Enero del 2012.

A los que pensaban que había abandonado este fic, temo decirles que estaban equivocados, porque aquí estoy nuevamente trayéndoles un nuevo capítulo de Apócrifo.

En esta ocasión, tengo qué confesar que tardé siglos en poder escribir algo decente y quizás no ha quedado muy elocuente esta entrega, pero se las doy con todo mi corazón. En unos días publicaré la parte dos de este capítulo, la cual ya está escrita pero requiere de correcciones.

Les paso en resumen del fic: los digielegidos y su descendencia ya tienen un poco más claro que los enemigos a vencer son los Reyes Demonio Digimon o Demons Lords, los cuales quieren capturar a Soji Yagami para hacer brillar el emblema Apócrifo, con el que podrán por fin y después de dos intentos fallidos, hacer la Fusión Prohibida.

Desde el 2028 la puerta al Digimundo se cerró, y los elegidos han tratado de abrirla, pero aunque no lo han logrado, datos malignos de digimons se están haciendo presentes en la tierra, e incluso, la formación de esos datos (en monstruos digitales malignos y poderosos) ha causado daños en algunos de los hijos de los elegidos.

En el capítulo anterior, los Demon Lords atacaron a Osen, pero finalmente los Izumi, Tai y Soji van de regreso a Japón. Por su parte, los digielegidos en Odaiba planean refugiarse en el Museo Digimon para hacer un plan para contraatacar al enemigo.

Sei Takaishi fue trasladado en secreto del hospital a casa de los Kido, Cody volvió a casar y cada día más personajes saben del secreto de Yuri y Toshi.

En este capítulo hablaremos un poco sobre la organización de los personajes antes de ir al refugio. Espero les guste.

Gracias por su apoyo.

O

A p Ó c r I f O

Por CieloCriss

8.1

O

Su corazón no parecía querer apaciguarse y latir con normalidad. Era una sensación diferente a cuando estaba con Mayumi, estos latidos desbocados no eran por amor, sino producto de ansiedad.

Esa noche, Taiki recordó su infancia. Mientras Seiyuro Takaishi era trasladado del hospital a la casa de los Kido y su padre se reencontraba con su hermano perdido, él sufría de insomnio por primera vez en mucho tiempo.

De muy pequeño era frecuente que se quedara sin dormir imaginando a su madre.

Contaba ovejas y no le funcionaba; veía la tele y no le daba sueño; le pedía a su hermanita postiza Osen que le explicara cosas de computadoras y ni eso lo adormecía.

Entonces, a media noche, se despertaba con el rostro acongojado, iba caminando a la cama de al lado y tomaba de la ropa a su primo, para que lo consolara.

"Toshi...", llamaba Taik al hijo de su tía Hikari. Le sacudía el pijama amarillo.

"Taik, ¿otra vez no puedes dormir?", le preguntaba con paciencia el chico mayor por dos años, que aunque no era demasiado cariñoso, le abría espacio en su cama y le dejaba acostarse a su lado.

"Estabas pensando en tu mamá ¿cierto?", le cuestionaba Toshiro.

Taiki asentía, abrazaba a su primo y se le salían las lágrimas.

"Es que tengo miedo de que nunca regrese, primo", decía, "Tengo miedo de que nunca la conozca y no se acuerde nunca de mí".

Toshiro Yagami sonreía.

"Mientras haya vida estoy seguro de que la encontrarás, Taik, y si mi tío Tai dice que está viva, estoy seguro de que tienes grandes oportunidades de conocerla".

El menor se confortaba con los consejos del mayor, quien se ponía a suspirar, como si ahora él fuera el del insomnio.

"Toshi... ¿ahora estás triste tú?", preguntaba Taiki, "¿Has recordado a tu papito que se fue al cielo?".

"Hay cosas que nunca se recuerdan, como es el caso de mi papá, porque cuando murió era un bebé, pero supongo que me dio nostalgia porque a él nunca podré volverlo a ver... aunque no te preocupes... hay que dormir, ¿quieres?, piensa que mañana estarás un día más cerca de ver a tu mamá".

Siempre, tras las conversaciones con su primo, ya no había más insomnio para Taiki.

Sin embargo, las cosas eran diferentes ahora que Toshiro tenía 17 años en lugar de 10; y él tenía 15 en lugar de 8. De ser niños pequeños, se habían convertido en adolescentes.

Los dos ya no compartían habitación y la hermandad con la que se habían criado estaba un poco deteriorada, aunque Taiki sabía que no se habían perdido los lazos.

Era verdad que ahora cada primo vivía con su respectiva familia. Además, los dos habían conseguido a sus padres verdaderos.

Toshiro había descubierto en Takeru Takaishi a una figura paterna muy fuerte, mientras que Taik sabía de la existencia de su madre, a pesar de que nunca había terminado de perdonarla.

Ahora tenían otros vínculos fraternales. Taiki había resultado tener dos hermanos, en tanto que Toshi tenía a Sei y a Min.

Las cosas habían cambiado mucho, pero esa noche todo pareció suspenderse y regresar al pasado.

Taik había tenido insomnio como en los viejos tiempos. Había dormido en la habitación de su primo, con todo y Toshiro incluido.

Esa noche, sin embargo, no tuvo el valor de levantarse y jalonear la ropa de Toshi para pedirle consejo.

Se quedó enmudecido con su pena, imaginando las penurias y problemas que había pasado su madre Akane cuando él y sus hermanos nacieron.

Pensó por horas en su hermanito Soji. Su pecho se le oprimía cada vez que asimilaba que nunca había hecho nada por aquel chico igual a él. Le dolía que no existiera un lazo fraternal entre ellos, se odiaba por eso…

En el fondo, tras su fachada de rebeldía, Taiki no podía contra lo que le exigía su corazón.

Si sus emociones le gritaban que debía besar a Mayumi Ishida, lo hacía aunque la rubia se molestara.

Si los sentimientos le exigían sentirse culpable por los problemas de su nuevo hermano, así lo efectuaba con una fe ciega.

El día lo descubrió viendo el techo. Estaba pintado de blanco y del lado de la cama de Seiyuro, que era donde había dormido, había un póster pegado a la pared sobre una película de cine de arte.

Del lado de Toshiro había más orden, algunos libros enfilados en un librero y algunos diplomas estaban enmarcados en la pared.

En el buró que unía a las dos camas individuales estaba un porta-retrato con la foto de Yuriko Hida, la novia de su primo. Del lado de Seiyuro había una libretita que tenía en letras grandes "EX".

Taiki la tomó con pereza, la abrió, la hojeó, y después de lanzar una mueca de disgusto, la cerró.

En el cuaderno se enlistaban cada una de las ex novias del Takaishi. No sólo se recolectaban los nombres, sino fotos y medidas de las susodichas.

"Si será cabrón", consideró Taik, alzando una de sus cejas con disgusto.

No era que él no pudiera tener esa lista, sino que él no le veía el caso buscar a otras mujeres cuando la que le gustaba era Mayumi.

Bufó el aire que se le acumulaba en los pulmones y su corazón se retorció nuevamente.

Tenía la necesidad de levantarse, ducharse y salir corriendo al hospital para ver a Akane Fujiyama. También tenía que hablar con su padre, pero en realidad prefería que su Hidemi hiciera esos trabajos.

Hidemi era la simpatía hecha mujer. Era dulce, hermosa y comprensiva. Pero él no. Él definitivamente no.

Se sentó en la cama y a su lado vio un futón con las cobijas destendidas. Según recordaba, la noche pasada el pequeño Kotty Ishida había dormido ahí.

En el cuarto de Minagawa habían dormido Mayumi y Hidemi, mientras que en la recámara principal se habían acostado Sora, su tía Kari y Min, quien aunque originalmente estaba dormida en el cuarto de sus hermanos, había sido trasladada con su madre.

No había rastro de Kotaro, lo que le hizo pensar que ya era tarde. Tal vez no había dormido, pero se había adentrado demasiado en sí mismo y no había notado que el pelirrojo había salido de la habitación.

Cuando miró a su derecha, notó que Toshiro también acababa de sentarse en su cama y le veía.

Los dos se analizaron un instante.

Taiki pudo notar que su primo estaba diferente. Incluso le parecía como si fuera otra persona.

"Toshi...", saludó.

Toshiro, cuyas ojeras apenas habían disminuido un poco en comparación con la noche anterior, seguía pálido y ausente.

"Taik, no dormiste nada ¿cierto?", preguntó con su tono de siempre, lo que permitió que Taiki Yagami sonriera, recordando el pasado.

"Supongo", respondió.

"Pensabas en tu mamá y tu hermano recién encontrado ¿verdad?", volvió a suponer el castaño, y Taiki quedó boquiabierto, porque no sabía que su primo sabía ese secreto.

"¿Cómo sabes eso?".

"Me ha contado ayer mi mamá mientras estaba en el hospital", informó Toshiro.

"Sí, bueno, supongo que he pensando en ellos... Akane me dio una versión de los hechos sobre mi nacimiento que merece una segunda oportunidad...", expresó el moreno un poco molesto.

Desde que había conocido a su madre, a los 11 años, buscaba maneras de maldecirla. Sin embargo, a partir de la noche anterior, buscaba entre su alma y los latidos de su corazón una manera de enaltecerla y comprenderla.

"Es muy curioso", comentó Toshiro, levantándose de su cama para comenzarla a hacer, "cuando éramos pequeños no podíamos dormir porque creíamos que no teníamos a nuestros padres... al final tu madre ya está a tu alcance, y mi madre se casó con Takeru, quien resultó mi padre biológico".

"Lo dices con mucha seguridad", dijo Taik, revolviéndose aún más en las cobijas, "pensé que no te interesaba saber si era o no tu padre de sangre".

"Eso era antes de que lo conociera a él", susurró Toshi, viendo al techo.

Taiki le siguió la rojiza mirada, pero sólo se encontró de nueva cuenta con pintura blanca y pósters de películas de Sei pegados en la pared.

"¿A quién?", terminó cuestionando, porque ahora que había crecido tenía poca paciencia con las extrañas visiones y vibras que desprendía su primo.

Toshiro suspiró. Taiki lo vio sonrojarse como nunca. Su primo sacudió la cabeza, se despeinó, se aclaró la garganta y se acercó a su primo.

"Es que...", comenzó a decir, tenía la frente sudorosa y se mordía los labios, "he tenido una visión".

"Ah, sí, eso no es nada nuevo", expresó con decepción Taik, "espera, ¿no habrás soñado a mi hermano Soji?".

"¿Mi primo nuevo se llama Soji?".

"¿Entonces no lo has soñado?", insistió Taiki, haciendo un puchero de niño pequeño. Esos gestos sólo se los permitía con su primo y Osen, sus antiguos hermanos postizos.

"No me ofendas, Taik, yo no sueño", planteó el canelo, "yo tengo visiones, que no es la misma".

"¿Ah no?", ironizó Yagami.

"Por supuesto que no", fingió indignación Toshiro, sentándose en la cama.

Empezó a mover las manos de un lado al otro y su mirada comenzó a debilitarse.

"Primo Toshi, dímelo ya", exigió el menor.

