Julio del 2015.- De nuevo traigo un nuevo capítulo de esta saga. Estás de más que diga que no pude publicar antes, pero de todas formas quiero disculparme por la tardanza… cada vez es más complicado actualizar, sobre todo porque estoy en una etapa difícil de la historia, en la que los personajes están moviéndose y hay acción en todas las escenas. La verdad es que no soy tan buena narrando el género de aventura, pero trato de dar mi mejor esfuerzo en esta entrega.

En este capítulo, Tai y compañía elaboran un plan para burlar a Leviamon y así poder entrar al castillo de los demon lord, donde tienen secuestrados a los trillizos, Sei y los demás. Asimismo, también saldrá algo sobre los grupos de Yamato, de Daisuke —y sobre los chicos que están dentro del castillo. Les pido paciencia para este capítulo y el siguiente, luego de que los escriba, habrá un pequeño paréntesis antes de la batalla final, el cual permitirá trabajar más temas de romance, las familias y lo de los fantasmitas.

Quiero dar las gracias a todos mis lectores, les pido perdón por tardar tanto en actualizar, les juro que no es mi intención, yo adoro escribir este fic, es sólo que la vida de adulta me impide escribir como yo quisiera. Trataré de esmerarme, les aseguro que antes de que acabe el año habrá una o dos actualizaciones más.

Resumen:

En el último capítulo de Apócrifo, los elegidos y sus hijos se dividieron en cuatro grupos para llevar a cabo varias misiones dentro de la dimensión oscura donde se encuentran. Tai y compañía, quienes tienen como fin rescatar a los niños secuestrados por los Demon Lord, se toparon con Leviamon; en el equipo de investigación, liderado por Yamato, el pequeño Satoru Ichijouji descubrió un charco de tinta que al parecer es peligroso, mientras que en el grupo de Hikari y Daisuke, éste último se perdió en el bosque. Por otra parte, Seiyuro y los trillizos lograron hacer digievolucionar a sus digimon gracias al aro mágico de Gatomon, el cual estaba oculto en el sombrero de Wizardmon, y Tulo Izumi logró liberar los pensamientos de la curiosidad de su hermana Osen, fue justo después de eso que empezó la batalla final contra los reyes demonio del Digimundo. Además, los niños del hubiera han comenzado a movilizarse, siguiendo las órdenes de Yukio Oikawa y Gennai… ¿qué sucederá ante ese panorama?


Apócrifo

Por CieloCriss

11.3.1


Grupo de Taichi, Sora, Takeru, Mimi, Ben, Mayumi y Calumon


El rol de Sora Takenouchi dentro del equipo de los niños elegidos siempre había sido el de un pilar. No importaba cuánto miedo tuviera o cuánta desconfianza sintiera ante un plan, ella era fiel a su líder.

Desde niña se había distinguido por ser la mano derecha de Taichi Yagami, desde pequeña había aprendido a confiar en él y en todos los planes locos que se le ocurrían a su mejor amigo.

Sin embargo, esta vez tenía más dudas que nunca. Esta vez sudaba y le costaba trabajo respirar con propiedad.

Pensaba en que todo lo que estaba pasando era una locura… sabía, con sinceridad, que parte de su confianza se había esfumado junto con Biyomon.

Leviamon era uno de las bestias malignas más poderosas que había en el Digimundo y en su área oscura. No había que tener a Koushiro con su analizador de digimon para saberlo: eso se sabía con sólo mirar el ambiente.

—Taichi, te tiemblan las manos— dijo mientras Tai sostenía uno de los kit de pirotécnica para emergencias que les había dado Ken.

Generalmente esos fuegos artificiales se utilizaban cuando una persona estaba perdida o en naufragios. Cuando los náufragos veían un barco, éstos solían disparar la pistola para hacerse notar, para dar una posición.

—Sora, por supuesto que me tiemblan las manos… si todo sale mal, no sólo no podré rescatar a mis hijos, sino que pondré en peligro la vida de mis amigos y sus chicos… lo entiendes, ¿cierto?, Yamato me pidió que cuidara de ti y de Mayumi-chan.

—No estás solo, Taichi— trató de animar Takeru.

—A veces ese es el problema— sonrió con ironía Taichi.

—Dices puras tonterías, Tai— soltó Mimi —¿verdad, mi Benji?

El principito miró a su madre con preocupación y, para sorpresa de todos, no dijo ninguna frase burlona.

—Mamá, quiero que te quedes escondida aquí, te prometo que yo salvaré a Tulo— susurró con los ojos inquietos.

Mimi lo abrazó encantada.

—¡Mi príncipe hermoso!, no te preocupes por mí, sé que me salvarás si estoy en peligro.

Ben se enrojeció hasta las orejas y empujó a su madre de manera delicada, pero con indignación, como queriendo decir: 'Joder, esto no es un juego'.

Mayumi Ishida tenía sus propios problemas tratando de mantener sereno a Calumon, quien después de la siesta seguía quejándose por estar cerca de Leviamon. La rubia le había cantado, arrullado y hasta susurrado palabras dulces, pero el digimon no parecía consolarse con nada.

—Las bombas de pirotecnia están listas— anunció Tai.

—¿El fuego no se apagará?— preguntó Mimi.

—No debemos siquiera pensar en esa opción, princesa— respondió el primer líder.

Todos respiraron apurados.

—Es como echar una moneda al aire, pero si las cosas salen mal, Calumon tendrá que ayudarnos— consideró la hija de Yamato con seguridad.

—Calú calú no quiere estar aquí— chilló el digimon de la digievolución.

Mayumi sacó un bufido de enojo, dejó caer a la criatura al suelo, sin embargo, ésta hizo cr ecer sus orejas.

—Calumon, si no quieres estar aquí, pues mejor vete, ya me colmaste la paciencia— lo regañó la adolescente —. Nunca antes en mi vida fui tan paciente con alguien, ¡yo no soy mujer de mimos y ya me cansé de abrazarte!, así que si tanto te molesta estar con nosotros, si tanto miedo te da, te lo hubieras pensado antes de aparecerte en esa estación de tren delante de mi hermano y de mí, ¡hum!

Los adultos y Ben quedaron boquiabiertos al escuchar a la chica Ishida, pero la estupefacción fue mayor cuando el misterioso monstruo digital se arrimó a la muchacha, se empalagó contra su cuerpo —específicamente, en los pechos— y le pidió disculpas.

—¡Calú lamenta haber sido malo con May! ¡Calú! ¡Calú!, Calumon va a ayudarlos porque todos son sus amigos; Leviamon es malo, pero Calú es bueno.

—Digimon pervertido y masoquista— susurró Ben, Mimi le dio un codazo a su hijo para callarlo.

Takeru soltó una risita para aligerar el ambiente.

—Mi sobrina sabe tratar a los chicos.

—Me encantó cuando mi nuera dijo 'yo no soy mujer de mimos', Taiki la va a tener difícil para enamorarla— secreteó Tai a Sora, pero ésta sólo negó apenada. Sabía que no era momento para hablar de esas cosas, aunque en esos pequeños detalles estaba la diferencia de disfrutar una batalla épica o no.

—Como Tai propuso, haremos una división de equipos; tenemos cuatro equipos de pirotecnia para despertar y confundir a Leviamon. Hemos elegido los puntos para lanzar los cohetes, el radio de lanzamiento será cada vez más lejano al castillo, para irnos haciendo camino— explicó Sora.

—Mayumi y Mimi se quedarán en un punto neutro, la idea es que si el plan sale mal, utilicemos a Calumon para digievolucionar, no obstante, la prioridad es usar la energía del digimon para la batalla dentro del castillo— informó Takeru —Ben y Sora lanzarán el primer proyectil, yo haré lo propio con el segundo y Tai lanzará el tercero.

—¿No es muy riesgoso que tío Tai y tío Takeru hagan lanzamientos en solitario?, Leviamon podría alcanzar los cohetes, puede moverse con rapidez a pesar de su tamaño— mencionó Mayumi.

—Es un riesgo que vamos a tomar— dijeron los adultos.

—En todo caso, si el camino se abre, Sora y Ben serán los más cercanos en entrar al castillo, así que les pido que si lo consideran, vayan adelantándose— mandó Yagami —. Lo mismo va para Mimi y May, si ven que no hay necesidad de usar el poder de Calumon, vayan directo a la guarida, Takeru y yo nos las arreglaremos.

—¡Pero si se sacrifican de ese modo no podrán ir a salvar a sus hijos!— renegó Ben.

—No hay que preocuparse por eso, si yo no puedo salvarlos, sé que ustedes los salvarán, lo primordial es entrar y tratar de pasar desapercibidos… si Takeru y yo logramos hacerle la finta a Leviamon, escaparemos y los seguiremos; no se olviden de usar sus armas, tanto las espadas de Iori como las pistolas de Ken, por el momento no tenemos más remedio que hacer eso.

—Entendido, Tai— dijo Sora, todavía dudando.

