Enero del 2013: Sí, ¡soy yo!, hola a todos. Me habría gustado publicar antes pero no pude, aunque esta vez les voy a regalar un capi muuuuuy largo donde pasan escenas que muchos lectores habían estado esperando. Tuve muchos problemas para escribir este capítulo, incluyendo el hecho de que varias escenas se me borraron por culpa del computador, así que puede que no sea el mejor capi, pero al menos podrán leer sobre temáticas como Iori y el embrazado de su hija y si Hidemi fue o no secuestrada por los demon lords.
Hay acción, drama y también algo de romance. Y cabe destacar que es el cierre de la primera parte de Apócrifo, ya que a partir del próximo capítulo la historia va a comenzar a dar giros y me concentraré más en la trama principal.
Gracias por leer, como breve resumen diré que en capítulos pasados los Reyes Demonios Digimon secuestraron a dos de los tres hijos de Tai. Hidemi, la única dama de los trillizos, se enfrenta a un despiadado Beelzemon que la quiere atrapar, pero está con ella Sei Takaishi para protegerla.
Por otra parte, los elegidos comienzan a reunirse en el Museo Digimon y otros más fueron en rescate de los que están fuera del refugio.
Están apareciendo niños fantasmales y Cody Hida está a punto de enterarse que va a ser abuelo…
Sin más, los dejo con la lectura.
Fic dedicado a todos los fans de las historias futuristas de Digimon.
OJO: algunas escenas ocurren casi al mismo tiempo, espero no haya confusiones, por lo demás puede que haya lenguaje altisonante de vez en cuando.
O
Apócrifo
Por CieloCriss
9.3
POV Seiyuro Takaishi
La fe tenía que ser suficiente. Eso le dije a la dama Hidemi, eso me dije a mí mismo. Con fe, con dibujos y con emblemas tenía bastar para destruir al digimon más poderoso con el que me había topado.
La esperanza tenía que continuar siendo el eje rector de mi vida. Tenía que volver a enfrentar a mis problemas con una sonrisa segura, como la que mostraba mi héroe el caballero de Pardaillan en sus aventuras medievales de mis libros favoritos.
Sujeté con fuerza el cuaderno de Zetaro Ichijouji que había sacado del vestido de Hidemi. Cuando toqué su ropa y por ende su cuerpo, mis mejillas hirvieron, pero no le di importancia.
Estaba seguro de que si ese Demon Lord no hubiera aparecido, habría terminado tocando más de la cuenta a esa deliciosa chica de piel tostada y con sabor a acaramelado.
Sacudí la cabeza con fuerza, para alejar de mi mente su cuerpo. No terminaba de gustarme verla como un objeto de deseo y de pasión... simplemente no podía ser tan patán con ella.
De reojo miré que Beelzemon se preparaba para atacar. De fondo, como tema musical de la escena, la señora Kido aullaba y se quejaba como nunca en mi vida había oído a alguien lamentarse.
-¡No puedo comunicarme con mi Solecito ni con mi maridito! ¡Qué horror! ¡Qué feo es todo esto! ¡Nos va matar! ¡Los va a matar! ¡Ay Dios! ¡Ay diablos! ¡Vete de aquí, digimon feo!- chilló, su voz era tan aguda que provocaba que Beelzemon la mirara con odio, como si fuera un mosquito molesto jodiéndole su tímpano.
-No importa que no sea una elegida, la voy a matar- comentó casualmente el digital.
La mujer clamó auxilio pero no retrocedió, quedó estática. No supe si fue un acto de valentía o un trance de pavor, simplemente ella no se movió.
-¡Lo distraeré!- me avisó Hidemi, pero yo la sostuve con fuerza.
-No.- ordené. La idea de que le hicieran daño o que se la llevaran de mi lado me pareció un agujero negro. –Es lo que él quiere, ¿no lo entiendes?
-¡Pero le hará daño a la señora Kido! ¡Y tú estás herido!- exclamó la dama Hidemi –Por favor, déjame hacer algo Sei-sama… tú tienes los dibujos, por favor, busca cómo materializarlos.
-¡No irás!- insistí como si fuera un novio posesivo... por supuesto no lo era, no obstante, en esos momentos deseé ser el hombre de su vida.
La risa de Beelzemon cada vez tenía más eco y sonaba como hiena. El demon lord parecía regocijarse con nuestra desesperación. Sabía que tenía todo controlado, sabía que en cualquier momento podría matar a Jun Motomiya y raptarse a Hidemi. Y a mí -lo entendía también el digimon- esa derrota me iba a destruir el emblema.
Pero no iba a permitírselo, ni a perdonarle por pensar en un triunfo a priori que no me convenía.
Guardé el cuadernillo en las ropas que había tomado prestadas del armario de Doguen. Agarré todas las piedras y escombros que pude; mientras el monstruo digital arrastraba -con tirria- sus patas hacia Jun-san, comencé a golpearlo en su espalda, en su cola de metal, en su casco. Hidemi me imitó de inmediato, sus lanzamientos tenían menos fuerza que los míos, pero su puntería era superior.
-¡Déjala!- le ordenó al Demon Lord –¡Jun-san, por favor huya!
Pero la esposa de Jyou no se movía, tampoco era que estuviera temblando. Simplemente estaba en un shock que ni siquiera le permitía tambalearse. El celudigital que sostenía se le resbaló y cayó junto con las ruinas. Aquellos ojos castaños, que tenían cierto parecido con los de mi amigo Kyo, se humedecieron, pero yo noté algo de firmeza dentro del mismo terror de la señora.
-¡Pardiez!- grité y salté hacia el cuerpo de Beelzemón, lo agarré del cuello y lo intenté ahorcar con la fuerza que me quedaba.
-Muajajajaja, ¿es así como reflejas la Esperanza?- se burló –No… no es esperanza lo que sientes, elegido, es desesperación.
-¡Jodido digimon, te voy a hacer pagar por querer atacar a mi excelente anfitriona y quererte llevar a mi preciosa dama de ensueño!- fanfarroneé, porque siendo sincero, en gran medida, yo lo único que hacía era alardear cuando las cosas no me salían bien.
Movió su largo brazo hasta sujetarme. Su mano metálica presionó mi cabeza y eso me desató un dolor horrible, que me hizo sangrar de la nariz. Me alzó como muñeco, me puso frente a él y con su enorme metralleta me apuntó en la cabeza.
No sentí miedo, sólo un enorme escalofrío. Y no por la situación, sino porque recordé la vez de LadyDevimon… ¿no me había sometido esa digimon con la misma facilidad con la que Beelzemon lo hacía ahora?; me negaba a perder otra vez.
-¡Deja a Seiyuro-sama! ¡Llévame a mí, pero déjale!- y la valiente Hidemi también se echó encima del rey demonio, quien se puso a carcajearse sin mesura.
Ni loco. Ni loco iba a permitir que se llevaran a esa musa mía. ¿Verdad que estaría mal, Tokomon?, tú con tus dientes filosos me lo echarías en cara. Y tú, Patamon querido, ¿verdad que jamás permitirías que papá escribiera una escena tan mediocre de su propio hijo en la historia de los niños elegidos?
Beelzemon cargó su arma, movió sus alas negras y nos elevamos. Hidemi seguía aferrada al cuello del digimon y pataleaba con fuerza, hasta amoratar sus muslos ejercitados. Yo seguía estando sujetado de la cabeza y me costaba pensar, daba la impresión de que el cuerpo iba a despegárseme.
-¡Diantres!- comencé a quejarme, golpeé lo más que pude las enormes garras que me sostenían -¡Yo salgo de esta, pero tú suéltate Hidemi-chan!
Para sorpresa de los dos, Beelzemon Blast Mode dejó de apuntarme la sien y giró la puntería hasta donde estaba Jun Kido.
Tras otra bocanada de risas, simplemente disparó. Hidemi chilló y yo me sacudí como pez de recién pescado.
Una autonave recibió el disparo. De alguna manera se había impactado en la casa, de alguna forma el vehículo había atravesado los escombros y había recibido el disparo en uno de sus cristales laterales.
De ahí se habían oído gritos. Más que nada de Jun-san y de…
-¡¿Papá?!- gemí al ver que Daisuke Motomiya salía de su autonave, corría al sitio del copiloto y sacaba el bulto de mi padre inconsciente.
La bala le había dado a él, en uno de sus hombros, el derecho, pude ver que le brotaba la sangre a pesar de que el cuerpo le brillaba por su emblema.
-¡Tío Takeru!- gritó Hidemi.
-¡Baka Jun, ¿por qué demonios no huiste?!- regañó Daisuke a su hermana mayor.
-¡Es que… el monstruo… los chicos!... ¡Ha matado a Takeru-san!- la señora Kido rompió en llanto y se abalanzó a la inerte figura de mi padre.
-¡No lo ha matado, tonta! ¡No digas idioteces!- regañó Motomiya-san.
Entonces la señora asintió como maniaca y miró con intensidad a mi padre.
-¡Eres hermano de Yamato-sama! ¡No te rindas!- y lo movió con fuerza, como para hacerle reaccionar.
Beelzemon miraba la escena sin decir nada, sólo se molestó en cargar su arma otra vez y apuntar hacia Daisuke, quien lo desafió con una mirada digna de un líder de los Elegidos.
-Ya me tienen harto estos ataques, no voy a permitir que sigan lastimando a mis seres queridos, ¡Deja a esos chicos en paz! – ordenó.
Concordaba con él, pero ¿qué podía hacer yo para ayudarle?, ¿qué podíamos hacer sin nuestros digimons?, ¿debía ser suficiente con el brillo de unos emblemas que se estaban debilitando debido a la desolación?
Con todo y el dolor que sentía comencé a balancear mi cuerpo.
-Hidemi, por favor, suéltate… - rogué.
Ella, con encrespada melena castaña y sus iluminados ojos de chocolate, negó.
-Confía en mí- pedí –tengo un plan.
Era mentira, me sentía mal por jugarle sucio, pero lo principal era que ella se alejara del digimon.
La observé con mi mejor mirada, o al menos me esforcé por hacerle creer, por una vez, que era el héroe que ella siempre creía ver en mí, por eso soltó al digimon y cayó al suelo sin soltar ni un solo quejido. Beelzemon lo notó con indiferencia, nos miraba como hormigas, como seres endebles y borrosos. Por ello, tras darse cuenta de que Hidemi ya no estaba colgada de él, volvió a apuntar a tío Daisuke. Yo seguí columpiándome. Aunque como el digimon me sostenía de la cabeza, me estaba quedando sin sangre en ella, y toda se estaba agolpando en mis pies. Sentía una lenta palpitación dentro de mí que me indicaba que estaba con vida, pero que también me hacía presa de la fragilidad que teníamos todos los humanos.
Me columpié lo más que pude y antes de que disparara, logré patear el brazo del demon lord, de modo que el disparo no dio en el objetivo, sino que se desvió al techo, provocando una nueva fisura en esa casa en ruinas.
-¡Maldito mocoso de la esperanza!- y para mi suerte, Beelzemon se enojó tanto que aventó mi figura contra la pared -¡Voy a matarles, a todos! ¡Voy a matarles aunque Lucemon y Daemon se enojen! ¡Les mataré sin importarme sus planes del Apócrifo! ¡ya he soportado suficiente!
Y como loco comenzó a disparar a todas partes con su ametralladora, bala tras bala comenzaron a levantar más polvo.
-¡Cúbranse todos!- nos ordenó Daisuke.
Mi movilidad estaba seriamente afectaba. Tenía el cuerpo entumido, así que lo único que pude hacer fue girar y esconderme tras los materiales que habían formado alguna vez parte de la armónica residencia de los Kido.
-¡Hidemi, protégete!- le rogué desde mi escondite, ¡cuánto habría querido salir y defenderla con mi cuerpo!, pero mis piernas no me respondían, apenas y podía permanecer consciente.
Me llené de regocijo cuando me replicó:
-¡Tú también, Sei-sama!
Esas simples palabras me llenaron de esperanza e hicieron que la sangre me volviera a la cabeza. De alguna manera, sabía que las balas de Beelzemon y su ataque de furia no iban a herirla a ella ni a nadie más. Sabía, además, que mi padre se recuperaría, que saldría de esta, él nunca me había fallado.
-¿Estás preocupado por el rey Takeru, príncipe Seiyuro?- una vocecita muy tierna me preguntó. Yo, que traía los ojos cerrados mientras me cuidaba de los balazos, asentí.
-Sí… pero estará bien, porque él es la Esperanza- dije y entonces me di cuenta que alguien me tomaba la mano. Sentí vértigo pero a la vez calidez. Abrí los ojos y una figura fantasmal estaba sentada a mi lado.
Era chiquita y regordeta. Era una niña adorable, tan adorable como Min, pero con los ojos mucho más risueños, con los ojos parecidos a papá, a mí.
-Sí, el rey es la esperanza, pero el príncipe Seiyuro también- canturreó, como si a ella no le importunaran los balazos ni la espesa niebla, ni el polvo, ni la casa derrumbándose, ni el demon lord sanguinario que estaba tan sólo a unos pasos de ella.
-Si yo soy la esperanza, ¿quién eres tú, bonita princesa?
-¡Lo sabes!, soy princesa…- sonrió, con su figura descolorida alargó sus labios pequeños. En definitiva era un angelito, uno tan hermoso que bien podría ser la hija de Angemon y Angewomon… ¿Era una digimon?... no… ella era algo más.
-Princesita hermosa- me incliné y le besé la frente. Ella estaba tan cálida a pesar de su piel paliducha -¿Has venido a devolverme la esperanza?
Ella negó, entre su cabello clarito, entre rubio y castaño, llevaba flores.
-Ya no han podido crecer más, el jardín se secó- dijo mientras se quitaba de la cabeza las plantitas – tómalas.
-¿Qué son?
-Armonía.
-Qué bonito significado tiene esa palabra, es como decir paz…
-Sí, por eso canto- respondió ella, con risa.
Para mí fue como si estuviera en otra dimensión. Esa niña hablaba y me reconfortaba, era la concordia hecha ángel.
-¿Cómo te llamas, princesita hermosa?
Ella hizo un gesto de incompresión.
-¿No quieres decirlo? ¿o no sabes?- cuestioné.
-Sí que sé… creo- y puso su dedito en la boca –la princesa Min me dice Noa.
-Noa-chan…
-¿Le darás a nuestro rey una flor de la armonía?- preguntó apurada.
-¿Ya te vas?
-Sí, quiero regar el jardín, tal vez ya llegó el sol y no me he dado cuenta.
-El sol nunca se va, sólo está rotando- animé-
Ella asintió.
-¿Has ido al Digimundo, Noa-chan?
-Ahí está mi jardín- afirmó la niñita.
-En la noche se ven tres lunas, eso quiere decir que de día debe haber tres soles.
-Tienes razón, príncipe Seiyuro. – me abrazó de nueva cuenta. La sentí tan cercana como un abrazo de mi padre, de Toshi, de Min, de Hikari.
-Nos vemos… -susurró.
Y fue como si su cuerpecito se fundiera y de él sólo quedara el calor de un sol del Digimundo.
Lo que quedó de ella fueron esas plantas con flores que dejó a mi lado. Me tallé los ojos, de nuevo el polvo de los escombros, los gritos de Jun Kido y las balas de Beelzemon volvieron a estar en primer plano.
Tomé esas flores blancas y las guardé en mi vestuario. Eran flores exóticas, como las que había visto en mi infancia en el Digimundo, aunque no me puse a reflexionar demasiado.
Noa-chan me había pedido que le diera una de esas flores a su "rey" y yo no iba a fallarle. De alguna manera, sabía que su rey era mi padre, porque a mí me llamaba su príncipe… a Min la llamaba princesa… ¿Y quién era ella?
Me detuve y respiré hondo. Recordé que Toshiro había embarazado a Yuriko y de inmediato relacioné a esa niña con mi futuro sobrino.
Toshi me lo había dicho con claridad, que él había visto a su bebé en sus visiones místicas y que iba a lucir como nuestro padre, por lo menos tendría ojos azules… ¿era que yo acababa de tener una bizarra visión al mero estilo de mi medio hermano? ¿Era que de un futuro próximo había venido su hija a darme esta encomienda?, ¿pero qué no el hijo de mi hermano iba a ser varón?... y Noa-chan de varón no tenía nada, era más femenina que las flores que ahora cargaba conmigo.
-Diantres… no entiendo nada princesita, pero por mi honor juro que cumpliré con la encomienda de darle estas flores a mi papá.
A esa niña, fuera ilusión o realidad, la tomé como si fuera mi amuleto de buena suerte. Salté hacia la acción y por inercia, como si trajera baterías incluidas, mi cuerpo resplandeció gracias a mi emblema.
Beelzemon agudizó su mirada en mí.
