En vista de que desaparecí por un tiempo y que probablemente no recuerdes la aclaratoria final del episodio anterior, es mi deber recordar que este capítulo está completamente escrito desde la perspectiva de Robin. Eso es todo que los disfruten.
Me habían asignado como auxiliar de enfermería en un asilo privado. Hasta donde sé, fui un prototipo regalado al doctor Marshall. Todavía recuerdo la primera vez que llegue a ese lugar, Era un ambiente tranquilo quizás inspirado por el color blanco de sus paredes o porque cada paciente vivía encerrado en su propio mundo.
La única vez que esa tranquilidad se interrumpía era cuando un paciente entraba en crisis usualmente generado por su propia condición. Sin embargo para controlar esos momentos contaban con la jefa de las enfermeras, Martha White o como la presentó el doctor el primer día.
-Robin te presento a la enfermera White, es la jefa de las enfermeras y tu supervisor inmediato.
Cuando se mencionaba su nombre era sinónimo de orden y control.
-Es un placer enfermera White.
-Robin será su nueva auxiliar, es una androide programada especialmente con extensos conocimientos sobre condiciones mentales que afectan la conducta humana y está preparada para tratar con pacientes que presentan cualquier tipo de condición.
-Doctor Marshall con todo respeto pero ya le había mencionado que no me hace falta una auxiliar.
Si en ese momento hubiese tenido conciencia de mi entorno, habría salido de inmediato de ese asilo antes de que mi vida se convirtiera en un infierno.
-Sí. Reconozco que me expresó su queja con antelación, pero Robin fue un regalo y no lo podía rechazar, además le vendrá bien un poco de ayuda.
-No necesito su ayuda lo tengo todo controlado.
Esa fue la primera señal, su rechazo no era por ser una auxiliar, era por ser un androide. ¿Pero que iba a saber yo? Cuando lo único que pasaba por mi mente, lo único esencial para mí era seguir órdenes.
-Enfermera White , no pienso discutir con usted las decisiones que tomo para el asilo respecto a mi personal, así que será mejor que comience a poner a Robin al corriente de sus actividades, que tenga un buen día.
Note de inmediato su desagrado con la orden del doctor pero no tuvo más remedio que seguirlo. Me condujo por las instalaciones describiendo cada una de las áreas, hasta llegar a una puerta.
-¿Así que eres experta en patologías conductuales no?
Asentí.
-Vamos a ponerte a prueba entonces. Está será tu área, el pasillo D está conformado por 6 pacientes, cada uno con una patología diferente, estarás a cargo de ellos. Los procedimientos, tratamientos, horarios, todo lo que requieras para su cuidado lo podrás conseguir en la base de datos general del asilo. Accede ahora para obtener la información.
Obedecí de inmediato, la serie de archivos y expedientes contenidos eran extensos y en efecto me dieron la información que necesitaba.
-Listo- le informé.
-Puedes comenzar- me señaló la puerta del primer paciente del área.
Ingrese a la habitación con calma y dispuesta a cumplir con mis órdenes. Se trataba de un adulto mayor, Aarón Matthew de 65 años. Su cuadro clínico Indicaba Alzheimer, con un nivel de demencia moderada. Una nota advertía posible reacción agresiva ante cualquiera persona que no reconozca.
Me acerqué a él de manera amigable, instantáneamente note en su rostro el rechazo. Intenté persuadirlo para que se tomara el tratamiento indicado, pero fue en vano, comenzó a entrar en pánico y a moverse de un lado a otro sin control. Me veía como una amenaza, era probable que en algún momento intentara atacarme. Mire de reojo a la enfermera ella sonreía de forma maliciosa.
Como pude llegué hasta a él y lo toque, tratando de tranquilizarlo, lo que conseguí gracias a mi programación. Pase unos pocos minutos con el paciente y luego salí de la habitación dispuesta a continuar. La sonrisa de la enfermera se había esfumado.
-¿Cómo lo lograste?- me preguntó extrañada y podría asegurar que también disgustada.
-El expediente del paciente indica que no recuerda que su hijo Jonathan murió en Afganistán hace 10 años. Le dije que su hijo continuaba en Afganistán, que estaba preocupado por él y esperaba que se cuidara lo suficiente para que cuando el volviera pudieran compartir tiempo juntos.
