Lo prometido es deuda. En esta ocasión no tardé tanto en actualizar… en total van a quedar tres partes del capítulo 7, pero quise adelantarles esta segunda entrega. En el último capítulo de Apócrifo, los chicos Yagami descubren el secreto de su madre, se enteran de que ella fue prisionera de los Reyes Demonios Digitales y su hermano desaparecido también fue víctima de esos seres, que lo convirtieron en el emblema Apócrifo.
Muchas gracias por su comentarios, es gracias a ustedes que yo sigo con esta historia futurista. En esta parte, retomo personajes que estaban un poquito rezagados, lo que me permitirá, en la próxima entrega, lograr el reencuentro de los trillizos. En esta ocasión, utilizo narrador personaje con tintes de omnipresente, no es un capítulo con escenas fuertes, pero me atrevo a afirmar que hay inicios de romances y... ¡besos!… espero que les guste.
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A p Ó c r I f O
Por CieloCriss
7.2
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Odaiba, Japón.
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El chico se miró las manos ennegrecidas por el grafito del lápiz. Le gustaba que sus dedos tuvieran una capa de ceniza cuando dibujaba. Zetaro podía pasar horas mirándose las manos. Esas manos que le significaban tanto.
Con ellas era capaz de crear lo que fuera: palacios, montañas, digimons, templos, árboles. Con esas manos podía delinear cuerpos desnudos, labios, una silueta de mujer, un amor.
A través de los dibujos, Zet podía expresar los sentimientos que en vivo y en directo ya no parecía poder clamar en voz alta.
Ahora mismo, mientras estaba sentado en el pasto del jardín de la familia Kido, el hijo de Ken y Miyako delineaba la rechoncha y encantadora figura de Calumon, un digimon que habían encontrado los hermanos Ishida.
El digital tenía unos brillantes ojos verdes, un cuerpo blanco yncon orejitas de Dumbo, las cuales crecían y decrecían dependiendo la emoción del momento.
Zet sonrió al identificar que esa pequeña criatura se parecía un poco a él cuando era un niño. En aquel entonces, él sólo se preocupaba por sonreír, iba de un lado para otro con los ojos bien abiertos y con sus crayolas listas para graffitear en la paredes de su hogar o del preescolar.
Suspiró nostálgico, sintiéndose muy lejos del mundo y de los sentimientos. Cuánto los extrañaba. Cuánto habría dado por ponerse de pie y corretear junto con el digital llamado Calumon y su hermano menor, quien perseguía a la criatura con una enorme lupa y un gorro al mero estilo de Sherlock Holmes.
"Regresa acá, Calumon", gritó Satoru, jadeando, "¡tengo qué investigarte!".
Pero aunque Zet quería unírseles, no lo hizo. Suspiró largamente, como quien no tiene esperanza, y volvió a mirarse los dedos bañados de desechos de lápiz.
Iba a volver a dibujar, cuando su hermana mayor, Kurumi Ichijouji, salió de la casa de los Kido con el celular en las manos y la señora Jun tras ella, ofreciéndole un pastelillo.
"Seiyuro ha salido bien de la operación, Kyo dice que el inconsciente todavía tuvo el descaro de ponerse en pie después de la cirugía", avisó la muchacha, quien tenía una cabellera larga y azulada.
"Sei-san es impresionante, quisiera tener su fortaleza", dijo Zet con sinceridad. La respuesta de Kurumi fue un coscorrón.
"¡Tú tienes tu propia fortaleza, Zetty!, basta de hacerte menos y de ponerte a hacer cosas que van en contra de tu naturaleza bondadosa", le regañó, "¿ya le dijiste a Osen que quieres verla para contarle toda la verdad?".
Zetaro le dio la espalda a Kurumi mientras se sobaba la cabeza.
"Me niego a que mi hermana me esté ordenando cosas y encima me pida sinceridad cuando ella misma niega sus sentimientos amorosos todo el tiempo ", susurró en bajito.
Kurumi volvió a golpearle.
"¡No digas tonterías!", reprendió ésta nuevamente, mientras Jun Motomiya retrocedía un poco al ver lo violenta que podía llegar a ser la hija del mejor amigo de su hermano.
"Ay, y pensar que era candidata para casarse con mi Doguencito, pero no, no quiero que golpee a mi solecito", decía para ella misma, mientras Zetaro volvía a aislarse y Kurumi miraba a la mujer del doctor Kido con cara de pocos amigos.
El que interrumpió la mala vibra que se estaba sembrando en el jardín trasero de la residencia fue Satoru, quien de un segundo a otro se había amarrado a Calumon a su espalda y se había trepado a un árbol con intenciones desconocidas.
"¡Sato, ¿qué diablos haces allá arriba?, bájate de ahí!", ordenó la hermana mayor, exasperada, "Se supone que vinimos a cuidar a ese digimon, no a matarle, de hecho, el tiempo de jugar en el jardín terminó, hay que volver al consultorio".
Satoru, lejos de entender, subió más alto.
"Es que neechan, voy a ver si puedo volar con Calumon en la espalda, ¿verdad?", preguntó al monstruo digital, el cual soltó varios 'calúuu' sin sentido.
"¡El digimon no tiene una pata y está herido, pedazo de alcornoque!", chilló Kurumi, volteando hacia Zetaro; "Haz algo, ve por tu hermano".
"No me gusta trepar árboles", admitió Zet.
"¡Ni a mí, se me destruiría el manicure!, pero qué más da, soy la mayor y me tienes que obedecer".
La mayor agarró a su hermano de manos grises por la camiseta morada y lo aventó hacia el árbol.
Por su parte, Jun Motomiya sacó su cámara de fotos, parecía muy entretenida con las visitas. Ella adoraba a su hijito, pero tenía que admitir que no era tan divertido como ese trío de hermanos.
"He examinado a Calumon y creo que me puede hacer volar, con eso podremos vencer a los Numemons que nos ataquen por el drenaje", alucinó el sieteañero.
Zetaro se rascó la frente y se hizo para atrás su cabello lacio.
"Me encanta tu imaginación, Sato, pero siempre nos metes en líos", refutó.
"¡He hecho cálculos!", rezongó Satoru, "no soy como el inconsciente de Tuls, que se lanza por las escaleras creyéndose Superman sólo porque trae una capa... yo podré volar porque este digimon sí planea ".
Zet comenzó a escalar el árbol sin demasiado conflicto. Nunca había sido un chico hábil, de hecho, era el único de sus amigos -además de Doguen- que nunca había practicado un deporte, sin embargo, si su competencia era su hermano de siete, bien podía vencerle sin complicaciones.
Llegó a la altura de Satoru, quien en una de las ramas del sauce medía el aire con su pulgar y parecía hacer cálculos imaginarios sobre cuándo debía saltar.
Se había amarrado a Calumon con las agujetas de sus tenis.
"¡Sato, te las verás conmigo y con papá y con mamá y con Zetty si no te pones quieto y obedeces!", chilló Kurumi desde abajo, agarrando la escoba de los Kido para atemorizar a su hermanito.
Satoru palideció un poco, volteó hacia Zetaro y le dijo:
"A que neechan parece una bruja ", soltó. Zet no sonrió pero asintió con amargura.
"Por eso mismo debes hacerle caso antes de que te lance una maldición, Satoru", pidió el mediano.
"No soy retrasado mental, hermano, una cosa es que parezca una bruja y otra que lo sea… que sepas que sé que las brujas no existen… y si Kurumi llega a darme un escobazo, a quien van a castigar es a ella, es lo bueno de ser el chiquito", explicó detalladamente Sato.
"¿¡Pero qué está pasando aquí Satoru, Zetaro y Kurumi Ichijouji?", se escuchó una voz aguda y alarmada.
Kurumi soltó la escoba y puso su mejor rostro. Zetaro se desconcentró y resbaló del árbol, se gopeó el coxis al caer. Satoru en cambio saltó del árbol y logró planear hasta tierra firme con las orejas de Calumon, quien terminó sonriendo por ejercer la función de alas.
Miyako puso sus manos en la cintura y movió la planta de su pié con rapidez y desesperación.
Zet se puso de pie inmediatamente aunque le dolía el trasero. Se notaba a leguas que su madre no estaba de buen humor, ya que traía los ojos hinchados como si hubiera llorado con intensidad.
El chico trató de analizar a la mujer que le dio la vida, pero suspiró aliviado cuando notó que ésta no había descubierto, todavía, ninguno de sus secretos. La preocupación le venía de otra parte.
"¡Les pido de favor que se porten bien, que cuiden un digimon y no hagan tonterías y hacen todo menos obedecer!, ¡¿qué quieren? ¿Que le diga a su padre que están más locos que nunca?", regañó como un volcán echando géisers, "Lo lamento, Jun, pero estos hijos míos no entienden lo que es portarse bien, bueno, Zetty sí, pero por la influencia de sus hermanos también termina haciendo tonterías".
Jun seguía tomando fotografías, pero acató a asentir a la señora Ichijouji. Definitivamente en su casa no pasaban esas cosas, y ella echaba de menos ese tipo de diversiones que ocurrían con frecuencia en su infancia, cuando convivía a diario con el estúpido de su hermano Daisuke.
"Ay mamá, si no estábamos haciendo nada malo", se defendió Kurumi, "bueno, Zetty y yo no, pero Satoru tenía la demente idea de volar usando al pobre Calumon".
"Y lo logré", notificó orgulloso el niño, mientras apuntaba en una libretita los resultados de su experimento.
"¡Pretextos! ¡Ya están como Cody!", gimió Yolei, "seguramente me están mintiendo".
La antigua portadora del Amor y la Pureza se echó a llorar. Sus tres hijos corriendo hacia a ella. Zetaro quedó un poco más atrás y aunque se veía preocupado por el estado de su madre, su mirada era fría y hasta cierto punto grosera. Se tocaba el pecho y hacía todo lo posible por estar controlado.
Kurumi y Satoru ya estaban encima de su madre, abrazándola, mientras Jun seguía filmando video y tomando fotos con intenciones de enviar ese drama tan cómico a un reality show.
"Hermana", dijo Satoru, "¿Mamá se pone así porque entró a la mañopausia?".
Kurumi le negó a Sato.
"Cállate, que te quitará la mesada. Y se dice 'menopausia', no utilices palabras cuyo significado aún no sabes", exigió la consanguínea.
Satoru asintió preocupado, porque su madre no le regañó por su comentario.
"¿Qué pasó, mamá?", preguntó Kurumi.
"¡Oh, gracias por preguntar!, es que necesito desahogarme y tu padre, como siempre, está ocupado...", moqueó la señora, limpiándose con un pañuelo, "Es que Cody, el que pensé que era mi mejor amigo de toda la vida, se ha vuelto a casar sin siquiera decírmelo, ¿se dan cuenta?, ¡Mi Cody me ocultó algo tan importante!".
