¡Hola a todos los lectores!, ¡Feliz próximo primero de agosto!, me da mucho gusto publicar en estas fechas, aunque me habría gustado más poder tener tiempo para escribir esta historia y así ofrecerles varios capis sin parar.

Sé que tardo mucho en publicar y que mis historias pierden continuidad, pero hago lo mejor posible para darme el tiempo de escribir aunque a veces no me alcance el día.

Reitero mi compromiso con este fic, que para mí es el más especial de todos y les doy las gracias por seguir la trilogía desde. ¡Muchas gracias!, nunca me cansaré de repetirlo, así que espero que puedan dejarme un review para saber si siguen por ahí, leyéndome a pesar de mi poca constancia.

Advertencia:

Este capítulo es complicado y largo… espero que le tengan paciencia. Manejo muchas escenas y personajes a la vez, porque los elegidos se dividieron en varios grupos. Por esta razón, será muy común que cambie la escena muy seguido, porque son cosas que están pasando el tiempos paralelos… y luego, además de narrar sobre los adultos y sus hijos, voy a hablar un poco de la trama, de los niños del hubiera y del personaje de Ronin. Si les quedan algunas dudas, estoy segura de que poco a poco las irán resolviendo con los capítulos posteriores, de no ser así pueden cuestionarme.

También quiero agregar que, en la parte final, trabajé escenas del pasado que escribí en mi fic "En fuga…", el cual está relacionado con mi trilogía (es una especie de precuela, pero no necesitan leerla para entender).

Espero le den oportunidad a este episodio aunque está medio eterno y con tanta información, les aseguro que ya en el que sigue habrá más acción, romance, aventura, drama y muchos géneros más.

Resumen:

Para derrotar a los Reyes Demonios Digimon, que quieren hacer la fusión prohibida y robar todos los datos del Digimundo, los elegidos se dividieron en grupos de trabajo:

1) Taichi, Sora, Mimi, Takeru y los chicos Mayumi y Ben fueron a buscar la guarida de los Demon Lords para rescatar a los trillizos y compañía, pero se toparon con el demonio Leviamon dormitando en una charca.

2) Daisuke, Hikari, Toshiro y Kyo fueron a buscar una manera de regresar a la Tierra.

3) Por su parte, Koushiro, Ken y Yamato (y sus chicos) se pusieron a investigar sobre la dimensión donde están atrapados para abrir la puerta al mundo de Witchelny.

4) Iori, Miyako, Jou y el resto del equipo continúa en la réplica de la mansión de Devimon, curando heridos y esperando noticias. El embarazo de Yuri sigue causándole complicaciones a la chica.

5) En la cueva de los Reyes Demonios, éstos descubrieron que Seiyuro rompió el hechizo de Lilithmon, por lo que éste se decidió a luchar contra el enemigo.

6) Yukio Oikawa reunió a los niños fantasmitas para accionar un plan con el propósito de ayudar a los elegidos y cambiar la situación que atraviesan.

7) Genai retornó con apariencia infantil y se llevó a Ronin, para mostrarle su misión y lo que pudo ser su vida si hubiera nacido.

-Este capítulo tiene narrador en tercera persona, casi omnisciente. En la parte dos, hay una retrospección en primera persona-


Apócrifo

Por CieloCriss

11.1


Equipo de Taichi, Takeru, Sora, Mimi, Ben, Mayumi y Calumon


Leviamon era un cocodrilo escarlata gigante. Ben Tachikawa no tenía idea de cuántos metros de largo medía esa bestia, pero le daba la impresión de que a cada exhalación de su hocico, éste crecía más. Estaba dormido en medio de una charca pantanosa, de lodo movedizo.

El Principito llevaba mirándolo buen rato, desde que su grupo había hecho el descubrimiento del demon lord, al que casi despertaban con un pisotón.

El demonio digital estaba boca abajo y reposaba. Su enorme columna vertebral parecía un médano de tierra rojiza, una colina de sangre materializada, una duna de rubíes.

Si ponía atención, a pesar de la niebla y de la oscuridad que había en su entorno, Ben podía ver las escamas azuladas del monstruo y una de sus patas.

A su lado, Taichi Yagami, el líder del grupo, también miraba al monstruo, aunque con unos viejos binoculares. Parecía que estaba aún más concentrado que él en observar a la bestia.

—Tiene dos colas y debe ser tan grande como un Megakabuterimon.

—Ni hablar, yo lo veo todavía más grande— objetó Ben.

Taichi solamente le despeinó el cabello y no lo corrigió.

—¿Notaste algo más, Takeru?— preguntó el líder de 1999.

—No— admitió el escritor.

—Yo estoy seguro de que aunque es grande, de ningún modo podría comerse todo el Digimundo, como dices que menciona la leyenda, Takeru-san— Ben de nuevo interrumpió a los adultos —Es algo estúpido de creer.

Takeru sonrió; Tai volvió a desacomodar el cabello al principito, lo que lo molestó.

—No me ignoren como si fuera un idiota, soy parte de esta expedición y tengo derecho a decir lo que se me pegue la gana.

—No te lo tomes a pecho, Ben-kun, te aseguro que no te estamos ignorando— comentó Takeru —Taichi, volvamos con las chicas, no hay nada más qué precisar.

Ben volvió a gruñir. Hacía pocos minutos su grupo se había dividido en dos. La señora Takenouchi, Mayumi Ishida y su madre, Mimi, se habían ocultado en un paraje cercano para tratar de calmar a Calumon y a curar las heridas de los pies de la primera elegida de la Pureza, quien se había entercado en caminar con zapatos de tacón durante el trayecto.

Por su parte, Taichi, Takeru y Benjamín habían decidido espiar a Leviamon y la zona pantanosa donde éste yacía.

—No sé para qué quieren regresar— opinó Ben —Todavía no tenemos un plan y, de tenerlo, lo mejor sería llevarlo a cabo sin mi bella madre y las demás mujeres… quizá sólo deberíamos ir por Calumon para forzarlo a ayudarnos a materializar a nuestros digimon, yo estoy seguro de que podemos enfrentar al tal Leviamon nosotros solos.

Takeru y Taichi lo miraron de arriba abajo, incrédulos.

—Este Principito es todo un caso— dijo Taichi.

—Ya no se parece en nada a su madre— complementó Takeru.

—Odio que los adultos se rían de mí— renegó el hijo de Michael, cruzando los brazos y volteando la cara.

—Takeru te ha dicho que no te lo tomes a pecho, te tomamos más en serio de lo que creerías— le dijo finalmente Taichi, rodeando al castaño de los hombros mientras Ben hacía un puchero.

—Es que nos causas mucha ternura, Ben-kun.

El chico, de ojos color miel y cejas delgadas, aumentó el gesto de indignación.

—¿TERNURA?

Taichi le cubrió la boca.

Shhh, si gritas puedes despertar a Leviamon— Tai le quitó la mano del rostro, el hijo de Mimi se tragó el coraje.

—No es tiempo de bromear, ¡son unos pésimos adultos!— retobó —toda esta situación es una mierda, lo menos que necesito es que los padres de Taiki y Seiyuro me hagan burla.

Tai y Takeru resoplaron.

—Lo lamento, no lo haremos más— quiso conciliar Takeru —No quiero que nos malentiendas, lo que pasa es que eres todo un caso.

Ben apuñó las manos.

—¿Todo un caso?

—Es que nunca nos imaginamos que un hijo de Mimi saldría con una personalidad tan… peculiar.

—¿Eh?— dijo el Principito.

—Es en el buen sentido de la palabra, Ben-kun— se apresuró a corregir Takeru —Eres un muchacho muy valiente y seguro de sí mismo.

—Hablas de enfrentarte directamente con un digimon demonio, nos recuerdas un poco a cuando estábamos jóvenes— agregó Taichi —además, no se me olvida que aguantaste un ataque directo de Barbamon, es decir, de otro demon lord.

—Cierto, ese asqueroso digimon Barbitas me electrocutó y seguí con vida, lo que me hace súper cool— recordó Ben, sonrojándose ante los halagos de los amigos de su madre —Aunque sobreviví porque me protegió el emblema y porque, en realidad, aquel digimon no quería matarme.

—No te quites crédito— Tai volvió a rodear al hijo de Mimi por la espalda —Es un hecho: el Principito de Mimi es mi héroe porque, además, encontró a mi hijo Soji.

—Ya, como sea, suéltame— Ben se sacudió las ropas después de que Taichi lo dejó en paz. Estaba enrojecido.

Los adulaciones de los adultos lo habían dejado incómodo y confundido, ahora sentía la necesidad de verse todavía más heroico frente a esos elegidos legendarios.

—El poder de los emblemas… es verdad que la clave es aprender a usar los emblemas, hay que hacerlos brillar— opinó Takeru, en su propia dimensión —Es ese brillo el que me hace pensar que Seiyuro y los demás estarán bien aunque no tengan a sus digimons.

Los tres varones se silenciaron un momento. Taichi volvió a observar a Leviamon con su mira-lejos; Takeru suspiró, como si se estuviera inspirando para escribir una historia, y a Ben le dieron ganas de vomitar, pero no dijo nada.

—Volvamos— mandó Taichi.

—¿Has encontrado un punto débil?— preguntó Takeru.

—Eso depende— fue la respuesta de Yagami, antes de tomar la delantera para regresar con el resto de su equipo.


Equipo de Yamato, Ken, Koushiro y los pequeños Zetaro, Osen, Kotaro y Satoru


Yamato Ishida se puso unos guantes de látex, se agachó entre los matorrales y recogió polvo del suelo. Con su brazalete digital materializó un tubo de ensayo y guardó la muestra.

La tierra era inodora, cenicienta, daba la impresión de que era de un material parecido al hollín.

Había estado en el Mar de la Oscuridad varias veces en su vida, pero la tierra nunca había tenido esa consistencia. Era blanda, pero no como la arena… era sencillamente diferente, como de otro planeta.

—¿Qué está haciendo, señor Ishida?— Yamato arqueó las cejas y al girarse, se topó con la curiosa mirada del hijo menor de Ken y Miyako, quien estaba acuclillado a su lado, como una sanguijuela.

-¡Satoru-kun, te dije que dejaras en paz a los adultos!— Kotaro Ishida llegó hasta donde se encontraba el ex astronauta —Lo lamento, papá, es que Sato es muy desobediente.

—¡No es cierto!— el pequeño sacó de sus ropas un libro y lo mostró a los Ishida —En el código de ética de la familia Ichijouji no dice que debo obedecerte, Kotaro-senpai.

Kotty Ishida hizo un puchero y miró con indignación al de siete años.

—Cuando yo tenía tu edad obedecía a todos mis mayores— le regañó —pero las nuevas generaciones van de mal en peor.

—Kotaro-senpai no es mayor, sólo va en sexto de primaria.

—¡Pero pronto tendré novia! Y cuando eso pase seré un hombre.

De haber estado en otra situación, Yamato habría sonreído y disfrutado de esa conversación, pero como estaban en una crisis, lo único que hizo fue dar un coscorrón a su hijo menor.

—Kotty, la única manera de hacerte hombre es ayudando a tu padre, no coqueteando con niñas.

Satoru Ichijouji soltó una risita.

—Y tú, niño, será mejor que regreses con tu padre, para que él te soporte, el tío Matt está ocupado.

Satoru miró a Ishida como si nunca le hubiera dado la orden.

—¿Por qué recoge cosas de la tierra, señor Ishida?— preguntó.

—Porque papá es astronauta, ahora está retirado, pero es el mejor astronauta del mundo— defendió Kotty.

—No sabía que los astronautas recogían muestras del suelo… yo pensé que sólo viajaban en naves espaciales— admitió Satoru.

—Los astronautas somos exploradores también— informó Yamato —Ahora, ¿por qué no van a jugar por ahí?

—Como tú digas, papá— dijo Kotaro, dispuesto a obedecer.

