Agosto del 2013.

¡Hola a todos! La última vez que actualicé fue en mayo… desde entonces he estado tratando de avanzar en la historia, pero se me complicó bastante este verano. Aún así pude terminar un capi y me esforzaré por sacar el que sigue lo más pronto posible.

Les quiero dar las gracias a los lectores de este fic futurista, es por los comentarios que yo sigo adelante con esta última parte de mi trilogía.

Sé que tardo mucho en dejar nuevo capi, por eso les pido disculpas. Si por mí fuera actualizaría hasta dos veces al mes, pero mis actividades diarias me lo impiden.

En este episodio hablo mucho de organización de los elegidos, me adentro un poco en el encierro de los trillizos y en la cercanía de la elaboración del emblema falso. Lamento si va un poco lento, pero de verdad que se me complica trabajar con tantos personajes sin darles un pequeño rol especial.

En este capi, el 9.5, hay narrador omnisciente. Como resumen les diré que, en el capítulo pasado, los Demon Lord comenzaron sus planes para la creación del emblema Apócrifo, por lo que se llevaron a Min y Tulo a hacer los preparativos, dejando en la celda a los trillizos y Sei. Por su parte, los adultos y el resto de los chicos también han empezado a movilizarse para el rescate. Por otra parte, supimos más de los misteriosos fantasmitas que se han aparecido a los elegidos.

Sin más los dejo con la lectura, puede que haya algunos detalles porque no tengo mucho tiempo de releerme todo el texto y corregir (tampoco tengo lector beta).


Apócrifo

Por CieloCriss

9.5

Tulo Kosuke Izumi abrió sus ojos mulatos de un sólo movimiento. Como si fuese autómata, se sentó. No lloraba, parecía que se le habían secado las lágrimas, no obstante, su respiración era inestable y estaba llena de ansiedad.

Por instinto se tocó la pancita, se alzó la camiseta y encontró una mancha violácea que le dolía: era un moretón.

Recordó que uno de los digimon malos le había pegado y se lo habían llevado de esa prisión donde estaba con los amigos de sus hermanos mayores. Sacudió la cabeza al recordar que los monstruos también se habían llevado a su mejor amiga, a su querida Min-chan.

Sólo entonces se puso a observar dónde estaba, tal vez su amiga estaba a su alrededor… quizás Minagawa lo necesitaba, pero en realidad, Tulo sabía que la necesitaba más él a ella, porque cuando abrazaba a la rubia y ésta le decía que "el sueño se haría bonito", entonces al hijo de Mimi y Koushiro se le escapaba el miedo y se impregnaba de fe.

Sin embargo, en esos momentos, estaba aterrorizado. Nunca antes había extrañado tanto los brazos de su madre, los elogios escuetos de su padre, los regaños de su querido hermano Ben y las sonrisas de su hermana cuando por la noche lo arropaba y le contaba un cuento con su tono de voz robótico.

—Mami…— dijo sin pensarlo mucho, abrazándose con fuerza —quiero ir a casa.

Estaba encerrado en una jaula de metal. A Tulo se le hizo parecida a las jaulas en donde enclaustraban a los animales de los circos, sólo que su pequeña prisión estaba suspendida en el aire porque colgaba de una cadena.

La habitación donde se hallaba era cuadrada y sólo había muebles de metal a su alrededor. Había láminas oxidadas, instrumentos de fierro, las paredes lucían como si estuvieran forradas de hojalata.

—¿Min-chan?— Tulo alzó su voz. No veía a su amiga por ninguna parte, no había otra jaula por los alrededores —¿Dónde estás, Min?

Un chocante ronquido -que lo estremeció todito- fue la respuesta que le dieron. Tulo se asomó por la jaula y vio que debajo de ésta había una vieja cama de hospital algo corroída, con un colchón maltratado y sábanas mugrientas que hedían. Sobre éstas yacía un digimon. Uno grande, pero de figura redonda, aterciopelada, como de muñeco de felpa. Tulo notó que el digital –aparentemente- estaba dormido y encadenado. El digimon era color marrón, tenía cuernos de cabra, curiosos dientes en la cabeza y unas orejas largas, como si fueran alas de quiróptero; aún así tenía un aire a tamagotchi que le interesó al pelirrojo. Entre las cadenas, el digimon llevaba un reloj despertador blanco; Izumi miró intrigado al monstruo y supuso que -así como él- ese digimon estaba capturado.

—Tal vez es un digimon bueno porque está encadenado y encerrado como yo— asoció el pequeño, ilusionándose de no ser el único prisionero de esa habitación.

Se afinó la garganta para gritarle al dormilón. Era verdad que los ronquidos de esa criatura estremecían todo a su alrededor y lo hacían sentir nervioso, pero pensó que seguramente todo estaría bien cuando el digimon despertara y se aliaran para escapar de las garras de los señores digimon malos.

—¡Hola, soy Tulo! ¡Despierta!, ¿cómo te llamas? ¡Hay que salir de aquí! ¿Me ayudas?—preguntó a gritos el niño.

Ben siempre le decía que tenía muy buenos pulmones cuando se ponía a hacer berrinches en casa, así que Tulo esperaba que pudiera despertar al digimon con su agudo tono de voz.

No obstante, tras oír al niño, el digimon dormilón roncó con más fuerza, de modo que Tulo no sólo se estremeció del enojo, sino que sintió que el aliento del monstruo le quemaba la piel y balanceaba la jaula donde se hallaba cautivo.

El hijo de Mimi apuñó las manos y frunció la boca ante su fracaso; apretó los ojos para evitar que le rodaran las lágrimas, ya había llorado demasiado.

Además, lo que sentía en esos instantes era furia porque ese digimon perezoso no le hacía caso y sus ronquidos dolían… o quizás era su imaginación… su hermana Osen siempre le decía que tenía la imaginación ampliamente desarrollada.

—No voy a rendirme, digimon flojo— retobó.

Tulo decidió saltar en la jaula y provocar un ruido más molesto. Al mismo tiempo, combinó sus gritos con el sonido de sus pies …

Primero no pasó nada, pero tras arrugar el rostro, el digimon dormilón bostezó un poder… un fluido negro se estrelló en una de las paredes de la habitación, una que se encontraba a un costado del nene. Para él, fue como si al mar de la oscuridad se le hubiera escapado una ola que destruyó todo a su paso.

Tulo Kosuke soltó un gemido de susto al ver que la pared de al lado había desaparecido y se había convertido en un agujero negro que parecía impenetrable y estaba tan oscuro como la noche.

El cuerpo le tembló y se puso a sudar porque de nuevo sintió que el aliento del digimon le quemaba la respiración. Era una sensación extraña para Tulo, ni siquiera podía describir lo que sentía.

La bestia seguía dormida, aunque con el ceño fruncido; aún así, el bostezo había causado la destrucción parcial de la habitación.

Tulo agradecía que el digimon hubiera lanzando el ataque al lado contrario de donde estaba su jaula, ya que si esa ola oscura lo hubiera alcanzado, probablemente ya no sería capaz de volver a llorar ni de ver a sus papitos una vez más.

Horrorizado, se recargó en la pequeña prisión de metal, se abrazó a sí mismo: repitió las palabras que Min siempre le decía: "el sueño se hará bonito", "el sueño se hará bonito"... no obstante, Tulo no estaba seguro de estar soñando, él nunca soñaba feo en realidad; apenas tenía 5 años, así que no se enteraba de nada, ni siquiera de sus sueños.

No entendía muy bien lo que hacía ahí, sólo sabía que había digimon malos que hacían daño a las personas que lo querían y protegían... él estaba solito, sin saber qué hacer, muerto de miedo y sin servir de nada.

No era tan cool como tarántulaman, y mucho menos tenía el valor de su hermano Ben.

Lo recordó brevemente, a su hermano, quiso sonreír cuando la imagen de su ejemplo a seguir se le dibujó en la mente, pero no pudo, porque se acordó de que el monstruo Barbamon había atacado a Ben y le había robado la curiosidad a Osen.

¡Él quería ayudarlos aunque estuviera chiquito!, de verdad quería hacer algo, quería ser valiente y nunca rendirse, como Ben. Quería ser inteligente como Osen y su querido mejor amigo Satoru Ichijouji.

—Ese digimon dormilón es muy malo— fue lo que concluyó, encogiéndose y comprendiendo que si seguía gritando ese monstruo -que parecía inofensivo- le iba a hacer mucho daño.

Esta vez quiso llorar con toda la intención que encontró dentro de su ser, pero no pudo concentrarse en eso, estaba a la expectativa. Tenía sed y hambre y le dolía mucho el golpe en su barriga, le costaba mucho respirar y ser valiente.

Además, no tenía idea de cuánto tiempo había pasado, no llevaba su reloj ni sabía contar muchos números. Sólo le quedó esperar…

Fue en esa espera inexorable que el ruido de unas cadenas, unas diferentes a las del perezoso digimon, comenzaron a oírse a lo lejos. Kosuke lo corroboró al asomarse por la jaula y ver intactas los ataderos que llevaba encima el digimon dormido.

El durmiente sólo había cambiado de posición. Seguía exhalando aire doliente, pero por suerte para Tulo, ahora aventaba el ronquido hacia otra parte.

Quiso gritar para preguntar quien venía pero se quedó callado. Posiblemente sería uno de los señores digimon malos, o tal vez traían a Min, no lo supo, sólo se aferró a las rejas de la jaula y escuchó con atención el leve ruido de las cadenas arrastrándose, seguido de unos lamentos y quejidos leves, como los de un fantasma.

El pelirrojito tragó saliva y pestañeó sus enormes orbes, se cubrió la boquita, para no gritar de desesperación. Su hermano siempre le había enseñado a no quejarse, era verdad que nunca le obedecía y que le encantaba hacerle travesuras y portarse mal con él, pero ahora mismo los consejos del Principito Tachikawa eran en lo único que podía pensar Tulo, era el único ejemplo que pensaba seguir, era lo único que se le dibujaba en la mente con más claridad...

Pensó brevemente en los emblemas. Hacía unos minutos, los chicos grandes hablaban de los emblemas... el hermano de Min, Seiyuro-san, le había preguntado si tenía el de la "Creación" y él no había atinado a responder con claridad.

Dejó cubrirse la boca para llevar su mano hacia su corazón. ¿Ahí estaba su emblema?, ¿qué significaba tener el emblema de la Creación? ¿Por qué su hermanita no estaba ahí para explicárselo?

Las cadenas seguían arrastrándose, cada vez más cerca de él. Tulo Izumi supo que el sonido provenía del agujero que había hecho el digimon dormilón.

No podía ver bien qué o quién era. La habitación donde estaba él estaba iluminada tenuemente, aunque no se veía nada con claror.

—Cuando veas cosas feas... no cierres los ojos— recordó Tulo que alguien le había dicho eso, tal vez había sido su padre o Ben.

Susurró esas palabras y se puso alerta, sin perder su atención en las cadenas que se arrastraban y al mismo tiempo en el extraño monstruo digital.

De nuevo no supo cuánto tiempo pasó, pero lo que se empezó a delimitar frente a él y al digimon encadenado fue la figura de un humano, o eso creyó el pequeño Izumi.

Lo vio y se quedó mudo, con sus ojos parpadeando las pestañas que había heredado de su mamá.

El hombre que apareció delante de él estaba encorvado, vestía una bata que en algún momento había sido blanca, pero que ahora se veía gris y añeja.

Llevaba cadenas en sus dos piernas, pero al parecer estaban rotas. Estaba sangrando del hombro, Tulo vio con terror que le faltaba gran parte del brazo, la herida era reciente, ¿había sido a causa del poder en forma de bostezo que había lanzado el digimon dormilón?

El adulto tenía el cabello gris, pero su rostro no era viejo. Tenía ojos negros, más aún que los de Tulo y caminaba cansado, con su única mano tapándose la herida.

