Ya hace tiempo de mi última actualización, pero estoy contenta de que no haya pasado más tiempo antes de publicar este capítulo. El tema de la historia sigue siendo la paternidad y las ganas de darles vida a los elegidos y sus hijos.

Como resumen, podemos decir que en el episodio pasado Tai se reencontró con su hijo perdido Soji, apareció un digimon demonio llamado Lucemon Falldown Mode que intentó llevarse al trillizo a sabe dónde y además le llamó "emblema apócrifo"… por otra parte, Yuri y Toshi fueron a la ginecóloga a ver lo del bebé.

Y bueno, en esta entrega sabremos qué más pasó con Seiyuro y otras tramas seguirán resolviéndose.

Muchas gracias por sus comentarios. Este capi está dedicado a todas aquellas personas que me han leído y a todas las que han escrito fics futuristas de este tipo.

Bueno, les dejo con la lectura. Esta vez no hay POV, sino mezclas raras de narrador omnisciente y en tercera persona, pero espero no haya quedado tan mal.

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A p Ó c r I f O

Por CieloCriss

6

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Odaiba, Japón

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La cirugía de Seiyuro Takaishi fue larga.

El doctor Kido se quitó los guantes y la bata, luego salió del quirófano y fue a la sala de espera del hospital, para dar informes a sus amigos.

Lo primero que les mencionó fue que el cirujano le había dado 20 puntadas a Sei en la herida.

"Entonces mi sobrino tendrá una cicatriz muy 'mona'", ironizó Yamato Ishida, quien había llegado al hospital poco después de que había iniciado la operación de emergencia.

Takeru Takaishi sonrió de manera forzada, como si aún ante los pesares pudiera ser capaz de encontrarle lo positivo a las tragedias.

"Eso le encantará", dijo de forma cansada.

"A sus novias también les gustará ", consideró Mayumi Ishida, con el mismo tono sarcástico de su padre.

Los Ishida y los Takaishi, a excepción de Kari, asintieron.

Los mellizos Yagami no dijero nada, aunque Hidemi parecía desanimada.

"Tío... tío Joe", preguntó la hija de Tai, "Pero... el tumor de Sei-sama, ¿ha desparecido?".

Jou Kido vio detenidamente a la niña y se acomodó los anteojos.

"No lo sé a ciencia cierta, pero todo indica que sí", respondió el médico, "aunque habrá que esperar, porque el muchacho está delicado y no sabemos a ciencia cierta cómo se comporta una neoplasia hecha de datos digitales".

"Mi Seiyuro vencerá", canturreó Takeru, "¿aunque no habías hablado de que teníamos que trasladar a mi chico a otro refugio, Joe?".

"Sí, claro, hay que sacarle de aquí, porque los oncólogos están muy interesados en el caso de tu hijo... es la primera vez que un tumor explota un vientre y 'sale corriendo'. Sin embargo, primero hay que estabilizar a Seiyuro".

"¿Y cuándo podremos verlo?", preguntó Kyosuke Motomiya, quien estaba sentado a un costado de Taiki.

"Justo eso quería comentarles", expresó el doctor, quien era subdirector de la clínica, "a decir verdad quería pedirles que se fueran a sus casas a descansar, a excepción de los padres, claro está".

"¿Eso quiere decir que no puedo ver a mi hermanito?", preguntó Min, de seis añitos. La noticia le humedeció los ojos al instante.

"Por ahora no, mi amor", arrulló Kari, abrazándola.

"Prefiero que no tenga visitas", dijo Kido, "comprenderán que hay que trasladar a Sei cuanto antes y definitivamente tantas visitas llaman mucho la atención".

En la sala de esperas también estaban los varones Motomiya, Doguen Kido, Miyako Ichijouji y Cody Hida, que acababa de llegar.

"El... el... padre del Llorón tie-ne razón", se escuchó de pronto.

Takeru y compañía alzaron la vista y miraron sorprendidos a Seiyuro. Estaba demacrado a más no poder. Reposaba sobre una silla de ruedas que era arrastrada por una enfermera joven y rechoncha, la cual además cargaba un perchero con un suero.

Sei vestía una bata azul que combinaba con sus ojos y resaltaba su piel. Llevaba una expresión de satisfacción a pesar de que estaba recién operado.

"¡Qué diablos, Sei!", exclamó Takeru, alarmado.

"¡Hermano!", chilló Minagawa. Hikari no dijo nada, sólo se llevó la mano a la boca, soltando un 'oh' muy corto.

Hidemi sintió que le temblaban las piernas.

"¡¿Qué está pasando aquí, enfermera Mizuko?", amonestó el doctor Kido, "¡El paciente apenas acaba de salir del quirófano, ni siquiera había recuperado la conciencia!".

"Cierto, acabo de... despertar... tal vez por eso veo... estrellitas en las paredes", comentó el rubio.

"¡Enfermera Mizuko!", insistió el subdirector.

"Lo lamento, Kido-sensei, es que no pude resistirme", a la mujer se le pintaron las mejillas de rojo, "el paciente es m-muy... convincente, además, dijo que quería ir al baño y... y... mi mejilla, besó mi mejilla… y…".

"¡En toda mi carrera médica nunca había presenciado tal irresponsabilidad, me había tocado que familiares de los pacientes engañaran al personal médico para ver al enfermo antes de lo indicado, pero jamás de los jamases un paciente se había salido de su cama tras seducir a una enfermera después de UNA CIRUGÍA MAYOR, ¡esto es una desgracia!", consideró Joe, arrebatándole la silla de ruedas a la enfermera, "Escuche bien, Mizuko, por esta acción tendrá un reporte. Y además, quiero que dé la orden de que de ahora en adelante a este muchacho sólo lo atiendan enfermeros, ¿escuchó bien?, enfermeros varones".

"Así se habla, papá", opinó Doguen Kido, mientras Seiyuro se ponía aún más lívido debido a los gritos de su médico.

"En cuanto a ti, Seiyuro Takaishi", mandó Joe, quien había dejado muda a toda la audiencia, incluso a Takeru.

"Lo lamento... es que... sabía que no podría ver a todos y quería agradecerles por.. estar aquí... y bueno, de verdad quería ir al sanitario... mmh, eso de la bacinica, pues no me late usarla".

"Silencio", mandó el Kido mayor, "Prohibido hablar, rezongar y todo lo que sea escapar de MI hospital. He soportado que desde pequeño hicieras travesuras a mi hijo Doguen, pero esto es el colmo. Como castigo voy a mandar a que te pongan una sonda en la uretra por tu ... ".

"¡Silencio, Jyou!", regañó Matt, tapando los oídos de su sobrina Min, "hay niños aquí".

"Uy, papá, eso suena doloroso, pobre Sei", juzgó Doguen.

"¡He dicho a callar y a regresarse a sus casas!".

Para ese entonces, todos los internos, residentes, enfermeros y usuarios del hospital veían la escena con miedo e interés mezclados.

Joe miró a la enfermera, quien salió disparada para cumplir las órdenes de su jefe.

Seiyuro despidió a la trabajadora con una sonrisa coqueta, pero apenada.

"A todos, muchas gracias por estar aquí... no llores más, Min-chan", alcanzó a decir a su hermanita, "pero... ¿y Toshi?, ¿no está aquí mi hermano?".

"Ni a Toshi ni a nadie más vas a ver en muchas horas", siguió diciendo Kido, mientras llegaban un par de enfermeros flacos y poco atractivos, que se llevaron a Seiyuro de regreso a su habitación.

"Tengo que admitirlo, eso fue genial", dijo Taiki Yagami.

"¡Eres mi héroe, primo Sei!", agregó Kotaro.

"Hombres tenían que ser, ¿no, Hidemi?...", susurró en bajito Mayumi.

"Seiyuro es impresionante, ¿por qué es tan fuerte?, no lo entiendo, le acaban de operar, y aún así tuvo fuerzas para levantarse, trasladarse a la silla y salir de su habitación", se cuestionó la hija de Tai, absorta en la imagen de Sei.

"Es fácil, Hidemi-chan", respondió Kyo Motomiya, "mi camarada es la esperanza, es natural que haga ese tipo de locuras".

No se dijo nada más, porque para todos, esa afirmación de Kyo era suficiente.

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Yuriko Hida no estuvo consciente de que el tiempo había transcurrido hasta que vio que en el cielo se estaba ocultando el sol.

Era un atardecer parcialmente nublado. Odaiba se dibujaba borroso, pero aún así, través de los nubarrones, se despilfarraban rayos de luz color escarlata.

Había llorado por horas. Había dejado que su novio le consolara como si fuera niña pequeña y se había dejado arropar por el apoyo de Sora Ishida.

Las pocas palabras que había compartido con la portadora del Emblema del Amor le habían hecho recordar a su madre muerta.

La muchacha de 16 años se restregó las lágrimas; Toshiro le retiró las manos, sacó su pañuelo y le secó los surcos de agua que le corrían por las mejillas.

"Todo estará bien, Yuri-chan", susurró a su chica, luego, con la otra mano, le acarició el vientre. -"¿Te sientes bien? ¿Necesitas algo?".

Los dos estaban sentados en el asiento trasero de la autonave de la familia Ishida. Sora conducía sin copiloto entre miles de carros que se agolpaban en una avenida que parecía, en esos momentos, un cuello de botella.

"Estoy bien, Toshiro", respondió la chica, mirando hacia donde estaba la señora Takenochi, quien a su vez también la vio por el espejo retrovisor.

"Sora-san, muchas gracias por todo hoy, les he quitado mucho tiempo...".

"No hay problema, me alegra verlos mejor", dijo Sora, "es una suerte que la doctora les haya atendido aunque perdieran su primera cita… además, es un hecho que teníamos que ir a que comieran algo; no te hace bien dejar de comer, Yuri-chan".

"Opino lo mismo", consideró Toshiro.

Sin saber por qué y después de oír esas palabras, Yuriko rememoró cómo se sentía el gel que le habían untado en su barriga para tomarle el ultrasonido del bebé.

Ésa sensación resbalosa de su vientre le había hecho pensar por primera vez en que tendría un hijo. Justo en ese momento Yuri sabía que había comprendido que se convertiría en madre. No de muñecas, no de mascotas, no de sueños. Iba a ser una mamá tan real como lo había sido Hiromi Hida.

