Enero del 2014
¡Feliz Año a todos los lectores de este fanfic! (un saludo algo tardío, lo sé, pero muy sincero y de buena voluntad)
La verdad es que me ha costado muchísimo escribir este capítulo, llevo meses con el texto y nomás no quedaba bien. Tengo decenas de personajes en misiones y me es difícil trabajar con todos ellos, pero sigo con la convicción de que concluir esta historia es mi prioridad en el mundo de los fanfictions.
Muchas gracias por su reviews, son los que me animan a seguir escribiendo.
La última vez que actualicé fue en Agosto, así que voy a ponerlos al día con la trama: en el último capítulo de Apócrifo, los trillizos lograron escapar de la cárcel donde los tenían cautivos los Demon Lord gracias a Shin Kido y Tulo Izumi, quienes se enfrentaron con el "dormido" demonio de la Pereza, Belphemon. Por su parte, los enemigos trataron de hechizar a Min para corromper el emblema de los Milagros, pero al no poderlo lograr, decidieron llevar a Sei y Tulo para torturar el corazón de la niña y hacerla hacer un milagro negro. En la mansión de Devimon (del Museo Digimon) los elegidos lograron organizarse, de modo que padres e hijos irán —en diferentes grupos— a explorar la dimensión donde han caído para 1) rescatar a los secuestrados, 2)encontrar una salida al mundo real para llevar a Yuri al ginecólogo y 3) Investigar dónde están y qué está sucediendo en ese mundo donde están atrapados.
En esta ocasión, la narración del capítulo será una combinación entre omnisciente y tercera persona (dependiendo de la escena), esto con el fin de acelerar las acciones. Vamos a leer sobre qué pasará cuando los Demon Lord traten de usar a Seiyuro para corromper a Min, vamos a leer sobre los fantasmitas misteriosos, sobre el señor Genai y sobre las misiones de cada uno de los equipos… el panorama será general y posteriormente, en próximos capítulos, trataré de profundizar en cada personaje.
Espero que la entrega les guste al menos un poco. Los dejo con la lectura.
Apócrifo
Por CieloCriss
10
No era la primera vez que Seiyuro Takaishi recibía un beso de una digimon maligna.
La primera vez, una LadyDevimon le había perforado los labios con sus colmillos y le había carcomido la inocencia. Ésta vez, el 'Amor Oscuro' de Lilithmon le robó el aliento y lo hizo caer al piso.
Había alcanzando a ver que la digital le había traspasado con una neblina negra, en forma de corazón, pero no había comprendido lo que había sucedido después.
Sei se distanció del espacio-tiempo donde se encontraba. Se le cegaron los ojos y la razón. Le dolió el pecho y sintió que algo se le quebraba por dentro.
Crack. Así le tronaron los huesos antes de intentar levantarse, antes de intentar moverse, antes de tratar de respirar. Esas tres actividades le parecieron imposibles de realizar. No pudo ni moverse ni levantarse, ni siquiera supo si respiraba, sólo sentía una opresión en el pecho que le hizo quedar como estatua y al acecho de ese puñado de digimon malignos.
Estaba más que claro que estaba perdido.
Las risas sarcásticas de los Demon Lords se oían lejanas, lo mismo que el llanto de su hermanita. Su cuerpo, alargado por la adolescencia, temblaba, no le obedecía.
Respirar… quería respirar… tan sólo pedía respirar hondo. Lo último que pensó con claridad era que se había convertido en zombie.
—¡Sei! ¡hermano!— Min gimió en un segundo plano. El rubio pudo imaginar su carita, fue como si el llanto de su hermana hubiera pasado cual cometa por su mente.
—Está acabado— se rió Beelzemon.
—Está delicioso— consideró Lilithmon, tomando a Seiyuro de sus cabellos —Quiero acabar con este joven varonil por mí misma.
—Mantén la calma, Lilithmon. El emblema de la Esperanza todavía no se debe destruir— recalcó Daemon.
—Bastará con que le lances el Hechizo del Espejo, Barbamon ha repuesto el cristal para que funcione… Así, con la ayuda del Hechizo de Lilithmon, la Esperanza no se negará a cooperar— aseguró Lucemon —Después de que se cree el emblema Apócrifo, será la Esperanza el primer emblema que atrofiaremos.
—Y entonces, la desesperanza opacará los corazones de los niños elegidos— se ilusionó Daemon —y por fin las tinieblas comenzarán a formar la nueva fusión prohibida en donde sólo habrá sembradíos de semillas de oscuridad.
—¡No lo harán!— insistió Min.
Daemon soltó a la pequeña Takaishi, quien de inmediato corrió hacia donde yacía su hermano para intentar arrebatárselo a Lilithmon
—¡Ustedes no saben lo increíble que es mi hermano! ¡Nadie puede vencer a mis hermanos!— lo dijo con tal convicción, que su cuerpo comenzó a emitir una luz dorada —¡Los milagros no son negros! ¡Los milagros son sueños bonitos que se hacen realidad!
Lilithmon siseó con ironía, con un manotazo lanzó a la niña rubia hacia las garras de Daemon.
Sacudió su kimono púrpura y nuevamente sacó su espejo.
—Mientras regresa Barbamon con el emblema de la Creación, jugaré un poco… no te molesta eso ¿verdad, Lucemon?
El líder de los reyes demonios sonrió.
—Siempre y cuando sea un buen espectáculo— admitió.
—Hechizo del espejo— mencionó la Lady oscura. Levantó el rostro del joven y le obligó a ver su reflejo —Te ordeno que seas mi esclavo.
Un asentimiento de cabeza fue la respuesta de Seiyuro. Con horror, Min vio que los ojos azules de su hermano se nublaban.
—La primera orden es que me beses— dijo la lujuriosa.
Seiyuro lo hizo. Se acercó por iniciativa propia y besó los labios de esa perversa digimon. Min se cubrió los ojos.
Rogó por un milagro. ¡Solamente pedía uno!, ¿a quién había qué pedírselo? ¿A Wizardmon?... ¿A su sombrero? ¿A ella misma?
—La segunda orden, querido Esperanza, es que lastimes a esa odiosa mocosa de los Milagros.
Para terror de Min, Seiyuro se giró hacia ella y le mostró un rostro momificado. Su hermano no parecía tener expresión alguna. No veía su sonrisa, sus mejillas estaban pálidas y sus ojos no parecían enfocar a nadie.
—Hermano, ¿qué te hizo esa digimon mala?, ¿te embrujó?, ¡por favor, contéstame, hermano!
La única respuesta de Sei fue la de caminar hasta Min. La niña no se movió, sólo se tambaleó y dejó de emitir el flujo de energía dorada que la rodeaba.
Negó desesperada.
—¡Mi hermano Sei nunca me haría daño!— aseguró.
Los Demon Lords se rieron nuevamente. Las manos de Seiyuro, por otra parte, atraparon el delgado y níveo cuello de su hermanita.
—¡Ah!
—Eso es… ahórcala para mí… hazle daño… hazle perder la esperanza que tiene en ti— aconsejó Lilithmon, mientras Beelzemon bufaba y también se sentaba en uno de los siete tronos.
El Samurai Ronin se llenó de tensión cuando Yukio Oikawa apareció en el refugio que compartía con los niños del hubiera.
El muchacho nunca antes vio con tanto recelo y desaprobación a su mentor, el cual vestía un atuendo umbrío, como siempre. Llevaba el cabello lacio y grasiento hasta la altura de sus hombros y estaba ligeramente encorvado.
Un centenar de mariposas multicolores lo rodeaban. Ronin detestó que alrededor de él no volara nada.
Los niños ya no le prestaron atención. Corrieron hacia Oikawa y lo rodearon con expectación, como si éste fuera a resolverles cualquier problema que estuvieran enfrentando.
—¡Señor Oikawa, quiero ir a ayudar a mi papá!— rogó el invidente Daikichi, quien balanceaba con torpeza su bastón para caminar hasta donde estaban sus amigos.
—¿Verdad que ha llegado el momento de existir?, mis hermanos están cerca de aquí— dijo Hikaru.
—¡Y la princesa Min también!— canturreó Noa.
—Es hora de que los pájaros naden y los peces vuelen— Takumi soltó esa frase y sus ojos plateados resplandecieron ante el señor Oikawa.
—Yo… le di… la llave a mi hermano— avisó Moriko.
—Por mi parte, les di la clave de para ir a Witchelmy— agregó Koemi.
—Tengan calma, mis pequeños— los consoló Oikawa —Es verdad que el tiempo ha llegado. El gran Genai ha venido para guiarnos, iremos juntos al Digimundo.
—¿Has oído, Samurai Ronin?, ¡por fin podremos comenzar a nacer!— se ilusionó Noa.
La niña de cabello castaño corrió hacia Ronin, que estaba alejado de los demás. Le abrazó la pierna y susurró con dulzura.
—Mi princesa Min ya me lo había dicho, que habría un sueño que se haría bonito.
—¡Eh!, ¿pero dónde está el señor Genai?— preguntó Hikaru por su parte.
—Él ya está aquí.
Aunque el suelo de ese lugar era tan azabache como el petróleo, una luz salió de la árida tierra y se proyectó la imagen de un chico de piel trigueña y ojos azules. Era un niño de corta edad, de cabello marrón y traje de manta blanca.
—¿El señor Genai es un niño?— renegó la pequeña hada Koemi —Eso no me gusta nada… ¿él es otro de nosotros?, ¡yo esperaba a un viejo sabio, no a un insecto!
—En realidad, el señor Genai es energía— informó Oikawa, mirando con mala cara a Koemi —Este es un mundo de energía e ideas. La forma de Genai puede variar, pero al final la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Hace unos años Genai murió, pero la energía ha transformado sus mariposas en este ser.
Takumi desaprobó es frase y cruzó los brazos.
—Ni al Samurai Ronin ni a mí nos gusta ese Genai, queremos a uno viejo— sinceró.
