Traigo la tercera parte del capítulo 7. En esta ocasión me interno en los personajes que están en Estados Unidos: Taichi, su trimelo nuevo y los Izumi. Será hasta el episodio 7.4 cuando culmine el capítulo y avance más la trama, pero consideré necesario hacer una pequeña parada para conocer más de los sentimientos de estos personajes.

Como breve resumen les aporto lo siguiente: los digielegidos y su descendencia ya tienen un poco más claro que los enemigos a vencer son los Reyes Demonio Digimon o Demons Lords, los cuales quieren capturar a Soji Yagami para hacer brillar el emblema Apócrifo, con el que podrán por fin y después de dos intentos fallidos, hacer la Fusión Prohibida.

Desde el 2028 la puerta al Digimundo se cerró, y los elegidos han tratado de abrirla, pero aunque no lo han logrado, datos malignos de digimons se están haciendo presentes en la tierra, e incluso, la formación de esos datos (en monstruos digitales malignos y poderosos) ha causado daños en algunos de los personajes. Seiyuro sufrió consecuencias por la mordida de LadyDevimon, por ejemplo. Sin embargo, entre tanta oscuridad, un rayo de luz llamado Calumon también apareció en Japón.

Eso está sucediendo en Apócrifo, sumado a hijos perdidos, embarazos adolescentes, matrimonios inesperados y romances nacientes. Espero que les siga gustando esta historia y me den su comentario.

Gracias a todos por su apoyo. Celebro en esta ocasión 10 años de presencia en este portal.

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A p Ó c r I f O

Por CieloCriss

7.3

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Los Ángeles, California.

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Taichi miraba de reojo a su hijo cada vez que podía.

Le intrigaba la mirada esquiva de Soji mucho más que cualquier cosa en ese momento. De camino a la sala de primeros auxilios del Puerto el muchacho se había negado a recibir la ayuda de su padre al caminar y se había entercado en ir detrás de Yagami.

El chico cojeaba ligeramente y con gracia, haciéndose el fuerte. Taichi pensó que así mismo lo haría Taiki si estuviera en una situación similar. Hidemi no, su hijita se arrimaría a él y se dejaría abrazar.

Tai deseó que Soji se pareciera un poco más a Hidemi que a Taiki.

"Déjame ayudarte", dijo al detenerse, "detesto que caminen detrás de mí como si fuéramos extraños… no me agrada ver que estás lastimado".

"Somos extraños y no me importa que le desagrade que yo esté lastimado, de cualquier manera, le aseguro que a mí me enerva más no estar bien", respondió sin entonación el trillizo. Sonó terco y frío, pero a Taichi no le importó.

Se acercó al chico, se pasó el brazo de éste entre sus hombros y quiso dar un paso al frente, pero Soji Miyagi ya no quiso moverse.

"Por favor", le pidió Tai. Buscó los ojos marrones del muchacho y los encontró después de varios segundos. "No tiene caso que tengas esa actitud aún cuando no te haya gustado nuestro encuentro, So-chan".

"¿So-chan?".

"Si te comportas como un niño pequeño te llamaré así", advirtió Yagami, revolviendo el cabello de su hijo.

"Le pido que no me zarandee el cabello", pidió educadamente sin perder el tono de voz frío, "Aceptaré su ayuda de ir a la enfermería si deja de llamarme So-chan y de tocarme como si fuéramos amigos".

El primer portador del Valor sonrió triunfante a pesar de la frialdad de Soji. Estaba seguro de que si se esforzaba podía ganarse ese corazón huérfano de su recién encontrado hijo.

Trotaron con lentitud y siguieron las indicaciones del personal del puerto para llegar a la salita de urgencias. No hubo mas diálogos entre ellos y sólo hasta que arribaron al hospitalito, Taichi soltó a Soji para entrar a buscar a los Izumi y para que el chico recibiera su dosis de medicamento.

"¡Tío Tai!", saludó exaltada Osen Izumi. Estaba sentadita en la sala de esperas con los ojitos negros vidriosos y los labios encogidos.

"O-chan…", saludó el ex embajador, "¿está todo bien con Tulo?".

Tai notó que su hijo aflojaba el rostro al mirar a la pelirroja, como si la presencia de la niña lo relajara. Arqueó la ceja interesado, y cuando su sobrina postiza llegó hasta él, la abrazó con fuerza.

"Tío Tai, ¿ha ido todo bien contigo y con Soji-kun?", preguntó la chica sin responder inmediatamente la pregunta anterior.

"Bueno, no puedo quejarme, es como si de pronto hubiera 'dado a luz' a otro niño idéntico a mí… a él no parece gustarle, pero ya se acostumbrará", bromeó.

"Tulo sigue muy alterado", Osen retomó la respuesta que le debía a Yagami, "No para de llorar; del susto incluso ha vomitado y tiene algunas heridas pero no son muy profundas… mamá, papá y Ben están con él adentro".

Siempre que estaba nerviosa, su sobrina postiza –a quien había criado por nueve años- hablaba rapidísimo y dejaba atrás el look geek tranquilo que la distinguía.

"Lo imagino… pero tu hermanito es un héroe, O-chan, se enfrentó a un demonio digimon y salió airoso a los cinco añitos", trató de animar Yagami.

Soltó a la hija de Koushiro y se animó a ver a Soji, quien seguía callado pero tenía la vista fija en Osen como si no existiera nadie más en la habitación. Era tan obvio que su sobrina le interesaba unas quinientas veces más que él y medio planeta juntos.

"Vaya, tengo sexto sentido para ciertas cosas…", se le salió decir.

"¿De qué hablas, tío?", cuestionó Osen, sin comprender.

"Tonterías de viejos, O-chan", respondió Tai.

La enfermera que trabajaba en la salita se acercó y de inmediato se llevó a Soji con ella, para cambiarle el vendaje e inyectarle la solución contra la hemofilia.

Tai y Osen se sentaron en la salita de esperas.

"Me ha ido fatal con Soji", se quejó al fin.

"Lo sé", atinó a decir la pelirroja.

"¿Será que me odia?", preguntó el adulto a la mujercita de 14 años.

"No lo sé", la chica adoptó su pose de pensadora, "yo creo que no. Sólo requiere de adaptación".

Taichi le sonrió, pero no pudo distinguir si la chica estaba especialmente interesada en su hijo.

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El primero en salir del consultorio para primeros auxilios fue Soji. Llevaba un nuevo vendaje y la misma playera de Benjamín Tachikawa, pero ensangrentada. El chico miró a su padre y a Osen, pero se sentó lo más alejado que pudo de éstos.

Más tarde, la puerta del otro consultorio se abrió y Ben salió tapándose los oídos.

"¡Cállenlo ya!", se quejó.

Koshiro salió con Tulo en brazos. El pequeño seguía gimoteando en un tono ruidoso y lastimero que al mismo Taichi le encogió el corazón. Mimi ya traía los ojos hinchados de tanto llorar; chillaba de manera tan ruidosa como su hijito.

"¿Está seguro, doctor?", insistió en inglés la esposa de Izumi.

"Le hemos sacado las radiografías, la resonancia magnética y el ultrasonido, señora, es un hecho que su bebé no tiene secuelas y no se lastimó la cabeza… de cualquier manera hay que observarlo, ¿de acuerdo?".

"¿Pero y esa sangre negruzca que le sale es normal?", repitió Mimi.

"No se preocupe por esas cosas, señora, es una coloración normal".

"Deja ya, Mimi, te lo ha repetido cientos de veces, ya pareces disco rayado", se quejó Izzy en japonés, "te he dicho que la única manera de comprobar si Tulo está bien es llevándolo a Japón, con Joe".

"¡Pero es que lo lastimó un digimon muy poderoso!", gritó Mimi, "¡¿Acaso no acabamos de enterarnos que a Seiyuro-chan lo contaminó una LadyDevimon?, ¡Ay, mi bebito!".

"Madre, no debes decir esas cosas enfrente del pequeño insecto", regañó Ben, "lo estás asustando más y si esto sigue seguro que no se callará hasta que se le seque su océano personal de lágrimas".

Mimi se cubrió la boca pero no dejó de llorar.

"Thanks for everything, doctor Stuart", se despidió el principito.

Koushiro arropó a Tulo con su chamarra y también agradeció al personal, luego miró a Taichi, que estaba de pie un poco inquieto.

"Tai…", saludó el pelirrojo, "¿crees que podamos irnos a Japón mañana mismo?".

"A primera hora, Kou".

"Pero…", Izumi padre miró a Soji Miyagi en la esquina de la enfermería con la mirada indiferente.

"Soji estará bien, ya me ocuparé de todo desde Japón y mandaré a mis asistentes a que ordenen los papeles; cruzar la frontera no será problema, traje el pasaporte de Taiki y ten por seguro que nadie notará la diferencia, me encargaré de que no tomen huellas dactilares y ¡listo!".

"Gracias", dijo Izzy.

"No podemos arriesgarnos a que a Tulo-chan le pase lo mismo que a Seiyuro", comentó Taichi.

Osen soltó un jadeo de preocupación y Ben apretó el entrecejo.