Toshiro lucía muy desvelado. Bajo sus ojos rubíes llevaba unas ojeras que no estaban en juego con su piel.

Yuriko deseó que su hijo se pareciera a Toshi. Le gustaba la entereza de su novio y la capacidad de afrontar problemas que éste tenía.

Lo quería mucho, pero no tenía idea de si el cariño entre los dos sobreviviría.

Aún sentía que lo estaba encadenando. ¿Qué iba a pasar ahora con los planes de Toshiro de irse a estudiar al extranjero? ¿Cómo iban a mantener a un bebé?...

Otra lágrima se le salió. De nueva cuenta, Toshi se la secó con el pañuelo.

El muchacho sacó el celudigital de su bolsillo. En todo el día no había atendido el móvil, ni siquiera lo había encendido.

"Tía Sora, voy a llamar para ver cómo está Seiyuro", tartamudeó Toshiro, "de cualquier manera, ¿tú crees que puedas llevarnos para allá?".

"Claro, sobrino, yo también voy para allá", dijo Sora, "Mayumi, Kotaro y Yamato siguen en el hospital".

Yuriko observó la manera temblorosa con la que Toshi marcaba en su celudigital.

Su Takaishi predilecto se le mostraba inseguro. No tenía idea de cómo se sentía su novio, pero a ella le daba la impresión de que estaba muy alterado y hacía todo lo posible por mostrarse calmada ante ella, para hacerla sentir mejor.

Cuando le contestaron, el nuevo portador de la Luz se inundó en una conversación telefónica con su madre.

"¿Cómo dices, mamá?", soltó inmediatamente, "¿Es en serio?", "Lo lamento, mamá", "Vamos para allá, mamá", "¿Pero está bien Sei, mamá?".

Todas las frases las terminaba con un "mamá" que ponía a Yuriko con los nervios alterados.

Colgó. Toshi se jaló los cabellos y escondió su cabeza entre los brazos.

Sora se orilló por la avenida para ver lo que le sucedía a su sobrino.

"Toshiro-kun...", llamó. Yuri permaneció silente. "¿Qué ha pasado".

"... Es Sei, tía Sora", deletreó Toshiro, "Le han operado de emergencia... al parecer... aquello que tenía dentro... el tumor que lo tenía tan mal, le ha roto el estómago por dentro...".

Yuri dio un grito y se abrazó el vientre.

"Han sido esas tinieblas... esas que le contagió LadyDevimon", lamentó Toshi, con la voz más indefinida, "... creo... creo que ha salido bien de la cirugía... pero yo no he estado ahí. Mi hermano se pudo haber muerto y yo ni siquiera tuve mi celular en funciones".

"Es culpa mía, Toshi-kun, perdóname".

"No, Yuri, no digas tonterías, mi hijo y tú son mi prioridad", sollozó Toshiro, "pero entiéndeme, Seiyuro no sólo es mi hermano del alma, también es mi sangre".

Sora Ishida se enterneció. Apagó el motor de la camioneta a la orilla del camino, se bajó del vehículo y se las arregló para abrazar a los dos chicos en cuanto abrió las puertas traseras.

"Mis niños, todo estará bien", les susurró.

Yuriko correspondió el abrazo enseguida. Estaba ávida de consuelo materno. Sólo con ese tipo de arrullos podría comprender lo que significaba la maternidad.

Toshiro quedó tieso, como un robot.

"Tía, por favor, llévamos al hospital", rogó Toshiro. La pelirroja Takenouchi le asintió.

"Todo estará bien", repitió.

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Taiki suspiró cuando la enfermera entrometida los llamó a él y a Hidemi para avisarles que Akane Fujiyama había despertado.

El muchacho evitó respirar esos momentos, en cambio, su melliza se echó a llorar con una enjundia que Taik envidió irremediablemente. Se acordó de cuando era niño y podía dejar correr las lágrimas sin remordimiento alguno.

Ahora las cosas eran diferentes. No era que se reprimiera porque era varón, ni porque estuviera convirtiéndose en adulto, sino porque no valía la pena llorar por una madre que había abandonado a sus hijos.

Aún cuando él hubiera participado en el atropellamiento que había sufrido esa mujer y eso le hacía sentir fatal –y con ganas de ir a prisión-, el hijo mayor de Tai no se dobló.

Sólo se mordió los labios con disgusto.

Hacía apenas unos minutos que Seiyuro Takaishi había cometido la locura de levantarse de la cama recién operado, lo que había conmocionado a todos en la sala de esperas.

"¿Mamá está bien? ¿Podemos verla?", chilló Hidemi a la enfermera mientras se limpiaba las lágrimas.

"En cuanto le comenté que sus hijos estaban aquí, ella me ha rogado que los mande llamar", respondió la trabajadora.

"Pues que te vaya bien con esa mujer, Hidemi, que yo no la veré ni a rastras", declaró Taik.

Hidemi suspiró, tomó del brazo a su hermano.

"¿Ni siquiera porque dices que la atropellaste?, ¿acaso no te quieres disculpar?", cuestionó la morena.

"Bueno, ella no me pidió perdón por abandonarme", recalcó inmediatamente Taiki, mientras la enfermera palidecía al ser testigo de ese secreto.

"¿Y acaso nuestro padre te ha inculcado ser vengativo y rencoroso?", alzó la voz Hidemi.

"Yo no soy mi padre", se apresuró a contestar Taiki.

"Me queda claro que no eres como papá, a quien te pareces es a Akane, porque ella piensa como tú, cada vez que algo no sale como quiere, evita hablar de frente, quizás por eso no heredaste el emblema del Valor", dijo Hide con poca mesura y una crueldad que no se conocía.

Se puso pálida, como si le remordiera la conciencia por haber abierto la boca. Después de unos segundos, la enfermera soltó un suspiró de angustia que notaron los gemelos de inmediato.

"¡Lo lamento!, dejaré que hablen, búsquenme en urgencias si se deciden, niños", dijo la mujer.

"Espere", Taiki la detuvo del brazo con amabilidad, la enfermera le miró los ojos brillosos y le notó la voz temblorosa, "llévenos con esa señora, lo que ha dicho mi hermanita es verdad, le tengo que pedir perdón".

Todavía descontrolada por haberle subido la voz a su hermano, Hidemi apresuró el paso hacia la sala donde reposaba su madre, mientras Taiki seguía tímidamente a la encargada.

"Cuando tenga un hijo", dijo la enfermera, "quiero que sea así como tú".

Taiki se enrojeció.

Antes de irse, notó que Mayumi Ishida le observaba desde lejos.

Los dos compenetraron sus miradas. Los ojos zafiros de ella resplandecieron; los de él, todavía iluminados, le devolvieron la vista con temor.

Taik Yagami deseó con fuerza conocer lo que significaban las miradas de su mejor amiga.

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"Te digo que ha salido bien, Kurumi, incluso le he visto, porque el muy bestia se ha salido de la cama recién operado, pero no sé más detalles, mi tío Joe nos ha mandado a casa porque dice desquiciamos el hospital", describió la voz Kyousuke por el teléfono.

Estaba en el lobby de la clínica. No hablaba por su móvil, sino por el teléfono de la recepción.

La recepcionista miraba con desaprobación al Motomiya, mientras éste gritaba a través del auricular. En ocasiones le exclamaba "Shhhhh" para que se callara, pero ni con eso el moreno se sentía aludido.

Doguen Kido, que estaba al lado de su primo, sí que estaba colorado. Había sido él quien había concedido a Kyosuke el teléfono, porque el celular no tenía buena señal dentro de la clínica.

Tenía cierto poder en el hospital porque era el hijo del subdirector, pero le molestaba abusar de la confianza del personal médico.

"Cuelga ya, Kyo", rogaba el miope, "y no grites tanto, perturbas al personal de la salud que está salvando vidas ¿te enteras?".

"¿Que qué, Kurumi?, ¡no te escucho!, espera un poco", Kyo se separó del teléfono, "Doguen, estate callado, no me dejas escuchar a Kurumi-chan".

"¡Llevas casi media hora hablando con esa mujer loca y la enfermera necesita el teléfono!", regañó Doguen, "La orden de mi papá fue que los marcháramos a casa y dejáramos descansar a Seiyuro... si tanto quieres ver a tu semi-novia, ve a mi casa y ayúdale a cuidar de Calumon".

"Shhhhhhh", repitió la enfermera, esta vez su regaño iba dirigido a Doguen, quien se puso todavía más colorado.

"Oh, dios, discúlpeme señorita... yo no soy del tipo de chico que hace imprudencias en un hospital, en realidad, sería incapaz de perturbar la paz de este sitio sagrado y...".

"Shhhhhh", insistió la mujer, que no parecía tener un buen día.

"¡Esto es el colmo!, sólo le estaba explicando las cosas, enfermera", reiteró el joven Kido.

"Ni hablar, Kurumi, Doguen está haciendo un berrinche, te llamo después", Kyo finalizó la llamada, le tapó la boca a Doguen y le sonrió a la trabajadora de manera afable.

"Ya nos vamos".

El par de primos se alejó del lobby principal del hospital y fue hacia la sala de espera donde todavía estaban varios de los elegidos.

Takeru y Hikari estaban sentados en uno de los sillones. Estaban callados, jorobados de manera simulada y con las manos descansando en sus rodillas.

A Kyo le parecía que estaban sincronizados.

La pequeña Min estaba en los brazos de Kotaro, que caminaba de un lado para otro con el objetivo de distraerla.

Mayumi estaba escuchando música con su brazalete digital, mientras que Yamato y Iori se tomaban un té.

Daisuke y Miyako murmuraban algo en el otro sillón.

Los gemelos Yagami se habían retirado, por lo que Kyosuke preguntó por ellos.

May dijo brevemente que les habían mandado llamar los médicos.

"¿Estarán teniendo un encuentro con su madre, 'Yumi?", indagó Kyo.

"¿Tú que crees, 'Suke?", aportó May con ironía, sin mostrar alguna preocupación especial por el suceso.