-¿Me estás retando?- comentó con ira contenida, apuntando hacia mí.
-¿Eh?- sonreí – podría ser, depende… ¿será que me das permiso de patear tu mediocridad, señor demonio?... siempre he creído que las tinieblas a mi alrededor apestan, hay que limpiar la contaminación y eso significa patearte el trasero a ti.
-¡No, Sei!- gimió Hidemi.
Beelzemon dibujó con su cañón un pentagrama que me estremeció. Era como una estrella que brillaba sin luz, era como un fuego que me escocía los sentidos.
Tenía que jugármela con los dibujos de Zetaro-kun, con mi emblema, con el recuerdo del beso de la dama Hidemi y con las flores de Noa-chan para llegar a mi padre.
Y la fe, la bendita fe, tenía que ser suficiente, ¡tenía que ser suficiente!
-¡Carajo! ¡Actuar con valentía pero sin un plan es algo que no haría Takeru, Seiyuro-kun! ¡Quítate de ahí inmediatamente!- me regañó el señor Motomiya, pero no le hice caso, él dejó a su hermana y comenzó a correr para ayudarme.
-¡Estrella del caos!- gritó Beelzemon. Del pentagrama se liberó un energía potente y oscura.
Saqué al azar los dibujos de Zet con algunas plantas, estuve a punto de invocar un digimon, pero el aura oscura se estalló antes de pegarme, ya que un corazón negro que también tenía aire maligno, se colapsó con el ataque de Beelzemon.
-¡Maldita seas, Lilithmon!- gruñó Beelzemon.
Un extraño ventarrón hizo que el polvo saliera volando en forma de torbellino, entonces vi a una digimon con figura de humana… me horroricé, pensé de inmediato en Lady Devimon.
-Lucemon FM piensa, y créeme que concuerdo con él, que esta misión se te ha ido de las manos, Beelzemon- su voz sonaba seductora, me encogí y me llevé la mano a las cicatrices que me había causado mi primer beso.
Traté de tranquilizarme, esa no era LadyDevimon, era una Lilithmon…
-¡Cumpliré con la misión! ¡Le llevaré el tercio del Apócrifo!
-¿Y matarás a la Esperanza para cumplir la misión?- la digimon, que planeaba el aire de esa ciudad oscura, descendió hacia donde yo estaba. Me olvidé de los dibujos, agarré una estaca de madera y se la aventé, pero ésta se desfragmentó antes de tocarla a ella.
-¡No iba a matarle, sólo lo iba a hacer escatimar! ¡y yo puedo hacer lo que me venga en gana! ¡Soy un demon lord igual de poderoso que Lucemon, estoy harto de obedecerle! ¡Estoy harto de ti también, lujuriosa!
-Shhhhh, shhhhh, no me obligues a hechizarte- ella sacó de su kimono un espejo, lo que hizo retroceder a Beelzemon.
Luego se volvió hacia mí y sonrió como si me coqueteara. Con su garra me hizo una ligera cortada en el rostro.
-¡Déjale!- se enojó Hidemi, corriendo hacia mí.
-¡Atrápala de una buena vez, Beelzemon!- de inmediato, los pasos de Hidemi se esfumaron al ser capturada por ese monstruo.
No supe qué decir. Sencillamente estaba temblando en mi interior. Pensaba que ya lo había superado, pensaba que haber besado a decenas de chicas me iba a ayudar a superar esta situación, pero en realidad me había equivocado…
Era un simple humano frágil, estúpido y sin esperanza. Ahora mismo mi estómago temblaba, como si de nuevo la oscuridad del beso de LadyDevimon estuviera creciendo en mí.
Era un dejà vu de mi peor recuerdo.
-Mi precioso emblema consentido, te has vuelto dócil ante mis caricias- lo dijo y me arropó con sus brazos.
-¡Seiyuro, te está hechizando!- alertó Daisuke -¡No le hagas caso!
Sentía que mi corazón no dejaba de latir, estaba conmocionado, aterrorizado.
-¿Todavía recuerdas el beso que te di en forma de Lady Digimon?
-La…Lady…Devimon
-Hechicé a esa Lady Devimon para besarte, eras un humano hermoso que quería morder para oscurecer tu sangre, y yo mandé mi oscuridad, y ahora eres tan mío que me dará pena cuando llegue el momento de matarte…
Se me doblaron las rodillas.
-¡Seiyuro-sama!- gimoteó Hidemi.
Mi bella dama Hidemi-chan… ¿era que no podía contra las tentaciones?
-Amor oscuro- susurró en mi oído, y un beso suyo me penetró el alma.
Sentí como si fuera un saco de huesos que se estrellaba en el suelo. Sentí que mi vientre se retorcía y que la oscuridad de nuevo estaba opacando la luz de mi emblema.
Muerte… desesperanza… sangre.
Quería sangre.
Necesitaba sangre.
Ella me acarició el cabello.
-Luego volveré por ti, consentido; también me ha gustado el humanito de la Bondad- susurró y mi cuerpo vencido se estremeció, aunque no identifiqué si fue por miedo o deseo.
-¡Me las pagarás por hacerle esto a Sei-sama!- gimoteó Hidemi, Jun Kido comenzó a gritar también.
-¡Esa digimon lujuriosa quiere aprovecharse del sobrino de Yamato!- exclamó iracunda, incluso se oía como si estuviera dispuesta a jalarle los cabellos a esa odiosa criatura.
-¿Nos vamos ya, Beelzemon?
El aludido gruñó con impotencia, Hidemi soltó un chillido, como si la estuviera apretando, lastimando, ¡hiriendo!
-¡Seiyuro, no te dejes vencer!- me gritó -¡Haz brillar los dibujos!, ¡sálvame porque eres mi héroe! ¡Sálvame porque te amo y no quiero que nunca más una de esas arpías te vuelva a besar!
Mis labios se calentaron al recordar la intensidad de la boca de Hidemi sobre la mía. Mis ojos se iluminaron al recordar el contraste de su tez morena con la mía. Mi cuerpo se estremeció de anhelo, de deseo, de amor verdadero.
Con lo que me quedaba de fuerzas metí la mano al bolsillo y saqué las flores de la armonía. Besé una de esas flores y fue como si mi vida hubiera vuelto a renovarse, luego me giré hacia Daisuke.
-¡Por favor, tío Daisuke, ayuda a mi papá!- y le tiré un racimo de flores que él identificó de inmediato.
-Son las flores que traía Kari- dijo al tiempo en que las cachaba, tomaba la mano de Jun y corrían hacia donde habían ocultado a Takeru.
-¿Te levantas contra mí, mi precioso…? ¿es por los consejos que te dio el tercio del Apócrifo?
-¡Es por el amor!- declaré esperanzado, con el rostro al rojo vivo y emocionado.
Saqué la libreta de Zetaro, la abrí al azar y vi que MangaAngemon estaba dibujado justo frente a mí. Ahora sólo tenía que materializarlo.
-¡Puedes hacerlo Sei-sama!- exclamó Hide-chan.
Traté de pensar en mi emblema: La esperanza… esa virtud que me había sido heredada de mi padre. Pensé en la luz de mi hermano Toshi y de mi querida Hikari… pensé en Tokomon, en sus ojillos amigables.
Me llené de una luz entre amarillenta y verdosa que me enorgulleció, aún con la oscuridad en la sangre yo era capaz de iluminarme así, ¡era capaz de luchar por mi damisela en apuros!
-¡Aparece, MagnaAngemon!- ordené al dibujo.
No obstante, de esa hoja arrugada y llena de dibujos no apareció nada.
-¡Pardiez, te digo de una buena vez que aparezcas!
El dibujo siguió sin materializarse, pero lo que sí empezó a oírse fueron disparos, unos menos poderosos que los de Beelzemon; eran unos disparos de armas humanos.
-¡Más escoria qué achicharrar!- gritó iracundo el demon lord masculino.
-¡No se la llevarán!- la voz de mi tío Yamato se oyó imperiosa en lo que una vez había sido la residencia de los Kido.
A su lado, el mejor detective de Japón, baleaba con enjundia a Lilithmon.
Vi que tía Sora, May y Doguen Kido hicieron aparición junto con ellos, a lo lejos, el llanto de una mujer cuya voz no conocía se dejó oír como un lamento sin límites.
-¡Mamá!- reconoció Hidemi.
La mujer, que en un principio había estado en una silla de ruedas, se puso de pie con mucho trabajo y trató de cojear hacia donde Hidemi estaba.
-¡No se la lleven a ella por favor! ¡Llévenme a mí!- lloró.
May, mi querida prima, sujetó a la mujer y se puso frente a ella para protegerla. El Llorón gimió al ver en peligro a su madre y a su tío Daisuke.
-¡Han destruido mi casa!- se quejó con odio y corrió hacia su mamá mientras con torpeza balanceaba de un lado a otro uno de esos rayos láser que Ken-san siempre traía de reserva en su brazalete.
-¡Solecito!- gimió la señora Kido.
Los disparos no dañaron a Lilithmon, sólo la hicieron sonreír. La vi sacar la lengua y enjuagarse los labios con ella, como si fuera un lipstick.
-La digiemblenquia- dijo con una extraña voz melodiosa pero llena de maldad.
Calumon, el pequeño digimon que habían encontrado mis primos Ishida, revoloteaba tembloroso en el ambiente lúgubre del campo de batalla.
-Ellos son malos, calú- decía –Calumon tiene miedo.
-¡Maldición, te dije que te quedaras en la camioneta junto con Akane-san!- regañó Mayumi -¡Y ninguno de los dos ha obedecido!
Tía Sora y mi prima intercambiaron miradas. Como si estuvieran compenetradas, la esposa de mi tío se quedó resguardando a la madre de Hidemi con su rayo láser encendido, mientras Mayumi comenzaba a perseguir a Calumon.
-¡Ven acá!- ordenó la rubia, pero el digimon seguía perdido en suspiros sin saber el peligro que realmente corría.
-¡Libérala!- gruñó por su parte tío Matt, apuntando a Beelzemon, quien a su vez tenía sujeta a mi damita.
Daisuke se le unió a la lucha después de haber dado las flores a papá. Yo me erguí lo más posible y aplasté la libreta en la zona de mi corazón.
No podíamos hacer nada contra esos monstruos.
Las flores que me había dado Noa, por más curativas que parecían ser, no iban a ser suficientes.
Mi padre se fue levantando.
-No permitiré que se salgan con la suya- anexó con valentía a la conversación.
-Tenemos qué huir- intentó hacerlos razonar mi tía Sora, pero los adultos varones parecían ensimismados en atacar.
Tío Ken disparaba sin cesar a la reina de tinieblas, pero ésta desaparecía en cada disparo y lanzaba de su cuerpo ondas de oscuridad.
Papá y tío Yamato, lo mismo que Daisuke, también atacaban a los reyes demonios digimon con todo lo que tenían, pero sólo hacían que Hidemi chillara más y Beelzemon riera con sorna y superioridad.
Y yo, con la esperanza queriendo de nueva cuenta romperse, no sabía qué debía hacer…
-¡Sei-sama, los dibujos!- insistía Hide, revolviéndose entre la garra del monstruo.
Muerte… desolación… desesperanza…
-¡Calumon quiere ayudar pero tiene miedo!- gritó el animalito digital.
Lo vi un instante, volando como abeja sin panal, mientras mi prima Ishida daba saltos para intentar cogerle.
-¡Llorón, ayuda a Mayumi!- ordené -¡May, tráiganme a Calumon!
-¡Eso no, la digiemblenquia nos pertenece!- dijo molesta Lilithmon, dirigiéndose hacia mi querida prima, para detenerla.
-¡Jamás!- dijo May, con la sonrisa atlética de su sangre Takenouchi.
-¡Uña názar! – gritó la lady demon, pero Doguen lanzó su sable y cambió la dirección del ataque que consistía en una extraña y humeante garra venenosa.
Mayumi atrapó a Calumon en el aire, se las arregló para hacer una pirueta que me dejó la boca abierta y cayó de pie en el piso, como una atleta.
Agradecí sus clases de gimnasia de la primaria. Corrió hacia mía mientras Lilithmon hacía su primer berrinche de la tarde.
-¡Maldita humana hembra, no te lo quedarás!
Doguen llegó hasta mí.
-¿Qué está pasando?- preguntó, pero a mí no me dio tiempo de responder. Mayumi derrapó el suelo y me cedió a Calumon encalmada, mientras los adultos nos trataban de proteger a base de balazos.
-Calumon, por favor, dame tu poder…- le rogué.
Los ojos verdes del digimoncito me vieron unos instantes, yo extendí el papel y señalé con fuerza el dibujo de MagnaAngemon.
-Calú no sabe qué hacer.
-¡Tráeme a mi amigo! ¡Haz que venga MagnaAngemon!
-¿Calú?
-¡Hazlo!- le ordené a la criatura, mientras yo brillaba de esperanza y accionaba a su vez los emblemas de la Amistad y Sinceridad de mis amigos. A lo lejos, vi que Hidemi también encendía su emblema, el de la Libertad.
-Calumon lo hará- susurró el digimon para sí mismo, cerrando sus ojitos. El triangulito de su frente resplandeció -¡Evolución resplandeciente, calú!
Y justo cuando dijo eso, MagnaAngemon se proyectó del papel, como si fuera un dibujo animado cobrando vida.
Sus datos se fragmentaron del boceto, del talento de Zetaro Ichijouji y del poder mágico de los emblemas y de Calumon.
-¡Eso no es posible!- se quejó Lilithmon -¡Esto es retirada, Beelzemon!
MagnaAngemon apareció glorioso entre la destrucción.
-¡Sólo es un ángel y como demonios debemos vencerles!- gorjeó Beelzemon, dispuesto a enfrentarse al oponente.
-Seiyuro, te he vuelto a ver- susurró con elegancia MagnaAngemon. Era el mío, mi querido Tokomon digievolucionado.
-Amigo mío, por favor libera a la dama Hidemi y ayúdanos a escapar- le pedí.
-¡Así se hace, hijo!- dijo mi papá, al parecer la flor de Noa de verdad lo había curado. Yo observé gustoso a mi progenitor, mientras mi digimon se lanzaba al ataque.
-No será suficiente- juzgó Doguen –Calumon, aquí hay muchos dibujos, ¡materialízalos a todos!
-Calumon tiene mucho sueño, calú- el animalito convulsionó y se desmayó en los brazos de May.
-¡Siempre te escabulles de las responsabilidades, Calumon!- se enojó Kido, pero una mirada de Mayumi fue suficiente para callarlo.
-Papá, hay que irnos de aquí – propuso con coherencia mi rubia amiga –en cuanto liberen a Hidemi, tenemos que estar listos para irnos.
Tío Yamato asintió a su hija.
-Sora, lleva a Akane-san a la camioneta, Daisuke, hay que evacuar el sitio ya.
-¡Dolor Fantasmal!- exclamó Lilithmon, mientras de ella se expedía una sombra putrefacta.
-¡La puerta del Destino!- contraatacó MagnaAngemon, abriendo una puerta que se tragó ese poder.
-¡Gran impacto!- peleó por su parte Beelzemon, pero su enorme poder también se lo tragó la puerta.
-Es inútil, MagnaAngemon no podrá solo, mientras pelea contra esos dos lo que necesito es arrebatarle a Hidemi con mis propias manos- comenté con seguridad.
-¿Estás loco?, ¡Te matará!- regañó Doguen.
-Te ayudo- dijo por su parte mi prima, cediéndome el láser que tío Ken seguramente le había dado.
Le sonreí a Mayumi en señal de agradecimiento.
-¡Balas doble impacto!- siguió intentando Beelzemon, pero el portal de mi digimon siguió tragándose los poderes, y no sólo eso, sino también la casa de Doguen, sus muebles, los portarretratos rotos, sus recuerdos...
Incluso, a veces sentía que la absorción de aquel poder también quería llevarme a mí.
-¡He dicho que nos vamos!- chilló acorralada Lilithmon, se volteó hacia su demon lord compañero y le mostró un espejo.
-¡Hechizo del espejo, yo te invoco a que me obedezca!
El poder oscuro alcanzó a chocar contra Beelzemon, a quien de inmediato le cambió la mirada iracunda por una servil.
-¡Vámonos!- repitió la orden Lilithmon.
-Lo que mi emperatriz diga- respondió el rey demonio en actitud sumisa, mientras aplastaba más el cuerpo delicado de Hidemi.
Corrí hacia ella, con el láser en alto, pero entonces Lilithmon abrió el portal oscuro que también comenzó a absorber todo alrededor. Era como si dos remolinos, uno de luz y otro de oscuridad, estuvieran comiéndose nuestro mundo.
-¡Todos sujétense de lo que puedan!- mandó Daisuke-san.