"Por lo visto, el enemigo es ese Lucemon Falldown, que es un demonio del Mundo Digital y quiere a mi hijo, así que también debo resguardarlo en mi zona de confort", siguió diciendo el diplomático, mirando a Soji de reojo, "aunque él no quiera lo mismo".

Para ese entonces, el doctor Stuart y la enfermera en turno escuchaban la conversación con incomprensión total, porque no sabían japonés.

"Lo mejor será regresar al hotel", opinó sabiamente Osen, a quien no le gustaba que su familia fuera el centro de atención de nadie.

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A Tulo lo acostaron en la habitación de Koushiro y Mimi como si fuera nuevamente un bebé. Como había predicho Ben, nada parecía consolar al pequeñito.

"Yo digo que le demos un somnífero", consideró Ben.

"¡Benji!, te prohíbo que digas esas cosas", lo regañó Mimi.

"Lo digo en buen plan, bella madre, no es sano que lleve tres horas seguidas llorando y sin bromear".

Osen salió de la habitación con Tulo en brazos. En la suite del hotel, Tai y Koushiro estaban en el comedor. El primero no le quitaba la vista a su hijo, quien estaba sentado en un pequeño sillón y no hablaba. El segundo estaba inmerso en su computadora.

Mimi y Ben discutían en la cocineta.

"Creo que tiene fiebre", anunció la pelirroja, meciendo a su hermano con la mayor paciencia posible.

"¡Ay, mi bebé!", Mimi tomó al niño en brazos y lo apretó.

"Hay que darle las gotitas que le recetaron", opinó con calma Koushiro.

Ben fue por el medicamento. Taichi observó la escena con envidia. Su familia era un rompecabezas si lo comparaba con los Izumi, que también parecían un núcleo desarticulado.

Envidió que Koushiro tuviera a Mimi y que los hijos de ambos se acoplaran tan bien cuando había que proteger a uno de sus miembros.

Se puso de pie y caminó hasta su amiga de la Pureza.

"Princesa Mimi, ¿me permites cargar a tu principito?".

"Ey, ese es mi título…. nada de principitos extra, si acaso duquecito", soltó Ben sin querer, sacando el fármaco de su mochila.

Tai se echó en brazos al niño. Estaba tan colorado como su cabello y parecía borrachito de tanto llorar. No le salían palabras a pesar de que era un conversador "incallable". Aún así, Yagami intentó hacerle razonar.

"Oye, hombrecito, basta ya de lágrimas", le pidió con su tono juguetón, "A mi sobrina Min le gustan los chicos valientes ¿eh?"

Tulo Izumi negó.

"… sombrero…", fue lo único coherente que le salió al niño.

"Ya veo, estás así porque el malo se llevó el sombrero de Wizardmon, ¿cierto?".

Tulo asintió frenéticamente.

"Y tú querías dárselo a Minagawa".

Buaaaaaaaaaaaa!", al recordar su fallo, el llanto se incrementó en la garganta de Tulo.

"Caray, qué sensible… pero vele el lado bueno, chico, ¿acaso no fuiste un héroe?, ¡ni siquiera el travieso de Satoru Ichijouji se ha enfrentado a un digimon tan poderoso él solito!", planteó Taichi.

El menor de los Izumi hipeó, se mordió la lengua para callarse. Los enormes ojitos marrón oscuro le temblaban. Parecía un borreguito a medio morir.

"Sato…", comenzó a decir, tartamudeando, "lo sabe todo".

"Sí, pero ahora tú sabes más que él", jugueteó Taichi y acarició la melena sudorosa de Tulo.

El chico no sonrió ni parecía conforme con la posibilidad de saber más que su amiguito, pero su llanto se hizo más discreto.

"Gracias Tai", dijo Koushiro, pidiendo a Tulo de vuelta, quien de inmediato quiso abrazarse a su progenitor.

Ben le dio la medicina. Para admiración de todos, Tulo Kosuke Izumi no se quejó ni luchó contra su hermano, parecía que el cansancio lo estaba adormilando.

"Mi amor, ya sé qué puede animar a Tulo", canturreó Mimi, secreteando a Koushiro.

"Tienes razón, Mimi".

Mimi Izumi se aclaró la garganta y declamó:

"De no estar tú,

demasiado enorme

sería el bosque".

Por primera vez en la noche, el pequeño de la casa sonrió.

"Tienes razón, mami", dijo y escondió su carita en los brazos de su papá, sin dejar de soltar el hipo, "lo importante es que estamos bien y juntos y ese monstruo no hizo cosas más malas…".

"Venga, vamos a acostarte, hoy dormirás con mamá y papá", Mimi se llevó a la criatura mientras Taichi y Soji se quedaban algo atónicos por el cambio de actitud de Tulo.

"¿Es una especie de hechizo lo que acaba de decirle Mimi a tu niño?", preguntó intrigado Tai a Koushiro.

"No. Es un haiku".

"¿Haiku?", preguntó con ignorancia Tai.

"Tío Tai, un haiku es un poema japonés corto", explicó Osen.

"Ahhhh", soltó Taichi con ignorancia.

"A Tulo le fascinan, incluso, cuando Min tiene pesadillas, siempre la consuela con canciones y declamaciones de esos poemas; a mi hermanito le ayuda a comprender mejor las cosas y a superarse con sabiduría", terminó de decir la adolescente.

"Ahhhhh", repitió Yagami.

"Es una suerte que Mimi haya recordado este poema, con eso Tulo estará un poco más tranquilo, pero aún así tú le dijiste palabras muy elocuentes al niño, gracias".

"Deja de dar las gracias, Koushiro, fuiste tú quien encontró a mi hijo perdido".

Ejemp!, no quiero presumir, pero yo encontré a tu mini-clon, Tai", interrumpió Ben con indignación.

"Cierto, chaval, te debo la vida".

Hubo un silencio incómodo y, por alguna razón, todos miraron a Soji, quien seguía emitir palabra de la boca.

"Rentaré una habitación y me llevaré a Soji a dormir, Izzy", avisó Taichi.

"No creo que sea buena idea", consideró Izumi, "creo que es mejor que nos mantengamos en la misma suite, pueden usar el cuarto en el que duerme Osen, ella se irá al cuarto de Tulo y Ben".

"Por mí no hay problema, creo que me pasaré la noche averiguando más sobre el nuevo digimon y Lucemon Falldown Mode", comentó la chica.

"Además, no pueden irse a otro cuarto, porque el insecto de Soji se escapa y no creo que una sola persona pueda estarlo vigilando", agregó el principito Tachikawa.

"¿Escaparse?", Tai miró de nuevo los ojos fríos de Soji, "¿en serio?".

"Este día intentó fugarse al menos unas dos veces", comentó Ben.

"Tres", corrigió Osen.

"Ya veo", dijo con tristeza Taichi. "Vamos, So-chan, iremos a la habitación y tendremos una larga charla tú y yo".

"No me llame así", se quejó brevemente, "y lo siento, pero no deseo hablarle".

"Bueno, pues tendrás que atenderme aunque no quieras".

Tai se acercó al chico, quien de manera arisca se alejó.

"Primero quiero hablar con ella", Soji apuntó a la pelirroja.

"¿Qué quieres hablar con la Cerebrito?", preguntó Ben.

"Tenemos un asunto pendiente", susurró con claridad el muchacho.

Osen Izumi suspiró y todos le miraron con curiosidad, incluso Koushiro.

"Está bien, pero sólo si prometes no ser tan grosero con mi tío Tai", chantajeó la joven.

Soji Miyagi asintió.

Sin pena alguna caminó hasta la pelirroja, la tomó de la mano –situación que hizo que Koushiro y Ben palidecieran- y se la llevó a una de las habitaciones.

La puerta se iba a cerrar, pero quedó ligeramente entreabierta.

"Vamos a espiar", sugirió Ben. Y Tai, sin poder evitarlo, sonrió.

"Vamos, ¿No vienes, Kou?".

"Yo no espío a mi hija y les recomiendo que no lo hagan", reprendió el pelirrojo.

Ben y Tai encogieron los hombros pero no le hicieron caso.

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"Soji-kun, ¿podrías soltarme la mano?" fue lo primero que dijo Osen cuando entraron a la habitación.

"Espera", dijo el chico, "estoy viendo si alrededor de nosotros hay esas extrañas mariposas; no quiero que desvíes la explicación que me debes si ves a esos animales de nuevo".

"No son animales", se indignó la chica, "son datos, como el código binario, pero en realidad las mariposas indican que hay información de digimons cerca".

"Da lo mismo", Soji sujetó con más fuerza a Osen "Muñeca, lo único que quiero es que me digas lo que piensas del beso que te di".

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Ben se infló como un toro lleno de celos. Taichi se sonrojó pero le quedaron fuerzas para sujetar al principito e impedir que éste interrumpiera la escena. Tuvo qué cubrirle la boca al hijo de Mimi y sujetarlo con fuerza de la pijama.

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Osen no respondió lo que Soji quería oír.

"Por favor, no me digas Muñeca", rogó con dulzura, "además, yo ya te lo he aconsejado, tu preocupación debe ser tu papá y tu familia, ¿acaso no te interesa conocer a tus hermanos y saber de tu pasado?".