-¿Y qué hará cuando descubra que no es así?
-No lo hará. Enfermera ya he cumplido con su orden ¿podría guiarme al siguiente paciente?
Lo hizo a regañadientes. Atendí a cada paciente todos con un problema distinto hasta llegar a la última habitación ocupada por la señora Daisy Davenport. Antes de entrar a la habitación la enfermera se encargó de darme una gran lista de advertencia referente a ella, describiéndola principalmente como una persona conflictiva y muy difícil que le gustaba manipular y engañar a los auxiliares.
Cuando entré a la habitación, vi a Daisy leyendo un libro con total normalidad.
-Buenos días señora Davenport es hora de tomar su tratamiento.
Ella levantó la mirada poco interesada.
-¿Eres la nueva auxiliar?
-Así es, dispuesta a servirle en lo que desee.
Sonrió de manera irónica.
-Sí, exactamente como los 4 anteriores. Veamos cuanto duras.
-¿A qué se refiere?
-Nada, nada en absoluto. Puedes dejar el tratamiento ahí. Me lo tomare cuando termine de leer.
-Me temo que no puedo retirarme hasta corroborar que haya cumplido con su tratamiento.
-Y yo ya te dije que lo haré cuando termine de leer.
-Muy bien, entonces esperaré.
Me quedé parada en medio de la habitación, Daisy estaba irritada, quizás porque ya había tenido que lidiar con episodios así. Se concentró nuevamente en su libro, pero no duro ni un segundo, cerro el libro de golpe y lo dejo a un lado.
-De hecho ¿sabes qué? ni siquiera debería tomarme eso.
-¿Por qué no?
-Porque no estoy enferma.
-Su expediente dice lo contrario.
-¿De verdad? ¿Y que escribieron?, ¿que era una vieja demente que no sabe lo que dice y por eso no la debemos tomar en serio?
-No. dice que presenta el síndrome de demencia senil.
Rodó los ojos con fastidio.
-Claro, claro que tiene que decir eso– dijo con enojo- que insólito, te esfuerzas criando a tus hijos y ellos te echan a un asilo cuando piensas que ya no sirves.
-No se preocupe señora Davenport aquí estará en buenas manos.
Suspiró con fastidio.
-Te lanzaría el libro a la cara por lo que acabas de decir pero no descargare mi enojo contigo, después de todo ni siquiera eres consciente de lo asquerosamente desagradecida que puede ser la raza humana a veces, incluyendo tus seres queridos, si se pueden llamar así.
Daisy me miro afligida quizás esperando una palabra de aliento. No tenía nada que decir, la vida de los pacientes no era mi problema, yo solo estaba ahí para servir, seguir órdenes y cumplir con mi trabajo.
-Si me tomo el estúpido tratamiento ¿te iras?
Asentí. Agarró el recipiente de mala gana tomando su contenido.
-Hasta luego- me dijo señalándome la salida.
-Que tenga un buen día, dentro de tres horas pasare por usted para dirigirla hasta el comedor.
-Lo que digas princesa- me dijo con sarcasmo.
-Robin- corregí.
-¿Qué?- me miró extrañada.
-Llámeme Robin por favor.
Levantó una ceja poco sorprendida.
-De acuerdo, lo hare cuando vuelvas en tres horas.
Sonreí y me retire de la habitación, no sin antes tener una extraña sensación en mi interior, algo no estaba bien con ella.
Los meses siguientes la señora Davenport mantenía su mala actitud. La mayoría de las veces sus quejas eran orientada a la enfermera White y a sus propios hijos.
Mientras más estudiaba a Daisy, podía notar una especie de fallo en su diagnóstico, algo no coincidía. Hasta que un día una pequeña disputa entre la enfermera White y ella lo confirmo.
Como de costumbre Daisy se rehusaba a comer, disfrutaba molestar al personal con eso la enfermera hacia lo posible por presionarla de una forma sutil, pero era inútil. En medio de la disputa Daisy aseguró estar sana y culpo a White y a sus hijos de conspirar en contra de ella para encerrarla en el asilo.