"Tuve la visión de un bebé que va a ser mi hijo", soltó el hijo de Hikari, con las mejillas carmesí.

"¿Eh?", fue la respuesta de Taiki.

"Taik... es que yo voy a ser papá", dijo finalmente, con la cabeza dándole vueltas.

Era la primera confesión que Toshiro hacía por gusto.

"¿Preñaste a Yuriko?", se asombró Taiki, saltando hasta donde estaba su primo.

Lo tomó de los hombros y los dos se miraron hasta que Toshi asintió.

"Si serás cabrón, primo", regañó Yagami, pero pareció alegrarse al mismo tiempo.

Iba a alargar su opinión, cuando una tos ruidosa asustó a los primos Yagami.

Taiki notó que el ruido provenía de debajo de la cama de Sei, por lo que se asomó y sacó de allí al pequeño Kotaro Ishida, quien estaba con los ojos bien abiertos del asombro.

"Mierda, escuchaste todo, ¿no es así, Kotty?", preguntó Taiki.

Toshiro se masajeó la cabeza.

"¡¿EMBARAZASTE A YURI-CHAN Y VAS A TENER UN...?", gritó Kotaro, pero Taiki alcanzó a bloquearle los labios al pelirrojo.

El segundo hijo de Takeru Takaishi cerró los ojos.

"Esto se me está saliendo de las manos", se quejó.

"Kotty, te vas a tener que callar el secreto", sentenció Taiki.

"Pero... pero, ¡la barriga le crecerá y no habrá secreto que valga!", avisó Ishida menor.

Toshiro miró a su primito pelirrojo.

"Por favor, Kotaro-kun, sólo un tiempo", rogó.

El hijo de Sora y Matt asintió con frenesí.

"Lo haré... aunque hay demasiados secretos alrededor que estoy ocultando", comentó preocupado.

"De cualquier manera, ¿Por qué nos estabas espiando?", se indignó Taik.

"No los estaba espiando, sólo me quedé dormido bajo la cama porque me moví mucho y descubrí que es cómodo estar bajo las camas", explicó.

La puerta de la habitación se abrió de repente y dejó ver la silueta de Hidemi Yagami.

La chica estaba llorosa, pero con un rostro alegre.

"Lamento interrumpirlos", dijo, "¡Es que tenía que decírtelo, Taik, finalmente pude hablar con papá!".

"¿De verdad?", preguntó Taiki.

"¡Y él se ha encontrado con Soji!", gritó la chica.

Taiki no respondió.

"¡Y llegará a Japón mañana!", finalizó el aviso la muchacha y luego se lanzó a los brazos de su trillizo, de paso besó a Kotaro y llegó hasta Toshiro, a quien también enlazó con sus brazos.

"Por cierto, me temo que he oído lo que hablaban, primo, y creo que es una noticia estupenda, ¡voy a ser tía!", susurró emocionada.

Toshiro se dejó caer en la cama y se cubrió el rostro.

"Trágame tierra", dijo cubriéndose la cabeza con una almohada.

"No te preocupes. Tu secreto está a salvo con tu prima".

O

Los susurros.

Para Zetaro Ichijouji, los murmullos que nadie más oía eran el primer signo de alarma que indicaba que algo malo iba a pasar.

Cuando eso ocurría le dolía respirar, pero eso no impedía que la voz, con dulces susurros, le dijera lo que no quería oír.

En ocasiones, el muchacho creía que nadie le hablaba. Quizá los susurros no provenían de alguien más, sino de él. Tal vez las tinieblas no eran ajenas, sino propias.

Se estaba volviendo loco.

Con ese pensamiento, el muchacho de 14 años se levantó de la cama. Lo primero que hizo fue accionar su brazalete digital, para revisar su correo electrónico.

Encontró un correo de Osen Izumi, su cybernovia. Se imaginó a la hermosa damita de sus sueños escribiendo para él aquella misiva.

En ella, la pelirroja pedía conocerlo. En la carta, la chica decía que él se iba a decepcionar de ella.

"Jamás... jamás podrías decepcionarme, será al revés, Osen-chan", soltó Zetaro.

"Oh, sí", escuchó dentro de su mente, "le quemarás el alma".

Iban a pasar cosas malas, Zetaro lo sabía. Una de ellas, iba a ser una historia de desamor.

"Van a pasar cosas malas porque voy a romper dos corazones en unas de horas", su entonación de desamparo le hizo cerrar su brazalete.

Su mente siguió activa. Perfilo el cabello rojo de Osen. Dibujó sus ojos negros, su cuerpo delgado, frágil e imaginario.

"Voy a destrozar tu corazón", gimió y se restregó la cara con uno de sus brazos. "Osen, de ninguna manera te gustará que un chico tan frío como yo te siga amando. No hay posibilidad de que no me guardes rencor por este engaño y por dejarte de hablar después de tocarte los labios... No me cabe duda de que el amor será un desamor por siempre".

Se maldijo por ser descuidado. Si su hermana no lo hubiera descubierto, quizá pudiera tener una historia de amor más larga, aunque la conclusión fuera igual de trágica.

"... ¡Hazme caso de una vez, Zetaro!", el grito de Kurumi alertó al mediano Ichijouji, quien encaró a su consanguínea de inmediato.

Dejó de divagar, de llorar y de inmediato adoptó una actitud fría.

"No has tocado a la puerta, sabes que no me gusta que entren a mi cuarto sin avisar, hermana".

"No es como si tuvieras algún otro secreto, ¿verdad?, ¿o tienes otro romance con otras de tus amigas de la infancia?", reprendió la chica.

Zetaro suspiró.

"No me causas gracia, hermana".

"¡Te llamé varias veces y no me respondiste, así que tuve que entrar!", gimoteó Kurumi.

A pesar de que cada día era más diferente a su hermana, a Zet le seguían gustado los ademanes exagerados de la chica e incluso le envidiaba por ello.

"Estaba distraído, pero... no estoy guardando ningún otro secreto", mintió con pesar.

"¡Eso es lo de menos!", se escandalizó Kurumi, "¡Ha pasado algo terrible!".

El chico se levantó de manera abrupta, asustado.

"¿Qué pasa?", preguntó.

"¡¿Qué más va a pasar?, es Sato y su bocota", exclamó.

Zet se tranquilizó de inmediato porque era costumbre que la bocota de su hermano hiciera rabiar a todos en casa.

"Ah, sólo eso, ¿qué ha dicho esta vez?", cuestionó con indiferencia.

"¡Velo por ti mismo!", exclamó Kurumi, de 18 años, jalando tras ella a su hermano hasta la sala, donde el pequeño de la familia estaba sentado muy tieso en un sillón individual.

Miyako y Ken estaban de pie, alrededor de él. La primera estaba colorada; el segundo estaba pálido.

"¿Pero por qué no me dicen nada?", renegó Satoru.

Kurumi y Zetaro permanecieron a la expectativa, sin saber exactamente lo que ocurría.

"Escucha bien, Satoru, hay cosas que un niño no debe preguntar", regañó Ken con un tono de voz avergonzado.

"Sólo quiero saber exactamente en que consiste el sexo y la fornicación que practican por las noches, porque con esas actividades me crearon ¿no?", exigió Sato.

"¡No digas esas palabrotas!", regañó Miyako, dándole un coscorrón a su nene de 7 años, "Ken, ¿qué hemos hecho mal con este niño?".

El papá negó con pesadumbre.

"No son palabrotas. Son palabras normales como perro y gato, las vi en el diccionario... ¿por qué se ponen así cuando pido una explicación sobre el procedimiento del coito y la cópula sexual?, ¿son tabú?, pero es que todas las personas tienen pene o vagina, que son los instrumentos para eso, ¿qué no?".

"¡SATORU!", volvió a bramar Ken, enojado como nunca.

"Pero es que mi hermano dijo que era natural", añadió el pequeñín.

De inmediato, los padres voltearon a ver a su hijo mediano y Kurumi se echó a reír para despistar.

Zet resopló avergonzado, el día anterior, cuando habían descubierto el embarazo de Yuri Hida, se le había complicado darle una explicación sobre cómo nacían los bebés.

'Ese maldito mocoso de tu hermano, ¿por qué nunca te lo jodes?', de nuevo escuchó la voz, pero Zet decidió ignorarla.

"Lo lamento, es mi culpa... tal parece que no debí hablar con Satoru de esos temas, pero él tampoco debe estar preguntando esas cosas".

"¡No es tu culpa, hermano Zet!", interrumpió Satoru, "Es sólo que quiero saber esas cosas, y ni aunque me robé a los muñecos de Barbie y Ken 2 para experimentar, pude entender el procedimiento...".

De su chamarra Sato sacó una muñeca marca Barbie desnuda y a su compañero Ken 2 -porque en casa de los Ichijouji, el Ken 1 era uno era papá -.

Miyako se dejó caer en el sofá, más abochornada que nunca.

"¡Robaste mis juguetes!", reclamó Kurumi.

"¿Para qué los queres?, las viejas de 18 años ya no juegan con barbies", Sato le sacó la lengua a su hermana después de su comentario.

Ichijouji mayor gruñó, caminó hasta su hijo menor y le arrebató los juguetes.

"Satoru", llamó Ken.

La mirada fría del detective hizo que Zetaro se recordara a sí mismo.

"Gomen, papá...".

"De nada te servirá pedir perdón, hijo", regañó, "sabes muy bien que además de tu curiosidad lo que deseas es ser el centro de atención de esta casa".

"¡Es que papá, yo sólo...!".

"Silencio", demandó el detective."Esta vez no es gracioso, Satoru".

"¡Es que papá!", volvió a interrumpir Satoru.

"¡Silencio!", arreció el regaño Ken.

El resto de la familia quedó enmudecida.

Satoru obedeció.

"Estarás castigado un mes entero", avisó, "Has infringido el código de ética de esta casa y has insultado a tus padres utilizando un lenguaje inadecuado y espiando cosas que no debes ver. Ahora dime, ¿de dónde sacaste la idea de investigar cosas de adultos?".

Kurumi soltó un "no" despavorido, sospechando que Sato iba a soltar el chisme del embarazo de Yuri. En cambio, Zetaro quedó tranquilo: sabía que su hermano era un bocón para hacer preguntas incómodas, pero sabía callarse los secretos como un profesional.

"Eh... es que vi programas prohibidos en el internet", mintió.

"Es no es verdad, he bloqueado el contenido inadecuado", dijo Ken.

"Lo he visto en otra parte", volvió a mentir Satoru.

"¿Y qué piensas de tu acción?".

"Que está tan mal como robar los muñecos de hermana para experimentos", soltó Sato, poniendo su carita desvalida, de cachorrito bonito.

Ken Ichijouji suspiró.

Le peinó el cabello morado-azulado a su hijito y lo alzó en brazos.

"El sexo, Satoru, es un tema de adultos y donde intervienen los sentimientos", comenzó a decir, "y no me ha gustado cómo lo abordaste, ¿entiendes por qué?".

"Sólo quería ser original... es que los niños generalmente preguntan de dónde vienen los bebés y los papás salen con la respuesta tonta de la semillita, de la cigüeña o del digihuevo, entonces quise preguntar algo más inteligente, porque los niños vienen del sexo ¿verdad?".