—En el fondo, no hay nadie que simpatice conmigo— fueron las primeras palabras del señor Genai —y supongo que con esta forma no tengo mucha credibilidad, pero no es culpa mía, ha sido la oscuridad de los niños elegidos la que acabó con mi forma original.
—¿Eso qué importa?— renegó Koemi —Al final todos somos mariposas, ¿no es así?, ¡yo sé que somos mariposas!
—Tienes razón, pequeña representante del Emblema de los Deseos.
—Lo sé. Siempre tengo razón— presumió la hadita malencarada.
—¿Qué pretenden hacer con estos niños?— Ronin, quien era muchos años mayor que los niños, interrumpió abruptamente —No permitiré que les hagan daño o los pongan en riesgo.
—No se puede dañar a lo que no existe— respondió con seriedad el niño Genai —A ti tampoco pueden dañarte. Eres la mariposa más invisible que he visto jamás…
—¡Oye Genai-chan, sé bueno con Samurai Ronin!, ¡Él es nuestro héroe!— defendió Hikaru.
—Tienes razón, pequeña hija del líder— se disculpó Genai —Lo lamento mucho.
Las mariposas digitales que volaban alrededor de Oikawa se desplazaron hacia la proyección de Genai, a quien materializaron lentamente, como si se tratara de un acto de magia.
—Dime una cosa— dijo Genai a Ronin —¿Quieres conocer tu pasado?
El muchacho negó inmediatamente. Ya lo había dicho su mentor: él no había nacido, por tanto, él no podía tener pasado. Era diferente a sus niños, era todavía menos que una mariposa multicolor en ese pequeño mundo de oscuridad donde había pernoctado sin que le latiera el corazón.
—Aún así, ¿me acompañarías a cruzar por el mundo del hubiera?
Ronin miró brevemente el rostro de los pequeños espectros que le habían hecho compañía en los últimos tiempos. Daikichi trataba de seguir la conversación a pesar de que estaba del lado contrario de los demás niños, su ceguera lo hacía torpe y tierno. Koemi lucía impaciente y Moriko, temerosa. Noa lo miraba esperanzada, mientras que Hikaru y Takumi no parecían comprender muy bien lo que estaba pasando. El rubito de ojos plateados soltaba sus frases inconexas y ella, la morena de ojos marrones, desprendía más energía de su cuerpo que de su parco vocabulario.
—Si voy contigo, ¿prometes ayudar a estos pequeños a que encuentren el lugar al que pertenecen?
—Por supuesto que sí— dijo Genai, quien aún en su forma de niño parecía hablar con formalidad.
Ronin sonrió brevemente. Recordó lo feliz que eran esos pequeños cuando hablaban de los seres que los esperaban en casa.
Valía la pena que ellos llegasen a vivir el mundo donde él no había nacido, por eso tomó la mano del niño Genai, quien antes de desvanecerse junto con Ronin, pidió a Yukio Oikawa que organizara a los pequeños para la gran movilización.
—Una vez más, impediremos la fusión prohibida…
Satoru Ichijouji arrugó la nariz con disgusto al sentir que los chicos mayores, sus padres y los demás adultos desquiciaban su paz. Iban y venían con los preparativos para la expedición. A él todo ello le parecía eterno.
Su madre Miyako le obligó a ponerse una chamarra, luego su padre le programó un GPS en su brazalete, como si Sato estuviera pensando en desaparecerse. Su hermana parecía merolico, le daba instrucciones insanas sobre cómo comportarse bien a pesar de que ésta había sido especialmente traviesa en su infancia. El niño de siete años no gastó esfuerzos en ponerle atención y también decidió ignorar a su hermano Zet cuando éste le abrazó una bolsita en la cintura con… Satoru en realidad no tenía idea de qué había dentro de ese bolso.
—¡Déjame en paz, hermano! ¡Que sepas que no soy un bebé!—le renegó a Zetaro, dándole un manotazo y alejándose de su asfixiante familia nuclear.
El menor de los Ichijouji siguió mostrando ese rostro de hastío al ver que los demás elegidos y sus hijos estaban igual de histéricos.
Los preparativos no parecían acabar y, aparte de él, el único que parecía tener verdadera prisa era el señor Yagami.
—¡¿Qué no se dan cuenta de que nunca saldremos de aquí si intentan planearlo todo?!— exclamó Sato, pero no obtuvo respuesta de nadie, por lo que se sentó en el suelo y cruzó los brazos, mientras su mamá de nueva cuenta aparecía ante él para ensartarle un gorro.
Satoru admitía sentir admiración por su padre y sus amigos, pero en realidad a él le parecía nefasto alistar tanto preparativo.
En primer lugar, el lugar donde estaban era desconocido y por más que se tuvieran precauciones, el peligro que acechaba era demasiado intenso como para pasar desapercibido.
En segundo lugar y aunque los adultos no habían hablado mucho al respecto, estaba más que claro que los tres grupos que iban a salir a hacer una misión no tenían idea de hacia dónde ir.
Por ejemplo, su grupo, que tenía como misión investigar lo que estaba pasando, bien podía acabar en la dimensión del Mar Oscuro que tanto auguraban los mayores. O quizás, el equipo que tenía como fin regresar al mundo humano, tal vez podría dar vueltas en círculo hasta regresar a la réplica de la mansión de Devimon.
Así que aunque él era el más pequeño de la expedición no era el más tonto, porque pensaba en esas posibilidades. Eso le enorgullecía… ¿Es que los adultos no se daban cuenta de que los D3 no servían?... incluso, aunque su hermano Zetaro había hecho tantos dibujos, ¿cómo asegurar que un trozo de papel se transformaría en sus amigos digitales de antaño?
—Es desesperante ser un niño genio a veces— gruñó en voz alta.
El hijo menor de los Ishida, Kotaro, le sonrió con simpatía.
—No te preocupes, Sato-kun.
—Kotaro-senpai, ¿no te das cuenta de que no salimos de aquí porque nuestros papás no saben hacia dónde ir?
El pelirrojo suspiró ante la pregunta de su pequeño amigo. Se sentó a su lado a esperar, pero contrario a Satoru, él llevaba impresa una sonrisa muy firme.
—¿Es irresponsable de mi parte si no me preocupo por eso?— preguntó el niño de sexto curso al de primero.
—¡Claro que sí!
—Tú y yo hemos estado en situaciones más extremas. Hemos vagado en soledad por el Mar de la Oscuridad… pero ahora, a pesar de que el enemigo es más poderoso, tenemos a nuestros papás y a Calumon con nosotros.
—Calumon es algo llorica— renegó Sato.
—Es porque está oscuro— aseguró Kotaro Ishida —Pero si le das un poco de la luz de tu emblema, el Destino, es probable que podamos hallar el camino.
—¿Mi emblema?
—Sí… el Destino despide una luz dorada, como el emblema de los Milagros de mi prima Min… tú no te acuerdas, pero una vez que raptaron a tu hermano Zet, Min y tú abrieron un portal al Mar Oscuro.
—¿Y cómo hice eso?, ¡era un bebé en aquel entonces!
—No lo sé, Sato-kun, pero puedes preguntarle a Calumon— Kotaro sacó de su abrigo a pequeño digital blanco que dormía. Satoru lo tomó en brazos y, con exasperación, comenzó a sacudirlo.
—Calú quiere dormir un poco más— se quejó.
—¡No seas malo, Calumon! ¡Ayúdame!— se entercó Satoru.
Kotaro sonrió. A él no parecía preocuparle la exhaustiva preparación de los mayores… de cualquier forma el chico ya lo sabía… la aventura estaba a unos pasos de él.
—… y aunque vamos a estar en grupos diferentes, que te quede bien claro que tienes prohibido ponerte a coquetear con la zombi de la Cerebrito— ordenó Ben a Zet, mientras éste le miraba avergonzado.
—Prometo que no lo haré, ella me ha dado la oportunidad de sólo ser su amigo.
—Así debe ser. Tienes qué acatar el castigo por haber sido un insecto con ella, jamás de los jamases debes de jugar con los sentimientos de mi hermanastra, que te sepas que por más androide que parece es una mocosa como cualquier otra.
—Ben, ella no es una androide, es la niña más buena y bonita del mundo— defendió Zetaro Ichijouji con la voz temblorosa y con temor de que el Principito Tachikawa le golpeara otra vez por haberle alzado la voz.
—¿De dónde sacas que es la más bonita del mundo?... estás mal, hay miles de mujeres más guapas que ella.
—¡Claro que no!
—Pero el punto no es ese, sino que la Cerebrito es mi hermana y debo ver por su bienestar, ¿queda entendido?
—Sí, Ben…
—Izzy te va a estar echando el ojo, después de todo van en el mismo equipo…
—¡Basta ya, Principito!— interrumpió May Ishida, lanzando una mochila hacia Ben —Deja en paz a Zet, ya es hora de partir, mi papá y tío Tai van a decir las instrucciones finales.
—¿Dónde es eso que no veo a nadie?— cuestionó el castaño.
—En el porche de la entrada de la mansión— avisó la rubia, tomando la delantera
Zet Ichijouji asintió con seriedad.
—Finalmente es hora de ir a contracorriente— susurró para él mismo, sin importarle si Benjamín le había escuchado o no.
—Esto no puede seguir así, el doctor está perdiendo demasiada sangre— dijo Taiki Yagami, recostando a Shin Kido en un escondite dentro de la guarida de los Demon Lord.
Siguiendo las instrucciones del médico que los ayudó a nacer, los trillizos y compañía se habían adentrado a un drenaje que había en la cueva, situación que les parecía surrealista porque no había construcciones humanas cerca.
—Una persona tiene entre cuatro y cinco litros de sangre— susurró el trillizo Soji —Este hombre perdió un brazo y la sutura está pésima, por supuesto que se está desangrando…
—Es mi culpa, no cosí bien— lamentó Tulo Izumi, sin entender demasiado bien la conversación.
—No pasa nada, lo has hecho bien— tranquilizó Taiki.