—Jugar es de tontos— terqueó Satoru —¡ayudaré a explorar!, cuando sea grande seré un súper detective y también el mejor astronauta; Min y Tulo me admirarán.

Para impresión de Yamato y Kotty, el pequeño sacó una lupa de su mochila y comenzó a observar los alrededores.

—Oye, papá, ¿qué hago?

—Sólo vigílalo… — gruñó Yamato, guardando la muestra entre sus cosas.

La sensación de estar en ese mundo era como pisar un satélite o un planeta distinto al de la tierra. Era como una dimensión flotante, como un recinto oculto. Yamato tocó el tallo de las malezas y poco a poco éstas se fueron deshaciendo.

Suspiró. Estaban en un lugar que pronto desaparecería. Esa dimensión no era paralela a la Tierra o al Digimundo, era un mundo provisional, algo nunca visto por los elegidos.

Sin dejar de ver a su hijo y al pequeño Satoru, Yamato meditó con intranquilidad sobre la situación en la que se encontraban.

¿Cómo le estaría yendo a los otros grupos?, ¿Sora y Tai habrían encontrado a los chicos secuestrados?

Ishida deseaba estar allá, ayudando a su mujer y a su mejor amigo. Era verdad que ninguno de sus hijos había sido secuestrado, pero dos de sus sobrinos y los hijos de sus amigos estaban a ahí, a merced de la maldad de los Digital Monster malignos.

Pensó en Seiyuro, en el travieso primogénito de su hermano Takeru, el cual lo había preparado para ser padre. La dulce mirada de Min, la más pequeña de sus sobrinos, lo encandiló… los trillizos de Tai y el bebé de Izzy… todos esos chicos estaban secuestrados y quién sabe en qué condiciones.

Apretó los dientes. De reojo vio, a su espalda, las siluetas lejanas de Ken y Koushiro trabajando en conjunto para descubrir la clave para acceder a Witchelny.

—¡Papá!— exclamó entonces Kotaro, quien estaba a unos metros de ahí —¡Tienes que ver eso!

Yamato avistó sus ojos celestes hacia donde estaba su pelirrojo, quien acababa de levantar del suelo a un asustado Satoru, quien tenía las manos llenas de una extraña tinta multicolor.


Equipo de Jyou, Miyako, Iori, Doguen, Kurumi, Yuri y los demás refugiados


Joe Kido terminó de hacerle curaciones a Akane Fujiyama. Le tomó la temperatura y la canalizó para hidratarla con suero.

La mujer abrió los ojos con lentitud al sentir un líquido frío recorrer su cuerpo; miró a Kido e inmediatamente se le remojó la mirada.

—Lo siento mucho, ¿te he lastimado?— preguntó el doctor Kido.

Akane negó.

—Es sólo que… me recuerda mucho su rostro al de Shin Kido, sensei.

—Mis hermanos y yo tenemos rasgos similares— reconoció Jyou, humedeciendo un paño para refrescar la frente de la joven señora —Aunque, siempre he creído que Shin es el más valiente de los tres.

Kido hizo un guiño a Akane, quien le tomó de la muñeca y le dio las gracias.

—¿De verdad usted es amigo de Yagami?— preguntó con anhelo.

El médico asintió, se perdió un momento en los recuerdos y regresó a su realidad actual tras un suspiro.

—Tai me enseñó a creer en mí. Si en aquel entonces no hubiera conocido a Taichi y a los demás, mi vida carecería de sentido— aseguró —Akane-san, descansa un poco más.

Pero la mujer no lo soltó, por lo que el primer portador del emblema de la Sinceridad se tensó.

—¿Lo logrará? ¿Yagami logrará vencer a esos monstruos y traer a esos niños de regreso?, ¿usted cree eso?

—No importa lo que yo crea, lo importante es lo que tú creas, Akane-san.

—Es tarde para aprender a creer…

—Nunca es tarde para volver a empezar— con suavidad, Joe se soltó de la señora y se alejó de la cama de ésta.

Su esposa, Jun Motomiya, acababa de despertar.

—Querido, ¿de verdad está pasando todo esto?, ¿es que así han sido todas las aventuras que tú y mi Doguencito han tenido qué sufrir?

—La única forma de triunfar es con nuestros Digimon, Jun— admitió Kido, se le veía cansado y sudoroso.

A veces veía doble. Sus gafas bifocales se le resbalaban por la nariz y los ojos negros le temblaban de tanto forzar la vista. Estaban refugiados en la réplica de la mansión de Devimon que habían diseñado para el Museo Digimon en la Tierra… ahora el mundo donde vivían parecía estar muy lejos, en otra dimensión.

La madre de los hijos de Tai y la hija de Cody eran los que tenían mayores problemas de salud. Akane necesitaba reposo, pero el caso de Yuriko Hida era diferente… sencillamente a Joe se le escapaba de las manos la solución.

Jun enfocó a su marido y se llevó las manos a la boca. No le gustaba ver así a su Joe, no le gustaba nada de nada.

—Voy a ayudarte a cuidar de los enfermos para que descanses un poco— se ofreció.

—Yo ayudaré con la comida— agregó Makoto Motomiya, la esposa de Daisuke, quien se acercó al matrimonio Kido.

—Si lo permiten, yo también les ayudaré— agregó la nueva esposa de Cody, quien seguía postrado a un lado de la cama de su hija.

Doguen se acercó a su padre.

—¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte un poco?— preguntó el joven de 16 años.

Joe Kido negó, pero acarició la lisa cabellera azulada de su muchacho.

—¿Hay noticias?— preguntó, señalando a Miyako y Kurumi Ichijouji, quienes estaban encargadas de recibir novedades de los grupos exploradores.

—No demasiadas.

Un gemido de Yuri Hida les hizo voltear hacia la camilla donde la chica estaba acostada.

Joe enderezó sus lentes. No había tiempo de descansar.


Equipo de Taichi, Takeru, Sora, Mimi, Ben, Mayumi y Calumon


—Ya no usarás las zapatillas, Mimi, podrías lesionarte si seguimos caminando por el pantano.

—Pero Sora…

—Pero nada, no me discutas, sabes que tengo razón.

Mimi Izumi asintió, miró hacia su zapatos y se los quitó. Su mejor amiga le había puesto curitas alrededor del pie; también le había vendado el tobillo y le había aplicado árnica y desinfectante.

—Estos zapatos me los regaló mi bebé.

—¿Tulo-chan?

—Sí. Estuvo ahorrando por mucho tiempo todo el dinero que Kou y yo le dábamos— la señora se enjuagó las lágrimas —Unos días antes de mi cumpleaños desapareció una de mis zapatillas favoritas y me puse furiosa porque supe que él la tomó, lo regañé mucho… pero cuando fue mi aniversario, Tulo-chan entró a mi habitación con una enorme caja donde estaban estas zapatillas tan lindas… resultó que me había robado el otro zapato para no errar mi número de calzado.

—Es muy detallista para ser tan pequeño.

—Cuando las desempaqué, él las tomó con apremio y me calzó con ellas, me dijo que se había convertido en mi príncipe y yo en su princesa… te juro, Sora, que me derrito con ese niño… aunque bueno, mi Benji se puso algo celoso a pesar de que tiene más de 10 años que el niño.

—¿Querías rescatar a Tulo-chan con estos zapatos para que te los viera puestos?

Como si fuera pequeña, Mimi asintió y se recargó en su amiga.

—Lo mejor será lavarlos y que te los pongas cuando sea la fiesta…

—¿Fiesta?

—Cuando acabe toda esta pesadilla, ¿no te parece que lo mejor sería hacer una fiesta?

La esposa de Koushiro asintió.

—Tienes toda la razón— concordó tras separarse de su amiga.

Miró con recelo los tenis de Hikari que le había prestado Takeru. Respiró hondo y profundo antes de calzarlos.

Mayumi Ishida se acercó a las adultas con Calumon en brazos. La criatura se había dormido después de su crisis de llanto tras ver a Leviamon, al menos eso parecía.

—¿Cómo has conseguido calmarlo?— preguntó Mimi.

May encogió los hombros y puso a Calumon dentro de su mochila.

—¿Le has cantado, verdad?— preguntó Sora, May rodó los ojos y terminó asintiendo.

—Me gustaría que May-chan me cante una canción a mí— aplaudió Mimi.

—De acuerdo con los libros de mi tío Takeru, tú eres la mejor cantante de los niños elegidos, tía Mimi.

—¿Lo dices porque una vez desperté a un enorme sapo digimon que casi nos mata?

Sora sonrió, su hija, en cambio, asintió con seriedad.

—Ni me lo recuerdes, era una chica caprichosa. En esa ocasión, de no haber sido por tu madre Sora, yo habría hecho muchas locuras más, la verdad es que hubiera preferido cantar tan bonito, como tú, para dormir a una criatura como Calumon-chan y no para despertar a sapos con problemas de personalidad.

—No. Lo más reconfortante es que un canto o una melodía te repare el corazón— comentó Mayumi.

—Entonces la música y el canto serían magia— consideró Mimi.

—Sí— replicó la rubia.

Sora se entretuvo mandando un mensaje a Miyako por su D3. El ruido del envío hizo que su hija mayor y Mimi la voltearan a ver.

—¿Les has avisado sobre la ubicación de Leviamon?— preguntó Mayumi.

—Sí— contestó Sora —Taichi no me lo pidió, pero es mejor adelantarme.

—¿Tai no quería que les avisaras?— preguntó Mimi.

—No me lo dijo, pero lo sospecho. Él hubiera preferido avisar cuando ya tuviéramos un plan.

—¿Entonces por qué te has adelantado, mamá?

—Porque existe la posibilidad de que Leviamon haya descubierto a Tai y a los demás y, si ese es el caso, debemos estar un paso adelante.

Mimi tragó saliva y tembló. La sola idea de que algo pudiera pasarle a su Benjamín la llenó de terror. En cambio, Mayumi se irguió tras dejar la mochila con Calumon cerca de su madre.

Dio un salto y comenzó a trepar un árbol seco que estaba cerca de las elegidas.

—Con cuidado, hija— pidió Sora.

—¿Qué hace?— cuestionó Mimi, pero no obtuvo una respuesta inmediata.

Fue hasta un minuto después que May descendió del tronco con otro salto ágil.

—Buenas noticias, ellos están a salvo y vienen hacia acá, los he visto caminar hacia nosotras.

Con eso bastó para que las respiraciones de Mimi y Sora se acompasaran.


Equipo de Seiyuro, Hidemi, Taiki, Soji, Min y Tulo


La potente luz de la esperanza era amarilla, como los rayos solares matutinos. Taiki lo miró desde lejos y entendió que su amigo Takaishi se acababa de liberar del hechizo de la lady demon, Lilithmon.

—… ¡yo te destruiré porque me hiciste ver el peor lado de mí mismo!…— gritó Sei con fuerza, mientras que, en el escondite de los trillizos, esa voz sonaba como eco —¡Pardiez! ¡pero entérense ahora, demonios!... no me importa qué tan fuertes sean, no me importa cuánta oscuridad haya en este lugar, no me importa en cuánta desventaja estemos… la única verdad es que nosotros ganaremos… y en esta lucha les juro que mi hermana hará un milagro, un hermoso milagro que de negro no tendrá nada, ¡será dorado como toda ella!

—Lo han descubierto, ¡maldición, Seiyuro!— Taiki Yagami, que se había asomado nuevamente por una ventanilla de drenaje que conectaba al salón de los Demon Lord, dio un salto hacia el interior de la cloaca, donde Tulo Izumi y sus hermanos lo miraban con expectación.

—¿Qué vamos a hacer?— preguntó Soji. Tulo se embarró en la ropa del chico y ocultó la carita.

—¡Ni hablar, tenemos qué ayudarlo!— respondió Hidemi casi inmediatamente después de que su 'nuevo' hermano había cuestionado.

Taiki vio el dibujo de Wargreymon, apretó los dientes y se guardó el papel en su gastado pantalón.