"¡Ay, ¿Cody-chan se volvió a casar?", interrumpió Jun, "Oh, se lo tengo que decir a Jyou".
La señora Kido soltó la cámara y se internó en su casa para formar su propia cadena de chisme.
"No estés triste, Calú", consoló Calumon. Miyako soltó un suspiro y abrazó al nuevo digimon como si fuera su Hawkmon.
"Bueno, Iori-san siempre fue un hombre reservado como Yuriko", opinó Kurumi, tratando de razonar con su madre, "no le hagas caso".
"¡Se casó y no me invitó a su boda!, o sea, aparte, Hiromi murió hace sólo un par de años, ¿cómo puede ir a casarse sin pensar las cosas? ¿Cómo le hace eso a Hiromi-chan?", exclamó Miya.
Satoru, que no entendía bien las cosas, se limitó a asentir.
Kurumi abrazó a su madre y trató de que se calmara.
Zet, en cambio, se alejó un poco más.
"La señora Hiromi está muerta y no tiene nada de malo que el señor Hida quiera rehacer su vida", consideró el chico de cabello lila, "la razón por la que no te confió eso es porque sabía que te ibas a indignar, sabía que no le ibas a comprender y sabía que todos le iban a juzgar de insensible... el señor Hida sabía que nadie podría entenderle y por eso no confió en ti, ni en sus amigos, porque sus sentimientos y los tuyos no están en la misma sintonía".
Sonó tan serio, que Miyako misma dejó de llorar y alzó la mirada a su hijo de 14 años.
"Zetty...", fue lo que pudo musitar la esposa de Ken.
"Lo dices porque te sientes también en 'otra sintonía',¿Cierto, Zetty?", ironizó en cuestión la hermana mayor.
Zetaro encogió los hombros, miró a Kurumi con enfado.
"Por eso quiero regresar al internado cuanto antes", fue lo que respondió el muchacho, alejándose de su familia hasta internarse en la clínica de los digimons de Joe. Ahí se detuvo sólo hasta que atravesó el servicio y cerró la puerta para sentarse en la tapa del escusado.
Se puso a llorar sin más, exasperado.
"Estoy tan cansado de fingir", rugió para sí mismo, tocándose la nuca,"¿Por qué mejor no me muero?".
'Porque si no no sería divertido', dijo alguien más. Quizás su otro yo.
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Flash Back – Capítulo final de Memorias Borradas, en el 2028. Después de evitar por segunda vez la Fusión Prohibida y salvar el Digimundo, los elegidos y sus hijos regresan a Japón en un Trainmon -.
Cuando pisó el suelo del Trainmon, Zet sintió que se le quemaba el corazón. Percibió que, de alguna manera, en lugar de caminar por el piso de una locomotora digital, estaba aplastando a todos los datos digitales a los que le había hecho mal por culpa de la semilla de la oscuridad que residía dentro de él de manera recesiva.
Fue a sentarse junto a su hermanito Satoru, de dos años, mientras su madre y su padre le lanzaban piropos.
A su hermana no la observó, pero supuso que había ido con sus amigos.
"¡Aquí viene mi héroe favorito!", le dijo Miyako a su hijo mediano, pero en lugar de sentirse bien, Zetaron sintió náuseas.
¿Cómo le podía decir eso su madre si todos sabían que gran parte de la culpa de los problemas que habían enfrentado en las Memorias Borradas eran por él?, se quedó silencioso, con la cabecita gacha.
Hacía apenas unos minutos que el Mundo Digital se había reestablecido, pero la aventura que habían vivido no hacía feliz a Zet... sin los digimons, era un final mediocre y muy triste.
Ken Ichijouji, su padre, le observó con cautela.
"Zet... hace apenas unos minutos le aconsejaste a tu amigo Toshiro que no debe culparse por la muerte del señor Genail ¿recuerdas?".
El pequeño asintió, escondiendo las palmas de sus manos en el pantalón.
"Sigue tu propio consejo, hijo... no será fácil, lo sé por experiencia, pero síguelo", rogó el detective.
"Sí", dijo sin penar mucho el de cabello violeta.
Se levantó del asiento porque la conversación con su padre era todavía más incómoda que las alabanzas sinsentido de su mamá.
"Iré con los demás", susurró, y mientras vislumbraba que su hermanito se estaba quedando dormido, comenzó a vagar por el Trainmon sin mucho ánimo.
Vio a Seiyuro Takaishi en los servicios, limpiándose sangre del rostro y echándose agua en la cabeza, no se veía nada bien. Sin embargo, en cuanto el portador de la Esperanza vio al de la Bondad, le regaló una risa.
"Debería guardar algo de esta sangre para que me recuerde lo que significa el heroísmo", comentó, como si tener una herida en los labios fuera algo simpático.
"¿Cómo dices?", se alarmó Zet.
Seiyuro tomó por los hombros al chico y los dos salieron de los sanitarios.
"Sólo bromeaba, no te asustes", le dijo, alborotándole los cabellos y arrastrándolo adonde estaban los demás niños.
Kyosuke Motomiya y Hidemi Yagami observaban los googles de Taichi y Daisuke cual reliquia. El mayor parecía darle consejos a la morena sobre qué uso darle a los lentes de aviador.
Benjamín y Taiki hablaban sobre cuándo iba a abrirse el portal al Digimundo de manera definitiva, ninguno de los dos parecía tener suposiciones positivas, por lo que de vez en cuando el pequeño Kotaro, de apenas 7 años, hacía intervenciones incoherentes sobre que la puerta se abriría al día siguiente y Tsunomon aparecería debajo de su cama.
Doguen dormitaba al lado de una May Ishida silenciosa que miraba por la ventanilla con un rostro helado, de reina de las nieves.
Kurumi entretenía a una triste Yuriko; Toshiro estaba sentado y viendo a todos.
Sei llegó con su sonrisa de ángel y desparpajó el cabello de su hermano, quien sólo le sonrió.
Al ver ese cuadro, Zetaro no supo donde sentarse. Buscó con la mirada a Osen Izumi y no la encontró.
"¿Y Osen?", preguntó con voz tímida.
Ben levantó la cara.
"No sé dónde diablos se fue la Cerebrito, seguramente anda por ahí picándole al brazalete digital o al computador para buscar la manera de cambiar el cruel destino", comentó el principito antes de regresar a su discusión con Taik y Kotty.
"Ah, gracias", respondió Zetaro.
"Si la vas a buscar nomás no te pases de listo", agregó Benji, ya sin mirarle.
Ichijouji asintió, a pesar de que no entendió plenamente a lo que se refería su amigo con eso de 'no pasarse de listo'.
Quizá Ben pensaba que iría con Osen a decirle cosas bonitas, pero Zet sabía que él ya no podía decir nada lindo a la pelirroja.
La razón era simple, ya no se sentía digno de ella. Él ya no representaba el emblema de la Bondad, no después de lo que había hecho al estar contaminado por la semilla de la oscuridad durante los últimos días.
Suspiró. Y de cualquier manera dio media vuelta y comenzó a deambular nuevamente por los vagones, aunque se aseguró de no pasar por donde estaban los adultos.
A Osen se la encontró en un vagón adjunto, pero no estaba picándole a la computadora como el hermanastro había predicho. Estaba sentadita y lloraba con fluidez y discreción.
"... Osen...", se le salió decir a Zetaro, porque el corazón se le volvió a acelerar y la nuca le ardió con fuerza.
La niña de 10 años levantó la mirada. Se secó con rapidez las lágrimas y se restregó sus ojitos de ónix.
"Hola, Zet", no forzó la sonrisa, pero trató de verse firme.
"Lo siento", Ichijouji hizo ademán de querer largarse, pero Osen se puso de pié y lo alcanzó.
Le preguntó con la voz todavía ligeramente llorosa.
"¿De verdad podremos abrir la puerta algún día?", Zet se sonrojó. El código de barras de la semilla de la oscuridad en su nuca le ardió todavía más. "¿Tú crees que podré crecer con Motimon a mi lado? ¿Tú crees que podrá volver conmigo y seguirá cuestionándome cosas como cuando era más pequeña?".
"No lo sé", admitió el niño. Hubiera querido tener la respuestas de su amiga.
"Yo tampoco sé", renegó Izumi, "no me sirve de nada tener el emblema de mi papá si no puedo responder esas preguntas".
"Bueno, yo pienso que no hay preguntas sin respuestas... pero a veces las respuestas se esconden por tanto tiempo...".
Los dos quedaron callados. Y a pesar de que él se sentía indigno del cariño de la niña de sus ojos y de que Ben le había advertido que no se pasara de listo, se dejó llevar.
"Bien dicen que no existen los finales", dijo a su amiga, "no existen los finales, sólo hay nuevos principios… así que, yo sé, que la puerta se abrirá otra vez y comenzaremos de nuevo".
Tras esas palabras que ni siquiera pensó, abrazó a Osen y se sintió adulto por primera vez en su vida.
Luego, como se sentía tan grande como su hermana Kurumi, le dio un beso a Izumi en los labios.
Si bien ya había pedido besos en las mejillas e incluso los había recibido, este era el primero que daba en una boca.
Al instante, en cuanto tocó los labios de la niña, se arrepintió.
La nuca comenzó a hervirle el cuello. El corazón desbocado cambió su ritmo.
Lo acogió un dolor y unas ganas indescriptible de hacer daño.
'Eres el emperador... mátala... ella es escoria', le gruñó una parte de su ser.
Zet se separó alarmado, empujó a Osen, quien lucía rosada y confundida.
'Si la tocas puedes matarla, ¿no te gustaría?', chilló de nuevo alguien que sonaba a la Voz que tanto les había torturado en la Fusión Prohibida. Pero ahora esa voz era algo que nacía de él.
"L-lo siento", dijo apurado y salió huyendo de su primer beso, dejando a la tímida de su cómplice muy asustada.
Fin del Flash Back
Desde aquel día, Zetaro había hecho todo lo posible por bloquear todas sus emociones y sus sentimientos.
Cuando se acercaba mucho a alguien o le demostraban cierto afecto, una voz que se parecía a su maldad le hacía llegar pensamientos hirientes que temía hacer realidad.
Empezó a alejarse de todos. De sus padres, de sus compañeros, de sus hermanos, de Osen.
A la niña nunca le había vuelto a hablar por gusto y jamás había traído a colación el tema del beso.
Los sentimientos de amor, sin embargo, seguían en él y eran tan fuertes que se había decidido a conquistarla a distancia.
Mientras fuera a través de una computadora, él podía cortejarla, decirle que le gustaba y aspirar a un poco de felicidad y egoísmo.
