Febrero del 2012: De nuevo una actualización, ¡la tercera de este año!... me siento contenta por eso, pero bueno, de repente me siento un poco lenta porque de plano que me alargo mucho para contar lo que quiero.

No les daré resumen de lo que ha pasado… sólo diré que los Demon Lords están atacando repentinamente y en el último capi raptaron a la hijita de Kari.

Los trillizos están cada vez más cerca de reencontrarse, pero una guerra de emblemas y digimons demoniacos están acechando a los elegidos.

¡Gracias por seguir leyendo!, espero con mucha ansia sus comentarios. Este fic esté dedicado, con mucho cariño, para las personas que gustan de los fics futuristas.

En este capi hay: escenas en primera persona; pequeñas y significativas partes de romance; acción y suspenso, claro; misterio… sobre todo por la primera escena; amor fraternal; reconciliaciones, y ¡Más!

Saludos.

CC.

O

A p Ó c r I f O

8.3

P.O.V. Hikari Yagami

El agua salada se adentró en mis poros y mi espíritu dejó de respirar.

Una arena gruesa y grisácea se metió entre mis dedos e hirió las plantas de mis pies.

No apareció el sol en ese paisaje, sólo se fue dibujando el Mar de la Oscuridad que me carcomía desde la infancia.

Lo comprendí en cuanto oí que Daemon me lanzaba su ataque "Sed del Mal"... entonces lo supe, iría de nuevo a ese lugar, por lo menos en una pesadilla.

Por eso el supermercado en el que hacía compras con mi hija y mis amigos se desdibujó y comencé a inundarme en las tinieblas.

A veces venían a mí las tinieblas.

A pesar de mi madurez, de que mi sentido común era mucho más fuerte que el místico, las tinieblas venía a veces... y dolían tanto como cuando era niña.

Hice el esfuerzo por despertar. Un rey demonio estaba tras mi hijita. Querían llevarse a Min, a mi pequeñita, a mi pequeña lucecita.

Querían marcarla, como lo habían hecho con mi hijo mayor, a quien le habían tratado de exprimir la luz cuando niño... a mi Toshi.

Pero no podía salir de ese mar.

Las olas revoloteaban a mi lado, daba la sensación de que pronto me ahogaría. Caían encima de mí, la espuma se adhería a mi piel, apolillándome, desolándome, quemándome la esperanza.

¿Takeru? ¿Dónde estás ahora, Takeru?

Justo cuando creí que no habría más albas en mi vida, sentí el tacto de Min en mi cuerpo lleno de oscuridad...

Unas luces multicolores se apoderaron de ese mar oscuro unos segundos.

En esa visión que me había provocado el ataque de Daemon, mi hija estaba produciendo un milagro en mí... seguramente fuera de ese sueño estaba ayudándome con la gracia de su emblema.

En un instante, el mar se diluyó hasta convertirse en un arroyo caudaloso, cristalino y de agua dulce. La arena que me ampollaba los pies se hizo césped... apareció una pradera y la espuma del Mar Oscuro se transformó en cientos de flores blancas, que desprendían un olor muy dulce.

"Seguramente Min me ha salvado", susurré, todavía dentro de mi sueño, "¿Pero por qué no despierto? ¡Ahora quiero salvarte yo a ti, Mina!"

No obtuve respuesta, mi hija era como yo, siempre permanecía muda cuando no había nada que decir.

Lo único que oí fue -a lo lejos- el canto de alguien más, pero no, no era Minagawa.

"Ya llega el sol", era la voz más armoniosa que había oído. Era la voz de un niño pequeño... no tenía la potencia que soltaba Mayumi Ishida cuando cantaba, ni tampoco la entonación perfecta el principito de Mimi, pero en ese instante supe que era la voz más hermosa que oiría en toda mi vida.

Esa canción sabía a miel, a sol, a luz; era un silbido que equilibraba mi visión, me daba ánimos y me provocaba ganas de llorar.

"Ya llega el sol", repitió la personita que cantaba, "y yo digo que eso está bien".

Por mis mejillas habían comenzado a correr las lágrimas. Eran gruesas e irreales. Las gotas que salían de mí eran negras... era como si esa canción me estuviera sacando la oscuridad.

Y el campo a mi alrededor seguía lleno de flores blancas, de unas que no yo conocía, pero que me parecían originarias del Digimundo.

"Cariño; ha sido un largo, frío y crudo invierno", cantaba ese angelito, "Cariño, ¡Parece como si hubiera durado años!".

No pude más.

Me dejé caer en el pasto verde mientras esas lágrimas grisáceas seguía saliendo de mis ojos cansados. Me restregaba la cara, el viento soltaba ráfagas llenas de pétalos blancos y mi cuerpo entero temblaba.

Por un momento, pensé que estaba en un purgatorio... pero a la vez me sentía muy feliz... muy feliz a pesar de que sabía que Min corría peligro y no tenía a Takeru cerca.

"Ya llega el sol", era como si al cantar esa voz sonriera, "¡Ya llega el sol!, y yo digo que está bien".

Reconocí la canción, una traducción de una pieza de The Beatles.

"Cariño, las sonrisas vuelven a los rostros", me cubrí los ojos.

En mi estómago revoloteaban mariposas... quizás, si Gatomon estuviera a mi lado, ella podría ayudarme a comprender lo que pasaba.

"Cariño, parece como si la luz no hubiera existido durante años".

Y así era. Era como si por primera vez en mucho tiempo la luz fuera intensa... estaba dentro de mí, en esa colina de ensueño, que estaba llena de flores exóticas y blancas, como esa luz en forma de canto.

Agradecí a esa vocecita del cielo. Debía tratarse de un angelito, como mi Angewomon.

"¡Ya llega el sol!", exclamó esa voz, la sentí cercana, pero mantuve mis ojos cerrados, "¡Ya llega el sol y yo digo que está bien que llegues, mi reina!".

"¿Reina?", pregunté en voz alta.

Me quité las manos de los ojos al sentir una respiración cercana a mi cuerpo.

Estaba acuclillada, pero cuando mis párpados aceptaron esa luz, lo primero que vi fue la figurita de una niña muy pequeña.

¿Era yo?... tenía el mismo cabello castaño y el mismo corte que yo usaba cuando era muy pequeña... la piel clarita, la misma naricilla y las pestañas oscuras en crecimiento.

Pero no era yo. Yo no tenía los ojos azul-violetas, mis mejillas no estaban chapeadas y mi sonrisa no era así de extensa y sincera.

Esa niña llevaba puesto un vestido blanco, era regordeta y rosada. Entre sus cabellos lacios llevaba una corona hecha de flores, las mismas flores blancas que aterciopelaban la colina.

Esa niña... ese angelito tenía la misma mirada sencilla y alegre de Takeru.

"Te estaba esperando", dijo con alegría, con esa voz preciosa con la que iluminaba canciones enteras a pesar de que yo le calculaba unos 4 años.

"Me estabas esperando", repetí, porque no sabía qué decirle. Habría sido mucho más sencillo si esa pequeña expidiera algún brillo de misterio, como Minagawa, pero en realidad lo único que veía en el angelito era una sonrisa dulce, sin nada que ocultar.

"No llores más, mi reina", rogó ella, limpiando mis lágrimas. Las observé, a mis lágrimas, pero noté que ya no eran oscuras, sino transparentes. Era como si esa nena me hubiera purificado.

Con sus manitas gorditas se quitó la coronita de flores de su cabeza, dio un saltito y me la puso.

"¿Qué haces, pequeña?", le pregunté, enternecida.

"Eres una reina y necesitas tu corona", afirmó y se sentó a mi lado, para luego mirarme con esos ojos enormes de Takeru.

Era como si parte del espíritu de esa hadita me perteneciera.

"¿Quién eres tú, pequeña?, ¿por qué me has estado esperando?", le pregunté, porque esta vez ninguna luz me dijo la respuesta... quizás Daemon tenía razón, quizás ya no tenía conmigo ninguna parte del emblema de la Luz.

Quizás ahora esa cualidad ahora era sólo de Toshiro...

"La princesa Min me dijo que ibas a estar aquí, así que te estaba esperando", fue su respuesta, "¡yo también soy una princesa!".

Una princesa. Claro. Era una princesa. No podía pedirle una respuesta más compleja por el momento.

"¿Conoces a la princesa Min?", le pregunté. La pequeñita de cabello castaño asintió, y por primera vez su carita alegre asomó un gesto de tristeza.

"Ella ha ido a buscarme", dijo el angelito, "¿Estás preocupada por ella?".

Asentí. ¿Que mi hija había ido a buscarla? ¿Quién era esa niña?, ¿por qué quería que volviera a cantar?, ¿por qué quería abrazarla?

"Toma", me dio un puñado de flores blancas. La nena las acababa de tomar de la pradera y me las ofrecía con una expresión muy seria.

"Gracias... ¿pero no has cortado muchas florecitas?", le dije.

"Se llaman flores de la armonía y siempre son tus amigas aunque las cortes", enunció como si fuera una experta en plantas, "eso dicen las Lilymon, que son flores amigas y dan armonía".

"Gracias...".

"Cuando alguien está malo o triste, siempre hay que darle una, ¿sí?".

"¿Me las das porque estoy triste?".

La niña asintió.

"Dale también al príncipe Sei ¿sí?, y al príncipe Toshi, y a nuestro rey", soltó la niña. Y sus palabras atragantaron mi corazón.

¿Nuestro rey?

Ella me abrazó entonces y yo le correspondí con mucha sinceridad. Era la niña más bonita que había visto jamás. Una niña con los ojos esperanzados de Takeru... ¿qué más podía pedirle?

"Ya me voy", anunció, me miró con su sonrisota. Ella reía como Taichi. "No te olvidarás de mí, ¿verdad, reina?".

"No te vayas... ven conmigo", le rogué.

Quería sacarla de la visión y llevarla conmigo. Quería que mis hijos y Takeru la escucharan cantar.

"Alcánzame, y tendremos un reino feliz", aseguró, mandándome un beso por medio del aire.

Luego la escuché tararear.