"No". Afirmo, "me interesas tú y no sé por qué".

"Si acaso no te interesa tu familia y tu pasado, ¿no te parece mucho más prioritario averiguar el por qué ese digimon Lucemon Falldown Mode te llamó Emblema Apócrifo?, ¿no te das cuenta de que quería llevarte con él?, además, tú ya le conocías ¿cierto?, todo eso es mucho más interesante que una chica que, en definitiva, no parece ni quiere ser una Muñeca".

"Pues a mí no me interesan esas cosas… si viene un monstruo y me lleva con él, ¿qué más da?, hace rato vino un hombre que se dice mi padre y también me lleva con él, ¿no es casi lo mismo?", sostuvo el trillizo.

Osen pareció enfadarse.

"¡No!".

"Yo te he robado un beso y fue lo que me hizo sentir vivo, lo único que quiero saber es si te gustó", pidió el moreno, "todo lo demás es secundario. Quizá una niña bonita como tú no lo entiende, tal vez para ti es normal tratar de querer averiguar el pasado o el futuro, pero a mí no me gustan esas cosas y no creo que pueda sentir nada sobre familias o monstruos… pero, a pesar de que eres una niña algo inexpresiva, creo que por ti puedo sentir amor".

Osen bajó la cabeza y negó, lucía angustiada.

"Es que no puede ser así", insistió.

Soji la soltó finalmente, pero dirigió su mano a la barbilla de la chica y la alzó.

Por primera vez vio el rostro de la Muñeca ligeramente sonrosado y eso le hizo sonreír. Osen se soltó y volvió a bajar la quijada.

"Lo siento, yo no siento las cosas nada más porque sí", dijo, "Yo busco respuestas a todas y cada una de las preguntas que tengo… entonces, creo que tú y yo no nos llevaríamos bien… además, yo… lo tengo a él".

"Ya hablamos de tu Cyber-novio y quedamos en que no cuenta como novio real".

La pelirroja soltó un bufido.

"Además, yo te di el primer beso y eso es lo que vale", presumió Soji.

"¿Ehhh?" se agitó la niña, y a pesar de que era tímida, gruñó, "ése no ha sido el primero, y para que lo sepas, Zet lo hizo mejor que tú aunque éramos niños".

Ella misma se cubrió la boca y enrojeció tras su confesión.

Soji resopló ruidosamente, como si estuviera preguntándose '¿quién es Zet? ¿es normal que una Muñeca japonesa se encrespe y hable de un tal Zet?'.

Se sacudió la cabeza justo como lo hacía Tai en su adolescencia, y sin importarle nada, volvió a tomar con brusquedad la quijada de Osen, le quitó las manos de la boca y la besó de nueva cuenta.

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Al ver eso, Ben se revolvió como un huracán y Taichi tuvo que hacer con él un movimiento parecido a un touchdown de futbol americano para tener al chico calmado y callado.

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Osen lo empujó con torpeza, más roja todavía que antes.

"Te aseguro que lo hago mejor que cualquier Zet", afirmó el trillizo, "me gustas de verdad, ¿tengo alguna oportunidad?".

La Muñeca suspiró varias veces, parecía que le hacía falta aire.

"Yo… no te voy a decir nada", lo dijo con su voz queda de siempre. Dio media vuelta, pero Soji la sujetó de la mano.

"No importa, te seguiré a Japón… haré lo que sea para que no me confundas con mi doble y soportaré la vida que me ofrece ese hombre que se dice mi padre".

"Soji-kun, el día en que de verdad le abras tu corazón a tu familia vas a darte cuenta de las cosas que de verdad son importantes, no te distraigas conmigo", ordenó la niña.

Ella giró hacia él.

"Tú no eres igual a Taiki, eso es seguro, lamento si antes dije que me incomodaba el parecido… ahora, yo creo que lo mejor es que te tomes las cosas con calma y me dejes en paz".

Como si no hubiera pasado nada, la chica salió de la habitación.

Tai tuvo que correr y saltar al sofá cargando a Ben a cuestas para que su sobrina no sospechara que la habían espiado. La pelirroja fue directo al sanitario y se encerró.

Soji no salió de la habitación.

Caramba!", soltó el compañero de Agumon dando saltos en el sillón, "No sólo voy a emparentar con Sora y con Matt, ¡también con Izzy!".

"Voy a tener pesadillas-voy a tener pesadillas-voy a tener pesadillas" se lamentaba Benjamín, dándose manotazos en la frente, "uno encuentra insectos en la calle, uno le abre las puertas de su hogar… ¿y cómo me pagan?, ¡atacando a las hermanastras de uno!".

"Qué metáfora tan original", dijo Tai.

"Lo lamento, pero voy a partirle la cara a tu hijo", gruñó Ben, arremangándose la ropa.

"No seas así, Ben, piensa que sólo fue un simple coqueteo", animó Tai.

"¿Un simple coqueteo?, ¡la besuqueó por la fuerza! ¡y además amenazó con hacerle cosas peores como perseguirla!, ¡voy a matarlo y ni siquiera Taiki se quejará de que le queme vivo!".

"Basta ya, Ben", regañó Koushiro, pálido al oír a su hijastro.

"¿Acaso no oíste lo que dije?, ¡el hijo de Tai quiere con la Cerebrito! ¡La besuqueó!".

"Te va a oír Osen y no creo que le agrade saber que la estaban espiando", dijo el pelirrojo, "entiendo que protejas a tu hermana, pero lo mejor será que no armes un escándalo ahora, sólo vigílala mejor y evita que se quede a solas con agentes peligrosos".

"¿Agentes peligrosos?, ¿mi hijo es un agente peligroso?", dijo Tai.

"¡Maldición!", renegó Ben. Se levantó del sofá y se largó a su habitación, estrellando la puerta.

"Vaya, Kou, ¿es que tú lo apruebas entonces?", se animó Taichi.

"Por supuesto que no", apuntó Koushiro con apremio, "mi hija es sólo una niña y no me ha gustado nada de nada lo que he oído sobre el besuqueo o lo que fuera realmente, pero no me parece adecuado espiar; además, confío plenamente en las decisiones de Osen".

"O sea que lo apruebas y no eres celoso como Yamato con Mayumi".

"No me malinterpretes, Tai, sólo estoy tratando de ser amable con tu hijo porque sé lo que significa vivir creyendo que se es huérfano", bufó Izumi, "En cuanto todo se estabilice podrás observar con detalle mi lado celoso, te lo aseguro".

Koushiro Izumi siguió pálido toda la noche.

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La suite que rentaban los Izumi en Long Beach se llenó de silencio hasta avanzadas horas de la madrugada.

Taichi había conseguido que el malhumorado de Ben le prestara ropa a Soji, por lo que cuando por fin tuvo valor, el padre entró en la habitación donde su hijo había discutido con la pelirrojita Izumi horas atrás.

"Traje esto", le avisó.

Soji estaba sentado mirando la ventana del hotel-barco. Se le veía muy cansado. Tai se acercó algo nervioso y se sentó a su lado.

Puso la pijama arriba de la almohada, luego sacó su billetera, extrajo unas fotos y las puso en el muslo del chico.

El chico no miró hacia abajo.

"¿Mañana me llevará a Japón?", preguntó.

"Técnicamente en unas horas", sonrió Yagami, "So-chan, ¿no miras las fotos que voy a regalarte?"

Miyagi fingió desinterés, pero miró de reojo. Para su sorpresa, no eran fotos de su clon ni de los otros familiares que se imaginaba que tenía.

Todas eran fotos de Osen Izumi.

En una salía de bebé. En otra tendría unos ocho años y estaba al lado de un niño de piel blanca y cabello castaño claro. La última parecía reciente.

"Creo que me di cuenta de que O-chan te gusta", dijo directamente Tai, "lamento decirlo sin rodeos".

"No lo entiendo, señor Yagami".

"Crié a esa niña con cariño, era algo así como su tío sustituto ¿te enteras?, cuando su padre no podía ir a las juntas escolares, ahí iba yo encantado de la vida; cuando su padre no podía llevarla al médico, ahí la llevaba yo a pesar de que odiaba los hospitales… me gusta mi sobrinita postiza", confesó, "pero hubiera dado todo por haber sido yo quien fuera a tus juntas escolares o te llevara a ti al médico… si me fijo, de forma inconsciente Osen fue mi consuelo ante tu ausencia".

Soji tomó las fotos, las miró brevemente y se las regresó a Tai.

"¿Sabes lo que más le gusta a O-chan?", siguió picando Yagami, "las respuestas".

"No comprendo qué quiere de mí, será mejor que durmamos", suspiró Soji.

"Espera, quizás no me di a entender bien… lo que quiero decir es que si Osen Izumi te gusta no puedes negarte a hacerte tus propias preguntas y a dejar que tu historia y los demás te las respondamos, eso es básico".

"Ya lo entiendo, señor Yagami, usted me ha espiado mientras conversaba con Osen-chan".

"No te lo voy a negar".

"¿Cree que puede chantajearme utilizando a la chica?, me parece algo muy bajo".