Pero yo no obedecí, salté hacia donde el portal oscuro apareció.
-¡Eres un tonto!- oír lamentarse a Doguen.
-¡Así no vas a salvarla!- agregó mi prima.
-¡Hijo!- exclamó mi papá, tratando de alcanzarme.
-Seiyuro… nos volveremos a ver- agregó mi digimon, empezando a desfragmentarse ante mi decisión.
-Tokomon…
-¡No lo hagas Sei!- me rogó Hidemi.
-Mi damita…
Fue lo último que oí: su voz. Fue lo último que vi: sus ojos llorosos. Sin embargo, lo último que sentí, fue la textura del kimono de Lilithmon.
Me sujeté de ella digimon oscura antes de desaparecer junto a Hidemi, junto al amor, y, por supuesto, ¡junto a mi esperanza!
FIN POV Seiyuro Takaishi
O
POV Sora Ishida
Consolé a Mayumi apretándola contra mi cuerpo. No estaba llorando, pero se veía desesperada. Cargaba en brazos a Calumon como si fuera un muñeco y suspiraba como si todavía fuera una niña de primaria.
-No puedo creerlo, no pudimos hacer nada- me dijo con los ánimos por lo bajo –Se llevaron a Taiki, a Hidemi… y mi primo Sei también ha desaparecido.
Volví a abrazarla.
-No debes perder la fe- insistí.
-Ahora menos que nunca- anexó mi cuñado. May alzó su rostro y encaró a su tío.
-Tío, ¿cómo puedes decir eso si esos demonios digitales no sólo se han llevado a Min, sino también a Seiyuro?
-La esperanza es lo último que muere, Sei me lo demostró, hizo aparecer su digimon, tenemos a Calumon de nuestra parte y también tenemos el talento de Zetaro Ichijouji.- dijo Takeru, sonriéndole con gracia a mi primogénita –Además, Sei es un héroe, Hidemi, Min… todos los que esos demon lord han capturado son mis héroes… son nuestros queridos niños elegidos y sé que triunfarán.
-¡Y no nos quedaremos atrás!- agregó Daisuke –En cuanto lo descifremos, iremos a patearles el trasero, ¿no es así Ichijouji?
-Así es, Daisuke- afirmó el detective.
Mayumi asintió, tomando fuerza de las palabras de los adultos.
-Tenemos que ir al refugio para reorganizarnos- dijo Yamato -¿Estás bien, Jun-san?
Fruncí el ceño por costumbre. La esposa de Jyou asintió y se enrojeció, sin embargo, quedó muda.
-Mi pobre madre- le oí mascullar a Doguen –me causa tanta pena verle esas reacciones… ¡y pensar que papá es peor!, no quiero ni pensar en lo que llorará mamá cuando sepa lo de esa hija bastarda.
-¿Te puedes callar?- regañó Mayumi –Deja de decir estupideces, ¿no te das cuenta de lo que está pasando, Doguen-senpai?
-En mi corazón hay cabida para todas las angustias que quiera- defendió él.
-Pues sí, sufre todo lo que quieras, pero ni se te ocurra decirle esas burradas a tu madre o a tu padre, no seas idiota- la brusquedad de mi hija me sorprendió, y por extraño que parezca, me causó orgullo.
Me giré hacia donde estaba Akane-san.
Ya no lloraba ni gemía, parecía haber perdido la capacidad de sacar sus penas, o quizá su dolor era tan enorme que ya no podía traslucirse en su cuerpo herido.
Me punzó verla así, en shock, paralizada, con sus ojazos oscuros perdidos en el horizonte. Su belleza y juventud parecían haberse carcomido por la escena que había presenciado.
¡Cuánto quise consolarla! ¡Cuánto quise decirle que todo estaría bien!, pero ella no respondió cuando la llamé, Akane Fujiyama ni siquiera me dirigió una mirada.
-Es muy hermosa- admitió Tk, inclinándose frente a ella. Asentí y mis ojos comenzaron a lagrimar, mi voz se escaldó.
-Lo sé- gemí con tristeza. –Takeru… ella estará bien, ¿no es así?
Fue egoísta de mi parte preguntarle eso a mi esperanzado cuñado. Era como si por tener esa virtud las preguntas de peso recayeran en sus hombros.
-Taichi la salvará- dijo él con seguridad y yo estuve de acuerdo, porque Taichi siempre salvaba a sus tesoros.
Y esa hermosa mujer, que le había dado hijos y que tanto había sufrido por su destino, merecía ser el tesoro más grande de mi mejor amigo.
-¡La autonave funciona!- avisó Daisuke, accionado su vehículo a pesar de que había sido baleado.
-Todos arriba- mandó mi marido, subiendo, junto con Takeru, la silla de ruedas en donde yacía Akane.
Miré a mi hija y me obedeció. Haló tras ella al chico Kido, quien seguía lamentándose de cosas que sólo parecía comprender él.
Jun Kido los miraba embelezada.
-Se ven hermosos, son la pareja perfecta- se ilusionó.
Me masajeé la frente. Le busqué lo simpático a la situación pero no me hizo gracia alguna que una mujer que había estado tras mi marido en la adolescencia quisiera emparejar a mi hija con el suyo.
-Jun-san, será mejor que subamos ahora- propuso Ken Ichijouji.
-Mi solecito y ricitos de oro… sería un cuento maravilloso- ella soñó despierta.
-¡Sé que haber perdido tu casa te desatornilló la cabeza, pero sube ya, Jun!- mandó Daisuke de mala gana.
-Sí, claro- ella sonrió -¡Ya arriba podemos hacer oficial el casamiento! ¿cierto, Sora-san?
Suspiré y mi paciencia se acabó.
-No gracias- dije antes de subir a la autonave, seguida por la alucinada ex admiradora de mi Yamato.
FIN POV Sora Ishida
O
POV Taichi Yagami
Bastó ver el rostro de Akane Fujiyama para saber que se habían llevado a mis hijos.
Yamato me lo relató sintiéndose culpable, me narró que los demon Lord se habían llevado a Taik y Hide. Me dijo que me había fallado, que no descansaría hasta rescatarlos, me dijo que estaba dispuesto a todo, y a mí me bastó verle sus ojos de lobo para entender que de haber podido incluso habría dado su vida por mis cachorros.
Le agradecí por su lealtad, no podía hacer otra cosa. También agradecí a Sora su amor y acompañamiento, le di un tronador beso en la frente.
-Si mis niños fueron secuestrados no ha sido culpa de ustedes- les dejé en claro –Al contrario, sé que les ayudaron hasta el final.
-Señor Yagami, este no es el final- interrumpió la hijita estrella de mis dos mejores amigos. Le desparramé su rubia cabellera.
-Tienes razón Mayumi-chan, el final del cuento es la boda que celebraré para ti y mi primogénito cuando se casen- bromeé, tratando de usar un humor limpio de negrura y tristeza.
-¡Eso propóngaselo a su hijo cuando lo rescate!- se molestó la muchacha y se retiró junto con su hermanito. Me encantó que no negara la posibilidad del final de mi cuento, por eso le dediqué una última sonrisa.
-Tai, lo mejor es que hables con Akane-san- propuso mi mejor amiga. Ella llevaba la silla de ruedas, la madre de mis hijos no me miraba, tenía la cabeza agachada y no parecía tener fuerza para sostenerse.
-Lo haré.
-Nosotros estaremos planeando lo que sigue- agregó Yamato con urgencia; yo le asentí.
Habían llegado al refugio unos cinco minutos atrás y con malas noticias. Lucemon Falldown Mode había secuestrado a Taiki, en tanto que Beelzemon y Lilithmon se habían llevado a Hidemi y Seiyuro-kun.
A mi Soji, según había dicho el principito Tachikawa, se lo había raptado un demon Lord llamado Barbamon. No sólo eso, sino que también habían capturado al pequeño Tulo, a mi sobrinita Min y habían provocado en Yuriko Hida una amenaza de aborto.
Estábamos destrozados. Nadie tenía idea de qué hacer.
Mis ex compañeros de batallas se aglutinaron en el comedor de la casa de Devimon del museo. De reojo vi que Koushiro tecleaba como maniaco en busca de respuestas que su mismo estado de adulto le impedía ver.
Mimi y Miyako nos miraron a mí y a Akane y yo lo único que hice fue sonreírles.
-Takeru… - dije a mi cuñado, quien aún no se alejaba lo suficiente de mí.
-¿Dónde está mi Kari?
-Ella y Toshi te necesitan, están por enfrentar a Cody. Búscalos en la planta alta.
Él no necesitó que dijera más cosas, con paso firme y apresurado se alejó de donde Akane y yo estábamos.
Si giraba mi cuerpo, podía ver a todos mis sobrinitos observándome. Oí cuchichear a la hija de Ichijouji sobre lo hermosa que era Akane; oí lagrimar a Kotaro Ishida al ver a la madre de mis hijos. Osen-chan nos miró con nostalgia mientras que Ben-kun gruñó sin razón aparente.
-Buscaremos un lugar más privado, Akane- le avisé, ella ni siquiera levantó la cabeza.
Me agaché y tomé su delicado cuerpo entre mis brazos, justo como la noche en que pagué por sus servicios y la llevé a aquella inhóspita habitación.
Caminé entre los amigos de mis hijos, algunos, como Kyo Motomiya, me dedicaron una sonrisa sincera que agradecí.
-¿Esa señora es mamá de tus hijos? ¿entonces te apareaste con ella, Yagami-san?- Satoru Ichijouji me preguntó, atravesándose en el cubo de la escalera.
-¡Sato, ¿Por qué siempre tienes que sacar abominaciones de tu boca?!- reprendió su hermana mayor, quien lo quitó del camino.
Me caía bien ese chaval, siempre decía lo que nadie se atrevía siquiera entrever. Al final, ¿no era eso verdad?
Tras mirar el cuarto donde seguro mi sobrino Toshi enfrentaba su destino, me introduje en otra habitación y recosté a Akane en una cama. Daisuke me había dado una flor de la armonía que había conseguido por parte de Sei, así que lo primero que hice fue darle a ella el remedio.
Recordé que la última vez que la había visto había sido en el reencuentro de Hidemi y Taiki, en el 2028. Rememoré lo que decía su carta de despedida, en la que me decía que iba a buscarse una vida nueva.
¿Por qué incluso había tenido que mentir en esa misiva? ¿Por qué no me había hablado de Soji en aquella ocasión?, ¿por qué?, ¡¿por qué demonios no me había dicho nada de nuestro hijo?!
Sin embargo, lo había estado buscando… todo este tiempo ella había deambulado en busca del niño, en busca de nuestro trillizo.
-Sostén esta flor, Akane- le rogué.
Sus ojos parecían carentes de emoción, pero sus párpados estaban tan hinchados que comprendí que se le habían acabado las lágrimas.
A pesar de que habían pasado cinco años desde la última vez que la había visto, ella lucía igual de joven, y eso que su cuerpo estaba severamente lesionado.
-Dicen que Taiki insiste en que te atropelló, pero apuesto a que sucedió lo contrario… - observé que la blancura de la flor estaba ennegreciéndose, como si estuviera absorbiendo la amargura y la tristeza.
Nunca la había mirado con adoración. Era la primera vez que la apreciaba. Esa mujer me había dado tres hijos con ese cuerpo frágil y esos ojos vacíos.
Por lo que sabía, ella se había visto en la necesidad de separar a los niños por culpa de los digimon demonios. Eso habían dicho Sora y mi hermana, pero yo quería oírlo de la voz de esa mujer.
La había hecho mía en una noche absurda en la cual sólo sentía recelo y obstinación por algo imposible que ni siquiera sentía.
Sus besos… si hacía un esfuerzo, se dibujaban en mis remembranzas, al igual que sus gemidos tristes. Era una niña en aquel entonces y yo no había reparado en ello. Jamás había pensando en sus circunstancias, ni siquiera cuando me había enterado de mis chicos.
Ahora presenciaba su transformación. Su aspecto de roca porosa y decolorada comenzaba a lucir más como una esmeralda brillante y divina.
La flor de la armonía le devolvió el color al rostro y aunque no desaparecieron, sus heridas parecieron mejorar mucho.
Su boca se tiñó de rojo, su cabello se oscureció. Lo único que no le cambió fue la mirada que dejaban entrever sus iris pardos.
-¿Te encuentras mejor, Akane?- cuestioné. No recibí respuesta.
Lucía catatónica, en shock, perdida.
No obstante, yo no me podía dar el lujo de perderla a ella también. Si no nos uníamos ahora, quizás nunca podríamos ver a nuestros trillizos juntos.
Se lo dije con palabras. Se lo repetí hasta alzar la voz, pero Akane Fujiyama no me respondió.
La tomé de los hombros, no quise ser brusco, pero mi ademán no fue tierno. Alcé su barbilla.
-Mírame a los ojos, Akane- le ordené –Veme y escúchame, ¿quieres?
Ella no me obedeció.
-Rescataremos a nuestros hijos, ¡te lo juro!, pero tenemos qué hacerlo juntos ¿entiendes?
Seguí sin respuesta.
-¿Es que no lo entiendes?, ¡somos sus padres y no podemos dejarnos vencer antes que ellos!... de verdad, no tienes idea de lo fuertes que debemos ser para protegerles, así que te necesito aquí, a mi lado, ahora mismo…
Era como si estuviera frente a un maniquí que se quedó abandonado en una bodega.
No me regaló ni siquiera un gesto y eso me llenó de impotencia.
Pensé en Taiki, en su carácter intenso y bravucón… en su ternura desmedida y su entrega para con sus seres amados.
Pensé en Hidemi, en su dulzura, en su personalidad grácil y perfecta, en su espíritu libre, soñador y enamoradizo.
Pensé en Soji, en mi hijo mejor, que me había demostrado tener una inteligencia agridulce, un camino inquietante y un corazón que podía amar más que nadie en el mundo.
Sencillamente Akane no podía quedarse atrás. Yo también tenía que pensar en ella, y ella tenía que pensar en mí y en sus hijos.
Varias veces le había dicho que era una mujer sin corazón, ahora comprendía que, por el contrario, ella tenía un corazón que dolía más que el de nadie.
-Akane-chan… haremos esto juntos, ya lo he decidido- insistí, con mi frente en alto y mi mano en su barbilla. –Te quiero en mi vida.
La besé.
Después de más de 15 años, volví a besarla.
La abracé.
Como aquella noche, la envolví con mi cuerpo.
Pero esta vez dije su nombre.
-Te quiero en mi vida, Akane-chan, ¿has oído?, ¿lo has sentido?, tienes que estar a mi lado para que podamos recuperar a los chicos.
Tímidamente, mientras estaba en mis brazos, la mujer asintió temblorosa. Yo la separé unos centímetros de mi cuerpo y por fin pude ver sus ojos en los míos. Los dos estábamos llorando.
-Yagami… -gimió aterrorizada –tengo miedo.
La volví a abrazar. No supe por qué, pero yo también necesitaba de ese abrazo.
-Vamos a rescatarlos, a los tres- dije con el mayor valor que pude –Taiki es un cabronazo que es capaz de enfrentar a quien sea y salir airoso; Hidemi, nuestra princesa, le hará entrar en razón si se pasa de imprudente…
Ella asintió nuevamente entre mis brazos.
-Y Soji, nuestro pequeño, es de lo más sagaz; he tenido el privilegio de conocerle, ¿sabes?, sencillamente es un chico brillante, estoy seguro de que será capaz de superar cualquier obstáculo…
-Te-Tenemos que impedirlo…
-¿Qué cosa, Akane?
-Que… que hagan el emblema Apócrifo con ellos.
Tuve qué admitir que el valor que había ganado, se me desapareció después de esas palabras.
FIN POV Taichi Yagami
O
POV Taiki Yagami
Mi hermano me odiaba y me costaba energía encarar la situación.
Tenía razón en detestarme, simplemente la suerte me había sonreído más a mí que a él… pero dolía. Su odio era como una astilla atorada en los pulmones… sentía que iba a desfallecer y que iba a explotar.
Por culpa de Lucemon Falldown -o como se llamara- me había roto el brazo y estaba lesionado por todas partes. Prácticamente tenía todo el cuerpo lleno de moretones, raspones y sanguaza.
Estaba encerrado en un calabozo donde yo creía que había estado encerrada Akane, mi madre, cuando estaba embarazada de nosotros… me lo decía el instinto, que era lo único de fiar en mi persona.
Observé a Min, quien desde hacía rato emitía un brillo dorado y meditaba como un angelito… no tenía idea de a quién le rezaba o si realmente rezaba, pero daba la misma, lo mejor era que ella estuviera distraída, sin sufrir más de la cuenta.