"Sol, sol, sol... ¡aquí viene!", su voz alegre y dulce se fue alejando de mí.

El campo de flores comenzó a evaporarse. El cuerpo me comenzó a crujir. Le grité al angelito, agarré las flores y traté de seguirla, pero la figura de la niña había desaparecido, sólo alcanzaba a oír su voz.

"Sol, sol, sol, ¡Aquí viene!", fue lo último que le oí decir, antes de respirar abruptamente e incorporarme.

Fue como si se reventara la burbuja en la que estaba durmiendo.

Lo primero que distinguí fue el techo del supermercado lleno de niebla, los gritos de Makoto Motomiya me hicieron voltear hacia ella y no pude evitar dejar salir mi propio gemido.

Los estantes de la tienda estaban destruidos, Daisuke y Sora habían quedado enterrados entre unas latas de atún.

Al lado de ellos, mi sobrino de tan sólo 11 años estaba tendido y su playera verde aceituna estaba ensangrentada.

"¡Hikari, al menos tú despertaste!", Makoto corrió hasta donde yo estaba, vi que tras ella estaba su hijo Kyo, con el conocimiento desvanecido.

La esposa de Daisuke parecía estar enloqueciendo, su cabello ordinariamente bien peinado estaba deshecho a gajos. Ella misma se jalaba el pelo ante la impotencia.

"¡Perdónanos, ese monstruo se ha llevado a tu hijita!",siguió diciendo, "no pude protegerla, perdóname".

Ella se hincó a mi lado, tenía el rostro lloroso. A nuestro alrededor se extendía una nube de niebla, a pesar de que no sentía más la presencia de Daemon.

Era verdad, mi hija no estaba ahí. No olía a ella ahí, No se oían sus llantos, ni su risa, ni su voz ligeramente ronca por el misterio. Aún así, no sentí desesperación total... de alguna manera, sabía que podía salvarla.

"Hikari, ¿de dónde han salido estas flores?", preguntó Makoto Motomiya.

Yo lancé un grito al descubrir que en mi regazo tenía un puñado de flores de la armonía. Además, entre mis cabellos castaños pendía una coronita hecha de esos pétalos blancos y suaves.

Me llevé la mano a la boca, asombrada. No había sido un sueño. Ese angelito era de verdad, ¡era de verdad!

Miré a Makoto con asombro, le di un abrazo, guardé las flores, y le dije que todo estaría bien, pero ella negó desesperada.

"Mi Kyo está sangrando, le ha perforado ese digimon... pasa lo mismo con Kotaro-chan, mi esposo no despierta, ni Sora-san, la niebla no desaparece y no puedo pedir ayuda, no sirve el celular, no puedo salir de la cortina de humo... ¡No quiero perder a mi hijo, Hikari!", ella chilló.

La admiré por su valentía, por mantenerse de pie en una situación así... siempre había sido un gusto para mí que Daisuke hubiera encontrado a una mujer así, que bien podría ser su alma gemela. Es más… lo era.

"Hay que parar las hemorragias de los niños, Makoto, yo pensaré en cómo salir de aquí", me puse de pie y me lancé hasta donde estaba Kotaro, en tanto que ella hacía lo mismo con Kyosuke, el mejor amigo de mis hijos mayores.

Puse boca arriba el cuerpo de mi sobrinito. El verle herido me causó un gran dolor, era un malestar que me nacía del estómago.

"Mi chiquito... Kotty", le susurré, pero el hijito de Sora y Matt no me respondió. Tenía su semblante compungido, le salía sangre de la boca y estaba más despeinado que de costumbre.

Le alcé la camiseta y me mordí los labios al notar que el puño de Daemon le había abierto el abdomen y una gran cantidad de sangre le brotaba de ahí.

Una herida así era mortal, sobre todo para un niño pequeño... era un hecho que un digimon poderoso podía matar a un chico.

Con las manos temblorosas, le tomé la muñeca y noté el débil palpitar del corazón de Kotty.

Era muy débil. Los latidos apenas se oían. Respiraba con dificultad... mucha dificultad...

"Oh, Dios", lloré, desesperada, "No, no puedes llevarte a este niño".

¿Dónde estaba ese ángel que me había salvado a mí con su dulce voz?, ¿por qué no lo había traído conmigo, para que con su canto aliviara a mi sobrinito y a Kyosuke?

"¡Mi Kyo está muy mal, Kari! ¡Tenemos que pedir ayuda, pero mi celular no sirve por la niebla digital!", chilló Makoto.

Recordé la hermosa carita del angelito y no supe por qué, pero saqué las flores de mi saco, tomé algunas y las puse entre las manos de Kotaro Ishida.

No me gustó hacer eso... aunque la niña de mis sueños había dicho que las flores eran alegres, yo las relacionaba con funerales.

Aún así, ¿no había dicho esa pequeña que cuando alguien estaba malo o triste había que darle una flor?... besé la frente de Kotty y corrí hacia Kyosuke y junto a Makoto me incliné para verle.

A pesar de que recordaba que Daemon había atacado dos veces a este chico, le vi mejor semblante que a Kotty... quizá se debía a que ese chaval tenía los músculos de Popeye y la energía de Superman con él.

Mi hijastro Seiyuro siempre se había quejado de las energías exageradas de Kyosuke, sobre todo cuando éste había comenzado a superarle en deportes. Toshiro también continuamente hacía énfasis en la fuerza surreal de su amigo cuando tenía que cargar cosas pesadas.

Le oía decir, "¿por qué no soy superhéroe, como Kyo?"... después mis dos varones comenzaban a reírse y a burlarse un poco del moreno hijo de Daisuke, quien tenía un corazón tan grande como su padre.

Kyo tenía el abdomen amoratado. En una parte, el puño de Daemon también había atravesado al Motomiya.

No quise verle mucho, sólo puse flores cerca de sus heridas e hice lo mismo con Sora y Davis.

Luego comencé a tratar de destruir la barrera de niebla, pero nada parecía querer funcionar. Lancé latas, empujé estantes hacia esa pared imaginaria, pero la neblina no se esfumó.

"Tía Kari... ¿Qué está pasando?", la vocecita de Kotaro me distrajo.

"¡Kotty!", le grité, volviéndome hacia mi sobrino. Le vi tirado en el suelo, con la ropa igual de ensangrentada, pero el semblante vivo y mejorado.

Corrí hasta el niño y le besé en la frente otra vez. Noté que él se cohibía. Yo le alcé la camisa y descubrí que su herida estaba cicatrizada. Los pétalos blancos de las flores de la armonía se habían secado y tenían ahora un color negro. Los toqué y se hicieron ceniza.

"... Tía, ese señor demonio digimon se llevó a Min, y yo no pude, no pude salvarla", abracé a Kotaro Ishida y bendije mi encuentro con ese ángel en mis visiones.

Levanté al niño y lo recargué en mí, porque seguía lastimado. Aunque su estómago ya no tenía heridas expuestas, el moretón por el golpe estaba presente en todo su esplendor.

"¡Tía Kari, no te preocupes, que ya soy un niño mayor!", se quejó el pelirrojo, que en realidad era algo bajo para su edad... me recordó las veces que había llegado a cargar a Toshi en sus últimos años de primaria.

"Guarda silencio, hombrecito, que estás herido", le mandé, y de nuevo el pelirrojito Ishida se cohibió a la vez que se hacía el valiente, tal como lo hubiera hecho Takeru de pequeño.

"¡Hikari, es un milagro, estas flores han sanado a mi Kyo!", gritó de la felicidad Makoto, cuando vio que su hijo se incorporaba con la mirada confusa, pero la fuerza de un león.

Yo no pude mas que sonreír cuando Sora y Daisuke recobraron el conocimiento.

Sin embargo, gran parte de mi alma se desmoronaba... mi Mina, mi ricitos de oro, mi milagro... ella estaba ahora en manos del enemigo.

Cuando Sora se echó a Kotaro en brazos me doblé y me eché a llorar por mi hija. En el mundo real no había ninguna canción capaz de curarme este dolor... la luz y el sol que cantaba la niña de la visión parecían lejanos.

Un pétalo de una de las flores cayó en mis palmas mientras enjuagaba mis lágrimas.

"Ella ha ido a buscarme", la voz dulce del angelito resonó en la mente de Hikari.

Me reconfortó saber que a lo mejor mi hija tenía la protección de ese espíritu que había visitado mi corazón.

"Tengo... tengo que rescatar a mi hija", les dije a mis amigos.

Daisuke Motomiya me ofreció su mano. Su sonrisa cándida me dio ánimos, igual que las miradas rubíes de Sora y Kotaro.

"¡Jamás perdonaremos a esos digimon malignos!", rugió con valentía Kyosuke. Vi que en su puño estaba aferrado de la flor seca que le había salvado la vida.

La flor de la armonía...

"Gracias", les dije a ellos, y en ese momento, la estela de niebla que nos tenía cautivos desapareció.

FIN DE P.O.V. Hikari Yagami

O

P.O.V. Hidemi Yagami

Entré a casa de Doguen algo ansiosa. Sabía que mi hermano quería ir a ver a mamá y quería acompañarlo, pero por alguna razón sabía que Taiki no quería que fuera con él.

Era muy difícil para mí comprender a mi hermano, a pesar de que habíamos nacido casi al mismo tiempo. En ocasiones, debido a que no lo comprendía bien, tendía a herirlo.

Lo hería a menudo y me sentía pésima por hacerle daño, ¡pero es que a veces no le comprendía!

Cuando mi padre me rescató y me llevó a vivir con él, todos hablaban de lo alegre que era Taiki, de sus travesuras y de su insaciable apetito. Sin embargo, desde que vivíamos juntos, mi hermano casi no me dejaba ver su lado tierno y alegre, parecía enojado todo el tiempo y se acobardaba cuando hablábamos de temas que a él no le gustaban.

Era justo en esos momentos en los que yo cuestionaba su valentía, sus ideales y sus verdaderos sentimientos, pero no lo hacía nada bien, porque en vez de ayudarle a estar mejor terminaba haciéndole daño.