—Iré yo solo, ustedes escóndanse— mandó a sus hermanos.

—¡No te haré caso, debemos salvar a Sei y a Min!— peleó Hidemi.

—No quiero que corran peligro— explicó el mayor.

—Vamos a correr peligro de todas formas— dijo, con sangre fría, Soji —ellos nos cazarán tarde o temprano, no hay oportunidad de salir con vida de este lugar.

—No digas eso, hermano— trató de animar Hidemi.

—Lo que nos queda es elegir cómo morir— agregó Soji, mirando a Taiki —¿Cómo prefieres morir, hijo de Tai?, ¿en soledad y creyéndote un héroe?, ¿o al lado de tus presuntamente amados hermanos?

—¡No cuestiones el amor que siento por mis hermanos!— exclamó Taik, tomando por la ropa a su consanguíneo.

A lo lejos, se escucharon las voces de Seiyuro Takaishi y de los demonios digitales:

¡Acaben con Esperanza!

¡Los haré mil pedazos!

Hidemi gimió desconsolada y miró a Taiki, quien asintió, pero entonces Soji los interrumpió.

—El niño no está— avisó con preocupación, notando que el pequeño Tulo Izumi-Tachikawa no estaba colgado de su ropa ni en los alrededores.

—Esto no puede estar peor— gruñó el trillizo mayor, mirando la salida del drenaje. Era muy posible que, por discutir con sus hermanos, el pequeño se hubiera escapado sin permiso.

—¿Y ahora qué, hijo de Tai?— volvió a preguntar Soji.

—Ahora, Soji, a pelear.

Hidemi asintió. Soji no dijo nada, sin embargo, los siguió.


Equipo de Taichi, Takeru, Sora, Mimi, Ben, Mayumi y Calumon


La hoguera no delimitaba sus rostros repletos de oscuridad.

Los seis estaban alrededor de la fogata y se miraban con inquietud mientras comían onigiris.

Sora y Tai habían logrado encender una fogata insípida después de varios intentos.

—Miyako dice que este mundo es una transición, quizá por eso el fuego no es consistente— dijo Takeru.

—Con esto bastará para calentarlos— aseguró Taichi.

—Pero… ¿en verdad ese plan funcionará?— preguntó Mimi, dubitativa.

—Nuestro deber es creer en nuestro líder— fue la respuesta de Sora

Los dos chicos que acompañaban a los adultos no participaban en esa conversación, ya que estaban un poco alejados. Mayumi no parecía concentrada en poner atención, lo que la hacía masticar con suavidad los alimentos y mirar por tiempos la mochila donde dormía Calumon.

Ben Tachikawa se dedicaba a observar a la rubia y a rascarse la cabeza. Su cabello estaba más destruido que nunca: algunos gajos marrones los tenía chamuscados y, los cabellos que todavía sobrevivían, se había ennegrecido y despeinado por los bruscos cariños del señor Yagami.

De haber estado en otras circunstancias, el chico se habría negado a colaborar hasta arreglarse el pelo, pero, en su actualidad, el cabello era lo que menos le importaba.

No pensaba en su plan de vida de ser un actor famoso como su abuelo, no pensaba en que todavía no conocía el verdadero amor, no pensaba en que estaba hecho un desastre y que más que príncipe, parecía mendigo.

No, él no pensaba en esas cosas. Toda su mente estaba llena de pensamientos grises dedicados a sus seres queridos y a la lucha que encabezaban.

Pensaba en su hermanastra y en que le habían quitado los pensamientos curiosos que tanto le gustaban a él; pensaba en su hermanito Tulo y el sonido de sus berridos cuando se hacía pis; pensaba en su padre navegando en un crucero por su luna de miel; pensaba en la fragilidad de su madre, en la seguridad que le brindaba su padrastro, en la entereza del señor Yagami, en la voz de Takeru Takaishi y la mirada determinada de la señora Ishida...

Pensaba también en sus amigos, en sus compañeros de aventuras, en May, quien seguramente estaba pensando en Taiki.

—¡Mierda!, mi mente es un desastre— susurró bajito, pero la rubia Ishida alcanzó a oírlo.

—Enfócate en la misión— pidió Mayumi.

—Eso haré, déjame en paz.

Los chicos se dirigieron la mirada y bufaron.

No era la primera vez que hacían equipo, ya que les había tocado colaborar juntos en las aventuras de la fusión prohibida.

—Haz madurado mucho desde la última vez que luchamos juntos…— admitió la rubia.

—Tú sigues igual, Mayumi.

—¿Eso qué significa?— preguntó la chica.

—Que no cambias… si Taiki no existiera y no tuvieras ese carácter tan nocivo, me habría enamorado de ti— el chico lo dijo sin detenerse a pensar.

—¿Qué tonterías dices?

—Digo que pudiste haberme gustado— afirmó Tachikawa.

—¿Por qué lo dices ahora?

Ben suspiró y se acercó al oído de Mayumi.

—Eres la mujer que ha estado más cerca de gustarme y la verdad es que puede que no logremos salir vivos de esta, entonces lo digo porque eres lo más cercano a inspiración que tengo ahora mismo.

—Son estupideces— consideró la rubia —No necesitas ese tipo de inspiración proveniente de un hubiera. Además, ¿carácter nocivo? ¿yo?, ¿y si no existiera Taiki?

—Así es, tú y yo seríamos nocivos; además, no sólo hay un Taiki, también hay un Soji.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Nada. No tiene que ver nada. Simplemente no me entiendes, por eso no me gustas.

Mayumi puso los ojos en blanco.

—No te entiendes ni siquiera tú mismo, Ben.

—Ya lo sé— Tachikawa, de un bocado, se tragó el onigiri. Estuvo a punto de ahogarse pero Mayumi le pasó una botella con agua y le palmeó la espalda mientras el hijo de Mimi tosía.

—Si vas a morirte, mejor hazlo después de la misión— regañó la chica.

Takeru alzó la mirada hasta los chicos.

—¿Están listos?— le preguntó.

Los adolescentes de 15 años no asintieron, pero de inmediato se pusieron de pie.


Equipo de Daisuke, Hikari y sus hijos Kyosuke y Toshiro, respectivamente.


Toshiro se sintió derrotado al tratar de levantar a su desmayada mamá del suelo. Lo intentó varias veces, pero no pudo sostenerla: le temblaban las manos, las pupilas de los ojos y el mismo corazón.

Hikari no despertaba. Mientras caminaban se había desvanecido y no habían podido hacerle recuperar el sentido.

El castaño había intentado por todos los medios posibles conectarse con su mamá, pero no pudo lograr que su madre se recuperara.

El cielo se oscurecía cada vez más. A Toshiro le parecía que la densa capa negra que los cubría amenazaba con extinguir la luz de su mamá… y la de todos los demás.

Cerró los ojos con la esperanza de recordar la carita del niño que sería su hijo, pero sólo pudo delinear en su mente el perfil de Yuriko Hida sufriendo a causa del embarazo.

Acomodó a Hikari nuevamente en la hierba de ceniza. Se quitó la sudadera e hizo una almohada para que su madre estuviera más cómoda.

No había humedad en ese Mar de la Oscuridad. Lo único mojado eran sus ojos, pero Toshiro no podía llorar con plenitud, no se lo permitía.

Tenía el corazón partido en varias partes y cada una de éstas se estaba quemando: sus hermanos y primos, secuestrados; su padre lejos de él; su bebé y novia en riesgo; su madre desmayada, y él, como imbécil, paralizado por el terror.

Le hubiera gustado tener al lado a su hermano del alma, porque Seiyuro sabía sonreír con confianza. No obstante, con tanta oscuridad, ¿sería posible que Sei todavía supiera reír?

Los árboles y las montañas de ese lugar eran carbón y cenizas. Nada parecía tener vida en ese lugar… ¿cómo regresar a la Tierra si ni siquiera sabía en dónde estaban?

—Camarada…—Kyosuke Motomiya llamó a su mejor amigo. Toshi alzó la cabeza y vio que el chico se le acercaba con el rostro acongojado.

Unos minutos atrás, el joven Motomiya había ido a buscar a su padre Daisuke, quien se había adentrado en los matorrales hacía más o menos dos horas.

—Kyo, ¿y el tío Dai?— preguntó Toshiro, tragando saliva.

—No está— respondió el hijo del empresario —encontré sus cosas, pero él no está…

Toshiro se puso de pie y Kyo abrazó a su viejo amigo para tratar de calmarse.

—Tranquilo… tío Daisuke estará bien, él y mi tío Tai fueron los líderes, son los más fuertes.

El moreno trató de asentirle al hijo de Hikari. De su espalda se quitó la mochila de su padre y la arrojó al suelo.

—No sé qué hacer con la situación, camarada… dime, ¿cómo podemos encontrar a mi papá?

Toshiro Takaishi bajó la mirada y por unos momentos se entretuvo mirando el suave rostro de su madre.

—Iremos a buscar a tu padre…— dijo el castaño —No hay tiempo que perder, Kyo.

—Pero Toshi…

—Tú también eres un líder de los elegidos— dijo con determinación Toshiro.

—Siempre he negado esos créditos, somos Seiyuro, tú y yo quienes tomamos las decisiones en conjunto.

—No hay tiempo para discutir eso, ayúdame a cargar a mi mamá en mi espalda— mandó Toshi, quien tenía serios problemas para levantar del suelo a su progenitora, a pesar de que ella era esbelta y de baja estatura.

Kyosuke Motomiya le dedicó una suave sonrisa.

—Sí te pareces a tu tío Tai, como dice mi papá.

—Ayúdame a subir a mi mamá a mi espalda— repitió Toshiro.

El musculoso hijo de Daisuke obedeció, pero en lugar de depositar a Kari en los brazos de Toshi, la acomodó en su propia espalda.

—Listo— dijo —Es mejor así, soy más fuerte que tú, te ayudaré a cargarla.

Toshiro palideció y se dio un tope en la pared.

—Soy un fracaso, ni siquiera puedo cargar a mi mamá… — se quejó —¿Cómo podré darle un hogar a Yuri y a Shinobu si ni siquiera puedo hacerme cargo de mi mamá?

—Toshi, no seas así, estás en etapa de crecimiento, sufres de crisis de ansiedad y, además, soy demasiado fuerte para mi propio bien— manifestó el dueño del Valor —Será mejor que no perdamos más tiempo aquí, vamos a buscar a mi padre.

Toshi apretó las cejas y se echó los equipajes al hombro.

—Maldito Kyosuke fortachón— envidió en bajito, pero de alguna manera se tranquilizó un poco. Dio gracias por tener a ese amigo caminando a su lado


Yukio Oikawa y los niños del hubiera


—El tiempo ha llegado, mis pequeños, pronto iremos al Digimundo— dijo Yukio Oikawa a los niños de hubiera. Varias veces había repetido esa frase.

Los pequeños fantasmas se sentaron alrededor del hombre ojeroso, de cabello oscuro y labios carcomidos.

Alrededor de ellos volaban mariposas.

Moriko temblaba y se abrazaba las piernas; Hikaru y Takumi se tomaban de las manos sin darse cuenta; Noa, de cabello castaño y ojos azules, sostenía una flor de su jardín, mientras que el invidente Daikichi estaba sentado de forma incorrecta y más alejado de los demás.

La única que no estaba sentada era la pequeña Koemi. Estaba de pie, pero era tan chiquita que no sobresalía. Tenía la mirada de hierro, como si ceder no fuera una opción.

—No entendemos esa palabrería— dijo Koemi a Oikawa —hemos esperado mucho tiempo para saber lo que está pasando… sabemos que somos mariposas y que no pertenecemos aquí, pero no entendemos eso de que el tiempo ha llegado, usted dijo que vendría Genai y que éste lo sabría todo, pero Genai es un niño como nosotros y se llevó a nuestro Samurai Ronin.

Oikawa se acercó un poco más a los infantes.