Pero ahora que lo había descubierto su hermana, las cosas se le habían salido de control y tenía que decir la verdad.
"Zetty, hijo, perdóname, ¿todo está bien?", su madre tocó la puerta del sanitario.
El muchacho sacudió la cabeza con desencanto, lo que menos quería era lastimar a su madre pero a veces decía las cosas sin pensar.
Abrió de inmediato y Miyako se le lanzó encima. Ese abrazo le hizo daño a Zetaro.
'Ella te tiene harto, ¿por qué no le escupes a la cara?', oyó en su mente, en tanto le carcomía la semilla.
Se separó de su madre con cuidado.
"No me pidas perdón si el grosero he sido yo", pidió.
"Al contrario, eres tan maduro", Miyako le zarandeó las mejillas con ahínco, "me has hecho comprender que mi actitud con Cody fue nefasta, así que iré a decirle que acepto su matrimonio".
"Me alegra", dijo el hijo.
"Entonces iré con la nueva señora Hida a abrirle mi corazón, ustedes vayan a casa en cuanto lleguen refuerzos para cuidar a Calumon, luego seguiremos con los preparativos para irnos al museo Digimon a refugiarnos, tu padre está haciéndose cargo de eso", comentó con rapidez y luego se marchó.
Zetaro sonrió y se sintió aliviado, regresó al consultorio, donde Satoru y Kurumi estaban meciendo a Calumon como si se tratara de un muñequito.
"Duerme mi digi, duérmete ya, sino viene Devimon y te va a asustar", cantaba Kurumi.
"Neechan, dudo que con esa canción alguien quiera dormirse", rezongaba Satoru, tapándose los oídos, "tienes la voz horrorosa y esa canción parece una pesadilla".
"¡Irrespetuoso!", gruñó la chica.
En cuanto vieron que Zetaro había salido de su escondite, los dos le sonrieron como si nada hubiera pasado.
"¡Hermano, dile a mi hermana que se calle!", rogó Sato.
"Kurumi, cállate", obedeció el mediano y la muchacha de buena gana aceptó.
"Pero con la condición de que sigas cantando, Sato-kun", dijo.
Satoru suspiró.
"¿Tú que dices, Calú?", preguntó.
Calumon asintió gustoso, lo que puso al chiquito en aprietos.
"Está bien... pero que conste que no sé ninguna canción".
Mientras el pequeño tarareaba una canción con su vocecita suave y bonita, pero desafinada, Kurumi sacó su celular, grabó a su hermanito y luego fue hasta Zet.
"¿Mejor?",preguntó.
"Hai...".
"Ni se te ocurra regresar a esa escuela de arte o no te perdonaré, Zetty", amenazó.
"Lo pensaré entonces", respondió él.
"Y si no eres sincero con Osen también te delataré aunque seas la sangre de mi sangre", advirtió ella.
"Supongo...", fue la respuesta del de cabello lila.
"Eso es, buen chico, poco a poco voy a sacarte la miel que llevas dentro".
'Y encontrarás hiel', fue la respuesta de la voz que llevaba años amenazando a Zetaro con reaparecer.
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Kotaro cruzó los brazos con fiereza.
De un segundo a otro había se quedado solo en el hospital: su hermana había desaparecido después de que había confesado el secreto de los trimelos, sus padres habían abandonado la cafetería sin avisarle y sus amigos también habían emprendido camino a un lugar que Ishida menor desconocía.
Se sintió un poco torpe y en completa soledad en la sala de esperas. La recepcionista de vez en cuando lo miraba, como si estuviera esperando a que Kotaro, quien ya casi era un adulto, se echara a llorar.
Pero Kotty no era de esos niños escolares que lloraban por estar solos, él sólo se indignaba. Esa indignación le hacía buscar compañía, así que eso hizo.
Tuvo la idea de buscar el cuarto de su primo Seiyuro y hacerle compañía. Era verdad que el tío Joe había prohibido que Takaishi recibiera visitas, pero Kotaro no pensó mucho en las advertencias del médico, sino que su mente sólo pudo analizar que a Sei le gustaría mucho verle.
Quizá, incluso, podía contarle el secreto de los trimelos, lo que pondría muy contento al rubio. O eso creía Kotty.
Con su carita de niño precioso, con el antecedente de ser hijo de un astronauta cantautor y con la ventaja de tener siempre tickets para conciertos y vales de descuentos para las colecciones exclusivas de los Diseños Takenochi, Kotaro Ishida no sólo era adorable, sino poderoso.
Tenía el don de hacerse amigo de cualquier persona por su candidez al hablar y sus ojitos rubíes risueños y brillantes.
Así se fue abriendo camino por los pasillos prohibidos del hospital, donde estaban los pisos de oncología, de urgencias y de pediatría.
Kotty iba rebosante, con su mejor sonrisa y su carita angelical que lo hacía ver fácilmente dos o tres años menor que su edad actual de chico de sexto grado.
Justo hacía contabilidad de los boletos de los conciertos de su padre que le quedaban cuando escuchó la voz de su tía Hikari platicar con Jyou.
Con terror de que el papá de Doguen lo descubriera, Kotaro se escondió en una canasta de ropa limpia que habían dejado en el pasillo. Se asomó ligeramente, pero volvió a tensarse cuando sus padres aparecieron en escena.
Los adultos estaban tristes y contagiaron de inmediato ese sentimiento al elegido del Amor.
El doctor Kido, a quien siempre consideraba como un hombre de fiar por ser médico, pero un poco serio y algo amargado, había comenzado a llorar como nunca antes lo había visto.
"Lo lamento mucho, Jyou", decía la tía Hikari, "Pero eso me ha contado Akane Fujiyama, ella quiere verte a ti y agradecerte... ella quiere contarte de Shin".
Kotaro se preguntó quién era Shin, aunque lo que sí supo precisar fue que Akane Fujiyama era la mamá de Taiki, Hidemi y el otro triate -o como se dijera-.
"Entiendo...", susurró el doctor, "... te lo agradezco mucho, Hikari-chan, hace 15 años que no sabía nada de Shin y el hecho de saber que puede estar vivo en el Digimundo es una esperanza muy grande para mi familia".
Su tía Kari asintió, tomando las manos del doctor. Sora y Yamato parecían no entender mucho la conversación, pero esperaron pacientemente a que la esposa de Takeru se dirigiera hacia ellos.
"He hablado con Akane Fujiyama y nos ha contado su historia a mis sobrinos y a mí", les avisó, apurada, con los ojos muy rojos e hinchados.
"Hemos sido injustos con ella, ¿verdad?", preguntó la madre de Kotaro, preocupada.
"Sí...", consideró Hikari, "Les he llamado porque quiero que ella les cuente lo que pasó, quiero que ella te conozca a ti y a Yamato, Sora, creo que le hará bien".
Yamato Ishida no dijo nada.
"Sólo que tendremos que darnos prisa, quedé en pasar por Takeru para regresarlo al hospital para que cuide a Seiyuro", comentó.
"Hablando de Seiyuro, creo que esta misma noche lo trasladaremos a mi casa, lo veo muy bien y es peligroso que continúe aquí", aportó Kido.
A Kotaro le dieron ganas de toser pero se cubrió la boca. Su propio ruido le impidió escuchar lo último que dijeron sus padres y tíos, por eso se decidió a seguirlos.
Los perdió de vista cuando doblaron una esquina. Se levantó de la canasta, se enrolló una sábana impecable y salió disparado en busca de sus padres o de tía Hikari o de lo que fuera.
Dejó una abertura en la sábana que le permitió no tropezar, aunque su disfraz sacó varios gritos de enfermeras quienes al mirarlo daban por hecho que era un fantasma.
Cuando comenzó a jadear y se desesperó porque no podía escuchar las voces de sus padres ni de nadie conocido, se metió a la primera habitación que vio, la cual resultó ser una sala común del área de emergencias.
Se quitó la capucha y aspiró aire como si se hubiera estado asfixiando. Se acomodó la sábana como una enorme bufanda alrededor de cuello y quedó paralizado al ver que en la habitación había camas para enfermos y una de ellas estaba ocupada por una mujer.
Era una señora de cabello castaño oscuro, muy bonita, que estaba golpeada y con la cara hinchada.
Se le veían unos ojos que a Kotaro se le figuraron una caverna. Dio un paso atrás.
La mujer no le sonrió ni le corrió, sólo lo miró con extrañeza.
"No le vayas a decir al doctor Kido que entré aquí", suplicó.
La mujer levantó con trabajo sus cejas y levantó una mano.
"Acércate", le pidió a Kotaro.
El niño miró a su izquierda, luego a la derecha y finalmente se apuntó a sí mismo.
"Este, señora, ¿me dice a mí?", era obvio que sí, porque no había ninguna persona más en ese lugar, pero aún así preguntó por educación.
Después de que la paciente le asintió, el pelirrojo corrió hasta ella con apremio, como si hacer esperar a enfermos fuera un delito.
La mujer lo tomó de la mano.
"¿Has dicho el doctor Kido?", le interrogó.
"Sí... ya sabe, el doctor que regaña a todo el mundo y es muy alto", respondió Kotty.
"¿Shin...?", cuestionó ella.
"Se llama Jyou Kido, lo sé porque es amigo de mis padres", dijo, "a mí me parece un buen doctor y por él descubrí que quiero ser enfermero, pero reniega mucho si haces destrozos en el hospital".
"Ya veo...", susurró la mujer.
Kotaro Ishida miró con intensidad a la señora y la tomó de las manos. No supo por qué abrió la boca ni cómo lo descubrió, sólo pudo darse cuenta de su imprudencia cuando ya lo había dicho y cuando el corazón le había indicado que sabía con quien estaba hablando.
"Eres la mamá de Taiki ¿cierto?".
La hospitalizada en cambio sí se asustó.
"Y de Hidemi también ¿verdad?, y tuviste trimelos ¿no es así?", insistió el pelirrojo Ishida.
"¿Quién eres tú?", preguntó la señora.
"Soy amigo de Taiki y Hidemi... Pero no entiendo; eres buena y bonita y tienes un gran corazón", supo decir Kotaro, sin soltar las manos de la enferma, "¿Por qué dejaste solitos a tus hijos?".
"Porque no tengo corazón", fue la contestación.
"No. Yo no sé de casi nada en esta vida. No soy el chico más brillante del colegio, ni el mejor deportista, ni canto igual de bien que mi padre, pero sé mucho de corazones... sé mucho de amor… cuando veo los ojos de las personas sé muchas cosas, eso me lo ha heredado mi mamá", confió Kotaro.
"Tu mamá debe ser buena", susurró Akane.
"Sí", confirmó el niño.
"¿Cómo te llamas?, no me gusta hablar con niños, pero tú eres agradable", sinceró ella.