Por eso no le dije nada cuando noté que quería ir con nuestra madre al hospital... quizá Taik necesitaba estar solo con Akane Fujiyama... tal vez ese par por fin iba a abrirse el corazón, lo cual me llenaba de gozo.

Me sentía ansiosa.

Yo también quería ir con ellos, quería abrazar a Taiki y decirle "¡tenemos otro hermano!, somos tres, ¡estoy feliz!".

Aunque, en realidad, no me atrevía y ni siquiera estaba segura de que la llegada de otro chico nos haría verdaderamente felices a los cinco... a los cinco miembros de mi destartalada familia.

¿Por qué no podía vivir en un universo paralelo en el que mis padres se amaran y mis hermanos sonrieran como Taiki lo hacía de niño?

Suspiré desganada.

Saludé a la señora Kido, quien de inmediato me ofreció galletas. Mi tío Takeru estaba dormido en el sillón, totalmente rendido y ajeno al videojuego que jugaba Doguen con cara de irritación.

Mi primo Toshi saludó con educación al hijo de los Kido, se acercó a su padre y lo cobijó con una manta. Los oí hablar, a Toshiro y Doguen.

"¿Cómo estás, Doguen-kun?", preguntaba el hijo de mi tía Kari.

"No he dormido bien. He sido un alma caritativa con Seiyuro, le he prestado mi cama y he tenido que dormir en un futón", se quejaba el otro.

Doguen era muy alto ahora, aunque estaba sentado en el suelo y dedicaba casi su mayor atención al control de la consola, su figura me pareció enorme, como si fuera una jirafa.

"Gracias por cuidar de mi hermano Sei y por darle también asilo a mi papá", decía Toshiro, "Estamos profundamente agradecidos con tu familia".

"Bah, ni que fuera una mala persona como para no hacerlo. Además, cuando Seiyuro está enfermo, da menos lata, casi todo el tiempo duerme... por ejemplo, ahora no ha despertado nada de nada".

El corazón se me aceleró.

¿Cómo era que Sei-sama no había despertado, si ya casi era medio día?; me asomé a la puerta de entrada, la señora Kido se había vuelto a meter a la cocina, indiferente a todo.

Nadie más entró a la residencia, así que supuse que Ishida-san había llevado a mi hermano a ver a mi madre... al parecer, Mayumi había ido con ellos.

Suspiré y mientras Toshi y Doguen seguían dialogando, subí las escaleras hasta la primera planta.

¿Por qué no podía ser como Mayumi Ishida?, eso fue lo que me pregunté... me había hecho esa cuestión muchas veces. Si fuera como la rubia, seguramente me sería mucho más fácil comprender a mi hermano. Además, ella era tan cool, que estoy segura de que si tuviera su carácter bien podría impresionar hasta a Sei.

Pero en realidad, yo era una chica muy simple. Me gustaban las cosas sencillas, me gustaba llorar si veía una película de desamor y sonreír si la pareja lograba un final de amor eterno.

Honestamente, no imaginaba a May llorando o sonriendo por cosas tan simples como esas.

Sacudí la cabeza, porque tenía la cabeza llena de tonterías. No tenía caso ponerme a pesar en esas cosas. Me gustaba ser una romántica empedernida, soñar ese tipo de cosas me hacía feliz...

Seguramente May también soñaba esas cosas cuando estaba con mi hermano, por eso siempre estaban juntos, por eso ella le entendía y le tenía paciencia.

"Gracias por estar con él cuando me hace a un lado, amiga", agradecí a Mayumi, aunque ella no lo había oído y no lo oiría jamás.

Conocer a Soji iba a ser difícil. Pero si May estaba junto a Taik, él lo haría bien. Yo también lo haría bien, ¡me esforzaría por amarles a los dos, por abrirles mi corazón y por acercar a mamá a nuestras vidas!, por eso debía estar alegre, ¡siempre alegre!

Toqué la puerta de la habitación de Doguen, donde sabía que había pasado la noche Sei. No obtuve respuesta, así que abrí y me asomé.

Lo vi durmiendo pacíficamente, mientras las persianas dejaban pasar algunos rayos de luz. Hoy no estaba nublado y lo agradecí, porque esa luminiscencia hacía que los cabellos de Sei lucieran dorados. Sus rasgos se acentuaban, su semblante estaba todavía pálido, pero a mí me causó un revoltijo de placer verle... estaba más guapo que nunca.

"¿Seiyuro-sama?", le llamé, pero él no me respondió, al parecer estaba profundamente dormido.

Entré de puntitas, para no perturbarle. Estaba recostado en una cama de tamaño matrimonial y edredones gris. El cuarto de Doguen-senpai no tenía mucha decoración, al parecer, se había deshecho de sus juguetes y sólo podían observarse libros, juegos de mesa y algunas consolas de video.

Me alivió ver videojuegos, porque a veces pensaba que Doguen no solía hacer cosas divertidas.

Me senté en una silla que estaba al lado de la cama de mi amigo, que tenía puesto suero y en un de sus dedos tenía otro aparatito conectado, al parecer ese le medía la frecuencia cardiaca o algunos otros signos vitales.

Había un manuscrito en la silla, lo abrí y descubrí que eran apuntes de mi tío Takeru, quien trabajaba en su próximo libro, al que iba a nombrar "Fusión Prohibida", en honor a las aventuras de mi hermano y amigos. Entre las hojas de sus apuntes descubrí una libretita más pequeña, abrí la primera página y me topé con dibujos de Zetaro Ichijouji-kun.

Había un recadito en la primera página: "Takaishi-san, como lo prometí, le paso las ilustraciones de todos los digimons y detalles que vimos en las épocas de la Fusión Prohibida, espero le ayuden a recordar más, atte. Ichijouji Zetaro".

Como siempre, los dibujos de Zet-kun eran impecables y hermosos... aunque nunca había sido muy cercana al hijo mediano de los Ichijouji, siempre imaginaba que el alma de ese chico era grandiosa.

A veces, los adultos decían que era un genio de las artes y yo les daba toda la razón.

De manera traviesa guardé las ilustraciones en el bolsillo de mi vestido. No iba a robarlas, pero quería observarlas con detenimiento, luego las devolvería a mi tío Takeru y pediría disculpas.

Suspiré. Pensé que si yo hubiera vivido la primera Fusión Prohibida, en el 2027, las cosas habrían sido muy diferentes en mi vida.

Probablemente habría visto sonreír más a Taiki y los dos seríamos más unidos. Tal vez sería un poco más cool, como May, o más lista, como O-chan.

Si yo hubiera estado en el 2027 al lado de mis amigos, seguramente disfrutaría más los comentarios de humor negro de Ben, congeniaría mejor con Yuri y Kurumi, y quizás... sólo quizás, tendría una mayor oportunidad de que Seiyuro-sama se enamorara de mí.

Alcé la cabeza y con mis ojos volví a recorrer la figura de mi caballero rubio. Me gustaba tanto que a veces me dolía respirar. Todavía recordaba que él me había abrazado la noche pasada, todavía recordaba el tacto de sus dedos y su esencia.

Solté un suspiro y toqué mis mejillas, que estaban calientes.

¿Por qué tenía que gustarme tanto? ¿Por qué él, si sabía que yo no le interesaba especialmente?... Sei-sama era el muchacho más guapo que yo había visto jamás y él estaba enterado de eso. Siempre hacía gala de su apariencia con su voz, su sonrisa, su mirada intensa y azul.

Yo también había visto a Sei-sama decaído y consumido por la oscuridad del Digimundo, ¿pero acaso esos pequeños detalles podían opacar el corazón esperanzado de Takaishi?... por supuesto que no.

Sei decía que yo siempre le veía en sus peores momentos, pero para mí, el conocer facetas diferentes de él me hacía muy feliz, porque de alguna manera me permitían estirar mi mano hacia él, para decirle: "No importa, estaré contigo pase lo que pase".

Porque estaba claro, yo nunca dejaría de estar cerca de él... aunque siempre fuera una inocente dama Hidemi para él, yo quería estar a su lado.

¿Pero por qué tenía que tener tantas novias, admiradoras, amigas y ex novias en su lista de amoríos?...

Me cubrí los ojos al notarlos húmedos. 'Qué tonta eres, Hidemi' 'Ahora sólo debes pensar en que él está mejor de salud y que pronto tu familia estará completa'.

Me asentí a mí misma y me permití sonreír. De nuevo miré a Seiyuro... se veía precioso, tan guapo, como un príncipe durmiente.

¿No despertaba la bella durmiente con un beso de amor en el cuento?... se me aceleró el pulso.

'Pero qué estás pensando, Hidemi pervertida!', me dije a mí misma, de nuevo zangoloteando mi cabeza hasta causarme malestar.

Pero era una Yagami, así que a veces no importaba lo que dijera mi cerebro... generalmente, yo le hacía caso al corazón.

Cuando menos pensé, yo ya estaba muy cerca de los labios de Seiyuro, quien seguía durmiendo. Sus cabellos de oro chocaron con los míos, que era marrones.

El amor era algo maravilloso.

Le acaricié su cabello, lo acomodé tras la oreja.

"Te quiero", susurré muy bajito, y le besé.

Si no lo hacía en ese momento, nunca más llegaría la oportunidad. Para Sei yo sólo era una buena amiga, me llamaba "dama" Hidemi, pero no representaba para él alguien especial... yo no le desprendía pasión.

Definitivamente no ocurría lo mismo que pasaba con May y Taiki, que chispeaban sentimientos aunque ellos lo negaban en público.

Por eso disfruté sus labios, me sentí mareada por la sensación que me causaba. El vértigo, la debilidad en mis rodillas, la falta de respiración.

Casi me dio un infarto cuando sus labios me respondieron, cuando su boca se entreabrió y su lengua exploró mi cavidad bucal. Se le salió un gemido de satisfacción mientras me besaba y levantó una de sus manos para acercar mi cabeza hacia él, para profundizar más esa unión.

"Oh, dios...", pensé.

Tenía yo los ojos abiertos y él cerrados, pero cuando sus ojos de zafiro pestañearon y me enfocaron, él puso un rostro de susto, se separó abruptamente de mí y palideció.