—Kido-sensei, estoy de acuerdo con mis hermanos, usted necesita quedarse aquí a descasar, nunca nos perdonaríamos si lo pusiéramos en más riesgo— dijo Hidemi, inclinándose ante el hermano de Joe.
—Pequeños… necesito guiarlos… la sala de los rituales… puede ser demasiado tarde… yo…
—Doctor, usted ya no podrá seguir a nuestro ritmo y no estoy seguro de poder protegerlo— comentó Taik —Si no estuviera tan lastimado y si usted no fuera tan alto como Doguen, estoy seguro de que podría cargarlo…
—Doguen…
—Es el nombre de su sobrino— sonrió Hidemi —¡Doguen-senpai es lo máximo!, lo conocerá cuando salgamos de aquí, es encantador, muy formal y responsable, como el tío Jou y como usted.
—¡Claro!, porque de mi cuenta corre que usted salga de este calabozo, después de todo, le debemos la vida— manifestó Taiki —gracias a Kido-sensei, Akane pudo darnos a luz… gracias a usted ella pudo escapar de los Demon Lord.
—¡Muchas gracias!— dijo la enérgica Hidemi, reverenciando al médico.
—¡Gracias señor hermano de mi tío Joe!— Tulo soltó ese agradecimiento con inocencia. Soji permaneció mudo, hasta que sus dos trillizos lo obligaron a bajar la cabeza.
—So-chan, a este hombre le debes la vida— indicó Taik.
Soji suspiró largamente pero no dijo nada, su reverencia había sido forzada e incomprensible, como todo en esa realidad alterna en donde estaba viviendo.
—Está bien… me quedaré aquí, no quiero ser un estorbo. Ustedes tres y aquella hermosa joven que es su madre fueron mi único logro durante mi encierro. Otra vez voy a apostar por ustedes…
—Shin-san, ¿hacia dónde debemos ir para salvar a Seiyuro-sama y Min-chan?
El herido adelgazó la voz cuando dio indicaciones. Se dio cuenta de que se acercaba el fin de una era, pero no estaba seguro si el nuevo amanecer era sinónimo de muerte o de vida para él.
—Por favor, lleven también al nene, no podría protegerlo si algún enemigo aparece— fue lo último que dijo antes de cerrar los ojos y hacer fuerza en su herida para que dejara de sangrar.
Cualquiera que fuera su nuevo destino, estaba seguro de no querer vivir ese momento con un niño que recién había dejado de ser bebé.
—¿Han entendido las indicaciones?— preguntó exasperado Taichi Yagami a sus amigos y a los hijos de éstos.
—Por supuesto que sí— confirmó su mejor amiga pelirroja —ahora entiendo que la tardanza de nuestra salida se debía a que Koushiro, Miyako, Ken, Kurumi y Osen estaban trabajando en un dispositivo para evitar que nos perdiéramos.
El resto de los presentes asintió. A Satoru se le escapó una mirada de asombro que le hizo frente a la sonrisa solidaria y amorosa de Kotaro.
—Calumon, ¿puedes acompañar a mi hermana a su misión?, el grupo de mamá y tío Tai te necesita más— preguntó el pelirrojo Ishida a la digiemblenquia.
—Calú tiene miedo…
—Calumon no debe tener miedo, porque mi hermana va a protegerte, ¿no es así, May?
La rubia Ishida no contestó, pero la intensidad de su mirada marina hizo que el pequeño digimon volara hasta el regazo de la muchacha, embarrándose entre los pechos de ésta sin malicia alguna.
—No sé si confiar en ese digimon pervertido— se burló Ben, pero Mayumi le dio un manotazo para que cerrara la boca.
—¡Benji, qué grosero eres!— renegó Mimi, haciendo un puchero.
—Mimi, Sora, niños, es hora de irnos— agregó Takeru, mirando la impaciencia de Tai —nuestros hijos perdidos nos esperan.
Los integrantes que tenían la misión de rescatar a los trillizos asintió al unísono. Ben avistó sus ojos castaños, May introdujo a Calumon en su mochila y alcanzó a su madre de dos zancadas. Mimi suspiró y se secó las gotitas de sudor que le corrían en la frente, por los nervios. Takeru besó a Hikari.
—Min y Sei estarán bien, ¿cuidarás de nuestro Toshi?
—De él, de nuestro nieto y de la niña de las flores de la armonía…— confirmó Kari
—¿La niña de las flores de la armonía?
—Es que ya no la escucho cantar, me preocupa… pero a la vez, ella me está llamando… también te llama a ti a pesar de que no la escuchas… ¿si la ves, cuidarías de ella?
—Por supuesto que sí, mi amor— dijo Takeru.
Yamato puso su mano sobre el hombro de Tai.
—Cuida de mis chicas.
—Sora siempre ha sido tan valiente como tú y yo, y tu hija es una fiera…
—Es una fina princesa darketa. El que es una fiera a tu hijo Taik, Tai.
Taichi Yagami sonrió con nostalgia y orgullo, como si la imagen de su primogénito se hubiera dibujado en su cabeza por breves segundos.
—Sora, Mayumi-chan y todos los que van conmigo serán protegidos por mí, incluyendo a tu querido hermanito Takeru-chan.
Ishida sonrió a su mejor amigo. Segundos después se marchó para despedirse de sus mujeres junto con su hijo pelirrojo.
Tai rodó su mirada de chocolate hacia donde estaba Akane Fujiyama. La mujer todavía tenía una pinta terrible, aunque se veía que Makoto, la esposa de Daisuke, había puesto gran empeño en vestirla y arreglarla.
Yagami se hincó frente a la silla de ruedas. Cuando vio los labios de la madre de sus hijos se le infló el pecho y, cual ráfagas de viento, el corazón se le aceleró en un otoño imaginario, por lo que tomó las manos de la mujer.
—Voy a volver con nuestros trillizos, Akane. Voy a hacer que vuelvas a sonreír al verlos sanos y llenos de vida… cuando lo logre, podré conocer tu rostro lleno de alegría… — se acercó al oído de la ex prostituta —cuando nos tengas a tus hijos y a mí, volveré a besar tus labios, entonces serás un poco feliz, ¿verdad que sí?…
El diplomático se alejó abruptamente porque se le quemaron las mejillas, ella inclinó la cabeza repleta de palidez. Tai miró apenado a su alrededor, pero el único que tenía los ojos puestos en él era el hijo raro de Ken y Miyako, Satoru.
—Vámonos— dijo a su grupo.
—Recuerden ir mapeando sus ubicaciones, así podremos construir la zona donde estamos— indicó Miyako —Kurumi y yo estaremos en la base dándoles indicaciones por la radio.
—¡Así es! ¡Bingo!— chilló la mujercita.
Taichi y su grupo habían decido caminar hacia donde se veía una enorme montaña.
—Me pregunto si ahí será el Lucero de la Rosa…— dijo May —Según recuerdo, ahí es el centro del Digimundo donde peleamos en las Memorias Borradas.
—La verdad es que no me acuerdo, podría ser… aunque quizás ni siquiera estamos en esa dimensión— comentó Benjamín.
—Andando, niños— mandó cariñosamente Sora a su primogénita, rodeándole la espalda.
La chica no reclamó. No había tiempo para ello. Tampoco podía negar que estaba asustada, los recuerdos del ayer siempre dolían después de todo.
Mimi terminó de despedirse de su marido y saltó hasta donde estaba su hijo Ben, quien la tomó de la muñeca y siguió a Takeru Takaishi y los demás miembros de su grupo.
—¡Acuérdate de mis advertencias, Zet!— fue lo último que se le oyó decir al principito, mientras se alejaba con su grupo a lo desconocido.
Seiyuro quiso dejar salir una lágrima pero no pudo. Una fuerza externa le controlaba. Su mente tamborileaba de un lado a otro y no podía hilvanar pensamiento alguno. Sólo percibía un enorme dolor en su pecho y la vaga figura de su hermana.
Había comenzado a presionar el cuello de ella con sus dedos. La piel comenzaba a amoratársele, no obstante, Minagawa Takaishi no había opuesto resistencia al ataque de Sei… sólo se ahogaba en silencio, viéndole los ojos a su querido hermano.
Por el ataque, los dos habían caído al suelo, pero ni aún así Sei dejaba de medio obstruirle la respiración a la nena.
Los Demon Lord los miraban como si ellos fueran un espectáculo funesto.
—Pobrecita niña— se burló Lucemon FalldownMode —Tu propio hermano, la sangre de tu sangre, acabará con los milagros dorados que expides. Te ha traicionado, ¿te das cuentas?
—Dan ganas de ordenarle que te mate de verdad— Lilithmon sacó su lengua y delineó sus labios.
—De ti sólo saldrá una oscuridad densa— se saboreó Daemon.
Min no pudo responderles. Seiyuro cada vez la apretaba más y ella había comenzado a ahogarse. Su mirada fue la primera en comenzar a decaer.
La esperanza de Sei, que siempre se filtraba con los ojos mágicos de Minagawa, también se estaba esfumando, como si se tratara de la colilla de un cigarro.
Aunque apenas la veía, el primogénito de Takeru notó que Min se entristecía y alrededor de ella se cernía una oscuridad chamuscada, como la que él había criado en su cuerpo desde la mordida que le habían dado en el 2028.
Sus dedos ya estaban pintados en el cuello. El cuerpo de su hermana era frágil, ella ni siquiera se defendía, Sei no sabía si era porque había perdido la fuerza o porque confiaba en él.
Los ojos escarlatas de Minagawa no decían ninguna de las dos cosas.
El rubio comenzó a temblar. Dentro de su cabeza, le daba la impresión de que su cerebro era de menor tamaño que antes y rebotaba en su cráneo. Traka traka traka. Traka traka traka.
Se concentraba, pero en el último momento, la razonamiento no fluía y no podía hilar sus ideas para poder dejar de obedecer el Hechizo del Espejo de Lilithmon.
