lo que me urge es conocerlo", pidió mi amigo de cabello castaño.

"Sí, sería lo ideal, aunque faltan algunos trámites por hacer para llevarlo a Japón, no los hice yo porque tú eres el padre el niño y aún no hemos demostrado el parentesco".

"No hay problema, hablaré con el embajador de Japón en Los Ángeles y asunto arreglado, somos buenos colegas, seguramente me dejará llevarme a Soji sin tanto papeleo, al cabos traigo avioneta particular y todos necesitamos estar en Odaiba cuanto antes", resolvió el ex embajador del Digimundo.

"Taichi, con tanto poder político que tienes das miedo", sinceré.

"Está decidido entonces. Hoy conoceré a Soji", se animó Taichi, mientras marchaba todo tembloroso hacia su hijo.

FIN P.O.V. Koushiro Izumi

O

P.O.V. Doguen Kido

El cielo no estaba azul. Había amanecido gris y no se veía el sol por ningún lado. Mi barrio estaba tranquilo porque estábamos en días feriados y no había necesidad de levantarse tan temprano para ir al trabajo o a la escuela.

Mientras corría, había tanto silencio que nada más podía escucharme los latidos del corazón. Yo detestaba oír ese sonido porque me daba miedo de que de repente dejara de bombearme la sangre o de registrarse el tum-tum.

Le había comentado a mi padre de ese temor que tenía, ya que cuando me dolía la cabeza también escuchaba el sonido de mi corazón, pero mi padre había dicho que era normal.

"¿Sabes por qué te llamas Doguen, hijo?", cuestionó mi papá en esa ocasión.

"No, pero eso no viene al caso, además que mi nombre es rarísimo ", me quejé. Hasta el momento no había conocido a otro chico que se llamara como yo, lo cual me resultaba frustrante. Incluso Seiyuro, que tenía un nombre pasado de moda, conocía a un comerciante que se llamaba como él.

"Doguen era el nombre de un maestro budista japonés muy destacadp", aseguró, "Jun y yo lo elegimos porque queremos que también seas especial, que te preguntes las cosas que nadie se indaga, de mi parte quiero que te cuestiones, pero cosas más elementales, como, ¿qué es peor, escuchar el corazón o nunca haberlo oído?, quiero que seas un filósofo de ese tipo, hijo".

"Papá, lo que acabas de decir no tiene sentido", renegué, "¡y al parecer mi nombre es todavía más 'pasado de moda' que el de Seiyuro!, soy un desastre".

Casi todas las conversaciones que tenía con mis padres rayaban en la incoherencia.

Desde que los caracteres sexuales secundarios habían comenzado a invadir mi cuerpo, mamá insistía en que iba a conseguirme novia. Alucinaba con que me iba a casar con Mayumi Ishida, seguramente porque era rubia, bonita y la hija de su ídolo de adolescencia.

Mi madre era tan directa que prácticamente me vendía delante del señor Ishida y de Mayumi, lo me que daba mucha vergüenza. En primera porque May y yo apenas nos hablábamos y en segunda porque yo no tenía intención alguna de hacerla mi novia.

Las conversaciones de mi padre tampoco tenían mucho sentido. Cuando yo decía una cosa, él contestaba con otra, como si no tuviéramos conexión.

Yo creía que el problema principal entre nosotros dos era que yo sabía que en el fondo él quería que me dedicara a la medicina y a mí eso me daba terror.

No me desmayaba cuando veía la sangre, e incluso cuando era niño había ayudado a mis amigos enfermos durante nuestras aventuras en el Digimundo y en el Mar de la Oscuridad, pero luego tenía pesadillas que me perseguían y en esas noches me sonaba tanto el corazón que estaba seguro que se detendría.

"Es simplemente miedo a la muerte", había dicho mi padre, "pero eso no tiene nada que ver con tu vocación".

Era un incomprendido. Un llorón incomprendido, pero lo malo era que un muchacho de 16 años con lágrimas en los ojos se ve miserable. Sin excepción alguna.

"¡Doguen, cuidado con el coche!", Mayumi tiró de mí para que una autonave no me alcanzara. Habíamos salido de mi casa para buscar a Calumon, un digimon que los Ishida habían encontrado en la estación de trenes.

"¡Lo siento!", chillé, las piernas me temblaron por lo cerca que estuve de sentir el impacto de un auto, que seguro viajaba a más de 60 kilómetros por hora y me habría hecho mucho daño, ¡incluso pude quedar parapléjico!; "Me he descuidado pensando tonterías".

Ella no respondió.

"¿A dónde habrá ido Calumon?", hizo la pregunta para sí misma. Le noté algo desesperada.

Mayumi generalmente tenía el carácter fuerte. Aunque prácticamente era la chica más hermosa de la escuela –por su estereotipo europeo-, no parecía interesada en conquistar a nadie. Si podía evitarlo, no usaba faldas ni vestidos. Pasaba todo el tiempo con Taik Yagami, quien no era una influencia demasiado buena para ella... aunque en el fondo yo sabía que los dos eran buenos chicos.

Cuando Mayumi se enojaba, me ponía tenso. De niña ella era todavía más pesada, pero la secundaria la había ablandado un poco o por lo menos ya no me daba tanta cosa dirigirle la palabra.

"Calumon no puede caminar, así que sólo puede usar la fuerza de sus orejas para transportarse, pero según noté, no es que pueda sobrevolar por mucho tiempo, ¡Doguen, hay que buscarlo en ese jardín!", ordenó y yo le asentí; la seguí lo más firme que pude.

Era el jardín principal del fraccionamiento. May entró sin pedir permiso y con agilidad se trepó en el árbol más alto.

"Qué estás haciendo?", le pregunté.

"¿No es lógico?, Calumon puede planear en el aire, así que debe estar a la vista si me subo aquí".

"Ah, tienes razón, May, qué lista eres", traté de animar, pero ella me dedicó una mirada de pocos amigos.

"No te burles, al menos lo estoy intentando", rezongó.