De nuevo papá endureció su mirada. En realidad, aunque Satoru intentaba verse muy listo, Zetaro creía que se le resbalaba la inocencia.

"Corrijo mi castigo", dijo el papá, "en vez de un mes serán tres. Tú no tienes remedio, hijito".

"¡Es que papá!".

"Es que nada. Tendremos una charla muy larga para que entiendas lo que se debe preguntar o no a los 7 años".

Cuando Ken se dirigió hacia su oficina, Kurumi y Zetaro vieron claramente que su osado hermanito portaba un rostro de satisfacción que indicaba que aunque estaba castigado, iba feliz en los brazos de su padre, dispuesto a recibir cualquier sermón, porque éste disiparía sus dudas.

"El mocoso no tiene remedio", renegó Kurumi, sirviendo un té para calmar a su madre, quien seguía colorada y alterada en el sofá.

"Pero es que no le hemos dado esos ejemplos tu padre y yo", decía a manera de disculpa.

"¿Una o dos cucharadas de azúcar?", preguntó la hija mayor.

"Cuatro, hija, que se me bajó el azúcar con las ocurrencias de Sato", Miyako se tomó el té lentamente por lo caliente que estaba, "Lo que no entiendo es de dónde sacaría mi pequeño semejante tema".

"Es lo de menos, mamá", se rió Kurumi.

"¡No es lo de menos!, ¿qué si hay un profesor pervertido en su clase que le dijo esas cosas?".

"Ningún profesor intimidaría a Sato, las cosas son al revés, ¿recuerdas cuando hizo la huelga en el preescolar porque querían que impartieran trigonometría y ciencias forenses?, tía Kari casi se colapsó", recordó Kurumi, "ya relájate mamá, nada ganan mi papá y tú con ponerse histéricos sólo porque su niño menor está aprendiendo cosas nuevas, digo, es un proceso natural y..."

"¡Cómo va a ser natural encontrar a tu hijo debajo de la cama espiando a sus padres para descubrir cómo son las relaciones sexuales!".

"¡¿Eso hizo? Waaaaaaa me muero, ¡te juro que me muero! hahahahahahaha", Kurumi soltó la carcajada.

"No sé por quien sentir pena", sinceró Zet.

"¡Ese chiquillo no sabe lo que hace! ¡De verdad que no sabe lo que hace!", siguió quejándose la señora, abanicándose la cara, mientras seguía farfullando.

Zetaro imaginó brevemente lo incómodo que habría sido para sus padres encontrar a su hermano en la habitación, luego sonrió con nostalgia.

Su hermano había preguntado el significado de las palabras sexo, cópula y fornicación, pero la tarde anterior, Zetaro había olvidado que lo más imporante cuando se hablaba de esos temas era la palabra amor y todo lo que ella significaba.

Tocar a Osen, besarla y tener sexo con ella... eso sí que sería imposible, pensó.

"Tierra llamando a Zet por quinta vez", dijo la hermana.

El de cabello lila miró hacia las mujeres de la casa.

"¿Sucede algo?", preguntó con melancolía.

"Pasa que mamá nos ha dado instrucciones de empezar a empaquetar, porque parece que nos vamos a mudar al Museo Digimon hoy mismo".

"Ah... eso...", dijo.

"Pero antes vamos a ir con el tío Cody".

O

Mayumi suspiró cuando Toshiro le soltó la mano y llegaron al área de estacionamientos donde vivían sus familias.

A la rubia le pareció muy raro que su presunto primo le hubiera pedido hablar en privado. Todavía se le hizo más inusitado que, ante su negativa de oír los sermones del castaño, éste le hubiera insistido, le hubiera tomado la mano y la hubiera llevado hasta donde estaban ahora.

Vio que el muchacho veía de reojo, con apremio, la maquinita expendedora de tabaco que había al lado del elevador de los apartamentos.

"Puedes fumar, sólo no me avientes el humo", dijo ella, porque se veía a leguas que Toshiro requería de algún aliciente para recuperar el control de sí mismo.

No era que se le viera especialmente nervioso. Aún tenía esa pinta impávida de siempre, pero su voz sonaba levemente ansiosa, llevaba las mejillas levemente coloradas y parecía tener prisa.

"Eh, sí, digo, no, le prometí a Yuri que ya no iba a fumar", dejó salir no muy convencido.

"Y bien, ¿qué es lo que quieres?", dijo ella de manera brusca.

"Sólo quiero confesarte algo", susurró el chico, "¿pero por qué no querías hablar conmigo?".

"Me daba flojera", admitió May, ocultando sus manos dentro de una chaqueta gris que se había puesto esa mañana. Era una pieza muy gastada, que llevaba el número 2027 bordado con letras azul marino.

"¿Flojera?", se extrañó Toshi, aunque de inmediato sacudió la cabeza, como si no valiera la pena ponerse a analizar por qué pensaba eso la rubia Ishida.

"Sí, flojera, pereza, cosas de esas", comentó la niña.

"Mh…".

"¿Qué tenías que decirme?", preguntó Mayumi, "no es nada contra ti eso de que tenía flojera, es sólo que no me apetecía hablar con nadie, soy una persona difícil por las mañanas… en realidad, soy una persona complicada siempre".

"A mí me pareces una chica muy centrada. Tu toque de sarcasmo es hasta cierto punto interesante", meditó con suavidad Toshiro, encogiendo levemente los hombros.

"Como sea… sólo dime lo que querías decirme", pidió la muchacha.

"Sí, claro, ¿te sientas?", Toshiro tomó asiento en la banquetita y la rubia lo imitó, "gracias", el de cabello marrón estuvo callado otro rato, como si estuviera escogiendo palabras de su rebuscado cerebro, "en realidad, creo que eres la única de los Ishida que no lo sabe, así que decidí decírtelo… además, somos primos, ¿no?".

"Eso no lo sé. Eres tú quien no se quiso hacer la prueba de ADN para saber si Takeru era tu padre, ¿cierto?".

"Sí. La verdad es que tenía algo de temor de que no lo fuera, pero ahora eso ya no me importa demasiado, simplemente lo sé, somos primos de sangre", aseguró Toshiro.

"Enhorabuena, primo", ironizó May, aunque le mostró una sonrisa sincera al hijo mayor de Hikari.

"Lo que quería decirte es muy incómodo para mí", se rascó el cuero cabelludo, resopló y le desvió la mirada a su parienta, "yo… yo voy a ser papá".

"Si quieres contarme algo como eso al menos mírame de frente", regañó la rubia.

Toshi apretó las manos y encaró a su prima, quien le mostró una mirada indescifrable.

"Me lo ha dicho Yuri hace un par de días", siguió diciendo, ahora sí estaba nervioso y con la lengua atrofiada, "le he arruinado la vida y no tengo idea de lo que voy a hacer… quería comentártelo porque tus padres de alguna manera ya lo saben e incluso tu hermano me ha oído confesarlo".

"¿Eso es todo lo que querías decirme?", preguntó, ahora ella giró los ojos hacia otra parte, "si te pones así por darme la noticia a mí, que no tengo rol alguno en este problema, ¿te imaginas lo mediocre que resultarás cuando se lo confieses a tus padres o al señor Hida?".

"Se lo he tenido que confesar a mi padre", bufó Toshi, "tienes razón, me puse mal contándoselo, terminé lloriqueando".

"¿Al estilo de Doguen?", preguntó la chica con sarcasmo.

Toshiro no pudo evitar sonreír un poquito. Sabía en el fondo que esa era la forma en que Mayumi animaba a las personas.

"Sí, algo así".

"Hida-san va a matarte entonces, sobre todo si se lo dices lloriqueando".

"Honestamente eso no me importa, estoy preparado", susurró Toshi, "me dan más miedo otras cosas, el no saber lo que siente Yuriko, por ejemplo, me tiene en ascuas… yo no tengo idea de lo que está pensando, ni de sus emociones, ¿me odia? ¿me quiere? ¿desea al niño?, son cosas que no comprendo".

"Y supongo que quieres que yo te lo explique", asoció Ishida, "por eso te pusiste tan nervioso, porque quieres que yo te resuelva las dudas de otros corazones, ¿por qué me pides eso a mí, Toshiro?".

"Pensé en Hidemi, quien por cierto ya lo sabe, pero irremediablemente tú eres mucho más parecida a mi novia que Hi-chan", consideró.

"¿Quieres la verdad?", preguntó con frialdad.

Toshiro Takaishi asintió con la mayor calma que pudo. May se hizo para atrás su cabello rubio corto.

"No tengo la menor idea de lo que piensa tu novia", sinceró, "insisto en que no te portes cobarde y vayas a cuestionarle por ti mismo".

"Ella está mal ahora…".

"Y más que preocuparte de ella, piensa en lo que tú sientes, ¿la odias? ¿la quieres? ¿deseas al bebé?", cuestionó la niña.

"Lo tengo claro. No la odio, sí la quiero, y deseo con todas mis fuerzas a ese varoncito de ojos azules y cabello castaño", declaró el hijo de Hikari con firmeza.

"Bien. Eso es lo que debe importarte", afirmó May, "lo siguiente es que procures darle felicidad, así ella te querrá, no te odiará y deseará al bebé".

"May…" replanteó la pregunta Toshi, "Si Taiki te hubiera embarazado, ¡claro!, en dado caso que fueras su novia, ¿le aborrecerías?".

Mayumi miró a su primo con desprecio.

"En el fondo eres tan Yagami como Taiki, ¿qué clase de pregunta idiota es esa?", se enfureció la rubia, "¡A mí no me metas en líos planteándome situaciones hipotéticas que nunca existirán!, después de todo has sido tú quien se puso a derramar fluidos con su novia, no Taiki y mucho menos conmigo".

"¡Gomen, May!, no quise sonar así, de verdad que no", imploró Toshiro arrepentido.

"¡Y yo que creí que eras pensante!", siguió enfadada.

"Perdóname… fui demasiado lejos", Toshiro tomó las manos de la chica, "perdona, prima, por favor".

"¿¡Y por qué demonios no usaste condón si ibas a tener relaciones con ella?, ¿es que no te han dado clases de biología?, porque si te han puesto un 100 soy capaz de ir a decirles que te reprueben, además, ¿te das cuenta que Yuriko no podrá seguir estudiando este año? ¿comprendes que se puede quedar sin universidad por esa terrible maldición machista que dice que las mujeres son las que se tienen que hacer cargo del niño? , a mí realmente no me importa lo que la gente diga de mí, pero siendo Yuriko una chica obsesionada con el honor, ¿te das cuenta del daño que va a causarle esta imprudencia de ambos?, y que sepas que la culpa no es solo tuya, es de los dos, aparte, ¿crees que tanto drama hace bien a la criatura que lleva en el vientre la pobre?, porque los niños resienten todo, eso dice mi madre, así que más vale que muevas tu trasero, vayas a reconfortarla y te enfrentes a tu suegro y a quienquiera que falte de saber esto".

La chica tomó aire con desesperación, se desprendió de la mano de su primo con fastidio y le volteó la cara. Se levantó, pero Toshiro le tomó del brazo.

"Eso es lo que quería escuchar, Mayumi-chan, muchas gracias".