Tulo Izumi, nuestro otro compañero cautivo, seguía durmiendo, lo que facilitaba las cosas. Bien sabía por Ben que su hermanito era un pequeño monstruito sin leyes y yo no tenía idea de cómo domesticarlo en situaciones de crisis… digo, ni siquiera podía con mi propia alma ni con el desprecio de Soji.
Aún con la oscuridad podía notar lo parecido que era a mí. Era súper extravagante tener un mellizo idéntico y del mismo sexo… con Hidemi era diferente, por más que nos pareciéramos ella era una versión mejorara de mí por el simple hecho de ser chica…
Soji era también más guapo que yo, más sofisticado al menos. Aún sin espejos, sabía que era mucho más cool que yo.
Estaba encolerizado con Lucemon. Había raptado a mi hermano a pesar de que yo estaba dispuesto a ocupar su lugar. Seguramente también habían ido por Hidemi y el sólo hecho de imaginármela lastimada me hizo derretirme como aspirina.
-¡Mierda, quiero salir de aquí!- grité entre esas mazmorras de porquería. Sacudí los pilares metálicos de la celda, pedí ayuda a Koromon, pero mi voz sólo hizo eco.
-No gastes energía- mandó fríamente mi hermanito.
-Es peor quedarte con la congoja, deberías sacar el enojo conmigo- sugerí.
-¿Gritando con insensatez?, me parece mejor guardarme esa congoja y convertirla en energía para sobrevivir.
-No entiendo tu razonamiento.
-You're useless… a really pain in the ass.
-¿Qué?, ¡no uses inglés, no entiendo!... joder, ya estás como Ben- me quejé, pateando la reja mientras él negaba mis acciones.
¿Qué quería, que me quedara tranquilito como él?, yo tenía que moverme para poder pensar, además, el dolor de mi brazo era demasiado agudo como para no buscar distraerme con otras cosas.
Di un par de saltos y comencé a patear el suelo de tierra oscura, rocosa.
Tulo abrió los ojos, los cuales de inmediato se le humedecieron.
-¡Taiki!- me reconoció y se me dejó venir como un becerro en busca de consuelo en un matadero.
-Hola, pelirrojo.
-Mira, es tu hermano – me avisó –Te lo cuidé.
-Gracias, petirrojo- felicité y él quedó muy conforme con ello. Corrió hacia donde Min meditaba o rezaba (vaya a saber Buda qué hacía), le tomó la mano y se recargó confianzudamente en mi primita, quien abrió sus ojazos rubíes para saludarlo.
Soji y yo los miramos interactuar con envidia.
-Min-chan, seguimos encerrados como los esclavos de las pelis- lloriqueó el hermano de Osen.
-Sí, pero no te preocupes, el sueño se hará bonito.
-¿Qué tan bonito?- quiso saber el hijito de Mimi y Koushiro.
-Como un arco iris- respondió con sabiduría Min, Tulo se rió y se abrazó más a su mejor amiga, parecía su oso de felpa.
Me acerqué a Soji.
-Ellos… los peque, ¿no te parecen más civilizados que nosotros?
Soji me miró con ironía.
-Por supuesto, ¿pero me vas a negar que se comporta como neandertal eres tú?
-No me culpes, lo heredé de nuestro padre. Tengo la cabeza dura.
-Por el momento y como ya te comenté, pensar en relaciones familiares es lo último que quiero discutir con mi copia neandertal- me reiteró Soji.
Sonaba mucho más inteligente que yo, pero no me hacían especialmente gracia sus comentarios.
-¿Y qué es lo que te interesa entonces?- le pregunté, sentándome a su lado.
Soji apuntó a los niños.
-Sacarlos de aquí. A la niña te la llevas tú. Al niño se lo regresaré a Tachikawa y a la Muñeca.
-¿Con muñeca te refieres a Osen?
No me respondió.
-No, ya en serio, ¿de verdad le dices Muñeca? ¿y Ben te lo permite? ¿Osen no se intimida?
-A ella le han extraído algo del cerebro.
-¿Eh?
-Sé que parece difícil de creer, pero los monstruos que nos encerraron aquí le extrajeron parte de su cabeza- insistió –en su único momento de lucidez, me pidió que salvara a su hermanito y eso voy a hacer; luego podré seguir con mi vida.
-Ajá, en solitario- complementé, tratando de sonar igual de hiriente que él. Me levanté, sacudí la ropa y le sonreí. -Entonces tienes tu razón muy clara. Quieres salvar a los niños y en eso tú y yo coincidimos, ¿ves que no todo está perdido en nuestra relación fraternal?
-Quizás…
-Y según entiendo, a Osen le robaron sus pensamientos curiosos, justo como sucedió con mi tío Izzy en Digimon Adventure…
-¿Perdón?
-Hablo de los libros de Takeru Takaishi… todos ellos son reales, así que prácticamente al tío Izzy le pasó eso de verdad.
-No sirve de nada saber los antecedentes, no he leído esos libros y no me interesan.
-Tal vez, pero a mi lista de pendientes se agrega la necesidad de recolectar los pensamientos de O-chan.
-Lo haré yo, se lo he prometido.
-Mi hermanita postiza te gusta- canturreé; lo dije con descaro porque estaba más que claro.
-No es tu hermana.
-No, eso no nos convendría ¿cierto?- me burlé, estirándole la mano –trabajemos en equipo, So-chan.
-No me llames So-chan- regañó él, aunque para mi sorpresa, me tomó la mano.
-¿Por qué no, hermanito?
-Porque así me dice Yagami.
Lo dijo serio e indignado pero a mí me causó gracia. A veces, mi padre y yo pensábamos de la misma manera.
Ver a Soji me hacía analizar… además de nuestro físico ¿en qué se parecerá este chico a mí? ¿Tendrá las cualidades de mi hermana? ¿tendrá su espíritu libre y valioso?
Ya quería que me quisiera, porque yo ya comenzaba a quererlo.
Nuestra primera plática sin gritos fue interrumpida por el pequeño Izumi, que dejó de embarrarse en Min para correr a nuestro lado y sugerir con inocencia.
-¡Taik, Soji, hay que cavar un túnel!- propuso -¡Uno muy hondo, que llegue hasta el infinito y más allá!
A mi trillizo esa idea le pareció insulsa, sobre todo al palpar lo duro y frío que estaba el suelo. Sin embargo yo no desairé la propuesta del bebé del grupo.
-Es una buena idea, por eso tienes el emblema de la Creación, Tulo-chan- volví a fingir una felicitación, me encantaba la cara contenta del pequeño mocosín -¿Por qué no le dices a Min que te ayude a hacer un pasadizo secreto?
-¡Sí!- gritó emocionado y fue de nuevo hacia su compañerita de juegos.
En un dos por tres andaban gateando por toda la cueva, poniendo sus orejitas en la tierra para buscar huecos dónde escarbar.
-¡Eso es, busquen un pasadizo!- insté
-Estás gastando las energías de los niños.
-Es mejor ponerlos activos a que pierdan la esperanza y se la pasen llorando- defendí –además, ya te lo dije, nuestra madre estuvo cautiva aquí, estoy seguro… cuando se embarazó la secuestraron los digimon y la encerraron aquí hasta que nacimos.
-¿Qué relevancia tendría eso?
-Que nacimos en esta cueva y que puede haber aquí algo oculto que nos beneficie.
-Un pesebre mágico o algo así ¿eso sugieres?, eso es mitología cristiana, neandertal-kun.
-Búrlate hermanito- le dije, con el orgullo herido –Será lo que sea, pero nacimos aquí, nacimos en el Digimundo y eso tiene qué significar algo.
El grito de una chica nos alertó de inmediato.
-Damm it, has atraído a esos monstruos con tus bramidos- se quejó, levantándose abruptamente para coger a Min y Tulo de la ropa.
-Hide… - reconocí esa voz que se oía en la caverna -¡Es Hidemi!
-¡Niños, quiero que finjan que están dormidos!- les ordenó de inmediato Soji, sin prestarme atención.
-¿Vienen los Demon Lord?- preguntó Minagawa mirándonos a Soji y a mí.
Soji sentó a los niños a su lado, les obligó a agachar la cabeza.
-Hey, tú… ¡neandertal!- me habló, pero yo no le respondí, quería corroborar si realmente quien gritaba era mi hermana -¡Hazte el dormido ya! ¡No me causes problemas!
Escuché con indiferencia la orden de mi trillizo, inclusive lo vi brevemente con desprecio cuando noté que fingía estar dormido.
Eso… ¿no era acaso cobardía? ¿Eso quería decir que mi hermano menor era un cobarde?
Suspiré, apuñé con fuerza el brazo que no tenía roto, apreté las cejas.
Estaba bien si Soji quería quedarse en las sombras, después de todo ahí podría defender a mi primita Min y al pequeño Izumi.
Pero yo era otro caso, yo sencillamente no podía simular que no ardía en furia. Si esos demonios traían a Hidemi, eso significaba guerra… eso quería decir que tendría que luchar sin importarme estar en desventaja.
Unas antorchas de luz púrpura comenzaron a prenderse alrededor de la celda. Había una explanada enorme y vacía frente a la prisión; alrededor de ésta había varias veredas.
De una de ellas salió una mujer. Supe que era una digimon de los malos por su mirada y porque sus brazos más bien parecían garras. Entre sus dedos picudos y largos cargaba con un humano alto e inerte.
La luz morada los iluminó y yo corrí hasta la jaula y zangoloteé los barrotes.
-Seiyuro… - reconocí al chico que ella cargaba -¡Tú, vieja loca, deja a Seiyuro!
Enseguida, por otro sendero, apareció otro enemigo y esta vez sentí un vértigo de amargura.
-¡Taiki, hermano!- me gritó Hide y sentí retortijones de coraje recorrer todo mi cuerpo.
Esos malditos demon lords iban a sacrificarnos, eso estaba seguro, ¡pero yo no les iba a dar gusto!
-¡HIIIIDEEEEMIII!- grité lo más alto que pude.
-Pensé que Lucemon casi había matado a golpes al tercio de la Unión, ¿No era así, Beelzemon?- opinó la vieja bruja.
-No te fíes de esos chiquillos, ya ves, se ha filtrado la Esperanza a nuestro mundo- renegó Beelzemon – Si tan sólo no me hubieras hechizado, hubiera controlado la situación mejor que tú, Lilithmon.
-Esperanza es mi varón consentido, será uno de mis esclavos cuando se destruya su emblema- comentó la digimon –el que esté aquí sólo facilita el proceso.
-¡No permitiré que lo dañes, arpía!- defendió Hidemi, movilizándose como remolino.
Al menos no se veía herida; el que tenía mala cara era Seiyuro, pero era normal, ¿qué no estaba recién operado?
Lilithmon arrojó el cuerpo de Sei al suelo.
-Enciérralos ya Beelzemon, esa humana me molesta. Iré a avisarle a los demás… podemos iniciar el ritual pronto.
-¿Qué te hace creer que voy a obedecerte como si fueras la jefa?- se molestó Beelzemon, quien también traía cargando en sus hombros una motocicleta ponchada.
-Mi espejo- respondió Lilithmon, desapareciendo.
Como si fueran bolsas de basura, ese monstruo digital agarró a mi hermana y a mi amigo y los echó en la misma celda que a nosotros. Por supuesto, traté de atacarle, pero sólo me gané un empujón que me golpeó el hueso roto y me dejó en el suelo.
Hidemi gritó mi nombre, Seiyuro cayó al suelo desmayado y el tal Beelzemon se alejó de nosotros echando humito por la cabeza, sin duda estaba encabronado.
-¡Hermano! ¿Estás bien? – las farolas púrpuras se extinguieron y de nueva cuenta quedamos en oscuridad.
Apreté mi brazo para disimular el dolor, también me mordí los cachetes, para evitar gritar.
-Estoy… bien – ella se lanzó a mis brazos toda llorosa y más linda que nunca. -¿Y Sei?
-Le han lastimado, perdió el conocimiento, se arriesgó demasiado para salvarme, pero tenemos una cura- me notificó.
-¡Hermanito! ¡Es mi hermanito Sei!- lloró Minagawa, reconociendo a su hermano. Se libró del brazo de Soji que la sostenía y fue hacia Sei. Tulo la imitó de inmediato.
-¿Qué es lo que está pasando? ¿Los nenes también fueron secuestrados?
-No sólo ellos… -dije y apunté a Soji con mi mano sana. Éste, entre la oscuridad, abrió sus ojos tan iguales a los míos y a los de ella.
A Hidemi se le salió un suspiro ruidoso, lleno de incertidumbre.
FIN POV Taiki Yagami.
O
POV Toshiro Takaishi
Me dejé caer en la cama, en una orilla, y le tomé la mano a Yuri.
Respiraba tan pausadamente que temía que ella y Shinobu fueran de cera o de otra dimensión.
Ahora mismo, el ambiente olía a sal, a arena, a puerto, a tinieblas. El Mar Oscuro se estaba comiendo a Odaiba. Las luces cada vez se diluían más en la desesperanza... quizás era porque no sabía donde estaba Seiyuro y él y yo estábamos desconectados.
Mi mente no me daba para pensar en muchas cosas. Sólo sentía que mi alrededor estaba lleno de neblina, de soledad y de suspenso.
Sabía que había digimons que querían hacerle daño a mi hijo, comprendía que el objetivo no era sólo él, sino todos, aún así, mi cerebro sólo me daba para pensar en mi novia y su embarazo.
Sentía, también, pánico por mi hermanita, pero sabía que el misticismo de Minagawa estaba más allá de mí, en un nivel espiritual sublime y superior... creía que no había oscuridad suficiente para opacarla a ella.
El problema era yo. Si una vez había sido el poseedor del emblema de la Luz, estaba seguro que ya me estaba apagando. Era una lámpara de petróleo sin combustible. O quizás, era la vela que se había quedado sin cera... tal vez, la Luz de mi emblema ya no brillaba en mí lo suficiente porque me estaba convirtiendo en adulto. ¿No había pasado lo mismo con mi madre y los demás?
Pero no era así... Mamá aún seguía brillando. Cuando veía a través de sus ojos rojizos, yo podía ver un fuego que la rodeaba y le daba sabiduría.
-Prepararé una sopa para Yuri-chan, Toshiro- me dijo mamá, poniéndome la mano en la espalda.
Sus dedos estaban tibios a pesar del frío que hacía. Negué con rapidez. No quería que mi madre se fuera de mi lado.
-El señor Hida vendrá enseguida y tendré que decírselo todo- mencioné, cabizbajo. Me sentía como un cobarde, pero de verdad quería tener a mi madre cuando tuviera esa plática con mi suegro -por favor, no te vayas... no sé si... pueda hacerlo.
-Jyou prometió que nos daría una hora para darle el diagnóstico- ella me consoló, tío Tai me miró con seriedad.
-y lo cumplirá, pero Cody sabe que la plática principal es con Toshiro, no con Jyou, Kari- dijo mi tío -Como padre yo ya sospecharía lo del embarazo y por supuesto que querría una explicación del novio.
Asentí de manera violenta, sin alzar el rostro. ¿Con qué cara iba a decirle a mi suegro que había embarazado a su única hija? ¿Y cómo iba a reaccionar al saber que un digimon había querido hacerla abortar?
Sacudí la cabeza. En esos momentos quise enloquecer, ¿por qué tenía que tener fuerza por los tres?... ya no éramos dos, éramos tres. Y la responsabilidad, por lo menos en ese momento, era mía.
No sabía qué me daba más miedo, si mi suegro o los digimons. Ahora mismo estaba perdido, era tan miserable que quería que mi madre me defendiera.
-Está bien, lo enfrentaré, tío Tai- susurré -Es sólo que...
-Tu madre se quedará y en ausencia de tu padre, me quedaré- apoyó mi tío. -Es normal que te sientas aterrorizado, eres menor de edad ¿entiendes?, y es mejor que el tema se trate también con los padres de los dos.
Aún así, a pesar de que mi tío aceptó mi condición de cobarde, me sentí aún más egoísta que nunca. Después de todo, yo era quien había hecho el bebé, no ellos... mis padres tenían suficiente problema con la desaparición de Min como para que tuvieran que cargar con la levedad de mi carácter, de bajo perfil.
-Una sopa miso... creo que eso le caería bien a Yuri-chan- dije de pronto -Si puedes, ¿podrías traerla, mamá?, si Hida-san viene, yo hablaré con él sin importar las consecuencias. Yo... estoy preparado para disgustarlo, lo único que me preocupa es si aceptará o no a Shinobu.
-No te dejaré- afirmó mamá.
-¡Ánimo Toshi, déjate querer!- agregó mi tío Tai.
Realmente admiraba a mi tío. Era capaz de sonreírme a pesar de la dura prueba que estaba atravesando. Era capaz de tenderme su mano y darme fuerza, en lugar de que fuera al revés.