"Probablemente, Soji, pero es verdad", explicó Taichi, "¿Sabes por qué ella no te responde?, porque tú te niegas a oír respuestas de tu propia existencia… y podré sonar chantajista contigo, pero no me importa… acabamos de empezar nuestra vida juntos y todo será muy complicado los próximos días, no sólo tienes que conocer a tus hermanos y a Akane, sino que parece que el Digimundo está en peligro y sus digitales malignos quieren secuestrarte, así que, ¿no sería mejor que me dejaras hablar de una buena vez?, porque si dices que no igual seguiré insistiendo".

Para su sorpresa, Soji aflojó los hombros se dejó caer en la cama y dijo.

"Está bien".

Tai soltó un grito de alegría.

"Sólo le advierto que es posible que mi opinión sobre usted no cambie, yo no creo que llegue a sentir afecto por alguien a quien no necesito", comentó.

"Diablos, qué chico tan frío…", se quejó Taichi.

Se dejó caer en la cama, al igual que su hijo, y comenzó la historia… al menos su parte.

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Soji se durmió y Taichi no supo en qué momento de la historia los sueños le robaron la conciencia de su hijo.

Lo acomodó en la cama lo mejor que pudo y lo cobijó.

Le acarició varias veces la frente e incluso lo llegó a besar en el cabello.

"Eres una lindura de muchacho, aunque me das miedo", le susurró mientras sus propios ojos se cerraban. Tenía mucha ansiedad, no tenía idea de si su versión de los hechos había sido creíble.

¡Pero sólo había dicho la verdad!, ¿le creería Soji? ¿podría verlo sonreír con libertad?, ¿le abriría el corazón algún día?

Le había contado la relación fugaz que había tenido con Akane Fujiyama, le había narrado la llegada de Taiki y justo cuando hablaba de Hidemi, había notado que su hijo roncaba con fuerza.

Quiso despertarlo, pero comprendía que había sido un día muy pesado para su chico, sobre todo por el ataque del Lucemon y su propio encuentro. Él mismo se sentía agotado.

Cuando estaba por irse a la cama con todo y su traje, vio que su saco brillaba y se oía el vibrar de su celular.

Yagami corrió para que el timbre del móvil no despertara a Soji y contestó sin revisar quien era.

"¡Papá!", escuchó Tai la voz de su princesita, "¿eres tú papá?, ¡no me cuelgues por favor!".

Taichi Yagami quiso tragar saliva.

"Hide, princesa…".

"Acciona la cámara de video, papá", rogó a través del auricular su hija, "necesito verte la cara".

Tai miró a Soji una vez más. El chico seguía profundamente dormido. Se sentó en la otra cama y accionó la imagen para lograr una videollamada en altavoz.

"Mi niña...", mugió el padre al verle los ojos de desesperación a Hidemi. Estaba tan llorosa como nunca antes.

"Por fin me contestas, papá", reclamó la chica, "Me has hecho mucha falta, papá".

"Mi amor, no llores así, ¿qué pasa, princesa?, si es por lo de tu amigo Sei te aseguro que pronto se pondrá bueno".

"Mi mamá ya despertó y nos ha contado a Taiki y a mí sobre nuestro otro hermano", gimoteó la niña, "… tía Kari no ha tenido más remedio que decirnos que estás en Estados Unidos para buscarlo, por favor, papá, dime la verdad, ¿le has encontrado?, ¿está bien?, ¿está asustado?".

"Tranquila, princesa".

"Papá, dímelo", rogó Hidemi.

"Conocí a Soji hace unas horas, está un poquito enfermo, pero creo que se recuperará… y bueno, creo que el asustado soy yo".

"Ay, papá, yo también estoy asustada, ven a casa, papá, trae a mi hermanito contigo".

"Mañana mismo, Hide-chan…".

"¡Es que necesito verle!... yo… soy la única que entiende cómo se siente él, papá, soy la única que ha vivido algo similar, quiero verlo para que comprenda, no quiero que su corazón nos cierre las puertas".

"Todo estará bien, ya lo verás, en cuanto te conozca se pondrá contentísimo, porque sabe que tiene un mellizo, pero no detallé que en realidad son tres".

"Si en aquel entonces yo no hubiera podido abrirte el corazón a ti y a Taik, seguramente yo les odiaría, papá, por eso quiero conocer a mi hermano y contarle mi historia…".

"Tú no eres capaz de odiar, nena… Taiki tampoco y seguramente Soji es parecido a ustedes", consideró el padre, "por ahora trata de tranquilizarte, hijita, ¿cómo está Akane?".

"La hemos perdonado. Hay tantas cosas que debes saber y no sabes", dijo la niña.

"Comprendo".

"Tía Kari dijo que ella hablaría contigo más tarde, pero no me pude resistir y te llamé, ¿hice mal, papá?".

"No, princesa, no sabes el bien que me ha hecho oír tu voz", suspiró Tai, "pero y tu hermano ¿está bien?".

"Creo que la está pasando fatal", sinceró Hidemi.

"Comprendo…".

"Taiki siempre cree que todo es su culpa, ¿pero qué culpa puede tener él?".

"¿Y Seiyuro? ¿Cómo está todo por allá?".

"Todo está muy delicado, Sei-sama estará bien porque es un héroe", dijo con entusiasmo y Tai frunció las cejas al notar que ligeras chapitas se dibujaban en la carita de su hija. "Los adultos han armado un plan o algo así, pero tía Kari me dijo que ella te explicaría".

"Entendido", sonrió Tai, "Ahora hazme un favor, princesita mía, ve y busca al irresponsable de tu hermano y no te le despegues, dale muchos besos de mi parte aunque rezongue y ve a tomar una siesta para que descanses tu ojitos, ¿le harás caso a tu viejo padre?".

"Sí… pero… yo quería saber si… podía hablar con él", dijo la chiquilla tímidamente.

"¿Con So-chan?", cuestionó.

"¿Así le dices a mi hermano, papá?; mamá nos dijo que se llamaba Soji".

"Sí, aunque parece que no le gusta, jaja", se rió Tai. La llamada de su hija le estaba animando. "Me encantaría comunicártelo, nena, pero se ha quedado dormido… además, tengo que confesarte que él y yo no nos llevamos del todo bien, creo que me detesta y no tiene mucho interés en mí, ¡y luego cree que me lo voy a raptar!".

"Es normal, papá", consideró Hide.

"Pues en tu caso no fue así", rezongó Tai, "Tú me la pusiste más fácil, quizás porque eres niña".

Hidemi Yagami sonrió tímidamente.

"No puedo esperar por conocer a mi hermano", dijo ilusionada, "ahora por fin estaremos todos y podremos ser felices".

"Ajá", respondió Tai sin tomarse en serio la declaración de la joven.

"Oh, dios, ¡allá en América son las tres de la mañana!, Ay, papá, perdóname por hablar tan tarde, por favor tú también descansa, ¡los quiero!, dale un beso a Ben por haber descubierto a mi hermano".

Y sin más, la chica colgó.

Tai se aferró a celudigital.

"Princesita, me quedo con las ganas de abrazarte", susurró en voz alta.

"No lo culpo, es una chica muy linda…", la voz de Soji resonó en la habitación. Taichi se dio la vuelta asombrado.

"¿Me has espiado?", preguntó.

"Hizo lo mismo hace un rato", fue la respuesta del chico.

"Yo quería que conocieras a tu hermana de otra forma ¿te enteras?", renegó.

Soji encogió los hombros.

"Ella es… idéntica a mí".

"En realidad son tres", confesó Tai, "al principio pensé que sólo tenía a Taiki, luego llegó esa princesita que acabas de ver, y ahora, hace un par de días, apareciste tú".

Miyagi de nuevo mostró rostro indiferente, aunque algo somnoliento.

"Quizá mañana sean cuatro", mal bromeó el chico, pero esta vez no desvió la vista, "lo lamento… es sólo que todo parece inverosímil… honestamente me siento terrible y será un esfuerzo estar con usted".

"Entiendo".

"No, no lo entiende", corrigió Soji, "pero eso no importa. Cuando recién lo conocí se quejó de que le daba más crédito a la versión de un monstruo que a la de usted, ¿no es así?, pues me disculpo… así era antes".

"¿Y como es ahora?", quiso saber Taichi.

"Ahora… sigo buscando preguntas".

"Contestaré a todas las cosas que pueda, Akane, quien es tu madre biológica, también tendrá que responder".

"Siempre pensé que mi madre estaba muerta", suspiró Soji, "y ahora resulta que no puedo estar más alejado de la orfandad… aunque, es curioso, porque crecí en un hospicio de huérfanos".

"Me gustas, So-chan", dijo emotivamente Taichi, empujando al chico al colchón, "pero ahora duérmete".

"Esto no significa que yo haya aceptado mi situación".

"Sí, me queda claro, pero no me culparás por hacerme ilusiones ¿cierto?".

"Supongo que eso no me concierne".

"Descansa, So-chan, que cuando conozcas a Hidemi y a Taiki no te dejarán respirar por tu cuenta".