Seiyuro Takaishi, una vez más, estaba fallando a los pronósticos de su familia. No era valiente, como aseguraba su padre. No era un artista, como afirmaba Hikari. Y no era el alma gemela de Toshiro, como éste mismo defendía…. Y aunque Min creía que no le haría daño, ahora mismo tenía sus largas manos apretando el cuello de su hermanita adorada.
Los bracitos de Min trepidaban a los costados de su cuerpo. La cara la tenía amoratada… y él le hacía daño, su emblema estaba podrido porque cualquier digimon podía controlarlo.
Si tan sólo tuviera unos segundos para pensar… eso quiso decirse Sei.
Si tan sólo el tiempo se detuviera unos momentos… eso deseó Takaishi.
—… Tiempo…— pudo articular Seiyuro entre la oscuridad de su acto. Fue su único razonamiento.
Sin embargo, esa palabra fue suficiente.
Un silencio denso invadió la el amplio salón de la guardia de los Demon Lords. Seiyuro sintió que se paralizaba, la respiración se le sosegó y dejó de hacer presión en el cuello de su hermana. Los sonidos se durmieron. Ya no escuchó las risas maniacas de los amos oscuros.
Pestañeó lento, como si estuviera a punto de experimentar un viaje astral. Sei quiso moverse y sus manos le obedecieron de manera gradual, flemática.
Era como si el tiempo se hubiera vuelto lerdo. A Sei se le figuró que era como si una caja de música que se estuviera quedando sin cuerda para la melodía.
Soltó a su hermana. Vio las lágrimas cristalinas que salían entre sus pestañas y párpados. Minagawa estaba congelada. Sei alzó la vista y se dio cuenta que los Reyes Demonios también se habían paralizado.
Lo único en movimiento era él, aunque sus acciones se sentía en cámara lenta.
Se dejó caer a un costado porque no era capaz de enfrentar a su hermana. Era verdad que ella estaba inmovilizada, pero de todos modos Sei no podía ni verla a la cara.
Se fijó en el cuello amoratado de Min. Miró sus manos, las cuales expedían una extraña niebla oscura, que lo quemaba. Él sabía que estaba bajo el hechizo de Lilithmon y que como era precursor de la oscuridad era difícil luchar contra esa maldición.
¿A dónde había ido su fuerza?, Seiyuro se echó a llorar ahí mismo porque dolía mucho ser su propia decepción.
Había fallado a Min desde hacía mucho tiempo, desde que había dejado crecer la oscuridad del beso de LadyDevimon dentro de él.
Apenas hacía un par de días él había hecho que su hermana perdiera el sombrero de Wizardmon… había roto el cristal del balcón de su casa y, como si fuese un avión de papel, había lanzado ese objeto querido de su hermana a manos enemigas.
No obstante, a pesar de ello y de que la misma Min se había cortado con los vidrios, ella todavía había confiado en él…. minutos anteriores ella había gritado que Sei nunca le haría daño.
¿Podía estar más equivocada su hermana?, ¿podía haber una esperanza incluso para él, quien se había convertido en desesperanza?
Pensó un instante en Hidemi Yagami. Un beso de esa chica le habría animado mucho más que la parálisis del reloj.
—¿Qué es lo que está pasando?... ahora puedo pensar porque se detuvo el tiempo, pero… ¿qué es esto? ¿qué significa?— se cubrió los ojos con el brazo. La oscuridad seguía saliendo de él y sus lágrimas se había vuelto continuas.
Si su amigo Kyosuke lo hubiera visto en ese estado, seguramente le habría llamado cobarde, eso pensó Sei.
—Resiste…— le dijo alguien más. Seiyuro se confundió con al oír esa voz, tenía un tono infantil muy entendible, ligeramente raposo, sonaba varonil y le recordaba a alguien.
Por eso contestó tras respirar con desesperación.
—He resistido demasiado… años de oscuridad… años con la oscuridad dentro de mí por culpa del beso de esa digimon… meses enteros mintiéndole a mi familia, eternidades deseando hacer daño, beber sangre, perdiendo la esperanza y besando labios ajenos… he resistido demasiado…
—Sí, pero resiste más, con fuerza— Sei sintió que le tomaban el brazo con el que se cubría la cara. Una mano rechoncha y pequeña abrazó su antebrazo y lo alejó de su mirada llorosa.
—¿Toshi…?— ese niño hablaba igual que su hermano del alma cuando era pequeño. Abrió los ojos y lo primero que vio fue una masa de cabello castaño ligeramente alborotado.
La mirada… la mirada no tenía demasiado que ver con Toshiro. Era azul, como la suya.
—Shinobu— dijo el nene después de negar.
El niño tenía parecido con la niña de las flores que había visto anteriormente en sus visiones, pero alrededor de ese niño no había arco iris ni plantas ni pétalos flotantes por arte de magia.
El pequeño tenía un aire místico mucho más parecido al de su hermana Minagawa, a su madre y quizás a Toshi. Vestía de amarillo, llevaba una caperuza y sus ojos parecían estar demasiado abiertos. Seiyuro creyó que si se asomaba en ellos podría ver un océano entero.
Quiso preguntar quien era pero solamente negó para sí mismo. Prefirió enfocarse en su situación actual. En resistir, como le aconsejaba ese ente en forma de niño.
—Dime cómo resistir, Shinobu-chan— pidió.
El hombrecito abrazó con más ahínco el brazo del joven.
—Con esperanza— dijo —Yo te doy el tiempo, tú pones la esperanza y…— apuntó a Mina —ella hace el milagro.
—Pero estoy hechizado… ¿ves a esos digimon?— Seiyuro señaló las figuras paralizadas de los demon lord —Ellos me tienen a su merced. A esta hermosa niña que es mi hermana, la estoy asfixiando y no tengo control sobre mis actos. Sé que pedí tiempo, parece que tú me lo diste, ¿pero qué pardiez debo hacer ahora?
Shinobu soltó a Seiyuro y se puso de pie. Sus pasos eran muy torpes, de poquito en poquito se alejó del rubio y caminó hacia los demon lord. Él no iba en cámara lenta, Takaishi lo notó asombrado, de la admiración se fue sentando.
Era como si aquel niño bonito y mágico fuera el dueño del tiempo.
El pequeño fue con seguridad a la mesa donde yacía un sombrero. Empujó un banquito de piedra y se subió para poder tomar el gorro. Sei lo miró y el niño le sonrió con picardía, como si estuviera haciendo travesuras.
Tenía una maldita sonrisa igual de pillina que la suya. Eso le hizo devolverle el guiño, le entrecerró el ojo mientras se tocaba el pecho con su puño. Ya no se desprendía el humo negro de él porque su corazón había acelerado el paso y su emblema parecía haber resucitado.
—No es eso… es que tu emblema no estuvo muerto, porque la esperanza es inmortal— esa vez quien habló fue Min, quien había abierto sus párpados de pestañas claras con lentitud.
—¡Min, hermanita!, ¡despertaste aunque se congeló el tiempo!— Sei se inclinó y la tomó en brazos. Sus movimientos fueron más rápidos y seguros que cuando recién se había detenido el reloj.
—Sei…
Takaishi la besó en la frente.
—Perdóname Min, he sido un pésimo hermano, te he fallado… te he lastimado— la respuesta inmediata de Minagawa fue besarle la mejilla y apuntar hacia Shinobu, quien ya había saltado de la mesa con el sombrero en manos —Shhh… ya pasó, hermano, ya pasó.
El niño cayó de pompas al suelo, pero se levantó inmediatamente para dirigirse a los hermanos Takaishi. Con premura se hincó cerca de Mina y le cedió el sombrero.
—Es tuyo, ¿verdad?— preguntó galante y dulce a la vez.
La chica, que físicamente lucía un par de años mayor, asintió.
—Se lo cuido a Wizardmon…
—Sí— coincidió él.
—Nunca había soñado contigo— expresó la rubita al castaño. El niño se llevó el dedo a la boca.
—Yo no sueño. Yo viajo— explicó tras lamerse el pulgar y sonreír como un emperador que se pavonea en un reino perfecto. —Yo les di el tiempo, pero luego deben poner esperanza y hacer el milagro, ¿sí?.
—¿Es para hacer el sueño bonito?— preguntó inmediatamente Min.
Shinobu pidió el gorro de Wizardmon.
—Yo les di el tiempo, luego pones esperanza y haces el milagro— repitió. Se puso el sombrero como si jugara a los disfraces, pero para susto de Mina y de Sei, el turbante fue absorbiendo al niñito, como si fuera un agujero negro comiéndose una estrella.
—¿Ya te vas?— preguntó Min, alentando sus movimientos.
—¡Espera, pequeño!—se escandalizó Sei, sujetando el zapatito del niño.
—Resiste…— rogó Shinobu —Resiste mucho, tío Sei.
—¿Tío?— Sei agrandó los ojos y el sombrero de Wizardmon terminó de comerse al niño. El joven había sujetado con tanta fuerza el zapatito que había terminado quedándose con él.
El niño no era una visión. Era real. En sus manos –mientras el entorno perdía lentitud y se aceleraba el tiempo– quedó una botita encantadora, de marca converse y color azul. La suela olía a goma de mascar y parte del calzado estaba hecho de mezclilla. La agujetas estaban sin atar… de verdad era el zapato de un niño.
—El bebé de Toshi…— dijo de pronto, pero de inmediato perdió concentración. Min soltó un grito y cayó al suelo; Sei apenas alcanzó a guardar el zapato antes de perder el control de sus manos, las cuales fueron de inmediato al cuello de Min, quien en su última lucha por resistirse, escondió el sombrero de Wizardmon bajo su cuerpo.
—Hermano…— gimió desesperada, recuperado el dolor y la angustia.
El sueño bonito otra vez se le escapaba de las manos.
Las risa de los demonios digitales volvieron a resonar en aquella especie de atrio. Daemon, Lucemon, Beelzemon y Lilithmon estaban sentados en sus sillas viendo cómo Seiyuro lastimaba a la princesa de su casa.