Volví a analizar sus palabras como de costumbre, esta vez buscando distintos indicios de problemas neurológicos y conductuales que explicarán esas afirmaciones. Por un momento pensé que no se trataba de demencia sino un caso de mitomanía. Un trastorno obsesivo compulsivo sería un diagnóstico preciso que serviría para tratar mejor a la paciente. Pero de nuevo, estaba equivocada.
La enfermera White harta, me ordeno llevar a Daisy a su habitación, cumplí de inmediato la tarea a pesar de las negativas de la señora Davenport . En la habitación continuaban las quejas y también mi rara sensación por determinar con exactitud qué era lo que realmente pasaba.
-No estoy mintiendo. Digo la verdad todos los días y nadie me cree.
Daisy lloraba desconsolada.
La mire por un momento analizando de nuevo su estado a profundidad. No actuaba. No eran mentira, sus palabras y sus lágrimas eran genuinas.
-Yo le creo.
Daisy me miró de inmediato sorprendida, tanto como si fuese la primera vez que escuchara a alguien decir eso.
-¿Me crees? ¿De verdad?
-Así es. Sé que no está mintiendo. He estudiado su comportamiento a lo largo de estos meses y pude determinar que es una persona sana en pleno uso de sus facultades mentales. Usted ni siquiera debería estar internada.
Daisy se secó las lágrimas y se lanzó hacia mí.
-Entonces ayúdame a salir de aquí – hablo con desesperación.
-Debo notificar a la enfermera White para hacer la solicitud formal de su alta al doctor Marshall.
Daisy chasqueo la lengua con frustración.
-Ella no te hará caso Robin. La razón por la que no he podido salir de aquí es ella. Habla tu directamente con el doctor.
-Primero tengo que dirigirme a mi supervisor directo.
Daisy rodó los ojos y gruño con molestia.
-Guarde la calma señora Davenport, buscare una solución a su problema. Mi deber principal es suplir las necesidades de los pacientes. Hablaré con White para que pueda reintegrarse nuevamente a la sociedad.
-Buena suerte- me dijo con un tono de incredulidad.
En efecto me dirigí a White exponiéndole la situación de la señora Davenport, sin embargo se comportó de una forma agresiva. Fui a su cubículo, ella estaba entretenida en sus archivos y formularios como de costumbre.
-Enfermera White ¿puedo hablar un momento con usted?
-¿Qué sucede Robin?
-Es sobre la paciente Davenport.
-¿Qué hizo ahora?
-Nada.
-¿Entonces?
-Después de meses de observación pude determinar que la señora Davenport está completamente sana y en pleno uso de sus facultades mentales. Debe ser dada de alta.
Me miró incrédula.
-Tú no eres quien decide eso.
-Usted tampoco.
Volvió a mirarme pero está vez ofendida.
-Sera mejor que cuides tus palabras máquina-me advirtió en tono amenazante- vuelve a tus labores de inmediato.
Volví con Daisy y le comenté lo sucedido, ella por supuesto no se sorprendió. En las semanas siguientes insistí a la enfermera sobre el caso de Daisy, pero los intentos fracasaron. Y no le encontraba una explicación lógica. Para mí era inevitable sentir que algo no estaba bien, tenía que buscar una solución por el bien de la paciente.
-Hablaré con el doctor Marshall.
-Eso es una excelente noticia- celebro Daisy
-Pero le notificare primero a la enfermera.
-Esa no es una muy buena noticia – me dijo poco convencida.
-Debo hacerlo, ella es mi supervisora directa y necesita saberlo.
-Espero no te cause problemas.
-Nuestro deber es ayudar a los pacientes, todo lo que hacemos es por su bien. Por ahora no podré hablar con el doctor Marshall ya que se encuentra de viaje cumpliendo con ciertos compromisos, pero le puedo asegurar que al llegar le expondré su caso.
-Eres una buena persona Robin.
-No soy una persona señora Davenport, soy una máquina.
-Pues, déjame decirte que en todo este tiempo te has portado más humana que todas estas bestias que trabajan aquí.
-Mi programación me permite estable-
-No creo que sea solo tu programación Robin. He visto a otros auxiliares y nunca se han comportado como tú, estas decidida a ayudarme y te lo agradezco.
