Adelanto mis buenos deseos para estas fechas navideñas y el nuevo año que se avecina (si siempre no se acaba el mundo) a todas las personas que suele leer este fic. No es que antes de que se acabe 2012 no vuelva a publicar, pero por si no sucede, les deseo feliz Navidad a todos los lectores y escritores de ff que lean estas notas.

Sé que siempre pasan eternidades antes mis actualizaciones y siempre que vuelvo a publicar me excuso con lo de siempre: que no tengo tiempo, que la escuela estuvo muy pesada, etc, etc… pero, les juro, de verdad que mi vida se ha vuelto un ciclo sin tiempo libre y eso me ofusca… como promesa de año nuevo buscaré ser más original con mis excusas, o mejor aún, prometeré publicar los fics con más frecuencia.

Dejando al lado mis quejas y disculpas, les traigo la nueva entrega de Apócrifo. No la había publicado porque me faltaba por redactar una escena importante que finalmente no me salió… por extensión, si incluía esa escena me iba a quedar un capi todavía más largo y quizá se iban a hartar de mis revolturas, así que habrá un 9.3 pronto, el cual servirá para cerrar la primera parte oficial del fic.

Como recordatorio: en el último capítulo, los hermanos Soji y Taiki se conocieron; los demon lords, sin embargo, están a punto de capturar a Hidemi, la trilliza restante. Por otra parte, los elegidos han comenzado a reunirse en el Museo Digimon, específicamente en la réplica de la Mansión de Devimon. Hay varios heridos y lesionados; hay personajes que todavía no se reúnen con los demás; hay niños y adolescentes secuestrados por el enemigo… y además, hay pequeños y misteriosos fantasmitas que se están apareciendo a algunos elegidos.

En muchos fics futuristas lo hacen, así que este capi lo haré también yo:

Quizás no necesiten presentación, pero…

*Kyosuke – Hijo de Daisuke. Tiene 17 años y su emblema es el Valor.

*Seiyuro – Hijo de Takeru. Tiene 17 años y su emblema es la Esperanza.

*Toshiro – Hijo de Hikari y Takeru. Tiene 17 años y su emblema es la Luz.

*Kurumi – Hija de Ken y Miya. Tiene 18 años y su emblema es la Pureza.

*Doguen – Hijo de Jyou. Tiene 16 años y su emblema es la Sinceridad.

*Yuriko – Hija de Iori. Tiene 16 años y su emblema es la Equidad.

*Mayumi – Hija de Sora y Matt. Tiene 15 años y su emblema es la Amistad.

*Ben – Hijo de Mimi. Tiene 15 años y su emblema es la Perseverancia.

*Taiki – Es el mayor de los trillizos de Taichi. Tiene 15 años y su emblema es la Unión.

*Hidemi – Segunda trilliza de Taichi. Tiene 15 años y su emblema es la Libertad.

*Soji – El trillizo pequeño de Taichi, a quien acaba de conocer. Tiene 15 años y no se sabe su emblema, pero los malos del cuento quieren hacer con él un emblema Apócrifo.

*Osen – Hija mayor de Koushiro. Tiene 14 años y su emblema es el Conocimiento.

*Zetaro – Segundo hijo de Ken y Miyako. Tiene 14 años y su emblema es la Bondad.

*Kotaro – Hijo de Sora y Yamato. Tiene 11 años y su emblema es el Amor.

*Satoru – Hijo menor de Ken y Miya. Tiene 7 años y su emblema es el Destino.

*Min – Hija de Takeru y Hikari. Tiene 6 años y su emblema es el de los Milagros.

*Tulo Kosuke – Hijo de Koushiro y Mimi. Tiene 5 años y su emblema es el de la Creación.

Espero que les guste el capi… me costó escribirlo.

¡Los dejo con la lectura!

O

Apócrifo

Por CieloCriss

9.2

Mayumi Ishida estaba desesperada.

Cuando su padre le había ordenado quedarse con la madre de Taiki le había hervido de enojo en todo el cuerpo.

Después, el sufrimiento de Akane Fujiyama había terminado por conmoverla y contenerna de desobedecer.

Le preocupaban su padre y su mejor amigo, pero aún así se había comportado lo más cabalmente posible.

Había ayudado a Fujiyama. La había encaramado a una silla de ruedas.

También había marcado como posesa en su celular. Nadie le contestó: ni su madre, ni su primo, ni su hermano, ni sus tíos.

Meditó por largos minutos sobre lo que debía hacer. Al final llegó a conclusión de que lo más coherente era ir a buscar a Yamato y a su mejor amigo.

En el fondo, la chica sabía que se el demonio digimon se habían llevado a Taiki. Se lo decía el vértigo que sentía en el vientre, los ojos le ardían y sentía parte de la cara entumecida...

Era como si una parte de ella la hubiera abandonado y se hubiera ido hacia donde estaba Yagami.

Si Lucemon Falldown Mode se había llevado a su amigo o si había lastimado a su padre, su deber era inspeccionar la situación actual.

-Señora, vamos a movernos de aquí, ¿de acuerdo?-, avisó a Akane, quien tenía el rostro cubierto por sus manos finas y todavía jóvenes. Sollozaba con fuerza, aunque Mayumi no veía humedad en las mejillas de la mujer.

-No tiene caso... le han matado... al chico...-, lloró con desazón.

-¡Le prohibo que dé por muerto a su hijo!-, fue lo que soltó la rubia y se echó a andar por el destruido hospital, arrastrando con ella la silla de ruedas donde yacía Akane.

-Yagami nunca me lo perdonará... esos monstruos le mataron al chico, estoy segura...-.

May gruñó por lo bajo, luego por lo alto.

-¡Deje de llorar, señora!, le aseguro que su hijo está vivo... quizá se lo han llevado, pero sé que está vivo, no lo perdonaría si fuera de otra forma-, comentó.

-Tú... ¿Eres novia del chico?-.

-Esa pregunta hágasela a su hijo- dijo la muchacha con total indiferencia.

Mayumi dejó atrás la conversación con la madre de su mejor amigo y volcó su interés en observar que el hospital y sus alrededores seguían pareciendo un paisaje urbano viejo, degradado, como de otra dimensión.

Las paredes antes blancas ahora lucían grisáceas. El piso se sentía granuloso, como si fuera arena.

Los cuerpos que yacían encimados en la entrada del nosocomio parecían títeres de una función de teatro, y las pocas personas que deambulaban por la alameda y las banquetas de la clínica de Odaiba, lucían como si no estuvieran ahí.

Zombies. Esa era la mejor manera de describirlos.

May les había pedido ayuda, pero ni siquiera le habían contestado. En la comunidad japonesa las personas eran amables, y aunque las almas vagaban con sus propias vidas, siempre respondían a un llamado.

-Frente a nosotras ya no hay humanos, son espectros de humanos... estoy segura de que estamos en el Mar de la Oscuridad-, mencionó May a Akane.

-No te entiendo, ¿qué lugar dices?-.

-El Mar de la Oscuridad... no sabría explicárselo de modo que entendiera, pero puedo decirle que ese sitio no siempre es un lugar, sino también es un sentimiento negativo... como sea, lo mejor es estar alerta Fujiyama-san, porque no todo lo que estamos viendo es una verdad absoluta.

El Hospital donde trabajaba el papá de Doguen estaba lejos de su casa, aunque no tenía caso regresar porque May sabía que su madre y Kotaro no estaban ahí. Ir a la residencia Kido era una opción, por lo que la muchacha decidió tomar ese camino mientras trataba de rastrear a su padre.

Estaba desanimada ante esa misión. Su posición de cuidadora la hacía sentir impotente. Tenía ganas de dejar a la madre de Taiki en medio de la nada en esa silla de ruedas, no obstante, su prudencia la detenía. Sabía que tampoco podría lograr mucho avance si salía corriendo como desquiciada a buscar a su padre.

May Ishida era de esas personas capaces de usar la cabeza en situaciones de riesgo, aunque, por lo general, optaba por seguir corazonadas cuando se lo dictaba su sexto sentido.

Apresuró el paso lo más que pudo. Era difícil arrastrar la silla de ruedas en ese ambiente arenoso que estaba creando el Mar de la Oscuridad. La rubia sentía su garganta obstruida y le ardían los ojos, pero no perdía detalle de lo que estaba aconteciendo a su alrededor.

Parecía que los edificios se estaban convirtiendo en nubes de huracán. Y los rostros de los pocos humanos, que lucían más bien como fantasmas, se veían borrosos, como si los hubieran delineado con pinturas de acuarela para que perdieran sus facciones.

-… Nos han atrapado ¿verdad?- preguntó con histeria Akane.

-¿A qué se refiere?

-Esos monstruos… nos han encerrado aquí, ¿no es así?, este lugar no es normal… aquella cueva tampo era normal.

La mujer hablaba entre un hipo aturdidor que le salía del vientre. May observó que temblaba como si fuera una niña de preescolar a punto de recibir una vacuna.

-Tal vez tenga razón Fujiyama-san, pero no se preocupe, siempre he creído que es más fácil salir del Mar Oscuro que entrar en él- aseveró la rubia Ishida con un tono de voz fuerte, que no flaqueó e hizo que Akane suspirara agradecida.

Atravesó la alameda del Hospital y llegó a la avenida. Mayumi era el único brillo dentro del paisaje onírico y marino que vivían en ese momento.

Cuando se desparramaba las lágrimas en su ropa de hospital, Akane alzaba la vista y veía la cabellera rubia de Mayumi resplandeciendo con fuerza, al igual que aquel par de ojos azul celeste.

-¿Cuántos años tienes, chica?

May no contestó inmediatamente, primero atravesó una calle donde los coches estaban paralizados.

-Quince.

-Me habría gustado ser como tú cuando tenía tu edad…

-Yo le recomendaría conocer a una persona antes de adoptarla como el modelo de un hubiera que jamás existirá- respondió incómoda Ishida, y su contestación estuvo acompañada de un gesto amargo. Nunca antes un adulto la había tomado como figura a seguir, sencillamente era una situación insensata –en todo caso, primero considere a su hija en lugar de a una perfecta extraña.

Tras atravesar la avenida, subió a la acera por la rampa para personas con discapacidad y aceleró sus pasos. La muchacha tenía la respiración rítmica y tranquila de inhalaciones y exhalaciones, no así Akane, quien parecía ahogarse con su propio aire.

Cuando estaba por doblar la esquina para dirigirse a casa de los Kido, la rubia se detuvo.

-El parque… siempre que huye, Taiki va al parque- recordó de pronto May, tronando sus dedos con energía.

-No hay que ir ahí… al chico se lo han llevado…¿no deberíamos escapar?

-Los padres no deben escapar de los peligros que acechan a los hijos- resaltó la hija mayor de Yamato y Sora –Si eso ha hecho, significa que se ha equivocado.

Akane se cubrió el rostro y Mayumi sintió como si acabara de apedrear a la madre de Taik.

No se arrepintió de sus palabras, al contrario, nunca antes estuvo tan segura de ellas como ahora. Recordó que el día en que la había secuestrado Wallace para absorberle la energía, sus padres habían estado al pie del cañón, haciendo hasta lo imposible para rescatarla.

Entonces, si Akane Fujiyama quería reivindicarse, tenía que dirigir toda una guerra contra esos demonios para recuperar a sus hijos y a su paz.

Retrocedió un par de pasos y desplazó la silla de ruedas con fuerza porque ésta se alentaba con las partículas de roca.

El parque, o lo que quedaba de él, se les dibujó a Ishida y a Fujiyama frente a ellas. Los árboles habían perdido su follaje a pesar de que en Odaiba estaba de visita la primavera. Las ráfagas de viento tenían un color grisáceo, como si el aire pudiera colorearse por oscuridad.

-Tiene dos opciones señora, una es esperarme aquí, otra es acompañarme- propuso Mayumi. Más que la entrada a un lugar de esparcimiento, el sitio lucía como la entrada al laberinto de una película de terror.

-Por favor, no me dejes sola… no lo soportaría.

-Entonces iremos a buscar a su hijo y a mi padre sin importar las consecuencias- comunicó Mayumi con decisión.

Apretó los manubrios de la silla y se echó a correr, esta vez con más fuerza y ahínco, rumbo al lago.

El vaso lacustre del parque era el sitio en donde Taiki se refugiaba cuando estaba de mal humor o herido por alguna situación familiar. Si discutía con Taichi Yagami o peleaba con Hidemi, Taik terminaba en un rincón del lago, tirando piedras como un niñato de primero de primaria.

Cuando la pandilla que dirigía el elegido de la Unión tenía una baja o un enfrentamiento contra otra tribu urbana, Taiki acudía a su escondite, se sentaba en el suelo y meditaba sobre cómo dirigir a un grupo de vándalos sin oficio ni beneficio.

Cuando se besaban, Mayumi se encontraba con Taiki en ese estanque. Ahí se tiraban en la hierba y tenían unas extrañas luchas que terminaban con algún beso esporádico o algún golpe de ella propinado a él.

En definitiva, si un Demon Lord perseguía a su mejor amigo, Mayumi sabía dónde encontrar al joven moreno. Por eso se apresuró lo más que pudo. Hubo un momento en que quiso dejar varada a Akane, al menos temporalmente, para llegar más rápidamente al lago.

Evitó gritar o ponerse a llorar. Su cabeza sólo pudo con la presión de correr y llevar a la señora consigo.

Divisó el lago y rampeó una baqueta para cruzar por una colina, bajó con rapidez a la ribera, pero no vio a Taiki ni a su padre en la orilla.

Sus ojos azules buscaron pistas. Rápidamente identificó gotas de sangre entre la maleza y las piedras.

Sin duda alguna Taik había estado ahí.

¿Ahí lo había capturado el Lucemon Falldown Mode? ¿Le habían lastimado más?

Se mordió la lengua para evitar que sus labios traicionaran a su cabeza y terminara diciendo algo disparatado.

-Papá… ¿y dónde estás tú?- se preguntó la chica, volviendo sus pasos hasta el sendero principal.

Tenía frío. Los incoloros vellos de sus brazos estaban erizados, tenía las cejas delgadas fruncidas y la frente llena de olas temporales de preocupación. Akane Fujiyama había caído en un llanto continuo y sin esperanza. Se cubría con obsesión y apretaba los párpados con fuerza, como si se negara a presenciar esa extraña realidad que se le presentaba como un mundo de tinieblas.

Mayumi Ishida resopló.

-Como si eso fuera detenerme- dijo la chica para sí misma, mientras inspeccionaba otros lugares del parque con una resistencia heroica. Seguramente su padre no había dejado ir a ese digimon sin buscar contrarrestar el ataque hacia Taiki.

Yamato Ishida, a quien May consideraba inteligente, debía haber buscado un espacio despejado para enfrentar una pelea con un digimon de alto nivel, ya que eso evitaría daños circunstanciales a terceros.

-Aunque no veo por aquí algo que verdaderamente esté vivo, los humanos, incluso las flores, parecen simples espectros rondando en una pesadilla...

Akane apretó más la cara.

-No digas más, niña, ¡Ya sé que se llevaron al chico!

La elegida de la Amistad la ignoró. Aunque se sentía devastada y le hacía falta una buena dosis de la cresta de su primo Seiyuro, siguió trotando por los alrededores.

Su ritmo flaqueaba y las lágrimas de la señora Fujiyama no estaban ayudándole mucho.

Se detuvo temblorosa y de nuevo miró si su celular tenía señal. Pero no: estaba muerto. El sistema operativo de su brazalete digital tampoco servía, definitivamente estaba incomunicada.