"Todo esto es una locura", opinó Doguen, "primero le pasa eso a Seiyuro, luego aparece esa mujer descorazonada que abandonó a sus propios hijos, Calumon sale de la nada y los digimons malignos empiezan a atacar, ¿qué falta ahora?, ¿que haya un temblor? ¿Que aparezca un nuevo demonio? ¿Que el señor Yagami tenga otro hijo perdido?".

"Waaaaaa", soltó Kotaro al escuchar a Doguen, se puso pálido, como si guardara un secreto y se alejó todavía más con Min en brazos.

Mayumi miró a su hermano y suspiró.

"¿Qué le pasa a Kotty?", preguntó Kyosuke.

"Es que sabe algo que nosotros no", murmuró Mayumi, todavía con el rostro impreciso, como si estuviera ensayando qué tipo de cara quedaba mejor para la ocasión.

"Te equivocas, yo no sé ningún secreto", tartamudeó el chico de apenas 12 años.

Mayumi lo interrogó con sus inquisidores ojos azules, o eso le pareció a Kyo. Minagawa ocultó la carita en el hombro de su primo Ishida y suspiró, sin prestar atención a la conversación.

"Bueno, sí sé un secreto, ¡pero no les voy a decir!", insistió Kotaro, sin embargo, no se alejó de Doguen, Kyo y su hermana, al contrario, se acercó a ellos mientras mecía a la niña rubia en sus brazos.

"¿Es mi imaginación, o quiere que le preguntemos?", cuestionó Doguen Kido a Mayumi.

"Quiere que le saquemos hasta la última gota del presunto secreto", afirmó May, como preparando las palabras para absorber los presuntos conocimientos secretos de su hermano.

No hicieron falta las preguntas, Kotty Ishida ya estaba abriendo la boca para derramar lo que sabía, cuando Iori Hida se terminó el té y se puso de pie en medio de la sala de espera.

Kyo notó a Cody algo pálido. Como siempre, llevaba traje sastre, aunque esta vez traía puesta una corbata de rombos verdes que combinada con sus ojos.

"Sé que no es el mejor lugar", dijo con la voz algo ronca.

Kyo y su padre se miraron fugazmente y por un instantes, aunque ninguno de los dos se distinguía por ser inteligente, comprendieron que Cody les daría una sorpresa.

"Es mejor ser sincero y no andarme con rodeos, como me lo aconsejó Sora".

"¿Algo que te aconsejó Sora?", se asombró Yamato. Kotaro se olvidó del secreto que iba a declarar; Mayumi entornó sus preciosos ojos de océanos hacia el abogado.

Incluso, Hikari y Takeru también fueron capaces de desprenderse de su pena un instante para mirar a quien fuera el menor de los elegidos.

Todos le notaban devastado desde la muerte de Hiromi Hida, pero esa tarde, bajo la luz blanca de un pasillo de hospital, había algo diferente en el rostro de ese hombre.

"Ya, Cody, no nos tengas en ascuas", exigió Daisuke, mientras Miyako se limpiaba las gafas. "¿O qué, quieres que corramos a los chicos para que puedas hablar a gusto?".

"No hace falta, es una... buena noticia", consideró Iori.

"Te escuchamos", dijo Takeru.

Kyosuke se mordió los labios y se sonrojó un poco. Era muy extraño que los adultos dieran a conocer noticias importantes en presencia de ellos.

Doguen en cambio estaba pálido.

"Me he casado", esas fueron las palabras de Cody.

Y luego hubo un silencio.

"¿Qué tonterías estás diciendo, Cody?", reclamó la señora Ichijouji. Al oírla, Kyo recordó a Kurumi en un instante.

"Mi nueva esposa y su hija ahora son parte de mi familia", declaró, "se llama Noriko, ustedes la conocen, fue una niña elegida que estuvo manipulada por una semilla de la oscuridad en el 2002".

Nadie esperaba la noticia de un matrimonio en una sala de esperas de un hospital. Davis estaba boquiabierto.

Kyosuke se dio cuenta de que él también, por lo que en cuanto pudo cerró la boca.

"¡Es una reverenda tontería!", chilló Miyako. Al fondo volvió a escucharse el 'Shhhh' de la enfermera histérica. "¿Es en serio?".

"Tan en serio como que fuiste mi vecina durante mi infancia", enfatizó él.

Yamato murmuró un débil "felicidades", pero a leguas se notaba que seguía pensando qué tenía que ver Sora en todo ese embrollo.

Takeru y Hikari abrieron los ojos como platos.

"Le deseo mucha felicidad", entonó Kotaro, sin comprender nada. Min se acababa de dormir en sus brazos.

"Gracias, pequeño", dijo Iori, "Lo lamento... sé que debí avisarles... todo ha sido muy rápido, pero es la vía que he elegido para poder retomar el camino".

"¡Pues yo... yo... yo no te perdono, Cody! ¡No me has dicho que te casabas! ¡No nos has invitado a tu boda! ¡Por kami-sama, ¿al menos le dijiste a tu hija?".

"Ay, Miyako, qué ruidosa, ya ni parece que eres adulta", regañó Daisuke, "¿Qué no te das cuenta de que debes aceptar la decisión de Cody?".

"¡Y encima me regaña el inútil de Daisuke!", Yolei Ichijouji se levantó indignada del sillón. Murmuró unas palabras de disculpa a los Takaishi y salió del hospital indignada.

Cody Hida resopló, no dijo nada más, sólo se sentó en el mismo sofá que compartía con Yamato.

"Se le va a pasar", quiso animar Hikari, pero se notaba que no la calentaba ni el sol.

"No cabe duda", consideró Doguen Kido, "Hoy el mundo se volvió loco... ¡tengo que contarle a papá!".

En cuanto Doguen salió de la sala de esperas -corriendo como un flamenco, pero desgarbado-, a la sala entraron Sora, seguida de Toshiro y Yuriko.

Kyo notó de inmediato que su camarada estaba literalmente destruido.

Estaba más pálido que cuando lo había invadido la oscuridad, llevaba los ojos brillantes, como si estuviera a punto de llorar. Tenía el mismo aspecto del día anterior: la camiseta arrugada y sucia del colegio y los pantalones desgastados.

La corbata del uniforme la traía deshecha y estaba literalmente despeinado.

Yuriko Hida lucía peor. Ella sí que había llorado. Bajo los párpados llevaba unas líneas rojas parecidas a ojeras, pero eran más bien marcas por tanto derramar lágrimas o eso quiso pensar Kyosuke.

Podía adivinar lo que había pasado, seguramente Toshiro había estado consolando a Yuriko por esa extraña noticia del matrimonio de su padre.

Era un hecho que a la niña le había caído de golpe, porque se veía perturbada, cosa que era difícil cuando se hablaba de Yuri.

La hija de Cody Hida era muy estricta cuando se trataba de perder la educación, la sonrisa forzada y el estilo de inquebrantable.

Sora los llevaba sujetos de los hombros. Se le notaba compenetrada con las penas de los chicos, Kyo quiso saber lo que había pasado, por esas caras de funeral que traían.

De nueva cuenta todos dejaron sus propias preocupaciones para ver a los recién llegados.

Kotaro recostó a Minagawa en donde había estado sentada Miyako, iba a salir corriendo a saludar a su madre, pero May lo sostuvo de la camiseta.

La que salió disparada de su asiento fue Kari. Llegó hasta su hijo y lo apresó en sus brazos.

"¿Qué es lo que sucede, Toshi?", le preguntó, "Te he enviado a casa para que descansaras y te dieras una ducha, y regresas 10 horas después, con la misma ropa y la cara llena de pesar, ¿qué ha pasado?".

"Nada", se apresuró a mentir Toshiro.

Kyosuke sabía que su amigo era un mitómano hábil, pero ahora mismo parecía que no sabía el significado de una mentira. La verdad de que algo le preocupaba se le resbalaba como mantequilla en una cacerola.

"No nos ha atacado ningún Digimon", se apresuró a aclarar.

"Quizá, pero algo no está bien…", lagrimó Hikari.

"Lo lamento, ha sido culpa mía, Hikari-san", dijo Yuriko Hida en bajito, "hemos tenido una pelea...".

Nadie dijo nada más al respecto. El ambiente quedó hecho hielo, porque si el noviazgo de Toshiro y Yuriko era discreto, más lo eran sus peleas.

Yuri jadeó, fue hasta donde estaba su padre y lo saludó con una reverencia, Cody trató de sonreírle, pero la chica no le respondió, sino que se acercó a Kyosuke y a Mayumi.

A Toshiro no lo soltó Hikari.

Sora, por su parte, fue al sillón donde estaba su marido. Kotaro por fin se soltó del yugo de su hermana mayor y fue hacia su progenitora.

"Mamá, mi primo Sei salió de su cuarto recién operado y el tío Joe ha prohibido las visitas", informó tan rápido como le permitieron las palabras.

Toshiro los escuchó claramente.

"¿Cómo ha sido posible que saliera de la cama recién operado?", preguntó con curiosidad.

"Ya conoces lo ocurrente que es tu hermano del alma ", dijo Takeru, levantándose de su asiento para saludar a su hijo de la Luz.

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Los Ángeles, California (*)

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Taichi no supo lo que pasó mientras abrazaba a su hijo. Se le encogía el pecho y sentía que la garganta se le llenaba de flemas. Era una sensación de asfixia que le carcomía.

Soji era de una estructura frágil. Tai lo sabía con sólo estrujarlo.

No era que fuera a quebrarlo con sus brazos, la sensación que le daba al Yagami era que mientras más fuerte lo rodeara, más le odiaría su hijo.

Quizá, ese abrazo le dolía mucho a los dos. Pero era necesario.

Le había dicho que era perfecto y era verdad. Al menos así lo sentía en esos momentos el Yagami.

Atrás, los llantos de Tulo se oían más altos que las olas del puerto.

Benjamín Tachikawa respiraba inquieto, reponiéndose del ataque del digimon demonio que había estado a punto de robarse de nuevo a Soji, aunque esta vez para siempre.

"¡Tulo!", fue Osen la primera que habló. De reojo, Taichi pudo ver a la pelirrojita que había criado acariciar la melena de su hermanito, quien era incapaz de decir nada.

Parecía que todos los Izumi estaban en shock, aunque Tai comprendió que el que más terror sentía en esos momentos era él.

Soji no decía nada, ni se movía.