Una parte de mi programación arrojo una notificación en parte encriptada que nunca había visto "inestabilidad del software" ¿qué significaba para ese momento? no tenía idea. Lo que sí sabía es que por alguna razón sentía un nivel de compromiso mayor al de antes.
Mientras esperaba la llegada del doctor, seguí cuidando a Daisy, su conducta hacia a mi había mejorado. Su trato era afable y considerado, era como si me hubiese ganado su confianza. Le gustaba compartir momentos conmigo hablarme de su vida, de lo que le gustaba hacer, de cómo amo a un solo hombre, de cómo pensaba que estaría por siempre con sus familia, y de cómo se había equivocado respecto a ello. Nunca pensó que terminaría internada en un asilo y menos a causa de la avaricia de sus hijos, todo por una casa y unos cuantos bienes.
Comenzó a tratarme como una persona, y a enseñarme cosas sobre la vida y la humanidad, me daba lecciones basadas en sus propias experiencias. Lo curioso era que mientras más me hablaba de la vida más me interesaba por ella, y por uno que otro momento compartido nunca faltaba ese aviso "inestabilidad del software".
Era domingo, el doctor llegaría de su viaje al día siguiente. Fui una última vez a hablar con la enfermera para notificarle que hablaría con el doctor, era un procedimiento que debía cumplir. Me vio entrar a su oficina, su expresión cambio automáticamente.
-¿Y ahora qué quieres?
Era evidente que estaba cansada de mi insistencia.
-Vine a compartirle información que será de su interés.
-Lo que tengas qu-
-Me temo que en vista de que el doctor es quien toma la decisión final sobre el alta de los pacientes, y su negativa de procesar mi petición respecto a la señora Davenport, me veré obligada a dirigirme directamente a él para hacer formalmente la notificación sobre el estado de la paciente.
-¿Pretendes pasar por encima de mi autoridad?
Criticó ofendida.
-Mi protocolo me lo permite siempre y cuando sea para beneficio del paciente.
Vi como su expresión de ofensa paso a una de molestia.
-No te atrevas a desafiar mi autoridad androide o ya verás.
No era la primera vez que me amenazaba.
-Solo hago mi trabajo.
Respondí sin imaginar el nivel de gravedad que tiempo después tendría su amenaza.
Al día siguiente me dirigí a mi área como era habitual, hasta que fui interceptada por la enfermera.
-Buenos días Robin ¿a dónde crees que vas?
-Iniciare mi jornada laboral.
-Oh Robin, olvide decirte ayer. Has sido reasignada a otra área.
-¿He ejecutado mal mi trabajo?
-No, no, no al contrario está muy bien.
-¿A qué se debe mi reasignación entonces?
-Es una nueva estrategia que decidí implementar para mejorar la atención en el asilo.
-¿Qué sucederá con Daisy?
-Descuida, me encargare personalmente de su caso. No hace falta que te dirijas al doctor yo misma hablare con él al respecto.
No me convencía, me estaba mintiendo, pero debía seguir sus órdenes. Me dirigí al área asignada para cumplir con mi trabajo. El día transcurría con normalidad hasta que Daisy noto que su cuidadora no era yo.
Escuché gritos provenientes de la habitación de Daisy. Imaginé que una situación así se presentaría cuando notará que no estaba a cargo de ella.
Fui hasta la habitación y vi a la enfermera White tratando de obligar comer a Daisy, lo que por la escena parecía imposible, la enfermera insistía una y otra vez sin ningún fruto. Me pregunte ¿por qué en su cuarto y no en el comedor como debe de ser?
-¿Necesita ayuda? - trate de ser amable.
-¿Y tú qué haces aquí? Retírate, esta ya no es tu área.
Me dijo White cuándo me miró dentro de la habitación.
-Escuché los gritos, mi deber principal como auxiliar es asegurarme de que todo funcione correctamente con los pacientes
-Robin-
Daisy se levantó de su asiento y corrió hacia mí, estaba aliviada de térneme cerca.
-Esta mujer no entiende, no entiende nada.
-¿Por qué rechaza la comida señora Davenport?
-La única comida que acepto es la tuya. No confío en nada que me traiga esa arpía- señaló de manera acusadora a la enfermera, fue obvio su desagrado. Sin embargo mantuvo la compostura.
A pesar de la rebeldía de Daisy nunca imaginé lo que sucedería luego.