La rubia se secó el sudor frío que se le resbalaba de la frente, pensó en su Pyokomon, en ese pequeño digital rosado, de expresivos ojos verdes y sonrisa eterna.

Hizo una mueca de disgusto al no poder tener el apoyo de su vieja amiga; alzó la cara, por más que lo intentó, tuvo que admitir que estaba desorientada.

Al principio, cuando había entrado al parque, había podido reconocer las veredas del área verde, no obstante, ahora estaba tan oscuro que se había perdido.

Simplemente ese ya no era el parque favorito de su infancia, de su colonia, de su Taiki.

-Joder, tengo qué salir de aquí... vine a ayudar, no a caer en trampas- se regañó con decisión, y de nuevo vagó con la silla de ruedas y Akane y sus ruidosos llantos de tristeza.

-¿Se puede callar, por favor?- pidió Mayumi cuando ya no soportó más el sufrimiento de la mujer. -Me desconcentra y su llanto solamente alimenta más la oscuridad...

-Lo lamento... yo no quería que pasara esto... es mi culpa... los niños... yo los separé... aún así esos monstruos los atraparon.

-Eso está en el pasado y por más que queramos, aún no se inventa un emblema que lo cambie, ¿entiende eso?, así que le ruego que ya no llore; entiendo que debió haber sufrido mucho y todo eso, pero entre sus recuerdos tiene que haber alguna rememoración positiva... le pido que se enfoque en eso, ¿me puede ayudar con eso, Akane-san?

Fujiyama asintió con fuerza y se restregó las lágrimas.

-Así está mejor, demuestre su valor, eso le gustaría a Taiki y a Hidemi.- la rubia retomó la caminata un poco más relajada.

Hasta el momento no la había atacado nadie, así que eso era una buena señal. Miró hacia el cielo. Estaba gris y lleno de nubarrones densos, pero no llovía. No se asomaban las lunas del Digimundo, ni la de la Tierra y tampoco la del Mar Oscuro, lo que también la recompensó vagamente.

Una ráfaga de viento se disparó cerca de donde estaban y Mayumi pudo ver un resplandeciente color azul claro emanar de un aire que debía ser oscuro.

-¿Qué ha sido eso?

Un torbellino minúsculo, del color del arco iris, las rodeó y fue entonces cuando Mayumi detectó el sonido de un piano.

Esa música venía junto con el viento de colores, como si las ondas de sonido pudieran pintarse de emociones, de vida.

-... Papá...- susurró la muchacha, emitiendo su clásica sonrisa mordaz, que consistía en alargar con estilo sus labios bañados en un suave color coral.

Corrió junto con Akane hacia las ondas de colores.

-No... para allá no... ¿no ves que seguramente esos monstruos quieren engañarnos?... aquí no puede haber música.

El piano, a lo lejos, seguía escuchándose. May reconocía perfectamente la melodía. En casa le llamaban a esa pieza "Oda a Takeru", porque era la canción que Yamato Ishida tocaba en su armónica cuando era niño y estaba en el Digimundo. Como siempre se la tocaba a su hermano menor para tranquilizarlo, Taichi Yagami había bautizado la pieza con un sarcasmo muy burdo que en el fondo hacía feliz tanto a Takeru, como a Yamato.

-Se llama sinestesia... es el efecto de cuando el sonido puede verse, o las imágenes pueden oírse, no pensé que existiera o que yo pudiera visualizarlo alguna vez, pero incluso aquí, entre la oscuridad, hay magia- se emocionó la chica; por su parte, Akane Fujiyama no supo comprender lo que decía la rubia.

Otro haz de luz, esta vez verde esmeralda, salió de entre el bosque negro.

-¿Quieres que te siga, música?- preguntó Mayumi, sumida en una emoción extraña. A Akane le dio miedo que la joven fuera hipnotizada y la dejara abandonada, pero Ishida tenía sujetos los manubrios de la silla de ruedas con fervor y fuerza.

Y entonces, la chica silbó.

Mayumi acomodó su boca hasta que ésta quedó en forma de corazón. Dejó salir aire, y adaptó el chiflido como si fuera el acompañamiento de la "Oda a Takeru".

El aire que expulsó se iluminó de plateado y se fusionó con los colores de la música del piano.

-Esto es... maravilloso- atinó a decir Akane.

May ya no dijo nada, se arrancó a correr con las fuerzas que le quedaban. Respiraba aprisa, pero aún así se las arreglaba para silbar.

Se internó en una zona boscosa y cuando menos pensó, se detuvo abruptamente al descubrir la fuente de sonidos sinestésicos.

Se trataba de un niño.

Tendría a lo mucho unos seis o siete años de edad, estaba de pie, con los ojos cerrados y las manos saludando al viento. Sus dedos se movían en el aire y era de ahí donde salían los sonidos.

Verdaderamente era magia.

-¿Papá?- preguntó Mayumi. Hizo la cuestión porque el pequeño se parecía mucho a su padre cuando era niño, según había visto en fotos y en visiones de la primera guerra de la Fusión Prohibida.

-Te estaba esperando- el niño abrió los ojos y unos óvalos de plata se le dibujaron alrededor de unas pupilas negras y astutas, como las de un lobo.

-¿Quién es ese niño?- preguntó Akane -Es... es Lucemon ¿cierto?... siempre se disfraza... se disfraza de seres hermosos y...

Mayumi indicó silencio a la adulta y sin importarle mucho la opinión de ésta, se acercó al nene, se inclinó y estiró su mano.

-No sé cuál es tu vínculo con mi padre, tampoco quiero que me lo digas si no quieres, ¿pero puedes llevarme con él?

-Lo haría aunque tuviera que arrancar todos los cactus de todos los desiertos o aunque las mariposas se quedaran sin alas porque se las han comido los cerdos.

-¿Qué dices?- preguntó May.

-No importa si no entiendes el lenguaje del murciélago, pero así como él, sigue mi sonido, y en un futuro, hazme tocar un piano que sea de verdad- el niño no se rió, aventó el extraño discurso con severidad, sus palabras parecían haberse estructurado con concordia, pero en definitiva, la mayor de los hijos de Sora y Yamato no entendía mucho de cerdos comiéndose las alas de las mariposas.

El hombrecito tomó la mano de Mayumi.

-Es suave.- dijo al enlazar sus manos entre los dedos largos de la chica- Tienes manos de pianista que prefiere la guitarra y que finalmente se evade con su voz y se pierde en el polvo estelar.

Besó el dorso de la mano, como caballerito medieval. Mayumi se sorprendió de ver un ademán de Seiyuro Takaishi en esa criatura.

-¿Que qué?, Escucha, sólo llévame con mi padre, ¿Eres parte de una visión surrealista causada por la oscuridad? ¿o eres alguna visión mística que me envía Yamato Ishida?

-Soy Takumi, mi propio hacedor de música de murciélagos...- El de ojos plateados soltó la mano de la también rubia -Mayumi, a ti te gusta mucho la canción de "Bokura no Digital World" ¿verdad?

-¿A qué viene eso al cuento?, ¿cómo lo sabes?...

-La versión de piano es la mejor, sobre todo si la toco yo... - y con esa última frase se fue desvaneciendo no sólo la figura del precioso niño, sino también su voz aterciopelada. Lo único que quedó de esa extraña presencia fueron las ondas de sonido convertidas en colores.

-Era... ¿un fantasma?- preguntó Akane Fujiyama.

Mayumi tardó en incorporarse. Un extraño sentimiento se le desparramó por el pecho y tuvo que tocarse el sitio de corazón para normalizar su respiración.

No quería dejar de ver a ese niño, a Takumi. Un chico que sabe musicalizar con piano "Bokura no Digital World" no sólo era alguien con un vínculo cercano a su padre, sino a ella misma.

-No, alguien que emite tanta vida no puede ser un fantasma, yo ni siquiera creo en ellos-respondió May a Akane.

Se incorporó y regresó hasta donde estaba Fujiyama.

Otro torbellino de colores explotó cerca de ellas, y con ello, comenzó la música, que fue dibujándose y sintiéndose: Sinestesia. Magia. Cerdos que comen alas de mariposas.

May sonrió con la frescura con la que hubiera reído su Pyokomon por unos instantes.

Nuestro mundo digital,

Si no nos hubiéramos encontrado ese día,

en ese tiempo,

entonces no seríamos quienes somos ahora.

La letra de la canción que habían compuesto los niños elegidos en honor al Digimundo comenzó a cantarse en la mente de la digielegida de la Amistad.

-Definitivamente, por más tinieblas que haya, siempre habrá alguna sorpresa entre la basura, una de esas que valen más que veinte barras de oro y un tesoro de piratas- bromeó.

Gracias, mundo digital,

Nos tuvimos que dar cuenta de esta verdad

o no nos hubiéramos vuelto tan fuertes.

Echó a andar, siguiendo los colores, que se pintaban frente a ellas como un oleaje de un mar que no era tan oscuro después de todo.

-Aunque no lo crea, Fujiyama-san, la aventura de este viaje que inició con mis padres, todavía continúa.

O

-Esto es colmo- se quejó Doguen Kido. -¡Baja de ahí Calumon!

El hijo de Joe dio un pisotón en el suelo para asustar al pequeño digimon, pero éste lo ignoró.

El portador de la digiemblenquia se acaba de trepar un árbol del conocido parque de Odaiba que frecuentaban los elegidos. Doguen había estado siguiéndolo con estoicismo desde que se había escapado de su casa por razones desconocidas e insensatas, sin embargo, una cosa era perseguirlo y otra trepar árboles.

En realidad, el muchacho sabía que entre más se alargaba su cuerpo más se le entorpecían sus movimientos, los cuales ni siquiera cuando era pequeño habían sido sincronizados.

Su primo Kyosuke y el inconsciente de Seiyuro Takaishi siempre se reían de él porque no sabía patear bien un balón, porque escalar se le daba pésimo y porque cualquier deporte le terminaba causando mareo.

Odiaba ser así. Daba la impresión de que era un nerd delicado sin más interés que estudiar, pero en cierta medida, Doguen creía que eso era lo único rescatable de él, no sabía si además de su fachada había algo emocionante dentro de él.

-¡Basta ya, Calumon! ¡Te he dado un hogar, mi padre te ha curado!, ¿y cómo nos pagas?, escapándote de casa y trepándote el árbol más alto de todos...

-Calú Calú... tengo miedo- fue lo único que anexó el pequeño digital de ojos verdes, a quien justamente sus orbes se le veían enrojecidas, como si fuera a ponerse a llorar.

Había encogido sus orejas y se acababa de hacer bolita en un nido de gorriones que estaba abandonado.

-Sí, bueno, se entiende que tengas miedo de estar lejos de tu casa, pero te puedo enseñar unas técnicas de respiración que me aconsejaron para enfrentar las crisis de ansiedad que me dieron en los exámenes de ingreso al instituto... son muy efectivas.

Calumon ocultó su cabecita, un humo de oscuridad estaba invadiendo su patita manca.

-¿Pero qué le pasa al clima?, el cielo se ha puesto gris, seguro que va a llover- se quejó Kido, frunciendo la nariz para tratar de ubicar el clásico olor a tierra mojada de los días nublados.

No obstante, lo que terminó percibiendo fue salinidad en el ambiente y arena oscura en los alrededores.

La banqueta del parque no era firme, parecía que el cemento era lodo, y sus pasos, simples caminares de hormiguitas.

El ambiente se había puesto muy helado, Doguen se abrazó con sus propios brazos y se sorbió los mocos de su nariz con desprecio, el clima lo iba a enfermedar.

Lo que estaba pasando no le daba buena espina. Las sensaciones que estaba percibiendo -dentro de su escala de crisis ansiosas- eran totalmente superiores a los pendientes provocados por los clásicos conflictos académicos.

Ahí, donde estaba, parecía que un pintor omnipresente estaba reproduciendo el mar de la oscuridad que se solía apoderar del 60 por ciento de sus terrores nocturnos.

-Escucha, no es que quiera alarmarte, pero me parece que vamos a ser víctimas de un ataque de digimons malignos que nos destrozarán si no te vienes ahora mismo a mi regazo y nos refugiamos en mi casa.- ordenó con el último hilo de coherencia que le quedaba.

Calumon se asomó por la rama donde estaba refugiado.

-Calú... ellos ya están aquí, calú.

Esa confesión hizo que Doguen saltara de la posición donde se encontraba y se pusiera a mirar a todas partes: todo podía ser sospechoso, desde la señora que iba por el pan para la merienda hasta el hombre de negocios que tuvo una junta especial en su corporativo a pesar de ser día feriado.

Sin embargo, la entrada al área verde y las aceras de alrededor se habían quedado casi vacías.

Kido sí vio a algunas personas, pero éstas tenían la piel gris, como si fueran zombis. Las miradas las llevaban perdidas, los labios resecos... eran como simples imaginarios del mundo normal. E imaginarios feos, según los estándares de Doguen.

Ya casi no cabía la duda, en verdad estaba en problemas, en verdad había regresado al Centro del Digimundo donde había peleado junto con el resto de los elegidos durante la época de las memorias borradas.

Con terror comenzó a treparse el árbol, que tenía un tronco delgado y largo.

A Doguen se le figuró que su peso iba a terminar doblando la madera y rompiéndola, así que rogó a todos los dioses del mundo que lo protegieran.

-Está bien, no vengas, voy por ti y buscaremos dónde refugiarnos- dijo algo tembloroso.

En efecto, sus piernas parecían hechas de gelatina cuando trataba de utilizarlas para trepar. Las manos las atascaba entre las ramas con fuerza, hasta el punto que de algunos dedos comenzó a sangrar.

No estaba dentro de los planes de Doguen caerse y romperse una pierna, por eso tenía que ser cuidadoso.

Tenía que devolverse a su casa, pero con Calumon... si dejaba que ese animalito digital cayera en manos equivocadas, eso podría convertirse en una situación fatal para los chicos de su grupo.

Y aunque se quejaba de la mayoría de ellos, Doguen era parte de esa camaradería, aunque a su manera, claro.

Trataba de asistir a las reuniones, se autonombraba mejor amigo de Yuriko en el instituto -aunque ignoraba a los muchachos, salvo a Toshi-, asistía a los estúpidos torneos de soccer de su primo y apreciaba a todos y cada uno de esos chicos. No eran tan cercanos, sí, pero aún así, Doguen era una persona capaz de sincerar su apoyo y su lealtad hacia ellos.

El sol acaeció, como si no pudiera iluminar más. Los lentes se le resbalaron a Kido y se perdieron entre una maleza negruzca que extrañamente había crecido alrededor del árbol.

-¡Fatalidad!- se quejó Doguen. Su visión se revolvió como la masa de un pastel dentro de la batidora. -Mis gafas, ¡todo menos mis gafas!

Desde que recordaba, el Kido vivía con los anteojos unidos a su rostro pálido. Era miope, pero de los que tenían muchísimas dioptrías. También tenía astigmatismo, lo que hacía que su visión se distorsionara en mal plan.

-Calumon, no seas malo... ven acá- como si fuera el hombre de goma que salía en un anime, enrolló sus largas piernas en el tronco. Embarró su cuerpo en la madera y reforzó su posición abrazando la circunferencia del árbol con su mano derecha.

El brazo izquierdo lo estiró hacia arriba, tratando de capturar a Calumon.