Koushiro revisaba a Tulo por todas partes. El niño de 5 años tenía una herida en la frente que desparramaba algo de sangre, lo que seguro lo tenía muy asustado.

Parecía estar perdido y sus manitas estaban aferradas a su padre con ahínco.

Taichi deseó que Soji también lo sujetara así, pero su trillizo, el más chiquito según le había informado Ken, estaba hecho una estatua del color de la luna llena de esa noche.

"Tranquilo, hijito, vamos a que te revisen, ¿quieres?", Tulo le chilló más a Izzy, "El doctor seguramente te dará una paleta, lindo, y a Ben no le darán nada".

"El... el sombrero de Min", fue lo que tartamudeó el nene antes de seguir llorando.

Ben enfocó a Tai y a Soji después de esa conversación. Soltó un suspiro seguido de una sonrisa que sólo sabía sacar la propia Mimi, según recordaba el ex embajador.

Al tiempo, Izzy y su hija también notaron el encuentro.

"Enhorabuena, Tai", mencionó formalmente Koushiro.

Taichi se separó de Soji, lo sujetó de los hombros y miró brevemente a los demás.

"Ve a que un médico revise a tu chiquito, Izzy", dijo.

"Sí", respondió el Izumi, poniéndose de pie. "Niños, vamos a la enfermería del puerto. Ben, avisa a tu madre lo que ha pasado... a-allá los esperaremos, Tai".

Se alejaron al instante. O así lo sintió Taichi, porque cuando los Izumi se fueron, el corazón le arrebató latidos más fuertes a su cuerpo y volvió a abrazar a su hijo perdido, al que nunca le había llorado siquiera.

No se imaginaba que iba a quererlo desde que lo tocara. El cariño que le había nacido de repente se podía comparar con la inmensa simpatía que había significado la sonrisa de Hidemi o el primer gol que había anotado Taiki en la guardería.

"Eres mi Soji", le dijo otra vez cuando se separaron, pero el muchacho no le dirigió la mirada, la desvió hacia el mar.

No decía nada, no temblaba ni de felicidad, ni de ira.

Koushiro ya le había advertido a Taichi que le iba a ser difícil entablar una relación con Soji, pero el mayor de los Yagami no sabía que eso iba a dolerle tanto.

El rechazo de un ser querido ardía en el pecho; le formaba flemas.

El ruido de un buque los distrajo a los dos. Soji se soltó de Taichi y se dio media vuelta, dándole la espalda.

"No quieres hablar", adivinó Taichi. "No voy a obligarte, ¿sabes?... yo sólo... por el momento, me conformo con conocerte".

Tenía el cabello más corto que sus otros trillizos. Traía puesta ropa de Ben, o eso consideró Taichi.

"No hay problema", dijo Soji, con unas palabras tan frías como el fresco que hacía en Los Ángeles esa noche, "tengo que hablar con usted de cualquier forma, señor Yagami".

Fue como un cubetazo de agua fría para Tai. No sabía que de una figura tan parecida a la suya cuando joven podía salir esa voz sin entonación.

¿Y dónde estaba el sentimiento, fuera odio o alegría?, ¿Por qué Soji no le había correspondido el abrazo o por el contrario no lo había empujado?

La indiferencia era lo que más le dolía a Taichi Yagami.

"Hace un mal clima, cuando un digimon aparece en la Tierra deja una neblina que hiela la piel, ¿te apetece si buscamos un café?".

"Prefiero que la plática sea aquí mismo, señor Yagami", respondió otra vez el muchacho.

Tai notó que el chico se sujetaba ligeramente el abdomen. Los ojos del niño parecían tener mucha vida, pero la boca estaba tan seria como si estuviera presenciando un funeral de un extraño.

¡Pero él no era un extraño, maldita sea! ¡Era su padre, le gustara o no al chico!

"Tienes dolor", volvió a preguntar Taichi, "¿Te llevo a la enfermería?".

Soji no respondió esa pregunta.

"Le agradezco que me salvara de la situación extraordinaria en la que me encontraba con ese monstruo", expresó, de nuevo con una indiferencia que no le cupo en la cabeza a Tai, "a decir verdad no entiendo lo que hace aquí a mi lado después de tanto tiempo. Sé perfectamente el vínculo que nos une, pero por el momento no estoy acostumbrado a esas relaciones y francamente no me interesan".

"¿Eh?", fue lo que atinó a decir el papá, "¿que no te interesa?".

"No tengo deseos de jugar a tener un padre, no soy un hijo que busque a su papá. De cualquier manera, se le agradece el repentino interés y aceptaré el que quiera darme el apoyo económico que remuerda a su conciencia, pero entienda que yo tengo mi vida aquí, no tengo deseos de ir a Japón, ni de conocer a su hijo... acudiré a las autoridades y pediré emanciparme, o en el mejor de los casos, podría internarme otra vez en un internado".

Taichi chasqueó los dientes.

"Diablos…", dejó salir, sin darse cuenta, "no me digas eso de que quieres independizarte o que estás buscando quedarte aquí, todavía no digas eso, primero tenemos que hablar".

Miró fijamente a Soji, a su hijo. Éste tenía los ojos llenos de incomodidad. El primer elegido del Valor se sintió más impotente que la vez en la que su Agumon había sido manipulado por una espiral maligna.

El chico se apretó un poco más el vientre, Tai resopló.

"Estás sangrando, ¿no es así?", le preguntó, "me lo ha dicho Izzy, que tienes hemofilia o algo así… vamos a que te vea un doctor".

Hizo el intento de tomarle la mano, pero Soji Miyagi dio un paso atrás.

"No me toque", pidió de manera formal.

"¿Eh? ¿Que no te toque?, pues soy tu padre y si te quiero llevar al médico, te voy a llevar al médico", renegó.

"Usted no tiene derecho a hacerse llamar así ante mí", respondió el muchacho, de nuevo con la voz fría, pero esta vez se escuchó algo tembloroso.

La marea del puerto comenzó a subir y a hacerse ruidosa. A Taichi se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no soltó ninguna. Ya era totalmente de noche, aunque el firmamento no mostraba ninguna estrella.

También era un cielo con luna huérfana, justo como el corazón de su hijo.

"Lo lamento", fue lo que pudo decir Taichi, "De verdad lo lamento, estoy asustado…".

"Descuide", respondió Soji, "sólo le pido que piense en mis condiciones. Si usted quiere comprometerse con su paternidad, le propongo que me deje aquí, en algún internado para que siga estudiando".

"Vamos a sentarnos a esa banca", desvió el tema Taichi, apuntando una banca de madera roída por la salinidad y la humedad del mar de California.

El que suspiró esta vez fue Soji, pero obedeció inmediatamente, de modo que los dos se sentaron y dirigieron sus miradas hacia el paisaje. Por un instante, Tai intentó adivinar dónde terminaba el océano y comenzaba el cielo, pero le fue imposible decidirse.

"Bien, ¿qué es lo que quiere hablar?", preguntó finalmente el chico, cuya forma de actuar era casi opuesta a Taiki y a Hidemi. Soji hablaba como adulto, como uno más maduro que Tai, o eso le dio por pensar al ex líder.

"Quiero que conozcas mi historia", pidió, "no sé lo que sabes de mí, pero se nota que te disgusto, aún así soy tu padre, así que tienes que conocer sobre mí… yo, por mi parte, también quiero conocer sobre ti".

"No deseo conocer su historia, señor Yagami", interrumpió Soji, "Sé lo suficiente".

"¿Lo suficiente, dices?, ¡pero si no he dicho nada, chico!", se quejó Yagami.

"No necesita decir nada", Soji se levantó de la banca, ahora temblaba más, "sólo le diré que sé que usted es mi progenitor desde hace muchos años".

"Fue ese demonio digimon, ¿cierto?, él te quería llevar con él ¿o me equivoco?, ¿acaso esa bestia te ha dicho cosas sobre mí?", preguntó Taichi.

Soji despabiló un poco sus ojos castaños, aunque no dijo nada.

"Ya veo… te ha dicho algo, estoy seguro… pero no lo entiendo, ¿cómo puede tener más peso que mi versión lo que te haya dicho un digimon maligno que quería llevarte con él por ese hoyo negro?", reclamó.

El chico desvió la mirada.

"Ya le agradecí que me salvara de esa extraña criatura, si quiere le doy las gracias otra vez".

"No se trata de eso, sólo piénsalo, Soji, ¿por qué le crees más a ese monstruo que a mí?, ¡tienes que escuchar mi parte y tienes que darme la oportunidad de quererte!", exclamó Taichi, casi fuera de sí.

"¿Y acaso no es lógico que usted prefiriera al otro chico que a mí?", preguntó de repente Soji, "es igual a mí, pero está sano y tiene una sonrisa muy amena, cuando los vi a ustedes dos, hace ya muchos años, supe que él era mejor que yo y que usted lo había elegido a él… y eso está bien, ¿acaso no es mejor que esté sano y sonría tan bonito?", Taichi quedó anonadado.

"Además, yo no lo necesito a usted ni a ese otro yo ¿entiende?".

"Tú… Soji… ¿tú me viste a mí y a Taiki cuando eras pequeño?", el muchacho le asintió a Yagami, a quien las lágrimas comenzaron a desgarrársele en la cara.

El papá no pudo evitarlo, se le echó encima a Soji y le abrazó con mucha fuerza otra vez.

"Cuando nos viste, ¿creíste que te había abandonado por tenerlo sólo a él?", Soji quedó tieso, "¡eso jamás hubiera pasado, yo los habría amado por igual!, cómo quisiera haberte visto en ese entonces, Soji…".

"Por favor, no me toque", insistió el chico, todavía tieso.

"No sé qué diablos ha pasado con tu vida, hijo, Ken dice que Akane te abandonó en el hospital y de ahí te fuiste a orfanatos, yo no tenía idea de que tú me esperaras …".

Finalmente Soji logró zafarse de su padre, lo empujó un poco. Su interminable sangrado ya se notaba en la camiseta y en el pantalón.

"No quiero escuchar su historia, ya le dije que por el momento no me interesa, sólo déjeme permanecer con mi vida como estaba".

Taichi Yagami le dio un suave coscorrón a su chico.