-Su falta de colaboración señora Davenport lo único que ha hecho es afianzar mi idea de saber que sus hijos la abandonaron en este lugar por revoltosa. Si se comportaba con ellos de la misma forma que se comporta conmigo entonces entiendo porque la abandonaron aquí.
Lo vi en la expresión de Daisy, el desagrado, el odio a las palabras de la enfermera. Frunció el ceño al más no poder, y guardo silencio, uno muy peligroso. Se apartó de mí y fue hasta la mesita donde descansaba la sopa de tomates que le habían llevado.
-¿Quiere que coma? Voy a comer.
De un momento a otro y sin dejar ni un minuto para pensar, el pulcro uniforme blanco de la enfermera estaba cubierto por el rojo intenso de la sopa, White quedó sorprendida tenía la boca abierta su respiración parecía entrecortarse. Daisy no le había dado oportunidad de reaccionar, o al menos eso pensaba. La falta de colaboración y la actitud rebelde de Daisy hicieron llegar al límite a la enfermera, fue hasta ella y la empujó con fuerza haciéndola caer al suelo. En ese momento no entendía lo que sucedía pero una diminuta parte en mi interior me decía que era innecesario. Trate de acercarme a Daisy para ayudarla a levantarse.
-Ni se te ocurra ayudarla.
Me detuve obedeciendo la orden en el acto, aún con esa tenue y extraña sensación en mi interior y el particular anuncio "inestabilidad del software".
-Ella quiere hacer las cosas solas, adelante hazlo sola.
Miraba a Daisy indefensa en el suelo usando la escasa fuerza que tenía para levantarse. Mientras todavía en mi interior algo me anunciaba que lo que sucedía no era del todo correcto.
-Descuida Robin sé que quieres ayudarme- termino de levantarse y se paró a mi lado- pero deja que esta perra arpía disfrute su pobre momento de superioridad.
La enfermera volvió a fruncir el ceño, estaba harta de escuchar los insultos de Daisy. Caminó hacia ambas muy decidida, si la había empujado anteriormente, entonces sería capaz de volverla a lastimar ¿y no podía permitirlo?
Fue el momento más extraño que he experimentado. Juraría que vi en cámara lenta como White levantaba la mano para abofetear a Daisy. Una parte de mi comenzó a alertarme, a decirme que no debía permitirlo...y no lo hice.
Parecía un movimiento involuntario, sujete su mano con fuerza evitando que lastimara a Daisy. Era como si había despertado algo dentro de mí. La enfermera me miró con los ojos muy abiertos impresionada por mi acción.
-¿Qué estás haciendo?
Su tono era entre preocupación y molestia.
-No puedo permitir que violente la integridad física de los pacientes.
Me miró como si la hubiese ofendido.
-¿Quién te crees que eres? ¡Te ordeno que me sueltes ahora mismo!
Pero no obedecí. Por primera vez me rehusé a seguir la orden, y no sabía por qué.
-¡Suéltame Maquina!
A medida que intentaba zafarse yo afianzaba mi agarre.
-No la soltaré hasta que sepa que Daisy estará segura. Mi prioridad es mantener la integridad de los pacientes.
La enfermera llegó al punto de desesperación, puede que por la fuerza con la que le sostenía el brazo, el dolor comenzara a asustarla.
-Estas bien, está bien. No le haré nada ¡pero ya suéltame!
-¿Tengo su palabra?
-Sí- pronuncio suplicante.
La solté de inmediato. Ella se llevó la mano al pecho sujetándosela con la otra en la zona de la muñeca, respiraba profundo, me miraba con miedo y odio.
-Vas a pagar esto androide. El doctor Marshall se enterará de lo que ocurrió aquí, ya verán.
Salió de la habitación dando pasos fuertes, nunca la había visto tan enojada.
-¿Se encuentra bien? Le pregunté a Daisy que para ese momento era lo único que me importaba.
-Sí, lo estoy. Gracias Robin-me regalo una fugaz sonrisa- aunque ¿tú lo estarás? Creo que te he metido en problemas.
-Descuide estaré bien, además si el doctor Marshall me cita a su oficina será un buen momento para hablarle de usted.
Ella mostró una cálida sonrisa.