Soji endureció el rostro al escuchar sobre su doble masculino y ya no dijo nada, sólo cerró los ojos.

O

Osen, por su parte, no durmió.

Después de que Soji Miyagi la besó por segunda vez en un solo día, pasó bastante tiempo encerrada en el sanitario. Luego, el resto de la noche estuvo sentada en el comedor de la suite, programando al azar.

No sabía qué pensar ni qué sentir. La cabeza le daba vueltas: recordaba a la mariposa digital revoloteando en el cielo de L.A. mientras los labios morenos de Soji besaban los suyos.

Después rememoraba a Zetaro Ichijouji de niño. Veía esa sonrisa dulce en su mente, la boca apretada del chico pegada a ella por breves segundos.

"Eso no está bien", se dijo la chica, "hay cosas más interesantes en las que debo pensar, como en la aparición de los Demon Lords y en mi hermanito... quizá en Óleo... es verdad, en Óleo...".

Se esforzó durante la madrugada para teclear en su computadora. Desfragmentaba datos y los reprogramaba en lenguajes digitales para encontrar datos útiles para una misión que ni siquiera comprendía, pero que sabía que estaba relacionada con el Digimundo.

Sin embargo, no podía concentrarse plenamente. Su mente funcionaba de forma robótica en tanto que sus ojitos azabaches se enrojecían, desesperados.

Cuando ya no pudo más abrió su correo electrónico y leyó los mensajes que le había dejado su cybernovio Óleo durante el día.

Leyó varias veces el último mensaje.

'Quiero que me conozcas, Osen-chan, quiero que mi cariño por ti sea tangible, aunque después me desprecies', estaba escrito en el correo.

'Pero aunque te decepciones de mí quiero que sepas que te amo, que mis sentimientos nunca cambiarán... nunca cambiaron'.

La chica se remangó la pijama, se talló la cara. Era uno de sus sueños conocer a su novio de Internet aunque le daba terror ese encuentro.

Sabía que ese joven, su Óleo, quedaría tremendamente decepcionado de ella. Él no la conocía físicamente, no sabía que era una chica tan insignificante.

Aún así iba a arriesgarse, iría a conocerle y le entregaría sus sentimientos. Porque esa relación virtual era la única que no la ponía nerviosa y le daba algo de paz.

'Yo también quiero conocerte', escribió con presteza, 'pero creo que serás tú quien finalmente se decepcione de mí... yo llegaré a Japón mañana, espero podamos organizar una cita pronto, porque luego estaré ocupada con asuntos familiares. Te quiero'.

Suspiró de manera torpe y le dio un ataque de tos que le encendió las mejillas y el corazón.

Otra vez los labios de Soji y la mariposa digital se le dibujaron en su imaginación. Algo raro le estaba pasando. Ella prefería pensar en códigos binarios, en programación, en el Mundo Digital.

También volvió el recuerdo de Zetaro y su primer beso. Eso la hizo llorar.

Después de haberla besado, Zet jamás le había vuelto a hablar y tampoco habían comentado lo que había pasado o sentido... esa frialdad había dejado a la pelirroja muy desconcertada.

¿Por qué Zetaro, quien siempre había sido un niño cariñoso con ella, no había vuelto a hablarle después besarla?

La chica se cubrió los labios.

¿Era que besaba muy mal? ¿Era porque no era atractiva?¿Era porque no sabía actuar como chica normal porque estaba muy enganchada con la computadora?

La muchacha se secó las lágrimas.

"Y sin embargo... Soji-kun me besó", susurró débilmente, negando para consigo misma.

Después de lo de Zet, la Izumi ya no había hecho intento por acercarse a los chicos, pero su curiosidad por conocer más sobre temas del amor la habían llevado a conseguirse un cybernovio... aunque en el fondo no contara, como decía el hijo de Taichi, le daba ilusión una relación virtual.

Le dio "enviar" al correo, volvió a tallarse la cara. Sus ojos seguían irritados.

Benjamín Tachikawa irrumpió en el comedor de la suite.

"¿Te das cuenta de que son las cuatro y media de la mañana, Cerebrito?", la regañó su hermanastro.

Osen escondió la cara en el monitor.

"Mh, no tengo sueño", mintió la pelirroja, "Ve a descansar tú".

"¿Estás llorando?", indagó el mitad americano.

Izumi no alzó la cabeza, siguió inmersa en el monitor.

"No me estás respondiendo, Cerebrito", reclamó.

"No sé que quieres que te diga, no estoy llorando ¿Por qué habría de estar llorando?".

Pero la voz le falló. Le salió aguda y los ojos se le siguieron enrojeciendo. Ben Tachikawa lo notó, jaló a su hermanastra hasta enderezarla.

"¿Es porque el imbécil del clon de Taiki te besó?", se indignó el principito, "¿Es por eso que estás a punto de chillar?".

Osen miró con terror a Ben.

"¿¡Cómo sabes eso!, ¿me has espiado?", indagó molesta, poniéndose más rosada que nunca en su vida.

"Es lo de menos", renegó el castaño.

"¡No es lo de menos, me has espiado!", reclamó la chica. Se dio cuenta de que estaba alzando la voz, por eso se cubrió la boca y miró con sigilo el cuarto donde dormían sus padres y su hermanito. Lo último que quería era que Tulo se despertara.

"Bueno, sí te espié, porque es mi deber estar al tanto de ti y sospeché de Soji desde el primer día", admitió Ben.

"¿Sospechaste qué?", cuestionó Osen.

"Que te quería cortejar", contestó el muchacho de 15 años.

La pelirroja bajó la cabeza de nueva cuenta. Consideró que era imposible que algún chico quisiera cortejarla.

"No creo que... quiera cortejarme... es sólo que Soji-kun debe estar confundido, Ben, porque está muy nervioso con lo de su padre ¿no crees?... quizá sólo soy una distracción", tartamudeó la chica.

Ben le volvió a alzar la cara.

"Tonterías, tú le gustas, no es que seas un pasatiempo", consideró Benjamín con molestia pero tono sincero, "honestamente no creo que un Yagami se ande con esa clase de distracciones sin que sean reales".

"Pero Ben, es que yo no soy una chica bonita, ¿por qué entonces le gustaría a él?", preguntó con inocencia la pelirroja.

Benjamín negó.

"Qué insecta puedes llegar a ser, Cerebrito", entonó Ben, "es un hecho que eres una chica con las cualidades físicas necesarias, no te andes con complejos de inferioridad de cucarachas".

Osen suspiró y tosió, como de costumbre. Ben se sentó al lado de ella y le miró los ojos.

"Sea como sea, quiero que aprendas algunos trucos para impedir que más insectos intenten besarte", platicó.

"¿Eh?".

"Lo que oíste, no quiero que Zet y Soji estén besándote y tú no te defiendas. Es mi deber como hermanastro instruirte, porque no tienes mucho carácter que digamos".

"Gomen...", murmuró la hija de Koushiro.

"Te haré un instructivo donde te explique cómo defenderte, sólo cosas básicas: cómo dar cachetadas, cómo sacar el aire, como golpear en los testículos y...".

Osen se permitió reír por primera vez en el día, interrumpiendo el discurso de su hermanastro.

"Ben, no creo que yo vaya a golpear a alguien en los tes... tes...tículos", dijo con dificultad.

"Lo harás si yo te mando", comentó el muchacho.

La pelirroja suspiró.

"Gomen...no quiero preocuparte", aclaró, "tampoco quiero que te pongas pesado con Soji...".

"¿Te crees que soy tan malvado?, ¡por Dios!, si hasta le presté ropa, tampoco es que yo sea una mala persona, es sólo que no me gusta que te pretendan, eres muy pequeña y entre tu padre y yo decidiremos al hombre con el que te vas a casar", manifestó.

"Claro que no", la chica sufrió otro ataque: "Pero Ben, ¿es que mi papá también me espió?".

"Nah, pero yo le informé todo lo que pasó".

"Waaa, qué pena, no podré mirarlo a los ojos", la chica se dejó caer en la mesa y se cubrió el rostro, "todo era más fácil cuando era una niña".

"No pidas imposibles y vete a dormir", Ben se puso de pie y se estiró.

"Etto... Ben... a ti ¿Cómo te gustan las mujeres?", preguntó de repente Osen a su hermanastro.

"Es lo de menos cómo me gusten; yo sé que por el momento no existe una mujer que esté a mi altura", comentó el principito con aires de superioridad, "en fin, vete a dormir, haz caso una vez en tu vida, está una cama libre en mi cuarto o el sofá".

El chico se retiró y fue directo a su habitación de la suite.

La adolescente miró el camino de su hermanastro pero no lo siguió.

"Y yo en cambio no creo que haya algún chico cuya altura yo pueda alcanzar por el momento", instintivamente la chica se puso de pie. Era bajita, menudita, frágil. "Literalmente...", agregó.

O

Por primera vez en mucho tiempo, Soji tuvo un sueño.

Entre sueños puedo sentir los brazos de alguien rodeándolo de manera fraternal. Fue una sensación cálida, de protección, de cariño. Fue lo suficientemente desconcertante para despertarlo con el corazón acelerado, como su hubiera tenido una pesadilla, aunque en realidad había sido un sueño apacible.