"Eres tan terco como yo", sonrió, "Por supuesto que no te voy a dejar con tu vida tal como estaba, o qué, ¿te gusta deberle miles de dólares a la mafia coreana y a los yakuzas exiliados en L.A.? ¿Te apetece ir sin rumbo fijo por Nevada y California haciendo apuestas?, y sobre todo", Tai rebuscó en los documentos que llevaba en el bolsillo, sacó una hoja arrugada, la estiró con empeño y la mostró a su trillizo, "¿No crees que sería un desperdicio que sigas sin estudiar teniendo tan buenas calificaciones?".

Soji observó que su "presunto" padre llevaba su boleta de calificaciones del último curso que había estudiado en Japón.

"¿Cómo es que usted tiene eso?", cuestionó.

"Mi detective me ha dado todo lo que halló sobre ti, pero eso no importa, lo que importa son las notas de este papel, ¡están geniales!, estoy sin respiración, Taiki es un idiota y Hidemi tampoco tiene interés en sacar buenas calificaciones, pero parece que por fin Taichi Yagami tendrá entre su descendencia a un genio".

"No lo entiendo", mugió Soji.

"Olvida eso, campeón, es lo de menos. Mi mejor alegría ahora es encontrarte, muero por llevarte a casa con tus hermanos".

"¿Hermanos?, ¿quiere decir que hay más que ese otro chico que es igual a mí, pero mejor?", antes de que Tai respondiera, Soji bufó, "olvídelo, no quiero ir a Japón, ya se lo expliqué… si usted no lo entiende, me independizaré pediendo ayuda al gobierno de Estados Unidos, además de que no existen pruebas que indiquen que usted y yo compartimos sangre… no sé si lo ha notado, pero la mía parece estar contaminada".

"Soji", llamó Tai, poniéndose de pie con algo de rudeza, "Yo soy tu padre, tu sangre es tan sangrada como la de todo el mundo, incluyendo la mía y la de tus hermanos. Soy tu padre y de una vez te advierto que soy un político poderoso, por lo que intentar emanciparte sería una tontería que no podrías llevar a cabo. Soy tu padre y ya me perdí tus primeros 15 años de vida, así que ni loco voy a dejarte a tu suerte en este país de yankis".

"Ya veo", fue la respuesta escueta de Soji, "pues me da la misma, señor Yagami, haga usted lo que quiera conmigo".

Y entonces, Taichi comprendió que ni Soji ni la luna eran los únicos huérfanos del cielo esa noche, también estaba él.

O

Odaiba, Japón.

O

"Toshi, creo que necesitas descansar", aconsejó Hikari, con el rostro preocupado. Su hijo mayor lucía tan desesperado como cuando la voz de la Fusión Prohibida lo había envenenado.

"Estoy bien, mamá", aseguró una vez más el canelo.

"No… no quiero meterme en tu relación con Yuriko-chan, hijo, pero… en realidad ha pasado otra cosa, ¿no es así?", insistió Kari.

"Por supuesto que no", respondió Toshiro con firmeza. Madre e hijo platicaban en uno de los sillones del hospital de Odaiba, mientras Takeru hablaba con los médicos encargados de Seiyuro.

El resto de los elegidos y sus hijos aún estaban esparcidos por el edificio. Sora y Yamato habían ido a la cafetería; los gemelos Yagami estaban con su madre; Daisuke charlaba con Iori, mientras que los chicos miraban de un lado a otro, aparentemente hastiados de permanecer ahí.

Minagawa Takaishi dormitaba en el otro sillón, su primo Kotaro la había cubierto con su chamarra, para que no sintiera frío.

"Me duele que me mientas, ¿sabes?", fue la respuesta de Hikari, "pero por lo menos me obedecerás y te llevaré a casa para que te duches y duermas un poco".

"Claro que no mamá, me quedaré cuidando a Seiyuro".

"Creo que lo mejor será que sigas el consejo de tu madre, Toshi", intervino Takeru, regresando de con los especialistas, "Sei no podrá recibir visitas y seré yo quien se quede con él de cualquier manera".

"No estuve aquí cuando él se despertó, papá-Takeru", reclamó el chico, "¿No podría quedarme en tu lugar?".

"No", dijeron los esposos Takaishi al mismo tiempo.

Toshiro suspiró con resignación. Como nunca discutía con sus padres, nunca sabía como defenderse y hacer valer su voluntad.

"Pero Kari, si me permites, prefiero ser yo el que lleve a Min y a Toshiro a casa", pidió Tk, "Si voy a quedarme aquí en la noche, me apetece darme un baño antes, comer y traerme algo para leer, ¿crees que sea posible que me lleve a los chicos y me esperes un poco para que puedas irte a descansar?".

"Por supuesto, querido", dijo la mujer sin chistar, "además, aún tengo que resolver la situación de mis sobrinos y tengo que llamar a Taichi… quiero saber si todo va bien en Estados Unidos".

"Tai estará bien, amor", dijo con firmeza el escritor.

Hikari y Takeru se sonrieron. Toshiro volvió a suspirar, como si envidiara de repente lo bien que se llevaban sus padres.

Se levantó y recogió a Min del sillón continuo. Caminó hasta sus amigos y le regresó su chamarra a Kotaro Ishida.

"La has cuidado muy bien, Kotaro-kun", felicitó Toshiro.

"Es que adoro a Min-chan, primo Toshi", admitió el pelirrojito.

El muchacho le dio la razón, era muy difícil no enamorarse de la ternura que expedía su hermana. A Mayumi le dedicó una mirada, a Kyosuke le hizo un gesto de despedida y a su novia un escueto 'te quiero'.

Luego reverenció a los adultos, incluyendo a su suegro, y regresó con sus padres con Minagawa en sus brazos.

"Estoy listo, papá-Takeru".

"Eso es, nos vamos entonces, Kari, te encargo a Sei".

Toshiro vio que Tk besaba a su madre. De alguna manera, deseó que él y Yuri tuvieran ese tipo de relación que desprendía una devoción que él no sabía ni dar ni recibir.

O

Akane Fujiyama yacía en una enorme camilla blanca. La sala tenía cupo para cinco enfermos más, pero la habitación estaba casi vacía, como si a todos los demás pacientes les hubieran dado vacaciones.

La enfermera les abrió la puerta, pero ni Hidemi ni Taiki se apresuraron a entrar.

"Les dejaré solos, chicos", susurró la mujer.

Los chicos no le respondieron. Hide sonrió con suavidad, todavía llorosa, mientras que Taik soltó un quejido que parecía una afirmación.

En realidad, la mente de los mellizos estaba lejísimos de los buenos deseos de la enfermera. Los dos veían de reojo a su madre, la cual había huido de sus vidas cinco años atrás.

El hijo continuaba pensando que era una mujer con belleza podrida y corazón frío. Además, ella seguía luciendo demasiado joven como para ser una madre.

La hija, por el contrario, seguía considerando que su madre tenía la esperanza de rehabilitarse.

"Taik… no quise decir lo que dije antes", susurró Hidemi, apenada, "Tú no te pareces a mi madre".

"Quien sabe", respondió Taiki, en un tono pardo.

Fue el primero en dar un paso, pero las piernas se le pusieron gelatinosas y se detuvo mientras sentía que le trepidaba todo el cuerpo. Akane le estaba mirando. El pelo negro lo llevaba lacio, largo e intacto, como si se lo acabaran de lavar, pero traía la mejilla parchada, un ojo morado y otras heridas que le dolieron a Taik con sólo verlas.

Ella no decía nada, sólo les observaba.

Cuando Taiki pensó que saldría corriendo de ese cuarto, la mano cálida de Hidemi arropó la suya y le ayudó a caminar hasta la camilla con un valor que el chico quiso tener dentro de sí.

Su hermana nunca corría. Quizá él tampoco, pero siempre estaba punto de flaquear, siempre necesitaba que alguien le forzara a hacer algo.

Ni siquiera la ropa negra, ni el piercing que llevaba en la oreja izquierda, ni el tatuaje que escondía en su tobillo eran capaces de darle el coraje que necesitaba.

Hidemi tenía razón. Él no había heredado el Valor porque siempre quería salir corriendo si la situación no le gustaba… al final nunca se iba o terminaba regresando, pero sólo si había alguien a su lado.

"Mamá…", gimió Hidemi. Se abalanzó a la cama, se inclinó hacia Akane y la tomó de las manos, que eran la única parte –además del cabello- que parecían ilesas, "¡Cómo te he extrañado!".

Taiki quedó paralizado a un par de metros. Era la segunda vez que veía a su madre. Le sorprendió que ésta acariciara el cabello rebelde de su melliza mientras ésta le lloraba.

"¿¡Por qué te fuiste, madre!", reclamaba Hidemi, "Hubiéramos estado juntas de algún modo, ¡ay, mamá!".

Akane se limitaba a sobarla, mientras su mirada estaba posada en los ojos de Taiki. Era como si esperara que el chico también se lanzara a sus brazos.

El hijo de Tai frunció el entrecejo.

"Mi papá no está", avisó Taiki, porque tenía la sensación de que Akane buscaba a Taichi.

"A él no lo estoy buscando", mencionó por primera vez la mujer.

"Tampoco nos estaba buscando a nosotros", aventuró a responder el chico.

Hidemi se separó un poco de su madre.

"Taik, eso no importa, ¡ella ha vuelto y es nuestra madre!", defendió la niña.

"Te equivocas, por supuesto que los estaba buscando, al menos eso he creído todo este tiempo", murmuró Akane a Taiki. Daba la sensación de que hablaba con sabiduría, lo que enfureció al chico.

"No diga esas cosas, usted no nos ha buscado, está claro que sabía dónde encontrarnos, porque en todo este tiempo no nos movimos de domicilio", señaló, "No tiene idea de lo que hizo sufrir a mi hermana con su partida, le lloró noches enteras y ni siquiera le envió una carta o un e-mail en todo ese tiempo, así que no nos time".

"¿Tú me estabas esperando, chico?", preguntó Akane.

"Yo no, señora, ¿por qué habría de esperarla si nunca la extrañé?", respondió Taik, "pero ya no le guardo más rencor, además, creo que por fin estamos a mano, usted me abandonó y yo me he vengado aún sin quererlo, porque yo fui el culpable del accidente que acaba de sufrir".