El diplomático y el escritor emprendieron el camino previamente marcado en el digivice, la pelirroja miró la ruta por última vez antes de tocar el hombro de Ben Tachikawa.

—Iremos a nuestra posición, Ben-kun.

El chico asintió, miró con preocupación a su madre, pero Mayumi le sonrió.

—Yo te la cuido a cambio de que cuides a la mía— dijo la rubia.

—Sí, claro, como si la tuya fuera difícil de cuidar— renegó Ben, dándose la vuelta y tratando de seguirle el paso a la diseñadora.


Después de haber recibido las órdenes de Gennai, la fantasmita Hikaru se había puesto a correr justo hacia donde latía el corazón de Taichi Yagami. A la morena se le resplandecía el rostro cuando prestaba atención y el silencio se escondía en el Mar de la Oscuridad para dar paso a los latidos y la respiración de los demás. Ni ella ni sus amigos estaban muy conscientes de su misión, ella ni siquiera sabía lo que era ni lo que estaba haciendo, solo tenía una cosa clara: quería nacer para estar con sus padres y sus hermanos, quería ser parte de ellos.

La niña de las flores seguía a Hikaru con más torpeza porque era la más pequeña de todos los fantasmitas. Le costaba seguir el ritmo de su acompañante, además de que estaba triste porque el jardín de la armonía se había secado.

—Noa, date prisa, ¿no escuchas sus corazones?, laten cada vez más rápido —sonrió Karu.

—Es porque están tristes y tienen miedo… yo también tengo miedo, Hikaru, ¿no tienes miedo?

—¡No, yo no tengo miedo!, seguramente solo los niños como Takumi tienen miedo —aseguró con una sonrisa —. No debes tener miedo, si tienes miedo no vas a nacer y yo quiero que seas mi primita.

Noa encogió un poco las cejas, preocupada, Hikaru sonrió y le jaló los mofletes, tratando de animarla. Luego las dos flotaron por el mundo oscuro sin recordar realmente lo que les había mandado Yukio Oikawa, para ellas era mucho más sencillo buscar los corazones de sus seres queridos.

Es que ellas, a pesar de nunca haber nacido, podían sentir a sus seres queridos en esa dimensión. Si prestaban atención no solamente escuchaban sus corazones, sino que eran capaz de ubicarlos.

Karu se detuvo cuando un monstruo en forma de lagarto se vio en el horizonte; más atrás, se alzaba el castillo que siempre habían observado con el samurái Ronin.

—Papá está por aquí —anunció a la niña de las flores, quien le asintió.

—Sí, mi rey también está aquí, pero el príncipe Seiyuro y la princesa Min están en el castillo.

—Mis hermanitos también —agregó Hikaru, pensativa —¡Ya sé, debemos dividirnos!

Las dos asintieron. La fantasmita Hikaru giró su camino, Noa siguió derecho. No sólo era tiempo de escuchar corazones, ahora era el momento de salvarlos.


Benjamín estaba admirado de la habilidad que tenía la madre de May para seguir las instrucciones de Yagami. Y no sólo eso, al parecer la mujer era buena conectando la pirotecnia y haciendo cálculos.

Quiso imaginarse a su madre desempeñando el mismo rol que Sora, pero no pudo, lo que lo ofuscó un poco.

—Ben-kun, ¿Ya es hora?— preguntó Takenouchi al Principito.

—Debemos hacer la detonación en dos minutos— indicó el chico, fijándose en los cálculos que habían hecho los adultos.

—Ya veo, logramos llegar a tiempo.

Ambos estaban cerca del durmiente Leviamon, pero la inclinación del cohete alertaría una ubicación diferente a la real. Si Benji miraba detrás de unas rocas, alcanzaba a ver una de las colas de Leviamon, si volteaba a su derecha y miraba hacia arriba, se podía imaginar la localización de su madre y Mayumi, quienes observaban el panorama y estaban listas para auxiliar a cualquiera de los equipos que pudiera fallar en despistar a Leviamon.

—¿Qué pasará si Leviamon se da cuenta y en lugar de ir tras la pirotecnia, ve a mi bella madre y a su hija y las ataca?

—Si eso pasa, Mayumi y Mimi harán que Calumon ayude a digievolucionar a sus digimon. Mi hija puede hacer que su Pyokomon digievolucione en un Garudamon, lo que les ayudaría a huir. Mimi, por su parte, tiene a Lilymon y aunque ese digimon no es el más fuerte en la ofensiva, tiene poderes de pureza muy poderosos… un collar de flores de Lilymon debe ser capaz de atontar a Leviamon lo suficiente para que ellas puedan huir.

—Entiendo, parece que ya tienen todo pensado.

—Estoy segura de que sucede lo mismo contigo, Ben-kun— le dijo Sora —Sabes muy bien lo que cada uno de tus amigos y sus digimon son capaces de hacer.

—Eso no quita que siga preocupado por mi mamá.

—Mimi-chan es mucho más fuerte de lo que te imaginas, ha peleado tantas guerras como yo, es sólo que cada quien tiene su estilo, ¿no crees?

Tachikawa asintió. No había manera de negarle nada a la madre de Mayumi, ya que era una mujer asertiva e inteligente.

—Faltan treinta segundos— recalcó Benjamín, revisando nuevamente su reloj.

Sora prendió mecha de la bengala, el castaño cerró los ojos y se cubrió las orejas.

—Nunca cierres los ojos antes de empezar una guerra, Ben-kun— aconsejó la señora Ishida.

Instantes después el cielo de ese mundo transitorio y oscuro, se llenó de fuegos artificiales.


Mimi soltó un chillido agudo cuando vio brillar el cielo oscuro por primera vez. Sintió que se desmayaba, que se le bajaba la presión, que se volvía loca; abrazó con fuerza a Calumon, cerró los ojos y respiró con arritmia.

Su acompañante, la hija de su mejor amiga, solo dejó salir un suspiro largo que a Mimi le pareció una agonía.

—May-chan, ¿qué ves? —Preguntó a la muchacha, quien se asomaba por la guarida que les habían asignado y miraba absorta con los binoculares de Taichi.

—La inclinación y detonación de la pirotecnia que lanzaron mi mamá y Ben fue atinada —comentó en voz baja, desviando la mirada hacia donde yacía Leviamon.

El tronido, que había iluminado el firmamento de morado, había surtido el efecto deseado por los elegidos, al menos eso confirmó Mayumi a Mimi, una vez que el rey demonio del océano oscuro despertó de un solo movimiento.

—Abrió los ojos y sus colas se pusieron tiesas, los binoculares de tío Tai incluso me permitieron ver cómo se le achicó la pupila —explicó May metódicamente.

—Calú tiene miedo— lloriqueó Calumon y Mimi quiso seguirle el juego, pero no lo hizo porque ya no tenía 11 años y debía de ser fuerte para poder rescatar a su hijo.

Leviamon era un dragón acuático enorme, cuando se irguió entre el agua y el cielo, Mimi pudo verlo sin la necesidad de que Mayumi lo describiera. Miró con horror el enorme hocico rectangular de criatura y gracias a la luz de los juegos artificiales, pudo contemplar que era de los colores rojo con aguamarina.

—¡Dios mío, ¡va hacia donde están mi Benji y Sora! —gimió la esposa de Izzy.

"¡Pagarán caro por haberme despertado!"fue lo que le escucharon decir al dinosaurio digital, que se retorció en la charca y dejó salir el gruñido más horrible que Mimi había escuchado en toda su vida.

—¡Calumon, danos la luz de la digievolución! —pidió Mimi.

—No, todavía no —Mayumi rogó a la señora Izumi-Tacihikawa, mientras le tomaba la mano —. Yo también temo por mi mamá y Ben, pero debemos seguir el plan del tío Tai.

Mimi se estremeció, apretó con fuerza sus puños y se aferró a la valiente hija de sus amigos.

—Takeru, sigues tú…— susurró acongojada. Mayumi buscó con los binoculares la ubicación de su tío.

La misión pendía de un hilo.


El escritor Takaishi siempre sentía que fallaba cuando trataba de describir el pánico en sus novelas, siempre que trataba de escribir sobre esa emoción, las palabras no eran suficientes para trasmitirla. Ahora mismo, aunque inhalaba y exhalaba con normalidad, temía perder el control y fallar el plan.

Quería salvar a sus hijos y resguardarlos en casa. Abrazar a su Seiyuro, pedirle prudencia; mimar a Minagawa, ponerla en los brazos de Hikari; ayudar a Toshiro en sus inseguridades, volverse un verdadero padre para él. Añoró su hogar, su vida de casado, "Ah, Patamon, si hubieras estado ahí los últimos años", se dijo con nostalgia, porque de alguna manera sabía que las cosas habrían sido mejores si los digimon hubieran estado en el mundo humano -como antes del 2027.

La primera explosión lo sacó de sus pensamientos. De suevo el pánico quiso poseerlo, pero Takeru se concentró y tomó la pistola de bengalas.