-¿No te das cuenta de que se me cayeron los lentes y no veo NADA? ¿¡Cómo puedes ser tan incosciente y desalmado?!, Mi Pukamon era un digimon bien educado que me obedecía sin cuestionar- mintió Kido, porque en realidad su Pukamon le hacía un poco de bullying, justo como Gomamon lo hacía con Jyou.

-¿Caluuuuuú?

-¡No te hagas el inocente! ¿No ves que tengo una crisis aquí por tratar de ayudarte?, que te sepas que no veo nada, mas que manchas negruzcas, y una bola blanca que supongo que eres tú... ya te lo dije, acércate y ayúdame a bajar de aquí para que podamos ayudarnos mutuamente y vayamos a mi casa; no te olvides de que eres un digimon lesionado y solamente mi padre es capaz de atenderte, ¡entiéndelo Calumon!

-¿Quien eres tú, Calú?- preguntó entonces Calumon.

-¡Ya sabes quien soy! Qué desconsiderado, he velado tus sueños estos días, ¡tan siquiera reconóceme como el hijo del médico que te salvó la vida!

-No tú, calú- respondió Calumon -Ella.

Apuntó algo, no obstante, Doguen no notó nada.

-¡Deja de estar bromeando!- gritó el Kido, dirigiendo su mirada hacia todos lados... la verdad no enfocaba nada, lo que comenzó a frustrarlo.

Seguramente era un Digimon que estaba por atacarlos. Calumon era un digimon tan idiota que lo más probable era que no supiera identificar a los tipos malos de los buenos.

-¿Quieres ser mi amiga, Calú calú?- preguntó Calumón.

-¡Eso no, no te puedes hacer enemigo del amigo! ¡digo! ¡Amigo del Enemigo!... ¡Escucha intruso, ya nos vamos, no nos ataques... la violencia es mala... no querrás meterte conmigo- apretó más su cuerpo en el tronco pero temblaba tanto que tambaleaba el arbolito de un lado a otro sin cesar. -Soy un muchacho de bien ¿te enteras?, pero puedo luchar, digo, perdería, pero puedo luchar... argh, ¡Calumon haz algo!

-Calumon tiene una nueva amiga- sonrió el digital, soltándose del tronco. Planeó como hoja de otoño rumbo al suelo, Doguen, con el mayor esfuerzo posible, pudo notar la bola blanca descendiendo, así que armándose de su mejor arma, la desesperación, se soltó, trató de impulsarse y agarrar a Calumon en el aire antes de que se vendiera al enemigo.

-¡NOOOOOOOOOOOO!- gritó con dramatismo.

Cuando atrapó a Calumon se vio como un flacucho e imposible pseudo-mariscal de campo que acababa de hacer la mejor atrapada de fútbol americano.

-¡CALUUUUUUUUUU!

Y luego, la caída libre lo llevó directo a las malezas.

Doguen cerró los ojos, alargó las orejas de Calumon para tratar de darles función de orejas de Dumbo, pero al final terminaron por estrellarse.

¿Cuantos metros? ¿tres, cinco, seis?... en definitiva le iba a costar la fractura de una de sus extremidades, y después, claro, esa digimon maligna de la que Calumon se había hecho amiga -y que además era muda o algo así- iba a terminar de aniquilarlo.

Ahí quedaría su tumba. Esperaba que la hicieran de un mármol fino, con la inscripción de Doguen Kido: hijo perfecto e inteligente amigo, ¿sería mucho pedir ese epitafio?

Pero mientras alucinaba esas posibilidades a la velocidad de la luz, notó que había aterrizado sobre algo suave.

Su cuerpo había caído de bruces sobre una masa corporal delicada, la cual soltó un gritito de resignación más que de dolor.

Doguen y Calumon rebotaron; después el ser vivo en el que había anterrizado comenzó a llorar.

El hijo de Joe y Jun se puso de pie lo más rápido que pudo.

-Lo siento... espera... ¿dónde estás? ¿quién eres?

-La estás pisando ahora mismo, Calú- explicó Calumon. Ya no parecía atormentado por el paisaje gris y neblinoso del Mar Oscuro.

Doguen dio un salto.

-Lo lamento mucho- repitió al notar que había caído sobre algo con cuerpo de humano femenino e infantil, o al menos eso le pareció cuando se acercó a inspeccionar a su "colchón". -Yo soy un hombre que ordinariamente no hace daño a las damas, es por principios, pero no pude evitarlo, no veo nada y si no te presentas, pues es difícil que no actúe con valentía para defender a Calumon.

-Calú Calú- opinó Calumon.

-¿Puedes dejar de emitir esos sonidos tan cacofónicos? ¿tiene caso que tras cada frase digas Calú-Calú?- Doguen suspiró, se agachó para ver a la presunta humana. -¿Es que no te presentas?

-Lentes- se le escuchó una voz temerosa. Se incorporó lentamente, Doguen notó que se trataba de una niña pequeña y le remordió la conciencia haberle caído encima.

-¡Espera! ¡no te levantes! ¡pude haberte roto las costillas!

-No... no sé... no- ella insistió -... le-lentes.

Desapuñó sus manos y devolvió sus gafas a Doguen Kido.

-¿Las has hallado?

La niña asintió.

Doguen se las puso inmediatamente. Tenían una ranura, pero el simple hecho de haber recuperado sus antiparras lo puso feliz.

-¡Gracias!, qué niña tan cooperativa, los chiquillos hermanos de mis amigos deberían tener modales como tú. - Se permitió verla.

Era una niña con el cabello demasiado largo y oscuro. Tenía la piel clarísima y la cabeza agachada, por lo que el fleco del cabello le cubría los ojos. Sólo se alcanzaba a ver parte de la montura de unas gafas gruesas, de aro negro.

Al Kido le invadió un escalofrío, se parecía horrores al clásico fantasma que aparecía en las cintas de terror de culto del Japón, como la chica de El Aro.

-... No... no... tengas miedo...

-¡Eres nuestra amiga, Calú! ¡Contigo ya no tengo miedo!

Pero Kido dio un paso atrás.

-Estoy agradecido, pero no confío en ti... ¿Qué eres?

-No... no sé...

-¡Yo sí lo sé! ¡Sé olerlos a kilómetros de distancia porque mi padre me enseñó y heredé su poder mítico!, ¡eres una fantasma!

-Yo... bueno... sí... pero... - su voz parecía envuelta en timidez.

Sin seguir la plática, el paralizado cuerpo de Doguen comenzó a movilizarse como si fuera un robot. Tenía que salir de ahí: nada bueno salía de los fantasmas, bueno, salvo de entes como Wizardmon, y esa niña en definitiva había sido sacada de una peli de terror.

Dio media vuelta, pero antes de que comenzara a correr, la fantasmita le agarró con fuerza de la camisa, aunque no cambió su actitud sumisa.

-¡Fuera de mi vista! - exigió Doguen -¡Lo sé, eres una shinigami ¿verdad?!, en realidad me mataron en este bosque sin que me diera cuenta y ahora vienes por mi atormentada alma, ¡pero no me iré contigo! ¡Dile a la parca que se retracte!".

-Mori... Moriko... yo... soy Moriko...- dijo con mucho trabajo, y con temblorina alzó por primera vez su carita.

Doguen Kido gimió del susto. Y no porque la shinigami fuera fea, sino porque... bueno... porque esa criatura fantasmal se parecía un poco a él.

Tenía unos ojos pequeños y negros cubiertos por lentes, una nariz igual de larga que la de él, y el rostro afilado. Las mejillas las llevaba escarlatas, como si le costara mucho trabajo estar ahí o hablar con él.

-¿Moriko?, ¡yo no conozco a ninguna Moriko!

Ella negó con la cabeza.

-Perdón... yo sé... pero...- y del vestidito desabrido y gris que llevaba puesto, sacó una llave -Es la... llave... llave de Witchelny... emblemas... perdidos... yo... yo...

-¿Qué dices?, habla claro, y te exijo que expliques quién eres, a mí de nada me sirve tu nombre de pila- regañó, luego le dieron remordimientos, después de todo había caído sobre la pobre mocosilla. Gracia hacía la chiquilla con levantarse y hablar; de alguna manera se veía que tenía resistencia a los golpes.

-Por favor... la llave... tó-tómala ¿sí?- ella rogó, pero Doguen no dijo ni hizo nada.

La niña puso la llave sobre una piedra. Miró con nerviosismo a Kido.

-Tengo que irme... no pierdas la llave, oniisan.

Los ojos de Doguen se agrandaron.

-¿ONIISAN?

Después de que Moriko le sonrió con timidez a Calumon ,volvió a agachar el rostro, luego, sin más, como si también hubiera sido un ave que cruza el cielo: se marchó, aunque Doguen no supo bien cómo.

-Ya se fue... qué triste, Calú- Calumon saltó hacia la llave y la tomó con sus manitas.

Doguen Kido siguió estático. "ONIISAN", eso había dicho la presunta espectra. Pero él no tenía hermanos, no, qué va, su madre tenía una obsesión por no tener más hijos.

No obstante, esa niña le había dicho hermano y se parecía bastante a él... ¡o más bien a su padre!

Entonces todo estuvo claro, al menos para él.

-¡Qué conmoción! ¡Mi padre tiene una hija fuera del matrimonio!- aulló como un coyote en agonía, como si no hubiera correcaminos para un mañana.

O

No supo lo que estaba pasando.

Tampoco le quedó claro qué había sucedido antes. Taichi Yagami sólo sintió el cuerpo entumido cuando se incorporó de una cama de colchón duro.

Traía el estómago revuelto y una fuerte resaca, como si se hubiera emborrachado cinco días y cuatro noches sin parar.

A sus ojos marrones les costó enfocar con claridad lo que estaba aconteciendo a su alrededor.

Las siluetas se le fueron formando conocidas, aunque – quizá por instinto- sintió que estaba en una pesadilla.

El alma... le dolía. Mucho. Le dolía el alma, como si se la hubieran quemado con llamas de color de atardecer.

Estaba en un cuarto enorme, asemejado a los pasillos llenos de camas que había en los orfanatos u hospicios de indigentes... pero no. La construcción olía a nuevo, y las personas que estaban en ese lugar le eran sumamente familiares. Algunos eran adultos, adolescentes, niños...

Como si su cerebro estuviera congelado, cada vez que Tai trataba de usarlo, un dolor frío le hacía arrugar la frente.

"Ya he estado aquí, antes", se dijo al reconocer la camita donde su cuerpo adulto descansaba. ¿No había volado en esa cama, junto a Agumon, cuando era niño? ¿No estaba ahora en...?

-¡La mansión de de Devimon!- fue la primera frase que articuló. Y sus palabras bastaron para derretir su letarlo helado.

Fue como si le hubiera caído un balde con agua helada.

Estaba, en efecto, en la Masión de Devimon. Pero no en la residencia verdadera que había visitado en el Digimundo, sino en la réplica del Museo Digimon que dirigía su amiga Miyako Inoue y que habían construido con esfuerzo todos sus amigos y también él.

Ahí olía a nuevo.

Lo primero que vio fue a su sobrina postiza Osen Izumi agazapada en el pasillo, con una cara compungida y bañada en lágrimas. Zetaro Ichijouji lo miraba a él, como si presenciara un milagro.

A su lado izquierda, Mimi respiraba aprisa y trataba de sentarse. Koushiro estaba a su otro costado, estaba sentado, como él, pero se cubría la cara, como si no pudiera despertar.

Al fondo, en la entrada de la habitación, Tai vio que el pequeño Ichijouji abría la puerta, por donde, como hormigas sin formación, sus amigos y familiares iban entrando.

Miyako chilló una frase que Tai no alcanzó a comprender. Joe Kido, con un rostro extraviado pero presto a trabajar, llevaba consigo un maletín de primeros auxilios.

-¡Acá, acuesten a Yuriko-chan aquí!- ordenó el médico.

Tai puso toda la atención que pudo al ver a su sobrino Toshiro entrar con Yuriko Hida sostenida, con mucho trabajo, en sus brazos.

Su muchacho, el precioso hijo de Hikari, estaba tan pálido que le hacía parecer un enfermo terminar de VIH. La hija de Cody estaba... ¿enferma? ¿herida?... le vio la ropa ensangrentada.

Cody Hida entró detrás, impotente. Su Kari, su valiente hermana, trataba de calmar al menor de los elegidos del año 2002.

-¿Cómo quieres que me calme, Hikari? ¡Mi hija está lesionada! ¡No quiere que la toque! ¡Prefiere que tu hijo la cargue! ¡Y ve, el chico ya ni fuerza tiene!

-Iori-kun, tranquilo, por favor...- Kari notó a Tai - ¡Hermano, has despertado!

Taichi quiso responderle inmediatamente, pero aunque su primer enunciado había sido claro, una nueva fase de aturdimiento lo acogió, al menos esos instantes.

Notó a otro herido, el hijo de Mimi, Ben. Yacía como muerto en una camilla. La piel la traía irritada, enrojecida. Manchones de moretones y cenizas le adornaban el cuerpo. Lo que le pareció más alarmante es que parte del cabello del presumido principito estaba quemado...

El cuarto no sólo olía a construcción nueva, sino más bien a construcción quemada.

Kurumi Ichijouji, el hijo y la esposa de Daisuke también habían entrado a la habitación, lo mismo Kotaro-chan, a quien Tai le parecía tan adorable como su Sora.

Dos personas más: una niñita con ojos asustados y una mujer que le pareció conocida, también entraron a la alcoba, la cual se sintió tan atiborrada que el primer elegido del Valor quiso vomitar.

Llantos, gritos, gemidos... todos al mismo tiempo.

-Esto sí que se ha puesto complicado- opinó Satoru, sacando una extraña libretita en la que empezó a apuntar sabrá Dios qué cosas.

-¿en qué puedo ayudarte, tío Jyou?- preguntó solícito Kotty.

-¡Aparecieron sin más en la mansión!- exclamó Yolei -no sé cómo fue, Ken y yo los hallamos en la casa, ya lo han visto, hay restos del avión, todo quemado... la sobrecargo y los pilotos, muertos.

Mimi se echó a llorar cuando ya por fin pudo sentarse en la camilla y enfocó frente a ella a Benjamín Tachikawa herido.

-¡Mi Benji! ¡Qué le hicieron a mi Benji! ¡¿y dónde está mi bebé?; Osen-chan, ¿qué pasó?... Kou-chan... ¡¿por qué estamos aquí?, ¿Dónde está el avión?!

Koushiro no le contestó; la Osen llorosa, tampoco. Pero para Tai, esas exclamaciones dolosas de Tachikawa volvieron a revolucionar su adrenalina.

La palabra se redactó de inmediato en su pizarra mental.

"Soji"...

Era verdad, anteriormente estaba en la aeronave que le habían prestado para ir a recoger a su hijo a los Estados Unidos.

Lo último que recordaba era haberse quedado dormido en el avión en el que viajaba con su trillizo rumbo a casa, para que conociera a Hidemi y Taiki.

-¡Mierda!, ¿dónde está So-chan?- por fin Tai se puso de pie, tambaleante.

-Taichi, Koushiro, Mimi... ¿qué los hizo despertar?- preguntó Inoue.

-Hermano, tengo una flor de la armonía que te hará sentir mejor.

Tai hizo a un lado a las dos mujeres sin importar lo que le habían comunicado.

-¿¡Dónde está Soji?!- repitió Taichi, pero Miyako y su hermana se quedaron calladas.