Ella volteó hacia el castaño con malhumor.

"¿Querías que te gritara?".

Toshiro tenía una mirada mucho más pacífica y meditabunda ahora. Un ligero brillo en los ojos rojizos era lo único que lucía perturbado en su rostro de piel pálida y rasgos sencillos.

"No es eso. Es que has sido sincera. Necesito que me pongan en mi lugar de vez en cuando. Has hecho un planteamiento de los hechos que de alguna manera me clarifica y me da ánimos… no cabe duda de que por algo tienes el emblema de la Amistad de tu padre", explicó.

"Lo que estás diciendo no me congratula ni es lógico".

Toshiro se puso de pie. Se sacudió la ropa.

"Iré a ver a Yuriko y luego iremos a contárselo a Seiyuro… hablaré con Yuri para convencerla de que es tiempo de enfrentar a su padre y a mi mamá", expresó.

"Ah", soltó la rubia Ishida, analizando a su primo.

Cerró un momento los ojos, luego alzó la mano y le dio palmaditas en la cabeza a Toshi, lo que hizo que el muchacho se enrojeciera.

"Arigato…", dijo el chico, agradecido.

"Así que será varón y con ojos azules", recordó.

"Sí. Se parecerá un poco a Takeru", dijo, "quizás también a mí".

"¿Le has visto en sueños?".

"Sí… en los sueños que se confunden con la realidad".

"¿Cómo van a llamarle?", preguntó.

"Dejaré que Yuri escoja el nombre", apuntó no muy convencido de su decisión.

"Mh, ¿no te convence que ella escoja?", indagó.

"No es eso. Es más bien que dejaré que ella escoja muchas cosas en nuestra relación, será ella quien me dé el sí o el no si le pido matrimonio; será ella quien me acepte o no como padre del bebé; será ella quien me odie o me quiera… también debe nombrarle, es lo menos que puedo hacer".

May ya no respondió, comenzó a caminar hacia el elevador, lo abrió y los dos primos se internaron en el aparato. Subieron al piso de los Takaishi, donde las voces de amigos y familiares sonaban por todas las habitaciones.

Kotaro y Yamato, que había regresado de casa de los Kidos desde muy temprano, habían traído las maletas que había empaquetado Sora para trasladarse al Museo Digimon. Lo mismo había hecho Hikari con sus ropas y las de su marido e hijos.

Hidemi había tenido que empaquetar lo de su hermano, porque éste simplemente parecía en otra dimensión.

Con el pretexto de vigilar que la gente del mantenimiento pusiera de manera correcta el vidrio del balcón que había roto Seiyuro, Taiki se había embarrado en el sofá y tenía la mirada perdida en el cristal, que ya había sido reintegrado.

Toshiro y Mayumi le vieron con preocupación, porque el moreno estaba lejos de todo en esos momentos.

"Kotaro, anda, ayúdame a llevar esto a la autonave", mandó Yamato.

"Sí, papá".

Padre e hijo evacuaron el edificio. Sora fue a la habitación de Kari al oír que Minagawa estaba llorando, Hidemi se perdió por los pasillos y Hikari fue tras Sora con un vaso de leche para su hijita.

"Aquí se está acabando el mundo y tú ni en cuenta", le dijo Mayumi a Taiki. Lo zangoloteó y el de ojos chocolates le miró iracundo.

"¿Qué quieres?".

"Ponte a ayudar a tu hermana, idiota", ordenó la rubia.

Yagami la ignoró, miró a su primo Toshiro con el ceño fruncido.

"Quiero ir contigo a ver a Yuriko y que me acompañes antes a ver a mi madre", pidió.

"Claro", respondió Toshiro.

"Hidemi dijo que mi papá ya viene con mi nuevo hermano, así que tengo que avisarle a Akane", siguió diciendo.

"Te he dicho que está bien, sólo iré a rasurarme", avisó Toshi.

Mayumi puso los ojos en blanco.

"Eres casi lampiño, ¿qué vas a rasurarte?", se burló.

"Es la primera vez que lo hago", murmuró Toshiro y se alejó con una extraña mirada cómplice que ni Mayumi y Taiki comprendieron.

"La paternidad en la adolescencia lo terminará enloqueciendo", refunfuñó Taik, "mi primo era tan guay…".

"No seas idiota, con un hijo será todavía más guay", consideró la rubia.

Se dispuso a retirarse, decidió ir al baño de la estancia a lavarse la cara. Después de todo, Toshiro iba a usar el cuarto de aseo de las habitaciones.

Abrió la puerta, entró y cuando iba a cerrar, las manos morenas de Taiki se lo impidieron.

"Largo, está ocupado", dijo.

Pero Taiki empujó la puerta, entró y sólo entonces cerró.

"¿Qué te pasa?, que te sepas que estoy de pésimo humor", avisó.

"Por supuesto, es de mañana y tienes esas hormonas femeninas alteradas", planteó él.

"No des supuestos y menos si se trata de hormonas que no tienes, Taik".

"Bendito sea el infierno por no darme hormonas femeninas a mí", dijo de manera irónica, acercándose a Mayumi Ishida, quien estiró la mano, para impedir que se le embarrara más.

"Escucha, hoy no me place consolarte, mucho menos después de que Kotty nos vio", informó.

"Quiero abrazarte", dijo y con la fuerza que tenía le bastó un solo movimiento para quitar la mano de May del camino.

Rodeó a la rubia con fuerza.

"Me asfixias, Taik", hizo notar ella. Consideraba injusto que Taiki tuviera esos arranques pasionales y utilizara esa maldita fuerza que tenía por el hecho de ser hombre.

El muchacho trató de relajar los brazos, de modo que la chica pudo respirar mejor.

"May, ¿te acuerdas que nos besamos a los 10 años, en la aventura del 2027?".

"Sí, lo recuerdo, ahora salte del sanitario, ¿quieres causarme problemas?", preguntó.

"Sí, quiero causarte problemas", le susurró el moreno al oído, "así como nos besamos a los 10, ¿no estaría súper cool hacer el amor a los 15?".

La frase dejó impactada a Mayumi, y para el colmo, notó que Taiki comenzó a meter la mano debajo de su ropa.

"Así que quieres sexo sólo porque te enteraste de que tu primo lo practica y 'anotó gol'".

"Me ha dado la idea, no te lo voy a negar, pero prefiero no 'anotar gol', basta con usar preservativo ¿no?", los dedos de Taiki lograron tocar la piel de Mayumi.

La sintió tan suave, como si no fuera real, subió un poco más la pieza de tela y pudo ver la piel de nieve, pero cálida. La caricia que hizo a continuación provocó que Mayumi fuera invadida por un escalofrío.

"Aunque en realidad, tú sabes ¿no?", preguntó el hijo de Tai.

"No sé de qué diablos hablas".

"Claro que lo sabes, sabes qué quiero", respondió él.

"Lo que sé es que me quieres follar", ironizó ella, bajándose la camiseta y la delgada chamarra. La mano de Taiki no cedió.

"Bueno, sí lo deseo, pero te quiero de verdad", coqueteó Taiki.

Mayumi bufó. La mano de Taiki estaba más caliente que su cuerpo. Ella misma empezó a sentir que se le encendían las mejillas. Miró hacia el espejo y pudo verse la cara descontrolada, mientras su amigo la abrazaba y le metía la mano con descaro.

No le desagradaba, pero ¿por qué diablos la mujer tenía que doblegarse? ¿por qué carajos Taiki se daba esos aires de prepotencia y la trataba de someter?

Era verdad que su mejor amigo y ella se atraían, por algo lo dejaba besarla de vez en cuando, pero todo tenía sus límites.

Además, probablemente Taik estaba desequilibrado por todo el asunto ese de su madre y hermano perdido.

"Te voy a contar hasta tres para que me sueltes", dijo lo más tranquila que pudo, "Uno…".

"Vamos, ¿qué te cuesta?", interrumpió Taik.

"Dos…".

"Sólo quiero que seamos uno sólo, ¡hazlo por mi emblema, la Unión!".

"Tres".

Taiki Yagami refunfuñó, sin embargo, sacó su mano de la espalda de Mayumi.

"Pensé que a ti no te importaba eso de la virginidad como a otras chicas que siempre chillan que quieren que su primera vez sea especial", dijo con resentimiento.

"No me importa la virginidad ni las cosas tabú", explicó May, "sólo que no me da la gana hacerte caso. Ni que estuviera loca para hacer eso ahorita aquí, con mis padres al acecho".

"Sé que tienes razón", confesó el chico, recargándose en la pared, "es sólo que… aunque sé que debo ponerme a pensar en Soji y en Akane, desde que amaneció sólo pienso en ti… ¿no es una tontería?".

"Que va, si pensar en mí es la cosa más estúpida del mundo", ironizó May con gracia y una mirada de enojo.

"No es eso, lo que es una tontería es que sea incapaz de concentrarme en pensar en mis problemas desde ayer que te besé… pero tenerte a ti en mis pensamientos es… muy estimulante".

"Estimulante", repitió ella sin entonación.

"Me hace creer que estoy enamorado", analizó.

"Enamorado", volvió a refrendar ella con su voz helada.

"Pero tú eres de esas chicas a las que les parecen tontas esas cosas ¿no?, el amor, crees tú, es subjetivo y fugaz, pero la amistad es lo que permanece", dijo Taik.

"Eso es lo que tú crees que creo", entonó ella.

"No es que yo sea un sentimental ¿ne? Es decir, aunque haya recuperado la fe en mi madre y tenga un hermano perdido que seguro me odiará, eso no me quita lo rebelde… sigo creyendo que el mundo se está pudriendo".

"¿A qué quieres llegar?, que te sepas que me estoy cansando de esto", ella se ofuscó.

"Quiero que nuestra amistad permanezca, si eso es lo que es para siempre según crees", Taiki miró a May, puso sus manos en los hombros de la chica, "pero también deseo que seas mía, quererte, tocarte, celarte, ¡y no me importa que sea desde los 15 años!, de hecho, ha sido desde siempre".

"Baja la voz, idiota".

Las mejillas de Taiki estaban coloradísimas, lo mismo que sus orejas y parte de la nariz.

"¿Qué dices? ¿aceptas?", preguntó ansioso.

"A ver si entendí", la voz sonó insegura en los labios de May, "¿Quieres que seamos sexfriends, Taik?".

"Haces que suene tan mal, ¿qué culpa tengo yo de que no seas como las demás mujeres que conozco?", renegó, "Hay que usar un nuevo término, ¿te parece el de Lovefriends?".

"Absurdo", respondió Mayumi.

"¿No quieres?", el muchacho puso rostro desvalido.

"No es como si se necesitaran palabras para tantas cosas, Taik, ¿no te parece?, plantearle a una mujer que quieres sexo con ella de esta manera es complicado, sólo deja que las cosas pasen, si no pasan, pues ni modo".

"Entonces eso es un no", afirmó con tristeza.

Mayumi resolló con impaciencia, como si estuviera lidiando con un chico retrasado mental. Tomó la quijada de Taiki, la acercó a sus labios y le dio un beso.

Entreabrió los labios y mordisqueó a su compañero. Luego se separó.