—Ben y Sora lo han logrado —confirmó. Segundos después de que el cielo brilló, los rugidos del monstruo resonaron y vio cómo éste se movía hacia donde estaban sus compañeros —. No por mucho tiempo, aquí te espero, maldito Leviamon.

Tras sus palabras apuntó hacia la dirección acordada y lanzó el segundo fuego artificial.


—¡Kyaaa! —a Mimi se le salió otro grito cuando vio al Leviamon dirigirse hacia donde estaba su hijo, sin embargo, la segunda bengala logró enceguecer momentáneamente al demon lord.

"¡Humanos! ¿Cómo se atreven?", la luz de la pirotecnia debía ser demasiada luminosa para los seres hechos de oscuridad, eso pensó Mayumi Ishida, pero no dijo nada, sólo tensó más su cuerpo, no estaba segura de si Leviamon cambiaría la dirección del ataque.

—¿Lo ha logrado Takeru? —La repostera tembló al preguntar.

—Sí, pero Leviamon se detuvo porque lo cegó la luz, probablemente no se dio cuenta de dónde fue lanzada la bengala.

—¡Ay no!, ¿entonces seguirá atacando a mi Benji?

—No lo creo —comentó la rubia, siguiendo el panorama de la batalla desde los binoculares —. Mi mamá y Ben ya debieron movilizarse rumbo al castillo, esa fue la orden… si se quedaron ahí y Leviamon los encuentra, entonces estaremos en problemas.


Ben trató de detener a la señor Ishida por tercera ocasión, pero ésta le retobó con más fuerza que las pasadas dos ocasiones.

—¿No has visto?, Leviamon está distraído, debemos movilizarnos o nos localizará, ¡vamos rumbo al escondite de los demon lord!

—¿Pero va a dejar a su hija ahí afuera? ¿Sola y cerca del enemigo?, ¡yo no pienso dejar a mi madre!

Sora tomó de la mano al chico con fuerza.

—No hay tiempo para esas reflexiones, debemos seguir el plan, ¿es que de verdad no confías en tus compañeros de equipo?

Ben chasqueó los dientes.

—¡No se trata de eso!, sólo me preocupo por mi mamá, ella no es tan fuerte como...

Iban a seguir discutiendo, pero tras recuperarse del efecto de la luz, Leviamon lanzó un bufido y Sora y Ben se escondieron tras unos arbustos.

"¡Cauda!" gritó Leviamon, el rey demonio de la envidia, "¡Cauda!". Y al hacerlo, sus dos colas comenzaron a atacar los alrededores sin dirección alguna.

—Joder, el muy mísero está perdido y no sabe de dónde provienen la pirotecnia, por eso se pone a lanzar poderes por todas partes— Ben vio que el lugar del pantano donde habían estado escondidos fue destruido. Se sonrojó al comprender que la señora Ishida había tenido razón en eso de que debían moverse y dirigirse al castillo.

"¡Los mataré antes que entren a este recinto!, ¡no importa lo que Lucemon y los demás digan!", dijo en tono resentido, como si estuviera ofendido con el resto de sus compañeros.

—Dame la mano— Sora apresó el brazo del principito —. Ven, sígueme.

—¡Nos descubrirá!, ¿no habría que esperar a que el señor Yagami lance su bengala?

—Con eso no sería suficiente para lograr nuestro objetivo— fue la respuesta de la pelirroja, que empezó a movilizarse con sigilo por el pantano oscuro.


—No me esperaba esta reacción, en lugar de perseguir la bengala de Takeru, se ha puesto a destruir todo sin ton ni son— renegó Taichi, quien estaba en el punto más retirado de la misión.

La estrategia que había desarrollado junto a sus amigos consistía en alejar al demon lord del castillo, moviéndolo de posición usando las bengalas, no obstante, después del segundo fuego, el digimon se había confundido y atacaba los alrededores exceptuando el fortín.

Tai lo vio lanzar potentes rayos de luz mediante su enorme hocico, y con sus colas parecía destrozar los arbustos y cualquier sobra de vegetación que quedaba en el mar oscuro. Desde su posición no podía saber si sus amigos y los niños estaban bien, pero sabía de antemano que Sora y Takeru se habían comenzado a mover por su cuenta. Por otra parte, la parte donde Mimi y Mayumi estaban debía estar intacta porque estaba lo suficientemente alejada.

—Aún necesito llamar su atención —insistió.

Como Leviamon estaba lanzando sus ataques "Rostrum" y "Cauda", una simple bengala no podía destacar en el paisaje. El digimon estaba demasiado distraído, al parecer ni él mismo sabía a quiénes estaba atacando.

¿Y no crees que sería mejor si le hiciéramos cosquillas? —propuso otra voz. Taichi pensó que esa voz había salido de su boca, pero era imposible que él hablara como niña y tuviera ese tono dulce, coqueto.

—No podríamos, estamos muy lejos de Leviamon —contestó sin pensarlo, como si estuviera teniendo una charla con su conciencia.

Podemos ir por los túneles de Gennai —le propusieron de nuevo, Tai sintió que le jalaban el pantalón y miró hacia abajo.

Poco a poco se comenzó a delimitar la figura de una personita iridiscente, de cabellos rebeldes, de carita graciosa. Sonreía igual que como solía reír él mismo, pero de pequeño.

—Te pareces a Hidemi.

¡Sí! ¡Ya sé!, ¡pero yo soy Hikaru!, ¿verdad que sí soy Hikaru?

—Hikaru… — susurró para él mismo, la fantasmita lo abrazó.

Qué bonito se oye tu corazón, hace "túm túm túm" sin parar, ¿lo escuchas?

—Sí, lo escucho.

Cuando nazca, a mí me sonará igual que a ti y podremos jugar y jugar y jugar a muchas cosas, ¿verdad?

Tai se debatía entre mirar a la niña y al Leviamon enloquecido, sus ojos de chocolate iban y venían como si fuera un gato persiguiendo un pájaro y un ratón al mismo tiempo.

No te angusties, ¡ven! ¡Vamos juntos a hacerle cosquillas a ese malo! ¡Y luego iremos por mis hermanitos grandes!

¿Qué decía esa niña? ¿Por qué lo decía con tanta alegría?, ¿por qué Tai no podía dejar de verla?...

—La magia del Digimundo nunca me abandona —dijo, en su mente agregó: "tengo la sensación de que esta vez me va a dar una hija".

Hikaru se agachó, hizo a un lado los arbustos y dejó a la vista una plataforma cilíndrica donde, en otros tiempos y en otros mundos, se proyectaban hologramas de Gennai.

Vamos por aquí.

—'Karu, mi bonita ilusión, ¿y con qué le haremos cosquillas a Leviamon?

¡No sé pero será emocionante!

Y a Tai le corrió sudor de la frente, pero supo que esa idea era mejor que la de la bengala.


—Tío Tai no lanzó la bengala o ésta falló— alertó Mayumi.

Ya no se veía calmada. Frente a ella había un campo de batalla donde el único combatiente era Leviamon y la destrucción que dejaba a su paso. Los binoculares no eran suficientes para localizar a nadie, los poderes del demonio provocaban avalanchas de lodo y hacían volar a rocas en remolinos.

—Tai no la lanzó porque Leviamon se volvió loco —chilló Mimi —. Tenemos que irnos de aquí, hay que buscar el modo de hacer que les llegue a los demás la luz de la digievolución de Calumon.

—¡Calú tiene miedo, no quiere ir solo!

—Mimi-san, creo que debemos usar la luz de Calumon para digievolucionar a nuestros digimon y combatir a Leviamon.

—Haremos eso, pero tú irás a buscar a los demás y mi Lilymon combatirá a Leviamon.

—Pero… Lilymon sola no podrá, Mimi-san…

Mimi sacó de sus cosas el dibujo de Lilymon que había hecho Zetaro Ichijouji.

—Claro que no, pero la pureza de mi amiga atontará a ese horrible digimon, lo distraerá más que cualquier pirotecnia.

—Es que… es que yo le prometí a Ben que la cuidaría, por favor…

—Ni hablar, soy yo quien debe cuidarte, eres la princesa de mi mejor amiga.


Takeru se levantó de entre los escombros con sigilo. Uno de los ataques directos de Leviamon casi le había matado. Se le había hecho una herida en la frente y la sangre se le metía a los ojos, lo que dificultaba su visión.

Estaba desorientado, no sabía en dónde habían quedado sus cosas ni hacia dónde debía dirigirse. Lo único que tenía consigo era el dibujo de su ángel digimon, lo traía guardado en la chamarra y cada que podía trataba de tocar la hoja con una de sus manos.

—Estoy a la espera, pero como siempre, la esperanza no morirá.