Al pelirrojo Izumi-Tachikawa esta vez sí se le vinieron las lágrimas de la consternación. Sintió mucha tristeza al ver a ese hombre, pero éste, por el contrario, le sonrió en cuanto lo percibió.

No parecía quejarse del calor de los ronquidos del digimon; Tulo quiso hablarle, pero el señor le indicó silencio con un gesto, por lo que las manitas del pequeño se fueron a sus labios y los selló.

Entendió que su voz podría hacer enojar al digimon perezoso, por eso tenía que aprender a ser discreto, como le sugería su hermana cuando trataba de estudiar y él jugaba a tocar la batería con la vajilla de mamá.

El recién aparecido lucía muy demacrado y llevaba una larga barba canosa, caminaba con sigilo, tratando de que sus cadenas no sonaran demasiado en el suelo metálico.

Sin embargo, los ronquidos de ese digimon cada vez eran más sonoros, como si éste estuviera al tanto de que ese hombre estaba ahí... por suerte, consideró el pequeño, no había lanzado esa otra ola de oscuridad como ataque.

Tulo no sabía cómo ayudar, pero debía de haber alguna forma de que ese señor lo rescatara, porque él quería ir con él, quería abrazar a ese hombre y ayudar a curarle la herida que lo había dejado sin brazo.

Por eso se puso a buscar en todas partes alguna pista o algo que pudiera ayudarle, pero sencillamente no se veía nada... en esa habitación sólo había objetos de fierro y una cueva de oscuridad causada por el animal digital que dormitaba irritado.

Tulo comenzó a respirar muy rápido, estaba alarmado por el ruido que producían las cadenas que cargaba el señor consigo... el digimon dormilón malo iba a atacar, lo presentía… a él no le gustaba presentir, no se le daba tan bien como a Minagawa.

Sin saber qué más hacer se quitó los zapatos. El adulto lo vio y le indicó que no hiciera nada peligroso, pero el pelirrojito negó.

Estaba decidido. Iba a producir más ruido que las cadenas del señor para que el monstruo lanzara su ataque de bostezo hacia otra parte y el hombre pudiera caminar hasta él.

Abrazó sus zapatos, como si fuera un último adiós, luego les abrochó las agujetas y los lanzó con toda la fuerza que pudo hacia el lado contrario de donde estaba el señor.

La caída de los tenis en las hojalatas sonó como un Apocalipsis diminuto, también se produjo un eco, lo que molestó al digimon dormilón.

-"Eterna pesadilla"- dijo la bestia con una vocecita insignificante, luego bostezó y lanzó su ola de oscuridad contra otra pared.

Fue como si el mar se hubiera puesto celoso o hubiera ocurrido una vorágine, pero esa ola de tinieblas volvió a romper todo a su paso, incluso provocó un estruendo.

El hombre de los harapos aprovechó para correr con la mayor fuerza que pudo y llegó hasta la celda de Tulo, arrastró un banco, se encaramó para visualizar al prisionero

—Tranquilo, no hables más, Belphemon puede despertar, es el demon lord de la pereza, está en su modo de sueño, pero aún así nos percibe, su despertador puede sonar en cualquier momento.

Tulo asintió. Por primera vez cayó en cuenta de que las manecillas del reloj blanco que tenía el digimon hacían un tic tac muy escalofriante.

El hombre sacó un trozo largo de alambre, lo metió en la cerradura y comenzó a mover el hilo de metal con la esperanza de abrir la prisión y sacar al hijo de Koushiro.

Tulo vio con desesperación que el demon Lord de la pereza cambiaba de posición y fruncía la carita... ¿era que ya los había oído?

—Présteme el alambre— pidió sin pensar mucho, mientras el corazón le palpitaba con fuerza y le nublaba los sentidos; Tulo le arrebató el alambre a su futuro salvador. El hombre negó, pero el pelirrojo no hizo caso, apretó el cable de alambre y lo hizo un capullo en sus manitas.

Después, el pequeño comenzó a brillar... un haz de luz turquesa se desprendió de Tulo y se acumuló en sus manitas.

Cuando la luz se fue, Tulo abrió las manos y ya no había un alambre, sino una llave.

—Maravilloso...— comentó el hombre, tomando la llave y abriendo la celda, parecía una llave hecha especialmente para esa jaula.

—Lo hizo mi emblema— respondió orgulloso el hijo de Mimi e Izzy, agarrándose torpemente del cuello del hombre que acababa de rescatarlo.

Saltaron y aterrizaron en el suelo sanos y salvos, el menor de los Izumi tomó la llave y logró quitar las cadenas del hombre. En realidad, todo parecía indicar que se trataba de una llave maestra.

—Gracias, pequeño— dijo el señor. El nene le vio el hombro lleno de sangre.

—¿Te duele mucho?— preguntó, todavía impresionado por ver a alguien manco.

El hombre vestido con una bata le indicó silencio, con el brazo libre se echó al niño a su hombro sano. Tulo estiró su manita hasta la herida del hombre e intentó frenar el sangrado, haciendo presión. Había aprendido eso cuando había conocido al hermanito de Taiki, Soji, quien sangraba muy a menudo por una enfermedad.

Los dos huyeron. Salieron sigilosos por una de las cuevas que había hecho el Belphemon Modo Sueño, mientras éste seguía roncando oscuridad y bostezando calamidades.


Lilithmon, la única fémina de los reyes demonios del Digimundo, intentó una vez más utilizar su espejo mágico para embrujar a la elegida del emblema de los Milagros.

—¡Hechizo del espejo!— gritó por tercera vez, desesperada.

A Minagawa Takaishi la habían hecho sentarse en una silla hecha de roca y era sostenida con brusquedad por Beelzemon, uno de los demon lord más impacientes.

Daemon, el demonio de la ira, caminaba alrededor del lugar. Su túnica le cubría el rostro, ni siquiera los ojos parecían resplandecerle.

Lucemon Falldown Mode estaba sentado en uno de los siete tronos de ese extraño salón con forma de heptágono. Veía a su alrededor con desdén, mientras que Barbamon sujetaba el sombrero de Wizardmon, el cual se había recuperado de las aguas californianas después de que Benjamín Tachikawa lo había lanzado a océano en el Puerto de Los Ángeles.

—Yo, Lilithmon, lady demon de la lujuria, te ordeno que reveles el secreto del sombrero de Wizardmon.

La niña rubia negó casi inmediatamente, como si su decisión fuera un acto instintivo; sus ojos rojizos parecían inmunes al hechizo de esa reina de oscuridad.

—El secreto del sombrero de Wizardmon es mi tesoro y no lo revelaré a digimon malos— aseveró con entereza, a pesar de que sólo contaba con seis años.

El látigo de Beelzemon se acercó peligrosamente a Minagawa, pero el mismo Daemon impidió que hirieran a la pequeña.

—No intentes dañar al emblema de los Milagros antes de tiempo— retó a Beelzemon.

Éste chasqueó la lengua y miró con desprecio a su compañero.

—Si el hechizo de Lilithmon no hace efecto, ¿cómo pretendes que esta criatura coopere con nosotros para hacer un milagro negro?— gruñó el demon lord de la Gula.

Barbamon, el más sabio de los reyes demonios, cerró el libro que estaba consultando.

—Necesita un poco de sufrimiento para ceder, necesita conocer la oscuridad para poder absorberla, para hacer magia negra, le hace falta ser corrompida— siseó.

—Beelzemon, trae al Emblema de la Esperanza— ordenó Lucemon Falldown Mode, —Los lazos sanguíneos que comparten los Milagros y la Esperanza deben ser destruidos para que podamos dañar este emblema.

Minagawa se estremeció, pensó en su hermano, en su querido hermano Seiyuro.

—¿Me dejarás jugar con él, Lucemon?— preguntó ansiosa Lilithmon, lamiéndose los labios y tocándose los pechos.

—Te lo puedes comer— dijo con frialdad el jefe de los demon Lords, mirando fijamente a Min, quien sólo entonces flaqueó y empezó a gemir.

—¡Por favor no lastimen a mi hermano!— rogó, su voz sonaba igual a la de Hikari Yagami cuando era niña —¡No hagan daño a nadie!, ¡les diré lo del secreto del sombrero aunque aún no lo sepa!

Beelzemon soltó los hombros de la pequeña para cumplir su cometido; entonces, Daemon arrojó a la rubia al suelo. Puso una de sus garras encima de la niña. Casi la abarcó por completo.

—¿Con quién crees que juegas, niña?— rugió iracundo, quitándose la túnica y dejando ver su apariencia más horrible.

Mina gritó y se cubrió la cara con sus manitas. La garra del demonio la presionó contra el piso y como resultado sintió el desgarre de su vestido y un rasguño en la espalda.

—Iré por el emblema de la Creación, los escritos que robé de Witchelmy me han indicado cómo utilizar ese emblema perdido... al parecer es como una herramienta que amolda energía y le da la forma indicada, con la ayuda de esa cresta podremos dar representación al Apócrifo sin repetir los errores del pasado... además, ese humano que tiene el emblema es débil y pequeño, bastará con hacerlo llorar un poco para que perezca su voluntad— comentó Barbamon.

—¡No!— se indignó Min —Tulo no es débil, ¡es fuerte y es mi amigo!

El cuerpecito le tembló aún más cuando Daemon intensificó la imposición sobre ella, su cabello rubio estaba desparpajado y le cubría el rostro, lo único que se alcanzaba a ver era el brillo de sus lágrimas y un intenso haz de luz dorada parecía iluminarla aunque frente a ella sólo había adversidad.

Minagawa sabía perfectamente que lo que estaba pasando no era un juego, sabía que era real. Sabía que era la pesadilla que había soñado… dentro de ella, seguía rezando para que el sueño se hiciera bonito, ¿pero cómo? ¿qué había qué hacer para que esa realidad cambiara?

No entendía a esos digimon, no entendía a los seres llenos de odio y no quería que le contaminaran ese sentimiento.

Pensó en Noa-chan, en la voz dulce de aquella niña que había conocido y que le llamaba princesa, recordó las canciones que le había enseñado en sus sueños, pero no supo cantarlas, no pudo... el sueño se estaba haciendo cada vez más feo.


Cuando los ronquidos de Belphemon quedaron lejos, Tulo le pidió al hombre que lo había salvado que lo dejara de cargar y lo pusiera en tierra firme.

—¡Es que te vas a desangrar!— lo regañó el pelirrojito, mientras el hombre hiperventilaba y palidecía junto con la noche eterna.

Finalmente el señor accedió a bajar al niño de su hombro y se fue sentando por el sobre-esfuerzo.

Tulo sacó de sus ropas una flor. Estaba grisácea, pero se notaba que había sido blanca.

—Tómala, es una flor de la armonía y ayudan a sanar cuando estás enfermo... yo ya la usé, me la dio el hermano de Min-chan, pero tómala, tal vez te sirva un poquito...

El hombre así lo hizo y le sonrió al pequeñito. Tulo sentía que el señor lo miraba con interés, como si le recordara a alguien.

Sin poder evitarlo, el hijo de Izzy y Mimi observó con desesperación el hombro sin brazo que tenía su rescatador. Su mamá siempre le decía que estaba mal mirar tan fijamente a alguien diferente, pero el niño no podía evitarlo. Ese panorama era sencillamente estremecedor.

—¿Dónde está tu bracito?— le preguntó al señor, bajando su mirada al suelo.

—Un ataque de Belphemon me lo arrancó— confesó el interlocutor; entonces, Tulo comenzó a llorar con fuerza.

Shh, no llores... no es tiempo de llorar.

—Yo hice ruido y el digimon dormilón lanzó el ataque que te quitó tu bracito— relacionó el niño, quien aunque generalmente era despistado, a veces era iluminado por los genes Izumi.

—No te preocupes... perder mi brazo me liberó de la prisión donde los demon lord me tenían, no me importa pagar ese precio... estuve 16 años encerrado, bien vale la pena perder un brazo por unos minutos de libertad.