Lo sabía. Era su rechazo.

"¡¿Hidemi-chan?", dijo alarmado, "... lo... lo siento... yo... es que... pensé que estaba soñando".

Yo me cubrí los labios.

Rechazo. Rechazo. Rechazo. Eso decían los latidos de mi corazón.

Negué con mucha congoja, la puerta se abrió y la figura de Toshiro Takaishi, mi primo mayor, nos observó.

"Perdón, ¿Los interrumpo?", preguntó con discreción.

Volví a negar, se me salieron las lágrimas y salí corriendo de la alcoba, dejando a Toshiro muy confundido... a Sei-sama no me atreví a mirarlo siquiera.

Tonta de mí...

¿Por qué me había aprovechado así de Sei? ¿Por qué el amor dolía tanto?

FIN DEL P.O.V. Hidemi Yagami

O

P.O.V. Seiyuro Takaishi

Mi hermano del alma apareció en el umbral de la puerta. Agradecí su presencia porque no sabía qué decirle a la dama Hidemi, quien salió presurosa del cuarto del Llorón, como si yo le hubiera insultado.

Estaba muy confundido. Mis ojos apenas se estaban imponiendo a la luz que se filtraba por la ventana.

No estaba muy seguro de por qué nos estábamos besando. Dentro de mí, yo soñaba a una mujer, a sus labios, a su amor.

Pero al parecer, fuera de mí, el sueño era realidad. No de la manera como esperaba. Hidemi era una mujer con unos labios y con un amor que se había convertido en mi víctima, y eso no estaba bien.

Estaba confundido.

… Y aunque me había aliviado su huída, de alguna manera también me dolía.

Me entretuve mirando a Toshiro, el cual a su vez tenía la ceja derecha ligeramente alzada. Esperaba verlo más maduro, después de todo iba a ser papá pronto, pero me pareció más chico que nunca.

"No sé lo que ha pasado entre Hi-chan y tú, pero asegúrate de disculparte", hizo la observación.

"Yo tampoco estoy muy seguro de lo que ha pasado", sinceré. Intensifiqué mi mirada y busqué sus ojos, los cuales se desviaron hacia la ventana, parecían tener más interés en observar la luz que a mí.

"Lo has oído ¿no es así?, Hi-chan pasa por un momento difícil, se reencontrará con un hermano que no conoce y su madre está en el hospital... sólo tenlo en cuenta", insistió y finalmente caminó hacia mí.

Se detuvo a un paso de la cama, observó con timidez la colcha grisácea con la que me cubrían, luego vio la sonda del suero. Todo menos mis ojos.

"Entiendo", respondí con cierto enojo.

Toshiro Sugiyama… Toshiro Yagami… Toshiro Takaishi... mientras más cambiaba de apellido, más lejano sentía a mi mejor amigo.

Mientras más me daba cuenta de que su sangre era igual a la mía, más ansiedad me daba, pero justo era decir que más le quería.

La transición de amigo a hermano estaba resultándome difícil.

Ahora mismo me arrepentía de no tener la relación que teníamos a los seis años, cuando él se dejaba abrazar por mí cuando se lo pedía o cuando estábamos tristes.

"¿Puedo abrir la ventana?", me preguntó, "¿No te sientes asfixiado?".

"No, déjalo así... la luz me molesta".

"¿Eh?".

"Me refiero a la luz del sol, no a tu Luz, ¿entiendes?", bromeé y él se relajó un poco.

Se dejó caer en la silla donde mi padre había pasado toda la noche cuidándome y escribiendo ideas para su próxima novela.

'¿Me lo dirás, Toshiro?', pensé, '¿Me dirás que tendrás un bebé con Yuriko?'.

"Qué pésima broma, Sei", entonó, al fin me miró de frente, con una media sonrisa.

Le vi sombras negras debajo de los ojos... sus ojeras debían compararse con las mías, aunque yo todavía estaba convaleciendo.

"Han pasado casi tres días, pero yo siento que me he perdido de todo un mundo", confesé.

"Mamá cree que tú y yo estamos peleados", fue lo que dijo Toshiro, sin tomar en cuenta mi frase anterior.

"¿Y lo estamos?", pregunté.

"No sé. Tú dime", fue su respuesta.

"Pues no habías venido a verme, me sentía un poco solo", admití. "Me extrañó mucho no mirarte cuando me escapé de mi habitación en el hospital para saludar a mis visitas... me dije ¿pero dónde está mi hermano del alma?... tú no estabas ahí, Toshi".

"Lo lamento mucho Sei", él agachó la cara muy apenado, yo me sentí un poco feliz de ver que se sentía culpable.

"Supongo que tenías algo más 'interesante' que hacer", expuse con ironía. Mi intención era picarlo para que me contara su secreto... si Toshi no me lo decía, ¿acaso eso significaba que nos habíamos perdido como amigos?

Era terrible preferir que fuera mi amigo a mi hermano, pero así era a veces.

"No es eso, simplemente son cosas que pasan", Toshiro se talló la nariz. Alzó un poco su cara y le vi los ojos algo brillantes, "Quizá mamá tenía razón y sí estamos peleados...".

Suspiré. Era un chico demasiado metódico este medio hermano mío. No se parecía en nada a mí, ni a mi papá. Él era todo Kari, pero todavía más oscuro y ofuscado, quizás porque era varón.

"¿Y por qué crees que lo estaríamos?, digo, en dado caso que Hikari tenga la razón", cuestioné.

No tenía previsto que Toshi se acercaría a mí y me tocaría la frente para ver si tenía fiebre. Se notaba que mi tono agresivo no le hacía gracia. Tomó el pañuelo que estaba a mi lado y me secó el sudor, yo estaba sudando la calentura que me había dado la noche pasada.

"Me dolió mucho que me ocultaras que una LadyDevimon te había mordido", susurró mientras me cuidaba. "¿Por qué no me lo dijiste, hermano del alma?... te habría ayudado, yo cómo lidiar con la oscuridad, todo habría salido mejor, no habrías sufrido tanto", agregó con una dulzura impropia de él.

"Toshi...".

"No me gusta que me ocultes esas cosas que son de vida o muerte, no me gusta que mis hermanos tengan que pasar por situaciones oscuras. Tú no eres un chico que haya nacido para lidiar con las tinieblas del Mundo Digital", regañó.

Me molestó un poco que dijera eso.

"¿O sea que tú naciste para lidiar la oscuridad y lo haces mejor que los demás?", renegué.

"Seiyuro, tú naciste para despejar las tinieblas y limpiar los cielos nublados".

Lo dijo con tal seriedad que quedé enteramente conmovido. Me senté lo más rápido que pude y abracé a mi pequeño hermanito de alma y de sangre con mucha emoción.

'Ay, Toshi, tú y yo no nos hemos perdido', quise decir en voz alta, pero me limité.

"Sei, me asfixias", se quejó, él siempre excusaba que no le gustaba mucho tocar a la gente o mostrarse cariñoso, pero eso era una mentira.

Lo solté y le mostré una sonrisa.

"Qué bobo eres, Toshi, la Luz es la que despeja las tinieblas y limpia los cielos nublados", me reí.

Él se rascó el cráneo, meditando la falla de su metáfora.

"En realidad también podría ayudar el viento, pero quizás tienes razón", dijo, "debí buscar una forma más coherente de explicar mi punto de vista".

"Toshi, de ninguna manera estoy peleado contigo", añadí, "Quiero disculparme por no haberte comentado lo del inmundo beso de LadyDevimon... es que me daba algo de pena recordarlo ¿sabes?, y para cuando los efectos del ataque comenzaron a presentarse, pues ya no tuve la fuerza... tal vez no lo entiendas, pero...".

"Vale, no te preocupes, ya no pienses en eso, sólo prométeme que ya no volverás a ocultar ese tipo de secretos de mí", exigió el otro hijo de mi papá.

"No sé, todo depende de ti", precisé, "¿No eres tú el que me dijo que me estaba ocultando un secreto más INTERESANTE que el mío?".

Él se puso colorado, lo que me causó sorpresa. Toshi no era de los chicos que se abochornaban, de hecho, era tan taciturno y gris que había días en que tenía ganas de atacarle con cosquillas para que se riera o mostrara una expresión diferente en la cara.

"¿Será que te resultará interesante?", se cuestionó, meditabundo.

"¡Sólo dímelo o no te perdonaré por haberme dejado olvidado!", gruñí.

Toshi estudió mis ojos y mi semblante por algunos segundos.

"¿Cómo va tu herida?", desvió el tema.

"No me cambies el tema", reprendí.

"Sei, ¿para qué te lo digo si tú ya lo sabes?", preguntó con su misterio de siempre. "Me lo dicen tus ojos y tu insistencia... tú sabes que voy a ser papá, ¿verdad?".

"Das miedo, Toshi", sonreí, él de nuevo se enrojeció... cuando se permitía esos mimos, daba la impresión de que Toshiro todavía era un chico de secundaria. Nadie le creería que ya tenía 17.

"¿Te lo dijo Takeru?", indagó.

"¿Es que mi papá ya lo sabe?", él asintió, "¡Eso no es justo! ¿Por qué mi padre lo sabe antes que yo?".

"Porque me acorraló y la has pasado en el hospital", confesó el castaño, "pero no me has dicho quién te lo dijo a ti".

"Yuriko", respondió.

"Eso no me lo esperaba", sinceró mi hermano, "... Hubiera querido darte la sorpresa".

"Estoy muy emocionado por ti", le dije, "Voy a ponerme bien para ayudarte con todo, porque vas a necesitar mucha ayuda, sobre todo si los digimons malignos siguen apareciendo, me aseguraré de ser el mejor tío para ese crío".

"Sei... yo no soy muy creyente de tradiciones occidentales, pero tú, ¿serías el padrino o tutor de mi hijito?", preguntó Toshi.

Seiyuro desparramó el cabello de su amigo.

"¡Claro! Me ofendería si se lo pidieras a alguien más", manifesté.

Los dos resoplamos, como si hubiéramos sacado la tensión que nos había acompañado en los últimos días.

"Gracias, hermano", dijo.