La mujer negó con la cabeza, por primera vez sus sentimientos quedaron al descubierto.

"Eras … entonces no era él… aún no lo he hallado", gimió y se le derritieron los ojos.

O

En cuanto Toshiro y Takeru se fueron del hospital, Iori Hida caminó hasta Yuriko y le dijo que era hora de ir a casa.

"Quisiera quedarme un poco más para saludar a las enfermeras que cuidaron de mi mamá cuando ella estaba internada aquí", dijo con firmeza la chica.

"Mañana podemos regresar, Yuri, te ves un poco agotada, Noriko me ha dicho que ha hecho una cena especial, es la primera vez que comeremos los cuatro juntos", habló Cody.

Yuriko encogió los hombros.

"Puedo cenar después, por ahora es más importante agradecer a las personas que lucharon por la vida de mi madre que ir a comer con tu nueva esposa, discúlpame por ser tan sincera", dijo la chica.

"Sólo quiero que seas feliz, hija, y quizás no lo veas ahora, pero este nuevo matrimonio nos traerá paz a los dos", creyó el menor de los elegidos, "me iría adelantando, pero si hay digimons al acecho lo mejor será que te espere hasta que saludes a las mujeres que cuidaron de Hiromi".

"Descuida, le pediré a Kyosuke-san que me acompañe a casa", dijo la chica.

"Está bien", se rindió Hida, "por favor cuídate mucho… sé que no te peleaste con el hijo de Kari, sino que el problema es por mí y por Noriko, lo lamento mucho Yuri, ojalá hubiera tenido más conciencia al tomar mis decisiones".

"No te preocupes, padre", Yuriko reverenció a su papá con sequedad y regresó a donde estaban Kyosuke con los niños Ishida.

"… ¡les estoy diciendo que me sé un secreto y no me creen!", renegaba Kotty Ishida, cruzado de brazos. Tenía los ojitos indignados y la boca hecha un óvalo.

"Bueno, si tienes un secreto, escúpelo de una vez, Kotty", se rió Kyosuke.

"¡No me digas Kotty, Kyo!, ¿no ves que ya soy mayor?, en un respiro entraré a la secundaria, en un pestañeo estaré en el instituto y cuando menos lo esperen seré un adulto", reclamó el chaval.

Kyosuke trató de no reírse ante el reclamo, pero no pudo resistirse al rostro molesto del pelirrojito.

La enfermera histérica volvió a decir "¡SHHHHHH!", lo que hizo que el hijo de Daisuke se tapara la boca, para calmarse.

"Kotaro", comentó Mayumi, Yuri se sentó al lado de la rubia, "Es incorrecto andar presumiendo ante las personas que sabes un secreto y no decirlo".

"¿O sea que debo de comentarlo, hermana?", preguntó.

"Por supuesto, porque si en verdad quisieras guardar el secreto ni siquiera habrías mencionado que tienes uno ¿o me equivoco?", el niño asintió, por lo que la hermana mayor continuó: "es como si yo quisiera sacar la carta de amor que te dio esa niña de tu colegio y…".

"¡May-chan, no digas nada!", rogó Kotaro con ansiedad, "¡está bien, les diré el secreto!".

"¿Cuál secreto?", dijo Yuri.

"El papá de Hide y Taiki se fue a Estados Unidos a buscar a un hijo perdido, mi tía Kari y mi mamá dijeron que los gemelos no eran gemelos, sino que eran trimelos, porque en vedad son tres".

"¿Tri-qué?", se extrañó Kyosuke.

"Se dice trillizos, Kotaro-kun, no trimelos", corrigió Yuri. Tanto ella como Kyosuke parecían asombrados de oír esa noticia.

"Bueno, lo que sea, pero es un súper secreto", consideró el Ishida, "¿Verdad, hermana?".

Cuando volvió la mirada hacia donde creía que estaba Mayumi, se dio cuenta de que ésta ya no estaba ahí.

"¡Waaaa, neechan!, ¿a dónde te fuiste?", se asustó.

"Descuida, camaradita, seguramente fue a buscar a Taiki para darle 'toooodoooo' su apoyo", dijo Kyo.

"¿Cómo que 'toooodoooo' su apoyo?", renegó Kotty.

"Lo sabrás cuando leas la carta de amor que escuché que te dio una niña en el colegio; seguro que tratan un asunto similar", se rió Motomiya.

"¡Qué pesado eres!", dijo Kotty, "Le diré a mis papás que vayamos a buscar a mi hermana".

El chico le sacó la lengua al mayor, le sonrió a Yuri y se marchó.

Kyosuke Motomiya resopló, se hizo para atrás el cabello y se masajeó las sienes.

"Imagínate, Yuri-chan, ¡trillizos!, Taichi debe estar vuelto loco, y no creo que los mellizos la pasen de maravilla cuando se enteren de tanto engaño", dijo.

"El que peor la pasará será el chico nuevo", agregó la ojiverde, "la vida es muy complicada, ¿no lo crees, Kyo-san?".

"Ni que lo digas, es más difícil que 14 mil exámenes de cálculo integral al mismo tiempo", sonrió, "pero hay que dar lo mejor en este camino".

Yuriko le sonrió.

"Sigues volviéndote cada día un mejor chico".

"Bah, soy un fraude, ni siquiera puedo conseguirme a Kurumi de novia", el chico se desinfló.

"La conseguirás", predijo Yuri, "por cierto… quiero pedirte un favor".

"Claro, el que quieras", adelantó Motomiya.

"Es que necesito ver a Seiyuro-san y necesito que me cubras las espaldas y me acompañes", explicó la castaña, "conozco a varias enfermeras, así que pasar los filtros de seguridad no será problema, pero con los médicos es otra cosa".

"Entiendo, ¿pero no sería mejor decirle a Doguen?, digo, él sí que tiene facilidades en este hospital", propuso.

"No. Es que a Doguen-kun no le gusta romper las reglas, además, lo que voy a decirle a Sei sólo lo puedes oír tú".

El moreno se enrojeció, miró a todas partes y finalmente confirmó que Yuriko se había referido a él.

"¿Es sobre Toshi?", se animó a preguntar.

"Hai", respondió Yuriko.

"Traes los ojos hinchados, ¿te la ha hecho pasar un mal rato mi camarada?".

"No".

Motomiya volvió a masajearse las sienes y se acomodó los lentes oscuro que siempre enredaba entre sus cabellos tintos.

Cuando menos pensó, Yuri lo tomó de la mano y lo arrastró tras él.

Caminaron por varios pasillos hasta que llegaron con la jefa de enfermeras, con la cual Yuri intercambió algunas palabras.

"La enfermera me ha dado permiso", comentó Yuri, "pero sólo un par de minutos y sin que nos vea el doctor Kido".

"Ellas atendieron a la señora Hiromi, ¿verdad?"

"Sí, gracias al cariño que les trae el recuerdo de mi madre me darán este permiso de ver a Sei".

O

Seiyuro estaba en terapia intermedia, en una habitación privada, donde la pared era de cristal. Yuriko vio al hermano de su novio tirado en una cama y con los ojos cerrados.

Parecía zombie y eso la horrorizó.

Tras ponerse el cubrebocas y el gorro que le habían dado entró a la habitación lo más firme que pudo.

Sei abrió los ojos de inmediato, aunque casi al instante los volvió a cerrar.

"… no, la sonda en la uretra no, por favor", rogó con voz queda.

Kyosuke se rió con fuerza y Yuriko se sonrojó.

"Ya me contarás si duele, camarada", dijo por fin Kyo, "pero por ahora somos nosotros".

Sei trató de sentarse, de arreglarse la cara y sonreír, pero lo único que pudo hacer ante su debilidad fue volver a abrir los ojos y no cerrarlos.

"Kyo, eres tú", saludó, "Eres lo máximo, te la jugaste para verme".

"También viene Yuri".

"¿Yuri-chan?", esta vez Sei sí pudo mover su cuerpo hasta sentarse, ya que la niña Hida era una dama y él siempre debía de ser un caballero.

"Hola, Sei, ¿cómo te sientes?", preguntó.

"Bien… ¿no viene Toshi contigo?", Seiyuro cuestionó presuroso.

"Se lo han llevado al departamento a la fuerza", se apresuró a decir Kyo, "pero quería verte".

Seiyuro pareció desinflarse.

"Debe seguir enojado conmigo por ocultarle lo de LadyDevimon, no lo culpo", meditó el rubio Takaishi.

Tanto Kyosuke como Yuriko negaron.

"No es así", aseguró la chica, "él sólo está sufriendo mucho, y yo… yo tengo la culpa, por eso quiero hablar con ustedes dos y hacerles una petición egoísta".

"¿Eh?", Kyo se rascó la cabeza, confundido.

"Ninguna petición de Yuri-chan sería egoísta", se apresuró a piropear Seiyuro.

Yuri caminó hasta la puerta de la pequeña habitación y la entrecerró. Recorrió las cortinas y le indicó a Kyo que hiciera guardia cerca de la entrada.

Enseguida, la chica acercó un banquito hacia Seiyuro y se sentó. Tomó la mano del rubio y lanzó varias respiraciones en la pieza.

Kyosuke estaba asustado por las acciones de la muchacha, pero era Seiyuro el que lucía más sorprendido.

"A Toshi le duele que estés mal, Seiyuro, a todos nos duele", murmuró la de mirada esmeralda, "Pero yo quiero ser exigente contigo y rogarte que te recuperes, porque necesitamos de tu esperanza", Yuri alzó la cabeza hacia Kyo, "también necesitamos de tu valor, Kyo".

"¿Qué sucede, linda?", quiso saber Sei.

"Antes, deben prometerme que me darán su valor y su esperanza", subrayó.

"Lo prometo", dijo rápidamente Kyosuke, con el temor de que de repente Yuriko se echara a llorar si le decía que no.

"Lo mismo", le siguió Sei, "pero iré a paso más lento, creo".

Yuri asintió agradecida.

"Ustedes son los mejores amigos de Toshiro y estoy segura de que él quiere platicarles lo que está pasando, pero yo le he pedido que no diga nada, que guarde el secreto y que se vuelva una tumba…".