—¿No le pasará nada a nuestro Samurai Ronin, verdad?— preguntó Noa, llevándose la flor de la armonía a su pecho.

—Genai se los ha dicho, que somos energía del Digimundo. Somos mariposas migrantes que nos colamos a esta dimensión… estamos aquí porque el tiempo ha sido concebido y es hora de cambiar el pasado.

—¿Para poder nacer?— preguntó Daikichi.

—Sí, para poder nacer— explicó Oikawa —Cada uno de ustedes debió nacer, pero no lo hizo a causa del efecto de las memorias borradas y la fusión prohibida, dos leyendas del Digimundo que se han hecho realidad a partir del año 2027.

Los chicos se rascaron la cabeza. La única que parecía comprender algo era la hadita Koemi.

—Moriko Kido, la elegida de la Generosidad, debió nacer en el verano del 2029, seguida de Daikichi Motomiya, elegido de la Fortaleza, quien debió llegar al mundo humano ese mismo otoño. Hikaru Yagami y Takumi Ishida, elegidos de la Felicidad y la Empatía, debieron ver la luz de la tierra en la primavera del 2030, en tanto que Koemi Izumi, elegida del emblema de los Sueños, debió nacer ese invierno. Por último, Noa Takaishi, heredera de la Armonía, debió haber nacido en el 2031. En el mundo humano corre el año 2032, todos ustedes perdieron su oportunidad de nacer, todos con excepción del niño heredero del emblema del Tiempo.

—¿Dices que hay otro chico que es mariposa-humano como nosotros?— preguntó Takumi.

—Así es— dijo Oikawa —Gracias a que ese humano fue engendrado, podremos cambiar este mundo.

—¿Dónde está ese niño?— cuestionó Moriko, acomodando sus gafas.

—Aún no nace.

—¿Falta mucho para que nazca?— preguntó, inquieta, Hikaru —Yo no puedo esperar tanto, mis hermanos están en peligro…

—Así es, la princesa Min nos lo ha dicho, todos nuestros seres queridos tienen problemas por culpa de los digimons malos— dijo Noa —yo quiero nacer, pero me preocupa más que estén bien mis príncipes y princesa… tenemos qué rescatarlos.

—Así es, ellos nos necesitan— apremió Hikaru.

—Prometiste que nos ayudarías, quiero que los gatos tengan más de siete vidas— comentó Takumi, pero nadie entendió lo que quiso decir.

—Cumplimos con nuestra parte, les dimos la clave y la llave, les apoyamos en lo que pudimos, pero eso no fue suficiente— dijo Koemi —¿Qué sigue ahora?

—Invocarlo…

—¿Qué?— se oyó en coro.

—Invocar al niño del tiempo…

—Pero dijiste que todavía no nace— reclamó Koemi.

—Es verdad, sólo ha sido concebido. No obstante, con eso es suficiente para llamarlo… después de todo, se trata del tiempo.

—Pues otra vez, como siempre, yo no entiendo nada— suspiró Daikichi, jugueteando su bastón.


Equipo de Seiyuro, Hidemi, Taiki, Soji, Min y Tulo


Lucemon Falldown Mode ni siquiera se puso de pie ante la amenaza del elegido del emblema de la Esperanza. Era verdad que del cuerpo del joven se desprendía una luz poderosa, pero en un mundo de tinieblas un rayo así no era amenaza para nadie.

Estiró los labios y sonrió. Los otros digimon se tensaron. Beelzemon recordó que ese humano había podido materializar a un MagnaAngemon con un papel, aunque claro, eso lo había logrado gracias a Calumon; Daemon, por su parte, rió en bajito, como si sus pensamientos estuvieran en otra parte.

Lilithmon se sintió humillada y ofendida por el atrevimiento de ese varón que había roto su espejo, por esa razón estiró sus garras, para despedazarlo por semejando atrevimiento.

—¡Déjale!— imperó Daemon, golpeando a su vez a la lady demon, a quien le agrietó la mejilla y le salió sangre.

—Es mi presa— se defendió la digimon —¡Es mi presa y lo voy a matar!

—No hasta que corrompamos su emblema— indicó Lucemon, con calma —Ahora, Beelzemon, regresa al humano de la Esperanza a su celda, no nos sirve de nada si no podemos corromper a la usuaria del emblema de los Milagros.

—¿Y cómo corromperás ese emblema, Lucemon?— Beelzemon preguntó con ironía, aunque trató de disimularla, porque aunque no le gustaba estar en grupos sabía que, del equipo de los demonios digitales, Lucemon era el líder.

—Tortura, sangre… tinieblas— respondió el villano —de nada sirve provocar dolor en sus seres queridos si el usuario es tan puro… Daemon, si no me equivoco, ¿has logrado mejorar la semilla de la oscuridad?

—Así es, renové la semilla con base en las fallas que ésta presentó con el último Kaiser, Zetaro Ichijouji, ¿estás sugiriendo que implantemos la semilla en esa mocosa?

Lucemon FM meneó la cabeza. Esta vez su sonrisa fue como la de un payaso.

Sei había estado todo ese tiempo en guardia, con el dibujo estirado y a punto de lanzarse a correr para tratar de escapar junto con su hermana, pero –al parecer- los Demon Lord no habían tomado en serio su declaración de guerra porque discutían entre ellos.

Hablaban de que querían implantar una semilla de la oscuridad en su hermana y eso él no podía permitirlo.

—Min, ¿estás bien?— preguntó tembloroso y en voz baja.

—Hermano, tengo mucho miedo.

—Lo sé, linda, lo sé— comprendió el hermano —Escucha, Min, ¿puedes levantarte?

La nena asintió y obedeció a Sei.

—Esconde el sombrero de Wizardmon en tu vestido, ¿puedes?

—Sí— la niña hizo caso lo más rápido que pudo.

Seiyuro se agachó a la altura de su hermanita. Los dos trepidaban del pánico.

—Vamos, súbete a mi espalda y sujétate fuerte… no te sueltes por nada del mundo, sólo cuando yo te lo pida.

—Hermano… ¿qué es una semilla de la oscuridad?— preguntó Minagawa, mientras rodeaba con sus bracitos el cuello del mayor de sus hermanos.

—No necesitas saber eso— Fue la respuesta de Sei, quien empezó a retroceder del área de rituales.

Beelzemon lo notó de inmediato. Dio un salto y en un segundo estuvo frente a Sei y Mina.

—¿A dónde crees que vas?

Seiyuro no vaciló.

—No permitiré que hagan daño a mi hermana— dijo con firmeza, todavía con su dibujo en manos.

Beelzemon sacó la lengua y se delineó los labios, listo para atacar. No obstante, la llegada y los gritos de Barbamon, el demon lord de la Avaricia, hicieron temblar la sala de rituales.

La puerta principal del recinto fue abierta por demonio, el cual, a su vez lanzó hacia Lucemon FM a Belphemon, el digimon de la pereza, quien roncaba imperturbable y sin remordimiento alguno.

—¡Se ha escapado!— gritó a Lucemon —¡Belphemon permitió que el mocoso de la Creación se escapara!, ha dicho, entre balbuceos, que el doctor Kido intervino, ¡te dije que debíamos matarlo!

—¡Deberíamos matar a todos esos mocosos y olvidarnos del Apócrifo!— renegó Beelzemon —No necesitamos de esos emblemas para triunfar.

—¡Yo quiero a mi presa, rompió mi espejo!— chilló Lilithmon.

Sei sólo pudo pestañear, empezó a dar pasos cortos para evadir a los demon lords, que estaban molestos y parecían haberse olvidado de sus 'presas'.

—No sé qué diantres está pasando aquí— susurró —pero esta puede ser una oportunidad.

La rubita asintió.

—Tulo escapó de los malos— dijo la pequeña, sintiéndose un poco más segura.

—Ey, Sei, por aquí— avisó Taiki Yagami, asomándose por uno de los tronos.

Seiyuro Takaishi sonrió. Lucemon FM, quien lo veía desde lejos mientras sus compañeros discutían, consideró que la sonrisa de ese humano era demasiado prematura.


Ronin y el señor Genai


Ronin recuperó la conciencia poco después de sentir que desaparecía.

Le había dolido algo y no sabía qué ni por qué. No comprendía lo que era un malestar, ni cómo se sentía el dolor, pero consideraba que ese temblor que percibió en él había sido fuerte y molesto: Dolía.

Miró su cuerpo, seguía teniendo forma de un humano. Su piel brillaba un poco, sus ojos pesaban mucho. Ese ambiente en el que despertó era muy diferente al mundo donde había pernoctado durante toda su existencia.

A su alrededor no había bosques oscuros ni arena gris. No había un peñasco, no había agua salada, a lo lejos no se veía un castillo.

No. Ronin no estaba más en la dimensión donde existía, el niño Genai lo había llevado a un lugar desconocido, asfixiante, rojizo, humeante.

Se sentó y vio con perturbación que se encontraba en un lugar muy luminoso, cerca de un abismo.

Una pared de fuego se alzaba de manera imperiosa frente a él.

Lumbre, llama, calor. Ronin conocía esas palabras porque era un ente misterioso y Oikawa le había enseñado muchas cosas, no obstante, era la primera vez que veía fuego.

—¿Qué es este lugar?— preguntó asombrado, se sintió incapaz de ponerse de pie, lo que sus ojos avistaban era demasiado impresionante.

Su mirada de castañuelas no estaba impuesta a tanta luz, por eso se sentía pesado, por eso algo le dolía.

—Lo que ves es un cortafuegos— dijo Genai en su forma de infante —Estamos en el Muro del Fuego.

—¿Muro del fuego?

—Así es, el Muro de Fuego.

—¿Qué hacemos aquí?

—Esta pared de llamas marca la frontera entre el área oscura y el Mundo Digimon.

—Es impresionante.

—Lo es—Genai ofreció la mano a Ronin, para que éste se terminara de levantar.

—Gracias…— dijo Ronin, suspirando.

—¿Te pasa algo?

—Dijiste que me llevarías al mundo del pasado en el cual no nací, pero en cambio me has traído a este lugar.

—Así es. Te he traído al Muro del Fuego porque es el origen, es la frontera— Genai siguió aprensando la mano de Ronin y empezó a caminar. El joven trató de seguirle el paso, pero su cuerpo estaba cansado.

—¿A dónde me llevas?

El Muro de Fuego se asemejaba a un volcán en erupción, sin embargo, la cascada de fuego se interrumpía a la mitad de la pared.

—Desde que el Digimundo y sus mundos paralelos fueron creados, los cortafuegos protegen la red de intrusiones no deseadas y, como puedes ver, este muro está cuarteado, roto…

—El fuego se interrumpe… se acaba… a pesar de la intensidad de la pared de llamas, existe esa abertura…

—Es la abertura por la que entramos y también es el orificio por donde la oscuridad se metió al Mundo Digital, que es el sitio que protegen los niños elegidos del mundo real y nosotros, los agentes de la homeostasis.

—¿Qué dices?

—Que no has nacido como humano. Moriste antes de nacer, pero la homeostasis te convirtió en datos digitales y te transformó en un agente, justo como sucedió conmigo.

Ronin soltó la mano de Genai. No entendió lo que le decían.

—…

—¿No dices nada?

—¿Y qué es Yukio Oikawa?

—Él también es un agente, ya que renunció a su forma humana para reconstruir este mundo.

—Yo no renuncié a mi forma humana…

—Aún así te eligieron por morir en el Digimundo y ser hijo de elegidos— Genai comenzó a caminar al lado contrario del muro, Ronin lo siguió porque no tenía idea de qué hacer. —Oikawa, los agentes que son mis copias y yo hemos cuidado de ti todo este tiempo…

El joven resopló. Si su sola existencia siempre lo había confundido, el significado de su existencia parecía ser un reto mayor.

—Aquí, en el Muro del Fuego, se encuentran escondidos los grandes misterios de nuestro Digimundo. Los datos más valiosos están aquí, como las profecías y el origen de los emblemas. Nosotros, los entes relacionados con la homeostasis también visitamos este sitio muy seguido.