"Sonó como si me llamaras 'hermano' de verdad".

"Eres mi hermano de verdad", sonrió él.

"Si tú así lo crees es que así lo es", mencioné, "Espero que trabajemos en ser mejores hermanos, porque hasta hace poco sólo sabíamos ser amigos".

"Hai", dijo con naturalidad.

Su atención se distrajo cuando notó que bajo las sábanas había algo en movimiento. Yo me destapé y la figurita amodorrada de Calumon quedó expuesta ante Toshi.

"Es el digimon Calumon que me habían contado", con sus enormes ojos verdes, Calumon vio a Toshi, le sonrió y saltó para saludarle.

"¿A que es precioso?", pregunté.

"Sí", contestó Toshiro.

"Calú, Calú, tú me recuerdas a alguien", le dijo el digital a Toshi, mientras se le embarraba en el abdomen y las manos lívidas del castaño lo intentaban arropar sin demasiado éxito.

En definitiva, Toshi necesitaba clases urgentes de paternidad... en definitiva, una nueva época de nuestras vidas estaba iniciando.

Cerré los ojos, adormilado. Pero no pensé ni en mi sobrino del futuro ni en mi mejor amigo... Los labios de Hidemi Yagami, su esencia y sus ojos oscuros fueron el retrato que se estacionó en mi mente sin razón alguna aparente.

FIN DEL P.O.V. Seiyuro Takaishi

O

P.O.V. Soji Miyagi

Los cambios de horario me turbaban.

La primera vez que crucé el Océano Pacífico con Miyagi tuve problemas para dormir por meses y ahora, que regresaba al Japón con Yagami, seguramente pasaría lo mismo.

No sabía cuántas horas habían pasado desde que habíamos despegado del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, pero en el cielo seguía siendo de noche. El paisaje que mostraba la ventanilla del aeroplano era indistinguible: no nubes, no firmamento, no estrellas, no olas, no mar... sólo oscuridad.

Taichi Yagami había terminado dormido, lo mismo que el resto de los pasajeros del avión.

Cuando había pegado sus párpados, el hombre no había dejado de tomarme de la playera, como su fuera su oso de felpa.

Koushiro Izumi se había quedado dormido sobre el teclado del computador; su esposa se había acurrucado en dos asientos con su bebé, mientras que Ben-kun había cedido a sus cantos y también había perdido la conciencia.

No les prestaba mucha atención a ellos, ni a la molesta aeromoza que taconeaba el angosto pasillo mientras renegaba de su empleo. Mi interés estaba en Osen.

Ella se había quedado dormida recargada en una ventanilla. Sus ojos cerrados daban una sensación de paz que no compartía con sus iris oscuros. Sus cabellos rojos estaban lacios, pero revueltos en sus hombros, le resbalaban por las mejillas lívidas.

Su boca, que era muy pequeña, estaba entreabierta y salía un poco de su saliva, que cubría su comisura.

Tenía su cuerpo igual de frágil que siempre, llevaba una blusa que no permitía ver su escote, pero, de cualquier manera, sus pechos eran muy pequeños todavía.

Sospechaba que no iban a crecerle mucho más, pero en realidad no me importaba... así, con sus 14 años, ella era perfecta para mí.

Mis encuentros con mujeres eran lo contrario a la contemplación. Nunca había tenido tiempo de hacerlo con las hijas de los yakuza con las que había salido por órdenes de Miyagi.

A las mujeres mayores que había acompañado ni siquiera las veía, eran ellas las que me veían a mí.

Tampoco es que hubieran sido muchas todas ellas. A Miyagi le había quedado claro que a mí no me gustaba prostituirme. Además, ¿no era muy bueno apostando?, ¿qué necesidad había de convertirme en gigolo si lo mío era el juego?... Miyagi lo había comprendido y una vez muerto, yo había abandonado a todas esas chicas y mujeres a las que llegué a besar.

Ahora era diferente. Por primera vez en mi vida tenía un sentimiento dentro de mí, navegando por mi vientre, ¿cómo negarme a eso? ¿Cómo decirle no a ese sentir?... valía la pena soportar a tu pasado, a tus presuntos parientes, si tenías la oportunidad de cazarla… aunque representara un reto más difícil que cogerle el gusto a las apuestas.

Suspiré. El aire de la avioneta me parecía tan rancio. Traté de recordar Japón y no pude. Recordaba lo que los libros me decían del País, mas mis remembranzas eran pobres y se limitaban al orfanato y al parque donde había visto por primera vez a Yagami y al chico que era igual a mí.

"Soji...", sentí que alguien me jalaba la ropa. A Yagami le había obligado a soltarme y me había alejado de él, además, la vocecita que me había hablado sólo podía ser del bebé de los Izumi.

Fingí que dormía.

"Soji-san..." insistió y me zangoloteó más la camiseta, el pantalón y el brazo.

No tuve más remedio que prestarle atención. Miré hacia abajo y me topé con su carita arrasada por tanto llanto. Sus ojos estaban irritados a más no poder... aún así, seguía siendo muy bonito, era un niño que fácilmente podría salir en comerciales de televisión.

"Tulo, ¿por qué no vas a dormir?", pregunté.

"I wanna go to the pipi's room... can you take me there?", me pidió en un inglés casi perfecto -salvo por eso del pipi's room- y sus ojitos le brillaron, se le chapearon sus mejillas redondas. Como quedé silente, él repitió, esta vez japonés: "¿Me llevas a hacer pis?".

Jamás en mi vida un niño de 5 años me había pedido que lo acompañara al baño. Quizás le daba miedo la oscuridad del pasillo, que sólo era iluminada por foquitos fluorescentes.

"Pídele a tus padres que te lleven", respondí con brusquedad. No tenía la más remota idea de qué hacer si un niño me pedía que lo llevara a orinar. ¿Había qué bajarle la trusa y dirigirle el genital al escusado? ¿y si se le ocurría defecar tenía qué limpiarlo?... aunque fuera hermano de la Muñeca y tuviera parte de su encanto, no estaba dispuesto a estrenarme en esas faenas.

"Mi papá está dormido y está cansado, mi mamá ha llorado mucho y no quiero despertarla y aparte que como soy hombre, yo quiero ir con hombres".

"Tienes un hermano para eso, yo no sé llevar críos al sanitario", bufé.

"Ben se enojará...", y se echó a llorar entonces, cubriendo su carita.

Me asomé más hacia él y noté que su short mostraba una mancha húmeda. El pelirrojito no olía nada bien porque ya estaba meado.

"Ya, no llores", traté de calmarlo, molesto, "te llevaré".

De inmediato dejó de llorar y me sonrió con tal frescura que pensé que me había mentido respecto a sus antiguas lágrimas. Me levanté y le tomé la manita para dirigirlo al restroom del avión privado.

Él se mostró agradecido, embarró su carita en mi ropa y me abrazó. No estaba dentro de mis planes que un chiquillo orinado me abrazara.

"Eres muy bueno", sinceró.

"¿Mojas a menudo la cama?", le pregunté con ironía, pero él, con apenas cinco años, no lo notó.

"Satoru-senpai dice que tengo una parasomnia llamada enuresis nocturna y me hago pis por eso, pero dice que se quita a los 5, aunque yo ya tengo 5 y no se ha quitado", suspiró.

Me pareció curioso que un pequeño usara ese tipo de términos. No tenía idea de quién era el tal Satoru-senpai, pero debía ser un adulto o un adolescente que no sabía explicarle las cosas a bebés como el pelirrojo.

Entramos al sanitario. El mingitorio estaba muy alto para el chaval, así que le bajé la ropa y lo puse frente al escusado ordinario y lo alcé un poco.

"Saca todo el pis que tengas", ordené.

Tulo Izumi asintió. Empezó a pujar, pero no le salió ni una gota.

"Soji", Tulo me miró, "¿Por qué no puedo hacer pis cuando quiero?".

No supe qué responderle. A mi juicio ya se había orinado y lo que le quedaba era la sensación de querer mear más.

La puerta del sanitario se abrió y tanto Tulo como yo pudimos ver a Benjamín Tachikawa entrar. Llevaba un overol marrón pequeño y unos calzones en sus manos.

"I'm sooooo sorry, big bro… Gomen nasai, oniisan", dijo de repente Tulo, escondiéndose tras de mí.

"Mini-insecto, deja de chillar y no te escondas detrás del clon de Taiki, ¿acaso no entiendes que reconozco el olor de tu pis hasta en mis sueños?", me hice a un lado y lo sujetó de manera brusca.

Aún así yo me conmoví, sin darse cuenta, ese Ben era tan buen hermano que me irritaba. Observé cómo lo ponía, en el estrecho cuarto, en una mesita para cambiar a bebés.

Lo terminó de desnudar, le limpió con toallas húmedas, le secó las lágrimas con papel higiénico mientras lo regañaba. Luego lo vistió con ropa interior de Tarántulaman y el overol. Lo fajó con una camiseta verde oliva y le puso una chamarra amarilla.

Echó la ropa sucia en una bolsa de plástico.

Me pregunté, ¿cuántas veces tendría ese principito que haber cambiado a su hermano para hacerlo con tanta naturalidad?

Me gustaban los Izumi, incluso si se apellidaban Tachikawa.

"Yo quiero hacer pis, Ben", insistió el niño.

"Empapaste tus calzones, tu patalón y el chorro te corrió hasta tus calcetines, no creo que tengas más que orinar, mocoso apestoso", reprendió.

Le lavó las manos, se las secó, le sonó los mocos verdes y le abrochó sus agujetas.

"Es la última vez que te cambio, mini amenaza, ya tienes cinco años, carajo", anunció, poniendo al chico en el suelo.

"Ben, es que... se siente feo aquí", el niño se tocó la pancita, "¿es pis?".

"¡Ya vete a dormir de vuelta y no vuelvas a molestar a Soji!, ¿te crees que a la gente le gusta limpiar tu culo cada vez que la cagas?".

"¡No me cagué! Y prefiero que digamos hacer popó, mamá dice que suena mejor".

"Sólo discúlpate con Yagami, Tulo", insistió el hermano.