-No está, señor Yagami- dijo rápidamente Sato-kun, entrometiéndose a la conversación como si fuera un adulto -No fue transportado en el portal dimensional que se abrió para traer a los perdidos del avión, una teoría es que a lo mejor una digimon maligna, como la que atacó a mi hermano, se lo raptó, y tal vez se llevó a Tulo, pero espero que no los maten, porque Min-chan se pondrá triste y yo... yo... no quiero ver muertos, porque abajo hay señores muertos y no quiero que Tulo se muera y...

-¡Deja de decir tonterías, Sato!

Kurumi corrió hacia su hermano y le tapó la boca al nene de 7 años, al cual le saltaron dos lágrimas de sus ojos azules.

-¿Pero qué está diciendo el niño?- cuestionó alarmado Koushiro. Mimi intensificó su chillido, corrió tambaleante hacia donde estaba Ben y comenzó a sacudirlo.

-¡Auch!- gritó Kurumi -¡Sato malo, no me muerdas! ¿¡Qué no sabes que acaban de chocarme y estoy lastimada?!

-¡¿Qué?!- gimió Miyako.

Pero Satoru tomó aire y continuó su discurso informativo tras volver a morder a su consanguínea.

-Una niña enana muy molesta se apareció como si fuera un fantasma y le dio a mi hermano Zet una clave o algo así; ella fue quien despertó a los adultos.

-¿Una niña enana?- volvió a cuestionar Izumi, quien se había levantado para socorrer a su hija, quien parecía estar en un estado de trance.

-No era una niña enana, solamente una niña, dijo que se llamaba Koemi. A mi juicio, parecía una niña elegida relacionada con Genai-san- comentó Zetaro.

-Pero Genai murió... - recordaron al mismo tiempo los primos Toshiro y Kotaro.

Mimi siguió tratando de despertar a su hijo mayor con histeria, Hikari llegó hasta la primera elegida de la Pureza y le dio una pequeña florecita.

-Son flores de la armonía, estoy segura de que ayudarán a Benjamín-kun- le dijo -también agarra una para ti, luces muy pálida.

-¡No entiendo lo que está pasando aquí!- gruñó Taichi.

Un gemido de Yuriko desalentó a los presentes; Toshiro chasqueó los dientes, desesperado, sin soltar la mano de su novia, a quien habían depositado en la cama.

-¡Basta ya! ¡Fuera de aquí!- mandó Joe -los quiero fuera de la habitación a todos menos a los enfermos y heridos, ya allá afuera se ponen de acuerdo sobre nuestra situación y lo que procede.

-Pero Jou, mi hija está herida y no me quiere decir lo que le pasa- se molestó Cody.

-Querido- dijo la mujer que había entrado junto a la niña, -lo mejor será hacerle caso a Kido-sensei, Kaede y yo iremos a casa.

-Te ruego por favor que no te vayas, Noriko- pidió Iori.

-¿Eres Noriko-chan?, ¿Tienes una relación con Iori?- preguntó de repente Koushiro.

-En serio, ¡¿qué demonios está pasando aquí?!- insistió Taichi.

-Hablo en serio, ¡FUERA!- se histerizó Joe - Miyako, saca a tus hijos de aquí, sobre todo al bocón. Tú también, te quiero afuera de aquí, Kyosuke; Makoto-san, por favor insta a tu hijo que me obedezca- mandó a la mujer -Lo siento Cody, pero ya que revise a tu hija voy a poder hablar contigo sobre su problema, antes no... Kotaro-kun, tú serás mi ayudante cuando las cosas se calmen, pero por el momento acompaña a los demás.

-¡Yo no puedo despegarme de mi hijo!- lloró Mimi, colocando la flor de la armonía entre las manos de su primogénito.

-No quiero separarte de él, Mimi; Tai, Izzy y tú estaban desvanecidos y tengo qué revisarlos.

Makoto fue la primera en abandonar la habitación con diligencia. La siguió Miyako, quien tomó en brazos a su hijito lengua-suelta; Zetaro salió con premura, como si quisiera aislarse del mundo. Kurumi fue tras su familia y Kyosuke la siguió sin chistar.

-Por favor, si necesitas algo sólo dínoslo, tío Joe, mientras me aseguraré de hacer guardia.

El médico asintió.

-Hikari, necesito que me apoyes aquí dentro.- agregó Kido - En el caso de Osen...

-Mi hija no está bien, no me responde y no deja de llorar- avisó Koushiro.

Taichi se inclinó y comprobó que su sobrinita postiza parecía perdida o al menos muy ensimismada.

-Es porque le robaron los pensamientos de la curiosidad, o al menos eso dicen mi madre y mis hermanos- interrumpió de la nada Satoru -Ahora funciona como una androide, yo la he entrenado dándole a estudiar el código de ética de mi familia.

-¿¡Qué no te habían sacado de aquí?!- regañó Joe a Sato -Por Dios, ¡saquen a este niño y pónganle una cinta en la boca por mí!

Kotaro Ishida tomó a Satoru de la mano.

-Sato-kun, ¿por qué te escapaste de tu mami?, ven, te llevaré con ella.

-... Y si Osen-sama llora es porque mi hermano es un cabrón- anexó con una inocencia diabólica que hizo Koushiro arrugara la frente.

-Eh, Sato-kun, a veces decir ese tipo de cosas es innecesario - consideró Kotty, apresurando el paso para evitar que el niño siguiera proporcionando datos tergiversados.

-Sólo estoy dando información, Kotaro-senpai, si me preguntas a mí, mi hermano Zet no es tan malo, también le dio un beso en la boca y sé que eso le gusta a las mujeres- se defendió el niñito.

-¡¿Eh?!- soltó Koushiro, pero Kotty se sacó al nene de la habitación y cerró la puerta con fuerza.

Entonces, Toshiro miró con agonía a Joe.

-Está bien, puedes quedarte, Toshiro-kun, aunque Cody se pondrá furioso porque te dejé a ti en el cuarto y a él no- renegó el médico.

El joven asintió, se sentó al lado de Yuriko y suspiró agradecido.

-¿Cómo sigues, Yuri-chan?

-Estoy bien... la flor de Hikari-san me ayudó mucho.

Tai vio con sorpresa la entrega de su sobrino para con su novia. Cuando notó que el de cabello castaño tocaba con adoración y cuidado el vientre de la chica, se le aceleró el corazón.

-Toshi...- dejó salir Tai, mientras permitía que Kari le diera la extraña florecita mágica.

El adolescente de 16 años miró a su tío con preocupación.

-Tío Tai... - susurró cuando Taichi llegó hasta donde estaba él -Voy a ser papá...

Taichi rodeó a su sobrino consentido en sus brazos.

-No te preocupes, todo estará bien Toshi.

El ex embajador hubiera querido hacer una broma para aligerar el aire que respiraba el primogénito de su Hikari, pero su preocupación por Soji se lo impidió. Además ¿Dónde estaban Hidemi y Taiki?

-Termina de repartir las flores, Kari. - mandó Joe - Tai, Toshi, háganse a un lado, necesito ver por qué el sangrado de Yuri no cesa.

Koushiro y Mimi habían quedado silentes ante la confesión de Toshiro, sobre todo el ex elegido del Conocimiento, quien había ayudado en la crianza del muchacho.

Izumi ayudó a Osen a ponerse de pie. La sentó en la cama donde él había estado recostado.

-De verdad, hijita, ¿te han robado los pensamientos de la curiosidad, como me pasó en el pasado?

La chica no respondió.

-No te preocupes Koushiro, intentemos darle estos pétalos- sugirió Hikari.

La situación estaba tan compleja y había tanto por qué preocuparse, que de alguna manera el embarazo de Yuriko era una buena noticia, porque conllevaba vida, o al menos eso quiso creer Tai, a pesar de que las manchas de sangre que rodeaban la falda de la chica Hida le provocaron un calambre en el vientre.

-Kari, ¿Qué son esas plantas?- preguntó tembloroso Koushiro, dando pétalos de la misma a su pelirroja.

-Me las dieron en un sueño, son curativas- explicó Kari, con su clásica magia de siempre.

-Ya veo...

Sin dejar de abrazar a su sobrino como si fuera un niño pequeño, Tai notó que aunque Kari trataba de comportarse con normalidad, sus movimientos -dulces, cabía destacar- se veían automatizados, como un fantasma de luz perdido en una dimensión oscura.

-Sucedió algo más, ¿no es así, Kari-chan?- le indagó a su hermana.

-Un Demon Lord secuestró a mi hermanita...- respondió Toshiro -el mismo digimon atacó a Yuri, quería herir a mi hijo...

Taichi apretó a su sobrino.

-Cuando hablas de tu bebé, te oyes como un verdadero valiente- no pudo evitar decir, a pesar de que frente a Tai, Toshi sólo había hecho dos comentarios relacionados con su paternidad.

-A Soji y a Tulo también debió llevárselos el Barbitas... - Ben habló, sin abrir los ojos.

La hinchazón de la piel y las quemaduras comenzaron a desinflamarse en gran medida, sólo quedaron secuelas de su quemadura en la frente, en los brazos y parte de su cabello.

La playera quemada no volvió a reconstruirse.

-¿El Barbitas?- preguntó Koushiro.

-¡Esas flores hacen milagros! ¡Gracias Hikari-chan!- agradeció Mimi, besando a su hijo, quien recibió el afecto con malhumor.

-Su nombre real es Barbamon- resonó Ben con la voz ronca.

-También es un Demon Lord- relacionó Koushiro.

-¡Es lo de menos!- Ben se incorporó con brusquedad, se puso de pie, se mareó y regurgitó ácido de su barriga. Luego apuntó con furia a su hermanastra -¡La Cerebrito nos vendió!, Barbamon le lavó el cerebro y la hizo abrir el portal que lo transportó al avión, donde el asqueroso digimon atacó a mi bella madre y a los demás; los dejó noqueados e inservibles con su poder... quería llevarse al clon de Taiki, hice lo que pude, pero el insecto del demon Lord me electrocutó con otro poder surrealista, por lo que no sé qué demonios pasó con mi hermano y Soji.

-¡Por Dios!- se alteró Mimi.

-No estés diciendo que tu hermana nos vendió- se molestó Izzy.

-¡Es la verdad!, si ella no hubiera estado husmeando en las redes, el enemigo no la habría contaminado.

-Benji, ella no lo hizo a propósito- agregó Mimi.

Ben gruñó ante el comentario de su madre porque iba enfocado a beneficiar a su marido y no a él.

Sin importarle su padrastro y su madre, tomó a su hermanastra de los hombros con fuerza.

-¿¡Qué pasó después de que me venció ese insecto digital?! ¡¿Por qué demonios no ayudaste al clon y a la mini cucaracha?!

-Ya te dije que no le grites- Koushiro separó a su hijastro de su niña.

-¿Por qué? ¿Porque sus benditos pensamientos de la curiosidad fueron succionados? ¿y eso qué?, eso no es excusa para perder a Tulo...

Osen Izumi bajó su mirada. Sus lágrimas seguían corriendo.

-¿Entiendes, Cerebrito?, ¡no es excusa!, ¿o qué? ¿no me digas que lo único que hace latir tu corazón son tus pensamientos curiosos? ¿Es tu única cualidad?

-¡Cállate hijo!- rogó Mimi.

Tai movía la cabeza de un lado a otro, tratando de captar las dos escenas que estaban aconteciendo.

Por un lado, Joe Kido estaba concentrado en revisar los signos vitales de Yuriko; Toshiro y Hikari estaban absortos en esa revisión.

Por el otro lado, el hijo de la princesa del Digimundo estaba haciendo un berrinche y confrontando el estado zombi de su sobrina postiza.

Se estaba volviendo loco. No tenía idea de dónde estaba ninguno de sus hijos. ¿Y Yamato y Sora dónde estaban? ¿estaban resguardando a sus chicos y a los demás? ¿y la madre de sus trillizos estaba bien?

Sacudió la cabeza todavía mareado, aunque su malestar estaba cediendo gracias a la planta que le había dado su hermana, la cual se estaba tornando de un color pardo, siendo que antes era de una blancura inmaculada.

-¡No me da la gana callarme! ¡No entienden el punto aquí!- exclamó encolerizado Ben, provocando que a Mimi le ganara la desesperación y lanzara un delicada cachetada a su principito.

Fue un gesto de regaño, pero a la vez suave, aún así, Ben se llevó la palma a la mejilla y sus ojos se cristalizaron.

-¡Lo único que me faltaba! ¡Que mi madre me lanzara una bofetada sin gracia!

-Es que Benji, tienes qué calmarme.

-¡¿Y con eso voy a calmarme?!, ese Barbitas me carbonizó en un instante, ¡¿tienes idea de lo que va a hacer con un crío de cinco años que se orina cada vez que se asusta?!

-Ben, te voy a pedir que salgas de esta habitación, Joe está intentando revisar a Yuriko-chan, y si tienes respeto por los demás, te pediré que vayas a hacer tu berrinche a otra parte- dijo con rudeza Izzy. Mostraba el gesto serio, sus ojos negros no parecían tener profundidad alguna.

-¡Me largo entonces!- gruñó, pero al dar media vuelta, tomó la mano de su hermanastra, quien lo siguió sin chistar.

-¿A dónde crees que te llevas a Osen-chan?- regañó Mimi.

-La estúpida Descerebrito y yo tenemos cosas qué arreglar sin insectos presentes- dijo con una falsa dignidad que hizo que Mimi intentara detenerlo.

Sin embargo, Izumi detuvo a su mujer. La sujetó con fuerza de la ropa y la jaló hacia su regazo.

-¿Qué haces?, déjame ir a detenerlo, ¡sabes que le dirá cosas feas a tu hija!, tengo qué calmarlo para que se disculpe y… y… lamento que se porte así… ¡Lo siento mucho, Kou-chan!, está exaltado… está muy herido y saca su enojo de maneras inadecuadas… es berrinchudo como yo y…

-Déjalo. –fue la respuesta de Koushiro –Sabes que no estoy de acuerdo con los modos de Ben, sin embargo… cuando te succionan los pensamientos de la curiosidad, necesitas que alguien te permita entrar en razón. En mi caso, mi digimon me hizo volver a ser yo… ¿por qué no permitir que tu hijo haga reaccionar a Osen al menos un poquito?... además, ¿has visto que a tu principito le brillaban los ojos de preocupación por nuestro Tulo?

-Sí… nunca lo dice, pero adora a su hermanito.

-Ten por seguro que no sólo adora a Tuls, también quiere mucho a Osen.

-Yo… espero que tengas razón.

Koushiro se acercó a Joe y a Hikari, le puso las manos en el hombro a Toshi y dijo.

-Toshiro, confía en la luz que siempre has emanado desde niño; estoy seguro de que Yuri, tu bebé y tú estarán a salvo. Estaré para apoyarlos a ti y a Yuriko sin importar la situación.

Mimi sonrió con levedad a Yuriko. La chica estaba agotada y su dolor era discreto.

-Preciosa, todo estará bien…

-No queremos estorbar, esperaremos afuera a que Joe termine la revisión, con su permiso.

Toshiro sólo pudo asentir, pero no se movió de su sitio, ni soltó a su novia.

Tai tuvo la necesidad de salirse junto con los Izumi, pero simplemente no pudo hacerlo, al menos no cuando vio que la cara de Jyou Kido se deformaba mientras revisaba a Yuri Hida.

O

Ben caminó con rudeza y torpeza a la vez, sin importarle las miradas de los presentes.