"Es porque ya casi soy un adulto, un año más y entraré a la secundaria", expresó orgulloso, "Me llamo Kotaro Ishida".
Para ese entonces el hijo de Sora y Yamato estaba sentado al lado de Akane, platicando con ahínco y de manera armoniosa. La conversación se habría alargado, de no ser porque el pelirrojo escuchó pasos y voces conocidas.
"Es aquí, ¿ya están listos?", preguntaba Hikari Takaishi.
Kotaro se puso pálido y soltó las manos de Akane.
"Me van a suspender la mesada por un año o de por vida, no me van a dejar salir hasta que cumpla 30 y papá no me dará boletos de sus conciertos nunca más", susurró.
"¿Qué pasa?", preguntó la mamá de los trimelos.
"Que mis padres vienen acá con la tía Hikari y el doctor", se alarmó, "Y que si me descubren me van a reprender".
"Escóndete", recomendó Akane, "ve abajo de la cama y no hables".
"¿Estás segura?, probablemente van a hacerte preguntas incómodas y yo tendré que escuchar las respuestas... mis papás son los mejores amigos de Taichi, tu ex", soltó con gracia el niño.
"Mi ex...", se rió Akane, "ojalá lo hubiera sido".
Kotaro se metió debajo de la cama de hospital y se envolvió en la sábana.
"Kotaro-kun, ¿tu mamá se llama Sora?", preguntó de repente Fujiyama.
"¿Cómo lo sabes?", dijo en bajito Kotty.
Akane se secó lágrimas que el pequeño Ishida no vio.
"Creo que lo supe desde el momento en que entraste a la habitación", expresó, mientras la puerta se abría con Sora, Matt, Kari y Joe al otro lado.
O
Kyosuke pidió un taxi en el que abordaron su primo Doguen y su amiga Yuriko.
Los tres iban callados aunque no por gusto propio.
Kyosuke tenía muchas cosas que quería platicar con Yuriko, pero era imposible hacer esas cuestiones con su primo al lado.
Yuri también tenía ganas de contarle cosas a sus dos amigos. Quería resolver las dudas que a leguas se notaba que tenía Kyo. También quería sincerarse con Doguen y contarle que esperaba un bebé.
Por supuesto, eso último le parecía imposible a Yuri.
Doguen Kido tenía el título de mejor amigo en su corta lista de amistades, pero ninguno de los dos compartía intimidades.
La razón del porqué eran los mejores amigos, según el mismo Doguen, era porque iban en el mismo curso y tendían a hacer alianzas.
A Yuri realmente no le importaba mucho eso de las alianzas, ni siquiera las amistades en sí. Ella, en el fondo, apreciaba a todos los chicos con los que había vivido aventuras en la infancia, pero no había profundizado ninguna relación.
Sabía que ella y Kurumi eran casi de la edad y de repente tenían que compartir algunas cosas, pero en realidad llevaban una relación difícil y lejana, en parte por su culpa.
Las otras niñas le simpatizaban más, pero las encontraba pequeñas y muy diferentes a su manera tan austera de ver la vida.
May Ishida, por ejemplo, era un espíritu libre. Osen era un alma atrapada en una computadora. Hidemi, la más normal de todas, era demasiado linda para que Yuriko se pudiera abrirse a contarle sus cosas.
Con los chicos pasaba lo mismo, salvo con Toshiro. Pero haberse adentrado en los sentimientos de Toshi le había ocasionado la gestación prematura de un bebé que la tenía aterrorizada.
En realidad, Yuri sabía que su incompatibilidad con sus amigos se debía también a la muerte de su madre y a lo poco que se había dejado ayudar. Sin embargo, ella comprendía que todos la querían y apreciaba a todos de alguna manera.
El taxi llegó a la residencia Kido en una hora por culpa del tráfico. Kyosuke lamentó no haber tomado el metro, pero después de echar una mirada al vientre de Yuri, desechó haber cometido una equivocación.
Había que cuidar al hijo de su camarada, había que cuidar a la mamá del hijo de su camarada, había que estar al pendiente de su ex primer amor, que al final de cuentas había terminado enamorada, embarazada y cazada por uno de sus mejores amigos.
Kyosuke sonrió ante esa meditación absurda que le acababa de llegar a su cerebro, el cual estaba empobrecido de tanto fútbol y pocos estudios.
"¿Estás segura de que primero deseas llegar a casa del Llorón?", preguntó el primo de Doguen, éste puso los ojos en blanco, enojado.
"No me llames Llorón, ¡si quieres molestarme búscate tu propio apodo y no se lo robes a Seiyuro!", gruñó.
"Sí, quiero conocer al nuevo digimon", dijo Hida, "Luego te pediré que me lleves a casa, no queda tan lejos".
"No te preocupes", mencionó Motomiya.
Los tres chicos entraron a la casa del subdirector del hospital de Odaiba y fueron recibidos por la madre de Doguen.
"¡Solecito!", le chilló a Doguen y le besó las mejillas, para desesperación del joven de 16 años, cuyo aspecto de jirafa se reafirmaba cada vez más cuando su madre le abrazaba.
"Mamá, por favor, cálmate, hay visitas", se quejó.
"¡Pero si es mi sobrino favorito! ¡Kyosukito!", Kyo aceptó de buena gana el abrazo de su tía y el húmedo beso, "Cada día te pareces menos a tu padre, he rezado tanto por eso".
Motomiya hijo se rió.
"Nomás no se lo digas a mi padre, tía", bromeó.
Jun saludó a Yuri con amabilidad y le oyó gruñir "otra niña bonita que pudo ser mi nuera, pero esta ya me la ganó el hijo de Hikari-chan".
"¿Dónde están los Ichijouji, mamá?", preguntó Doguen.
"Esos niñitos locos están en el consultorio; su madre les pegó una regañiza y me enteré de que el señor Hida se volvió a casar y no nos invitó a la boda", resumió Jun, quien al darse cuenta que Yuriko estaba ahí, se tapó la boca -aunque no lucía arrepentida-.
"¡Mamá, te pasas de imprudente!", reclamó Doguen, mirando hacia su mejor amiga de nombre, "Lo lamento Yuri-san".
"Tu mamá no ha dicho nada malo", optó por decir la muchacha castaña.
"Ehh, ¿qué les parece si vamos a ver a Calumon?", propuso Kyosuke para romper la tensión.
"Me parece bien, yo les prepararé una cena para chuparse los dedos... todo es tan divertido desde que llegó Calumon, además, papá habló hace rato y dijo que esta noche trasladarán a Seiyuro Takaishi acá... ¡ay!, qué ilusión, tendré al sobrino de Yamato a mi cuidado, con lo guapo que está ese muchacho y lo gallardo que es... nada más no sé por qué pelea tanto con mi Solecito grrrr...".
"Perdónenla", suplicó Doguen.
Para ese entonces, Yuri y Kyo ya estaban atravesando el patio de la residencia, por lo que el anteojudo tuvo que acelerar el paso para alcanzarlos.
Afuera ya había caído el sol. El clima estaba fresco.
En el consultorio se encontraron a Calumon hecho un ovillo en una camita. Tenía los ojos cerrados y sus orejas encogidas. Satoru estaba observando al digimon, pero también se le cerraban los ojitos.
Zetaro, como siempre, estaba dibujando. Kurumi le picaba a su móvil con rostro de enfado.
"Hola, Kurumi", dijo Kyosuke con su mejor sonrisa.
"Idiota, tardaste demasiado, ¿crees que es coherente que una chica universitaria como yo esté todo el día aquí encerrada sin hacer nada productivo?", renegó, luego miró a Yuri y a Doguen, "¡Yuri, cuánto tiempo!".
"Sí... unas ¿dos semanas?", preguntó apenada.
"No, tenemos tres semanas enteras sin vernos, grosera, ya no te voy a rogar por mi compañía", rugió Ichijouji.
Mientras Doguen pasaba a revisar el estado del Calumon junto con Satoru, Yuri y Kyo se acercaron a Zetaro muy contentos por verle.
"Zet, qué grande y guapo te pusiste", dijo Kyo.
"Sí, has crecido mucho, ¿podemos ver qué dibujas?", preguntó Yuriko, pero Zetaro negó.
"¡Zetty, a una chica nunca se le dice que no!", después del clásico coscorrón de Kurumi, ésta levantó la libreta de bocetos de su hermano y mostró el dibujo que éste estaba haciendo.
Sobra decir que los tres se sonrojaron, porque Zet estaba silueteando a una joven desnuda de ojos negros que se parecía horrores a Osen.
"Hermana, eso no es justo, sólo estaba haciendo mi tarea", se excusó el chico.
"Yo pienso que O-chan está un poco más plana, apenas es una cría después de todo", comentó con torpeza e imprudencia Kyo. Zetaro se puso rojísimo.
Kurumi ardió en llamas del coraje.
Blandió su mano hasta la mejilla de Kyo. Lo cacheteó con la ferocidad de quien defiende al género femenino con fiereza.
"¡Los hombres son tan imbéciles!", gritoneó.
Zetaro parecía apenado, así que guardó sus dibujos y corrió hacia Satoru y Doguen, ajenos a la conversación.
"¡Cobarde!", le gritó Kurumi a su hermano.
Yuriko sonrió. Casi no veía a Zet Ichijouji porque tomaba clases en una escuela de arte que era un internado que estaba fuera de Tokio, pero le simpatizaba el chico.
Tenía una mirada de quien sabe sufrir sin molestar a nadie.
Recientemente Takeru Takaishi y la editorial de éste le habían editado a Ichijouji un libro de ilustraciones sobre el Digimundo que se vendían como pan caliente y aportaba hermosos dibujos y recuerdos de aquel mundo tan anhelado por todos.
Kurumi seguía maltratando a Kyo con mucha pasión, lo que hizo que la novia de Toshi recordara que le había dado permiso a Motomiya de confesar el secreto que ella tenía guardado en el vientre.
Tuvo la necesidad de destapar sus palabras y de ver a Kurumi impactada, seria y a la vez asustada por su embarazo.
Echó una última mirada a Doguen, Zet y Satoru, los cuales seguían atendiendo al Calumon, un digimon que a simple vista a Yuri le hizo recordar que sería madre. Luego tomó del brazo a Kyo y a Kurumi y los alejó un poco de los demás.
"¿Qué pasa, Yuri?", rezongó Kurumi, "¿no ves que estoy ocupada?".
"Estoy embarazada", dijo sin más, sin soltar la ropa de último modelo de su amiga de cabello azulado.
"¿Eh?", Kurumi no asimiló la información.
"Estoy embarazada", repitió Yuriko.
"¡EHHHHHHHH!", fue el grito de Kurumi, "¿HABLAS EN SERIO?", la voz de Ichijouji, para desgracia de Hida, retumbó en todo el consultorio, "¡¿ESTÁS EMBARAZADA?".