"Es un quizá".

Y con las hormonas femeninas y masculinas de los dos hechas revolución por ese beso inesperado, la chica salió con brusquedad del baño, justo para chocar con su padre.

"¿May? ¿estás bien?", preguntó Yamato Ishida después de sentir que la cabeza de su hija se estrellaba, con torpeza, contra su pecho.

En definitiva eso le hizo poner mala cara, porque su princesita darketa no era de esas chicas torpes en ningún sentido de la palabra.

"No es nada, papá", respondió la chica.

Y cosa más rara, su Mayumi no lo miró. Al contrario, la chica tenía la cabeza agachada, en posición sumisa. No era por presumir, pero su retoño era de esas niñas seguras y firmes, desafiantes y hasta irreverentes… en definitiva, no era cosa de su May andar cabizbaja.

Le tomó la barbilla, se la alzó y para su desconcierto, se encontró a su hija con la expresión más hermosa que le había visto jamás.

Por supuesto, Yamato sabía que su hija era una muchacha preciosa, pero en esos momentos le pareció un ángel, una diosa o peor: una chica enamorada.

Eso le gritaban las mejillas chapeadas de la chica, los ojos cristalinos, la boca húmeda y la ligera capa de sudor y aprehensión que la muchacha desparramada.

De hecho, ¿no se veía así Sora cuando recién se había enamorado de él?

Yamato sacudió la cabeza. Enfrió la mirada, su hija acababa de salir del sanitario.

"¿Te pasa algo, hija?, ¿tienes fiebre?", preguntó de manera hipócrita. Sólo había que oír la respuesta de Mayumi para confirmarlo.

"No". Al menos Yamato se alegró de que la respuesta fuera cortante y la chica no le saliera con: ¿yo, fiebre? ¿cómo crees, papá?, sólo estoy acalorada, a que hace calor, ¿verdad?

Ante la incertidumbre, Yamato hizo lo que todo padre haría. Con la mayor desfachatez que pudo se dirigió a la puerta, para ver si su rubita lo intentaba detener.

De reojo vio a su primogénita, quien no lo detuvo para nada, sólo cruzó los brazos en señal de molestia. Esa chica era tan canija que se había dado cuenta de que sospechaba.

"¿Qué, no abres?", preguntó Mayumi.

"Sí que abro", contestó el papá.

Así lo hizo, abrió la puerta y se encontró a Taichi Yagami echándose agua en el lavabo. El mocoso había abierto el grifo y había metido la espesa melena entera, como si necesitara enfriarse.

El espejo estaba ligeramente empañado. Matt buscó desesperado más pistas. Luego, de repente, tuvo una terrible visión en la que imaginaba a su hija con una barrigota enorme y del horror se llevó las manos a las sienes.

"Tenía que ser un Yagami", dejó salir de su boca con desprecio. Taik entonces sacó la cabeza del lavabo y vio a su 'suegro' con cara de querer asesinarle.

Yamato se encabronó más al notar que el chico no parecía temblar ante su presencia, sino que sólo chorreaba agua de la cabellera.

"¿Qué estás pensando de mí, papá?", reclamó entonces Mayumi, poniéndose enfrente de su padre.

Taiki notó que tenían, padre e hija, los mismos gestos al enfadarse.

"¿Qué estaban haciendo?", preguntó el ex astronauta tratando de calmarse. Tampoco quería írsele encima al hijo de Taik, al menos no en esos momentos, porque sabía que su amigo estaba teniendo dificultades.

Además, de alguna manera, entendía que ese chico había crecido sin madre y bajo los cuidados insuficientes del bienintencionado Taichi.

"Es… privado", dijo al fin el moreno, flaqueando un poco. Era un hecho que tenía temor.

"Nos besamos", sinceró Mayumi, como si se tratara de una actividad inocente.

"¿Qué?", Matt no supo qué responder. La boca de su pequeña estaba húmeda. La saliva de ese mocoso estaba en… en… "¡¿Cómo que se besaron?".

"¿Quieres que te eche mentiras?, ¿verdad que no?", desafió su hija, "nos besamos, eso es todo, colorín colorado, nada por lo que debas intervenir y preocuparte".

Pero para Yamato Ishida fue más que suficiente, hizo a un lado a Mayumi y caminó a zancadas hasta Taiki, quien no se movió sino sólo apretó los ojos.

"¿Le vas a golpear, papá?, ¿es que de verdad eres ese tipo de persona?", su hija tenía esa misma forma agria de él de contraatacar.

¿Es que no comprendía Mayumi que si no ponía un alto a ese Yagami, éste iba a terminar robándosela de casa?, ¿Qué iba a ser de Sora y Kotaro sin Mayumi?, ¿Y él que haría?... esa chica era su mejor logro. Si bien no eran tan cercanos debido al pésimo carácter que se cargaban ambos, la adoraba con todo su corazón.

Al final no liquidó al hijo de Tai como lo deseaba parte de su ser. Se serenó con un silencio lleno de borbotones violentos internos.

"Taiki, no vuelvas a tocar a mi hija, ¡¿has entendido?", fue lo que dijo, su voz autofrenada lo frustraba.

El chico quedó en silencio.

"¿¡Has entendido?", repitió.

"Señor Ishida, no puedo prometer eso, su hija es mi mejor amiga", dijo Taiki con seguridad.

Yamato explotó por dentro. Ahí, en su cerebro, sucedió un Big Bang entero.

"Sólo sal de mi vista, ¡desaparece!", exigió, y Taiki obedeció de mala gana.

"Me parece patético que te pongas así", gruñó por su parte Mayumi.

"Mayumi, soy tu padre, tenme respeto", pidió el progenitor, tomando de la mano a su hija.

"No usé las palabras adecuadas pero sabes que tengo razón", aseguró la primogénita del sorato.

"Escucha, sólo ten cuidado, no necesitas hacer esas cosas ahora", escogió la frase más dócil de su corazón y se la dijo.

"Mh… ¿no besuqueabas a mi madre cuando rondabas por los 14?", Mayumi era sagaz, Yamato maldijo que fuera tan avispada.

"No es el punto".

"Era tu novia, la besuqueabas y cuando mi abuelo materno te descubría te quería agarrar a palos ¿no?, es una actitud misógina y apuesto que no la tendrás cuando Kotaro comience a salir con chicas", reflexionó la elegida de la Amistad.

"Me pondré celoso por los dos, y sea o no una actitud misógina, es natural para los padres preocuparse por esas cosas y…".

Mayumi interrumpió a su papá.

"Sé que sabes que Toshiro y Yuriko tendrán un bebé", ella recordó, "eso te hace pensar que puede pasarme lo mismo a mí, por tanto, actúas de esta manera paranoica, así que te lo dejo claro, papá, es un hecho que besé a Yagami, y talvez lo vuelva a hacer, sobre todo si me lo prohíbes… si eso pasa lo haría por el gusto de desobedecer, así que no te desgastes… ahora, no tienes qué preocuparte, Taik y yo no somos novios ni tengo pensado hacer nada con él, en cierta forma me ofende que hayas creado un escándalo así por un simple beso".

Ishida alzó la ceja. ¿Qué acaso su hija tenía una especie de corazón de hierro al decir con tanta frialdad esas palabras?

Sí, era verdad, se había vuelto loco. Incluso, por un instante, hacía sentido un impulso insuperable de comprar vía online un cinturón de castidad. Le aterraba la posibilidad de que otro hombre llegara de buenas a primeras y se llevara a May de su lado. Era normal, era cosa de padres.

Eso, claro estaba, no lo comprendía su princesita, que no era para nada una chica común. Tenía ideas demasiado abiertas, era de espíritu liberal, detestaba que la mimaran, que la obligaran a usar vestidos muy entallados y que la regañaran sin razón.

Era una yegua sin ataduras para su desgracia y su orgullo a la vez.

"Escucha, lo siento", dijo al fin, "sólo… sólo sigue siendo tú misma y decide con la cabeza ¿eh?, que el corazón cambia de opinión continuamente".

"sí, como sea".

"Venga, hija, no quiero que estemos enojados", acercó a la rubia y la abrazó de manera breve.

"Ya sabía que podías flaquear, pero que podías enderezar tu camino de papá cool", dijo orgullosa.

La chica salió del cuarto de aseos.

"Me temo que no soy lo suficiente cool", aceptó Yama, yendo hacia el pasillo, donde encontró a su hijo menor comiendo unas bolas de arroz.

"Papá, ¿dónde te habías escondido?", preguntó.

"Kotaro, de ahora en adelante quiero que vigiles a tu hermana, que no la dejes sola con Taiki y me avises si ese par se encierra en una habitación o se va a un lugar solitario y oscuro", mandó.

"Entonces quieres que le espíe para que no se haga novia de Taiki", fue lo que comprendió el pelirrojito.

"Exacto", dijo.

"¿Pero si de verdad se aman y quieren estar solos un ratito?", preguntó.

"Repito: No la dejes sola con Taiki. Punto y final".

"Papá, ¿estás celoso porque crees que mi hermana se volverá novia de Taiki?", preguntó.

"Sí".

"¿Y quieres que les vigile para que desarrolle los celos que viven en mí?".

"Si lo quieres ver así, podemos decir que sí".

"Ya los he sentido. Me refiero a los celos. Son terribles, es como si se me achicharrara el estómago y me hiciera ñam ñack cruak o algo así… a veces los celos son buenos, porque dejan ver que tienes sentimientos encontrados sobre alguien, pero a veces son malos".

Contrario a su hija mayor, su benjamín era un chico inocente, de un corazón abierto y demasiado noble para ser real. A veces Yamato no tenía idea de qué hacer ante las amorosas frases de su chico de primaria.

"Si consideras que son malos no los sientas, sólo avísame".

"Sí, te avisaré papá", afirmó el pelirrojo, "mamá dice que para ti es difícil aceptar que estamos creciendo, sobre todo no quieres que May tenga novios, ¿si yo tengo novia qué te parecería?".

"¿Perdón? ¿de qué hablas?".

Kotaro sacó de la bolsa de su pantalón una cartita. Yamato notó que era de papel rosado y con un sello de corazón.

"Ishida Kotaro-sama:

Me transfirieron de colegio hace poco y tenía unos días muy tristes. Voy en quinto de primaria y no tengo muchos amigos, ser la niña nueva es complicado, pero yo no me siento tan mal.

Paso los recesos viendo por la ventana, te veo jugar soccer todos los días. Desde la primera vez me enamoré de ti, es como lo dicen, se sienten mariposas en el estómago. Eres muy guapo y cuando te escucho hablar me pongo roja.

Kotaro-sama, yo te quiero. Eres mi primer amor. Tuve que juntar mucho valor, pero tenía que decirte lo genial que eres.

Cuando regresemos a clase ¿me puedes dar una respuesta?

Con amor, Kaede H. del 5-F".

Yamato abrió la boca mientras su hijo leía la carta como si se tratara de un memorandum de trabajo.

"Esas cosas no se las lees a tus padres", finalmente eso fue lo que dijo Ishida, "se agradece, hijo, pero por lo que más quieras no le muestres eso a tu madre".