"¡Pero si yo lo decía en serio!", aseveré, acomodando mis lentes, "Yo no soy de ese tipo de chicos que se la pasa diciendo cosas sarcásticas, ¿sabes?".

"¡Doguen, ahí está Calumon, en el estacionamiento de la tienda de autoservicio!", avisó y dio un salto temerario desde arriba.

Cayó de pie y flexionó las rodillas con gracia.

Sencillamente "Woooo".

"Eres genial, May", aplaudí.

"Guarda silencio y sígueme", apresuró, los dos comenzamos a correr de nueva cuenta.

De nuevo oí con desagrado los latidos de mi corazón; de nuevo no encontré sentido a la explicación de mi padre sobre mi nombre o al cuerpo atlético y seguro de mi amiga.

Apenas conté cuatro minutos en mi cronómetro del reloj cuando llegamos al estacionamiento de la tienda de autoservicio, que estaba cerrada.

No vi a Calumon por ningún lado, pero sin decir nada, la hija de Yamato Ishida se trepó al recolector de basura, que -cabe destacar- era enorme. Se zambulló entre la basura -por suerte, inorgánica- y salió de ahí con Calumon en brazos.

"¡Mayumi, Calumon, ¿están bien?", pregunté.

El Digimon escondió sus orejitas y se hizo bolita.

"Estoy bien", contestó con altanería May, mirando a Calumon, "¿Por qué te has marchado de nuestro lado, Calumon?".

"Calú...", gimoteó el digital, lloriqueando.

"Mayumi, no lo presiones", sugerí.

Los ojos azules de la chica me miraron y me congelaron.

"No te estoy hablando a ti", declaró, "Dilo de una vez, Calumon, porque de no ser así no vamos a poder ayudarte".

"Es que... viene por mí" dijo con un halo de misterio.

"¿Quién viene por ti? ¿La oscuridad?", ella siguió interrogando.

Apenas dejó de sonar la voz de Mayumi cuando tronó el cielo. Sentí que se movió el piso y que del mismo asfalto drenaba humo o niebla o algo de eso.

"Ya viene, Calumon quiere irse", enfatizó el pequeñito.

"Es lo mismo que pasó en la estación del tren", relacionó la rubia Ishida, "Es muy probable que la oscuridad esté buscando a Calumon porque éste guarda un secreto, pero lo que no sabemos es la forma de las mismas tinieblas...".

"May, por favor, vámonos de aquí", le rogué a ella. Si lo que decía era verdad, entonces era seguro que no podríamos defendernos. Ni siquiera estábamos todos los niños elegidos completos, era una falta de sentido común quedarse a correr riesgos innecesarios.

"No, tenemos que ver quién está detrás de Calumon, después podremos irnos; antes no", se entercó la chica de 15 años.

Pero yo era mayor que ella ¿qué no?, entonces eso significaba que tenía que estar al mando, sobre todo cuando insistían en insensateces.

"No seas irracional, Mayumi", regañé, "¡La oscuridad incluso invadió a Sei y lo tiene hospitalizado!, ¿recuerdas lo que pasó hace cinco años, verdad?, sólo todos juntos podremos con esto".

"No estoy diciendo que vamos a luchar ahorita, sólo que vamos a investigar", aclaró May.

Quise desparramarme el cabello para calmar la ansiedad que me provocó esa terquedad.

"¡Eres imposible!", me quejé.

"Y tú sigues siendo demasiado miedoso", lamentó la chica.

Como siempre, todos mis amigos me arrastraban en sus decisiones. Quisiera o no, siempre terminaba haciendo lo que ellos querían: los seguía a través del peligro, les ayudaba en sus planes absurdos y les protegía si tenía la manera.

Papá decía que hacía esas cosas por mi propia voluntad.

"Sólo es que tú no admites que también deseas esas cosas, Doguen", me decía siempre que le lanzaba todas las quejas contra mi primo Kyosuke, Seiyuro o los demás.

Sin embargo, esa niebla que se adjuntaba a nuestro alrededor no podía significar algo bueno. Mi prioridad era sacar a Mayumi de ahí junto con ese Digimon.

"Soy mayor que tú y digo que nos vamos", reprendí, sosteniéndola de la playera que llevaba puesta, "tu padre dijo que halláramos a Calumon, no que investigáramos cosas peligrosas".

May no me replicó, cosa que se me hizo muy rara. Alcé la mirada y vi cientos de mariposas negras que se estaban fusionando en un torbellino que sobrevivía en medio del humo.

"Oh, no", lamenté.

"¡¿Quién eres?, ¡muéstrate!", retó Mayumi.

¿Por qué esa chica no sabía estarse quieta?, ¿por qué tenía que desafiar a los demás con su audacia?, ¿era que May nunca tenía miedo? ¿Era que a ella no le daba temor escuchar acelerado su propio corazón?

El remolino se dejó caer hasta el suelo, por la corriente de aire, y el pavimento se puso entre morado y negro, como si se estuviera abriendo un hoyo sin fondo.

De hecho, estaba naciendo uno.

Hice a Mayumi hacia atrás y me puse frente a ella. Estiré las manos con la intención de protegerla, porque ella era una dama después de todo y yo... y yo era un caballero.

Estaba temblando completito y me dio pena que ella lo notara.

Me sonrió con Calumon en brazos.

"Si vas a proteger a una chica no te conviene sacudirte tanto", me dijo, "además, podemos enfrentarle entre los dos".

Los Ishida eran de esas estirpes raras que traían consigo sangre de rebeldes o algo parecido. Eso pensé. Lo pensé un instante, mientras del hoyo negro salía la sombra de un monstruo encapuchado de rojo, con dos enormes cuernos y unas alas de dragón escondidas.

"... ay mamita", dejé salir.

"¿Eres tú quien busca a Calumon?", preguntó Mayumi. El digimon que cargaba se escondió aún más en su regazo.

"Eres valiente, niña elegida", salió la voz del ente ese.

"May, ¡vámonos!", rogué, tomándola del brazo.