-¡Ben, despertaste!- alcanzó a decir Kurumi, pero el principito no le dedicó siquiera una mirada, sólo arrastró a su hermanastra hacia una de las habitaciones de la mansión y cerró la puerta.

-Aquí nadie podrá molestarnos, ¿Ahora sí vas a decirme por qué te vendiste al enemigo?

Osen Izumi se encogió. Fue doblando las piernas hasta acuclillarse, dejando al descubierto sus piernas delgadas y con algunos moretes.

-¡Contéstame!- gruñó.

Otro silencio incómodo se formó entre los hermanastros.

-Sé que puedes contestarme, así que hazlo de una vez.

La pelirroja alzó la cara. De los ojos negros a su barbilla se habían formado surcos de lágrimas. Tenía las ojeras hinchadas y las cejas gruesas en posición contraria a un arco iris.

-Go…gomen…

-Puedes hacerlo mejor, insecta.

Osen se tocó el pecho. Cerró los ojos, los apretó. A Ben le pareció que la chica trataba de esforzarse.

-Siento… - finalmente dijo – mucho dolor… mucho vacío… estoy lejos de la verdad.

-¿Y eso qué tiene que ver con lo que te estoy pidiendo?, ¿qué pasó con el clon y con Tulo? ¿Por qué demonios caíste en las redes de un digimon? ¿Qué no eres MUY lista?

-Lo siento…-dijo pausada, como si las palabras se le confundieran –me duele mucho pensar…

-What a fuck?!

-No… quiero hablar… ahora- susurró –no puedo pensar… duele y… yo ya no soy nadie…

-¡JA!, pues me decepcionas, ¿o sea que de verdad sin tu curiosidad no eres nada? ¿es tu única gracia en el mundo y por eso debo compadecerte?, el mocosillo Ichijouji, según oí mientras me recuperaba, dice que eres una androide, ¿o sea que ahora te crees una máquina que se programa?, ¿Eso hizo Barbamon, Cerebrito? ¿Programo tu cerebelo para que abrieras ese portal y tú de autómata le hiciste caso?

-Ya… por favor.

-¿¡Tienes idea de lo preocupado que me pusiste cuando el digimon ese dijo que te hipnotizó?!

-Gomen…

-¡Deja de pedir disculpas!- La voz de Benjamín se enronqueció más por tantos gritos, por eso se raspó la garganta y tosió un par de veces.

Osen le pegó con ternura en la espalda, para que se le fuera el ataque de tos. Ella quería toser, como siempre, pero no pudo… ni siquiera podía resguardarse en su asma.

-¿Quién te dijo que me palmearas la espalda? ¿o lo hiciste por ti misma?

Osen se mordió los labios.

-Eres más que un cerebro con patas, ¿estás consciente de eso?, ¡eres una niña elegida y no puedes dejar que un digimon maligno llegue y te maneje a su antojo!, no debes abrir portales malignos, no debes ser tan avariciosa, no debes dejarte hipnotizar, no importa si te quitan la curiosidad o lo que sea, tienes qué seguir siendo tú, ¿has entendido, retrasada?

-Hai

-Bien, ¿entonces qué has entendido?

Osen tardó en reaccionar. Nuevamente apretó los ojos y la frente. Los arrugó como si fuera una anciana centenaria. Se jaló los cabellos rojos desordenados, como si eso le ayudara a acelerar a sus neuronas.

Adentro, en su mente, había una revolución. Sus ideas se entremezclaban, sus neuronas parecían estar en huelga; su corazón estaba roto y la única palabra clara en su mente era Óleo.

A pesar de que no tenía ánimo de seguir pensando y de que la curiosidad le había sido robada por un ladrón fortuito, la chica hizo su mayor esfuerzo por conectar sus ideas, las cuales parecían estar aisladas en la neblina… sacarlas de esa oscuridad era doloroso.

-Tú dices que soy más que mi curiosidad…

-No importa lo que digo yo, ¿qué piensas tú?

-Yo ya no pienso lo que quiero pensar- confesó –aún así, ¿me aceptarías sin ser… cerebrito?

-Aunque te convirtieras en un burro tú seguirás siendo mi hermanastra "la cerebrito", no seas insecta- animó con gesto altivo Benjamín.

Osen le abrazó desesperada y se puso a llorar sin ningún tipo de discreción. Más bien, sus lágrimas salían en forma de sollozos en crescendo.

Como nunca antes, ella se recargó en los hombros de Ben y los humedeció.

-¿Quién iba a pensar que una chica con cara de mustia iba a tener un llanto escondido tan ruidoso y moquiento?- renegó.

-Es que… duele mucho…

-¿El no pensar como tú quieres?

-No sé…

Ben la separó de su regazo. La hizo a un lado sin ningún tipo de delicadeza.

-Bien, una vez aclarado que tienes corazón además de cerebro, tienes que hacer esfuerzos por no volver a caer en el dominio del enemigo, prometo buscar esos famosos pensamientos curiosos, digo, si es que de verdad tienen forma corpórea, porque está medio raro eso de que te los saquen como a un trozo de tripa ¿no?... en todo caso, piensa en la curiosidad como una idea, y las ideas vuelven a crecer, sólo necesitan que alguien crea en ellas.

-Arigatoo…

-Empieza recordando qué diablos pasó con nuestro hermano y el clon de Taiki… o lo que sea, pero recuerda algo útil.

-Koemi…

-¿Koemi?¿es un código o qué demonios?

-Koemi estuvo aquí- fue lo que dijo Osen antes de ponerse de pie y salir de la habitación, secándose las lágrimas.

O

Kurumi gruñó. Había pasado mucho tiempo limpiando el rostro y las heridas del principito Tachikawa para que éste optara por ignorarla cuando al fin había despertado.

-¿Pero qué le pasa a Ben?, ¡es un malagradecido! ¿Después de que tuve que curar sus heridas en su perfecto rostro sin barros se atreve a ignorarme?- renegó la chica.

-Creo que está enojado- aportó con inocencia Kotaro Ishida.

Después de que Jyou Kido los había corrido de la habitación de los enfermos, todos los chicos, además de Cody Hida y su nueva familia, se habían aglutinado como sardinas en el amplio pasillo de la réplica de la casa de Devimon.

La única noticia que había salido del cuarto del doctor Kido había sido Ben Tachikawa, quien después de jugar el rol de bello duermiente y quemado, había salido del cuarto con la cara contagiada de ira y el humor de los dioses del inframundo. Llevaba de la mano a su hermanastra Osen Izumi, quien los presentes sabían que se encontraba en un estado de zombi porque le habían robado los pensamientos de la curiosidad.

Sin embargo, para pesar de Kurumi y los presentes, Ben los había ignorado y se había encerrado en la habitación contigua, lo que había provocado desconcierto general y un suspiro desconsolado por parte de Zetaro Ichijouji.

-Parece que tienen asuntos pendientes, déjalos - dijo Kyosuke Motomiya, mientras con una letra horrorosa, escribía en la agenda que le había prestado el pequeño Satoru.

Miyako se asomó por el cubo de las escaleras.

-Makoto-san y yo hemos preparado té- dijo hacia los chicos - Te haría bien uno, Cody.

Pero el abogado miró con seriedad a su amiga.

-No voy a moverme de aquí hasta que Jou me diga lo que pasa con mi hija y hasta que me explique por qué dejó adentro de la habitación al hijo de Hikari.

Miyako terminó de subir las escaleras y se puso las manos en la cintura.

-¿Es que estás celoso del novio de tu hija?, es normal que las chicas prefieran al novio, sobre todo cuando la relación que tienes con ella no está en los mejores términos. - le dio por decir a Inoue, a pesar de que Kurumi le hizo señas a su madre para que se quedara callada.

Esta vez, la mirada que le lanzó Iori a su mejor amiga fue todo, menos amistosa.

La puerta de la habitación de los lesionados volvió a abrirse y de ella salieron los esposos Izumi.

Los dos lucían casi igual de confundidos desde que habían despertado, pero se les veía mejor cara.

-¡Mimi, ¿cómo sigues?!- dijo entonces Miyako, para aligerar el tenso ambiente que se había desarrollado en torno a ella y a Hida.

-Hikari-chan me dio una flor mágica y estoy mejor, pero hasta no saber dónde está mi bebé no podré estar en paz.

-¿Cómo está Yuriko, Koushiro?- preguntó Iori sin ninguna formalidad, más bien se le notaba a punto de hacer explosión.

-Jyou la sigue revisando, n-no te preocupes- titubeó un poco Izzy, bajando la mirada porque los ojos verdes de Iori tenían una mirada insostenible. El informático alzó la vista hacia Miyako- Necesito un lugar con buena conexión para ponerme a investigar, quiero el brazalete digital de mi hija para ver cómo fue que pudo abrir el portal y para localizar a Tulo y los demás chicos perdidos.

Satoru Ichijouji cedió de mala gana el brazalete de Ben al padrastro de éste.

-Osen-sama tenía el brazalete de Ben-san- explicó, ya sin menos energía que antes, porque había terminado muy regañado por su madre y hermana.

Por su parte, Zetaro le dio un papel a Koushiro, a pesar de que éste le hizo un gesto de desapruebo.

-La niña Koemi de nuestra visión me nos lo dio para que investiguemos esa clave.

-Hicimos té, hay un estudio en la planta baja en donde estamos Makoto y yo, esperándolos, ¿no te desconcentraría investigar mientras tomas un té con los demás, Izzy?

-Yo podría investigar sin desconcentrarme aunque el mundo se estuviera acabando delante de mí- optó por decir, con voz cansada, el primer portador del Conocimiento.

Mimi se sorbió la nariz y se limpió las lágrimas.

-Si hay provisiones, podría hacer un pastel... apuesto que nadie ha tenido tiempo de comer algo.

Miyako asintió.

-Las personas que perdieron la vida en el avionazo ya no están en la cocina, Makoto dice que desaparecieron... así que con un poco de limpieza podremos utilizarla, hay provisiones que trajeron del supermercado.

La primera elegida de la Pureza asintió con ternura.

-Haré el pastel favorito de mi Tulo, para que cuando lo rescatemos se ponga feliz.

Noriko se mordió los labios y puso su palma en el hombro de la Tachikawa.

-Mimi-san, no sé lo que está pasando con tu bebé, pero si puedo ayudarte en algo, por favor dime.

-Muchas gracias... ¿Es verdad que te has casado con Cody?- preguntó Mimi, quien había estado en Estados Unidos los últimos días.

Noriko asintió, se sonrojó un poco.

-¿Y esa niña tan linda es tuya?- preguntó Tachikawa, apuntando con dulzura a Kaede.

-Sí. Ya tiene 10 años, se llama Kaede.

-Me puedes ayudar si te vienes con tu hija a tomar el té que Miya hizo para nosotros, necesitamos relajarnos- hipeó Mimi -y eso también va para ti, Iori-kun, tienes que ser fuerte para Yuriko sea lo que sea que le detecte Joe, ¿verdad, cielo?

A Koushiro se le enrojecieron las orejas, incluso le zumbaron. A leguas se veía que Cody Hida no estaba enterado de que su única hija estaba embarazada.

-Sí... tienes que estar relajado para apoyar a tu hija, y no hay diferencia alguna en si esperas por la revisión de Joe de pie o sentado y tomándote un té con nosotros.

-Vamos, querido, haz caso de lo que Miyako-san y Mimi-san dicen- aconsejó la segunda esposa de Hida.

Cody soltó el aire que tenía atorado en los pulmones, su mirada dura cedió un poco.

-Está bien... sólo unos minutos y regreso a hacer guardia- dijo por fin.

Noriko rodeó a su marido por los hombros, Kaede le tomó la mano, y tras una última mirada a la puerta, Cody siguió a las nuevas mujeres de su vida.

-El té va para ustedes también, chicos- agregó Miyako antes de desaparecer del pasillo.

-Ush, mamá, no tengo sed- renegó Kurumi.

-Muchas gracias, señora Ichijouji- dijo Kotaro, el cual seguía cuidando a Satoru.

Zetaro y Kyosuke no respondieron, sólo resoplaron y asintieron. El de cabello lila veía sin cesar el cuarto donde Ben y Osen se habían encerrado.

-¿Dónde está Min, Kotaro-senpai?, es que si está su mamá aquí, ¿dónde está ella?, tengo que decirle que se raptaron a Tulo y luego tengo que crear un súper plan secreto para rescatarlo y evitar que ella se ponga a llorar.

El pelirrojo acarició la melena lisa y oscura de Satoru. Se le veía triste, pero más maduro que nunca, sobre todo si se tomaba en cuenta que todavía iba en primaria.

-Sato-kun, vamos a que tomes un poco de té, después te prometo que platicaremos de mi primita, ¿te parece?

-Kotaro-senpai, yo soy un niño genio, yo sé cosas que los niños de siete años no saben nunca... y si tú quieres tratarme como bebé y llevarme a tomar un té y luego a tener una plática de senpai a kohai, quiere decir que algo le pasó a Min ¿a que sí?

Kotaro apretó la mano de su pequeño amigo y se inclinó a su estatura.

-Escucha, Sato-kun...

-¿Se la llevaron los digimons malignos como a Tuls?- preguntó el chiquito con la voz quebrada.

-La situación se ha puesto difícil, pero escucha...

-Se la llevaron ¿verdad?

-Lo lamento, no pude impedirlo- Kotaro se echó en brazos a Satoru, quien lo abrazó con fuerza y empezó a lagrimar.

-Tengo que rescatarlos, Kotaro-senpai- susurró Sato.

-Sí, vamos a rescatarlos, te lo prometo... ahora es mejor que comas algo para recobrar energías, sólo así podremos rescatar a los demás- respondió Kotaro, todavía con el pequeño en brazos. -¿Gustan algo de la cocina, Kyo-san, Kurumi-san y Zet-san?

-No gracias, campeón- dijo Kyo.

Zetaro negó con la cabeza.

-Yo tampoco quiero té, pero gracias por cuidar de Satoru- le dijo la hermana mayor Ichijouji.

Zet vio que el pelirrojo Ishida y su hermanito se marchaban. Él también se puso de pie y comenzó a alejarse del pasillo.

-Necesito algo de aire fresco.- avisó a su hermana.

-Ni se te ocurra salir de la casa, Zet, los Demon Lord están por todos lados- ordenó Kurumi.

-No lo haré, sólo quiero un poco de tiempo a solas. Servirá si asomo la cabeza por una ventana.

Y sin más, también Zetaro dejó de ser parte del paisaje de Kurumi y de Kyosuke.

-¿Qué demonios estás apuntando en esa libreta?, ya te pareces a Sato, y eso no sé si sea recomendable.

-Los adultos están demasiado conmocionados y hay cosas en las que no están pensando, como en instalar algunas cámaras y alarmas en esta casa y el resto del museo, o poner algunas trampas para el enemigo. Sólo estoy planeando una estrategia.

-Ush, ¿por qué serás tan idiota, Kyosuke?, una alarma, una trampa... todo eso es una tontería. Los reyes demonios han demostrado que pueden abrir y cerrar portarles desde dentro de la casa o donde quieran, ¿o si no de dónde crees que aparecieron los restos del avión?... y sin dudar ninguna alarma o trampa que pongamos podrá detener a esos digimons que tienen ataques inverosímiles... incluso, las trampas podrían ser contraproducentes si tuviéramos que escapar, ¿es que enserio no tienes un gramo de cerebro?

-¿Estás queriendo decir que nos derrotarán sin importar lo que hagamos?