"Toshi justamente me dijo ayer que tenía un mejor secreto que el mío y que no me lo iba a decir, ¿pues qué es lo que pasa, Yuri?", se intrigó Sei. Respiraba aprisa y estaba tan blanco como un bakemon.

"Soy una tonta, es que yo… bueno… es que aquí", ella señaló su vientre, "llevo un bebito".

La mandíbula de Kyosuke se abrió de par en par en un gesto idéntico al de su padre.

"¡¿Qué?, ¿un bebito? ¿en tu barriga?, es decir, ¿cómo?, ¡¿estás embarazada?, o sea, embarazada como las cigüeñas, ¡no no! ¡digo!, no las cigüeñas, sino que tú y Toshi… ¿tú y Toshi HICIERON un bebé?, oh dios, ¡en nueve meses tendrás un bebé!", se escandalizó el Motomiya. Su cara parecía un arco iris.

"Ahora me explico por qué no pasaste biología", dijo Sei a Kyo.

Con la fuerza que le permitía su convalecencia, el rubio apretó la mano de Yuriko.

"Es una noticia maravillosa", le dijo, "¿Estás muy asustada por el imprevisto, cierto?"

La adolescente asintió; Sei hizo el esfuerzo de sentarse todavía mejor y le secó las lágrimas a su ex primer amor.

"Es que yo… es mi culpa", susurró.

"¿Cómo que tu culpa?, no digas tonterías, seguro que Toshiro también tuvo algo que ver", algo debió pasar por la mente de Kyosuke, que lo puso rojo como un tomate.

"No iba a decirle a nadie por el momento, pero ayer se lo confesé a Toshi y hoy la señora Ishida se enteró por accidente… cuando llegué aquí, no supe lo que me pasó, pero sentí la necesidad de decírtelo, Seiyuro, porque Toshi necesita ayuda", dijo temblorosa.

"No me la creo, me voy a convertir en tío", alucinó Sei, "¿puedo tocar tu barriga, Yuri?".

"¿Mi vientre?", ella se cubrió de momento el abdomen con sus brazos, pero al ver la mirada de añoranza de Sei se acercó un poco y permitió que el chico subiera su mano hasta donde crecía el niño.

"Hola, soy Sei, el mejor de los mejores tíos del mundo", le susurró a la pancita, "Ahorita el tío Sei está medio enfermito, pero mientras naces, te prometo que me podré más fuerte y guapo que un Angemon y velaré por ti como si fuera tu ángel de la guarda… tu papá, es decir mi hermanito, no tendrá queja alguna de mí, porque seré el padrino más guay del universo".

Para ese entonces Yuri sonreía. Kyo también acariciaba el vientre de su amiga.

"¡Pardiez!, ya no te preocupes, Yuri, todo estará bien", aconsejó.

La hija de Cody asintió.

"¡Te vamos a cuidar mucho!", aseguró Kyo, "Incluso si Toshi se pone rebelde le daremos algunos coscorrones".

"Kyo, Toshi jamás se portaría mal con Yuri ante una situación así", dijo Sei, "¿Cierto, Yuri-chan?".

"Sí…".

"Aún así a mí me cuesta trabajo pensar que Toshi y tú… ehhh, hicieron, ehh… ¡Arggg!, ¡yo ni siquiera he besado a Kurumi!", se desquició el moreno.

"No le prestes atención a Kyo, Yuri".

"Descuida, Seiyuro… creo que me alegra oírle decir esas palabras tan sencillas, me hacían falta sus sonrisas y palabras sinceras".

"A la orden, cuñada", mencionó Sei, "será difícil recibir a un pequeño ahora que son tan jóvenes, pero nunca antes un bebé será tan querido y tendrá tantos tíos que le idolatren".

Yuriko Hida asintió con júbilo por primera vez en años

"Gracias", murmuró, luego miró al hijo de Daisuke, "Por cierto, Kyo-san, te doy permiso de que le digas a Kurumi que estoy esperando un bebé, estoy segura de que eso te ayudará un poco en su relación".

"¿Eso podría ayudarme a que ella se enamore de mí?, no lo creo", creyó él.

"Yuri tiene razón, seguramente que si le dices a Kurumi este secreto sufrirá alguna revuelta emocional que hará que ella baje la guardia, entonces le deberás robar un beso cuando se ponga vulnerable", dijo Sei, quien a esas alturas de la conversación parecía haber olvidado que estaba recién operado otra vez.

"Lo dudo", suspiró Kyo, "pero lo intentaré".

Los tres sonrieron.

"Hablando de Kurumi, ¡tengo que irme a cuidar al nuevo digimon!", recordó Kyo, dándose un manotazo en la frente.

"Y yo quedé con papá de que debía volver a casa", agregó Yuri, "nos veremos luego, Sei, tienes que ponerte sano pronto".

"Esa es la misión de todo Takaishi, más aún si viene un Takaishi nuevo", declamó el rubio.

"¡¿Pero qué hacen USTEDES aquí?", bramó una voz, abriendo la puerta de la habitación de Seiyuro.

Por un momento, los chicos creyeron que se trataba del doctor Kido, pero al girarse, descubrieron la escuálida y larga figura de Doguen.

"Cada día te pareces más a tu papá, primo", confesó Kyo.

"No grites así, Doguen-kun", pidió Yuri, tocándose la barriga de manera inconsciente.

"Mi padre ha prohibido las visitas ¿se enteran?, no me extraña de ti, Kyosuke, porque eres el primo más descarado del mundo, pero ¿Yuri-san?, ¿es que te han arrastrado a romper las reglas?, ¿y Toshiro no estará por ahí, escondido?".

Seiyuro soltó la carcajada.

"Hey, Llorón, si están prohibidas las visitas, ¿qué diablos haces tú en mi cuarto? ¿qué no te desespero y me detestas? ¿No me digas que querías visitarme?", preguntó Seiyuro.

"¡Yo sólo quería revisar que estuvieras vivo!", vociferó el Kido, "Pero sigues siendo un malagradecido, ¡en fin!, Kyosuke, Yuriko, hay que irnos antes de que metan en problemas a mi papá".

"¡Yo también te quiero, Llorón!", gritó Seiyuro antes de que Doguen le diera un portazo a la puerta de su habitación.

El muchacho se dejó caer en el colchón, exhausto.

"No me lo puedo creer… de verdad mi hermano del alma tendrá un hijo antes que yo".

Cerró los ojos poco a poco.

Ahora no había oscuridad capaz de hacerle desfallecer su confianza.

O

Fueron a casa en taxi sin platicar.

Las luces de la ciudad le relampagueaban los ojos a Toshiro y por intervalos los cerraba del cansancio. Prácticamente llevaba dos días sin dormir y con la angustia quemándole por dentro.

Seguía llevando a Min en su regazo, lo que le había ayudado un poco a disminuir su ansiedad. La respiración de su hermanita era constante y parecía tener el efecto de una aspirina.

Si tenía a la pequeña en sus brazos, ni el tráfico eterno de Tokio, ni las luces intensas de los autos, ni el ruido de los coches o la mirada de su padre podían atormentarlo más.

Porque Toshiro tenía muy claro que si quería sobrevivir a un hijo, a la oscuridad y a la persecución de Dragomon, tenía que desarrollar resiliencia, es decir, la capacidad de superar sus propias adversidades.

Cuando entraron a la casa, Toshi sintió un nudo en la garganta al notar que la sala de estar estaba revuelta en vidrios. Todavía se veía el bat de béisbol con el que Seiyuro había amenazado a la familia, y por el ventanal, corría un aire helado muy parecido al que se había llevado volando el sombrero de Wizardmon.

"Iré a acostar a Mina", avisó el muchacho, "luego limpiaré ese desorden, papá-Takeru".

"Nada de eso. Iremos a acostar a Minagawa los dos juntos y luego platicaremos", corrigió el escritor.

Toshiro se desinfló, pero no discutió. Estaba claro que su padre le haría un extenso cuestionario para que le explicara el porqué de su desaparición de esa tarde, incluso, le preguntaría de qué había sido la pelea que había tenido con Yuri.

Negó para sí mismo. Ya había tenido demasiadas discusiones y emociones en el día. Por el momento, el castaño se concentró en quitarle los zapatitos rosados a Min, mientras el papá le quitaba a la niña los moñitos que tenía en el cabello.

"No querrá dormir solita, se despertará con pesadillas", se apresuró a decir Toshiro, cuando vio que Takeru iba a llevar a la niña a su pieza.

"Tienes razón. Dormirá con Hikari".

"No, mejor acuéstala en mi cuarto, en la cama de Sei… yo me encargaré de cuidarla", pidió Toshi, "Mi mamá tardará en llegar y yo puedo vigilarla".

El padre asintió, aunque pareció un poco sorprendido de la petición de su hijo.

La niña siguió dormida cuando la recostaron en la cama. Tenía las mejillas húmedas y los rizos de su cabello ocultándole los párpados. La cubrieron con un edredón y tras salir de la habitación apagaron la luz.

"Mina es un angelito", dijo de repente Toshiro, de manera entrecortada. Ahora, cada vez que veía a su hermana se acordaba de que tendría un hijo.

"Lo es. Tú también lo fuiste; podría decir que Sei tuvo sólo lucía como uno, porque era un pequeño demonio encantador", sonrió Tk, "Ahora lávate la cara y ven a mi despacho ¿quieres, Toshi?".

"Papá-Takeru, quisiera no hablar de nada por el momento", demandó el hijo mayor de Hikari.

"Qué va, yo por el contrario me muero por hablar contigo, es una suerte que yo sea el adulto y tú el pequeño", sonrió el Takaishi.

Toshiro sintió otra pulsada de pánico. Fue al lavabo del baño y se enjuagó la cara con agua caliente. Salió del cuarto de aseo con sigilo y se aclaró la garganta.

"¿Estás seguro de que quieres que charlemos en tu despacho?", preguntó, "Nunca nos dejas entrar ahí".

"Hoy es una ocasión especial. Mi Seiyuro tuvo una cirugía de la que salió airoso y tú y yo tendremos nuestra primera plática seria de padre a hijo", Takeru tomó el antebrazo de Toshi, lo llevó directo a una silla frente a su escritorio y prácticamente lo sentó, como si el chico estuviera discapacitado.

Luego cerró la puerta del estudio y se colocó frente al muchacho, quien parecía embobado con la decoración de la biblioteca prohibida.