"No hay problema", mentí, para apoyar al enano.

"A ti nadie te pidió tu opinión, Soji", gorjeó.

La luz del sanitario se esfumó sin que ninguno de los tres lo esperáramos. Tulo lanzó un grito y sentí que nos agarraba a mí y a Ben-kun del pantalón.

"¡Buaaaaaaa!", chilló, "Son los monstruos, ¿verdad?".

"Cállate", regañó su hermano y le tapó la boca.

La luz artificial regresó, pero sólo emitía rayos morados y no blancos, como estábamos impuestos. Por la puerta del cuarto de servicio comenzó a entrar humo blanco.

"Es niebla", gruñó Ben en voz baja, se agachó para recoger a su hermanito y echarlo a sus brazos, quien de inmediato se le acurrucó cual güina.

"¿Será una falla del aire acondicionado?", pregunté, aunque en el fondo de mi ser sabía que era algo sobrenatural, como lo que había pasado la noche pasada con el llamado Lucemon o como lo que le había ocurrido a la Muñeca en la mañana.

La electricidad otra vez se fue. Además de la respiración ruidosa del bebé Izumi, ni Ben ni yo podíamos escuchar nada más.

Ni Yagami, ni los señores Izumi habían gritado, ni dicho nada. Tampoco se oían advertencias por parte del piloto o la sobrecargo.

"Mierda", fue lo que dijo Ben.

"Abriré la puerta...", avisé.

"No", dijo él, "Hay un digimon aquí, se huele...".

No la tocamos siquiera, pero la puerta del sanitario se achicharró delante de nosotros. La alarma de incendios se prendió, pero tras un sonido que se oyó como golpe, el ruido desapareció.

Un anciano estaba frente a nosotros. Tenía largos cabellos blancos, piel gris y arrugada. El rostro lo tenía cubierto con un antifaz y sus ropajes no parecían de este mundo.

Entendí a qué se refería Ben. De verdad esa cosa no era de este mundo.

El monstruo nos miró. Yo no lo miré a él, busqué con la mirada a mi Muñeca, la vi justo al lado de ese sujeto, ella no sonreía, pero la cosa le tenía sujeta la mano.

Los ojos de Osen no tenían brillo.

Y Yagami, ¿dónde estaba Yagami, quien juraba ser cercano a esa pelirroja de mi corazón?

La aeromoza, los Izumi y Yagami estaban en el suelo y tenían los ojos y los labios cubiertos. Los cuerpos estaban encimados, se notaba a leguas que habían perdido el conocimiento.

'Papá...', eso fue lo primero que pensé... Le llamé papá en cuanto lo vi ahí tirado, desmayado ¿o muerto? ¿cómo sabías si el corazón de un mortal todavía latía si sólo podías verlo desde lejos?

El avión no parecía moverse. La mayor parte de los asientos estaban quemados. ¿Y los pilotos? ¿íbamos a estrellarnos? ¿cómo se había aparecido un monstruo de esos aquí?

Con un gesto de valentía que me admiró, Ben me cogió de la ropa y me puso detrás de él. Aplastó más a su hermanito y le ordenó no despegársele.

"¡Voy a advertírtelo de una buena vez, quienquiera que seas, digimon vejestorio, a mi amigo no te lo llevas y te prohíbo que le sigas llamando Emblema Apócrifo!", hablador... ese chico era muy hablador.

El vejestorio digital no dijo nada, sólo alzó la mano de la Muñeca.

Cerebrito, ven acá!", ordenó Benjamín a su hermanastra.

"Está hipnotizada", explicó el digimon. "Ella me ha abierto el portal para que les hiciera una visita".

"¡Imposible!", dije, aunque no supe por qué.

"Es lo bueno de los emblemas neutros, como el Conocimiento", se rió, "Yo, Barbamon, el demonio de la avaricia, sé que mentes como las de esta niña son avariciosas y siempre quieren saber más y más".

"Como sea, Barbitas, ¡sólo suéltala!", gritoneó Ben.

"¡Jabalina de truenos!", fue la respuesta de Barbamon.

Del monstruo digital salió una descarga eléctrica que comenzó a correr justo hacia donde estábamos, pero Benjamín emitió un brillo verde, estiró su brazo y una pared invisible rebotó el poder del viejo.

"Increíble", dejó salir Tulo Izumi, quien seguía abrazado a su hermano mayor, "eres muy fuerte, Ben".

"Solamente nunca me rindo", fue lo que dijo Ben, "Y sé que esto de los emblemas es... tan literal".

Barbamon siseó, como si fuera una víbora por dentro.

"Admirable, elegido de la Perseverancia, uno de los primeros emblemas perdidos. Es una pena que aunque manejas muy bien tu emblema, éste no te servirá para salvarlos".

Ben chasqueó los dientes.

"Insecto podrido, vejestorio de virus mierdosos..." masculló, "¿¡Qué le has hecho a mi bella madre, a Izzy y a Tai?".

"Han caído en mi 'Señuelo de la muerte', y ahora ellos están inmersos en una pesadilla eterna", explicó Barbamon, "puedes acompañarlos en un momento, Tachikawa, aún no necesitamos de tu emblema".

"¡Te haré callar!", dijo Ben, pero yo le noté temblar. Se notaba a leguas que no sabía qué hacer.

Yo seguía preguntándome por qué no se caía el avión, mientras el rostro sin curiosidad de Osen me causaba una congoja comparable con la suma de todos los días más tristes de mi vida.

Di unos pasos al frente, pero Ben de inmediato me sujetó y me quiso volver a poner a su resguardo.

"Insecto clon, no te acerques al digimon", exigió.

Le ignoré.

"Usted quiere negociar conmigo, ¿no es así, Barbitas?", pregunté a Barbamon.

"... Barbamon, llámame así, emblema Apócrifo, porque soy un demon lord", dijo él.

"Libere a la pelirroja, a los adultos, asegure un aterrizaje seguro para este avión y me iré con usted y con el señor Lucemon", dije.

Me oí inseguro, tan tembloroso como Benjamín. Ese monstruo imponía.

"¡No! ¡Aquí mando yo! ¡Soy el líder, Soji!", dijo Ben y Tulo comenzó a llorar ruidosamente, "¡Barbitas, no te llevarás a mi amigo y no le llamarás emblema Apócrifo nunca más!".

Qué buen chico, qué buenos sentimientos tenía Ben-kun a pesar de que de su boca salían insultos... insultos que parecían halagos a veces.

Extrañaría que me llamara 'clon de Taiki', me quedaría con la curiosidad de conocer a la niña parecida a mí, me libraría de conocer al otro Yagami y de llamarle papá en voz alta a mi presunto progenitor... jamás conocería a mi madre y me refundiría con esos monstruos.

Realmente no importaba. No era que mi vida me hubiera importado antes... ahora, lo único que quería, era que ese monstruo dejara de sujetar la mano de mi Muñeca.

Cerebrito ayúdame, déjate de tonterías que tú eres la firme y la inteligente de la casa!", le gritó Ben a mi niña.

"El conjuro del mal con el que está hipnotizada no le permitirá escucharte, Perseverancia", se rió Barbamon, que lucía tranquilo, porque sabía que tenía la situación controlada, "aún así, Apócrifo, me interesa negociar contigo... es hora de que tu verdadero ser nazca, hemos esperado más de 15 años ya".

"¡Que no le llames Apócrifo!" exigió Ben, "Esa palabra significa que es un emblema falso, y eso es una blasfemia, porque él es un Yagami y brilla como sus hermanos y...".

"¡Silencio!", imperó Barbamon, mandando un trueno hacia Ben.

Al verse en un ataque desprevenido, el principito soltó a Tulo y recibió una corriente eléctrica que azotó en todo su cuerpo.

"¡Benjii!", chilló Tulo, horrorizado.

La figura heroica de Ben cayó al suelo, desmayado, rostizado. Sus cabellos ondulados se habían erizado a un punto irreconciliable con el cepillo. Salía humo de su cuerpo.

Tulo comenzó a llamar a su hermano con frenesí. Luego le gritó a su hermana que recapacitara, que no se hiciera mala, y yo quedé estático, mirando el cuerpo de ese muchacho valiente que no se la había pensado en ayudarme días atrás.

Yo, en cambio, no había hecho nada por él. Lo había visto rostizarse y ahora veía a su hermanito lloriquear, mientras su preciosa hermana parecía el robot más hermoso del mundo aunque le daba la mano al monstruo Barbamon.

"Miserable...", pude decir, "¡le has matado!".

"No, Apócrifo, no es mi intención matar a ningún niño elegido por el momento, solamente les damos su merecido cuando hablan más de la cuenta, como es el caso de la Perseverancia...", explicó, "por ejemplo, esta chica que ves... la dueña del Conocimiento, es un ser humano físicamente débil y enfermizo, siempre que le hablamos en su mente ella tose y se retuerce de dolor, el conjuro con que le he atacado le ha hecho daño, pero eso no significa que morirá, sólo significa que la lastimaré y tomaré sus pensamientos de la curiosidad para formar el Emblema Apócrifo".

'Joder, no entiendo nada', me dije. Deseé haber leído los libros de Takeru Takaishi que me había mostrado Tulo la noche pasada.

"¡Hermanita! ¡Hermanita!", al ver que Ben no despertaba, Tulo corrió hacia su hermana Osen, "Yo te ayudaré a deshipnotizarte".

Fui tras el nene y lo agarré fuerte de su bracito. Volteé a ver ferozmente al Barbitas e insistí.

"Me iré contigo, pero júrame que los demás podrán aterrizar a salvo", el avión estaba casi destruido, parte del techo parecía estarse absorbiendo por un vórtice oscuro.

"Estamos dentro de un portal del Digimundo que la humana del Conocimiento abrió", dijo Barbamon, yo no entendí nada otra vez, me dolía la cabeza.

¿Portal del Digimundo? ¿Qué diablos?, ¿por qué no había puesto atención a las explicaciones que la preciosa Muñeca había querido darme cuando nos habíamos conocido?