"¡¿Quién eres y qué quieres de nosotros?", interrogó, absorta totalmente en sus objetivos. Apreté con fuerza el antebrazo de la rubia, sentí también las pulsadas de su corazón, que latía aún más rápido que el mío.

Ahí fue cuando comprendí que no era que Mayumi Ishida no tuviera miedo, sino lo contrario.

Su miedo la hacía crecer tanto, que su valentía resplandecía. Ella, de alguna manera, podía canalizar sus movimientos y dar con ellos una amistad fidedigna.

Es que los ojos color cían de May lo decían todo.

"Soy Demon, he venido por la digiemblequia", la voz hizo eco en el estacionamiento a pesar de que era un lugar abierto, "¿también quieres venir conmigo, niña de la Amistad?".

"¡No!", dijo ella, "¿Qué es la digiemblequia?, ¿te refieres a Calumon?".

May trató de dar un paso atrás. Lo supe porque dobló la rodilla; sin embargo, ella no se movió.

Demon no dijo nada más, la oscuridad en cambio comenzó a extenderse por todo el piso, soltando una sustancia negra y pegajosa.

El monstruo comenzó a caminar hacia nosotros. Calumon aleteó desesperado, pero Mayumi lo sujetó con más fuerza.

"¡Esto es el colmo, ya es hora de huir!", me quejé, la jalé para que me siguiera, pero ella de nuevo no se movió ni un centímetro, "¡Mayumi, te he dicho que nos vamos!, ¡un días vas a agradecerme que sea más prudente que tú!".

"Es que Doguen, no puedo moverme", soltó ella inmediatamente después.

Miré que el charco de oscuridad estaba trepando por sus piernas. Yo mismo tenía problemas para caminar.

No pude hacer más por ella, sólo ponerme frente a su cuerpo.

"¡Atrás!", le grité con miedo, ¡mucho mucho miedo!

El corazón se me desbocó todavía más, pero de mi cuerpo salió un brillo plateado, que me dio fuerza.

"¡Doguen, has hecho brillar tu emblema!", me animó May.

"¡Sí pero no servirá contra ese digimon horrible", chillé.

Demon sacó sus garras y yo cerré los ojos.

Adiós, mundo cruel. Adiós, exámenes de admisión a la universidad; adiós a las insensateces de mi madre; adiós a ser médico... adiós a mi tutora particular, adiós a Bukamon y adiós a...

Sentí aire frío en mi cara; luego un ruido corto e intenso me hizo abrir los ojos.

Las gafas se me resbalaron y alcancé ver una enorme camioneta gris estamparse contra Demon.

Lo lanzó a la barda con tal fuerza que aparecieron grietas. Mayumi apenas gritó, pero mi exclamación fue larguísima y de mucho susto.

Demon gimió simulando una víbora, su capa roja se cayó y vi su verdadera forma.

Parecía un Ogremon, sólo que púrpura, con unas garras enormes y un aspecto insalubre que no me gustó nada de nada.

La camioneta que había provocado el accidente volvió a pasarle encima sin piedad, rechinando el motor.

"¡Salgan del auto inmediatamente!", gritó Yamato Ishida, quien apareció justo detrás de nosotros con un aspecto encalmado y el rostro lleno de preocupación. "Mayumi, ¿estás bien?".

May asintió y Matt le abrazó como si fuera pequeña.

El cristal trasero de la camioneta agresora se hizo pedazos; Zetaro Ichijouji salió por ahí, después sacó a su hermanito, Satoru, quien traía los ojos remojados del sobresalto.

"¡Hermana, date prisa!", pidió Zetaro.

"¡Es que no puedo, no puedo!", gimió Kurumi, quien era la mayor de todos los hijos de los elegidos.

Yamato corrió hasta Zetaro y juntos lograron sacar a Kurumi del auto, luego se acercaron hasta nosotros y con mis propios ojos vi cómo el carro comenzaba a carcomerse.

Se hizo chatarra en pocos segundos, como si el fuego lo estuviera consumiendo.

Demon saltó hasta nosotros, pero el ataque lo había debilitado porque soltó un balbuceo y desapareció por otro agujero oscuro.

Todo pasó rapidísimo. El señor Ishida revisó a los niños Ichijouji, me miró unos segundos a mí y volvió a abrazar a su hija, como si yo tuviera intenciones de quitársela.

Satoru traía un chichón en la cabeza, por lo que Zetaro le acarició la frente.

"Ya pasó, Sato; tranquilo".

"¿Cómo voy a tranquilizarme?, ¿cómo no le voy a tener miedo a mi oneechan si cuando conduce un auto es capaz de derrotar a un digimon súperpoderoso", lloriqueaba.

"Jojojo, es que soy un as al volante y no necesito de un compañero digital para acabar con la maldad, Sato-kun", consideró Kurumi, riendo descaradamente.

"Kurumi, no estoy seguro de que esas actitudes tuyas le ayuden a nuestro hermanito a recuperarse de su turbación", comentó Zetaro.

Vaya, el chico había crecido mucho, hacía siglos que no lo veía porque iba en un colegio particular.

"Buenos días... lamento mucho el comportamiento de mi hermana, señor Ishida".

"En cierta medida nos salvó, si ustedes no hubieran aparecido quizá Demon le habría hecho daño a Mayumi y a Doguen", juzgó el astronauta cantautor que tanto admiraba mi madre.

"Muajajajaja", presumió Kurumi.

"Gracias, Kurumi, de no ser por ti no sé que habría sucedido... no sé lo que me pasó, pero no podía moverme", dijo May, luego agregó: "anda, Calumon, eres libre, quien te amenaza ya se fue".

Poco a poco, el pequeño digital dejó el regazo de Mayumi y revoloteó en el aire.

"Baila en el viento como si fuera una burbuja", se emocionó Satoru, "¡por fin estoy viendo a un digimon de verdad!".

A pesar de todo, el chiquito de 7 años tenía razón. Aunque las cosas iban a ponerse feas, aunque el corazón se me desbocara a cada rato, todo eso valía la pena, con tal de ver a los digimons nuevamente.