Y aunque al ponerse de pie, Leviamon lo notó de inmediato, Takaishi no flaqueó y no dejó que el pánico lo controlara. La fe era mucho más fuerte que cualquier otra cosa, los milagros siempre resplandecían. Vio a lo lejos que del castillo de los demon lords salía una pequeña luz morada, no supo qué fue, no obstante, le hizo mostrar aún más valor que antes y llenarse del emblema de sus amigos.

—Leviamon, ¿estás listo para tenerle envidia al ángel digital más poderoso del Digimundo?

El rubio se puso en posición de pelea y no le importó el bramido que le lanzó el dragón digital.

—¡Vas a morir! —le dijo, sin embargo, en lugar de emitir un rayo de oscuridad de su hocico, al final, por extraño que pareciese, lo que hizo Leviamon fue reírse como si le hubieran contado el chiste más gracioso del universo.


Taichi no quiso preguntarse cómo fue que se teletransportó por medio del proyector de hologramas, sin embargo, durante el proceso, disfrutó de la cálida sonrisa de la fantasmita que lo estaba guiando, le hizo sentir la confianza de que si se esforzaba, podría rescatar a sus trillizos.

"Si Akane viera a esta niña, ¿se enamoraría de esa sonrisa, como yo?", se cuestionó sin saber por qué, después de todo, no estaba seguro de lo que eran esos niños fantasmas, podrían ser simples hologramas o quizás entidades más elaboradas, como la que había sido Gennai.

Había encaramado a la niña en su espalda, la había sentido tibia a pesar de que esa piel tenía un filtro transparente, luego se había posicionado en la base de metal y algo los había succionado hacia el subsuelo. ¿En qué dimensión estaban?, ¿realmente era el mundo oscuro?, ¿o quizás una dimensión que sus amigos calificaban de transitoria?, ¿en verdad había algo así en el Digimundo?, y de no ser así, ¿por qué había entonces proyectores de hologramas que podían usar los agentes de la homeostasis?

Todo ello pasó por su mente a gran velocidad. Sintió que viajaba, quiso ver una aurora boreal, pero no pudo abrir los ojos hasta que él y Hikaru aparecieron en otro lugar, uno donde Leviamon estaba mucho más cerca que antes.

Yagami lo vio de espaldas. Observó la larga columna vertebral del lagarto y se estremeció, lo más terrible eran sus colas enloquecidas, destruyéndolo todo a su paso.

—¡Es Takeru! —identificó a su cuñado de inmediato, éste casi había sido alcanzado por un rayo y había caído entre la maleza revuelta que había destrozado el demon lord —. Tengo qué ayudarle.

El diplomático sacó dos pistolas, una de verdad y la de la bengala, Hikaru se rascó el cráneo.

—Así no, ¿no recuerdas las cosquillas?, ¡es mucho más divertido!

—Nena, esto es peligroso, por favor, permanece sobre mi espalda, ¿sí?, no quiero poner en riesgo a la niña más simpática del mundo.

—¡Quiero ayudarte, quiero nacer! —se entercó ella, saltando de la espalda de Tai, quien a su vez intentó capturarla.

—¡Hikaru-chan!, espera, ¡diablos, esa nena me recuerda tanto a mí!

La fantasmita echó a correr sin dejar de reír, Taichi notó que iba descalza y vestía un vestido color naranja liso y corto. El hecho de ver que se alejaba le hizo sentir pavor, como si esa criatura fuera Taiki, Hidemi o Soji… la sensación de angustia fue similar, por eso sus pasos fueron más rápido.

"¡Ayúdame un poco, Agumon!", rogó dentro de sí, "tengo que salvarla, tengo que llevársela a Akane Fujiyama… ¡carajo!, ¡esa niña es mía!".

Tras ese pensamiento la abrazó.

—No te quiero perder, Hikaru-chan.

—Papito, ¡has hecho brillar la alegría de mi corazón! —exclamó Hikaru y de su cuerpo cristalino se desprendió una potente luz ondulada y color mandarina, que fue directo a las colas de Leviamon, quien estaba a punto de atacar a Takeru.

"¡Vas a morir!", le había dicho, pero en cuanto la luz que había emitido la fantasmita tocó al rey demonio, éste comenzó a reír sin poder detenerse, como si alguien estuviera haciéndole cosquillas con una pluma gigante.

—¿Qué ha pasado?

—Es que soy el emblema de la alegría —compartió Hikaru, embarrándose en Taichi, orgullosa.

—¡Takeru, por acá! —gritó el líder, Takaishi suspiró al verle y se apresuró a alcanzarlo.

Leviamon, por su parte, cayó a la charca que una vez había sido el Océano Net, se revolcó de la risa sin parar: "me duele… la pagarán… ¡Los demon lords los acabaremos, malditos niños elegidos!".

Ninguno de los tres se quedó a oír las amenazas y comenzaron a alejarse. Un resplandor cálido los acogió y, en ese momento, Taichi y Takeru entendieron que Mayumi y Mimi habían activado el poder de Calumon para evolucionar sus digimons.

—Estás hecho un desastre, no sé qué le diré a Hikari.

—Estoy bien, Tai, ¿tienes tu dibujo? —Yagami asintió y mostró el dibujo.

—Sí, ya siento el poder de Agumon, siento que sale de mí…

—Y yo el de Patamon.

—¡Ah, yo también quiero un digimon! —dijo Hikaru, interrumpiendo.

—Tai… esa niña…

—¡Soy 'Karu-chan, tío Takeru! —explicó con soltura.

—Nos acaba de salvar el pellejo haciendo reír al demon lord, ahora mismo debemos ir hacia el castillo.

Tai y Tk hicieron resplandecer sus emblemas y éstos se acumularon en los dibujos de Zet, por lo que poco a poco tomaron forma. Hikaru aplaudió mientras miraba, tenía la boca tan abierta que un poco de saliva le goteaba.

—¡Es tan súper!, seguramente Takumi me tendría envidia si estuviera aquí —aseguró la fantasmita.

Agumon apareció frente a Taichi, los dos se sonrieron. Cuando Patamon apareció, lo hizo sobre la cabeza de Takeru, para no perder la costumbre.

—¡Agumon, Patamon, digievolucionen!

Agumon digivols a…. Greymon… MetalGreymon… ¡WarGreymon!

Patamon digivols a… Angemon… ¡Magna-Angemon!

Hikaru vitoreó, en esos momentos, el Garudamon de Mayumi Ishida los sobrevoló. Mimi estaba con la chica, lo mismo que Calumon, el pequeñito era quien había dado el plus para la materialización de los digimon.

—¡Lilymon, lánzale a Leviamon un collar de flores! —mandó Mimi.

—Así lo haré, Mimi —respondió la hadita digital, sumándole flores a la risa de Leviamon.

—Tío Takeru, tío Tai, nos pareció que debíamos intervenir, por eso le pedimos a Calumon que nos proporcionara su poder —explicó Mayumi.

—Han hecho bien, pero ahora hay que alejarnos, debemos entrar al castillo… ¡Todos ataquen al mismo tiempo, el efecto de la risa parece que va a terminar! —mandó Taichi.

—¡Cañón de flor!

—¡Terra force!

—¡Alas espada!

—¡Excallibur!

—¡Vámonos ya! —apuró Takeru, después de que los poderes impactaron a Leviamon —Necesitamos infiltrarnos.

—Pero aún no encontramos a Sora ni a mi Benji —se quejó Tachikawa.

—Mimi, estamos hablando de Sora, ella ya debe estar adentro, en el castillo, lo mismo que tu principito, no te lo he dicho, princesa, pero tu chico es más valiente de lo que crees.

—¿Tú crees, Tai?

—Ben es duro de roer, tía Mimi— aseguró May.

Los elegidos corrieron hacia Garudamon y emprendieron el vuelo. Fue hasta entonces que Tachikawa notó la presencia de la fantasmita.

—¿Quién es ella?, ¡oh por Dios! ¡Parece otra de tus hijas perdidas, Taichi Yagami! —regañó Mimi, aunque a la vez tembló al notar que la niña no parecía tener una figura muy corpórea, parecía que venía de otra dimensión.

—No te equivocas, te apuesto que ella es mi "cuatrilliza".

Mientras ellos sobrevolaron a Leviamon, custodiados por los digimon que acababan de materializar, el demon lord de la envidia hirvió de furia junto a su risa falsa, no obstante, no se desesperó… esas técnicas que le habían lanzado no eran significativas, una vez que se acabara el efecto del emblema de la alegría, simplemente habría que esperar a la creación del emblema apócrifo para desaparecer ese horrible mundo con sus poderes.


Sora sintió calidez en su cuerpo cuando la luz de la digievolución de Calumon brilló en el mundo oscuro. No supo apreciar el resplandor, porque el poder de la digievolución se mezcló con los poderes que había comenzado a lanzar Leviamon por todas partes.

Ella y el hijo de Mimi se habían dedicado a huir de esa zona de peligro rumbo al castillo.

—¿Qué sucede, tía Sora? —Preguntó Ben, al ver que la madre de Mayumi y Kotaro se detenía. Ambos estaban trepando un acantilado, él iba un poco más arriba, pero notó de inmediato cuando la señora se detuvo.