—¿Llevas tanto tiempo aquí?, ¡ni siquiera mis hermanos tienen tantos años!— se asombró el nene, dejando atrás sus lágrimas por una mirada de curiosidad idéntica a las que regalaba su padre en la infancia.

—Qué niño tan curioso— sobó la cabeza del pequeño con su única mano —Esa flor me está aminorando el dolor... ¿dices que es de la armonía?

Tulo asintió complacido; luego continuó su interrogatorio.

—¿Quién es usted, señor?— preguntó, agitando sus deditos por la expectación.

—Soy un señor que se llama Shin Kido— el hombre se incorporó, arrancó un pedazo de su ropa e hizo presión en su herida. De su bata sacó alcohol y otras sustancias y se las aplicó.

Tulo Kosuke lo vio muy asustado y se admiró de la valentía de ese hombre, que ahogó su grito de dolor cuando se aplicó esas pomadas raras. Cuando los doctores le ponían inyecciones o le daban pastillas, Tulo siempre lloraba.

—¡¿Qué haces?!— se asustó.

—Soy un doctor, no te preocupes, son medicinas, ¿lo entiendes, verdad?; estoy tratando de curarme— mencionó; el chiquito asintió, pero respiró más aprisa. —Bien, eres un buen niño, eres muy valiente.

El pelirrojito se sonrojó.

—Por eso necesito que me ayudes, ¿me ayudarás, verdad?

—Sí, aunque soy pequeño... en el preescolar algunos me dicen bebé, ¡pero ya tengo cinco!, me llamo Tulo Kosuke Izumi y soy tu amigo, no importa que sea bajito ¿verdad?, porque ya soy grande en el corazón— manifestó como superhéroe, tocándose el pecho.

Shin sacó la llave que había creado el niño y se la cedió.

—Era un trozo de alambre, aún así, la convertiste en una llave maestra... por ello ahora quiero que conviertas esta llave en una aguja, ¿sabes lo que son las agujas?— preguntó el adulto.

Tulo asintió, recordó que con las agujas su mamá cosía la ropa que rompía... eso sucedía a menudo, porque le gustaba arrastrarse y gatear en todas partes para hacer rabiar a su hermano.

Tomó la llave y de nuevo la guardó entre sus manitas regordetas y apuñadas.

—Creo que lo hice con mi emblema— recordó —pero no sé cómo lo hice, no pienso tan bonito como mi papá, él sabe muchas cosas...

—Koushiro-kun debe estar orgulloso de tenerte— sonrió Shin, viendo los esfuerzos que hacía el niño para transformar la llave.

—¿Conoces a mi papi?— cuestionó el infante.

—Si es quien creo que es, podría decirte que es amigo de mi hermano Joe.

—¡¿Eres hermano de mi tío Joe?! ¿el doctor papá de Doguen?— se emocionó el niño, entonces la luz de su emblema, la Creación, lo iluminó y pudo transformar la llave en una enorme aguja.

Shin asintió con nostalgia mientras veía la magia del emblema.

Cuando Tulo le mostró lo que había creado, el adulto le dijo que sostuviera la aguja en posición vertical. Sacó hilo de su bata, era un hijo casero y no quirúrgico, los digimon que lo tenían encerrado no le permitían tener objetos peligrosos con los que pudiera suicidarse, pero el hilo común y corriente no podía ahorcarlo, por eso le permitían tenerlo.

Con su única mano temblorosa logró vincular la aguja con el hilo, luego le dijo a Tulo.

—Quiero que seas valiente, ¿de acuerdo?— el pequeño elegido volvió a asentir, se sentía nervioso —Necesitamos suturar mi herida para que no sangre, lo que significa que hay que coserme el hombro, ¿entiendes?— el pelirrojo se aterró —Tienes qué ayudarme a coser, porque yo no puedo hacerlo.

Tulo-chan negó, retrocedió un paso, casi soltó la aguja, pero Shin lo sujetó de la ropita.

—Nunca hubiera querido pedirle esto a un nene como tú, pero necesito que me ayudes, necesitamos impedir que esos demonios realicen sus planes... ahora que me has liberado necesito intentarlo, quiero ver una vez más el sol naciente de Japón — la mirada de piedad que dirigió a Tulo hizo que éste ya no siguiera retrocediendo.

—No sé... no sé cómo, señor.

—Sé valiente, yo te guiaré.

Sus ojos pardos, inflamados por tanto llanto, miraron con horror esa herida que sangraba: gota tras gota se impregnaban en la bata de laboratorio. Iba a cerrar los párpados pero no pudo hacerlo, el doctor le indicó que los abriera, le ordenó que acercara la aguja... y que empezara a cerrar la herida.

Así lo hizo.


—Quiero que te vayas a dormir, Kyo— ordenó Daisuke a su hijo cuando Kurumi Ichijouji cayó dormida en una silla que yacía cerca de la cama de Yuriko Hida.

Casi todos los elegidos estaban en esa habitación, Taichi Yagami había sugerido estar en el mismo lugar aunque hubiera poco espacio.

La razón era simple: si los enemigos aparecían, sería más fácil vencerlos estando unidos.

—No veo que los adultos duerman— hizo la observación el muchacho.

—Tu madre acaba de dormirse, necesitamos dormir por turnos, no podemos movilizarnos si caemos desmayados a mitad de la misión.

—Salvo mi mamá, tía Jun y la madre de Taiki no veo a nadie más dormido— renegó el hijo de Davis —No puedo dormir, además, es posible que si me duermo, cuando despierte ustedes ya se hayan movilizado lejos de aquí.

—Prometimos incluirlos en la misión— recordó Daisuke, pero su hijo simplemente negó.

—Soy el líder, debo de protegerlos... hoy reafirmo mi compromiso con todos mis amigos, tú también fuiste un líder, ¿no me comprendes, papá?

Daisuke terminó asintiendo y soltando un suspiro.

Habían juntado varias camas para acomodar a los niños para que durmieran. Kotaro y Satoru habían caído rápido y los habían acostado junto con Calumon; Mayumi, Doguen y Ben habían accedido a dormitar un par de horas, pero habían instalado alarmas para despertarse. Zetaro no dormía, estaba en un rincón dibujando como maniaco sin parar, aunque de vez en cuando le ganaba el cansancio y se le cerraban –parcialmente- los párpados. Toshiro vigilaba a su novia con estoicismo y tampoco parecía querer dormirse, era como si luchara contra su debilidad física para estar consciente.

Al fondo de la habitación habían instalado dos escritorios en los que Koushiro y su hija Osen tecleaban en las computadoras; Mimi estaba junto a ellos y cabeceaba.

Los demás elegidos estaban apretados en el resto de las camas. Estaban sentados y se oían sus murmullos. Daisuke y su hijo estaban en la entrada, vigilando.

Ken tocó la puerta, dijo una clave y Motomiya mayor le abrió.

—La mansión está en silencio y no parece haber nadie— anunció el policía.

Miyako se acercó a él y le dio un abrazo.

—Estabas tardando mucho, amor— dijo con dulzura —estuve a punto de irte a buscar.

—Estoy bien, Miyako— la tranquilizó —Lo que necesitamos ahora es dormir un rato para ponernos en acción, ve a descansar un rato ¿quieres?

—No lo haré hasta que Zetty lo haga— indicó la señora Ichijouji, echando una mirada a su hijo intermedio.

—Hablaré con él— dijo Ken y avanzó hasta donde estaba su hijo.

Miyako se recargó en la pared, al lado de Daisuke.

—Ánimo, Miya— le dijo con simpatía su viejo amigo, con quien solía reñir largo y tendido cuando era más joven.

Miyako le sonrió a Motomiya, mientras éste, con suma torpeza, le daba golpecitos de cariño en la espalda.

—¡Ah, qué linda se ve Kurumi dormida junto a Yuri-chan!— soltó de repente el hijo de Daisuke, ajeno a la presencia de los adultos que lo acompañaban. Era como si soñara despierto.

—¿Qué dices, Kyo-kun?— preguntó Miyako interesada, mientras los hombros del hijo de su viejo amigo se tensaban y volteaba a ver –trabajosamente- a la madre de la chica que le gustaba.

—Eh... ah... pues... ya sabe... me le confieso a su hija todos los viernes en la noche... por eso... bueno... se ve muy guapa encogida en esa silla y...

—Se verá muy guapa ahí, pero se le va a enchuecar el cuello; si tanto la quieres ve, quítala de la silla y acuéstala para que descanse; y si quieres seguir cuidándola, también duérmete un rato, muchacho inconsciente.

Kyo dijo que sí con la cabeza, asustado, e inmediatamente fue a obedecer a la que quería que fuera su suegra.

Con su fuerza sobrehumana -porque era fortísimo-, el muchacho de 17 años levantó a Kurumi Ichijouji y caminó con ella en brazos hasta recostarla en una cama libre.

Daisuke sonrió.

—Tenía minutos insistiéndole a Kyo que se echara a dormir, pero necesitaba que la suegra mala del cuento le diera la orden.

—¿Suegra mala del cuento?, ¡eres un bruto, Daisuke! ¡Deberías agradecer que acepte a tu heredero!— renegó Miyako —Tu hijo es un lento, por eso tengo que darle consejos sobre cómo cuidar a Kurumi... ya estoy resignada a su devoción para con mi hija, es hasta irónico.

—Mi campeón es un partidazo.

—Pero es un Motomiya— reprochó Miyako, fingiendo desencanto.

—Eso es lo mejor que todo, que es un Motomiya— aseguró Daisuke, Miyako sonrió una vez más.


Shin Kido se aplicó desinfectante en la herida recién suturada.

De reojo volteó a su derecha, donde el pequeño que acababa de coserle el hombro se estremecía en llantos y náuseas.

El vientre del pequeño Izumi, de 5 años, se encogía mientras trataba de vomitar y a la vez de cubrirse los ojos.

—Tranquilo, ya pasó… lo has hecho muy bien— dijo el adulto desgastado y manco, mientras guardaba sus herramientas de trabajo en la roída bata de médico que ya nada tenía de blanca.

Tulo negó desolado, aplastándose el estómago revuelto. Había demasiada sangre alrededor… por más empeño que había puesto en suturar, las manitas siempre le habían temblando y nunca había dejado de salir el líquido carmesí del hombro adulto.

Todavía no podía creer que donde antes había un brazo y una mano ahora sólo había un hueco por donde salía sangre y carne rosada.

No había podido vomitar nada a pesar de las arcadas que se le agolparon en su cuerpo tras haber terminado la misión, pero aún así se había abrazado el vientre y cerraba lo ojitos con frenesí.

¿Dónde estaba su mamá?, ¡quería abrazar a su mamá!, ¿por qué no venía su papá a salvarlo?, su papá lo sabía todo, ¿entonces por qué lo dejaba solo?

Tulo lloró con más fuerza sin poder evitarlo. Ya se lo había dicho Ben en muchas ocasiones: que había sacado las lágrimas fáciles de su madre.

'Chillando consigues todo lo que quieres, cucaracha. Sólo tienes que llorar, y como te sale parecido a nuestra bella madre, todos se conduelen y te justifican', había dicho Benjamín.

Pero su hermano mayor se había equivocado. Aunque sus lágrimas fueran parecidas a las de su mamá, nada bueno parecía pasar en ese mundo tan feo si lloraba.

Shin terminó de ponerse las vendas. Se inclinó hacia el niño y con su brazo le dio consuelo.

—No llores más, recuerda que tienes que ser fuerte. Tenemos qué salir de aquí.

Tulo se aferró al adulto, teniendo cuidado de no lastimarle la herida.

—No quiero volver a ser doctor nunca— suspiró el pelirrojo con pánico. Shin sonrió.

—¿Te da miedo la sangre?

—Sí… es triste porque se acaba, me duele la barriga… y ni siquiera lo hice bien, todavía te sale sangre— lamentó el hijo menor de Mimi y Koushiro.

—Lo has hecho bien… eres un niño muy habilidoso, pudiste coser muy bien.

—Es porque he visto cómo lo hace mamá— explicó Tulo en un suspiro muy dulce.