FIN P.O.V. Doguen Kido

O

P.O.V. Yuriko Hida

No lloré, no grité, no me desahogué… al final de cuentas no hice nada, porque mis pensamientos estaban vacíos y mis sensaciones revueltas. Aún así, Toshi no me abandonó, ni exigió nada.

Apenas pude apreciar el clima fresco cuando salimos del tren y caminamos hasta el consultorio. A veces él mi veía el vientre, como si fuera incapaz de sostenerme la mirada, y cuando hacía eso me sentía enteramente mal, porque ya no me observaba a mí, sino el resultado de nuestra relación.

Sabía lo del bebé desde hacía más de dos meses, pero no le había dicho nada a Toshi. La verdad era que no podía ni encararlo a él, ni a mi padre ni a mí misma.

¿Cómo podía reclamarle a papá que se hubiera vuelto a casar si yo había sido tan irresponsable y ahora llevaba a un bebé dentro de mí?

Las personas siempre habían considerado que yo era una chica madura y propia. Me juzgaban de amable, de cortés, aunque yo estaba demostrando todo lo contrario.

No era madura. Me dolían las cosas sencillas y me mostraba egoísta y dura desde que era pequeña… sin embargo, en esas ocasiones tenía una madre que me frenaba, que me mostraba lo que era bueno y lo que no, ella me decía el camino que debía seguir.

En cambio ahora estaba dentro de mi propio laberinto y no me sentía capaz de hacer algo por mí o por Toshiro.

Mi novio me condujo callado hasta el médico.

Pensé que ya no me quería más, que le había arruinado la vida. Toshiro sí era responsable y no me dejaría sola, lo malo era que yo sabía que lo estaba encadenando.

"Creo que es aquí", dijo cuando vimos un enorme edificio de consultorios médicos delante de nosotros.

Asentí y miré a mi alrededor. Las calles se habían llenado de personas sin rostro. Las banquetas tenían desniveles que mis pies no podían pisar y los pocos árboles que había soltaban una brisa muy fría.

"¿Entramos, Yuri?", me preguntó.

"Sí...".

Empecé a sentir náuseas porque el lugar dejaba salir un aroma a limpiador. Di un suspiro muy largo cuando Toshi me sentó en unas sillas y fue a hablar con el recepcionista, que era un hombre viejo y con uniforme de policía de seguridad privada.

Escuché algunas frases que dijo como "la recepcionista está de descanso"... "la doctora Himura los atenderá en un momento"... "Hay café y galletas, ¿les sirvo algo?".

A lo último Toshiro negó. Le sudaba la frente; llevaba vestuario del colegio y por primera vez en la vida lucía desarreglado y trémulo.

Se sentó a mi lado con la misma lejanía que nos teníamos ahora.

Siempre me había gustado cuando Toshiro se abstraía y estaba en una dimensión lejana a la mía, pero en esos momentos me dolió mucho su actitud.

No supe cuánto tiempo pasó. Lo invertí en husmearme las uñas, las arrugas de la falda, las zapatillas sucias y desgastadas que tenían poco tacón y me hacían ver fuera de moda.

Una mujer envuelta en una bata rosada salió del consultorio. Era gorda, como si siempre estuviera embarazada, pero tenía un rostro muy dulce.

"¿Son los sobrinos de Takenouchi-san?", nos preguntó.

Toshiro se puso de pie y le asintió.

"Soy yo; ella es mi novia, Yuriko", presentó con solemnidad.

"Pasen, por favor, soy la doctora Megu Himura", expresó, luego miró al recepcionista, "gracias por ayudarme hoy, Taro".

Taro pareció agradecido con el comentario.

"Nos esperan, Yuri", me dijo Toshiro, tomando mi mano con suavidad, "Sabes... no sé cuál será su sexo, pero el bebé tendrá ojos azules".

Un escalofrío me recorrió completamente y la sonrisa de mi novio me llenó de desazón.

¿Era que Toshi lo aceptaba e incluso soñaba con el niño?... ¿él podía afrontar su paternidad, pero yo no tenía instinto de madre?

No podía ser igual de cariñosa de lo que Hiromi Hida había sido conmigo, lo sabía perfectamente. Aún así me dejé guiar hasta el consultorio y respondí a las preguntas, que me resultaron muy vergonzosas porque Toshiro estaba a mi lado.

¿Cuándo fue su última regla?

¿Cuándo empezó a tener relaciones sexuales?

¿Antecedentes diabéticos?

¿Menstruación abundante? ¿Cólicos? ¿Eres estudiante?

¿Estás tomando ácido fónico?

El estrés rugió en mi estómago, aunque pude responderle. Después me obligó a ponerme una bata y me subió a la mesa de exploración.

Toshiro estuvo de brazos cruzados sin intervenir y sin mirar más de la cuenta. Se estacionó en la entrada del cuarto de exploración, totalmente rojo, mientras la especialista exploraba mi cuerpo como ni siquiera él lo había hecho.

"Ahora vamos a hacerte un eco", culminó. Me retorcí en la camilla y por fin me permití lagrimear. "¿Te sientes bien, linda?".

"Sí", mentí. Las náuseas iban creciendo.

La doctora pidió a Toshi que se acercara, me subieron la bata y mi estómago quedó expuesto.

El gel que me aplicó estaba helado, luego me escaneó el vientre.

"¿Ven la pequeña luz que bombea?", dijo la especialista, "Ése es su corazón".

No tuve fuerzas para mirar la pantallita. En cambio, lo que hice fue observar a Toshiro, quien parecía maravillado.

"Es increíble", dejó salir, "¿Está bien el niño, doctora?".

"Está en formación, pero todo parece indicar que es un producto sano, de 13 semanas", respondió Himura.

"¿De verdad está bien?, Yuriko es menor de edad, apenas tiene 16, ¿hay alguna complicación con un embarazo a esta edad?, leí que el cuerpo de una mujer en esa etapa todavía no está maduro para concebir y que los bebés pueden nacer de bajo peso o prematuros, así que dígame, ¿ella está bien, cierto?, no hay ningún mal congénito en el niño, ¿verdad?", me sorprendió que lanzara esa lluvia de cuestiones.