Kurumi aventó a Kyo a otro lado y tomó los hombros de Yuriko con histeria. Doguen abrió la boca y se le salió el chicle que estaba masticando; por desgracia, la confesión se había hecho pública.
Zet duplicó el tamaño de sus ojos azules y Satoru sacó el diccionario de su brazalete digital para buscar la palabra "Embarazada" y así no equivocar sus conclusiones al respecto.
"Kurumi, ¿por qué has tenido que gritarlo?", Yuriko Hida ya estaba lagrimando, sobre todo por la mirada de desaprobación que le aventaba Doguen.
Zet parecía abochornado mientras Satoru leía en voz alta la definición que había hallado.
"Embarazada: dicho de una mujer preñada... Preñada: dicho de una mujer o de una hembra de cualquier especie que ha concebido y tiene el feto o la criatura en el vientre... Concebido, de concebir, dicho de una hembra que queda preñada... ¿y cómo queda preñada la hembra, en este caso Yuriko-san?".
"Sato-kun, cállate", rogó Zetaro.
"¡Pero cómo es posible!", chillaba Kurumi por su parte, ajena a que su hermanito estaba a punto de perder la inocencia, "¡¿Toshiro te ha tocado de esa forma? ¡Dios, si yo nunca he dejado que vayan más allá de un agasajo!", la mujercita apuntó a Kyo, "¡Y ese idiota ni siquiera ha tenido el valor de darme un beso!".
Kyosuke se sonrojó.
"Preñar: empreñar, fecundar, o hacer concebir a la hembra", seguía diciendo Satoru, "Fecundar: unir la célula reproductora masculina a la femenina para dar origen a un nuevo ser, se da a través de coito... 'Coito': cópula sexual... vaya, por primera vez en mi vida no entiendo...".
Zetaro apagó el diccionario virtual de su hermano y le arrebató el brazalete digital.
"Descuiden, que yo me hago cargo de Sato, me aseguraré que no le diga a nadie", agarró al chiquito de la ropa y salió del consultorio dispuesto a tener una larga charla con el curioso de su hermanito.
Calumon, al ver tanta acción, parecía encantado, no dejaba de soltar frases inconexas y había sobrevolado hasta Yuri, se le había abrazado al vientre. La pancita de Hida, al contacto con el digital, se sentía cálida.
"¡Basta ya, esto no es cosa de juego!", refutó Doguen cuando ya no pudo más. "¿Cómo has sido tan tonta, Yuriko? ¡Has arruinado tu futuro por tener relaciones sexuales sin responsabilidad!, jamás creí que me decepcionarías tanto y que serías como esas chicas fáciles y sin aspiraciones, ¡estoy decepcionado a morir!, jamás lo creí de Toshiro, que se veía decente, mira que pervertirte así, ¡son el colmo!".
"¡No le faltes al respeto!", regañó Kyo a su primo.
"¡Yo sólo estoy diciendo que es tonta y es verdad, echó su futuro por la borda! ¡Y tío Cody no la va a perdonar y no podrá seguir estudiando y tendrá que casarse y arruinar su vida! ¡Tiene 16 años, Kyo! ¡sabes que lo que digo es verdad!".
"¡No le llames tonta!", Kyosuke le pegó un puñetazo a su primo, quien nomás se defendió con un empujón.
Yuriko estaba en shock, comiéndose las uñas y aferrándose a Calumon y a su insípido estómago en crecimiento.
"¡La están alterando!", regañó Kurumi a los primos.
Doguen bajó el rostro enfurruñado.
"¡Un bebé es un regalo, Doguen!", opinó Kurumi, "Eso dice mi madre y estoy segura que así lo piensan todas las mujeres... ¡lo que pasa es que tienes envidia porque se nota a leguas que nunca has tenido sexo con una chica!".
"Patrañas, ¡estás loca!", bufó Doguen, aplastándose la cara y mirando hacia su amiga, "Es lo que pienso yo, Yuri-san, que has sido tonta".
"Lo sé. Yo también lo pensaba", admitió Yuriko.
"Y creo que tu futuro no será tan brillante profesionalmente hablando", agregó Doguen.
"Sí, estoy sufriendo por eso".
"¡Y me has decepcionado un montón, has sido irresponsable, creí que eras diferente!", apuntó el amigo.
"Siempre tienes razón, Doguen-kun", lloró Yuri.
"Y tengo ganas de agarrar a palos a Toshiro, de regañarte todos los días de mi vida y de recordarte que aunque seas tonta y me decepciones, te voy a apoyar", gruñó Kido.
Al sentir que había expuesto su amistad, Kido salió huyendo rumbo a su casa.
Yuriko se embarró los ojitos y lo siguió con Calumon todavía abrazado a su vientre.
"Espera, Doguen-kun", rogó.
Kyosuke y Kurumi se quedaron solos y suspiraron al mismo tiempo.
"No me lo puedo creer, está embarazada", la chica Ichijouji se recargó en la pared, escandalizada, "La más seria de mis amigas embarazada y yo ni enterada... ¡Arg!".
"Kurumi, le has dicho a Yuriko que yo no he tenido el valor de besarte, eso es mentira", meditó el hijo de Daisuke.
"Yo no dije semejante insensatez, tú ni siquiera me importas", se defendió la muchacha.
Kyosuke fue cercando el terreno que tenía Kurumi para moverse, de modo que la dejó acorralada en la esquina, con los brazos estirados hasta tocar la pared y la chica en medio, con el rostro molesto.
"Yo no soy un cobarde y no tengo miedo de besarte, eres tú quien siempre me rechaza", siguió diciendo.
"¡Que yo no dije nada!".
"Pero si reclamas que supuestamente no me he atrevido a besarte, ¿es porque quieres que te bese?", preguntó con fingida inocencia Kyo, luciendo su cuerpo moreno sudado por la expectación.
"¡Por supuesto que no!".
"A mí me parece...", dijo Kyosuke, acercándose, "que la que no se atreve a besarme por cobarde eres tú".
"¡¿Cómo te atreves?, ni que estuvieras tan guapo como para darme miedo, eres un estúpido", retó, y sin darse cuenta agarró con brusquedad la cabeza de Kyo, la jaló hacia abajo, para que quedara a su nivel, y sin pensar que había caído en una trampa, le dio un beso intenso.
A Kyosuke se le doblaron levemente las rodillas y se animó a rodearla de la espada. Justo entonces Kurumi pareció comprender que había caído en el juego sucio de Motomiya, por lo que lo empujó.
"¡Te odio, Motomiya! ¡Eres de lo peor! ¡Le diré a mi padre lo que hiciste y jamás volverás a hacer mi guardaespaldas!, ¡óyelo bien, fortachón, a mí no me gustan los chicos menores que yo, ni los que sacan malas notas!".
Kyo no decía nada, sólo la miraba embelesado, como si hubiera tocado las nubes y hubiera visto de lejos el paraíso.
"Sí, como digas", expresó con indiferencia. Volvió a encerrar a la chica y sin más la volvió a besar.
Había valido la pena la espera de tantos años. Esos labios sabían a gloria.
Kurumi se retorcía entre gozo y furia, hasta que se separó de nueva cuenta y, sea por costumbre o por rabia, le lanzó coscorrones, gritos y enfados a su guarura.
"¡Te dije que te odio y me vuelves a besar!", gruñó.
"A ti no te gustaré y quizás me odies, pero tus labios me responden muy bien", comentó él.
"¡Eres incomprensible!", y ahora Kurumi fue quien besó, se separó colorada y dijo, "más te vale no decirle a nadie de esto ¿entiendes?, no quiero perder mi reputación de diva".
Kyosuke soltó un risita triunfal. Ya le habían dicho Seiyuro y Yuriko que la noticia del embarazo ayudaría a ablandar el corazón de Ichijouji... pero el chico no sabía que obtendría tan buenos resultados.
O
Hidemi Yagami desistió de buscar a su hermano. Taiki era un muchacho veloz, rebelde y la chica casi nunca podía atinar lo que éste pensaba.
A veces, como toda melliza, presentía ciertas acciones de su consanguíneo, pero eso no acontecía con frecuencia... quizá eso se debía a que siempre les había hecho falta Soji.
Totalmente exhausta y desvalida, terminó sentada en el piso, mientras con su mano libre pulsaba una y otra vez el número de celular de su padre, con la esperanza de que éste le pudiera responder.
Pero a Taichi Yagami parecía habérselo tragado la tierra.
"¿Por qué no respondes, papá?", se quejó la morena, le temblaban los labios, los ojos. Estaba tan rojiza y despeinada que si se hubiera visto en un espejo no se habría reconocido.
Un enfermero joven y guapo se le acercó.
"Pst, pst, señorita", la llamó con educación el profesionista, extendiendo un papel a la niña.
Hidemi se levantó asustada, estaba acalambrada así que casi se cae, pero el enfermero ayudó a que se sostuviera.
"¿Te sientes mal?".
"No no", dijo la quinceañera, "perdone, es que estaba un poco triste, pero no vuelvo a sentarme en el piso, no le estorbaré, tengo que recordar que estoy en un hospital".
Se golpeó ligeramente la cabeza, como para regañarse a sí misma, pero el enfermero negó, le tocó la frente.
"Te traeré un remedio, parece que traes febrícula. Por mientras, por favor lee este papelito, te lo envía uno de mis pacientes, creo que te conoce".
Hidemi Yagami asintió un poco confundida y el trabajador se retiró.
Ella leyó el papelito. Era la letra de Seiyuro Takaishi.
"Querida dama Hidemi, te he visto pasar cerca de mi habitación y por el cristal pude notar que llorabas. Tú siempre serás mi heroína, y aunque hayas visto lo peor de mí, ¿podrías dejar que intente consolarte?; te lo pide tu herido pero seguro caballero Takaishi".
El corazón de la hija de Tai se aceleró como nunca antes en mucho tiempo.
Al mismo tiempo, regresó el enfermero con un vasito de agua y un remedio para la fiebre.
"Te llevaré con Takaishi-kun", sonrió el enfermero, "sólo hay que ser muy discretos, ah, y tómate la píldora, te hará bien".
"El doctor Kido prohibió las visitas", recordó de pronto Hidemi. Sin embargo, se dejó guiar por el enfermero.
"Lo sé, pero Kido-sensei está ocupado en el área de urgencias y le debo una a Takaishi-kun, me ha dado muy buenos tips para que me anime a declararme a una de las residentes".
El joven entrecerró el ojo a Hidemi, quien terminó sonriendo, porque al parecer Seiyuro siempre encontraba la manera de lograr ser amistoso tanto con mujeres, como con varones.