—Se siente bien abrazarte, pequeño… quizás así se hubiera sentido tener un hijo… hace años que no veía a otro ser humano, la última vez vi a una mujer y a sus bebés…

Kosuke asintió. Se dejó abrazar por el adulto unos segundos más. Su llanto se fue debilitando cuando dejó de sentir asco y terror por lo que le habían obligado a hacer.

Su mente se fue despejando con lentitud. A Tulo siempre le costaba trabajo concentrarse y ponerse serio, pero desde que había llegado a ese lugar su verdadero ser parecía estar oculto entre el miedo y el terror.

Había digimon malvados que querían hacer daño a todos. Incluso había monstruos que estando dormidos eran capaces de cortar brazos a señores buenos.

Él estaba en medio de esa oscuridad y se sentía solo. Quería ser rescatado por sus hermanos y sus papás, pero no tenía idea de dónde estaban ellos.

Lo último coherente que recordaba era que iba en un avión, que se hizo pis y que Ben lo regañó. Luego había aparecido un demon lord que había embrujado a su hermana, había dormido a sus padres y había herido a su hermano…

Él y Soji habían terminado en una cueva, pero en ese lugar también habían encerrado a Min, a Seiyuro y a los mellizos Yagami.

Esa última remembranza lo puso alerta y lo hizo regresar a su realidad. De improviso se separó de Shin Kido con apremio y se oprimió el llanto.

—Tengo que ir por Min— dijo al hermano de Jyou.

—¿Min?

—Es mi mejor amiga, siempre es muy buena conmigo— explicó de manera atarantada —Los digimon malos nos tenían encerrados en la cárcel, ahí era un lugar muy feo, pero estaban Soji y Taiki y Seiyuro, también Hidemi y Min, entonces no tenía miedo, porque ellos son más grandes… ellos me cuidaron, pero llegaron los malos otra vez y nos sacaron de la cárcel a Min y a mí— el chico entrecortó su maraña de discurso para respirar con apremio —luego desperté en la jaula y me salvaste, pero tengo que ir por Min, porque quiero casarme con ella cuando crezca.

El pequeño miró con intensidad a Kido. Sus ojos marrón oscuro resplandecieron en ansias. Shin asintió; el nombre de 'Soji' retumbó en su corazón.

—En verdad los Demon Lord intentarán hacer de nueva cuenta el emblema Apócrifo— concluyó, poniéndose de pie. También miró con fuerza al niñito valiente, luego le sonrió, —¿Han capturado a unos trillizos?

Ante la pregunta, Tulo Kosuke asintió.

Shin se mordió los labios. Era difícil mantenerse en pie por el dolor que sentía. A ratos se le nublaba el entorno. La flor de la Armonía era lo que parecía darle fuerzas.

Los túneles de esa caverna se le dibujaban como serpientes que estaban a punto de comérselo.

—Sí, mis amigos Hidemi y Taiki tienen otro hermanito igual a ellos, se llama Soji…— explicó —son tres…

Sin perder el tiempo, el pelirrojo agarró entre sus manos la enorme aguja con la que había cosido la herida del doctor Kido. Apuñó el objeto con fuerza y cuidando no cortarse.

De nuevo, el brillo de su emblema lo invadió y reconvirtió el pedazo de alambre en la llave maestra que anteriormente ya habían usado.

—Voy a ir a rescatarlos— dijo decidido —Voy a ser tan fuerte como un Jedi… Satoru-senpai, que es el niño más inteligente que conozco, se va a admirar de mí cuando salve a Min y a los grandes.

Tulo se recargó en la pared después de hacer aparecer la llave. Estaba cansado pero sus ojitos seguían concentrados.

—Qué niño tan maravilloso, de verdad puedes manipular objetos— se admiró Kido.

—Es el emblema… mi hermanita Osen siempre me dijo que los emblemas son magia, el mío es de la Creación— explicó el niño.

—Voy a ayudarte a salvar a tus amigos…

—Pero señor hermano de tío Joe, estás enfermito— dijo el pequeño con contrariedad.

—Quiero volver a ver a esos trillizos… quiero impedir que los hieran; además, conozco el camino.

—¿Aunque esté oscuro se puede hallar un camino?— cuestionó Kosuke Izumi.

Shin Kido volvió a sonreír, extendió su mano hacia el pelirrojo, quien sin dudarlo apresó sus deditos temblorosos en la palma esquelética.


Hidemi había acomodado a Seiyuro y sus hermanos junto a ella. Hacía más de una hora que Barbamon y Daemon se habían llevado a Tulo y a Min de la celda.

Desde entonces, ni Taiki ni Soji ni Sei habían despertado del golpe que les habían causado los demonios digimon.

La hija de Tai los había arrastrado con todo el cuidado posible hasta acostarlos en línea y junto a ella. Todo el tiempo había permanecido inquieta, limpiando la frente de sus hermanos y del chico que más le gustaba en el mundo.

Quería serenarse para pensar en qué hacer, pero no conseguía calmarse. Dentro de su pecho el corazón le latía con prisa, se le entrecortaba la respiración y le temblaban las piernas.

No quería resignarse, ¡no debía resignarse!

Quiso robarse la esperanza de Seiyuro. Siempre lo había idolatrado por tener esa cualidad. Cuando los ojos azules de Sei Takaishi brillaban, transmitía una sensación de calma que le hacía pensar a Hidemi que nunca era demasiado tarde, ni siquiera en esos momentos.

Observó el rostro del rubio Takaishi por largos segundos que le supieron una hora. Tomó entre sus manos la cabeza del muchacho y la acomodó en sus piernas.

—Sei…— lo llamó con dulzura —¿verdad que todavía no es tarde?

El rubio no le respondió, Hidemi le acarició el cabello, le delineó los labios.

Quiso besarlo.

Si ya no había esperanza y era demasiado tarde, al menos quería besarlo por última vez.

La morena inclinó la cabeza suavemente y logró que su boca se uniera a la del príncipe durmiente.

—¿Le quieres?— le preguntó una voz.

Hidemi se separó aprisa y sus mejillas se colorearon. Giró su cabeza y se encontró con la faz de su hermano Soji, quien recién había recuperado la conciencia.

—¡So-chan!— ella se exaltó, pegó un pequeño brinco y se separó abruptamente de Seiyuro, dejando la cabeza de éste nuevamente en el suelo húmedo de la celda.

—Le besas mientras está desmayado… seguro que lo quieres— confirmó con voz seca el trillizo.

—Por favor, no se lo digas a Taiki— fue lo primero que rogó Hidemi.

—No me importa en realidad— comentó Soji —aunque, por lo que entendí, el chico rubio es tu primo, ¿no es así?, la pequeña Min dijo que soy su primo y ella llamó hermano al rubio… honestamente el incesto me parece escalofriante.

—¡Sei-sama no es mi primo!— dijo rápidamente en su defensa —Es hijo del esposo de nuestra tía Kari, pero no es mi primo.

Soji Miyagi puso los ojos en blanco.

—Te dije que no me importa.

—¡Pero te tiene qué importar!— retó Hidemi —Soy tu hermana, ¿no es cierto?, entonces te tiene qué importar a quién quiera.

—Aunque no se lo quieres decir al clon— se rió Soji.

—Es que Taik es muy celoso— se quejó Hidemi.

—A mí realmente no me importa nada. De cualquier manera todo se está derrumbando para mí— susurró Soji, dándole la espalda a su hermana trilliza.

—So-chan…

—No me llames así.

—Perdona… no lo vuelvo a hacer. ¿Cómo debo llamarte?

—Soji Miyagi.

—Te llamaré Soji. Y muy pronto serás Soji Yagami.

—No me interesa formar parte de esa familia, siempre he odiado el apellido Yagami.

—Es porque no conoces a papá y a Taik, yo te entiendo muy bien… yo los conocí hace cinco años, antes era igual que tú.

—No quiero conocer tu historia— confesó Soji.

—Lo sé… pero tampoco quieres odiarme— planteó Hidemi.

—Tienes razón. Prefiero odiar al hijo perfecto de Yagami, al chico que es igual que yo, pero sin mis defectos.

—No podrás odiarle— se sonrió Hidemi —yo una vez lo intenté y terminé adorándolo.

Soji respondió la sonrisa de su trilliza con un gesto amargo. Los ojos canelas de esa muchacha parecían comprender parte de sus propias emociones.

—Dama Hidemi… Soji-kun… ¿están bien?— preguntó de pronto Seiyuro, abriendo los ojos celestes.

Hidemi Yagami se tensó, pero inmediatamente dibujó una sonrisa para el rubio.

—¡Has despertado, Sei-sama!

Seiyuro se sentó. Miró con desolación a su alrededor.

—Se han llevado a Mina y a Tulo, ¿Verdad?

—Lo lamento, hicimos todo lo posible— susurró la castaña —al final todos terminaron inconscientes, menos yo…

—No te preocupes, aún no es tarde— animó Seiyuro —tenemos que activarnos y salvar a los pequeños.

El rubio Takaishi se tocó los labios.

—Están cálidos— hizo el comentario con dulzura e inconsciencia, mirando hacia la pared.

Soji soltó un suspiro de incomodidad, Hidemi se sonrojó y escondió la vista.

—¿Qué dices?— preguntó para disimular su bochornos.

Seiyuro la miró intrigado, luego respondió.

—Nada. Sólo decía que mis labios están cálidos, como si una hermosa damisela me hubiera dado un beso.

Hidemi se turbó, dio un salto y aterrizó donde yacía su desmayado hermano Taiki.

—Qué cosas dices, Sei— murmuró la joven.

—¿Por qué no dejan de coquetearse de una buena vez?— Soji interrumpió esa melosa escena con el rostro arrugado —Digo, hay niños en riesgo, no hay tiempo para sus indirectas amorosas.

Hidemi se retorció de la vergüenza y Seiyuro se puso las manos en la barbilla.

—Qué interesante modo de celar— dijo.

—No estoy celando a la chica— renegó Soji —sólo soy realista, unos monstruos se llevaron a los niños, ¿la pequeña rubia es tu hermana, no es así? ¿acaso tu manera de preocuparte por ella es teniendo conversaciones cursis con la chica que es mi trilliza?

—Nunca pongas en duda a un Takaishi, Soji-kun— respondió Seiyuro, enfadado —Voy a salvar a Min y ella resistirá hasta que pueda salvarla. Mi hermanita es lo máximo y la adoro, pero eso no impide que sienta los besos de ensueño que me regala la vida.

—¿Ehhh?

—Como sea, lo importante ahora es despertar a Taiki, lo necesito despierto, es el mejor guerrero de los presentes.

Seiyuro se levantó y caminó hasta el trillizo mayor. Lo pateó suave y continuamente. Soji arrugó la ceja. ¿Qué se creía ese muchacho rubio como para pegar a su clon con tanta libertad?

—Ayúdenme a despertarlo, de preferencia no le griten, podemos llamar la atención de los demon lord.

Hidemi comenzó a jalonear a su hermano, de repente le estiraba los desordenados cabellos marrones y le soplaba en el oído para hacerlo reaccionar.

—Está herido, ¿por qué no dejan de hacerle daño?— renegó Soji.

—En el fondo le quieres, ¿verdad?— preguntó Seiyuro y el trillizo negó de inmediato.

—Es sólo que cuando lo trajeron a la celda estaba muy lastimado, con varios huesos rotos… es verdad que le dieron una flor curativa, pero…

—Tranquilo, no lo estamos lastimando— calmó Hide —sólo queremos estimularlo para hacerlo reaccionar, mi hermano siempre se mete en líos y cuando termina inconsciente, esta es la técnica que desarrolló Mayumi para despertarlo.

—¿Mayumi?

—Es la mejor amiga de mi hermano— informó Hidemi.

Soji encogió los hombros con desprecio y se quedó silente. Para su sorpresa, Taiki respondió a los golpes de sus camaradas un poco después.

—Hermano ¿estás bien?— preguntó Hide, tomando las manos de Taiki entre las suyas.