—Estoy segura de que Calumon activó la digievolución, ¿no lo sientes? —el principito se rascó el cráneo.

—Las mujeres son más sensibles para percibir esas cosas, aunque sí me siento un poco raro, pensé que era porque el mundo está por destruirse y no sé si madre y hermano están vivos —dramatizó —¡Es más!, ni siquiera sé si mi padrastro y la Cerebrito están bien.

Takenouchi puso los ojos en blanco, en cierta medida, comprendía por qué May solía decirle que Benjamín era como un principito malcriado. Nunca se había puesto a pensar en lo buena adolescente que era su hija en comparación con el promedio de los chicos de su edad.

—Ben-kun, concéntrate en materializar a tu digimon —pidió amablemente.

—¿En este momento?, ¡pero si estoy trepando una montaña, Sora-san! —Reclamó.

En cuanto terminó de hablar, Tachikawa pudo ver que Biyomon se moldeaba en la dimensión, justo a un costado de la esposa de Yamato.

—¡Sora, Sora! —pio el ave digital rosada —¡Te extrañé tanto, Sora! ¡Me alegra mucho que no te olvides de mí y tengas mis datos dentro de tu alma!

—Biyomon… al fin puedo verte…— respondió la diseñadora, las dos mostraban lágrimas en los ojos.

—Y yo que pensaba que Palmon y Tanemon eran cursis— bufó Ben, concentrándose en su propio Digimon.

Percibió otra respiración en la cercanía, se concentró en su querido Tanemon y detuvo la subida. No supo cómo, pero fue como si sintiera que la luz de la digievolución le hubiera golpeado el pecho y, adicionado a su emblema y a su dibujo, el resultado que obtuvo fue la aparición de su pequeño digimon en uno de sus hombros.

—¿De verdad eres mi Tanemon? —Preguntó.

—¿Y tú eres Benji?, mi Benji era más pequeño.

—Es que ha pasado tiempo —se animó el principito de Mimi. Tuvo ganas de soltarse y abrazar a su digital, pero se contuvo, después de todo, sabía que quien lo acompañaba sólo era un holograma del verdadero Tanemon… si realmente quería volver a ver a su mejor amigo, debía luchar por la restauración de todos los digimon y el mundo donde éstos vivían.

—¿Digievolucionamos, Sora? —preguntó Biyomon.

—No, si te conviertes en Birdamon o Garudamon llamarás mucho la atención, Taichi y los demás seguramente se encuentran combatiendo a Leviamon, lo que nosotros debemos hacer es tratar de entrar de incógnito al castillo.

—Tengo una idea —dijo Ben —. Como Biyomon puede volar, ¿por qué no va a echar un vistazo al castillo?

—No es muy buena voladora en esta etapa de la digievolución— confesó Sora —. En nuestro grupo, casi siempre enviábamos al Tentomon de Koushiro, además, no sé cuánta energía tenga Biyomon.

—¡No te preocupes, Sora, voy a esforzarme! —dijo la digimon —. Haré todo lo posible para ver cómo entrar al castillo.

Takenouchi le asintió a su Biyomon. Ben, por su parte, ordenó a Tanemon que se transformara en Palmon.

—Con la hiedra de mi Palmon podemos trepar el acantilado con mucha más facilidad.

—Qué buena idea, Ben-kun.

—Sí, lo sé, mis amigos deberían obedecerme más seguido —aseguró el muchacho y Sora sonrió, en sus épocas de niña elegida, ninguno de sus compañeros era tan altanero como ese joven.


El mundo se le estaba despintando. Cada gota que caía en el suelo era una porción de vida que se le iba de las manos. Shin Kido no sabía cuántos minutos de vida le quedaban, ni siquiera sabía si realmente iba a morir, pero estaba preparado para dar el último suspiro.

Moriría en esa cueva, moriría sin poner sus pies nuevamente en el país del sol naciente. ¿Su padre y madre ya estarían muertos?, ¿Shuu y Jyou llorarían por él?

Le parecía una ironía haber llegado tan lejos y morir desangrado o por sepsis. Los demon lord lo habían atacado en muchas ocasiones y, aunque por fin había logrado escapar, parecía que con eso no había sido suficiente.

Pensó en los trillizos que había visto nacer y que ahora luchaban contra esos demonios. ¿Estarían bien?... y el pequeño que le había cosido, ¿le seguirían temblando las manitas?

Deseó tener un hijo, deseó al menos ver a los hijos de sus hermanos antes de morir. El hijo de Joe, Doguen, tenía la misma edad que los años que había pasado encerrado.

—Creo que todo ha acabado… si tan sólo hubiera podido hacer más… —cerró los ojos, o eso quiso hacer, pero vio sombras borrosas acercándosele.


—¿Es por aquí, Biyomon?

—¡Sí, es la entrada que te dije!, al parecer hay un agujero reciente, producto de un ataque masivo.

—Qué asco, huele a drenaje —Ben Tachikawa se cubrió la nariz, tomó a su Palmon de la mano y entró a la cueva —. He peleado en castillos más bonitos, los demon lord tienen pésimo gusto y odio entrar por las alcantarillas.

—Hemos logrado entrar, lo mejor será que envíe la señal a Miyako por la terminal.

Ben quiso renegar porque avisar a los demás le parecía una pérdida de tiempo, no obstante, se quedó callado porque, de cualquier manera, no sabía hacia dónde ir.

—Voy a revisar los alrededores, ¡vamos Palmon!

No habían dado un paso, cuando Palmon y la misma Biyomon -que sobrevolaba la angosta cueva- detuvieron al chico de 15 años.

—Espera, Benji, hay alguien tirado ahí.

—¡Es un humano! —aseguró Biyomon.

Sora los alcanzó mientras guardaba su D3. Se acercó lentamente y se posicionó frente al muchacho y los dos digimon con actitud maternal. Sacó una pequeña linterna y la encendió en dirección hacia donde se veía el cuerpo.

Ella cayó de rodillas y sus ojos se llenaron de lágrimas al identificarlo.

Era Shin Kido.


Grupo de Yamato, Ken, Koushiro y los pequeños Osen, Zetaro, Satoru y Kotty


Satoru trató de quitarse el líquido multicolor que traía embarrado en las manos tallándose en la ropa. Hacía estado excavando en la arena negra y de pronto sus manos habían localizado una charca colorida, de arco iris.

—Hice un descubrimiento— comentó justo al tiempo en que Yamato Ishida lo levantó del suelo y lo quitó de ahí.

El chico miró con frustración que el ex astronauta lo alejaba de su descubrimiento como si se tratara de un bebé, ¡por dios!, si él ya tenía siete años y, por si fuera poco, ya sabía cómo se creaban los humanos.

—¿Te duele, Sato-kun? —le preguntó Kotaro mirándole las manos con preocupación.

—Claro que no —mintió Satoru, porque, en realidad, sus manitas le ardían mucho y se le estaban inflamando.

—¿Qué es eso, papá? —preguntó Kotty a Yamato.

—Yo sé lo que es —alegó Satoru —, es pintura, lo sé porque mi hermano Zet tiene las manos manchadas de estos mismos colores.

Ishida observó las manos del niño y no dijo nada, sólo lo sostuvo con más fuerza y miró hacia su hijo.

—Kotty, vamos con Ken y Koushiro inmediatamente —mandó —. He guardado las coordenadas del lugar, pero lo importante ahora mismo es atender al niño.

—¡Yo estoy bien! —se quejó Sato, pataleando como si todavía estuviera en el preescolar.

Kotaro asintió, echó a correr seguido de su progenitor sin tener una idea clara de lo que estaba pasando. Se sentía un poco frustrado por no tener idea de cómo ayudar a su grupo, aunque una parte de él agradecía estar bajo el resguardo seguro de su padre.


El fantasmita Takumi se detuvo mientras cruzaba el bosque en compañía de una niña diminuta, la cual tenía el rostro divino pero mostraba mal genio.

—El salitre consume al sol con el que se deben alimentar los árboles que están muertos, pero todavía no se han acostado —hizo la reflexión, su mirada plateada resplandeció en la oscuridad, pareció emitir magia.

Su compañera, la fantasmita Izumi-Tachikawa, resopló.

—¡No tiene sentido lo que dices, Takkun!, tenemos cosas más importantes que hacer, ¿es que soy la única de nosotros que lo entiende?, si no ayudamos a nuestros papás no existiremos en ningún multiuniverso, sólo somos emblemas que tomaron forma de los humanos que no nacieron.

Takumi encogió los hombros. Era pálido, de cabellos dorados y tenía las mismas facciones de Yamato.

—No puedes querer que las cosas tengan sentido si no hay caminos ni luciérnagas que nos guíen —se defendió.