Le entregó un cubrebocas y se dejó guiar hasta una habitación del departamento de terapia intermedia, donde, a través del cristal, el rubio Takaishi estaba recostado con sus ojos cerrados.
"Tienes unos cinco minutos ¿Está bien?", dijo él, y la damita asintió.
Con un entusiasmo renovado la niña entró a la habitación, caminó hasta Sei y justo entonces, como si él estuviera esperándola, abrió sus ojos celestes.
"Dama Hidemi", le susurró, "Me alegra que Akito-san te haya encontrado".
El chico hizo el esfuerzo por incorporarse, pero Hidemi negó y lo empujó con suavidad hacia el colchón.
"No te esfuerces demasiado", rogó.
Seiyuro lucía devastado, pero a pesar de ello, su espíritu lucía renovado, como si hubiera expulsado todas las tinieblas que co-habitaban dentro de él.
"No es nada, en realidad no me había sentido mejor en años", comentó, "pero hace un rato te vi llorando y se me oprimió el corazón... me puse a pensar que a lo mejor te he hecho pasar un mal rato... debe ser porque me has visto hacer cosas terribles, ¿verdad?, no había pensando en lo poco cool que podía verme bebiendo sangre de rata".
A Hidemi le dio un escalofrío. En realidad, ni siquiera había pensando en que le parecía repulsiva la acción de Seiyuro, y a pesar de que el rubio era una de sus preocupaciones, ahora mismo su corazón era víctima de otros males.
"No ha sido nada cool, Seiyuro-san", admitió.
Sei soltó una risita inconforme.
"Me gustaba tener la fama de caballero contigo".
"Sigues teniendo esa fama para mí", a la joven se le iluminó el rostro, "No importa lo que hagas, siempre serás un héroe".
Hide acomodó la sábana con la que Sei estaba cubierto, le peinó el cabello que casi le cubría las cejas y suspiró.
"Pero no soy tan egocéntrico, dama Hidemi, sé que te pasa algo más... se huele en el ambiente... ¿Por qué llorabas así?, ¿podrías contármelo?, te debo una después de todo".
Sin darse cuenta Hidemi ya estaba derramando lágrimas nuevamente.
Seiyuro se alarmó. A pesar de que tenía un largo historial de novias que él mismo había desechado sin piedad, no le agradaba hacer llorar a las mujeres.
Con una torpeza que no era propia de él, puesto que las caricias eran lo suyo, dio golpecitos en la cabellera de Hidemi y trató de calmarla.
Se le vio nervioso y de nuevo algo descompuesto.
"Yo y mi bocota, lo siento, Hide", se disculpó.
Yagami negó.
"Es que... yo... no...", la chica sorbió sus mocos, "No sé cómo dejar de llorar...".
"Es fácil", le replicó Sei. "Con un abrazo, soy bueno en eso".
A Hidemi no se lo tuvieron que insinuar dos veces. Se echó a los brazos del rubio y lo rodeó por la espalda. Trató de no apoyarse en él, ni de apretujarlo.
"Es que tengo un hermano además de Taiki, es que he juzgado mal a mi madre todos estos años, es que me siento tan mal, es que no quiero que los digimons malignos le hagan daño a mi familia, es que quiero que Blackwargreymon me proteja, es que quiero ser de utilidad y no puedo", chilló la damita.
Y otra oleada de nervios azotó en el recién operado.
"Madre mía... ¿pues qué ha pasado mientras me desvanecía?", fue lo que respondió Seiyuro, tratando de corresponder el abrazo menos agraciado que había dado en toda su vida.
O
Kotaro tuvo que cubrirse la boca con ambas manos mientras escuchaba la conversación entre Akane Fujiyama, sus padres, tía Kari y Jyou Kido.
Sin querer se había enterado de cosas que ni siquiera podía asimilar su cerebro, por lo que se sentía enormemente perturbado.
Estaba oculto debajo de la cama, envuelto en una cobija con el aspecto de un Bakumon, mientras que presenciaba la tensión entre Akane y su madre, y el encuentro conmovedor con el señor Kido y esa mujer. Al parecer, el señor Shin Kido, hermano del papá de Doguen, había ayudado mucho a la mamá de Taiki y estaba desaparecido en el Digimundo.
Todo eso había sido difícil de escuchar para Kotty, sin embargo, lo que lo tenía con el corazón en taquicardia era la narración que Hikari y Akane habían hecho del parto de ésta última en una cueva insalubre en el Digimundo.
Kotaro Ishida no sabía demasiado de nacimientos, pero podía comprender lo doloroso que había sido ese alumbramiento, por eso tenía los ojos llorosos y el alma en un hilo.
Lo único que quería era salir de ahí y escapar de esas declaraciones. Quería, por primera vez en su vida, aprender a olvidar un secreto.
Sobre la cama ensable, sus padres y los demás rodeaban a la señora Fujiyama con rostros conmovidos en la medida de lo posible, o eso imaginaba el pelirrojo.
"Lo lamento tanto, Kido-san... yo no pude ayudar a Shin, a pesar de que él nos salvó", dijo Akane. Kotaro la imaginó con los ojos fríos, pero la boca temblorosa.
"Estoy feliz de tener noticias de Shin", dijo al fin con voz ronca el primer elegido de la Sinceridad, "confío en que está vivo, y ahora más que nunca tengo esa necesidad urgente de que se abra la puerta al Digimundo... aunque, de alguna manera, sé que está bien y que su digimon y mi Gomamon le cuidan".
"¡Pero lo atacó un monstruo!", mugió Akane.
"Lo sé...", suspiró Kido, "y si se trata de un Beelzemon, ¿acaso tendría muchas esperanzas de seguir vivo?, la respuesta sería que no, pero si yo soy pesimista y Shin vive, él nunca me lo perdonaría".
"Gracias por no odiarme", fue lo que dijo Akane.
"Agradezco que me des noticias de Shin y de los hijos de Tai", suspiró Jyou.
El altavoz de la clínica se escuchó de pronto.
"Doctor Kido, favor de presentarse en el área de oncología, en la cama 771".
Jyou dejó salir un bufido desanimado.
"Esa es la cama de Seiyuro, ¿no es así, Joe?", habló Kari.
"Sí. Es muy posible que los oncólogos quieran trasladar a Sei al Centro Estatal de Cancerología de Japón cuanto antes, creen que se curó de un tumor de manera milagrosa...", respondió.
"Diles que tienes que pedir el permiso de la familia y hoy mismo sacamos a mi sobrino de aquí", aportó Yamato, con su voz seria de siempre.
"En un momento regreso", se despidió Jyou.
"Voy contigo, quiero preparar a mi artista", agregó Hikari.
Los dos salieron de la sala común de emergencias. Kotaro se mordió la lengua para evitar maldecir, ¿por qué sus padres seguía ahí?
Hubo uno de esos prologados y fastidiosos silencios entre los Ishida y Fujiyama.
"Taichi no está, pero nos haremos cargo de ti", avisó Yamato.
"Tú eres el amigo que describió Yagami aquella noche que pasé con él... tú eres quien le quitó el amor de Sora", declaró Akane con frialdad.
"No es así, Fujiyama-san", terqueó Sora.
"Y Sora es tan hermosa como decía Yagami", volvió a apuntar. "Si a Yagami no le hubiera hecho infeliz su casamiento, quizá yo nunca le habría conocido… por tanto, jamás habría quedado embarazada de esos niños".
"¿Y qué sería de ti entonces?", se atrevió a preguntar con rudeza Yamato, "¿Estarías más feliz sin ellos?".
"Estaría todavía más hundida en mi agujero de miseria".
"¡Sal de ese agujero, lucha por Tai y por tus hijos!", rogó Sora, "No hay nada que nos pondría más felices que la felicidad de Taichi".
Akane sonrió con maldad.
"Él no es feliz porque te ama y tú no le correspondes. Tú le traicionaste".
Yamato soltó un rugido nada discreto, pero su esposa pareció calmarlo.
"Te equivocas", se defendió Sora, "Taichi nunca ha estado verdaderamente enamorado de nadie".
Otro silencio más.
"Sora, nos vamos", dijo Yamato.
"Sí...", la señora se acercó a la hospitalizada e hizo una reverencia. "Fujiyama-san, quiero que seamos amigas. Quiero mucho a Taiki y a Hidemi; Tai es mi mejor amigo y comprendo enteramente tu sacrificio porque yo también soy madre... dame una oportunidad, por favor".
Kotaro se hizo bolita al tener a unos cuantos centímetros el zapato de su madre.
"Si es verdad lo que has dicho, enamora a Taichi, busca tu felicidad", insistió Sora, y salió de la habitación toda temblorosa.
Yamato se quedó unos segundos más.
"Honestamente", le dijo a Akane, "Yo no sé qué decirle a personas como tú, sólo puedo darte un consejo, encuentra lo bueno que hay en ti y no te eches tierra, no hay nada peor que el auto-sabotaje".
Y siguió a su esposa.
Kotty soltó el aire que estaba apresando en sus pulmones. Salió de su escondite con mucho cuidado, pero en realidad sus ademanes eran más bien torpes.
"Haz escuchado cosas terribles", le afirmó Akane al niño. No parecía arrepentida de que el chico hubiera escuchado esa conversación de adultos.
"Haz como dicen papá y mamá, ¡sé feliz!", fue lo único que dijo Kotty, miró a la madre de sus amigos y salió presuroso al sentirse incapaz de entablar o alargar esa conversación.
Salió del cuarto, tomó las escaleras para empleados -que por suerte estaban vacías- y llegó a la sala de esperas, donde sus padres lo esperaban con la cara apretada, como si estuvieran tratando de fingir que no había existido nunca la plática con Akane Fujiyama.
Kotaro se sintió fatal, porque después de todo él era parte de ese secreto y ni siquiera podía confesarlo.
"¿Dónde estabas, Kotty?", preguntó con amabilidad su padre.
"No me llames así, papá, que para algo me pusiste Kotaro", renegó.
Sora le hizo una seña a su hijo menor, quien se acercó y fue víctima de uno de los ataques de amor de su madre. En otras palabras, un beso tronador en la frente.
"Tenemos que irnos a descansar, lindo", dijo ella, "¿Nos ayudarías a buscar a Mayumi?".
Kotaro asintió.
"¿Y qué pasará con Sei?", por supuesto, Kotty sabía que esa noche trasladarían a su primo, pero tenía que fingir que lo ignoraba.
Era muy malo mintiendo, pero a leguas se veía que sus padres tenían la mente en otra parte, por lo que no percibieron sus nervios.
"Nos lo llevaremos a casa de Jyou, ahí tiene una pequeña clínica de Digimons en donde hay cuartos apropiados para atender a tu primo... por eso debemos irnos, tu madre y ustedes se quedarán en la casa de Hikari, y yo le ayudaré a tío Tk con el traslado, pero por ahora tengo que llevarlos a ustedes y a los mellizos Yagami".