Taiki asintió, aunque permaneció acostado.

—Sólo estoy acalambrado, cuando salté del edificio del hospital no sentía nada, así que es natural que me acalambre.

—¿Saltaste del edificio del hospital?

—Sí, quería evitar que Lucemon le hiciera daño a Akane y a May, por eso salté.

—¿De cuántos pisos?— preguntó Seiyuro.

—¿Cómo quieres que recuerde esos detalles?— se quejó Taiki.

—¡No vuelvas a hacer algo tan imprudente, hermano!— regañó Hidemi.

—No lloriquees Hide, total que sólo me rompí el brazo— Taiki se incorporó—la flor que me dieron me quitó el dolor pero dejó los calambres.

—Eres un salvaje— comentó con desesperación Soji.

—Sí, gracias por el cumplido, So-chan— se alegró Taiki, quien luego volteó hacia Sei —¿Qué vamos a hacer para salir de aquí?, se han llevado a Min y a Tulo ¿Cierto?

—Sí… los Demon Lord mencionaron que los emblemas de mi hermana y de Tulo sirven como preparativos para la creación del emblema Apócrifo.

—¿Será que buscarán extraer los emblemas de los pequeños?— se escandalizó Hidemi.

—Probablemente— suspiró Sei —pero a mi hermana no van a engañarla, no le podrán quitar el emblema de los Milagros.

—¿Y si les torturan?— cuestionó fríamente Soji.

Los ojos celestes de Seiyuro parecieron transformarse en fuego.

—¡No se los permitiré!— el chico exclamó desesperado —Minagawa no cederá a dar su emblema nunca, pero me hierve la sangre de sólo pensar en que puedan lastimarla.

A recuperar la movilidad, Taiki tomó la libreta de dibujo de Zetaro y comenzó a hojearla con rapidez.

—No hay muchos dibujos que nos puedan servir— renegó —Sólo está un Wargreymon…

—Yo tengo el dibujo de MagnaAngemon— Seiyuro se puso a mirar las hojas con Taik.

—Miren, este dibujo es reciente… es Calumon, el digimon que encontramos— se ilusionó Hidemi —¿y si lográramos aparecer a Calumon?

—Sería lo idóneo, porque Calumon tiene el poder de ayudarnos a digievolucionar— consideró Seiyuro.

—Pero no es nuestro compañero camarada— bufó Taiki.

Justo cuando dijo eso, todos miraron con interés a Soji.

—¿Y si Calumon es el compañero digimon de Soji?— fue Seiyuro quien hizo la pregunta.

—Es una posibilidad— canturreó Hidemi, contenta.

Taiki arrancó la hoja y se la dio a su hermano.

—Ten contigo el dibujo, es posible que sea tu compañero digimon— dijo—¿o es que ya tienes uno?

—No tengo digimon y no creo que un dibujo sea un digimon— respondió.

—No importa, sólo guárdalo contigo— pidió Taik.

—Sí, hermano, haz caso de Taik— rogó Hidemi.

Soji guardó el dibujo tras darle una mirada. Alguien había dibujado una criatura bonachona en el papel.

—Bien, ¿hay algún otro dibujo interesante?— preguntó Seiyuro.

Taiki negó.

—Lo que más dibuja Zetaro son figuras de Stigmon. No dibujó a Wizardmon ni a Piximon, que son los camaradas de Min y Tulo; también tiene siluetas de los digimon de algunos de los adultos…

El trillizo mayor dio un vistazo a las últimas hojas de la libreta, pero inesperadamente se sonrojo. Al notarlo turbado, Seiyuro se asomó y sonrió con picardía.

—Por lo que veo, Zet tiene la fascinación de dibujar desnuda a O-chan— comentó Sei —podría publicar esos dibujos fácilmente en alguna revista hentai…

—¿¡Cómo se atreve a dibujar a mi hermanita postiza en una libreta pública!?—se escandalizó Taiki.

—Podría jurar que ese lunar que le dibujó a Osen cerca del ombligo es real—Hidemi agregó, muy interesada.

Soji se puso en alerta de inmediato al escuchar el nombre de su Muñeca Izumi. Tratando de fingir ignorancia ante la situación se acercó a las hojas, alzó la mirada y de inmediato quedó paralizado.

El gesto se le alteró un poco, de manera sagaz, casi inexplicable, arrebató el cuaderno de las manos de su clon y se le aceleró la respiración.

—Mi preciosa Muñeca…—susurró, recordando los ojos negros de aquella chica fría, de piel pálida y cabellos de fénix.

—¿Tu preciosa Muñeca?— preguntó Sei —¿Te refieres a O-chan?

—¡No mires lascivamente el dibujo porno de mi hermanita postiza, trillizo de mierda!— renegó Taiki, quitándole la libreta a su recién conocido consanguíneo.

—¿Quién la ha dibujado?— preguntó perplejo.

—¡Qué kawaii! Ahora lo entiendo, hermanito, ¡a ti te gusta Osen!, a ella y a Benji ya les conoces y te has enamorado de una de mis amigas, ¿verdad que sí?, ¡Ay, qué feliz soy!, ¿tú no, Taik?

—¡Es un pervertido!

—Pervertido quien la dibujó— se defendió Soji

—Pero si te gusta Osen, quiere decir que serás el rival de Zetty— analizó la hija de Tai —ah, y también está el cybernovio

—¡Basta de hablar de la vida amorosa de Osen!— gruñó Taik —Es un hecho que Ben no ha sabido cuidar la virtud de mi hermana postiza, debería aprender de mí, que cuido que nadie te ponga las manos encima, Hidemi.

Seiyuro tosió de manera ruidosa y divertida, luego se aclaró la garganta, tomó el cuaderno de la discordia y se lo dio a guardar a la única chica presente.

—La dama Hidemi guardará los dibujos y espero no se les ocurra comentarle a O-chan al respecto, le daría un ataque de asma de tanta vergüenza— juzgó el chico de 17 años —Les sugiero que mejor nos concentremos en el plan ¿Les parece?... La hoja que tiene el dibujo de Wargreymon puede serles útil tanto a Taik como a Hide, así que quiero que se concentren en el dibujo.

—¿Y qué más debemos hacer, Sei-sama?

—¡No le llames con el sufijo 'sama'!— se exasperó Taik.

Seiyuro ignoró ese último comentario y se mantuvo callado unos instantes.

—Lo único que hay qué hacer es hacer brillar nuestros emblemas con todo su esplendor; hay qué aferrarnos al emblema, pero sobre todo al vínculo que nos une a los digimon.

—Entiendo— Hidemi asintió y soltó un suspiro. Taik se recargó en la pared y cerró los ojos.

—Tenemos que lograrlo, tenemos qué salir ilesos de esto…— resopló.

Soji no supo qué decir, sólo se mordió la lengua.

En definitiva no entendía lo que estaba pasando. Y no sólo no entendía, tampoco le gustaba la situación.

No pudieron seguir hablando porque de nuevo se encendieron luces moradas del fondo de la cueva.

—Alguien viene…— anunció Taiki, enderezándose como espátula.

—¿Qué haremos?— preguntó angustiada Hidemi.

—No tengo idea, pero sea lo que sea, lo enfrentaremos juntos— respondió Sei.

El que apareció fue Beelzemon.

Mostró su rostro chueco con altanería y risas burlescas.

Soji retrocedió sin meditarlo, Hidemi gimió mientras que Taiki permaneció firme, lo mismo que Seiyuro.

Es hora de cavar una tumba- cantó Beelzemon, paseando su figura alrededor de la prisión.

—¿Dónde tienen a los niños?— preguntó Taiki. El moreno no parecía reparar en la espeluznante figura de ese demonio digital. No parecía importarle que tuviera tres ojos y armas por doquier.

Beelzemon ignoró al trillizo, sólo dirigió su atención al rubio Takaishi. Sacó la lengua y se delineó los labios, los ojos le temblaron de la emoción.

Sei intensificó su mirada, pero irremediablemente comenzó a trepidar.

—¿Qué hiciste con mi hermana?— preguntó inquieto.

Beelzemon se rió como si estuviera poseído.

—¿No has oído, humano de la esperanza?, es hora de cavar una tumba.

—¡Habla!, ¿¡dónde están los niños?!— insistió Sei.

—Serás el primer elegido en morir. Te voy a destruir con mis propias balas… no he olvidado que dañaste mi motocicleta y te atreviste desafiarme… es cuestión de tiempo para que cavemos una tumba.

—¡No le digas esas cosas a Sei!— lloró Hidemi.

—Quizá la tumba no sea necesaria, Lilithmon te quiere para ella– volvió a burlarse el monstruo. De la risa se revolcó en el suelo de la caverna.

Soji se tocó el pecho y descubrió que su corazón estaba desbocado. Taiki trató de ponerse frente a Sei, para protegerlo, pero el rubio se lo impidió.

—Viene por mí, no tiene caso que vuelva a golpear a todos— consideró.

—¡Ni que estuviera loco para permitir que te lleven a ti también!— renegó Taiki.

—¿Es que no te das cuenta de que no puedes impedir que esos demonios se lo lleven?— intervino Soji, angustiado —Por más valiente que seas, tienes qué entender que no puedes contra esos digimon.

—Así es— coincidió Seiyuro.

—¡Es que no podemos permitirlo!— dijo Hidemi —¿no has oído?, ¡te quiere matar!

—No me matarán hasta que me quiten el emblema— manifestó Seiyuro —después de todo estoy seguro de que quieren nuestras crestas.

—¿¡Se pueden callar, humanos ruidosos?!— Beelzemon apaciguó sus carcajadas, se incorporó y se acercó a la celda —No se preocupen, todos morirán aquí.

—¡Seiyuro!— chilló Hidemi, arrojándose a los brazos del rubio —no dejaré que te lleven.

Taiki sintió escalofríos al ver ese abrazo, pero permaneció firme en su posición de defender al hijo de Takeru.

—Mi hermosa dama Hidemi— Seiyuro besó la cabellera castaña de la hija de Tai —no tengas miedo, lo importante es seguir el plan… no iré solo, MagnaAngemon está conmigo.

—¡Uy! Qué conmovedor…— se rió Beelzemon —Sabes que vengo por ti y que te voy a matar, me da gusto que lo comprendas, esta vez la digiemblenquia no podrá ayudarte— el Demon Lord sacó sus metrallas y apuntó a los trillizos.

Soji volvió a retroceder y jaló a Hidemi con él. Taiki se enfureció al instante y trató de arrojar sus patadas hacia fuera de los garrotes de la prisión.

—¡Cobarde! ¡Eso es lo que eres!— gruñó.

Beelzemon se puso a dispararle al techo de la cueva. Hidemi y Soji gritaron, Seiyuro empujó a Taiki hacia atrás y gritó.

—¡Basta ya! ¡Si has venido por mí, llévame y deja a mis amigos en paz!

El digital volvió a reírse. Tronó los dedos y la puerta de la jaula se abrió cuando hizo clic el cerrojo.

—¿Por qué no caminas hacia el sitio donde estará tu tumba, humano de mierda?

—Así lo haré— dijo Seiyuro, al tiempo que volteaba hacia atrás y le dedicaba una última mirada a los trillizos Yagami —Por favor, cuento con ustedes.

Hidemi intentó correr hacia Sei, pero Soji se lo impidió. Taiki se incorporó y también trató de alcanzar al rubio, pero cuando llegó hasta la entrada de la celda, ésta ya había vuelto a cerrarse.

—¡Joder! ¡Seiyuro! ¡Vuelve acá, monstruo asqueroso! ¡Regresa a nuestro amigo!

Antes de que las luces moradas volvieran a apagarse, los trillizos vieron cómo Beelzemon golpeaba al hijo mayor de Takeru… después lo arrastró como si fuera un costal.

Hidemi se echó a llorar mientras se abrazaba a Soji. Taiki apuñó las manos y golpeó la pared.