El joven de cabello morado miró la paredes resplandecientes que señaló Genai, las cuales estaban llenas de símbolos.

Cerca de ellos había unas baterías cilíndricas gigantes que albergaban más datos luminosos. Un humo vaporoso los cubría. Ronin descubrió cómo se sentía la humedad y su cuerpo se llenó de calor.

—Si yo verdaderamente pertenezco aquí, ¿por qué no me habías traído antes?

—Por circunstancias que no conocemos, tus datos acabaron en el mundo oscuro y fue ahí donde hiciste la metamorfosis como agente, nosotros no pudimos sacarte de ahí en aquellos momentos, sólo pudimos enviar a Oikawa a que te cuidara…—Genai dirigió la mano de Ronin hasta que éste tocó las paredes luminosas que estaban cerca de las llamas, el rostro del muchacho brilló por breves segundos, como si al palpar las profecías pudiera entender los símbolos; Genai continuó —Años después fui atacado por un virus, lo que desencadenó la profecía de la Fusión Prohibida que sucedió en el 2027… fue ahí cuando los elegidos destruyeron mi forma contaminada y la homeostasis me tuvo que recuperar poco a poco; el nuevo Genai, o sea yo, tiene apenas cinco años, pero conservo todas las memorias que se borraron con mi muerte.

—¿Los elegidos te destruyeron?

—Sí, lo hicieron tus contemporáneos.

—¿Mis contemporáneos?

—Hablo de los que pudieron ser tus padres, hermanos y amigos. Los niños que viven contigo en el área oscura son humanos que debieron nacer y como no lo hicieron, sus almas tomaron forma de emblemas— Genai acercó la otra mano de Ronin y lo instó a seguir tocando las paredes llenas de símbolos, las cuales el joven entendía por medio de un proceso parecido al de ósmosis.

'Cuando los separados encuentren un punto en común que los una, habrá iniciado el proceso para la realización de la Fusión Prohibida; en los lagos no habrá más agua, el cielo dejará de dar luz y los vivos tendrán un futuro incierto' dijo, sin darse cuenta, Ronin.

—Muy bien, puedes entender las profecías con sólo tocarlas— felicitó Genai —Eso que has dicho es parte de la profecía del fusión prohibida ¿puedes leer más?

'El Sol será intenso por unos instantes, luego se oscurecerá, el sol no ha muerto, sólo esconde su vitalidad. Si se realiza el Puente del Corazón entre los elegidos y demuestran ser dignos de sus crestas, la Fusión Prohibida se suspenderá y los humanos y sus digimon volverán a estar a salvo', agregó el muchacho.

Se secó el sudor con admiración, ya que nunca antes había sudado. Era como si su verdadero destino estuviera apareciendo.

—Serás un excelente agente— consideró Genai.

Ronin negó.

—Aún no entiendo nada, aunque mi cuerpo por primera vez siente. ¿Puedes decirme qué es la homeostasis, Genai?

—No lo sé con precisión, podría decirse que es todo aquello que desea el equilibrio del Mundo Digital. Podría decirse que son espíritus o simples datos, pero lo importante es que esa entidad nos ha elegido.

—Quiero comprenderlo todo…— admitió Ronin —sin embargo, mi prioridad es apoyar a los niños que me han hecho compañía todo este tiempo, me has dicho que puedo ayudarlos a nacer, ¿no es así?, dime lo que tengo qué hacer.

—Es fácil, sólo debes conocer de dónde vienes y comprometerte con la causa, lo demás lo harán los DigiGnomos.

—¿DigiGnomos?— dijo para sí mismo —Ni siquiera entiendo bien lo que son los digimon, los vi con seguridad hace mucho tiempo, antes de que desaparecieran… ¿y quieres que entienda lo que son los digignomos?

El niño Genai sonrió como si le gustara que Ronin albergara dudas en su interior. De su extravagante vestuario sacó un viejo silbato.

—Hace mucho, un digimon llamado Gatomon me regaló este silbato para poder llamarlos, a los digignomos— Genai sopló con fuerza y el sonido del silbido se esparció por todo el Muro del Fuego.

Ronin se exaltó al notar que de la cascada de fuego salían unas criaturas blancas, de rostros curiosos.

—No intentes entender a los digignomos, lo único importante de estos pequeños es que tienen la capacidad de hacer realidad los deseos de los humanos en el Mundo Digital— aconsejó Genai.

—¿Deseos de los humanos?

—Sí, y también de los digimon. Los DigiGnomos son inteligencia artificial después de todo.

—¿Para qué los has llamado?

—Para que nos ayuden a llamar al humano que nos ayudará a reformarlo todo.

—¿A quién te refieres?

—Ahora lo verás… primero debemos esperar a que Oikawa empiece el ritual.


Equipo de Yamato, Ken, Koushiro y los pequeños Zetaro, Osen, Kotaro y Satoru


Osen Izumi vio que su padre platicaba con el señor Ichijouji y suspiró de alivio. Desde que su equipo había iniciado la expedición había sentido mucha tensión entre los adultos por culpa de todo lo que había pasado entre ella y Zet.

La pelirroja pestañeó, dirigió su mano hacia el brazalete digital que le habían prestado pero fue incapaz de abrirlo. A pesar de que sus amigos habían compartido sus emblemas con ella, la cresta del Conocimiento no brillaba con plenitud.

A Osen le daba la impresión de que se había perdido en un laberinto y aunque ya podía actuar con normalidad, sus capacidades cognitivas se habían extinguido hasta el punto de casi desaparecer.

La chica frenó sus lágrimas por sentirse inútil, sacudió la cabeza y se puso de pie con dificultad. Sentía un piquete en la garganta y por eso tosía de vez en cuando.

—A veces pienso que soy alérgica a la maldad del Digimundo— dijo para ella misma, mientras miraba a su alrededor sin enfocar nada es específico.

Siempre que iba de aventuras terminaba tosiendo o enfermándose sin coherencia alguna y eso la frustraba.

La palabra ignorancia se le dibujaba en sus pensamientos cortos e inconexos. Se apretó el pecho, respiró con más prisa. Sintió que el brillo de su emblema se estaba apagando… si eso pasaba sabía que en lugar de ser útil, terminaría siendo una carga para su papá y los demás.

Se dio cuenta de que estaba llorando cuando la lágrima rodó hasta su brazo y se impregnó en las vendas que le cubrían las manos y algunos dedos.

—No llores, por favor— susurró Zetaro Ichijouji, quien al verla en mal estado se había acercado a ella.

El hijo intermedio de los Ichijouji le tomó las manos con ternura y la miró con preocupación.

Osen se soltó un poco asustada.

—Perdona, ya no voy a llorar— se disculpó la pelirroja.

—No, perdóname a mí, te asusté al tomarte de las manos sin avisar— se disculpó Zet.

Los dos suspiraron al mismo tiempo. Zetaro dirigió su pulgar al rostro de Osen y le secó las lágrimas que corrían por sus mejillas.

—Sé que me dijiste que íbamos a ser amigos— dijo, apenado —y eso seremos, no creas que me estoy propasando, le prometí a Ben que no lo haría… y yo… la verdad es que… sólo...

Osen observó las manos de Zetaro.

Mientras que los dedos de ella habían sido heridos para que escribiera con sangre, los dedos de Zet Ichijouji estaban llenos de tinta. La pintura que teñía casi toda su palma era de varios colores, como si un arco iris se hubiera revolcado entre las huellas dactilares de su amigo.

—Es el color de las mariposas digitales… — murmuró la pelirroja, tomando las manos de Zetaro con mucho interés.

El chico se sonrojó de inmediato y sintió que las piernas le temblaban cual gelatina.

—¿Mariposas digitales?— alcanzó a preguntar, antes de que sus ojeras se sobrecalentaran por el tacto inesperado de la hija de Izzy.

—Tus dedos tienen pintura… es igual al multicolor de las alas de las mariposas digitales.

—Yo… yo…

Osen le soltó las manos y Zet pudo recuperar el tono pálido de su cara. La chica, en cambio, comenzó a quitarse las vendas y banditas de sus dedos.

—Espera, estás herida, no te quites las gasas.

—¿No te das cuenta de que podemos intentarlo?

—¿Intentarlo?

—Podemos hacerlo, estoy segura… podemos hacer una mariposa digital.


Yukio Oikawa y los niños del hubiera


Los niños del hubiera quedaron pensativos un momento.

—¿Dices que lo único que hay qué hacer es sacrificar los emblemas que dijiste que teníamos?— quiso confirmar Koemi.

Yukio les asintió.

—Para que el milagro suceda y podamos materializar al enviado del tiempo, debemos sacrificar los emblemas que heredaron.

—Las luciérnagas mueren después de quemarse— dijo Takumi.

—¿Y eso qué significa?— se extrañó Hikaru.

—¿Moriremos si quemamos a los emblemas?— hizo la cuestión el rubio de ojos plateados.

—Confíen en mí, mis pequeños… si sacrifican los emblemas éstos irán al Muro del Fuego, donde está Genai.

—¿Y Ronin? ¿Estará ahí nuestro Ronin?— preguntó Daikichi.

—Tenlo por seguro— Oikawa dibujó un círculo en el suelo —Concentren sus energías en este círculo…

—¿Y qué pasará si nos mientes? ¿Por qué debemos confiar en ti si has sido malo con Samurai Ronin cuando éste era más chico?— preguntó de nueva cuenta Koemi.

—Di mi vida por el Digimundo… mi único deseo es que ese lugar vuelva a florecer, que esa tierra se llene de sonrisas de humanos y digimon… quiero ver el reflejo de la descendencia de los Hida en el océano Net.

—Los Hida, ¿son tu… familia?— quiso saber la tímida Moriko.

Oikawa sonrió.

—No, pero siempre querré que lo sean. Quiero que todos los niños elegidos sean mi familia.

—Pareces una máscara pero eres bueno— concluyó Takumi, como si leyera la mente de Oikawa —Yo lo haré.

Dio un paso al frente, no obstante, Hikaru fue la primera en gritar:

—¡Felicidad!— un haz de luz salió del cuerpo iridiscente de la morena niña.

—Estúpida Hikaru, yo iba primero— renegó Takumi —¡Empatía!

El niño no gritó, sólo mencionó con firmeza el emblema que le había dicho Oikawa que tenía. De él también salió una luz, la cual se conjuntó con la su mejor amiga en el círculo de tierra que había dibujado el adulto.

—¡Armonía!— agregó la pequeña Noa.

—¡Fortaleza!— la siguió Daikichi. Sus ojos se abrieron: eran de color ámbar. Su ceguera oscura se volvió ceguera blanca.

—Generosidad— Moriko lo dijo un tanto indecisa.

Koemi acomodó su desordenado cabello castaño.

—Todo sea por mis bellos padres— dijo, luego puso una pose coqueta y gritó: —¡Sueños!

Y su resplandor se unió al de sus pequeños amigos fantasmas. Oikawa se inclinó al nivel de la luz.

Sobre el círculo que había dibujado se había formado una esfera de luz no demasiado grande, pero con un brillo intenso.

—Queremos… un milagro de verdad— dijo al tomar, con sus manos, esa luz.

—¿Qué ha pasado?— Daikichi cuestionó, ya que aunque no podía ver, sentía un revoltijo dentro de sí y su mundo oscuro se había teñido del blanco intenso de luz.

—¿Puedes ver, primo?— le preguntó Moriko.

—No exactamente… sólo siento la luz— respondió el hijo del hubiera de Daisuke —aunque con eso me basta.

—¿Qué harás ahora, señor Oikawa?— preguntó Hikaru.

El hombre de datos digitales no respondió. Cerró los ojos y, con toda la fuerza que tenían sus mariposas, envió la esfera de luz rumbo al Muro del Fuego.