Abrió los ojos y sintió que se asfixiaba.

El hombre que presuntamente le había dado la vida estaba dormido en la misma cama que él y lo rodeaba cariñosamente con su largo brazo fornido.

Soji se sintió infantil y estúpido, al relacionar su sueño con el abrazo que le había dado Yagami en contra de su voluntad. Trató de hacerlo a un lado, pero Taichi era muy pesado.

Ofuscado y sintiéndose débil por estar cómodo, se raspó la garganta y dijo con frialdad:

"¿Podría quitarse?, me estás asfixiando", exigió el muchacho, pero Yagami continuó dormitando.

"Cinco minutos más, mamá…. Zzzzz", decía entre sueños su padre biológico.

"¿Pero qué le pasa a este sujeto?", renegó Soji, mordiéndose los labios. Pensó que Taichi era simpático, imagen que no podía permitirse en su mente.

Estaba decidido a irse a Japón con ese hombre, pero en realidad lo hacía porque quería conquistar a la Muñeca. Además, no le iba a hacer mal cambiar de aires, porque no le gustaba la vida de los orientales en América.

Quizá Estados Unidos era el país más multicultural que existía, pero la xenofobia y el racismo eran fenómenos que trastornaban las tierras americanas cada vez más.

Las ciudades se dividían por barrios latinos, asiáticos, afroamericanos e hindúes. Los nativos pocas veces se mezclaban con ese resto de las razas que había llegado a esas tierras en busca de libertad.

Al final. La libertad y la felicidad en América eran una farsa, como en el resto de los países.

Pero una cosa era aceptar irse de ahí para empezar de nuevo y otra era sentir algo de amor por ese presunto padre y los supuestos hermanos.

Soji sabía que no podría llegar a amar a esa familia, por eso no quería que gestos cariñosos por parte de Yagami intentaran desafiarlo.

Con todo el esfuerzo que tomó de su propia debilidad hizo el intento de hacer a un lado a su padre, quien a pesar de tener una cama para él solo, había decidido enroscarse en su colchón con intenciones que el chico no comprendía.

Estaba en sus labores cuando el grito amargo de la señora Mimi Izumi irrumpió toda la suite.

Fue una exclamación aguda y a la vez agónica, que hizo que a Soji se le escapara un gemido. Taichi se despertó de inmediato, fresco y valiente, como si el grito de Mimi hubiera sido una alarma.

"Quédate aquí", rogó Tai a su hijo y salió corriendo de la habitación.

Soji no obedeció, inmediatamente levantó, tambaleante y entumido, porque Yagami le había cortado la circulación de sus piernas con su abrazo forzado.

Se encaminó hasta la puerta. Salió de la habitación pero no vio nada.

La alcoba estaba llena de niebla, parecía una intensa capa de humo que robaba respiración y la lógica.

Soji quedó estático, sin saber a donde ir. Pensó en la Muñeca, en el pequeño Tulo, en Ben-kun… y sintió miedo de que les hubiera pasado algo.

Le agradaban los Izumi-Tachikawa.

Se escuchó que alguien rompió los cristales de las ventanas de la habitación. En los hoteles estaba prohibido que los ventanales pudieran abrirse, porque propiciaban intentos suicidas.

Poco a poco el humo que se había acumulado se fue diluyendo en la mañana soleada de Long Beach, California.

Soji por fin pudo ver a su padre cargando una silla. Era él quien había roto los cristales.

La señora Izumi estaba tirada en el piso, gimoteando, mientras que sostenía en sus piernas a la Muñeca, quien tenía las manos llenas de sangre y estaba inconsciente.

En la pared del comedor, que conectaba con una salita, estaba escrito con letras de color escarlata:

"Te persigue la ignorancia".

Ben tenía los ojos desorbitados.

"¡Cerebrito!", chilló y corrió hacia su hermanastra.

Koushiro Izumi, con un adormilado Tulo en brazos, miraba absorto la pared y la corta pero doliente frase que estaba escrita ahí.

El hombre pelirrojo temblaba, como si no supiera qué hacer. Soji notó que de repente el señor Izumi lo veía, y con voz lacerante, dolida y lejana, le decía:

"¿Podrías sostener a Tulo, por favor?".

Soji asintió, aunque su único deseo fue correr hacia la Muñeca.

Taichi, por su parte, comenzó a inspeccionar de forma histérica la habitación.

"¡Aparécete Lucemon de mierda! ¡cobarde!", retó, desesperado.

Soji tomó al bebé, quien tenía el rostro adormilado, como si no pudiera despertar. El nene se acomodó en sus hombros y terminó de dormirse.

Koushiro se paró frente a la pared. De manera temblorosa sacó una cámara de fotografías de su brazalete digital y le dio clic a lo que tenía enfrente.

"Te persigue la ignorancia", releyó.

Se volvió hacia su primogénita, corrió hacia ella y tomó su mano.

Tenía un corte en la palma izquierda y los dedos de su mano derecha estaban llenos de sangre. De la sangre de su mujercita.

No cabía duda. Osen Izumi había escrito ese mensaje. Era su caligrafía perfecta la que quedaba a la vista.

Cerebrito, reacciona!", zangoloteaba Ben con ternura.

"Hijita, háblanos", rogó Mimi.

La chica parecía respirar con dificultad, aunque no lucía golpeada ni lastimada.

A Soji se le figuró que era como una Bella Durmiente, esperando por su tercer beso.

Estaba pálida, pero sus labios estaban ligeramente rosados. Las pestañas negras y cortas, aunque tupidas, se veían espesas y preciosas. El cabello le cubría la frente y aterrizaba con gracia en los hombros.

Lo único despreciable de ese cuadro era la sangre en las manos. Las cuales ya estaban siendo vendadas con torpeza por Mimi Izumi.

"¡Kou!", llamó Yagami a Izumi, quien seguía como obsesionado viendo las letras de la pared y los dedos rojos de su chica, "¡Ve el monitor, ve la computadora!".

Finalmente Izumi levantó la cabeza.

En el comedor estaba el computador de su hija.

"La Cerebrito pasó toda la noche programando no sé que cosas", dijo de repente Ben.

Izumi dio un salto a la silla del comedor. Iba a comenzar a teclear, pero quedó paralizado.

Mimi, Taichi, Ben e incluso Soji también miraron el monitor. Los primeros tres lanzaron un grito. El trillizo no comprendió nada.

Lo que observó fue que dentro de la pantalla había otra pantalla más pequeña, que mostraba un paisaje selvático y extravagante de fondo.

"Es un portal al Digimundo", soltó el señor Izumi, asustado, "¿Mi hija pudo abrirlo?".

"Izzy, no lo creo, tú lo has intentado desde el 2028 y no has podido", opinó Mimi.

"Osen es mejor que yo para estas cosas", defendió Izumi.

"No lo abrió mi sobrinita", aseguró Taichi, llegando hasta el pelirrojo. Le puso la mano en el hombro. "Alguien le permitió a la niña abrir el portal, y le hizo escribir eso en la pared, ¿acaso crees que O-chan se lastimaría y escribiría algo tan escalofriante?, ¿Acaso crees que no te habría avisado si se hubiera abierto el portal?".

Koushiro y Mimi temblaron.

"¿Eso quiere decir que un digimon maligno, como el tal Lucemon no-sé-qué-más, atacó a mi hermanastra y YO no me di cuenta?", se escandalizó Benjamín.

Taichi Yagami encogió los hombros.

"Tenemos que esperar a que Osen despierte", consideró Tai, "Mimi, ¿no sería mejor que revisaras su cuerpo?, no sabemos si la hirieron en otra parte".

"Claro... hay que llevarla al cuarto", soltó Mimi. Pero Koushiro no dijo nada. Estaba absorto en la computadora, como si no pudiera pensar o analizar nada en concreto.

"¡Izzy!", regañó la esposa, "¡Tu hija está mal y tú te quedas en cero, reacciona!".

Lentamente el pelirrojo alcanzó con sus dedos el teclado y realizó un movimiento que nadie comprendió.

En instantes, el monitor comenzó a resquebrajarse, a romperse y a desaparecer en datos digitales.

El computador se desintegró y unas dos mariposas revolotearon por la habitación y salieron por la ventana que había roto Tai.

Koushiro rodó los ojos, enojado.

"¡Ahora nunca voy a poder deducir cómo abrieron el portal y cómo hirieron a mi hija!", rezongó.

"¡Ya no puedes lamentarte!, ayúdame a llevarla a la cama, hay que revisarla, hablarle a un doctor o algo", gritoneó Mimi.

Pero en esos momentos no existía comunicación entre esos esposos. Ninguno de los dos parecía estar pensando de forma sincronizada, ninguno de los dos tenía sus corazones vinculados.

Una tos muy singular, con la que todos parecían estar familiarizados, se comenzó a escuchar.

"¡Despertaste!", dijo Ben aliviado, al ver a su hermana postiza abrir los ojos.

Soji sintió que el corazón se le aceleraba y aunque no podía entender lo que había pasado, sonrió al ver bien a esa chica.