"¡Júramelo, si no, no iré contigo!", grité, "¡No te daré el emblema o lo que sea!, sé que para eso necesitas mi voluntad ¿no es así?, ¡necesitas mi voluntad y no sólo mi cuerpo!".

"Soji, suéltame, suéltame!", lloró Tulo. "Oseneechan, ¡el malo le pegó a Ben y a mamá y a papá y tú no me haces caso! ¡Buuuuaaaaaaaaa!, quiero que Satoru-senpai me diga qué hacer, ¡Buuuuuuua!".

"Voluntades de sangre... los humanos tienen voluntades de sangre", dijo Barbamon, "Está bien, Apócrifo, acepto tu trato: con la ayuda del Conocimiento abriré un portal a Japón donde estos ex elegidos podrán llegar a su país, de cualquier manera ellos ya no me sirven para nada...".

"¡A ella también la dejarás con sus padres! ¡Y a Ben-kun! ¡y a los otros tripulantes del avión", ordené, tembloroso.

Barbamon parecía muy divertido.

"Es un juramento del mal: dejaré todo lo que no necesite".

Al oírlo, me recorrió un escalofrío.

"Conocimiento", llamó a Osen.

Ella levantó su carita y le miró como títere, como si no tuviera alma.

"Ahora sí que eres una muñeca, linda...", le susurré, sin soltar a su hermanito que forcejeaba como loquito.

Ella debió oírme, porque se distrajo, giró su cabeza, me miró y pestañeó.

Sus ojazos ónix cobraron vida unos segundos.

"¡No hagas tratos con él, Soji!", me gritó la bonita, "Tienes que huir de aquí!, tienes que llevarte a mi hermanito!"

El corazón en mi pecho renació. Diablos... dos días de conocerla y le amaba con todo. ¡No quería decirle adiós!... ¿y a dónde podría huir, nena?, no podía permitir que a tu hermanito, que era un bebé, le electrocutaran.

Oseneechan! ¡Hermanita!".

"Tulo, hermanito, ¡tienen que irse de aquí!", ella dijo.

"Tienes buen sentido de recuperación, Izumi", Barbamon la alzó del cuello y puso la cara de ella cerca de la suya. "¡Conjuro del mal!".

Después de decir eso, los ojos de Osen se volvieron a perder.

"¡Déjala en paz!", ordenó Tulo, ahora lucía más enojado que lloroso. Miré que había vuelto a hacerse pis, pero era totalmente comprensible, el terror que debía estar experimentando debía ser más horrible que el que sentía yo.

"Conocimiento, abre un portal a la tierra para esta basura", ordenó.

Sin usar una computadora, la pelirroja comenzó a teclear en el aire o más bien en una pared invisible. En sus dedos había heridas, como las de la mañana, por lo que con manchitas de sangre iba formando un círculo lleno de signos, en su mayoría del código binario.

Muy pronto los algoritmos que ella escribía comenzaron a brillar. Osen brillaba en un color morado precioso, me pareció una diosa de la Sabiduría, pero sin alma.

Cuando terminó, Barbamon la sujetó con brusquedad del cráneo.

"Para cumplir con las promesas del mal que hago con un Apócrifo, te quitaré los pensamientos de la curiosidad en lugar de llevarte conmigo, Conocimiento", dijo.

"¡Noooooooooo!", Tulo me mordió y corrió en ayuda de su hermana mientras yo iba tras él y miraba de reojo que de la cabeza de mi Muñeca salía una nube gelatinosa de color morado enorme.

¿Era un óvalo con sus pensamientos encarnados en este mundo?

¿Era posible que la magia fuera así de terrible?

Volteé hacia mi padre.

'¿Por qué no hace nada, señor Yagami?, ¿por qué no la ayudan, señores Izumi?... ¡Apóyame, papá!', le grité en mi mente, pero no... él siguió desmayado o perdido.

Cuando menos pensé, Osen Izumi estaba desvanecida en el suelo, mientras el óvalo gelatinoso estaba entre las garras arrugadas del Barbitas.

La infraestructura del avión estaba siendo consumida por unas llamas dantescas que habían aparecido de la nada.

Esto era una visión... esto no podía se real.

Vi con temor que Barbamon se introducía los pensamientos de la Curiosidad de Osen en su cuerpo... ¿era eso posible?

Tulo le lloraba a su hermanita y parecía muy confundido. De repente empujaba a su hermana, para hacerla reaccionar, luego corría a darle puntapiés a ese humanoide. Repetía esos movimientos…

"Te derrotaré, vendrá Piximon y ¡splash! ¡Track! ¡boom!, te haré trizas y te vas a arrepentir de ser tan malo", decía y luego corría temeroso, mientras Barbamon le miraba como si le deseara.

Finalmente lo tomó del overol, como si fuera una hormiga.

"Waaaaaa, suéltame, ¡Buuuuuuuaaaaa!", chilló con fuerza el pelirrojito.

"Déjale y envíalos a la tierra...", dije.

El vórtice oscuro nos estaba comiendo. ¿Estaría bien mi Muñeca sin ese óvalo morado que había salido de ella?

Me hinqué a su lado, aplasté su cuello para percibirle el pulso... pude distinguir sus latidos junto a su respiración flemosa.

Sin importarme nada, la tomé en mis brazos y la besé por tercera vez en mi vida. Ese beso hizo que Barbamon carraspeara y lo que quedara del avión se consumiera por sus llamas.

Llamas carmesí!", había gritado, "entre más te tardes, Apócrifo, menos sobrevida tendrán estos humanos".

El suelo era negro. El cielo era negro. todo era negro. ¿Dónde estábamos? ¿Qué cosa tan horrible era el Digimundo? ¿Dónde estaban esos seres que llamaban camaradas y que eran los compañeros buenos y fuertes de los humanos?

Me levanté como zombie, caminé hacia Barbamon, quien me parecía aún más horrible que Lucemon Falldown Mode. Mi padre a lo lejos desmayado me causó desazón.

Quizás no habría sido tan malo quererle, pero ya no iba a tener la oportunidad.

Los Izumi desvanecidos, salvo el más chiquito, me angustiaron.

¿Y si mejor no los hubiera conocido? ¿y cómo era que les quería si acababa de conocerlos?

La primera chica que me gustaba hecha títere entre unas llamas que no daban calor, ni parecían quemar, pero dolían... ¿por qué tenía que existir el amor a primera vista?

"Iré contigo, por favor, haz que se los trague el portal que abrió Osen".

Tras de mí, la sangre de la Muñeca parecía haber abierto una cueva de luz...

"Los señores demonios cumplimos las promesas del mal", aseguró.

Estiró su mano. Yo se la tomé del mismo modo en que la preciosa pelirroja lo había hecho cuando estaba hipnotizada.

"Ahora suelta al niño", exigí.

Barbamon soltó una risa.

"Dije que dejaría ir todo lo que no me sirviera... pero este chico tiene el Emblema de la Creación, y su presencia, así como el de la elegida de los Milagros, es necesaria para el renacimiento del emblema Apócrifo".

Miré aterrorizado a ese demonio. Después detuve la mirada en el pequeño Tulo, que ajeno a todo se revoloteaba con ímpetu y gritaba y berreaba y chillaba como sólo saben hacerlo los que tienen un corazón grande.

¿Emblema de la Creación?¿Elegida de los milagros?... esto, en definitiva, era una historia de sobrenatural y de terror.

Me fui contra él tras escucharle. Sentí que nos tragaba la oscuridad y la luz se alejaba cada vez más de mí.

Lo intenté, juro que lo intenté, pero por más que peleé, no pude evitar que el Demon Lord se llevara también a ese pobre bebé.

Nos consumimos en las tinieblas, la bestia, el niñito y yo.

'Adiós papá de mentiras, hasta nunca madre que jamás sentí... adiós mi amor, mi muñeca del cielo... adiós, pequeños clones, como diría Ben-kun', fue lo último que pensé.

FIN DEL P.O.V. Soji Yagami

O

P.O.V. Ken Ichijouji

Mi hijo abrió los ojos finalmente.

Lilithmon había desaparecido y de alguna manera había puesto a salvo a mi Zetaro sin arriesgar a Satoru.

Mi pequeño jadeaba asustado, se miraba las manos que le tiritaban, me miraba a mí y a su hermano mayor en busca de preguntas y respuestas.

Zetaro lucía muy cansado, pero tenía vida propia. Satoru le sonrió a su hermano con heroísmo y yo les sonreí a ambos.

"Todo está bien, Zet", le dije a mi hijo mediano, pero no me respondió. Volvió a cerrar sus párpados, cohibido.

"Le avisaré a mi mamá lo que pasó", avisó Sato, sacando su móvil y poniéndose a mandar un mensaje presuroso con sus deditos.

Apenas acababa de aprender a escribir, sin embargo, era un niño tan prodigioso que escribía como un niño de secundaria... daba gracias que al menos su alma seguía siendo la de un chico de 7 de siete años.

"Papá...", dijo de repente Zetaro, mientras su hermanito deletreaba en kanjis las noticias.

"Zet, todo irá mejor", lo tenía recargado en mi cuerpo, me había sentado en la banqueta y había colocado su cabeza en mis piernas.

"Me quiero morir", me anunció.

Satoru soltó su celular, oí cómo se estrelló en el pavimento. A mí se me encogió el estómago... esas no son las palabras que deberían de salir de un muchacho de 14 años, ¡y menos si se trata de mi hijo!

"¡No digas tonterías, hermano!", gritó Sato, "¿No has leído que la muerte es irreversible?, ¡y mi papá y yo te hemos salvado!".

Zetaro lo ignoró. Ni siquiera lo encaró; me abrió los ojos a mí.

"La Maldad... está en mí", susurró, "he perdido la batalla y de seguir en este mundo, sólo complicaré las cosas".

La maldad... la bondad... los extremos: el bien y el mal; la oscuridad y la luz; la esperanza y la desesperanza; la amistad y la traición; el amor y el odio; la sabiduría y la ignorancia...

¿Por qué mi hijo tomaba tan a pecho esos extremos? ¿Por qué no entendía que éstos estados no eran perpetuos y puros?