El mar oscuro donde estaban los pequeños mostró una intensa y corta aurora boreal, que fue el inicio de la restauración.


Equipo de Daisuke, Hikari y sus hijos Kyosuke y Toshiro, respectivamente


Los pasos desquebrajaban el suelo. Cada vez se le hundía más la planta del pie, cada vez estaba más oscuro. De haber sido todavía un vivaz niño de 11 años, Daisuke Motomiya no tendría tantas dificultades para encontrar la solución a ese problema. Sin embargo, cuando se es adulto todo se debilita. Pasa algo similar con los soles que rondan el universo: arden hasta que la edad los alcanza y se van apagando poco a poco.

Daisuke no sabía cómo regresar adonde estaban su hijo y Hikari. No tenía la capacidad de distinguir hacia dónde caminaba, pero le daba la impresión de que una nube de petróleo lo acechaba.

Se sentía mal por haberse perdido, bien le había dicho el hijo de Hikari que podía perderse, aunque él no había hecho caso a esos consejos porque le había parecido el colmo que un chiquillo le mandara…

No podía ver nada. Estaba en una ceguera perturbadora. Ni siquiera podía distinguir las formas de sus manos. Sus ojos quedaron en total oscuridad y para él, no poder ver, estaba resultando el peor de los castigos.

—¡Maldición!— gruñó. Estaba ronco de tanto que le había gritado a su Kyosuke, pero nadie le había respondido —¿Y ahora cómo se supone que voy a encontrar a los demás?

Además de la ceguera, otra de las cosas que más detestaba Daisuke era ser una carga y no una ayuda.


Ronin y el señor Genai


Ronin había palpado todas las paredes que tenían símbolos mientras Genai esperaba la señal de Oikawa.

Se había enterado de leyendas y profecías sin siquiera proponérselo. Cada uno de los signos que tocaba tenía una historia, un inicio y un final. Cuando palmeaba esos signos, éstos se volvían letras que podían leerse en su mente: así conoció cómo se creó el Digimundo, así se enteró de que había un mundo paralelo a ese, donde habitaban humanos, ahí entendió que ambos mundos se necesitaban, por eso los espíritus del Digimundo elegían humanos para proteger las fronteras.

También supo que los digimon habitaban en varios mundos además del digital… si cruzaban los muros de llamas podían habilitarse puertas hacia el mundo oscuro, donde eran exiliados los digimon oscuros, también había lugares como Witchelny, donde residían los digimon que usaban magia, y el Mundo de los Deseos, donde los DigiGnomos pernoctaban.

Esos signos eran historia y fuente de vida. Lo asimiló poco a poco. Para su desgracia, se dio cuenta de que conocía más cosas de las que podía explicar, por eso los ojos se le humedecieron por primera vez, y lloró lágrimas reales, propias de su forma de agente de datos.

Estar ahí, ser ese ente y tener una misión, era muy parecido a estar vivo. Por eso sentía gozo, por eso tenía esperanza.

—¡Ahí viene la luz!, Oikawa lo ha logrado, los niños han sacrificado los emblemas— le avisó Genai, señalando con sus deditos el hueco de la cascada de fuego.

Ronin se giró, durante un segundo los ojos se nublaron por una luminosidad desconocida. Luego parpadeó y notó que las criaturas llamadas DigiGnomos se apropiaban de la luz que recién había llegado.

—Por favor, concedan nuestro deseo… adelanten la llegada del niño del tiempo…


Equipo de Jyou, Miyako, Iori, Doguen, Kurumi, Yuri y los demás refugiados


—¡Ahhhhhhhh!— el grito de Yuriko Hida se escuchó por toda la réplica de la mansión de Devimon.

Estaba postrada en una cama y se revolcaba.

Cody, su padre, tembló con impotencia y apretó la mano de su única hija.

—¡Yuri, tranquila!— la animó, pero ésta no respondió, ni siquiera parecía tener conciencia. —Jou, ¿qué es lo que está pasando?

—Perdóname, Iori— se disculpó el doctor Kido —Perdóname, pero no tengo idea de lo que está pasándole a tu hija.

Kurumi y Doguen corrieron presurosos a la cama de su amiga.

—Yuriko…— dijo el hijo de Joe, hincándose cerca de su amiga —queremos ayudarte, queremos saber lo que está pasando… pero yo… yo no puedo hacer nada, sólo puedo darte el brillo de mi emblema.

La cresta de la Sinceridad resplandeció. El chico tocó la piel de su amiga.

—Lo que le pasa a Yuri-chan y al bebé de su vientre no es ordinario, sólo puede ser obra de la magia del Digimundo— comentó con seguridad la hija mayor de Ken tras hacer brillar el emblema de la Pureza, para también compartirlo.

Los gemidos de Yuri disminuyeron de tono. Sin embargo, su barriga siguió hinchándose, como si fuera una burbuja de aire.

—Mi hermana… Yuriko-oneesama— la hijastra de Cody increpó su llanto.

Miyako vio con horror que la cama donde estaba acostada Yuriko seguía tiñéndose de rojo… para ella era como si su pasado se estuviera regurgitando.

—¡No podemos permitir que pierda al bebé!— chilló, hizo a un lado las máquinas y también corrió hasta la cama de la chica.

Le tocó la frente, se la besó.

—Yuri-chan… ni tu papá ni nosotros permitiremos que lo pierdas, ¡niños y adultos elegidos, hagan brillar sus emblemas ahora mismo para ayudarla!

Cody se aferró a la mano de su hija con concentración.

—Hija, sé que no es suficiente, pero recibe nuestra ayuda.


Equipo de Daisuke, Hikari y sus hijos Kyosuke y Toshiro, respectivamente


—No tengo idea de a dónde pudo ir mi papá, me da terror que le hayan secuestrado esos asquerosos digimon— dijo Kyosuke, mientras cargaba a Hikari en su espalda y caminaba junto a su amigo Toshiro para encontrar a Daisuke —La verdad es que no entiendo lo que está pasando, camarada, la situación es demasiado intensa… ¿por qué pasan esas cosas justo ahora que besé a Kurumi-chan?...

El moreno no obtuvo respuesta y cuando se giró hacia su amigo, lo encontró metros atrás de él, paralizado.

—¿Toshi, pasa algo?— le preguntó.

El elegido de la Luz se agarraba el pecho con intensidad. Sus ojos estaban vacíos, como si estuvieran viendo cosas que nadie más podía ver.

Kyosuke corrió hasta su amigo, cuidando que Hikari no se le cayera; lo último que necesitaba era que Toshi se desmayara o pasara alguna tragedia más en ese mundo que se estaba robando la felicidad de todos.

—Ey, camarada— lo llamó —No me asustes, Toshi… To-shi-ro-kun…

El heredero del Valor quiso apuñar las manos para golpear al castaño y hacerlo entrar en razón; no pudo hacerlo porque cargaba a su tía Kari.

—¡Toshiro no me hagas esto, te necesito bien!— exclamó con histeria, al ver que su amigo no le respondía.

Quien le contestó fue justamente Hikari Yagami, quien abrió sus ojos y se movió levemente.

—Kyo-kun— llamó la señora —¿Qué es lo que está pasando?

—Tía Kari, ¿ya despertaste?

La mujer asintió.

—Me da mucho gusto.

Hikari hizo ademán para que Kyosuke la dejara en el suelo.

—¿Estás segura?, yo no tengo problema para cargarla.

—Estoy bien, ya me he recuperado— respondió la hermana de Taichi Yagami al pisar la tierra de esa dimensión.

Se veía tranquila, aunque Kyosuke no podía ver con claridad las expresiones de su ex profesora de preescolar. Quiso preguntarle por qué se había desmayado, aunque evitó hacer preguntas extrañas porque siempre le respondían con respuestas más raras todavía.

—Mi padre se perdió, Toshi quedó catatónico.

—Ya veo— susurró la primera dueña del emblema de la Luz, quien se acercó a su hijo y notó que éste estaba paralizado.

—¿Qué es lo que tiene?— preguntó preocupado Kyo.

—Una visión…

—¿Una visión?

—Las tinieblas de este lugar nos quieren hacer sufrir y nos muestran cosas dolorosas… aún así, nosotros tenemos la luz para salir de nuestras pesadillas.

—¿Eh?, no entiendo, ¿pero despertará pronto Toshi?

Hikari sonrió y asintió. Tomó las manos de su primogénito y aseguró a Kyosuke que su amigo pronto despertaría.


Yuriko Hida


Un maremoto de sensaciones había destruido la barca en la que Yuriko Hida navegaba en sus sueños. Su mente había perdido la cordura a causa de la conmoción… había luz en su cuerpo; la conciencia se le desvanecía junto con espasmos parecidos al oleaje de una playa con viento.

Ella sentía que el haz de luz la había lanzado al mar. Sentía que estaba bajo el agua, sin respirar, con su vientre crecido… el agua era roja, ya no podía respirar… ya no quedaba nada.

Alzó las manos… entre el oleaje escuchó a su padre, a sus amigos, a su novio, a todos…

Intentó nadar a contracorriente pero no pudo moverse. La superficie traspasaba al infinito. Su espíritu estaba tambaleante.

Cuando estuvo a punto de rendirse vio a unas criaturas que flotaban a su alrededor. Eran bonitas… eran fantasías como las visiones que tenía de su futuro bebé.

Todas las criaturas de luz nadaron hasta ella y la abrazaron, entonces el pequeño Shinobu, el bebé de sus visiones, apareció y la saludó.

—Mami, debo irme— avisó —regreso pronto, no te asustes.

Se lo dijo con una sonrisa calmada, tierna…

Yuri supo que no había sido sólo un sueño cuando sus ojos esmeraldas se abrieron, de alguna manera, todo lo que vivía era real.


Toshiro Takaishi-Yagami


Las tinieblas podían convertirse en recuerdos. Eso pensó Toshi cuando las imágenes de su pasado se materializaron frente a sus ojos: todas sus derrotas se representaron en la vieja escena de cuando la oscuridad lo poseyó y mató al viejo Genai.

Quiso dejar de ver ese recuerdo, pero cuando el presente lo alcanzó, la desazón que sentía fue peor: se recordaba desnudo, teniendo sexo con Yuri… se intranquilizaba cuando la barriga de ésta crecía hasta explotar, haciendo desaparecer la grácil carita de su futuro hijo.

Toshiro sabía que estaba teniendo una visión, pero no supo de qué. En la lejanía sintió que Yuriko Hida gritaba, pero no estuvo seguro de que aquello fuera real. Kyosuke no estaba por ningún lado, tampoco su madre.

Frente a él había una escalera en forma de caracol pero el hijo de Hikari no podía subirla porque lo invadían sentimientos negativos.

Una cosa era lidiar con su propia oscuridad y otra con la pena de perder a su familia. Él podía asumir su culpa por asesinar a Genai cuando estaba poseído, pero no podía cargar con la posibilidad de perder a su novia y futuro bebé.

No era posible para él poder resistir tanto…

Dejó de respirar justo después de reflexionar lo anterior. Su garganta se obstruyó y por más que trató de vomitar o de aspirar aire, nada parecía dar resultado.

Las escaleras se derritieron y convirtieron en mar. Toshiro se hundió, trató de nadar, no obstante, no pudo hacerlo.

En ningún momento perdió la esperanza, pero hubo un momento en que dudó de sí mismo y de los demás.

—Si no pudiéramos completar esta misión, entonces no seríamos nosotros— se aseguró a sí mismo, justo al tiempo en que unos seres luminosos lo rodearon y le dieron paz.

Lo ayudaron a nadar a la superficie, donde Toshi alcanzó a divisar el rostro de su bebé en el cielo. Shinobu sonreía.

—Estarás bien…— confió Toshi, mirando a las criaturas luminosas —Ustedes lo cuidarán, ¿verdad?

Los digignomos no respondieron, pero el hijo de Takeru y Hikari, recuperó la conciencia e inmediatamente abrazó a su madre.