"¿Qué pasa?", preguntó como si nada la muchacha, quien de inmediato avispó la pared llena de sangre.

"¡¿Pero qué es eso?", indagó, alzando las manos en un ademán femenino y de susto. Al ver una de sus manos vendada y la otra con restos de sangre también gimió.

"No es nada Cerebrito", quiso tranquilizar.

"¿Yo hice eso?", preguntó ella.

Koushiro no respondió. Todavía estaba ido.

"No bonita, ¿cómo vas a hacer eso tú?", trató de decir Mimi.

Ose se quiso reincorporar.

"Sí fui yo... es mi letra", susurró la pelirroja.

"Claro que no, fui yo, era una broma, utilicé la sangre falsa que mi abuelo le regaló a Tulo el día de Halloween, jeje, qué loco", mintió Ben.

Osen se puso de pie. Vio a su padre en otra dimensión, vio el cristal de la ventana hecho pedazos. Vio a Tulo en los brazos de Soji, vio los ojos chocolates de ese muchacho, y de pronto, comenzó a lloriquear.

"Yo lo hice...", se reafirmó, cubriéndose la boca, "pero ¿por qué?, ¿qué hice?... no recuerdo nada... yo..."

Soji Miyagi no pudo soportar que Izumi dijera eso. Sostuvo al adormilado Tulo en un solo brazo, lo que no costó tanto trabajo porque era un niño muy chiquito. Se subió parte de la pijama de Ben y metió la mano entre sus vendajes sin que la pelirroja se diera cuenta.

Se palmeó la herida que le habían causado tras acuchillarlo, se la apretó y le brotó sangre, aunque poca, luego sacó sus dedos, de una coloración escarlata.

Se encaminó hasta la pared y embarró su mano en ésta.

"Nada de eso... fui yo, Muñeca", dijo con seguridad, porque en ese instante se dio cuenta que no quería que esa joven sufriera por ningún motivo.

Sin embargo, la chica negó con seguridad.

"Eres muy lindo al querer culparte, pero sé que fui yo, se intuye... aunque me siento... incapaz de pensar ahora en por qué lo hice... qué cosa tan terrible".

Ella se puso a llorar, se cubrió los ojos y fue el sonido de su llanto el cual, por fin, pudo despertar a Koushiro de su trance.

"Osen, no llores", rogó el papá, levantándose y rodeando a su niña en brazos.

"He hecho algo horrible", comentó Osen, apresurando su respiración como si estuviera hiperventilando.

"No has sido tú", dijo con seguridad Ben.

"Si no lo he hecho yo, entonces alguien me ha poseído, ¿y qué puede ser peor que eso?".

Ninguno de los presentes pudo responder a la pregunta de la Izumi, pero alcanzaron a llevarla a descansar. Mimi se puso a revisarla junto con su marido.

"Dice: Te persigue la ignorancia... parece como si alguien hubiera amenazado a la Cerebrito, porque su contraparte es justamente la ignorancia, ¿verdad?, digo, ella tiene el emblema del Conocimiento", dijo Ben a Tai.

"Sí", suspiró el presunto padre de Soji, "buena reflexión".

"Tenemos que limpiar la pared ¿cierto?", comentó Ben.

"Sí... no queda de otra. Toma más fotos antes de eso, ¿quieres?".

Taichi fue al cuarto donde había dormido con su hijo y regresó con un pequeño tubo de ensayo, con el cual tomó una muestra de sangre de la pared.

Soji seguía silente, con Tulo en brazos. Le pareció que Yagami era un sujeto mucho más listo de lo que parecía.

"¿Ahora tomas muestras de sangre como si fueras químico?", preguntó Benjamín, quien acababa de regresar del cuarto de aseo con la esponja de baño, el champú y el jabón para limpiar la pared.

"Me lo aconsejó Ken", sonrió Yagami, "No sabía bajo qué condiciones iba a encontrar a Soji".

El mencionado resopló.

"¿Y Soji no me va a ayudar?", renegó Ben.

"So-chan, ve a poner a Tulo-chan a descansar, por favor… papá te suplirá ayudando a Ben".

Soji no dijo nada, aunque hizo caso. Lo último que quería era seguir viendo la pared llena de la sangre de la chica de sus sueños.

"¿Con qué tipo de problemas voy a tener que enfrentarme ahora?", comentó en cuanto dejó al pelirrojo en la cama.

No estaba seguro qué era peor: ser perseguido por la mafia coreana y los yakuzas exiliados de Japón en Californa, o enrolarse con su familia biológica, donde había unos monstruos de códigos binarios que quería destruir al mundo y hacerle daño a Muñecas inocentes.

Se limpió la sangre de su mano en el lavabo que había dentro de la alcoba.

Miró al pequeño Izumi con las cejas gruesas y fruncidas, como si tuviera una pesadilla.

Vio el reloj. No era tan temprano como se suponía. Estaba más cerca de llegar el mediodía que de regresar al pasado amanecer.

O

Desde sus 9 años, Soji Miyagi no había abordado un avión. No le gustaba la sensación ni el olor que expedían los aeroplanos.

Ya era de noche.

A pesar de que los planes de Yagami y los Izumi era salir a primer ahora rumbo al país del Sol Naciente, los eventos de la mañana había retrasado el vuelo a Japón.

Osen Izumi, pálida y callada, traía las manos vendadas y se había sentado en las últimos asientos junto a su inseparable hermanastro.

La adolescente, quien era muy afín a los aparatos electrónicos, no había vuelto a tocar su brazalete digital y estaba bastante sensible por lo que había ocurrido en la tarde.

Ben, por su parte, traía las manos resecas de tanto que había tallado la pared y constantemente se veía las palmas raposas y coloradas. Daba respingos de inconformidad y no quitaba la vista de sus hermanos y del mismo Soji.

A Yagami le había llevado medio día arreglar la situación de Soji en América, aunque al final del cuentas iba a pasar el filtro fronterizo como si fuera su hermano.

De hecho, Soji llevaba el pasaporte de su presunto trillizo y lo miraba con desprecio cada que podía. Sin embargo, no se había resistido a ese viaje y al cambio de vida.

Quería mirar de cerca a su Muñeca y darle consuelo, quería ver en persona a esa niña tan parecida a él llamada Hidemi y quería comprobar que su madre biológica estaba viva.

Tenía pensando conocer a esos familiares y después huir lejos, viajar por la costa de Japón, mudarse a una isla cualquiera en el pacífico Pacífico y perderse para siempre.

Ese era su plan a largo plazo, porque estaba seguro de no querer fortalecer vínculos con sus familiares.

¿Querría esa pelirroja callada huir con él a esa vida que tan detalladamente había comenzado a planear?... tal vez sí, pero primero tenía que enamorarla con intensidad.

El pequeño Tulo había despertado un par de horas atrás. Su comportamiento era alegre, aunque si le recordaban el episodio de Lucemon Falldown Mode se ponía a lloriquear y a pedirle perdón a una niña por no haber conseguido un sombrero.

"Tienes que portarte bien y estar quieto, Kosuke", advertía Koushiro Izumi, amarrando el cinturón de seguridad del niño, "Si te mueves mucho, entonces te puedes poner malito ¿lo entiendes?, te diste un golpe en la cabecita después de todo".

"¿Y hermanita también está malita?", preguntó el nene, sin quitarle la vista a su hermana, que estaba pálida como un muerto.

"Sí, un poquito", suspiró Koushiro, "Por eso debes portarte bien, para ponerle el ejemplo".

Tulo se tocó las vendas de la cabeza.

"¿Tulo está malito?", preguntó a su padre sobre su propia salud.

"Tulo Kosuke se enfrentó solito a un digimon muy peligroso", el niño sonrió ante las palabras de su padre, "y aunque Piximon está muy orgulloso de ti, todos queremos que reposes un poquito".

"¿Qué es reposar?"

"Digo, descansar", aclaró Izzy, "¿Queda claro?".

"¿No puedo jugar a Star Wars?".

"No, hijo".

"¿Y a spiderman?".

"A nada que implique que te muevas, pero mira, te he traído la colección de películas de acción para que las veas, ¿no es genial?".

Tulo miró a su padre con decepción.

"No, así no trae chiste", cruzó los brazos, en señal de reclamo.

Mimi se sentó al lado de su hijo.

"Tuls, ¿y qué dices si mami te va consintiendo toooodo el camino y te hace 'piojito' en la cabeza?", propuso Mimi, "Te puedo leer haikus y cuentos y dar muchos besos".

Tulo asintió mucho más emocionado.

"¡Sí!, muchos besos", dijo en tono cariñoso, embarrándose en su mamá.

Koushiro puso los ojos en blanco, todavía no se imponía a que alguien con su sangre fuera tan cariñoso.

"Gracias, Mimi", sonrió el esposo, "y discúlpame por como me porté en la mañana, no sé que me pasó... quedé paralizado... estoy muy asustado por lo que le está pasando a nuestros hijos, si a ellos les sucede algo y yo no puedo salvarles, ¿qué voy a hacer?...", el hombre bufó "haré todo lo posible por cuidarlos y estaré muy presto con Ben, a él todavía no le han hecho nada... honestamente no sé qué va a pasar, pero todo esto... está fuera de control y...".