Himura sonrió.

"Vas a ser un buen padre", adelantó. De eso yo también estaba segura. "En realidad, Yuriko-chan se ve un poco débil, vamos a enviarla con una nutrióloga para que haga una dieta especial y seguiremos de cerca el embarazo, el control prenatal es fundamental para evitar complicaciones en la gestación".

Toshiro volvió a ver la pantalla y la doctora describió la forma del feto, cuál era su cabeza, sus pies, sus manitas.

"¿Quieren saber si es varón o mujer?", indagó, "Ya puedo verlo claramente con estos nuevos aparatos".

"Sí, me encantaría", dijo Toshi.

Yo me bajé la bata abruptamente, sin saber por qué.

"¡No!", exclamé, empujando a la doctora y abrazándome a mí misma, "yo... yo ya no quiero saber nada más".

No supe por qué lo hice, pero ante el rostro estupefacto de Toshi y de la ginecóloga, me levanté y corrí al vestidor sin saber qué hacer.

Me cambié de ropa con apremio y salí del cuartito dispuesta a irme de ahí.

"Yuri...", me llamó Toshiro, "lo lamento mucho, doctora, ¿podríamos volver en otra ocasión".

Toshi me ofreció la mano y salimos del consultorio sin decirnos nada. Después de unos minutos yo iba caminando muy rápido y lo arrastraba a él.

"No está bien lo que hiciste", me dijo mientras marchábamos sin rumbo, "sé que es difícil, Yuri, sé que también te molesta lo del matrimonio de tu papá, pero...".

Me volví enfurecida.

"¡No, Toshi, tú no entiendes nada!", solté su mano. Me estaba volviendo loca, ya no tenía una pizca de control dentro de mí. Yo ya no era yo.

Ojalá las personas que pretendían conocerme tuvieran razón, ojalá yo fuera en verdad una chica madura y responsable.

"Quizás no, pero quiero entenderlo", susurró con la voz temblorosa, "Tienes qué decirme lo que sientes, si no no podremos salir de esto juntos".

No tenía derecho a hacer que Toshiro pasara el resto de su vida conmigo, porque no era la novia que él creía.

"No sé qué siento... talvez no siento nada".

Toshiro me sujetó de los hombros, me forzó a que nos miráramos de frente, justo como cuando nos habíamos acostado por primera vez.

"Sé sincera conmigo, Yuri, ¿por qué no quieres saber el sexo del bebé?".

"No sé".

"Yuri-chan... tú... ¿tú de verdad quieres tener a este bebé?", tartamudeó al decirlo.

Quedé congelada.

Nunca había considerado el aborto. Ni siquiera lo había pensado una vez, pero en ese momento la escena del legrado me llenó de terror y me sentí terrible al pensar que mi actitud insensible hacían que Toshiro pensara que yo era capaz de eso.

Mi vacío no llegaba a tanto… yo no podía ser tan cruel, eso me quedó claro en el instante.

Si eso pasaba, si yo lo desaparecía, Toshi nunca podría verle los ojos azules que le había soñado...

"¡Jamás lo haría! ¡Jamás te haría eso!...".

"Pero qué sientes tú, Yuri, ¿tú qué quieres hacer?".

Le di la espalda.

"Regresaré sola a mi casa", murmuré, "no te preocupes".

"Claro que no regresarás sola, Dragomon podría atacarlos", hablaba de mí en plural. Cuando mencionaba mi nombre, también agregaba al bebé.

"¿No lo comprendes todavía?, quiero estar sola", pedí en voz alta, para sorpresa de la gente que nos observaba desde lejos y lanzaba murmullos.

De zancada en zancada comencé a alejarme. No pensaba en nada. No sentía nada; ¿me iba a perdonar el pequeño de ojos azules que soñaba Toshiro si era una mala madre y no tenía los sentimientos buenos, como la gente creía?

Lo siguiente que sentí fueron los brazos tibios de Toshiro rodeándome con fuerza por la espalda. Sin que yo me diera cuenta me había alcanzado y me había ahorcado con su abrazo.

"No te voy a dejar ir, porque si lo hago, me da la sensación que te perdería para siempre", escondió su cabeza en mis hombros; sentí el cosquilleo de su cabello castaño y lacio.

"Mariposa de ensueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía", susurró después. Era el verso de mi poema favorito, uno que leía siempre para despejarme de los estudios... uno que me hacía pensar en Toshi.

Su calidez me hizo llorar, con un llanto fuerte, como los de mi amiga Kurumi.

"Toshi-kun... soy un desastre", gimoteé, explotando

"Qué va, ambos lo somos ", dijo con claridad, "Pero yo te quiero, Yuri, te quiero... nunca lo había dicho de esta manera tan frívola, nunca lo había tenido tan claro... quizás me odies ahora, quizás te arruiné... pero no voy a dejarte ir".

Nos quedamos quietos. Ni siquiera temblamos más. Los problemas se me diluyeron con lágrimas y una sensación de paz se apoderó de mí.

"Quisiera que ese bebé de ojos azules que soñaste fuera un varoncito", murmuré.

"Con cabello castaño, liso y limpio como el tuyo", agregó él.

"O el tuyo", anexé.

Me di la vuelta y los dos sonreímos. Había mucho por trabajar en nuestra relación, pero me reconfortaba tenerlo.

Toshiro me tomó del mentón y me dio un beso.

"Nunca me habías... uhmm... besado así", regañé con suavidad.

"Bueno, no sólo a ti te están desquiciando las hormonas", bromeó.

Pero Toshiro Takaishi nunca bromeaba.

FIN P.O.V. Yuriko Hida

O

P.O.V. Daisuke Motomiya

"Es enorme", declaré, "No lo sé, Miya, cuando decías que ibas a construir esta mansión, creí que iba a ser una a escala".