A él también lo invadió la desazón, sobre todo al notar que su hermana volvía a llorar… no podía controlar la fuerza con la que la ahorcaba… aún así, no apretaba con demasiado poder porque, en el fondo, los demon lord no querían matar a Minagawa.
Ellos querían un milagro negro.
"Mi sobrino me dio el tiempo, yo pondré la esperanza… y Min… Min hará un milagro, pero no será oscuro, será dorado".
Nadie se dio cuenta de que en el pecho, a Seiyuro le traqueteaba el corazón con una luz intensa, de color esperanza.
Equipo de Hikari y Daisuke, y sus hijos, Toshiro y Kyosuke, respectivamente.
Dos horas y treinta y dos minutos después de haber comenzado la expedición y –sin razón aparente— Hikari Yagami se desmayó en un claro del bosque del mundo donde se encontraban.
Daisuke alcanzó a atrapar a su amiga para que no se lastimara y la recostó entre el monte. La hierba estaba seca y al tocarla se pulverizaba en polvos grisáceos.
El Museo Digimon se había esfumado, como si fuera una transición malhecha de una película casera. La ciudad de Odaiba estaba desvaída y se mezclaba con el bosque. Cerca de ahí se escuchaba el oleaje.
Toshiro se hincó ante su madre y le tocó la frente.
—¿Por qué se ha desmayado de repente? ¿Tiene fiebre?— preguntó Kyosuke Motomiya, rascándose su cabellera de león.
—No estoy muy seguro— respondió Toshi, soltando un suspiro —Sólo sé que le duele mucho el pecho.
—¿El pecho? ¿Y cómo sabes eso Toshi-kun?—Daisuke imitó a su hijo. Se rascó el cabello rebelde, en el cual comenzaban a asomarse algunas canas.
—Es que a mí también me duele un poco el pecho— explicó el hijo de Hikari —Sólo que no puedo permitirme desfallecer, porque tengo que buscar la manera de salir de esta dimensión.
Motomiya mayor pareció molestarse. Eran él y Hikari quienes, junto con sus hijos, buscaban la salida de esa dimensión.
—¿Insinúas que Hikari es débil y por eso se puede andar desmayando por la vida, chico?
Toshiro negó; a pesar de que el padre de su mejor amigo había hablado en tono de juego, él permaneció impávido, sereno y medio perdido.
—El dolor que mamá tiene en el pecho es más intenso que el mío. Es como si alguien la llamara, como si alguien estuviera en peligro y le estuviera pidiendo ayuda… si pudiera ser un poco más perceptivo, como cuando era niño, todo sería más sencillo de explicar… tío Daisuk, la verdad es que temo que algo malo le haya pasado a Mina, quizás es ella quien está llamando a mamá...
—¿Le ha ocurrido algo a tu hermanita?— Kyosuke sintió un escalofrío al recordar la escena que había vivido en el supermercado tiempo atrás, cuando Daemon les había arrebatado a Minagawa de las manos.
El segundo hijo de Takaishi se mordió los labios y siguió hablando:
—Es como si… como si quisieran corromperla o hacerle daño, pero no estoy seguro… o tal vez me equivoqué y a mamá la llamaron los espíritus del Digimundo…
—Toshi, camarada, perdóname porque no fui lo suficientemente fuerte como para proteger a Min-chan del enemigo. Ese Daemon me venció por más que le quise dar su merecido.
—Kyo, no te disculpes. No tenías a Chibimon contigo. Nosotros somos humanos y no podemos luchar como si fuéramos digimon. Ni siquiera con las armas de fuego de tío Ken será suficiente… por eso debemos salir de este mundo, porque hemos caído en una trampa… debemos encontrar una salida no sólo para ayudar a mi novia y a mi bebé, nosotros mismos necesitamos el refugio.
—¿Quieres decir que debemos rendirnos?, ¡eso es de cobardes, chico!— Daisuke volvió a interrumpir la conversación de los jóvenes. Medio les ponía atención a los muchachos y medio trataba de comunicarse con Miyako por medio de la radio que habían programado en los digivice y las terminales D3.
—No, papá, ¿no te das cuenta, viejo?— reclamó Kyosuke —Toshi quiere decir que debemos planear un contraataque cuando estemos a salvo, ¿verdad, camarada?
Toshiro se sonrojó.
—Algo así, si tenemos qué luchar, que sea en un escenario que nosotros hayamos preparado… quiero que mi hijo crezca en un lugar lleno de paz, sin amenazas de digimon oscuros, aunque me encantaría que pudiéramos encontrar una solución más llevadera con los digital monster… me encantaría que mi Salamon pudiera conocer a mi hijo.
Daisuke alzó la ceja. Le dio un coscorrón al hijo de Hikari.
—Eres el colmo, Toshi-kun. Da la impresión de que quieres ser un adulto cuando todavía eres un niño. La verdad es que metiste la pata con la hija de Iori y te estás muriendo de miedo.
—No precisamente metió la pata— se burló Kyo; Daisuke también golpeó la cabeza a su único hijo.
Toshi quiso respingar, pero su instinto tímido le hizo voltear hacia su madre, la cual seguía desvanecida. El señor Motomiya no había dicho mentiras: era –de verdad– un niño tratando de actuar como adulto, y sí que había metido la pata con Yuri, o bueno, no precisamente la pata.
Las orejas se le pusieron rojas de la pena.
—Lo sé, estoy muerto de miedo, pero me haré responsable— fue lo que contestó Toshiro, acariciando una mejilla de su madre.
—En verdad eres un Yagami, nadie te lo debe haber dicho antes, pero te pareces a Taichi.
—Eso es imposible. Mi tío Tai y yo tenemos personalidades y apariencias distintas, pero la verdad es que lo quiero mucho.
—¿Y qué más da que físicamente no tengan demasiado en común y varíen en personalidad?, eso no impide que te le parezcas. Te lo digo yo, a veces actúas como él. Eres una de las obras de arte de Tai, más incluso que la de Takeru.
Toshi no comprendió del todo las palabras del líder de los elegidos de la generación del 2002. Kyo le pidió que no tomara en serio a su padre porque estaba loco.
"Ya está senil, no le hagas caso", secreteó.
Los dos sonrieron; Daisuke los reprendió y los llamó irrespetuosos.
—¿Qué haremos ahora, papá?— preguntó Kyosuke cuando la tensión había disminuido.
—Voy a echar un vistazo a los alrededores mientras Toshiro intenta despertar a Hikari y tú intentas comunicarte a la mansión donde está tu noviecita.
Kyo sacudió la cabeza.
—¿Y eso para qué, papá?
—Hay que mandar la localización del grupo a Miyako, además, seguro que le quieres mandar un besito a Kurumi-chan.
—Papá, ¡deja de burlarte de mí!
—Como sea, iré a ver los alrededores para saber por dónde es preciso continuar la búsqueda de la salida de este infierno.
—No estoy seguro de que sea una buena idea, señor Motomiya— opinó Toshi, teniendo entre sus palmas las manos de su madre —La oscuridad está demasiado densa, podría perderse.
—Chico, deja a los adultos decidir, tú preocúpate por despertar a Kari-chan— bufó el empresario —además, siempre fui un líder buenísimo para orientarse, si Ichijouji hubiera venido con nosotros te lo confirmaría.
Daisuke se acomodó la mochila donde cargaba sus víveres y, tras despedirse de los jóvenes, se adentró al bosque que rodeaba su ubicación.
Kyo y Toshi respiraron hondo y profundo.
—Tu papá es mas terco que tú.
—Ni que lo digas, camarada— coincidió Kyosuke, tratando de encender los aparatos de comunicación.
—¿Kurumi y tú de verdad ya son novios?
—¡Qué más quisiera yo!, técnicamente no ha dicho que sí… pero besa súper bien, así que no me rendiré hasta tenerla… además, si te digo la verdad, yo creo que ya casi la convenzo.
—Me alegra que no te rindas; quizás, después de todo, sí eres igual de terco que tu papá para algunas cosas— dijo Toshi, antes de observar a su madre de nueva cuenta.
Movió su hombro, volvió a tocarle la frente. Su mente estaba confusa y le dolía la cabeza. Pensaba en nada y en todo al mismo tiempo.
Su novia hecha un mar de sangre y debilidad por el embarazo… Sus hermanos y primos secuestrados… Iori Hida odiándole… Su madre desmayada… Su padre lejos.
La voz de su hijo del futuro, ese que se le había aparecido en visiones, de vez en cuando se oía en su cabeza. Le decía: "Resiste, papi"… y de nueva cuenta, minutos después, repetía: "Resiste".
Mientras Kyo trataba de establecer comunicación con el equipo de la mansión, Toshi se agachó aún más e hizo tocar su frontis con el de su madre.
Cuando lo hizo, la pantalla de su mente se ennegreció y poco después alcanzó a ver, en su imaginación, la imagen de su hermana siendo ahorcada por Seiyuro.
Sí… esas manos eran de Sei, por eso dolía ver esa foto en su cabeza. Probablemente esa misma visión estaba teniendo su mamá.
Por eso a ella le ardía el pecho y se había desmayado.
Ver a su hermano del alma haciendo daño al ser que más adoraban en conjunto era tormentoso. Había demasiada oscuridad alrededor de esa escena, se escuchaban risas, pero Toshi no identificó a nadie en absoluto.
"Viene una exorbitante penumbra", pensó y lagrimó. Besó la mano de su mamá.
—Resiste, mamá— le dijo a Hikari en voz alta —Lo que ves en tu mente no puede ser real… eso es, los dos sabemos que Sei jamás le haría daño a Min, se debe tratar de una mentira… no sufras por las mentiras, mamá, tenemos suficientes verdades que enfrentar, por eso quiero que resistas… Resiste, mamá… eso mismo dice mi bebé cuando ya no puedo más.