"Querrás decir trimelos, papá, ésa ya me la sé", corrigió el pelirrojito.
"Se dice trillizos, hijo", sonrió Sora.
"Se oye mejor trimelos... bueno, iré por mi hermana".
Cansado de estar ahí y a pesar de que el chico estaba inconforme porque no le habían permitido ver a su primo Sei, Kotty se dispuso a buscar a Mayumi.
Casi de inmediato asoció que la rubia debía estar en el techo del hospital o en los jardines.
La razón era simple: Kotaro había caminado la mayor parte del hospital esa tarde-noche y no había visto ni un cabello rubio en el piso que le diera pistas de su consanguínea.
Ya estaba abriendo la puerta de la azotea después de haber dejado el elevador, cuando otro paro cardiaco imaginario le dejó paralizado.
Sin duda frente a él estaba descubriendo el peor secreto de todos.
Era el peor secreto de todos porque un extraño dolor se apoderó de su vientre sin aviso.
Se tocó el pecho y no supo precisar a qué se debió el malestar.
Pudieron haber sido los brazos de Taiki abrazando con fuerza a su hermana.
Pudieron haber sido los labios de Taiki, prensados a los de su hermana.
Pudo haber sido una lengua descarada de Taiki atacando a la de su hermana.
Pero no, lo que le molestaba no eran sólo esos elementos, sino el beso que presenciaba ahí mismo.
"¡Waaaaaaaa!", no pudo evitar exclamar, "Es demasiado por hoy".
Su grito deshizo el hechizo que había trenzado las bocas. Mayumi se limpió los labios y palideció. Taiki miró con indiferencia a Kotaro y susurró a su cómplice.
"Genial, tenía que vernos justo cuando accediste a que te metiera la lengua".
"¡Cállate!", rogó Mayumi, quien corrió presurosa hacia Kotaro, "Lo lamento, Kotty, no tenías que ver eso".
"Ya no digas más", rogó el niño, cerrando sus ojos, "que se me revuelve el estómago... ¿sabes?, creo que son celos".
Taiki soltó la carcajada y se acercó.
"Descuida, enano, los celos son normales", compartió, "Cuando un chico se acerca a Hidemi casi siempre lo destruyo antes de que se ponga a coquetearle".
"¿Entonces debería destruirte por besar a mi hermana de esa manera?", analizó el pelirrojo.
"No. Es diferente", creyó Taiki. "May y yo somos los mejores amigos; ella sólo me estaba consolando".
"Que te calles, Taik, ¿por qué no te largas y aguardas en la sala de esperas?", pidió Mayumi.
Taiki encogió los hombros y se fue.
Kotaro miró a su hermana.
"No me gusta que te bese así", aceptó.
"No me gusta que recibas cartas de amor de niñas que no conozco", sinceró también Mayumi.
"Ya sé, al menos yo conozco a Taiki", suspiró Kotaro, "¿Pero te ha pedido que seas su novia, verdad?".
"No. Esas cosas no nos van a nosotros", respondió la rubia.
"Claro que te van", consideró Kotaro, "No deberías dejar que te bese si no te lo ha pedido o si no se lo pides tú... yo sé de las dificultades que ahorita vive Taiki, y es mi amigo, pero no me gusta que le dejes que te bese sin que seas su novia ".
"A mí tampoco no me gustan muchas cosas, Kotaro", dijo la chica de 15, "Por ejemplo, detesto que me espíes".
"¡Papá y mamá me mandaron a buscarte, no es mi culpa!", reclamó, "Si papá se entera no le va a gustar nada lo que pasó".
"Pero no dirás nada", dijo May, "No tiene caso... fue solo un beso".
"Ya no soy un niño, hermana, sé cómo se dan los besos los adultos y se lo que significan", retó Kotty.
"Sólo no le digas al viejo", rogó May.
Kotaro se recargó en una de las paredes y el viento de la noche movió sus cabellos rojizos.
"No me ha gustado nada", insistió, "¡no me gusta! ¡y aunque quiera guardar el secreto no sé si pueda!".
Para ese entonces, los rubíes de Kotty brillaban y Mayumi se enterneció.
"Yo haré que puedas guardar el secreto… y si te pone tan mal, prometo que no volveré a besarlo, total, a mí no me importa, en estos casos, si uno le da valor a cosas como los besos, termina siendo muy miserable en la vida", comentó.
"No es que me ponga mal, es que primero debe pedirte que seas su novia, eso es todo", concluyó Kotaro.
Al parecer, su mente conservadora y romántica poco tenía que ver con las ideas liberales de su hermana Mayumi.
"¿... y?", siguió diciendo May.
"Y TRATARÉ de no chismearle a papá y a mamá", agregó, condolido.
Mayumi sonrió satisfecha de todavía poder ejercer algo de control en su hermanito.
O
Ese día le había parecido eterno a Yamato.
La noche pasada no había podido pegar el ojo cuando se había ofrecido a cuidar de Calumon y estaba claro que ahora tampoco podría dormir, porque iba a ayudarle a Takeru a trasladar a su primogénito a un lugar seguro.
De ninguna manera convenía que a su sobrino lo enclaustraran en un hospital donde Jyou Kido no tenía poder.
Hikari abrió el apartamento con prisa y, de la mano de Hidemi, entró al aposento.
Sora los siguió, lo mismo que Taiki y sus dos hijos.
Le pareció curioso que Kotaro no se había apartado de May ni un solo instante y había notado con orgullo que su hijo menor se entrometía en medio del hijo mayor de Tai y su rubia, como si quisiera poner una barrera.
El amigo de Gabumon agradeció ese gesto. Al parecer, su pequeño al fin había comprendido que entre su hija y ese Yagami había una relación peligrosa que había que vigilar de cerca.
Takeru estaba limpiando cristales rotos del ventanal. Matt no quiso preguntar cómo se había roto el cristal, se lo imaginaba.
"Hermano, Hikari, Sora, los estaba esperando", admitió Takeru, arrojando los vidrios a una máquina para reciclar que convirtió los cristales en curiosos cubitos de vidrio, "Jyou me ha contado lo del traslado".
"Sí", dijo Yamato, con cansancio.
"Deja ahí, cariño, que yo me haré cargo ", dijo Hikari.
"Para que estemos tranquilos mientras resolvemos lo de Seiyuro, Sora y mis hijos se quedarán en tu casa; también se quedarán los Yagami", explicó Yamato.
"Gracias... Toshi ha caído rendido y Min también duerme", avisó Tk.
"Iré a casa por pijamas y futones", avisó Mayumi.
"Ni de chiste podrás cargar con todo eso", opinó Taik, "te acompañaré".
"¡Hidemi y yo también iremos!", se apresuró a decir Kotaro, "¿Verdad, Hide-chan?".
"Eh, claro", agregó la chica, dejando por fin la mano de su tía Kari.
Mayumi le alzó la ceja a Kotaro. Yamato se sintió todavía más admirado por la nueva faceta de sobreprotección que estaba desarrollando -al fin- su chico.
Los chicos desaparecieron tras la puerta.
"¿Qué le pasa a Kotty?", le susurró Sora a Matt.
"Por fin está desarrollando el talento de los Ishida, eso es todo", consideró el ex astronauta.
"¿Te refieres a tus celos insanos?", cuestionó Sora.
Los llantos de Minagawa interrumpieron a los esposos. Hikari hizo amago por acudir a atender a su niña, pero Yamato, tras ver el rostro cansado de su cuñada, se lo impidió.
"Descuida, yo iré", se ofreció, "Le cantaré una canción de cuna a mi sobrina y se calmará".
"Yo haré unos bocadillos para que cenen antes de ir a lo de Sei", esta vez habló Sora.
"Gracias", dijeron al mismo tiempo los Takaishi,
"Aprovecha para poner al día a Takeru", aconsejó Sora a Hikari. Matt supo que se refería al descubrimiento de la verdad de Akane Fujiyama.
Sin pensar mucho, casi por inercia, se dejó guiar por los llantos de Min, que para su sorpresa venían del cuarto de sus sobrinos varones.
Entreabrió la puerta y observó a la pequeña Min sentadita en la cama destendida de Seiyuro. A su lado, en una cama gemela, Toshiro parecía vencido por el sueño y estaba ajeno a los llantos de su hermana.
Yamato se decidió a entrar y sin decir nada abrazó a su sonrinita con fuerza.
"Ya, nena, todo está bien", canturreó. Esa niña era una preciosidad y una de sus nuevas debilidades.
Ahora que sus hijos habían crecido y tenían pocas acciones que conllevaban ternura, su consuelo era esa niña de seis años que por suerte no se parecía en nada a su tío Taichi.
La niña se dejó consolar por su tío.
Según sabía, las pesadillas eran un problema que frecuentemente le hacía imposible el dormir a Minagawa. Casi siempre, y según le había contado Takeru, la niña soñaba con el mar de la oscuridad y cosas relacionadas al Digimundo.
En pocos minutos logró dormirla. Ni siquiera fue necesario cantarle. Se notaba que Min estaba tan agotada como todos.
La arropó, le peinó los bucles rubios y se dispuso a salir. Antes, observó un momento el cuarto de sus sobrinos de 17 años.
Mientras que el lado de Seiyuro era un desastre: fotos, pósters y ropa tirada por doquier, el lado que pertenecía a Toshiro estaba perfectamente acomodado. No había calcetines sucios por doquier, ni apuntes en el suelo, sino sólo una pila de libros acomodados en un estante.
Sonrió sin saber por qué, quizás porque recordó el desastre que había en su habitación cuando era joven y lo ordenado que había sido Takeru bajo el yugo de su madre, Natsuko.
Estaba por irse cuando la voz dormida de Toshiro le llamó papá.
"Papá... lo lamento...", eso dijo el castaño, con los ojos cerrados, "no quería embarazar a Yuri… perdona... yo... zzzz".
Nada coherente salió después, pero Yamato Ishida no necesitó oír nada más.
Salió a como pudo de la habitación, con sus pupilas con aspecto de gato.
Cerró la puerta con fuerza y fue hasta la sala, donde Takeru poniéndose una chaqueta.
Hikari y Sora cuchicheaban en la cocina.
"Tenemos qué hablar", le dijo a su hermano menor.
"Kari me ha dicho lo de Akane".
"Hay que hablar, pero no de ella, sino de Toshiro", imperó de manera cruda el cantautor.
Takeru miró hacia las mujeres, que no por suerte no habían oído, y con apremio jaló a su hermano hasta su despacho.
"Lo sabes, ¿no es así?, ¿te lo ha confiado?", preguntó el escritor.