"¡Ay, Daisuke, si serás baka!, siempre dije que iba a ser una tamaño natural, original o como se le llame", se enojó Miyako.

Caminé por el Museo Digimon con la mano en la barbilla. Años atrás había decidido invertir mi fortuna en este proyecto, pero dejar a Miyako Ichijouji como encargada había sido un desacierto. Bueno, sólo en parte.

Ella tomaba decisiones arbitrarias sobre las instalaciones y a cada momento quería renovar el espacio.

No era que mucha gente visitara el museo, porque era nuevo y no había tenido una inauguración oficial, pero si Yolei seguía invirtiendo en tonterías, pues claro que iba a quedar quebrado.

Había construido una Ciudad de los Juguetes de varios kilómetros, había un pueblo vaquero, una aldea de Yokomons, el pueblo del inicio y miles de proyectos más, sumados a la larga enciclopedia de digimons que había en la sala digital y a la biblioteca de niños elegidos.

Todo eso estaba bien, a excepción de la recreación de la Mansión de Devimon que tenía enfrente. Incluso, en el cubículo de la entrada, estaba el retrato de un hermoso ángel igual que el que había engañado a los niños de la primera generación.

"Miyako-san, ¿dónde dejo estas cajas?", preguntó mi hijo.

Kyosuke me había acompañado al Museo Digimon porque Yolei tenía esa loca idea de que debido a los últimos acontecimientos todos los elegidos debíamos mudarnos a un espacio amplio.

La loca de mi amiga incluso ya había traído despensa y material de curación para el hijo de Takeru, que según sabía estaba malherido.

"En el comedor, Kyo-chan".

"De acuerdo", sonrió Kyosuke.

"Davis, es una suerte que tu hijo no se parezca a ti", se rió ella.

"¡Pero si somos idénticos!", me defendí.

"Para nada. Kyo-chan es responsable, más alto, guapo y fortachón que tú", comparó, "incluso ha venido a ayudar".

"Lo hizo porque el muy idiota creía que tu hija iba a estar aquí", sostuve.

"Qué grosero eres, además, a ti te encanta la parejita que harían, ¿o me equivoco?", ella frunció el entrecejo, "Y bien, ¿qué opinas de la construcción?; tiene ocho habitaciones, cuatro de ellas están muy amplias... la edificaciónn es muy fiel a la real ¿sabes?, incluso mi Zetty hizo parte de los planos".

"No sé, es un lugar muy espeluznante, a mí me da escalofríos, ¿no estaría mejor utilizar mi estadio de fútbol?, puedo cancelar los juegos pendientes".

"Qué tonto, Davis, ¿dónde crees que vas a acomodar a tanta gente? ¿en los vestidores?, ¡no, claro que no!, utilizaremos el museo, Ken está de acuerdo, dice que parece un hotel".

"Qué más da, si Ichijouji lo dice, se hace", renegué con sarcasmo.

Kyosuke regresó de la cocina y felicitó a Miyako por la mansión.

"Es impresionante", opinó, "aunque, tengo que serle franco, señora, la casa me da escalofríos".

Lo dijo en un tono tan parecido al mío, que me enorgullecí. Miya resopló.

"Tienes razón, Daisuke, éste crío es tu calca".

Lo dijo molesta y se retiró a dar órdenes a sus trabajadores.

"Prepárate, hijo, porque si se convierte en tu suegra te va a hacer la vida imposible", me burlé, y dejando al lado mi desconfianza, entré a ver la dichosa mansión a checarla.

FIN P.O.V. Daisuke Motomiya

O

P.O.V. Osen Izumi

Apunté en mi agenda que Soji Miyagi intentó fugarse tres veces de nosotros.

El primer intento ocurrió en la autopista, mientras yo buscaba en la computadora datos sobre el digimon que Mayumi había encontrado, llamado Calumon. En realidad también tenía abierto mi e-mail, pero Óleo no me había enviado ningún mensaje.

Estaba triste por eso, pero mientras me absorbiera en asuntos del Mundo Digimon, podía distraerme y así evitaba pensar en cosas innecesarias.

La primera semi-huída de Soji-kun fue muy rápida, ni siquiera me di cuenta cuando se quitó el cinturón de seguridad. Influyó que Tulo tuviera encendida Green-Ray con una película; además, Ben le movía al estéreo y mamá-Mimi iba enfrascada en conducir soltando comentarios.

Mi cabeza siempre se cerraba cuando había mucho ruido alrededor y desde que mi padre se había casado con Mimi-san eso ocurría con frecuencia.

Así que no me enteré de que Soji hacía ademanes de querer fugarse hasta que la puerta de la Van que habíamos rentado se abrió y el chico salió de ahí a toda velocidad.

Afortunadamente no pasó a mayores. Ben no tardó en alcanzarlo y le traímos de vuelta.

La segunda tentativa de fuga fue en el hospital al que fuimos a curarle.

Como a Soji-kun se le había abierto la cortada en el abdomen, pasamos a una clínica privada, donde le vendaron de nueva cuenta. Bastó con que mi madrastra se pusiera a platicar con el urgenciólogo para que el nuevo hermano de Taik aprovechara para tratar de perderse de nuestra vista.

Afortunadamente también le detuvimos.

Tulo se las había arreglado para asaltar la farmacia y creerse agente especializado en el crimen (como en su película); Ben y yo estábamos pidiendo disculpas a las enfermeras cuando vimos pasar a nuestro secuestrado.

"¡A la carga, mis valientes!", exclamó Tulo-chan, rumbo a sus aventuras imaginaras en donde se creía o policía, o superhéroe o príncipe, o francamente, lo que fuera.

"¡Que ése insecto no escape!", le había seguido Ben, mientras yo volvía a disculparme con el personal médico y les seguía el paso.

Lo detuvimos en la entrada, porque tomamos un atajo que nos dijo un residente.

"Ya te lo dijimos la primera vez, animal", retó mi hermanastro, "No puedes escapar de nosotros, soy perseverante y la Cerebrito es una genio".

"¿Y yo?", preguntó Tulo.