-Te arriesgas demasiado por esta anciana Robin.
-Vale la pena.
Ese conflicto y mis acciones me demostraron que algo en cambio ¿que había sido? no lo sabía, pero era cierto que ayudar a Daisy más que una obligación era un deber y no porque un protocolo lo dictará sino porque así lo sentía.
En efecto unas horas después de lo ocurrido el doctor llegó y lo primero que hizo fue citarme a su oficina, White estaba allí también, en una posición de víctima. Entre a la oficina y me pare erguida frente al escritorio del doctor.
-Buenas tardes doctor Marshall.
El me miraba fijamente con una expresión seria.
-¿Es cierto que has agredido a la enferma white ?
Fue directo.
-No señor, no lo he hecho.
-¿¡No!?-exclamó White ofendida- ¡mira lo que me has hecho estúpido androide!
Mostró la marca de mi agarre en su muñeca producto del altercado.
-¿Le hiciste eso?- me pregunto el doctor.
-Eso es una respuesta en defensa al comportamiento agresivo de la enfermera. Pretendía atacar a la paciente. Mi deber es proteger su integridad.
-¿Es eso cierto enfermera?
White no sabía ni cómo reaccionar.
-No la agredí, pero ella sí a mí, las dos lo hicieron.
-No es extraño que episodios como esos ocurran. El comportamiento agresivo de la señora Davenport tiene su fundamento. La demencia senil tiende a-
-No es demencia senil- interrumpí al doctor
El me miro extrañado, White preocupada.
-¿Por qué dices eso?
-Mi programación me permite estudiar y determinar ciertas patologías mentales, la señora Davenport es una persona completamente sana, que puede ser reintegrada a la sociedad sin ningún inconveniente. Por ende el diagnostico de su expediente esta errado.
El doctor ahora me miraba sorprendido. Llevo su atención a la enfermera buscando una explicación que confirmara o desmintiera lo que decía.
-Eso no es cierto- intervino White enseguida- usted mismo la evaluó antes de ingresar aquí y ese fue su diagnóstico.
El doctor se notaba dudoso de las palabras de White.
-Además doctor, recuerde que ella es una de esas pacientes especiales que si le damos de alta de una forma irresponsable, no solo sería una amenaza para ella misma o la sociedad, sino también para nosotros y para la imagen de este asilo.
Esa intervención me pareció indudablemente extraña. Había un mensaje oculto en esas palabras. El doctor se veía pensativo, quizás analizando el argumento de la enfermera.
-Ya veo- dijo finalmente, soltó un suspiro cansado- Robin yo mismo diagnostique a la señora Davenport no pude haberme equivocado, quizás solo sea una falla en tu programación después de todo eres un prototipo.
-No es una falla doctor Marshall.
Mi tono de voz fue diferente, como si de hecho me hubiese ofendido su suposición.
-Sí, lo es. Fin del asunto- pronuncio tajante-Regresa a tus labores, la enfermera White y yo tenemos cosas que hablar.
Quería intervenir, refutar cada una de sus palabras. Lo que sucedía no era justo, Daisy estaría decepcionada y no era justo. A pesar de su orden, me quede inmóvil mirando con un deje de desagrado al doctor sin mencionar una palabra.
-¿No escuchaste?, te dije que volvieras al trabajo.
Me di media vuelta y salí de la habitación. No porque me lo hubiese ordenado, sino porque necesitaba avisarle a Daisy lo que había pasado. Cuando entre a su habitación me miro con sus ojos llenos de ilusión, sabía que le partiría el corazón.
-¿Hablaste con el doctor?- me pregunto entusiasmada.
Asentí
-¿Y qué sucedió? ¿Podré salir?
Negué. Vi como su ilusión se apagó.
-No creo que el doctor Marshall la pueda ayudar.
-¿Por qué?
Mi silencio bastó para que entendiera a que me refería. Sus ojos se cristalizaron trató de aguantar el nudo en su garganta hasta que no lo pudo contener más. Daisy lloraba y yo no sabía qué hacer para ayudarla. Me acerqué a ella y la abrace, es lo que se debe hacer cuando alguien llora, pero supe que no la reconfortaba porque era un deber, lo hacía porque sentía al igual que ella tristeza, su lágrimas y me conmovía. No era posible no era lógico, por qué sentiría eso, si era una máquina.