"No me ha confiado nada, sólo me ha confundido contigo y me ha dicho que 'lamenta haber embarazado a la hija de Iori', lo ha dicho literalmente", renegó Matt.
"Ay, Toshi... seguro que no se dio cuenta de que eras tú, es lo malo de que los dos seamos rubios".
"¿Entonces es verdad?, ¿es eso posible, Takeru?", dijo en tono de regaño Ishida.
Takeru asintió muy apenado.
"Lo forcé a que me lo confesara hace unos minutos", admitió, "pero Hikari no lo sabe, creo que Sora se enteró por accidente y...".
"¿Y cómo puedes estar tan tranquilo?, ¿te das cuenta?", se escandalizó Yamato.
"Toshiro se ha martirizado demasiado, no he tenido valor para reprenderlo, me ha conmovido...", sinceró el menor.
"Me lo habría esperado de Sei, pero de Toshiro no", gruñó, "Seguramente Iori te linchará, y no lo culpo, las hormonas de los adolescentes son terribles ".
"Hermano, en realidad yo pienso que no tengo derecho a juzgar la relación de Toshiro y Yuriko", suspiró Takeru.
"Yo lo que pienso es que aunque tienes que apoyarlo, tampoco puedes aplaudirle tamaña irresponsabilidad", gorjeó Yamato.
"Yo también pienso eso...", un Toshiro somnoliento y con el rostro muy triste apareció tras ellos.
"¿Y tú qué no estabas dormido?", renegó Yamato.
"Me di cuenta de que te había confundido con papá-Takeru cuando estrellaste la puerta de mi cuarto", murmuró apenado el castaño.
"Mi Toshi, yo arreglaré las cosas con tu tío, así que regresa a la cama y trata de dormir", aconsejó Takeru.
Toshiro negó.
"¿Puedo hablar en privado con tío Yamato, papá-Takeru?", fue la petición del chico.
Takeru suspiró.
"Sólo un momento, que tenemos que regresar al hospital... iré a despistar a tu madre".
El escritor dejó solos al tío y al sobrino.
Los dos se miraron por largo rato. En realidad, Yamato nunca había tenido una relación cercana con Toshiro.
Por problemas de comunicación, apenas acababa de enterarse de que el chico tenía enormes posibilidades de ser su sobrino de sangre. Sin embargo, el hijo de Hikari siempre le había simpatizado.
A menudo recordaba que él y Taichi, cuando todavía no tenían sus propios chicos, salían a pasear con sus respectivos sobrinos.
Seiyuro, el que estaba a su cuidado, siempre terminaba metiéndolo en aprietos. Toshiro, el que estaba al cuidado del irresponsable de Taichi, siempre se portaba como un auténtico angelito.
"Tío Yamato, me gusta que seas sincero y por eso quiero que me digas de frente que soy un irresponsable", pidió Toshiro.
"No voy a decirte lo que quieres escuchar y la irresponsabilidad de tus acciones serán las decisiones al afrontar tus problemas ", comentó Yamato con firmeza.
"Tienes razón... quise hablar eso con mi papá pero no pude, él es demasiado dócil... sólo sé que quiero ser un padre responsable", el muchacho se hizo chiquito en una silla.
"¿Y qué piensas hacer?", indagó de nuevo de forma rígida Ishida.
"Dejaré de estudiar en cuanto termine el instituto y buscaré trabajos de medio tiempo... yo... yo quisiera pedirle matrimonio a Yuri, criar a mi hijo y... ¡no lo sé!", admitió Toshiro vuelto loco, "Le doy vueltas a la situación y no encuentro qué hacer, ni siquiera he tenido el valor de decirle a mi madre que embaracé a mi novia, el señor Hida me odiará de por vida... incluso, no tengo idea de si Yuriko y yo superaremos esto ".
Yamato observó detalladamente al chico. Se alegró de estar ahí, porque aunque Takeru le había dado consuelo al castaño, éste necesitaba otro tipo de seguridad.
"Dejar de estudiar es unta tontería, opción denegada", aconsejó el tío, "pero conseguirte trabajo de medio tiempo me parece correcto. Te vendrás conmigo a la disquera, necesito un asistente particular que trabaje bien y que no sea mujer, porque Sora se encela".
"No puedo aceptarlo, tío Yamato, no estoy preparado para un puesto así, soy sólo un chico de instituto y no quiero abusar así de nuestro parentesco".
Para sorpresa de Toshiro, Yamato soltó una carcajada.
"Eres una monada, y has afirmado que tenemos 'parentesco', me gusta, es la primera vez que tú y yo hablamos como familia", se rió.
"Yo... sé que eres mi tío. Aun así, no puedo aceptar tu trabajo".
Yamato le zarandeó el cabello.
"Lo aceptarás y no se hable más del asunto. Un trabajo de medio tiempo ordinario no te dará dinero para criar a un bebé; también tendrás que aceptar la ayuda de tus padres, de tus amigos, de Tai y de medio mundo, tómalos como préstamos y no te portes orgulloso, porque lo haces por el bien de tu hijo".
El muchacho asintió, a Yamato le pareció un niño tierno que le veía con admiración.
"Y, como me he enterado primero que Taichi, que quede claro que trabajarás conmigo y no con él, estoy seguro que también querrá darte un puesto en su bufete", ordenó.
Toshiro no asintió, pero siguió sonriendo con ligereza.
"Eres el que me ha hablado con más firmeza pero también me has ayudado a clarificar mi mente", convino, haciendo una reverencia a su tío, "aún así, ¿te he decepcionado mucho?".
"Eso no tiene importancia, ¿tú crees que chicos de tu edad no hacen lo mismo que tú?, Seiyuro es un mujeriego, por ejemplo, es sólo que parece que tuviste mejor puntería que él", se burló Yamato. Toshiro se puso colorado.
"Tío...".
"¿No usaron preservativos?", preguntó con picardía.
"No quisiera hablar de eso, pero sí lo usamos ".
"¿Rompiste el condón?", preguntó Yamato, metiendo en aprietos al chico.
"Creo que me iré a dormir", se zafó Toshi, incómodo, saliendo de la oficina de su padre con torpeza.
Yamato rió nuevamente y cruzó los brazos.
"Es difícil regañar a ese condenado sobrino mío... tiene las mismas actitudes que tuvo Takeru cuando le dio por embarazar a la madre de Sei".
O
Hidemi quería pasar en vela toda la noche pero para su pesar pudo dormir. Antes de caer en los brazos de morfeo intentó llamar a su padre, pero éste de nueva cuenta no le respondió, lo que la puso de malhumor.
Quiso estar alerta para saber si el traslado de Seiyuro había sido exitoso, pero tampoco pudo estar al pendiente.
Despertó al día siguiente con resaca y el cabello revuelto. Había dormido en un futón en el cuarto de su prima Min, justo al lado de Mayumi.
En la camita de Min se acostó Kotaro, mientras que Taiki se durmió en el cuarto de Toshiro.
La trilliza se levantó presurosa y sin siquiera ir a asearse, fue hasta la sala, donde se encontró a su tía Hikari y a Sora-san platicando en la sala, mientras el conserje del edificio reponía el vidrio del ventanal que había roto Seiyuro con el bat.
"Buenos días, ¿cómo ha ido todo?", preguntó. Tras Hidemi apareció Mayumi, bostezando.
"Todo ha ido bien con Seiyuro", dijo Hikari, "Matt y Takeru pudieron burlar al hospital y consiguieron el alta... Jyou pidió permiso para ausentarse del hospital unos días y fue a su casa para cuidar de Sei y Calumon".
"No podía ser de otra manera", consideró Mayumi, rascándose su cabello rubio, "¿Y Sei cómo sigue?".
"Mucho mejor, hija", respondió Sora, "ahora sólo falta la última mudanza al museo digimon, donde Miyako adaptó una mansión igual a la de Devimon para que todos podamos reunirnos y pensar qué hacer con la situación que estamos atravesando".
"Mamá, ¿y ha atacado algún otro digimon?", preguntó ahora el pequeño Kotty, quien salió tras Hide y May, también en pijama.
"Sí... Izzy confirmó que un Rey Demonio Digimon, Lucemon Falldown Mode, atacó en L.A., pero no tenemos detalles, parece ser que lastimó un poco a Tulo-chan", comentó preocupada la primera elegida del Amor.
"¡A mi pupilo!", se alarmó Kotty, "¡pero si Tuls es un bebé!, ¿y está bien, mami?".
"Sí, Kotty, sólo está en observación".
"Ya terminé, señora Takaishi, me retiro", interrumpió el conserje.
"Gracias, Orimoto-san, lo acompaño a la puerta", Kari se levantó para acompañar al trabajador.
Hidemi quedó paralizada. Recordó que un Lucemon Falldown Mode había sido el responsable de hacer sufrir a su madre cuando ésta estaba embarazada.. rememoró que ese digital le había hecho algo malo a su hermano.
¿Y si ese digimon había atrapado a Soji?
Como alma que lleva el diablo, la chica fue hasta la habitación de su primo Toshi, la abrió y vio que Min y y Toshi todavía dormitaban.
Su hermano, para variar, no estaba ahí.
Con desesperación la chica fue a buscar su celular y volvió a marcar con ahínco.
"Por favor, papá, contesta", rogó, "por favor papá, dime que todo está bien".
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Continuará… en el 7.3
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¡Espero que les haya gustado!, en lo personal, aunque sé que seguro tiene sus errores, me agradó escribir este episodio. ¿La razón?, me he divertido de lo lindo con los Ichijouji y con Kotaro. Este capi me permitió entrar un poquito en los sentimientos de Zetaro y en sus razones de por qué se hizo tan lejano… supongo que la ha tenido difícil mi niño de la Bondad, porque él tiene mucho amor que dar y tiene miedo de mostrarlo, porque cree que volverá a convertirse en un Kaiser. Con respecto a Kyou y Kurumi, pues ya iba siendo hora de que se dieran sus besos, jaja… por supuesto que en este capítulo me "pasé de lista" (eso diría Ben) con tantas escenas de besos tan parecidas… me mató de risa que Kotty viera a su hermanita en garras Yagaminezcas (pobre chico, no podrá albergar tantos secretos "dolorosos").
Sé que quedó pendiente la situación que se vive en Los Ángeles, pero el cap ya estaba quedando muy largo… así que decidí partir el episodio en tres en lugar de en dos.
Hay muchas cosas que seguirán aclarándose, hay otras preguntas que seguirán surgiendo.
Ojalá que mi fic les siga agradando y continúen leyéndolo… cuando sé que me leen me hacen recuperar la esperanza de querer convertirme en una eterna narradora de historias.
¡Gracias!
P.D. De nuevo no releí esto… espero no se hayan ido demasiados errores al escribir.
¡Saludos y hasta pronto!