"¿Por qué?, ¿acaso no puedo compartirles que tendré una novia cuando regrese al colegio?", dijo el chico.

"Tienes 11 años y no estás en edad de tener novias", dijo con resignación el papá, aunque en el fondo tenía ganas de decirle 'ése es mi campeón', o 'eres un rompecorazones como tu padre' o 'eres tan majo como tu tío TK, por eso tienes a chicas tras de ti desde la escuela primaria'.

"¿Insinúas que debo decirle que NO a una niña?, eso no, sería muy grosero, además, ella puede ser el amor de mi vida", canturreó ilusionado Kotaro, con las mismas y perturbadoras mejillas sonrojadas que había mostrado su hija momentos antes.

Ligero, como si fuera una gacela, el chiquillo se bajó del banco donde estaba trepado y anunció que iba a hacerle cariños a Min.

"¿Es normal que tu hijo hable del 'amor de su vida' si sólo tiene una década de vida?".

Hidemi Yagami, que iba pasando por ahí, tuvo en bien en responder:

"¡Waaa!, yo pienso que es algo adorable, tío Yamato".

Y Yamato supo que siempre, sin excepciones, debía pensar en voz baja.

O

Una niña de 10 años abrió la casa de los Hida.

Zetaro y Kurumi Ichijouji le miraron con desconfianza, pero Miyako le sonrió a la chiquilla y la presentó.

"Chicos, les presento a Kaede-chan, es la nueva hermanita de Yuriko", dijo Ichijouji.

Zet hizo una reverencia muy calmada y Kurumi sólo dejó salir un gesto de incomodidad.

"Hemos venido a ver a Iori y a Yuriko", avisó la esposa de Ken.

"Es usted la señora de anoche, Ichijouiji-san", saludó de manera desinhibida Kaede.

"Así es, y ellos son mis hijos, Kurumi y Zetaro".

"¿Son amigos de Yuriko oneesan?" preguntó con ilusión.

"Hai", respondió Miyako.

La niña les hizo pasar a la sala y salió corriendo a buscar a su padrastro.

"Pobre Yuri, tener una hermanastra de la noche a la mañana debe ser una pesadilla", criticó.

"Kurumi, ¿te puedes callar?", regañó la madre.

"No me callo, es lo que es y punto", aseguró, se puso de pie y anexo: "iré al cuarto de mi amiga, que tengo que hablarle en privado".

"Como le sueltes malas ideas sobre la hermanastra te irá mal", amenazó la madre, Kurumi soltó un remingo. Zet, por su parte, permaneció silente y lo más indiferente que pudo.

Kurumi se cruzó en el camino con el padre de su amiga, le dedicó una sonrisa forzada y lo pasó de largo.

Le indignaba lo que había hecho el señor Hida. Si su padre se hubiera casado sin avisarle y hubiera llevado a casa a dos extrañas, ¿acaso podría soportarlo?, la chica sabía perfectamente que no.

Entró a la habitación de su amiga, a la que encontró sentada en la cama.

Yuri tenía la mirada perdida en el pequeña ventana que había en su habitación. Las manos pálidas las tenía colocadas en su vientre.

Contrario a lo que recordaba Kurumi, la habitación de su amiga estaba hecha un desastre. Había libros desacomodados, la cama estaba sin hacer y la ropa estaba toda revuelta.

Kurumi apretó con fuerza el bolso que cargaba y saludó a Yuri.

"Buen día, Yuri-chan", dijo lo más feliz que pudo.

Yuriko se sacudió y observó a la Ichijouji algo asombrada. No era común que ese par de amigas se hiciera visitas.

"Kurumi-chan…", expresó y en seguida hizo amago de levantarse para ponerse a ordenar su habitación, "no sabía que vendrías, pondré todo en orden y…".

"No te desgastes, no va a pasar nada si lo dejas así, no es que vaya a juzgarte, conmigo no tienes que aparentar ser perfecta", se rió, "además, mi madre ha preparado un refugio para los elegidos y todos iremos ahí, venimos a darle instrucciones a tu padre".

"Ya veo… ¿estarán todos juntos?", comentó.

"También irán tu papá y tú", consoló Kurumi.

"No estoy segura de si él quiera ir, acaba de casarse… pero, si tú quieres, iré yo".

Kurumi se sentó al lado de su amiga pero no supo qué decirle. Estaba impuesta a que la consolaran, no a lo contrario.

Por eso, armándose de valor, soltó la primera tontería que se le vino a la mente.

"Ayer, el inútil de Kyosuke me besó", dijo de pronto y miró a Yuriko.

"Me da gusto", respondió la castaña de ojos verdes.

"¡Fue asqueroso!", mintió Ichijouji, "pero te lo digo para que veas que no eres la única que tiene que dice secretos prohibidos".

Yuriko Hida sonrió con dulzura.

"Gracias. Pero estoy segura que ese beso no te pareció asqueroso", peleó.

"Por supuesto que lo fue, ¡estuvo de lo peor!, he besado a muchos chicos y tengo manera de comparar esos talentos ¿eh?", se entercó la de cabello azulado.

"A muchos…", repitió Yuri, nostálgica.

"Tú… ¿solamente has besado a Toshiro?", preguntó.

La conversación se le estaba saliendo de las manos a Kurumi a pesar de que lo único que quería era animar a su amiga.

"No puedo decir que eso sea bueno o malo, pero el sexo, ¿te ha gustado?".

El rostro de la hija de Iori se alarmó. Se puso de pie con presteza y le dio la espalda a Kurumi.

"¿Es que te burlas de mí?", preguntó a la defensiva.

"¡Sólo bromeaba!".

"¿Crees que yo quería esto?", siguió quejándose la niña de 16 años, sin soltarse el abdomen.

"Escucha, lo siento, soy muy estúpida para estas cosas, te juro que sólo quería consolarte".

"No besaré otros labios aparte de los de Toshiro, de eso estoy segura", sentenció la niña, "y no me importa, pero a él, ¿qué tal si a él sí le importa?... tú no sabes lo que es encadenar a una persona".

"¿Piensas que le encadenaste por el bebito?", preguntó con voz bajita Kurumi, preocupada.

"Lo que yo piense no tiene relevancia".

"Es que estás mal, Yuriko, lo que tú pienses es lo más", regañó.

"Lo siento, no estoy de humor para hablar ahora de estas cosas…", se disculpó Yuri. Estuvo a punto de salir de su habitación, pero Kurumi le dio un paquetito envuelto en azul y con un moño blanco.

Yuriko tembló.

"¿Qué es esto?", preguntó a la hija mayor de Ken y Miyako.

"Ábrelo", pidió Kurumi.

Las manos níveas de la adolescente sacaron de la cajita un par de zapatos. Eran pequeñitos y olían a goma de mascar.

"Es un regalo para mi sobrinito", sonrió entonces la portadora de la Pureza, "en realidad, esos zapatos los compré cuando Satoru nació, pero eran tan bonitos y Sato tan desastroso, que nunca quise dárselos… en esas épocas prefería calzar a mis muñecas con ellos que a mi hermano".

Yuriko observó la pequeña suela de las botitas. Eran de color madera y tenían cordones blancos. No supo por qué, pero se aferró a esos zapatitos.

"Dije que los guardaría para mis hijos, pero en cuanto supe lo tuyo, lo único que he tenido en mente es regalarte los zapatitos, por eso insistí en que me trajeran a tu casa, ¡es que no estás sola, Yuri!, yo…".

"Kurumi, gracias", entonó Yuriko, y dejando detrás las formalidades, se lanzó a los brazos de su amiga, a quien apretó con desesperación.

"De verdad, gracias".

O

Zetaro observó que Yuriko y su hermana bajaron a la sala de estar con los rostros llorosos. Las dos habían estado llorando, eso era seguro, pero mostraban unas caras limpias, como queda la tierra después de que escampa la lluvia.

El señor Hida, su hijastra y su nueva mujer estaban sentados en el sofá más grande, mientras que Miyako y Zetaro lo hacían en el sillón para dos personas.

"… así que Ken y yo pensamos que lo mejor es que no nos separemos y estemos todos en el refugio", decía Ichijouji, "el personal del museo está de vacaciones por la Golden Week y la réplica de la casa de Devimon es perfecta, tiene dormitorios amplios y está amueblada justo como la describe Takeru en sus libros".

Noriko tenía los ojos muy abiertos, mientras que su hija, Kaede, parecía más interesada en bobear de un lado a otro y dedicarle sonrisas a Zetaro y a las recién llegadas, que se recargaron en los muebles.

"No estoy muy seguro de que sea necesario que nos movilicemos con tanta presteza, ni siquiera nos hemos reunido para evaluar la situación", objetó Cody.

"¿Se te hace poco lo que le pasó a Seiyuro Takaishi?, ¿y te parece que tu hija lo pasó bien cuando la atacó el Dragomon?", se indignó Miyako.

"No me parece poco, Miya, pero…".

"Padre, si tú te quieres quedar en casa está bien", interrumpió Yuriko. Llevaba una pequeña maletita a su lado, "yo he decidido irme con Kurumi al refugio".

Iori ofuscó el rostro, molesto.

"Esa es una decisión que voy a tomar como jefe de familia, Yuri", le dijo.

"Yo… yo creo que ya no soy… parte de esta familia", susurró entonces la chica, lo que provocó que los ojos de Cody se descompusieran.

"Yuriko, ¿qué estás diciendo?", cuestionó Iori.

Noriko agachó la cabeza, apenada.

"No sabía que te hacía tanto mal…", fue lo que le dijo la madrastra a Yuri. Kaede, que antiguamente estaba distraída, se puso seria y afligió la mirada.

"Usted no ha hecho nada malo, ni siquiera mi padre, señora Noriko", aseguró Yuriko, "Yo… la verdad es que el problema soy yo".

Miyako no sabía donde esconderse. Quiso levantarse, tomar a sus hijos de las manos y largarse de ese drama familiar que sabía que iba a iniciar, pero el cariño que le tenía a Cody le impidió cumplir sus deseos.

"¡Cody!", le gritó Miyako, "¡Es normal que tu hija esté molesta contigo!, te has casado y no le has dicho nada, ¿te parece justo?, ¡es terrible!".

"Miyako, te ruego bajes la voz", pidió Iori, herido.

"Pero tú, pequeña, le debes respeto a tu padre", Miyako dirigió ahora sus regaños a Yuriko, a quien se le encendieron las mejillas de la pena, "Y de cualquier manera, ya tendrán mucho tiempo para arreglar sus diferencias, luego sabrán si se acoplan como familia o no, lo importante ahora es que estén juntos y acudan al Museo Digimon a refugiarse".

Aunque estaban impuestos a que su madre nunca se quedara con la palabra en la boca, Zet y Kurumi desviaron la mirada; no sabían si era prudente detenerla o no.

"Creo que Ichijouji-san tiene razón", aportó Noriko, poniéndose de pie, "no quiero que las decisiones que tomamos mi marido y yo pongan en riesgo a esta familia… honestamente, recuerdo poco de los monstruos digitales y la mayoría de mis remembranzas son sobre los días en los que yo tenía una semilla de la oscuridad en mi interior… si la situación está tan delicada como aquellos días, ¿vale la pena que te arriesgues, querido?".