Su hijo, a quien recién había conocido, acababa de ser secuestrado por los demon lord... además, no teníamos idea si Taiki y Hidemi estaban a salvo... aún así él me sonreía, me decía campeón y me daba fuerzas, ¡¿cómo no iba a admirarle con lo valiente que era?!
Jadeé. Se me quebró la voz y por eso no dije nada.
Me distraje un segundo en mi propio mundo sin luz, y cuando volví en mí, la puerta de la habitación se había abierto
Por supuesto, el señor Hida entró con el rostro más serio que de costumbre, me miró con una intensidad que me escarmentó, sin embargo, su silencio se filtró con nuevas voces...
Eran los recién llegados.
-Yamato y Ken han vuelto, Taichi-san – avisó Iori Hida - hay malas noticias.
A mi tío se le descompuso el rostro, pero aún así no lloró. Yo lo agarré suavemente de la camisa, le murmuré:
-Tienes que ir a ver si están bien mis primos, tío.
Mi papá postizo, quien me había cuidado con fervor desde que era un bebé, me miró.
-No estoy seguro de querer dejarte ahora, campeón- la voz cristalina de mi tío era admirable.
Me acerqué a su oído.
-Creo que si hurgo bien en mi corazón, algo de valor podré encontrar; estaré bien... si ves a papá, ¿podrías decirle que venga?
Mi tío asintió.
-Estaré por siempre para ti- fue lo último que me dijo, zarandeando mi cabello, que era tan liso que jamás podía lucir como el de él.
Lo vi salir, a lo lejos escuché una exclamación de Kotaro, el suave reniego de May, la voz firme de tío Matt, un quejido de Doguen se interpuso en el ambiente también, lo mismo que pláticas incomprensibles para mi oído, algunos llantos de lamentos o de histeria, no supe definirlos.
Eran malas noticias y yo era bueno imaginando calamidades. Además, entre el barullo, la voz de mi medio hermano estaba perdida.
Lo intuía, más bien, lo sabía, Seiyuro no había regresado con los demás.
Apuñé los nudillos.
-Iori-kun, escucha... Yuri-chan está descansando, ¿te ha dicho Jyou que ella está estable, verdad?
-Hikari-san, sabes que he venido a hablar seriamente con tu hijo, ¿no es así?
Mamá tragó saliva. Descubrí que en ella vivían todos mis temores, me sentí mal por transmitirle mis sentimientos pesimistas.
-Lo único que sé, Iori-kun, es que hay que esperar a que tu hija despierte, por eso prepararé algo de comer para que se reponga, ¿Vienes conmigo, Toshi?, Iori-kun, te dejaremos a solas con ella y...
-He dicho que vengo a hablar con tu hijo. Y, según creo, Toshiro no tiene ningún problema en hablar conmigo. Lo que tenemos que platicar es entre él y yo.
Asentí con torpeza, sin alzar la cabeza, sin emitir palabra. Me sentí como un zombi, o quizás como un títere.
-Bueno, de ser así, yo me quedaré- mamá me defendió y yo me sonrojé. De verdad que solamente era un niño consentido en el fondo.
Había tenido el descaro de hacer el amor con mi novia de tres años, pero era incapaz de defender con firmeza la llegada de mi hijo.
Definitivamente, no había heredado el valor de mi familia.
-Mamá... es-está bien... me las arreglaré.
-Me quedaré- insistió ella, se sentó a mi lado; el señor Hida hizo lo mismo en la en otra cama, la que estaba enfrente.
Vi que miraba de manera atormentada a Yuri-chan, quien lucía como una bella durmiente oriental, con su largo cabello castaño, su piel clara, sus labios resecos y listos para un beso de amor.
Cruzó los brazos, lo que significaba -según la comunicación no verbal- que no estaba dispuesto a ceder. Sus ojos verdes lucían como los de Yuri cuando habían tenido que desconectar a Hiromi Hida después del último paro cardiaco.
Ese tiempo se me hizo eterno. ¿Fueron segundos o minutos?, no supe precisarlo, de verdad que no.
Quería hablar conmigo, pero no parecía desear iniciar la conversación. Me intimidaba con su mirada, me sentía expuesto y desnudo.
¿Cómo explicarle que había tenido sexo con su hija porque la amaba? ¿Cómo decirle que no me arrepentía y que su embarazo era una bendición a pesar de los problemas?
¿Cómo podía ser valiente ahora, si le temía más a mi suegro que a mi destino?
-Iori-kun, no creo que esto esté funcionando- intercedió mamá.
Hida ignoró el comentario.
-Entonces... ¿ni siquiera vas a alzar la cabeza y mirarme a los ojos?- retó con frialdad.
Me molestó su pregunta. Él no tenía idea de lo que estaba pasando; no sabía las circunstancias de Yuri, tampoco comprendía las mías. Lo sabía perfectamente, nuestra juventud lo iba a cegar, pero finalmente y aunque no tenía derecho de juzgarlo, ¿no había descuidado a su hija al ausentarse tanto de su casa después de la muerte de Hiromi-san? ¿No había lastimado a Yuri al casarse de manera tan discreta y sin involucrar a su familia?, ¿no eran los elegidos su familia, entonces?
Y como le prometí a mi tío Tai, hurgué dentro de mí en busca del valor que me hacía falta.
Tomé todo ese coraje de mi propia juventud, porque ya no importaba mi adolescencia, ahora lo que importaba era aprender a ser padre. Ser padre y ser esposo... ser esposo...
-Hida-san- me puse de pie y le devolví la mirada de manera violenta o al menos esa fue mi intención -Quiero pedir su permiso para tomar la mano de Yuriko en matrimonio.
Su reacción fue igual de rápida que la mía. Se paró, sin dejar de cruzar los brazos, y su voz sonó como serrucho.
-Es la pregunta más primitiva que has hecho. Es una petición cobarde, ¿por qué no me hablas con la verdad?, tu padre siempre habló con la verdad.
-Quiero casarme con Yuriko- me mantuve firme hasta que mi cuerpo comenzó a temblar. -Amo su hija y quiero casarme con ella... - cerré los ojos -la cuidaré con mi propia vida, me esforzaré para que no le falte nada, quiero formar un hogar con Yuri...
-¡Silencio!- me ordenó. Subí la mirada y sus esmeraldas parecían estar inyectadas de sangre.
-¡Iori-kun!- regañó mi madre, alterada.
El abogado caminó hacia la cama de su hija, una mirada bastó para que me hiciera a un lado.
Había cubierto a Yuri con una cobija, pero su barriga era notable. El señor Hida no destapó a su hija, ni siquiera la tocó. Restos de sangre en la cama lo hicieron gruñir. Mamá, por su parte, me apretó con más fuerza el hombro.
-Eres un cobarde, Takaishi- aseveró por fin el señor Hida.
No obstante, él no tenía derecho a llamarme cobarde. De verdad que no tenía derecho.
-¡Amo a su hija y asumiré las consecuencias de mis palabras y actos!- grité y me moví para que me soltara mi madre.
-Tus palabras te están evadiendo, ¿sabías que los abogados saben la verdad con sólo verle los ojos a sus clientes?
-No soy su cliente- desafié.
-¿Por qué no simplemente dices que mancillaste el honor de mi hija?- gorjeó herido.
-¡Basta ya, Iori!- rogó mamá.
-Si a mancillar se le define como hacer el amor con la persona que más quieres, entonces sí, la mancillé y la embaracé- finalmente vomité las palabras de mi boca, recargándome en la pared.
-¡Toshi!- chilló mamá, pero yo la hice todavía más a un lado con brusquedad.
La serenidad del señor Hida se difuminó, lo mismo que mi propio entendimiento de la situación.
¿Por qué no había podido hablar de nuestro secreto con coherencia con mi suegro?, ¿por qué habíamos usado la palabra mancillar en esta conversación?
Me tomó de la camisa con fuerza, me miró con odio. Sencillamente los dos habíamos perdido el control.
Cerré los ojos, esperando el puñetazo. Sabía que Cody Hida no era un hombre de golpes, sabía que era de juicio duro, pero paciente. ¿Por qué no me otorgaba a mí algo de su extraña serenidad?
Escupió mis zapatos, totalmente fuera de sí. Se me nubló la vista, sintiendo que la humillación me consumía.
Enseguida, unas manos fuertes me separaron de las de Hida. Era papá Takeru. Era mi papá.
Me abrazó un momento, mamá observó mis zapatos muy desconcertada. La saliva me había dolido más que todo. Los ojos de mi padre parecían encendidos ahora.
-¿Pero qué demonios acabas de hacerle a mi hijo?, ¡eras la persona más honorable que conocía!- gritó con furia, pero Cody-san no cedió.
-Tu "hijo", a quien ni siquiera criaste, mancilló el honor de mi familia y puso en riesgo a mi hija.
Papá apretó los dientes, mamá trató de tranquilizarnos.
-No es el momento de esta discusión- juzgó con sabiduría -ahorita, lo único que importa es proteger a Yuriko-chan y al bebé.
-¡El único que decide por mi hija soy yo!- gritó Hida-san -y nos iremos hoy mismo de aquí.
-¡Estamos en el mar de la oscuridad, por Dios, Iori!- chilló mamá -tenemos que unir fuerzas y...
-¿Y pretendes que mi familia se quede en el mismo sitio donde está el hombre que deshonró a mi hija?, ¿y dónde crees que queda el honor de mi familia?
-Cody- dijo papá -en el momento en que escupiste a mi Toshiro, el honor de tu familia se fue al caño. Y te advierto que si vuelves a faltarle al respecto a mi hijo, te las verás conmigo.
-¿Es una advertencia?- cuestionó Hida.
-Sí- respondió mi padre.
Cegado por la situación, Iori-san se inclinó en la cama para recoger a su hija y llevársela. Yo di unos pasos y me interpuse.
-Lo siento... - sinceré - tiene razón, le arruiné el futuro, le hice daño, y aunque a mí no me lo parezca, quizás la deshonré... aún así no permitiré que se la lleve, mucho menos sabiendo que Yuri y Shinobu son presa de los Demon Lord, ¡no yo mentí cuando dije que amaba a su hija!... y, en definitiva, ella espera a mi hijo...a su nieto... yo la voy a proteger.
Iori Hida se burló de mi comentario.
-¿Te has atrevido además a ponerle nombre a ese bastardo?
-¡Mi hijo no es ningún bastardo!, ¡no se atreva a llamar así a mi Shinobu!- me turbé.
Para papá fue suficiente, así que me separó de mi suegro y lo empujó desafiante.
-Deja de dejarte en ridículo, Cody- retó -todos sabemos que la pérdida de Hiromi te dejó mal, pero no intentes cobrártela con los chicos, mucho menos con una criatura que no ha nacido.
-No te metas en mi vida, Takeru.
-Eres mi compañero de evolución DNA, sólo trato de razonar contigo.
-¿Quieres ser empático entonces?, no seas ridículo. Nunca nos entendimos siquiera, en aquel entonces tuve que recurrir a fuentes externas para tratar de comprender tu personalidad, pero ni siquiera tu hermano Yamato me lo supo explicar. Takeru, pudiste haber sido mi compañero de digievolución, pero para mí todo eso es pasado. Y ese pasado significa pérdida... el Digimundo me quitó todo. Voy a salir de aquí con mi familia y nuestros hijos ya no volverán a verse.
El señor Hida temblaba de la ira. Papá lucía con una firmeza extraña, mientras yo, como un idiota, me había interpuesto entre mi suegro y mi novia.
-Yuri tuvo una amenaza de aborto, ha perdido mucha sangre, necesitas enfriarte la cabeza, Iori-kun- sugirió mamá.
-No me importa- dijo sin pensar Cody-san.
Me mordí el labio inferior.
-Yuri-chan está en riesgo- siguió diciendo mamá.
Cody Hida ya no respondió. Estaba tan trastornado que dolía verle... sabía que iba a ser duro, sabía que no lo iba a comprender, sabía que provenía de una familia muy tradicional, aún así, ¿por qué todo había tenido que tomar ese curso?
-No va a llevársela- me puse firme, agarrando la mano de mi novia.
-No la toques, no la vas a volver a tocar nunca más. Confié en ti, después de todo eras hijo de mis amigos y Hiromi te aprobaba, pero aún así, aprovechándote de mis ausencias y del dolor de mi hija por haber perdido a su madre la deshonraste, ¡era una niña apenas!
-¡YA BASTA PAPÁ!- el grito de Yuri nos desconcertó a todos, ella se sentó y se aferró a mi mano también.
-Yuriko. - fue lo único que dijo Cody -nos vamos a casa.
-¡Oí todo lo que le dijiste!- sollozó mi novia -¡Fue horrible, jamás creí que le dirías esas cosas tan feas a Toshiro!
-Estás castigada y tu relación con ese chico ya no va a hacer posible.
-¡No me avergüenza estar embarazada, papá!- hiperventiló Yuri -No me arrepiento de nada, amo a mi bebé y a Toshi, y si tú... si tú no puedes comprenderlo... si no puedes comprenderme a mí... creo que ya no quiero ser parte de... de tu familia... yo... ya... ah...
Se detuvo porque pujó y se tocó el vientre. De inmediato la recosté.
-Tranquila, no te esfuerces, descansa.- murmuré.
-Toshi, has sido muy valiente- ella me animó y todas las fuerzas volvieron a mí. Asentí y sonreí como un idiota.
Más que furioso, Hida-san lucía ahora horrorizado, como si hubiera visto un Apocalipsis.
Golpeó la pared con una fuerza que me asombró.
Luego dio media vuelta y desapareció de la habitación.
-Papá...- llamó Yuri, incrementando su cantidad de lágrimas.
No supe qué hacer. Mis padres se estremecieron.
-Perdí también a Seiyuro y se llevaron a los hijos de Tai... -nos dijo papá -así que lo menos que me queda es hacer entrar en razón a Cody.
-Mi hijos... mis sobrinos... - mamá, irremediablemente, rompió en llanto.
Mis primos y mis dos hermanos perdidos en el mundo de la oscuridad y bajo el yugo de demonios digitales. Mi suegro detestándome como los Montero odiaban a los Capuleto. Mi hijo y mi novia en riesgo de muerte. Mi luz apagándose sin remedio entre las tinieblas.
Atrapé a Yuri en mi pecho y me solté llorando con ella. No podía pretender ser un adulto valiente, como mi tío Taichi.
-Mi Kari, déjalos solos un momento.
Mamá asintió y se adelantó a papá.
-Toshi, Yuri-chan, todo va a estar bien, ¿de acuerdo?- dijo papá Takeru.
Asentí por los dos. Yuri sollozó:
-Perdonen a mi papá... no es justo lo que dijo... todo es culpa mía, yo fui quien lo traicioné.
-Tranquila preciosa. Nadie traicionó a nadie, sólo no supimos manejar la situación. Todo mejorará.
Sin hablar del dolor del secuestro de mis hermanos papá salió del cuarto.
Mi novia y yo lloramos e incrementaron el agua salada del Mar de la Oscuridad.
FIN POV Toshiro Takaishi
O
POV Mayumi Ishida
Irremediablemente, la noticia se hizo universal. Los gritos de Iori Hida, Toshiro y mi tío Takeru, traspasaron las paredes de la falsa mansión de Devimon y llegaron a oídos de todos los presentes.
Algunos, por el gesto que hicieron, ya sabían la noticia. Los que no sabían abrieron el mentón y quedaron pasmados algunos segundos.
Estaba en la cocina tomando agua y escuché que la señora Ichijouji se echó a llorar al saber del embarazo de Yuri.
-Es tan sólo una niña y Iori ha sonado tan injusto- Kurumi abrazó su mamá.
-Tío Cody reflexionará- trató de consolar la hija.
-¡Se ha vuelto tan inflexible y raro!- se quejó como si ella fuera la adolescente y no su vástaga.
La nueva esposa de Hida-san salió apenada de la cocina tomada de la mano de una niña que supuse que era su hija.
-Tranquilízate mamá, yo soy la mejor amiga de Yuri y la voy a cuidar- aseguró Kurumi con un extraño tono de seguridad.
-Es que no lo entiendes hija... la pobre de Yuri-chan está en el Mar Oscuro, ¡está con amenaza de aborto aquí!
-Mamá, tranquila...
-¡Tenemos qué ayudarla! ¡No puede pasarle lo mismo que a mí!- gimió y su esposo, que estaba su lado, desvió la mirada con desolación.
-¿Qué quieres decir con eso, mamá?- se asustó Kurumi.
Quise desaparecerme de ahí, pero salir corriendo no iba a ayudar mucho. El comedor de esa cocina estaba lleno de elegidos, de los adultos y de nosotros, los jóvenes.
-Antes de que tu papá y yo nos casáramos, cuando éramos muy jóvenes... - comenzó a llorar ella.