"Shhhhh, asustas al niño", pidió Mimi, aunque, Tulo estaba absorto en el abrazo de su madre mientras se chupaba el dedo y jugueteaba con el cabello castaño de su refugio.

"Lo lamento otra vez".

"Kou, te amo", comentó segura Mimi, "Y seré tu apoyo aunque siempre sea una histérica".

"Gracias, Mimi", sonrió Koushiro y se retiró mucho más tranquilo a un asiento cerca de su amigo Yagami.

O

Taichi dio las instrucciones a los pilotos y a la sobrecargo. Luego se sentó al lado de Soji y atrás de donde estaba Koushiro.

"Arrancaremos en cuanto termine la videollamada con Hikari", avisó a estos dos personajes.

Koushiro se levantó y se puso detrás del asiento de su moreno amigo.

"Tai, ¿estás seguro de que es bueno que Soji presencie la conversación?", preguntó Izumi, "¿No estarás incómodo, Soji-kun?".

Soji encogió los hombros, ni siquiera tenía idea de quien era Hikari.

"A mi hermana le dará algo de paz ver a su sobrino", sonrió Tai, "y quiero que So-chan se vaya familiarizando con la situación".

El timbre del teléfono de Taichi comenzó a sonar.

"Desde ayer que escuché el tono de llamada quería preguntar, ¿es la música de los Lobos Adolescentes?", interrumpió el trillizo, antes de que Taichi contestara.

"Sí", dijo con fastidio Yagami.

"Adoro a ese grupo, especialmente al vocalista... ya no hay grupos así", mencionó con seguridad el muchacho, ante la sonrisa de Koushiro y la mirada atónita de Tai.

No comentaron más al respecto, porque por fin pudieron enlazar la llamada.

Del móvil de Yagami, cuya pantalla se expandió, se dibujó el rostro de una mujer muy hermosa de piel blanca, cabello castaño y lacio. Los ojos rojizos de la señora le causaron una ligera conmoción a Soji, quien se hizo a un lado, porque de repente le había dado temor que la cámara lo enfocara.

"Kari-chan... al fin podemos coincidir", sonrió Taichi.

De reojo Soji notó que la mujer no tenía muy buen aspecto, lucía devastada o al menos muy agotada.

"Hermano... ¿por qué no habíamos podido comunicarnos?", se quejó, "Hidemi me dijo que ella también tuvo problemas para enlazar una llamada contigo".

"Hikari-san, Los Ángeles ha estado llena de niebla digital y presencia de Demons Lords, creo que ellos evitaban que podamos comunicarnos", aportó Koushiro Izumi, asomándose brevemente a la cámara.

La señora asintió. Su cabello se movió con gracia.

"Hermano, ¿está bien Soji?, por favor, cuéntanos, lo último que supimos es que Tulo había sido herido".

"El pequeño campeón Izumi se está recuperando porque es más valiente que su padre y madre juntos", bromeó Tai, "Aunque… esta mañana atacaron a nuestra O-chan, hermana".

"¿Que qué?, ¿ella está bien? ¿Ha necesitado el inhalador?, ¿Es eso verdad, Koushiro?", se alteró Hikari.

Izzy de nuevo se asomó.

"Aún no sabemos muy bien lo que pasó... por ahora tu sobrina está bien, gracias por preguntar, Hikari-san", dijo el pelirrojo de manera temblorosa. Soji seguía encogido y oculto tras su padre.

"Gasté mi fondo de ahorro pagando la ventana de un hotel y arreglando los papeles de Soji, pero por fin en unas horas llegaremos a Japón", dijo Yagami, "Ve a recibirnos al aeropuerto y lleva a mis preciosos Taik y Hide".

"De acuerdo, hermano", comentó Hikari.

"¿Y cómo están las cosas allá?", preguntó Koushiro.

"Horribles", resumió la hermana de Yagami, "Hay muchas cosas que contarles, pero es mejor decirlas en persona, o al menos eso recomienda Ken... nos acabamos de reunir, hemos decidido refugiarnos todos juntos".

"¿Será en el estadio de soccer de Daisuke, como la última vez?", preguntó Tai.

"No. Será en una sección del museo Digimon que está cerrada por reconstrucción. Miyako dice que la mansión de Devimon está hecha a tamaño natural y que cabemos todos ahí".

"¿Está loca?, si todavía tengo pesadillas con ese lugar", se exaltó Taichi.

"Es sólo un réplica, Tai", se quejó la mujer.

"Lo lamento... está bien... dile a mis hijos que empaquen también mis cosas, que Taiki lleve doble ración de ropa para que le preste a su hermano mientras vamos de compras… y Kari, te los encargo mucho… ¿Qué pasó con Akane Fujiyama?".

"Por decisión de tus hijos la llevaremos también al refugio en cuanto lo confirme Joe".

"¿Qué?, es decir, Hidemi me dijo que la habían perdonado, ¿pero tanto así la disculparon que quieren llevarla con ellos? ¿Incluso mi Taiki lo aprueba?".

"Han pasado muchas cosas, Tai, pero por respeto a tus trillizos serán ellos los que te lo dirán", afirmó la castaña.

Taichi se mordió los labios.

"Gracias, hermanita", dijo.

"De nada, hermano... ven pronto, nos hacen mucha falta...".

"Sí... ¿Y Sei?".

"Mejorando", sonrió Hikari Yagami, "Tai... ¿y mi sobrino?".

Taichi Yagami soltó una risa de orgullo.

"Está guapísimo, más que su padre que eso ya es difícil", dijo, mientras por la fuerza agarraba de la ropa a su trillizo menor y lo lanzaba a la cámara, "Di hola a tu tía Hikari, So-chan".

Soji quedó mudo ante la pantalla que le mostraba a su presunta tía. Yagami era un imbécil por forzarlo a ese tipo de encuentros.

Hikari, sin embargo, sonrió.

"Tienes razón, hermano, es más hermoso que tú", soltó con voz misteriosa la señora, "Soji. Soy tu tía Hikari y no tienes idea de las ganas que tengo de abrazarte y darte un poco de paz... que no te preocupen las reacciones salvajes de tu padre, que es un acelerado, sin embargo, ten en cuenta que te quiere... Tienes un brillo mágico, me recuerdas un poco a mi hijo, por como miras y lo serio que te ves".

Ella hablaba emocionada. Soji no decía nada, sólo bajó la cabeza un poco, para evitar mirar a los ojos a Hikari.

"Serán días difíciles, pero nunca pierdas la fe", sonrió ella.

Taichi abrazó al mudo de Soji.

"Siempre dices lo correcto, Kari".

"Buen viaje, Tai, te esperamos a ti y a los demás en casa", se despidió Hikari, "Izzy, dale un abrazo a los niños y a Mimi... y Soji, te mando el primer beso de tu tía".

La llamada finalizó. Soji suspiró nervioso, se zafó del abrazo de Taichi y se puso de pie.

"Por favor, le ruego que no tenga ese comportamiento conmigo, ni me esté presentando con su familia sin avisarme", renegó.

"Pero So-chan, Hikari es la persona más encantadora del mundo".

"Lo sé. Pero no me fuerce", ordenó el chico y fue a buscar un asiento lo más lejos posible de Yagami y más cerca de Osen, quien tenía la vista fija en la ventanilla, como si se le hubiera olvidado o perdido algo muy importante en Estados Unidos.

Minutos posteriores, el avión arrancó.

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Continuará… en el 7.4

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Espero que esta entrega no los haya decepcionado. Creí que era importante hablar más de la relación de padre-hijo de Tai y So-chan antes de lanzarlo a conocer a sus hermanos y demás familia… como ven, llevan hasta el momento una relación difícil, pero poco a poco Soji cede ante el carisma de Taichi.

Por otra parte, les debía un poco de Osen. Por fin pude descubrir lo que la pelirroja siente… su mente es una locura, pero es un hecho que la chica tiene un trauma desde su primer beso, porque Zet nomás dejó de hablarle tras tocarle los labios, lo que provocó que la chica se creara un complejo justificable, ¿será que lo superará? ¿será que perdonará a Zetty cuando se entere de que es el cybernovio? ¿Y Soji logrará enamorarla?... también esta pobre chica fue atacada de alguna manera misteriosa por los Reyes Demonios Digimon… ¿qué fue lo que pasó? ¿La pelirroja pudo abrir un portal al Digimundo y por ahí le atacaron?, ¿por qué escribió con sangre "Te persigue la ignorancia"?

Esa parte es importante para comprender la trama y mis objetivos para este fic. Se los comenté: este fic será más oscuro que su antecesor, pero me aeguraré de que también tenga momentos felices.

Ahora sí, para la próxima, prometo el reencuentro de los trimelos a todo su esplendor.

Muchas gracias por leer y darme su apoyo. Espero que Apócrifo siga recibiendo reviews y ayudas por parte de ustedes. Si quedaron errores de dedo, me disculpo… lo de siempre, no tengo tiempo de releerme.

Hasta pronto y saludos,

CieloCriss.