Parpadeó poco después y ya no vio nada dentro de sí mismo… Sei y Min ya no estaban en su pantalla. Lo único que Toshi volvió a escuchar fue el sonido de la voz de su hijito Shinobu. Otra vez pedía resistencia, pero no a él ni a Hikari.
"Resiste, tío", eso había dicho el pequeño en la cabeza de Toshiro.
El futuro padre sonrió. Sabía perfectamente que Shinobu le había hablado a Seiyuro Takaishi.
Equipo de la mansión de Devimon: Miyako, Iori y Jou, con sus vástagos Kurumi, Yuriko y Doguen, además de personajes secundarios como Akane, Makoto, Jun, Noriko y Kaede.
Después de observar por minutos enteros las paredes de la réplica de la Mansión de Devimon, Doguen Kido llegó a la conclusión de que los muros estaban disipándose.
Los cuadros y arreglos que decoraban la casa del museo se alisaban, de modo que las texturas y las formas parecían debilitarse y perder la tercera dimensión.
Al chico le daba la sensación de que el refugio desaparecería en cualquier momento, aún así no hizo ningún escándalo, no quería que lo consideraran pesimista.
El joven caminó con solemnidad por toda la planta baja para ver si todo estaba en orden. No se oían ruidos extraños, todo estaba monitoreado con ayuda de Kurumi y Miyako, por lo que la vigilia no resultaba tan cansada para el resto del equipo.
Su madre Jun, la tía Makoto y la madre de Taiki habían vuelto a dormir por órdenes de su padre.
—Necesito que Akane-san duerma un poco más para que se restablezca— el médico había señalado a la madre de los trillizos —Querida Jun, Makoto-san, ¿le harían compañía también?
—Lo haremos, querido— respondió la esposa del elegido mayor.
La nueva mujer de Hida y la hermanastra de Yuriko permanecían en una de las esquinas de la habitación que estaban utilizando. Se habían cubierto con una cobija y la niña no dejaba de llorar.
Doguen se había auto-nominado para dar vueltas y vigilar la casa porque era en lo que mejor podía desempeñarse. Después de todo él solamente era un torpe muchacho de preparatoria que no entendía lo que en realidad estaba sucediendo.
La señora Ichijouji y Kurumi-chan eran expertas en máquinas. Desde que los tres grupos de expedición habían salido de la mansión, ellas habían mantenido el contacto para ir formando el mapa de la dimensión en la que se encontraban.
—No se ve peligro alguno— avisó Doguen tras entrar a la habitación donde estaban todos hacinados—Lo que me preocupa es que… bueno… da la impresión que este mundo se está desdibujando.
—Tienes toda la razón, Doguen-kun— dijo Miyako Inoue —Ahora mismo somos como un cangrejo ermitaño que cambió de concha… o un huevo que eclosionó. Este mundo está tomando la forma de la dimensión de otro lugar, probablemente el mar de la oscuridad, pero no podría asegurarlo… espero todos se encuentren bien, hasta el momento tenemos sus localizaciones y no nos han informado de algún enfrentamiento con el enemigo; Kyo-kun sólo nos avisó que Hikari tuvo un desmayo..
Kurumi asintió con nerviosismo después de escuchar a su madre. Doguen sacudió la cabeza y se sentó en el suelo.
Miró con inquietud el rostro severo de Iori Hida, el cual velaba el sueño de una Yuriko intranquila, que se revolcaba en el colchón.
—¡Yuri!— gimió el padre, apretando las manos de su hija —¿Estás bien, preciosa?
Jou Kido se acuclilló y revisó nuevamente a la chica embarazada. Se subió las gafas por el puente de la nariz y dejó salir el aire por la boca.
—¿Qué sucede?— preguntó Cody a su amigo.
—El bebé sigue creciendo de forma acelerada— respondió el doctor Kido, antes de que Doguen lo viera lagrimar… de algún modo sabía que algo horrible estaba a punto de pasar dentro de la barriga de su mejor amiga.
Equipo de Yamato, Koushiro y Ken, además de sus hijos Kotaro, Osen, Zetaro y Satoru, respectivamente.
Yamato tenía el ceño fruncido desde que su equipo había salido de expedición. Estaba incómodo por varias razones. En primer lugar, estaba preocupado por su esposa y su hija mayor, aunque eso no podía evitarlo. En segundo lugar, su equipo de investigación estaba totalmente fragmentado, situación que lo frustraba mucho, pero que podía arreglarse.
Habían salido apenas unas cuatro horas atrás a buscar indicios de lo que estaba pasando en ese mundo oscuro, pero no habían encontrado nada novedoso. Ishida creía que eso, en gran parte, se debía a que Koushiro Izumi y Ken Ichijouji apenas se hablaban y no parecían estar comunicándose asertivamente.
Los niños que los acompañaban eran solamente eso: niños. Niños estupendos, pero niños al final de cuentas. El hijo mediano de Ken, Zetaro Ichijouji, caminaba lo más cerca posible de su padre. Su hermanito menor, el pequeño Satoru, iba de la mano de su consanguíneo y no le paraba la boca.
La hija de Koushiro, quien ordinariamente era participativa en las expediciones relacionadas con el Mundo Digital, se había rezagado, mientras que su hijo Kotaro iba y venía de un lado al otro sin saber qué hacer.
—Pst, papá— llamó el pelirrojo a Yamato Ishida.
El rubio miró a su hijo y se le infló el pecho. No podía evitarlo, su campeón era sencillamente el chico más equilibrado del grupo.
—¿Qué pasó, Kotty?— preguntó Ishida.
—Papá, ya te dije que no me digas así...
Yamato resopló, quizás su caballerito no era tan equilibrado después de todo.
—Kotaro— corrigió para evitar peleas con su hijo.
—Creo que no estamos avanzando— explicó el niño de primaria al compañero de Gabumon —Osen cree que estamos dando vueltas en círculos.
El ex astronauta se giró y vio a la pelirroja Izumi. La niña lucía demasiado pálida y tosigosa.
—¿Por qué Osen-chan cree eso?
—No estoy seguro— sinceró Kotaro —Pero considero que deberíamos descansar, papá, porque da la impresión que ella se va a desmayar. Además, tío Izzy y tío Ken no nos dicen nada… se supone que nosotros somos un equipo de investigación, ¿no es verdad?, tal vez sea mejor descansar un poco.
—Lo sé— Ishida le sonrió a su hijo menor —Eso ayudará a que de nueva cuenta estudiemos la llave y la clave que nos fueron otorgadas por esos espectros misteriosos.
Kotaro Ishida asintió muy contento.
—Eres un chico estupendo, campeón— admitió Matt, parando en seco —Es hora de poner a este equipo a funcionar como se debe.
—¡Sí!—concordó el chico.
—¿Por qué nos detenemos, Yamato?— preguntó Ken Ichijouji.
—Necesitamos replantear nuestra estrategia— respondió el rubio con soltura, mientras acariciaba la despeinada cabellera de Kotaro.
—Me parece buena idea, Osen no se ve bien, necesita descansar— coincidió Koushiro, dejando su equipo de cómputo en el suelo para ir a ver a su hija, quien estaba hasta mero atrás del grupo.
—A mí me duelen los pies— dijo Satoru —Pero mi hermano Zet y papá pueden cargarme, ¿verdad, hermano?
Zetaro asintió. Tenía la nariz ensangrentada y el ojo morado. Ken, al ver a su hijo lastimado, gruñó.
—Pienso que no hay tiempo para descansar— consideró el ex Káiser con un tono adolorido.
—No vamos a descansar— consideró Yamato —Vamos a replantear la estrategia. Podemos seguir caminando por muchas horas más, sin embargo, el panorama no cambiará y todos lo sabemos. Estamos perdidos. Lo que debemos hacer es hallar la puerta hacia el mundo de Witchelmy.
El detective asintió, se acercó a Yamato y le pidió disculpas.
—Lo lamento, Yamato, no estoy rindiendo como es debido.
—Es de las pocas veces que me toca trabajar con dos genios, Ken, así que en teoría todo debería ir perfecto…
—¿Dos genios?
—Koushiro y tú son dos genios del Digimundo. Pero ahora mismo están desconectados por el problema de sus hijos— aclaró Yamato, porque era evidente que el equipo no estaba funcionando bien por eso —Hagan las paces. Realmente, si se conectan, si se comunican, estoy seguro de que nada será tan difícil. Koushiro es un libro del Digimundo y tú fuiste un conquistador de este mundo. Espero que los problemas de sus hijos se resuelvan en otro contexto, esto te lo digo por el bien de todos, especialmente de los mismos chicos.
Ken suspiró.
—Tienes razón.
Al otro lado del grupo, Koushiro se había acercado a su primogénita de 14 años.
—Toma, lo traje por si lo necesitabas, es el viejo inhalador.
Osen negó.
—Fui sometida a una cirugía que mejoró mi salud. Si ahora toso es porque lo quiere el Digimundo— dijo la chica.
Ella emitía un suave brillo morado de su cuerpo, como si su emblema estuviera encendido. Koushiro se lo hizo notar.
—Lo que pasa es que Barbamon me robó los pensamientos de la curiosidad, pero mis amigos me prestaron un poco del brillo de sus emblemas, de modo que yo pude encender mi emblema, por eso está activo y puedo pensar aunque no tenga tanta curiosidad— ella tosió un par de veces y se sentó en el suelo.
Su padre se hincó a su lado y le alzó la barbilla.
—Sólo descansa un poco, ¿quieres?
—Sólo un poco— respondió.
—¿Estás incómoda o algo así? ¿puedo hacer algo por ti?, no luces bien, hija— indagó Izumi con preocupación.
—No quiero que te sientas enojado con el señor Ichijouji y con Zet— pidió la pelirrojita —Me pone enferma que haya esas tensiones en situaciones de crisis como esta… y quisiera disculparme porque Ben le pegó a Zet.
—Eres una niña muy buena, lo sabes ¿cierto?— Koushiro besó la cabeza de Osen, la cual se escamó un poco, porque su padre nunca era cariñoso.