Cody no respondió. Tenía los puños apretados. Noriko prosiguió:

"La respuesta es que no puedes arriesgar a tu hija ni tampoco a ti", contestó la señora, "Si Kaede y yo estamos en medio, regresaremos a nuestro viejo departamento y esperaremos a que las cosas estén más relajadas, no sólo con respecto a los digimon, sino con respecto a Yuri-chan".

"No se trata de eso, el refugio es muy grande y tú y tu hija pueden venir, Noriko, después de todo eres una ex niña elegida", invitó Miyako.

"Basta ya", rogó Iori a su mejor amiga, "lo lamento, pero no me agrada que vengas a mi casa a decirme lo que debo hacer, Miyako".

"No me importa, lo hago porque te queremos, Ken piensa que es lo mejor".

"Evaluaré la situación con mi familia y sólo después", sentenció Cody.

"Pero Cody-kun, no es una sugerencia, es una orden", dijo Miyako.

"¿Orden de quién?", preguntó, "¿De Daisuke? ¿de tu marido? ¿de Taichi o Yamato?; somos adultos y nos regimos por nosotros mismos".

"¿Por qué te pones así?, es que no entiendo cuál es tu problema, somos tus amigos".

"Mamá… por favor, ya no digas más", rogó Zet, preocupado por la mirada que lanzaba Hida a su madre.

"Vámonos, mamá", agregó Kurumi, asustadísima.

Iori Hida bufó.

"Gracias por el mensaje, como te dije, no creo que sea necesario irnos, antes evaluaré la situación", desvió la mirada.

"¿Eso es todo?, ¿evitas mirarme a los ojos y me evades?, ¿qué te falta, echarme de tu casa?", peleó la señora Ichijouji, poniéndose de pie.

"Lo lamento", fue la respuesta de Cody.

Noriko y Kaede juntaron sus manos, Yuriko tomó su maletita, dispuesta a marcharse con los Ichijouji.

"Y tú no te vas a ningún lado, Yuriko", ordenó a su hija, "te quedas en casa. Tienes 16 años y no puedes tomar la decisión de ir adonde no te dejo".

El vientre le revoloteó a la muchacha y comenzó a sentir el cuerpo pesado.

O

Sora terminó de cepillar los rizos dorados de su sobrina.

Desde la madrugada, Minagawa había estado despertando constantemente envuelta en llantos inconsolables.

"Eso pasa todo el tiempo", le dijo con tristeza Hikari a Sora, "sus pesadillas nos ponen a todos tristes en casa, pero ahora… aunque yo no sueñe las pesadillas de mi hijita, las siento, sé que algo va a pasar".

Las palabras de la hermana de Taichi habían tocado de manera profunda a la señora Ishida, y a como había podido, desde que el alba había aparecido, se había esforzado por ser de utilidad para su amiga y para la hija de esta.

Min tenía el cabello suave, como su hija Mayumi. El contraste eran los delicados rizos y que la pequeñita no tenía problemas en dejarse crecer el pelo.

May jamás se permitía llevar el cabello abajo del hombro, le parecía incómodo y difícil de peinar. El argumento que casi siempre daba la chica era que le dolía la cabeza de tan pesada que podía volverse su espesa cabellera.

Amarró dos lazos azules en las dos colitas que había peinado, después sacó un espejo y le mostró a su sobrinita lo hermosa que había quedado.

"Mira, Min, has quedado preciosa", dijo Sora. Minagawa sonrió levemente. Tenía aros negros debajo de sus ojitos, los cuales estaban húmedos y ligeramente irritados.

"¿Tan bonita como tía Sora?", preguntó con gracia la pequeña y su tía se sonrojó ligeramente, porque no era común que una niña de seis años piropeara a sus mayores.

"Mucho más", Sora besó a la pequeña, le abrochó el suéter beige y sacudió el vestidito celeste y liso que Hikari había elegido para su benjamina.

Esa niña verdaderamente era una muñequita, a Sora se le figuraba una hadita grácil y misteriosa que vagaba con una sonrisa silenciosa en el mundo humano. Incluso, los llantos de Min eran suaves y conmovedores, poco tenía que ver con los lloriqueos que otros niños de la edad soltaban cuando hacían berrinche.

"Tía Sora… ¿cuando sueñas cosas feas se hacen realidad?", preguntó de repente, mientras salían de la habitación de la niña rubia.

"Yo creo que no, linda, y si eso llegara a pasar tenemos que luchar para el sueño sea siempre feliz", fue lo que pudo decir Sora a su sobrina, la cual asintió con fuerza, como si estuviera absorbiendo las palabras dentro de su corazón.

Afuera del cuarto, la pequeña Min soltó la mano de su tía en cuanto vio a su hermano Toshiro. La niña corrió hasta los brazos del chico, quien la recibió de manera amorosa y la alzó hasta acomodarla en su regazo.

"Tía Sora dice que si los sueños feos se hacen realidad debemos luchar para que se vuelvan un sueño feliz", explicó a Toshi la pequeña.

"Es verdad, nuestra tía tiene toda la razón del mundo, por eso no debes estar triste, Mina, porque siempre tenemos la posibilidad de luchar por sueños felices", reiteró el muchacho, lanzando una sonrisa agradecida a Sora.

"Hermano… yo también le diré esos consejos a mi sobrino", dijo de repente la rubita, lo que dejó helado tanto a Toshi y a Sora.

"¿Qué dices, Min?, Tu… ¿cómo es que sabes?, ¿cómo…?", se asustó el hermano mayor, mientras Sora veía a todos lados para detectar si Hikari había escuchado la conversación de sus hijos.

"Se lo diré cuando lo vea en un sueño feliz", siguió diciendo la niña con un aire de misterio dulce, "¿me bajas?".

Toshiro Takaishi puso en el suelo a su hermana. Estaba cohibido ante el rostro pleno y bonito de esa pequeña consanguínea suya. Sin duda, el castaño estaba acostumbrado a las visiones dentro de los sueños, él mismo podía llegar a ser misterioso, pero Mina sobrepasaba los límites de su propio entendimiento.

"Ella es superior a mis fuerzas", confesó a su tía. Los dos vieron a la niña correr a la cocina hasta Hikari, quien al parecer estaba empaquetando almuerzos.

Yamato Ishida entró al departamento Takaishi con el rostro ofuscado, al parecer, habían terminado de guardar el equipaje en la autonave. Sora sabía que su marido estaba de malhumor. Hacía una media hora que el mismo ex astronauta se lo había confesado por medio de decenas de mensajes que le había mandando por el celudigital.

'Sora, tenemos que comprarle un cinturón de castidad a tu hija', 'Sora, tu hija se atrevió a confesarme que ese patán Yagami la besó', 'Sora, tienes que hacer algo, tu hija se sonroja igual que tú', 'Es que no entiendes, Sora, si se sonroja igual que tú, ningún hombre podría resistirse ¿y si la atacan?'. 'Sora, si no detenemos a ese troglodita Yagami nos robará a nuestra hija', 'Sora, no pienso que te vaya bien ser abuela tan joven, así que tienes que hacer algo'…

Al principio, a Takenouchi le habían parecido simpáticos los mensajes de su marido, pero había terminado hastiada ante la paranoia de Ishida.

"¿Es que no confías en Mayumi, padre desnaturalizado?", habría terminado reclamándole sin que nadie la escuchara.

"¿Por qué soy un padre DESNATURALIZADO?, soy yo quien se preocupa por la integridad de su hija, a ti parece gustarte que Yagami la ataque".

"¿Tienes miedo de que suceda lo de Toshi, no es así?".

"¿Y tú no?", reclamó Yamato.

"Yo confío en mi hija, y de pasar esa situación, no sería el fin del mundo… y además, Taiki es hijo de Taichi, ¿qué más pides?".

Y tras esa discusión infantil sobre la vida amorosa de la hija mayor, Yamato había despotricado:

"Pues no confíes tanto", gorjeó, "Ah, y por si también quieres saber, tu 'hijito' recibe cartas de amor que lee sin pena alguna y va a ponerse de novio… espero que esa información te sirva para encender los celos maternos que llevas dentro".

La pelea había acabado ahí, porque Yamato se había alejado de la alcoba donde platicaban.

La reconciliación había llegado después, con otra decenas de mensajitos al móvil.

'Sora, lo siento, sabes que soy un imbécil', 'Es que nuestros chicos no deberían de crecer tan rápido, ¿lo entiendes verdad?', 'De haber sabido que iban a crecer así de rápido, debimos tener una docena más', 'Te amo Sora, disculpa, ¿quieres?', 'Y no te preocupes, le he prohibido a Kotty que se ponga de novio'…

La señora Ishida había terminado sonriendo y ante tal invasión de mensajes, ella sólo había enviado una réplica: "Te amo".

Así que aunque su marido seguía de malhumor por entender que su primogénita era una mujercita, le dirigió a Sora una mirada de nostalgia y de cariño que duró unos segundos, luego habló para todos los que estaban en la casa de los Takaishi.

"Tenemos qué trasladarnos al Museo Digimon, donde nos refugiaremos y haremos una estrategia para enfrentar a los enemigos. No sabemos bien lo que está pasando, pero en cuanto Taichi y Koushiro regresen, podremos sumar datos a lo que ya sabemos".

Hidemi Yagami asintió. Hikari abrazó más a Min y trató de entretenerla con un peluche para que la niña no prestara atención a lo que hablaban los adultos. Taik, que estaba recargado en la pared, no dijo nada.

Mayumi y Kotaro suspiraron, Toshiro posó su mirada en la nada, como si estuviera analizando un secreto.

"Por el momento, iremos a casa de los Kido a ver a Seiyuro, nos llevaremos el equipaje y esperaremos a que Ken nos dé la indicación del traslado al refugio", avisó Ishida.

"Cariño, estoy de acuerdo", respondió Sora, "sin embargo, creo que si vamos a ir a encerrarnos al Museo Digimon es importante llevar despensa, así que Hikari y yo iremos al supermercado y luego los alcanzaremos a ti y a los niños en casa de Jou".

"Además, creo que debemos comprar algo de ropa para Soji-kun, Mimi me ha enviado un e-mail con la talla de Soji y parece que es más delgado que Taik, por lo que la ropa de éste no le quedará", agregó Kari.

Taiki miró de reojo si tenía el vientre con kilitos de más, pero se tranquilizó al notar que su hermana le decía que no con sus ojos chocolates.

"Está bien. Compren futones también", pidió Yamato, "no creo que haya suficientes y me parece que Miyako ya ha hecho demasiado".

Las ex elegidas del Amor y la Luz asintieron.

"Lo lamento, pero yo quisiera ir a ver a mi novia antes que todo", expresó decidido Toshiro.

"Y yo quiero ir a ver a Akane", anexó Taiki.

"Toshi, no creo que sea necesario que vayas por Yuri, seguramente Cody la llevará al refugio", trató de razonar Hikari con su hijo.

Sora sintió un poco de pena por su amiga, al parecer, la pobre mujer era la única que no sabía sobre el embarazo de Yuri y, por tanto, no comprendía la urgencia que tenía Toshiro de ir a ver a su chica.