—¡Juro que me la pagarán! ¡Como que me llamo Taiki que los haré pagar!— gritó.

Su voz se convirtió en eco. Y el eco se volvió soledad.


Ben despertó en cuanto sonó la primera alarma. Estaba muerto de sueño, pero logró abrir los ojos como si éstos fueran dos esferas brillando en un árbol de Navidad. Se sentó cual títere jorobado y de inmediato comprobó que estaba en una ruidosa habitación.

Mayumi se incorporó a su lado como si hubiera rebotado de un trampolín.

—¿Se han ido?— preguntó la chica Ishida.

—Pensé que se irían sin nosotros, pero los adultos siguen aquí— fue la respuesta de Ben.

La hija de Yamato y Sora comprobó que el Principito no mentía, era verdad que los mayores no los habían engañado, al menos no se habían ido sin ellos a rescatar a Taiki y los demás.

Con enfado, la rubia se talló los ojos mientras que sus padres conversaban con el señor Yagami. Jyou Kido revisaba a Yuriko y a la señora Akane.

Mimi y Miyako estaban repartiendo chocolate caliente, mientras sus esposos estaban frente a las computadoras portátiles.

—La Cerebrito seguramente no durmió— comentó Tachikawa al observar a su hermanastra inmersa en el ordenador.

May vio que Ben sonrió al ver a la pelirroja concentrada en la computadora. Ella misma sonrió. Osen le era más simpática cuando estaba vivaracha.

—Doguen-senpai sigue dormido, despiértalo ¿Quieres, Ben?

—¿Y yo por qué?— se encabronó el Principito de cabello chamuscado.

–Porque lo digo yo— mandó Ishida, lanzando una mirada tenaz a su amigo.

Ben le respondió con un respingo, pero obedeció. Le dio un coscorrón poco amigable al Llorón Kido y éste de inmediato soltó un grito como si le estuvieron degollando.

—¡Lo que has hecho es una falta de respeto hacia tu superior!— reclamó Doguen luego de acomodarse las gafas.

—Cállate la boca— respondió de mal humor Ben, alejándose de ahí.

Mayumi corrió hacia su hermano Kotaro y lo despertó con cuidado. El pelirrojo Ishida-Takenouchi yacía en una cama aledaña junto con Satoru Ichijouji y Calumon.

—Es tiempo de ponernos en acción, Kotty— susurró la hermana.

Kotaro estiró los brazos y aún somnoliento asintió a su consanguínea, quien se apresuró a ir a otra cama, para despertar a Kyousuke y a Kurumi.

—Par de tórtolos, despierten— llamó mientras movía a la hija de Ken y zarandeaba a Kyosuke.

Ash, eres tan poco delicada— se quejó Kurumi.

—No es tiempo para que estés enmielada con tu novio ¿no crees?— juzgó Mayumi con ironía.

Kurumi notó que estaba en la misma cama que Kyosuke Motomiya, y no sólo eso, sino que el brazo del joven estaba aferrado a su cintura.

—¡Ay, pervertido!— gritó la muchacha, pateando a Kyo hasta arrojarlo al suelo.

Por un momento, los elegidos miraron la escena, por lo que la chica se enrojeció y se bajó de la cama con indignación.

—¿Es que no están pendiente de mí ni mis propios padres?— se quejó, pero al instante se dio cuenta de que, verdaderamente, sus papás parecían ocupados en otras cosas.

Kyo se levantó en medio de un bostezo; Kurumi se sacudió la ropa y miró al fortachón con odio.

—Ayúdame a despertar a los demás, reinita— pidió Mayumi a la chica Ichijouji, quien se miraba brevemente las uñas de sus dedos.

Ash, deja de dar ordenes, ¡ni que no supiera!

Ben se había encargado de levantar a Zetaro. No había hecho falta levantar a Toshiro, porque así como Osen, éste parecía no haber dormido.

—¿Cuánto tiempo ha pasado?— le preguntó Zet.

—Tres horas, aunque no estoy muy seguro de cómo se mida el tiempo en esta dimensión llena de caca— renegó Benjamín.

Zet asintió, abrazó sus dibujos y suspiró.

—Ben, hay que repartir los dibujos que hice, ¿me ayudas?

El Principito Tachikawa estuvo a punto de negarse, pero la carita de su hermano Tulo apareció en su mente; al final terminó asintiéndole al "roba-hermanastras".

—Este es tu Tanemon— dijo Zet —estos son otros dibujos que pertenecen a…

—No seas insecto, sé perfectamente qué digimon es de cada adulto y de cada niño— de un impulso el castaño agarró un bonche de dibujos y comenzó a repartirlos.


Quince minutos después todos habían despertado.

Por órdenes de Tai, chicos y grandes se hacían sentado alrededor del sitio donde estaban los escritorios con las computadoras. Yuriko Hida le había pedido a su padre que la acercara, por lo que Cody había cargado a su hija hasta una cama más cercana.

Satoru se había desperezado, pero estaba trepado en los hombros de su padre como un koala, mientras Miyako obligaba a Zetaro a comer un poco de sopa miso.

–Tío Tai, ya estamos listos— apuró Toshiro –necesitamos saber el plan.

–Sí, queremos entrar en acción lo más pronto posible— agregó Kyosuke —estamos muy contentos de que nos hayan incluido, por eso queremos saber el plan.

–Aunque nos hubieran excluido querríamos saber el plan– consideró Mayumi con sarcasmo.

–Será mejor que se silencien y dejen escuchar a los mayores— rogó Doguen Kido.

–¡Qué educado es mi Solecito!— se escuchó por ahí el gemido orgulloso de Jun.

El Llorón se enrojeció por el halago de su madre y se cubrió el rostro.

Daisuke ordenó silencio, pero fue Taichi el que, al dar un paso al frente, provocó la disminución de ruido, y el fulgor de las miradas.

–Koushiro, infórmanos de la situación— mandó el primer líder de los niños elegidos.

El señor Izumi asintió, echó una última mirada a su hija y puso su atención en los demás.

—Haré lo que pueda, Tai— dijo el ingeniero antes de tomar aire —En realidad, creo que todos estamos conscientes de que la situación es muy compleja e incluso incomprensible, pero gracias a la ayuda de todos hemos podido reconstruir parte del panorama…

—¡Izzy, ve al grano!— ordenó el hijastro del pelirrojo.

Mimi miró enojada a su hijo.

—¡Benji, pórtate bien con mi marido! ¡Respeta a tus mayores!— regañó, pero el llamado Ben sólo puso cara de ofendido.

—En primer lugar— dijo Koushiro, ignorando a su hijastro –estamos en una dimensión transitoria. De acuerdo con la base de datos, esta dimensión es provisional, fuimos encerrados aquí por los Demon Lord.

—¿Cómo nos encerraron aquí, Koushiro?— preguntó Sora.

—Es probable que lo hayan hecho a través de la hipnosis de la que fue víctima mi hija, a quien le pudieron haber hecho programar este lugar… o tal vez nos encerraron aquí utilizando la habilidad de dibujo que tiene Zetaro Ichijouji– explicó Izumi –Según lo que nos ha dicho Ken, una Lilithmon secuestró a Zet y lo obligó a pintar códigos… es muy probable que hayan programado alguna dimensión transitoria a través del lenguaje digital… todos sabemos que Zetaro-kun tiene la habilidad de dibujar a los digimon y materializarlos; quizás también puede materializar los espacios.

–No sé si materializar sea la palabra correcta— susurró Zet —pero es verdad que Lilithmon me obligó a pintar algo y desgraciadamente no recuerdo qué, pudieron ser códigos… Osen también pintó algo con sus dedos …

—Sí, pero la Cerebrito pintó con sangre, la muy sádica— se quejó Ben, en tanto la aludida se apenaba un poco.

—Ya déjate de cosas, Ben— calmó Kyosuke —¿no te das cuenta de que la haces sentir mal?

—No le llames sádica— reprochó Toshiro al castaño.

Kurumi Ichijouji sacudió la melena y para retomar el tema, indagó:

—¿Entonces no estamos exactamente en el Mar de la Oscuridad?

—No, hija. Esta es una dimensión transitoria, no obstante, es muy probable que nos estemos dirigiendo a allá— respondió Ken.

—¿Es como si la dimensión transitoria fuera una nave espacial?— preguntó Sato.

Algunos presentes asintieron. Hikari se llevó las manos a la boca, para ahogar su impresión.

—Otra cosa que es importante recalcar es que nos estamos enfrentando a los Demon Lord, que en total son siete, como los siete pecados capitales que se manejan en la religión del cristianismo.

—¿Te refieres a la Ira, la Pereza, la Lujuria, la Gula y todas esas infamias?, ¡qué insanidad!— retobó el Principito, quien siempre parecía tener algo qué replicar.

—Hasta el momento sólo hemos tenido reportes de la aparición de Daemon, Lucemon Falldown Mode, Barbamon, Beelzemon y Lilithmon— dijo Taichi.

–Pero también existen Leviamon y Belphemon– comunicó Koushiro –en realidad son digimon que no hemos tenido la oportunidad de conocer a fondo, son demonios digitales que se ocultan en el Mar Oscuro y en otras dimensiones… si me preguntan a mí, siempre se me habían figurado leyendas, como las Bestias Sagradas, que pocas veces hacen alguna aparición.

—¿Pero qué es lo que quieren esos digimon?— preguntó Joe.

—No estamos seguros de qué fin persigan, pero por lo que hemos recolectado, ellos buscan la creación de un contraemblema, es decir, de un emblema apócrifo— respondió Koushiro.

—Pero querido, ¿para qué quieren hacer eso?— preguntó Mimi.

—Con un emblema apócrifo pueden envenenar al resto de los emblemas— respondió dubitativo —pero creo que lo que buscan no sólo es la contaminación del Digimundo, sino de nuestro Mundo… verán, es que esos seres están resentidos por el vínculo que hubo entre humanos y digimon, así que es muy probable que quieran hacer daño a nuestro mundo, aunque no estoy muy seguro, sólo son especulaciones.

—Por lo que sabemos, después de la aventura del 2028 el Digimundo no se restauró como nosotros creíamos— añadió Osen —quizá esos monstruos quieran restaurar el Digimundo, pero con oscuridad.

—¿Y no querrán hacer la fusión prohibida otra vez?— preguntó Yuri Hida, sobándose la pancita.

–No lo sabemos, Yuri-san— opinó la pelirroja —… quizás, si tuviera los pensamientos de mi curiosidad, podría responder, pero la verdad es que no sé… yo recuerdo que había encontrado algo en la computadora, pero Barbamon apareció y me hizo estas heridas… al final olvidé muchas cosas.

Después de mirar las costras de sus dedos, Osen bajó la mirada y siguió tecleando.

—Por el momento lo importante es saber que esos digimon quieren hacer el emblema apócrifo y para ello quieren usar a mis hijos— retomó la conversación Taichi —¿Algo más, Koushiro?

—Sí— respondió éste —Como ya lo dijimos, los enemigos son los llamados Demon Lord, pero tampoco hay que dejar de lado que nos han sido enviados apoyos, como lo son la ayuda de Calumon, que es la digiemblenquia, y la aparición de espíritus digitales en forma de niños.

–¿Se refieren a la niña fantasma y los demás?— preguntó Doguen —¿Son espíritus del Digimundo?

Koushiro afirmó.

–Así como los Demon Lord parecen haber sido inmunes a la desfragmentación de sus datos, también es probable que las Bestias Sagradas estén a salvo… es muy posible que éstos sean nuestros aliados en esta misión y hayan mandado a esos espíritus digitales, aunque sólo es una hipótesis mía.

—Yo siempre he dudado de la ayuda de esos insectos de las Bestias Sagradas, si realmente quisieran ser útiles deberían enfrentarse cara a cara con los Demon Lord— consideró Ben.

—Te concedo la razón esta vez— lo apoyó con desgane Mayumi.

—¿Y qué vamos a hacer para rescatar a los trimelos y a mis primos?— preguntó con inocencia Kotaro.