Ronin y el señor Genai


—El emblema del Tiempo tomará forma pronto, nos ayudará en nuestra misión de derrotar a los demon lords y evitar la verdadera fusión prohibida… se cumplirá nuestro deseo— le explicó Genai a Ronin —Los DigiGnomos no nos fallarán, sólo que al principio nos tendremos qué conformar con el espíritu de ese niño.

Ronin asintió, caminó hasta donde estaba Genai y los dos vieron que los DigiGnomos comenzaban a dibujar a un niñito.

Fue como si estuvieran haciendo una animación: delinearon las piernas, los brazos, el torso y la cabeza… la ropa, los dedos, unos labios frescos y dos ojos azules.

Ronin pensó, por un momento, que el humano que dibujaban era su amiga Noa, pero desechó esa idea porque cuando el enviado pudo moverse, lo hizo con ademanes distintos a los de la niña de las flores.

Este pequeño era varón y sus ojos eran más claros que aquella fantasmita. Tenía la piel tersa, rosada, pachona. Los cabellos castaños claros le ondeaban la cabeza, la sonrisa se asomaba no sólo a través de sus labios sino mediante toda la figura del niño.

—Esta es la representación del niño del Tiempo— dijo Genai —El niño viene de un futuro cercano porque nos escuchó gracias a los gnomos del Mundo Digital.

El joven no prestó atención, se inclinó hacia el bebé y le acarició el cabello.

Nunca en su vida había visto a un ser humano tan pequeño. Ninguno de los niños del hubiera era bebé, ni tenía esa clase de sonrisa.

—Hola— dijo a Ronin —Soy Shinobu, ¿y tú?

—Ronin…

—¿Tú viajas?— preguntó el nene, el joven negó.

—No; no viajo.

—Viaja conmigo— pidió esta vez el espectro que representaba al elegido del tiempo.

—Debemos ir con él— apresuró Genai —Si lo seguimos, podrá llevarnos al que pudo ser tu pasado.

Ronin asintió, pero no por la sugerencia de Genai, sino porque lo convenció el gesto del pequeño.

—Sí, viajaré contigo.

—¡Sí!, vamos rápido… mami se asustará si me tardo mucho.

Al enlazar sus manos con las del niño del tiempo, Samurai Ronin volvió a desvanecerse junto con sus acompañantes.

Lo embargó una gran oscuridad que se sintió pesada, pero poco a poco se sintió ligero, como el viento.

De hecho, le dio la impresión de que era una hoja que caía de un árbol. Eso pensó hasta que abrió los ojos y se encontró con otro mundo, uno más real...


Flash back

POV Ronin Ichijouji


No tuve palabras para describir el lugar donde aparecimos. El bebé del tiempo me coqueteó con la mirada, como si supiera lo admirado que estaba de conocer ese sitio.

Es la ciudad— me dijo. Lo tomé en brazos; de reojo vi que Genai también aparecía.

La ciudad es bonita— respondí.

Olía distinto. Las luces provenían no sólo de las estrellas del cielo, sino de construcciones y postes. No era farolas, eran otra forma de luz. Había bullicio, sonidos de todas partes parecían conjuntarse para confundirme.

¿De verdad este niño del tiempo me había llevado a mi pasado?... honestamente no sabía que pensar, aún no podía asimilar nada.

Genai había dicho que yo era una forma de inteligencia artificial en un mundo de datos, me había mostrado el Digimundo y por fin estaba comprendiendo lo que era, ¿por qué tenía que conocer lo que no fui?

Estamos en Odaiba, Japón y es el año 2011.

Genai caminó unos metros, se asomó a unos arbustos y pidió que lo siguiera. Lo hice porque no me quedó más remedio, me sentía manipulado por la situación y mis opciones eran reducidas. Quizás ya no era parte de la nada pero no podía decidir por mí mismo. Sentí que era arrastrado por un destino injusto que alguien más había escrito por mí.

Atravesé los arbustos y vi muchos humanos adultos.

A lo lejos sus figuras danzaban en un salón de fiestas. Yo nunca había estado en una fiesta pero Oikawa las había descrito en varias ocasiones. Se veían ventanales y las figuras se traslucían. La música retumbaba en mis oídos… más allá de las melodías de Takumi y los cantos de Noa, nunca había escuchado ese tipo de sonidos.

Me ponían nervioso.

Helos ahí— apuntó Genai, yo alcé los ojos, vi dos siluetas que salían del salón y caminaban hasta donde yo estaba.

No nos ven— me advirtió el niño del tiempo, cuando vio que retrocedía para tratar de ocultarme.

Eran dos jóvenes, como yo. Eran dos yo. Eran dos humanos alargados: uno femenino y otro masculino. Se tomaban de las manos, se sentaron en una banca que estaba a mi derecha y yo me tambaleé, de modo que tuve que dejar al bebé en el suelo.

De haber nacido, tus padres serían Ken Ichijouji y Miyako Inoue. Son justamente estas personas y cabe recalcar que forman parte de los elegidos que han salvado los dos mundos— dijo Genai.

Iba a retobar, pero éste me calló, señaló su oreja, quería que yo escuchara.

Me parecieron dos personas compenetradas, que se tocaban con calma, que se estremecían juntas, que lagrimaban. ¿Eran mis padres?, no… de haber nacido, habrían sido mis padres… aunque, ¿qué significado tenía eso para mí?.

No era que no me gustaran los anteojos que llevaba esa mujer de ojos tan nítidos, eran bonitos. Nunca había visto el cuerpo adulto de una persona en femenino, por lo que me interesaron esas curvas suaves que el hombre tocaba levemente, con precaución.

El cabello de ese hombre era del color del cielo cuando era de noche.

Hubieran sido mis padres… eso me habían dicho. Pero éramos extraños y no entendía por qué yo estaba ahí, en medio de ellos, siendo el viento que los separaba…

Estaba seguro de que ninguna palabra cambiaría eso… eso me dije una y otra vez, hasta que empezaron a hablarse entre ellos.

Tú sabes que te amo, ¿no es así?— lo dijo el hombre. Tenía una voz muy calmada. Sentí que era la mía por un momento.

Sí…— fue la respuesta de la mujer. La voz atiplada me pareció el sonido de una campana.

Pues te lo repito: te amo… y me tienes muy preocupado, ¿qué sucede contigo?, ¿estás enferma?, la Miyako normal gozaría de un evento como este, es la graduación de tu mejor amigo y no te ves alegre, estás decaída… yo siempre estaré contigo, confía en mí.

Eran palabras dulces las que decía el hombre a ¿Miyako?, sí, ese nombre también lo había dicho Genai.

¿En verdad, Ken?

Por supuesto.

Eran amantes, lo supe.

No tenía idea de lo que ello implicaba, al menos no del todo. Sabía poco del mundo, mis fuentes de información habían sido Oikawa y mis niños fantasmas, lo demás me llegaba como si fuera una grabación que no podía digerir.

Ellos eran amantes, eso resonaba en mi cerebro: por eso se hablaban con ese tono diligente, por eso verse a los ojos significaba más que cualquier estrella.

Lo que pasa es que me mareé— dijo Miyako.

¿Otra vez?, ¿ya sabes lo que tienes?— El hombre llamado Ken estaba en verdad preocupado, eso me quedó claro.

No.

Miyako, ¿desde cuándo te sientes así?— le insistió. Ella no estaba siendo sincera. Se tocaba el abdomen sin cesar, como si ahí estuviera el secreto.

Ken, ¿qué pasaría si yo estuviera embarazada?

Sí. En ese vientre estaba el secreto. Mis mejillas se tiñeron de rojo. Lo entendí. Yo estaba ahí dentro. No sabía demasiado sobre el mundo humano, pero yo estaba ahí.

Lo supe porque por primera vez escuché mi corazón. Tuc tuc tuc tuc… el sonido de los latidos era constante, provenía del estómago de ella, pero sabía que era mi corazón.

Al decirse eso ellos parecieron asustados, sobre todo él… era como si le hubieran golpeado la cabeza.

Miyako se puso triste y acarició más mi corazón.

Lo arruinaría todo, ¿no?

Ken se quedó un poco tieso y ella se le separó.

'No… no la sueltes… no se separen', eso quise gritarles, ellos hacían latir mi corazón, era la sensación más maravillosa que había sentido.

Como si me hubiera leído la mente, él la abrazó.

Yo sentí que los latidos de mi corazón aumentaban… ellos dijeron palabras que no escuché, porque cerré los ojos y me concentré en los latidos.

El que yo no haya nacido no significaba que nunca había vivido. Mi corazón latía dentro de ella, era parte de ellos, de Miyako y Ken. Entonces por fin comprendí lo que decía el niño Genai.

Me repuse al instante y oí que Ken hablaba.

Miyako, somos muy jóvenes y quizás no estamos preparados, pero en dado caso que eso sucediera, a mi hijo no le faltaría un padre, mucho menos una familia.

Hijo… yo fui un hijo.

Familia… ellos fueron mi familia.

No. Ellos son mi familia, de algún modo lo siguen siendo.

El niño del tiempo me jaló de la pierna.

¿Por qué lloras?— me preguntó.

Mi corazón latía, eso era lo único que importaba. Mi corazón había latido y por fin lo había escuchado.

Es que estoy muy contento.

Se quedó conforme con mi explicación, se abrazó a mis piernas y de nuevo cambiamos de lugar… de nuevo me enredé en el pasado.


Aparecimos de vuelta en el Digimundo.

Lo supe porque yo conocía ese lugar, yo me había criado ahí… antes de que el mundo se hiciera oscuro yo había estado ahí todo el tiempo.

Pero era diferente a cuando yo estaba ahí.

Todavía estamos en el 2011, esta escena sucedió poco después de lo que presenciaste.

¿Qué está pasando aquí?— me alarmé, el nene Shinobu trepó hasta aferrarse en mis brazos y escondió su cara en mis hombros.

La tierra se estremeció, observé extrañas luces rosadas que se agolpaban cerca de una montaña. Estuve a punto de perder el equilibrio, pero debido a que era un espíritu tan ligero como el viento, floté…

Eso ha sido un temblor— dijo Genai.

¿Por qué ha temblado la tierra, Genai?

Estamos rememorando el día en que perdiste la vida— explicó con aparente frialdad el agente de datos —Los elegidos estaban en una misión contra el Demon Lord Daemon, quien se unió a unos humanos corrompidos para robar un emblema... Lo lamento mucho, en esa misión tú moriste…

No supe qué responder, sólo quise golpearlo pero el bebé que tenía en brazos me apretó y me detuve.

Todo esto había pasado ya, no había manera de detenerlo… no había manera de haber vivido.

Hubo una erupción que salió de la montaña. Los árboles del Digimundo se caían.

A lo lejos vi humanos otra vez, no estaban solos, iban con varios digimon…

Digimon… es verdad, así de coloridos eran los digimon.

Vislumbré a Ken, el hombre que fue mi padre. Él corría y otras personas lo seguían.

A lo lejos se oían gritos de auxilio, por eso yo también corrí. Escuché a mi corazón, esta vez lo oía desde lejos, latía lento… demasiado lento.

Me toqué el pecho, aunque el único corazón que latía cerca de mi cuerpo era el del niño del futuro que se llamaba Shinobu y que se abrazaba a mí con mucha fuerza.

Ken, mi papá, iba adelante. Yo lo seguía, el viento soplaba en medio de ese caos y me movía junto con el bebé y Genai.

Los gritos de ayuda no cesaban.

Justo ese día, los elegidos libraban la batalla final para vencer a sus enemigos, sobre todo a Daemon.

'¡Ayuda!, por favor, ¡Ayúdennos!' clamó la voz de una mujer que no era Miyako.

Cada vez mi corazón latía menos… me adelanté a Ken y a los otros humanos.

La mujer que gritaba no era Miyako, pero estaba cerca de quien sí fue mi madre.