—¿Qué tienes, papá?
—Me disculparé con Ken por lo de tu hermano Ben, así que no tienes de qué preocuparte más— Izumi se puso de pie, se rascó la cabeza y caminó hacia sus compañeros adultos.
Para ese entonces Kotaro y Satoru se habían puesto a jugar, en tanto que Zetaro se había alejado del grupo para ponerse a dibujar. Al ver que Koushiro venía con un rostro serio, Yamato sonrió.
—Será mejor que los deje solos. Me pondré a explorar las propiedades del suelo y la flora como si se tratara de un asteroide nuevo— guiñó el ojo, luego miró que alrededor de ellos sólo había matorrales negros que parecían estar hechos de ceniza —aunque no sé si a eso se le puede llamar flora…
Ken asintió y trató de ponerse de pie; Koushiro le dijo que permaneciera sentado para también echarse en el inhóspito suelo. Vieron que Ishida se alejaba antes de empezar a hablar.
—Escucha, Ken, quiero disculparme porque he estado muy poco cooperativo desde que nos separamos de los demás.
—No, soy yo quien debería disculparme— interrumpió el policía.
—Lamento mucho que mi hijastro haya golpeado así a tu hijo; Ben es violento a veces, hablaré con Mimi y con Michael para tratar de disciplinarlo mejor… en realidad, sé que mi hijastro quiere mucho a Zetaro-kun, es sólo que se pone algo celoso cuando se trata de su hermana.
Ken se sonrojó.
—Yo… te pido perdón porque… bueno… lo que le hizo Zet a Osen-chan.
—Honestamente creo que ninguno de los dos debería estar pidiendo disculpas— mencionó Koushiro —No podemos controlar todas las acciones de nuestros hijos, es imposible.
—Lo sé.
—Pero sin importar lo que pase, sé que ellos sabrán reconciliarse, ¿no lo crees?
—Lo creo. Tu hija siempre ha sido la adoración de Zetaro y sé que seguirán siendo buenos amigos a pesar de las fricciones, en cuanto a Ben-kun, sólo puedo decir que aunque tiene un carácter muy fuerte, también tiene el corazón tan grande como su madre Mimi-san.
Koushiro asintió.
—Trabajemos juntos para resolver esta incógnita, Ken.
—Sí.— dijo con entusiasmo Ichijouji.
—Un día de estos dirás "Bingo", como Miyako…— consideró Koushiro.
—En mi mente siempre lo hago, pero no se lo digas a nadie.
Equipo de Tai, Sora, Mimi y Takeru; además de Mayumi Ishida y Ben Tachikawa.
Mayumi estaba impresionada por la agilidad que tenía su madre. Las dos iban trotando a la par y mirando hacia todas partes con ojos de Garudamon. Delante de ellas sólo iba Taichi Yagami, quien parecía acostumbrado a ir adelante.
Tras las Ishida-Takenouchi iba un Takeru pensativo y, hasta el final, Benjamín Tachikawa le retobaba a Mimi por lo lenta que era.
—Por eso quería que te quedaras en el refugio de la mansión, bella madre— regañó —Eres una reina que no debe transitar estos jodidos caminos llenos de lodo y quien sabe qué porquerías más.
—Estoy… estoy bien hijo. Es sólo falta de práctica y condición… necesito… necesito encontrar a tu hermanito.
—Mimi, ¿no estarías mejor sin esos tacones?— preguntó Takeru —La verdad es que están divinos y cuando pase todo esto le compraré unos iguales a Hikari, pero ahora mismo, ¿no sería mejor que caminaras con tenis?; estoy seguro de que tengo unos de mi mujer en mi brazalete digital.
—Takeru, yo soy mucho más rápida con tacones que con zapatos de piso— aseguró Tachikawa —sólo necesito agarrar el ritmo… sí, sólo eso… tengo que ver a mi bebé y por eso voy a acelerar el paso…
El terreno por donde se habían adentrado era un pantano. Había poca vegetación, pero la tierra era arenosa y chocolatosa porque estaba bañada de agua. A Mimi le ardían los ojos por la espuma y el vapor que se desprendía de la arena.
A lo lejos se veía un estero y más al fondo, una montaña, la cual era la meta de la expedición del grupo.
—Hay que poner atención, parece que a cada paso que vamos la tierra se hunde más. Es un terreno impreciso. —avisó Taichi.
—¿Y no hay manera de sacarle la vuelta, Tai?— preguntó Sora.
Taichi negó.
—No lo creo, pero se aceptan sugerencias.
—A mí me parece que vamos bien— creyó Takeru —siendo sincero, tengo el presentimiento de que cualquier camino nos llevará hacia donde necesitamos llegar.
—Pues a mí me da la impresión de que estamos caminando rumbo al fin del mundo— se quejó Mimi, haciendo esfuerzos por alzar la pierna para salir del lodo. Benjamín bramó al notar que su madre estaba atorada otra vez.
—Suena poético, princesa, acuérdate que Takeru es el escritor— ironizó Tai.
—Pues si tuviera que caminar al fin del mundo preferiría caminar sin ese dolor de pensar que mi Tulo-chan está en ese lugar tan feo.
—Tulo estará bien, Mimi— afirmó Sora —Lo cuidarán los trillizos y Sei, lo mismo pasará con Minagawa, los mayores los protegerán.
—Eso es seguro— animó Takeru.
—Más les vale— agregó Ben.
El grupo siguió caminando un tramo más, hasta que el terreno se volvió intransitable a causa de un charco enorme y barroso, donde parecía dibujarse una loma rojiza.
Ben iba a comentar lo ridículo que se veía esa extraña duna en medio del charco, pero entonces el bulto se movió: había algo vivo ahí.
—¿Qué es esa enorme criatura?— preguntó Mayumi Ishida, abrazando la mochila donde tenía escondido a Calumon.
—¡Joder, me sacó un susto de insectos!— gritó Ben.
Mimi de inmediato le cubrió la boca a su hijo y se estremeció detrás de él.
—Es un digimon— dijo con seguridad Taichi.
En medio del charco había un digimon enorme, con forma de cocodrilo, que parecía estar dormido. La mitad del cuerpo de la criatura escarlata permanecía bajo la charca, en tanto la otra parte se veía por afuera.
—¡Calú calú, vámonos de aquí! ¡Leviamon es muy malo, calú!—chilló la digiemblenquia al notar al monstruo a pesar de la oscuridad.
—¿Leviamon?
—Sí, y es muy malo— berreó Calumon con su voz de avellana.
—Cuenta la mitología digital que Leviamon es uno de los siete reyes demonios del Digimundo— susurró Takeru. Cuando hablaba las manos le temblaban ligeramente —Según lo que he investigado, Leviamon es la bestia de la envidia, tiene un cuerpo enorme y habita en el océano Net.
—¿Estamos caminando sobre el océano Net?, ¡pero si está casi seco!— opinó Mimi.
—No lo sé.
—¿Algún otro dato, Tk?— preguntó Tai.
—Bueno, dicen que Leviamon es tan poderoso que puede tragarse a todo el mundo digital si se le molesta cuando duerme.
—¡Joder!— volvió a quejarse Ben y, de nueva cuenta, Mimi aplastó sus manos contra la boca del principito.
—Es uno de los demon Lord que debemos derrotar— dijo Taichi con valentía. —Ahora no sólo sabemos de Daemon, Barbamon, Lucemon Falldown Mode, Beelzemon y Lilithmon, también está Leviamon.
—Sólo nos falta por conocer a "Belphemon", que es el rey demonio de la pereza— precisó Takeru.
Benjamín mordió la mano de su madre que le cubría los labios, ésta pegó un gritito suave y le pegó un coscorrón a su hijo.
—¿Y cómo es que sabes tanto sobre el tema, tío Takeru?
—Antes de plasmar la idea de un libro trato de investigar al respecto. Una vez quise escribir sobre estos demonios y las bestias sagradas, pero la información que pude recopilar fue mínima…
—Qué ironía que ahora esa información "mínima" es nuestro único recurso— Benjamín se burló de la situación, cruzó los brazos y miró con intensidad el panorama.
—El lugar donde están mi primo Sei, Taik y los demás debe estar cerca, por algo está aquí Leviamon haciendo guardia— analizó May —a lo lejos se ve la verdadera montaña.
—Sí, linda, pero es un hecho que enfrentarnos a esa bestia salvaje sería un suicidio— suspiró Tai.
—Sin Biyomon y los demás no podemos hacerlo— coincidió Sora.
—¿Y entonces el plan es regresarnos con la cola entre las patas?— Ben cuestionó con enfado.
—El plan es cruzar el lugar sin que nos descubra— fue la orden de Tai.
En esos instantes, como si esas palabras hubieran sido una sentencia, el pequeño Calumon empezó a llorar con histeria.
Taiki Yagami movió la alcantarilla y asomó su cabeza de selvática cabellera castaña.
Vio una explanada, divisó a los digimon —había cuatro— y en el fondo pudo notar que las figuras de Sei y Min estaban en el suelo. La niña tosía y movía las manitas… y su viejo amigo Takaishi estaba sobre ella, asfixiándola...
Cerró los ojos unos instantes. Los abrió de nueva cuenta y vio lo mismo. Se mordió la lengua para evitar soltar algún sonido. Su cuerpo, en cambio sufrió un espasmo de terror.
—Hermano, dime lo que ves— rogó Hidemi.
—Lo voy a bajar ya— avisó Soji.
El trillizo menor se quitó a Taiki de los hombros y se echó encalmado al suelo húmedo por el cansancio. Taiki cayó al drenaje de la caverna.
—Mierda, Soji, ¡me hiciste caer en mierda de digimon oscuro!— renegó el trillizo mayor, sacudiéndose la ropa, que ya estaba manchada de sangre y mugre.
—Estás pesado— se disculpó Soji.
—Por eso debiste dejar que lo cargara yo, soy muy fuerte y eso de que sea chica no es un impedimento— dijo Hidemi —en todo caso, yo podría haberme subido en tus hombros, Taiki.