—Olvídalo, no tiene caso discutir contigo si estás loco; lo importante es seguir nuestro plan —susurró Koemi, de abundante cabello castaño y pensamiento lógico desarrollado —; por suerte, nuestro plan es el mismo que el de Gennai, ¿cierto?

El rubito no respondió, sino que aumentó la velocidad al sentir que ellos estaban cerca. Su acompañante se agitó e, inesperadamente, se dejó caer al suelo.

—¡Ay, ya me cansé!, ¡cárgame, Takkun!

—Eres peor que la bruja de Hikaru.

—¡Cállate!, sólo cárgame, soy una dama y me cansé… ya falta poco para que vea a mi papito, esta vez estará despierto, lo sé… ¿no te da emoción?, ayudaremos a que vayan a Witchelny.

—Mi papá toca música con sus ojos— fue la respuesta de Takumi, antes de permitir que Koemi se subiera en su espalda como si éste fuera su cordel.


Mientras Ken y Koushiro analizaban la situación del equipo de investigación, y Yamato estaban en el bosque con los pequeños Kotty y Sato, Zetaro Ichijouji y Osen Izumi tenían su propia conversación.

—¿Hablas de hacer una mariposa digital? —Preguntó Zet —¿Eso es posible, Osen-chan?

—No estoy segura —confesó —. Veo tus manos y las mías, veo la tinta y la sangre y entonces sólo puedo recordar a las mariposas del Digimundo… si yo tuviera mis pensamientos de la curiosidad podría saber por qué te digo eso…

Zetaro asintió, alistó una hoja blanca en su libreta y afiló su grafito.

—A veces no es necesario tener respuestas, basta con los presentimientos —consoló el muchacho, cerrando los ojos celestes brevemente.

—¿Qué haces?

—Voy a dibujar una mariposa del Digimundo para ti —murmuró con concentración.

La chica suspiró, echó una ojeada a su alrededor. Le parecía difícil identificar en dónde estaba, no estaba segura si el paisaje era una ciudad, unos matorrales o unas sombras, por eso prefería no prestar atención a nada, por eso de reojo miraba a su padre y a Ken Ichijouji teclear en las computadoras.

Se le hacía raro que ellos estuvieran frente a los monitores y ella no. Se sentía muy raro ser otra Osen.

—Olvídalo, no la dibujes, aquí está muy oscuro, seguramente no volará.

—Volará —aseguró Zetaro —, ¿a ti te gustan mucho esas mariposas, cierto?

La hija mayor de Izzy asintió. Zetaro se sonrojó como rubí y siguió dibujando.

—Entonces, si de verdad te gustan tanto, haré que una vuele y te la regalaré —al hacer ese comentario, Zet sintió que le temblaba la voz y se formaba un torbellino en su estómago.

Si la mariposa digital no volaba, entonces seguramente bastaría con sacar una de su vientre, porque, en definitiva, cada vez que los ojos negros de su amiga chocaban con su mirada, él sentía que cientos de orugas salían de su capullo y revoloteaban en sus entrañas.

El mediano Ichijouji fijó su atención en el lienzo, pero Izumi le interrumpió, señalando hacia el norte.

—Algo pasó —comentó de manera parca. Zetty terminó el boceto, alzó la cara y vio que Kotaro Ishida corría hacia donde estaban su padre y el señor Izumi.

Tras él, el señor Ishida llevaba cargando a Satoru, quien a su vez berreaba y se sacudía. Zetaro se puso de pie al instante, guardó el cuaderno y tomó la mano de la chica sin siquiera preguntarle.

—¡Vamos! —instó algo desesperado, al ver que las manos de su hermano no se veían normales, sino que parecían estar cubiertas de pintura tornasol.

Osen no se quejó de que le tomaran la mano, se dejó guiar algo inquieta. Zetaro la llevó colina arriba hasta donde estaban sus padres, la soltó con algo de timidez, al notar que los adultos habían notado el detalle.

—¿Qué sucedió? —indagó.

A Satoru lo tenían boca-arriba y entre los tres adultos lo sostenían, porque el niño no se estaba quieto.

—Sato-kun encontró una charca, metió el brazo y esa sustancia lo está quemando —explicó Kotaro.

—¡Hermano Zet, diles que es la misma pintura con la que te hizo pintar la Lilithmon mala que quiso aparearse contigo! ¡Cof cof! ¡Ya déjenme, cof, cof!

—¿Lilithmon? ¿Aparearse? —preguntó Kotaro, pero nadie le respondió.

Zetaro Ichijouji se inclinó al lado de su hermano e intentó quitar la tinta de la piel de Sato.

—¿Por qué parece que Satoru-chan presenta una reacción alérgica a la pintura?, ¿te pasó lo mismo, Zetaro-kun? —preguntó el señor Izumi, mientras su hija se alejaba un poco de la escena, como si estuviera nerviosa.

El cuerpo de Satoru se estaba inflando y enrojeciendo. Éste se quejaba, pero en su delirio seguía presumiendo su triunfo de "haber hecho un gran descubrimiento".

—Sato-kun no tiene semilla de la oscuridad, quizás sea eso… —expresó el hermano mayor, con preocupación.

—El emblema de Satoru, el Destino, tiene un tinte místico relacionado con los Milagros —explicó Ken, tratando de quitar el espeso líquido que cubría la extremidad de su hijo —. La reacción que presenta es la que habría si la luz y la oscuridad se trastocaran.

Sato-kun volvió a toser. De la nariz le salió un hijito de sangre que hizo que a Ken se le pusiera el mundo de cabeza.

—Incertidumbre… —mencionó, entonces, Koushiro —. Uno de los contraemblemas del Destino podría ser la Incertidumbre; este mundo justamente es incertidumbre, fatalidad, eventualidad… eso pudo influir en su estado, sumado a que esa pintura tiene oscuridad de este mundo de tinieblas, por otra parte, el resto de los colores deben ser datos digitales…

—… de las mariposas— comentó para sí misma Osen, algo ausente.

—¡No permitiré que otro de mis hijos sea víctima de la oscuridad! —exclamó Ken, desesperado.

Yamato sacó el botiquín de primeros auxilios y, junto con Kotty, comenzaron a buscar alcohol, agua oxigenada y algodón para tratar de quitar la mácula.

—Busca antihistamínicos, Yamato— mandó el ex káiser.

A Zet se le escaparon las lágrimas y recordó el día en que la oscuridad se hizo de una parte de su corazón. Negó con pesadumbre, le comenzó a temblar el cuerpo. La situación ya estaba podrida, ¿por qué tenía que ponerse peor?

Satoru eventualmente dejó de moverse de manera brusca, lo único que hacía con rapidez era respirar.

—Papá… no puedo… respirar profundo— se quejó.

—Shhh, abre la boca— pidió el papá, tratando de que se tomara una pastilla para la alergia.

—¡No! —Se quejó entre tosidos —¡Todo… menos medicina!

—¡Haz caso, Sato-kun! —Rogó Kotaro —Si no obedeces te inyectaremos, ¡que sepas que fui enfermero del doctor Kido y me enseñó a inyectar!

Con eso bastó para que el niño obedeciera, pero a pesar de que Ken lo hizo tragarse la pastilla, Satoru regurgitó y la sacó junto a una tos continua, que tenía a los adultos desesperados.

—Estoy llamando a la base, necesitamos consultar con Jou— se adelantó Koushiro, mientras los demás atendían al chico, a excepción de la pelirroja, quien miraba todo y nada, nada y todo.

Zetaro hacía esfuerzo por absorber la pintura; Ken y Yamato por quitarla. Kotty iba de un lado a otro, secando la frente del peliazul, trayendo más algodón y tratando de multiplicarse para ser útil.

—… Zet, la mariposa digital…— susurró Osen, ensimismada. Tomó sin permiso el cuaderno de su amigo y le jaloneó la ropa —… la mariposa, ya falta poco…

El chico negó.

—Osen-chan, mi hermanito está mal, ¿no te das cuenta?

La pelirroja insistió. Volvió a jalarlo de la camiseta con más fuerza.

—Pero dijiste que la mariposa volaría… lo prometiste.

—¡Ahora no puedo! ¡Sé que perdiste los pensamientos curiosos y por eso no estás consciente!, ¡pero Sato puede está siendo atacado por la oscuridad! —gritó perdiendo los estribos y volviéndose hacia ella.

La sujetó de los hombros unos segundos, Koushiro y Ken se tensaron inmediatamente. El primero abrió los ojos y alzó las cejas, el segundo, por el contrario, bajó la expresión, como si estuviera apenado.

No hubo más tiempo para analizar la situación porque en esos instantes se escuchó un trueno y una luz coloreó el cielo, pintándolo de morado unos segundos.

—¡¿Qué es eso?! — preguntó Kotaro, estirándose.

—¡Al suelo! —ordenó Ken.

Yamato hizo una barrida para proteger a Kotty. Ken sostuvo a su hijo menor, Koushiro hizo a un lado los comunicadores y saltó hacia Osen, pero no la alcanzó, sino que fue Zetaro quien logró proteger a la chica.