El despacho de Takeru estaba lleno de libros, sobre todo de ejemplares de fantasía. Había un estante dedicado a los digimon, donde estaban las novelas de sus aventuras y decenas de fotos de aquellas épocas.

Toshiro sonrió al descubrir que la autora de esas fotos era su mamá.

"Es un lugar estupendo", opinó, "¿Aquel no es un adelanto de tu novela de Fusión Prohibida?"

"Sí, pero no te la voy a enseñar, es un borrador. Como verás, Toshi, este lugar es mi santuario… algo así como lo es la terraza para ti, que es donde juegas ping-pong".

"Esto es aún mejor…", consideró Toshi.

Takeru ya no dijo nada al respecto. Los dos se miraron.

"Iré al grano, Toshiro", dijo Tk, "Porque ni tú ni yo cederíamos con tanto rodeo en una plática".

"Yo no veo la razón por la que tengamos qué platicar… lamento mucho no haberme reportado en todo el día, ya has escuchado a Yuri-chan, nos hemos peleado", se apresuró a decir el castaño.

"En realidad, lo que quería preguntarte es otra cosa", admitió Tk, "Es algo que ya te he cuestionado antes, pero quiero hacerlo una vez más…".

"Adelante, papá-Takeru".

"Cuando te enteraste de que existía la posibilidad de que fuera tu padre, ¿por qué no quisiste hacerte la prueba de ADN?", esas palabras salieron de Takeru con nerviosismo.

"Ya te lo he dicho, es porque no necesito de ninguna prueba de paternidad para quererte como padre", respondió el muchacho de 17 años.

"Eso mismo… pero ¿cuál es la razón verdadera?", insistió el rubio.

Toshiro tomó aire del estudio. Pudo percibir el olor a Digimundo de los libros y el corazón de los digimon resonando en la habitación. Se preguntó por su Salamon, se imaginó que si tuviera a su amigo digital, quizás sería mucho más sincero con él mismo y con los demás.

Pensó que si Salamon estuviera con él, no tendría miedo de contar que se iba a convertir en padre.

"Ésa es la verdad… yo no necesito que me digan que soy tu hijo para aceptarte", insistió, "es sólo que yo no soy expresivo como Seiyuro o como Minagawa".

"En eso te creo, Toshi, pero quiero saber lo que realmente piensas, no lo que crees que la gente espera que digas", reiteró Takeru.

"¿Por qué me haces esa pregunta?", reclamó Toshiro.

"Porque cuando te vi llegar hoy al hospital con el rostro pálido y esas malditas ojeras, me di cuenta de que algo va muy mal entre nosotros dos, porque no eres capaz de decir si algo te preocupa … y yo soy tu papá, Toshi, quiero que dependas de mí, quizá no comprendas ahora lo que es la paternidad, quizá yo te he fallado, ¡pero eres mi hijo y quiero que dependas de mí!", cuando Takeru dijo esas palabras, quedó asombrado al notar que Toshiro se cubría la cara con las manos y se sacudía ligeramente.

"Ya… lo entiendo… trato de entender", dijo entrecortadamente el chico. "¿Quieres saber por qué no me hago esa boba prueba de ADN, no?, ¡es simple!, no me la quiero hacer porque tengo miedo de que no sea tu hijo biológico; sé que es un pretexto infantil, pero es la verdad, me da temor pensar en que siempre no soy tu hijo".

"¡Por supuesto, lo eres!, Hikari también lo intuye así", aseguró Takeru.

"¿Pero entonces por qué mamá me lo ocultó tantos años?, ¿por qué me hicieron llamar papá a otro hombre? ¿por qué no lucharon juntos por mí?", pidió saber.

"No sé lo que quería Kari con su decisión, pero lo mío fue mera estupidez", fue lo pudo decir Takeru.

"Olvídalo, no quería preocuparte", alzó la cara enrojecida, "No estoy llorando, sólo estoy muy cansado, ¿ya terminamos la plática?".

Takeru Takaishi negó.

"¿Estás muy decepcionado de mí, Toshi?", indagó el rubio.

"No es eso".

"Bueno, casi terminamos, sólo una pregunta más… para mí, esto es aún más importante que el examen de paternidad; para mí, esta pregunta será la prueba de que me quieres", dijo.

"Eso suena a chantaje".

"Toshiro, ¿recuerdas lo que me dijiste la noche pasada?, admitiste que tenías un secreto y luego me prometiste que iba a ser el primero en saberlo de tu boca, incluso comentaste que lo sabría antes que tu madre y que Seiyuro", rememoró el papá.

"Lo recuerdo perfectamente, pero no te lo diré todavía", respondió Toshi.

"Dímelo y déjame ser tu padre de una buena vez", exigió Takaishi, como si estuviera dando una orden.

El tono de voz de su padre y la mirada celeste del mismo hicieron que Toshiro volviera a derrumbarse en la silla. Se sentía encerrado en su propio secreto y el vientre se le contraía una y otra vez sin parar.

Tenía que decírselo. Aunque fuera un chantaje, aunque después todo se derrumbara y causara decepción en su familia, tenía que abrir la boca antes de que la oscuridad se llevara su espíritu de nueva cuenta.

Apretó sus manos en los descansa-brazos de la silla. Subió su rojiza mirada hacia el que deseaba que fuera su padre. Estaba tan tenso, que parecía que ni siquiera un huracán podía moverlo de donde estaba.

"Dices que yo no comprendo lo que es la paternidad y tienes razón", soltó el muchacho, "pero te ruego que me enseñes a ser papá… porque… porque yo voy a tener un hijo y creo que me voy a volver loco si no aprendo a amarlo".

Takeru se encogió un momento en su asiento. Los párpados, al contrario, le crecieron. Las pupilas se le achicaron, la piel le palideció, apretó los labios y quedó en silencio, mientras que Toshiro temblaba más y volvía a esconderse.

"Oh, Toshi…", dijo Takeru, conmocionado.

En pocos segundos relajó un poco más el cuerpo y se dedicó a observar a su hijito. La cara de Toshiro todavía era la de un niño, sobre todo en esos momentos, en los que traía los ojos hinchados y la ropa desarreglada.

Notaba la tensión que desprendía el chico, parecía estar listo para recibir un regaño, una sanción o un castigo sin misericordia.

Takeru lo percibi´p tan desvalido, que por primera vez lo sintió enteramente suyo. Se levantó, rodeó el escritorio con sus pasos y dejó caer la palma de su mano en la cabellera lacia y marrón del canelo.

Lo acarició lentamente y eso hizo que Toshiro se entiesara todavía más… lucía como si la vergüenza no le cupiera en los pulmones.

"Toshi, haz el favor de mirarme", pidió Tk.

El chico obedeció, miró al papá de sus sueños. Éste le sonreía.

"¿Por qué te estás riendo?", cuestionó Toshiro con inquietud.

"¡Felicidades!", exclamó Takeru con alegría, "¡Voy a ser un abuelo muy joven!".

Esas palabras hicieron que el muchacho diera un salto de su asiento y se alejara del escritor con recelo.

"¿Es una broma?", preguntó con la mano en el pecho, "¿No deberías reprenderme o tan siquiera decirme que estás decepcionado de mí?, ¡embaracé a mi novia de 16 años!".

"No es la situación óptima, no tenía idea de que tú ya tenías ése tipo de relación con Yuri-chan, eso me tiene asustado, además, creo que Iori nos va a matar y tu madre colapsará cuando se entere, pero un bebé siempre debe ser motivo de alegría, ¿no crees? ¿por qué habría de regañarte, hijo?, Además, ¿no te has autocastigado tú lo suficiente?", consideró el escritor.

"Pero… es que… le he arruinado la vida a Yuri, los decepcioné a ustedes… ese maldito Dragomon quiso atacar a mi bebé… oh, dios ¡Mi bebé!", ahora sí Toshiro se quebró, rompió en un llanto silencioso.

Takeru lo atrajo a él y lo abrazó.

"… Lo lamento", sollozó Toshiro, ocultando la cara en la camisa de Tk, "todavía soy un crío".

"Sí, pero no te preocupes, que te enseñaré unos trucos para ser papá", le confesó.

"Gracias… finalmente lo dije… creo que me siento mejor, pero ¿podrías seguir guardando el secreto hasta que Yuri decida?", pidió Toshi.

"Sólo si me cuentas de mi nieto".

"Es niño", dijo rápidamente Toshiro, con la voz abochornada, "tiene más de tres meses de vida y sé que va a tener los ojos azules como tú".

A Takeru se le infló el pecho como nunca antes, apretó más a su hijo.

"Ay, mi Toshiro", le susurró, "eres tan encantador como tu mamá".

Se separaron. Toshi lucía mucho más tranquilo y las lágrimas parecían haberse escampado.

"Es la primera vez que me llamas 'mi Toshiro'… a Sei siempre le dices 'mi Seiyuro' y eso me tenía un poco celoso".

"¿De verdad?".

"Sí…".

Continuará…

O

¡Gracias por leer!

Espero no haya quedado muy pesado el capi, tiene muchísimas escenas, pero es porque manejo a muchos personajes casi al mismo tiempo y quiero darle líneas a todos… esta vez me enfoqué en situaciones muy dramáticas y quizá no avanzó la trama de la aventura, sin embargo, es un hecho que tengo que aclarar la situación sentimental de mis chicos y sus papás.

Para la próxima vez espero ya juntar a los personajes o avanzar más rápido, de modo que se conozcan los triates y pasen ciertas situaciones necesarias en el fic (que no adelantaré).

Así que, ¿les ha gustado?, por favor, déjenme review para saber si todavía me leen y les entretienen mis escritos.

¡Saludos y abrazos para todos!

Por cierto, sigue la encuesta de si prefieren el SojiXOsen o el ZetXOsen. Yo sigo indecisa y me gustaría saber razones de por qué prefieren cierta pareja. Con respecto al nombre del niño de Yuri y Toshi, les agradezco sus opciones.

Se despide, CieloCriss

Les dejo una aclaración:

(*) No medí diferencias de horarios en esta ocasión; lo que quiere decir que puede que la escena de L.A. esté desfasada en tiempo, pero igual quise ponerla en este capi y no esperarme al otro.