"Tú eres una cucaracha enharinada", se burló Ben, mientras yo lo reprendía con la mirada.

Mamá-Mimi se había puesto triste después del segundo intento de escape.

"Tenemos qué demostrarle que estar con nosotros vale la pena, chicos, algo estamos haciendo mal", expresó.

La ruta del día había sido la siguiente: tras el desayuno, papá había ido a resolver asuntos de la patria potestad de Soji; nosotros en cambio teníamos el compromiso de ir al Puerto Internacional de Los Ángeles a despedir al señor Michael que se iba a su viaje de Luna de Miel.

Al mismo tiempo Mimi-san planeaba otra estrategia: por mediod e su celular estaba organizando una cena espcial para que mi tío Taichi se encontrara con Soji.

No estaba segura de sentirme cómoda con Soji-kun.

Era como estar viendo a Taik, pero sin su carisma. Soji siempre me miraba fijamente y me decía "Muñeca".

Las muñecas son rubias y de ojos claros. Tienen rizos y los labios de color escarlata. Me eran tan ajenas que jamás había jugado con ellas porque yo era una geek de la computación.

Por eso no tenía sentido que bromeara así conmigo... si apenas nos conocíamos, ¿por qué decía que yo le era agradable?

A mí me gustaba pensar en chicos pero no se lo decía a nadie, ni siquiera a mamá-Mimi o a Hidemi, o a Mayumi. A veces los observaba mucho. En particular era muy curioso ver cómo crecían más que yo y les cambiaba la voz. Se les inflaba la manzana de Adán en el cuello y les comenzaba a crecer barba.

Podía pasar horas imaginando cómo sería Óleo, mi amigo secreto por Internet. Incluso podía sonrojarme si pensaba mucho, situación que no me costaba mucho trabajo.

Pero a Soji no podía sostenerle la mirada por mucho tiempo y me hacía sentir muy insegura que lanzara esos piropos. Me ponía pálida y por alguna extraña razón recordaba a Zetaro Ichijouji de niño, cuando todavía éramos buenos amigos.

Quizá era porque Zet y Soji eran los únicos chicos, además de Óleo, que habían mostrado interés en mí hasta el momento.

Mi mente de 14 años era mucho más compleja que la que tenía a los 9 o 10, de hecho no me aceptaba mucho y trataba lo más posible de permanecer igual que antes.

Me gustaba ser retraída y enfermiza para excusarme de las cosas que me daban pena.

"¡Cerebrito, apúrate!", ordenó Ben, cuando todos estaban ya en el automóvil, listos para arrancar del hospital al puerto.

"Ay, Benji, no le digas así a tu hermana".

El tercer plan de Soji para escapar de su padre no supe su fracasó. Ahí las cosas se dificultaron para mí.

El Puerto Internacional de L.A., también conocido como Bahía de San Pedro, mide aproximadamente 30 kilómetros cuadrados y está unido al de Long Beach, lugar donde pasamos la noche.

En realidad no me pareció un sitio especialmente hermoso, pero el padre de Ben le tenía especial estima porque ahí guardaba sus yates.

Se iba a ir de Honey-Moon a Alaska en un pequeño crucero muy exclusivo, que salía al atardecer en el puerto.

Soji había estado mudo durante la última parte del camino. Ben había dicho abiertamente que era porque estaba frustrado ya que no había sido más listo que él, pero yo creía que el chico sólo tenía miedo.

Era natural querer huir de las cosas que nos disgustaban. Personalmente, yo había estado tratando de escaparme de una cirugía que finalmente ya me habían realizado.

Me daba temor enfrentarme al asma cada vez que me daba un ataque, pero una vez afrontado el miedo, era seguro que uno podía salir adelante.

"¡Ay, Benji, hemos llegado tarde a despedir a tu papá, hay que correr!", chilló Mimi-san.

Aparcó el automóvil cerca del muelle y abrió la puerta del vehículo. El puerto olía a drenaje y a lo lejos se veían unos botes tristes y viejos; supuse que el yate del papá de Ben estaba más al fondo.

"¿Jugamos carreras hasta allá, mami?", propuso Tulo, apuntando las embarcaciones.

"Excelente idea", sonrió mi mamá postiza, quien nunca se resistía a las ocurrencias de mi hermanito.

Ben los miró con desprecio.

"Qué vergüenza me dan, por eso siempre digo que no los conozco ", afirmó al bajar del vehículo, mientras Mimi nos dejaba a cargo e iniciaba una carrera con Tulo al frente.

Corrieron por el puerto entre los norteamericanos, coreanos y latinos que transitaban por ahí.

Los tacones de mama-Mimi crujían, así como la vocecita de Tulo gritando a los turistas "excused me" "Sorry" y otras palabras de cortesía en inglés que papá se había ofrecido a enseñarle para que no soltara las majaderías extranjeras que le instruía Benjamín.

Ben tomó a Soji de las manos y lo sacó del carro. Yo salí tras ellos.

"¿Puedes dejar de actuar como si fueras mi carcelero?", pidió Soji, molesto, "ni siquiera luces mayor que yo, principito".

"¿Cómo me llamaste?", rugió Ben.

"Eso pareces, Ben-kun, un principito, pero con aires de gendarme mediocre", opinó.

Me pareció una puntada de admirar que Soji relacionara a Ben con un príncipe como todos los elegidos de mi generación.

"Ben, el yate de tu papá sale en cinco minutos, tenemos que darnos prisa", aconsejé, cerrando la camioneta.

Mamá-Mimi había dejado las llaves en el volante y las luces encendidas, así que yo había tenido que apagar todo para evitar el desgaste de la batería.

Era común que ella olvidara algo, se distraía fácilmente con cualquier cosa y a la vez podía resolver muchas cuestiones al mismo tiempo.

Ella no era capaz de aislarse, como yo, pero bien podía conectar una llamada telefónica con cinco amigas a la vez, cocinar y mimar a Tulo. En cierta medida era genial.