Fui el primero en encontrarla. Vi que un monstruo enfundado en una túnica se desvanecía… y ella, mi mamá, yacía entre los árboles después de haber sido herida por ese sujeto y por el temblor.

Cuando la vi, mi corazón ya se había detenido por completo. Ya estaba muerto... por eso experimenté dolor y angustia.

Ella estaba atrapada entre los troncos de unos árboles caídos, Ken llegó en cuanto pudo… me consta que corrió rápido: sus piernas casi se atropellaron entre sí, pero todo había sido en vano. Yo ya no existía más. Había muerto.

¡Miyako!, ¡te voy a sacar de ahí!

Los humanos que lo acompañaron le ayudaron, pero fue un digimon el que cambió de forma y quitó los arbustos.

Oí que se llamaba Stigmon, pero eso no me importó, ni siquiera puse atención a lo que decían las otras personas.

Sólo vi que quien fue mi padre tomó en brazos a la madre que acababa de perderme. Le besó la frente…

Todo se hizo neblina. Todos los que estaban ahí decían cosas, pero nada me consolaba.

Mi madre tenía sangre. Era yo. Lo supe porque eran los restos de mi corazón.

Miyako, ni niña— oí decir a papá, tratando de cuidar de ella en vano. Le limpiaba el cuerpo… sus ojos estaban derrumbados, casi tan muertos como los míos. —Todo saldrá bien, tú y el bebé estarán bien… no debes dormir, despierta y mírame, Miyako.

Ken…— ella despertó y yo sentí que me despedazaba al ver su rostro.

Todo saldrá bien, lo juro… yo te voy a proteger.

Ella, mi fugaz mamá, tocó su vientre, dijo claramente: ¿A él también?

¿Se refería a mí?, sí… yo era él, pero mi corazón no latía más.

—…Si él no está y estuvo ahí… no sé qué haré.

Y como ninguno supo qué más decir, se besaron. Fue un beso que me dedicaron a mí, fue mi despedida.

No tuve funeral, pero ellos me dieron todo: mi corazón y lo que soy ahora.

Lloré de nueva cuenta y el bebé del tiempo me quitó las lágrimas. En cierta medida me arrepentía de poder sentir… era mejor cuando sólo era un ente rondando sin rumbo y sin pasado.

El causante de tu muerte, quien ocasionó el temblor e hirió a Miyako Inoue fue un Demon Lord; nuestros actuales enemigos son siete de esos demonios… ¿lo entiendes ahora?

Ellos sufrieron más que yo…— fue lo que le respondí a Genai.

Todavía vamos a viajar, ya no quiero que estés triste— dijo el niño.

Vámonos de aquí, por favor… no quiero verlos llorar por mí.


Oscuridad… viaje en el tiempo… pasado…

De nueva cuenta viajé con ellos hasta volver a aparecer en el mismo lugar donde pudo ser mi tumba: el sitio donde mi corazón dejó de latir.

Es el mismo lugar…— dije cuando estuve consciente de que estábamos en el mismo sitio donde se había detenido mi vida.

Así es, pero no te equivoques… ahora estamos en el año 2026.

2026… yo tendría 15 años si estuviera vivo… pero, en cambio, no estoy ahí… estoy en otra dimensión que se volvió oscura y las mariposas me han hecho un ser del Digimundo que deambula y está solo.

¡Mira!— Shinobu señaló a mis padres.

Vienen caminando hacia donde estamos. Miyako y Ken son 15 años más viejos pero siguen siendo los mismos. Él lleva en brazos un bebé… uno de verdad que sí fue su hijo.

Traté de retroceder, pero el nene del tiempo me negó.

Resiste… yo sé que puedes, Samurai Ronin.

¿Cómo sabía que me llamaban así?, aunque bueno, eso no importaba ahora.

Estoy en una situación incómoda: soy un espíritu viendo un futuro al que no pertenezco. La pareja que camina hasta donde yo estoy fueron mis padres, pero ahora cargan a otro niño, uno que sí nació.

Es aquí, Ken —dijo la que fue mi madre.

¿Estás segura?

Sí— respondió Miyako, ella está llorando. Se hinca, yo estoy frente a ella. —Fue aquí donde perdimos a nuestro primer bebé.

Entiendo— dijo Ken, quien también se acuclilla.

Se ven formales y yo siento que me están haciendo un homenaje

Hijo mío, me llevó años encontrar el lugar donde nos despedimos— la mujer que fue mi mamá e hizo latir mi corazón junta las manos, parece que me está hablando, ¿es que ella sabe que la estoy oyendo? —quería venir a verte, porque siempre pienso en ti, porque Ken y yo te adoraremos siempre, tú me enseñaste a sentir vida dentro de mí; queríamos venir a visitarte, te construiremos una tumba… Ken y yo fantaseamos e imaginamos cómo hubieras sido, ¿verdad, mi amor?

Mi padre, que mecía a aquel bebé, asintió con nostalgia.

Me habría gustado llamarte como mi hermano y mecerte justo como a Satoru.

Satoru es tu hermanito más pequeño— se apresuró a decir mi madre —Papá y yo nos casamos, hicimos una familia grandiosa, aunque haces falta tú… tienes una hermana llamada Kurumi que es preciosa e hiperactiva, y Zet, ¡ay, mi Zetty!, te habría encantado cuidarlo porque es tierno y soñador… por último está este bebé, se llama Satoru y apenas ha nacido hace un par de meses…

Ellos hablaban de su familia con mucha alegría… yo ya no era parte de ellos.

Mi hijo que estás lejos, te quiero pedir que cuides mucho a tus hermanos desde donde estás— pidió mi madre —nunca estaremos completos porque nos faltas tú… ¿verdad que sí nos escucha, Ken?

Estoy seguro… la verdad es que a veces pienso que su esencia está muy cerca, como si se pudiera tocar.

¡Como si fuera parte de las mariposas del Digimundo!— canturreó Miyako.

Yo sonreía. Era como si me presintieran. Los dos rieron, fueron risas dedicadas a mí.

Ken le da el bebé a Miyako. Junta unas piedras, de una bolsa que cargaba en su espalda saca un pequeño arbusto en una maceta, al cual transplanta en la tierra porosa del Digimundo.

Esa es mi tumba, estoy seguro.

¡Bingo, Ken!, ha quedado divino— dice mamá tras ayudar a acomodar las piedras alrededor del árbol… también plantan semillas que serán flores… me recuerdan con flores.

Dejan al bebé en una camita y una vez más se hincan y juntan las manos.

Ya no dicen nada con palabras, pero me conmuevo.

Aún me quieren…

Sí— digo en voz alta —yo haré lo posible por cuidar a esos niños que pudieron ser mis hermanos y a partir de hoy y para siempre, recordaré con amor a los padres que me concibieron y no se olvidaron de mí.

Después de eso y sin que nadie me avisara, viajamos otra vez en el tiempo.

Cuando recobro el sentido entiendo que hemos regresado al presente… estoy seguro de ello: no hemos vuelto al Muro del Fuego, pero a mi lado me encuentro con el rostro de mis queridos niños del hubiera.

Ellos todavía pueden nacer, si hago mi mejor esfuerzo.

Estoy seguro de lo que quiero y de lo que soy.


Fin del Flash Back


—¡Samurai Ronin!— chillaron de la emoción los niños, que se lanzaron a abrazarme.

—Apareciste como un fantasma de verdad— comentó Hikaru.

—El mar se secó, pero el viento te trajo a casa— añadió Takumi.

—Mis niños…

—¿Quién es él?— preguntó Koemi, al notar que cerca de mí estaba Shinobu.

—Es el heredero del Tiempo.

—¡Qué mono es!— Noa lo abrazó —Te voy a querer mucho, pero muuucho.

El nene asintió encantado. Le dijo 'tía Noa' a la pequeña niña de las flores y eso me ilusionó.

—¿Te pasó algo malo?— preguntó Moriko, muy preocupada. Daikichi me toca, sin cesar, con su bastón.

—¡Cuéntanos!— pidió.

Por primera vez tengo una noticia que darles.

—Me pasó algo muy bueno…

—¿Qué cosa?— cuestionaron.

Les doy un abrazo grupal.

—Yo también encontré a mi familia y voy a luchar por ellos.

Los niños rieron y se alegraron por mí. Mi tutor, Yukio Oikawa, hace sonar su garganta y llama nuestra atención, Genai está a su lado.

—La aventura para recuperar al Digimundo y al pasado apenas empieza, debemos estar listos— los dos agentes lo dicen al mismo tiempo, muy coordinados.

Estoy triste y contento a la vez. Pero no me rendiré, ya no tengo más qué perder.


Fin de POV Ronin Ichijouji


Continuará en 11.2...

… espero que les haya gustado. Sé que estuvo largo, estoy consciente, no obstante, es la única manera que encuentro para manejar esta historia. Puede que algunas escenas no sean necesarias, pero en este caso, me sirven para delinear la personalidad de cada uno de los personajes.

Me ha gustado escribir el pasado de Ronin porque siempre estuvo planeado enfatizar en que Ken y Miya perdieron un bebé en "En fuga…". Me da un poco de pena que no haya nacido, pero a la vez es interesante que se haya convertido en un agente del Digimundo como Genai.

Con respecto a cuestiones de la trama, la verdad es que lo investigué de diversas páginas de Internet sobre Digimon, donde se habla de los agentes, de la homeostasis, de los digignomos, del Muro del fuego; es decir, casi todo eso existe, aunque yo le he dado mi propio significado y aplicación según mis intereses.

En este capi se pudo materializar el cuerpo del bebé del tiempo (Shinobu) gracias al resto de los fantasmitas… estuvo muy loco, pero en mi Digi World todo es posible.

Por otra parte, el equipo de Tai va a enfrentar a Leviamon, mientras que el de Yamato está a punto de encontrar una clave para entrar a Witchelny. En el caso del equipo de Dai y Kari también habrá sorpresas, lo mismo que en la réplica de la mansión de Devimon. Claro que el ojo del huracán, por el momento, es la situación de los trillizos, Sei, Min y Tulo, quienes están atrapados en esa cueva de demon lords.

¿Cómo harán los elegidos para triunfar? ¿Se encontrarán los fantasmitas con sus familias? ¿Kurumi dejará que Kyosuke le dé más besos? ¿Qué pasará con el embarazo de Yuriko si el bebé Shinobu se materializó? ¿En dónde está Daisuke? ¿Estará vivo Shin Kido? ¿Cuál es la clave para entrar a Witchelny? ¿Lograrán recuperar los pensamientos de la curiosidad de Osen? ¿A dónde fue Tulo? ¿Para qué sirve el sombrero de Wizardmon? ¿Dejarán de pelear -entre ellos- los demon lord? ¿Qué más pasará?

Por último, los dejo con la votación y les pido que sigan votando en cada review por la pareja indecisa y el fantasmita favorito.

Pareja indecisa

Osen x Zetaro: 33

Osen x Soji: 26

Osen x Ben: 6

La pareja más popular para Osen Izumi sigue siendo Zetaro Ichijouji. Sin embargo, gracias a los admiradores de Soji Yagami, la pareja de OsenXSoji ha ganado muchos votos el capítulo pasado, así que el marcador puede cambiar… ¡no dejen de votar!

El OsenXBen tiene seis votos, lo cual también es genial para mí, ya que ese par me parece divertidísimo.

Fantasmita favorito

Shinobu: 17

Noa: 13

Takumi: 10

Hikaru: 6

Daikichi: 1

Moriko: 2

Koemi: 2

Ronin: 2

El adorable bebé Shinobu Takaishi-Hida sigue siendo el favorito de los nuevos personajes, porque ya tiene 17 votos. Lo siguen, con 13 y 10 votos, la niña de las flores Noa y el poético Takumi Ishida. La traviesa Hikaru Yagami sumó 6 votos y el resto de los fantasmitas ya han tenido apoyo… ¡muchas gracias!

Sigan leyendo y espero con mucho ánimo sus comentarios.

Hasta pronto,

CC