—¡Se dice trillizos!— corrigió Satoru —Kotaro-sama, eres mi héroe, pero debería darte vergüenza que un niño más pequeño te corrija las palabras… aunque, bueno, yo soy un niño genio, ¿verdad papá?

—Guarda silencio, Sato— suspiró Ken con impaciencia.

—Hemos organizado una serie de acciones para enfrentar la situación lo mejor posible. Nuestras prioridades son tres: salvar a nuestros niños secuestrados, abrir una puerta a la Tierra y buscar información con base en las claves que nos dieron los espíritus del Digimundo.

—Señor papá de Tulo, ¿descubrieron la clave que dejó la enana?— preguntó Satoru como si fuera adulto.

Koushiro pestañeó ante el pequeño antes de contestar. De alguna manera le incomodaba que llamara 'enana' a un espíritu del Digimundo.

—Estamos en eso. Pero es muy probable que se trate de un mapa.

—Yo pienso que es un mapa para ir a la dimensión Witchelmy— comentó Osen —por eso el Superior Doguen recibió la llave.

—Es verdad— recordó el aludido —¿Pero qué es eso de Witchelmy?

—Es una dimensión paralela al Digimundo y al Mar Oscuro… en ese mundo habitan digimons que pueden usar magia, o al menos eso cuentan las leyendas.

—No estoy seguro de querer ir a un lugar esotérico— dijo para sí mismo el hijo de Jyou.

—En fin, retomemos lo importante— consideró Daisuke.

—Debido a que nuestras prioridades son tres, pero también debemos resguardar esta casa, vamos a conformar cuatro grupos de trabajo— explicó Taichi —Uno se hará cargo de cuidar a nuestros heridos en el Museo Digimon, otro buscará información, otro más tendrá como misión abrir una puerta a la Tierra para poner a salvo a Yuri-chan y, por último, los que vayan conmigo, me ayudarán a encontrar a mis hijos.

—Entiendo, ¿cuál es la distribución?— preguntó Toshiro.

Yamato se asomó a la computadora de Koushiro y le asintió a éste.

—Koushiro, Ken y yo integraremos el equipo de investigación— informó Ishida —La pequeña Osen acompañará a su padre y en mi caso, he estado pensando en que me llevaré a Kotty.

—¿De verdad iré contigo, papá?— se ilusionó el pelirrojito.

El ex astronauta asintió al tiempo en que su hijo saltaba y se abrazaba a su progenitor. Parecía sentirse el niño más importante del mundo en esos momentos.

—Trataremos de que cada padre vaya acompañado por uno de sus hijos— hizo la observación Koushiro.

—Zet, irás conmigo— pidió Ken Ichijouji a su hijo mediano, el cual dijo que sí con la cabeza.

—Yo iré en busca de mis trillizos— agregó Taichi —Takeru, Sora y Mimi me acompañarán.

—¡Me niego!— dijo rápidamente Benjamín Tachikawa —Mi bella madre es frágil y no me apetece que vaya en el equipo de rescate.

—¡¿De dónde sacas que tu madre es débil?!— chilló Mimi con inconformidad.

—Eres bella y delicada como una rosa— concluyó el Principito Tachikawa.

—Que te sepas que las rosas tenemos espinas— le gruñó la mamá a su primogénito.

—¡Izzy!, ¿cómo es posible que permitas que mi bella madre vaya en el equipo de rescate?, ¡es una posición riesgosa!— siguió reclamando Ben.

Koushiro resopló. ¿Por qué su hijastro tenía que ser tan complicado?

—Tu madre es libre de decidir a dónde quiere ir y confío en que la cuidarás muy bien.

—¿Eso quiere decir que yo también voy a ser parte del equipo de rescate?

—¿Es que eres tonto, Ben?— regañó Mayumi —Los adultos han dicho que cada uno de nosotros acompañará a nuestros padres, lo que quiere decir que vas a ir con Mimi-san y yo iré con mi mamá, ¿no es así?

Sora Ishida le asintió a su hija mayor, le sonrió con orgullo.

—Yo puedo ir sólo, mejor quédate, bella madre— propuso el chico Tachikawa.

—Deja de decir tonterías, Benji, necesito ir a rescatar a tu hermanito… mi pequeño Tulo está en peligro y debemos unir fuerzas para rescatarlo, ¿no es así, cariño?

Koushiro afirmó de inmediato. Ben gruñó y terminó asintiendo.

Daisuke tomó las palabras después de bostezar largamente.

—Miyako y yo nos haremos cargo del equipo que buscará abrir una puerta al Mundo Real— dijo —Mi hijo Kyosuke y Kurumi nos acompañarán.

—Estoy inconforme— dijo, de repente, Iori Hida —Soy yo quien debe liderar ese equipo, ¿acaso pensaban dejarme de guardia aquí mientras mi hija corre peligro?

—Por eso mismo debes permanecer en la Mansión de Devimon, Cody-kun— consideró Hikari —Yuriko-chan te necesita.

—Así es, Cody— agregó Daisuke —te prometo que la loca de Miyako y yo conseguiremos abrir un portal para llevar a Yuri con un médico especialista.

—Confía en nosotros— agregó Yolei Ichijouji, encrespando las cejas porque su amigo le había llamado 'loca'.

Iori se mordió los labios, cruzó los brazos y suspiró. Yuriko, que estaba cerca de su padre, tomó la mano de éste entre las suyas.

—Quiero que te quedes conmigo y con mi bebé— rogó la adolescente. Esa simple frase hizo que Hida se estremeciera y no pudiera negarse.

—Si Hida-san se queda a proteger a Yuri-chan, yo quisiera unirme al equipo de búsqueda— dijo tímidamente Toshiro.

Hikari miró con intensidad a su chico.

—Mi querido Toshi, yo también iré contigo— le dijo la educadora a su hijo mayor.

—¿Cuento con su aprobación, señor Hida? ¿Estás de acuerdo, Yuri?— preguntó con educación el castaño.

Su novia asintió con tranquilidad.

—Comprendo que debes de ir— susurró la chica con serenidad —mi papá también lo entiende aunque no diga nada.

Toshiro se puso de pie y reverenció a su suegro.

—Prometo que salvaré a su hija y a nuestro bebé— dijo. Se escuchó como si fuera Seiyuro y estuviera haciendo la promesa de un caballero medieval que salva princesas.

Cody Hida siguió sin responder. Su semblante parecía impenetrable, ni siquiera podía adivinarse su estado de ánimo.

—Eso quiere decir que en el Museo Digimon nos quedaremos Iori y yo— bufó Jyou Kido.

—Querido, no te olvides que la esposa de Cody, Makoto y yo estaremos listas para ayudarte— sonrió Jun —Además nos protegerá nuestro solecito Doguen.

El anteojudo rodó los ojos con desasosiego. No le hacía gracia quedarse en ese lugar sin hacer nada.

—¿Y yo a dónde voy a ir?— cuestionó Satoru Ichijouji. Se le oía lleno de irritación.

—Te quedarás en la mansión, Sato-kun— ordenó Ken.

—¡No!— se quejó el pequeño —¡No quiero quedarme aquí! ¡Es aburrido! ¡Si me quedo aquí me voy a escapar!

—Hijito, no es momento para hacer amenazas— pidió Miyako.

—¡Es que me tratan como un bebé!— berreó —Tal vez tengo siete, pero soy un niño genio que sabe muchas cosas.

—¡Ash! Sato-kun, ¡eres el colmo!— se quejó la hermana mayor del niño.

—¡Min y Tulo están secuestrados y yo soy su mejor amigo!— siguió peleando el pequeño de cabello y ojos azulosos —¡si dejan que otra vez me cuide la mamá de Doguen les juro que me voy a escapar!

—Papá, Mamá, ¿y si mi hermanito viene conmigo?— preguntó entonces Zetaro —si somos parte del equipo de investigación, estoy seguro de que Sato podrá hacer muy buenas aportaciones.

Ken y Miyako bufaron al rendirse ante la petición de Zetty, quien parecía ser el talón de Aquiles en la familia.

—Está bien… Sato-kun irá con Ken— accedió Miyako —Pero obedecerás en todo momento, ¿queda claro, Satoru?

—Sí, seré buen niño— mintió descaradamente el nene, sacando una lupa de sus cosas y una libretita de apuntes.

—Bien, con eso los equipos están perfilados— comentó Koushiro —¿Alguna duda o inconformidad?

—No es duda, pero considero que el equipo que se queda en la mansión está más debilitado que los demás— dijo Kurumi —Es decir, sólo estarán Kido-san y Hida-san como elegidos al mando… El doctor la pasará curando a la señora Akane y a Yuri, la señoras Motomiya, Kido y Hida no son elegidas originales, y de nosotros sólo estará Doguen-kun…

—¿Estás insinuando que soy débil, Kurumi-san?— renegó Doguen.

Ash, qué Llorón eres, sólo estoy diciendo estoy diciendo que eres insuficiente— gruñó la anteojuda. —¿Se imaginan si los Demon Lord atacan nuestra guarida mientras no estamos? ¡sencillamente arrasarán!

—¿Por qué eres tan melodramática?— se quejó Mayumi.

—Pero en cierta medida tiene razón— consideró Takeru. —Sobre todo porque Calumon irá con nosotros.

—Exacto, a eso me refiero, tío Takeru.

—¿Y qué propones, Kurumi-chan?— preguntó Toshiro.

—Probablemente sea necesario que otro elegido se quede con nosotros— sugirió Jyou.

—Si Hikari y Toshiro se unen al equipo de búsqueda, mi hija y yo podemos quedarnos en la mansión— formuló Miyako.

—¡Bingo mamá!, me gusta la idea, así podré cuidar de Yuri— dijo Kurumi.

—Lo que pasa es que no querías ponerte a caminar, eres una perezosa— se burló Ben Tachikawa.

—¡Cállate Benji!, o sea, ni al caso, así que no me juzgues, tú eres peor.

—La verdad me parece un ajuste benéfico— consideró Koushiro —Si Miyako se queda en la base, ella podría ser una guía si llegamos a perdernos.

—Usaremos el sistema de tu computadora, Kou— sonrió Miyako.

—Kurumi colecciona objetos antiguos, así que les proporcionará a cada equipo una brújula… de todos modos, Koushiro y yo estuvimos ajustado nuestras terminales D3 para poder comunicarnos— expresó Ken.

—¡Qué emocionante!— se ilusionó Kotaro Ishida.

—También repartiremos las armas que logré transferir a mi brazalete digital— agregó el detective Ichijouji.

—Las armas no me causan demasiada ilusión— suspiró Kotty.

—Es momento de partir—consideró Yamato —Preparen sus cosas.


Le dolía la espalda y la cabeza. Recordó enseguida que estaba en las manos enemigas, cuando sintió que lo arrastraban por la cueva y, al fondo, los sollozos de su hermana menor comenzaban a carcomerle por dentro.

—¡Dejen en paz a mi hermano Sei!— lloró desconsolada la rubia Takaishi.

Seiyuro no abrió los ojos, no tuvo fuerza. No quiso toparse con la vidriosa mirada de Minagawa. Imaginó que la tenían amordazada en algún lugar, porque sus chillidos eran cada vez más fuertes pero no parecía moverse de sitio.

El que se movía era él. Beelzemon lo arrastraba, lo jalaba de las piernas como si fuera peso muerto, como si dentro de él ya no tuviera alma, ni siquiera emblema.

—Por fin has regresado, Beelzemon— rugió molesto otro demon lord. Sei pensó que se trataba de Daemon, porque la voz de Lucemon Falldown Mode era más irónica y a la vez más suave y absorbente.

—El humano del emblema de la Esperanza luce tan varonil así… veo que le has golpeado, Beelzemon ¿es que ya puedo hacerlo mío, Lucemon?, dudo que pueda proteger su emblema en esas condiciones, ¿para qué esperar a que tengamos el Apócrifo?…

Seiyuro apretó el entrecejo, ¿pero qué pardiez quería decir eso?