"Lo siento, mamá, ya tomé esa decisión", aseveró Toshiro, bajando la vista.

"¿Es que no quieres ver a Seiyuro?", se atrevió a preguntar Kari, "¿Te has peleado con tu hermano, verdad?, porque esa es la única razón que explica que le evadas".

"No lo evado, mamá… es que… yo…", Toshiro se puso rojo, hiperventiló. Yamato suspiró y se rascó el cuero cabelludo.

"Hikari, para que te quedes más tranquila yo llevaré a tu hijo por Yuriko", se apresuró a decir.

"Gracias, Yamato, pero me preocupa que mis hijos estén peleados", dijo con firmeza la hermanita de Tai.

"Para disculparme con Seiyuro necesito llegar primero por Yuriko, espero que lo entiendas, madre", insistió el muchacho, esta vez elevó sus ojos y Hikari terminó asintiendo, aunque algo dolida.

"Está bien… sólo ten cuidado", dijo.

"También llevaré a Taiki con su madre, después de todo también trasladaremos a Fujiyama-san al Museo Digimon", agregó el ex elegido de la Amistad.

"¿De verdad?", se ilusionó Hidemi, "¡Muchas gracias por cuidar de mamá, tío Yamato!".

La chica reverenció a Yamato muy agradecida.

"No tienes que hacer eso, pequeña Hidemi", expresó, "aunque tus modales son muy buenos, deberías compartirlos con tu hermano".

"¿Con cuál de los dos, tío Matt?", preguntó Hidemi.

"Con los dos", dijo Ishida sonriendo. Era verdad, un Yagami más se acababa de enlistar en su vida.

Con las maletas listas para refugiarse, las familias Ishida y Takaishi, además de los hermanos Yagami, salieron de los condominios.

En el auto de los Takaishi subieron Sora, Hikari, Kotaro y Minagawa. Yamato, por su parte, hizo que los mellizos, su hija y su sobrino se subieran en su autonave.

"Sora, no corran riesgos innecesarios", ordenó Ishida a su mujer, "ante cualquier peligro tienes que llamarme, ¿te enteras?".

Sora le sonrió.

"Claro que sí, cariño", le dijo, antes de que Hikari arrancara el vehículo y desaparecieran de la visa de Matt.

Cuando por fin subió al asiento de piloto, escuchó que Toshiro le decía:

"Tío… al parecer a Yuri no la van a dejar salir… me ha llamado y me ha dicho que su padre está muy molesto y acaba de tener una discusión con la señora Ichijouji", explicó Toshi.

"¿Con Miyako?", preguntó Yamato, viendo por el espejo retrovisor a su sobrino.

"Sí… creo que el señor Hida no irá al refugio por el momento… Yuri cree que complicaría las cosas si voy a su casa…".

"¿Qué diablos pasa con Cody?", renegó Yamato para sí mismo.

"Lo siento…", dijo el hijo de Hikari.

"No pasa nada. Iremos primero a casa de Joe a dejarlos a ustedes y luego iré por Akane Fujiyama al hospital".

O

El susurro de las enfermeras la despertó.

Akane abrió sus ojos y lo primero que vio fue a la mujeres uniformadas de blanco apuntando cosas en un cuadernillo digital.

Le sonrieron, pero ella no fue capaz de devolverles la sonrisa. Se encontraba inmersa en sensaciones desconocidas. Los ojos luminosos de Hidemi la había acompañado en sueños y las voz gruesa y varonil del chico, aceptándola, seguían surcando lágrimas por dentro.

A veces, la señora Fujiyama lloraba por dentro. El agua salada que debía salir por su mirada se le quedaba estancada en el cuerpo, en el alma.

Por ahí, si pudiera contarlas, había llorado lágrimas capaces de convertirse en océanos.

"¿Cómo se siente, Fujiyama-san?", preguntó una de las mujeres. La miró con detenimiento e identificó de inmediato que se trataba de la enfermera que le había llevado a sus hijos.

No respondió. Buscó de inmediato si a su lado estaba de nueva cuenta el niño de cabellos alborotados que se parecía tanto a Yagami. También buscó a su Hidemi, pero ninguno de los chicos estaba.

Se mordió los labios. Una sensación de abandono la acogió. Quizá no los volvería a ver, probablemente el pasado no había sido suficiente para perdonar los errores.

Negó. Sabía que sus pretextos no eran suficientes. No había justificación para sus pecados. Era un hecho que había separado a los tres niños. A uno le había dado el cielo al dejarlo con Yagami. A la chica le había dejado en su purgatorio, mientras que al más pequeño lo había abandonado en un orfanato, en el infierno.

"¿Está buscando a sus chicos, verdad?", siguió diciendo la enfermera, como si pudiera leerle la mente "ellos han tenido que ir a dormir, llevaban mucho tiempo sin descansar y sus tíos se los llevaron".

Akane cerró los ojos con fuerza.

"Pero no se preocupe, su cuñada me ha dicho que pronto tendrá noticias de ellos".

¿Su cuñada?... A Akane le supo dulce esa palabra, pero a la vez le causó desazón. Ella no tenía cuñada. ¿Con cuñada la enfermera se refería a la hermana de Yagami, que tenía ese rostro tan puro?

Volvió a negar, molesta.

Quiso incorporarse, pero la otra trabajadora se lo impidió.

"No se mueva, le caerá mal", ordenó con firmeza.

Tras apuntar un par de cosas más y revisar que estuviera corriendo el suero que la hidrataba, se retiró.

"Le trasladarán pronto, nos lo ha pedido el doctor Kido, así que no se preocupe por nada", le sonrió y se retiró.

La sala de urgencias continuaba vacía. Pero ahí adentro no había calma alguna, a pesar de que no se oían los lamentos de los enfermos, ni el ajetreo de los paramédicos.

Estaba ansiosa. Quería cuanto antes ver a Yagami. Anhelaba preguntarle por Soji y obtener respuestas de aquella personita que había dejado atrás.

Tenía pocos recuerdos de la criatura. Era un bebé milimétrico y delgado, al que le sangraba la nariz y las encías. Estaba pálido y no se parecía en nada al aspecto rebosante de vida del otro chico y de Hidemi.

Cuando imaginaba a su hijo menor, recordaba, a como podía, la manera tan terrible en la que éste había llegado al mundo. Se lo había arrebatado y se lo habían llenado de oscuridad.

Aquellos demonios no sólo le perseguían en sus pesadillas, era como si todos los días los viera. Era con si las capuchas guindas con las que esos digitales se vestían fueran el luto perpetuo que llevaba en el corazón.

Y sencillamente, Akane no quería morir ni desaparecer sin haber visto al menos a ese chico Soji a salvo, en manos del hombre que debía haber sido su padre.

Se acurrucó en la camilla porque no pudo moverse. Estaba exhausta. El impacto del auto que la había arrollado había dejado su cuerpo en condiciones devastadas.

Tenía varios huesos rotos y luxados, le llovían las heridas por su piel apiñonada y sus pies estaban amoratados.

Aunque se moría de ganas de huir de ahí, lo único que hizo fue hacerse bolita en la cama, morderse la lengua y forzarse a llorar por dentro del alma.

No supo cuánto duró la mañana, pero se adormiló un rato, hasta que el ruido de la puerta la sobresaltó.

Cuando abrió los ojos nuevamente, ya no se encontraba sola en esa sala de urgencias.

Una figura alta y con la túnica de sus tormentos estaba frente a ella.

Lucemon Falldown Mode, con una apariencia casi humana, le mostraba nuevamente la mirada azul y frívola con la que la había seducido cuando era una jovencita embarazada.

Un mechón rubio sobresalía de la capucha, lo mismo que la parte de un ala de murciélago, que parecía ser un cuerno.

"Mujercita, ¿estás sola otra vez?", le susurró como canción de cuna.

El corazón de Akane revoloteó. Se le entumió la cara. Sus labios se movieron con torpeza y no fue capaz de gritar nada. Sus ojos, sin embargo, reflejaron miedo y odio.

"¿No gritas? ¿tampoco lloras?", le cuestionó el demonio digimon.

Sus hijos. Eso fue lo único que apareció en la mente de Akane Fujiyama en estos momentos. ¿Y si llegaban Hidemi y Taiki? ¿Y si ese digimon les maldecías, como al menor?

"Yo tampoco lloro ni grito cuando las cosas me salen mal", murmuró el digital, acercando un brazo blanco, largo y deforme hacia la mujer.

Los dedos formados por código binario se estacionaron en el cuello de Akane y presionaron levemente.

"Cuando elegí al emblema apócrifo, jamás pensé que en lugar de parir un producto, me darías a tres", siguió diciendo, "descubrir ese hecho nos hace fuertes a todos".

"Má… mátame a mí", fue lo que pudo gemir.

"¿A ti?, ¿y para qué?", el digimon la soltó, "en la ley de los humanos es válido cambiar una vida por otra, pero el código de los demonios digitales no se rige bajo esos estándares…".

El silencio de nuevo. La impotencia de nuevo. La desolación por siempre.

"Mujercita, siempre he sabido dónde estás, cómo hueles y qué haces. Sé dónde está la oscuridad de tu hijo, sé lo que hace flaquear a los otros dos. Sé como funciona lo que no existe y lo que sí", declamó, "Te preguntas, si lo he sabido siempre, ¿por qué no he raptado antes al emblema apócrifo?, pero dar respuestas de esas no me corresponde a mí, ¿comprendes?".

"¿Qué… qué quieres de mí?", cuestionó Akane.

"Voy a poseerlos, a los tres", sonrió Lucemon FM, "haré la fusión prohibida, ¿es que no puedo charlar un poco antes de verlo?".

¿Verlo? ¿A quién?

"Puedo olerlo. Puedo oler el emblema de la Unión, que está cerca".

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Continúa en la parte 8.2

O

Seguramente están pensando, ¿qué piensa esta chica? ¿por qué mete tantas escenas de relleno? ¿por qué no junta a los trillizos de una buena vez? ¿Por qué el Lucemon apareció ante Akane? ¿Es que nunca va a pasar nada interesante en este fic?

Las respuestas son: ¿que si qué pienso?... ya quisiera saber yo!... ¿por qué tantas escenas?, porque me interesa dar a conocer cómo se desarrollan todos y cada uno de los personajes. ¿Por qué no junto a los trillizos?, porque los juntaré en los siguientes capis, bajo condiciones adecuadas. ¿Por qué lucemon apareció frenta Akane?, pues… porque es parte de mi plan malévolo. ¿Es que nunca va a pasar algo interesante en el fic?, la respuesta es sí, pasarán cosas muy interesantes a partir del próximo capítulo.

Por lo pronto he profundizado en la relación Taik y May, en lo que piensa Matt, en Sora, en Toshi y en otros personajes. Además, me he divertido de lo lindo con Satoru y con la escena en la que Yama se entera de las cosas que hace su hija en el baño, jeje.

Espero sus comentarios y les prometo que publicaré pronto, de hecho, si hubiera tenido fuerzas para revisar el 8.2, ya tendrían aquí la siguiente parte, pero creo que será mejor no saturarlos.

Un saludo y abrazo de parte de CieloCriss.

Gracias a todos por su apoyo.