-Miyako... - interrumpió Ichijouji-san
-En una de las misiones, la peor para mí, tu papá y yo perdimos un bebé (X)- Kurumi se alteró, pero abrazó con firmeza a su madre mientras veía con susto a su padre.
Satoru Ichijouji peló los ojos y mi hermano Kotty, lo tomó en brazos y se lo llevó de ahí.
-Estaba embarazada y perdí a mi bebé... no podemos permitir que eso le pase a la hijita de Cody...
-Mamá, papá, ¿por qué no nos lo dijeron?
-¡Porque no pude superarlo hasta que naciste tú!- admitió la señora, liberándose de su hija -Perdóname mi preciosa, ay, perdóname por no haberlo dicho...
-Miyako, no te preocupes, nuestra hija lo entiende- aseguró el detective Ichijouji, tomando de la mano a su esposa y secándole las lágrimas -A Yuriko no va a pasarle lo mismo, nos encargaremos de protegerla, nosotros no sabíamos lo del bebé en aquel entonces ¿recuerdas?, no debemos de culparnos, me prometiste que no nos culparíamos.
Ella asintió, ya hipeaba y llevaba los ojos rojos tras sus anteojos de cristal.
-Tenemos que hacer que Iori comprenda la gravedad de la situaciónn, Ken- la señora se entercó -¡tengo qué hablar con Cody ahora mismo!
-Escucha, querida...
-¡Vamos inmediatamente!- ordenó Miyako-san, llevando a su marido tras ella.
Él reclamó, o eso me pareció ver, pero sencillamente desvié la cabeza hacia donde estaban mis padres, también silentes.
Me hice para atrás el cabello. Los niveles de estrés que sentía eran muy altos, no quise ni imaginarme la angustia de Toshi y Yuri, ni la de mis amigos que tenían a su familia secuestrada.
A mí me dolía el pecho. Recordaba los últimos instantes que había visto a Taiki defendiéndose de Lucemon Falldown Mode.
Estaba atormentada. La valentía de mi mejor amigo me encogía el vientre, por eso me refugiaba en la remembranza que me había dejado su último beso.
Taiki era un idiota. Mi primo Seiyuro... Hidemi... todos ellos eran idiotas. Estaban lejos de nosotros y yo no podía hacer nada por ellos. Me sentía impotente. Y la impotencia, al menos a mi parecer, era el peor sentimiento que podía llegar a sentir un ser humano.
Kurumi salió de la cocina con los párpados hinchados y 'Suke la siguió como si fuera su perro faldero. La situación había dejado en ascuas a todos los digielegidos.
El señor Izumi era el único que intentaba hacer algo con su computador. Mimi-san había terminado llorando, lo mismo que Makoto-san, Jun-san, mi madre y tía Kari, quien acababa de entrar a la cocina.
Dejé el vaso con agua en el fregadero y salí de ahí. Me topé con Benjamín Tachikawa en uno de los sofá. Tenía todas sus facciones atropelladas por coraje y la mitad de su cabello rostizado.
Kotaro me había dicho que Ben acababa de agarrar a golpes a Zetaro Ichijouji por una situación con Osen, quien cabe destacar, estaba en una esquina totalmente zombi.
Nuestra actitud no estaba ayudando a mejorar la situación. Todos parecían enfrascados en la niebla y me dio coraje comprobar que los Demons Lords, de alguna manera, tenían demasiada ventaja sobre nosotros.
Teníamos qué accionarnos o de verdad íbamos a perder nuestros emblemas. Teníamos que enlazar nuestros lazos de amistad para salir adelante... al menos eso era lo que yo creía... o lo que yo quería creer.
Me senté junto a Ben.
-No tienes buena pinta.
-Pero estoy acorde con el drama que nos rodea- ironizó el castaño, frunciendo la nariz -o qué, ¿vas a reclamarme algo?, porque seguro el enano de tu hermano te vino con el chisme que de que le pegué al imbécil de Zetaro por engañar a mi hermana.
-Voy a reclamarte, aunque solamente porque no estás haciendo nada útil- contraataqué a su amargura.
-¡Uy, pero tú sí que eres tan útil, Mayumi!- me sacó la lengua y dio media vuelta, dándome la espalda.
Le gruñí y me marché. Mi carácter con el de Ben chocaba cuando los dos estábamos encabronados.
Fui hacia Osen y la llamé.
-No tiene caso- advirtió Ben -La Cerebrito es un androide; le robaron sus pensamientos de la curiosidad y ahora está de inservible, incluso permite que todo el mundo la hiera...
-Incluyéndote- ironicé.
-Sí, incluyéndome- gorjeó él, cerrando los ojos y recargándose en ese mueble que parecía antiguo a pesar de que olía a nuevo.
Estábamos hacinados en una casa de muestra, pero nunca antes los elegidos habían estado tan solos.
-Osen, tenemos que hablar- mandé a mi amiga.
Ella subió sus ojos negros hacia mí. Apenas pestañeó. Había llorado.
Sabía perfectamente que Osen tenía un cybernovio. Me lo había contado muy emocionada hacía unos meses; yo le había dicho que se trataba de una estafa y que se comprara una vida, nunca me había puesto a pensar en sus sentimientos.
Era tímida, pero le ilusionaban las cosas del amor mucho más que a mí. Yo no creía en el amor, sólo creía en Taiki y con eso me bastaba. Pero ahora que el tal cybernovio había resultado ser Zetaro, comprendía a la perfección el peso de ese sufrimiento.
Quizás esa confesión le dolía mucho más que la pérdida absurda de sus pensamientos de la curiosidad.
-... sí, tenemos que hablar - ella repitió mi diálogo y yo me rasqué la cabeza. Le analicé el rostro debilitado de luz por tanto llanto, le observé las manos que tenían sangre seca.
¿Qué diablos estaban haciendo esos digimons malignos con nosotros?, ¿a qué precio pagábamos la protección de los emblemas?
-En los libros de mi tío Takeru, Koushiro-san no se dejó vencer por la pérdida de sus pensamientos curiosos.
Osen se cohibió por lo que dije.
-... pensamientos curiosos... lo sé.
Me desesperé de inmediato.
-Tú tampoco dejes vencerte por eso, eres una chica luchadora, superaste tu asma, ¿no es así?
-No estoy segura- contestó. Notó que le veía las manos y las escondió.
-¿De qué no estás segura?- pregunté.
-De nada- dijo -me cuesta pensar. Sé que todo me va llevando a la ignorancia, pero no me importa ahora... aún así me duele mucho, porque mi ignorancia afecta a los demás.
-Es decir, sabes que te jodieron y te conformas- resumí.
-No... simplemente no siento interés por nada y me duele pensar.
-No te entiendo.
-Es... simple. A mí ya no me interesa perder contra ellos, sería, en cierta medida, una liberación. Pero aún así me duelen los daños colaterales.
-¿Entregaste tu emblema?
-No estoy segura... no lo recuerdo.
-¿Hay algo que recuerdes?
-A Óleo. Pero así como la pérdida de la curiosidad hace que me duela la mente, el recuerdo de él hace que me duela el corazón.
-Ven conmigo- le tendí la mano.
Ella no se negó, se dejó llevar por mí.
Osen Izumi tomaba a la ligera sus maldiciones, no obstante, con esta plática me quedaba más que claro que su capacidad de razonamiento estaba intacta.
-Osen, dime- ella se puso de pie con mi ayuda -¿ya no quieres luchar?
Ella cerró un momento los ojos.
-No es eso... es que... he perdido el interés... siento que se llevaron algo que... me quitó mi esencia... antes, sin Koemi, no podía siquiera pensar por mí misma... ahora puedo hacerlo, pero me punza algo adentro... - ella tomó aire desesperada, me preocupó que le viniera un ataque de tos, pero no pasó nada -... Ben dice que puede haber algo más en mí que mi curiosidad...
-Te lo ha dicho un loco- miré de reojo a Ben, quien no perdía detalle de nuestra conversación -¿Es que le crees?
-No sé... pero me da temor perderlos a todos y no haber ayudado.
Sonreí. No sólo sabía razonar, sino también seguía siendo esa chiquilla pelirroja cuya prioridad era sacarnos de apuros.
-Es entendible. Tampoco quiero perder a nadie- comenté -¿Te gustaría hacer un trato conmigo?
-¿Un trato?- indagó -no sé... yo...
-Déjame ser tu curiosidad por el momento...
-¿Ehhhhhhh?- Ben nos interrumpió entonces, se puso una bandita en una cicatriz que tenía en el rostro -¿Qué le estás diciendo a la Cerebrito, May?
-No seas entrometido, Ben.- regañé, volteando hacia mi mejor amiga -Entonces qué dices, ¿me dejas ser tus pensamientos curiosos hasta que los recuperes?
-No... no entiendo.
-¡No seas tonta!- regañó Tachikawa -Está súper claro, May propone que ella te dirá cómo proceder y te manejará como marioneta.
-Ben... eres un idiota- le di un coscorrón y él gruñó.
Osen avispó una tímida sonrisa.
-Sabes razonar muy bien, sabes responder incógnitas, tienes un corazón igual de grande que antes- ella se sonrojó - Lo único que te hace falta es hacer las preguntas, así que, ¿nos dejas a Ben y a mí hacer los acertijos?, y no sólo a nosotros, todos los chicos pueden esforzarse y hacer las preguntas que tú no sabes, eso nos ayudará a que nos apoyes a la hora de responder… te asistiremos a la hora de pensar...
-¿De verdad?
-Claro.
-¿La ignorancia no acabará conmigo, como dijo Barbamon?- indagó, esta vez con los ojitos negros ilusionados.
-¡Le partiré el culo a quien sea necesario para proteger tu Conocimiento, Cerebrito!- Ben amenizó la plática por primera vez, así que sacudí su cabello.
A pesar de que lo llevaba chamuscado y de que el olor de éste era pútrido, se molestó y me dijo que no lo despeinara.
-Bien, ahora falta activar a los demás- dije yo.
Osen no dijo nada, siguió tomando mi mano con obediencia y docilidad.
-¿Activarlos para qué?- preguntó Ben.
-¿Cómo que para qué, reycito?
-No me llames así, insecta oxigenada.
-Nos vamos a rescatar a Taiki y a los demás.- manifesté.
-¿Ah sí? ¿Y cómo carajos vamos a ir a salvar a tu noviecito rebelde y a tu primo casanovas?
-Creo que sé cómo- lo dije con inseguridad, pero no me importó. Me había propuesto activar a mi viejo equipo.
Por ahora, su líderes estaban demasiado agobiados como para sentar cabeza en la aventura: Seiyuro estaba secuestrado y recién operado; a Toshiro le acababa de explotar el problema del embarazo de Yuri, y Kyosuke... ¡Estúpido 'Suke!
-Ben, quiero que me localices a Kyosuke inmediatamente, está demasiado embobado con Kurumi y lo necesito con la cabeza enfocada en nuestra nueva misión.
-¿Y desde cuándo eres la líder de esta pequeña rebelión?- renegó.
Me puse las manos en la cintura y lo miré con superioridad. Ben terminó cediendo a mis ojos.
-Asquerosa, eres una insecta dominante de lo peor, ¡bendigo el hecho de no haberme enamorado de ti!- me gritó, me sacó la lengua y dio media vuelta. Controlar a Benji Tachikawa era pan comido.
Osen pestañeó como si quisiera preguntar algo, pero se quedó callada.
-Nosotras tenemos qué activar a más personas.
-... más personas qué activar...
FIN POV Mayumi Ishida
O
POV Iori Hida
No supe qué hacer ni a dónde ir. La cabeza me retumbaba. Era migraña, eso debía ser, era migraña post estrés por lo que acababa de vivir.
Padecía migraña desde que había entrado a trabajar en la Suprema Corte de Justicia y tenía algún caso difícil con el cual lidiar... no, más bien, mi cerebro había reventado en migraña desde que mi abuelo había muerto a causa de una rebelión de digimons muchos años atrás.
Esa vez me sentí tan desamparado que perdí la cordura. Lo mismo pasó cuando murió Hiromi, lo mismo pasaba ahora con la situación de mi hija.
Salí de esa habitación porque estaba a punto de perder el control de verdad: iba a salirme de mis cabales, iba a deshonrar y desacreditar a mis amigos, a mi hija y a ese chiquillo inmaduro que se había atrevido a preñar a Yuriko.
¿Qué podrían entender Hikari y Takeru de eso?, su hijo salía bien librado, pero Yuriko había sido humillada, a mí me habían tomado el pelo... y sencillamente la había perdido para siempre, a mi tesoro, a mi serena y perfecta Yuriko.
Me enfermó pensar en mi hija en brazos de ese mocoso, se me nubló la mente de la ira... ¿a qué habían jugado? ¿a ser adultos?... ¿y qué diablos iba a pasar con esa barriga?... no podía aceptar que ella estuviera esperando por un bebé, en verdad no.
Había sangrado horas antes y ella no me había confesado nada. No así, Yuri se aferraba a la mano de ese niño como si yo no existiera, como si yo no fuera su padre.
Me mataba de celos esa situación, se me revolvía el estómago imaginándola inflada, con ojeras, lejos de mí y dejando detrás un prometedor futuro.
Me había pasado la vida encarcelando violadores de adolescentes al ver el rostro de sufrimiento de aquellas niñas panzonas y con el futuro muerto... me negaba a pensar en que mi hija estuviera en una situación similar.
Por supuesto, no juzgaba de violador a Toshiro Takaishi, sino lo percibía como un chico irresponsable e inmaduro que tenía facha de ser ético y adorable, pero eso no quitaba que hubiera mancillado a mi hija a mis espaldas.
Iba caminando como bestia endemoniada por los pasillos de esa casa réplica y cuando encontré la terraza me salí a tomar aire fresco.
Afuera, la silueta de Zetaro Ichijouji se me apareció y en cuanto lo miré con desagrado, el niño recogió sus lápices y cuadernos y salió corriendo de ahí.
Traté de respirar aire fresco, la niebla me lo impidió. Traté de buscar letreros del museo y del parque de diversiones que estaban creando Miyako y Daisuke, pero no vi más allá de mi mano.
Me di un tope en la cabeza con mi palma. De verdad la migraña me estaba enloqueciendo.
Quise recordar las lecciones de mi abuelo. Sentarme en el suelo con las rodillas dobladas después de mi clase de kendo para reflexionar. Sorber una bebida industrializada en empaque tetra-pack mientras él me hablaba de algo o recordaba a mi padre que era su héroe. ¿Dónde estaba mi abuelo cuando más lo necesitaba?
Muerto.
¿Dónde estaba Hiromi para que me acompañara con la situación de nuestra hija?
Muerta.
Y a pesar de que me había casado y quería sinceramente a Noriko y a su hijita, me sentí solo y desconsolado.
Quería irme de allí, llevarme a Yuriko para encerrarla en una burbuja de cristal. Anhelaba salvarla de las garras de ese muchacho que se atrevía a decir que quería casarse con mi niña de 16 años.
¿Y ya para qué, si has hecho todo mal, chico?, eso debí haberle dicho en lugar de comportarme como una persona sin educación... después de todo era hijo de Hikari y de Takeru, y por más que no pudiera comprender la manera en cómo criaban a sus hijos y se desenvolvían en sus vidas, eran mis amigos.
¿Lo eran?, me pulsó la cabeza varias veces. Me estaba volviendo loco.
Sabía, en el fondo, que era mi culpa.
Había dejado a Yuriko mucho tiempo sola en casa. Me inscribía en conferencias y cursos todo el tiempo para abandonar mi hogar y olvidarme de que Hiromi ya no estaba ahí.
La había descuidado, había sido un pésimo padre. Así como ella me había fallado a mí, yo le había fallado a ella, ¿aún así tenía que doler tanto?
Era verdad que me había casado sin su permiso, pero le había conseguido una madre bondadosa y maravillosa que ella se negaba a aceptar. Le había conseguido una simpática hermana menor... nos había dado la oportunidad de volver a ser felices sin olvidar a Hiromi...
¿Por qué Yuri tenía que pagarme con esa moneda? ¿Por qué había traicionado mi confianza? ¿Por qué no había dejado que yo le buscara la felicidad? ¿Por qué había permitido que Takaishi la poseyera con sus hormonas adolescentes?
¿Y qué esperaban ella y los demás? ¿Que aceptara eso y fuera condescendiente?, ¿que iba a darle una palmadita y decirle que todo iba a estar bien, justo como hacía Takeru con Toshiro?