—Mesura, Lilithmon, aún demos hacer brillar el milagro negro— explicó con sorna Lucemon Falldown Mode.

—¡Dejen a mi hermano! ¡Prometo ser buena, pero no le hagan daño!

—¡Niña estúpida!— gritó Daemon —¿Qué no entiendes que lo que menos nos importa es que seas buena? ¡Queremos que la oscuridad opaque tu corazón!

Entonces algo debió hacer ese digimon, supuso Sei, ya que instantes después su hermanita soltó un llanto vívido como el fuego. Él no pudo resistirse, de inmediato abrió los ojos e hizo lo posible por soltarse de Beelzemon.

Lo pateó, se giró, se revolvió, no obstante, no consiguió soltarse, sino rebotar su cuerpo, que estaba de cabeza.

Ahí en el suelo de piedra, volteó la cabeza y buscó desesperadamente a Minagawa Takaishi. Encontró a la niña tirada, con la garra de Daemon destruyéndole el vestido, haciéndole rasguños.

Min. Su Mina. La princesita de rulos rubios que había llegado a su casa desde hacía seis años le pareció entonces una mariposa desvalida que por primera vez no parecía poder volar.

¿Hacer un milagro negro? ¿Con el corazón puro de su hermana?

—No… — dijo con seriedad —¡No lo permitiré!

Sei agarró fuerzas y volvió al ataque, logró zafarse de Beelzemon, pero del inmediato el Demon Lord lo volvió a sujetar.

Lo más que logró Seiyuro fue ponerse de pie. Lilithmon sonrió y se le acercó, le acarició lascivamente los cabellos, y luego, sin más. Le lanzó un beso oscuro.

—¡Hermano!— chilló Min, más fuerte.

Cada vez más fuerte.


Los trillizos Yagami permanecieron silentes después del traslado de Seiyuro. Hidemi se dedicó a llorar, Taiki a escarbar con desesperación la tierra de la celda y Soji simplemente se había sentado, paseando sus ojos marrones de un lado al otro, sin saber qué hacer.

No podía evitar admitir que sentía cierta compenetración con sus consanguíneos. En el fondo, él también estaba desesperado. Su mundo se había convertido en esa prisión donde había que pelear por la supervivencia.

Soji pensaba que si salían de ese lugar, lo menos que podía hacer sería llevarse bien con esos muchachos. Incluso con su clon varón…

Después de todo, aunque el chico parecía sacado de la selva de Tarzán, lucía como alguien que se preocupaba por los demás y los priorizaba antes que él mismo.

Esas personas no le gustaban a Soji, pero las respetaba.

Él, definitivamente, no era de esos que solía pensar más en los demás que en sí mismo. El señor Miyagi sólo le había enseñado a sobrevivir en el mundo de los juegos de azar y hasta ese día, a Soji le había bastado con eso.

Ahora no era suficiente. De alguna manera quería salvar a los pequeños que se habían llevado los monstruos.

El joven rubio y coqueto que acababan de sacar de la celda también le era simpático. Aunque parecía tener una relación turbia con su trilliza, había algo en la mirada de ese chico que le había gustado.

Quizás fuera porque aunque tenía la apariencia de foráneo, llevaba a un japonés valiente dentro de sí.

En la oscuridad, podía ver cómo Taik Yagami cavaba como si no hubiera mañana.

—¡Un túnel! ¡Debemos cavar un túnel!— dijo irritado.

—Jamás lo lograríamos a tiempo— lloró Hidemi —¡Es imposible, hermano!

—¡Al menos hago algo!— se defendió.

—Haces lo mismo que los críos que estaban aquí dentro— opinó Soji con frialdad, recordando el plan de Tulo Izumi de hacer un pasadizo secreto.

—¿Y tienes alguna idea mejor?— reclamó Taik —Los garrotes están muy duros, ni siquiera estando sin heridas podrías remover esta celda. No nos vigilan porque saben que no podemos salir, no hay forma de conseguir la llave.

—Ahorra energías— aconsejó el trillizo menor, volteando hacia otro lado.

—Yo pienso que papá nos está buscando— murmuró Hidemi con la voz hinchada —Ahora que nos halló a los tres, estoy segura de que no desistirá hasta encontrarnos…

—Tienes razón, pero papá no me perdonará si no lo intento; Akane dijo que soy el mayor, entonces es mi deber cuidar de ustedes.

Soji puso los ojos en blanco. Ese par de adolescentes tenían fe ciega en Yagami.

—Yagami fue derrotado por el enemigo— les confesó —Cuando Barbamon apareció en el avión para raptarme, venció a Yagami y a los Izumi.

—¡Mentira!— gruñó Taiki.

—Les lanzó un hechizo, un poder o como se llame. Para cuando nos atacó a Ben y a mí, ya había derrotado a los adultos, y no sólo eso, también había hipnotizado a la que falsamente llamas 'hermana postiza'.

—¡Cállate! ¡No hables así de todos ellos!— esta vez Taiki rugió como león.

—Yagami está vencido. No vendrá por ti.

—Estoy segura de que papá se repuso— trató de mediar Hidemi.

—Piensa lo que quieras, aunque la única realidad es que no vendrá. Nadie vendrá.

La última oración sonó como sentencia, por eso a los tres les invadió una sacudida y quedaron callados unos segundos.

—Eso no es cierto, ¡yo vine a salvarlos!— les respondió una vocecita que los tres reconocieron.

—¡Tulo-chan!— habló Hidemi —¿Eres tú?

—¡Shhhh!, sí, soy yo; he venido a salvarlos.

De inmediato Soji alzó la mirada y notó sombras cerca de la prisión. Como no se habían encendido las velas de luz morada no habían percibido que tenían visitas.

Se veía la sombra de un adulto encorvado. La luz que delimitaba la silueta provenía de un niño, del hermano de la Muñeca.

Del pequeño se desprendía una luz turquesa que transparentaba los rasgos del pelirrojo. Lo que brillaba estaba en sus manos.

—¡Eres genial!— festejó Taiki —Digno hermanito de Osen y Ben.

Tulo Kosuke Izumi sonrió con la emoción de un chaval que consigue su primera novia.

—¡Ya lo sé!— presumió dando piruetas.

—No hay tiempo, pequeño— regañó su acompañante —Es hora de escapar.

—¿Quién está contigo, Tulo?— preguntó Hidemi.

El haz turquesa iluminó la afilada cara de un hombre desgastado, que a Soji le hizo sentir desconfianza. Cuando la luz aparcó en ese cuerpo, los trillizos pudieron ver que le faltaba casi todo el brazo.

—Es el señor hermano de tío Jou que es muy bueno y quería rescatarlos tanto como yo— Kosuke corrió hasta la celda, tomó en sus manos una llave.

—¿Qué es eso?— preguntó Soji.

—Mi emblema despertó— contestó el nene.

Para sorpresa de los tres, el ojo de la cerradura se adaptó a la llave y cedió. Cuando la puerta se abrió fue acompañada por un chirrido incómodo.

Taiki salió del sitio como correcaminos y se echó en brazos al mocoso Izumi. Hidemi hizo una tierna reverencia al hombre que acompañaba al niño. Soji sólo se puso de pie, quedó estático.

—Usted debe ser nuestro ángel de la guardia— comentó la trilliza —Mi madre Akane nos ha hablado mucho de usted.

—¿De verdad es Shin Kido?— Taik dejó a Tulo en el suelo, fue hacia su otro salvador e imitó a su hermana, aunque su reverencia no fue dulce, sino incómoda y bromista.

—Soy esa persona— Shin seguía presionándose la herida, pues a pesar de que la habían suturado, había perdido mucha sangre. Su semblante no se veía lívido por la oscuridad, pero la debilidad se reflejaba en sus ojos miopes.

—Mi nombre es Taiki Yagami, como dijo mi hermana Hidemi, mi madre nos contó que usted le ayudó a dar a luz…

—Fue en esta cueva— susurró Shin, estirando un poco la boca —Han pasado tantos días… — miró a los trillizos —Han crecido tanto…

—Fue gracias a usted— volvió a inclinarse Hidemi, quien al levantar la mirada notó, por primera vez, que el hombre estaba lesionado —¿Qué le ha pasado, doctor Kido?

—El digimon dormilón malo tiró su súper poder y le mató el brazo— informó Tulo —El señor hermano del papá de Doguen me salvó, pero su manita no está…

—Estoy bien— se adelantó a decir Shin —Este niño ha resultado muy buen enfermero— chuleó a Tulo —Ahora lo importante es escapar. Si no me equivoco, los Demon Lord quieren volver a intentar a hacer el emblema Apócrifo.

—Nosotros no entendemos lo que es eso, pero escaparemos, ¡le doy mi palabra!— aseguró Taik —Le sacaremos de aquí para que pueda reencontrarse con su familia, ¡prometo darle la felicidad que nos dio al ayudarnos a nacer!

Shin acarició por tiempos las cabelleras castañas y alborotadas de los dos trillizos más parlanchines.

—Sospechaba que eran hijos de Taichi, el embajador…

—¡Sí que lo somos!— comentó Taik —Hide, hay que apresurarnos.

—Sí, hermano.

—Iremos por los Takaishi y nos largaremos de este mundo, Hide, tú llevarás a Tulo a tu cuidado, yo ayudaré a Kido-san y Soji cuidará la retaguardia.

El aludido volvió en sí. Por unos minutos había quedado paralizado, observando detalladamente al hombre que supuestamente lo había ayudado a nacer.

Sólo ese tipo debía saber la mera verdad sobre su origen.

—Después de todo aquella hermosa muchacha te llamó Soji, como se lo sugerí— sonrió Shin Kido, estirando la mano para saludar al menor de los trillizos.

Soji no supo qué responder. Las palabras sobraban en ocasiones.


Continuará...


Sí, lo sé: ha estado larguísimo y no ha pasado tanto… pero supongo que ya saben que yo soy de muchas palabras escritas. Quiero darle diálogos a todos los personajes, quiero tomarlos en cuenta. A partir del próximo capítulo habrá más revelaciones y acción… ahora fue un poco más lento, para explicar cómo se organizaron y cómo apareció en la trama el personaje de Shin Kido. También quise darle un espacio a Minagawa y Tulo, quienes habían tenido poca acción en los últimos capis… quería recalcar lo valientes y lindos que son, aunque por supuesto, será mucho más interesante cuando se les una el pequeño Satoru y se sepa más de los fantasmitas.

Como ven, decidí integrar equipos con elegidos y sus hijos, ya que me apetecía escribir una aventura donde padres e hijos convivieran por un bien común… espero que les haya gustado al menos un poco.

Puse algunos toques de Seidemi –SeixHide- (a esta chica le gusta besar caballeros durmientes), aunque será en los próximos capis cuando haya más romance.

No me resta mas que darles las gracias por seguir mi trilogía… Arigatooo!

Ah, y claro, les recuerdo que pueden seguir votando cada capi por su pareja favorita con Osen y su fantasmita preferido.

Aquí pongo cómo van las puntuaciones.

El fantasmita favorito;

-Shinobu: 10 votos.

-Noa: 9 votos.

-Takumi: 7 votos.

-Hikaru: 3 votos.

-Moriko: 2 votos.

-Daikichi: 1 votos.

-Koemi: 0 votos.

-Ronin: 0 votos.

El bebé de Yuri y Toshi que todavía no nace, pero que va en camino, lleva la delantera; seguido por la niña de las flores de la armonía y el chico rubio, de ojos plata, que dice frases incoherentes.

¡Hikaru ya tiene tres votos! ¡Y Daikichi uno!

Mi pareja indecisa…

-Zet x Osen: 23 votos.

-Soji x Osen: 13 votos.

-Ben x Osen: 3 votos.

El Zetsen sigue adelante del Sosen y el Bensen :-)

Sigan votando, porque se pone emocionante.

De nuevo muchas gracias, si pueden, déjenme review, eso me hará feliz.

Saludos,

CieloCriss.