"Ya sé, Osen. Tengo que despedirme de mi viejo porque YO NO HUYO NI RENIEGO DEL PADRE QUE ME DIO EL DESTINO; NO SOY COMO OTROS", enfatizó sin tacto alguno.

Suspiré apenada. Mi hermanastro siempre hacía ese tipo de groserías.

"..." Soji respondió con silencio. Ben Tachikawa abrió la camioneta otra vez después de arrebatarme las llaves, hurgó entre los juguetes de Tulo y sacó unas esposas.

Sin darme tiempo de reaccionar, ancló la muñeca de Soji de un lado y la mía del otro.

"¡¿Pero qué haces, Ben?", reclamé.

"Ahorro tiempo", respondió muy orgulloso de su idea, "Si te encadeno a él con estas esposas de la cucarachita me aseguraré de que tú lo conduzcas sola al puerto", explicó, aunque no tenía sentido lo que había hecho, "Soji no puede correr por su herida miserable y yo llevo prisa... así ganamos todos, yo me apuro para despedir a mi daddy, tú le guías a él hasta allá y el clon de Taiki no se escapa".

"¿Te das cuenta de que estoy oyendo tu plan maligno, verdad?", ironizó Soji.

"¿Y qué?" dijo él, "ni que pudieras escapar"

"¡Espera, Ben, espera!", me angustié cuando vi partir a mi hermanastro a toda prisa y alejarse del estacionamiento.

Quise adelantarme, pero casi tropecé al olvidar que traía una cadena unida al gemelo de Taiki y Hidemi.

"Tu hermano ha tenido una excelente idea, Muñeca", afirmó Soji, "Es un poco tonto, ¿no se dio cuenta de que eres más pequeña en indefensa que yo?".

Podría decir que en este momento, si no hago algo, el tercer intento de fuga de Soji puede hacerse realidad.

"Y dime, preciosa, ¿no te gustaría fugarte conmigo?".

FIN P.O.V. Osen Izumi

O

¡Gracias!

Eso es lo primero que me viene a la mente después de que soportaron leer toda esa masa de letras e ideas que salieron de mi cabecita para este fic.

Este fue el capítulo más largo que he escrito jamás en mi historia como escritora y reportera, je. Así que gracias por acompañarme en todas las escenas del fic, que resultó tener nada más y nada menos que 12 narradores en primera persona.

Necesitaba acabar con estas escenas para poder avanzar en la historia, aún así espero no haya sido muy tedioso… por mi parte, invertí bastante tiempo en terminarlo y me gustó meterme a la cabeza de todos esos personajes; creo que pasaron cosas interesantes: supimos más de la complicada situación de Yuri, casé a Cody, hice que Soji intentara fugarse de los Izumi tres veces, volví a lastimar a Seiyuro, hice que Kurumi atropellara a un digimon demonio, abusé en los latidos del corazón de Doguen –me cae que le dará un infarto a este paso-; describí un poco de lo que siente Tai y hasta me di tiempo de poner a Matt en apuros, porque Jun quiere comprometer a su solecito con su princesa, jaja. Creo que todos los personajes del fic aparecieron en el capi –bueno, en las dos partes del episodio-.

Espero les haya gustado, ojalá pudieran dejarme review… me interesa saber si aún siguen en sintonía con el fic.

Sigo sin saber qué será el hijo de Yuri y Toshi. Como leyeron, Yuri prefiere un niño, o eso dijo. También sigo en la búsqueda de nombres, gracias por sus sugerencias, espero me lleguen – a través de ustedes- más ideas.

Y bueno, antes de despedirme les tengo un extra. La verdad es que como en los últimos meses he leído fics de los hijos de los elegidos muy buenos, comencé a notar que dichos autores realizaron una elección muy buena de nombres para los personajes. Eso hizo que me pusiera a pensar, ¿por qué yo no hice eso y escogí nombres de manera random?, y… además… ¿qué significan los nombres de mis niños de la Fusión Prohibida?

Me puse a investigar y eso es un poco de lo que encontré sobre el significado de los nombres que elegí (curiosamente en unos casos le atiné al carácter del personaje).

Significado de nombres

Osen: presuntamente significa "Mil". En realidad no me convence esa idea. Otra amiga mencionó que Osen significa "Contaminación" (que me convence todavía menos, jaja). Saqué este nombre de un libro de literatura japonesa.

Toshiro: Talento, inteligente (aquí le atiné, ¿no?).

Kyosuke: Respetuoso.

Kotaro: Hijo brillante, hijo resplandeciente. O pequeño primer hijo varón.

Mayumi: Belleza verdadera.

Kurumi: Nuez.

Zetaro: No lo encontré. (Si alguien sabe lo que significa, estaría encantada de saberlo. Saqué el nombre de este personaje del mismo sitio que del de Osen).

Satoru: Aprendiz rápido o algo relacionado a un veloz aprendizaje (le atiné. Mi nueva versión de Sato-kun es la un niño precoz que quiere saber todo).

Soji (Shoji): Segundo hijo volador.

Taiki: Brillo; radiante.

Yuriko: Pequeño lirio

Seiyuro/Seijuro: no lo encontré. (Pasa lo mismo que en el caso de Zet… si alguien sabe lo que significa el nombre, estaré encantada de saberlo… pero en el caso de Seiyuro puedo afirmar que el nombre existe, incluso así se llamaba el maestro de Kenshin, en la serie de Rurouni Kenshin).

Minagawa: No lo encontré, pero es un hecho que se usa más como apellido que como nombre.

Doguen: era un maestro budista japonés, parece… ajá. No tengo idea de qué signifique.

Hidemi: Fruta espléndida.

Tulo: Nombre de un personaje del libro "El don de la estrella", que leí cuando era niña. Quiero pensar que es una variante de Tulio, que significa: elevado por Dios.

Benjamín: Aquél que es el último nacido o Hijo de mi diestra o Hijo de dicha.

O

Bueno, eso es todo. Espero sus comentarios, sus dudas y sus opiniones.

¡Feliz año nuevamente!

CieloCriss