No supe lo que hice, hasta que el sonido de la cachetada que le di resonó en mi palma.

Ese tipo de cosas... ¿no era las que hacía mi mujer, cuando estaba histérica?

"No vuelvas a decir cosas como esas cuando no sabes de lo que hablas", reprendí, "y menos con tu hermano menor cerca".

"Que la boca se te haga chicharrón, hermano", Satoru había quedado pasmado al ver que había golpeado a su consanguíneo, pero su vocecita trémula me apoyaba.

Se había hincado al lado de Zetty, le había tomado de los hombros y le había comenzado a sacudir, aunque su hermano no parecía querer abrir los ojos para él.

Daba la impresión que ni siquiera quería respirar.

Yo no tenía idea de lo que esa Lilithmon le había hecho, visualicé lleno de ira que mi hijo tenía sus manos llenas de tinta, de pintura… de un arte que podía destruirlo.

El mayor don de mi hijo era también el origen de sus pesadillas.

Pero no importaba lo que esa digimon le hubiera hecho, yo no podía permitir que mi hijo tuviera esas ideas suicidas, yo no podía permitir que me lo consumiera la tristeza.

"Sato... suéltame...", rogó Zetaro, "no tienes idea de nada, eres sólo un niño... ah".

Recordé que mi chico había tenido un accidente automovilístico, así que separé a su hermanito para evitar que le encrudeciera las lesiones.

"Háblale a tu madre y llama a una ambulancia", mandé a Satoru.

"¡Ya le mandé un mensaje!", me retó, "pero no haré nada hasta que mi hermano deje de decir insensateces como si no fuera inteligente, ¡y si es tu hijo y de mamá es inteligente como yo y como mi hermana".

"Escucha... padre", me dijo Zet, abrió de nuevo sus ojos llenos de dolor, "si esto está fuera de control... tal vez es mi culpa... desde... el 2028, he oído a la voz... he querido hacer daño y hoy finalmente sucumbí... ahora ya no la escucho, a esa voz que me malaconsejaba, pero eso es porque ahora somos una sola persona".

E imitándome como todo crío de 7 años, Satoru cacheteó a su hermano, quien le volteó la cara y le puso la otra mejilla.

"¡Sato!", recriminé.

"Es que papá, hago lo mismo que tú", se disculpó él y luego miró a Zet con mucha indignación.

Me admiré de mi Satoru, porque éste había comenzado a brillar. ¿Era su emblema? ¿Era el Destino?

De mi niño salía una luz plateada, justo de la frente, donde se había dibujado el símbolo de su emblema.

"¡Hermano Zet, tú no naciste para ser malo!", exclamó al chico que heredó mi emblema, "¡Tú eres bueno, es tu destino!... ¡Tú serás un gran pintor que expondrá muchos cuadros en el Louvre de París y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York! ¡Tú serás tan bueno como lo has sido desde que éramos más chiquitos y me cuidabas y me dabas tus dulces y tus juguetes aunque tú te quedabas sin ninguno!, ¡Tú serás mi hermano toda la vida y un día aprenderé a ser bueno como tú y a no dar lata a mis papás, porque eres quien respeta las normas en casa!, ¡Tu destino es la Bondad! ¡Ya me cansé de que siempre te rindas! ¡Mi papá y mi mamá no se rinden! ¡Mi hermana aunque es súper coqueta y problemática tampoco se rinde y se preocupa por ti! ¡Yo tampoco me rindo! ¡No te rindas!, no quiero que te rindas, ¡no te perdonaré si dices cosas como morirse!... yo... yo... ¡Buuuuuaaaaaaaaa!", mi pequeño, que había sido capaz de enfrentar a un digimon poderoso sin llorar, ahora se quebraba ante la negatividad de su hermano.

Su llanto intensificó su brillo... incluso yo sentí su fuerza, la del Destino... y supe lo que yo había venido a hacer en este mundo. Supe que mi destino eran Miyako, mis hijos, la justicia y mi Wormon.

Zet también se invadió del emblema de su hermano.

"Sniff... ¡Ya no voy a romper tus dibujos, hermano, pero di que no te quieres morir! ¡Buuaaaa!", se aferró a Zet.

Me perdí un poco en mí mismo.

¿Qué estaba pasando en nuestro Digimundo? ¿Por qué nos había atacado una de los integrantes de los temibles Demon Lords, de los cuales yo sólo conocía a Daemon?

¿Por qué querían a mis hijos?, ¿Por qué maltrataban a mis hijos, que me eran sagrados?

Cuando volví en mí mismo y recordé que estábamos en plena calle, descubrí a mis dos varoncitos abrazados, envueltos en llantos sonoros, como los de las féminas de la familia.

La poca gente que pasaba nos veía, pero no se detenía a ayudarnos.

La indiferencia... el peor de los sentimientos, seguramente les embargaba.

"Ya, no llores más, Satoru", rogó Zet, abrazado a su hermanito. Se había sentado y había arropado a Sato con torpeza.

Sentí la ternura de Zet en su alma, y noté que él brillaba en su Bondad y ésta también latía en mí.

El Destino de Satoru lo había salvado.

"¡Sólo si no te rindes y te haces un héroe detective como papá!", exigió.

Zetaro le asintió.

"Me siento muy bendecido por tus palabras", susurró Zet.

"¡ZETTY!", chilló entonces Miyako.

Alcé la vista y vi que ella y mi Kurumi se habían bajado de un taxi y corrían como locas hasta donde estábamos.

Mi mujer se inclinó hasta nuestros hijos y les abrazó.

"Cody-san se quedó resolviendo lo del carro", me dirigió la palabra Kurumi, "¿Pero qué ha pasado, papá?.

Ella se veía pálida y sus lentes estaban empañados.

"Tranquila...", le dije, "Por el momento tu hermano está fuera de peligro".

Ella me asintió. Miyako besó a Zet, a Satoru y luego se echó a mis brazos de forma escandalosa.

Oí que Kurumi llamaba la ambulancia, seguramente también recordaba el accidente de su hermano y observaba con preocupación la frente rajada, la sangre y la pintura revuelta en la figura de Zetaro.

"Hermana, porque soy súper inteligente y un héroe, salvé a mi hermano y me cargué a una digimon llamada Lilithmon que quería aparearse con Zetaro", explicó mi hombrecito.

"¿Qué tonterías dices, Sato?", se escandalizó Miyako.

Los cinco estábamos tirados en el pavimento, mostrando un espectáculo bastante vergonzoso.

Nadie parecía entender que acabábamos de enfrentarnos a una Lady Oscura del Digimundo.

Zetaro estaba sonrojado. Soltaba, a murmullos, que se sentía bien, que no oía la voz y que por primera vez estaba seguro de que en su pecho sonaba su corazón.

"¡Y mi hermano cuando despertó dijo que quería morir!", agregó Satoru lleno de euforia.

Miyako ya estaba a punto de histerizarse todavía más, pero la abracé con fuerza.

"Zet no lo decía en serio, ¿no es así, hijo?", pregunté a mi chico.

"Es verdad... no tenía idea de lo que decía".

Y la bofetada no vino de Miyako, sino de Kurumi. Con tanto golpe, Zet tenía las mejillas coloradas y se veía monísimo.

"¡Eres un idiota cobarde, te prohíbo que vuelvas a decir tamañas declaraciones sin sentido!", le gritó a su hermano, "¡Eso no se dice ni en broma!, ¿Qué quieres?, ¿causarnos un infarto?, ¿vestirnos de negro?, ¡Otooto idiota! ¡Tanto que tienes y tú sin apreciarlo!".

Zet bajó la cabeza, se colocó la mano en su mejilla, estaba abochornado... que lo abofeteara su hermana eran palabras mayores, sobre todo porque él era de carácter sumiso con mi primogénita.

"Kurumi, quiero que me abraces fuerte como cuando éramos chiquitos y jugabas a que yo era una de tus muñecas", pidió.

"¿Eh? ¿estás perdiendo la razón?", preguntó ella.

"No. O tal vez sí... pero sé que puedo terminar de recuperar mi Bondad a través de tu Pureza, quiero que tu pureza me limpie todo lo estúpido que soy, quiero que me des fuerzas para decirle a O-chan que la quiero, para seguir dibujando, para aprender de ti y para ser como antes... por primera vez lo quiero de verdad, porque Sato no quiere que me rinda y ha trazado un destino para mí bastante alentador", explicó Zet.

"Mi Zetty precioso, te adoro hermanito molesto", gimió mi muchacha, vencida ante el renacimiento del alma de su hermano.

"¿Y yo?".

"¡A ti también, Sato!".

Con Kurumi abrazando a sus hermanos, con su cuerpo brillando en verde y mi esposa llorando en mi hombro, entendí que no importaba lo difícil de esta misión, esta no sería la primera vez en la que el detective Ken Ichijouji y su familia fallarían una misión.

FIN DEL P.O.V. Ken Ichijouji

O

Como siempre, no me alcanzó el espacio para poder unir a los trillizos… jajajaja… y como me ha dado por raptar a Soji, pues no sé qué va a pasar xD… ¿les ha parecido interesante?

¿Quién es la niña-angelito que se le apareció a Hikari en esa visión? ¿La hija del Yushiro (Yuriko+Toshiro) [aunque he anunciado niño]? ¿Un espíritu perdido del Digimundo?... sólo una persona además de mí sabe el secreto :P… ah… ¿y por qué son curativas esas flores de la Armonía?

¿Por qué rapté a Soji? ¿Por qué hice lo mismo con Tulito-chan? ¿para que le haga compañía a su amiguita Min? ¿Les ha gustado la escena de renovación de Zetty, en donde lo abofetean casi todos los miembros de su familia? ¿Qué pasará con Tai y compañía con el portal que supuestamente abrió Osen a Japón? ¿Cómo se hace un emblema Apócrifo? ¿para qué quieren unos pensamientos de la curiosidad?... ¿y la escena de Lucemon y Akane? ¿y Taiki y los Ishida rubios?

Lo sabrán todo en la próxima entrega, la cual espero que llegue pronto.

¡Gracias por leer!, no se olviden de regalarme un comentario.