-Estoy diciendo que no tienes idea de cómo enfrentar a esos monstruos y por eso sacas ideas tontas, pero no me extraña, siempre has sido estúpido.

-Soy... soy el líder de los niños elegidos.

-Dos cosas, Motomiya. Primera, de niños ya no tenemos nada, a excepción de Kotaro y los que nacieron después; y segunda, tú no tienes madera de líder, al menos no funcionas correctamente sin el presumido de Seiyuro y el dizque iluminado de Toshiro, los cuales, POR SUPUESTO, están fuera de circulación en esta desaventura... uno convalece en cama por una cirugía causada por el enemigo; el otro vive sus últimos momentos de vida, porque, ¿has visto la cara de tío Cody?, estoy segura de que asesinará a Toshi después de que se entere de que dejó embarazada a su hija.

Kyosuke encogió los hombros.

-¿Te has golpeado la cabeza después de haber chocado?- cuestionó el joven -¿O es costumbre tuya aventar tanto veneno por tus bonitos labios?

-¡Vete al demonio!, maldito besador con aliento apestoso.

Esta vez, Motomiya sonrió con orgullo.

-Me da gusto que recuerdes nuestros primeros besos, Kurumi-chan.

-¡¿Es que no has oído bien?!, tus besos fueron horribles, me supieron apestosos y eso no es ningún cumplido, ¿te enteras?, significa que eres un sucio... por más que me lavo los dientes no se me quita tu aliento desagradable.

-El amor no se quita con enjuague bucal, Kurumi-chan- el hijo Daisuke se acercó a la chica y de nuevo la puso entre la pared y su cuerpo.

-Ay, quítate ¿sí?, me asfixias, ya te dije que apestas- la de cabello oscuro hizo el intento por apartar al musculoso muchacho de ella.

-¿De verdad no te lastimaste en el choque, Kurumi?

-No. Y quítateme de encima, ¿qué quieres? ¿amenazar con volverme a besar?, porque desde ahorita te digo que eso no va a repetirse.

-¿Ah no?... pero entonces, Kurumi-chan, ¿por qué estás temblando ahora mismo? ¿es porque estoy cerca de ti? ¿no será que sí te gustan mis besos y sólo finges que te desagradan?

-No se te da bien eso de cortejar a una mujer con esos argumentos idiotas- se quejó ella -No eres tan guapo como Sei, ¡odio tus cumplidos, son mediocres a más no poder!, no tienes la seriedad de Toshi, ¡sacas pésimas notas!, ni la perfección de Benjamín, ¡jamás podrás tener ese cabello!, ni el look rebelde de Taiki... ¡así que no intentes parecer cool ante mí, que soy una diva!... déjate de tonterías, ¿quieres?; yo no estoy temblando por ti, es por la situación, por los Reyes Demonios o como se llamen... y este terrible chaleco antibalas me asfixia, así que quítate...

-Te ves muy sexy con ese chaleco de la policía nipona, ¿Aún así quieres que te lo quite? ¿Estás segura?

Las manos morenas de Kyo se dirigieron al abdomen de la chica. Tocaron el pesado y frío chaleco, para luego comenzar a desabrocharlo.

-Vamos... déjame... me sacas de quicio.- se quejó Kurumi.

Una vez desabrochada, Kyosuke deslizó la pesada prenda antibalas hasta el suelo.

-¿Mejor?

-Vete a la mierda, o a alucinar que eres un líder... déjame o me pondré a gritar como insana hasta que vengan los demás.

-Entonces me acusarás de acosador ¿no?- preguntó, sus ojos se estacionaron en el ahora descubierto abdomen de Kurumi.

Lo tenía plano, de su ombligo se asomaba una arracada y alrededor del vientre se desprendían perlas, pero de sudor.

Llevaba una blusa que se había humedecido, y que delineaba muy bien sus curvas de carretera.

En su descuido, Kurumi alzó el brazo y lo cacheteó con fuerza. Kyosuke retrocedió y se tocó la mejilla recién golpeada.

-¡Eres un cerdo! ¿Qué estás mirando?, te prohibo que me veas así, eres un pervertido de lo peor.

-Lo lamento, Kurumi-chan... es que estás buenísima, además, de todos modos vas a acusarme de acosador ¿no?- sinceró Kyosuke, sacando a flote sus extraños genes Motomiya.

-¡Por supuesto que estoy buenísima!, pero te prohibo que me mires así, eres un impúdico degenerado... qué asco.

Kyo suspiró, se rascó el cráneo.

-No dirás eso cuando nos casemos...- le dio por decir con tono infantil.

-Ni siquiera en sueños- retó ella.

Kyosuke suspiró, en otro extraño duelo corporal, sujetó a Ichijouji y volvió a hacerla presa de sus brazos.

-No me retes, Kyousuke...

-No puedo evitarlo, me niegas todo.

-¿Por qué no te vas a desflorar a una chica ingenua como tú?, puede ser una de las porristas del instituto, o de esas muchachas atléticas... con ellas gasta tus besos apestosos.

Motomiya se acercó a los labios de Kurumi. Antes de tocarlos soltó aire por la nariz, la cual alzó hasta conducir su boca a la frente de la elegida de la Pureza.

-Entonces... lo que tú quieres es que me acueste con otras antes que contigo... quizás lo haga.

La soltó, aunque se le notaba herido e indeciso. Kurumi Ichijouji gruñó por lo alto. Cuando Kyo dio media vuelta, ella lo sujetó de la camiseta de fútbol que vestía el de piel morena y musculosa.

-Estás temblando otra vez, Kurumi-chan.

-Es de enojo, me haces enojar y me sacas de quicio- dijo -La verdad es que no me quieres para nada, sólo eres un idiota calenturiento.

-¿Tú me quieres a mí?

-Claro que no. Pero si te declaras mío con tanto ímpetu estoy en mi derecho de exigir que no te vayas con otras...

-¿Crees que en una situación así me iría a buscar a otra mujer?, los Demon Lords nos han encerrado en el Mar de la Oscuridad o sabe en qué dimensión, a nuestro alrededor sólo hay niebla... nuestro mundo se resquebraja...

-... y por tanto no puedes hallar mujeres ¿eh?

-No es eso... aunque las hallara, sólo te quiero proteger a ti... es parte de las labores de un macho alfa como yo.

Kurumi se rió de Motomiya por la estupidez que acababa de soltar.

-Con ese peinado sí que pareces hombre-lobo, es anti estético.

El muchacho la miró como si fuera un cachorro regañado y la hija de Miyako, de un saltito, enredó sus brazos delgados alrededor del cuello de él, su semental.

-Está bien, hombre-lobo, muérdeme y conviérteme, que si nos quedamos en este lugar, las opciones quedarán escasas para mí- bromeó la chica. Kyosuke se sonrojó y la besó como si su vida dependiera de ello.

Introdujo con torpeza su lengua y Kurumi le respondió con una mordida, la cual en lugar de asustar a Kyo lo incitó a profundizar el beso hasta que a los dos se les fue la respiración.

-¿Y qué te pareció esta vez?- preguntó ilusionado Motomiya, de nuevo su faceta de cachorro estaba presente. Se tocó los labios y notó que la mordida de Kurumi le había sacado sangre, lo que lo hizo fruncir las cejas, ¿con cuantos muchachos Kurumi habría tenido esa clase de besos? ¿cómo lo había permitido?

-Fatal, ¿Es que nunca te lavas los dientes?, aparte eres torpe, no te acompasas a mi ritmo, ¿pero qué se puede esperar de un primerizo idiota?

Kyo iba a replicar, pero entonces oyeron que alguien se raspaba la garganta. Al voltear, Kurumi vio con horror al señor Hida y de inmediato soltó a Kyosuke.

-Ay, hola tío Cody, ¡estábamos esperando a que tío Jou examinara a Yuri-chan!, pero... ash, la verdad es que me mareé y entonces Kyosuke-kun se ofreció a cargarme, y como estaba casi desmayada me intentó dar respiración de boca a boca, pero sólo fue un pretexto para atacarme... ¿verdad, Kyo-kun?

-Sí, bueno, algo así.

-¡No vayas a pensar que nos estábamos besando!- dijo con nervios Kurumi, como si su reputación pendiera de un hilo.

Iori miró y escuchó a los jóvenes con indiferencia hasta que éstos bajaron la mirada y quedaron en completo silencio. Entonces el mayor habló.

-Tienen que ser discretos y ponerse en guardia, atravesamos momentos difíciles para los elegidos, hay algunas distracciones que podrían perjudicar más que beneficiar lo que estamos enfrentando.

-Lo lamentamos, Hida-san- dijo Kurumi.

-Yo no le llamo distracción a mis sentimientos... - Ichijouji tapó la boca de su hombre-lobo con autoridad cuando éste comenzó a parlar.

-Pondré en su lugar a Kyo-kun, tío Cody... e iremos a hacer guardia... pero por favor, cuando veas a Yuriko-chan y te den cualquier diagnóstico o noticia, acuérdate de que desde que murió Hiromi-san, el único que puede hacer que Yuri se ría es Toshi-kun.

-¿Qué quieren decir con eso, muchachos?- preguntó Cody, buscando a los jóvenes con su mirada esmeralda.

Kurumi y Kyosuke no contestaron. Sólo se oyeron sus pisadas descendiendo a la planta baja.

O

Sora Ishida se estremeció como nunca en su vida.

Un temblor descomunal recorrió su cuerpo. Fue como si un calambre hubiera azotado cada una de sus células.

No lloró porque los ojos se le secaron y era momento de actuar.

Frente a ella, el Hospital General de Odaiba se había convertido en ruinas, como si lo hubiera amenazado un temblor.

Ella y Ken Ichijouji, su acompañante, habían intentado quitar escombros e ir más allá del lobby, pero la neblina, los cuerpos sin rostro y el mobiliario destruido les habían impedido seguir avanzando.

La pelirroja se miró las manos. Se había lastimado y esos rasguños ardían.

-Sora... ¿Cómo quieres que procedamos?, puedo buscar maquinaria en las constructoras para levantar los escombros- propuso con voz discreta y profesional el primer ex emperador digital.

Takenouchi negó.

-Mayumi y Yamato no están aquí- lo dijo con la mayor seguridad que encontró dentro de su cuerpo, no obstante, una punzada en el corazón le desgarró la voz -Tengo qué confiar en que ni ellos ni ninguno de mis seres queridos falleció en este lugar, ¿tú serías capaz de creer eso, Ken-kun?

El jefe de la policía asintió con sinceridad.

-De eso se trata la vida, de corazonadas, si no confiamos en ellas no tendría caso luchar contra amenazas como la que vivimos ahorita.

La diseñadora asintió.

-Estoy seguro de que Yama sacó del hospital a Mayumi, a Taiki y a Akane-san.

-Yo también lo creo. - agregó Ichijouji -¿Quieres que regresemos al refugio?

-No. De ser posible, quiero dar una vuelta por el vecindario.

-Entiendo, si Yamato logró evacuar a los chicos o si hubo algún ataque de un digimon, deben existir pruebas o pistas en los alrededores- el detective abrió la puerta del auto de Joe. Sora subió al asiento de copiloto, cerró los ojos un momento, esperando a que su viejo amigo se sentara en el asiento del conductor.

El auto arrancó.

-Ken-kun, ¿te han dicho que manejas algo lento?

-Mi hija- respondió el ex elegido de la Bondad -pero ahora es a propósito, quiero que no perdamos detalles del paisaje, ¿está bien?

-Por supuesto- los ojos rubíes de Sora se convirtieron en fénix y comenzaron a mirar a todos lados, esperando encontrar alguna señal de su marido o de su primogénita.

Le costaba respirar. Sin duda alguna estaban en las tinieblas del Mar de la Oscuridad. Ahora mismo, en Odaiba parecía ocurrir el fin del mundo.

La niebla se arremolinaba, era espesa y muy oscura, como el vapor de un barco del siglo XIX.

El cemento era poroso, el follaje de los árboles se había carcomido y el mes de mayo se había consumido en un incendio oscuro y contradictoriamente helado.

Un extraño impulso hizo que Sora mirara hacia el parque favorito de su hija mayor. Desde pequeñita, a Mayumi le encantaba ir al lago a lanzar piedras en compañía de Taiki. Siempre habían sido inseparables. Justo como ella y Tai de niños, aunque últimamente, Sora se alegraba de pensar que la relación entre ese par de amigos se parecía más a lo que ella tenía con Yamato a los 14 años.

-¡Detén el auto, Ken!- pidió de repente la pelirroja. Un extraño y colorido haz de luz salió de entre los árboles del parque y se estrelló en la acera.

-¿Qué pasa, Sora-san?

-Por favor, detente, hay una luz.

Ken aplastó el freno del vehículo, los neumáticos titubearon con torpeza, pero finalmente la autonave se detuvo y arrojó humo.

Sora se desabrochó el cinturón y salió con premura del vehículo. El corazón se le aceró junto con cada uno de los pasos que dio hasta el lugar donde había visto ese iris de luz en medio de las tinieblas.

Ken llegó detrás.

-¿Cuál luz?

-No sé... pero... - la pelirroja no se detuvo, se introdujo en el parque e Ichijouji la siguió sin preguntar nada más.

Las dudas del ex kaiser cesaron cuando vio uno de los destellos de luz que Sora había señalado. No obstante, esos colores no sólo eran luz, sino música... poesía... letras... un mensaje.

-... Nuestro Mundo Digital, si no nos hubiéramos encontrado ese día, en ese tiempo, entonces no seríamos quienes somos ahora.- cantó con seriedad y desentonación Ken, conocido mundialmente por carecer de sentido musical -Es Bokura No Digital World.

-Pensé que no te gustaba la música.

-Sin ofender, pero Bokura No Digital World es la única canción que compuso tu marido que me gusta y que recuerdo... quizás es porque cuando la escucho me siento parte de ella...

-Es porque eres parte de ella, Ken. Wormmon y tú tienen sus líneas.- sonrió Sora.

Otro destello cegó a los presentes, quienes momentáneamente se habían olvidado de que estaban en ese mundo de penumbras.

-¿Es un mensaje de Yamato?- preguntó Ichijouji.

Sora negó con seguridad. La manera en como latía su corazón era diferente a cuando percibía a su esposo. Su respiración estaba tan acelerada como cuando había dado a luz a Kotaro y a Mayumi.

Al quinto destello, mientras la pelirroja y el peliazul cruzaban el parque, pudieron ver de lejos la imagen fantasmal e iluminada de un niño.

Estaba sentadito en un árbol lejano, mientras con los ojos cerrados tocaba una melodía transparente, con sus manos tecleando en la neblina.

La primera elegida del Amor quedó hipnotizada por esa melodía colorida que salía de ese niño, quiso avanzar hasta él, pero se le doblaron las rodillas de la emoción.

Aunque los separaban metros de distancia, Sora vio que los cabellos los tenía dorados, los ojos eran centellas en el blanco rostro del pequeño de rasgos más bien Ishida o siendo más exactos, Takaishi.

Verle de lejos la alteraba. Sora se tocó de inmediato el vientre, el cual le rugió con ferocidad, como si estuviera reclamándole algo.

-¿Estás bien?- preguntó Ken -Iré a averiguar quién es ese niño...

El policía corrió hacia el árbol, Sora comenzó a llorar mientras el vientre parecía quemársele de gastritis.

¿Quién era ese niño?, la diseñadora no lo sabía.

Lo que sí comprendía era De Quién era ese Niño. Y la respuesta era clara: ERA SUYO.