¡Yo no podía hacer eso! ¡Se trataba de mi hija! ¡Peligraba la salud de mi hija! ¡El cuerpo de Yuriko no estaba maduro como para llevar en sus entrañas a un bebé! ¡El cuerpo de mi hija había sido herido por digimons!, ¿y aún así debía aceptarlo? ¿debía ver cómo se consumía su juventud y cómo tenía que dejar la escuela?, o peor, si se quedaba estudiando, ¿cuántos chicos de su edad no iban a humillarla?, ¡y todavía ese maldito chico me decía con toda la estupidez que quería casarse con mi hija! ¡MI HIJA!, lo único que me quedaba de Hiromi y de mi vida pasada.
Mi orgullo, mi tesoro, mi retoño.
No me enorgullecía de mis acciones, había estado a punto de golpear a Toshiro-kun y al final le había soltado un escupitajo en los pies. Era un gesto de odio injusto para ese chico; era una deshonra, pero para mí.
¿Pero qué quedaba del honor ahora?, ¿qué debía hacer ahora? ¿Dejarme inundar por esta neblina y oscuridad? ¿Permitir que el Digimundo matara de nueva cuenta a otro ser querido?, ¿de nueva cuenta Armadillomon no vendría a ayudarme?
¿Y qué demonios iba a pasar con ese niño bastardo?, ¿cómo podía aceptar esa situación?
-Iori...
-Nos vamos a ir en cuanto se despeje la niebla, Noriko- ordené a mi mujer.
-Todos tus amigos han oído lo que ha pasado con Yuriko-chan.
-No me extraña. Por eso mismo nos vamos, porque han pisoteado a mi hija y no puedo aceptarlo.
-Yo... sé que no tengo derecho a intervenir pero...
-Entonces no intervengas- fui rudo con Noriko, aunque no me importó.
-Es que estás mal- exclamó ella de repente, me volví para verle el rostro y la encontré tallándose los ojos.
-¿Qué tienes?, Yuriko no es tu hija después de todo.
-Estás equivocado... te has portado mal con tus amigos, les has tratado mal, todos han oído.
-No estoy equivocado. Admito que no fue mi mejor momento, pero ¿qué querías? ¿que lo aceptara? ¿que aceptara que su hijo embarazó a Yuriko?, ¿que aplaudiera como seguro han de haber hecho Takeru y Hikari?
-Eres juez en la corte de Japón, eres la justicia personalizada y desde que nos reencontramos admiré eso, pero ahorita no te entiendo, estás siendo lo contrario, estás siendo injusto y resultas prejuicioso, grosero y...
-La lista puede seguir creciendo y eso no hará que cambie de opinión, Noriko.
-Es que no eres el hombre con el que me casé.
Volví a darle la espalda.
-Tal vez también me juzgaste mal y no soy quien creíste.
-¡Es este lugar de Oscuridad!- se quejó Noriko, abrazándose a sí misma -Yo también era así de pequeña, ¿recuerdas?
-Tenías la copia de la semilla de la oscuridad en ti...
-Antes de tener la semilla odiaba el mundo y a pesar de que era una niña siempre iba enferma y deprimida...- ella pareció recordarlo y bajó la mirada -Fue el Digimundo y los niños elegidos quienes me hicieron cambiar de opinión... tú fuiste uno de esos niños héroes que cambió mi destino...
-Bonito recuerdo, pero no veo a qué viene al caso con lo de Yuriko.
-Ahora eres mi esposo y te amo, he decidido seguirte, tú eres mi nueva semilla, pero de amor y de justicia- tomó mi mano, una muy diferente a la de Hiromi pero igual de intensa -Te seguiré sin importar las consecuencias, sin embargo, también te aconsejaré cuando vea que estás mal.
-¿Qué querías que hiciera?, ¡embarazaron a mi hija! ¡tiene 16 años y la han herido los digimon! ¡puede morir, acaba de tener una amenaza de aborto! ¡le vi los ojos y fue como si hubiera visto a mi ex mujer antes de que perdiera su lucha contra la muerte!
-¿Insultar al novio y a los papás del chico es la solución al problema?
Negué avergonzado pero igual de iracundo.
-¿Darle la espalda a tu hija y hablar de una deshonra le va a devolver la salud a Yuri-chan?, ¿va a salvarla o a cambiar la situación?
-Noriko... entiendo tus palabras, pero no pude hacer otra cosa. No me importa ser el malo de la película, voy a tomar las riendas de la situación, por eso te digo que nos vamos de aquí, voy a buscar la manera de volver a casa aunque tenga que vender mi emblema si es necesario.
-¡Como hagas eso te ahorco!- gritó Miyako Inoue. Ella y Ken habían salido a la terraza y nos habían interrumpido.
Arrugué la frente. Adoraba a Miyako por todas las vivencias que habíamos tenido en la infancia. Sin embargo, últimamente las irrupciones de ella en mi vida me estaban colmando la paciencia, más en ese momento, cuando mi presunta serenidad era nula.
-Déjame en paz, Miyako- duje -Llévate a tu mujer de aquí, Ken, lo menos que necesito es que se ponga a gritar con histeria.
Ken me negó apenado y también muy serio. Inoue se soltó de su marido, hizo a un lado a mi mujer y me tomó las manos.
-Tenemos qué salvar al niño de Yuriko-chan, Cody- lo dijo con la voz temblando -Es muy peligroso que estemos aquí, ella está esperando bebé y tiene amenaza de aborto, nos hemos topado con Jyou y lo confirmó, yo perdí a un bebé en un sitio oscuro del Digimundo y no permitiré que esa historia se repita.
-Miya... - recordé aquella ocasión con pesar... yo tenía 17 años y recién había salido del instituto cuando habíamos ido al Digimundo a una misión. Miyako, que no sabía que estaba embarazada, tuvo un aborto en aquella ocasión.
-Tu hija va a ser madre, Cody- lloriqueó - no cometió ningún delito, ¡va a ser madre y eso es lo más maravilloso que hay!, te lo digo yo, que he tenido cuatro embarazos y tres hijos maravillosos.
Me quedé callado y desvié la mirada. Sus antiparras me parecían difíciles de enfocar.
-Es joven, sí. Se dejó llevar por el momento, sí... ¡son las hormonas enloquecidas! ¡es el amor de adolescentes!, ¿o qué?, ¿me vas a salir con la burrada de que tuviste abstinencia en tu juventud?
Me solté y me cubrí la cara. Miyako siempre sabía cómo avergonzarme ante los demás, siempre.
Recordé fugazmente mi primera vez con Hiromi, a los 17 años, en un motel. Recordé a esa primera mujer de mi vida y me dieron ganas de llorar.
Recordé cómo la desvestí y la besé. El tacto de su piel suave; sus ojos llorosos e inseguros, sus mejillas coloradas, su cuerpo pálido y entregado al mío sin importar las consecuencias. Había sido amor.
-... ¡ya tendrás muchos días y años para regañarla por no usar anticonceptivos o por lo de tu tonta deshonra o lo que sea!, pero ahora, ahora lo importante es vencer en esta lucha, salvarla a ella y a tu nieto.
-... mi nieto...
-Noriko, dile a tu marido que no quiero oírle gritar de nuevo que su nieto es un bastardo - mandó mi amiga a mi mujer, quien asintió con admiración.
-Miyako, dejemos a Iori-kun para que reflexione- propuso Ken -Cody siempre es justo en el momento adecuado, lo digo por experiencia propia.
Arrastró a Miyako tras él y desaparecieron de mi vista.
Me acordé ahora de mi niñez, de la severidad que me había distinguido desde que era un niño de primaria... después de todo yo había sido el último en perdonar a Ken Ichijouji por haber sido el káiser.
Daisuke le había abierto el corazón inmediatamente, lo mismo Miyako, quien lo convirtió en su príncipe. Con sus auras místicas e incomprensibles, Hikari y Takeru también lo habían dejado entrar en el equipo, en tanto que yo había sido terco y lento para perdonar.
Me costaba trabajo, sobre todo, entender cómo era que Takeru había aceptado la regeneración de Ken a pesar de que anteriormente ambos se habían agarrado a golpes en una batalla... honestamente, todavía me costaba entenderlo.
-Tienes una amiga maravillosa... - dijo tímidamente Noriko -Es tan guay como Sora-san.
No respondí.
-Tengo que repensar el asunto.
-No hay tiempo, ¡tienes que ir a disculparte ya!- animó ella, como si Miyako le hubiera transmitido su energía 'molesta a Cody hasta que entre en razón'.
La migraña seguía sin ceder pero no estaba dispuesto a tomar ningún medicamento.
Me quedé parado un minuto sin responderle a mi mujer, cerré los ojos. Mi mente de nuevo se llenó de recuerdos.
La primera vez que tuve a Hiromi no era mayor de edad. Estaba locamente enamorado y ansioso por poseerla, pero no la había forzado, ella también quería ser mía. Era muy joven pero sabía que iba a casarme con Hiromi, sabía que la quería y si ella hubiera salido embarazada no lo habría visto como una deshonra hacia nuestras familias.
Me hubiera convertido en su marido años antes si hubiera encargado bebé en mi adolescencia, la habría protegido con mayor intensidad. Me habría enfrentado a sus padres, a mi madre y a mi abuelo, y habría adorado el vientre abultado de aquella niña que había hecho mía sin medir consecuencias.
Sentí que me limpiaban las lágrimas, abrí mis ojos y vi a Noriko frente a mí. Con su pañuelo secaba mi rostro. Yo estaba llorando.
-Noriko, no quiero perder a Yuriko.
Ella, mi remanso de paz, me sonrió.
-Aún no es tarde, ¡ve!
Y obedecí.
Como niño pequeño salí trotando de la terraza para internarme en el pasillo cuya iluminación era tenue a pesar de que había electricidad, de reojo vi que Kaede-chan esperaba temblorosa mi reacción, así que le sonreí y miré que se sonrojaba.
Sin más, llegué al cuarto donde mi hija yacía herida del cuerpo y de su espíritu. Quise entrar de lleno para abrazarla, pero vi la puerta entreabierta y me quedé observándola a ella y al chico que me la había quitado.
Mi Yuriko estaba recostada y suspiraba pesadamente con dolor, Toshiro-kun le tenía sujeta la mano con una adoración admirable y tenía la cabeza pegada a ese vientre que de repente, como acto de magia, se había abultado como una pelotita.
-Ya no te preocupes, Yuri-chan- decía él con el tono elocuente que le conocía -te prometo que todo saldrá bien, Shinobu me lo está diciendo.
Alguien tocó mi hombro y al girarme, noté a Takeru con una bandeja en la que había un tazón de sopa miso, unos medicamentos y un vaso con agua.
Hacía apenas unos minutos que había discutido con mi amigo, pero en esos momento lo vi sonriéndome, como si todavía fuera el año 2002 y estuviéramos a punto de lograr por primera vez la digievolución DNA.
-¿Por qué no le llevas los alimentos a tu hija?- me sugirió.
Bajé la mirada.
-Takeru, yo... de verdad lo siento.
-Vamos, llévale algo de comer y habla con los chicos.
-Necesito tu perdón antes.
-Me encanta cuando sacas a flote al correcto Iori-kun que llevas dentro, es el auténtico tú – comentó con tristeza, aunque supe que el causante de su mueca cansada y sus ojos melancólico era el secuestro de sus hijos y no mi grosería.
-Takeru-san, de alguna manera siempre aprendo algo de ti- sinceré, tomando la bandeja. -aún así quiero disculparme, no debí haber humillado a tu familia.
-Sólo creíste que defendías a tu hija, yo por mi parte defendía a mi hijo. Ahora, como cuando éramos niños, tendremos que volver a unirnos- mi compañero escritor se acercó a mi oído y con extraña simpatía comento: -hay que unirnos porque sí que hicimos una fusión de DNA de verdad.
Me enrojecí y él rió brevemente.
-Qué tonterías dices, sigo sin aprobarlo y mucho menos voy a festejarlo.
Ya no me respondió de vuelta, sólo sentí su empujón, que hizo que la puerta se abriera lo suficiente para que los chicos me notaran.
Toshiro se enderezó y de nuevo se le fue el color del rostro. El muchacho quiso hacerse a un lado, no obstante, Yuriko no le soltó la mano y no le permitió alejarse.
-Lo siento… yo… es que… Hida-san, me retiraré para que pueda hablar con su hija- tartamudeó.
-Lo que mi padre tenga qué decir lo dirá contigo presente- se entercó Yuriko. Sus ojos brillantes y tercos me recordaron a mi Hiromi.
Avancé lentamente, leyendo los ojos de mi niña y los del muchacho que me la había quitado.
Toshiro era muy parecido a Hikari, sobre todo en la mirada rojiza y de otra dimensión. Sin embargo, cuando estaba con Yuri era firme como Takeru, o quizás valiente como sus tíos Taichi y Yamato.
Puse la bandeja en el buró.
-Necesito que te alimentes para que recuperes fuerzas- le dije a Yuriko.
Le di una ojeada a mi pequeña. Su vientre no era pequeño y parecía que temblaba.
¿Cómo no me había dado cuenta de que estaba encinta? ¿Cómo no me lo había dicho? ¿Por qué nuestros corazones se apartaron tanto después de la muerte de su madre?
Al enterrar a Hiromi creamos una barrera entre los dos. Ella se refugió en su novio y yo en mis conferencias y compromisos laborales, donde conocí a Noriko… realmente, yo no podía reclamarle demasiado.
Aunque… no podía evitarse, yo era un adulto buscándole una madre; en cambio, Yuri sólo era una niña descubriendo imprudentemente su sexualidad.
Todavía me costaba enfocar esa pequeña y redonda barriga. No me creía que ahí hubiera un bebé gestándose… era sencillamente increíble, hasta hace algunos años Yuriko todavía jugaba con sus muñecas con sus amigas. Y la sangre en la cama era lo que más me alarmaba, ¿cómo demonios ese chico la había dejado en tal estado? ¿por qué había sufrido un ataque de los digimons?
Miré de nueva cuenta a Toshiro con ira, él comprendió lo que yo estaba pensando.
Se soltó de la mano de Yuri, pensé que se iría, pero en cambio se hincó e hizo una reverencia nipona para pedir perdón.
-Por favor, Hida-san, discúlpeme por el daño que le he causado a su hija y a su familia- estaba cabizbajo, con las manos y el corazón extendido.
Me sorprendió su nobleza. Yo lo acababa de insultar y aún así él me reverenciaba con una elegancia que seguramente habría encantado a mi primera esposa, después de todo ella siempre lo quiso para nuestra hija.
-No quiero justificar nuestras acciones, pero lucharé para que no rechace a mi hijo.
Un niño hablando de hijos… el embarazo de Yuri también iba a cambiarle la vida a él.
Me hinqué y mientras él abría sus ojos, traté de hacer la misma reverencia para pedirle disculpas por mi comportamiento.
-No lo haga, Hida-san, no es necesario.- mencionó abochornado.
No le obedecí y pedí disculpas.
-Lamento haberte ofendido- dicho eso me puse de pie y le di la mano, Toshi-kun la tomó y se paró, todavía inquieto por lo que acababa de pasar.
De reojo vi que Yuriko me sonreía.
-Ese sí es mi padre- susurró.
Resoplé. Tampoco iba aceptar la situación tan fácilmente.
-No quiero que me malentiendan- mencioné con seriedad, mientras ordenaba con la vista a Yuri para que bebiera un poco de agua. Proseguí cuando me obedeció: -No los estoy justificando ni apruebo su comportamiento; mi disculpa fue por mi reacción agresiva, pero quiero dejar bien claro que son menores de edad y los adultos nos encargaremos de tomar las decisiones.
-Entiendo perfectamente- inclinó la cabeza Takaishi.
-No vas a casarte con mi hija y tus visitas estarán supervisadas.
-No se preocupe, Yuri concuerda con usted y dice que no debemos casarnos siendo tan jóvenes- respondió Toshiro, desilusionado.
Sonreí para mis adentros, estaba claro que mi hija era una Hida después de todo. Al final de cuenta su razonamiento iba más allá de las desesperadas y románticas soluciones de los Takaishi.
-Así es. Deben acatar órdenes y hacerse responsables de sus decisiones. Casarse sería una equivocación, no pueden mantener a un niño, ni siquiera saben cuidarse a sí mismos.
Los dos asintieron como cachorros regañados.
-Así que quiero que quede claro, no apruebo su comportamiento y estoy sumamente decepcionado por su inmadurez, por haber faltado al honor de sus familias y no pensar en las consecuencias de sus actos- no dijeron nada, no obstante, sus manitas volvieron a unirse como si fueran una sola entidad.
Me hervían los celos cuando Toshiro Takaishi tomaba la mano de mi hija, me enfermaba imaginarlos solos en mi casa, aprovechando mis ausencias.
Sin embargo, Miyako y los demás tenían razón… ¿de qué me servía ser el ogro de la película si estábamos en un lugar desolado donde mi hija corría el riesgo de morir a manos de los digimons oscuros y asesinos de mi mujer?