El suelo se estremeció. Fue como si un cascarón comenzara a romperse. Cuando Yamato se incorporó, lanzó un bufido.

—¿Hay una batalla cerca de aquí? —cuestionó Kotaro.

—Fue una bengala, pero luego se estremeció el suelo —atinó a explicar Koushiro.

—Sonó como una bomba —dijo el pelirrojito de sexto grado. — ¿Mamá y los demás necesitan ayuda, papá?, ¿no es una señal de auxilio?

Otra explosión iluminó el cielo. Esta vez, Yamato levantó la cabeza y vio una segunda tanda de fuegos pirotécnicos.

—Los explosivos son a propósito— consideró el ex astronauta —. Debe ser uno de los planes descabellados de Tai, es probable que estén en problemas, pero seguramente podrán arreglárselas.

—Nuestra prioridad es Satoru —recordó Ken, revisando los signos vitales de su pequeño, quien seguía asfixiándose por la pintura llena de toxinas de tinieblas.

Koushiro Izumi se reincorporó, miró que su hija y el mediano Ichijouji estaban todavía en el suelo, él sobre ella, los dos callados, los dos demasiado cerca.

—¡Zet! — regañó entonces Ken, al ver que la situación parecía comprometedora.

Gomen…— con presteza, el adolescente se alejó de la niña, pero ésta quedó inmóvil, boca arriba, con el cuaderno de su pretendiente entre sus dedos heridos y gotitas de su sangre rodando de sus heridas.

—Una mariposa viene —fue lo único que dijo Osen, aferrada a algo intangible.

No dio tiempo a más reacciones, porque una lucecita, salida de la nada, descendió del firmamento artificial. Era violeta y aleteaba de manera grácil, como si se balanceara en un viento de primavera.

—Es… ¡Woow, de verdad es una mariposa! —confirmó Kotty.

Las alas de ésta garabatearon el cielo como si fuera un rulo, luego se acercó al grupo, poniendo a todos en alerta.

—Va hacia Osen —avisó Yamato.

Zetaro atrajo a su amiga, para alejarla de esa mariposa. ¿Y si era una palomilla maligna? ¿Y si era una trampa, como la pintura que había tocado su hermano y que a él lo había marcado?

—¡Suéltame! —chilló la pelirroja —Es lo que he estado esperando.

La chica Izumi hizo a un lado a Zet, estiró las manos y, como si fuera una hoja de otoño cayendo de un árbol, la mariposa se balanceó hasta ella, hasta posarse en uno de sus dedos anulares.

—Tío Izzy…

—No te preocupes, Kotaro-kun… es justamente lo que mi hija necesita recuperar para volver a ser ella —aseguró Izumi.

Y así fue, porque esa mariposa de tonos lilas se convirtió en un óvalo morado de materia gelatinosa.

La mirada de Satoru, que estaba en brazos de su papá, relampagueó de merodeo aún en medio de su desolación.

—Mis pensamientos de la curiosidad —lloró la chica, dejándose caer de rodillas para abrazarse a su identidad plasmada.

Sonrió, ella se llenó de luz como el cielo de ese mundo falso.

—Quiero tener curiosidad, quiero tener curiosidad, quiero tener curiosidad, quiero tener curiosidad —lo dijo con tal intensidad, que con eso bastó para que el conocimiento que había perdido, volviera a adentrarse a su cuerpo.

El emblema se marcó en su frente y, cuando abrió los ojos, ella de nuevo era quien debía ser y quien siempre sería.

"La mariposa revolotea

como si desesperara

en este mundo", es escuchó el eco de una vocecita.

—Muchas gracias, Tulo-chan —susurró enseguida Osen, reconociendo el mensaje que su hermano menor le había enviado en sus pensamientos.


Grupo de Seiyuro, los trillizos, Mina y Tulo


Con la ayuda del anillo mágico de Gatomon y los emblemas, los chicos secuestrados habían logrado aparecer a sus digitales y la batalla contra los reyes demonios del Digimundo había iniciado.

—¡Ice force! —dijo el WhiteWargreymon de Soji, seguido de los poderes que lanzaron el WarGreymon de Taiki y el BlackWargreymon de Hidemi.

Daemon se había quitado su capa y lucía como un enorme demonio alado, de piel amoratada y garras agigantadas.

—¡Fulgor del Caos! —dijo el demon lord de la Ira, bloqueado el ataque de los trillizos.

—¡No se desanimen, otra vez y con más fuerza, chicos! —mandó Taiki a sus hermanos, mientras, al fondo, el MagnaAngemon de Seiyuro trataba de abrir la puerta del destino para escapar.

—No te lo permitiré, odioso ángel, ¡me vengaré por lo que le hicieron a mi motocicleta! —Gritó Beelzemon, atacando a Sei y a los pequeños — ¡Doble impacto!

—¡Cuchillada del Juicio! —contraatacó MagnaAngemon, deshaciendo el ataque del demon lord.

—Esto no puede seguir así, el ritmo de los ataques no dejan el tiempo suficiente para usar la Puerta del Destino… —dijo Seiyuro, con Tulo y Mina de la mano. Los pequeños lucían aterrados y de lo cansados que estaban, hiperventilaban.

—Min-chan… ¿Los malos van a ganarnos? —preguntó el pequeño hijo de Mimi y Koushiro.

—¿Verdad que no, hermano?

—No se preocupen, algo bueno va a pasar— aseguró el rubio Takaishi, tratando de encontrar la manera de escapar sin que los destruyeran. Los trillizos Yagami estaban en la ofensiva, pero solamente Daemon, Beelzemon y Lilithmon atacaban. Lucemon veía todo como si estuviera aburrido, Belphemon estaba una siesta y Barbamon seguía lamentándose por haber perdido los pensamientos de la curiosidad y creatividad de los Izumi —. Min, ¿no hay manera de que Wizardmon aparezca?

—Es que hermano, él está en Witchelmy, ahí donde viven los hechiceros —respondió la nena, como si fuera una respuesta casual.

Sei suspiró cabizbajo, los wargreymon lanzaron sus poderes y Daemon volvió a rechazarlos.

—¿Es que son idiotas?, ¿por qué no los derrotan con un ataque conjunto? —les propuso, con ironía, Lucemon Falldown Mode.

Los otros demonios gruñeron y acto seguido el castillo se estremeció, pero no por sus bufidos, sino por una cuestión externa.

—¿Qué ha sido eso? —renegó Lilithmon.

—Leviamon… Esos odiosos humanos debieron interrumpir a Leviamon, quien custodia nuestra guarida —fue la suposición de Daemon.

—Lo lamentarán, Leviamon es capaz de comerse el mundo entero —se carcajeó Beelzemon.

—¡Incluyéndote! —retobó Seiyuro Takaishi, sonriendo con fiereza.

—Príncipe Seiyuro, princesa Min, no se preocupen, nuestro rey y los demás vendrán pronto a rescatarnos.

Seiyuro, Min y Tulo miraron a una preciosa niña a unos pasos de ella.

—¡Noa-chan! —dijo Sei, recordando su primer encuentro con la fantasmita de cabello castaño y ojos azules.

—Qué bonita niña, ¿quién es? —preguntó Tulo. Los hermanos Yagami apenas repararon en la nueva aliada, siguieron atacando a los demon lord.

—Te estaba esperando, hermanita —aunque estaban en medio de la batalla, Mina alzó el sombrero de su Wizardmon y, como si fuera una corona, lo puso en la cabeza de la recién llegada —. Tenía muchas ganas de verte, no te preocupes si se secó el jardín, te prometo que va a florecer.


Grupo de Daisuke, Hikari, Toshiro y Kyosuke


Dos niños se internaron en la parte más oscura de esa dimensión.

—¿Estás listo para emprender la misión, pequeño Fortaleza? —preguntó el de piel apiñonada y mirada azul.

—¡Sí!, estoy muy contento porque es mi primera misión y voy a conocer a papá.

—¿Podrás encontrar el camino a pesar de tu ceguera, Daikichi Motomiya?

—Yo nunca he necesitado los ojos, lo único que necesito es mi bastón, Gennai.


La oscuridad siempre le había parecido a Daisuke un fenómeno extraño. Cuando sus amigos se tensaban ante las tinieblas, Motomiya era de los que más fácilmente podría reponerse para luchar, porque para él, todo aquello que no emitía luz era algo sin vida.

No importaba qué tan negro estuviera el panorama, él era capaz de ver de frente y encontrar un haz de luz entre las sombras, todo era cuestión de creer, todo era cuestión de dejarse guiar. No obstante, fue hasta ese día que Daisuke comprendió que él realmente nunca había estado expuesto a las tinieblas antes, esa ocasión era la primera vez.

Debía haber una primera vez para todo, por eso, sus ojos de perfecta visión le estaban fallando y el cuerpo le temblaba sin que él pudiera controlar sus movimientos.