-¡Mamá! ¡Ichijouji-san!- el grito de su princesa darketa la desbalanceó.

La hipnosis de la melodía y la figura del rubito misterioso se esfumó cuando Mayumi apareció por una vereda cercana.

-Escuché sus voces, me alegra que estén bien. - dijo May, encalmada.

A pesar de que corría viento helado se le veía sudorosa, como si hubiera hecho mucho ejercicio.

La chica giró su cuerpo y gritó.

-¡Es por aquí, papá!- después de dar el aviso, corrió hacia su madre y la ayudó a ponerse de pie.

Ken Ichijouji también se acercó.

-¿Te han atacado, mamá?- preguntó.

Sora dijo que no con la cabeza.

-Descuida... sólo me dejé llevar por la música, pero ha sido ella la que me llevó hasta ti...

-¿Fue un niño rubio muy mono con poderes de sinestesia y que hablaba con frases absurdas quien te mostró el camino, madre?

-¿Cómo lo sabes, Mayumi-chan?

-Se llama Takumi, a mí me ayudó a encontrar a papá, afortunadamente Lucemon Falldown Mode no pudo le hizo daño.

Yamato Ishida apareció por la vereda de tierra áspera.

Llevaba delante de él la silla de ruedas con Akane Fujiyama, cuya cara aún estaba deformada por el horror.

-Sora, mi cielo... - Matt se apresuró y tras de dejar la silla de ruedas al lado de Ken, abrazó a su mujer y a su hija.

-Sabía que estaban a salvo. Sabía que los encontraría.

-¿Y Kotty?- preguntó con rapidez Yamato.

-Está a salvo en el refugio- respondió la mamá, besando a su hija en la frente y a su marido en los labios.

May no había rezongado por la muestra de cariño, debía estar asustada. Al ver la situación con más calma, Sora notó que Taiki-kun no estaba junto a su niña.

-¿Qué es lo que ha pasado? ¿Dónde está Taiki? ¿De verdad fuiste atacado por un Lucemon, querido?

Akane Fujiyama soltó el llanto.

Takenouchi entendió que era el gemido de una madre sin esperanza.

-Esta vez lo van a matar... esos monstruos se lo han llevado y lo van a... Dios, no quiero ni pensarlo.

-Entonces no lo pienses, Fujiyama-san- apoyó Sora, separándose de su familia. Fue hasta Akane y sus ojos amatistas quedaron a la altura de los orbes ónix de ella. -Entiendo perfectamente tu dolor... una vez los digimons malignos se robaron a mi hija, la has conocido ya ¿verdad?, a mi Mayumi-chan - la mujer asintió - la desesperación que sentí en aquella ocasión debe parecerse un poco a tu dolor, pero así como en aquella ocasión mi hija demostró su fortaleza, estoy segura de que pasará lo mismo con Taiki-kun... yo lo he visto crecer, él es grande... además, Taichi no permitirá que le pase nada...

-Ya no digas más. - se histerizó Akane -¡Se la pasan diciendo lo mismo! ¡Dándome esperanzas perdidas!, ustedes no tienen ni la más remota idea de lo que quieren hacer esas bestias con mis hijos... no lo saben... nadie sabe.

-Toma, seca tus lágrimas- Ken le entregó un pañuelo. Se le veía conmovido, sobre todo porque era la mujer que había buscado por años por la investigación que le había encargado su amigo Taichi.

Le había seguido las huellas y, de alguna manera, sentía que la conocía desde hacía mucho tiempo.

-Gracias...

-Debí haberla encontrado antes, Fujiyama-san- murmuró Ken -pero nunca es tarde si trabajamos en conjunto.

-Tenemos que irnos de aquí- sugirió Mayumi. -En casa de los Kido están Hidemi, mi primo Sei, Doguen, Jun-san y Calumon. Quizás ese digimon sea la clave para traer de regreso a nuestros amigos, vamos para allá.

-Iremos directo al refugio, Daisuke y Takeru fueron a casa de los Kido.- informó el policía.

La rubia asintió, pero Takenouchi la notó inconforme.

-Pero... ¿y si han atacado a Hidemi-chan también?- preguntó Sora, recordando que Miyako había informado de la desaparición de Soji -Tengo la impresión de que... los Reyes Demonios están buscando a los trillizos.

-Probablemente mi hermano y Daisuke necesiten refuerzos- creyó Yamato.

Ken miró un momento a Fujiyama y asintió.

-Iremos...

-¡Oh, no puedo creerlo, civilización!- chilló de repente Doguen Kido.

El único hijo de Jou salió de la maleza con un Calumon en brazos y los anteojos rotos -¡Y civilización conocida!

-¡Doguen-kun!- saludaron los presentes. El miope corrió de manera desgarbada hacia los amigos de su padre y la guapa de su compañera Mayumi Ishida.

Calumon saltó hacia la rubia y se le restregó como si fuera un perro.

-Calumon te extrañó mucho- confesó el digital a May.

-¿Qué es eso? - Mayumi tomó una llave que el digimon llevaba entre sus deditos.

-Es una llave que es mía- respondió desanimado Doguen. -Al parecer, mi padre tiene una doble vida y tengo una media hermana que se apareció en el bosque para darme esto...

Sin consideración, el portador de la Sinceridad le arrebató la llave a May.

-¿Se te zafó un tornillo?- interrogó Mayumi.

-¡A mí no se me zafan los tornillos! ¡ni siquiera tengo tornillos!, pero es verdad, una mocosa se me apareció en el parque, en la parte boscosa, y me llamó "oniisan", y me dio la llave, ¡debe ser del nido de amor de mi padre y su amante!

-¿Que qué?- preguntó Sora -¿Que el superior lleva una doble vida? ¿Que tienes una media hermana?

-Ignóralo, Sora, el chico delira justo como Jyou cuando era adolescente, o si no probablemente está en drogas, da la misma- fue lo que comentó Yama con ironía -Lo bueno es que lo hemos hallado a él y a Calumon.

-¡Yo no estoy en drogas, señor Ishida!, no me ofenda... le estoy diciendo la verdad, y si no es eso, entonces esa niña era la fanstasma de la película El Aro III o algo así... ¡esperen!, ¿quién es esta mujer?

-La madre de Taiki… si tienes algo de decencia, te pediría que cierres el pico y nos ayudes a trasladarla al vehículo, vamos rumbo a tu casa.

-Eh... yo... mucho gusto señora, disculpe mis gritos, generalmente soy muy educado ¿sabe?. - Doguen se guardó la llave y agarró la silla de ruedas, dispuesto a empujar a la mamá de sus amigos Yagami.

-Todos caminen hacia el norte - Ken sacó una pistola láser y se la pasó a Yamato, quien se puso en guardia y comenzó a trotar al lado de su mujer.

-Mi amor... de nuevo me sorprendes, haz salido ileso de un enfrentamiento con un Demon Lord, y sin Gabumon.

-Sora, no te sorprendas, la verdad es que estuve a punto de morir... ¿me creerías que un niño y una flor me han salvado la vida?

-Por supuesto... justo el día de hoy, esa flor de la que hablas también me salvó la vida y un niño precioso me dio esperanza de encontrarlos con bien.

-Es la magia del Digimundo, mi cielo...

-Debe ser el comienzo de algo grande, y esta vez no vamos a perder.

Gracias, Mundo Digital,

Nos tuvimos que dar cuenta de esta verdad

o no nos hubiéramos vuelto tan fuertes.

La melodía de ese canto fue lo último que escucharon los Ishida antes de abandonar el bosque y subir a la autonave.

O

-Al final de cuentas Cody se regresó al refugio- mencionó Daisuke mientras giraba el volante.

Takeru suspiró.

-Yo también me habría regresado. Ahora que mi Sei estuvo en riesgo no quería separarme de él... si te alejas mientras un hijo sufre, da la sensación de que lo perderás para siempre...

-Y me lo dice el esperanzado del equipo, ¿no te apena pensar así?

-No- afirmó Takeru. Pensó brevemente en su Toshiro y en Yuriko. -Ya deberías saberlo, Daisuke, que entre más desesperada sea la situación, más grande será la revancha de la Esperanza.

-¿Me vas a decir que es estrategia sufrir mucho y luego tener más grande el sentimiento de la Esperanza?

-No tengo por qué responderte cosas que ya sabes...

-No soy Hikari para comprender las frases en clave que tanto tú y como ella se avientan de repente.

Takeru sonrió de manera amarga y emitió un sonido que se perdió y no pudo identificarse en la camioneta.

-Dime, Daisuke, ¿qué posición tomarías con tu hijo si éste embarazara a una mujer?

-¿Seiyuro preñó a una chica?, bueno, con ese hijo tuyo era cuestión de tiempo...

-Te pasas Dai, no se trata de Seiyuro, estaba haciendo una pregunta hipotética.

-¿Eh? ¿Kyo embarazando a una mujer?, en realidad no me lo imagino, ¡mi muchacho es puro y casto!, ¡hasta de más!- dijo con un extraño tono de decepción -Estoy seguro que ni siquiera ha besado a una chica, y eso que se le avientan por montones, ya sabes, es tan popular como lo era yo, Veemon bien me lo decía, que iba a ser tan guapo como yo- Takeru fingió que tosía para no reírse -; como sea, mi campeón quiere todo con la hija de Ken y no estoy muy seguro de que ésta le vaya a hacer caso, ya ves, como salió tan loca como Miyako.

-Lo dices tan seguro de todo, parece que estás compenetrado con tu hijo. Yo en cambio ahora me siento perdido y desconectado; Seiyuro está herido, se han llevado a mi niña, y bueno, Toshi es quien ha embarazado a una chica...

-¡¿Toshiro-chan?! ¡Pero si era el calmado y el responsable!- Motomiya miró a Takaishi por largo tiempo.

-¡Ve el camino, Daisuke!- regañó Takeru. -Conduce con cuidado, ya ha habido muchos choques en las últimas horas.

-Pe-pero, entonces, ¡woo!, ¡Yuriko-chan está preñada!, ¡Iori va enloquecer! - opinó - se me hace que debiste quedarte a defender a tu hijo, Takeru, que según vi Yuri está lesionada y tarde o temprano Cody se va a enterar del bebé, se lo dirá Joe, ya sabes que él no sabe miente.

-En estos momentos no se trata de defender ni de atacar esta situación, sino de comprenderla. Estoy seguro de que Iori comprenderá.

-Sí, tienes razón. Es medio duro, pero se le ablandará el corazón, si no es con los chicos será con el nieto.- trató de animar Dai -¿Dije algo malo? ¿o por qué se te puso la cara de viejito estreñido?

-No es eso, es que… la verdad es que tengo la sensación de que Seiyuro me necesita ahora mismo.

Una explosión a lo lejos hizo que Daisuke frenara. Segundos posteriores, un pedazo de madera gruesa cayó en la calle.

-¿Esa no es la puerta de la casa de Joe y tu hermana?- preguntó Takeru.

-¡Maldición!- gorjeó Motomiya, volviendo a acelerar su autonave.

O

Benjamín se enjuagó la cara con el agua que salió del grifo. No le dio mucha confianza al principio, pero después notó que era agua potable. Se miró al espejo y maldijo la cicatriz que estaba marcada en su frente.

Al parecer, la flor de la armonía que le había dado Hikari no había funcionado del todo, porque ese garabato era como un tatuaje de que le había atacado un Barbamon y que había perdido.

Además, ya no se veía tan bien. Su imagen ya no era inmaculada, quizás esa marca le impediría triunfar en el mundo del espectáculo, o tal vez pudiera quitarse con una intervención quirúrgica.

Como fuera, Ben se culpó por pensar en eso en lugar de en la situación. Minutos anteriores, después de darle clases de autoestima a la Cerebrito, había ido al salón donde los adultos cuchicheaban y elaboraba plan.

Nunca antes le habían parecido adultos patéticos, pero cuando entró al comedor, tras verles sorbiendo té y hablando al mismo tiempo, le parecieron miserables y perdidos.

Su mamá gemía mientras preparaba una masa de pastel para la Mini Amenaza. Izzy tecleaba en el mundo cibernético, pero sus ojos tristes eran signo inequívoco de que no estaba encontrando nada de servir. Miyako Ichijouji y la madre de Kyouske, Makoto Motomiya, organizaban la despensa mientras opinaban como desquiciadas teorías sobre los ataques de los Demon Lord.

En la esquina, una mocosa abrazaba el brazo de otra mujer adulta, de ojos negros y cabello oscuro. Era la esposa nueva de Hida, según sabía Ben.

-Patético, ve nomás a dónde fue a caer esta mujer, a la crisis del siglo- dijo para sí mismo mientras se alejaba del recinto.

Se había sentido sucio, por eso había entrado al baño. Orinó y se lavó las manos, luego enjuagó su boca y cara, y se puso analizar su nueva cicatriz.

-Why in my gorgeous face? That sucks, I used to be perfect, but now… fuck!, I can't be a top model with this fucking scar! Damm it!

-Ben-kun... -Zetaro tocó la puerta del sanitario.

-Ve a cagar a otra parte, Zetaro, estoy ocupado- retó el principito.

-No es eso, es sólo que necesito hablar contigo.

-¡No molestes al gran Ben, insecto!, o sea, te pasas siglos sin hablarme, ¿y ahora quieres pretender que somos buddies que charlan casualmente?

-Es sobre Osen.

Ben se quitó la humedad de su cara con papel sanitario. Luego abrió la puerta.

O

-Se ha quedado dormido... -Kotaro suspiró y arropó la silueta de Satoru.

El niño de siete años había caído rendido. El de 11 años lo había acomodado en el sillón de la sala y había puesto un cobertor sobre él.

Sin hablar y sin sus ojos curioseando medio mundo, Satoru parecía un angelito de facciones finas y orientales.

A Kotaro le simpatizaba Sato, pero lo prefería así: dormido.

Osen Izumi asintió.

-Se ha quedado dormido... - repitió. La chica cerró los ojos, para intentar pensar por su cuenta y agregó: -necesitaba dormir, su-sufría mucho por Min y-y hermanito.

-Tú también necesitas dormir, Osen- Kotty señaló las ojeras de su amiga -tampoco lo estás pasando bien... y tu corazón... no sé, pero late diferente.

-¿Es-escuchas a mi corazón?

Kotaro asintió.

-Me pasa a veces, creo que sucede cuando le pongo mucha atención a mi emblema, y ahora estoy concentrado porque tengo miedo de que nos ataquen otra vez... la verdad es que el ataque de Daemon me frustró mucho, no pude defender ni ayudar a nadie.

-Te frustró mucho...

-Sí, por eso, si no tengo a Tsunomon conmigo, lo que necesito es mejorar el uso de mi emblema, es nuestra arma.

-... por eso escuchas mi corazón.

-Sí. O eso creo.

-¿Y el vacío de mis pensamientos? ¿lo escuchas?

-Yo no leo mentes, Osen-san, ni siquiera corazones, sólo son cosas mías- se rió Kotaro -Ahora mismo no encuentro diferencias entre la Osen de antes y la de ahora, sólo te late diferente el corazón.

-Y soy tonta.

-¡Claro que no!- se molestó Kotty -Para nada, eres muy inteligente, de chiquito me enseñaste un montón de cosas, ¿te acuerdas cuando ibas a jugar con mi hermana a mi casa?

-Ahorita... yo no recuerdo mucho. Aunque me alegra poder identificarlos a todos... antes no podía hacer eso, había niebla dentro de mí... Kotty, ¿qué te enseñaba antes?