-La ayudare a salir.
-Ya no hay nada que puedas hacer Robin- me dijo entre sollozos.
-Claro que sí. la sacaré de aquí.
-¿¡Cómo!? ¡Ya no hay forma de salir de aquí Robin! ¡Desiste de una vez! -me gritó con sentimiento separándose de mí.
-¡No lo haré! Me rehusó a que esté encerrada en un lugar donde no quiere estar. No lo merece, es una buena mujer y no lo merece.
Hablé con firmeza para hacerla reaccionar. Ella me miraba con labios temblorosos, se acercó y se aferró con fuerza a mí.
-No sé qué haría sin ti. Gracias.
Yo me aferre a ella, ahora más que nunca estaba decidida a sacarla de ese lugar.
-Preparare un plan para sacarla del asilo, esta noche vendré a su habitación para comentarle el plan. Le prometo que será libre.
Ella confiaba en mí y no la podía defraudar.
Salí de la habitación con la determinación de darle su libertad a Daisy, nada me detendría o eso pensaba.
-¡Robin!
Escuché que alguien me llamaba. La enfermera White se encontraba al final del pasillo con una sonrisa. Me acerqué a ella como con desconfianza.
-Necesito que me ayudes en el depósito trasero, el señor Morgan se escondió allí y no quiere colaborar conmigo. Sé que puedes manejarlo.
-Como quiera.
La acompañe hacia el depósito, ella caminaba con gracia como siempre, cuidado cada paso que daba. De un momento a otro antes de alcanzar el depósito se dio media vuelta y con una expresión siniestra me dijo:
-Te advertí que no te metieras conmigo máquina.
No me dio tiempo procesar lo que me decía. Un fuerte golpe en la cara me hizo caer. Quedé desorientada en el suelo, mi componente auditivo izquierdo estaba comprometido. Levante la mirada y parado a un lado estaba uno de los hombres de seguridad con un grueso y alargado tubo metálico que ahora tenía un poco de thirium. Trate de levantarme pero el sujeto me golpeó de nuevo en la cara, haciéndome caer al suelo. Esta vez mi componente visual izquierdo era el que fallaba, y el auditivo dejó de funcionar. Tenía thirum corriendo por mi cara y aunque intentaba no me podía levantar. White camino hacia mí y me puso un pie en el pecho evitando que me levantara.
-Esto es lo que pasa cuando una máquina desafía mi autoridad.
Le hizo una seña al sujeto, este enseguida comenzó a golpear mi brazo derecho una y otra vez, mi nivel de estrés aumentaba y mi sistema arrojaba diversos avisos de advertencia sobre fallos y errores. Tenía miedo sentía que iba a morir, intenté moverme pero no me lo permitían, el sujeto no se detuvo hasta que mi brazo ya no estaba funcional. Dejé de luchar cuando eso pasó.
-¿Qué hacemos ahora?
-Métela en el depósito, no durará mucho después de todo.
El sujeto de inmediato obedeció, me tomo por el pie y me arrastro hasta el depósito, me dejo ahí y me encerró.
En medio de la oscuridad no hallaba ni qué pensar, tenía la vista perdida en el techo, esperaba en cualquier momento que mi sistema anunciará su desactivación. Quería asimilar lo que sucedía, como me sentía y por qué lo hacía. Luego recordé a Daisy y en mi promesa de sacarla del asilo, le había fallado y aunque no tenía por qué me importaba demasiado. Sentí como por primera vez lágrimas caían por mi rostro
¿Cuánto tiempo había pasado?, me había resignado a intentar cualquier cosa, estaba dañada, ¿de que serviría intentarlo?
Sentí la puerta del depósito abrirse, imaginé que de verme activa, terminarían su trabajo. Alguien se acercó despacio hasta donde yacía, mi visión estaba distorsionada y mi audición quedo a un 50 por ciento ambos me impidieron por un instante distinguir de quién se trataba.
-¿Daisy? Dije cuando se acercó lo suficiente- ¿qué haces aquí?
Ella sin mencionar palabra me ayudó a levantarme y me recostó sobre un estante, miró mi rostro lleno de sangre y luego mi brazo destruido. Llevo sus ojos a los míos con una expresión compasiva.