Había hecho mal en separarse de su hijo y de Hikari. Toshiro Yagami, después de todo, había tenido razón en que no había que internarse solo en un bosque oscuro.

"Esta debe ser la verdadera oscuridad que ha torturado a personas como Ichijouji", pensó Daisuke aterrado, sin poder caminar hacia ningún lado, porque no tenía idea de cuál camino era el correcto.

Daisuke sentía que estaba cerca de un acantilado y que un paso en falso podía llevarlo a la muerte, a la desolación.

—¡A-ayuda! —gimió desesperado. El alma le pesaba mucho, quería recordar el rostro de su esposa y no podía, quería salvar a su hijo, pero éste parecía muy lejos de él.

Por primera vez en mucho tiempo, Daisuke Motomiya estaba aterrorizado.

Por primera vez en su adultez, el coraje de su corazón no le servía de nada.

Por primera vez en su vida, Daisuke sabía lo que era la ceguera.

No debes tener miedo a la oscuridad.

—¿¡Quién está ahí!? —gritó Daisuke. La voz que se había escuchado era infantil, pero Motomiya negó, ¿se oiría así la voz de la Fusión Prohibida que había torturado a Toshi Yagami o a Zet Ichijouji? —¡No te acerques porque no respondo!

Pero tú me guiarás cuando haya sol, porque sabes por dónde ir —le dijo la vocecita —, yo no puedo andar solito.

Daisuke sintió una presencia tras él y se tensó, aunque no lanzó ningún golpe. Quedó como estatua y, cuando una pequeña mano le tocó la piel y le abrazó los dedos, se sintió mareado y le sudaron las axilas.

¿Qué era ese sentimiento que lo embargaba? ¿Cómo era posible que un simple tacto le estuviera ayudando a olvidarse de que temía a la oscuridad?

—¿Quién eres, mocoso?

Daikichi, ¿no te acuerdas?

—¿Eh?

Estoy contento, por primera vez tengo una misión. No importa que los dos no veamos nada, tenemos mi bastón, ¿qué más da si los ojos están cerrados?

—¿Tampoco ves nada?

Yo no conozco los colores.

El niño que le hablaba parecía pequeñito, vulnerable. Daisuke se jorobó un poco para tocarle el cabello con su mano libre. Sintió un cabello rebelde, como el suyo, luego acomodó su palma en la cabeza del menor.

—… no importa si no hay colores, tenemos el bastón, éste nos ayudará y alcanzaremos al señor Gennai, ¿verdad que sí?

Daisuke tragó saliva. Gennai estaba muerto. Cuando Toshiro Yagami había sido poseído en el 2027, había matado al agente Gennai, a aquel misterioso personaje que siempre aparecía cuando estaban en problemas pero que nadie comprendía en absoluto.

No le respondió al instante, quedó mudo. No sabía si estaba vivo o muerto, no sabía nada, lo único que le quedaba claro es que confiaba en esa personita. Siguió tanteando el cuerpo del niño y descubrió que éste traía una muleta de metal, ¿o era un bastón, como le había dicho?

¿Podría tocarte la cara? — preguntó el niño al sentir que Daisuke palpaba sus hombros, sus manos, su bastón.

—Sí —fue la respuesta de Daisuke. Lo dijo por instinto, por eso mismo se acuclilló y se olvidó del acantilado.

Las manitas de Daikichi tocaron la quijada de Daisuke. Con suavidad, el infante pasó por las mejillas, los ojos cerrados, la nariz, la frente. Al adulto le dio la sensación de que lo escaneaban, pero el tacto no le era desagradable, muy por el contrario, una emoción muy extraña comenzaba a agolpársele por dentro.

Por eso, sin pensarlo mucho, el señor Motomiya también tentó la carita del niño y sintió como si tuviera en brazos a su hijo. ¿No se sentía así de genial cuando cargaba a Kyo de crío?, ¿No se sentía así su piel?, si su esposa estuviera ahí, seguramente ella sabría responder mejor a esa inquietud.

Eres justo como sabía— habló el nene —¿Vamos con Gennai?

—Sí…

Daisuke se puso de pie, intentó cargar al niño, pero éste lo detuvo.

No, papi, esta vez yo te voy a salvar.

Cuando escuchó que le dijo papi, el empresario Daisuke Motomiya sintió que le creció al doble el corazón.


Toshiro Yagami recuperó la conciencia después de su desmayo. Durante su trance, había estado de pie y con los ojos abiertos, pero totalmente perdido en una dimensión donde vivían las pesadillas.

Ahí, en medio de ese mundo trastocado, sin piso firme y consumido por las tinieblas, el mejor consuelo de Toshi fue abrir los ojos y toparse con la mirada de su madre y las manos de ésta sobre sobre las suyas.

Sin embargo, algo no estaba bien. No sólo eran sus constantes visiones y esa dimensión que mutaba. Podía percibir algo en el ambiente que parecía tatuarle el pecho con una tinta invisible.

Lagrimó y dio un suspiro largo; Hikari le limpió la lágrima.

—Fue una pesadilla, Toshi —avisó la progenitora —. También me sucedió algo parecido, aunque ya has regresado, no te preocupes.

—Mamá, siento que algo me quema el pecho.

—¿Todavía te sientes mal, camarada? —preguntó Kyosuke —. Lo mejor será que ustedes reposen, yo iré a buscar a mi papá, nos reagruparemos… por el momento, debemos posponer la misión.

Un elegido nunca pospone una misión— interrumpió un niño.

Era de piel tigreña, de ojos azules y sonrisa sagaz. En cuanto lo vio, Toshiro gritó e intentó huir, pero Kyosuke detuvo a su amigo de la ropa.

—¿Qué te pasa, camarada?, ¿por qué te pones así?, ¿y quién eres tú, niño raro? —Kyosuke no soltó a Toshi, quien se cubrió la cabeza y volvió a gritar; Hikari palideció, tratando de comprender lo que sucedía.

—Toshi, tranquilízate —pidió Hikari —Dinos qué pasa.

—¡No puedo más con esto!, ¡Arg! —exclamó el chico, dejándose caer.

—Tienes que superar tu pasado, joven elegido de la Luz—fue lo que dijo el niño misterioso.

—¡No hay manera de que estés vivo! ¡Yo te maté!, en ese entonces mi alma estaba envenenada, ¡pero yo te maté!... con esas manos… con este cuerpo.

—Así es, tú acabaste conmigo.

Kyo puso cara de no entender nada, Hikari, en cambio, se llevó la mano a la boca.

—¡No puede ser!, ¡es usted, es usted! ¿Verdad que sí, señor Gennai?


Continuará en el 11.3.2


¡Gracias por leer!, sé que ha estado un poco pesado de leer porque son puras peleas y hay muchas escenas, pero como les dije, esta etapa será pasajera y tiene como fin darle un poco de acción a la saga.

No crean que me he olvidado del romance de los niños y los grandes, ni del problema del embarazo de Yuri y las otras tramas, todo ello va a irse desarrollando poco a poco, por ahora lo que necesito es mover a los personajes al escenario adecuado.

Me hizo falta trabajar lo que está pasando en la mansión de Devimon, que es donde Jou, Miyako, Yuri y los demás están escondidos, pero ya no hubo espacio, por lo que decidí darle más importante al grupo de Tai, para ir desarrollando a los otros en el siguiente capítulo (espero que todo pueda hacer clic).

Espero les haya gustado al menos un poco. Disfruté utilizando a los fantasmitas, sobre todo a Daikichi y Hikaru. ¿Qué opinan ustedes? ¿Lograrán rescatar a los chicos secuestrados? ¿Estará vivo Shin? ¿Qué sucede con Sato-kun? ¿Cómo se abrirá la puerta a Witchelny? ¿Qué son realmente los fantasmitas?, ¿cuáles son las intenciones de Gennai para con Toshiro, quien presuntamente lo asesinó cuando estaba poseído en el verano del 2027?

Por el momento voy a despedirme porque se me hace tarde, quiero pedir disculpa si hay muchos errores en el texto, es que tengo poco tiempo para la corrección (y ya ven los capítulos tan largos que escribo).

Les dejo los votos, me da gusto ver que siguen emitiendo su sufragio a favor de una pareja para Osen y del fantasmita favorito.

-La pareja indecisa de Osen Izumi

Osen x Zetaro: 49

Osen x Soji: 42

Osen x Ben: 6

Aunque Zet Ichijouji sigue siendo el prospecto a novio más popular para la hija de Koushiro, Soji Yagami ha ganado muchos votos y está a punto de llegar a la delantera.

-El fantasmita favorito

Shinobu: 29

Noa: 15

Takumi: 14

Hikaru : 8

Daikichi: 2

Koemi : 2

Ronin: 2

Moriko: 2

Con casi 30 votos, el bebé de Yuri y Toshi sigue siendo el fantasmita favorito de esta saga…

¡Gracias por votar!, por favor, sigan haciéndolo cada capítulo, para hacer más interesante la competencia.