-De chica decías un montón de cosas interesantes, teorías sobre el origen del Digimundo, me explicabas cómo funcionaba un computador, cómo funcionaba la bolsa de valores, cómo eran las condiciones en el espacio donde viajaba mi papá... números, citas textuales de libros, sucesos históricos... decías muchas cosas, pero la verdad es que casi nada se me pegó, me aturdía un poco cuando trataba de seguirte las conversaciones.

-Entonces... no te enseñé nada- lamentó.

-Tal vez no recuerde toda esa información, pero sí que me enseñaste mucho. Sin querer aprendí muchas cosas de ti que no están relacionadas con tu mente... de niña hacías gimnasia y una vez me enseñaste a hacer una vuelta de carro.- dijo, poniéndose de pie y haciendo la pirueta, que hizo sonreír a Osen -Ah, y cuando me dio gripa, ¿te acuerdas que me enseñaste a hacer jugo de naranja porque tenía Vitamina C?, ni siquiera May me lo enseñó...

-Pero...

-Sin contarme a mí y a los peques, eras la niña más chiquita en la Fusión Prohibida, entonces a mí me asombraba mucho tu valor, siempre estabas tratando de ayudar con tu computadora, me diste un buen ejemplo.

-Eso no... cuenta...

-Eres la mejor amiga de mi hermana, tú me enseñaste técnicas para poder hablar con May. De chiquito me quedaba embobado por lo mucho que la hacías hablar a pesar de que las dos son muy diferentes... y bueno, también sabías estar callada como ella… eso no lo aprendí muy bien.

-Eres muy bueno, Kotaro-kun.

-Debe ser terrible que pierdas los pensamientos de la Curioseada...

Osen se rió.

-¿Qué pasa? ¿Dije algo mal?

-es Curiosidad... no curioseada- corrigió la pelirroja Izumi.

-¿Ves cómo sí piensas después de todo?, aún sin la curiosidad, curioseas- siguió animando Ishida.

-Lo dijiste mal adrede, para hacerme pensar.

El de cabello color naranja encogió los hombros, Osen no supo si eso era un "sí" o un "no".

-¡I'M GONNA KILL YOU, INSECTO DE MIERDA!- La casa de madera retumbó en la planta alta.

-¡Es Ben!- dijo Osen. Kotty la tomó de la mano y los dos corrieron al segundo piso para auxiliar al principito.

Satoru se despertó de un jalón.

-¡Nos atacan los Digimons malos!- gritó, despertando de una pesadilla.

Los adultos salieron de la cocina y del comedor; Miyako cogió a Satoru en brazos y todos fueron hacia el segundo piso, donde se llevaba a cabo un enfrentamiento.

-¡Déjalo, Ben!- chilló Osen, al ver que su hermanastro había tumbado a Zetaro y le estampaba puñetazos con furia.

-¡Este pendejo te engañó, fingió que era tu tipín cibernético, te enamoró y te traicionó! ¿Y tú quieres que lo perdone?

Kotaro se lanzó hacia la riña y jaló con fuerza a Ben, para quitarlo de encima de Zetaro, quien se dejaba golpear y no parecía querer defenderse.

-No sé lo que pasó entre ustedes, pero deja a Zet, no vas a solucionar nada así, Ben.

-¡Cállate enano!- Ben aventó a Kotaro, quien se estrelló en la pared.

-¡Yo no soy ningún enano, estoy en crecimiento y ya casi termino la primaria! ¡Prácticamente son casi adulto!- se enojó el pelirrojito, volviendo a la acción -¡Suelta a Zet, él ni siquiera se está defendiendo!

Benjamín de nuevo hizo a un lado a Kotaro, alzó el puño y estuvo a punto de estamparlo otra vez en Zetaro, no obstante, la mano de un adulto se lo impidió.

-Desde que despertaste estás fuera de sí, ya va siendo hora de que te calmes- regañó Koushiro, sujetándolo de manera trabajosa.

-¡Estoy defendiendo a tu hija!, cosa que, por cierto, deberías estar haciendo tú- Koushiro separó a Ben mientras éste se revolvió inconforme, como víbora exaltada.

Miyako fue a auxiliar a Zetaro, quien estaba mudo y parecía entretenido mirando la sangre que le goteaba de su nariz.

-¡Zetty! ¡Dios mío, estás sangrando!- Miyako se quitó la pañoleta que siempre llevaba en la cabeza y la puso en la rota nariz de su adolescente.

-¡Benji, pide disculpas ahora mismo!, Zetty-chan es menor que tú y sabes muy bien que no me gusta que uses la violencia- exigió Mimi.

-Claro que No le pido perdón, He is such a jerk!, le mintió a Osen, se hizo un perfil online con otra personalidad, tuvo la osadía de enamorar a la Descerebrito y de engañarla diciéndole que era un tal Óleo... encima el muy pendejo viene y me lo dice con frescura, ¿pues qué esperabas, Zetaro?

Zetaro no respondió, miró de soslayo a su pelirroja de ensueño, a quien de nuevo le rodaban las lágrimas pero ya se le notaba la mirada más consciente.

-¿Qué cosas dices, Ben?- se escandalizó Mimi.

-¿Es verdad, Zetty?- preguntó preocupada Miyako

Koushiro soltó a Ben, pero de inmediato lo sostuvo de un hombro. Los ojos negros del ingeniero estaban turbios, entre enojados y asustadizos.

-Escúchenme bien todos- imperó a los adolescentes -en su vida diaria podrán ser muy interesantes sus dramas de adolescencia, pero ahora mismo les ordeno dejar esto por la paz.

-¡Estoy defendiendo a TU hija, padre desnaturalizado!

-¡Benji!- rogó Mimi

-¿Defender a Osen implica golpear a tu amigo y de paso hacerla llorar?- interrogó molesto Izumi.

-Eres un hombre raro, te vale madres si besan o si ultrajan a la Cerebrito, lo único que quieres es que ella sea una máquina como tú.

-¡No estés retando a tu padre!- Mimi se exasperó, pero no supo cómo actuar, salvo soltando sus chillidos.

-¡Izzy no es mi padre, mamá!

-No. Si fueras mi hijo tendrías los pies en la tierra y no en tu propio hígado- gruñó Koushiro, haciendo presión en el brazo de su hijastro. Se le veía que tenía unas inmensas ganas de pegarle, pero se contuvo. -Ben, a mí no me importa lo que pienses de mí. –aclaró el primer poseedor del Conocimiento - Tengo tu tutela, me la cedió Michael, y como tutor te ordeno que dejes de portarte como un cabrón con tus amigos.

-No hizo nada malo, Ben tiene razón- dijo Zet, sumido en depresión.

Mimi abrazó a su hijastra. Osen suspiró.

-Como ya dije, dejen sus problemas interpersonales para después de que salgamos de este conflicto, abran los ojos: estamos en guerra, y la más difícil de todas. Si el equipo no permanece unido, entonces vamos a fallar, y no sólo nos quedaremos sin nuestros digimons, sino sin los seres queridos que los Demon Lord se han llevado. - sermoneó Izumi. -Neutraliza tu energía negativa en buscar a tu hermano, Ben. Y tú, Zetaro-kun, por favor no te acerques a mi hija si ésta no lo desea, honestamente lo único que quiero es que deje de llorar.

-No entiendo lo que está pasando- gimió Miyako. Zet asintió a Koushiro y con suavidad hizo a un lado a su madre y a su hermanito Sato, que estaba boquiabierto -¿A dónde vas, hijo?

-A dibujar- respondió el puberto, poniéndose de pie y sosteniendo el pañuelo en su rostro. Era azul, y con el rojo de su sangre parecía tornarse morado.

-Hielo, ¡tengo qué traerte hielo para que se te baje la inflamación!

-Déjalo así, es lo que menos me duele.

Kurumi llegó junto con Kyo.

-¿Qué está sucediendo? ¿Por qué tanto escándalo? - preguntó la muchacha.

… Una mirada le bastó para comprender que su hermanito había confesado ser Óleo.

O

-El sangrado se detuvo, ella quedó debilitada y por lo mismo se durmió- informó mecánicamente Joe Kido. Sonó frío, pero sucedía lo contrario: estaba nervioso y con un nivel de empatía considerable.

Toshiro no preguntó nada. Dirigió su mano al vientre de su novia y cerró los ojos. Tai, Kari y Joe lo vieron sin comprender del todo lo que el castaño estaba haciendo.

-Shinobu sigue vivo, por un momento pensé que se esfumaría en la hemorragia.- dijo aliviado, mientras con su palma acariciaba el abdomen abultado -pero Yuriko... ¿ella está bien? ¿Por qué tiene el vientre tan hinchado, tío?... ayer no lo tenía así.

-¿Cuánto tiempo tiene de gestación?

-No llega a las 16 semanas - Toshiro accionó su brazalete digital y materializó el ultrasonido, el cual le mostró a Joe.

-¿Cuándo sacaron esto?

-Apenas ayer.

Kido-sensei asintió, analizó la radiografía y de nuevo palpó a Yuriko.

-Tendríamos qué llevarla a un especialista, el bebé ya realiza movimientos y parece que tiene un crecimiento anormal.

Toshiro sintió que le daban una ligera patadita mientras tocaba la pancita de Yuriko.

-¿Es eso posible?

-En estos minutos, he podido notar que el vientre de Yuri está creciendo de forma muy rápida...

-Ella me dijo que Daemon quería atravesarle el vientre, ¿será algo que le hizo el enemigo?- preguntó desesperado el joven. -¿Podemos hacer algo, tío Joe?

-Buscar un ginecólogo. Y por el momento debe llevar reposo absoluto, ha tenido una amenaza de aborto y se encuentra debilitada.

-Le prepararé algo de comer- apoyó Hikari a su hijo, poniéndole la mano en la cabeza -Yuri estará bien, Toshi.

-Si los llegase a perder, me sumiría en un hoyo negro del que no podría salir- admitió el chico.

-Ea, campeón, ¡olvida el pesimismo!, vamos a salir adelante, la vamos a cuidar entre todos- Taichi revitalizó el ambiente.

A pesar de la incertidumbre que sentía, Yagami encontró espacio de su corazón para su sobrino consentido.

-Gracias tío...

-Pero como la situación es delicada, me temo que es imprescindible que hablen con Cody, yo le he prometido darle un informe sobre el estado de salud de su hija y no estoy dispuesto a mentirle en un tema tan serio, sería ir en contra de mi propio emblema y profesión.

-Comprendo- dijo Toshiro -pero tío Joe, ¿podrías darme tiempo?, quiero que cuando el señor Hida se entere, mi padre esté presente y mi novia esté despierta.

Kido bufó.

-Está bien. Esperaré una hora, no más. Por mientras le diré a Iori que su hija está controlada del sangrado y duerme.

El médico salió de la habitación. Con miedo, Toshiro escuchó a Iori Hida reclamarle a Kido la tardanza de la revisión. Luego, el par de hombres se marchó a platicar en la terraza.

Segundos después, los gritos de Ben Tachikawa comenzaron a resonar por toda la casa.

-Al parecer Ben se está zumbando a Zet por algo relacionado con Osen-chan- avisó Taichi tras asomarse por la puerta.

-Haz algo, Tai, detén a esos chicos- pidió Kari.

Tai negó.

-Izzy ya llegó, creo que es cosa entre él y su hijastro

Toshiro no dijo nada.

Se entretuvo mirando que la barriga de Yuri, que a intervalos se movía como gelatina. Algo extraordinario se acercaba, pero Toshi no sabía si era para bien o para mal.

O

Continuará en el 9.3…

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Gracias por leerme.

Como ven, quizás a este capi le hizo falta la escena cumbre que ya no pude incluir… me refiero a lo que va a pasar con Hidemi y Seiyuro, quienes están en plena lucha con Beelzemon. Fui mala de nueva cuenta y no reuní a mis trillizos… sé que es lo que están esperando, pero me gusta hacerla de emoción jojo (en realidad no… sólo soy tardada y escribo muchas escenas).

Sé que no pasó gran cosa, pero creo que hubo escenas lindas que debían ser escritas. Por ejemplo, disfruté de lo lindo escribiendo sobre Takumi y su sinestesia y su manera de conectar el corazón de los Ishida. Disfruté poniendo a Ben histérico con su (des)cerebrito. Tuve que poner algo de romance y esta vez me fui por la extraña relación de Kyousuke y Kurumi, cuyos besos son como una pelea entre el "macho" y la "hembra" alfa. Necesité interconectar a los personajes que no habían hablado entre sí y, de cierta forma, me agradó, por eso decidí publicar el capi sin la escena que quería escribir desde el principio.

Entonces…

-¿Qué pardiez pasará con Hide y Sei? ¿Secuestrarán a Hidemi? ¿Llegarán los demás a tiempo para poder ayudar? ¿Materializarán los dibujos de Zet?

-¿Algún día se enterará Cody del embarazo de su hija? ¿Cómo reaccionará? ¿Por qué el abdomen de Yuriko está hinchado? ¿De verdad está creciendo más aprisa bebé Shinobu?, ¿y cómo defenderá Toshiro a su naciente familia?

-¿Qué pasará entre Zetaro y Osen? ¿La pelirroja reaccionará y recuperará su curiosidad? ¿Y Ben por qué se pone tan de malas cuando alguien pretende a su hermanastra?

-¿Podrán escapar Soji y Taik del encierro junto con Min y Tulo? ¿Se reunirán con su hermana en esa inhóspita cueva que los vio nacer? ¿Cuándo se reunirán Akane y Taichi con sus tres hijos?

-¿Qué planean los Demon Lord? ¿Para qué quieren hacer el emblema Apócrifo? ¿Por qué los elegidos están en el mar de la oscuridad?

-¿De verdad Joe Kido tiene una hija fuera del matrimonio como cree Doguen?, ¿Jun Motomiya vencerá a Beelzemon con su sartén?

-¿Quiénes son esos niños fantasmitas que aparecen de repente y qué pretenden? ¿De verdad son como Genai?

-¿Seguirá Satoru abriendo la boca para decir locuras?

… y pudiera seguirle a las preguntas, pero creo que ya los dejé mareados. Espero pueda publicar pronto lo que sigue y de nuevo les doy las gracias por su paciencia.

Y antes de despedirme, quiero renovar el concurso de votos sobre con quién debería quedarse Osen Izumi. De verdad necesito orientación.

Otra cosa que me interesa…

Quiero oír sus teorías sobre quienes son los niños que están apareciendo de repente (Como Takumi y Moriko en este capi). Quiero saber qué piensan y que me voten por un niño, el que más les agrade, para al final del fic darle un rol especial.

Voten por los fantasmitas que han aparecido:

-Takumi.- un precioso rubito de ojos plateados y don musical. Sora afirma que es suyo desde la primera vez que lo vio.

-Moriko.- una niña que de verdad parece fantasma y que Doguen cree que es hija bastarda de su "ya no" tan honorable padre.

-Koemi .- otra niña muy bajita de estatura pero con carácter fuerte.

-Hikaru.- Se le apareció a Soji en una visión de Minagawa.

-La niña de las flores de la Armonía. De ojos azules, cabello castaño y dulce voz.

-Shinobu. El niño del Toshi y Yuri que no nace, pero que Toshiro ya ve en sus sueños.

Puede que haya otros fantasmitas rondando por ahí, ¿Cómo se los imaginan?… luego los conocerán, porque en la segunda parte de Apócrifo todos ellos tendrán roles más activos.

Hasta pronto.

Se despide, su amiga, CieloCriss.