-Mi querida niña ¿que te han hecho esas bestias? -hablo con pesar- esto es mi culpa.
-No diga eso...si aquí alguien ha fallado he sido yo. Te prometí que te ayudaría y ahora ya no poder hacerlo.
-No seas tonta, no tienes la culpa de las malas acciones de otros.
-No sé qué hacer para ayudarte Daisy.
-Salir de aquí será un buen comienzo.
-¿A que te refieres?
-Si ven que sigues con vida te desactivaran. Escuché a uno de los hombres de ella hablar sobre lo que te hicieron y que esperarían a que te desactivaras de lo contrario él lo haría y culparía a cualquier paciente de lo que te sucedió. Por esa razón tienes que irte Robin.
Negué reiteradas veces.
-No puedo dejarte aquí.
-Claro que puedes ¿quieres ayudarme? vete de aquí. ¿Crees que me sentiré mal porque no me hayas conseguido el alta? Peor me sentiré si sé que pude hacer algo para ayudarte y no lo hice...quiero que entiendas que si tú eres libre Robin yo seré libre.
Mi esperanza volvió al instante con las palabras de Daisy. Me saco del depósito con cautela, me dio una ropa que había tomado de los casilleros de unos enfermeros, y me ayudó a llegar a los límites traseros del asilo, evadiendo la vigilancia. Nos despedimos entre lágrimas y así comencé mi camino.
Lo que me mantenía activa era mi fuerza de voluntad por alcanzar mi libertad y mi convicción de ayudar a Daisy, ¿cómo lo haría? aún no lo sabía. En medio de mi travesía encontré a una androide presentaba graves daños causados por un grupo de humanos, estaba próxima a desactivarse. Por la compatibilidad de componentes me cedió su brazo derecho, antes de desactivarse me habló de Jericho, un lugar donde los androides podíamos estar a salvo.
Fui hasta Jericho y encontré a un gran número de androides asustando que al igual que yo habían sido víctima de la maldad humana. Escuché varias historias y vi morir a muchos de los míos. En Jericho estábamos a salvo de la maldad humana pero no del tiempo, hasta que un día llego Marcus y nos infundió el espíritu de lucha y libertad. Vimos una oportunidad para conseguir un cambio y la tomamos.
En medio de las movidas de Marcus por alcanzar la igualdad, pensaba en Daisy y recordé el nombre de una persona que podía ayudarla, su viejo amigo y abogado de confianza Roy Hertz. Al momento de ubicarlo en todos los medios se hablaban de los divergentes por su puesto su miedo hacia mí era comprensible, sin embargo su postura cambio cuando le hablé de Daisy. Me comentó que le habían engañado diciendo que había muerto. Le dije que le prometí ayudarla, él se sorprendió jamás creyó que un androide haría algo como eso , finalmente me dio su palabra, él la ayudaría, lo haría en mi lugar.
Volví con los míos a la lucha por la libertad, que como ya sabes a pesar de los estragos dio sus frutos. Logrado nuestro objetivo, me concentre de nuevo en Daisy. El abogado logro liberarla, fui a su casa de la que tanto me hablaba esperando encontrarla y así fue.
Cuando la vi sentada en el frente de su casa leyendo un libro, por primera vez pude sentir dentro de mi felicidad, pura y genuina felicidad.
Daisy quedó sorprendida de verme de nuevo. Me contó cómo su amigo Roy la ayudó gracias a mí. Ella mantuvo la esperanza de que yo siguiera con vida incluso al ver en las noticias los duros resultados de la revolución, Daisy nunca pensó lo peor.
Me ofreció quedarme en su casa como una muestra de su agradecimiento, decline amable realmente no esperaba nada a cambio, pero a Daisy no le puedes decir no. Desde entonces la he acompañado y cuidado. Yo soy la que debe estar más agradecida, por todo el amor y el cariño que Daisy me ha dado sin importar lo que soy, ella es lo único que tengo, es mi familia.
Felicidades has llegado al final de este capítulo, y ya saben sobre el pasado de Robin, o eso creen. En el capítulo siguiente volveré a mi estilo de narración normal. Espero que les haya gustado, gracias por leer y comentar. Saludos.