Y esa vida que llevaba mi hija en su vientre, más que un deshonor, tenía parte de la esencia de Hiromi, era como una extensión de su ser en una nueva persona.
-Nos concentraremos en salir del Mar de la Oscuridad para salvar a Yuriko.
Asintieron una y otra vez.
-Los dejaré para que platiquen, de verdad, no quiero interrumpir…
-Así es, ya interrumpiste lo suficiente- dije con rudeza al joven, haciendo referencia a que había irrumpido tanto en mi vida, que hasta había embarazado a mi hija y seguía vivo.
-Pero antes, quisiera hablar a solas con usted- pidió.
-No estás en posición de ordenarme nada, honestamente quiero cruzar palabras contigo lo menos posible.
-¡Padre!- se molestó Yuri.
-Estoy en mi derecho-determiné.
-Sólo… sólo será un momento- me rogó y caminó hasta salir de la habitación.
Yuri me frunció el ceño.
-Toshi es el hombre de mi vida, papá- mencionó con firmeza mi única hija –quiero que le aceptes.
-Cuando la confianza es traicionada, la aceptación disminuye.
Sus ojitos volvieron a brillar de decepción.
-Iré a hablar con él, pero te he sido sincero, he perdido algunas expectativas de tu futuro.
-El futuro no me importa- me peleó y comenzó a beber la sopa. –pero el bebé sí.
La tranquilicé acariciándole la melena castaña y salí de la habitación.
Toshiro estaba recargado en el marco de la habitación de enfrente y tenía la vista perdida.
-¿Qué sucede?- pregunté de mala gana.
De verdad me costaba mucho tolerar lo que estaba pasando y ser paciente con ese muchacho. Sentí envidia de Daisuke, porque de haber sido él, yo habría tenido una reacción menos decepcionante al enterarse de una noticia como la de mi hija.
¿O era que nadie lo entendía?...
-No quise decirle enfrente de Yuri, no quiero preocuparla- confesó Toshi –Hida-san, ¿qué le comentó Kido-san?
-Joe no me lo contó, lo intuí…
-No me refiero al embarazo, el problema es que… bueno… el doctor Kido comentó que el embarazo de Yuri es de alto riesgo y…
-¿Y crees que no me he dado cuenta de eso después de ver su hemorragia y de verla en cama?
-Pero…
-¿Pero qué, Toshiro-kun?
-El bebé está creciendo de forma anormal… apenas hace un par de días me enteré de que Yuri esperaba un bebé, no se le notaba el embarazo, después de todo no alcanza las 16 semanas…
-¿Hace apenas dos días que sabes del embarazo? ¿me estás tomando el pelo, chico?
Toshiro negó y luego agregó con voz temblorosa.
-Tras el ataque de Dragomon y Daemon, Shinobu comenzó a crecer rapidísimo, temo que algo malo haya pasado…
-¿Qué estás diciendo?
-Kido-san conseguirá a un ginecólogo… - tartamudeó –Me he comunicado con Shinobu, está bien, pero crece y cada instante lo imagino en peligro…
Lo que estaba diciendo Toshiro eran incongruencias. El hecho de que llamara a mi nieto "Shinobu" tampoco me gustaba. En realidad, detestaba con todo el alma lo que estaba pasando.
-Deja de decir tonterías, no te puedes comunicar con un feto.
Toshi se estremeció, seguramente no le gustó la palabra "feto".
-Ojos azules, cabello castaño, justo de su tono- dijo con firmeza – Mi hijo no es una alucinación, es una realidad… y para que esa realidad se cumpla, le ruego que platique con Kido-san sobre el estado de salud de Yuriko, así verá que no miento.
Respiré hondo y profundo.
Honestamente este chico era incomprensible y quizás en eso se parecía a Takeru.
-Hablaré con Joe. Por el momento, será mejor que me dejes estar un rato a solas con mi hija.
-Sí, sólo quería decírselo- en definitiva, nuestra relación sería tensa… no sólo por mi dureza, sino por su manera de enfrentarme. –Una cosa más, Hida-san.
Sólo lo miré, para que hablara todo lo que tuviera qué decir.
-Voy a trabajar duro para demostrarle que soy digno de su familia, de Yuriko y de mi bebé.- afirmó.
Me dio la espalda y con un paso mediocre se alejó de mí.
-Eso espero- quise decirle, pero sólo mis oídos escucharon mis palabras.
FIN POV Iori Hida
O
POV Hidemi Yagami.
Me tallé los ojos para tratar de estudiarlo bien. Lo vi tensarse al descubrir mi mirada en la oscuridad. Me estremecí al darme cuenta de la importancia de ese momento.
Por primera vez estábamos juntos desde nuestro nacimiento: los tres. Taik, Soji y yo.
Siempre fuimos tres y nunca lo supimos. Siempre hubo un hueco en nuestro corazón porque estábamos lejos.
-Soji… - susurré. No me reconocí cuando mencioné su nombre. Sonaba raro, era un nombre corto y fuerte.
Por supuesto, me puse a llorar y tuve el impulso de lanzarme en los brazos de mi hermano perdido; no lo hice inmediatamente porque estaba desorientada, después de todo acababa de ser secuestrada en medio de un campo de batalla, donde Seiyuro se la había jugado por mí, donde la casa de mi amigo Doguen se había consumido por dos torbellinos.
Taiki me puso la mano el hombro, noté que temblaba y que era la persona más herida de esa celda. Mi pequeña prima Min, el adorable Tulo, ¿qué hacían esos niños ahí?... y Seiyuro-sama, ¿iba a despertar pronto?
Sacudí la cabeza y traté de enfocarme en mi hermano. Le rogué a la oscuridad que me permitiera verlo bien, pero la negrura era espesa y mis ojos no estaban acostumbrados a tantas sombras.
Tomé la mano de Taiki, porque lo necesitaba, luego palpé la cueva y avancé hasta donde Soji estaba agazapado.
Taik y yo nos agachamos, él se alejó un poco, para darme espacio y yo agradecí que fuera tan considerado conmigo.
Ya de cerca pude darme cuenta que Soji era Taik y Taik era Soji, y yo misma podía verme en los dos, porque éramos hermanos y habíamos nacido juntos.
Estiré la mano para tocarle el cabello y aunque noté que se incomodaba más, no se movió. Me apenó verlo arisco y dolido, lo comprendí parcialmente pero no en su totalidad.
Mamá nos había separado al nacer. Por un volado de suerte, Taiki fue entregado a papá y yo me quedé con mis abuelos y mamá. Pero Soji nunca estuvo en los planes de Akane, ella lo regaló a un orfanato porque era el bebé enfermizo que no podía mantener vivo y que perseguían los digimons malignos para hacer una especie de brujería.
Cargar con ese pasado tan triste debía ser insoportable para Soji. La soledad seguramente lo había convencido de que no nos necesitaba… con sólo verle podía darme cuenta de sus heridas y su negación, ¿cómo podía ayudarlo? ¿qué podíamos hacer Taiki y yo?
Mis hermanos se habían conocido antes que yo y por la forma en como Taik me había avisado que Soji estaba en la celda, podía adivinar que no habían tenido el mejor reencuentro del mundo. Taiki era una puerta abierta, Soji una cerrada con candado… pero ¿y si yo tenía la llave?
-Hola…- me sentí un poco tonta, pero recordé que esa había sido la primera palabra que Taik me había dicho cuando nos vimos por primera vez después de casi 11 años.
Soji me dirigió su mirada finalmente.
-Hola- respondió. No sentí que estuviera particularmente enojado, solamente distinguí cansancio.
-Soy Hidemi, tu hermana.
-Lo sé.
Se le oía muy seco. Tal vez, por fuera, Soji era un cactus lleno de espinas, pero por dentro era un oasis, ¡sí que lo era, yo lo sabía!
-¡Rayos, Hidemi!- se molestó Taiki -¡Se nota a leguas que lo quieres abrazar, así que hazlo de una vez, no importa que a él no le guste!
Gemí ruidosamente después de eso y sí que me fui directo a envolver los hombros de mi hermanito con fuerza, porque me dolía encontrarnos en esta situación, porque Taiki me había enseñado a adorar a un hermano y a demostrárselo a mi manera.
Él quedó estático y su respiración se aceleró.
-¡Cómo quisiera cambiar el pasado para que los tres hubiéramos crecido juntos!- sollocé, apoyando su cabeza en mi hombro derecho –¡Cómo desearía que no hubieras sufrido solo, hermanito!
Atraje a Taiki e hice que me abrazara y se apoyara en mi hombro derecho.
Era un abrazo triple, el más especial del mundo, el pacto fraternal que habíamos sellado sin importar el contexto donde estábamos.
-… El pasado no se puede cambiar- finalmente dijo Soji.
-Pero no nos prives de tu futuro- pidió Taiki, apretándonos a los dos y después soltó un alarido simpático -¡Auch, mi brazo!
Se separó y fue a dar al piso. Mi oniichan traía el brazo roto y estaba herido.
-Eres verdaderamente un neandertal- comentó Soji, luego se dirigió a mí –y tú eres más bonita en persona que en foto y video.
-¡Gracias!
-Hey, a mí no me dijiste eso, ¡So-chan malo!- reclamó Taik.
Soji encogió los hombros.
-Soy débil ante el carisma de las mujeres.
-Lo mismo digo- la voz de Seiyuro me enrojeció, di media vuelta y lo vi de pie, cerca de mí, con Min y Tulo colgados en sus piernas.
-¡Sei-sama, has despertado!- exclamé contentísima -¿Estás bien?
Soji y Taiki se rasparon la garganta. Fue muy curioso porque lo hicieron al mismo tiempo.
-¡Tu amor me ha revivido, preciosa dama Hidemi!- caminó con todo y niños hasta mí y me dio una flor blanca.
-Eh… yo… ¡gracias!- dije.
-Espera, no te tomes estas confianzas con Hide, Sei, te prohíbo que le coquetees- renegó mi hermano mayor.
-Taik, ¿cómo puedes ser tan celoso en esta situación?- Seiyuro lucía sano y varonil, no parecía que recién lo habían operado –Toma, otra flor de la armonía para ti.
-¿Qué diablos te pasa?, ¿me estás regalando una flor a mí? ¿te golpeaste la cabeza?
-Sólo hazme el favor de sostenerla o le pondrás mal ejemplo a Tulo-chan- amenazó. Mi hermano vio que tanto Min como el pelirrojito Izumi llevaban una florecita entre sus manos.
-Las trajo Noa-chan, son de la armonía- avisó Min, acomodando con inocencia la flor de Tulo en su cabello rojo.
-Joder…- mi hermano agarró la flor ofendido – no es momento para jugar, Sei.
Mi caballero se acercó a Soji, quien lo miraba con desconfianza.
-Es nuestro amigo Seiyuro Takaishi- presenté ilusionada.
Soji no parecía especialmente contento de que Sei hubiera presenciado nuestro abrazo triple. Incluso dio un paso hacia atrás cuando nuestro elegido de la Esperanza le ofreció otra flor.
-Estimadísimo caballero Soji, ¿aceptaría este obsequio como muestra de mi afecto?- bromeó, aunque sólo a mí me dio risa.
-What's wrong with this guy?... Yo no tiro para ese lado- respondió con desprecio mi hermano menor. –y no necesito obsequios afeminados de un sujeto presuntuoso que no me interesa conocer.
Seiyuro soltó la carcajada y se le unió esta vez mi otro hermano.
-Esa estuvo buena, Sei- admitió Taiki –y no sé qué diablos pasa, pero me siento mucho mejor.
Obligué a Soji a que sostuviera la flor.
-Son curativas- le expliqué - ¿Verdad Sei-sama?
Takaishi asintió mientras acariciaba a mi primita con cariño.
-Se llaman flores de la armonía y nos ayudan a estar en equilibrio en cuerpo y alma… no hacen milagros, pero ayudan en demasía.
-Es verdad- dije y nadie me contradijo.
Mi hermano mayor recuperó la movilidad de su brazo y la respiración de mi hermano menor se serenó y dejó de sangrar por el abdomen.
-¡Son súper guay! ¡debe ser genial ser parte de un trío de hermanos!- mencionó por su parte Sei –y ahora que están sanos, vamos a prepararnos para derrotar a los demons lords y salir de aquí.
-¡Sí!- coreó Tulo, dando saltitos de un lado a otro mientras yo sonreía y Min aplaudía.
-¿Qué dices, So-chan? ¿Nos unimos a la misión del loco de Seiyuro?- propuso Taik a Soji.
-Está bien, pero no me llames así.
-Suenas como a Kotty, me caes bien - se rió Seiyuro, aunque Soji no comprendió nada.
Nos acurrucamos en una orilla y Sei sacó la libreta de dibujos de Zetaro.
-Esto, amigos míos, es nuestro pase de salida de este calabozo.
Aún así, con todo y la esperanza del chico de mis sueños, no estaba segura… cuando se comenzaron a encender las luces moradas de la explanada contigua, pensé que ya era demasiado tarde.
FIN POV Hidemi Yagami.
O
Continuará…
O
Debe ser el capi más largo que he escrito jamás, pero no quise partirlo en dos porque… bueno… simplemente porque no sentí que debía partirlo en dos. Y en definitiva yo estoy en deuda con mis lectores, así que decidí ponerlo en una sola entrega para apurarme a escribir más.
¿Qué les ha parecido?
Quizás el reencuentro de los trillizos no fue tan bueno, pero dadas las circunstancias y el carácter de Soji, la situación no se prestaba a hacer una escena demasiado tierna… me pongo a pensar que So-chan y mi Taik son adolescentes varones y no cuadran con la dulzura de Hide. Seiyuro intervino en ese encuentro, pero no podía dejarlo fuera, después de todo fue muy valiente al luchar por su dama Hidemi, así que decidí llevármelo al calabozo para que siguiera siendo tan encantador como es (ya hasta lo puse a bromear dándole flores de la armonía a los trillizos, jaja).
Otra parte del capi que no sé si quedó bien fue lo de Cody y su enfrentamiento con Toshi y Yuri… honestamente tuve problemas para imaginarme la reacción de Iori porque cuando veía Digi02 se veía que era medio rejego y severo, pero en esta circunstancia no supe cómo debía proceder… o sea, supe que sería más duro e implacable, pero tampoco podía ponerlo a golpear a Toshiro, aunque al final quizás la cosa fue peor… pero bueno, el caso es que entró en razón y por el momento hay tregua, ya que la prioridad es ayudar a su hija y su nieto (Shinobu! haha). Ojalá les haya gustado esa parte al menos un poquito, tuve que ponerla porque ya era muy pesado prolongar ese secreto y la trama se me estaba atrasando. Otra escena importante que espero que les haya agradado fue la de Akane y Tai, la verdad es que no estaba planeada pero me salió del corazón.
Como pueden leer, se han resuelto algunas cosas, pero sigue habiendo más dudas que espero en los próximos capis pueda ir solucionando.
(X) Por cierto, lo de que Miya y Ken perdieron un bebé sí pasó en uno de mis fics, uno llamado "En Fuga…" una especie de precuela de Memorias Borradas, Fusión Prohibida y La Guerra. Este dato, cabe destacar, es importante para este fic.
Ahora pongo el resultado de las primeras votaciones. Mi idea es que cada capi voten por su niñito fantasma favorito para que los votos sean más interesantes. Lo mismo va con la pareja para Osen.
-El fantasmita favorito
-Shinobu, el primer bebé de la nueva generación (de ojos azules y cabello castaño según su papá), ganó 3 votos
-Takumi, rubio y de ojos plateados, nos deleitó con sus frases sacadas de la nada y conquistó a 3 lectores.
-Noa, la niña de las flores, por fin dio a conocer su nombre y obtuvo un 1 voto.
-Moriko, con su timidez fantasmal y su probable parentesco inoportuno con los Kido, fue acreedora a 1 voto.
De mis queridos niños fantasmita, los varoncitos llevan la delantera. No cabe duda que los preciosos ojos de Shinobu y las frases extravagantes de Takumi, se han llevado el gusto de la audiencia. Sin embargo, estos y otros niños seguirán robando cámara y la votación continuará cada capi.
-Y mi pareja indecisa…
Zet x Osen: 5 votos
Soji x Osen: 3 votos
Ben x Osen: 1 voto
Aquí Zetty lleva dos votos de ventaja y, para quien preguntó, por supuesto que se puede votar por Ben, jaja… hasta pueden votar por otro chico con Osen, ya depende de su visión, aunque yo veo a estas tres parejas como las más probables para mi niña disponible.
Sin más por el momento, gracias por su lectura… espero su comentario sobre este capi, espero que no les haya decepcionado.
Saludos,
CieloCriss.
¡Gracias!