—Soy el mayor y no quería exponerlos… Shin-san nos guió hasta aquí, así que debemos ser cautelosos.
El acompañante de los trillizos, Tulo Izumi, notó que Taik tenía los puños muy apretados, al igual que sus cejas.
—Taik, ¿Viste a Min?— preguntó esperanzado.
Taiki asintió.
—La vi a ella, los digimon oscuros están en esa explanada, en la sala de rituales que dice Kido-sensei. Tienen tronos y están sentados ahí… parece que se ríen, pero no alcanzo a escuchar sus diálogos.
—¿Y Seiyuro está ahí, hermano?— esta vez a Hidemi le brillaron los ojos con todo el esplendor posible.
El mayor de los Yagami se masajeó las sienes.
—Está ahí.
—Qué bueno, ¡seguro que está cuidando a Min!
—¿Cuidando a Min?, ¡al contrario!, la está lastimando— se exasperó Taiki.
—Sei-sama sería incapaz de eso, hermano.
—Deja de tratarlo como si fuera un Dios, Seiyuro es un humano, y si te digo que está ahorcando a Min, es porque lo está haciendo— gruñó con impotencia — y eso no se lo vamos a permitir.
—¡Debe ser culpa de los digimon, hermano!
—¡Pues ya van varias cosas que hace 'por culpa de los digimon'!
Tulo comenzó a llorar quedito, Soji separó a sus hermanos, que ya casi estaban uno sobre otro.
—Su discusión no tiene sentido. Venimos aquí para otra cosa. Es por estos inconvenientes que no quiero formar parte de esta familia.
—Sí, ya no peleen… sólo es bonito pelear con mi hermano Ben porque las peleas con mi hermano nunca son de verdad— chilló Tulo.
Hidemi asintió rápidamente y se echó al nene en brazos.
—Es verdad, no debemos pelear más; necesitamos salir de este lugar cuanto antes.
—Y tenemos que actuar rápido— sentenció Taiki, sacando de sus ropas el dibujo de Wargreymon.
"… me dieron el tiempo… yo pondré la esperanza… y Min hará el milagro", esas palabras retumbaban en el interior de Seiyuro Takaishi.
Apenas unos segundos atrás el tiempo se había detenido y un pequeño niño sonriente le había devuelto la esperanza.
El corazón le latía con apremio y le brillaba el pecho. No obstante, gracias a su cabellera rubia y a su posición, la luz dorada no se desplegaba con la fuerza necesaria para hacerla evidente para los Demon Lord.
El Hechizo del Espejo de Lilithmon se diluía paulatinamente. Los cinco sentidos volvían a él y en su mente parecía estarse despejando una nube grisácea.
Sei ya podía pensar, sus manos ya no apretaban con fuerza, sino que fingían la asfixia de su hermana. Min seguía pateando con resignación, parecía que la nena esperaba indicaciones de su hermano mayor.
Bajo la niña estaba el gorro de Wizardmon y Seiyuro sabía que esa era una de las claves que podían ayudarlos. Aún así, todavía no había ideado un plan que le permitiera poner a salvo a su hermanita.
De nada le servía levantarse contra esos demonios si no tenía plan. Esos digimon eran fuertes. Lo que necesitaba era la ayuda de su Tokomon, pero no sabía si invocarlo con su emblema sería suficiente.
Se preguntó por los Yagami ¿Estarían bien?, y ¿Dónde tenían a Tulo?... tal vez, si todos los cautivos estuvieran juntos, sería más probable considerar un enfrentamiento.
—Este espectáculo ya me aburrió— se enfadó Lucemon FalldownMode —No veo que tu técnica tenga un efecto de oscuridad en la elegida de los Milagros, Lilithmon.
—La verdad es que Lilithmon no sirve para nada— se burló Beelzemon.
—¡Basta ya, Lilithmon! ¡Yo le enseñaré la oscuridad a esos elegidos!— gruñó el señor de la Ira, Daemon.
—Paciencia, mis queridos— siseó Lilithmon —Después de todo estamos esperando a que Barbamon regrese con el elegido del emblema de la Creación.
Seiyuro escuchó con atención. El recuperar su esperanza le había agudizado la percepción visual y auditiva.
—El emblema de la Creación no me preocupa, es una cresta manipulable debido a su naturaleza… es una fuerza similar a la del conocimiento, después de todo, son emblemas neutros— comentó Lucemon FM —Pero el Milagro es probablemente el emblema que más fuerza tiene. Más aún que la Luz y la Esperanza, porque es una combinación de los dos.
"Literalmente", quiso decir Seiyuro, pero se guardó el comentario para él mismo. Miró a Min, quien a ratos abría los ojos, guiñaba con nerviosismo y seguía llorando.
Adoraba a su pequeña rubia. La adoraba y no estaba dispuesto a que manipularan el emblema de su hermana.
—Pero la humillación, el maltrato y la traición es algo que ennegrece el corazón de los humanos y esta mocosa no puede ser la excepción— Lilithmon se puso de pie y caminó contoneando su figura hasta donde Seiyuro y Min estaban.
—¿La dejarás hacer lo que quiera, Lucemon?— renegó Beelzemon.
—Se pondrá interesante— respondió el líder de los demon lord.
—Mi querido esclavo, descansa por el momento— susurró la digimon al oído de Sei.
El chico trató de permanecer impasible; de inmediato soltó el cuello de Min, quien se hizo bolita aunque no dejó ver el gorro ni su rostro.
—Mírame a los ojos— Seiyuro alzó la cabeza y trató de dirigir su mirada a Lilithmon.
Quería parecer perdido, hechizado… pero no sabía cómo.
—Quiero premiarte con mi amor oscuro— ella lamió la mejilla de Sei, quien quedó paralizado —Pero creo que es más importante que lastimes el corazón de esta mocosa asquerosa.
Sei no supo cómo reaccionar. No dijo nada; se puso tieso como una estatua.
—Quiero que la cachetees, que la insultes, que le escupas…. Que la humilles.— se rió la Lady de la Lujuria —¡Ultrájala, tócala donde no debes, magúllala, traiciónala!
Sin embargo, Seiyuro siguió sin moverse. Esa digimon era aberrante. Min sólo gemía, él estaba a un costado, cubriéndose el cuerpo, que ahora le brillaba como si fuera un vendaval.
—¡Te he dicho que obedezcas, maldito!— Lilithmon pateó al joven, quien cayó al suelo y desplegó su luz.
—¡El emblema de la esperanza brilla!— gritó Daemon.
—¡Lilithmon ¿qué sucede?!— alzó la voz Lucemon.
—No puedo creer que hayas salido de mi hechizo, pero eso no importa, sólo necesito repetirlo… ¡Hechizo del espejo!
La lady oscura sacó su espejo, se lo mostró a Seiyuro, pero el haz de luz de la esperanza lo rompió, así como anteriormente lo habían hecho Ken y Satoru Ichijouji.
—Son siete años de mala suerte, vieja bruja— el hijo de Takeru se incorporó y se puso frente a su hermana menor, quien siguió en el suelo, escondiendo el sombrero bajo su ropa. —Pero no bastará con eso, yo te destruiré porque me hiciste ver el peor lado de mí mismo… ¡Pardiez! ¡pero sépanlo ahora, demonios!... no me importa qué tan fuertes sean, no me importa cuánta oscuridad haya en este lugar, no me importa en cuánta desventaja estemos… la única verdad es que nosotros ganaremos… y en esta lucha les juro que mi hermana hará un milagro, un hermoso milagro que de negro no tendrá nada, ¡será dorado como toda ella!
—¡Acaben con Esperanza!— rugió Lucemon FM.
—¡Los haré mil pedazos!— se enfureció Sei, sacando de su ropa su única defensa: el dibujo de MagnaAngemon.
Continuará…
Tuve qué dejarlo ahí porque yo soy eterna, pero como expliqué en las notas al inicio, la idea era describir un panorama general… por supuesto, lo de Seiyuro y Min ha sido la parte intensa del capítulo. Debe ser terrible hacer daño a quien más amas sin poder evitarlo, lo bueno es que a Sei le ayudaron un poco para que su emblema pudiera resplandecer.
Para la próxima habrá mucha acción porque habrá un enfrentamiento entre Demon Lords y Elegidos. Por otra parte, aparecerán los fantasmitas y se sabrá cuál es la encomienda que ellos tienen. También sabremos por qué Genai ha aparecido como niño y sabremos la historia del Samurai Ronin, quien nunca pudo nacer.
También trataré de que haya romance, porque sé que en este capi fueron pocos guiños al respecto.
Gracias por leer, espero que me puedan dejar comentarios para saber qué es lo que piensan y para que voten por su pareja favorita con Osen y por su fantasmita favorito (en cada capítulo pueden emitir su voto, para hacerlo interesante).
Aquí pongo las puntuaciones:
Pareja indecisa
Osen x Zetaro: 28 votos
Osen x Soji: 19 votos
Osen x Ben: 5 votos
De acuerdo con los lectores, la mejor pareja para Osen Izumi es Zetaro Ichijouji, en segundo lugar está el nuevo trillizo Soji Yagami y en último lugar el hermanastro sobreprotector, Benjamín Tachikawa… si quieren que la ruleta del amor de la hija de Koushiro siga dando vueltas, ¡sigan votando!
Fantasmita favorito
Shinobu: 13 votos
Noa: 12 votos
Takumi: 9 votos
Hikaru: 4 votos
Moriko: 2 votos
Ronin: 2 votos
Daikichi: 1 votos
Koemi: 0 votos
El bebé mágico de Toshi y Yuri sigue en la delantera, pero es seguido de cerca por la niña de las flores Noa y por el enigmático Takumi y sus frases raras. ¡Espero sigan votando!
De verdad, muchas gracias por leer, seguimos en contacto.
Me despido, les mando saludos y, por favor, no se olviden de dejar el review.
CC.
